y sin embargo…   Leave a comment

(publicado el 1 de octubre de 2012)

 

Habré de reconocérselo, últimamente nos estábamos dejando llevar por la depresión. Ese evidente bajón de jugadores de cierto nivel, ese incomprensible chou de triples y mates montado a escondidas para que nadie lo vea, ese acuerdo televisivo que parece hacer aguas por todos lados… Como si de repente el baloncesto ACB se nos cayera a pedazos, contagiado quizá con el estado general del país; como si aquella que un día vendimos (y hasta nos lo creímos) como la segunda mejor liga del mundo después de la NBA ahora ya no llegara siquiera al nivel de una liga de tercera. Y hombre, pues no, tampoco es eso, ni tanto ni tan calvo que solía decir mi abuela en estos casos. No estamos bien, es obvio, pero el que no estemos bien tampoco implica que estemos necesariamente tan mal. No pretendo venderles optimismo (más que nada porque el optimismo no me sale con facilidad en estos días) pero tampoco dejarme llevar por el pesimismo como tantas otras veces. Entre el optimismo irracional y el pesimismo desmedido suele situarse por lo general la cruda realidad. Y nuestra (no necesariamente cruda) realidad se llama baloncesto: fue empezar a rodar el balón y descubrir que por encima de todo, a pesar de todos los pesares, aún manteníamos intacta nuestra capacidad de disfrutar. Y mucho.

Disfrutar y hasta subvertir el orden establecido. Desequilibrios presupuestarios, Madrid y Barça cada vez más ricos en detrimento del resto, esa eterna fantasmagoría de las dos ligas… y entonces llega el más pobre de todos, el de peor plantilla y más escaso presupuesto, y para empezar da la campanada ganando en la mismísima casa del vigente campeón. Si fue sólo un espejismo no me lo muevan mucho, no vaya a ser que se desvanezca. Si no lo fue es una magnífica noticia, sé muy bien que al barcelonismo dicha magnificencia les tocará els collons pero qué quieren que les diga, entiéndannos, que el (presunto) peor sea capaz de ganar en el feudo más inexpugnable demuestra o debería demostrar que la Liga está viva. ¿Dos ligas, a la manera del fútbol? Puede ser, no digo yo que no, que se lo digan por ejemplo al Fuenla en Valencia (siempre y cuando entendamos que el Valencia forma parte de esa primera liga). Pero todavía hay clases. En fútbol ya no nos queda ni el derecho a soñar con que el equipo más pobre (pongamos el Rayo, porque es el de menos presupuesto y porque también es mi equipo, casualmente) pueda tener la opción de ganar en casa del más rico (Barça o Madrid, escojan el que más rabia les dé); con no volver demasiado goleados ya nos parece más que suficiente. ¿En baloncesto? Se lo reconozco, si antes de empezar me hubieran dicho que Valladolid iba a ganar en el Palau directamente no me lo habría creído. Y sin embargo… Esto no es fútbol, señores. Podremos tener dos ligas, podremos incluso hasta tener una liga de dos, podremos tener otra final Barça-Madrid, no digo yo que no. Pero a aquello de que haya más distancia entre el segundo y el tercero que entre el tercero y el penúltimo creo que no llegamos todavía. Repito, todavía. Ojalá no lleguemos nunca. Por ahora esto sigue siendo baloncesto. Afortunadamente.

Cuando sucede una campanada así los medios casi siempre tienden a explicarla en función del que perdió y no del que ganó, Crónicas enteras se han escrito despedazando al rico que resultó humillado en su casa sin dejar ni un renglón siquiera para glosar las virtudes del pobre que osó conquistarla; como si los grandes por el mero hecho de serlo pudieran perder solos, como si el pequeño no hubiera necesitado hacer las cosas medianamente bien para ganar. No es mi estilo. No gastaré ni una sílaba más hablando del Barça y tampoco me extenderé demasiado hablando del CB Valladolid porque no vi lo suficiente del partido como para poder hacerlo, pero reventaría si me dejara dos cosas sin comentar: 1) El Valladolid se llama Blancos de Rueda. Se llama así porque de sabios es rectificar (de más sabios aún debe ser no equivocarse), porque los rectores de la Denominación de Origen Rueda decidieron este verano dejar tirado al club por la mala imagen que (según ellos) éste proyectaba de sus caldos, porque esos mismos rectores luego le vieron las orejas al lobo, capearon el temporal (será por metáforas) como pudieron y finalmente comprendieron que iba a ser peor el remedio que la enfermedad. Afortunadamente el CB Valladolid hoy se sigue llamando Blancos de Rueda. Si tanto les preocupó en su día esa supuesta mala imagen, espero que ahora ponderen en la misma medida el buen sabor de boca (nunca mejor dicho) que habrán dejado en los paladares más exigentes tras el partido de ayer.

Y 2) Sinanovic. Hace apenas un par de semanas nos contaron que andaba el hombre en Perillo, Concello de Oleiros, casi enfrente de A Coruña, a orillas del Atlántico esperando a ver si algún equipo profesional de cualquier rincón del mundo tenía a bien acordarse de él (y pagarle lo que él creía merecer, también). Hace apenas un par de semanas Sinanovic era un parado incomprensible: vale que no será la quintaesencia del fajador intenso ni del pívot moderno (¿y quién lo es?) pero un tío de 222 centímetros con buena mano y movimientos más que decentes debería poder ayudar a cualquiera. Hace semana y media nos contaron incluso que el técnico pucelano Roberto González había rechazado su fichaje argumentando que no era lo que el equipo necesitaba (pues menos mal, si lo llega a ser…). Aún no hace ni una semana que sus caminos finalmente acabaron confluyendo, a la fuerza ahorcan, el agujero en el centro vallisoletano y la torre bosnia estaban necesariamente condenados a entenderse. El resto es historia, hoy es MVP, tampoco se les hagan los dedos huéspedes, difícilmente volverá a alcanzar este nivel pero incluso a la mitad de este nivel habría de ser un jugador sumamente útil para cualquiera. Al menos en Valladolid supieron (otra vez) rectificar a tiempo.

Claro está, habrá quien se haga cruces: hemos perdido a Aaron Jackson, Teletovic, De Colo, Eidson, Prigioni, Paul Davis, tantos otros y sin embargo aquí nos tienen ahora vendiendo a Sinanovic, con dos… Pues sí señor, a Sinanovic y a quien haga falta: a ese Manny Quezada rescatado de las catacumbas de la LEB, asilvestrado jugón con pinta de dejar muchas tardes de gloria en el Olimpic; a esas joyas balcánicas que son Kruno Simon (que no Sáimon, como lo pronuncia Iturriaga cual si fuera el ex compañero de Garfunkel) y Dubljevic, a ese inmenso (por ahora en sentido estrictamente físico) Jawai, a ese Kirksay refichado por el Estu y a tantos otros que no se nos fueron, ya saben, Navarro, Lorbek, Llull, Sergio Rodríguez, Felipe, Lampe, Carroll, Bjeliça, Urtasun, Rafa Martínez, Pau Ribas, Gabriel, incluso Berni, tantos otros, que los tengamos muy vistos no significa que no estemos deseando seguir viéndolos. Y ha vuelto otra vez Rudy que es un lujo para esta Liga, y por volver incluso ha vuelto (aunque ya esté de vuelta) Sarunas Jasikevicius, sí, créanmelo, ha vuelto aunque su técnico aún no se haya dado cuenta…

Y podría seguir (y hasta lo haría si tuviera tiempo, y si no corriera el riesgo de que ustedes me mandaran definitivamente a la mierda): yogurines a tutiplén, véase aquella Penya del sábado con Barrera, Vives, Ventura (qué buena pinta tiene) o Llovet, o véase el Estu de ayer con Jaime y (por fin) Bebe pero también con Guerra e incluso Vicedo; o véase también al Cajasol (trabajo tiene Aíto por delante), véase a tantos y tantos otros que aún están por emerger, reclamando ya minutos por esas canchas de dios (y si no se los dan que al menos los cedan, que tienen que jugar). Las malas noticias abundan pero las buenas (aunque escondidas) también existen, sólo es cuestión de buscarlas. La ACB vive una serie de catastróficas desdichasde un tiempo a esta parte, muchas de ellas se las ha buscado ella solita, lógica consecuencia de su aparente inmovilismo… y sin embargo se mueve (como dicen que dijo Galileo Galilei en otras circunstancias), no lo parece pero aún se mueve aunque sólo los muy fieles podamos apreciarlo, mucho más necesitaría moverse para que pudieran apreciarlo otros también. Está muy oscuro pero todavía se ve algo de luz al final del túnel; veremos si somos capaces de llegar hasta allí.

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Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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