PrigioKnicks   2 comments

Cada vez que un jugador de por aquí se va a la NBA… [Acotación al margen, para empezar: entiendan ese concepto, por aquí, en sentido amplio; es decir, por aquí vendría a ser todo aquello que no es por allíPor aquí en este caso englobaría a Europa y América Latina, tanto más cuando se trate de un jugador de América Latina que haya jugado media vida aquí a la vuelta de la esquina, disculpen el ripio] Casi mejor empiezo de nuevo: cada vez que un jugador de por aquí se va a la NBA surge de inmediato un coro de agoreros para asegurar que el susodicho se va a pegar la gran hostia en aquella Liga, ustedes disculpen la vulgaridad. Hagan memoria, piensen en el jugador que ustedes quieran, tanto más fácil les resultará cuanto de más cerca sea, miren que lo habremos escuchado/leído cienes y cienes de veces en los meses previos a la marcha de Pau, Raül, Calde, Navarro, Sergio, Marc, Rudy, Ricky, Nocioni, Oberto, Scola, Splitter, Ibaka, Biyombo, tantos y tantos otros que supuestamente no se iban a comer ni media rosca en USA, vaya por dios. A veces acertaron, por supuesto (y no tardaron ni un segundo en ponerse la medalla correspondiente, lo ves, si ya te lo decía yo…), otras en cambio se equivocaron de medio a medio, repasen la lista precedente si les queda alguna duda. Tiene mucho peligro ese coro de agoreros, tiene casi tanto peligro como ese otro coro de patrioteros que tiende a pensar que cualquier jugador ejpañol (o asimilado) por el mero hecho de serlo va a poner a USA entera bajo sus pies en cuanto pise aquellas tierras, y que si luego se la pega no dudará en echarle la culpa al entrenador, a los compañeros, al empedrao, a los aros, al parquet, a la alimentación, a la altitud, a la humedad o a la madre que les parió, ya saben que todo vale a la hora de no reconocer la puñetera realidad. Pero esa es otra historia…

Así que volvamos a la nuestra. Habré de reconocer aunque me pese (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra), que yo también he formado parte alguna vez de ese mismo coro de agoreros. Este pasado verano, sin ir más lejos. Confié (no sé si demasiado) en Teletovic o De Colo, pero no dudé en sentenciar a otros dos jugadores emblemáticos (aún más si cabe) de nuestra ACB: uno de ellos fue el ínclito Víctor Claver, Claverito para los amigos, y por ahora los acontecimientos parecen estar dándome la razón (claro que para saber ciertas cosas tampoco es que haga falta ir a Salamanca). El otro al que sentencié (probablemente ya habrán caído a estas alturas) fue Pablo Prigioni.

A ver si me explico: en el caso de Prigioni no tenía duda alguna acerca de su capacidad, en absoluto, de pocas capacidades estoy yo más convencido. En el caso de Prigioni dudé más bien de la capacidad de la NBA para acoger en su seno a un base así. O dicho de otra manera: sabía (cómo no habría de saberlo) que Prigioni iba a estar a la altura de la NBA, lo que ya no tenía tan claro es que la NBA pudiera estar a la altura de Prigioni. Que ese juego suyo, de natural solidario y ajeno a lucimientos individuales, pudiera tener encaje en una Liga que demasiadas veces acostumbra a ser la feria de las vanidades y los egos desmedidos. O que pudiera tener encaje al menos en estos Knicks, unos Knicks que para más inri habían dejado marchar a Lin pero a cambio se habían hecho con dos bases de tronío y postín como son Raymond Felton y Jason Kidd. La cosa no tenía buena pinta, todos los pronósticos apuntaban unánimemente a Felton como indiscutible titular, al incombustible Kidd como suplente de lujo a sus 38 primaveras y a Prigioni condenado al papel de tercer base con derecho a minutos basura de los que sólo se escaparía si se lesionaba alguno de los otros dos. Lo más fácil era ser agorero, quién iba a imaginar que una vez más nuestro negativismo acabaría dándose de bruces con la realidad. Afortunadamente.

La realidad (o buena parte de ella) se llama Mike Woodson. No les diré que sea el sueño de mi vida como entrenador, tampoco se trata de eso, pero sí que le tengo en una consideración bastante más alta que la que le profeso a muchos de sus colegas de aquella Liga. Pasó su viacrucis en Atlanta, se dejó el alma y hasta las cejas en el empeño, soportó la espada de damocles sobre su cabeza hasta que ya no pudo esquivarla y finalmente reapareció hace unos meses en Nueva York, de temporero puro y duro tras la defenestración de Mike D’Antoni. ¿Temporero, dije? Unos pocos meses le bastaron para ganarse la confianza de las autoridades, de la exigente crítica y del no menos exigente público neoyorquino, y miren que así de entrada no lo tenía nada fácil en aquella jaula de grillos. Hoy tiene un contrato de los de verdad y no no parece que tenga que preocuparse por ninguna espada sobre su cuello todavía. Visto así de lejos podría parecer un técnico de perfil bajo, muy lejos del afán de protagonismo de Isiah o del populismo de D’Antoni pongamos por caso, pero es que a veces aparecen en aquella Liga algunos técnicos de perfil bajo que luego resultan ser verdaderas joyas, véase por ejemplo ese Hollins de los Grizzlies. Bendito perfil bajo.

Woodson lo tenía bien fácil para el puesto de base, así se las ponían a Fernando VII y/o Felipe II, cuántos no se habrían limitado a seguir el guión expuesto hace dos párrafos sin complicarse más la vida, Felton de titular, Kidd de suplente y Prigioni a desollarse el orto en el banquillo a la manera de tantos otros antecesores suyos igualmente legendarios, presuntos ruquis de (casi) mediana edad y su misma posición como (pongamos) Djordjevic o Rigaudeau. Woodson lo tenía bien fácil pero prefirió saltarse el guión: no sé el grado de conocimiento que pudiera tener de la trayectoria anterior de Prigioni (me temo lo peor), sí sé que lo que no hubiera visto antes lo ha acabado viendo ahora, probablemente lo descubrió ya en pretemporada, entonces debió ya darse cuenta de la locura que sería prescindir de un director de juego así. Y dicho y hecho: contra todo pronóstico Felton y Kidd comparten quinteto titular, sabia decisión tratándose como se trata de dos bases antagónicos y por eso mismo complementarios: Kidd en su papel de comandante en jefe de toda la vida aunque sus piernas no sean ya las mismas, Felton en su papel más creativo, a veces un tanto anárquico… (aunque también habré de reconocer que esta criatura me ha ido gustando más con el paso del tiempo, en sus comienzos creaba más problemas de los que resolvía pero con los años fue ganando peso específico -y del otro, también- en su juego). Ergo si Felton y Kidd van juntos en la primera unidad, no resulta difícil deducir quién asume el papel de jefe absoluto con mando en plaza de la segunda unidad, pongamos al menos quince o veinte minutos por partido, que pueden parecer pocos para lo que acostumbrábamos a verle por aquí pero que son muchos, muchísimos, para lo que pensábamos (los agoreros de turno) que le veríamos por allí.

La otra noche le vi en cancha de los Sixers. Vale que los de Philadelphia no sean precisamente el mejor rival para calibrar nada, vale que andan las pobres criaturas viviendo en un sinvivir alrededor de las frágiles rodillas de Bynum, vale que su técnico está unos cuantos escalones por debajo de Woodson en lo que a mi consideración se refiere (anda que no lleva años el amigo Collins… pero qué quieren, nunca me gustó), vale todo lo que ustedes quieran pero aún valiendo todo eso la noche mereció la pena sólo por el mero placer de ver a Prigioni. Un Prigioni más delgado, como más afilado, será que come peor en Nueva York que en Vitoria (no sería de extrañar) o será más bien que haya trabajado durante el verano para llegar más definido muscularmente, más adaptado a las exigencias físicas de aquella Liga. Un Prigioni que manda y dirige a sus compañeros como si llevara jugando allí toda la vida, un Prigioni (por emplear un concepto muy de su tierra) canchero, dominando por completo la situación, más parece que no se hubiera adaptado él a la Liga sino que fuera la Liga la que se ha adaptado a él. Y asistiendo pero también tirando (y metiendo) cuando la ocasión lo requiere, siquiera fuera recordarnos que nunca fue un base tirador pero que pocos bases hay que tiren mejor. Y defendiendo, cómo no, defendiendo que te cagas para acabar de una vez por todas con el tópico de que los de fuera de USA no defienden, defensa de piernas pero también (y cómo no) de manos, de hago como que me voy pero no me voy, ahora me ves ahora no me ves y antes de que te des cuenta ya te la he quitado, su verdadera imagen de marca, la baba se le debe caer a Woodson viéndole defender.

Y recuerden, todo ello con treintaicinco castañas, 35, que le llaman novato como si en verdad lo fuera (que lo será a efectos USA, no digo yo que no, pero que nunca ese concepto resultó ser más contradictorio), que si sigue así no descarten que en febrero nos lo pongan a jugar contra los sophomores, que se vea allí rodeado de yogurines como Unicej Davis o Kidd-Gilchrist que hilando muy fino hasta podrían ser su hijos (hijos muy prematuros serían, pero hijos al fin y al cabo). Nos está bien empleado a todos aquellos, panda de agoreros, que pensamos que este viaje de Prigioni iba a ser poco más que un retiro dorado, un magnífico epílogo a una maravillosa carrera, la oportunidad de poder contarle algún día a sus hijos y nietos que él también jugó en la NBA, nada más que eso iba a ser… o no. Prigioni no está por estar, no es su estilo, Prigioni es un competidor nato así en el ámbito individual como en el colectivo, sólo necesita que le den la oportunidad de demostrarlo. Y además juega con ventaja: otros saltan cada noche al parquet como si se acabara el mundo, como si de esos pocos minutos que les dan dependiera todo su futuro en aquella Liga, agarrotados ante tamaña responsabilidad. Él no, él de alguna manera ya está de vuelta, ya no tiene que demostrar nada a nadie (ni a sí mismo, siquiera), nada tiene que perder porque ya ganó casi todo lo que tenía que ganar, todo lo que venga vendrá ya por añadidura. Los neoyorquinos creerán que lo han visto todo pero todavía no han visto nada, si esto ya les parece bastante que esperen a que lleguen los playoffs. La aventura no ha hecho sino comenzar.

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Publicado noviembre 9, 2012 por zaid en NBA

2 Respuestas a “PrigioKnicks

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  1. Totalmente de acuerdo en todo. Pensé que en la NBA nunca se le valoraría cómo lo están haciendo, y tampoco pensé que Prigioni estuviera rondando los 20 minutos por partido en un equipo NBA. Creo que el responsable de todo esto es Woodson que le está dando confianza a Pablo, y él está respondiendo.

    A ver si sigue esta confianza de Woodson el resto del año, y no solo en estos primeros games. ¡Saludos!

    • Anoche se empeñaron en llevarme la contraria, y fue a tener menos minutos que en cualquiera de los partidos anteriores… Pero vamos, esperemos que haya sido una excepción.

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