el síndrome de Stobart   2 comments

Tengo un compañero de trabajo que tiene un amigo que a su vez es amigo de un jugador ACB. Pero no piense en un jugador del Estu, el Madrid o el Fuenla por aquello de que compartan vecindad con el que suscribe, no piense en un jugador destacado ni medianamente importante de la Liga, no, más bien prepárese para viajar a las profundidades abisales (y abismales) de nuestra competición. El jugador al que me refiero no le sonará de nada salvo que su conocimiento de la Liga sea enciclopédico o salvo que viva usted en las Baleares o en Galicia, el jugador al que me refiero juega (es un decir) en el Blu:sens Monbús, Obradoiro para los amigos, y responde al bello nombre de Micky Stobart. Que llamándose así creerá usted acaso que provenga de Alabama o Wisconsin pero no, nada más lejos de la realidad. Micky Stobart se llama en realidad Miguel Ángel García Stobart y nació hace 27 primaveras en Palma de Mallorca. Cuentan las crónicas (su ficha ACB, más bien) que su puesto es el de pívot, que mide 2,05, que se formó en las categorías inferiores del Barça y que en su trayecto se ha recorrido prácticamente todos los niveles de nuestro baloncesto, desde Mollerussa (EBA) a Mallorca (LEB) pasando en su camino por lugares como Igualada, Valls o Alaior. Y que finalmente en esta temporada 2012/2013, como el lógico y merecido premio a su larga y dilatada trayectoria, pareció haberle llegado por fin la gran oportunidad de la ACB… o algo así.

Cada lunes por la mañana mi compañero de trabajo, consciente de mi filiación baloncestera, se acerca a mi mesa y me dice anda, mira a ver lo que ha hecho ayer el amigo de mi amigo. Cada lunes por la mañana entro con él en Internet a ver los números del tal Stobart, empeño vano e infructuoso donde los haya porque su planilla carece casi por completo de números. De las nueve jornadas que se llevan disputadas Stobart ha jugado sólo en dos, a razón de dos minutos y un día y uno el otro lo que hace un total de tres, lo cual a su vez nos da un promedio de minuto y medio por partido (por partido que juega, entiéndase). En esos tres minutos le ha dado tiempo a tirar tres veces a canasta con nulo éxito, y dado que tampoco ha lanzado tiros libres no le resultará difícil colegir que hasta ahora lleva la friolera de cero puntos anotados. Puede al menos presumir de haber atrapado un rebote (ofensivo) y puede también lamentarse de que le hayan puesto un tapón. Y ya está, ni un solo dígito más. Si usted en un arrebato de cariño decidiera fichar a Micky Stobart para el Supermanager, sepa que la criatura le costaría a día de hoy 76.220 presuntos euros (o como llamen al dinero virtual que ahí se utiliza). No hay en todo el juego un solo pívot más barato que Micky Stobart.

Y cada lunes, tras la rutinaria comprobación, viene la no menos rutinaria lamentación: si al final va a ser lo que dice mi amigo, que a éste le han fichado sólo para cubrir cupo… Pues sí, témome que no anda precisamente desencaminado el susodicho amigo, Stobart es un caso más de cubrecupos, si quieren un caso extremo pero no un caso aislado, en absoluto, repasen las plantillas ACB y encontrarán unos cuantos apellidos más o menos ilustres, más o menos anónimos (y en la mayoría de los casos bastante más jóvenes) de jugadores que andan padeciendo (alguno hasta diría disfrutando) en estos días este mismo síndrome de Stobart: sin ir más lejos en el propio Obradoiro encontrarán otro cuyo nombre les resultará mucho más familiar, Jorge Sanz también cayendo peligrosamente en el anonimato, a este paso acabaremos preguntándonos como en aquella serie del Plus qué fue de Jorge Sanz; y no, esta vez no se tratará del actor. Y quien dice Obradoiro dice cualquier otro, quien dice Jorge Sanz dice Samb, Servera, Alvarado, Marín, Calbarro, Olaizola, Domínguez, Motos, Izquierdo, Edu Ruiz, Adrián García… y sí, incluso Abrines. ¡¡¡Abrines!!!

¿A dónde quiero llegar a parar? Llevo años pensando que la ABP, siglas (entiendo que) de la Asociación de Baloncestistas Profesionales, debería en realidad llamarse ABEP, Asociación de Baloncestistas Españoles Profesionales. Llevo años sin entender que una organización gremial que dice representar a todo un colectivo (hace apenas unos días se lo volvíamos a escuchar a José Luis Llorente en Tirando a Fallar) sólo represente en realidad a una parte de ese colectivo. Llevo años y más años comprobando que el principal (por no decir el único) caballo de batalla de esta Asociación es la adopción de medidas proteccionistas para defender al jugador nacional ante la supuesta amenaza fantasma proveniente del exterior. Me he preguntado muchas veces en todos estos años qué habría pasado en este país si a Comisiones o UGT les hubiera dado por pedir algo similar en (por ejemplo) el sector de la construcción, exigir medidas para que se garantizara en cada obra un cupo de obreros españoles en detrimento de los obreros ecuatorianos, rumanos o centroafricanos pongamos por caso, convocar incluso huelgas si no se cumpliera dicha exigencia… Pues habría pasado que se habría liado la de dios es cristo, y evidentemente con toda la razón del mundo. Y sin embargo la ABP lleva años y más años planteando esta misma política y presentando estas mismas exigencias sin que a nadie parezca importarle demasiado, mirando (casi) todos hacia otro lado porque en este caso se trataría de salvaguardar la supervivencia del jugador nacional como si éste fuese una especie a extinguir. Que está muy bien, no digo yo que no, que soy el primero al que le encantaría ver nuestras plantillas repletas de jugadores de la casa (pero no a cualquier precio), pero que si me pongo en el lugar de un jugador ACB nacido en Cincinnati, Pernambuco, Antananarivo o Sebastopol, pues como que en caso de conflicto con mi club no me sentiría yo muy respaldado por un sindicato al que sé que jamás le mereceré la misma consideración que si hubiera nacido en Soria.

La ABP todavía no ha entendido esa famosa frase de que no se le pueden poner puertas al campo, es un tópico pero es bien cierto, el campo es muy grande, por muchas puertas que le pongas siempre encontrarás un resquicio por el que entrar o salir aún por largo que sea el rodeo que tengas que dar para encontrarlo. Los clubes ACB sí que la han entendido, ya lo creo que la han entendido, lo de encontrar resquicios se les da como hongos (por qué se dirá esto), de hecho llevan media vida haciéndolo. El que hace la ley hace la trampa, póngame usted la excepción de los cupos de formación y ya me encargaré yo de llenarla de contenido aunque para ello tenga que fichar a las criaturas cuando aún no se han destetado ni quitado siquiera el chupete. Hoy la mera contemplación de las promociones de júniors, juveniles y hasta cadetes en nuestros equipos más emblemáticos nos muestra un crisol de nacionalidades que para sí lo quisiera la torre aquella de Babel. Si esto era lo que querían evitar estarán de acuerdo conmigo en que les ha salido como el culo, discúlpenme la expresión.

Pero es que además, y como diría un jurista, niego la mayor (que no sé muy bien qué significa, pero queda bien). No es verdad que gracias a este sistema jueguen más españoles en la ACB. Sí es verdad, cómo no habría de serlo, que gracias a este sistema hay más españoles en la ACB, a la fuerza ahorcan; pero que jueguen ya es otro cantar. Jugar, lo que se dice jugar, juegan básicamente los que jugarían aunque no hubiera cupos, salvo alguna excepción puntual que no hace sino confirmar la regla. ¿El resto? Repasen ustedes las plantillas y constatarán el elevado porcentaje de jugadores nacionales en los últimos puestos de la rotación (o fuera de la rotación, directamente). Que me dirán que siempre ha habido titulares y suplentes, que en todo equipo que se precie conviven los importantes, los del montón y los directamente marginales, ya lo sé, siempre ha sido así y así va a seguir siendo, y hasta puedo entender que en esas últimas categorías haya más jugadores de aquí por tratarse de equipos de aquí; pero lo que ya no me encaja es que esto acabe siendo así casi por imperativo legal. Hemos renunciado a un modelo en el que se privilegia jugar (donde sea, en el país que sea, en la competición que sea) para sustituirlo por uno en el que se privilegia estar. Lo cual puede ser hasta un premio (relativamente) para jugadores como Stobart, pero es una putada (aunque ellos no siempre lo vean así) para todos esos chavales que andan padeciendo el síndrome de Stobart. Jóvenes que en lugar de estar partiéndose la cara en LEB o incluso en EBA, o en la liga francesa o en la portuguesa, están pelándose plácidamente el culo en el fondo de un banquillo ACB. Y luego bien que nos echaremos las manos a la cabeza con todas esas promesas que un día fueron y que sin embargo acabaron quedándosenos en el camino porque sus equipos no les dieron minutos, vaya por dios. Créanme, para este viaje no hacían falta alforjas.

Qué quieren que les diga, probablemente les pareceré un ingenuo (y probablemente lo sea) pero yo abogaría por la desregulación total. Primero porque los aficionados de a pie nos volvemos locos (si no lo estamos ya) con todo este maremágnum, porque llegados a este punto ya no sabemos lo que es cupo y lo que dejo de escupir, ahora quíteme allá este Norel, ahora póngame acá este Satoranski, por dios santo, por dios bendito. Y segundo porque si el remedio ha resultado ser peor que la enfermedad pues quizás haya llegado el momento de dejar que la enfermedad se desarrolle sola a ver por dónde respira, a ver si en verdad es tan grave como parece ser. No faltarán los agoreros que pronosticarán el fin del mundo (pero ese también nos lo pronostican ahora, aún con cupos), que entreverán una ACB sin un solo jugador nacional, la muerte definitiva de nuestro baloncesto, el acabose. Pues vale, pero déjenme que les diga que aún hoy, aunque haya una serie de equipos a los que les cuesta cumplir con los cupos, hay también unos cuantos que sobrepasan con creces esos cupos; y qué casualidad, resulta que a estos últimos es casi a los que mejor les va. Liberalicen el mercado, o bien mantengan si lo así lo quieren el límite de dos extracomunitarios (y extracotonús) pero liberalicen por completo todo lo demás, pura normativa europea sin artificios ni componendas ni colorantes ni conservantes; y no les niego que habrá equipos hechos sólo a base de extranjeros (pero en el pecado llevarán la penitencia: en seguimiento, en fidelidad de sus aficionados, en cohesión grupal al ser cada uno de su padre y de su madre), pero también seguirá habiendo equipos hechos mayoritariamente de españoles, que no sé si ganarán más pero sí serán seguro mucho más felices. Y que cada cual juegue (repito, juegue, no esté) donde lo merezca y no donde la normativa le sitúe; y quien pueda abrirse paso en ACB que se lo abra, y quien no pues que asuma que a veces puede ser hasta saludable tener que salir por ahí a buscarse la vida, que un buen paso atrás ahora pueden ser dos adelante después. Que algunos que hoy juegan en NBA en su día se curtieron en LEB y no parece que se les cayeran los anillos por ello, más bien al contrario, más bien pensaron que aquello era mucho mejor para su carrera que limitarse a estar mirando la ACB desde un banquillo. Ojalá todos, jugadores y (sobre todo) no jugadores, lo tuvieran hoy igual de claro.

Anuncios

2 Respuestas a “el síndrome de Stobart

Suscríbete a los comentarios mediante RSS.

  1. Pingback: El síndrome de Stobart | Artículos de Basket

  2. Pingback: SI YO FUERA PRESIDENTE | ZAID ARENA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: