esperando a Kabongo   Leave a comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 31 de diciembre de 2012)

Hoy toca hablar de longhorns. Longhorns, ya saben, esos encantadores animalitos que pastan en las verdes praderas del Estado de Texas (alguna habrá, porque si no a ver de qué iban a comer estas pobres criaturas) y que tienen un par de cualidades que les diferencian del  resto de vacas y toros del mundo mundial, a saber: una cornamenta extremadamente larga como su propio nombre indica, y un peculiar color marrón rojizo. Pero ya adivinarán que no es de estos longhorns de quienes quiero yo hablarles (si bien espero que aprecien en su justa medida el esfuerzo divulgativo) sino de aquellos otros que juegan en la Universidad de Texas y que heredaron de los longhorns originales no sólo el apodo sino también la cornamenta (sólo en el logo, no vayan a pensar) e incluso el color, ese inconfundible tono arcilloso que no encontrarán en ningún otro uniforme de equipo deportivo alguno (que yo conozca, al menos) sobre la faz de la Tierra. Hablemos de Longhorns, pues.

Allá por la temporada 2010/2011 los Longhorns, los de la Universidad de Texas, presentaban un roster que daba gloria verlo: Jordan Hamilton, los canadienses Cory Joseph y Tristan Thompson, el fornido pívot (o así) Gary Johnson, el también interior Wangmene y además J’Covan Brown, el turco Dogus Balbay y hasta Jai Lucas (sí, de los Lucas de toda la vida…) Un magnífico equipo con legítimas aspiraciones de ganarlo todo pero que a la larga hizo una temporada manifiestamente irregular que acabó de forma abrupta en tercera ronda del Torneo Final ante Arizona. Y a partir de ahí, el caos: de Texas se fueron todos aquellos a quienes tocaba irse y se fueron también todos aquellos a quienes apeteció irse, que fueron muchos más de los que en Austin habrían deseado. De hecho de la lista anterior sólo volvieron J’Covan Brown (reconvertido de la noche a la mañana en principal estrella del equipo) y el camerunés Wangmene, del resto nunca más se supo. Claro está, no hay mal que por bien no venga debieron pensar en aquella casa, tenemos una camada de freshmen potencialmente magnífica así que no nos va a quedar otra que darles bola desde el principio a ver cómo responden. Y dicho y hecho…

Responder lo que se dice responder respondieron más bien poco, de hecho la temporada 2011/2012 fue (como era de esperar) sensiblemente peor que la anterior. Acabaron entrando en el Torneo Final por esas cosas que tiene a veces la NCAA pero lo hicieron con el número 11 de su Región, nada menos, condenados a caer a las primeras de cambio ante los Bearcats de Cincinnati. ¿Qué había pasado? Pues que en el fondo apenas había nada de sustancia, que aquellos freshmen con el tiempo podrían ser muy buenos pero todavía no eran tan buenos como para cargar con casi todo el peso del equipo sobre sus hombros. Aquellos freshmen, va siendo hora de que se los presente, se llamaban Sheldon McClellan, Julien Lewis, Jonathan Holmes y el más reputado de todos ellos, Myck Kabongo. Quédense con sus nombres porque estos novatos de ayer son los sophomores de hoy, los casi veteranos de un equipo en el que (ya sin J’Covan Brown) no hay prácticamente nadie de tercer o cuarto año medianamente consistente. El peso del equipo ya por fin descansando completamente sobre todos ellos… o no.

No del todo, o no sobre todos más bien. Kabongo parecía predestinado a convertirse en la estrella y sin embargo empezó la temporada y resultó que el susodicho no aparecía por ningún lado, resultó que había sido puesto en cuarentena por la NCAA mientras se le sometía a una exhaustiva investigación. Pero como usted es de natural curioso y estará preguntándose de qué se le acusa a esta pobre criatura, que nefando crimen podría haber cometido para que no se le permitiera jugar, pues intentaré explicárselo (ya otra cosa será que lo consiga): Allá por la pasada primavera Myck Kabongo flirteó con el draft, o (como dicen por allí) testeó las aguas del draft. Ya saben que un jugador puede apuntarse al draft y luego arrepentirse, es un proceso habitual que la NCAA consiente… siempre y cuando el jugador no contrate agente. Si tiene agente se entiende que ya se ha declarado profesional a todos los efectos y no se permite volver a la universidad de ningún modo. Y ahí está el lío, más o menos. Kabongo, de nacionalidad canadiense aunque su apellido parezca indicar otra cosa, aprovechó esos días para entrenar con sus paisanos y ex Longhorns Tristan Thompson y Cory Joseph, y supuestamente aprovechó también para dejarse querer por el agente de ambos (y de LeBron, y de tantos otros), Rich Paul. Finalmente Kabongo no vio claro lo del draft y prefirió volver a Texas para un segundo año, no consta que antes de eso hubiera firmado nada con el tal Paul pero a la NCAA (desconfiada por naturaleza) le olió a chamusquina, se puso a investigar y lo que vio no le gusto nada;  y cuentan que el oscurantismo del propio Kabongo, ocultando de entrada cosas que luego se supieron, tampoco es que le ayudara mucho precisamente. Total, que la investigación acabó hace unos días con una sentencia demoledora: Kabongo quedaba suspendido para toda la temporada 2012-2013. La Universidad de Texas recurrió al día siguiente y la NCAA a la vista de las alegaciones presentadas debió pensar que tal vez se le había ido un poco la mano, por lo que finalmente le rebajó la sanción a sólo 23 partidos. Si no hay nuevos giros en esta historia Kabongo se estrenará por fin el 13 de febrero en su feudo de Austin, ante los Cyclones de Iowa State.

O dicho de otra manera: a esta irregular Universidad de Texas aún le queda mes y medio de intentar sobrevivir capeando el temporal mientras espera el advenimiento de Kabongo cual si del mesías se tratara… lo que nos lleva a preguntarnos si realmente es tan bueno Kabongo, si no estarán depositando demasiadas esperanzas en él. A mí en las pocas veces que pude verle durante la pasada temporada Kabongo me pareció un base interesante pero poco más, un buen proyecto de director de juego aún a medio hacer. No es de esos jugadores que te quitan er sentío y que la primera vez que los ves ya te enamoran para toda la vida (o al menos a mí no, no sé si a otros, no sé si en otros partidos que yo no lo viera). Está bien, no me cabe la menor duda de que en ésta su segunda temporada habría estado aún mucho mejor… pero no sé si es como para tirar cohetes. O no tantos cohetes, al menos.

Con Kabongo o sin Kabongo son estos Longhorns un equipo de freshmen y sophomores casi en exclusiva, acaso una de las rotaciones más jóvenes de la actual NCAA, al menos entre las universidades de cierto nivel. De entre los sophomores McClellan pone clase a chorros, Julien Lewis pone muñeca (magnífico saliendo de bloqueos a cinco o seis metros del aro) y Holmes vendría a ser el chico para todo. Y el resto son novatos, de entre los que merece una especial mención el principal beneficiado por la ausencia de Kabongo, una especie de caja de cerillas (pequeño, cuadrado, explosivo) que responde al nombre de Javan Felix (allí lo pronuncian Felíx, con acento en la ix). Su físico peculiar le ayuda mucho en las penetraciones porque no excluye el contacto, es más, yo diría que incluso lo busca para que el defensor le sirva de punto de apoyo. Y su verdadera especialidad es el aro pasado, jugada que le encanta y a la que otorga una nueva dimensión porque lo suyo es aro pasado por partida doble: ataca la canasta por la derecha, deja la bandeja desde la izquierda y el balón tras golpear en el tablero vuelve a caer otra vez por la derecha. Quizá ya estén deduciendo a partir de estas sutiles insinuaciones que a la criatura aún le queda mucho por mejorar, pero no nos engañemos: es freshman, no estaba predestinado a jugar tantos minutos, si estuviera Kabongo apenas tendría cinco o diez por partido (y veremos qué pasa cuando vuelva), bastante está haciendo. Y mejora de día en día.

En el centro de la zona hay otro freshman (que completa el cinco titular con los tres sophomores y Felix), Cameron Ridley, un chico al que dan 6,9 (como 2,05) medidos con muchísima generosidad y que tiene toda la pinta de que en cuanto se descuide un poco se nos puede pasar de peso. Magnífica actitud y movimientos muy aceptables, es el típico que con trabajo y paciencia puede llegar a ser un pívot más que decente. El día que ganaron a North Carolina pudo sobradamente con todos los cénters (no menos novatos que él) que le fue poniendo Roy Williams, en cambio el día que fueron al feudo de Michigan State se dio de bruces con Derrick Nix (misma tipología pero mucho más hecho, mucho más curtido, mucho más baloncesto) y el Spartan se lo comió con patatas, sólo le faltó rebañar. ¿Quieren aún más freshmen? Prácticamente todos los que emergen desde el banquillo lo son también: Holland, Lammert (típico alero alto tirador, también llamado cuatro abierto), el taponador Prince Ibeh y el alero Ioannis Papapetrou que (como usted ya habrá deducido con su natural sagacidad) es griego, de la mismísima Atenas más concretamente.

En resumidas cuentas: un equipo con un futuro esplendoroso para los próximos años siempre y cuando no vuelva a padecer otra deserción masiva (sospecho que Kabongo se irá perdiendo el culo en cuanto pueda no vaya a ser que le vuelva a pasar lo mismo; pero el resto deberían quedarse); y un equipo con un presente muy incierto, que espera el regreso de su base titular como agua de mayo pero que ya veremos si ese efecto Kabongo a la larga no es mucho más psicológico que real. Un equipo (fruto de todos estos líos, fruto también de su inexperiencia) capaz de lo mejor y de lo peor, capaz de ir al Maui Invitational y caer a las primeras de cambio ante Chaminade (modesta universidad hawaiana que jamás participaría en ese torneo si no fuera el equipo local), capaz de caer de paliza ignominiosa ante Georgetown… pero capaz también de ir poco a poco volviendo a su ser, que su trabajo le estará costando al bueno de Rick Barnes: últimamente les he visto caer por la mínima ante la no menos desconcertante UCLA, ganar bien a UNC y perder muy dignamente en cancha de Michigan State. Serán tiempos difíciles en Austin, en cualquier caso. Lo serán con total seguridad de aquí al 13 de febrero… y ya veremos qué pasa después.

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