Europa vs USA: disquisiciones televisivas   2 comments

(publicado originalmente en jordanypippen.com el 22 de enero de 2013)

Decíamos ayer (en realidad fue hace un mes, pero así queda como más elegante) que a pesar de globalizaciones, telecomunicaciones, satélites, redes sociales y demás zarandajas Europa y USA siguen siendo dos mundos, al menos en lo que a baloncesto se refiere. Dos mundos más próximos hoy que hace diez años y no digamos ya que hace cuarenta, dos mundos que se van acercando más y más cada día que pasa… pero dos mundos aún, al fin y al cabo. Demasiadas veces hemos intentado copiar desde este mundo cosas de aquel, demasiadas veces nos hemos columpiado intentando imitar lo inimitable, demasiadas veces no hemos sido capaces de darnos cuenta de que la verdadera aproximación tal vez no debería estar tanto en las cosas grandes como en las pequeñas. No es fácil implantar aquí sus sistemas de competición, es casi imposible trasladar hacia estos pagos su sentido lúdico del deporte pero sí hay algunas cosas (menores, si así lo quieren) por las que quizá podríamos empezar. Las retransmisiones televisivas, por ejemplo.

Veo mucho (tal vez demasiado) baloncesto televisivo. Raro es que pase un día de mi vida en que no vea al menos un partido, no me son extraños los días en que consigo ver dos o incluso tres, siempre en función de mi escaso tiempo libre, siempre robándole horas al sueño. Veo baloncesto de aquí (ACB, Euroliga) y de allí (NBA pero sobre todo NCAA, y casi siempre en versión original), en cantidad suficiente no como para extraer alguna conclusión (que no doy para tanto) pero sí como para tener algún criterio al respecto. Y qué quieren que les diga, creo que si ahora mismo un extraterrestre bajara a la Tierra (cosa improbable) y se pusiera a ver baloncesto (cosa aún más improbable), primero un partido de aquí y luego otro de allí (o viceversa), probablemente pensaría que se trata de dos deportes distintos. ¿Exagero? Tal vez, así que intentaré decirlo en términos menos tremendistas: un partido televisado a este lado del charco pretende contar lo que pasa, lo cual está muy bien, de eso se trata pensarán ustedes; un partido televisado a aquel otro lado del charco pretende ofrecer un espectáculo, lo cual no significa dejar de contar lo que pasa (más bien al contrario) sino presentarlo además de la manera más atractiva posible para el espectador. De lejos ambos modelos pueden parecer lo mismo pero a poco que nos fijemos comprobaremos que no lo son, en absoluto.

Por ir entrando en detalle: creo que no recuerdo haber visto jamás ni un solo partido de baloncesto USA en el que los comentaristas no estén en el propio pabellón donde se disputa el encuentro. Ni uno, oigan. Me dirán: ¿y cómo puede saberlo? Pues es muy fácil, porque los realizadores norteamericanos no esconden a sus comentaristas sino que nos los muestran: siempre antes de comenzar el encuentro aunque sean sólo unos pocos segundos, por supuesto que cada uno de ellos con su correspondiente rótulo en la parte inferior de la pantalla (tanto da que sean sujetos tan conocidos como Dick Vitale o Bobby Knight porque siempre puede haber alguien que no los conozca) para que el telespectador pueda poner cara y nombre a aquellos que se lo van a contar in situ. Me dirán: ¿y qué más da comentarlo desde la arena que desde un plató o un locutorio, si al fin y al cabo se ve lo mismo? Pues no. No da igual. A mí no me da igual, al menos. Quien está en la cancha puede ver lo que le muestra el monitor y lo que no, en cambio quien está en los estudios centrales sólo ve lo que le aparece en pantalla (esto parece bastante obvio), que es exactamente lo mismo que vemos usted y yo desde el sofá del salón. Si se trata de realizaciones yanquis no es problema porque es difícil que se les escape un detalle, pero… ¿para las realizaciones de aquí, trufadas de planos vacíos y repeticiones a destiempo? Claro, así nos pasa luego, que acabamos con el Arseni de turno sumido en la angustia como en algún señalado encuentro, ¡a ver, ¿qué ha pasado ahí?!, ¡no hemos visto lo que ha pasado!, ¡¡¡África, ayúdanos!!! (que luego están los que parecen estar in situ pero en realidad están en las nubes, pero esa ya sería otra historia). Señores de (por ejemplo) TVE: mandan ustedes cada semana una unidad móvil a la cancha en que se disputa el partido, entiendo que mandan también con ella a todo un equipo técnico (humano, me refiero)… ¿pero no pueden enviar a su trío de comentaristas porque se les descuadra el presupuesto? ¿Sale eso mucho más caro que lo que están haciendo ahora, pagarle cada semana el viaje a un tío que vive en Madrid para que comente el partido en Barcelona y luego vuelva otra vez a Madrid, y ello aunque el partido se juegue en Madrid?

Por cierto: en USA los comentaristas (todos, sin excepción) saben de lo que hablan. En USA, aún por extraño que les resulte, los comentaristas se llevan preparado el partido de antemano antes de ponerse ante un micrófono. En USA, aunque se trate de una televisión local que sólo hace los partidos de una determinada universidad o una determinada franquicia, los comentaristas no sólo conocen a los jugadores de su equipo sino que también (aunque parezca increíble) se tienen estudiados a los del equipo contrario. En USA sería impensable que un analista se refiriera a un jugador como “el tal Foote éste” (véase el Madrid-Zalgiris de hace unos días en Real Madrid TV) dejando así meridianamente claro que ni sabe quién es ni le importa no saberlo, que ni siquiera le importa aparentar ignorancia, de hecho puede que hasta se sienta orgulloso de ella. En USA los analistas pueden ser mejores o peores, pueden estar más o menos acertados pero en cualquier caso comentan, es decir, hacen aquello por lo que les pagan. Aquí en cambio podemos tener a un tío (el mismo de antes, que se llama Toñín Llorente por si todavía no han caído) cuyo nivel de análisis consista básicamente en ¡¡¡rebote, rebote!!! ¡Felipe, ahí, muy bien, Felipe! ¡¡¡Tira, ahí, métela, métela!!! ¡¡¡Faltaaaaa!!! Acaso haya también especímenes así en las televisiones norteamericanas, no digo yo que no; pero hasta ahora no he tenido el placer de conocerlos.

Aquí tenemos narradores vivos y otros apagados, allí por lo general todos transmiten una misma vibración; aquí tenemos narradores de raza y tenemos también meros periodistas a los que han puesto a narrar porque sí, porque no había otro, mientras que allí en cambio todos (quizá porque hayan nacido para ello o quizá porque hayan recibido previamente una adecuada formación) mantienen un alto ritmo narrativo. Aquí algunos te duermen y otros te levantan dolor de cabeza, algunos se callan incluso en los momentos más cruciales y otros no se callan ni debajo del agua. Allí en cambio te pueden narrar el partido entero con sus respectivas pausas, sus picos y valles, sus subidas y bajadas de tono, y finalmente hasta puede suceder que la última jugada del encuentro sea un triple estratosférico sobre la bocina que otorgue la victoria al equipo local provocando así el éxtasis entre la multitud… ¿y saben lo que hace el narrador yanqui cuando se produce una situación como la que acabo de describir? Se calla. Sí, créanselo, acaso emita una exclamación de asombro pero inmediatamente después se calla, permanece callado unos segundos para que el espectador en su casa se imbuya plenamente de ese ambiente de delirio que se acaba de instalar en el pabellón. ¿Se imaginan que aquí Arseni (por ejemplo) hubiera hecho lo propio en la noche aquella del triple de Marcelinho en el primer encuentro de la pasada Final ACB, se imaginan que en vez de llenarnos la cabeza de adjetivos hubiera optado por callarse unos segundos y dejar hablar al público del Palau? Habríamos creído que se le había estropeado el micrófono de la emoción…

Otro tema: las piedepista (lo pongo en femenino porque por alguna misteriosa razón más del noventa por ciento de quienes hacen este trabajo son del sexo femenino, así aquí como allí, con alguna excepción que confirma la regla como el polícromo y psicodélico Craig Sager; debe haber alguna incapacidad genética que impida hacer pie de pista a los hombres como debe haber alguna incapacidad genética que impida narrar y/o comentar a las mujeres, me lo expliquen). Más allá de las entrevistas, en USA cuando se les da paso es porque tienen algo realmente interesante que contar: la bronca de un entrenador en un tiempo muerto o en el descanso, la historia poco conocida de alguno de los protagonistas, algún hecho curioso alrededor del partido… Pocas intervenciones y más o menos preestablecidas, generalmente a la vuelta de la publicidad o de la pausa, casi siempre con apoyo técnico para que se nos muestre en pantalla justo aquello de lo que se está hablando… ¿Aquí? Aquí nos metemos mucho con alguna de ellas, yo el primero (véase unos cuantos renglones más arriba) pero habremos de reconocer que no toda la culpa es suya. Aquí puede suceder que se produzca un cambio, que la realización nos muestre en pantalla cómo se produce ese cambio y que el Arseni de turno en lugar de contarnos el cambio diga África, parece que ha habido un cambio en el Madrid, cuéntanos… Y ahí me tienen a la pobre África, a la que la pregunta le llega con retardo y que acaso en ese momento esté pendiente de cualquier otro aspecto del juego o del color de las uñas que no le pega con la blusa, qué sé yo, y que de repente da un respingo, se recompone y tras los inevitables balbuceos por fin nos cuenta, bueno… esto… sí, se ha retirado Sergio Llull y ha entrado a pista Sergio Rodríguez… ¿Qué sentido tiene esto? ¿Qué sentido hay en tener a alguien a pie de cancha para que nos cuente (diez segundos después) lo que ya hemos visto con nuestros propios ojos? O aún peor, que de repente se monte un griterío, que Arseni diga ¡¡¡parece que sube el ambiente en el pabellón, África!!!, total para que África, que en ese momento apenas puede escuchar por el pinganillo porque ha subido el ambiente en el pabellón, finalmente nos diga que sí, que es verdad, que ha subido el ambiente en el pabellón. Lo del viaje y las alforjas, ya saben. Para esto más les valdría ahorrárselo, con un técnico que le coloque los cascos al entrenador o jugador de turno para que le pregunten desde el plató sería más que suficiente. O eso o dótenlo de contenido al american style: que intervenga sólo cuando merezca la pena, cuando haya algo verdaderamente interesante que contar.

Lo más llamativo de las realizaciones USA es que parecen desarrollarse conforme a un guión, cual si de una película o un concurso se tratase. Es decir, aquí podemos tener más o menos (más bien menos) preestablecidos los contenidos del descanso, de la previa (en su caso) y del post partido (en su caso) pero allí tienen también contenidos preestablecidos para emitir durante el partido, tras cada tiempo muerto por ejemplo. Es decir, allí vuelven de la publicidad (siempre cuando deben) y en esos escasos segundos que quedan para que se reanude el juego aún les da tiempo a meter algún contenido previamente preparado: un vídeo significativo, el corte de algún partido histórico de especial relevancia, una determinada escena del tiempo muerto, un gráfico que ilustre una jugda determinada, unas declaraciones importantes de alguien… Es tal la trascendencia que dan a esos escasos segundos que hasta te los promocionan, a la vuelta de publicidad les ofreceremos… supongo que con la sana intención de que el espectador no se despegue demasiado de la pantalla durante los anuncios no se lo vaya a perder. Lo que se llama hacer televisión. ¿Aquí? Aquí, siempre y cuando consigamos volver a tiempo al juego (parece que últimamente vamos mejorando en eso, parece que ya la publicidad no entra con retraso ni dura más que el propio tiempo muerto que la sustenta), todo lo más que conseguiremos será ver la repetición de alguna canasta cualquiera o aún peor, unos cuantos planos generales de los jugadores abandonando el banquillo y reintegrándose lánguidamente hacia la pista. Aquí nos limitamos a seguir el curso de los acontecimientos, al fin y al cabo es sólo un partido, para qué más. Allí (más allá del curso de los acontecimientos) se aprecia siempre un extraordinario trabajo de preproducción.

Y con todo y con eso allí no nos perdemos ni un solo segundo de juego, o es muy raro que nos lo perdamos; como aquí, vamos. Allí no tienen la necesidad compulsiva de repetir todas y cada una de las canastas, allí no encuentran ningún placer orgásmico en mostrar a cámara lenta el vuelo de un balón para que podamos apreciar bien a las claras su movimiento de rotación, allí entienden que hay canastas que merecen una repetición (o varias) y otras que no, allí entienden incluso que no pueden ofrecer esa repetición inmediatamente después porque entonces nos perderíamos la jugada siguiente, entienden que deberán esperar a que se pare el juego. El juego se para cada vez que pitan falta y es justo entonces, en lo que tardan en sacar o en irse a la línea de tiros libres, cuando nos ponen todas las repeticiones que hagan falta de aquel tapón escalofriante o aquel mate estratosférico para que podamos apreciarlo en su verdadera magnitud. Aquí eso sería imposible, aquí esos segundos post-falta están siempre ocupados, aquí pueden no repetirnos todas las canastas (ni falta que nos hace) pero nos repiten todas y cada una de las faltas, sin excepción. Será consecuencia de ese típico vicio futbolero, de que en este país se siga dando mucha más importancia a las decisiones arbitrales que al juego en sí. Falta que se pita falta que se repite (incluso varias veces) ergo ahí no hay tiempo para poner ninguna otra repetición, ergo si tienen que repetirnos aquel tapón escalofriante o aquel mate estratosférico tendrá que ser a costa de comerse parte de la jugada siguiente. Hemos mejorado en este aspecto (sobre todo en ACB) pero aún sigue habiendo partidos (sobre todo en Euroliga, no necesariamente realizados aquí) de los que nos perdemos la mitad mientras que la otra mitad la vemos dos veces, a velocidad normal y a cámara lenta.

Aquí, en lo que a realizaciones baloncesteras se refiere, a un lado está el cuatrienio del Plus y al otro lado está todo lo demás. El cuatrienio del Plus sería nefasto para la pujanza del baloncesto en este país, no digo yo que no, no seré yo quien contradiga a todos aquellos que llevan siglos pontificando al respecto (que han pasado diez años y aún seguimos lamiéndonos aquellas heridas como si no tuviéramos otras, como si no viniéramos ya heridos de serie); pero en cuanto a la calidad de las retransmisiones fue una bendición del cielo. Y en estos casos siempre me acuerdo del sumo hacedor de aquellas realizaciones y tantas otras en aquella casa (fútbol, toros), el afamado Víctor Santamaría. Víctor Santamaría contaba una vez una anécdota de sus años anteriores al Plus, cuando trabajaba en la televisión autonómica gallega y un alto ejecutivo de esa casa le dijo que para realizar fútbol con cuatro cámaras es más que suficiente. En ellos seguimos me temo, no en cuanto al fútbol por supuesto pero sí en cuanto a deportes como el nuestro. Realizaciones casi artesanales, que no se harán con cuatro cámaras pero sí con menos de las que deberían usarse. Y así nos pasa luego, que hemos incorporado el instant replay pero no nos hemos acordado (a nivel continental, me refiero) de poner los medios adecuados para que sirva de algo el instant replay. En USA van los árbitros a la mesa y tienen hasta cuatro o cinco planos, a cuál mejor, para discernir si aquella canasta fue dentro o fuera de tiempo o si aquel codazo fue al mentón o a la yugular; en Europa van los árbitros a la mesa y les pasa como en aquel Panathinaikos-Unicaja de hace unos días, que es tal la calidad de los planos y el nivel de definición de los mismos (la HD sólo para ocasiones especiales, ya saben) que al final tienen que decretar lucha porque son incapaces de discernir qué jugador fue el último en tocar el balón. O tenemos pocas cámaras o las colocamos mal. O ambas cosas.

O como dijo aquél, yo he visto cosas que vosotros no creeríais: yo he visto a tríos arbitrales tirarse diez minutos delante de un monitor para discernir si aquella zapatilla pisaba o no la raya del triple, yo he visto a árbitros tomar decisiones disciplinarias tras una trifulca y (tras explicárselas a los interesados) cruzar la pista de lado a lado para explicárselas también a los comentaristas televisivos y por extensión a los telespectadores a través del micrófono… ¿Se imaginan que esto pudiera suceder aquí? ¿Se imaginan a un Hierrezuelo pongamos por caso viendo la jugada repetida en el monitor, explicándosela luego a los técnicos y cruzando después la cancha para contar su decisión a los comentaristas y espectadores de TVE? Aquí eso sería imposible porque A) las repeticiones en el monitor no resolverían sus dudas sino que se las acrecentarían más si cabe, y B) porque por más que cruzara la cancha no encontraría a los comentaristas de TVE dado que éstos acostumbran a estar en un plató. Y aún en el hipotético (utópico, más bien) caso de que pudieran darse A y B, jamás se daría C: es decir, aquí un árbitro jamás se rebajaría a una cosa así, por dios, la máxima autoridad sobre el terreno de juego explicando sus propias decisiones como si tuviera que justificarse, sólo eso faltaría, hasta ahí podíamos llegar… Dos mundos, ya se lo dije demasiadas veces: en USA los árbitros principales de fútbol americano llevan incorporado un micro para que cada espectador, en su casa o en el estadio, conozca la razón de cada decisión que toman. ¿Se imaginan algo así en el fútbol de aquí? (Vale, sí ya dejo de delirar). Pero esto ya excede de lo meramente televisivo, ésta ya es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. Por ésta creo que han tenido más que suficiente.

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2 Respuestas a “Europa vs USA: disquisiciones televisivas

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  1. Muy bueno el artículo, muy representativo de lo que ocurre aquí y allá. Y para muestra un botón; yo me suelo grabar el partido de Cuatro (perdón, el Plus) de los viernes por la noche y sin dudar de la calidad de los comentarios del amigo Daimiel and Co., parece que el partido de la NBA es la excusa (el macgufin que diría aquel) para que ambos comentaristas hablen de lo divino y lo humano o incluso enseñen fotos del último ligue de tal o cual jugador… Seria algo así, pues sí, fulanito de tal ya no va con zutanita, que se le ha visto con menganita, pues yo pensaba que… bueno, pues parece que el equipo local va remontando con ese triple…. En fin, al menos yo lo veo gratis, que el que pague por verlo….

  2. Gracias, David. Sí, de vez en cuando se les escapan las prioridades, una cosa es contar el partido y meter de vez en cuando algo de “crónica en rosa” para distender y otra ya hacerlo al revés, interrumpir de vez en cuando la crónica social con el partido. Pero vamos, que alguno de los “de pago” es sensiblemente peor, como alguna vez te toque ver un partido narrado por Iñaki Cano Jr ya notarás la diferencia…

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