la Copa es sueño   1 comment

Un buen amigo virtual de los lejanos tiempos de SEDENA me pidió una colaboración sobre la Copa para su blog (magnífico por cierto, se lo recomiendo encarecidamente) Jugant per la vida. Este fue el resultado, publicado allí el lunes 4 de febrero:

La Copa es (antes que nada, quizá por encima de todo) añoranza, es el recuerdo de tantas otras copas, tantos otros momentos que ya jamás se borrarán de nuestra memoria, al menos de la de aquellos que tenemos ya una edad, al menos mientras el señor Alzheimer lo permita: la Copa es aquel CAI de 1983 subvirtiendo por vez primera el orden establecido, aquel triple de Solozábal sobre la bocina en 1987, aquel Estu de Pinone, Winslow, Herreros u Orenga en su año de gracia de 1992, aquella accidentadísima edición sevillana de 1994, aquella prórroga imposible que TDK Manresa (es decir, Creus) le levantó al Barça en 1996, aquel Cáceres que se asustó de sí mismo y dilapidó 18 puntos de renta ante la Penya en 1997, aquella reivindicativa defensa de cuatro que se quiso inventar Julbe en 1998, aquella lección magistral de Bennett en 1999; la Copa es también Pau presentándose al mundo en 2001, es Rudy volando y siendo MVP pese a perder en 2004, es la exhibición asistidora de Prigioni en 2006, es el errequeerre show de Ricky & Rudy hipnotizándonos a todos en Vitoria 2008… La Copa, en cierto modo, es añoranza de cuando la Copa era la Copa.

La Copa es magia y es decepción también, a veces. No acostumbro a ponerme en plan abuelo Cebolleta, no suelo comprar jamás ese discurso de que cualquier tiempo pasado fue mejor (más bien suelo decir que cualquier tiempo pasado fue… anterior, punto) pero reconozco que en estos últimos tiempos no puedo evitar como una sensación de que la Copa ya no es lo que era, ustedes me perdonen. Como si aquel bazar de las sorpresas de otro tiempo se nos hubiera convertido en el reino de lo previsible, como si de un tiempo a esta parte ya nada se saliera del guión, ya sólo ganara quien tiene que ganar. Claro que si usted es de uno de esos equipos que siempre van de favoritos me dirá que dónde está lo malo, que cuál es el problema, que a ver por qué va a ser peor que se cumplan los pronósticos a que se rompan. Tendrá razón, no seré yo quien lo discuta pero qué quiere que le diga, la Copa construyó su leyenda a base de romper con lo establecido, partidos y más partidos a cara de perro basados en la típica filosofía yanqui del win or go home, un mundo entero en cuarenta minutos, nada que ver con la regularidad de una liga o de una serie de playoffs porque aquí sí que existía la posibilidad de que el pez chico se pudiera comer al grande, y de hecho muchas veces se lo comía. La Copa fue (me gustaría pensar que aún pudiera seguir siéndolo) como una suerte de democratización de nuestro deporte: por cuatro días cambiábamos el tanto tienes, tanto vales por el un hombre, un voto, que en este caso se traduciría en que cada equipo tenía aparentemente las mismas posibilidades de ganar. No era así, claro, no éramos todos iguales (tampoco aquí) ni jamás íbamos a serlo pero al menos nos hacíamos la ilusión; y ésta a veces incluso se correspondía con la realidad. Hoy ya no, hoy esa extraña suerte de justicia retributiva nos parece mucho más difícil: como si la crisis, también aquí, hubiera agrandado el abismo social.

La Copa es fe, y no me refiero a fe en sentido religioso (que esa no la trabajo) sino a fe en las posibilidades de uno mismo. ¿Recuerdan la teoría de los calzoncillos? Juanan Morales solía contar que en su etapa en la Penya tuvo un entrenador (nunca dijo quién… aunque tengo mis sospechas) que cuando iban a la Copa revisaba las maletas de todos y cada uno de sus jugadores para comprobar cuántos calzoncillos habían metido: si llevaban uno o a lo sumo dos significaba que estaban plenamente convencidos de su eliminación y pensaban volverse a las primeras de cambio (o que eran unos guarros, añado yo, si bien lo pongo entre paréntesis para no estropear el razonamiento); en cambio si llevaban cuatro o cinco quería decir que estaban absolutamente mentalizados para llegar hasta la final. Han pasado los años, obviamente a día de hoy no me imagino a ningún entrenador ACB (no, tampoco a Ivanovic cuando aún estaba) rebuscando ropa interior en el equipaje de sus jugadores, de hecho alguno hasta podría malinterpretarlo… pero si alguien lo hiciera no sé yo qué encontraría (metafóricamente hablando). O dicho de otra manera: acaso nos estemos instalando en el conformismo. La Copa, como los playoffs, nunca debería ser un fin sino un medio. Están los que se clasifican y lo entienden como un premio, ya está, ya hemos llegado, tenemos lo que queríamos así que ya nos podemos relajar, cada postemporada vemos a alguno de éstos; y están los que se clasifican y lo entienden como un primer paso para dejarse el alma por llegar aún más allá. Todas esas sorpresas históricas nacieron de equipos que decidieron no conformarse con lo que tenían. Todas estas no-sorpresas de los últimos tiempos acaso tengan más que ver con una actitud cada vez más arraigada en nuestra sociedad, esa cosa que llamamos resignación.

La Copa en cualquier caso es ilusión, la de aquellos aficionados que se dejan lo que no tienen por seguir a su equipo aunque les toque alojarse a cien kilómetros de su sede (que esa es otra), que confraternizan con los de enfrente y que aunque no pasen ronda se quedan hasta el domingo porque ésta es su fiesta y no van a permitir que una simple derrota se la eche a perder. La Copa es también la ilusión de todos aquellos que nos sentaremos ante el televisor como cada año esperando ver una Copa aunque demasiado bien sepamos que esta vez sólo nos van a dar media, la otra media quedará para paladares más exquisitos. Siempre hubo una Copa de primera y otra de segunda, una Copa estatal y otra autonómica pero al menos a los no-autonómicos aún les quedaba la opción de agarrarse al clavo ardiendo de Teledeporte, ahora ya ni eso, ahora los que no tienen Autonómica y los que sí la tenemos pero es como si no la tuviéramos (y no sólo a efectos baloncestísticos) tendremos que buscarnos la vida en Internet, tendremos que ponernos en manos de Orange Arena (que es como si te tienes que operar y te pones en manos de un fontanero, poco más o menos), rezar lo que sepamos (aunque no sepamos) para ver si existe aún alguna posibilidad por pequeña que sea de salvar el Baskonia-CAI, el Granca-Bilbao y la segunda semifinal. La Copa es ilusión, sin duda, pero este año es también frustración. Y eso que aún ni ha empezado siquiera.

La Copa es sueño, cómo no: el sueño del Madrid de plasmar en títulos su dominio, el sueño del Barça de enderezar (acaso salvar) su temporada, el sueño baskonista de ser (por fin) profeta en su tierra, el sueño del CAI de sobrevivir por el lado imposible del cuadro, el sueño taronja de que aquest any sí, el sueño estudiantil de ser los primeros en ganarla viniendo de LEB (permítaseme la automordacidad), el sueño bilbaíno de estrenar por fin su palmarés nacional, el sueño grancanario de pasar por fin de ronda, más de una a ser posible… Muchos, demasiados sueños que se juntan con los nuestros: recuperar la magia, volver a sorprendernos, sentir otra vez aquella fascinación que un día sentimos por esta competición; que llegue el día en que podamos recordar también con añoranza esta Copa de 2013 tantos años después. Sí, la Copa es sueño pero ya nos dijo Calderón (el de la Barca) que los sueños sueños son: en cuanto te descuidas te despiertas. Esperemos que aún tarde mucho en sonar el despertador.

Anuncios

Una respuesta a “la Copa es sueño

Suscríbete a los comentarios mediante RSS.

  1. Pingback: la Copa en 16 sorbos | zaid Arena

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: