Archivo para marzo 2013

cuentos de marzo   1 comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 26 de marzo de 2013)

Cenicientas y ex cenicientas, bellos durmientes, príncipes encantados y/o destronados y/o en vías de coronación, ogros y hadas madrinas (o similar), finales felices y otros no tanto, llanto y crujir de dientes, risas histéricas, ríos de lágrimas, apariciones y desapariciones insospechadas, vuelos imposibles, sucesos prodigiosos… Pura magia. Para el común de los mortales marzo es un mes como otro cualquiera, como abril u octubre, más o menos con las mismas alegrías y miserias cotidianas. Pero usted y yo sabemos que hay algo más, sabemos que un poco más allá de la cruda realidad hay otro marzo hecho de sueños en forma de baloncesto, si aún no se lo cree acompáñeme durante unos cuantos párrafos y podrá comprobarlo con sus propios ojos…

Midwest

Louisville (1) vs Oregon (12) //// Michigan St. (3) vs Duke (2)

Escribía yo hace una semana que Louisville era mi favorita, que no alcanzaba a ver otros favoritos más allá de estos Cardinals. Sigo sin verlos, francamente. Me podrán decir que no han tenido apenas rival, que a North Carolina A&T no les conocía ni su padre (aunque eso en este Torneo no ha significado gran cosa), que esos de Colorado State a ver quién son… Pues depende. Colorado State es un equipo más que decente que ha hecho una temporada más que buena dentro de sus posibilidades, un equipo que se presentó en el Rupp Arena de Lexington (anda que se lo podían haber puesto aún más cerca a Louisville; en Louisville, por ejemplo) con la sana intención de dar la campanada, sana intención que se les pasó en cuanto los de Pitino se pusieron a defender. Defender dicho así puede parecer lo que todos hacen, pero defender como lo hacen éstos créanme que no lo hace prácticamente nadie. Una presión en toda la pista que empezó minando la confianza de sus contrarios y acabó descomponiéndolos, descomponiendo incluso a un entrenador tan curtido como Larry Eustachy. No tuvieron rival, es cierto, pero bien que se curraron el no tenerlo. Y puede que aún tarden un par de rondas en encontrarlo…

Porque a la vuelta de la esquina les espera Oregon. Como diría cierto señor de cuyo nombre no quiero acordarme, me llena de orgullo y satisfacción decirles que por una vez y sin que sirva de precedente yo tenía razón (yo y los otros chiquicientosmil que dijeron lo mismo, tampoco me voy a colgar más medallas de las que me correspondan): asignarle a Oregon el número 12 de su Región fue una cagada enorme, han bastado apenas un par de partidos para comprobarlo. En el primero se cepillaron con asombrosa facilidad a la Oklahoma State de Marcus Smart, en el segundo se pasaron por la piedra con no menor facilidad a esos mismos Billikens de Saint Louis que habían dominado la Atlantic 10. Ahora tocará Louisville, obviamente huele a final de trayecto pero que les quiten lo bailao como suele decirse: Dana Altman habrá demostrado una vez más que es un grandísimo entrenador, Kazemi, Woods, Emory o E.J. Singler podrán dejar la universidad con la cabeza bien alta y el futuro con esa maravillosa pareja exterior Artis-Dotson se antoja sumamente apetecible. Qué más se puede pedir.

Así que no, no parece que haya por ahí muchos equipos que le puedan amargar la vida a Louisville, es cierto… pero entre los que pueden hacerlo están precisamente aquellos que deberá encontrarse a la vuelta de la esquina (a la vuelta de Oregon, entiéndase): Michigan State o Duke, o el uno o el otro, cualquiera de los dos será un regalo envenenado para las huestes de Pitino. Les dije hace una semana que los Spartans me parecían el gran tapado, a día de hoy me lo siguen pareciendo… aunque a simple vista parezcan atisbarse grietas en su siempre sólida estructura. Las broncas entre jugadores son el pan de cada día en cualquier equipo deportivo de élite, es así y hasta puede que sea bueno que así sea, no digo yo que no; lo que ya canta un poco más es que estas broncas tengan lugar con luz y taquígrafos, con medio mundo mirando, hasta con lanzamiento de objetos arrojadizos incluso, Nix soltándole un toallazo a su base Appling y éste devolviéndoselo de inmediato, todo ello ante las mismas narices de Izzo en mitad de un tiempo muerto; si hay buen rollito en ese vestuario la verdad es que hacen lo posible por disimularlo, igual es una estrategia para que los rivales se confíen… A Memphis en cualquier caso no le sirvió de nada, Memphis mucho salto y mucha cabriola y mucho efecto especial pero de baloncesto más bien poco, de eso los Spartans (aunque estén picados entre sí) tienen para dar y tomar. Memphis fue pan comido, otra cosa ya será Duke…

Duke tampoco ha pasado más apuros que los mínimamente imprescindibles, Duke se deshizo de Creighton con mucha más facilidad de la que cabía esperar… o mucha más de la que yo esperaba al menos, sobreviviendo además a una pésima noche de su multiusos Ryan Kelly. Pero tanto dio, entre Mason Plumlee y ese envidiable perímetro Cook-Curry-Sulaimon más los relevos de Thornton se cepillaron a la familia McDermott sin que el impresionante hombre-orquesta Doug McDermott (qué jugador, qué temporadón el suyo) pudiera hacer nada por impedirlo. Así que ahí lo tienen, puro lujo en semifinales de conferencia, Duke contra Michigan State o lo que viene siendo lo mismo, mito contra mito, Krzyzewski contra Izzo; y el que gane contra Pitino… con permiso de Altman, con permiso (no se nos ocurra descartarlos todavía, por difícil que esté) de los Patos de Oregon.

West

Wichita St. (9) vs La Salle (13) //// Arizona (6) vs Ohio St. (2)

Dirán en Gonzaga que de cenicienta vivíamos mejor. La vida de cenicienta es más sacrificada pero mucho más fácil, al fin y al cabo no tienes nada que perder, si no te quiere el príncipe pues que le den, tiras tus zapatitos de cristal (que deben ser incomodísimos) al contenedor de vidrio, retomas tus quehaceres cotidianos y a otra cosa mariposa. Pero como el príncipe te convierta en la reina del baile, ay amiga, ahí mismo empezarán tus problemas: la casa, los niños, las facturas y demás quebraderos de cabeza propios de princesas. Miren, dirá Mark Few, otro año ni se les ocurra ponernos en el número 1, a nosotros dennos un 9 ó un 11 que con eso ya nos vamos apañando… Esta es una forma de verlo, otra podría ser que estas cosas te pasan cuando te tiras dos meses enteros jugando contra rivales de un nivel muy inferior al tuyo, más concretamente desde aquel sábado de mediados de enero en que cayeron sobre la bocina en el Hinkle de Butler. La West Coast podrá ser una conferencia entrañable pero si aspiras a la grandeza no te alcanza, puedes hartarte a jugar contra Saint Mary’s (que este año no estaba al nivel de otros años), San Diego, San Francisco, Santa Clara y demás santos del cielo que cuando bajes luego a la tierra te la vas a pegar, véase la muestra.

La muestra en cuestión se llama Wichita State, los Shockers (qué nombre tan bien puesto), un equipo duro (en todos los sentidos de la palabra), sólido, aguerrido, uno de esos equipos del medio oeste de la América semi-profunda a cuyos aficionados no te cuesta imaginártelos bailando a ritmo de country alrededor de una barbacoa. Pero es también un equipo coral en el que resulta muy difícil entresacar a alguien (pero puestos a entresacar entresacaremos a Cleanthony Early, a Carl Hall, por supuesto a su magnífico técnico Gregg Marshall), un equipo que no se complica, que acaso haga pocas cosas pero las hace francamente bien. Durante todo el año fueron pisándole los talones a Creighton en la Missouri Valley Conference, no rascaron bola ni en la Regular ni en el Torneo pero ahí les tienen ahora, Creighton ya camino de casa y en cambio ellos camino de Los Ángeles para disputar el Sweet Sixteen. Y con serias esperanzas de pasarlo, además.

Dirán en La Salle que hay que joderse (ustedes disculpen la vulgaridad), que llegaron con el número 13, han pasado tres rondas como tres soles, son tan cenicienta como la que más y sin embargo no se acuerda de ellos ni dios. Y tendrán razón, qué duda cabe, cualquier otro año la hazaña de La Salle habría dado la vuelta al mundo (al mundo en el que se hable de NCAA, entiéndase), en cambio este año sólo parece haber ojos para Florida Gulf Coast. Sirva este párrafo para reconocer las virtudes de un equipo que llegó como quinto o sexto en discordia de la (este año fortísima) Atlantic 10, acaso un pequeño paso por detrás de clásicos como St. Louis, VCU, Butler o Temple pero hete aquí que hoy todos los anteriormente mencionados están ya en su casa (todos ganaron brillantemente en 2ª ronda para caer luego en la 3ª), todos excepto estos Explorers de La Salle, ese estupendo base Tyreek Duren, ese prodigioso anotador Ramon Galloway o ese efervescente Garland capaz de jugarse la bola definitiva sin que le tiemble el pulso, ese desconocido (hasta ahora) técnico Giannini, todos ellos cargándose en 1ª ronda a Boise St., en 2ª nada menos que a Kansas St. y en 3ª a una Ole Miss que se había cargado nada menos que a Wisconsin… Vale que habían hecho una gran temporada pero con todo y con eso, ¿alguien en su sano juicio (que no fuera de La Salle, entiéndase) habría apostado por que sobrevivirían teniendo por delante semejante cuadro? Pues aquí les tienen. Y ojo, que la aventura no tiene por qué acabar aquí.

[Me van a permitir una acotación al margen sobre Ole Miss, una universidad que ha hecho un gran año y de la que el próximo hablaremos mucho más porque allí aterrizará nuestro Sebas Saiz, genuino producto estudiantil y campeón en Mannheim: Ole Miss tiene una prodigiosa estrella llamada Marshall Henderson, un tirador verdaderamente extraordinario, tan extraordinario es que nadie tira más triples que él no ya en su equipo ni en su conferencia ni en su comarca ni en su estado sino en todo el país, en toda la Division I de la NCAA (trescientos y pico equipos, recuerden) nadie tira más triples que Marshall Henderson, ni de lejos; es un extraordinario tirador y a menudo suele ser también un extraordinario metedor pero hay veces que no es el caso y aún así él sigue tirando y tirando y tirando, supongo que cuenta con la aquiescencia de Andy Kennedy ya que tampoco tiene muchas más amenazas desde el juego exterior pero a la larga acaba resultando contraproducente, así lo fue por ejemplo ante La Salle. La criatura tiene carácter y una personalidad arrolladora, de eso no cabe la menor duda, pero es bien sabido que quien a triple mata a triple muere y eso vale también para Henderson. Demasiadas veces, me temo]

Habremos de coincidir en que ésta es la Región más abierta del cuadro, pero habremos de coincidir también en que en ausencia del número 1 el favoritismo debería corresponder al 2, o sea Ohio State. Ohio State pasó también serios apuros para llegar aquí, esa extraordinaria Iowa State de Fred Hoiberg les llevó literalmente al límite, al final sólo sobrevivieron gracias a la aparición puntual de un jugador que había hecho un mal partido (en ataque, que en defensa siempre cumple) pero que siempre está cuando se le necesita: su base Aaron Craft; tuvo el penúltimo balón y se tiró un mendrugo, tuvo el último y tras tirarse botando medio minuto sin encontrar (o sin buscar) otra solución decidió finalmente jugársela él, ya sobre la bocina: ni que decir tiene que la clavó, de tres además. Un Thad Matta congestionado y sin haberse quitado aún el susto del cuerpo se curó en salud nada más acabar el partido lanzando elogios a su próximo rival, Arizona, según él el mejor equipo de la costa Oeste de USA. Puede ser (para mí no, para mí es mejor Oregon pero no les daré ya más la brasa con los Ducks), al menos sí que es cierto que Arizona ha llevado una trayectoria comodísima hasta llegar aquí: pensé que Belmont daría la sorpresa y no les duró ni un asalto, pensé que Harvard les complicaría la vida y el partido se acabó antes de empezar. Ohio St-Arizona, que dado que por el otro lado habrá un Wichita St-La Salle podría interpretarse casi como final (regional) anticipada. Pero vaya usted a saber.

South

Kansas (1) vs Michigan (4) //// Florida (3) vs Florida Gulf Coast (15)

Pase lo que pase de ahora en adelante, gane quien gane el Torneo, éste será ya para siempre el año de Florida Gulf Coast. Que levante la mano aquel que antes del baile supiera siquiera que esta universidad existía. Yo no, desde luego. Yo lo más que recuerdo es estar viendo un partido cualquiera en la semana de los Torneos de Conferencia y que en la parte de abajo de la pantalla apareciera un letrerito diciendo que una tal Florida Gulf Coast se había clasificado para el Madness, que yo pensara al verlo anda, mira qué bonito, la Universidad de la Costa del Golfo de Florida, y éstos quiénes serán… Tampoco es algo que me pasara a mí sólo, de hecho hasta en USA (salvo en círculos muy iniciados) andaban igual tras su victoria ante Georgetown preguntándose quién demonios serían estos tíos, cómo sería la cosa que incluso en las horas previas a su partido de 3ª Ronda aún había un debate en Twitter entre periodistas especializados yanquis preguntándose como había que llamarlos, si Florida Gulf Coast o FGCU; puede parecer un tema baladí pero créanme que no lo es en absoluto, al fin y al cabo en USA ni dios dice Virginia-Commonwealth o Nevada-Las Vegas sino VCU ó UNLV, no digamos ya UCLA (todo ello por supuesto pronunciado a la manera yanqui, vi si iu ó iu en el vi, no digamos ya iu si el ei…) No sé qué decidirían al final ni me importa demasiado, me van a permitir que yo siga llamándoles Florida Gulf Coast que (aunque tarde bastante más en escribirlo) suena bastante mejor.

Algunas cosas que probablemente aún no sepa (o puede que sí, pero no le vendrá mal recordarlas) sobre Florida Gulf Coast: que la Universidad como tal nació en 1997, que apenas lleva dos años en la Division I, que su fascinante entrenador Andy Enfield (ése al que ahora empiezan ya a rifarse todos los grandes programas de la nación) gana apenas 157.500 dólares al año (que puede que sea bastante más de lo que ganemos usted o yo, pero es infinitamente menos de lo que pueda ganar cualquier colega suyo), que está casado con una espectacular ex modelo de trajes de baño y lencería fina… y que sus Eagles juegan como los ángeles (y no lakers precisamente), comiéndose las líneas de pase, poniendo siempre el balón en el lugar correcto y sacando el contraataque con una alegría y una efectividad como hacía mucho tiempo que yo no veía. Así sorprendieron a los Hurricanes de Miami a comienzos de temporada (sí, a esos mismos Hurricanes que hoy son número 2 de la East Region, pero claro está que a esas alturas nadie le dio la menor importancia), así pillaron desprevenidos a los Hoyas y así se llevaron también por delante a unos Aztecs que ya estaban avisados pero a la hora de la verdad tanto dio. Hoy todo dios conoce ya a estos tipos a quienes hace apenas unos días no conocían ni en su casa a la hora de comer (es un decir), ese alucinante sujeto con nombre de bosque llamado Sherwood Brown, el base Brett Comer, los aleros McKnight o Fieler y hasta Filip Cvjeticanin, criado aquí e hijo del Yeti (me pongo de pie), y por favor no me obliguen a explicarles quién fue/es el Yeti. Del anonimato absoluto a convertirse en el primer equipo en toda la historia de la NCAA (y son ya 75 años de historia) que desde un número 15 alcanza las semifinales regionales, los sweet sixteen. Se dice pronto.

Pero si son tan amables me van a permitir que dedique también un párrafo a su primera víctima, los Hoyas de Georgetown, una universidad que (en lo que a baloncesto se refiere) empieza a emitir señales preocupantes. Chicos impecables, técnicamente irreprochables, sospecho que académicamente brillantes, que compiten con dignidad pero a los que siempre parece faltarles un puntito de… ¿Cómo lo diría? Hubo una vez en este país un abrupto y ultramontano entrenador de fútbol al que en cierta ocasión se le ocurrió decir que la cantera de determinado equipo sólo producía mingafrías, y aunque no me guste el término (ni el entrenador en cuestión) reconozco que no he podido evitar acordarme de aquella frase. Obviamente no estoy hablando de los tiempos de Ewing, Mourning o Mutombo ni aún menos de los de Iverson, no voy tan lejos, tan sólo me remontaré unos pocos años atrás: He tenido y aún hoy tengo especial debilidad por pívots como Roy Hibbert o Greg Monroe, de la misma manera que podría llegar a tenerla por su actual (ya no muy actual, la verdad) estrella Otto Porter Jr. Jugadores elegantes, rebosantes de fundamentos, capaces de hacer muchísimas cosas y todas maravillosamente bien… pero en los que no siempre resulta fácil encontrar ese gen competitivo que logre marcar las diferencias, sobre todo cuando llegan estos momentos cruciales. Como si el evidente prestigio académico de dicho centro estuviera reñido necesariamente con el carácter ganador, con el instinto asesino (en términos deportivos, entiéndase) o la mala leche que a veces se necesita en circunstancias puntuales. O serán tal vez manías mías, no digo yo que no, pero ya son demasiadas eliminaciones frente a rivales presuntamente inferiores; vayan si les place al vídeo del partido, busquen cualquier imagen de John Thompson III en los últimos minutos (el rictus demacrado, el rostro congestionado, la corbata casi del revés) y díganme entonces si les queda alguna duda.

Florida Gulf Coast se las verá ahora contra Florida (Florida a secas, los Gators de toda la vida), acaso el derby más insospechado que recordarse pueda. Florida ha ganado con solvencia su rincón del cuadro, el rincón de los entrenadores decapitados podríamos llamarlo: Minnesota ganó a UCLA y ello costó el puesto a Howland, seguidamente Florida ganó a Minnesota y ello costó el puesto a Tubby Smith: lo de los Bruins se veía venir pero lo de los Gophers yo al menos no me lo esperaba en absoluto, no me parece que Tubby Smith haya hecho tan mala labor como para cargárselo de esta manera y menos aún este año pero en fin, ellos sabrán. Así pues lo dicho, Florida vs Florida Gulf Coast, el sentido común dicta que ese será el fin del sueño para los Eagles… pero ya hemos podido comprobar en un par de ocasiones que sus reglas no se corresponden en absoluto con las reglas del sentido común.

El otro lado del cuadro es mucho más normal, claro, 1 contra 4, Kansas contra Michigan. Pensé que Michigan sufriría ante el HAVOC de VCU pero obviamente me equivoqué, nada pudieron hacer los de Shaka Smart ante el desparrame de talento de unos Wolverines que parecen haber recuperado (por fin) la mejor versión de Tim Hardaway Jr. Y Kansas suma y sigue, tampoco los Tar Heels tuvieron nada que hacer, tanto dio que McLemore parezca haber perdido el punto porque la vena anotadora correspondió a Releford y la vena taponadora al guaperas Withey, interesante personaje de evidentes limitaciones ofensivas pero al que la cosa de poner gorros se le da como hongos (por qué se dirá esto), hay quien dice que por haber jugado al voleibol. Kansas-Michigan, cruce atractivo donde los haya, los pronósticos generales apuntan hacia Kansas pero los míos (más que nada por llevar la contraria) apuntan hacia Michigan. Veremos.

East

Indiana (1) vs Syracuse (4) //// Marquette (3) vs Miami (2) 

Ahí los tienen juntitos, el 1, el 2, el 3 y el 4, Indiana, Miami, Marquette y Syracuse, por fin una Región como dios manda, una Región en la que se cumplen los pronósticos y gana siempre quien tiene que ganar… Pues sí pero no tan deprisa, que tres de ellos han tenido que dejarse sangre, sudor y lágrimas para estar aquí. Por ejemplo Indiana, la archifavorita Indiana que sufrió lo indecible ante Temple, que se encontró un enemigo insospechado en el base/escolta/chico-para-todo de los Owls Khalif Wyatt, aún no habíamos llegado al descanso y el susodicho llevaba ya 20 puntos (de los veintipocos de su equipo), Tom Crean llegó un momento en que ya no sabía qué hacer con él, primero le mandó a Oladipo (especializado últimamente en defender al base/estrella rival) y como si no, luego le plantó enfrente a Sheehey y fue como si le dieran agua, más tarde le colocó a Remy Abell y algo más le rascó pero tampoco mucho… Así las cosas, triple va canasta viene, llegamos igualados al último minuto… y entonces sucedió: Victor Oladipo podrá no tener la técnica más depurada del mundo pero tiene a cambio una serie de cualidades que le hacen impagable: unas condiciones físicas superlativas, una intensidad que supera todos los parámetros conocidos sobre el planeta Tierra… y (contra todo pronóstico) una cabeza fría como el hielo en esos momentos en que a todos los demás les entra la descomposición: cuando todos esperábamos que el tiro de gracia sería para Hulls, Watford o Yogi se la dieron a Oladipo, éste se levantó desde más allá de la línea de tres… y el resto es historia.

Sangre, sudor y lágrimas también para Miami en su cruce ante Illinois. Los Hurricanes sobrevivieron literalmente al límite (triple de Larkin y error arbitral mediante) y ello a pesar de que tuvieron que nadar contracorriente y sortear dos obstáculos que a lo que se ve no tenían previstos: uno Brandon Paul, el jugón (a la par que un poco chupón) Brandon Paul que (a la manera de Wyatt en el párrafo anterior) decidió echarse sobre las espaldas a los Fighting Illini en pleno; el otro, escandaloso, fue la abismal superioridad reboteadora de los de Groce, de hecho los estadísticos de la televisión yanqui debieron casi de perder la cuenta de la cantidad de puntos anotados por Illinois tras rebote ofensivo. A Julian Gamble se le averió el tobillo, el bueno de Reggie Johnson no salta ni un papel que le pongan en el suelo, Kenny Kadji por sí solo no es suficiente y entre unas cosas y otras se les generó una sangría que al final no les costó el partido porque siguen siendo muy buenos y hasta en situaciones límite saben sacar petróleo de las piedras. Con eso les bastó (por los pelos) ante Illinois pero no será fácil que les baste de aquí en adelante.

Claro que para sangre, sudor y lágrimas las de Marquette, no una victoria al límite sino dos, en 2ª ronda salvaron los muebles ante Davidson gracias a una bandeja de Vander Blue literalmente sobre la bocina, y en 3ª ronda… En 3ª ronda fue la reedición prevista de aquel Butler-Marquette de hace cuatro meses en Maui, sólo que esta vez el desenlace sucedió exactamente al revés: Marquette tuvo el partido ganado varias veces pero ya sabemos que eso no va con Butler, Butler podrá estar medio muerta pero no acaba de morirse nunca, Butler aún tuvo la última posesión, sólo 2 abajo a falta de 2 segundos para el final, Butler es el clutch team por antonomasia, el equipo bocina como si dijéramos, probablemente en ese mismo momento alguien en todas la redacciones USA gritó esperen, paren las rotativas, vayan preparando el titular para otro canastón histórico de Rotnei Clarke o de Barlow o de quien sea… Bueno, pues no. Esta vez no, esta vez Marquette se las apañó para que quien se tuviera que jugar el triple desesperado fuera el pívot Andrew Smith, su lanzamiento postrero ni tocó el aro siquiera… [Acotación al margen: ese fue el triste final de la carrera universitaria de Andrew Smith, un tipo que ahí donde le ven ha jugado dos Final Four y que desde luego merecía menos que nadie que su etapa acabara de este modo: no tiene grandes cualidades físicas ni técnicas pero siempre me ha parecido el ejemplo perfecto de jugador de Butler, un sujeto inteligentísimo sobre una cancha de baloncesto; no encontrará hueco en NBA, estoy convencido, pero Europa no debería dejar pasar a un jugador así. Dicho queda]

Marquette no tiene este año (al menos en mi opinión) una plantilla para tirar cohetes, pero a cambio el Hombre Sin Cuello Buzz Williams optimiza espectacularmente sus recursos. Y de qué manera: en un momento dado, hacia comienzos de la segunda parte, la televisión nos mostró una sorprendente estadística según la cual Marquette hasta ese momento llevaba hechas 47 sustituciones por sólo 13 de Butler; cambios de tres en tres, casi a la americana, que parece hacerlos casi compulsivamente pero que supongo que obedecen a un plan: tener siempre piernas frescas sobre la cancha, llegar al final del partido con sus piernas más frescas que las del rival. Ante Butler funcionó, veremos si no funcionará también ante Miami; los Hurricanes tienen (en mi opinión) muchísimo más baloncesto pero llevan tiempo transmitiéndome la sensación de que han llegado con la reserva encendida a estas alturas de temporada. Ganarán o perderán, no sé, pero que acabarán reventados ante Marquette pueden darlo por seguro.

Y finalmente Syracuse, la excepción que confirma la regla por esta parte del cuadro. Mis Orange no necesitaron sangre, sudor ni lágrimas, mis Orange ahuyentaron de un plumazo mis temores, mis Orange tuvieron un primer cruce sumamente plácido ante Montana y un segundo casi igual de plácido ante California (y ello pese a jugar casi en campo contrario, San José, pleno Silicon Valley, a dos pasos de Berkeley). Igual que fui muy pesimista tras el aplastamiento al que les sometió Louisville en la Final de la Big East, habré de reconocerles que ahora soy moderadamente optimista (mi optimismo siempre es moderado, aún en las circunstancias más favorables). Ahora bien, al otro lado de mi optimismo están los Hoosiers, palabras mayores, Oladipo encima de Michael Carter-Williams desde el salto inicial… Partidazo, tocará disfrutarlo (como un niño, a ser posible) y que luego pase lo que tenga que pasar. No habré de engañarme, Indiana es favorito, lo es para esta Región como lo es Ohio State para la suya, como no lo son ni Michigan State ni Michigan en las suyas respectivas pero tampoco las descarten. En una semana podríamos encontrarnos algo insólito, cuatro equipos de la misma Conferencia (Big 10) en la misma Final Four. Difícil, sí. Pero no imposible, en absoluto.

Y colorín colorado, este cuento aún se ha acabado ni puñetera falta que le hace. Queda lo mejor. Permanezcan atentos a sus pantallas…

Publicado marzo 28, 2013 por zaid en NCAA

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el bazar de las sorpresas   Leave a comment

Los impagables amigos de BasketAmericano.com (qué habría sido de mi seguimiento de la NCAA sin ellos) me pidieron un artículo que resumiera la temporada regular de baloncesto universitario, para incluirlo a modo de introducción en su imprescindible Guía de la March Madness. Este fue el resultado…

Cada año las temporadas se nos hacen más cortas, quizá del mismo modo en que las no-temporadas se nos hacen cada vez más largas. Cabría recurrir al tópico y decir aquello de que parece que fue ayer… Parece que fue ayer cuando mirábamos a Huskies y Spartans citarse en aquel inmenso hangar de una base aérea norteamericana en Alemania, por supuesto que perfectamente ataviados con sus trajes de camuflaje para la ocasión. Parece que hayan pasado apenas unas horas desde entonces y sin embargo hace ya más de cuatro meses, cuatro meses que se nos han escurrido de entre los dedos sin apenas darnos cuenta dejándonos si acaso como una inevitable sensación de que necesitaríamos días de 240 horas para que nos diera tiempo a disfrutar de todo aquello que la NCAA pone (no sin dificultades) a nuestra disposición. Sí, a estas horas la temporada regular 2012/2013 empieza a ser ya poco más que un lejano (y muy grato) recuerdo, quizá lo mejor que podamos hacer con ese recuerdo sea intentar ponerlo por escrito para evitar que se nos pierda…

Si me paro a pensarlo, la primera impresión que se me viene a la cabeza es la falta de hegemonía: no ha habido como otros años un equipo dominador, un puñado muy selecto de universidades alrededor del cual parecieran girar casi todas las demás. Ha habido un batiburrillo de equipos que parecían aspirar a lo más alto pero que en cuanto llegaban caían con estrépito para dejarle el puesto a otros que a su vez tardaban igual de poco en caer; hemos conocido por ahí arriba (tres, dos o uno) a Indiana, Michigan, Louisville, Syracuse, Kansas, Florida, Duke, Miami, ¡¡¡Gonzaga!!! (qué lejos quedan ya sus tiempos de cenicienta), todos ellos rondando y/o atrapando incluso el número 1 de la nación… ¿y total para qué? Louisville besó el santo y seguidamente perdió tres seguidos, Kansas tres cuartos de lo mismo (y hasta tuvo que ver cómo Oklahoma State le levantaba su sempiterna imbatibilidad local, y hasta fue a caer en un lugar tan improbable como Texas Christian), Duke se fue a lucir su flamante número 1 a Miami y allí sólo les faltó que les tiraran al mar, Indiana cada vez que lo tuvo fue a estrellarse ante equipos tan heterogéneos como Butler, Wisconsin, Minnesota u Ohio State, Syracuse en un momento dado empezó a perder y luego ya apenas supo encontrar la manera de dejar de hacerlo… Siempre habíamos sabido que un grande podía perder en casa de un (más o menos) pequeño, nunca habíamos imaginado que llegaríamos a un punto en el que lo raro sería que no lo hiciera. Siempre supimos que el baloncesto universitario era terreno abonado para las sorpresas, nunca imaginamos que llegaríamos a un punto en el que la verdadera sorpresa sería que no hubiera sorpresas. Esa frase tan socorrida entre el famoseo de que lo verdaderamente difícil no es llegar sino mantenerse nunca fue más cierta que en la actual NCAA.

Lo cual, por supuesto, no es algo negativo sino más bien al contrario: que la NCAA sea el bazar de las sorpresas (aún más si cabe) no hace sino aumentar (aún más si cabe) el atractivo de esta competición. Siempre supimos que la magia del Gran Baile era que (casi) cualquiera podía ganar a (casi) cualquiera pero hoy ya esa magia la llevamos puesta de serie desde la temporada regular. Es muy probable que este próximo Torneo Final registre el habitual chorro de resultados asombrosos en términos cuantitativos pero que éstos lo sean menos en términos cualitativos, porque hemos llegado a un punto en el que quedan ya muy pocas cosas que sean capaces de sorprendernos. Louisville ha sido proclamada merecidamente número 1 de la nación, pero como podrían haberlo sido Indiana, Gonzaga o Duke si esto hubiera echado el cierre hace un par de semanas o quién sabe si Kansas o Miami si esto hubiera durado aún un par de semanas más. Si cualquier año pronosticar la Final Four es casi como jugar a la lotería pues este año ya ni les cuento, este año es casi más un ejercicio de funambulismo, un más difícil todavía. Muy pocas competiciones habrá en el mundo más abiertas que el Torneo Final de la NCAA, y muy pocas ediciones de este Torneo Final habrá habido más abiertas que ésta de 2013. Qué más se puede pedir.

Esta temporada 2012/2013 quedará ya como el año de la confirmación de Trey Burke, Doug McDermott u Otto Porter, el año de la esperada eclosión de Ben McLemore, Anthony Bennett, Shabazz Muhammad o Marcus Smart (sobre todo ese Marcus Smart proclamado finalmente jefe supremo de la Big12), el año de la inesperada (al menos por mi parte) revelación de Nick Stauskas, Jahii Carson, Olivier Hanlan o incluso Ryan Arcidiacono. El año en que se nos (re)aparecieron Shane Larkin, Joe Harris, Nate Wolters o Rotnei Clarke, el año en que esperábamos a Cody Zeller y acabamos encontrándonos con Victor Oladipo, esperábamos a Kevin Pangos y acabamos encontrándonos con Kelly Olynyk. El año en que Butler fue más Butler que nunca sobreviviendo tantas veces sobre la bocina (lo padecieron Marquette, Indiana, Gonzaga), si un día se dijo que el último tiempo muerto siempre es de Dean Smith quizás ahora habrá que empezar a decir que el último segundo siempre es de Brad Stevens. El año en que Louisville y Notre Dame necesitaron cinco prórrogas para dirimir su diferencias en una inolvidable noche de sábado de mediados de febrero. El año en que Oklahoma State u Oregon se atrevieron a desafiar a los poderes establecidos en sus respectivas ligas, el año en que la Universidad de Miami (FL) no es ya que los desafiara sino que se comió con patatas a Duke, North Carolina y North Carolina State y aún le quedaron fuerzas para repetir hazaña en su Torneo de la ACC; el año (otro más) de Jim Larrañaga. El año de las mid-majors ilustradas, el año en que por supuesto Gonzaga pero también Creighton, Butler (cómo no), New Mexico, UNLV, VCU, Saint Louis o San Diego State dejaron de ser una presencia más o menos esporádica en el ranking para convertirse ya en algo sumamente habitual en nuestras vidas. El año de la Big10 por encima de cualquier otra conferencia, el año en que la A10 (gracias sobre todo a sus nuevas incorporaciones) presentó su candidatura a ser grande, la SEC se nos fue encogiendo y la Big East se nos empezó a descomponer; el año del cisma católico, aunque ésta ya será otra historia para hablar largo y tendido en apenas unos meses pero eso sí, con la seguridad de que la NCAA que nos encontraremos el próximo noviembre ya apenas se parecerá en nada a la que dejemos en abril.

Y las decepciones, también, cómo no habría de haberlas, aunque esto es algo muy subjetivo y lo mismo lo que me ha decepcionado a mí a usted no, o viceversa; pero yo les cuento las mías: Baylor, que con su flamante Isaiah Austin (el increíble hombre menguante) y su Pierre Jackson y demás familia parecía aspirar a comerse el mundo, y que al final no se comió ni siquiera un pedacito de Big12; UCLA, la irregularidad hecha equipo de baloncesto (aunque lo haya medio-arreglado al final): demasiado freshmen, demasiada responsabilidad, demasiado caos a comienzos de temporada, demasiadas deserciones tal vez; North Carolina State, que no es que haya estado mal pero que no ha acabado de hacer el cesto que se le presuponía a la vista de esos imponentes mimbres (nuevos y viejos) con que se presentaba; Texas, que encontró en lo de Kabongo la coartada perfecta para justificar su mediocre temporada; Kentucky, el vigente campeón Kentucky, sus pocas esperanzas de que esta promoción se pareciera mínimamente a las anteriores se acabaron esfumando con la dolorosa lesión de Nerlens Noel…

De esta temporada 2012/2013 recordaremos también cómo California no fue el mejor equipo de la Pac12 y sin embargo Allen Crabbe fue proclamado el mejor jugador de dicha conferencia; de la misma manera que lo fue el anotador compulsivo (a la par que presunto base) Erick Green en la ACC aunque Virginia Tech estuviera lejos de los puestos de cabeza, del mismo modo que lo fue Kentavious Caldwell-Pope en la SEC aunque Georgia ni oliera los primeros puestos siquiera. Decisiones tan extrañas como justas tratándose de premios individuales, que para lo colectivo ya están los títulos: de esta temporada 2012/2013 recordaremos cómo Miami, Oregon, Ole Miss, Gonzaga, Saint Louis o New Mexico reivindicaron de nuevo su gran año en el torneo de su conferencia, cómo Louiville o Kansas revalidaron su jerarquía en la Big East o la Big12, cómo en la Big10 Ohio State o Wisconsin se subieron a las barbas de los otrora archifavoritos Indiana, Michigan o Michigan State, cómo Syracuse, Florida o UCLA creyeron venirse arriba y  tan arriba se vieron que al final les entró el vértigo…

De esta temporada 2012/2013 recordaremos incluso, ya puestos, cómo la empezamos con la moda de los uniformes de camuflaje, la continuamos con la moda de los uniformes navideños (esos dorsales del mismo color que el resto de la camiseta, con la sana finalidad de que sólo puedan ser distinguidos al tacto) y la acabamos con la moda de los uniformes diseñados ex-profeso para la March Madness, esquijamas de manga corta por arriba y más camuflaje aún por abajo, viva el diseño y mueran la estética y el sentido común, al parecer. Sí, de esta temporada recordaremos unas cuantas cosas absurdas y unas pocas escenas desagradables pero también (y sobre todo) un montón de momentos felices: infinidad de canastones, de detalles técnicos y tácticos, de luchas sin cuartel, de aficiones animando al límite, de desenlaces sobre la bocina, de estudiantes invadiendo como locos la pista tras el sorpresón de turno. Infinidad de ¡¡¡unbelievable!!! o de ¡¡¡¿Are you kidding me?!!!, infinidad de momentos irrepetibles en sí mismos por más que se repitan temporada tras temporada. Ahora se ha acabado, ya lo sé, pero no lloremos por ello: primero porque esto no es para llevarnos disgustos (que para eso ya tenemos la vida cotidiana) y segundo porque (sospecho que ya se habrán dado cuenta) a partir de ahora llega lo mejor. Les dejo con ello.

Publicado marzo 24, 2013 por zaid en NCAA

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nada que perder   2 comments

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 19 de marzo de 2013)

Recapitulemos. Temporada 2010/2011, los Huskies de UConn ganan el título con una imponente pareja exterior formada por Kemba Walker y Jeremy Lamb, por detrás de los cuales emerge un interesantísimo base freshman llamado Shabazz Napier. Temporada 2011/2012, Kemba Walker se va a la NBA pero los Huskies mantienen una imponente pareja exterior formada esta vez por Lamb y Napier, por detrás de los cuales emerge un interesantísimo freshman llamado Ryan Boatright. Temporada 2012/2013, Jeremy Lamb se va a la NBA (o algo así) pero los Huskies mantienen una imponente pareja exterior formada esta vez por Napier y Boatright, por detrás de (más bien al lado de) los cuales emerge un interesantísimo freshman llamado Omar Calhoun… Visto así parecería que nada ha cambiado en lo esencial en la Universidad de Connecticut, que el tiempo sigue su curso y la vida transcurre allí plácidamente propiciando los lógicos relevos de manera completamente natural… Bueno, pues no. Quítenselo de la cabeza cuanto antes, porque nada más lejos de la realidad.

Y es que la NCAA, que es muy de poner sus ojos sobre las universidades a su cargo, puso sus ojos sobre Connecticut al parecer por la sencilla razón de que sus criaturas no se aplicaban lo suficiente, no hincaban los codos como es debido y como consecuencia de ello se resentían sus resultados académicos; puede parecer un tema menor (y probablemente lo sea) al lado de tantos otros escándalos como acostumbramos a encontrarnos en este baloncesto, ya saben, irregularidades en el reclutamiento, falsificación de notas, trapicheos varios, puede parecer en un principio que esto es menos importante pero se ve que la NCAA se ha puesto últimamente muy seria a este respecto, razón por la cual decidió que la sanción a UConn (y a otros nueve colleges de mucho menos peso específico en la competición) habría de ser ejemplar: un año entero, este 2012/2013, condenados a no disputar post-temporada, entendiendo por post-temporada no sólo el Torneo Final o el NIT sino también el torneo de su conferencia. Un negro panorama que propició (entre otras muchas cosas) la marcha del hombre que había regido sus destinos desde el banquillo durante casi tres décadas, Jim Calhoun. No nos engañemos, de no haber mediado todo este lío probablemente también se hubiera ido dada su edad y sus recurrentes problemas de salud, pero la perspectiva de esas sanciones sobre la universidad (y acaso también sobre sí mismo, de haberse quedado) seguramente fue lo que acabó de precipitar su decisión. Jim Calhoun dejaba huérfanos a unos Huskies que después de tantos años habrían de buscar entrenador en plena crisis, a ver dónde iban a encontrar a uno que estuviera dispuesto a comerse semejante marrón…

No tuvieron que ir muy lejos, de hecho no tuvieron ni que molestarse en mirar siquiera más allá del staff técnico de la propia universidad. Allí llevaba ya un par de años ejerciendo de asistente un tipo cuyo nombre no le resultará en absoluto desconocido, sobre todo si (aunque no tenga usted ni papa de NCAA) acostumbra a seguir siquiera medianamente la NBA: Kevin Ollie. Kevin Ollie que jugó (y estudió también, supongo) en Conncecticut de 1991 a 1995, que repartió luego su inquieta carrera profesional entre no menos de una docena de franquicias, que nunca brilló pero siempre cumplió con su cometido, que fue de esos jugadores mucho más apreciados por sus técnicos que por sus aficionados. Kevin Ollie colgó las botas en el verano de 2010 y ya en ese mismo momento ingresó en su alma máter a la vera de Calhoun, quién le iba a decir entonces que en apenas un par de temporadas se encontraría ya con esta oferta encima de la mesa. La aceptó, claro, hay propuestas a las que no puedes decir que no aún por negro que sea el panorama que se presente ante tus ojos. La aceptó acaso pensando en la que se le venía encima, si alguien le hubiera dicho entonces que apenas un par de meses más tarde estaría ya firmando una extensión de contrato por cinco años más probablemente ni se lo habría creído…

Y es que el panorama era desolador; a la marcha de Calhoun había que sumar (más bien sería al revés, ya que la marcha del técnico fue posterior) la de unos cuantos jugadores que estaban llamados a soportar el peso del equipo en las siguientes temporadas: lo de Andre Drummond al fin y al cabo se veía venir, ni dios dudaba de que lo suyo sería un one and done, a mí entonces me parecía una barbaridad (plenamente formado en lo físico, escasamente en lo técnico) pero a la vista de lo bien que le va en los Pistons habré de envainármela, con perdón. Lo que ya no se veía venir de ninguna manera, lo que no habría sucedido de ningún modo de no haber sido por las susodichas sanciones, fue lo que vino después: el pívot Alex Oriakhi (fundamental en el título de 2011) pidió el transfer y se marchó a Missouri, Roscoe Smith hizo lo propio y se buscó la vida en Nevada-Las Vegas, el aún suplente (pero que este año habría sido muy importante) Michael Bradley se fue a buscársela a Western Kentucky… Madre mía pero dónde me estoy metiendo, pensaría Kevin Ollie ante semejante situación. Al menos el retorno (contra pronóstico) de los exteriores Napier y Boatright vino a endulzarle mínimamente el panorama…

¿Mínimamente? Tengo para mí (que diría Paniagua) que Shabazz Napier y Ryan Boatright componen la pareja exterior de mayor talento puro de todo el baloncesto universitario. Es decir, no digo que no haya otras mejores en cuanto a sensatez, equilibrio, toma de decisiones o conocimiento del juego pero en lo que se refiere a (lo que solemos entender por) talento para jugar a esto no creo que haya otra que se le pueda comparar. Otra cosa ya es que sepas qué hacer con ese talento, claro. Napier hizo una magnífica temporada freshman en aquellos Huskies campeones 2010/2011 dando relevos de calidad a Kemba o Lamb, pero bastó la marcha de Kemba para que el Napier sophomore 2011/2012 dijera ésta es la mía y se creyera el ombligo del mundo. Estaba asilvestrado, tirándoselo casi todo, jugándose lo suyo y lo de los demás hasta el punto de que no es ya que no ayudara a su equipo sino que era manifiestamente contraproducente, todo ello a las (presuntas) órdenes de un Calhoun que parecía completamente superado por la situación, como si hubiera decidido dejarlo por imposible ante el convencimiento de que no había nada que hacer. Apenas unos meses después de que los Huskies de Kemba epataran al mundo los Huskies de Napier parecían haberse convertido en el coño de la Bernarda, con perdón. Y si esto era así con Calhoun, ¿cómo habría de ser (cabía preguntarse) en su año júnior, a las (presuntas) órdenes de un entrenador novato como Ollie?

Pues su año júnior contra todo pronóstico ha sido casi extraordinario. A ver, tampoco exageremos, sigue yendo de jugón por la vida pero créanme que ha estado mucho más domesticado, jugando para él pero también haciendo jugar a sus compañeros, poniendo su talento al servicio del grupo y no al revés. Créanme que yo desde la distancia no sé si es mérito suyo o de Ollie, me gustaría pensar que ha madurado y se ha dado finalmente cuenta de que en el plan que estaba no iba a llegar a ningún sitio, pero aún más me gustaría pensar que su nuevo técnico haya tenido algo (o mucho) que ver en todo este proceso. Meter a este tío en una dinámica de equipo me parece casi su mayor logro, aún por encima de los buenos resultados cosechados en esta difícil temporada. Y claro está, si a eso le sumas a Ryan Boatright a pleno rendimiento pues ya es como si juntaras a Zipi y Zape, una verdadera delicia, un placer para los sentidos. Y a su vera (para acabar de liarla) el freshman Omar Calhoun, un sujeto cuyo apellido no habrá pasado inadvertido al avispado lector… pero tampoco vayan a pensar lo que no es. Ya sé que no es un apellido muy corriente, ya sé que parece mucha casualidad que llegue un Calhoun al equipo justo cuando se va otro Calhoun después de un cuarto de siglo de estar allí entrenando, pero créanme que el uno y el otro no tienen absolutamente nada que ver. Y si lo tienen lo disimulan muy bien, dado que su color de piel no puede ser más diferente…

Probablemente ya habrá deducido usted a estas alturas que estamos ante un conjunto plenamente orientado al juego exterior no por gusto sino por necesidad, porque dicen que de donde no hay no se puede sacar. El quinteto titular lo completaban DeAndre Daniels y Tyler Olander, dos supuestos interiores con manifiesta tendencia (sobre todo el primero) a buscarse la vida por fuera en cuanto el juego lo permitía. Añádanle al eficaz sexto hombre Niels Giffey (alemán, pronúnciese Guifái) y ya está, y punto pelota, y pare usted de contar (es decir, alguno más había lógicamente, más que nada para completar la plantilla, pero que entrarían ya en el terreno de lo irrelevante). Y con todo y con eso han hecho un año más que decente, han acabado con 20 victorias y 10 derrotas (10-8 en su Conferencia), puede que no parezcan números como para tirar cohetes pero ya se habrían dado con un canto en los dientes (a riesgo de hacerse daño) si les hubieran dicho algo así antes de empezar la temporada. Quién lo habría imaginado cuando les vimos aparecer vestidos de camuflaje en aquella primera cita de Alemania ante Michigan State, acaso pudimos empezar a imaginarlo apenas un rato después viendo marcharse a aquellos Spartans con el rabo entre las piernas, viendo como su base Appling era incapaz de encontrar la manera de parar a Napier…

Aunque parezca lo contrario (y lo sea), los Huskies han jugado con ventaja. Los Huskies han jugado todo el año como si no tuvieran nada que ganar, por la sencilla razón de que tampoco tenían nada que perder. Algo que puede resultar negativo en términos de motivación pero que también puede resultar muy positivo en términos de presión. Los Huskies jugaron y ganaron su último partido del año (contra Providence) el pasado sábado 9 de marzo, hoy casi todos los demás equipos de la nación están aún pringados en sus respectivos torneos de conferencia y sin embargo UConn está ya de vacaciones o para ser más preciso, está ya (supuestamente) en otras actividades académicas que nada tienen que ver con el baloncesto. Castigados, viendo el Torneo de la Big East por televisión más o menos igual que verán el Gran Baile, el NIT, etc. Y ya sé que me dirán que no tiene mucho sentido soltar ahora esta entrada acerca de una universidad a la que ya no podremos ver jugar, por supuesto que sí, tienen ustedes toda la razón del mundo, entono el mea culpa, este rollo debería haber sido escrito mucho antes. Pero aunque ya sea demasiado tarde me ha parecido que era de justicia rendir este pequeño homenaje a un equipo que hizo de tripas corazón (por qué se dirá esto), plantó cara a la adversidad y jugó todo el año como si en verdad tuviera algo por lo que jugar. Dicho queda.

habemus bracket   1 comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 19 de marzo de 2013)

Habemus bracket, no podía ser de otra manera en estas fechas [recuérdese a los neófitos en materia de baloncesto universitario que el bracket durante once meses al año puede ser sólo un aparato para arreglarte los dientes, pero que en marzo es también (y sobre todo) el cuadro que recoge los emparejamientos del Torneo Final de la NCAA]. Habemus bracket, y con la inconsciencia y manifiesta irresponsabilidad que me caracteriza me van a permitir que me lance a opinar sobre él ya que ustedes me lo consienten (y hasta me lo alientan, en algún caso concreto). Lo haré desmenuzando el bracket en dieciséis pequeños bracketitos de cada uno de los cuales quedará tan sólo un superviviente en apenas unos días, por ahora dejémoslo ahí, luego ya será el momento de volver (amenazo con ello para la semana que viene) y analizar a esos dulces dieciséis de cara a la Final Four, pero todo a su tiempo. Sin más dilación, vamos allá:

Midwest

Louisville (1) vs [North Carolina A&T vs Liberti] (16) /// Colorado St. (8) vs Missouri (9) – ¿Vieron a Louisville el pasado sábado, ante Syracuse en la Final de la Big East? ¿Vieron a un equipo que a comienzos de la segunda mitad perdía 45-29 y que acabó ganando 61-78 (por si no tienen ganas de echar la cuenta les ahorro el trabajo: parcial de 16-49)? Eso es Louisville, por lo general un equipo ciclotímico, picos y valles así en cada temporada como en cada partido incluso. Este año no ha sido una excepción pero ahora ya es marzo y marzo por si aún no se habían dado cuenta es territorio Pitino, un lugar donde los picos superan ya claramente a los valles: un quinteto (Siva, Smith, Blackshear, Behanan, Dieng) difícilmente mejorable, un buen banquillo, una defensa impresionante, una sensación de que nadie llega más en forma que ellos al Gran Baile. En un año sin favoritos yo ahora mismo no veo más favorito que estos Cards (probablemente les acabo de sentenciar), que ganarán su primer cruce sin despeinarse y luego ya tendrán que trabajar un poco más contra el ganador del Colorado St-Missouri. He visto muy poco a los Rams de CSU, lo más que puedo decirles es que han hecho un temporadón (dentro de sus posibilidades), que su estrella se llama Iverson (nada que ver) y que tengo un buen recuerdo de su base Dorian Green. Y he visto bastante más a los Tigers de Mizzou, que el año pasado llegaron al Torneo dispuestos a comerse el mundo (y el mundo les comió a ellos nada más empezar) y que este año llegan mucho más modestamente: alrededor del fantástico base Phil Pressey (de los Pressey de toda la vida) y de Bowers han construido un equipo de aluvión a partir de transfers de diferentes universidades, de entre los cuales merece mención especial el prófugo de Connecticut Alex Oriakhi. ¿Suficiente como para darle un susto a Louisville? Difícil, muy difícil. 

Oklahoma St. (5) vs Oregon (12) /// St. Louis (4) vs New Mexico St. (13) – Doctores tendrá la santa madre iglesia, no digo yo que no, pero déjenme decirles así de entrada que ese número 12 de Oregon me parece un crimen. Un equipo magníficamente entrenado por Dana Altman, un equipo con Dotson, Artis (ay, si no se hubiera lesionado) y Loyd por fuera, con el iraní Kazemi y Woods por dentro, con E.J. Singler (hermano de Kyle, recuerden) por el medio, un equipo que a punto estuvo de ganar la temporada regular de la Pac12 y que acabó llevándose (brillantemente, además) el Torneo de dicha Conferencia merecía estar muchísimo más arriba. Pero no lo está, y la gracia es que tendrá que enfrentarse a Oklahoma State en el que en mi opinión es el partido más atractivo de toda la 2ª ronda. Decir Oklahoma State es decir Marcus Smart, para mí el freshman del año y uno de los jugadores del año, completísimo, extraordinario en ambos lados de la pista, listo como él solo (jamás vi apellido mejor puesto), un ganador y además un genuino tocapelotas, le amarán sus aficionados en la misma medida en que le odiarán todos los demás, al tiempo. El que sobreviva se encontrará con quien se lleve el Saint Louis-New Mexico State, que en condiciones normales deberían ser los Billikens: en esta emotiva temporada tras el fallecimiento del gran Rick Majerus han ganado así la Regular como el Torneo de una fortísima Atlantic 10 (por delante de Butler, VCU, Temple…); fíjense sobre todo en Dwayne Evans y el pelos Jordair Jett y no les pierdan de vista, porque no tiene pinta de que vayan a acabar aquí.

Memphis (6) vs [Middle Tennessee vs St. Mary’s] (11) /// Michigan St. (3) vs Valparaiso (14) – Michigan State me parece el gran tapado, para variar. Han llevado un año sumamente irregular, apenas han podido pisarles los talones a Indiana y demás gallitos de la Big10 pero ahora llegan a su hábitat natural: Izzo se mueve en estos bailes de marzo como pez en el agua, Izzo ha metido ya en Final Four a equipos mucho peores que éste que ahora tiene entre manos, Izzo tiene de todo y todo bueno, Appling, Harris, Dawson, Payne (cada vez más debilidad del que suscribe), Nix más las innovadoras aportaciones desde el banquillo de Trice o Valentine por ejemplo. Usted verá lo que hace pero yo en llegando a marzo no apostaría jamás en contra de los Spartans, aunque luego me lo tenga que comer. Enfrente Valparaiso, Valpo para los amigos, entrenado (ya en su segundo año) por su otrora héroe de dicha universidad Bryce Drew, recuerden, aquel a quien Montes rebautizó como el Señorito Drew. Por el otro lado debería esperar Memphis, unos Tigers a los que he visto muy poco quizá porque tengo un tanto atragantado a su técnico Josh Pastner (cosas mías, supongo), y en los que destaca sobre todo su base Joe Jackson… eso sí, siempre y cuando ganen a quien les llegue desde la ronda previa (esa que llaman 1ª ronda): no tengo el placer de conocer a Middle Tennessee pero sí a los Gaels de St. Mary’s, que no han podido hacer mucha sombra este año (más bien ninguna) a Gonzaga en la WCC pero que cuentan con un base extraordinario cuyo nombre no les resultará desconocido a poco que recuerden a la selección australiana de estos últimos tiempos, Mathew Dellavedova. Han tenido un fin de temporada accidentado (el también australiano Jorden Page se les lesionó seriamente, su interior Waldow se dejó los dientes en plena pista) pero aún así yo no descartaría la sorpresa.

Creighton (7) vs Cincinnati (10) /// Duke (2) vs Albany (15) – Ojo con Duke. Flojearon un poquito hacia febrero más o menos coincidiendo con la lesión de su polivalente alero Ryan Kelly (recuérdese al respecto aquella crepuscular paliza que les endosaron en Miami) pero volver el susodicho y recuperar de inmediato la senda victoriosa todo fue uno, y con pasmosa superioridad además. Vale, sí, me dirán que perdieron prematuramente en el Torneo de la ACC ante Maryland pero un tropezón lo tiene cualquiera y además no nos engañemos, sus miras no estaban puestas tanto en ese Torneo como en el que viene ahora que es el que verdaderamente les importa. Kelly está que se sale, Mason Plumlee es mejor de lo que siempre pensamos que sería y por fuera la combinación Cook-Sulaimon-Curry (ya saben, de los Curry de toda la vida) tiene pocas en la Liga que se le puedan comparar. Digo yo que ganarán a Albany (sería una catástrofe que repitieran la misma cagada dos años seguidos) y lo siguiente ya será otro cantar, o Creighton o Cincinnati, palabras mayores. Cinci ha ido de más a menos con un equipo muy físico y muy trabajado por Mick Cronin en el que merece mención especial su pareja exterior, el base Cashmere Wright y el anotador Sean Kilpatrick. Pese a lo cual yo qué quieren que les diga, yo soy mucho más de la familia McDermott, o sea Creighton: ya saben, Greg dirigiéndolos desde el banquillo y sobre la cancha la joya de la corona, su hijo Doug McDermott, no me tiembla el pulso al escribir que me parece uno de los mejores jugadores de la NCAA a día de hoy (otra cosa será ya que dé el perfil para la NBA, que ahí no lo tengo tan claro), un cuatro (o así) que puede matarte por dentro y por fuera, de frente y de espaldas y todo con iguales dosis de calidad. Y que no está solo, que por dentro le acompaña el fornido internacional venezolano Gregory Echenique y por fuera sobre todo el base Gibbs. De verdad que me encantaría que les fuera bien, pero eso será ya con el permiso de Cinci y/o Duke. 

West

Gonzaga (1) vs Southern (16) /// Pittsburgh (8) vs Wichita St. (9) – ¿Se acuerdan de aquellos tiempos, cuando a los Zags los listaban en el número 10 ó 12 y nos echábamos las manos a la cabeza? Recuerdos de un pasado que ya nunca más ha de volver (o tal vez sí, quién sabe). Hoy los Zags (también llamados Bulldogs) son número 1 de su Región (y hasta llegaron a ser número 1 de la nación), hoy son ya tan favoritos (casi) como el que más gracias al canadiense Pangos por fuera y al no menos canadiense Olynyk por dentro (les recordará a Scola cuando le vean de lejos), vaya temporadón el suyo por cierto. A quienes hay que añadir el internacional alemán Elias Harris, Gary Bell Jr, el polaco Karnowski y el cada vez mejor base (aún a pesar del peso que supone su apellido) David Stockton (por cierto que el Comité de Selección ha tenido el detalle de ponerles a jugar estas dos primeras rondas en Salt Lake City, a la familia Stockton le vendrá de perlas). Se desharán sin problemas de la desconocida Southern (otra cosa sería impensable) y luego será ya otro cantar, o Pittsburgh o Wichita State. Pitt no tenía gran cosa pero el amigo Jamie Dixon ha conseguido armar el típico equipo sólido que tanto gusta en la ciudad del acero (topicazo al canto): James Robinson y Tray Woodall por fuera y el nigeriano Talib Zanna y el novato (muy novato) neozelandés Steven Adams por dentro. Y los Shockers de Wichita ahí estuvieron pisándole todo el año los talones a Creighton (pero sin llegar a alcanzarles) en la Missouri Valley Conference, otro equipo sumamente peligroso y muy capaz de amargarle la fiesta a cualquiera. Sí, incluso a los Zags. 

Wisconsin (5) vs Ole Miss (12) /// Kansas St. (4) vs [Boise St. vs La Salle] (13) – Deberíamos empezar a dejar de lado los tópicos con Wisconsin, ya saben, la tela de araña de Bo Ryan, baloncesto de cemento armado, posesiones de más de 30, marcadores en torno al 40, jugadores que más parece que fueran elegidos por su rudo apellido (Berggren, Brusewitz, Brust, Kaminsky) o su aspecto desgarbado que por sus aptitudes para este deporte… pero jugadores también como Evans, Dekker o Traevon Jackson (hijo de aquel inolvidable Jimmy Jackson), dominio absoluto del tempo del partido, baloncesto-control perfectamente bien ejecutado que podrá gustar más o menos pero que funciona, vaya si funciona, pregúntenselo a los Hoosiers a ver si funciona. Eso sí, para empezar se encontrarán con un marrón oscuro en forma de los Rebels de Ole Miss (o lo que viene siendo lo mismo, la Universidad de Mississippi), no se fíen de ese número 12 porque son los flamantes campeones de la SEC tras derrotar en la Final nada menos que a Florida, si no la vieron deberían verla y así descubrirán a su imponente alero Murphy Holloway y sobre todo a su sobradísimo escolta Marshall Henderson, no me lo pierdan de vista. Y al otro lado (y siempre con el permiso de Boise State o de La Salle, el que pase de la ronda previa) debería esperar Kansas State, los Wildcats que este año cambiaron la mirada asesina de Frank Martin por el estilo jocoso y dicharachero de Bruce Weber y no parece que les haya ido nada mal con el cambio, de hecho los resultados parecen haber sorprendido a la propia empresa. Con (el tan bueno como infravalorado) Rodney McGruder más Ángel Rodríguez, Jordan Enríquez y poco más ahí les tienen, peleándole (sin éxito) la Big12 a Kansas y encaramados al número 4 de su Región. Quién nos lo iba a decir.

Arizona (6) vs Belmont (11) /// New Mexico (3) vs Harvard (14) – Entono el mea culpa, reconociendo de antemano no haber visto a los Lobos de Nuevo México todo lo que debiera. Sí lo suficiente como para saber que ganaron tanto la temporada regular como el Torneo de la Mountain West, que no vayan a pensar que era poca cosa porque por allí andaba también otro gallito como Nevada-Las Vegas. Sí lo suficiente como para decirles que su estrella es Tony Snell, que también merecen mención el base Kendall Williams y el pívot Alex Kirk y que además cuentan con la sabiduría desde el banquillo de todo un clásico como Steve Alford. De entrada se las verán con los cerebritos de Harvard, campeones de la Ivy League y que ahí donde les ven llegaron a estar rankeados (horrible verbo) en el top25 a comienzos de año, luego ya volvieron a la cruda realidad. Por el otro lado asoman los Wildcats de Arizona, equipo errático donde los haya, de hecho la erraticidad parece casi una condición sine qua non (qué rayos querrá decir esto) de la Pac12. Equipo de mucho ruido pero no necesariamente muchas nueces: Nick Johnson, el ex de Xavier Mark Lions, Garrett, Salomon Hill, el (aún verde) cénter Tarczewski… Tan capaces de grandes victorias como de grandes petardazos, de entrada se las verán con unos interesantes Bruins de Belmont, brillantes campeones de la Ohio Valley Conference gracias a los buenos oficios de sus exteriores Kerron Johnson e Ian Clark y gracias también a que en el momento decisivo de la Final de dicha Conferencia la estrella de Murray State Isaiah Canaan (uno de los mejores bases de la nación) se hizo un froilán (o sea, que se la botó en el pie). Igual puede aplastarlos Arizona de 4o como puede dar el sorpresón (que para mí no lo sería tanto) Belmont. Y créanme que no me extrañaría en absoluto ni una cosa ni la otra.

Notre Dame (7) vs Iowa St. (10) /// Ohio St. (2) vs Iona (15) – De entrada, en la tremenda Big10 de este año, nos fijamos sobre todo (yo al menos) en Indiana, Michigan, Michigan State, Wisconsin, incluso Minnesota… y quizá no caímos en la cuenta de que Ohio State aunque no tuviera ya a Jared Sullinger seguía siendo de dios: el testigo de Sully lo cogería encantado DeShawn Thomas, la dirección la seguiría llevando el impagable Aaron Craft, emergerían además el estupendo alero Sam Thompson y el pívot Ravanel y hasta descubriríamos a Amir Williams y LaQuinton Ross. Eran un buen equipo, tampoco parecía para tanto como otros años pero finalmente (Thad Matta mediante) ahí está, campeón del Torneo de su conferencia y número 2 de su Región. Suficiente para vérselas con un regalo envenenado llamado Iona, universidad del área de Nueva York que cuenta con el peligrosísimo transfer de Arizona Lamont MoMo Jones. Si pasan los Buckeyes (que deberían, pero no lo den por hecho) podrán encontrarse a Notre Dame o Iowa State, dos equipos que me encantan, de hecho es otro de mis cruces top de esta primera 2ª ronda del Torneo. Los Fighting Irish de la mano de Mike Brey han vuelto a hacer bandera del sentido común, han vuelto a ganar cosas impensables (aquellas inolvidables cinco prórrogas vs Louisville) y han vuelto a estar mucho más arriba de lo que se les suponía a la vista de su corta plantilla: Atkins, Jerian Grant, el aparentemente tosco (pero no se dejen engañar por las apariencias) pívot Cooley. Y en los Cyclones de Iowa State Fred Hoiberg ya no cuenta con Royce White (qué historia más triste) pero tiene aún un equipo al que da gloria ver gracias al transfer de Michigan State Corie Lucious y a los interiores (o así) Ejim y Niang. Partidazo a la vista.

South

Kansas (1) vs Western Kentucky (16) /// North Carolina (8) vs Villanova (9) – Tiene mérito lo de Bill Self: un freshman maravilla, sí, Ben McLemore, le quedan cuatro días el el campus como aquel que dice; pero además un base que no es base (Elijah Johnson), un honrado trabajador como Releford, el discretísimo juego interior de Young y Withey, un equipo aparentemente en reconstrucción tras ser finalista el pasado año y perder a Thomas Robinson… y sin embargo ahí les tienen de nuevo, campeones por partida doble de la Big12 y número 1 indiscutible de su Región. Ganarán de entrada a Western Kentucky (salvo catástrofe insospechada) y luego se las verán con el vencedor de un cruce entre dos clásicos venidos a menos: en realidad venida a menos North Carolina, irregular todo el año con su McAdoo, su Bullock o su Paige; no tanto Villanova, que no parecía gran cosa a comienzos de año pero que una vez más ese Clooney de los banquillos llamado Jay Wright la ha vuelto a liar a partir de los interiores Yarou o Pinkston, de los exteriores Hilliard o Chennault y de un base freshman que dará mucho que hablar, Ryan Arcidiacono (pronúnciese archidiácono, cual si se tratara de un cargo eclesiástico). Al final han entrado por los pelos pero eso sí, con todo merecimiento; un equipo capaz de ganar en una misma temporada a tres Top5 (en ese momento) como Louisville, Syracuse y Georgetown tenía que estar en el Torneo sí o sí.

VCU (5) vs Akron (12) /// Michigan (4) vs South Dakota St. (13) – Trey Burke empezó la temporada como candidato a jugador del año y a día de hoy bien podemos decir que sigue siéndolo, de hecho puede que lo sea más que ningún otro; los Wolverines empezaron la temporada como candidatos a todo y a día de hoy bien podemos decir que siguen siéndolo… pero menos, que han perdido más de lo que cabía esperar. Aún así tienen tanta calidad que yo no los descartaría para nada: junto a Burke están los hijos de (Tim Hardaway Jr, Glenn Robinson III), esa gratísima sorpresa llamada Stauskas y además Morgan, McGary y hasta Horford (hijo de y hermano de) por dentro… Empezarán contra los Jackrabbits de South Dakota State que es tanto como decir que asistiremos a un precioso duelo entre Burke y otra de las sensaciones del año, Nate Wolters. Y ojo a lo que viene por el otro lado, si son ustedes de esos que consideran que no se puede ofrecer espectáculo desde la defensa es porque no han visto todavía defender a los Rams de Virginia-Commonwealth, VCU para los amigos, cómo será la que monta el gran Shaka Smart que hasta le tiene puesto nombre, HAVOC. Me encantaría verlos en 3ª ronda (un Michigan-VCU sería espectacular) pero para eso necesitarán el permiso de unos Zips de Akron que tienen más peligro de lo que parece y que aún sin su base-estrella Alex Abreu (sancionado) fueron capaces de ganar a Ohio y llevarse el título de conferencia. Andan con líos serios al parecer, pero eso no les hará menos peligrosos.

UCLA (6) vs Minnesota (11) /// Florida (3) vs Northwestern St. (14) – Wilbekin hace de base ante la imposibilidad de que pudieran hacerlo dos tipos como Boynton y Rosario que miran más para sí mismos que para el equipo, Murphy ejerce de cuatro abierto, Young hace lo que puede por el interior… No, reconozco que estos Gators de Florida no acaban de ser santo de mi devoción. Fueron de gallitos en la SEC (gracias entre otras cosas a la deserción de Kentucky) pero perdieron en cada salida comprometida que tuvieron del mismo modo que se vinieron abajo en la Final de la SEC en cuanto Ole Miss les apretó un poco las tuercas. Poniéndonos en que ganen a los Demons de Northwestern State se encontrarán en 3ª ronda con un regalo envenenado, UCLA o Minnesota. Con UCLA me pasa tres cuartos de lo mismo, la irregularidad por bandera, han perdido ante quien se suponía que iban a ganar y han ganado donde se suponía que debían perder. Desconcertantes, con una defensa impropia de Howland y con la baja además de Jordan Adams, pintan mal estos Bruins pero si a ese portentoso lebroncito llamado Shabazz Muhammad y a esa delicia de jugador (delicia lenta, pero delicia al fin y al cabo) que es Kyle Anderson les da por tener un par de días buenos pues vaya usted a saber la que pueden liar. En cambio con Minnesota me pasa justo lo contrario, un equipo que me encanta, han acabado un poco perdidos en el proceloso marasmo de la Big10 pero capaces son de liársela a cualquiera, pregúntenle a Indiana o Michigan si son capaces o no: los Hollins (no son hermanos, recuerden), Rodney Williams y esa particular debilidad mía llamada Trevor Mbakwe, si la NBA no le quiere tráiganselo para acá, por dios…

San Diego St. (7) vs Oklahoma (10) /// Georgetown (2) vs Florida Gulf Coast (15) – Georgetown es una de las más gratas sorpresas de esta temporada, antes de empezar no entraban en ninguna quiniela y ahora ahí les tienen, flamantes campeones de la Regular de la Big East y número 2 de su Región. Huelga decir que casi todo pasa por Otto Porter Jr, alero completísimo, verdadera joya que estará ya muy arriba en este próximo draft, al tiempo;  y añádanle además a Lubick por dentro y la facilidad anotadora de sus bases, así el titular Markel Starks como el suplente (por poco tiempo) D’vauntes Smith-Rivera (nada menos). Los voluntariosos muchachotes de Florida Gulf Coast (nueva en esta plaza) no deberían suponerles ningún problema, otra cosa será ya lo que vendrá después, o bien los Aztecs de San Diego State o bien los Sooners de Oklahoma; o lo que es lo mismo, un espectacular duelo entre Jamaal Franklin y Romero Osby, con el premio para el que se lleve el gato al agua de otro espectacular duelo ante (presuntamente) Otto Porter Jr. Digno de ver.

East

Indiana (1) vs [LIU-Brooklyn vs James Madison] (16) /// North Carolina St. (8) vs Temple (9) – Me encantaría que le fuera bien a los Hoosiers, de verdad se lo digo. Me encantaría por su historia, por lo que representaron siempre para este juego, me encantaría por esa maravillosa gente de su Assembly Hall… pero reconozco que no acabo de tenerlas todas conmigo a ese respecto, y eso que a comienzos de temporada me parecían lo más de lo más; pero hoy no puedo evitar la sensación de que sobrevaloramos quizá demasiado a Cody Zeller (que está bien, sí, pero que tampoco es para tanto) o de que a Jordan Hulls parece habérsele secado el grifo de los triples. Sí, Watford está bien, Oladipo está como un tiro (y a donde no llegue su técnica llega su energía contagiosa), el novato Yogi Ferrell cada vez me gusta más y el banquillo sigue siendo denso pero no sé, como que ya no les veo para tanto quizá porque me ha tocado verles en casi todas sus derrotas (también en unas cuantas victorias, claro), Butler, Wisconsin (dos veces), Ohio State, Minnesota… Una vez acaben con el que les llegue de 1ª ronda les esperará el ganador del North Carolina State-Temple, y eso ya serán palabras mayores: la manada de lobos de NC St también me deja dudas, por supuesto muchas más que Indiana: plantillón, con los ya curtidos Lorenzo Brown, C.J. Leslie, el reboteador Howell o el tirador (y metedor) Wood, a los que se añadían los brillantes freshmen Warren, Purvis o Tyler Lewis de tal manera que la suma de todo ello parecía dar como resultado que se saldrían de la tabla en la ACC… Bueno, pues no. No es que hayan estado mal del todo, de hecho están aquí, pero sus logros han estado muy por debajo de sus expectativas. Más bien lo contrario cabría decir de unos Owls de Temple en los que Fran Dunphy ha vuelto a conseguir que el todo parezca muy superior a la suma de las partes. No tienen lo que otras veces (lo que tenían el pasado año, sin ir más lejos) pero con su Wyatt y su Lee y su Hollis-Jefferson ahí les tienen, y ello pese a haber sido sólo cuartos (tras Saint Louis, VCU y Butler) en la reforzadísima Atlantic10. Así pasen los Wolfpack o los Owls serán un considerable marrón para los Hoosiers, al tiempo.

UNLV (5) vs California (12) /// Syracuse (4) vs Montana (13) – Ay, mis Orange. Normalmente suelo ser más exigente con mis equipos que con los demás, y quizá por eso llevo todo el año pensado que acaso estén un poco sobrevalorados: Michael Carter-Williams es un gran base pero no puedo evitar la sensación de que se aturulla y se le viene el mundo encima en situaciones de presión, Triche me parece poco más que un tirador y Southerland poco más que un consumado triplista, Fair es bueno pero tampoco es para tanto, Christmas ná de ná… Esto pensaba yo hacia finales de enero, los buenos resultados me hicieron creer que podría dejar de pensarlo pero justo entonces empezaron a perder y ya casi no lo dejaron hasta la semana pasada; luego esa Final (a título póstumo) de la Big East que no hará falta que les recuerde cómo acabó porque ya se lo conté cuando les hablé de Louisville… Para empezar se las verán con Montana, uno de esos equipos que suelen llegar al Baile con el cartel de soy la cenicienta y me voy a llevar al huerto al príncipe colgado del cuello. Y si sobreviven tendrán que lidiar con UNLV o California, es decir, o los Osos Dorados de Berkeley que han hecho un año errático (como casi todo dios en la Pac12) pero cuentan con un jugadorazo como Allen Crabbe, o (mucho más probable) los Rebeldes de Nevada-Las Vegas, que bien capaces son de aterrorizar a cualquiera con su magnífico base Anthony Marshall y una de las sensaciones del año, el freshman canadiense Anthony Bennett, un prodigio físico (no tendrán más que verle) pero también (y contra todo pronóstico) un portento técnico, por ahí leí que le comparaban con el gran Larry Johnson y créanme que no está nada mal traída esa comparación. Crudo lo veo para mis Orange, insisto.

Butler (6) vs Bucknell (11) /// Marquette (3) vs Davidson (14) – Meritoria campaña de los Golden Eagles de Marquette, no sé si tanto como para merecer un número 3 pero meritoria al fin y al cabo. El hombre sin cuello (es decir su técnico, Buzz Williams) ha acabado haciendo un cesto tremendamente sólido a partir de mimbres que tampoco parecían gran cosa: el base Junior Cadougan (no es que sea júnior, es que se llama así), el escolta Vander Blue o el sexto hombre interior Davante Gardner por ejemplo. Se las verán de entrada con un equipo cuya sola mención debería hacer que les tiemblen las piernas, Davidson, campeón de la SOCON (no es un insulto sino el anagrama de la SOuthern CONference), que obviamente ya no tiene un Stephen Curry (esas cosas sólo pasan una vez al siglo) pero mantiene un quinteto muy potable (dentro de sus posibilidades) en el que destaca sobremanera el alero Jake Cohen. Y si pasan pues más temblor de piernas, o Bucknell (reparen sobre todo en su magnífico ala-pívot Mike Muscala) o mucho más probablemente Butler, nada menos que Butler, que ha acabado peor que empezó pero que ahora llega a su territorio, Butler que tiene un equipo más que interesante (ese prodigioso anotador que es Rotnei Clarke por fuera pero también Barlow, el maravilloso freshman Dunham, Roosevelt Jones, el cénter Andrew Smith…), Butler que nos ha proporcionado alguno de los momentos más espectaculares de esta temporada, aquella victoria tras prórroga ante Indiana, aquella otra sobre la bocina ante Gonzaga, aquel triple imposible de Clarke también sobre la bocina en el Maui Invitational ante Marquette… ¿Marquette, dije? Imaginen lo que podría ser reeditar ese cruce en 3ª ronda, sólo de pensarlo ya estoy empezando a salivar.

Illinois (7) vs Colorado (10) /// Miami (2) vs Pacific (15) – Qué temporadón de los de Coral Gables (o sea, Miami), campeones de la ACC (así de la Regular como del Torneo) llevándose por delante a Duke, North Carolina, North Carolina State y en general todo aquel que osara mirarles a la cara. Shane Larkin es de esos bases que parecen llevar las siglas NBA grabadas a fuego en la frente, lo tiene todo la criatura, cabeza, mano, piernas… (ustedes me entienden). Añádanle su tremendo socio exterior Durant Scott, la muñeca de McKinney-Jones, la versatilidad de Kenny Kadji, el trabajo interior de Julian Gamble, el toque del orondo pívot suplente Reggie Johnson… Equipo experimentadísimo (curioso en una universidad que jamás se ha visto en otra semejante) y que cuenta además (y sobre todo) con el valor añadido de su técnico, el gran Jim Larrañaga. Para empezar se comerán con patatas (digo yo) a Pacific y luego ya… Reconozco que los Fighting Illini no acaban de ser santo de mi devoción: empezaron como un tiro gracias al efecto Groce (John Groce, su nuevo técnico, recién llegado de Ohio) pero luego poco a poco fueron cayendo, ayudados sobre todo por el altísimo nivel de la Big10. Si su tirador (más que metedor) Brandon Paul tiene el día se la pueden liar a cualquiera, especialmente con la ayuda del base Abrams y de su interesante sexto hombre Bertrand. Pero no acaban de entusiasmarme, de hecho me gustan bastante más (soy así de raro) esos Búfalos de Colorado a los que es un gusto encontrar de nuevo por aquí: Askia Booker, Dinwiddie, Sabatino Chen (nada menos), Tony Scott y Andre Roberson, sobre todo Andre Roberson. De verdad que me encantaría que se la liaran a Illinois, aún asumiendo que (a poco que los Hurricanes de Miami estén como deben estar) en 3ª ronda no tendrán ya absolutamente nada que hacer.

Y como diría Lalo Alzueta en similares circunstancias, ¡¡¡esto ya no hay quien lo pare!!! La semana que viene, más (y puede que mejor).

Publicado marzo 21, 2013 por zaid en NCAA

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chico listo   2 comments

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 9 de marzo de 2013)

No he podido resistir la tentación y le he pedido al gúguel trasleit que me devolviera el significado de la palabra smart, aunque ya sabía de antemano lo que me iba a contestar. Efectivamente, smart significa inteligente, creo que hasta mi cuñado el del bar que apenas sabe una palabra de inglés (y pocas más de castellano) habría sido capaz de deducirlo a la vista de los múltiples reclamos publicitarios que pueblan nuestras vidas, smartphone, smart tv, smart box, tampoco es que sea algo exclusivo de ese idioma porque en el nuestro también podemos encontrar numerosas alusiones a edificios inteligentes, electrodomésticos inteligentes y hasta bolígrafos inteligentes si me apuran, somos así. Pero smart, in english, no es sólo una cualidad presuntamente humana sino que resulta que además es apellido, algunos lo aprendimos ya de niños (momento cebolleta) mientras veíamos aquella impagable serie nunca suficientemente repuesta, el Superagente 86, recuerden (si llegaron a tiempo de conocerlo), Maxwell Smart, el temible operario del recontraespionaje

Vale, sí, aquel era un personaje de ficción con apellido puesto ad hoc para que pudiera utilizarse como juego de palabras (de hecho el título original de aquella serie era get smart) pero es que a lo largo de los años hemos conocido otros smart nada ficticios sino más bien de carne y hueso: sin salir del ámbito del baloncesto podemos traer a colación a Keith Smart, héroe postrero del último título de la Universidad de Indiana allá por 1987 y actual entrenador de los Sacramento Kings; o a Shaka Smart, joven pero sobradamente preparado técnico de esa alucinante VCU (o lo que viene siendo lo mismo, Universidad de Virginia Commonwealth) que hace ya un par de años conoció las mieles de la Final Four… Ambos dos honran sobradamente su apellido pero no son la razón de que les esté soltando esta larga introducción (que llevarán un rato preguntándose a qué viene): la verdadera razón se llama Marcus Smart y está en su primer año (y último, me temo) de carrera en la Universidad de Oklahoma State.

Dicen que la primera impresión es la que vale, pero ello no tiene por qué ser necesariamente así. La primera impresión que se te queda al ver a Marcus Smart es buah, éste tiene que ser el típico chupón que no se la pasa ni a su padre, no hay más que ver esos aires que se gasta, esa pinta de sobrado que tiene (y eso que ya no luce ese peinado cónico que llevaba a comienzos de temporada…) Bueno, pues nada más lejos de la realidad. A ver, pinta de sobrado tiene, pinta de ir de chulo por la vida, es así, no vamos a decir lo que no es. Pero las apariencias engañan, a veces. De hecho a mí me sucedió hace ya casi un año, la primera vez que vi un vídeo de este tío junto con otro montón de vídeos de los recruits presuntamente más destacados para esta temporada: la mayoría de esos vídeos promocionales ponían el énfasis en aspectos meramente individuales (acaso porque no hubiera otros que mostrar), penetraciones suicidas, mates estratosféricos, driblings insospechados y demás juanpalomismos varios; pero había excepciones, excepciones como ese Kyle Anderson al que pocos meses después veríamos en UCLA, acaso también ese Yogi Ferrell de Indiana, desde luego este Marcus Smart; sus vídeos de apenas dos minutos no mostraban sólo egos desmedidos sino también asistencias, robos, ayudas, aplicación defensiva y demás escenas solidarias que parecían indicarnos que esta vez no estábamos ante el típico jugón unidireccional sino todo lo contrario, uno de esos casos aislados de jugadores que acostumbran a hacer muchas cosas, y todas razonablemente bien. Ahora bien, tampoco era cuestión de lanzar las campanas al vuelo, al fin y al cabo era sólo un vídeo, faltaba confrontarlo con la cruda realidad…

La realidad (nada cruda en este caso) o lo que viene siendo lo mismo, la posibilidad de verle en partidos enteros con sus cuarenta minutos completos, nos devolvió un Smart (parece que esté hablándoles de un coche) aún mejor de lo que habíamos imaginado. Smart anota a tutiplén pero también rebotea siempre que puede, asiste que es un primor (en consonancia con el papel de base que le ha sido asignado), roba balones a chorros, incordia siempre al rival y hasta tapona cuando es menester. El típico jugador hiperactivo, de esos que parecen estar en varios sitios a la vez, que sacan el córner y lo rematan de cabeza como diría el dicho futbolístico. Si usted es de los que gusta de tipos polifacéticos y multifuncionales no lo dude, éste puede ser su hombre, eso sí, siempre y cuando no le pida usted peras al olmo que aún le habrán de quedar cosas por pulir, que el tiro lejano aún no es su fuerte, que su comprensión del juego todavía tiene que mejorar, tiempo tiene por delante para ello… Pero de una cosa sí puede estar seguro: es de esos jugadores que casi nunca decepciona; podrá tener días malos en ataque (que los tiene, y los seguirá teniendo) pero siempre lo compensará con lo que aporte en casi todo lo demás.

Y por si todo ello fuera poco, resulta que además Marcus Smart es también un ganador, en el sentido más (digámoslo así) yugoslavo de la palabra. O dicho de otra manera, nunca va a ser ese tipo de jugador al que idolatren las aficiones rivales cuando acuda como visitante. No le idolatraron precisamente en Arkansas, donde su amplio repertorio de ardides, tretas y piscinazos varios para provocar faltas en ataque acabó descomponiendo al perímetro entero de los Razorbacks y por extensión a todos sus aficionados. Ni le idolatraron precisamente en Kansas (partido que por desgracia no pude ver) donde su actuación fue fundamental para acabar con la larguísima imbatibilidad en casa de los Jayhawks, hazaña que no encontró otra manera de celebrar que poniéndose a hacer cabriolas y piruetas varias en el centro de la pista, lo cual fue interpretado por los jugadores y aficionados locales como una falta de respeto (a mí no me pareció que fuera para tanto… quizá porque no soy de Kansas). Recuerden que hace honor a su apellido, no es que lo diga yo sino que hasta los propios analistas yanquis caen con frecuencia en el juego de palabras, por lo que no resulta difícil escuchar en una retransmisión cualquiera algo así como …ooohhh, Marcus Smart is so smart…!!!, o ver cómo en un pantallazo se preguntan how smart is Marcus? La respuesta parece clara, es sumamente inteligente… o no, o quizá no sea tanto eso (que ya nos explicó una vez Messina que un exceso de inteligencia puede resultar perjudicial para la práctica del baloncesto) como que es sumamente listo; no me consta que en el idioma inglés hilen tan fino, mis conocimientos no dan tanto de sí como para diferenciar entre smart y (por ejemplo) clever, pero en el nuestro lo tenemos clarísimo: a un lado quedaría la inteligencia pura y dura, y al otro la listeza o listura como un escalón más evolucionado: como la capacidad de sacarle partido, de saber utilizar en tu propio beneficio esa misma (mayor o menor) inteligencia. No sé cuál será el cociente intelectual de Marcus Smart pero eso sí, listo es un rato, puedo asegurárselo.

Marcus Smart tiene a su lado a Markel Brown, que le echa una mano en tareas de dirección y tiene buenísima mano además; tiene un poco más arriba al peculiar (hasta en el nombre) y estupendo alero Le’Bryan Nash; cuenta también con un par de eficaces ala-pívots (o similar), Cobbins y Kamari Murphy, y con un cénter modelo armario, Phil Jurick, que aporta presencia física y no le pidan más, que ya les dije antes lo de las peras y el olmo. Y finalmente otro freshman que empieza por lo general los partidos en el banquillo y los acaba en la cancha, Phil Forte (pronúnciese forté, con acento en la é), digno sucesor de lo que representó allí durante estos pasados años Keiton Page: el típico jugador de perímetro blanco, pequeño, incordio, de extraordinaria muñeca y no menos extraordinaria actitud; el espíritu de estos Cowboys de Oklahoma State. Sin Smart serían como mucho un buen equipo, sin excesos; con Smart son cosa seria. Suficiente para haber recuperado la ilusión en Stillwater (supongo que los que fundaron la ciudad le pusieron ese nombre para que los colonos que vinieran detrás supieran que allí todavía había agua), suficiente para tener prácticamente garantizada su presencia en la March Madness: no serán favoritos, pero de una cosa podremos estar bien seguros: Marcus Smart no va dejar pasar la oportunidad de dejar su sello en el que será (me temo) su único Torneo Final de la NCAA.

doble moral   2 comments

Lo siento en el alma pero no soporto la doble moral, ni en el baloncesto ni en el fútbol ni en la vida. Sé que debería estar acostumbrado viviendo en el país que vivo pero qué quieren, soy así, ya no voy a cambiar a estas alturas. No voy a cambiar yo como tampoco va a cambiar Rudy (salvando todas las distancias), Rudy es como es, a mí también me gustaría que fuera de otra manera pero es así, o lo tomas o lo dejas. El problema empieza cuando unas veces lo tomas y otras lo dejas dependiendo de qué camiseta vista o deje de vestir. Aquellos que durante años le cantaron que se fuera al teatro hoy le ríen todas las gracias, del mismo modo que aquellos que durante años le rieron las gracias hoy ya no le pasan ni una, sencillamente por estar donde está. No es algo nuevo, ya lo sé, donde hoy decimos Rudy hace un cuarto de siglo pudimos decir Drazen (salvando otra vez las distancias), acaso el más genuino ejemplo que pueda encontrarse de jugador odiado o amado según fuera de los nuestros o del enemigo, según dejara de ser de los unos para ser de los otros o viceversa. Tampoco hace falta ir tan atrás, en nuestros días podemos también encontrar unos cuantos ejemplos con sólo mirar a la liga de fútbol sin ir más lejos. Somos así, la ética no suele ser nuestro fuerte, la bondad o maldad no es una característica intrínseca del ser humano sino que depende exclusivamente del bando en que se esté, si estás entre los míos serás un santo varón pero si estás en los de enfrente serás un cabrón, somos así de simples, sin término medio. O será lo que dicen que dijo aquél, que vemos la paja en el ojo ajeno pero nos cuesta ver la viga en el propio. La vida es del color del cristal con que la miramos, por eso no estaría de más que de vez en cuando (aún por muy miopes que seamos) fuéramos capaces de quitarnos el cristal.

Y por eso deberíamos de tener también mucho cuidado en no justificar según qué cosas.  Anoche las redes sociales echaban humo, enfrentamientos más o menos abiertos entre aquellos que condenaban (a veces de manera desmedida) lo sucedido y aquellos que aseguraban comprenderlo y hasta defenderlo con el socorrido argumento de que al fin y al cabo él se lo ha buscado. Quien siembra vientos recoge tempestades, como si dijéramos (sólo que dicho menos elegantemente). Cuidado con eso. Se empieza justificando una agresión en base a la personalidad del agredido y se acaba pudiendo justificar cualquier cosa, cualquiera. La historia está llena de frases hechas pretendiendo explicar lo inexplicable, y luego dicen que les pegan, algo habrá hecho, si es que vais provocando, barbaridades así. El linchamiento será una forma muy moderna y muy evolucionada de justicia, no les digo yo que no, pero algunos preferimos métodos más tradicionales basados en la legalidad, somos así de antiguos. ¿Cómo era aquello de condenar la violencia venga de donde venga? No hagamos apología de la impunidad, por favor.

Pero tampoco nos volvamos locos por lo sucedido. Rudy la cagó en la ida, la cagó y se disculpó (no sé si por propia iniciativa o inducido por su club, no me consta) y hasta se amigó con Jankunas antes de empezar la vuelta, todo lo cual no le sirvió para evitar el broncazo. Que dicho sea de paso tampoco me pareció que fuera para tanto, durante el partido me refiero. Hoy nos lo pueden presentar como un infierno si así les conviene para sus intereses, pero ustedes y yo sabemos que por mucho que abuchearan a Rudy cualquier parecido con Grecia o la antigua Yugoslavia es pura coincidencia. Sí, probablemente se podrían haber ahorrado esos vídeos y esas pancartas y todo ese material presuntamente difamatorio del que sólo nos enteramos porque luego pasó lo que pasó (que si no ni nos lo habrían contado) pero no caigamos por ello en la tentación de echarle la culpa al mensajero, háganme el favor. El culpable de un delito suele ser el que lo comete, aquello de es que son los demás los que me hacen ser así queda muy socorrido pero no cuela. En el Zalgirio Arena se reunieron quincemil almas que animaron a su equipo, creyeron verle ganar, finalmente le vieron perder y luego ya se fueron cariacontecidos cada uno a su casa a cenar y a dormir que hoy les tocaba madrugar para volver a sus ocupaciones cotidianas. No condenemos a todo un pueblo ni a toda una (en líneas generales, maravillosa) afición por culpa de un par de gilipollas, que indeseables hay en todas partes y nosotros por desgracia no solemos ser una excepción. Ya les comenté una vez que aquella frase de Valdano referida a Uruguay, un país que en sus fronteras en vez de aduanas debería tener porterías, podría aplicarse también perfectamente a Lituania sólo que cambiando las porterías por canastas, obviamente. No dejemos que unos pocos descerebrados nos lo estropeen.

Doble moral también por mi parte, no se lo voy a negar, que una cosa es que no la soporte y otra que no pueda caer también en ella en cuanto me descuido. Yo ahora debería escribir (y de hecho voy a hacerlo) el típico párrafo quejándome de esos medios de comunicación nuestros que sólo parecen acordarse de nuestro deporte cuando hay bronca en nuestro deporte. Ayer Zalgiris Kaunas y Real Madrid jugaron un inolvidable partidazo que en condiciones normales no habría recibido ni una sola mención en nuestros telediarios patrios, vamos que ni para decir el resultado siquiera. Pero pasó lo que pasó y eso de inmediato lo convierte en noticia, alguien nos lo reprochaba anoche en twitter a todos aquellos que nos quejábamos, que se juegue un partidazo NO es noticia, que agredan a alguien SÍ es noticia, pues entonces de qué quiere usted que hablemos, hombre de dios. Los del baloncesto por desgracia ya estamos en esa fase, en fútbol puede pararse el mundo por el mero hecho de que Cristiano Ronaldo se cambie la raya del pelo de la derecha a la izquierda pero a los del baloncesto para aparecer en según qué medios sólo nos vale una bronca crepuscular, una agresión impune, una guerra de bengalas o un sillazo en la cabeza, todo lo demás es pura rutina y a nadie le importa, al parecer. Pues vale, pues habrá de ser así, que hablen de nosotros aunque sea mal o aún peor, que hablen de nosotros aunque sea bien, tendrá que ser así, no digo que no, pero a mí me parece muy triste. Y aquí me tienen pontificando al respecto, sí, pero también haciendo examen de conciencia, de ahí lo que les decía de mi doble moral: el partido de ayer fue un partidazo, lo disfruté como un enano (¿por qué se dirá esto?) pero de no haber sucedido luego lo que sucedió probablemente no habría encontrado hoy las ganas ni la motivación para sentarme a escribir este post. O dicho de otra manera, al final estoy cayendo en lo mismo que critico, dejando el baloncesto de lado y hablándoles de todo lo malo que sucede a su alrededor. O como dicen que dijo aquél, que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. No seré yo.

dos agradables sorpresas   1 comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 27 de febrero de 2013)

Si miramos semana tras semana el Top25 encontraremos más arriba o más abajo a un puñado de equipos (de esos que llamaríamos) clásicos, qué sé yo, pongamos Indiana, Michigan, Michigan State, Duke, Kansas, Louisville, Syracuse, Florida, Arizona… También podremos encontrar a poco que nos fijemos a alguno de esos equipos procedentes de mid-majors pero que a fuerza de hacer bien las cosas consiguen colarse con relativa frecuencia entre los de siempre, digamos Gonzaga, Butler, incluso Creighton o San Diego State… Pero este año además nos encontraremos con algún invitado especial ciertamente insospechado, eso que llamaríamos universidad pequeña (en términos baloncestísticos) en conferencia grande, equipos acostumbrados por lo general a ejercer de comparsas en alguna de las ligas más importantes de la nación pero que esta temporada no es ya que se codeen con los mejores sino que con frecuencia les superan, incluso… Permítanme si son tan amables que les presente a dos de ellos, dos de las sorpresas más agradables de esta NCAA 2012/2013:

1. En la esquina inferior derecha del mapa de USA, esa que acostumbramos a llamar sureste, se encuentra una populosa población cuyo nombre tal vez les resulte lejanamente familiar: Miami, ya saben, localidad famosa por su sofocante clima, sus paradisíacas playas, sus cayos (dícese del accidente geográfico que lleva ese nombre), sus viviendas de lujo para jubilados con posibles, sus mansiones de superlujo para vocalistas hispanos más o menos acabados, sus cubanos exiliados, su corrupción (legendaria serie televisiva, no vayan a pensar), sus dolphins futboleros (fútbol americano, entiéndase) y cómo no, sus Heat, vigentes campeones de la NBA y lo que te rondaré morena. Bueno, y ahora también famosa por sus Hurricanes, no me refiero a las tormentas tropicales que cada verano asolan esas costas sino a su equipo de baloncesto universitario. Sí, no me pongan esa cara, en Miami además de todas esas cosas también hay universidad, esa que allí llaman Miami (FL), le suelen poner detrás la matrícula del estado para diferenciarla de otra Miami mucho menos conocida y que queda mucho más al norte, en el Estado de Ohio. Reconozcámoslo, no es precisamente esta Miami de Florida un centro de gran tradición baloncestera hasta el punto de que durante la década de los setenta y primera mitad de los ochenta ni siquiera tuvieron equipo, lo refundaron hacia 1985 y desde entonces ha ido existiendo con más pena que gloria, saboreando en muy contadas ocasiones las mieles del torneo final… hasta ahora. Hasta estos Hurricanes 2012/2013 que están haciendo añicos todo su pasado y convirtiéndose en verdadera referencia de su Conferencia, la mismísima ACC. Ahí donde los ven han ganado (apalizado, en algún caso) con apenas unos días de margen a las tres grandes potencias, Duke, North Carolina y North Carolina State, de hecho hasta pueden presumir de algo que jamás había logrado nadie en toda la historia del baloncesto universitario, ganar en una misma temporada a Duke y UNC por más de 25 puntos de margen. Que en el caso de North Carolina puede chirriar menos porque porque los Tar Heels andan últimamente un tanto lánguidos, pero que a Duke la recibieron cuando era número 1 de la nación y la destrozaron por 90-63, resultado un tanto engañoso porque en algún momento la diferencia llegó a ser de 34, de hecho hacia el comienzo de la segunda mitad los Hurricanes ganaban 49-19 nada menos. Aquel día hicieron honor a su apodo más de lo que cualquier otro equipo universitario lo haya hecho jamás, aquel día habrían arrasado con todo aquello que se les hubiera puesto por delante…

Pero usted, que es muy de preguntarse cosas, andará preguntándose qué demonios tienen estos Hurricanes que les haga ser tan buenos. Pues para empezar su entrenador, Jim Larranaga, me entran ganas de ponerle el rabito de la eñe pero no lo haré aunque me lo pida el cuerpo porque ellos no lo ponen ni tampoco lo pronuncian, así que Larranaga, no debería resultarles desconocido ese apellido y no sólo porque les recuerde a un afamado actor patrio recientemente desaparecido sino por causas meramente baloncesteras: Jim Larranaga empezó su carrera como entrenador-jefe en Bowling Green (que es también una universidad, aunque suene a otra cosa), allí tuvo bajo sus órdenes (entre otros muchos) a su hijo Jay Larranaga, aquel que nos dejó sus buenos triples (más o menos) en Granca, Sevilla o Madrid y que hoy al parecer ejerce de asistente de Rivers en los Celtics y de seleccionador nacional de Irlanda (sí, por increíble que resulte hay selección de baloncesto en Irlanda); pero volvamos a su padre que es quien nos ocupa, tras su brillante trayectoria en Bowling Green pasó a George Mason y dejó otra trayectoria aún más brillante si cabe, para los anales de la historia quedará aquella noche de marzo de 2006 en que derrotaron a Connecticut y se metieron en la Final Four, acaso una de las mayores sorpresas que se hayan dado nunca en este baloncesto universitario. Hacia la primavera-verano de 2011 la Universidad de Miami vio cómo su emblemático técnico Frank Heith se le iba para sustituir a Mike Anderson en Missouri, y justo entonces pensó en este entrenador sesentón (y que aparenta aún más años de los que tiene) y apacible que tan buena labor labor venía haciendo en universidades tan modestas. Para Jim Larranaga, qué duda cabe, era por fin la oportunidad de entrenar en una conferencia grande aunque la universidad que le contrataba no lo fuera… ¿Que no lo fuera? A este paso acabará siéndolo, acaso lo sea ya…

Jim Larranaga tiene a sus órdenes a un extraordinario base, Shane Larkin, hijo al parecer de una leyenda del béisbol a quien no tengo el placer de conocer (más allá de que nos lo enfoquen en cada partido) ya que mi ignorancia sobre dicho deporte es absoluta, por desgracia. Y tiene también a sus órdenes a un magnífico ala-pívot (más ala que pívot), Kenny Kadji, versátil y que te mata de mil maneras así por dentro como (sobre todo) por fuera. La tercera pata vendría a ser el completísimo escolta Durant Scott, quizás el mejor defensor de un quinteto que completan Trey McKinney-Jones por fuera y el también gran defensor (y sobre todo taponador) Julian Gamble por dentro. Aunque la verdadera referencia interior de este equipo sale generalmente desde el banquillo a modo de sexto hombre, se llama Reggie Johnson (sí, suena a jugador de otro tiempo) y es de esos típicos pívots a quienes faltan centímetros de alto y sobran de ancho. Su físico le limita mucho en lo que a minutos se refiere (y viene de una lesión muy seria además) pero ello lo compensa sobradamente con otras cualidades: fundamentos depurados, excelente juego de pies y esa cosa que allí llaman soft touch: acostumbrados a cénters que se van de su par y luego son incapaces de meterla a medio metro del aro, resulta una gozada ver la habilidad que atesora este tío (en distancias cortas, entiéndase) para depositarla dentro con la suavidad justa. No sé qué le deparará el futuro, no lo tendrá fácil con ese cuerpo pero espero fervientemente que pueda ganarse la vida con esto, sería una pena que ese talento se perdiera.

Añadan si les place a Rion Brown y al interminable freshman Jekiri y ya tendremos prácticamente la rotación completa. Suficiente para ser líder indiscutible de la potentísima ACC, suficiente para haber permanecido invicta en dicha conferencia hasta que hace apenas unos días Wake Forest (contra todo pronóstico) les rompió la racha, suficiente para haber llegado a ocupar incluso el número 2 de la nación, lo nunca visto. Y para que estudiantes y no estudiantes hagan interminables colas bajo las palmeras para acceder a su BankUnited Center (sito en los paradisíacos parajes de Coral Gables, para más inri), para que incluso LeBron y Wade acudan a ver jugar a los Hurricanes si les pilla en día libre… Y para que la NCAA, siempre tan susceptible, ande con la mosca detrás de la oreja y haya puesto la lupa sobre sus procesos de reclutamiento; pero ésa (de ser algo) será ya otra historia: por ahora dejémosles soñar.

2. En la esquina superior izquierda del mapa USA, esa que comúnmente acostumbramos a llamar Noroeste, se encuentra un estado cuyo nombre nos sonará ligeramente familiar, Oregon, nada que ver con ese otro de por aquí aunque nos resulte parecido, no se confundan, allí no se baila la jota oregonesa sino que son más dados a otros folklores, allí la ciudad más populosa no se llama Zaragoza sino Portland (la de los Blazers, of course) si bien la que hoy nos ocupa queda un poco más al sur, Eugene, Eugenio como si dijéramos. Porque es allí en Eugene donde tiene su sede la Universidad de Oregon propiamente dicha, ésa en la que sus deportistas reciben el peculiar y no muy sugerente sobrenombre de the Ducks, oseasé los Patos. Durante muchos años estos Ducks baloncesteros nos ofrecieron un juego espectacular, alegre y desinhibido a la par, una verdadera gozada para los sentidos, si además lo hubieran acompañado con un buen puñado de victorias habría sido ya la leche pero no fue el caso, todo lo más podemos recordar algún gran año alrededor de un base fascinante y que era pura fantasía como Luke Ridnour (luego su juego acabó haciéndose mucho más funcionarial para sobrevivir en la jungla de la NBA, a la fuerza ahorcan) o alrededor de otro base rapidísimo y rompedor como Aaron Brooks y pare usted de contar. En cualquier caso sus resultados casi siempre parecieron estar muy por debajo de sus plantillas, razón por la cual se llevaron por delante a su técnico Ernie Kent como suele pasar. Para sustituirlo miraron hacia Omaha, Nebraska, hacia una universidad de Creighton que llevaba ya unas cuantas temporadas siendo el caso contrario, jugando muy bien y obteniendo además magníficos resultados desde la modestia, todo ello a las órdenes del ya prestigioso técnico Dana Altman. Fueron a por él, le convencieron (no debió ser fácil, ya que años atrás había llegado prácticamente a un acuerdo con Arkansas y al final prefirió dar marcha atrás y seguir siendo fiel a sus Bluejays) y el resto es historia: Dana Altman dejó su puesto en Creighton para que lo ocupara la familia McDermott y se fue para Eugene, Oregon, donde imparte su magisterio desde hace ya casi tres años con notable éxito de crítica y público.

Ahora bien, no les voy a engañar, todo esto que les cuento llega ya demasiado tarde, para que estas líneas sobre Oregon tuvieran aún algo de sentido tendrían que haber sido escritas hace más de un mes. Hace más de un mes todo eran risas en el seno de los Ducks, hace más de un mes contaban sus partidos por victorias en la Pac12, habían llegado al número 10 de la nación, habían ganado incluso a UCLA en su Pauley Pavilion (aunque eso a día de hoy casi lo hace cualquiera) y se las prometían muy felices y hasta comían perdices… y justo entonces se les fue a lesionar su base titular, el fantástico freshman Dominic Artis. Fue un punto de inflexión, un duro golpe en lo físico y acaso aún más en lo psicológico, como si de repente hubieran descubierto que eran mortales y que cualquier contratiempo por pequeño que éste fuera (y éste no era pequeño, en absoluto) podía provocar que se les desmoronara todo el castillo de naipes. Desde entonces han perdido mucho más que han ganado, aún aguantan a duras penas en los puestos altos de su conferencia y aún mantienen intactas sus esperanzas de llegar al Gran Baile pero empiezan a notar como tiembla el suelo bajo sus pies.

Ya, pero… qué tienen estos Ducks, se estarán preguntando de nuevo ustedes con su insaciable curiosidad. Pues empecemos por aquel que nos pueda resultar más familiar y que no es otro que E.J. Singler, hermano pequeño del ex Duke, ex Lucentum, ex Madrid y hoy Piston Kyle Singler. E.J., sénior ya, vendría a ser algo así como el espíritu de este equipo: no tiene ni de lejos el talento de su hermano (o eso me parece, al menos) pero es un alero sumamente completo, de buena mano e irreprochable actitud. Y a su lado dos jugadores interiores sumamente interesantes (y también de último año), Tony Woods y Arsalan Kazemi, el primer iraní (y único, por ahora) que haya jugado nunca en la NCAA, un sujeto que es pura intensidad, que no se maneja nada mal en ataque y que atrapa rebotes a chorros ya que los pelea casi como si le fuera la vida en ello. Por fuera encontrarán al otro gran freshman de este equipo, Damyean Dotson, que formaba feliz pareja con Artis hasta que éste le dejó cojo (nunca mejor dicho) el juego exterior; y finalmente a Johnathan Loyd, base decente, titular el pasado año, suplente en principio este año para dar relevos de calidad, titular ahora de nuevo por necesidades del guión… Añadan desde el banquillo a Emory (magnífica mano), Carter y Austin y ya tendremos la rotación completa. Un buen equipo, no necesariamente un gran equipo, pero que en circunstancias (físicas, psicológicas) normales puede dar tanta guerra como el que más.

Ahora bien, en las actuales circunstancias resulta toda una incógnita aventurarse a pronosticar qué les deparará el futuro (lo es en todos los casos, por definición, pero en éste aún más si cabe). Sólo sabemos que seguirán haciendo un gran baloncesto y que seguirá siendo una gozada verles correr la cancha en su Matt Arena, sobre ese fascinante parquet que no se parece a ningún otro y que recuerda casi a un claro en el bosque. Los resultados ya serán otro cantar… o no: si Artis finalmente vuelve (que ahora parece que sí, pero no siempre estuvo tan claro), y dependiendo de cómo vuelva, estos Ducks podrían otra vez ser un equipo a tener muy en cuenta. Ojalá porque me caen bien, porque les tengo en mi Top10 particular desde el año aquel de Ridnour, porque también tengo en gran estima a Altman desde sus tiempos en Creighton, porque me encanta cómo juegan. Ojalá les veamos muy arriba en marzo, en ese marzo loco que está ya ahí mismo a la vuelta de la esquina…

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