dos agradables sorpresas   1 comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 27 de febrero de 2013)

Si miramos semana tras semana el Top25 encontraremos más arriba o más abajo a un puñado de equipos (de esos que llamaríamos) clásicos, qué sé yo, pongamos Indiana, Michigan, Michigan State, Duke, Kansas, Louisville, Syracuse, Florida, Arizona… También podremos encontrar a poco que nos fijemos a alguno de esos equipos procedentes de mid-majors pero que a fuerza de hacer bien las cosas consiguen colarse con relativa frecuencia entre los de siempre, digamos Gonzaga, Butler, incluso Creighton o San Diego State… Pero este año además nos encontraremos con algún invitado especial ciertamente insospechado, eso que llamaríamos universidad pequeña (en términos baloncestísticos) en conferencia grande, equipos acostumbrados por lo general a ejercer de comparsas en alguna de las ligas más importantes de la nación pero que esta temporada no es ya que se codeen con los mejores sino que con frecuencia les superan, incluso… Permítanme si son tan amables que les presente a dos de ellos, dos de las sorpresas más agradables de esta NCAA 2012/2013:

1. En la esquina inferior derecha del mapa de USA, esa que acostumbramos a llamar sureste, se encuentra una populosa población cuyo nombre tal vez les resulte lejanamente familiar: Miami, ya saben, localidad famosa por su sofocante clima, sus paradisíacas playas, sus cayos (dícese del accidente geográfico que lleva ese nombre), sus viviendas de lujo para jubilados con posibles, sus mansiones de superlujo para vocalistas hispanos más o menos acabados, sus cubanos exiliados, su corrupción (legendaria serie televisiva, no vayan a pensar), sus dolphins futboleros (fútbol americano, entiéndase) y cómo no, sus Heat, vigentes campeones de la NBA y lo que te rondaré morena. Bueno, y ahora también famosa por sus Hurricanes, no me refiero a las tormentas tropicales que cada verano asolan esas costas sino a su equipo de baloncesto universitario. Sí, no me pongan esa cara, en Miami además de todas esas cosas también hay universidad, esa que allí llaman Miami (FL), le suelen poner detrás la matrícula del estado para diferenciarla de otra Miami mucho menos conocida y que queda mucho más al norte, en el Estado de Ohio. Reconozcámoslo, no es precisamente esta Miami de Florida un centro de gran tradición baloncestera hasta el punto de que durante la década de los setenta y primera mitad de los ochenta ni siquiera tuvieron equipo, lo refundaron hacia 1985 y desde entonces ha ido existiendo con más pena que gloria, saboreando en muy contadas ocasiones las mieles del torneo final… hasta ahora. Hasta estos Hurricanes 2012/2013 que están haciendo añicos todo su pasado y convirtiéndose en verdadera referencia de su Conferencia, la mismísima ACC. Ahí donde los ven han ganado (apalizado, en algún caso) con apenas unos días de margen a las tres grandes potencias, Duke, North Carolina y North Carolina State, de hecho hasta pueden presumir de algo que jamás había logrado nadie en toda la historia del baloncesto universitario, ganar en una misma temporada a Duke y UNC por más de 25 puntos de margen. Que en el caso de North Carolina puede chirriar menos porque porque los Tar Heels andan últimamente un tanto lánguidos, pero que a Duke la recibieron cuando era número 1 de la nación y la destrozaron por 90-63, resultado un tanto engañoso porque en algún momento la diferencia llegó a ser de 34, de hecho hacia el comienzo de la segunda mitad los Hurricanes ganaban 49-19 nada menos. Aquel día hicieron honor a su apodo más de lo que cualquier otro equipo universitario lo haya hecho jamás, aquel día habrían arrasado con todo aquello que se les hubiera puesto por delante…

Pero usted, que es muy de preguntarse cosas, andará preguntándose qué demonios tienen estos Hurricanes que les haga ser tan buenos. Pues para empezar su entrenador, Jim Larranaga, me entran ganas de ponerle el rabito de la eñe pero no lo haré aunque me lo pida el cuerpo porque ellos no lo ponen ni tampoco lo pronuncian, así que Larranaga, no debería resultarles desconocido ese apellido y no sólo porque les recuerde a un afamado actor patrio recientemente desaparecido sino por causas meramente baloncesteras: Jim Larranaga empezó su carrera como entrenador-jefe en Bowling Green (que es también una universidad, aunque suene a otra cosa), allí tuvo bajo sus órdenes (entre otros muchos) a su hijo Jay Larranaga, aquel que nos dejó sus buenos triples (más o menos) en Granca, Sevilla o Madrid y que hoy al parecer ejerce de asistente de Rivers en los Celtics y de seleccionador nacional de Irlanda (sí, por increíble que resulte hay selección de baloncesto en Irlanda); pero volvamos a su padre que es quien nos ocupa, tras su brillante trayectoria en Bowling Green pasó a George Mason y dejó otra trayectoria aún más brillante si cabe, para los anales de la historia quedará aquella noche de marzo de 2006 en que derrotaron a Connecticut y se metieron en la Final Four, acaso una de las mayores sorpresas que se hayan dado nunca en este baloncesto universitario. Hacia la primavera-verano de 2011 la Universidad de Miami vio cómo su emblemático técnico Frank Heith se le iba para sustituir a Mike Anderson en Missouri, y justo entonces pensó en este entrenador sesentón (y que aparenta aún más años de los que tiene) y apacible que tan buena labor labor venía haciendo en universidades tan modestas. Para Jim Larranaga, qué duda cabe, era por fin la oportunidad de entrenar en una conferencia grande aunque la universidad que le contrataba no lo fuera… ¿Que no lo fuera? A este paso acabará siéndolo, acaso lo sea ya…

Jim Larranaga tiene a sus órdenes a un extraordinario base, Shane Larkin, hijo al parecer de una leyenda del béisbol a quien no tengo el placer de conocer (más allá de que nos lo enfoquen en cada partido) ya que mi ignorancia sobre dicho deporte es absoluta, por desgracia. Y tiene también a sus órdenes a un magnífico ala-pívot (más ala que pívot), Kenny Kadji, versátil y que te mata de mil maneras así por dentro como (sobre todo) por fuera. La tercera pata vendría a ser el completísimo escolta Durant Scott, quizás el mejor defensor de un quinteto que completan Trey McKinney-Jones por fuera y el también gran defensor (y sobre todo taponador) Julian Gamble por dentro. Aunque la verdadera referencia interior de este equipo sale generalmente desde el banquillo a modo de sexto hombre, se llama Reggie Johnson (sí, suena a jugador de otro tiempo) y es de esos típicos pívots a quienes faltan centímetros de alto y sobran de ancho. Su físico le limita mucho en lo que a minutos se refiere (y viene de una lesión muy seria además) pero ello lo compensa sobradamente con otras cualidades: fundamentos depurados, excelente juego de pies y esa cosa que allí llaman soft touch: acostumbrados a cénters que se van de su par y luego son incapaces de meterla a medio metro del aro, resulta una gozada ver la habilidad que atesora este tío (en distancias cortas, entiéndase) para depositarla dentro con la suavidad justa. No sé qué le deparará el futuro, no lo tendrá fácil con ese cuerpo pero espero fervientemente que pueda ganarse la vida con esto, sería una pena que ese talento se perdiera.

Añadan si les place a Rion Brown y al interminable freshman Jekiri y ya tendremos prácticamente la rotación completa. Suficiente para ser líder indiscutible de la potentísima ACC, suficiente para haber permanecido invicta en dicha conferencia hasta que hace apenas unos días Wake Forest (contra todo pronóstico) les rompió la racha, suficiente para haber llegado a ocupar incluso el número 2 de la nación, lo nunca visto. Y para que estudiantes y no estudiantes hagan interminables colas bajo las palmeras para acceder a su BankUnited Center (sito en los paradisíacos parajes de Coral Gables, para más inri), para que incluso LeBron y Wade acudan a ver jugar a los Hurricanes si les pilla en día libre… Y para que la NCAA, siempre tan susceptible, ande con la mosca detrás de la oreja y haya puesto la lupa sobre sus procesos de reclutamiento; pero ésa (de ser algo) será ya otra historia: por ahora dejémosles soñar.

2. En la esquina superior izquierda del mapa USA, esa que comúnmente acostumbramos a llamar Noroeste, se encuentra un estado cuyo nombre nos sonará ligeramente familiar, Oregon, nada que ver con ese otro de por aquí aunque nos resulte parecido, no se confundan, allí no se baila la jota oregonesa sino que son más dados a otros folklores, allí la ciudad más populosa no se llama Zaragoza sino Portland (la de los Blazers, of course) si bien la que hoy nos ocupa queda un poco más al sur, Eugene, Eugenio como si dijéramos. Porque es allí en Eugene donde tiene su sede la Universidad de Oregon propiamente dicha, ésa en la que sus deportistas reciben el peculiar y no muy sugerente sobrenombre de the Ducks, oseasé los Patos. Durante muchos años estos Ducks baloncesteros nos ofrecieron un juego espectacular, alegre y desinhibido a la par, una verdadera gozada para los sentidos, si además lo hubieran acompañado con un buen puñado de victorias habría sido ya la leche pero no fue el caso, todo lo más podemos recordar algún gran año alrededor de un base fascinante y que era pura fantasía como Luke Ridnour (luego su juego acabó haciéndose mucho más funcionarial para sobrevivir en la jungla de la NBA, a la fuerza ahorcan) o alrededor de otro base rapidísimo y rompedor como Aaron Brooks y pare usted de contar. En cualquier caso sus resultados casi siempre parecieron estar muy por debajo de sus plantillas, razón por la cual se llevaron por delante a su técnico Ernie Kent como suele pasar. Para sustituirlo miraron hacia Omaha, Nebraska, hacia una universidad de Creighton que llevaba ya unas cuantas temporadas siendo el caso contrario, jugando muy bien y obteniendo además magníficos resultados desde la modestia, todo ello a las órdenes del ya prestigioso técnico Dana Altman. Fueron a por él, le convencieron (no debió ser fácil, ya que años atrás había llegado prácticamente a un acuerdo con Arkansas y al final prefirió dar marcha atrás y seguir siendo fiel a sus Bluejays) y el resto es historia: Dana Altman dejó su puesto en Creighton para que lo ocupara la familia McDermott y se fue para Eugene, Oregon, donde imparte su magisterio desde hace ya casi tres años con notable éxito de crítica y público.

Ahora bien, no les voy a engañar, todo esto que les cuento llega ya demasiado tarde, para que estas líneas sobre Oregon tuvieran aún algo de sentido tendrían que haber sido escritas hace más de un mes. Hace más de un mes todo eran risas en el seno de los Ducks, hace más de un mes contaban sus partidos por victorias en la Pac12, habían llegado al número 10 de la nación, habían ganado incluso a UCLA en su Pauley Pavilion (aunque eso a día de hoy casi lo hace cualquiera) y se las prometían muy felices y hasta comían perdices… y justo entonces se les fue a lesionar su base titular, el fantástico freshman Dominic Artis. Fue un punto de inflexión, un duro golpe en lo físico y acaso aún más en lo psicológico, como si de repente hubieran descubierto que eran mortales y que cualquier contratiempo por pequeño que éste fuera (y éste no era pequeño, en absoluto) podía provocar que se les desmoronara todo el castillo de naipes. Desde entonces han perdido mucho más que han ganado, aún aguantan a duras penas en los puestos altos de su conferencia y aún mantienen intactas sus esperanzas de llegar al Gran Baile pero empiezan a notar como tiembla el suelo bajo sus pies.

Ya, pero… qué tienen estos Ducks, se estarán preguntando de nuevo ustedes con su insaciable curiosidad. Pues empecemos por aquel que nos pueda resultar más familiar y que no es otro que E.J. Singler, hermano pequeño del ex Duke, ex Lucentum, ex Madrid y hoy Piston Kyle Singler. E.J., sénior ya, vendría a ser algo así como el espíritu de este equipo: no tiene ni de lejos el talento de su hermano (o eso me parece, al menos) pero es un alero sumamente completo, de buena mano e irreprochable actitud. Y a su lado dos jugadores interiores sumamente interesantes (y también de último año), Tony Woods y Arsalan Kazemi, el primer iraní (y único, por ahora) que haya jugado nunca en la NCAA, un sujeto que es pura intensidad, que no se maneja nada mal en ataque y que atrapa rebotes a chorros ya que los pelea casi como si le fuera la vida en ello. Por fuera encontrarán al otro gran freshman de este equipo, Damyean Dotson, que formaba feliz pareja con Artis hasta que éste le dejó cojo (nunca mejor dicho) el juego exterior; y finalmente a Johnathan Loyd, base decente, titular el pasado año, suplente en principio este año para dar relevos de calidad, titular ahora de nuevo por necesidades del guión… Añadan desde el banquillo a Emory (magnífica mano), Carter y Austin y ya tendremos la rotación completa. Un buen equipo, no necesariamente un gran equipo, pero que en circunstancias (físicas, psicológicas) normales puede dar tanta guerra como el que más.

Ahora bien, en las actuales circunstancias resulta toda una incógnita aventurarse a pronosticar qué les deparará el futuro (lo es en todos los casos, por definición, pero en éste aún más si cabe). Sólo sabemos que seguirán haciendo un gran baloncesto y que seguirá siendo una gozada verles correr la cancha en su Matt Arena, sobre ese fascinante parquet que no se parece a ningún otro y que recuerda casi a un claro en el bosque. Los resultados ya serán otro cantar… o no: si Artis finalmente vuelve (que ahora parece que sí, pero no siempre estuvo tan claro), y dependiendo de cómo vuelva, estos Ducks podrían otra vez ser un equipo a tener muy en cuenta. Ojalá porque me caen bien, porque les tengo en mi Top10 particular desde el año aquel de Ridnour, porque también tengo en gran estima a Altman desde sus tiempos en Creighton, porque me encanta cómo juegan. Ojalá les veamos muy arriba en marzo, en ese marzo loco que está ya ahí mismo a la vuelta de la esquina…

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