chico listo   2 comments

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 9 de marzo de 2013)

No he podido resistir la tentación y le he pedido al gúguel trasleit que me devolviera el significado de la palabra smart, aunque ya sabía de antemano lo que me iba a contestar. Efectivamente, smart significa inteligente, creo que hasta mi cuñado el del bar que apenas sabe una palabra de inglés (y pocas más de castellano) habría sido capaz de deducirlo a la vista de los múltiples reclamos publicitarios que pueblan nuestras vidas, smartphone, smart tv, smart box, tampoco es que sea algo exclusivo de ese idioma porque en el nuestro también podemos encontrar numerosas alusiones a edificios inteligentes, electrodomésticos inteligentes y hasta bolígrafos inteligentes si me apuran, somos así. Pero smart, in english, no es sólo una cualidad presuntamente humana sino que resulta que además es apellido, algunos lo aprendimos ya de niños (momento cebolleta) mientras veíamos aquella impagable serie nunca suficientemente repuesta, el Superagente 86, recuerden (si llegaron a tiempo de conocerlo), Maxwell Smart, el temible operario del recontraespionaje

Vale, sí, aquel era un personaje de ficción con apellido puesto ad hoc para que pudiera utilizarse como juego de palabras (de hecho el título original de aquella serie era get smart) pero es que a lo largo de los años hemos conocido otros smart nada ficticios sino más bien de carne y hueso: sin salir del ámbito del baloncesto podemos traer a colación a Keith Smart, héroe postrero del último título de la Universidad de Indiana allá por 1987 y actual entrenador de los Sacramento Kings; o a Shaka Smart, joven pero sobradamente preparado técnico de esa alucinante VCU (o lo que viene siendo lo mismo, Universidad de Virginia Commonwealth) que hace ya un par de años conoció las mieles de la Final Four… Ambos dos honran sobradamente su apellido pero no son la razón de que les esté soltando esta larga introducción (que llevarán un rato preguntándose a qué viene): la verdadera razón se llama Marcus Smart y está en su primer año (y último, me temo) de carrera en la Universidad de Oklahoma State.

Dicen que la primera impresión es la que vale, pero ello no tiene por qué ser necesariamente así. La primera impresión que se te queda al ver a Marcus Smart es buah, éste tiene que ser el típico chupón que no se la pasa ni a su padre, no hay más que ver esos aires que se gasta, esa pinta de sobrado que tiene (y eso que ya no luce ese peinado cónico que llevaba a comienzos de temporada…) Bueno, pues nada más lejos de la realidad. A ver, pinta de sobrado tiene, pinta de ir de chulo por la vida, es así, no vamos a decir lo que no es. Pero las apariencias engañan, a veces. De hecho a mí me sucedió hace ya casi un año, la primera vez que vi un vídeo de este tío junto con otro montón de vídeos de los recruits presuntamente más destacados para esta temporada: la mayoría de esos vídeos promocionales ponían el énfasis en aspectos meramente individuales (acaso porque no hubiera otros que mostrar), penetraciones suicidas, mates estratosféricos, driblings insospechados y demás juanpalomismos varios; pero había excepciones, excepciones como ese Kyle Anderson al que pocos meses después veríamos en UCLA, acaso también ese Yogi Ferrell de Indiana, desde luego este Marcus Smart; sus vídeos de apenas dos minutos no mostraban sólo egos desmedidos sino también asistencias, robos, ayudas, aplicación defensiva y demás escenas solidarias que parecían indicarnos que esta vez no estábamos ante el típico jugón unidireccional sino todo lo contrario, uno de esos casos aislados de jugadores que acostumbran a hacer muchas cosas, y todas razonablemente bien. Ahora bien, tampoco era cuestión de lanzar las campanas al vuelo, al fin y al cabo era sólo un vídeo, faltaba confrontarlo con la cruda realidad…

La realidad (nada cruda en este caso) o lo que viene siendo lo mismo, la posibilidad de verle en partidos enteros con sus cuarenta minutos completos, nos devolvió un Smart (parece que esté hablándoles de un coche) aún mejor de lo que habíamos imaginado. Smart anota a tutiplén pero también rebotea siempre que puede, asiste que es un primor (en consonancia con el papel de base que le ha sido asignado), roba balones a chorros, incordia siempre al rival y hasta tapona cuando es menester. El típico jugador hiperactivo, de esos que parecen estar en varios sitios a la vez, que sacan el córner y lo rematan de cabeza como diría el dicho futbolístico. Si usted es de los que gusta de tipos polifacéticos y multifuncionales no lo dude, éste puede ser su hombre, eso sí, siempre y cuando no le pida usted peras al olmo que aún le habrán de quedar cosas por pulir, que el tiro lejano aún no es su fuerte, que su comprensión del juego todavía tiene que mejorar, tiempo tiene por delante para ello… Pero de una cosa sí puede estar seguro: es de esos jugadores que casi nunca decepciona; podrá tener días malos en ataque (que los tiene, y los seguirá teniendo) pero siempre lo compensará con lo que aporte en casi todo lo demás.

Y por si todo ello fuera poco, resulta que además Marcus Smart es también un ganador, en el sentido más (digámoslo así) yugoslavo de la palabra. O dicho de otra manera, nunca va a ser ese tipo de jugador al que idolatren las aficiones rivales cuando acuda como visitante. No le idolatraron precisamente en Arkansas, donde su amplio repertorio de ardides, tretas y piscinazos varios para provocar faltas en ataque acabó descomponiendo al perímetro entero de los Razorbacks y por extensión a todos sus aficionados. Ni le idolatraron precisamente en Kansas (partido que por desgracia no pude ver) donde su actuación fue fundamental para acabar con la larguísima imbatibilidad en casa de los Jayhawks, hazaña que no encontró otra manera de celebrar que poniéndose a hacer cabriolas y piruetas varias en el centro de la pista, lo cual fue interpretado por los jugadores y aficionados locales como una falta de respeto (a mí no me pareció que fuera para tanto… quizá porque no soy de Kansas). Recuerden que hace honor a su apellido, no es que lo diga yo sino que hasta los propios analistas yanquis caen con frecuencia en el juego de palabras, por lo que no resulta difícil escuchar en una retransmisión cualquiera algo así como …ooohhh, Marcus Smart is so smart…!!!, o ver cómo en un pantallazo se preguntan how smart is Marcus? La respuesta parece clara, es sumamente inteligente… o no, o quizá no sea tanto eso (que ya nos explicó una vez Messina que un exceso de inteligencia puede resultar perjudicial para la práctica del baloncesto) como que es sumamente listo; no me consta que en el idioma inglés hilen tan fino, mis conocimientos no dan tanto de sí como para diferenciar entre smart y (por ejemplo) clever, pero en el nuestro lo tenemos clarísimo: a un lado quedaría la inteligencia pura y dura, y al otro la listeza o listura como un escalón más evolucionado: como la capacidad de sacarle partido, de saber utilizar en tu propio beneficio esa misma (mayor o menor) inteligencia. No sé cuál será el cociente intelectual de Marcus Smart pero eso sí, listo es un rato, puedo asegurárselo.

Marcus Smart tiene a su lado a Markel Brown, que le echa una mano en tareas de dirección y tiene buenísima mano además; tiene un poco más arriba al peculiar (hasta en el nombre) y estupendo alero Le’Bryan Nash; cuenta también con un par de eficaces ala-pívots (o similar), Cobbins y Kamari Murphy, y con un cénter modelo armario, Phil Jurick, que aporta presencia física y no le pidan más, que ya les dije antes lo de las peras y el olmo. Y finalmente otro freshman que empieza por lo general los partidos en el banquillo y los acaba en la cancha, Phil Forte (pronúnciese forté, con acento en la é), digno sucesor de lo que representó allí durante estos pasados años Keiton Page: el típico jugador de perímetro blanco, pequeño, incordio, de extraordinaria muñeca y no menos extraordinaria actitud; el espíritu de estos Cowboys de Oklahoma State. Sin Smart serían como mucho un buen equipo, sin excesos; con Smart son cosa seria. Suficiente para haber recuperado la ilusión en Stillwater (supongo que los que fundaron la ciudad le pusieron ese nombre para que los colonos que vinieran detrás supieran que allí todavía había agua), suficiente para tener prácticamente garantizada su presencia en la March Madness: no serán favoritos, pero de una cosa podremos estar bien seguros: Marcus Smart no va dejar pasar la oportunidad de dejar su sello en el que será (me temo) su único Torneo Final de la NCAA.

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