annus horribilis   2 comments

Allá por el pasado verano los Lakers ficharon a Nash y Howard y sus aficionados se vinieron arriba de inmediato como no podía ser de otra manera, en una muy particular reinterpretación del tradicional cuento de la lechera (disculpen el ripio): vamos que la única duda que les quedaba ya a esas alturas era si ganarían o perderían la Final contra los Heat. Algunos, con la sabiduría que da la experiencia (decía mi abuela que más sabe el diablo por viejo que por diablo; me horroriza estar aproximándome a esa fase), mostramos ya entonces nuestro escepticismo al respecto: al fin y al cabo Howard nunca fue santo de mi devoción, al fin y al cabo Nash estaba ya pa sopitas y buen vino (otra de mi abuela), al fin y al cabo Pau iba a seguir teniendo al lado un cinco con el que estorbarse, al fin y al cabo el precedente aquél de los Galácticos de 2004 (Kobe, Shaq, Payton, Malone) no invitaba precisamente al optimismo, al fin y al cabo iba a seguir entrenándolos el sinsustancia de Mike Brown. Ni que decir tiene que ante mis dudas la fanaticada amarilla se me tiró directamente al cuello, entiéndase en sentido figurado, amablemente y desde el respeto pero al cuello, es bien sabido que el escepticismo nada puede contra el sentimiento de ilusión colectiva de toda una afición enfervorizada. Claro está, hoy bien podría yo sacar pecho y decir ¿lo veis, veis como yo tenía razón? Pero no lo haré por dos razones, primera porque no es mi estilo y segunda porque no es verdad, yo no tenía razón, en el fondo yo estaba tan equivocado como todos ellos: no veía claro que les fuera a ir bien pero jamás, ni en la peor de mis pesadillas, hubiera imaginado que les acabaría yendo tan mal.

A partir de este momento no les voy a contar nada que no sepan ya, por lo que quedan eximidos de seguir leyendo salvo que sean de los Lakers y quieran autoflagelarse o bien sean de cualquier otra franquicia y quieran regodearse, que de todo habrá. Fue empezar la temporada y comprobar que Nash pasaba más tiempo lesionado que sano, que Howard tres cuartos de lo mismo (claro que en esto no es que salieran perdiendo, que allá en Philadelphia Bynum estaba aún peor), que Kobe iba a su bola para variar y que Pau estaba desubicado, desmotivado (tiende a desmotivársenos con relativa facilidad la criatura) y cariacontecido, factores todos ellos que contribuían a que realizara la peor temporada que se le recuerda. Dado que Metta World Peace es lo que es (con que mantenga estables sus constantes vitales y no le arranque a nadie la cabeza ya nos damos por muy satisfechos) y dado que en el banquillo tampoco es que hubiera mucho donde rascar, pues resultó que todo quedaba en manos de la sabiduría, de la excelencia, del buen hacer y el saber estar de Mike Brown (está bien, ya dejo la bebida). Un día Kobe le miró mal y supimos que su suerte estaba echada. Lo raro es que no hubiera estado echada mucho antes.

Claro está, los Lakers tras largar al técnico podrían haberse limitado a fichar a otro, es lo que haría cualquier franquicia normal, lo cual nos permitió comprobar una vez más que los Lakers distan mucho de ser una franquicia normal. En lugar de eso prefirieron montar un sainete, mucho más divertido, dónde va a parar: fueron a buscar a Phil Jackson, le ofrecieron el oro y el moro, le convencieron y cuando fue a decir que sí le respondieron ¡anda tonto, que te lo has creído! cual si de una broma tipo Inocente Inocente se tratara, no sé cómo quedaría la relación con su amiga entrañable Jeanie Buss después de aquello (en el supuesto de que dicha relación se hubiera mantenido hasta entonces, que no me consta), quién le iba a decir al bueno de Phil que a sus años tendría que aguantar semejantes tonterías. Mientras medio mundo daba ya por hecho lo de Jackson ellos se fueron a por Mike D’Antoni aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que tenían en la plantilla a Steve Nash, qué mejor fórmula que recuperar aquel binomio para volver a vivir aquellos tiempos del Showtime. Dicho y hecho, D’Antoni llegó a Los Ángeles, no consta que dijera (como en su día Rambis) soy el próximo entrenador al que cesarán los Lakers pero debería haberlo dicho, más que nada para curarse en salud. D’Antoni se puso a entrenar y los Lakers de inmediato recuperaron el show, de hecho los Lakers son un puro chou desde que se levantan y hasta que se acuestan; lo malo es el time, que rara vez les coincide con la hora del partido.

Recuperar el showtime (por contraposición al Boring time de Brown) en la capital del showbusiness parecía una magnífica idea, si estás en la meca del espectáculo qué menos que hacerlo bonito. Claro está, ya sería la leche que además de hacerlo bonito también fueras capaz de hacerlo bien. El baloncesto de D’Antoni siempre fue un perfecto ejemplo de defensa… en su etapa de jugador, encimando al base rival en el vértice de aquella 1-3-1 de Dan Peterson en la Olimpia milanesa. Luego ya de entrenador como que se le fue pasando, su estilo alcanzó el paroxismo en aquellos Phoenix Suns a los que les fue (relativamente) bien más que nada porque tenían los jugadores adecuados para ello. En Nueva York dejó huella (de hecho todavía están intentando borrarla) y en Los Ángeles va por el mismo camino, me temo: a correr tocan, pies para qué os quiero, tanto da que ya no tengamos las piernas ni los cuerpos ni las edades adecuadas para ello. Y si de correr se trata mejor con pequeños, dos grandes no me caben en la misma zona así que de entrada Pau al banquillo (y de inmediato nuestro patrioperiodismo o periopatrioterismo montó en cólera, cómo es posible, habráse visto tamaña afrenta, no podemos tolerar semejante aberración…) ¿Defensa, dice usted? Metamos 120 puntos por partido y ya verá cómo a nadie le importará nuestra defensa.

Dado que no hay mal que cien años dure ni franquicia que lo resista (mi abuela nunca habría dicho franquicia, de hecho no creo ni que conociera la palabra), un día las cosas empezaron sutilmente a cambiar. No fue tanto el estilo D’Antoni como que Kobe tuvo una idea: aburrido ya como estaba de jugarse tiros y más tiros y meter puntos y más puntos, total pa ná, una noche se dijo voy a probar a pasar el balón, a ver qué se siente. Y experimentó una sensación tan increíblemente placentera que le cogió el gusto, y repitió una vez y otra vez y otra vez más, y sus compañeros se lo agradecieron, y entre todos disfrutaron, y de repente sin apenas darse cuenta empezaron a ganar partidos, uno tras otro, y de verse desahuciados (soy consciente de que no debería haber utilizado esta palabra) pasaron a que los playoffs volvieran a ser una remota posibilidad… Dura poco la alegría en casa del pobre (otro dicho de mi abuela, sé que pobreza y Lakers no deberían ir en la misma frase pero ustedes cogen la idea), una noche se lesionó MWP, otra se lesionó Pau para no ser menos que sus compañeros, finalmente cuando ya no podían pasarles más cosas dentro de la pista empezaron a pasarles fuera: una aciaga mañana de febrero su eterno propietario Jerry Buss dejó de ser un mito viviente para pasar a ser simplemente un mito. No se le olvidará.

Pero había que llegar a la postemporada, había que alcanzar a Utah, había que intentarlo como fuera, tanto daría que luego cayeran en primera ronda ante los Thunder o los Spurs 4-0, 4-1, 4-loquefuera pero que no fuera por no haberlo intentado. Caiga quien caiga, cueste lo que cueste, 48 minutos por noche salvo que haya prórroga que entonces serán 53, aguanta Kobe, ya queda poco, total los playoffs ya están ahí a la vuelta de la esquina y al final pasó lo que tenía que pasar: se le rompió el tendón, de tanto usarlo. Yo soy de los que piensan que volverá a jugar, su orgullo no le va a permitir que esto acabe así, de ningún modo. Ya otra cosa será cuándo. Y ya otra cosa, mucho más importante que el cuándo, será cómo. Tengámoslo claro si aún no lo tuviéramos, (lo que aún quedaba de) el mejor Kobe se nos apagó para siempre el pasado viernes frente a los Warriors, a falta de apenas tres minutos para el final.

Al cierre de estas líneas (qué periodístico suena esto) los Lakers andan todavía metidos en playoffs, si bien los Jazz andan al acecho y su clasificación pende de un hilo. Tanto dará. Si los juegan serán pan comido (tanto más sin Kobe), si no los juegan tampoco les servirá de nada dada su infinitesimal posibilidad de pillar una buena ronda de draft y dada además la indefinición reinante en los primeros puestos de este draft. Se cerrará así su temporada más aciaga de los últimos quince años, esto sí que es un verdadero annus horribilis y no el de la familia real (británica, a ver qué otra iba a ser). Vamos, que para acabar de arreglarlo ya sólo les faltaría (aunque en NBA no se estilen mucho las rivalidades territoriales) que los Clippers se metieran en la Final. Sea como fuere tocará resetear este verano, tocará esperar a Kobe, tocará reciclar a Nash como entrenador-asistente (acaso lo sea ya y no nos hayamos enterado), tocará confiar en que Howard acabe siendo el cénter imponente en ambos lados de la pista que un día pensamos que sería, tocará moverse en el mercado, tocará traspasar a Pau, asumámoslo, asúmalo sobre todo nuestro patrioperioetcétera, traspasarlo a donde sea, si es a Houston como si es a Charlotte (vale, quizás esta última sea una opción demasiado extrema), que se despresurice de una vez y recupere el gusto de jugar por el mero placer de jugar. Y ya está, punto y aparte, año nuevo vida nueva en Los Ángeles, y que a quien Dios se la dé San Pedro se la bendiga, y si sale con barba será San Antón y si no será la Purísima Concepción (frases todas ellas que no sé si vienen a cuento pero quedan bien para acabar). Quede finalmente constancia del agradecimiento hacia mi abuela q.e.p.d. (que nunca supo quiénes eran los Lakers ni puñetera falta que le hizo), sin cuyos refranes, modismos y demás frases hechas jamás habría sido posible la realización de este post.

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2 Respuestas a “annus horribilis

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  1. MI más sincera enhorabuena y mi más grande admiración. Por cómo hablas, por cómo lo transmites, por tu blog… Gracias

  2. Gracias a ti, Juanki. Aquí tienes tu casa.

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