palabras mágicas   3 comments

¿Sabían que hay palabras mágicas? Ya, ya sé que a ustedes como a mí les explicaron hace muchos años que la magia no existe, que no sucede lo sobrenatural ni tan siquiera lo paranormal, que todo eso no es más que mera ilusión. Y sin embargo… Piensen por ejemplo en la palabra Madrid: por sí sola no significa nada más allá de lo evidente, una hermosa ciudad (es la mía luego habrá de parecerme hermosa, casi por definición) llena de humos, ruidos y atascos, cuyo nombre coincide casualmente con el de una de las instituciones deportivas más reales y representativas de dicha ciudad; o piensen por ejemplo en la palabra Barça, que identifica plenamente a (mes que) un club de honda raigambre y alcurnia que ha paseado y pasea el nombre de su Ciutat Condal por el universo entero. Meta usted Madrid en cualquier conversación y no pasará nada, escriba usted Barça en cualquier texto y tampoco se producirá ninguna reacción química ni cualquier otra alteración de ninguna otra índole. Ambas por sí solas son completamente inocuas, pero… pruebe a juntarlas, da igual el orden, si acaso separadas por una mínima pausa, un espacio, un simple guión; pruebe a decir Madrid-Barça, pruebe a poner Barça-Madrid y de inmediato sucederá como en esas películas de aventuras en las que se tienen que unir varios trozos de un anillo para que se abran los muros del templo (por ejemplo), pues aquí igual, la mera mención de esas dos palabras mágicas, una detrás de la otra o la otra detrás de la una, hará desencadenarse los sucesos más asombrosos que imaginarse puedan…

Podría poner miles (qué digo miles, millones) de ejemplos relacionados con el mundo del fútbol, pero éste todavía es (o intenta ser) un blog de baloncesto así que me ceñiré a lo mío. Y podría incluso retrotraerme a mi infancia (y miren que queda lejos mi infancia) pero tampoco lo haré, no teman, tan solo viajaré apenas unos meses hacia atrás. Por ejemplo a junio del pasado año, Final ACB: si cualquiera de nuestras palabras mágicas hubiera llegado allí por separado para emparejarse con cualquier otra palabra aséptica, pongamos Baskonia, Valencia, Bilbao, Unicaja, la que ustedes quieran, pues no habría sucedido nada, la vida habría seguido su curso y el mundo no habría dejado de girar. Pero sucedió que el destino quiso juntarlas, Barça-Madrid, final ACB, oh prodigio, oh maravilla, se abrieron los cielos, se alteró el curso de los acontecimientos, se cambiaron horarios y programaciones, de las ocho de la tarde a las diez de la noche, de las catacumbas de Teledeporte al más privilegiado prime time del primer canal por antonomasia de todo nuestro espectro televisivo, de repente el país entero puesto del revés, es lo que tiene el unir esos dos términos prodigiosos. Pero esperen, repriman su asombro que todavía no han visto nada…

Porque ya saben que no hay nada más mágico que la Navidad, esas fechas entrañables (me revuelven las entrañas, debe ser por eso) repletas de fantasía e ilusión. Y en Navidad siempre acuden puntuales a nuestro paso las más acendradas tradiciones, el belén, el turrón, el mazapán, la lotería, la paga-extra (a extinguir), las cenas hasta reventar, las uvas, los regalos, la cabalgata de Reyes, las muñecas de Famosa, la cuesta de enero, el Barça-Madrid… Sí, es bien sabido que el calendario de Liga se establece por sorteo, cómo habría de establecerse si no, en qué cabeza cabe cualquier otra posibilidad; pero fíjense ustedes qué casualidad, que es emparejarse la bola del Barça con la del Madrid (ha de ser cuestión de bolas, sin duda) y que de inmediato ese emparejamiento, que bien podría caer en octubre o en noviembre como tantos otros, por arte de birlibirloque vaya siempre a parar a estas entrañables fechas. Puede ser un 29 de diciembre o puede ser un 3 de enero pero da igual, nunca falla. Durante varias décadas tuvimos el Torneo de Navidad, desde hace años tenemos los emblemáticos partidos NBA del día de Navidad y ahora también la ACB nos trae puntualmente el Clásico por Navidad. Ha de ser cosa de magia, sin duda.

Como mágico fue el hecho de que en dicho partido navideño distinguiéramos con nitidez no sólo a los jugadores (que hasta ahí llegamos, más o menos) sino incluso a los espectadores que poblaban las primeras filas. Sí, no me pongan esa cara de asombro, nos pasamos el año entero viendo partidos en TVE1, así en los tiempos de la tarde como en los (más recientes) de la mañana, así se trate de Barça-Baskonia, Madrid-Unicaja, Bilbao-Valencia, los que ustedes quieran, los vemos con mucho grano como los hemos visto toda la vida de dios pero de vez en cuando nos pica la curiosidad, mira tú que si lo estuvieran dando en alta definición, así que con la ingenuidad que nos caracteriza pulsamos el mando a distancia y nos asomamos a esa extraña cosa que todavía llaman TVE-HD Emisión en Pruebas (soy consciente de que nunca llegaré a conocerles otra emisión que no sea en pruebas, de hecho es más que probable que los nietos de mis nietos tampoco lleguen jamás a conocerla), total para comprobar que efectivamente están poniendo Cuéntame como pasó, Águila Roja o Los Misterios de Laura, no falla, siempre es una de estas tres series o algún documental ignoto, cualquier cosa menos la ACB… salvo que se trate del Barça-Madrid, oh prodigio, oh maravilla, entonces sí, faltaría más, lo que haga falta, por supuesto en HD y porque no tenemos 3D que si no también se lo daríamos y hasta les regalaríamos las gafas para la ocasión. Será por magia.

Y por si todo lo anterior no les hubiera parecido suficiente quédense al menos con lo que sucedió este pasado domingo. Antes de nada les pondré en antecedentes, dado que si no viven en esta Comunidad no tienen por qué saber que su televisión pública, por otro nombre Telemadrid, emprendió hace meses una especie de plan de ajuste o plan de reestructuración o plan de preexternalización o plan de nosequeleches, con consecuencias más o menos graves según los casos: entre las más graves estaría el hecho de que tres cuartas partes de sus trabajadores fueran puestos en la calle (ERE lo llaman, precioso eufemismo), entre las menos graves estaría el hecho de que decidieran desprenderse de todos sus derechos deportivos para ahorrar costes. Y la ACB fue la primera en caer, faltaría más, en tiempos de economía de guerra pocas cosas hay más prescindibles que el baloncesto, hasta ahí podíamos llegar, de tal manera que a los ciudadanos de esta Comunidad, que hasta hace apenas unos meses aún podíamos ver tres o cuatro partidos a la semana con sólo encender el televisor (el cuarto por satélite a través de Andalucía TV, otra que tal), hoy ya sólo nos queda el partido de TVE1 y/o Teledeporte, para todo lo demás nos hemos de encomendar a Orange Arena que es como jugárnosla a la lotería, a ver si esa semana por un casual le tocara funcionar. Y una vez puestos en antecedentes retomo nuevamente el hilo original…

Porque sabrán que este pasado domingo hubo Madrid-Barça, otra vez las dos palabras juntas, probablemente la ACB habría preferido que fuera también en navidades como el primero pero será que sus poderes no dan para tanto, que una cosa es la magia y otra ya el abuso. Pero no teman porque una vez más el clásico en cuestión vino acompañado por algo absolutamente prodigioso, incomparable, irrepetible (al menos hasta que se vuelva a repetir) como es el hecho de que fuera emitido por Telemadrid. Sí, han leído bien, Telemadrid, esa misma Telemadrid que se sacó de encima el baloncesto a la par que se sacaba de encima a la inmensa mayoría de su plantilla, esa misma que al parecer aún existe (este mismo domingo pudimos comprobarlo) aunque para muchos madrileños (entre los que me incluyo) ya es como si no existiera, esa misma perdió el culo por decirle a la ACB que ellos también querían dar el Madrid-Barça (o acaso fuera la ACB la que perdió el culo porque lo dieran para aminorar así el impacto de que no se viera en TVE, lo mismo me da que me da lo mismo). No me consta que lo perdieran hace una semana para dar por ejemplo el Fuenla-Estu, hasta ahí podíamos llegar, esos son equipos de pobres, no tienen ni encanto ni magia ni lo hay que tener; como tampoco me consta que lo perdieran (seamos justos) por cualquiera de los múltiples partidos del Madrid ofrecidos por las Autonómicas en estos últimos meses. No, fue una vez más el efecto de unir las dos palabras mágicas, junte usted Madrid y Barça y de repente como por ensalmo (signifique lo que signifique ensalmo) la televisión pública madrileña recuperará el poder de ofrecer baloncesto, de repente será como si nunca lo hubiera perdido, como si aún tuviera medios técnicos y humanos para producirlo y no tuviera que llamar pidiendo socorro a TV3, como si aún estuviera allí Antonio Martín para ejercer de presunto analista (¿para esto sí hay dinero?), lo de Felipe Galán en la narración y Antonio Vaquerizo a piedepista ya lo tenían más difícil porque sospecho que debieron estar entre los defenestrados por el ERE, tantos años contándonos (mejor o peor) nuestro deporte para al final acabar así, mandagüevos; así que de la narración se encargó un tal Alfonso, no es que yo le conozca sino que sospecho que se llamará así porque en una ocasión Antonio Martín se dirigió a él por ese nombre, parece una razón de peso, buena gana de llamarle Alfonso si se llamara por ejemplo Eduardo, pero vamos que tampoco es que esté yo muy seguro, que en tratándose de un Madrid-Barça cualquier hecho asombroso me parece perfectamente plausible, hasta que se tratara de un narrador virtual surgido de la nada como por arte de magia y creado ex profeso para la ocasión. Cualquier cosa.

Pensarán que ya lo han visto todo pero créanme que no, que aún nos quedarán por ver cosas todavía más asombrosas si cabe. En apenas unos días Barça y Madrid, Madrid y Barça tanto monta monta tanto, se darán cita en la Final Four de la Euroliga, evento supremo del baloncesto europeo que en estos pasados años apenas mereció una atención tangencial así la jugara el Barça o incluso en cierta ocasión el Madrid, pero que este año no es ya que la juegue el uno o el otro sino los dos, cara a cara, frente a frente, viernes 10 a las nueve de la noche en el O2 Arena de Londres, hecho más que suficiente para que los medios se vuelquen, para que la prensa deportiva enloquezca y hasta se olvide del fútbol por un par de horas (no más, tampoco hay que pasarse), para que las radios emitan carruseles a tal efecto y hasta la misma tele que tanto y tan a menudo pasa de nuestro deporte monte un despliegue crepuscular para la ocasión y se entregue en cuerpo y alma a su cobertura como si no hubiera un mañana… Es así, asumámoslo, si Madrid y Barça montaran equipo de petanca o de colombofilia estas especialidades deportivas tendrían más o menos la misma cobertura mediática que tienen hoy (cero) pero eso sí, el día que se enfrentaran, ¡¡¡ay el día que se enfrentaran!!! (¿habrá enfrentamientos directos en colombofilia? Es más, ¿habrá liga nacional de colombofilia incluso?), ese día se desataría la rivalidad, se acapararía la atención mediática, no se hablaría ya en nuestra piel de toro de otra cosa que no fuera la petanca o la colombofilia, a elegir. Nada une más y al mismo tiempo nada divide más a los ciudadanos de este país que un Madrid-Barça, nada provoca tanta atracción y al mismo tiempo nada genera tanto rechazo, hasta el punto de que ambas, atracción y rechazo, pueden llegar a manifestarse incluso en las mismas personas y a la misma vez… Ni que decir tiene que esa extraña cualidad, provocar al mismo tiempo un efecto y el contrario, también ha de ser necesariamente cosa de magia. Como para no creer en ella, a estas alturas.

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Publicado abril 29, 2013 por zaid en ACB

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