Archivo para septiembre 2013

del 4 al 15   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 23 de septiembre de 2013)

4. Pablo Aguilar. El hombre-Guadiana de esta selección, no precisamente por culpa suya sino porque quienes podían guadianearle le guadianearon convenientemente a lo largo de todo el Torneo. No les negaré que yo en un principio tenía una cierta prevención con Aguilar, siendo como era el jugador más inexperto en lides internacionales de este equipo (junto con Rey) y el que más fácilmente podía pagar la novatada. Pero dicha prevención se me fue quitando en cuanto vi que aportaba minutos de calidad, que no le temblaba el pulso en ataque y que (quizá gracias a ser el cuatro más cuatro de la rotación) hacía un trabajo más que socorrido en defensa, guardando las espaldas de Marc o Xavi cada vez que éstos salían a defender y acudiendo cumplidamente en su ayuda cuando era menester. Todo lo cual debería haberle supuesto que se fueran incrementando sus minutos y sin embargo le supuso todo lo contrario, de hecho llegó hasta el punto de que cuanto mejor lo hacía menos jugaba: si le salía un partidazo luego desaparecía de la rotación en los dos siguientes, si hacía un magnífico segundo cuarto ya no volvía a tocar bola el resto del partido… Y así sucesivamente. Doctores tiene la santa madre iglesia, es bien sabido que los entrenadores ven cosas que permanecen ocultas para el resto de los mortales, supongo que eso es lo que habrá sucedido también en esta ocasión. Pero a mí al menos me queda la sensación de que Pablo Aguilar ha llegado para quedarse. Quizá no quepa en el equipo de 2014 (si vuelven Pau, Felipe y/o Ibaka) pero si todo va normal debería tener plaza asegurada a partir de 2015. Esperemos acontecimientos.

5. Rudy Fernández. Depende de dónde hubieras puesto el listón. Quienes lo pusieron en que Rudy tenía que ser el Navarro de esta selección se habrán llevado un chasco, Rudy no está a día de hoy para desempeñar ese papel (¿y quién lo está?), mal que nos pese. En cambio quienes lo pusimos en base a su última temporada en el Madrid podemos sentirnos moderadamente satisfechos ya que Rudy ha mejorado con creces las prestaciones que ofreció en su año en blanco. Es decir, al menos parece haber puesto fin a su sempiterna pelea con el aro, ya las mete, quizá no tanto como a tantos les gustaría pero las mete (y a veces en condiciones francamente difíciles, además), lo cual no es poco si recordamos su desempeño en la pasada Final de Liga. Y aunque no las meta Rudy se ha ganado ya a pulso a estas alturas que dejemos de valorarle sólo por lo que mete o por lo que deja de meter (pausa valorativa), Rudy es más que eso, Rudy es agresividad en defensa, intensidad, rebote, cabe incluso preguntarse dónde estaríamos a estas alturas si no fuera por el chorro de rebotes defensivos que ha cogido durante toda la competición. Que sí, que a veces le entra la tontería y desespera al más pintado, que a más de uno nos salió espuma por la boca en la prórroga ante Francia, aquellos 20 segundos que se tiró botando allí parado sin mirar a nadie para al final acabar tirándose aquel melón (aunque en su descargo habremos de reconocer que cosas aún más inverosímiles ha metido alguna vez), que cuando se le cruza el cable y se mete en piques resulta insoportable, que todo lo que usted quiera… pero que con todo y con eso estaremos de acuerdo en que ha sido de lo más valioso que hemos tenido en este Eurobasket. No es el Rudy que un día fue ni aún menos el que un día pensamos que sería, pero creo que vuelve a estar (por fin) en el buen camino. O será que puse yo el listón demasiado bajo, no sé…

6. Sergio Rodríguez. Todo el mundo desata por lo general filias y fobias, a cada minuto de cada partido cada jugador genera elogios desmedidos a la par que críticas furibundas… pero quizá en ninguno de ellos se haga tan patente esa bipolaridad como en Sergio Rodríguez. Entre los chachofóbicos que le consideran el culpable de todos los males y los chachofílicos que le consideran el sumo hacedor de todos los bienes debería haber un término medio, y en ese mismo término medio debería intentar situarme yo si no fuera por el pequeño detalle de que (probablemente ustedes ya lo sepan) soy mucho más de chachofilia que de chachofobia. Es decir, creo que mucho de lo bueno que le ha sucedido a la selección en este Torneo ha sido gracias a Sergio, creo que ha creado juego más que ningún otro base (Ricky porque se perdió en el empeño, Calde porque no le dejaron), que ha alimentado a sus compañeros más que nadie (que luego las metieran o no ya es otra historia), que incluso ha defendido más de lo que solía y que cuando no ha encontrado a quién dársela se la ha jugado con la plasticidad, eficacia y agresividad de cara al aro rival que viene siéndole habitual. Y creo además que en más de una ocasión fue sentado indebidamente cuando estaba en pleno trance, que se le racionaron en exceso los minutos, que actuaciones como la que protagonizó en el cruce ante Serbia deberían disipar todas esa dudas que los chachoescépticos puedan aún tener… Amor de fan, dirán ustedes (y con razón, no lo niego), y me dirán también que en los minutos finales ante Francia se dedicó a jugársela sin pasarla, que algunas metió pero demasiadas falló en ese delicado trance, todo lo cual a la larga resultó perjudicial para el equipo… Niego la mayor, como dicen los juristas (tampoco sé muy bien lo que quiere decir, pero queda bien decirlo): la primera opción de Sergio suele ser buscar el pase definitivo, si se encebolló (digámoslo así) en esos minutos fue precisamente porque no había pase alguno, porque todos sus compañeros estaban tapados, porque los mocetones franceses cerraban cualquier fuente de alimentación. A partir de ahí básicamente tenía dos opciones, o lanzar un pase errático al bulto que muy probablemente acabaría en las manos del rival o driblar y buscarse la vida, ya que los demás no se liberan tendré que liberarme yo. Y dicho y hecho, y pudo salir bien (y más de una vez salió bien), y a la postre salió mal porque nadie es perfecto, porque Francia es mucha Francia, porque no se puede luchar solo contra los elementos, porque no es fácil ser sublime sin interrupción. Pero asumió la responsabilidad cuando nadie la quería, y créanme que cuánto mejor nos iría (en la selección e incluso en la vida cotidiana) si hubiera más gente capaz de asumir de la misma manera esa misma responsabilidad. He dicho.

7. Xavi Rey. Por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender, muchos presuntos aficionados de este país (el concepto presuntos aficionados vendría a englobar a todo ese público mayoritariamente futbolero que sólo se asoma al baloncesto cuando juega la selección, y que ni conoce a la mayoría de los jugadores ni sabe siquiera en qué equipo juegan) decidieron hacerle el blanco de sus chanzas, mofas y befas durante todo el Torneo, convirtiéndole incluso (para vergüenza propia y ajena) en esa cosa que ahora solemos llamar trending topic. Como si fuera un picapedrero o un destripaterrones al que hubieran puesto ahí sólo porque es grande y fuerte y no porque sepa jugar al baloncesto… Todo lo cual confirma una vez más lo atrevida que puede llegar a ser la ignorancia, tanto más en este país. Xavi Rey, no lo olvidemos, llegó a la selección aún convaleciente de una grave lesión, y durante la dichosa Ruta Ñ (que dios confunda) resultó manifiestamente claro que no estaba ni al cincuenta por ciento de su nivel. Pero según fueron pasando los partidos se le fue viendo mejor, mucho más asentado atrás y aportando también sus cositas en ataque gracias entre otras cosas a las asistencias que le proporcionaba su amigo y compañero de habitación Sergio Rodríguez, con quien solía coincidir en cancha. Qué quieren que les diga, su principal función era proporcionar minutos de descanso a Marc Gasol y creo que esa la cumplió con creces, de hecho lo único que lamento es que no tuviera más minutos para que así Marc hubiera podido tener más descanso de cara a los instantes finales. Pero me temo que ese aspecto no dependía ya de él…

8. José M. Calderón. Otra de misterio: por alguna misteriosa razón que se me escapa, Calde se ha convertido también en estos últimos tiempos en el blanco de las iras de cierto sector ultramontano de presuntos aficionados, que hablan de él en unos términos de desprecio que sólo recuerdo haber visto antes en los últimos años de Garbajosa. Como si pegara un atraco, como si viniera a la selección a llevárselo muerto, todas esas expresiones e incluso otras peores he tenido que leer yo en estos días, no necesariamente durante el Torneo sino que incluso antes de que empezara ya le señalaban de ese modo. Pues qué quieren que les diga, ojalá tuviéramos muchos atracadores como Calde en nuestras filas. Recuérdese que se ha tirado todo el Campeonato jugando en un puesto que no es el suyo ni por asomo, como si fuera lo mismo jugar de uno que de dos, como si el mero de tener buena mano en el tiro exterior te convirtiera ya en escolta. Y aún así ha hecho su trabajo lo mejor que ha podido, y hasta ha metido sus tiros exteriores en un porcentaje más que decente, todo lo cual no le ha evitado acabar señalado como uno de los principales responsables de la derrota ante Francia porque falló el tiro que pudo ser decisivo (se salió por muy poco) y porque en la prórroga no se le vio liberado en ningún momento, lo cual llevó a muchos a decir que se escondió. Repitámoslo una vez más, no es su puesto, yo desde mi ignorancia no creo que sea lo mismo subir el balón, repartir juego y luego buscarte espacios que tener que trabajarte esos mismos espacios antes de que te llegue el balón, no puede ser lo mismo cuando enfrente tienes a esos mostrencos galos taponando todas las vías de acceso… No, evidentemente Calderón no ha hecho un buen Eurobasket, eso ya lo sé yo. Lo que ya nunca sabremos es qué parte de responsabilidad fue de él y qué parte fue de quien se empeñó día tras día en que fuera lo que no es. Y aún menos sabremos ya lo que perdió también la selección a causa de ese mismo empeño…

9. Ricky Rubio. Empezó moviéndonos al optimismo, porque en defensa estaba tan hiperactivo como siempre (robando balones como sólo él sabe hacerlo) y porque en ataque ha añadido a su repertorio un tirito de cinco o seis metros saliendo del bloqueo que resulta ser sumamente eficaz. Todo lo cual está muy bien pero no deja de ser un mero espejismo porque Ricky sigue siendo un base, porque a un base por lo general se le pide que dirija al equipo y porque Ricky en esa función en particular fracasó estrepitosamente. Conducción errática, mucho bote inútil, mucho pase picado buscando al pívot que acababa estrellado contra las piernas del defensor, mucha penetración hasta la cocina buscando la bandeja o el pase abierto que acababa sin bandeja y sin pase y con Ricky saliendo de la cocina exactamente igual que había entrado (pero dejándose unos cuantos segundos de posesión en el empeño…) Hay un mal que suele a veces afectar a los bases europeos en NBA, que cuando vuelven para jugar con su selección parecen mucho peores de lo que parecen cuando les ves jugar allí (al propio Tony Parker le afectó este mismo mal durante unos cuantos años), témome que eso sea también lo que le esté pasando a Ricky. Personas que saben de esto bastante más que yo explicaban el otro día que la clave está en esas defensas ilegales que existen allí y no aquí, lo que posibilita que a la hora de circular Ricky encuentre muchos más espacios allí (recuérdese que también la cancha es más ancha) de los que acostumbra a encontrar aquí, a menudo con toda la defensa rival atiborrando la zona y cortando cualquier línea de pase interior. Sea por lo que fuere, resulta evidente que Ricky cada vez es más base NBA y menos base FIBA, lo cual (en lo que a nuestra selección respecta) resulta sumamente preocupante. Esperemos que (como a Parker) se le cure también con el tiempo.

10. Víctor Claver. Sin lugar a dudas, el jugador que más ha mejorado sus anteriores prestaciones con la selección… lo cual no es decir mucho, dado que sus anteriores prestaciones con la selección se limitaban a pelarse el culo en el banquillo y ejercer de espectador privilegiado de los encuentros, sin pisar jamás el parquet para otra cosa que no fuera la rueda de calentamiento. Claver ha sido un poco el Carlos Jiménez de esta selección (salven todas las distancias), el hombre-intangible, rebotes, defensa, trabajo aseado en general e incluso momentos muy puntuales de excelsa brillantez… fuera de los cuales ha vuelto a ser el jugador apocado que siempre conocimos, un tipo con una envidiable condición física y unas no menos envidiables aptitudes técnicas pero a quien le falla estrepitosamente el carácter. Sigue siendo el campeón mundial de encogimiento de brazo, el que rehúsa tiros abiertos para endosarle el marrón al compañero, total para que al final la bola le vuelva en peores condiciones y se acabe sacando de encima un mendrugo sin ningún sentido (y no sólo en la prórroga contra Francia sino en bastantes más ocasiones a lo largo del Torneo). Y sin embargo luego a veces le ves hacer una maravilla puntual que te hace exclamar ¡¡¡joder, pero si sabes hacer esto ¿por qué demonios no lo haces más a menudo?!!!, mero espejismo para volver de nuevo a las andadas pocos segundos después. No me interpreten mal, no fue ni de lejos lo peor de esta selección pero aún sigue siendo el jugador pasmado, pensé que el pasar un año fuera de casa le habría venido bien (como a tantos otros) en términos de espabile pero está claro que me equivoqué. Debería entender que esto es la jungla (y más en USA), que o comes o te comen, debería entenderlo de una puñetera vez pero me da la sensación de que ya empieza a ser demasiado tarde para eso.

11. Fernando San Emeterio. No hizo un buen año con Baskonia (no al nivel que nos tenía acostumbrados, al menos) y ello sirvió para que muchos cuestionaran su presencia en la selección, para que le pusieran como el típico ejemplo de jugador que va porque le toca ir (por su pertenencia al club, como si dijéramos) pero no porque realmente lo merezca. Y sin embargo una vez allí yo definiría su actuación con una sola palabra, infrautilizado. Un equipo que alineaba sistemáticamente un uno en el puesto de dos, un dos en el de tres y un tres en el de cuatro no fue capaz de aprovechar convenientemente a un (llamémoslo así) dos y medio como SanEme, alguien que te puede defender a los treses rivales mejor que (por ejemplo) Rudy o Llull y que en ataque (aún no estando en su mejor versión) tiene la agresividad suficiente para atacar el aro y el aplomo suficiente para (sin ser un tirador) jugársela cuando la ocasión lo requiere. Insisto, yo mismo que siempre fui muy de SanEme no sé si le habría llevado en esta ocasión… pero ir pa ná es tontería como dijo aquél, si finalmente le llevas le tienes que sacar partido. Quizás precisamente en detrimento de Llull…

12. Sergio Llull. Llull es el jugador arrebatado por antonomasia, la versión baloncestística de aquel ¡¡¡a mí el pelotón Sabino que los arrollo!!! que cuentan que popularizó la selección de fútbol hace casi un siglo. Llull salta a la cancha como si le fuera la vida en ello, a menudo no parece que esté jugando un partido sino que estuviera emprendiendo una cruzada, algo que muchas veces puede ser muy bueno (y que en tantas ocasiones le sirvió para salvar a su club, cuando corrían tiempos peores) pero que también en determinadas ocasiones puede resultar muy perjudicial. Llull a veces parece que estuviera peleado con el mundo (contra el mundo, más bien), puede hacerte una semifinal horrorosa ante Francia y luego ponerse a ensartar triples uno tras otro en el partido por el bronce ante Croacia, y en medio de todo ello ponerse a celebrarlo no como si hubiera conseguido una canasta sino como si estuviera exorcizando todos sus demonios interiores. De hecho ya no sé si parece que estuviera peleado con el mundo o consigo mismo, o si en su cabeza el mundo y él vienen a ser la misma cosa. Llull juega en el Madrid de base y aquí de escolta, y lo que con otros me parece francamente mal con él me parece francamente bien porque a mi Llull no me gusta de base, me gusta (en la medida en que me gusta) de escolta. Llull es el jugador arrebatado por antonomasia pero entre el arrebato y el atropello a veces sólo hay un paso, puestos a atropellarse prefiero que no lo haga de uno (que arrastrará a todo el equipo) sino de dos (que con un poco de suerte sólo se arrastrará a sí mismo). Y así anduvimos en este Eurobasket, de atropello en atropello hasta el arrebato final. Baloncesto visceral, es decir, no jugado tanto con la cabeza sino con las vísceras, desde las mismísimas entrañas. Baloncesto crepuscular, un poco al estilo de aquellos legendarios spaghetti westerns de Sergio Leone. Así es Llull, o lo tomas o lo dejas. Rechace imitaciones.

13. Marc Gasol. Siendo como era nuestro hombre-franquicia, estaba más que claro que los rivales habrían de intentar pararle por lo civil o por lo criminal. Vaya si lo hicieron, garrotazo y tentetieso, a cinco faltas por pívot tenemos unas cuantas para gastar así que apliquémonos a ello, si anulamos a éste habremos anulado también a casi todos los demás Tal cual. Marc aguantó el tipo, se fajó, encajó, sacudió también alguna vez de vez en cuando, resistió el embate a duras penas y acabó haciendo un gran campeonato (no excelso pero sí muy bueno) y entrando por méritos propios en el quinteto ideal del Torneo. ¿Qué le faltó para que todo fuera perfecto? Le faltó ayuda, le faltó que alguien llegara a donde no podía llegar, que si salía a defender el bloqueo de su par alguien le cubriera consistentemente las espaldas. Le faltó (vuelta la burra al trigo) descanso, a este ritmo de partidos (11 en 19 días, recuerden) y a este nivel de intensidad los excesos se pagan, vaya si se pagan, repasen los últimos minutos ante Grecia, Italia o Francia si les queda alguna duda. E incluso le faltó (ya puestos) algo de entendimiento con sus compañeros, acabar de saber dónde se la podía poner Sergio o (sobre todo) que los demás supieran dónde se la podía poner él. Detalles menores, en cualquier caso. Seamos realistas, con Marc fuimos bronce, perdimos cuatro partidos de muy mala manera pero fuimos bronce. Sin Marc, estoy convencido, no habríamos llegado siquiera a cuartos de final. Su mejor jugada, no les quepa la menor duda, la hizo el día aquel de julio en que anunció que finalmente estaría en Eslovenia con la selección. Todo lo demás vino ya por añadidura.

14. Germán Gabriel. A Germán le tocó el premio gordo del sorteo, un viaje de tres semanas a Eslovenia con todos los gastos pagados visitando Celje, Ljubljana y alrededores, con entrada garantizada para presenciar en primera fila todos los encuentros de la selección y con la posibilidad además de convivir en el día a día con todos y cada uno de sus jugadores. Cuántos lo quisiéramos. Claro que, puestos a querer, algunos de los que llevábamos años queriendo que Germán Gabriel fuera a la selección habríamos querido también que tuviera minutos significativos en ella, y cuando digo minutos significativos obviamente no me refiero a entrar en el minuto 38 cuando vas ganando de 30, me refiero a un poquito antes, al rato ese en el que todavía te estás jugando las habichuelas. Algunos (desde nuestra supina ignorancia, por supuesto) seguimos pensando que esa versatilidad de cuatro y medio de Germán podría haber causado estragos en más de un rival, ahora te destrozo la cintura con un juego de pies sin apenas comparación, ahora que te lo has creído te la clavo desde fuera, ahora… Ahora leches. Germán que es muy buen tío seguro que se lo habrá pasado bien y habrá disfrutado la experiencia, que habrá hecho equipo, se habrá echado unas risas y a la vez provocado que otros también se las echen, y hasta puede que (ya puestos) todo esto le haya servido también para hacer prácticas de cara a su futura carrera como entrenador. Todo eso está muy bien, qué duda cabe, pero seguro que usted y yo esperábamos otra cosa. Y él muy probablemente también, aunque ahora intente disimularlo.

15. Alex Mumbrú. Reconozco que no sé si fue antes el huevo o la gallina: no sé si la FEB le tiró los tejos para que volviera y él aceptó, o si más bien fue él quien se dejó querer diciendo que estaría dispuesto a volver hasta que la FEB aceptó. Sea como fuere, incluso a mí que nunca fui muy de Mumbrú me pareció bien su vuelta, al fin y al cabo venía a rellenar esa posición de tres en la que tenemos un agujero endémico, bienvenido fuera, seguro que al final acabaría pasándome como tantas otras veces en años anteriores, que primero eché pestes por su convocatoria y luego al final tuve que acabar reconociendo que su presencia le hacía mucho bien a la selección… Bueno, pues no. Esta vez no. Tampoco necesariamente por culpa suya, alguno se debe creer que por el hecho de que de vez en cuando postee a su defensor para hacer valer su superioridad física eso ya le convierte en un cuatro, ojalá fuera todo tan fácil pero la realidad es que Mumbrú tiene de cuatro lo que yo de monje cisterciense poco más o menos (ligera exageración). Y sin embargo casi no ha jugado de otra cosa, casi no ha tenido otro papel que dar relevos a Claver (que tampoco es necesariamente un cuatro) en esa misma posición, tanto más cuanto más ajustado estuviera el marcador y cuantos menos minutos quedaran, total para estamparse una y otra vez contra la cruda realidad de la vida (o contra la defensa rival, que viene a ser lo mismo). Aquella sucesión de balones perdidos en el último cuarto ante Francia fue la metáfora perfecta para demostrarnos que ni él estaba ya para estos trotes ni estos trotes estaban ya para él. Se le agradecen una vez más los servicios prestados, señor Mumbrú, pero creo yo que hasta aquí hemos llegado, esta vez de verdad. Fue un placer.

a propósito de Orenga   4 comments

Se lo advertiré de antemano: no es mi estilo linchar entrenadores, no lo ha sido nunca, no lo va a ser tampoco en esta ocasión. Si usted ha empezado a leer esto con la idea de encontrarse un linchamiento de Orenga lamento decepcionarle, éste no es su sitio, seguro que en cualquier otro blog encontrará algún texto que se adecue mucho mejor a sus deseos. Intentaré hacer un repaso mesurado, seguro que no me saldrá nada complaciente pero de ahí al linchamiento debería haber un trecho (o espero que lo haya). Avisados quedan.

Empecemos por lo bueno (o por lo que yo considero bueno) de Orenga, que haberlo haylo aunque no siempre lo parezca. Creo sinceramente que Orenga reúne dos requisitos básicos, los conocimientos y la capacidad adecuada para transmitirlos. Así se lo leí a Alfred Julbe (que le conoce bien porque le entrenó en Cáceres), que en lo tocante a cultura táctica nadie tuviera duda alguna al respecto. Y así se lo he leído también a muchos otros en estos días. No dudo de sus saberes, y aún menos de su capacidad para enseñarlos. Hace algún tiempo Orenga estuvo una temporada entera comentando partidos de NBA en Canal Plus, y durante todas esas madrugadas pudimos comprobar dos cosas manifiestamente evidentes: 1) que no tenía ni puñetera idea de NBA, y 2) que eso apenas importaba (o al menos a mí apenas me importaba, a otros no sé) porque lo suplía con amplios apuntes técnicos. Astutamente le pusieron casi cada noche al lado de iñaki Cano Jr., peculiar narrador que sabe aún menos de NBA (y no digamos ya de baloncesto) y cuya principal preocupación durante los partidos suele ser fijarse en las caras de los espectadores de las primeras filas para ver si reconoce a alguno. Era tal su ignorancia (y sigue siéndola) que Orenga adoptó con él una actitud profesoral, casi paternal, explicándole a menudo por qué determinado jugador se iba por este lado y no por aquel otro, por qué determinados bloqueos estaban bien o mal hechos, por qué determinadas posiciones defensivas tenían más o menos sentido. Acostumbrados como estábamos a algún iluminado que a la hora de comentar partidos rara vez hablaba de otra cosa que no fueran marcas de zapatillas, créanme que resultaba un soplo de aire fresco que de repente alguien te hablara de baloncesto. Aunque casi ni conociera siquiera a esos mismos jugadores de los que estaba hablando.

Esa misma aptitud pedagógica pudimos comprobarla también en el Eurobasket Sub20 de Bilbao 2011. La abundancia de partidos televisados y la proliferación de tiempos muertos con micrófono incorporado nos permitió descubrir a un Orenga pausado, mesurado incluso en las broncas, terriblemente didáctico. Más que un entrenador dirigiendo a jugadores parecía un profesor dirigiéndose a sus alumnos. Pensé entonces (y aún sigo pensándolo ahora) que esa habilidad a la hora de transmitir conocimientos le convertía en un técnico ideal para el baloncesto de formación… lo cual no significaba que hubiera de serlo también para el baloncesto profesional de alto nivel. No diré que esto sea como en USA (que NCAA y NBA son dos mundos completamente diferentes, razón por la cual resulta siempre tan difícil que un entrenador que ha triunfado en el primero triunfe también en el segundo), pero algo de eso hay también aquí. No necesitas las mismas cosas para enseñar a chavales que para entrenar a adultos, no te comunicas de la misma manera con unos que con otros, ni siquiera regañas igual a unos o a otros. Si tienes ya una dilatada experiencia en el campo profesional probablemente puedas adaptarte a trabajar con chavales (como tantos otros que acostumbran a dar ese mismo paso cada verano), si sólo has trabajado con chavales estará por ver que puedas adaptarte a trabajar en el baloncesto de alto nivel. Podrás, no digo yo que no, pero necesitarás un tiempo de adaptación. Si vienes de cuidar gatos y te echan a los leones, no va a ser fácil que te hagas ya con ellos el primer día…

Orenga evidentemente había tenido ya una experiencia en el baloncesto adulto. Pero como si no. Orenga entrenó durante apenas tres o cuatro meses al Estudiantes, allá por la campaña 2005/2006, pero no hará falta que yo les recuerde que aquello acabó como el rosario de la aurora. Y ya está, hasta ahí su experiencia como técnico-jefe en el baloncesto de alto nivel (todo lo de alto nivel que pueda considerarse al Estu), desde entonces ya no tuvo otro contacto que no fuera su labor como asistente de Scariolo. Que dicho sea de paso y ya que estamos en confianza, me van a permitir una maldad: siempre tuve la sensación durante todos estos años de que Scariolo pasaba de él. Es decir, yo no conozco el día a día de la selección, es posible que fuera de la cancha fueran uña y carne y que hasta compartieran habitación, no digo yo que no. Yo sólo veía lo que sucedía en la cancha, que Scariolo apenas hablaba con él (ni él con Scariolo), que veías al técnico italiano consultar con casi todos sus asistentes excepto con el ex pívot castellonense, que hasta llegué a tener la sensación de que le ninguneaba (o era el propio Orenga quien se ninguneaba a sí mismo, no sé). Ahí tenías a Orenga a un costado del banquillo como un pasmarote, como si le hubiera puesto allí el ayuntamiento (la Federación, más bien), con la mirada perdida mientras todo lo relativo al baloncesto iba sucediéndose a su alrededor. Eso me pareció durante estos años pero vamos, tampoco me hagan mucho caso, serán manías mías…

Scariolo

Viajemos ya al presente. A toda la pedagogía de Orenga estrellándose contra la cruda realidad de la vida. Lo diré una vez más, no es de recibo ir ganando partidos con esa claridad, 8, 10, 14, 15 puntos de margen, y que te los remonten sistemáticamente; te puede pasar alguna vez, pero no todas. No es de recibo que todos, absolutamente todos los finales igualados que tengas los pierdas; te puede pasar alguna vez, pero no todas. Nuestra selección en este Eurobasket sólo supo ganar por aplastamiento, abrumando a rivales incautos para impedirles cualquier atisbo de remontada. Pero cuando dio con rivales de su talla la cosa cambió, de entrada intentó aplicar la misma táctica pero cuando el contrario decidió que ya estaba bien y se puso también a jugar se nos vino el mundo encima, como si no tuviéramos reparo en abusar de los pequeños pero nos diera miedo enfrentarnos con los de nuestro tamaño, como si no estuviéramos preparados para jugar de igual a igual. Ahí nació nuestra táctica del cangrejo (como la del conejo, solo que al revés) aunque también podría haberle llamado la táctica de la tortuga, ya puestos: encerrados en nuestro caparazón mientras por fuera nos arreaban los golpes. Encerrados en pases erráticos que no iban a ningún sitio (¿verdad, Ricky?), en posesiones agotadas sin saber cómo, en tiros desesperados sin ventaja ni posición, en jugadores que se escondían y brazos que se encogían sin saber muy bien por qué. Encerrados en el dos para Calderón, el tres para Rudy y el cuatro para Mumbrú, ¡¡¡para Mumbrú!!!, encerrados en un Marc reventado de antemano, asfixiados en nuestra propia demolición física; sumidos en un ataque de pánico que viajaba de la cancha hacia el banquillo (o viceversa) y se traslucía de inmediato a aficionados, espectadores y lo que es peor, a todos esos rivales que se habían visto muertos y que ahora de repente descubrían que los muertos éramos nosotros, que ahí nos tenían además ofreciéndoles el cuello a su entera disposición para que acabaran de asestarnos la dentellada en la yugular…

En defensa no tengo queja, o no demasiada. De más a menos como todo lo que hemos hecho en todos los partidos del Torneo, pero manteniendo más o menos la dignidad. En ataque sí, en ataque tengo todas las del mundo. Nuestro ataque era un caos, un descalzaperros, una casa de tocamerroque como diría el eximio narrador plusero Guillermo Giménez. Caos controlado en los partidos buenos y en el principio de los malos, caos absoluto en casi todo lo demás. Parecía como si en defensa hubiera orden y concierto pero en ataque se practicara el juego libre, pura improvisación. Que está muy bien, que si el rival te deja tú improvisas, mueves rápido el balón, buscas al hombre abierto y queda precioso, pero que si el rival decide que también quiere ganar (hay que ver cómo son) pues entonces a lo mejor necesitas algo más, algún sistema que no lo confíe todo al libre albedrío. Nosotros no parecíamos tener más sistema que el bloqueo del pívot al base en lo alto de la bombilla para luego generar juego a partir de ahí; que vale, que es lo que hace básicamente todo dios, pero que de tanto hacerlo llega un momento que el rival se lo sabe y a lo mejor entonces necesitas algo más, tener otras opciones, plantear otras cosas… No sé, probablemente tuviéramos también un completísimo libro de jugadas, no digo yo que no, pero si así fuera nos esforzamos concienzudamente en disimularlo. Que no parezca que tenemos nada pensado, no vaya a ser que el rival se lo aprenda.

Claro que no todo es culpa de Orenga, evidentemente. Orenga no tiene la culpa de su inexperiencia, Orenga sobre todo no tiene la culpa de que alguien aún conociendo esa misma inexperiencia decidiera que era la persona ideal para este cargo. A Orenga le ofrecieron el puesto y lo aceptó, cómo no habría de aceptarlo, a ver qué habríamos hecho usted o yo si nos hubieran ofrecido un puesto así (que si quieren perfil bajo créanme que el mío es ínfimo, ahí lo dejo caer por si les pudiera interesar); no te preocupes, si ya sabes lo buenos que son, si se entrenan solos, si con que estés allí y pongas el careto es más que suficiente. Esa es la teoría, puede que sea también la práctica pero sucede que a veces no basta con eso, sucede que en determinadas ocasiones tienes que tomar determinadas decisiones. Ese es el problema, la toma de decisiones. Orenga no ha entrenado jamás a este nivel de presión, Orenga por ejemplo no ha dirigido jamás ni un solo partido de playoffs en toda su vida, Orenga a lo más que llegó fue a dirigir tres meses a un equipo de patio de colegio y algún verano a una panda de chavales a quienes apenas seguimos cuatro gatos, y ahora de repente vas y le pones a dirigir con el agua al cuello y todo un país detrás, que hasta parece que se acabara el mundo con cada derrota. Si Orenga se hubiese curtido durante unos pocos años en ACB ó incluso LEB no me habría chirriado verle ahí. pero poner al frente de todo un equipo nacional a alguien que casi no ha entrenado a ningún equipo en particular no tiene ningún sentido… salvo que se pretenda que tenga precisamente ese sentido. No sé si me explico.

De todos modos, es curiosa la vida. Si antes de empezar el campeonato nos hubieran dicho que de nuevo íbamos a estar ahí arriba peleando por los metales, probablemente más de uno (y yo el primero, que estaba convencido de que esta vez no pasábamos de cuartos) habría preguntado que dónde hay que firmar. Y sin embargo ahora aquí estamos, tirándonos los unos a los otros los trastos a la cabeza. ¿Por qué? Pues porque una vez allí comprobamos que el que más y el que menos tenía bajas, que el nivel era bajísimo, que en ese país de ciegos el tuerto iba a ser el rey, qué mejor tuerto que nosotros ya puestos. Y sobre todo porque si hubiéramos perdido esos partidos de poder a poder, incluso si los hubiéramos perdido de paliza no nos habría quedado tan mal sabor de boca, habríamos asumido nuestra inferioridad y punto. El mal sabor de boca no fue por perder sino porque nos hicieron creer que podíamos ganar, porque los dimos casi por ganados de antemano. Si nadie te ofrece un caramelo no pasa nada, en cambio si te lo ponen en la punta de los labios, te dejan darle un chupetón y luego te lo quitan pues te jode, a ver cómo no te va a joder. Si nadie te dice que eres superior no pasa nada, en cambio si te demuestran esa superioridad, te ponen la victoria al alcance de la mano y luego te la quitan pues te jode, a ver cómo no te va a joder. Lo malo no es perder sino la cara que se te queda, decía (si no recuerdo mal) Lolo Sainz. Yo aún diría más, lo malo no es perder sino perder cuando crees que ya has ganado. Entonces sí que es digna de verse la cara que se te queda.

Leo por ahí que la FEB (o sea Sáez) tiene ya la decisión tomada, que Orenga ha sido ratificado (terrible palabro futbolero) en su cargo y continuará de seleccionador hasta el Mundial 2014. Lo dije al principio, me cae bien Orenga, pero el mundo está lleno de personas que me caen incluso mejor que Orenga (ustedes mismos, sin ir más lejos) y no por ello pienso que sean las más indicadas para ejercer el cargo de seleccionador. Qué duda cabe, el bronce le habrá facilitado las cosas, pero preferiría que no nos quedáramos en el envoltorio y miráramos también un poco el contenido: cómo se consiguió ese bronce, qué pasos (adelante y atrás) hubimos de dar hasta llegar ahí, qué circunstancias se dieron por el camino. Dicen quienes saben de esto más que yo que lo que se pretende es un entrenador de perfil bajo que favorezca la autogestión de los jugadores, y que evidentemente Orenga encaja en ese patrón a las mil maravillas. Será así, no digo yo que no, pero usted y yo y ellos y todos sabemos que en determinadas circunstancias, cuando el calor aprieta, cuando has de decidir si hacer falta o defenderla, cuando te la tienes que jugar en apenas un segundo no te basta un (presunto) hombre de paja, necesitas un verdadero entrenador detrás. Orenga podrá reunir infinidad de cualidades profesionales pero ello no significa que éstas sean precisamente las más adecuadas para ese puesto, seguro que en el organigrama de la FEB habrá vacantes que se adecuen infinitamente mejor a sus características, Señor Sáez, queda casi un año para el Mundial, tiempo más que suficiente para pensárselo, yo particularmente (y seguro que no seré el único) le agradecería que se lo pensara. Tómeselo en serio, por favor… que como broma ya hemos tenido bastante por esta vez.

¿y ahora qué?   Leave a comment

¿Y ahora qué hacemos?:

Opción A) Cambiar de una vez por todas esa absurda normativa, acabar por fin con la incompatibilidad selección-ACB y nombrar a uno de tantos magníficos entrenadores como pululan por nuestra geografía, pongamos Alonso, Plaza, Martínez, Fernández, Abós, Casas, Maldonado o Vidorreta por citar sólo los primeros apellidos que se me vienen a la cabeza.

Opción B) Nombrar a un técnico extranjero que no esté entrenando ahora mismo en nuestro baloncesto pero que lo conozca suficientemente bien; así de primeras se me ocurre el nombre de Fotis y luego también el de Dusko, si bien en este último caso no sé por qué me da la sensación de que no iba a mezclar bien con alguno de nuestros más reputados jugadores…

Opción C) Nombrar a un entrenador español que esté entrenando ahora mismo en el extranjero y que a ser posible tenga nombre de árbol al que no se le puedan pedir peras (o similar): Olmos o Valdeolmillos, tanto monta monta tanto. Ambos han triunfado en Puerto Rico y México, ambos vendrán al Mundial con sus respectivas selecciones, no será fácil sacarlos de allí.

Opción D) Nombrar a un entrenador español que no esté ahora mismo en activo. ¿Pero quién? Monsalve no creo que tenga ya cuerpo para meterse en un fregao de semejante envergadura, Julbe lleva ya un tiempo sin ejercer, la mera mención del nombre de Pepu provoca retortijones en los intestinos del señor Sáez, Hussein ya ni sé por dónde andará, Pesquera ni pensarlo, Casimiro… Casimiro podría ser una muy buena opción (o a mí me gustaría, al menos), ahí se la dejo para lo que gusten mandar.

Opción E) Continuismo parcial, es decir, dejar la selección en manos de Jaume Ponsarnau. ¿Por qué no? Ha entrenado durante varias temporadas, conoce este negocio, ya este mismo año habría sido mucho más lógico tenerle a él de principal y a Orenga de asistente que no al revés…

Opcion F) Continuismo interruptus o lo que viene siendo lo mismo, nombrar de nuevo a Scariolo, para lo cual obviamente tendría que dejar su cargo en el Baskonia… en el dudoso supuesto de que el verano que viene siga siendo aún entrenador del Baskonia, que estará por ver. Yo no lo haría, que dicen que segundas partes nunca fueron buenas. No tentemos a la suerte.

Opción G) Continuismo total, es decir, seguir con Orenga. Ahora mismo casi nos tiemblan las piernas ante esta posibilidad, pero conociendo como conozco a mis clásicos, créanme que no me extrañaría…

Y por último, Opción H) Tanto como se nos llena la boca hablando de autogestión, de técnicos de perfil bajo para dejarles hacer lo que quieran, de que se entrenan solos… No, obviamente no lo estoy proponiendo en serio ni creo que a nadie en su sano juicio se le ocurriera proponerlo, pero reconózcanme que estaría curioso, mirad chicos, ahí os quedáis, apañároslas vosotros mismos. Quizás así entenderíamos que a veces utilizamos algunas palabras demasiado a la ligera, que las cosas no siempre son tan fáciles por dentro como a menudo nos parecen desde fuera…

neurobasket   2 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 13 de septiembre de 2013)

Señoras y señores de la FIBA, permítanme que hoy traiga ante ustedes una propuesta innovadora que les hará palidecer de gusto y estremecerse de felicidad, eso como poco: de cara al próximo Eurobasket de Ucrania 2015, amplíen a 48 el número de equipos participantes. Pongo 48 por poner una cifra, la idea es que participen en el evento todos los países de Europa, no sé cuántos son porque no me apetece contarlos pero pongamos que fueran 48 para facilitar los cálculos. Imaginen, una primera fase de ocho grupos (A, B, C, D, E, F, G y H) con seis equipos cada uno, los tres primeros de cada grupo pasarían a una segunda fase de cuatro grupos (I, J, K y L) también con seis equipos cada uno, a su vez los tres primeros clasificados de cada grupo pasarían a una tercera fase ya con sólo dos grupos (M y N, a poco que nos descuidemos llegará el día en que no tengamos letras suficientes) también con seis equipos cada uno, por supuesto que los cuatro primeros de cada grupo se cruzarían en cuartos de final para luego ya acabar con semifinales y final como viene siendo habitual. Sigan imaginando: 25 días de competición, catorce o quince sedes, casi doscientos partidos en disputa entre los que podrían darse derbis tan atractivos e insospechados como Francia-Luxemburgo, Grecia-Chipre, Italia-San Marino o incluso España-Andorra, baloncesto de altísimo nivel, duelos en la cumbre que harían las delicias de chicos y grandes, enfrentamientos a cara de perro, tanteos disparados, días habría en que se superaran incluso los 40 puntos de promedio, no les digo más. Y cada equipo podría llegar a jugar hasta catorce partidos, casi el equivalente a una primera vuelta de cualquier liga pero condensado aquí en apenas tres semanas y media, rechace imitaciones, luego ya devolveríamos a los jugadores hechos unos zorros a sus respectivos clubes pero total eso qué más da, a quién le habría de importar esa nimiedad si la comparamos con el inmenso honor de defender hasta la extenuación la enseña nacional de su país de origen (o de adopción, en según qué casos). Eso sí, por supuesto, tengan ustedes la precaución de no anunciarlo todavía, monten la tradicional fase de clasificación como si fueran 24 y luego ya cuando los equipos se hayan dejado la piel en el pellejo díganles que fue una broma, que no tontos, que os lo habéis creído, que al final vais todos, ya verán qué risa…

¿Cómo dicen? ¿Que eso sería absurdo, que les parece una auténtica barbaridad? Pues claro. Como barbaridad fue anunciar poco antes del Eurobasket de 2011 que toda aquella interminable fase de clasificación no había servido para casi nada, que donde antes iban a ser 16 equipos ahora de repente serían 24. Como barbaridad ha sido mantener esa misma escalofriante cifra de 24 equipos (si a mí 16 ya me parecían demasiados…) para este Eurobasket de 2013. Como barbaridad es esta estructura sobredimensionada, como barbaridad es que un campeonato continental tenga los mismos equipos que un Mundial (pero bastantes más partidos) y el doble que unos Juegos Olímpicos: 19 interminables días de competición, 90 partidos en total, los ocho mejores equipos jugando 11 partidos cada uno, ¡¡¡11 en 19 días!!! (ó en 18, en algún caso), luego nos echaremos las manos a la cabeza con el salvaje calendario NBA pero en cuestiones de salvajismo a nosotros no nos gana nadie, hasta ahí podíamos llegar. Pongan si así lo quieren el grito en el cielo porque las estrellas se escaquean pero créanme que a la vista de este calendario lo raro no es que vayan tan pocos, lo verdaderamente raro es que vayan tantos, de hecho más de uno andará diciendo que si esto no cambia a mí que me esperen sentado, anda que otra vez me van a meter a mí en semejante embolao. Barbaridad son esos escalofriantes partidos ya en segunda fase, Letonia-Ucrania, Croacia-Finlandia, Lituania-Bélgica, todos esos equipos débiles que echaron el resto en primera ronda y que ahora ya cumplido su objetivo se han quedado vacíos, sin fuerzas (ni físicas ni psíquicas) para pelear por nada más; barbaridad es que los aficionados huyan despavoridos (así de los pabellones como de los televisores) porque esto ya no hay quien lo trague, porque ya no encuentran aquí ni el diez por ciento de la calidad que antes acostumbraban a encontrar; barbaridad es que todos esos clubes que prestan a sus jugadores sin apenas contraprestación tengan casi que acabar como Mafalda cuando su padre volvía de la oficina, mandamos a nuestra estrella a jugar el Eurobasket y nos devuelven esto

mafaldapadreoficina

Pero no se me vayan a preocupar por estas pequeñeces, faltaría más, sigan ustedes en sus trece, o en sus 24 ó en sus 48 o en los que sean menester. Sigan ustedes confundiendo cantidad con calidad, sigan cebando a la gallina de los huevos de oro hasta que reviente, sigan reinterpretando los refranes a su antojo, miren que ya solía decir mi abuela que lo bueno si breve dos veces bueno y que lo poco agrada y lo mucho enfada, desgraciadamente ustedes no conocieron a mi abuela y claro, así les va. Es más, dado que ya participa Israel y dado que en las primeras ediciones participó hasta Egipto, yo les recomendaría que no dejen pasar la magnífica oportunidad que se les presenta para engrandecer aún más y más y más si cabe (hasta que explote) este acontecimiento, extendiéndolo ya puestos hasta Oriente Próximo, Norte de África y demás países de ultramar. Claro que quizá para entonces no tenga ya mucho sentido seguir llamándolo Eurobasket (que de euro ya tendrá poco) por lo que yo les sugeriría también un sutil cambio de nombre, añadirle simplemente una N al comienzo para así ilustrar nuestro estado de nervios, ese desquiciamiento colectivo en el que andamos sumidos todos los aficionados sólo con ver lo que están haciendo con esta (en otro tiempo apasionante) competición. De nada.

Publicado septiembre 18, 2013 por zaid en selecciones

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la táctica del cangrejo   7 comments

No entiendo qué nos pasa. No entiendo que tengamos ganada a Eslovenia y perdamos, que tengamos ganada a Grecia y perdamos, que tengamos ganada a Italia y perdamos. Somos el mejor equipo del mundo en el minuto 35, lástima que los partidos duren 40 (ó 45, a veces). No lo entiendo o no lo quiero entender, porque si me paro a intentar entenderlo mi escaso entendimiento me dice que estamos hechos una mierda, que nuestro estado físico (¿y psíquico?) no nos da para tanto, que acabamos sistemáticamente con la lengua fuera, que mientras remamos a favor de corriente vamos como la seda pero como se nos ponga el viento en contra no damos ya ni una palada en condiciones. No lo quiero entender porque si intento entenderlo me acabaré yendo a lo de siempre, a una pésima pretemporada, a la Ruta Ñ de los cojoñes, a una preparación física de la que no me atrevo a opinar porque no la conozco pero que a la vista de los resultados parece dejar mucho que desear. Ves al resto de equipos y acaban como deben, ves al nuestro y acaba echando espuma por la boca, bajando los brazos, pidiendo la hora. De verdad se lo digo, prefiero no entenderlo. Porque como lo entienda va a ser peor.

No entiendo que si te sacan de fondo en tu propia canasta, a dos segundos del final, pongas a Marc Gasol a defender sobre el que saca. Te puede salir bien, qué duda cabe, Marc ocupa mucho espacio y tapa casi toda la visión… pero si pasa el balón estás muerto. Si pasa el balón, llega al compañero y el compañero se va de su par, o tienes algo sólido ahí detrás o te van a clavar la bandeja. Nosotros no tenemos nada sólido en la posición de cuatro y aunque lo tuviéramos tampoco jugaría, jugaría Claver, incluso Mumbrú. Sólo Marc es sólido, y a Marc ya no le da tiempo a volver. Estás muerto.

No entiendo el small ball, tanto menos lo entiendo en un entrenador que fue pívot, toda la vida pensando que a los técnicos que habían sido pívots les encantaba jugar con pívots y hemos tenido que conocer a Orenga para conocer a la excepción que confirma la regla. Sí entiendo que tenemos al mejor center del Torneo (y tal vez del mundo entero) y a tres de los mejores bases del Torneo, y que cojeamos en todo lo demás. Pero que eso nos lleve a jugar sistemáticamente con un uno en la posición de dos, un dos en la posición de tres y un tres en la posición de cuatro me parece sumamente discutible. Cosas así te pueden funcionar de manera puntual pero es difícil que funcionen de manera sistemática. Pueden ser una saludable excepción, pero de ninguna manera deberían ser la regla. Yo lo veo así, evidentemente no soy técnico sino un mero aficionado así que pueden echármelo en cara cuantas veces gusten (y harán muy bien, además). De hecho doctores tiene la santa madre iglesia que opinan lo contrario, en estos casos siempre recuerdo aquella vez que George Karl juntó sobre la cancha de los Bucks a Sam Casell, Ray Allen, Glenn Robinson y Tim Thomas en un partido de playoffs; se lo criticaron y él se defendió citando a su maestro Dean Smith, no te empeñes en poner a un jugador por posición, empéñate en poner buenos jugadores, algo que me puede parecer perfectamente válido para un baloncesto universitario en el que las posiciones no suelen estar tan marcadas ni los físicos tan trabajados. ¿En el baloncesto profesional? Ojalá lo fuera, juntaríamos a la vez a todos los jugones y muy probablemente nos divertiríamos más. Pero la realidad por desgracia va por otro lado, la realidad te demuestra que un equipo así es un equipo descompensado. Si lo haces una vez puedes pillar al rival por sorpresa, si lo haces siempre eres previsible, se te ve venir de lejos. A nosotros se nos ven las carencias de lejos, de muy lejos. Y así nos va.

No entiendo (yendo más a lo particular) el desperdicio de poner a Calderón de dos. Ricky (o Sergio), Calde y Rudy juntos, y a Calde que se le pide que haga de Navarro (como si eso estuviera al alcance de cualquiera), y Calde que a veces está abierto y mete sus tiros, lo cual está muy bien, pero que otras veces se le ve más perdido que el alambre del pan de molde porque no sabe qué hacer ni para dónde ir, porque no es su sitio, porque su verdadera querencia le lleva a pedir el balón y subirlo, porque está acostumbrado a defender bases pero las pasa putas ante escoltas (tanto más cuanto más agresivos y penetradores sean), porque tal vez sea ya demasiado tarde para aprender a interpretar otro papel. A costa de querer aprovechar a nuestros tres bases estamos desaprovechando a uno de ellos, casualmente el más consistente, experimentado y cerebral que tenemos. Y ya sé bien que muchos no estarán de acuerdo, sé bien que el Frente Anti-Calderón se va haciendo más y más grande cada día que pasa, que ya no están de moda los bases como él, sé bien que en Dallas pusieron el grito en el cielo con su fichaje y que incluso las encuestas dijeron que habrían preferido a Brandon Jennings (que se lo pregunten a Nowitzki, a ver qué opina), sé bien que en estos tiempos se lleva más el ruido pero pensé que Orenga sería más de nueces, que valoraría más la consistencia que la espuma. Ya no estoy tan seguro.

Como tampoco entiendo (soy duro de entendederas, obviamente) que a la caída en desgracia de Germán Gabriel le suceda ahora la caída en desgracia de Pablo Aguilar. Si no entendía ya qué nefando crimen había cometido el primero aún menos entiendo ahora de qué demonios se acusa al segundo. Como no tenemos cuatros, nuestra única solución pasa por dejar en el banquillo a los dos únicos cuatros que tenemos. ¿Qué nos queda? Pues nos queda Claver que no es un cuatro (aunque hace las veces, de hecho lleva haciéndolas toda la vida) y nos queda Mumbrú que es aún menos cuatro que Claver. ¿Que muchos equipos te juegan con cuatros abiertos? Pues claro, cuatros abiertos pero cuatros al fin y al cabo, que lo mismo se te abren para clavártela como te atacan el aro o te la lían por dentro en cuanto se les presenta la ocasión. Esto es como aquello que dicen los futboleros de la manta corta, que por tapar una cosa acabas destapando todas las demás; que eres Marc o Xavi, te vas a defender el famoso pick & roll central y por detrás no queda nadie que te cubra las espaldas; o que si luego toca pelear por el rebote probablemente tengan que hacerlo los exteriores, porque quienes deberían hacerlo o les pilla lejos o no están sobre el parquet… El mundo al revés.

En resumidas cuentas, que no entiendo a qué aspiramos jugando así, cagándola así, acabando los partidos así. El miércoles me sentaré a ver el partido contra Serbia y aunque nos pongamos 40 arriba (utopía irrealizable) pensaré que no es bastante, que total qué más da si en los últimos minutos nos lo van a remontar. Contra la táctica del conejo que inmortalizó el añorado Manel Comas nosotros hemos inventado la táctica del cangrejo, que vendría a ser exactamente lo mismo sólo que exactamente al revés. Lo que viene siendo ir de culo, para entendernos. La táctica del conejo es la que a nosotros nos hacen casi todos los demás. Estamos aconejados, sencillamente.

re(in)ventando a Marc   3 comments

Existe una peculiar corriente de opinión en nuestro periodismo deportivo, representada básicamente por aquellos que acaso se acercaran al baloncesto a partir del boom de los ochenta (o antes incluso) pero que luego ya sólo han vuelto a nuestro deporte de año en año, en las hipotéticas finales europeas del Madrid o en los sucesivos torneos internacionales de la selección. Dicha corriente, que podríamos denominar Juanmorismo en honor a su más fiel (pero no único) representante, sostiene que las rotaciones están matando este juego. Ellos conocieron un baloncesto en el que los cambios sólo se hacían por necesidad, porque el jugador se lesionaba o porque se metía en faltas, en ningún caso por cuestiones tácticas ni aún menos para darle descanso, por dios qué ocurrencia, hasta ahí podíamos llegar. Los buenos han de jugar sí o sí, permanecer sobre la cancha así llueva o truene o haga sol, así hasta que revienten o hasta que el parquet se hunda bajo sus pies. Verdad verdadera.

Evidentemente no deben saber que el baloncesto ha cambiado un poquito desde entonces. Que hoy se juegan muchísimos más partidos (y muchísimo más duros) que entonces, que aquel juego de finos estilistas devino (degeneró dirían algunos, tal vez con razón) en este otro juego de fajadores en el que el físico demasiadas veces acaba siendo más importante que el talento. Si quieres que el jugador te llegue fresco al momento culminante del partido tendrás que haberle dejado descansar antes, no digamos ya si además quieres que te llegue fresco al momento culminante de cada competición. Lo saben desde Popovich a Aíto, desde George Karl (que fue casi quien las trajo) a Joan Plaza, desde Krzyzewski a Obradovic, lo sabe (y lo practica) a día de hoy prácticamente todo dios. Pero ellos (nuestros juanmoristas) erre que erre, te sacan números de la NBA (en bruto, sin aplicar porcentajes, sin recordar que allí son 48 minutos y aquí 40), si Fulano juega allí tanto a ver por qué aquí no puede jugar cuánto, sin reparar en que la intensidad de la temporada regular NBA (obviamente los playoffs son otra historia) no puede compararse a la de (por ejemplo) este Eurobasket, allí puedes jugar partidos un día sí y otro también pero pasas tres cuartos y medio al trantrán y luego si eso ya te pones, aquí puedes jugar partidos un día sí y otro también y tener que aplicarte desde el primer minuto de la primera fase como si no hubiera un mañana. Allí rotas, los buenos te jugarán más minutos (que porcentualmente son casi los mismos) pero rotas. Aquí también, por una mera cuestión de supervivencia. Aunque algunos no lo entiendan.

Juan Antonio Orenga, entrenador moderno donde los haya, está rotando a sus chicos hasta la extenuación. Tanto los está rotando que a día de hoy no creo que haya nadie en su sano juicio capaz de establecer quién es el uno, el dos, el tres y el cuatro titular de nuestra selección. ¿El cinco? El cinco sí, cómo no, creo que hasta mi sobrina de año y medio sabe ya que nuestro cinco titular es Marc Gasol, faro, lumbre y guía de este equipo, probablemente el mejor pívot de la NBA a día de hoy que es tanto como decir el mejor pívot del mundo a día de hoy. Marc es el puto amo, se lo ha ganado a pulso, tanto se lo ha ganado que Orenga no ve llegar el momento de prescindir de sus servicios, el resto si promedian 20 minutos es por equivocación pero Marc promedia 36, no hace falta echar muchas cuentas, 34 aguantó contra Croacia (ahí seguía en cancha bien entrados ya los minutos de la basura) y 38 ante Eslovenia, 38 durísimos minutos fajándose, encajando, embistiendo y aguantando a su vez las embestidas de los Begic, Vidmar y compañía. A costa de haber dado lo mejor que tenía en los minutos previos, Marc Gasol llegó literalmente fundido al momento de la verdad. El juanmorismo estará contento.

¿Por qué hace esto Orenga? ¿Acaso porque es un firme convencido de estas teorías y piensa que los buenos tienen que jugar hasta que revienten (y si no lo hace con los demás es porque todavía no acaba de tener claro quiénes son los buenos)? Pues no. Orenga mantiene a Marc en cancha por la sencilla razón de que no se atreve a sentarle, porque el mero hecho de pensarlo siquiera le hace entrar en pánico. No es ya que Orenga tenga confianza ciega en Marc (y quién no), es que tiene confianza cero en cualquiera que pueda entrar en su sustitución. En Xavi Rey, por ejemplo. Xavi no es Marc, lo cual no tiene nada de particular porque nadie (excepto Marc) es Marc, Xavi no lo es como tampoco lo serían Felipe o Ibaka si estuvieran con la selección. Xavi no es Marc pero es que casi no es ni Xavi tampoco, me explico: este Xavi Rey está a años luz del mejor Xavi Rey, de aquel que vimos y disfrutamos en los primeros meses de la pasada temporada. No es culpa suya, tuvo una grave lesión, no diré (porque no tengo elementos de juicio para decirlo) que se haya precipitado su reaparición pero lo que sí tengo claro (de hecho llevo pensándolo desde la presunta fase de preparación) es que está totalmente fuera de punto, que no alcanza ni siquiera al cincuenta por ciento de su nivel habitual. Y Orenga lo sabe, probablemente lo sabía ya cuando le convocó. Y aún así le llevó. Y ahora no se atreve a ponerle. Reconocerán que para este viaje no nos hacían falta alforjas.

Y sin embargo Orenga aún parece creer más en ese cincuenta por ciento de Xavi Rey que en el cien por ciento de Germán Gabriel. ¿Se acuerdan de Germán Gabriel? Sí, aquel de quien Sainz de Aja decía que era el mejor de entre los Júniors de oro de Lisboa, aquel a quien sus compañeros de entonces llamaban Yogui, aquel a quien luego sucesivos técnicos fueron derivando hacia la posición de cuatro pero que tenía y aún tiene hoy un juego de pies que debería ser la envidia del mundo entero, aquel por el que (habré de confesarlo) siento una especial debilidad desde hace ya unos cuantos años. Puede que ya no lo recuerden (casi ni yo mismo lo recuerdo) pero créanme que Germán Gabriel forma también parte de esta selección, como tal fue convocado, como tal se tragó entera la Gira Ñ (y a veces hasta la jugó, incluso), como tal supuestamente viajó a Eslovenia, no nos consta que haya sido secuestrado por un grupo terrorista ni que haya sido abducido por los extraterrestres así que habremos de suponer que allí sigue, no sé si en calidad de jugador o de entrenador asistente (que el título lo tiene) pero allí debe estar todavía. No, él tampoco es Marc, no las pasaría menos putas que Rey en defensa pero aportaría cosas distintas en ataque, movilidad, cintura, muñeca, frescura, versatilidad. Y minutos, otro puñadito de minutos para que el Gasolito nos pudiera reposar un poco más…

Esto es así. Nos pasamos meses y meses diciendo que tal o cual jugador está ya para la selección, que debería ir convocado sí o sí, que sería el ideal para ocupar el hueco que habrá de dejar éste o el otro… pero luego llega la hora de la verdad y o bien no nos atrevemos a convocarlo (véase Nacho Martín) o bien le convocamos pero no nos atrevemos a ponerlo. Y mientras tanto seguimos reinventando la (no) rotación de Marc, que es tanto como decir que seguimos reventando a Marc. Lo peor no es ya que ayer llegara hecho unos zorros al final por no haber descansado antes, lo peor es que ese partido ante Eslovenia pueda acabar convirtiéndose en una metáfora del Torneo. Que Polonia, Chequia y (sobre todo) Georgia no nos vayan a regalar nada, que en la (presunta) segunda fase aún menos, que por no tener descanso ahora acabe llegando hecho unos zorros a (por ejemplo) cuartos de final. El juanmorismo estará encantado de que así sea, todo lo que sea promediar menos de cuarenta minutos les parecerá poco, luego cuando vengan mal dadas ya le echarán las culpas al empedrao. Pero yo que no soy juanmorista no pienso esperar tanto, yo soy casi más de curarme ya en salud, o damos descanso a Marc ahora o lo acabaremos pagando después, al tiempo. Dicho queda.

Ruta Z   4 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 30 de agosto de 2013)

Y vuelta la burra al trigo. Vuelta a lo que ya les conté hace un año, hace dos, hace tres o hace seis, vuelta a lo de todos los años, al menos es la primera vez que lo cuento en Tirando a Fallar así que aún quedará alguien a quien le parezca nuevo, el resto espero que me lo disculpen. Vuelta a ir por los pueblos y ciudades de nuestra geografía como si fuéramos Bisbal o La Oreja de Van Gogh (sólo que aquí los solistas se llaman Marc, Calde, Sergio, Rudy o Ricky), vuelta a las galas y los bolos de cada verano, vuelta a la recepción por las más altas autoridades civiles y penales de cada localidad, vuelta al pabellón lleno, a la catarsis colectiva, al buenrollismo, vuelta a la España de charanga y pandereta (y de Paquito el Chocolatero, of course). Vuelta al cazo, al desparrame de dinero público, al pelotazo federativo. Vuelta a la autocomplacencia, a la carencia de autoexigencia, vuelta a sacar conclusiones como si realmente las hubiera, vuelta a poner nuestra mejor cara de felicidad absoluta. Vuelta a esa incomparable sensación como de estar encantados de habernos conocido. Vuelta a la Ruta Ñ.

Lo llaman fase de preparación y no lo es. No lo es en absoluto. Les dicen partidos y en el fondo son pachangas veraniegas, presuntos enfrentamientos ante rivales de medio pelo o tal vez de pelo entero pero que lo pierden en cuanto saltan a la cancha y entran en la rueda, en cuanto ven el folklore que hay montado alrededor de nuestra selección. ¿Tensión competitiva? La tuvimos (más o menos) en los partidos contra Francia y en algún minuto aislado ante Macedonia, del resto mejor ni acordarnos. La tensión competitiva ni la hay ni se la espera, de hecho la gente acude a los pabellones no para ver un partido en el que quepa esperar la victoria de nuestra selección sino para ver la victoria de nuestra selección, no sé si captan la sutil diferencia. Vamos, que en qué cabeza cabe cualquier otra posibilidad. A veces más que a un partido de verdad parece que estemos asistiendo a uno de esos espectáculos de los Harlem Globetrotters, el triunfo se da por hecho, el rival es un mal necesario, el único interés radica en comprobar cuántas cabriolas, arabescos y piruetas nos dejarán por el camino. ¿Tensión competitiva, dice usted? ¿Eso qué es lo que es?

Lo llaman baloncesto pero es circo, un maravilloso mundo de fantasía e ilusión que recorre nuestros pueblos y ciudades para hacer las delicias de chicos y grandes. No lleva carpa porque no la necesita, porque allá por donde pasa ponen a su disposición el pabellón más reluciente que tengan, pero sí que reúne todos los demás ingredientes que acostumbra a exhibir el autodenominado mayor espectáculo del mundo: acróbatas, trapecistas, malabaristas, prestidigitadores, incluso funambulistas (fíjense en Víctor Claver, si les queda alguna duda). No falta de nada, si tras la anterior descripción aún echaran de menos algún personaje fundamental en todo circo que se precie recuerden que como presunto comentarista televisivo (iba a escribir presunto analista, pero me parecía demasiada presunción) viaja también Fernando Romay. Qué más se puede pedir.

Y todo ello en ese entorno como de romería popular, como de merienda campestre, un ambiente tan familiar que hasta los árbitros parecen de la familia, de hecho algunos se lo toman tan al pie de la letra que hasta se llevan a su cónyuge para que les acompañe en la dirección del encuentro. Cualquier parecido con lo que luego se encontrarán en Eslovenia es mera coincidencia. Aunque eso sí, para acallar las voces de tantos tocahuevos que año tras año pedimos que no toda la gira sea en casa la FEB programa un único encuentro, sólo uno, lejos de nuestras fronteras, tampoco demasiado lejos no vaya a ser que las criaturas se nos pierdan, con irnos hasta Montpellier ya nos vale, probablemente habríamos preferido Andorra o Perpignan pero estarían ocupadas, vaya por dios. Con eso ya nos damos por satisfechos, ya hemos sacado a nuestros chicos a pasear por esos mundos de dios, ya podemos vender que no toda la preparación ha sido un camino de rosas. Y nosotros vamos y nos lo creemos, además.

Así que finalmente acaba la (supuesta) fase de preparación y se nos hinchan los pechos, 8-0, llegamos invictos al Eurobasket, no queda otra selección en todo el Continente que pueda decir lo mismo, da igual que no estén Pau, Navarro, Felipe, Ibaka, Mirotic y la madre que les parió porque seguimos siendo más favoritos que el copón, a las pruebas me remito. Somos así, para qué vamos a mirar contra quién jugaron ellos y contra quién nosotros, dónde jugaron ellos y dónde nosotros, todo eso qué más da. Claro está, luego empezará lo de verdad y de entrada nos toparemos con Croacia y Eslovenia, dos magníficos equipos, el uno en su casa y el otro al lado de su casa, a poco que nos descuidemos nos encontraremos 0-2 (Zeus no lo quiera) y luego ponte a arreglarlo, no sería ni la primera ni la segunda vez que nos pasa. ¿Por qué? Pues porque mientras los demás hicieron pretemporada nosotros nos dedicábamos a actividades lúdico-recreativas, mientras ellos llegan al Torneo ya preparados nosotros tendremos que hacer de la primera fase del Eurobasket nuestra verdadera fase de preparación. Así sucedió ya unas cuantas veces, nos funcionó (previo susto) en 2009 y 2011 pero créanme que no siempre va a sonar la flauta. Ni siquiera por casualidad.

Lo llaman Ruta Ñ, lo llaman Ruta Ñ porque aún no hemos conseguido sacarnos de encima la majadería aquella de la ÑBA, llegará el día en que quedemos duodécimos en cualquier competición y no tengamos ya ningún jugador en aquella lejana Liga y aún así seguiremos todavía a vueltas con la ÑBA de los cojoñes. Algunos comparan esta denominación de ÑBA con aquella otra de La Roja pero para mí que no tienen nada que ver, el rojo es sólo un color, si llevamos media vida hablando de la Squadra Azzurra, les Bleus, los Diablos Rojos, las Águilas Verdes, los All Blacks (otro deporte, pero para el caso es lo mismo), la Canarinha, la Albiceleste, la Celeste, la Tricolor, la Vinotinto, a ver por qué demonios no vamos a poder llamar La Roja a una selección que viste de rojo. La ÑBA en cambio es un quiero y no puedo, un complejo de inferioridad, es renegar de lo que somos y querer equipararnos a lo que no somos ni tenemos por qué ser, como si sólo aquello de allá representara la excelencia y todo lo de acá fuera pura miseria. Pero tanto da, nosotros dale que dale, cuando no es ruta eñe es que somos la eñe y cuando no eñemanía, que a algunos con tanto abuso acaba convirtiéndosenos en eñefobia. Culpa nuestra será, sin duda, que no lo sabremos apreciar.

Lo llaman Ruta Ñ pero yo más bien lo llamaría Ruta Z, tal vez aquellos que acuden a los pabellones queden al borde de la catarsis pero quienes lo vemos por la tele a menudo quedamos al borde del trance, no exactamente ese mismo trance sino más bien otro tipo de trance más del estilo de aquel que solíamos ver dibujado en los tebeos, ZzzzzzzZZzzzZzzz……. Pero tanto da, créanme que llegará (por ejemplo) 2053 y aún seguiremos con la cosa de la Ñ elevada a la eñésima potencia, para entonces no habrá ya grandes ciudades ni capitales de provincia que no hayan visto a la selección pero siempre quedarán pequeñas poblaciones predispuestas a acogerla en su seno por un módico precio, seguro que en La Almunia de Doña Godina, La Palma del Condado, la Pola de Gordón, Caravaca de la Cruz o Argamasilla de Alba aún estarán encantados, cómo no. Y tampoco habrá que esperar tanto, no teman, a estas horas las mentes pensantes de la FEB estarán ya diseñándonos la Ruta Ñ 2014, con el Mundial aquí ni siquiera habrán de buscarse la habitual coartada en Andorra o Biarritz para acallar a los tocahuevos, estaremos ya todos acallados de serie, será toda la Gira en casa, qué alegría, qué emoción, qué inmensa satisfacción, qué magnífica preparación.

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