Archivo para octubre 2013

estado de gracia   4 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 24 de octubre de 2013)

A veces me pregunto cuánto tiempo necesita permanecer un jugador en estado de gracia para que deje de decirse que está en estado de gracia. Me explico (o lo intento): de los grandes jugadores (o de los grandes en cualquier otra disciplina) nunca se dice que estén en estado de gracia, se dice que son buenos y punto, la gracia se les da por supuesta, se presupone que la gracia es su estado natural. Esa expresión, estado de gracia, no sería entonces para los sublimes sino para los normales, profesionales corrientes y molientes, jugadores del montón que de repente un día, dos o tres se salen de la norma, razón por la cual diremos que han entrado en estado de gracia. Pero eso, una semana, un mes, un año y medio… ¿Un año y medio?

Sergio Rodríguez, base del Real Madrid, explotó de repente en los playoffs de 2012, primero en la semifinal ante el Baskonia y luego en la Final contra el Barça, razón por la cual empezamos a escuchar una y otra vez que estaba en estado de gracia. Sergio Rodríguez se ganó el derecho a ser llamado a la Selección y jugó a buen nivel en los Juegos Olímpicos de Londres, luego volvió al Madrid y comenzó extraordinariamente bien la temporada 2012/2013, razones todas ellas por las que seguimos escuchando que estaba en estado de gracia. Sergio Rodríguez realizó un temporadón excelso que culminó en un título de Liga y una Final de Euroliga, Sergio Rodríguez para algunos (entre los que me cuento) se habría merecido mucho más el MVP que su compañero Mirotic… y con todo y con eso aún tuvimos que escuchar que seguía en estado de gracia. Sergio Rodríguez fue tal vez el mejor hombre de la Selección en el Eurobasket de Eslovenia, se echó el equipo a la espalda cuando nadie más lo hacía y todo lo que consiguió a cambio (además de un bronce) fue seguir escuchando que estaba en estado de gracia. Sergio Rodríguez ha empezado como un tiro la temporada 2013/2014, está incluso mejorando sus casi inmejorables prestaciones de hace meses, está consiguiendo que hasta aquellos que siempre le negaron el pan y la sal le empiecen a reconocer sus méritos (no digamos ya los que siempre se los reconocimos)…. y por increíble que parezca, aún hoy el denominador común de todas las crónicas y de todas sus menciones sigue siendo que está en estado de gracia. Qué gracia.

En otros la gracia es la norma, un mal partido apenas es una excepción. En cambio en Sergio la gracia parece ser la excepción (¿año y medio de excepción?) luego habremos de concluir que la desgracia sería su norma. ¿En serio? Es como si se hubiese quedado instalado ya para siempre en su etapa negra, sus años con McMillan, su tiempo con Messina, como si no hubiese existido el antes y sobre todo no existiera el después, como si el de Portland (y Sacramento, y Nueva York) fuese el Sergio real y éste de ahora fuese el Sergio virtual. Como si en cualquier momento se pudiera romper el hechizo. Cualquier gran jugador puede hacer un mal partido, dos, tres, y no por ello dejará de ser un gran jugador. Esperen a que Sergio haga un mal partido, sólo uno, y ya verán cómo tendremos que escuchar que se acabó su estado de gracia. Como si no fuese sino que estuviese (ventajas de tener un idioma que distingue entre ser y estar), como si nos lo hubiesen instalado ya para siempre en la temporalidad. Otros son buenos fijos, por mucho que la caguen no dejarán de serlo, en cambio a Sergio parece haberle sido asignado el papel de bueno provisional, por muy bien que lo haga incluso durante años enteros seguirá estando bajo la lupa, seguirán impidiéndole ascender a la categoría superior. Seguirá examinándose partido a partido, seguirá saliéndose partido tras partido, seguiremos repitiendo todos como papagayos partido tras partido que está en estado de gracia. Bendita gracia.

Quizás aquella presunta desgracia (por contraposición a esta gracia) naciera en Portland, hace ya unos cuantos años. Allí se juntaron el hambre y las ganas de comer, se juntaron un Sergio tan talentoso como inmaduro y un Nate McMillan tan buen entrenador como cuadriculado a más no poder. Que a Sergio el baloncesto se le salía por los poros lo sabíamos ya desde hace tiempo, desde aquel inolvidable Eurobasket Sub18 de Zaragoza 2004, desde antes incluso, desde aquella última canasta del último minuto del último partido de la Final ACB 2004. A Sergio el baloncesto se le salía por los poros pero ése con ser su principal valor era también su gran problema, su incapacidad de administrar esa segregación. Sergio era un potro sin domar, si estaba inspirado era incomparable, si estaba atravesado te podía meter en un lío. McMillan habría pasado de él si le hubieran dejado pero como no le dejaron decidió domesticarlo, con poco ahínco esa es la verdad dada la poca fe que tenía en él. Nada que pudiera sorprendernos, cualquiera que hubiera conocido al Nate McMillan de los Sonics y conociera ahora a este Sergio sabría que nunca hubo dos bases más contrapuestos en toda la historia de la humanidad.

Y para domesticarlo (o así) recurramos a aquella vieja táctica del palo y zanahoria. Mucho palo y muy poca zanahoria, para ser exactos. Te pongo unos minutos, podría aguantarte un rato en cancha aunque la cagues pero no, el mensaje que te transmito es exactamente el contrario, en cuanto pierdas un balón, hagas un mal tiro o se te escape tu defendido te volverás al banquillo echando viruta. Sergio se acostumbró a jugar un día tras otro, un mes tras otro, un año tras otro con la espada de Damocles permanentemente instalada sobre su cabeza. El más mínimo error le condenaba de inmediato al banquillo, acaso ya por lo que restara de partido, acaso también para el partido siguiente. Para algunos ésta será la quintaesencia del buen entrenador, la letra con sangre entra como si dijéramos, las imprudencias se pagan como diría la DGT. Acaso algunos ingenuos pensáramos que la forma de aprender de tus errores no debería ser mediante el castigo sino mediante la confianza, si juegas pensando que al primer fallo ya te van a sentar jamás serás libre, jamás disfrutarás, en el mejor de los casos te convertirás en un adocenado incapaz de arriesgar, en el peor la presión de fallar te hará fallar más todavía. Acaso algunos ingenuos pensáramos lo que no debíamos, quién nos mandará pensar.

Tras aquel páramo de Oregon vinieron aquellos dos breves espejismos de Sacramento y Nueva York. Algunos creyeron que con el carapasmao de Westphal o el desbaratao de D’Antoni las cosas serían diferentes, yo no, yo me temí lo peor y por una vez (y por desgracia) acerté. De la capital de California sacó una gran amistad con el Chapu a la par que dejó un buen recuerdo, aún este verano se podía leer en las webs locales que Greivis Vásquez iba a ser el primer base pasador de la franquicia desde que se marchó Sergio Rodríguez; de la capital del mundo no sacó ni eso siquiera, cuentan que al acabar aquella temporada le ofrecieron (no sé si con mucho ahínco) un contrato que probablemente le habría convertido en el suplente del suplente, eso en el mejor de los casos. Era el momento de dejarlo, con gran dolor de su corazón. Sergio amaba la NBA sobre todas las cosas, Sergio en sus años mozos (según confesión propia) se pasaba madrugadas enteras en vela viendo partidos históricos en el Plus, Sergio se marchó luego a la NBA en cuanto pudo y vio así sus sueños convertidos en realidad. Apenas necesitó unos pocos años para comprender que la realidad rara vez se parece a los sueños.

Cambiar la NBA por la ACB fue como salir de Málaga para entrar en Malagón, como pasar de Guatemala a Guatepeor, como cambiar a McMillan por Messina.  No me interpreten mal, en realidad sólo fue una cuestión de incompatibilidad de caracteres. O de maneras de entender el baloncesto, más bien. Y miren que algunos ya lo intuimos aquel mismo verano, de hecho hasta se nos vinieron a la cabeza algunos versos de su inmenso (en varios sentidos) paisano Caco Senante. Senante era el autor de aquella canción con la que le había rebautizado el gran Montes, Mojo Picón, Mojo Picón, la rica salsa canaria se llama Mojo Picón, pero no era precisamente de esa canción de la que yo me acordaba aquel verano, sino de otra mucho más triste…

Se te adivina al caminar con ademanes de cansado.
Cansado de no ver el mar, de respirar aire viciado.

Parece que la gran ciudad te está intentando destruir
y te amenaza en cada esquina.
Y que ese mundo de hormigón, de ruido, asfalto y polución,
de golpe, se te viene encima.

Al contemplarte, creo ver, ave de mar en tierra adentro,
que quiere a la costa volver y anda buscando su momento.

No te consigues habituar a esta manera de vivir
y ya te invade la añoranza.
Y estás pensando en regresar para la tierra, a trabajar,
y eso mantiene tu esperanza,………te digo

Qué es lo que haces tú aquí, una gaviota en Madrid.

Una gaviota en EL Madrid, más bien. Un espíritu libre en el prieto corsé de Messina. Más palo y más zanahoria (mucho palo y muy poca zanahoria), más espada de Damocles, más y más de aquella vieja dinámica macmillaniana, entras-la cagas-sales, te pongo-me fallas-te quito, así una vez tras otra hasta el fin de los tiempos. Otra vez la presión añadida de que cualquier fallo signifique banquillo (bronca mediante), otra vez sin derecho al error. Messina es un gran entrenador, qué duda cabe, pero pertenece a esa categoría de grandes entrenadores que sólo entienden el baloncesto de una única manera, casualmente la suya propia. Todo lo que se sale de la norma (su norma) debe ser considerado sospechoso, por definición. Messina estaba acostumbrado a que en Moscú le dieran todo lo que pidiera, en cambio en Madrid le dieron sólo algo de lo que pidió (que fue bastante más de lo que le habían dado a su antecesor, por cierto) y mucho de lo que no pidió ni por asomo. Entre lo que no pidió ni por asomo estaba Sergio. Una gaviota difícilmente podrá volar si le cortan las alas, aún menos si la encierran en una caja. Hasta un ciego veía que aquello jamás podría funcionar. Sólo era cuestión de tiempo.

¡¡¡Se bota para penetrar a canasta, si no se pasa!!!, aún retumban en mi cabeza aquellos gritos de Messina al Chacho en vaya usted a saber qué tiempo muerto. Aquellas palabras siempre me parecieron un perfecto ejemplo de rigidez. En principio (sin tener en cuenta al jugador, sin tener en cuenta la situación, ni las circunstancias) puede ser una adecuada filosofía, qué duda cabe. Un base que bota y bota porque sí, con el yoyó puesto como si dijéramos, es manifiestamente contraproducente: adormece los ataques, fija las defensas, entontece a los compañeros, arruina las posesiones. Pero es que Sergio Rodríguez no entra en esta categoría, no se corresponde en absoluto con ese perfil. Sergio no paraliza el juego de su equipo sino que lo dinamiza, Sergio jamás bota por botar, Sergio bota y procesa, busca ese pase definitivo que saliendo de sus manos no es pase sino pre-asistencia, el pre sólo en función del posterior acierto de su receptor. Y si no lo encuentra, o reinicia o se la juega: o desde fuera (cada vez más desde fuera, cada vez mejor desde fuera) o para adentro. Claro está, ése del que les hablo es el Sergio desinhibido que hace ya casi diez años conocimos y también el que hoy (re)conocemos, ése no era en ningún caso el Sergio maniatado y cohibido de Messina ni el de McMillan. Un Sergio antinatural, un Sergio reprimido y por ello también deprimido. A la fuerza ahorcan.

Se fue (traumáticamente) Messina, se quedó Molin, se fue Molin, llegó Laso. Aunque Laso no hubiera ganado una Liga, una Copa y dos Supercopas, aunque no hubiera alcanzado una Final de Euroliga, aunque su equipo no jugara como los ángeles, aunque no hubiera ningún otro mérito que reconocerle siempre nos quedaría reconocerle el mérito de haber recuperado para la causa a Sergio Rodríguez. ¿El secreto? Obviamente no lo sé, no estoy ahí para saberlo. Puedo pensar que algo tendrá que ver el hecho de que Pablo Laso también fuera base, y cuando digo base quiero decir base: no un gladiéitor defensivo en plan McMillan sino un director de juego en toda regla; menos creativo que Sergio, más seguro que Sergio, tan buen pasador como Sergio. Algo tendrá que ver, seguro, pero aún más tendrá que ver otro concepto mucho más sencillo: confianza. Tan simple como eso, darle confianza. O aún mejor: no darle desconfianza. Que por primera vez en muchos años sintiera que podía arriesgar sin temor a las represalias, que perdiera de una vez por todas el miedo a equivocarse, que su permanencia en cancha ya no dependiera por fin de que la cagara o la dejara de cagar. Tan simple como eso.

Hoy nos puede parecer que todo su tiempo con Laso fue un camino de rosas, pero nada más lejos de la realidad. Los primeros meses fueron duros, no por Laso ni por él sino porque el proceso de descompresión requiere tiempo, no se sacude uno las telarañas de un plumazo así como así. Había que quitarse la escayola, el acartonamiento, la represión, había que dejar que poco a poco fueran volviendo aquellas viejas sensaciones de antaño, que el baloncesto volviera a fluir en su interior… Requiere tiempo y paciencia, pero el tiempo y la paciencia no son conceptos fáciles de manejar en una institución permanentemente instalada en la urgencia como es el Real Madrid. Cortoplacismo, que se dice ahora. Hacia mediados de la temporada 2011/2012 resultaba ya evidente que Laso había recuperado a Sergio, aunque éste aún no fuera el que hoy conocemos ni siquiera el que un día conocimos. Pero estaba en el buen camino, aquello sólo podía ser el principio de una hermosa amistad… y sin embargo era un secreto a voces que el Madrid ya tenía apalabrado a Dontaye Draper, y que éste no venía porque sí sino que venía precisamente para ocupar el puesto de Sergio Rodríguez. Sergio entró en los playoffs de 2012 convencido de que le iban a largar, convencido estaba él y convencidos estábamos también todos los aficionados al baloncesto (que lo entendiéramos o no ya era otra historia). Apenas unas semanas más tarde entró en estado de gracia. Y hasta la fecha.

Nunca dejes que te cambien, cuentan que alguien se lo dijo una vez (y evidentemente no se refería a que le sustituyeran sobre la cancha sino a que le cambiaran su forma de ser, su manera de jugar). Quien se lo dijo sabía bien de qué hablaba, lo sabía por propia experiencia, se llamaba (se seguirá llamando) Iván Corrales, otro espíritu libre (incluso demasiado), todo un personaje sobre la cancha y acaso también fuera de ella, muchos entrenadores se empeñaron en domesticarlo, alguno finalmente lo acabó consiguiendo y el remedio fue mucho peor que la enfermedad, aquel Corrales desbocado se nos fue diluyendo poco a poco hasta acabar quedándosenos prácticamente en nada. No fue un caso aislado, comparen por ejemplo a aquel explosivo Jason Williams de sus comienzos con aquel otro Jason Williams casi funcionarial (en el peor sentido del término) de sus últimos años. O a Luke Ridnour, hoy un base anodino en NBA pero al que algunos recordamos epatándonos en la Universidad de Oregon, créanme si les digo que era fantasía pura. Ellos dejaron que les cambiaran, no por gusto sino porque de ese cambio dependía que pudieran ganarse (muy bien) la vida jugando a esto. Cuántos no se habrán quedado en el camino, simplemente por no dejarse domesticar…

Claro está que hay librepensadores y librepensadores, también en lo que respecta a la dirección de juego. En mis lejanos tiempos del colegio me decían que no hay que confundir la libertad con el libertinaje (que nunca supe lo que era), también que la libertad de uno acaba donde empieza la libertad de los demás (o viceversa). La libertad de un base acaba donde empieza la de sus compañeros. A menudo metemos en el mismo saco al base hipercreativo que juega sólo para sí mismo y al base hipercreativo que pone su excelsa creatividad al servicio del equipo, como si ambos excesos fueran lo mismo. No es lo mismo, no puede ser lo mismo. El libertinaje en la dirección de juego suele ser tóxico, la libertad puede ser maravillosa. Y sin embargo hay entrenadores incapaces de distinguir entre uno y otro concepto, quizá porque en el fondo les dé miedo todo aquello que se escape de su control. Afortunadamente no son todos, ni la mayoría siquiera: muchos sí separan la paja del grano, muchos no consideran el talento como algo sospechoso sino como algo que se puede (se debe) encauzar. Sergio Rodríguez gastó media carrera deportiva en el empeño pero finalmente acabó encontrando la horma de su zapato. Gracias a Laso, también (y sobre todo) gracias a sí mismo, acabó casi resolviendo la cuadratura del círculo: el equilibrio imposible entre ser más Chacho que nunca, no dejar que le cambiaran (y no será porque no lo intentaron algunos) y que sin embargo todo ese desparrame de talento ya no despertara sospechas, que fuera visto por fin como algo positivo para su equipo, que provocara de una vez por todas la admiración general. Todo su baloncesto puesto al servicio de una idea, toda una idea hecha a imagen y semejanza de su baloncesto. Por fin.

Me van a permitir que me tire al barro. Estoy convencido de que al final de su carrera (pongamos dentro de ocho o diez años) Sergio Rodríguez estará considerado como uno de los bases de referencia del baloncesto europeo. Al mismo nivel de consideración que hoy podamos sentir hacia (fíjense qué nombres pongo) Diamantidis, Spanoulis o incluso Papaloukas, que sean los tres de la misma nacionalidad es una mera casualidad. Tres bases (dicho sea de paso) de quienes nadie dijo ni dirá jamás que estén en estado de gracia,, ellos no están sino que son. En condiciones normales (si no hay lesiones ni caídas insospechadas, si no se se cruza otro técnico represor en su camino por uno de esos avatares del destino) el Chacho de treintaitantos será aún mejor que este mismo Chacho de 27 que hoy conocemos: menos pujante físicamente (es ley de vida) pero mucho más maduro, más equilibrado y no por ello menos atrevido. Llegará el día en que le nombren el mejor base de Europa, llegará el día en que despierte murmullos de admiración en todo el Continente, llegará el día en que se nos caiga la baba con él (aún más que ahora)… y sin embargo es muy probable que para entonces aún tengamos que seguir escuchando esta misma retahíla, que lo que pasa con Sergio es que está en estado de gracia, mire usted. ¿Cuántos años de estado de gracia serán necesarios para la gracia deje de ser un estado y se convierta por fin en su condición natural? Esperemos averiguarlo algún día…

brotes verdes   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 15 de octubre de 2013)

Granca y CAI han llegado para quedarse. Granca y CAI llegaron hace cinco meses, ganaron donde no les tocaba, subvirtieron el orden establecido, dieron el puñetazo encima de la mesa y dijeron hola buenas, aquí estamos, Granca y CAI llegaron y rompieron de un plumazo los esquemas de nuestro adocenado baloncesto patrio, acostumbrado por lo general a que tercero y cuarto fueran más o menos los de siempre para así justificar sin necesidad de más explicaciones que la Euroliga también la jugaran más o menos los de siempre.brotes-verdes Granca y CAI supusieron un maravilloso soplo de aire fresco (dos soplos, más bien) para nuestra alicaída Liga, dos brotes verdes (que éstos en verdad lo son aunque parezcan rojos o amarillos, no como esos otros que insisten en vendernos por ahí) en mitad de este páramo desolado, cada vez más yermo porque cada vez hay menos con que regarlo, también porque esos dos enormes eucaliptos plantificados allí en medio se chupan casi toda el agua e impiden que surja a su alrededor cualquier otro atisbo de vegetación. Granca y CAI surgieron sin embargo, resultó fácil la tentación de creer que fueran flor de un día pero nada más lejos de la realidad, casi medio año después ahí siguen cada vez más lozanos y frondosos, aguantando la sequía, los embates de los vientos y hasta las acometidas del temporal…

Y no será porque no les podaron (no sé si no estaré llevando la metáfora demasiado lejos), no será porque no intentaran quitarles todo lo aprovechable en cuanto se vio que podían prosperar. No había acabado casi el CAI de eliminar al Valencia Basket, no se había enfriado aún el parquet de La Fonteta y ya estaban los del Equipo Hacendado haciendo buena aquella vieja máxima, si no puedes vencer a tu enemigo únete a él, si no puedes vencer a tu enemigo intenta al menos quitarle lo mejor que tenga para que así puedas vencerle la próxima vez. La Cultura del Refuerzo, como si dijéramos. Dicho y hecho, Pablo Aguilar y Sam Van Rossom hicieron el breve trayecto Zaragoza-Valencia y de repente a orillas del Ebro se vieron de nuevo ante la necesidad de reinventarse, reinventarse relativamente porque al fin y al cabo allí seguirían los Llompart, Roll, Rudez, Stefansson o Joseph Jones, pero reinventarse de todos modos. Lo que para otros sería un grave problema, para Willy Villar es sencillamente un reto diseñado a la medida de su capacidad.

Si a alguien le quedaba alguna duda, se le debió quitar en cuanto vio aparecer por aquellas tierras a esa especie de Mister Bean con cuarenta centímetros de más llamado Giorgi Shermadini, todo un vigente campeón de Euroliga escogiendo ser cabeza de ratón (aunque hay ratones y ratones) en vez de cola de león, pasar de jugar diez minutos en un gran equipo a jugar treinta en un buen equipo como paso fundamental para relanzar (aún más) su carrera. Aun así alguno le puso pegas, ya dijo el torero que hay gente pa tó, que si no es un fino estilista, que si sus movimientos son manifiestamente mejorables, que si… Pura envidia, me temo. Shermadini podrá no resultar tan pintón como otros (como su magnífico compañero Joseph Jones, por ejemplo) pero es que tampoco lo necesita. A Shermadini se le mide en términos de eficacia, de economía de medios, para qué hacer cuatro pivotes y dieciséis reversos si con apenas un giro y un toque suave ya es capaz de sacar petróleo de las piedras. Y a ambos lados de la cancha, además. Cómo se lo explicaría: al precio que va hoy en día el kilo de cénter de calidad en el mercado europeo, ya hay que tenerlos bien cuadraos para poner pegas a un jugador así, y tanto más estando en un equipo como el CAI. Lo del sábado fue sólo el principio.

Pero es que además no vino solo, ponga usted un georgiano en su vida y a poco que se descuide tendrá dos por el mismo precio (bueno, no exactamente por el mismo precio, pero ustedes me entienden). Por si no tenías bastante con Mister Bean vas y le pones al lado al Señor Cuesta de aquí no hay quien viva (o de como demonios se llamara aquello), por otro nombre Viktor Sanikidze, un sujeto que dicen que pasó tiempo ha por Estudiantes aunque él se esforzara concienzudamente en disimularlo. Éramos más jóvenes (sobre todo él), hoy este Sanikidze tiene infinitamente menos pelo e infinitamente más baloncesto que entonces. Georgiano y georgiano, la pareja perfecta, desconfíe de parecidos y otras chorradas porque estamos ante el futuro (quizá ya presente) dúo de moda en la ACB, por separado son buenos pero juntos son capaces de fabricar baloncesto como los propios ángeles (no sé si como los Lakers o como los Clippers, pero como los ángeles al fin y al cabo), así en su selección como en su club. Nace el CAI Zaragozadze.

Si además cambias belga por belga, Van Rossom por Tabu (será por apellidos pintorescos), si además te sacas de la manga a un Pere Tomás que necesitaba ya resetearse fuera de Badalona, si además conservas casi todo lo demás (incluso Norel, que por ahí sigue aunque aún no goce de buena salud) el resultado de todo ello nos da un proyecto maravilloso, un equipo al que da gloria verlo. En Bilbao lo vieron y no parece que les diera mucha gloria, como tampoco parece que les diera mucha gloria en Vitoria ver al Granca, es lo que tienen las derrotas. Estas cosas son así, hace un par de años los equipos vascos epataban al resto de los mortales, hoy en cambio andan metidos en (relativas) penurias, mañana quién sabe. Tendrán que poner las cosas en perspectiva (es decir, tendrán que no jugar contra ellos) para apreciar en su justa medida lo que estas fantásticas criaturas de Abós y Martínez son capaces de hacer, lo que ya están haciendo. Para ver crecer los brotes verdes.

Y es que lo dicho cuatro párrafos más arriba para Willy Villar vale exactamente igual para Berdi Pérez. Aún no habían acabado de caer ante el Barça, aún no habían acabado de despedirse y desearse un buen verano y ya estaba Ryan Toolson vestido de verde Unicaja. Y el siguiente fue Spencer Nelson, más de uno contaba en la Isla con que recogiera el testigo de Jim Moran y se perpetuara de amarillo pero se ve que él tenía otros planes. ¿Problema? En absoluto. Hay seres humanos que no acostumbran a tener problemas sino soluciones, y me da que Berdi debe ser uno de ellos. Antes de traer lo bueno que haya por ahí procuremos conservar lo bueno que aún tenemos, que no es poco: Newley renovó contra todo pronóstico, como renovó Bellas tras arduo proceso que costó poco menos que un parto pero que al final (ya casi fuera de cuentas) acabó en alumbramiento feliz para todas las partes. Como siguieron también Beirán, Báez (¿acaso el jugador más infravalorado de la Liga?), el aún achacoso (aunque mientras estuvo en la selección no quisiéramos darnos cuenta) Xavi Rey y hasta la joya de la corona Edy Tavares. No estaba mal para empezar…

Pero aún había muchos agujeros que tapar. Granca se lanzó en picado a por el jugador más deseado del verano, Nacho Martín. Tenía mal pronóstico, tenía que competir contra ofertas muy superiores de equipos que tal vez le doblaran el presupuesto, tenía que jugar sus bazas. Como dijo aquél, hay cosas que el dinero no puede comprar. Hay personas (y hay edades) que priorizan la pasta y hay también personas (y edades) que están por encima de todo eso. No porque les sobre, nunca sobra, sino porque están ya en otra fase, porque son capaces de valorar aún más la calidad de vida. Entre ganar XXX en un sitio cualquiera o ganar sólo XX en mitad del paraíso, en un lugar de inmejorable clima meteorológico y social, muchos (que no miran más allá de sus narices, o más allá de su cuenta corriente) habrían elegido la opción A, pero Nacho Martín prefirió la B. Granca buscó a Nacho, Nacho Martín escogió Gran Canaria. Un gran lugar, un gran club, un gran tipo (visto al menos desde la distancia, que no tengo el placer), de alguna manera estaban todos ellos condenados a entenderse. Por nada del mundo se me vayan a perder el resultado de ese entendimiento.

Pero quedaba el toque mágico, el que antaño fue Toolson y antes fue Carroll y antes English y antes tantos otros, el que año tras año nos lleva a abrumar de loas y alabanzas a Berdi y antes a Himar y antes otra vez a Berdi. Vistos los antecedentes esperábamos un tirador, ficharon a Ben Hansbrough ergo a partir de ahí ya todos nos lanzamos a decir que Hansbrough es un tirador. Bueno, pues no. Hansbrough es menos que eso, lo que significa que es también muchísimo más que eso. Hansbrough es el pack total, créamelo porque le vi no menos de una docena de veces durante su periplo universitario, Hansbrough puede tirar (y meter) pero no es esa su principal faceta, Hansbrough anotará menos que sus antecesores o anotará tal vez lo mismo pero de otra manera, atacando el aro, dejándose los dientes en cada penetración. Eso sí, a cambio Hansbrough te dará una defensa y una intendencia que los otros no te dieron, ni por asomo. E intensidad, toda la del mundo. No estará tan loco como su afamado hermano Tyler (Psycho T para los amigos), su mirada no es tan enajenada pero sí te permite intuir esa misma determinación en sus ojos. En los días malos se dejará la vida (y pasará por encima de la de cualquiera, si es preciso), en los días buenos también pero además hará muchas más cosas. Siempre y cuando no me lo hayan estropeado desde que salió de Notre Dame.

Añádanle a Albert Oliver, todavía a sus 35 añazos un seguro de vida desde el base, un magnífico pasador (y tantas otras cosas) en el reino de los buenos pasadores, como lo es también Bellas o como lo son (cada uno a su manera) Hansbrough, Beirán, Báez, no digamos ya Nacho Martín. O como lo es incluso O’Leary, el típico alero sobrio y discreto que tanto gusta en aquellas tierras, el que partido tras partido te hará muy poco ruido y te dejará en cambio muchas, muchísimas nueces. Un equipo de buenos pasadores, bien trabajado además como es el caso, podrá ganar o perder pero te asegurará jugar muy bien al baloncesto. He ahí su imagen de marca. En esta Liga ACB podrá haber equipos mejores que el Granca, sobre todo plantillas mejores que la del Granca. Pero difícilmente encontraremos a un equipo que juegue tan bien al baloncesto como lo hace el Granca.

Granca y CAI han llegado para quedarse, y ahora usted (en el dudoso supuesto de que haya aguantado hasta aquí) me preguntará qué significa quedarse. Ojalá lo supiera. Quedarse es no ser aquella flor de un día que les dije en el primer párrafo, quedarse es competir de igual a igual semana tras semana, mes tras mes, es estar ahí rondando permanentemente las proximidades de la excelencia. Quedarse es seguir creciendo, es continuar año tras año peleando copas y playoffs, asumiendo que puedes perder (cómo no habrías de poder, la derrota es parte del juego) pero sabiendo que has hecho siempre todo lo necesario para que puedas ganar. Quedarse es no pensar jamás en títulos, pero si por cualquier circunstancia se ponen a tiro no perderles la cara y mirarlos de frente, siempre de frente. Quedarse es tener claro que hay por ahí dos acorazados pero que el resto son meramente humanos, y que hasta a los acorazados se les pueden encontrar vías de agua de vez en cuando. Quedarse es no ponerse más límites que aquellos que dicte el sentido común (o ni esos siquiera), quedarse es dormir poco y soñar mucho como en buena hora dijo Pedro Martínez. Quedarse es (o debería ser) precisamente eso, haberse ganado por fin el derecho a soñar. Así sea.

aquella pequeña historia   3 comments

Una vez fuimos jóvenes y creímos que podríamos cambiar el mundo…

A ver, tampoco exageremos. Jóvenes lo que se dice jóvenes lo eran la mayoría, algunos ya ni eso éramos hacia la mitad de la pasada década del presente siglo. Y cambiar el mundo no habría estado mal pero tampoco pretendíamos tanto, nos habríamos conformado con cambiar el baloncesto o ni siquiera eso, nos habría bastado con cambiar la atención mediática que recibe el baloncesto. No hará falta decir que fracasamos, visto cómo estábamos entonces y (sobre todo) cómo seguimos estando hoy…

Pero de alguna manera (a nuestra manera, más bien) fuimos felices en aquellos tiempos. Plataforma SEDENA nació hace ya casi diez años, se creó en un hilo del Foro de la ACB hacia finales de 2003 gracias a unos cuantos locos que decidieron que tal vez podríamos hacer algo más (además de quejarnos) para mejorar la consideración que recibía en los medios el SEgundo DEporte NAcional. Aquellos locos crearon una web que hasta contó con un impagable artículo fundacional (supongo que hoy ya irrecuperable) escrito por el gran Gonzalo Vázquez, el mismo que si mal no recuerdo dio nombre a la página. A aquellos locos poco a poco nos fuimos sumando gustosamente tantos otros locos, tantos y tantos enfermos (o frikis, si resulta menos doloroso el término) de este deporte, que no nos limitábamos a estar ahí y participar en los foros sino que además hacíamos más cosas: montábamos seguimientos de las noticias deportivas en prensa, para a partir de ahí establecer con conocimiento de causa qué periódicos dispensaban un mejor o un peor trato a nuestro deporte; creábamos campañas, inundábamos de correos electrónicos a la ACB o a TVE o a Canal Sur o a quien demonios fuera, quizá nunca conseguimos que cambiaran nada pero al menos les molestamos, les hicimos pensar, les obligamos a tenernos en consideración; y en un momento dado hasta nos atrevimos a montar la primera Asociación de Aficionados al Baloncesto (o algo así) de este país, si mal no recuerdo hasta llegamos a constituírla y registrarla… y luego ya no fuimos capaces de ir más allá. Ya se lo dije, éramos jóvenes (incluso aquellos que ya no lo éramos), no era difícil que nos pasaran estas cosas, querer hacer el tejado sin haber puesto antes los cimientos. En el pecado llevamos la penitencia.

Pero tuvimos una Guía de Televisión que daba gloria verla, que era considerada unánimemente por todos los que por allí pasaban como el mejor lugar en toda la red para averiguar qué partidos se televisaban cada semana y en qué canal. Tuvimos una parafernalia estadística de auténtico lujo, de hecho hasta fuimos pioneros en nuestro país (aunque hoy ya nadie lo recuerde) en la implantación de aquel baremo más/menos que ya empezaba a ponerse de moda en USA, lo fue concretamente el crack Paco Navarro (alias Unicajero), el mismo que hasta se inventó más tarde otro artilugio llamado Sedenator teóricamente capacitado para elaborar crónicas virtuales de los partidos a partir de las estadísticas minuto a minuto de los mismos.blogzaid Tuvimos nuestro particular Audímetro, el puntual seguimiento de las audiencias televisivas de nuestro deporte semana tras semana. Tuvimos unos estupendos artículos de opinión, está mal que yo lo diga porque era uno de los implicados pero tampoco el único ni el principal siquiera, cómo olvidar por ejemplo todas aquellas obras maestras de El Jinete. Y hasta tuvimos (créanselo) nuestra quiniela, nuestra impagable (porque no se pagaba) e inimitable (hasta que nos la imitaron) Quiniela Sedenera

Catorce partidos, catorce, como mandan (o mandaban) los cánones quinielísticos. Eran fijos los nueve de la ACB, y los cinco restantes podían salir de LEB, de diferentes ligas internacionales o hasta de la mismísima NBA. Para cada partido hasta cuatro posibles signos, victoria local por hasta 9 puntos de diferencia, victoria local por 10 ó más, victoria visitante por hasta 9, victoria visitante por 10 ó más.quinielasedenera Hasta donde yo alcanzo a recordar nadie acertó jamás los 14 y creo que ni siquiera los 13, de hecho hasta dudo que alguien llegara alguna vez a 12, téngase en cuenta que tampoco es que fuéramos muchos precisamente, quizá ciento y pico apostantes la vez que más y eso tirando muy por lo alto. En cualquier caso el aliciente ya no era sólo ganar la quiniela de cada semana, sino que con los aciertos de cada semana se establecía además una clasificación general para proclamar también al ganador final de cada temporada. ¿El premio? Nada de nada, cero patatero, por supuesto. Era un entretenimiento meramente amateur, ni pagábamos ni cobrábamos, entre otras cosas porque ni las instituciones implicadas nos lo habrían autorizado ni la legislación vigente nos lo habría permitido. Era sólo un juego, nada más (y nada menos) que eso.

Todos estos recuerdos permanecían convenientemente ocultos en un rincón de mi memoria hasta que me los ha despertado el Qunibasket. Sí, el Quinibasket, un parto difícil sin duda, han hecho falta forceps y cesáreas y todo lo que podamos imaginar pero ahora ya está aquí por fin aunque esté fuera de cuentas. El Qunibasket se presenta ante nosotros con el reclamo de ser la primera quiniela de la historia del baloncesto,correo qb así  reza la publicidad que casi todos hemos recibido en nuestros buzones de correo electrónico, supongo que técnicamente es cierto pero me van a permitir que introduzca un pequeño matiz: ya hubo otra quiniela de baloncesto, y en este caso no me refiero a la nuestra de SEDENA ni tampoco a aquellos vanos intentos en los ochenta que jamás llegaron a consumarse, no, me voy aún más atrás, me parecía recordar que en mi más tierna infancia sí llegó a existir una quiniela de baloncesto que duró apenas unos meses, así que he hecho una ardua a la par que exhaustiva investigación de apenas medio minuto en el Gúguel y me he encontrado con este estupendo artículo de José Ignacio Huguet para El Mundo Deportivo que confirma mis recuerdos; ya hubo una quiniela de baloncesto en la temporada 1971/72, la promovió (como casi todo lo que tenía que ver con nuestro deporte en aquellos años) Raimundo Saporta y fracasó por la oposición de los clubes de fútbol a que el baloncesto repartiese también premios en metálico, mandagüevos. Quizá por eso ésta de ahora se atribuya ser la primera, porque aquella no repartió dinero sino televisores, porque la nuestra no dio dinero ni televisores ni ninguna otra cosa que no fueran las gracias por participar…

Han pasado casi cuatro años y medio desde aquel 27 de mayo de 2009 en que publiqué el último artículo (o lo que fuera aquello) en mi blog de SEDENA, muy pocos días antes de que se muriera definitivamente la página. Aquel día escribí (entre otras muchas tonterías) lo siguiente: …ya nunca volveremos a rellenar nuestra Quiniela Sedenera, maravilloso invento de esta web, que nos tuvo entretenidos semana a semana durante estos últimos años y que cualquier día alguien nos copiará en cualquier otra web, sin que (me temo) ninguno de nosotros podamos hacer ya nada por evitarloqb No, no se me asusten, no voy a decir ahora que este Quinibasket sea una copia de nuestra quiniela, no teman, no lo diré ni aún a pesar de que la mecánica sea exactamente la misma, cierto que son 9 partidos en vez de 14 (más que nada porque la organiza la ACB y estaría feo que metiera también partidos ajenos) pero lo demás es igual, cuatro posibles apuestas por partido, victoria local o victoria visitante, por hasta 9 ó por 10 ó más… Eso sí, los diseñadores han debido pensar que esa forma de expresarlo se prestaba a confusión así que han preferido incorporar otra mucho más gráfica, dónde va a parar: gana local por menos de 9,5 puntos, gana visitante por más de 9,5 puntos y así sucesivamente, una aportación interesante ésta de las canastas con decimales sin duda, miren que a lo largo de mi más de medio siglo de vida he conocido canastas de un punto, canastas de dos y hasta canastas de tres pero no recuerdo haber visto jamás una canasta de medio punto, sería una idea a considerar para esas veces en que el balón se sale prácticamente de dentro, todo es ponerse. Vamos, que habrán pensado que con el nueve y medio la gente se entera mejor, al fin y al cabo es más de nueve y menos de diez. Pero no deja de ser lo mismo…

No, no diré que este Quinibasket sea una copia de nuestra Quiniela Sedenera, y no lo haré por varias razones: primera porque no tenemos su propiedad intelectual, obviamente nunca se nos ocurrió patentarla; segunda porque nunca supe si aquella fue una idea original o si quien la parió la copió a su vez de algún otro sitio, de algún otro país por ejemplo; y tercera porque tampoco es tan difícil que a alguien se le ocurra algo así simplemente porque sí, sin haber tenido conocimiento previo de ninguna otra versión anterior. No diré que sea una copia, pero… ¿saben que les digo? Que ojalá lo fuera. Que ojalá alguien (al fin y al cabo llegamos a contar entre nuestros participantes con un mítico periodista de acb.com, por lo que no sería tan descabellado) hubiera dicho, anda leche, ¿y por qué no copiar aquella fórmula que montaron los de SEDENA y que tanto nos gustaba? Hoy ya apenas queda nada (ni físico ni virtual) de todo aquello, de hecho si aún quiere darse el gusto de pinchar en plataformasedena.com se topará de bruces con una extraña web japonesa dedicada aparentemente a los juegos de azar (muy apropiado), que es bien sabido que los designios del ciberespacio son inescrutables. Por eso le digo que ojalá lo fuera, porque eso significaría que al final aquella pequeña historia sí sirvió para algo (más allá del disfrute y los buenos ratos que nos procuró entonces), que algo sí quedó de todo aquello aunque fuera sólo una simple quiniela de la que ya nadie se acuerda y que ya ni siquiera lleva nuestro nombre. Que no logramos cambiar el mundo, ni el baloncesto ni la atención mediática que se dispensa al baloncesto, pero que al menos algo de todo aquello no fue en vano. Ojalá.

SuperPOCA   3 comments

Poca promoción: Conozco aficionados al baloncesto, seguidores habituales de la ACB, que se enteraron por pura casualidad (o por Twitter, que viene a ser lo mismo) el mismo viernes por la tarde de que se estaba disputando la Supercopa ACB. Es posible que ni recordaran que existía, o es posible que la asociaran con el fin de semana y pensaran que sería en sábado y domingo, yo que sé. La clandestinidad empieza a ser nuestro estado natural, cada año un poco más si cabe que el anterior. Luego la final fue un Madrid-Barça y se paró el mundo (*) pero antes de las semifinales no se enteró ni dios, entre otras cosas porque tampoco se acordó de anunciárnoslas ni dios.

[(*) No lo vi, y no me gusta escribir de lo que no veo. Pero sí quiero dejar constancia de que el pasado viernes, aproximadamente entre las 22:30 y las 23:00, hubo quejas en Twitter de espectadores de TVE1 que dijeron haber visto una promo en la que se anunciaba para la tarde siguiente la retransmisión del partido Real Madrid-Barcelona, final de la Supercopa ACB. A esas horas del viernes el Barça todavía estaba jugando con el Baskonia, estaba ganando al Baskonia pero todavía no había ganado al Baskonia. Si así fuera me resultaría inconcebible, me parecería una estremecedora falta de ética anunciar ya un partido entre dos equipos cuando aún no ha acabado de clasificarse uno de ellos, simplemente porque al tratarse de un Madrid-Barça perdamos el culo por venderlo. Para promociones así casi prefiero que no haya promoción, francamente. Repito: si así fuera, que yo verlo no lo vi]

Poca claridad: no resulta fácil para el común de los mortales entender por qué la Supercopa la juegan determinados equipos y no otros. Ésta vez no fue una excepción, y no faltaron los que se preguntaron el mismo día de las semifinales (antes ni sabrían que existía) qué demonios pintaban allí Baskonia y Bilbao Basket en lugar de (por ejemplo) CAI y Granca, tercer y cuarto clasificado respectivamente de la pasada Liga. A ver, yo a estas alturas ya me conozco el truco, y no tengo el menor inconveniente en compartirlo con ustedes: la Supercopa la juegan, por definición, el campeón de liga, el campeón de copa, el equipo más destacado en competiciones europeas (signifique lo que signifique eso) y el anfitrión. Es decir, la de este año la jugaron el Madrid (campeón de liga), el Barça (campeón de copa), el Baskonia (anfitrión) y el Bilbao Basket, que llegó a la final de la Eurocup (obviamente el Madrid y el Barça también llegaron a la Final Four de la Euroliga, pero ellos ya estaban clasificados por otras vías). Nada que reprochar pues en base a la reglamentación. Ya otra cosa será que sea lógica o ilógica dicha reglamentación. Y ya otra cosa será que se le dé la debida publicidad a dicha reglamentación, para que la gente sepa a qué atenerse cuando lo ve.

Poca gente: si montas este tinglado en una ciudad relativamente pequeña pero que tiene un equipo realmente grande, cuyos aficionados llevan viendo baloncesto de élite desde tiempo inmemorial, es más que probable que (fuera del partido de su equipo) sólo acudan a presenciarlo cuatro gatos. Y si encima su pabellón es inmenso, es aún más probable que esos cuatro gatos acaben pareciéndonos apenas gato y medio. Yo el pasado viernes lancé en Twitter una idea que obtuvo respuestas encontradas, pero como no escarmiento la lanzaré también aquí: montar la Supercopa en ciudades que no tengan ni hayan tenido nunca baloncesto ACB, que haberlas hay unas cuantas y algunas bien grandes por cierto: Vigo, A Coruña, Oviedo, Santander, Pamplona, Palma de Mallorca, Córdoba, Cádiz, tantas otras. No haría falta un pabellón de 15.000 espectadores, la Supercopa no es la Copa, no arrastra aficiones de otros lugares, con uno de 4.000 ó 5.000 sería más que suficiente. Añádanle una adecuada promoción (con fan zone y demás actividades alternativas) y una adecuada política de precios (que no están los tiempos para excesos) y no me cabe la menor duda de que la ciudad en cuestión se volcaría ante la posibilidad de ver por fin al lado de su casa a los mejores equipos ACB, Madrid y Barça incluidos por supuesto, faltaría más. Miren, señores de la ACB (en el supuesto de que quede alguno), no es por establecer comparaciones odiosas con la dichosa Ruta Ñ de mis pecados pero habremos de reconocer que en esto de vender el producto y abrir nuevos mercados la FEB les da cienmil vueltas. Hagan algo, lo que sea, cualquier cosa excepto volver a transmitir (precisamente en el torneo que da inicio a la temporada, el que debería servir de plataforma de lanzamiento para todo lo demás) esta misma imagen de desolación.

Poca televisión: hubo un tiempo en que una semifinal la daba la estatal y la otra las Autonómicas, hubo un tiempo en que el concepto Autonómicas englobaba a un amplísimo segmento de población, hubo un tiempo en que no había crisis y aún atábamos a los perros con longaniza, también en lo que se refiere a televisión pública. Hoy dices que determinada semifinal la dan las Autonómicas y eso lo más que significa es que tres o cuatro comunidades la verán en directo (en algún caso por canales realmente insospechados), que otras dos la verán en diferido (bien entrada la madrugada, a ser posible) y que el resto (y ese resto incluye a Andalucía, Madrid, las dos Castillas, Asturias, Cantabria, Navarra, La Rioja, Baleares, Murcia, Extremadura, no sé si me dejo alguna) habrán de encomendarse a esa extraña cosa llamada Orange Arena (y rezar lo que sepan, por supuesto). Siempre hubo ciudadanos de primera y otros de segunda en lo que a televisión se refiere; nunca como ahora fue tan pequeña la primera ni tan grande la segunda.

Poca modernidad: me duelen ya los dedos de teclear siempre lo mismo, pero aún así tendrán que aguantármelo otra vez: en NCAA y/o NBA cualquier amago de atisbo de sospecha de presunto mal uso de los codos o de cualesquiera otras partes del cuerpo hace que los árbitros se tiren no menos de diez minutos viendo repeticiones junto a la mesa de anotadores, así hasta tener toda la información que les permita adoptar una resolución justa. Aquí en cambio puede montarse una pseudo-reyerta como la que se montaron Sada y Carroll, puede hasta formarse una trifulca posterior que apenas deje ver nada y aún así los árbitros tendrán que seguir tomando su decisión por ciencia infusa, como si aún no estuviéramos en el siglo XXI, como vinieron haciéndolo toda la vida de dios. Vale que aquí las realizaciones no son las de allí (ni de lejos) pero al menos esta vez no podremos decir que no se lo curraran, nada que reprochar en esta ocasión a TVE, hasta recortaron la señal en el descanso pero ese no fue el problema, el problema es que aquí la instant replay ni está ni se la espera. Allí, a donde no llega la visión del árbitro llegan las repeticiones. Aquí, a donde no llega la visión del árbitro llega la imaginación.

Poca fe (y no me refiero a aquella Fe López a la que seguimos echando de menos, sino a la poca fe que tienen ustedes en sus propios productos): durante muchos años hubo concurso de mates y triples, luego desaparecieron y finalmente reaparecieron el pasado año… en la clandestinidad. Un miércoles por la mañana, en el patio de Endesa y exclusivamente para los trabajadores de la empresa, esa a la que este año no se han atrevido a volver no fuera a ser que esos mismos trabajadores les montaran el pollo por la negociación de su convenio colectivo.Josh-Ruggles-640x359 De los mates nunca más se supo pero al menos los triples salieron del hoyo, este año volvieron al evento supercopero lo cual está muy bien… pero eso sí, con disimulo, a escondidas, no fuera a ser que la gente se enterara. No como un evento que merezca ser visto en sí mismo sino como un mero divertimento para entretener al espectador hasta que empiece la final. No como dos buenos platos de una misma comida (uno más ligero que el otro, eso sí) sino como un mero aperitivo, poca cosa, si acaso unas aceitunillas para abrir boca, de esas que en vez de servirse en el salón se sirven a la entrada, de esas que en vez de servirse en TVE1 con el plato principal se sirven en las catacumbas de Teledeporte. En el pecado llevaron la penitencia: probablemente el mejor concurso de triples que recuerdan los tiempos fue a disputarse sin que casi nadie lo supiera, sin que hubiera casi ni un alma en el pabellón. Estarán contentos.

Poca pasión: más de lo mismo, Arseni Cañada (yo sigo echando de menos a Lalo Alzueta) y Juanma Iturriaga, no es ni de lejos el peor escenario posible pero tampoco el mejor, ni mucho menos. Itu está pidiendo a gritos (aunque no se le oiga) alguien que le complemente, que aporte algo más que chispa, que explique conocimientos técnicos y lo haga además con amenidad, a ser posible. Así que llegados a este punto, señores de la ACB (si es que queda alguien por ahí), me van a permitir que les haga una sugerencia: creo que la solución la podrían tener ahí mismo, a la vuelta de la esquina o para ser más exactos al otro lado del pupitre: Antonio Rodríguez. Sabe de esto más que (casi) nadie y es capaz de contarlo además con una pasión que para sí la quisieran muchos otros que viven de esto, véanse cualquiera de los cientos de partidos que comentó en su día para el Plus si quieren comprobarlo. Me le tienen ahí al lado haciendo labores de documentación y/o intendencia, escribiendo además artículos para su Espacio Liga Endesa (que igualmente podría seguir haciéndolos), lo tienen a güevo, ofrézcanle un micrófono y de inmediato mejorarán (con creces) el producto. Ustedes mismos.

Poca formalidad: si retransmites la final de cualquier competición debes ofrecer además la ceremonia de entrega de trofeos de dicha competición. Tanto me da que sea la final del Mundial de fútbol, la final de la Supercopa Endesa o la final del Trofeo de la Galleta de Aguilar de Campoo, lo mismo me da que me da lo mismo, una final no está completa si no están también los abrazos, las medallas, la (super)copa. Ya me pareció mal que hace dos semanas Sánchez y Daimiel despidieran perdiendo el culo la conexión tras la final del Eurobasket (no fuera a resentirse la portentosa audiencia de Cuatro) y mandaran la entrega de medallas a Energy, pero al menos quienes quisimos verla pudimos irnos también a Energy. Ayer no. Ayer según acabo la final tuvo que entrar el sacrosanto Telediario, no iban a hacerle esperar cinco minutos, faltaría más, hasta ahí podíamos llegar. Claro que también podrían haber hecho lo que sus colegas y mandar la ceremonia a Teledeporte pero eso habría resultado demasiado fácil, allí estaban dando tenis (casualmente) y tampoco era cuestión de molestar, casi mejor comámonos la ceremonia con patatas y tranquilicemos a la audiencia diciéndola que luego ya si eso durante el Telediario a lo mejor ofreceremos las imágenes… Qué quieren que les diga, me parece una falta de respeto: para los aficionados del equipo ganador en particular y para los aficionados al baloncesto en general.

Poca emoción: el buen concurso de triples y la magnífica final me reconciliaron un poco con el baloncesto al acabar el sábado, lo cual me resultó muy reconfortante teniendo en cuenta que 24 horas antes había acabado la del viernes sumido en la depresión profunda. Sé que me repito (y por eso no dedicaré al tema un post entero, sino sólo este párrafo) pero me lo tendrán que leer una vez más: vamos camino de una liga de dos o lo que viene siendo lo mismo, dos ligas, una por los dos primeros puestos y la otra por los puestos del 3 al 18. Vamos camino de reproducir fielmente en el baloncesto el modelo del fútbol, esa que llaman liga escocesa aunque ya el concepto se haya quedado caduco porque a día de hoy ya no hay dos grandes en Escocia sino uno. Vamos camino de reproducir fielmente en el baloncesto el modelo de la vida cotidiana (tampoco íbamos a ser una excepción): la clase alta cada vez más alta, la media-alta cada vez más media, la media cada vez más baja, la baja cada vez más cerca de la desaparición. El Barça y el Madrid siempre fueron favoritos pero hubo un tiempo en que supimos que les podía ganar (casi) cualquiera, no ya un partido puntual sino una serie de playoffs o incluso una liga entera. Hoy en cambio la brecha se nos va haciendo cada vez más y más grande, habrá quien esté encantado con ello (me consta que los hay, y no son pocos) pero a mí me duele en el alma ver cómo se nos va muriendo cada día un poco más (por si no viniera ya bastante muerta de serie) esta gran competición.

aquella noche del 73   2 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 30 de septiembre de 2013)

Aquella noche del jueves 4 de octubre de 1973 podría haber sido una noche como otra cualquiera. Mi hermano (seis años menor) y yo ya habíamos cenado, yo apuraba mis últimos instantes de libertad ante al televisor mientras mis padres acababan de cenar en la cocina, éramos así, cenábamos en dos turnos, en estos tiempos quizá sería impensable pero en aquel entonces mi padre llegaba del pluriempleo a las diez de la noche tras haberse tirado casi quince horas fuera de casa trabajando como un cabrón, supongo que ésa era la manera que tenían mis padres de reservarse apenas un pequeño rato para ellos solos. Yo sabía que en breves momentos sucedería lo de siempre, que una vez cenados llegarían por fin al cuarto de estar, nos verían allí y exclamarían ¡¡¡pero ¿qué hacéis aquí todavía?!!! ¡¡¡Venga, a la cama los dos!!!, yo protestaría, reivindicaría que tenía ya trece años, que a esa edad ya no necesitaba dormir tanto, que todos mis compañeros de clase se quedaban hasta las tantas y veían todo lo que echaban por la tele, que yo era el único al que no le dejaban, mi protesta inútil de cada noche porque de inmediato mi madre contestaría que mi hermano era más pequeño y necesitaba dormir más horas, que no habría forma de acostarle si no me iba a la cama yo también… Fin de la historia, nosotros finalmente nos acostábamos y mis padres se quedaban con la tele para ellos solos, en apenas cinco minutos mi madre estaría viendo lo que fuera y mi padre roncando en el sofá. La eterna película de mi infancia.

Aquella noche del 73 podría haber sido una noche como otra cualquiera pero no era una noche como otra cualquiera, no lo era para mí al menos. Apenas había dos canales en la televisión de aquellos años, y digo apenas porque decir dos canales es decir mucho, sería más correcto hablar de uno y medio o de uno y cuarto. Estaba lo que hoy conocemos por TVE1, que en aquel entonces en lenguaje oficial se llamaba la primera cadena de Televisión Española y en lenguaje coloquial era la tele, sin más, para qué íbamos a andar precisando si prácticamente no había otra, preguntábamos qué ponen esta noche en la tele y todos sabíamos de qué hablábamos, para qué entrar en más detalles. Y luego estaba lo que hoy sería La2, ésa a la que el lenguaje oficial denominaba el segundo canal o la segunda cadena y a la que nosotros por alguna misteriosa razón que nunca llegué a descifrar llamábamos el UHF (supongo que la primera cadena todavía iría por la banda de VHF). Era una especie de canal fantasma, que casi ni emitía todos los días siquiera y que cuando lo hacía emitía sólo programación de noche. Y era un signo de distinción, también. Si a mediados de los sesenta el mundo se dividía entre quienes tenían o no tenían televisión, a comienzos de los setenta el mundo se dividía ya entre quienes tenían o no tenían UHF. Aunque a finales de 1973 algo habíamos ya evolucionado (sólo en esto, no crean), al menos en mi colegio y mi vecindario ya casi todo dios tenía (teníamos) UHF. Ya otra cosa era que además lo quisiéramos utilizar.

Aquella noche ponían Sesión de Noche, tocaba una antiquísima película de los años treinta o tal vez los primeros cuarenta, no me pregunten cuál, no doy para tanto. Eso en la tele propiamente dicha, en el UHF en cambio había baloncesto. Y qué baloncesto. Se disputaba en aquellos días el Campeonato de Europa, un torneo que en relación a otros anteriores reunía dos peculiaridades esenciales: 1) que se disputaba en casa, en Barcelona concretamente; y 2) que por primera vez dimos en llamarlo Eurobasket, recuerdo al respecto incluso algún artículo de algún sesudo columnista abogando por que aquello sirviera para desterrar por fin de nuestro deporte la arcaica denominación de baloncesto y sustituirla por aquella otra (mucho más moderna, dónde va a parar) de basquetbol, no cuajó su idea pero al menos el Torneo sí se quedó ya en Eurobasket para toda la vida, esa marca aún sigue acompañándonos fielmente cuarenta años después.

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Aquella noche del jueves 4 de octubre de 1973 nuestra selección iba a enfrentarse a la de la URSS en una de las semifinales del Campeonato de Europa de Baloncesto. Decir enfrentarse ya era decir mucho, hoy puede parecer un partido más pero créanme que en aquel entonces casi ni era un partido siquiera. USA (aún con universitarios) y URSS eran entonces dos mundos absolutamente inaccesibles, dos equipos que nos metían de 30, 40 ó 60 cada vez que nos tocaban, a un lado estaban ellos y a años luz estábamos casi todos los demás, quizá con la honrosa excepción de Yugoslavia. Para una selección como la nuestra, acostumbrada a ser sexta o séptima en el mejor de los casos, era ya todo un éxito sin precedentes haberse clasificado para disputar aquella semifinal. Pensar en pasar de ahí era ya una utopía irrealizable… aunque a algún crío de trece años que acostumbraba a pensar más con el corazón que con la cabeza aún le pareciera que quién sabe, que quizá el hecho de jugar en casa tal vez nos concediera alguna remota posibilidad…

No recuerdo a qué hora fue aquel partido, sí recuerdo que empezó y me puse a verlo, porque quería verlo, porque aquel día no había ninguna otra cosa en mi cabeza que no fuera verlo, porque además mis padres estaban cenando en la cocina y todavía pasaría un rato antes de que aparecieran por aquel cuarto de estar. Obviamente no recuerdo con precisión los detalles pero para eso está el vídeo, hace algunos años la revista Gigantes tuvo a bien ponerlo a nuestra entera disposición en formato DVD, con magnífica calidad de imagen pero con la desgracia de que la narración original del recientemente desaparecido José Félix Pons se hubiera perdido por el camino. Para rellenar aquel vacío los de Gigantes improvisaron unos comentarios de aliño entre su director Paco Torres, Rafa Rullán (que jugó aquel Campeonato) y Sergio García-Ronrás, si usted se lo perdió entonces y hoy desea darse el gusto (cosa que le recomiendo encarecidamente) lo tiene realmente fácil, no tiene más que pinchar aquí y de inmediato sus deseos se habrán convertido en realidad…

En aquel 1973 la televisión era un poco como la vida, en blanco y negro (es decir gris), aún habrían de pasar algunos años para que llegara el color (a nuestros televisores y a nuestras vidas). Suponíamos que España iba de blanco y la URSS de rojo en aquella noche de 1973, hoy podemos confirmarlo gracias a que el vídeo sí se conserva en color, España de blanco y la URSS no tanto de rojo como de rojos, en plural,eb2 no le busquen connotaciones políticas porque no van por ahí los tiros, eran dos rojos distintos, su uniforme recordaba casi a aquel legendario anuncio de lejía (también de hace muchos años), he lavado más veces la blusa que la falda… ¡y mira cómo ha perdido el color! La camiseta en un rojo oscuro, terroso, un rojo tirando a granate con los dorsales además en un tono gris verdoso indefinible que hacía casi imposible distinguirlos (así en el blanco y negro de entonces como en este color desvaído de ahora). Y el pantalón… El pantalón daría casi para un artículo entero por sí solo, rojo fucsia brillante, más corto imposible (de haberlo sido más se les habría visto el culo), ajustado hasta lo inverosímil, una especie de shorts que hoy nos parecerían casi más apropiados para la moda adolescente femenina de la segunda década del presente siglo que para el estilismo deportivo masculino de la octava década del pasado siglo. Vivir para ver.

Así que ahí estaban nuestros Luyk, Brabender, Buscató, Ramos, Cabrera o Santillana contra la Rusia de los Sergei Belov, Miloserdov, Edeshko, Paulaskas o Kovalenko, nótese que he puesto Rusia como si lo fuera, evidentemente no lo era pero todos la llamábamos así, hasta los comentaristas de aquella época la llamaban también así, esto fue como aquello que decía el del pueblo, toda la vida para aprender a decir pinícula y ahora que ya sabemos decir pinícula van y les llaman flimes, pues esto igual, media vida para aprender a decir Unión Soviética y cuando por fin lo conseguimos resultó que aquello desapareció y volvió a llamarse Rusia.eb3 Rusia o sea la URSS se iba en el marcador como estaba previsto, pero por mucho menos de lo que estaba previsto:  17-10, 31-26, 39-28, un choque fascinante, la perfección de Belov o los centímetros de Kovalenko contra los ganchos de Luyk, la pasmosa seguridad de Brabender, la magia de Cabrera o los arrebatos de Buscató, los rusos (digo soviéticos) lo llevaban controlado pero no lo suficiente como para que nos quitaran la ilusión de que allí seguía habiendo partido. Al descanso 45-40, al descanso seguía siendo muy difícil pero aún había razones más que sobradas para continuar soñando, al descanso…

Al descanso pasó lo que tenía que pasar. Mis padres finalmente aparecieron y descubrieron que esta vez ya no era sólo que nosotros estuviéramos donde no teníamos que estar, es que además la tele tampoco estaba en el canal que debía estar. Pero qué hace esto puesto, pero por qué no está en el canal normal, qué ponían esta noche, mi madre encolerizada y yo templando gaitas, buah, una película antigua, un rollo, no coló, mi madre cambió un momento, ¡¡¡uuuhh, con lo que me gusta a mí Errol Flynn!!! (o Clark Gable, o Montgomery Cliff, o Alan Ladd, alguno de esos, qué sé yo quién sería), ¡¡¡Venga, a la cama los dos!!! ¡¡¡Ahora mismo!!! Monté un pollo espectacular, intenté explicarles (probablemente entre lágrimas) la trascendencia de aquel evento y la importancia de aquel partido en concreto, recuerdo que hasta me negué con todas mis fuerzas (lo cual no tenía precedentes) pero como si no, aquellos eran otros tiempos, a los padres no sólo no se les desobedecía sino que ni siquiera se les discutía, como protestaras cualquier cosa te llamaban respondón y te decían que a los padres no se les contesta, éramos la metáfora perfecta del país en que vivíamos. Aquella noche yo lloré, rabié, pataleé, no diré que me llevaron a la cama agarrado de los pelos porque no sería cierto pero algún azote en el culo (eterno recurso de la innovadora pedagogía de la época) sí que me cayó por el camino. Suele decir mi sobrina que en este mundo hay dos clases de personas, personas-perro y personas-gato, supongo que yo siempre fui persona-perro, por más que ladro siempre acabo haciendo lo que ordenan mis amos. Entonces y ahora.

Me metí en la cama sollozando todavía, casi me faltaba el aire tras el berrinche que me había cogido, me iba a costar dormirme, estaba claro… tanto más teniendo en cuenta el sonido que llegaba desde el cuarto de estar. Tras la refriega la tele se había quedado sintonizada en la segunda cadena, mis padres contra todo pronóstico no la habían cambiado, supongo que pensaron que ya total para qué si la película estaba empezada, se olvidaron del televisor y se quedaron ahí hablando de sus cosas.eb6 Y mientras tanto yo intentando escuchar, de fondo tenía la voz de mi madre, la de mi padre y la de José Félix Pons, obviamente las dos primeras me enmascaraban la tercera que era justo la única que en aquel momento me interesaba oír, la que me iba contando que así de entrada todo seguía igual o peor incluso, 61-50 para la URSS a apenas 12 minutos para el final, algo así me parecía interpretar entre la voz de mis padres que ahí seguían sin callarse ni un instante, sin prestar ni siquiera un segundo de atención a todo aquello que ahí estaba sucediendo ante sus ojos…

Acaso ustedes se pregunten (si es que no han huido ya despavoridos a estas alturas del relato) por qué demonios no me levanté, por qué no volví otra vez al salón y les dije, pues si al final lo estáis viendo me vengo aquí con vosotros y así lo veo yo también, dirán que no tuve huevos (y será cierto) pero es que además sé que habría sido mucho peor el remedio que la enfermedad, según me hubieran visto aparecer habrían exclamado ¡¡¡¿pero qué haces tú aquí, por qué no estás durmiendo todavía?!!!, de inmediato habrían caído en la cuenta de cuál era la razón y habrían apagado la tele (o cambiado el canal), me habrían enviado de vuelta a la cama pero ahora ya sin la posibilidad siquiera de poder oírlo, no me atreví, preferí dejar las cosas como estaban, mejor seguir escuchando a duras penas cómo ahora las cosas poco a poco comenzaban a cambiar, cómo Díaz-Miguel acertó montando aquella zona 1-2-2 (a ratos 2-3) y metiendo en cancha a un inesperado Miguel Ángel Estrada, cómo les fundimos por completo a base de velocidad en las transiciones, cómo Brabender seguía sin fallar, cómo Buscató enchufaba suspensión tras suspensión y de paso arengaba a las masas… En un abrir y cerrar de ojos estábamos a un punto, 63-62 a apenas 8 minutos para el final, aún faltaban muchos años para que el añorado Manel Comas formulase su táctica del conejo pero ésta sin embargo ya existía, nosotros la estábamos ejecutando a las mil maravillas…

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A tal extremo de emoción llegó el encuentro que en un momento dado mis padres dejaron por completo de hablar y se pusieron a verlo, y a disfrutarlo, y a gritar incluso con cada canasta… Aquello era el mundo al revés: un matrimonio de mediana edad, carente por completo de cualquier interés por deporte alguno (nunca supe a quién salí), ahora de repente absolutamente enganchado frente al televisor, vibrando ambos dos como nunca imaginé que pudieran hacerlo con aquel espectáculo que en el fondo ni les iba ni les venía; y mientras en la otra punta de la casa (apenas cincuenta metros cuadrados, tampoco exageremos) un preadolescente descerebrado de apenas trece años, para el que no había ninguna otra cosa que importara en el mundo aquella noche, limitándose a tener que escucharlo a duras penas porque no se lo dejaban ver. No entendía nada, nunca entendí nada, tal vez a día de hoy siga sin entender nada…

Claro que a esas horas ya no estaba yo acostado sino sentado sobre los pies de la cama, lo más cerca posible de la puerta, escuchando (ahora ya con más facilidad, gracias al silencio de mis padres y a la subida de tono del narrador) cómo igualábamos por primera vez (70-70) a falta de 4 minutos y medio, cómo Buscató conseguía por fin la primera ventaja (72-70), cómo seguidamente Estrada hacía el 74-70 y luego Vicente Ramos el 76 y el 78, la locura, los rusos (o sea soviéticos) que ya no veían por dónde les venían los golpes, quedaban apenas dos minutos, ¿realmente íbamos a ganar, de verdad podía ser posible lo imposible?,eb7 mis padres volviéndose locos (no sé qué me extrañaba más, si que estuviéramos ganando o que mis padres lo estuvieran viendo), yo pegando brincos sobre la cama (con moderación, no se fuera a despertar mi hermano), a falta de un minuto los rusos volvían a perderla, todavía 6 arriba, aún no había triples, ya casi no habría tiempo pero ahí estaban los rusos otra vez a 4, agotamos posesión, va Brabender a meter la bandeja definitiva y le taponan pero el balón le cae a Estrada, ¡¡¡a Estrada!!! que se saca un churrigancho, entra, 80-74, aún faltan 10 segundos pero ya da igual, aún los rusos anotan sobre la bocina pero ya da igual, HEMOS GANADO, en aquel pabellón se desató la locura colectiva y en aquella cama yo ya no sabía si reír o si llorar, si aquellas lágrimas que me resbalaban por las mejillas eran de alegría o de pena, no sabía si sentirme inmensamente feliz porque habíamos ganado o un desgraciado de mierda porque para una vez que ganábamos algo así no había podido verlo, probablemente nunca hubo alegría más amarga ni tristeza más feliz que aquella, un puto caos de emociones encontradas era yo a aquellas altas horas de la noche…

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Y a la mañana siguiente fue aún peor, fue llegar al colegio y todo dios lo había visto gracias entre otras cosas a que en casi todas las casas de casi todos mis compañeros se vivía con un horario mucho más español que el nuestro, tenían todos la insana costumbre de cenar casi a las once (hoy me parece una auténtica barbaridad, pero en aquel entonces me daban mucha envidia), por supuesto que aquella mañana nadie hablaba de otra cosa, todos me preguntaban ¿tú no lo viste?, yo podría haber mentido y contestar que claro que sí, que cómo no habría de verlo, faltaría más, pero nunca se me dio muy bien mentir (tampoco se lo habrían creído) así que decidí pecar de ingenuo, la primera parte sí la vi, la segunda la oí desde la cama, y todo lo que obtuve a cambio fue una mezcla de conmiseración y descojone, como si les diera lástima y risa al mismo tiempo el tener de compañero a un gilipollas al que le no le dejaban ver justo aquello que más le gustaba, justo aquello que todos los demás veían. Pocas veces a lo largo de mi vida (y miren que hay donde escoger) me sentí tan PRINGAO con mayúsculas (y eso que aún no solíamos utilizar esa palabra) como en aquella mañana de viernes.

Fue tal la repercusión de aquel triunfo que TVE decidió hacer algo insólito, volver a emitirlo (esta vez por su primera cadena, evidentemente) en la mañana del sábado 6 de octubre, en las horas previas a la gran Final. Lo cual por supuesto dio pie a que mi madre me lo restregara,eb8 ¿lo ves?, tanto disgusto el otro día por no poder verlo y resulta que ahora te lo vuelven a echar, después de la noche que nos diste, ya estarás contento… como si yo aquella noche hubiera sabido que lo volverían a poner, como si fuera lo mismo verlo en directo que en diferido, ella no soportaba que nadie le destripara el final de las películas, en cambio el ver un partido sabiendo ya el resultado debía resultarle de lo más normal, supongo que eso a ella no le parecería que tuviera la menor importancia, qué cosas. Por supuesto que vi por fin todo lo que me había perdido, por supuesto que fue mucho peor haberlo visto porque aún me dio mucha más rabia habérmelo perdido. No, definitivamente ya no tenía yo remedio a esas alturas de mi vida.

Y luego a la tarde/noche la Final, ésta sí puede verla sin problemas, quizás porque fuera por la primera cadena, quizás porque fuera más temprano, quizás porque al ser sábado me dejaran quedarme hasta más tarde, quizás por todas esas cosas a la vez. Enfrente la Yugoslavia del grandioso (en todos los sentidos) Kresimir Cosic pero también de Kicanovic, Dalipagic, Slavnic, Plecas, Jelovac, Jerkov, Turdic, pónganse en pie si no lo están ya. Resultaba una quimera pensar siquiera en poder ganar a aquel impresionante equipo (tanto más cuando ya habíamos perdido claramente contra ellos en la primera fase) pero oigan, al fin y al cabo acabábamos de ganar a la URSS, la campeona olímpica en ejercicio, soñar era gratis, por qué no… Pues no. Ni olerlos siquiera. fue el principio de una larga sucesión de finales perdidas que tendría continuidad en 1983, 1984, 1999 y 2003 y que se acabaría finalmente en 2006, claro está que todo eso aquella noche aún no lo sabíamos y por eso mismo no nos importó, lo verdaderamente grande ya estaba hecho, éramos Subcampeones de Europa, la mera denominación producía vértigo, mareaba casi hasta decirlo (quizás por la falta de costumbre), quizás por eso hubieron de pasar casi diez años hasta que pudimos volverlo a repetir. Pero ésa ya fue otra historia

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Supongo que llegados a este punto se estarán preguntando por qué no me he limitado a contar sin más aquel partido, por qué demonios me he tenido que poner en plan abuelo Cebolleta y contarles también (una pequeña parte de) mi vida. Sé que no debería haberlo hecho pero sé también que jamás habría podido separar una cosa de la otra,descarga (1) que aquello me afectó lo suficiente como para no poder recordar lo que sucedió entre las cuatro paredes de aquel vetusto Palacio de Deportes de Barcelona sin recordar también lo que sucedió entre las cuatro paredes de mi casa. Quizás aquella noche empezó todo, quizás fue aquella la noche en que una simple afición se me convirtió ya para siempre en adicción. Nada habría sido igual si hubiéramos perdido, nada habría sido igual (ni aún ganando) sin el trauma de no haber podido verlo, un trauma que aún sigue durándome cuarenta años después, de ahí quizás esta catarsis de tener que escribirlo. Toda mi pasión por este deporte, toda mi obsesión por ver baloncesto y luego contarlo, todos estos rollos que les meto periódicamente probablemente tuvieron su origen en aquella mágica noche del jueves 4 de octubre de 1973. Sólo espero que haya merecido la pena.

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