Archivo para noviembre 2013

delirios publicitarios   Leave a comment

Hubo un tiempo en que mirábamos a la ACB y todo eran cajas (de ahorros, me refiero), hubo un tiempo en que mirábamos a la ACB y todo eran inmobiliarias, hubo un tiempo en que mirábamos a la ACB y todo eran compañías de seguros, hubo un tiempo en que mirábamos a la ACB y todo eran camisetas vacías pidiendo a gritos que se apiadara de ellas un patrocinador. Hoy todavía estamos en ese tiempo (y lo que nos queda) pero se aprecian a veces en lontananza leves indicios, no tanto de recuperación como de las ganas que algunos tienen de echarle imaginación. No es que veamos la luz al final del túnel (dónde habré oído yo esto antes) sino que el túnel tiene grietas por las que se cuela alguna rafaguilla de luz de vez en cuando. Por esas rendijas entraron marcas tan prestigiosas como Gescrap o MadCroc, que antes de llegar al baloncesto ni sabíamos que existieran y que una vez se fueron seguimos sin saber que aún sigan existiendo, de hecho a alguna de ellas aún la deben de andar buscando para que pague lo que dejó a deber. Y por esas rendijas han seguido entrando firmas insospechadas, marcas cuya mera enunciación nos habría hecho descojonarnos de risa (de qué iba a ser si no) hace apenas unos años, pero que hoy mejor será que nos las tomemos muy en serio ya que representan el presente (valga la redundancia) y hasta el futuro de esta competición…

La Bruixa d’Or, por ejemplo. Si hace años hubiéramos tenido un equipo llamado La Bruja de Oro Manresa probablemente habríamos pensado que alguna editorial había tomado al asalto la ACB para promocionar así su colección de literatura infantil: Blancanieves Real Madrid, Caperucita Roja Murcia, El Príncipe Azul Estudiantes, El Corsario Negro Bilbao, Peter Pan Joventut, Josean y las Judías Mágicas Baskonia, El Pollito Pío Gran Canaria, La Isla del Tesoro Tenerife, Cenicienta Valladolid, El Patito Feo Fuenlabrada, Los Tres Cerditos… (vale, a éste casi mejor no lo ubico, no vaya a ser que alguien se ofenda). Afortunadamente el equipo manresano no se llama La Bruja de Oro sino La Bruixa d’Or, parece lo mismo pero no es lo mismo, el catalán es un idioma mucho más sutil que el castellano sin ninguna duda, pruebe a decir cojones y resultará de lo más ordinario, pruebe en cambio a decir collons y quedará hasta elegante. La Bruixa d’Or no es ningún cuento sino una administración de loterías, qué digo una, la administración de loterías por antonomasia, ubicada en Sort y que reparte suerte (como su propio nombre indica) año tras año sobre todo en estas señaladas fechas. Interesante cosa que las administraciones de loterías desembarquen en el patrocinio deportivo, por esa misma regla de tres no sé yo a qué esperan Doña Manolita o La Hermana de Doña Manolita (que también existe) para acoger en su seno por ejemplo al Fuenla, el Manresa de la Meseta como si dijéramos. Ahí les dejo la idea, para lo que gusten mandar.

Y qué decir del Tuenti Móvil Estudiantes. Tuentimóvil, qué bonito, dicho así todo junto suena casi a coche de los Autos Locos (Pier Nodoyuna y Patán, Penélope Glamour, los Hermanos Macana, si no sabe de qué le hablo alégrese, es una mera cuestión de edad) o al de Los Picapiedra (que era en realidad el troncomóvil, también sería buen nombre para una empresa de telefonía). Fíjense si será supina mi ignorancia en estas materias que yo aTuenti la tenía por una especie de red social de iniciación a la española, que algunos aún seguirán en ella de por vida (como hay quien sigue de por vida en la preadolescencia) pero que a la mayoría les debió servir de paso previo para dar luego el salto al Féisbuc, al Guasap, al Túiter y demás zarandajas que nos traen a mal traer en estos tiempos. Eso pensaba yo que era Tuenti, pero… ¿Tuenti Móvil? Se lo comenté a mi asesor tecnológico (o sea mi hijo), ¿sabes que ahora Estudiantes se llama Tuenti Móvil Estudiantes?, a lo que me respondió que sí, que por supuesto, que cómo no habría de saberlo, que él ya conocía de sobra la empresa y que de hecho es a la que tiene pensado apuntarse cuando se ponga Internet en el móvil, dado que ofrece las tarifas más baratas del mercado (paja mental que se ha hecho él solo consigo mismo, por ahora con el wifi de casa va que chuta, lo de ponerle tarifa de Internet todavía tendrá que esperar, aún por muy barata que sea). Todo un hallazgo que esperemos que no caiga en saco roto, que ojalá sigan raudos y veloces su ejemplo (el del patrocinio ACB, me refiero) Amena, Yoigo, Simyo, tantas otras (no, no incluyo a Orange, líbreme el cielo, con lo que ya patrocina tenemos más que suficiente, y eso que se me ocurren un par de equipos ideales para tenerle como espónsor por una mera cuestión indumentaria). ¿Imaginan por ejemplo un derby madrileño Tuenti Móvil Estudiantes-Pepephone Fuenlabrada, retransmitido además por Orange Arena? Es más: ¿podrán decir libremente Tuenti Móvil los narradores de Orange Arena cuando retransmitan al Estu, o lo tendrán prohibido para no hacerse a sí mismos la competencia? Es más: ¿será por esto por lo que cada vez le televisan menos partidos al Estu (y menos aún que le van a televisar como siga jugando así)?

Claro que si todo esto les parece raro no se pierdan ya lo de Unicaja, que en este caso nada tiene que ver con dicha entidad financiera sino con ese otro rótulo que sus jugadores llevan sobre las espaldas en los partidos de Euroliga, entre el apellido y el dorsal: AP-46 Pedrizas, tal cual. Sí, es exactamente lo que parece, una autopista de pillaje digo de peaje, la también denominada Autopista del Guadalmedina (la Güiquipedia hace milagros), que al parecer facilita el acceso a Málaga (previo pago, of course) evitando de paso las sinuosas y procelosas curvas del Puerto de Las Pedrizas, como su propio nombre indica. Pues nada, los aficionados al baloncesto les damos la bienvenida y les deseamos una feliz estancia en nuestras camisetas, faltaría más, lo que ya no sé es si sus usuarios compartirán esa misma felicidad cada vez que les toca pasar por caja. No hace mucho leí que el Presidente de la Patronal de Autopistas había tenido la luminosa idea de pedir que se cobre también peaje en las autovías para así atajar la grave crisis que atraviesa el sector (hay que ver, qué hombre tan inteligente), no sé muy bien cómo encaja ese discurso con esta huida hacia adelante de esponsorizar (siquiera mínimamente) a una entidad deportiva. Y además, ¿por qué sólo en Euroliga? ¿Creerán acaso que por emitirse los partidos en una plataforma de pago el target (o como se diga) de espectadores se asemeja más al de sus potenciales usuarios? ¿Creerán acaso que así llegan también al público internacional, que los aficionados turcos, lituanos o eslovenos dirán al verlo, anda mira, si alguna vez en nuestra vida viajamos a Málaga y decidimos acercarnos a conocer Antequera ya sabemos por donde tirar? Lo dicho, bienvenidos sean y ya que están aquí no dejen de comentar a sus compañeros lo bien que se está a ver si así se anima alguno más, de hecho sería un puntazo si así fuera, de hecho nuestros equipos ya no parecerían equipos sino robots de la Guerra de las Galaxias, R-2 Real Madrid, R-3 Estudiantes, AP-1 Baskonia, AP-2 Zaragoza, AP-4 Sevilla, AP-6 Valladolid, AP-7 Barça, AP-41 Fuenlabrada, AP-53 Obradoiro, AP-68 Bilbao… (ya ven que me lo he currado). Eso sí, por favor, no se les olvide pasar por caja antes de salir.

Y luego hay también marcas cuya llegada al baloncesto deberíamos valorar en su justa medida por el efecto arrastre que podrían ejercer en sus congéneres, es decir, lo que vienen siendo las empresas del sector. Pongamos por ejemplo UCAM, la Universidad Católica de Murcia, cuyo aterrizaje en las camisetas de la entidad pimentonera (qué cursilada) bien podría provocar que siguieran sus pasos otros centros del saber, así católicos como agnósticos, así públicos como privados, tanto da entre otras cosas porque al paso que vamos los públicos serán también privados pasado mañana. Quedaría una monísima ensalada de siglas, una especie de NCAA a la española… excepto por el pequeño detalle de que aquí no habría más universitarios que los que venden los bocadillos y los que limpian el pabellón, acaso también los que pasan la mopa. El signo de los tiempos, ya saben. Y qué decir del efecto arrastre que podría provocar el insigne Sr. Roig si se dejara de componendas y subterfugios, de culturas y esfuerzos y demás zarandajas y llamara por fin a su equipo Mercadona Valencia (Hacendado Valencia y Bosque Verde Valencia también valdrían), cómo no imaginar al resto del sector perdiendo el culo (si lo tuvieren) por seguir sus pasos: El Corte Inglés Real Madrid (Dios los cría y ellos se juntan), Ahorramás Estudiantes, Alcosto Fuenlabrada, Carrefour Baskonia, Hipercor Zaragoza, Alcampo Sevilla, Caprabo Barça, Eroski Bilbao, El Árbol Valladolid, Inditex Obradoiro… (no, por ahora no me consta que Inditex trabaje el tema de la alimentación, pero todo es ponerse). Ya en su día tuvimos un Caprabo Lleida, un Valvi Girona, un Covirán Granada y hasta un Tenerife Número 1 por ejemplo, no es un gremio que nos sea nuevo, acaso sólo necesite un leve empujoncito para volver a depositarnos su confianza. En sus manos lo dejo, Sr. Roig.

Este maravilloso mundo del patrocinio deportivo me lleva siempre a hacerme un montón de preguntas, algunas de las cuales amenazo con compartir con ustedes. Por ejemplo: ¿Todo producto es susceptible de esponsorizar a un equipo de baloncesto (o de lo que sea), o hay marcas que nos chirriarían, por una mera cuestión de sentido común? ¿Cómo reaccionaríamos ante nombres como Mimosín Real Madrid, Nenuco Estudiantes, Dodotis Joventut, La Española Barça, Paellador Valencia, El Cobrador del Frac Valladolid, Espárragos Cojonudos Baskonia? ¿Cabría siquiera imaginar en nuestras camisetas (de baloncesto o de lo que fueran) marcas como Supositorios Rovi, Hemoal, Micralax, Prenatal, Indasec (para esas pequeñas pérdidas de orina), Eau de Rochas, Chanel nº 5, tantas otras? [Cuentan que hace ya unos cuantos años una afamada marca de preservativos ofreció una pasta por aparecer en las camisetas del equipo de fútbol más laureado sobre la faz de la Tierra, cuentan también que la directiva de dicho club rechazó de plano tan sustanciosa oferta, será que la cosa del Durex no les acabó de encajar con aquello de que las mocitas madrileñas van alegres y risueñas cuando juega su Madrid] O bien: ¿Qué demonios hace una bebida como San Miguel 0,0 patrocinando al baloncesto, en otro tiempo la ACB, hoy la FEB? (y no, nada tiene que ver que un jugador de ese apellido luzca ese dorsal, dado que no le pagan ni un duro por el detalle) ¿Cómo es posible que un producto apellidado precisamente cero cero no patrocine a la liga de fútbol, siendo como es ese 0-0 el resultado balompédico por antonomasia? [Es más, creo sinceramente que si yo fuera el responsable de publicidad de dicha marca montaría en los campos de fútbol una campaña como esas que montan los burguer en los pabellones NBA… sólo que al revés: en vez de dar dos por uno en hamburguesas si el equipo local pasa de 100, regalaría dos por uno en cervezas (sin) en los bares de alrededor si el partido acaba 0-0. Imaginen ese tiempo de descuento, ese delantero local a punto de marcar el gol de la victoria, esos aficionados debatiéndose entre la alegría de ver ganar al equipo de sus amores o la alegría de que les salga gratis la caña (sin) de después…]

En cualquier caso todos esos patrocinios más o menos atípicos deberían abrirnos los ojos, deberían hacernos entender que hay otros mundos pero están en éste, frase clásica publicitaria que queda muy socorrida en un post dedicado a la publicidad. Si Mahoma no va a la montaña tendrá que ser la montaña la que vaya a Mahoma, si los patrocinadores no vienen al baloncesto tendrá que ser el baloncesto el que vaya a buscarlos donde sea menester. Al cine, por ejemplo. El mundo del cine ha hecho alguna aparición esporádica en las camisetas futbolísticas pero es todavía un territorio inexplorado en las baloncestísticas, y ello cuando hemos visto películas que les habrían venido a nuestros equipos como anillo al dedo, Titanic Barça (en otro tiempo Titanic Real Madrid), Avatar Estudiantes, Men in Black Bilbao (ésta era obvia), Dulce Pájaro de Joventut, Lo Imposible Valladolid, Ninette (y un señor de) Murcia, El Sitio de Zaragoza. O qué decir de esas superproducciones musicales tan en boga en nuestros teatros de la Villa y Corte, imaginen por ejemplo Mamma Mía Real Madrid, Hoy no me Puedo Levantar Baskonia, Los Miserables Valladolid (no se me enfaden, recuerden cómo acaba), Más de Cien Mentiras Estudiantes, Marta Tiene un Marcapasos… no, ésta ya sí que no, sería una crueldad innecesaria endosarle ese nombre a equipo alguno. Todo tiene un límite.

O como dijo aquél, yo he visto cosas que vosotros no creeríais. He visto naves en llamas más allá de Orion, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de nosedónde, he visto a un partido político patrocinando a un club deportivo… Créanselo porque es absolutamente cierto, no de forma encubierta sino con total impunidad, que se me enrede ahora mismo el dedo entre las teclas si les miento, sucedió hacia finales de los setenta o principios de los ochenta del pasado siglo, fue en León y el equipo creo recordar que era de voleibol (aunque de esto último ya no estoy seguro), debió quedarse de repente sin espónsor y el partido mayoritario en aquel entonces decidió patrocinarlo, soltarle una pasta a cambio de que luciera en su denominación y en sus camisetas las siglas de la Unión de Centro Democrático. Y así cuando en los telediarios y en los estudioestadios de aquel entonces se daban los resultados del voleibol (sí, en los telediarios y en los estudioestadios de aquel entonces se daban los resultados del voleibol y hasta los de la Liga Nacional de Tenis de Mesa, ya les dije que había visto cosas) aquel equipo era mencionado como UCD León, tal cual aparecía en pantalla… Ergo con ese precedente no hará falta que les cuente el inmenso abanico de posibilidades que se abre ahora mismo ante nuestros ojos: PP Valencia, PSOE Sevilla, CiU Barça, ERC Manresa, IU Fuenlabrada, PNV Bilbao, Sortu GBC, BNG Obradoiro, Coalición (Gran) Canaria… En peores cosas se han gastado en todos estos años el dinero que no tienen, el que reciben de subvenciones y hasta el que les cae del cielo (ese que algunos malpensados llaman financiación irregular), a ver por qué no se habrían de dejar también en nosotros algunos eurillos (siquiera fuera para blanquearlos). Si al fin y al cabo hemos anunciado aseguradoras de dudoso gusto, especuladores inmobiliarios con o sin burbuja, entidades financieras con o sin preferentistas, diputaciones provinciales con o sin presupuesto, si hasta hemos vendido empresas de explotación laboral (ay perdón, quise decir de trabajo temporal, en qué estaría yo pensando), a ver por qué nos habríamos de asustar ahora de tener que vender partidos políticos, conglomerados fraudulentos, organizaciones mafiosas e incluso casas de lenocinio si ello fuera menester (ejemplos todos ellos independientes entre sí, no vayan a pensar que estoy comparando a unos con otros). Recuerden una vez más que la realidad siempre supera a la ficción. Si ya les parece raro todo lo que hemos visto, no quieran ni imaginar lo que aún nos quedará por ver.

realidades paralelas   2 comments

Realidad A: téngase un modesto club ubicado en la esquina noroeste del mapa, uno de esos que se ven obligados a reinventarse cada temporada, que fichan y fichan y vuelven a fichar suplentes ajenos, desechos de tienta, temporeros varios, criaturillas recién salidas del cascarón que emprenden cada verano el camino de Santiago no tanto para obtener el jubileo como para revalorizarse y/o relanzar su carrera, luego una vez que lo hacen si te he visto no me acuerdo, adiós muy buenas, fue un placer. Los peregrinos de este verano se llamaron Xanthopoulos, Durand Scott, Muscala, Delas, Minnerath, sobre sus frágiles hombros la responsabilidad de borrar el recuerdo que dejaron Kendall, Hummel, Mejri, Buford, de borrar incluso el recuerdo del gran Andrés Rodríguez, luego pídale a todos ellos que funcionen desde el primer día, pídale a Moncho Fernández que de ahí saque un equipo desde el primer día como si no hubiera pasado nada, otro acaso le diría que los milagros casi mejor pídaselos al Santo, él en cambio se pone y lo hace, saldrá mejor o peor pero lo hace, podrá tardar más o menos pero lo hace, vaya si lo hace, a las pruebas me remito.

Realidad B (nunca mejor puesta dicha letra): téngase otro club pero éste ya ubicado en la esquina nordeste del mapa, éste ya no modesto sino grande entre los grandes, tan grande que incluso es más que un club, la mera definición de club hace ya muchos años que se le quedó pequeña. Un club que cuando se reinventa no lo hace por necesidad sino por vicio, es lo que pasa cuando tienes el dinero (del fútbol) por castigo, que se te antoja Spanoulis y Teodosic y McCalebb y la madre que les parió y te vas a por todos ellos como si no hubiera un mañana, puede pasar que todos ellos te digan que no pero ello no habrá de arredrarte en absoluto porque aún podrás fichar a lo más florido y granado del panorama continental, Lampe, Nachbar, Dorsey, Papanikolaou, Pullen, la de dios, claro que siempre habrá algún tocapelotas que te dirá que dónde vas con tanto cuatro cuando se suponía que estabas buscando un base, que dónde vas con Pullen cuando se suponía que estabas buscando un (verdadero) base, es bien sabido que la tocapelotez es una cualidad inherente al ser humano, somos así, algunos nos empeñamos en ver cromos repetidos donde deberíamos ver un plantillón inmarcesible, no tenemos remedio…

Ahora bien, ¿qué sucede cuando ambas realidades paralelas se entrecruzan? [Ya sé que en el colegio nos explicaron que dos líneas paralelas nunca llegan a juntarse pero recuérdese que esto es deporte, nuestras realidades no se rigen por las leyes de la física, aquí todas las líneas (aún por muy paralelas que sean) se cruzan al menos un par de veces por temporada] En condiciones normales a nadie podría extrañarle que la realidad B aplaste a la realidad A, sobre todo si tenemos en cuenta que todo el equipo A cabe (en términos económicos) en un solo jugador del B. Claro que también puede pasar que no haya aplastamiento y el equipo B se limite a ganar sin excesos al A, mera faena de aliño, a cubrir el expediente y a otra cosa mariposa. Por pasar puede pasar incluso que A gane a B, no es fácil que el pez chico se coma al grande pero tampoco es imposible, al fin y al cabo un mal día lo tiene cualquiera. Lo que ya no suele pasar de ningún modo, lo que ya no cabe en cabeza humana es que A no se limite a ganar a B sino que se dé incluso el gustazo de humillar a B. Y sin embargo…

Y sin embargo la historia nos contará que el pasado sábado 23 de noviembre la realidad A, por otro nombre Obradoiro o simplemente Obra (también Río Natura-Monbús, pero me permitirán que prescinda de apellidos publicitarios para la ocasión), se permitió el lujo de humillar a la realidad B, por otro nombre Fútbol Club Barcelona o simplemente Barça. Hasta ahí los hechos, pero si usted no los vio es muy posible que además (y por el mismo precio) me demande una explicación. Pues qué quiere que le diga, ya me gustaría poder dársela. Ya me gustaría poder explicar el hecho de que aquellas criaturillas compostelanas  parecieran un señor equipo mientras que en cambio las rutilantes estrellas blaugranas parecían poco menos que una banda, ya me gustaría saber cómo demonios explicar que (por poner un solo ejemplo) un tipo como Óscar Junyent que ya andaba por allí cuando Naismith colgó las cestas de melocotones le pintara la cara a una leyenda viva del basket europeo como Ante Tomic, también de paso a sus amigos según iban pasando por allí; ya me gustaría poder explicar que a ratos pareciera que el único que tiraba del carro de aquel Barça fuera Abrines, precisamente Abrines, nada más y nada menos que Abrines…

Dirán en Can Barça que tienen coartada, cómo no habrían de tenerla, siempre ha de haber un empedrao para echarle la culpa, siempre tenemos una excusa para cada ocasión. Dirán que volvían de Belgrado, de ganar sobradamente en un feudo otrora inexpugnable como es la Pionir; dirán que estaban extenuados por tan gran esfuerzo y tan largo viaje (no quiero ni pensar si en vez de en jueves hubieran jugado en viernes), que no se puede estar a todas, que acaso el precio que tengas que pagar por ganar en Serbia sea palmar luego en Galicia tres días después. Dirán que tienen muchos nuevos (¿y Obradoiro?), que apenas les ha dado tiempo a conjuntarlos, que algunos llegaron con el tiempo justo y sumamente cansados tras el Eurobasket, que así no hay manera. Dirán que con tanto partido apenas les queda tiempo para entrenamientos (como si eso en esa casa fuese algo nuevo), que apenas tuvieron dos días para preparar lo que Obradoiro se tiró preparando una semana entera. Dirán misa en arameo si es preciso, quién sabe si apelarán incluso al socorrido maltrato arbitral (precedentes hay al respecto), podrán decir lo que quieran pero probablemente se les pasará por alto un pequeño detalle: un grande puede perder pero no puede perder así, de ningún modo, ni aún por muchas excusas que tenga. Un Barça puede caer como cayó en Bilbao, faltaría más, pero de ningún modo puede dar la patética imagen que dio en Santiago.

Un Barça puede tener (y de hecho tiene) una gran plantilla, que además tenga un gran equipo ya es otro cantar. Un Barça puede gastarse el dinero (del fútbol) a espuertas, ya otra cosa es que además sepa cómo y en qué se lo gasta. Te das el lujo, compras jugadores contrastados, la flor y nata del basket europeo, todo eso está muy bien pero a veces entre estar contrastado y estar ya de vuelta sólo hay un paso y algunos ya parecen haber empezado a darlo (mención especial para Nachbar en ese aspecto). Como sólo hay un paso entre tener la cabeza fría y ser un pichafría (mención especial para Nachbar, de nuevo), como sólo hay un paso entre tener la cabeza caliente y que esa misma calentura al final se te vaya de las manos. A algunos ya nos pareció en verano que meter a dos tipos como Lampe y Dorsey en el vestuario del Barça era como meter al zorro a cuidar las gallinas (dicho sea con todos los respetos y sin ningún ánimo peyorativo, líbreme el cielo), en este caso además dos zorros por el precio de uno. Por ahora no me consta que hayan provocado ningún incendio de puertas adentro pero parecen siempre a punto de provocarlo de puertas afuera, jugadores al borde de un ataque de nervios como si dijéramos. O quizá no, o será acaso que les miro con malos ojos, no lo voy a negar: miro a Lampe y veo a un tipo de calidad excelsa que se cree siempre mucho más importante que el equipo en el que está, sea éste cual sea; miro a Dorsey y veo a un jugador físicamente imponente pero que apenas ha evolucionado desde aquel otro que conocí hace seis años en Memphis (Universidad de), más allá de ponerse músculo; aquellos Tigers (entre los que estaba un tal Derrick Rose) perdieron una final universitaria por su manifiesta incapacidad para atinar con los tiros libres, basta ver hoy a Dorsey para comprobar que no aprendió nada de aquella experiencia. Si además de físico tuviera baloncesto las franquicias NBA se estarían pegando por él, si además de físico y baloncesto tuviera también algo de seso (sin equis, no se confundan) no le veríamos por Europa ni de visita. No es el caso, me temo.

¿Qué más? Marcelinho constreñido, Sada en decadencia (según se le van yendo las virtudes se le van apreciando más las carencias), Navarro aún convaleciente, Tomic en lo suyo, júntenlo con Nachbar y tendrán la pareja con más talento y menos sangre del Continente. Oleson y Lorbek lesionados (que estará por ver cuándo y cómo vuelven, sobre todo el segundo), Todorovic y (en su caso) Herzonja infrautilizados, al menos parece que Pascual ya perdió el miedo de poner a Abrines (a la fuerza ahorcan), veremos lo que le dura. Y Pullen, Pullen que no es un base (o no es lo que yo entiendo por un base), Pullen que es más dos que uno y que además va por libre, se lo das a un modesto a razón de treinta minutos por noche y lo mismo le arregla la temporada (o se la acaba de hundir), se lo das a un Barça y te preguntas qué demonios pinta allí. Dirá el barcelonismo que para este viaje no hacían falta alforjas, para utilizar a Pullen de revulsivo tiratriples en situaciones desesperadas mejor habrían hecho en quedarse con Jasikevicius que estará mayor pero es casi de la familia, y que además las mete cuando es menester. Dirá el barcelonismo que a ver qué sentido tuvo pasarse todo el verano buscando un base para acabar trayéndose un sucedáneo, para acabar tirando con lo que ya tenían, un Sada ya de vuelta y un Marcelinho que a estas alturas ya ni sabe lo que es.

Pero no es sólo cuestión de jugadores, no vayan a pensar. Saben que el juego de este Barça se me hace bola, por lo que vengo leyendo por ahí sospecho que no soy el único. No es de hoy ni de ayer, son años así, años en los que las victorias y los títulos enmascararon una especie de engrudo de difícil digestión. Hubo (por ejemplo) un Barça triomfant 2009/2010 que arrasó toda la temporada, que se llevó Copa y Euroliga y que no se llevó finalmente la Liga por la gracia de SanEme, quizás hoy muchos recuerden con nostalgia aquellos resultados pero no estará de más recordar que su filosofía de juego era exactamente la misma, este Marcelinho encorsetado que vemos hoy es exactamente ese mismo Ricky escayolado que veíamos entonces, ese del que no entendíamos que no diera un paso al frente cuando quizá no le dejaban darlo. Aquel Barça ganó títulos pero dejó efectos colaterales, la caída en picado de asistentes al Palau Blaugrana no habrá sido el menor de ellos, resulta muy socorrido echarle todas las culpas a la crisis pero quizá deberían recordar que el espectáculo también lleva espectadores, miren a su odiado rival si les queda alguna duda. Muchos se limitan a hablar de defensa, demasiadas veces se dice que Xavi Pascual es defensivo pero yo no concibo esa razón, Xavi Pascual será defensivo en la misma medida en que otros entrenadores también lo son ya que todo buen juego parte de una buena defensa. La verdadera cuestión no es la defensa sino el no soltar las riendas en ataque, ese tener al equipo permanentemente atado en corto, esa manifiesta incapacidad de cambiar el ritmo, ese baloncesto tan (generalmente) eficaz como gris, espeso, pegajoso. Las penas con pan son menos, el aburrimiento si ganas te lo perdonan pero como un día dejes de ganar estás perdido. Tengo a Xavi Pascual por un gran entrenador, jamás me habrán leído otra cosa, tiren para atrás en este blog y encontrarán múltiples pruebas al respecto. Tengo a Xavi Pascual por un gran entrenador, pruebas más que sobradas ha dado de ello (recuérdense sin ir más lejos las dos últimas finales ACB)… pero que me guste o no ya es otro cantar.

En cualquier caso no creo que el barcelonismo deba hacer un drama de todo esto, no todavía al menos, no al menos en lo que a resultados respecta. Hace ahora más o menos un año las cosas no eran tan diferentes, baste con recordar que el Barça empezó la Liga 2012/2013 perdiendo en casa contra el Valladolid (¡¡¡el Valladolid!!!), que en fechas posteriores tuvo alguna otra derrota no menos dolorosa, que anduvo en apuros hasta para meterse en la Copa… y que una vez llegó a la Copa la ganó con solvencia, que ya puestos hasta se metió en la Final Four euroliguera y que hasta le forzó el quinto al Madrid en la ACB (y apuntito estuvo de llevársela), todo lo cual fue visto por muchos como una bendición del cielo, si lo comparaban con cómo habían empezado la verdad es que no pudieron acabar mejor, recuérdese incluso que hasta hubo algún iluminado de la acera de enfrente que aprovechó la coyuntura para proclamar a los cuatro vientos que lo hicieron aposta, que tiraron a propósito la temporada regular para así reservar fuerzas para los playoffs. No descarten que este año se repita la historia, el deporte tiene sus tiempos, esto es muy largo, ni el Madrid podrá mantener eternamente su actual nivel de excelencia ni al Barça le durará demasiado este nivel de miseria (entre otras cosas porque ya hará lo que sea para mejorarlo, tirando de chequera si es preciso). Madrid y Barça son también realidades paralelas en cierto modo, el tiempo dirá si llegarán a cruzarse o no.

Y eso sí, mantengamos siempre bien presente que los equipos (aún por muy grandes que sean) nunca pierden solos. Para que un grande la cague de ese modo contra un pequeño no basta con que el grande lo haga todo mal, también hace falta que el pequeño lo haga todo bien. Siempre me dio rabia esa prensa deportiva que explica las derrotas del Madrid o el Barça sólo en base a los errores cometidos por el Madrid o el Barça como si la derrota sólo fuera culpa suya, como si enfrente no hubiera también un rival. Siempre me dio rabia esa prensa deportiva y sospecho que hoy no he hecho más que ponerme a su altura, y por eso siento rabia de mí mismo. Sirva al menos este último párrafo de reconocimiento a Corbacho, al jugador antes conocido como Freire (o sea, Rafa Luz), a Dewar y Pumprla (nunca sé cómo escribirlo), a todos los que ya fueron mencionados anteriormente y por supuesto, cómo no, a ese Moncho Fernández que tras su reputada imagen de cascarrabias esconde un extraordinario entrenador en su interior. En apenas una semana volverán a su cruda realidad, a esa pelea por la permanencia (si es que algo queda en la ACB del concepto permanencia) o por volver a rondar las mieles del medio de la tabla, tanto dará porque lo que ya nadie les podrá quitar será el recuerdo de aquel día en que su realidad se fue a cruzar con la del Barça. O para ser más exactos, del día aquel en que su modesta realidad se llevó por delante a la opulenta realidad del Barça. Nada menos.

el Madrid de los prodigios   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 15 de noviembre de 2013)

Fui a ver el Real Madrid-Anadolu Efes, y fue como si hubiera ido a ver un Harlem Globetrotters-New York Nationals. Fui a verlo con mi hijo de dieciséis años, basketescéptico (por más que lo he intentado nunca he conseguido inocularle el virus) y realmadridfóbico, que empezó con cara de aburrimiento como diciendo no sé qué pinto yo aquí, quién demonios me mandaría decirle que sí a mi padre cuando me pidió que le acompañara, y que acabó en cambio disfrutando como un loco, poniéndose en pie, jaleando y aplaudiendo cabriolas y arabescos como un niño (como el niño que en el fondo sigue siendo, aunque se resista a reconocerlo). No habría de ser ese el único prodigio de aquella noche…

Fui a ver el Real Madrid-Anadolu Efes y fue como ir a ver un Harlem Globetrotters-New York Nationals, pero no estará de más que delimitemos de qué hablamos cuando hablamos de Nationals. Viejos (y buenos) conocidos como Savanovic, Vasileiadis, Planinic, Barac, un pívot solvente y de gozoso pasado céltico como Semih Erden, dos cotizadísimos americanos (de USA) como Gordon y Hopson más el sólido Dragicevic, más otro par de turcos cocinados a fuego lento en NCAA y que aspiran aún a día de hoy a encontrar su sitio en Europa, el ex Longhorn (de Texas) Dogus Balbay y el ex Mountaineer (de West Virginia) Deniz Kilicli, todo ello amalgamado además por un entrenador de probada solvencia, sin duda uno de los grandes, Oktai Mahmuti. ¿Los Nationals, dice usted? A ver, tampoco nos volvamos locos, en las horas previas y posteriores al partido escuché hablar del Efes como candidato serio a la Final Four, yo no diría tanto, yo lo veo como candidato indiscutible al Top16, como candidato (ya más discutible) a meterse en el playoff de cuartos de final, la Final Four ya me parecen palabras mayores para este equipo. Posible sí, como no habría de serlo. Probable no, en mi modesta opinión. Ahora bien, ¿los Nationals? En otra temporada, en otro momento, este mismo Efes habría podido ocasionar un buen incendio en el Palacio (decir incendio y Palacio en la misma frase suena como jugar con fuego, nunca mejor dicho), habría garantizado un partido igualado al menos. Es más, este mismo Efes bien habría podido provocar ese mismo incendio si su visita en vez de al Palacio hubiese sido al Palau, no digamos ya al Buesa o al Carpena.  Este mismo Efes que se la podría liar a cualquiera fue un vulgar juguete, un mero comparsa, un simple azucarillo disuelto en el agua que le dio el Madrid. Los Estambul Nationals.

Hay mucho de Globetrotters en este Madrid, no ya en su juego ni en sus virguerías ni en las asistencias ni en los contraataques ni en los robos de balón sino en algo mucho más importante que todo eso: la actitud. Esa sensación de ser felices, de disfrutar haciendo su trabajo, de pasárselo deputamadre juntos y transmitir esa misma vibración a todos los de alrededor. Ese situarse casi por encima del bien y del mal, ese mofarse involuntariamente de la autoridad competente como se mofan los Globetrotters de los pseudoárbitros durante su chou, esa simple jugada como metáfora de todo un partido, quién sabe si de toda una temporada: salen a la carrera, el Chacho desde media pista se la pone a Slaughter, éste clava el alley-oop, el Palacio se viene abajo pero llega el árbitro y dice que no, que mire usted, señor Rodríguez, quizá no se diera cuenta pero le hicieron falta al dar el pase así que no vale nada de todo lo que vino después, el Palacio es un clamor, a ese amplio sector del madridismo educado en la ley de la ventaja le cuesta mucho entender que aquí las cosas no sean así. ¿Qué hacer? Dar al replay, otra vez a la carrera, otro cuelgue a Slaughter desde el mismo sitio, otro alley-oop exactamente igual o aún mejor si cabe que el anterior, quienes lo vieran por la tele pensarían que les estaban dando la repetición pero no, ya era otra jugada, la misma y otra a la vez, ahí la llevas Lamonica, si no quieres caldo pues toma dos tazas, a ver si ésta me la anulas también… La locura.

Viendo al Madrid en vivo (viendo cualquier baloncesto en vivo, en realidad) aprecias cosas que a menudo se te escapan por televisión. Aprecias por ejemplo que Laso tenía razón en aquella queja del otro día, mucho contraataque, mucho passing game, mucha orgía y desenfreno, mucho jijí jajá, todo eso es así y está muy bien que nos lo valoren pero no se queden sólo ahí, aquí no sólo atacamos sino que también defendemos, de hecho no podríamos atacar como atacamos si no defendiéramos como defendemos, en realidad todo nuestro juego empieza desde la defensa (evidentemente no lo dijo con estas mismas palabras, pero ustedes me entienden). Y hay defensas y defensas. Hay defensas meramente posicionales, defensas centradas exclusivamente en dificultar las acciones del rival, defensas que si están bien hechas son extraordinarias como no podría ser de otra manera. Pero hay también defensas (llamémoslo así) proactivas, que no esperan al movimiento del rival sino que intentan anticiparse, no esperar a que empiece la jugada sino atacar la génesis misma de dicha jugada, meter mano por doquier, buscar compulsivamente el robo de balón si es preciso. Mérito tiene que lo haga cualquier equipo pero aún más mérito tiene que lo haga un equipo que nunca destacó en estos últimos tiempos por su defensa, un equipo en el que algunos de sus principales jugadores nunca parecieron haber sido llamados por los caminos de la defensa. Otro mérito que adjudicarle a Laso, otro mérito que adjudicarle a un técnico cuyos críticos, empujados por los acontecimientos, por fin parecen haber desaparecido del mapa. Hoy ya no leo madridistas preocupados por las victorias porque así no habrá manera de echarle, hoy ya no leo madridistas festejando las derrotas (lógico, dado que no hay derrotas) porque así quedará menos para que vuelva Obradovic. Estarán todos ellos (supongo) agazapados, esperando que se les presente de nuevo la oportunidad. Que sigan así por mucho tiempo.

Y el Chacho. Qué les digo yo del Chacho que no les haya dicho ya, qué les digo yo del Chacho que no les haya dicho aquí mismo, hace sólo tres semanas. Que si verlo en televisión es una gozada verlo en vivo es gozada y media, que es de locos verle mirando y botando y mirando y trazando líneas imaginarias y mirando y finalmente viendo, viendo lo que nadie más ve, poniéndola donde nadie más la pone, montando un partido tras otro la feria de la asistencia, ésta del derecho, ésta del revés, ésta otra a la esquina, mejor ésta al bies, ésta ya mirando al tendido, ésta casi mejor me la tiro yo que también tengo derecho y como estoy en estado de gracia (más bien mi estado es la gracia, ya de manera permanente) pues también la meto, vaya que si la meto. No descubro nada si les digo que el Chacho es el gran secreto de este Madrid (junto con Bourousis, que también merecería capítulo aparte), pero no estará de más añadir que otro de los secretos es la manera en que el Madrid (es decir Laso) utiliza al Chacho. No se trata de un modelo Papaloukaste quedas ahí cinco minutos en el banquillo estudiando el partido y luego ya entras y la lías, no, es algo de eso pero es también algo mucho más perverso que todo eso, es dejar que el rival se crea todavía en el partido, es empezar las rotaciones, es meter a Sergio como si fuera una rotación más, el de enfrente lo ve venir pero sabe que haga lo que haga será ya demasiado tarde, que en apenas cinco minutos tendrá el partido entero del revés… No es showtime, es chachowtime, me gustaría atribuirme la paternidad de la chorrada pero no lo haré porque no es mía, la descubrí ayer en una web no precisamente madridista sino todo lo contrario, la de la TV3 de CataluñaChachowtime, yo no podría haberlo definido mejor.

Hay equipos que te molestan, equipos que te aburren, equipos que te dejan indiferente, equipos que te gustan, equipos que te entusiasman y luego ya hay equipos que incluso te trasladan a un estatus superior. Una vez escribí que hay equipos que actúan como un reconstituyente: acaba el partido y te sientes mejor, más a gusto contigo mismo y con los que te rodean, rebosante de energía, de vitalidad, de optimismo. Si es verdad aquello de que la felicidad reside en las pequeñas cosas, ésta debe de ser sin lugar a dudas una de ellas. Una vez escribí esto mismo que acaban de leer y no lo hice para elogiar a ningún Madrid sino a otro equipo mucho más modesto, aquella maravillosa Penya de la erre que erreRicky & Rudy team, aquella fantástica criatura de Aíto. Hace ya casi siete años que lo escribí y desde entonces nunca he tenido la tentación de volver a escribirlo, no desde luego para glosar las virtudes de ningún equipo de este lado del Atlántico, quizá sí para glosar las de alguna universidad yanqui o las de los actuales Warriors de Golden State. Hasta hoy. Hoy estamos de nuevo ante un equipo cuyo juego nos devuelve la alegría y hasta las ganas de vivir, en el supuesto de que las hubiéramos perdido alguna vez. Y eso en estos tiempos que corren de crisis, paro y mierda por doquier, en estos tiempos de baloncesto adocenado en que los equipos se parecen los unos a los otros como gotas de agua, créanme que es un auténtico lujo que no podemos dejar pasar. Una rara especie que deberíamos proteger.

Y aún hay algo más, hay algo perverso en este Real Madrid de los prodigios, algo que diferencia a los buenos equipos de los verdaderamente grandes. La capacidad de ser no necesariamente amados pero sí admirados, no ya por los propios (que eso no tiene ningún mérito) sino también (y sobre todo) por los extraños. No haré comparaciones odiosas, no sacaré a relucir al Barça de Guardiola como ya alguno ha hecho por ahí con dudoso gusto, aquello fue cuestión de varios años y un montón de títulos, esto otro está en pañales todavía. Pero sí es verdad que este Madrid está empezando a generar entusiasmos incluso entre los no madridistas, véase la muestra, no diré que incluso entre los antimadridistas porque eso ya sería decir demasiado. La prueba irrefutable de que ganar, aún con ser importante, no es necesariamente lo más importante. Ganar sin enamorar es para fanáticos, enamorar sin ganar es para románticos, ganar y enamorar a la vez es para todo dios. Incluso para aquellos que jamás se habrían imaginado a sí mismos enamorándose de ver jugar (y ganar) al Real Madrid.

Sólo una sombra en medio de tanta euforia, y es precisamente esa misma, la euforia. La euforia desmedida no se puede controlar, pero esa misma euforia desmedida en una institución obligada a ganarlo todo puede resultar muy peligrosa. El año pasado el Madrid ganó la Liga y jugó la Final de la Euroliga, entonces fue suficiente pero tengo claro que este año ya no lo va a ser. Todo lo que no sea ganar la Euroliga será considerado (en base a los códigos del madridismo) como un fracaso, ya habría sido así antes, no digamos ya ahora ante esta catarata de baloncesto. Y esta Euroliga tiene muchos, pero muchísimos novios, el CSKA de Messina, el bicampeón Olympiacos, el sempiterno Panathinaikos, el mismísimo Barça, no digamos ya ese Fenerbahçe de un Obradovic que no tiene por costumbre perder euroligas, tanto menos en su primer año en cada equipo que entrena. Una mala tarde y se va todo al garete, una crisis puntual y se te vuelve todo del revés, cuanto más arriba estés más dura será la caída. Este Madrid está jugando que te cagas pero no estará de más recordar que aún estamos en noviembre, ya hace dos años se salió en noviembre y luego tras ganar la Copa le sobrevino el bajón, ya el pasado año se salió en noviembre y le sobrevino el bajón a la altura de la Copa aunque consiguiera reponerse después. ¿Es posible ser sublime sin interrupción, vivir eternamente instalado en pleno éxtasis, permanecer en este estado de grandeza hasta mayo, quizás hasta junio? Ese sí sería el mayor de los prodigios. Asúmanlo, cuando empiezas mal el año luego cualquier cosa que consigas te la van a dar por buena (véase el Barça de la pasada temporada), en cambio si lo empiezas de manera sublime todo que luego consigas (aún por mucho que sea) siempre va a parecer poco. He ahí el peligro. Al otro lado de la felicidad siempre reside el miedo, a más felicidad más miedo, cuanto más felices somos más tenemos que perder. Téngase muy en cuenta.

Pero como dijo aquel, que les quiten lo bailao. Lo bailao por ejemplo en aquel miércoles 13 de noviembre en que fui con mi hijo a ver un Real Madrid-Anadolu Efes y fue como cuando aquella tarde de hace seis años y medio le llevé a ver a los Harlem Globetrotters, también obviamente a los New York Nationals. Con una sutil diferencia, que aquellos eran los Globetrotters de verdad aunque su baloncesto fuera de mentira, éstos de blanco en cambio eran unos Globetrotters de mentira pero su baloncesto no podía ser más de verdad. La pura verdad. Ojalá siga siéndolo por mucho tiempo.

el corazón del bosque   Leave a comment

Las buenas gentes de BasketAmericano.com me pidieron un artículo (o similar) para su impagable Guía NCAA 2013/14, sin lugar a dudas la mejor guía anual sobre baloncesto universitario que encontrarse pueda en castellano (pensarán acaso que se trate de una exageración, fruto de mi natural entusiasmo, pero les aseguro que no lo es en absoluto; si no se lo creen no tienen más que pinchar en el enlace, descargarse el pedeefe y comprobarlo con sus propios ojos). Este que leerán a continuación (espero) fue el resultado de dicha colaboración, espero no habérsela estropeado demasiado…

Cada año, de noviembre a marzo, formo parte de esa extraña categoría de seres que acostumbran a pasar los meses de invierno en el corazón del bosque. No es un bosque al uso, no vayan a pensar, nuestros árboles no se llaman pinos ni hayas ni robles ni cedros sino Carrier Dome, Allen Fieldhouse, Rupp Arena, Pauley Pavilion, tantos y tantos otros, ése es nuestro hábitat natural, en él nos sentimos como en nuestra propia casa, por él nos movemos como pez en el agua (no parece una comparación muy adecuada tratándose de un bosque, pero ahora mismo no se me ocurre otra mejor). Muchos son los que no se atreven a adentrarse en su interior, les aterra su espesura, lo intrincado de su acceso, lo ven como un lugar oscuro y tenebroso pero nosotros sabemos que no es cierto, que es exactamente todo lo contrario, que muy pocos lugares habrá en el mundo con tanta luz, acaso ninguno con tanta vida como el bosque. Nuestro bosque.

Luego llega marzo y de repente el bosque se abre, se nos aparece por fin un inmenso claro, piensen en el parquet de los Ducks de Oregon y sabrán de inmediato a lo que me refiero. Llega marzo y toda esa humanidad que durante cuatro meses vivió de espaldas al bosque ahora por fin se interesa por él, qué digo se interesa, se pelea casi por venir a verlo para disfrutar del aire puro, de la benignidad de su clima, de esa explosión de luz y color que festeja la llegada de cada primavera. Casi antes de darnos cuenta tendremos ya nuestro claro lleno de gente, buenas gentes en su inmensa mayoría, gentes capaces de apreciar las maravillas que nuestro bosque pone ahí a su entera disposición, que pasarán allí unas cuantas horas o unos pocos días y luego retornarán a su casa contando a quien quiera oírlas las excelencias de nuestro bosque, aunque las vayan a olvidar de inmediato y ya no vuelvan a acordarse de ellas hasta la primavera siguiente. Así son la mayoría pero es bien sabido que hay gente pa tó, nunca faltan excepciones que confirman la regla, genuinos tocapelotas que no acaban de encontrarle el encanto, que podrían marcharse y no volver más (no tiene por qué gustarles, esto no es obligatorio) pero que aún así vuelven año tras año simplemente para echarnos en cara que algo así nos pueda gustar a los demás. Que al final (por variar un poco la metáfora) acaba uno sintiéndose como esos propietarios de alojamientos rurales que entre cientos de clientes extasiados con el paisaje de repente se encuentran con uno que se queja del olor a vaca, de que las campanas suenen cada hora y los gallos canten al amanecer, que casi entran ganas de decirles pues qué coño hace usted aquí, esto no es para usted, quédese en su ciudad con su tráfico, sus humos, sus ruidos y su botellón a la puerta, seguro que allí estará mucho más a gusto, dónde va a parar.

Cada año, al llegar marzo (y no digamos ya abril), casi acabo sintiéndome como si peleara contra molinos de viento. O lo que viene siendo casi lo mismo, contra ese pequeño pero significativo sector que se asoma a la NCAA simplemente para denostarla (y de paso denostarnos), cómo os puede gustar esto, es horrible, qué posesiones tan largas, vaya marcadores, están explotando a los chavales, es humillante, yo no sé qué le veis. No es que no les guste el baloncesto universitario, es que no les gusta que a nosotros nos guste el baloncesto universitario. Nos abruman con datos como si los datos lo fueran todo, como si los tanteos bajos ya lo explicaran todo, argumento supremo, que digo yo que si sólo fuera cuestión de tanteos bajos (y por esa misma regla de tres) a nadie le podría gustar un deporte en el que a menudo quedan 0-0 ó 1-0 (pero esa es otra historia, y otra histeria). Aquí un promedio de 60 ya es sospechoso, pobre de ti como digas que no te importa porque entonces te llamarán purista, pobre de ti como además se te ocurra valorar aspectos defensivos porque te llamarán incluso algo peor. Reconozcámoslo, estamos perdidos, con los datos en la mano tienen razón (su razón), cómo no habrían de tenerla si incluso están en posesión de ella, de todos es bien sabido que contra aquellos que tienen razón no se puede discutir.

El problema es que su razón es meramente objetiva mientras que nuestra sinrazón es absolutamente subjetiva. Puedes intentar argumentar (yo mismo lo he hecho demasiadas veces) que nuestras anotaciones no son necesariamente tan bajas, que el hecho de que las posesiones sean de 35 segundos explicaría que lo fueran, que el hecho de que se trate de baloncesto de formación justificaría esas mismas posesiones de 35 segundos. Puedes reivindicar finales extraordinarias (ya que tus interlocutores sólo suelen ver finales, casi mejor llevar la discusión a su terreno), Arizona-Kentucky en 1997, Syracuse-Kansas en 2003, Duke-Butler en 2010, esta misma Louisville-Michigan de 2013, tantas y tantas otras pero todo será en vano, ellos siempre volverán a aquella Connecticut-Butler de 2011, ésa te la estarán restregando una y otra vez hasta el fin de tus días. Puedes recordar una vez más que no es verdad que los chavales jueguen a cambio de nada sino que juegan a cambio de su educación, de una beca que de no haber sido por el baloncesto jamás habrían recibido, de unas enseñanzas que en ningún caso se habrían podido pagar y que ahora les permitirán graduarse y ganarse la vida, que serán la única salvación para todo ese noventa y tantos por ciento que jamás obtendrá luego un contrato como baloncestista profesional. Puedes hasta reconocer que el sistema dista mucho de ser perfecto, que tiene grietas, que estaría bien que fuera de otra manera pero que al fin y al cabo es su sistema, te guste o no tú no lo vas a cambiar. Puedes ponerte a su nivel pero es inútil, antes de que te des cuenta estarás predicando en el desierto. En su desierto.

Tenemos la batalla perdida de antemano porque los gigantes o molinos de viento no atienden a razones subjetivas, y esas difícilmente las podemos explicar. Cómo explicarles la magia que se desprende del Hinkle Fieldhouse, del Assembly Hall de Bloomington (también del de Champaign), del Cameron Indoor, del Purcell Pavilion, del Galagher-Iba Arena, del McKale Center, de The Barn o The Pit, de cientos y cientos de escenarios que transpiran baloncesto en cada muro, en cada pisada, en cada bote del balón, en cada estudiante brincando y cantando a pie de cancha. Cómo explicarles que no hay relajación, que aquí no hay ese dejarse ir de cada back to back o de los tres primeros cuartos para apretar sólo al final, que aquí cada segundo de cada minuto de cada partido cuenta, que aquí se pelea por cada balón como si no hubiera un mañana. Cómo explicarles que si les gusta el claro del bosque aún más les gustaría el bosque propiamente dicho, a poco que se atrevieran a internarse en él: que el Torneo Final está muy bien, cómo no habría de estarlo, pero que a veces puede estar aún mejor (en términos de intensidad, de emoción, de vibración) una rivalidad cualquiera de non-conference, no digamos ya de la temporada regular de cada conferencia. Cómo explicarles a los de allá y a los de acá que la NCAA acierta a amalgamar de alguna manera lo mejor de ambos mundos, lo de allá y lo de acá, el equilibrio perfecto entre la espectacularidad y el colorido de un lado y la intensidad y el rigor táctico del otro. Cómo repetirles una vez más que esto es sólo baloncesto universitario, es decir baloncesto de formación, por definición. Nada más que eso, nada menos que eso. O por plagiarme lo que ya dije alguna que otra vez, baloncesto de formación, y por eso mismo imperfecto, y por eso mismo perfecto en su imperfección, y por todo lo cual sencillamente maravilloso.

Al menos sé que esta vez juego en casa. Sé que mi bosque es también su bosque, no tendría usted en sus manos (en sus pantallas) esta imprescindible guía si no lo fuera. Sé que sus sueños son también los míos, los sueños de reencontrarnos con Smart, McDermott, McGary, Stauskas, Kyle Anderson, Craft, Carson, Payne, Cauley-Stein, Napier, Fair, Harrell, incluso Russ Smith, quién sabe si hasta Marshall Henderson (cito sólo los primeros que se me han venido a la cabeza), los sueños de (re) encontrarnos por fin con Andrew Wiggins, Julius Randle, Jabari Parker, Noah Vonleh, Tyler Ennis, Aaron Gordon, Joel Embiid, los gemelos Harrison, los sueños de todos esos técnicos que ya casi son como de la familia (te echaremos de menos, Brad, no sabes cuánto). Los sueños de trasnoches insanos, de madrugadas interminables, de rebuscar partidos hasta debajo de las piedras, de vérnoslos a veces hasta en ruso (¡¡¡en ruso!!!) sólo por no quedarnos sin la oportunidad de presenciar qué sé yo qué duelo o de redescubrir a qué sé yo qué jugador. Los sueños de cada contraataque, cada circulación de balón, cada defensón extraordinario (que una buena defensa es también parte esencial del baloncesto, aunque algunos se empeñen en negarlo), cada final apretado, cada canastón insospechado, cada invasión de cancha, cada locura colectiva. La NCAA es la fábrica de sueños: los suyos, sí, pero también (y sobre todo) los nuestros. Ahí está ya nuestro bosque, el de todos los años, acaso aún más intrincado (y quizás por ello aún más hermoso) que cualquier otro año. Empecemos a soñar.

Publicado noviembre 13, 2013 por zaid en NCAA

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la que se nos viene encima   Leave a comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com)

O dicho de otra manera: todo aquello que siempre quiso saber sobre esta nueva temporada de baloncesto universitario, pero que jamás se le habría ocurrido preguntar. Como el saber no ocupa lugar (y menos en Internet), me dispongo a satisfacer su curiosidad al respecto incluso aunque no sienta dicha curiosidad, esto es así, aquí le damos respuestas aunque no tenga preguntas. Y todo por el mismo precio…

Creo que hacia finales de la pasada temporada les dije ya (y si no pues se lo digo ahora) que a esta NCAA 2013/2014 no la iba a reconocer ni la madre que le parió. Tal cual. Para empezar deberemos revisar todo lo que un día supimos sobre conferencias y equipos que las integran: no es ya que haya cambios puntuales (que esos los hay todos los años) sino que en algún caso concreto hay pocas cosas que continúen igual. La Big East, por ejemplo. A algunos, aficionados Orange(men) de por vida, se nos rompieron los esquemas cuando hace unos cuantos meses se anunció que Syracuse dejaría esa Conferencia en la que llevaba casi la vida entera (o casi desde que empezó a entrenarla Boeheim, que viene a ser lo mismo) para entrar a formar parte de la Atlantic Coast Conference, en siglas la ACC. O dicho de otra manera, que Syracuse dejaría de jugar en enero y febrero contra St. John’s o Georgetown como llevaba haciéndolo toda la vida de dios, que ahora pasaría a jugar contra Duke o North Carolina pongamos por caso. Y que no se iría sola, que con los Orange de la manita llegarían también a la ACC los Figting Irish de Notre Dame o los Panthers de Pittsburgh. Créanme que a algunos nos va a costar hacernos a la idea, casi tanto como nos va a costar que (quizá para hacerles hueco) Maryland deje en 2014 la ACC para ir a parar a la Big10 (con Indiana, Michigan, Michigan St…), una conferencia en la que no pega ni con cola, ni geográficamente siquiera. ¿Les parece raro? Pues mejor será que se vayan acostumbrando, porque todo esto con ser raro fue sólo el principio…

El lío gordo llegó a finales de la pasada temporada: siete universidades católicas de la Big East, a saber Georgetown, De Paul, Marquette, Seton Hall, Providence, St. John’s y Villanova, decidieron escindirse de la Big East y crear una conferencia nueva a la que tras darle muchas vueltas y quebrarse sobremanera la cabeza decidieron ponerle el bello nombre de… Big East. Como lo oyen (como lo leen, más bien), la vieja Big East tragó con que la nueva se llevara el nombre y hasta su tradicional Torneo Final en el Madison, todo ello a cambio de que la vieja se quedara con la caja común (o eso cuentan, que habré de reconocerles que yo en estos asuntos burocráticos me pierdo), así a priori tampoco parece un mal acuerdo. Así pues, a partir de esta temporada tendremos una nueva Big East con las siete universidades antes mencionadas más otras tres igualmente católicas llegadas a su vez de otros lares, Xavier, Butler (que últimamente sale a cambio de conferencia por año) y Creighton, ubicadas respectivamente en Cincinnati, Indianapolis y Omaha, cada una un poco menos al Este que la anterior, no está mal para llamarse Big East. Y tendremos asimismo una vieja Big East a la que obviamente a partir de ahora ya no volveremos a llamar nunca más Big East sino por su nuevo y flamante nombre, American Athletic Conference, en siglas AAC (qué bien pensadas para que nos confundamos una y otra vez con la ACC). De todo lo cual témome que apenas se habrá enterado de casi nada pero qué quiere que le haga, estas cosas son así, no sé contárselas de otra manera…

Todavía dos pequeñas aclaraciones respecto a todo lo ¿explicado? en el párrafo anterior: 1) No vayan a pensar en un cisma religioso ni nada similar, los católicos por un lado y los protestantes por otro cual si de una guerra santa se tratara, ni hablar, recuerden que aquello es América (Estados Unidos de), allí esta clase de transacciones no se rige por razones eclesiásticas sino por razones meramente comerciales, que allí podrán ser muy puritanos pero para la cosa de los negocios son muy prácticos: la cuestión tiene más que ver con que se agrupen por un lado las universidades más tradicionalmente baloncesteras y se queden por el otro las más tradicionalmente futboleras (fútbol americano, of course), tiene mucho más que ver con la respectiva negociación de sus respectivos contratos de televisión. Y 2) No vayan a pensar que todo esto va a parar aquí, en absoluto, la cosa del deporte universitario está en continuo movimiento: a lo que les contaba antes de Maryland cabría añadir que incluso la mismísima campeona en ejercicio, es decir Louisville, dejará también la ex Big East (o sea, la Athletic etc) a mediados de 2014 para ir a parar a… (adivinen): efectivamente, a la ACC, que quedará así ya convertida sin discusión alguna en la conferencia más fuerte (aún más si cabe) de todo el baloncesto universitario. Al menos hasta el siguiente movimiento…

Dejemos los temas burocráticos (no vaya a ser que acaben huyendo los pocos lectores que aún queden) y pasemos a los estrictamente deportivos. Así de entrada quédense con tres nombres, las tres joyas de la corona, tres sujetos de los que probablemente ya hayan oído hablar (incluso aunque no sigan para nada este baloncesto) y de los que mucho más oirán de aquí en adelante, no ya este año sino durante los próximos quince o veinte años: 1) Andrew Wiggins, portentoso alero canadiense, presunto número 1 del próximo draft, acaso el jugador al que más bola mediática se haya dado tras salir del insti desde los tiempos de LeBron James (y eso es decir mucho), y que tras darle muchas vueltas decidió finalmente jugar su one and done para los Jayhawks de Kansas; 2) Julius Randle, no menos portentoso ala-pívot, de imponentes condiciones físicas y no menos aparentes condiciones técnicas, que se decantó (fíjense qué original) por ponerse a las órdenes de Calipari en los Wildcats de Kentucky; y 3) Jabari Parker, alero al que poco a poco se le fue dando menos bombo que a los dos anteriores pero que es una auténtica delicia de jugador, y que tras pensárselo muy mucho (es mormón, por lo que a punto estuvo de recalar en BYU) decidió finalmente ponerse a las órdenes del Coach K en sus Blue Devils de Duke. Y no están solos, que la nueva generación viene sobrada de niños prodigio, que no habremos conocido muchas otras como ésta:  Tyler Ennis en Syracuse, Noah Vonleh en Indiana, Aaron Gordon (un brincador nato, un tipo que juega como si se hubiese tragado un muelle) en Arizona, Kasey Hill  en Florida, medio equipo de Kansas, casi el equipo entero de Kentucky… Buenísimos freshmen (y presuntos one and done) para dar y tomar.

Sí, el principal favorito para casi todo dios es Kentucky. Esta vez no es ya que Calipari se haya vuelto a llevar a la mejor promoción de novatos de la nación (que eso este año es decir mucho), es que incluso podría alinear un quinteto titular entero de freshmen si quisiera, un poco a la manera de aquellos legendarios Fab five de hace más de veinte años: los gemelos Harrison por fuera, el tremendo James Young de tres, el susodicho Randle de cuatro, Dakari Johnson completando el quinteto y hasta podría añadir aún un sexto novato en caso de necesidad, Marcus Lee. Tremendo despliegue de talento y (sobre todo) físico que se completa con el imponente pívot sophomore Cauley-Stein (titular indiscutible, así que lo del quinteto freshman va a estar difícil), el también sophomore Poythress… El típico equipo apisonadora calipariano, a cuya presumible inexperiencia se opondrán la inmensas sabidurías de Izzo en Michigan State (Payne, Appling, Harris), Krzyzewski en Duke (Cook, Sulaimon, el transfer de Mississippi State Rodney Hood, el ya mentado Parker), Self en Kansas (la joya Wiggins más los también freshmen Selden, Mason o Embiid, más el retorno de Perry Ellis) y cómo no, Pitino en Louisville (con buena parte del equipo campeón de hace 7 meses: Blackshear, Behannan, el talentoso a la par que anárquico Russ Smith…)

¿Aún más? Michigan (con el regreso de Glenn Robinson III, McGary o Stauskas), Syracuse, Arizona, Florida, Oklahoma State (con el retorno de ese portentoso incordio llamado Marcus Smart, que bien pudo haber sido top3 ó al menos top5 del pasado draft pero que finalmente decidió volver al campus de Stillwater, por razones que no me explico pero que me hacen sumamente feliz), Ohio State, Wichita State, Gonzaga, Oregon, UConn, VCU (con lo que se quiera sacar el mago Shaka Smart de su chistera…). Apunten además el eterno retorno a Creighton de ese impagable Doug McDermott, el de Jahii Carson a Arizona State, el de Kyle Anderson a un sumamente atractivo equipo de UCLA… Atractivo entre otras cosas porque largaron a Howland y contrataron como técnico a Steve Alford, como atractivos serán sus vecinos de USC (ese hotel de los líos) tras haberse puesto en manos de Andy Enfield (sí, el autor de aquel milagro del pasado marzo con Florida Gulf Coast). Como atractivos espero que sean los Gophers de Minnesota tras haber cesado a Tubby Smith y contratado en su lugar a Richard Pitino (que obviamente no es Rick Pitino sino su hijo, casualmente del mismo nombre). Como atractivos no sé ya si serán los Bulldogs de Butler con el ex asistente Brandon Miller o lo que es lo mismo, sin el impagable Brad Stevens, a día de hoy topándose ya contra la cruda realidad de la NBA…

Muchas cosas, demasiadas sin duda (y no vean las que me dejo) como para extractarlas en un solo (presunto) artículo, que digo yo que tampoco es cuestión de aburrirles (aún más si cabe) ya desde el primer día. Les invito a acompañarme si lo tienen a bien durante estos próximos cinco meses, ésta es su casa, pasen y encontrarán toda clase de historias al respecto. De verdad se lo digo, se nos viene encima una temporada NCAA sencillamente apasionante, quizá la más espectacular de estos últimos tiempos (así lo aseguran casi unánimemente todos los expertos, quién sería yo para llevarles la contraria aunque quisiera, que no quiero), yo que usted no la daría de lado por nada del mundo, no vaya a ser que luego se tenga que arrepentir…

Potato Arena   8 comments

Hoy me van a permitir que les cuente mi vida. No toda, no se me asusten, tan solo una nimia e insignificante parte de la misma: mi vida con Orange Arena, concretamente. Y ni siquiera me remontaré a mi desesperación de hace dos, tres o cuatro años (¿recuerdan aquella promoción, en tus manos el destino de poder cambiar la historia, porque la verdadera victoria es no perderte ni un partido?), ni siquiera me remontaré a aquel insoportable bucle que a veces sucedía en la pasada temporada (pinchas en ver, te pide que saques entrada, sacas tu entrada, pinchas en ver, te pide que saques entrada, sacas tu entrada, pinchas en ver, te pide que…); es más, ni siquiera me remontaré al caos del partido exclusivo OA en la primera jornada de este año, ni siquiera me remontaré a lo sucedido hace apenas una semana cuando tuvimos que sacrificar el primer cuarto y mitad y andar a saltos en todo lo demás porque al parecer éramos demasiados e hicimos petar la instalación, hay que ver cómo somos, qué desfachatez la nuestra, pretender ver baloncesto todos a la vez porque da la casualidad de que hay cinco partidos (a cual mejor) jugándose todos a la vez. No, no me remontaré a nada de eso (aunque ya lo esté haciendo), no me hace falta: con contarles mi experiencia de este pasado fin de semana será más que suficiente.

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Este pasado fin de semana no estuve en casa. Aprovechando el minipuente de Todos los Santos (o de Jálogüin, que decimos ahora) me escapé a oxigenarme un poco por la costa cántabra, que buena falta me hacía. Lo cual, en lo tocante a esta historia que les cuento, tiene dos consecuencias fundamentales: 1) que en tales circunstancias no puedo ver partidos en directo porque casi siempre me pillan caminando por la playa, o recorriendo algún monte cercano, o dando buena cuenta de una ración de rabas en cualquier lugar selecto (terrible sacrificio el mío, sí); y 2) que mi conexión a Internet no es que sea mala pero tampoco es para tirar cohetes, nada que ver con la que habitualmente disfruto en casa: puede que alguna vez se me pare algún directo y puede que algún vídeo se me descargue más despacio que de costumbre, pero por lo general me permite salir del paso. Dicho lo cual…

Noche del sábado 2 de noviembre: mi señora y mi hijo eligen quedarse ante el televisor contemplando las correrías de un sexagenario Indiana Jones en pos de la calavera de cristal, yo en cambio opto por escaparme a otro rincón con mi portátil con la ¿sana? intención de ver el Estudiantes-UCAM Murcia. Accedo a Orange Arena, compruebo que ahí está mi entrada previamente reservada para la ocasión, voy a los diferidos, pincho en el Estu-Murcia y de inmediato la pantalla me muestra un pabellón que no parece Palacio sino Fonteta, de cuyo techo cuelga además (para que no haya dudas) una enorme escarapela naranja en la que se lee Cultura del Esfuerzo. Habré pinchado mal, tonto estoy. Salgo y vuelvo a pinchar, vuelve a aparecer la Fonteta ergo no debo ser yo (o no sólo yo) el que está tonto. Siguiente reflexión por mi parte, si pinchando el Estu-Murcia aparece el Valencia-Valladolid, igual pinchando el Valencia-Valladolid aparece el Estu-Murcia… Pues tampoco. Pinchando el Valencia-Valladolid aparece el Valencia-Valladolid, parece lógico. Nuevo intento en el Estu-Murcia (ya van tres), más Fonteta… pero esta vez decido esperar a ver qué pasa. Pasa que tras diez minutos de ver a valencianos y pucelanos calentando la imagen pega un brinco y nos muestra por fin a estudiantiles y murcianos calentando, la cosa marcha por fin, si ya además consiguen que la narración de OA deje de solaparse con la de Popular TV Murcia puede que hasta consigamos ver el partido en condiciones. Dicho y hecho, por fin todo va bien (todo excepto el Estu, pero esa es otra historia), qué más podría pasar… Pues que a falta de 3:44 para el final del tercer cuarto, 33-50 en el marcador, el vídeo se pare definitivamente. Yo en mi tierna ingenuidad pienso que la culpa es de mi conexión, que bastará con dejar pasar unos minutos, dar tiempo a que se recargue… Pues tampoco. Pincho adelante y atrás, atrás me deja ir a donde yo quiera pero adelante no hay manera, haga lo que haga el vídeo se para siempre exactamente en ese mismo punto. Mi hijo (con la sabiduría tecnológica que le caracteriza) me sugiere que recargue la página, de entrada me resisto porque pienso que me tocará otra vez empezar a ver el partido desde el principio, finalmente lo hago… y aquello se muere definitivamente. Toda la pantalla en blanco, con un minúsculo letrero de Orange Arena en su parte central. Habría petado, o estaría en tareas de mantenimiento (lo que para el caso viene a ser lo mismo). Ya son casi las dos de la madrugada, vámonos a la cama, mañana será otro día…

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Domingo 3 de noviembre: inasequible al desaliento, decido intentar ver el final del Estu-Murcia mientras desayuno. La buena noticia es que se ve (ya incluso sin la introducción del Valencia-Valladolid), la mala es que me obliga a empezar de nuevo desde el principio, la peor es que a los pocos minutos se para definitivamente, esta vez ni siquiera pasa del primer cuarto. Lo dejo por imposible, me paso al Cajasol-Baskonia, de entrada me aguanta un poco más pero no tardará en llegar el momento en que también se cuelgue sin remedio. ¿Será mi conexión? Curiosamente esa misma conexión sí me permite irme a una web de descargas, bajarme el partido sin problema alguno y acabar de ver por fin la paliza de los de Aíto a los de Scariolo desde donde la había dejado, sin más contratiempos que el tener que alargar la hora del desayuno hasta mucho más allá de lo razonable. Será que mi conexión se ha vuelto muy selectiva y funciona bien para unas cosas pero mal para otras, o será quizá que Orange Arena se ha vuelto extremadamente sensible… En fin, por ahora se me ha acabado el baloncesto, los directos ni catarlos pero seguro que esta noche ya de vuelta en casa y con mi router wifi a tope me podré desquitar cumplidamente, eso pensaba yo entonces con mi natural ingenuidad…

toma2Once y pico de la noche, ya de vuelta en casa, ya todos los deberes domésticos hechos, ya de nuevo ante el ordenador. Acudo raudo y veloz a Orange Arena, ahí en la parte inferior de la pantalla están relacionados todos los diferidos sólo esperando a que yo los vea, ese Madrid-Bilbao, ese apetecible derby canario, ese Fuenla-Obra, incluso ese Estu-Murcia que seguro que ahora ya se cargará rápidamente y podré acabar de verlo sin problema, no tengo más que pinchar en uno cualquiera de ellos y empezar por fin a disfrutar… 

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Está bien, no tan deprisa, primero tengo que loguearme (terrible verbo), esto es así, una y otra vez te obligan a acceder sin que te guarden el acceso de una vez para otra (o será que soy muy torpe y no lo hago bien), mero trámite tan simple como engorroso. Dejo que la función de autocompletar me escriba la dirección de correo electrónico, tecleo mi password, pongo especial cuidado en no pinchar (por una vez) en la gigantesca casilla regístrate ya sino en la minúscula acceder (¿seré yo el único que se confunde de casilla cada dos por tres?), parece que acierto, accedo…

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Ya he accedido, ya Orange Arena me abruma con una sucesión de ofertas, alguna de ellas tan inquietante como ésta que pueden ver en la parte superior. Por desgracia no estoy ya a esas horas ni para penetraziones ni para sorpressas (y aún menos en Becerril de la Sierra), ya llegados a este punto lo único que pido es poder ver tal vez algún baloncesto antes de acostarme. Pero mi entrada (la que yo reservé puntualmente en Orange Arena para la ocasión) ha desaparecido, supuestamente ahora ya no tengo entrada reservada (¿por qué?), en cualquier caso no me asusto, para los diferidos no siempre se necesitó entrada, puede que ese sea el caso, seguro que si pincho en baloncesto ahí estarán todos los partidos esperándome…

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Y una leche. Si pincho en baloncesto me aparece una sucesión de recuadros con pelotas, para qué te lo vamos a poner fácil si es mucho más divertido que tengas que posicionarte encima de cada uno de ellos con el cursor para así averiguar de qué partido se trata. Voy de uno a otro, muevo el cursor de arriba a abajo, lo muevo de derecha a izquierda pero da igual, todo da lo mismo, todo lo que allí aparece es de la Jornada 3, lo más reciente es aquel Baskonia-Estu del domingo 27 de octubre por la tarde, de ahí para atrás todo lo que usted quiera, de ahí en adelante nada, pero nada en absoluto. ¿Pero cómo es posible, pero si en la home de la web (o como coño se llame) estaban todos los partidos de la jornada ahí relacionados, por qué aquí no? Vuelvo al inicio, ahí siguen estando… pero ahí ya no estoy yo, porque al volver a la página inicial me hace logout (o como coño se diga), me obliga a volver a loguearme, me logueo y vuelven a desaparecer, y en la pestaña de baloncesto vuelven a estar sólo los de la jornada anterior… ¿Me estaré volviendo loco (aún más si cabe)?

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Y además, yo tenía entrada. No siempre fue necesaria la entrada para los diferidos, pero es que resulta que yo SÍ la tenía. Y por si acaso pincho en ver tus entradas y ahí está, junto con las anteriores, justo debajo del rótulo de eventos ya disfrutados. ¿eventos ya disfrutados, dice usted? (Omitiré los calificativos que pasaron por mi mente justo en ese instante, dado el respeto que me merecen las madres de los responsables de la aplicación). Qué cachondo, eventos ya disfrutados dice… Es casi la una de la mañana, faltan menos de seis horas para que me suene el despertador, ha sido un día largo y duro (cinco horas y pico de volante incluidas), estoy cansado, está claro que ha llegado el momento de rendirme. Podría hacerlo citando a los clásicos (¡¡¡¡¡A la mieeerrrda!!!!!), pero ya no me quedan fuerzas, ni para eso siquiera…

Sé que lo mío no fue nada, sé que en directo hubo casos peores, no hace falta que me lo digan. Sé que el Madrid-Bilbao provocó un trasvase masivo de aficionados desde OA a la web de ETB, que entre no-ver el partido en tu idioma o tener que verlo en otro idioma está claro que optaron por la segunda opción. Sé que quienes perseveraron con OA acabaron viéndolo a trozos, como sé también que no siempre es así, que no tendría por qué ser necesariamente así, que incluso hay veces (raras veces) en las que funciona relativamente bien. Yo mismo volví a probar en la tarde del lunes 4 de noviembre y ahí estaban ya los diferidos de la jornada a mi entera disposición, y además esta vez era verdad que estaban a mi disposición (y sin necesidad de entrada de ninguna clase, oigan), que hasta pude ver con sólo día y medio de retraso el Madrid-Bilbao, el final del Barça-GBC, el Granca-Canarias… A buenas horas mangas verdes.

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No entiendo a la ACB (responsable última, por acción o por omisión), no entiendo que magníficos profesionales como Óscar Cuesta, Gerard Solé, Matías Castañón, Mario Gómez, tantos otros narradores o técnicos tengan que ver semana tras semana cómo buena parte de su trabajo se pierde sistemáticamente en el limbo. No entiendo a la ACB, pero aún menos entiendo a Orange. De verdad se lo digo, si no fuera de Orange (que no lo soy) pero estuviera pensando en cambiarme a Orange (que no lo estoy) les aseguro que me lo pensaría dos (y más) veces a la vista de cómo funciona su cacareada aplicación, esa que lleva su nombre y su imagen corporativa y que hasta dice estar powered by Orange para que no quede ninguna duda. ¿Qué confianza te puede merecer su línea de ADSL, su cobertura telefónica, su política tarifaria o su servicio de atención al cliente, cuando semana tras semana nos demuestran su probada incapacidad para hacer que esta plataforma funcione medianamente bien (y ya son años los que llevan con ella)? Si yo fuera su responsable de marketing (o similar) créanme que (además de caérseme la cara de vergüenza) haría todo lo que estuviera en mi mano para quitarle el nombre y hasta el color naranja a la aplicación, para que ésta dejara de representar una publicidad negativa para la empresa. ¿Quieren otro nombre? ¿Recuerdan que hubo un tiempo en que cuando a alguien le salía malo un aparato le decíamos vaya patata que te has comprado (no sé de dónde le viene tan mala fama a la patata, pero así era)? Ahí les dejo la idea, cambien de una vez por todas el cítrico por el tubérculo, rebauticen su aplicación como Potato Arena. Así ustedes dejarán de tirar por tierra la imagen de su compañía, y así nosotros sabremos exactamente (aún más si cabe) a qué atenernos.

Publicado noviembre 5, 2013 por zaid en ACB, medios

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