GABINETE CALIPARI   3 comments

No sé por qué tengo la sensación de que cada vez que escribo sobre Kentucky (Universidad de) acabo escribiendo exactamente lo mismo. Cambian los apellidos, cambian (de un año para otro, indefectiblemente) los jugadores pero la vida sigue igual en Lexington, la filosofía sigue siendo la misma, una filosofía que no no mira al futuro sino al presente (o a veces ni eso siquiera), que según crea equipos los destruye, que no es alta costura sino pret a porter, que no implica vocación de permanencia sino un mero usar y tirar. La filosofía del one and done colectivo, las criaturas llegan, pasan un año por imperativo legal y luego se van perdiendo el culo a por los dólares de la NBA, tanto dará que luego sean estrellas como que se lo pelen (el culo, me refiero) en los banquillos por haberse ido sin la debida preparación, tanto dará ser un John Wall como ser un Daniel Orton, toma el dinero y corre, sólo cuenta el hoy, el mañana a quién le importa, ya nos preocuparemos por él cuando llegue si es que llega. Puro Calipari.

Hace casi dos años ganaron el título y no faltaron entonces los iluminados que saludaron aquel acontecimiento como si fuera el advenimiento de una nueva era, podrá parecer exagerado pero creo recordar que la frase en algún caso fue casi literal. Como si aquel resultado supusiera un antes y un después, un cambio de filosofía colectiva en la NCAA. Como si el resto de universidades pudieran reclutar lo que recluta Kentucky, como si pudieran conformarse con tener a sus chavales un año y luego despacharlos, como si ya no fuera su tarea formarlos (para el baloncesto, para la vida) durante cuatro cursos sucesivos. Estos iluminados tienden a confundir sus deseos con la realidad, trátase en su mayor parte de enebeadictos que en su día consideraron a la NCAA como un mal necesario y hoy ya ni eso siquiera, hoy miran a la NCAA como si fuera la NBDL porque en el fondo les encantaría que así fuera, que la NCAA acabara siendo devorada por la propia Liga de Desarrollo de la NBA. No digo que no pueda acabar sucediendo dentro de veinte o treinta años pero lo cierto es que a día de hoy las cosas siguen más o menos como estaban: la NCAA (aún con sus evidentes contradicciones) sigue viva y aparentemente goza de buena salud, Kentucky sigue reclutando año tras año lo más florido y granado de cada promoción, Kansas o Duke también suelen pescar algún que otro prodigio y el resto (es decir, las restantes trescientas y pico universidades) se limitan a seguir entendiendo este baloncesto igual que siempre lo entendieron, como un proceso de formación a medio/largo plazo. Si el título de Kentucky supuso el advenimiento de una nueva era la verdad es que lo disimula bastante bien, por ahora la vida sigue igual. Y que dure.

Kentucky también sigue igual, como esa especie de sucursal NBA en territorio NCAA a la que ya vamos estando acostumbrados. Hace ya unos cuantos años se instauró entre las estrellas de instituto ese lugar común, nada como una estancia de apenas unos mesecitos en el Gabinete del Doctor Calipari para salir ya perfectamente preparados para la LIGA con mayúsculas, si hay que pasar necesariamente por la universidad procuremos al menos hacerlo donde más parecida sea a lo que nos vayamos a encontrar después, donde nadie nos pregunte si vamos a seguir y todos den ya por hecho que sólo estamos de paso. El propio Calipari echó más leña al fuego (digámoslo así) este pasado verano con unas declaraciones que no recuerdo textualmente (soy así de torpe) pero en las que más o menos venía a decir que él no entrena a un equipo sino que entrena jugadores, sin más, como si sólo fuera un mero preparador individual y se le diera una higa lo que hicieran colectivamente sus Wildcats. Ese es el modelo, que a aquellos que siempre entendimos el baloncesto como un deporte colectivo nos chirría extraordinariamente pero que a sus aficionados se ve que les encanta, total a quién le importa crear equipo si la mera suma de individualidades ya les basta para conseguir títulos como aquel de 2012. Allá ellos.

Claro está, en tratándose de la mera suma de individualidades igual te puede pasar que ganes el título, véase 2012, como que ni siquiera te metas en el March Madness (lesión de Noel mediante), véase 2013. ¿En 2014? Evidentemente en 2014 estamos (al menos a priori) mucho más cerca de la realidad de hace dos cursos que de la de esta pasada temporada, es bien sabido que la camada de novatos de este año es extraordinaria y lógicamente una buena parte de ella fue a parar a Lexington, ya ven qué casualidad. Tres joyas de la corona había en el mercado, se les escapó Wiggins que fue a parar a Kansas, se les escapó el maravilloso Jabari Parker que prefirió Duke pero se llevaron finalmente al huerto al imponente Julius Randle. Y a partir de ahí vino todo lo demás.

Julius Randle es un nombre que probablemente a estas alturas ya les resultará familiar (como Wiggins, como Jabari) aunque no sepan nada de baloncesto universitario, y que aún mucho más familiar les empezará a resultar dentro de unos meses cuando le vean aparecer en los puestos más altos del draft. Julius Randle es un ala-pívot cuyo físico así de primeras no recuerda tanto al de un Karl Malone como al de (por ejemplo) un Zach Randolph de la vida, es decir, más redondeado que musculado todavía a estas alturas. Pero es que estas alturas son apenas 19 años recién cumplidos, es decir, tiempo (y actitud, parece) tiene por delante para que le veamos convertirse en una fuerza de la naturaleza. Todo lo cual por sí mismo ya está muy bien, pero es que además la criatura no es sólo el típico cacho carne sino que sabe jugar, y mucho. Imparable en el uno contra uno, aguanta bien los dos contra uno, buena mano en las distancias cortas (y a ratos también en las más largas), es una mala bestia en el rebote y tiene además un primer paso sencillamente demoledor, muy superior a lo que solemos encontrar en jugadores de su tamaño (tamaño que en lo que se refiere a estatura tampoco es desmesurado, en pies le dan 6,9 que traducidos a metros vendrían a ser como 2,05 más o menos, no le vendría mal algún centímetro de más para sobrevivir en el siguiente nivel). Por ponerle alguna pega me da que es tan imparable de cara al aro como muy mejorable todavía de espaldas al aro, aún no se prodiga demasiado en esa suerte (entre otras cosas porque el puesto de cénter en Kentucky está muy bien cubierto, como luego veremos), nada que no pueda trabajar en cuanto se lo proponga. Y por ponerle otra pega, ya en un par de partidos le he visto dolerse de achaques diversos, nada de particular si no fuera porque está justo en esa fase en la que todo se lo van a mirar con lupa. Problemas menores en cualquier caso, la criatura es una joyita también en actitud e implicación, nada que ver con algún antecesor suyo en ese centro ni con ese otro Wiggins que parece situarse siempre por encima del bien y del mal (ya les contaré cuando hablemos de Kansas). En condiciones normales habremos de tener Randle para muchos, muchos años.

Toca ahora hablar de los gemelos Harrison, Andrew y Aaron, uno y dos, dorsal 5 y dorsal 2 respectivamente. Dos gotas de agua, de esos que te los imaginas dando el pego, intercambiándose en los exámenes o jugando cada uno con la camiseta del otro… aunque en lo tocante a su juego sí que existen pequeñas pero significativas diferencias. Aaron (el dos) es más tirador (aunque también ataca bien el aro), más jugón como si dijéramos, no se le aprecian actitudes de base aunque tampoco le vendría mal ir adquiriéndolas porque difícil será que se gane la vida como escolta. Andrew (el uno) es tan buen penetrador como su hermano pero con mucha menos muñeca, algo que se hace notar incluso en los tiros libres; obviamente es más director de juego pero tampoco crean que llama la atención en ese aspecto: mucho más administrativo que creativo, mucho más de soltarla sin más a ver si así le vuelve, mucho más de jugársela que de pasar, al igual que su hermano. Ambos dos tienen el potencial para llegar a ser muy buenos pero ambos dos a día de hoy me dejan muy muy frío, qué le vamos a hacer. Si aguantan al menos otro año en el campus quizá tengan aún tiempo de hacerme cambiar de opinión.

Y aún encontrarán un cuarto freshman en el quinteto titular… pero last but not least como suele decirse, porque a mí (que soy muy raro) es casi el que más me gusta de los cuatro, si acaso en dura competencia con Randle: se llama James Young, juega aquí de tres aunque para el siguiente nivel será en mejor de los casos un dos/tres (o más bien un dos a secas) y es de esas criaturas que hacen que este juego parezca fácil, de esas que te transmiten la sensación de hacerlo todo bien. Ya quisieran por ejemplo los gemelos Harrison tener la visión de juego y el talento para el pase que atesora este Young, y así tantas otras cosas: tiro exterior sublime, explosividad cuando es necesaria, colaboración en todos y cada uno de los departamentos del juego. Eligió Kentucky y en el pecado llevó la penitencia, en mi opinión: podrá ganar muchos partidos, podrá hasta ser campeón incluso pero su presencia aquí estará mucho más opacada (por Randle) de lo que lo estaría en cualquier otra universidad donde fuera el puto amo, con perdón. Con todo y con eso es carne de draft, carne de one and done, diría yo incluso que carne de lotería. James Young, suena  a nombre y apellido común y corriente pero mejor será que no se nos olvide de ahora en adelante.

El titular que nos queda ya no es freshman (aunque parezca increíble) sino sophomore, se llama Willie Cauley-Stein y es otro al que encontraremos en puestos de arriba del próximo draft dado que la carne de cénter bueno se cotiza bastante por aquellos pagos (y por éstos). Cauley-Stein causó sensación en su año freshman (casi tanto como Noel, aún más tras la lesión de éste), contra todo pronóstico (y con buen criterio) decidió volver al campus para su segundo año, todos pensamos entonces que sería instrumental en estos Wildcats 2013/2014… y la sensación que ahora nos queda (a mí, al menos) es como de un sí, pero. Que está muy bien, no digo yo que no, pero que podría estar mucho mejor. Que del año pasado a éste la única evolución que se le aprecia es la del color de su pelo. Importante sin duda… pero no tanto como debería serlo. Digamos también en su defensa que acaso este año brille menos porque tenga mejores compañeros alrededor, algo que también afecta (y cómo) a otro que volvió para su año sophomore, el sexto hombre Alex Poythress. He ahí otra de las contradicciones del caliparismo: eres ya importante en tu primer año, eliges volver al campus para seguir mejorando y perfeccionando tu juego… y resulta que acabas jugando mucho menos de lo que jugabas antes porque te comen el sitio todos aquellos que llegaron tras de ti. El mundo al revés.

Completan la rotación el base sénior (sí, por increíble que resulte también juega un sénior, a veces) Jarrod Polson y cómo no, otros dos freshmen, no tan epatantes como los cuatro titulares pero que también tienen sus minutos y aún más tendrán en años venideros si no cometen el error de marcharse antes de tiempo (y si no aterriza luego otra camada de novatos que también les cierre el paso, claro), el base Dominique Hawkins y el imponente (pero aún muy tierno) sietepiés Dakari Johnson. Súmenlo todo ello y el resultado les dará una sobredosis de talento que en su día hizo que casi todos los analistas les dieran como máximos favoritos en los meses previos al comienzo de temporada. Hoy ya las cosas son ligeramente diferentes, me temo. Llevan ya tres derrotas (por doce victorias), tres derrotas que además tuve ocasión de presenciar, ante Michigan State, ante Baylor y ante los sorprendentes (por irregulares) Tar Heels de North Carolina. Tres derrotas que evidenciaron dos obviedades: que les falta experiencia y que un equipo acostumbra a ser mucho más que la mera suma de sus miembros. El talento lo tienen, la cohesión (aún por secundaria que a su técnico le parezca) tendrá que llegar también tarde o temprano. Acaso ya esté llegando, de hecho en su último partido ganaron con suficiencia a Louisville en el habitual derby de Kentucky de cada final de diciembre. Ganaron aún teniendo que prescindir de Randle durante los últimos minutos, ganaron también gracias a que el partido se jugó en su Rupp Arena, de haber sido en el KFC Yum! Center (nada menos) de Louisville quizá la historia habría sido muy distinta. En cualquier caso están ya en el buen camino estos Wildcats, qué duda cabe de que volverán a estar entre los favoritos… pero eso, a estar entre, no a ser, no sé si captan la sutil diferencia: hoy ya nadie apuesta que esta Big Blue Nation vaya a llevarse necesariamente el gato al agua… lo cual tampoco significa que no pueda llevárselo a poco que se lo proponga. Mimbres tienen para ello, más que nadie. Ya otra cosa será que acaben de hacer el cesto.

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com)

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3 Respuestas a “GABINETE CALIPARI

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  1. Pues sí, pero el cambio de modelo de la liga hacia jugadores más jovenes (y por tanto con una carrera más larga) y priorizando el físico a los fundamentos se tenía que notar en la NCAA tarde o temprano y kentucky es una buena prueba de que hay quien compra la mercancia, de momento son los menos, y yo creo que segura siendo un modelo minoritario durante años, pero lo habrá.

  2. Gracias Alex, así es, este modelo de “reproducir el universo NBA en territorio NCAA” (digámoslo así) por ahora es minoritario, y creo yo que seguirá siéndolo… entre otras cosas porque no son tantos los portentos físicos que salen del high school cada año como para que pueda dejar de serlo. Seguirá existiendo (y puede que hasta sea bueno que así sea, en la variación está el gusto… siempre y cuando se mantenga a estos niveles), al menos mientras la normativa legal (la edad mínima de ingreso en NBA) siga tal como está.

  3. Pingback: CRÓNICAS DE MARZO (II) | ZAID ARENA

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