LO QUE QUEDA DE LA COPA   2 comments

Aquellos que tengan la insana costumbre de leerme desde hace años sabrán ya que no acostumbro a comprar ese viejo discurso de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Esto es como decía aquel manido proverbio (topicazo al canto), si lloras porque no puedes ver el sol tus lágrimas no te dejarán ver las estrellas, si te pasas la vida echando de menos el ayer no disfrutarás el hoy, disfruta el hoy para que puedas echarlo de menos mañana. Crecí rodeado de padres, abuelos y tíos que no hablaban jamás de baloncesto pero sí de fútbol y créanme que en aquellos tiempos no había conversación sobre el dichoso deporte-rey que no acabara con el típico esto ya no es lo que era, tú que sabrás si no has visto jugar a Di Stéfano, Puskas, Kubala, aquello sí que era fútbol de verdad, que el niño que era yo acababa incluso lamentándose de no haber nacido diez o quince años antes para no habérselo perdido. Y en lo tocante al baloncesto pues qué les voy a contar que no sepan ya, a aquellos que lloraron en los noventa por no poder ver ya a Magic o Bird sus lágrimas no les permitieron ver al mejor Jordan, aquellos que echaron de menos a Jordan no supieron disfrutar de Kobe o Iverson, aquellos que aún hoy siguen echando de menos a todos los anteriores se están perdiendo a Durant o LeBron. Cada tiempo tiene su momento, la nostalgia bien entendida resulta lícita y hasta saludable siempre y cuando no te ciegue, siempre y cuando no te impida ver lo que sucede a tu alrededor. Cualquier tiempo pasado fue… anterior. Punto.

Y sin embargo yo tampoco puedo evitar a veces esa misma sensación (aunque me la prohíba a mí mismo), yo tampoco puedo evitar sentarme cada año a ver la Copa, nuestra Copa, y pensar que (esta vez sí) cualquier tiempo pasado fue mejor. Hoy nos siguen vendiendo la Copa como si aún siguiera siendo el bazar de las sorpresas, como si aún estuviéramos en aquellos años ochenta y noventa en los que el pez chico no sólo podía comerse al grande sino que incluso a veces se lo comía. En lo que llevamos de siglo las sorpresas (verdaderas sorpresas me refiero, no cuenten a Baskonia o Unicaja cuando aún podían competir de igual a igual con Madrid o Barça) podrían contarse con los dedos de una mano y aún nos sobrarían cuatro dedos, acaso la última fuera la del Joventut ganando en el Buesa en 2008, sorpresa además muy relativa porque aquella maravillosa Penya de Aíto y los erre que erre (Rudy & Ricky) jugaba como los ángeles y no le temblaba el pulso a la hora de codearse con los grandes. Aquello del bazar de las sorpresas ya es sólo una reliquia del pasado, un hermoso recuerdo, aquellos sueños hechos (casi) realidad en Cáceres, Manresa, CAI o Estu. Nostalgia de un pasado que ya nunca más ha de volver, que decía la copla. Año tras año seguirán vendiéndonos (y harán bien) que la magia de esta competición estriba en que a un solo partido cualquier cosa puede pasar, y ello aunque la triste realidad se empeñe en demostrarnos que en estos últimos tiempos no ha habido torneo más previsible en nuestras vidas que la Copa del Rey.

Nos venden las sorpresas y nos venden la emoción, también. Cuatro días de adrenalina rezaba pomposamente el cartelón de este año, pero una vez vista la competición no me quedó claro si el que lo redactó se refería a la emoción del juego o al consumo de sustancias estupefacientes ajenas al mismo. Adrenalina lo que se dice adrenalina sólo la hubo en tres partidos, y ello siendo muy generoso y metiendo también en el ajo al Unicaja-CAI aunque su final fuera más bien una sucesión de tiros libres. El resto (hasta un total de siete) estuvieron ya resueltos en el segundo cuarto, alguno incluso en el primero como aquel insospechado Barça-Valencia por más que luego el entusiasmo valencianista maquillara las sensaciones y/o el marcador. Nada que deba sorprendernos, al fin y al cabo es el signo de los tiempos (lo habré escrito ya quinientas veces pero lo escribiré una más por si alguien me leyera por primera vez), los ricos cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres, la clase alta cada vez más alta, la media-alta cada vez menos alta y más media, la clase media cada vez más baja y la baja en peligro de extinción por pura inanición. La vida misma, y el baloncesto forma parte de ella nos guste o no. A un lado Madrid y Barça y su desparrame futbolístico-televisivo, al otro todos los demás: los que andan mendigando un patrocinador aunque éste ya no deje ni la cuarta parte de lo que antes se dejaba, los que ya no huelen un céntimo del maná público (ni falta que hace, que éste está para otras cosas), los que ya ni recuerdan aquellas vacas gordas de los derechos de televisión. Puede que todas aquellas sorpresas de otro tiempo fueran consecuencia de vivir muy por encima de sus posibilidades, pero es que hoy ya no nos quedan ni posibilidades siquiera. Ni encima ni debajo.

sabadoClaro que está muy bien vender sorpresas y emociones y la biblia en verso, está muy bien venderlas pero aún estaría mejor si las lucieras en un escaparate desde el que la gente las pudiera comprar. Es bien sabido que en materia televisiva autonómica siempre hubo aficionados de primera y aficionados de segunda, esto es así desde que las públicas se reparten el (amargo) pastel baloncestero pero con un ligero matiz, que es que hubo un tiempo en que la proporción primera/segunda fue más/menos 80/20 y hoy debe ser más/menos 20/80, que parece lo mismo pero es exactamente al revés. Obviamente no tengo datos que permitan corroborarlo pero parece evidente que cada vez somos más los que viajamos en el furgón de cola sobre todo desde que tres Comunidades tan pobladas como Madrid, Andalucía y Valencia se bajaron del barco (bien porque ya no tienen Autonómica o bien porque aún la tienen pero es casi como si no la tuvieran). Todo lo cual no representaría un problema si (como solía suceder antaño) las espaldas de las Autonómicas (por decirlo así) las cubriera Teledeporte, pero no fue el caso.domingo Arseni Cañada anunció pomposamente durante sus partidos de jueves, viernes y sábado que la otra eliminatoria del día podría verse luego en diferido en Teledeporte, quizá fuera así en los cuartos de final pero en lo que respecta a la semifinal autonómica Barça-Valencia ya les digo yo que no, de hecho a estas alturas aún la estamos esperando. A lo largo de la madrugada del sábado al domingo Teledeporte reservó dos ventanas para la Copa, a la 1:55 y a las 6:35, acaso las dos únicas rendijas que pudo abrir en su cobertura full time de los Juegos de Sochi. Parecía lógico que la primera fuera la destinada para ofrecer el Barça-Valencia (anunciado a bombo y platillo por el propio Arseni, recuerden) pero aguanté despierto hasta esa hora y cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con la redifusión del Madrid-CAI. Bueno, pues si no es ahora será a las 6:35, pensé con mi natural ingenuidad. Programé la grabación, me fui a la cama y cuando a la mañana me abalancé sobre el iPlus con la sana intención de ver por fin el partido ¿qué dirán ustedes que me encontré? Efectivamente, la rerrerrerredifusión del Madrid-CAI, no fuera a ser que a esa hora quedase todavía un solo mortal sin verlo. Del Barça-Valencia nunca más se supo, quizás ello explicaría la foto aquella que hizo furor pocas horas después en las redes sociales en la que se apreciaba la relajación de alguno de los miembros del equipo, mucho más pendiente del fútbol televisado que del baloncesto in situ. Quizás no lo narraran porque no se iba a dar o quizás no se diera porque no lo narraron, vaya usted a saber.

Claro está, siempre nos quedará Orange Arena. ¿Qué les cuento yo de mi querida Potato Arena o Castaña Arena o Truño Arena o Quéséyoqué Arena que no les haya contado ya? Ya saben, una maravillosa web que es la pura antítesis de la usabilidad y la intuitividad, que te obliga a conectarte cada vez, a sacarte una entrada virtual y a pasar por no menos de seis pantallas distintas cada vez que entras, total para que cuando por fin llegas al contenido solicitado no puedas verlo porque ahora resulta que tu navagador sólo es compatible con la aplicación en los días pares que sean múltiplo de tres y siempre y cuando la luna esté en cuarto menguante (¿o era creciente?), eso con suerte. Eso para la temporada regular, para la Copa era todo un reto conseguir empeorarlo pero quedó bien claro que a estos señores no hay reto que se les resista. Con los directos la empezaron cagando pero hacia la mitad del Unicaja-CAI consiguieron por fin que dejáramos de quejarnos, pero con los diferidos… Había que buscarlos en las profundidades de la web, había que pinchar en el +info de la entrada virtual, había que volverse loco hasta que aparecían, total para descubrir cuando al fin los encontrabas que aún no estaba puesto el que esperabas ver. Busqué inútilmente el Barça-Valencia en la madrugada del sábado y volví a buscarlo inútilmente en la mañana del domingo, no logré encontrarlo (de hecho las dos semifinales no estuvieron colgadas hasta el mediodía, casi veinte horas después de haberse jugado) pero a cambio sí me di de bruces con el cartelito que anunciaba como próximo directo el Barcelona-Real Madrid. Es decir, de una tacada había matado dos pájaros de un tiro (o más bien los dos pájaros me habían pegado el tiro a mí): no había conseguido ver el partido pero sí había conseguido enterarme del resultado antes de ver el partido. Ni que decir tiene que les estaré infinitamente agradecido.

Llull-Madrid-CampeonCopa

¿Qué más nos quedará de esta Copa, aparte de todo lo anterior? De esta Copa quedarán dos partidazos, quedará una canasta sobre la bocina de esas que se recuerdan toda la vida, quedará una final tremenda, tremenda en su grandeza y en sus imperfecciones, de hecho acaso sean precisamente las imperfecciones (dado que la perfección no existe) las que hacen verdaderamente grande a este juego.

Quedará un campeón que parece que pase un examen cada vez que juega una final; como si el juego rácano y especulativo no necesitara demostrar nada porque ya hubiera probado sobradamente su eficacia y en cambio el juego rápido y vistoso hubiera de demostrar una y otra vez que además también sirve para ganar títulos. Laso lleva ya dos copas y una liga, podrá ganar en unos meses su segunda liga pero como no gane además la Euroliga le lloverán palos por doquier, le volverán a cuestionar el modelo y hasta sus cualidades como entrenador, al tiempo.

Quedará también (y ojo con esto) la peligrosa autocomplacencia del campeón, repitiendo algunos a todo aquel que quiera oírlo que hicieron un partidazo (que nadie lo niega) pero acaso olvidando que el partido no se jugó a su manera sino a la del rival, que a poco más de un minuto ganaban de 7 y a poco más de un segundo perdían de 1, que si no es por la iluminación de Llull ahora hablaríamos de otra cosa muy distinta, que si no es por la ofuscación del Barça en los tiros libres sabe dios de qué estaríamos hablando ahora. Esa autocomplacencia en las victorias (al menos de puertas afuera) puede ser su peor enemigo para lo que queda de temporada; mucho peor enemigo que Barça, CSKA, Olympiacos, Fenerbahçe o cualesquiera otros que queramos imaginar.

Quedará la definitiva consagración de Mirotic (ello en el supuesto de que no estuviera consagrado ya más que de sobra), la mayoría de edad de Abrines (aunque a alguno todavía le cueste hacerse a la idea), la puesta de largo (nunca mejor dicho) de Edy Tavares; en realidad Tavares no hizo más que lo que ya viene haciendo semana tras semana en el CID y demás canchas ACB, pero esto es lo que tiene el escaparate de la Copa (y no digamos ya si la juegas contra el Madrid): para medio mundo fue como si lo hiciera por primera vez… quizás porque ese mismo medio mundo le vio jugar el jueves por primera vez.

Quedarán unos fallos organizativos impropios de una competición de tan alta alcurnia y prosapia (sea eso lo que sea): quedará un reloj de posesión que se paraba o iba por libre cada dos por tres, como si la organización esperara la visita de algún miembro (imputado o no) de la familia del señor que da nombre al trofeo y hubiese vuelto a instalar inhibidores de frecuencia, a la manera de aquella infausta fase final del Eurobasket 2007; quedarán unas redes que si el tiro entraba flojo no dejaban caer la bola, que en casi medio siglo de baloncesto no recuerdo haber visto jamás nada semejante, como quedará también la fantasmagoría de alguno que creyó ver en ello un siniestro complot (el futbolerismo migrado por un día al baloncesto es lo que tiene), que a ver cómo le vas a pedir luego que sepa perder cuando llegado el momento ni siquiera sabe ganar.

aro

Quedará una realización televisiva infame, impropia no ya de ésta sino de cualquier otra competición sobre la faz de la tierra: baste decir que Televisión Española incorporó para la ocasión unas novedosas camaritas instaladas justo encima de las canastas, que habrían sido perfectas para ofrecer repeticiones (que es bien sabido que las repeticiones compulsivas son marca de la casa, tanto más cuanto menos permitan ver el juego) si no fuera porque el realizador ya que las tenía decidió jugar con ellas y utilizarlas una y otra vez para el directo (incluso en algún ataque especialmente decisivo de algún partido especialmente decisivo), y no dejándolas quietas sino abriendo y cerrando el plano compulsivamente en plan zoom cual Lazarov en los setenta, de tal manera que al final de cada jugada acababas viendo aro, sólo aro, la pantalla entera llena de aro, un enorme aro en primer plano que rebosaba incluso los contornos del televisor. Por favor, que le den un válium la próxima vez o aún mejor, que le manden a realizar las carreras de caballos, la gala de los Goya o la de Murcia qué hermosa eres, que seguro que allí sus innovaciones estilísticas podrán ser especialmente valoradas por un público afín.

Y quedará en resumidas cuentas (acabo como empecé, vuelta la burra al trigo) esa misma sensación que ya venimos experimentando año tras año de que esto ya no es lo que era, de que esta ya no es mi Copa que me la han cambiao. O no quién sabe, o acaso la Copa siga siendo la misma y el problema esté en que ya no sepa yo apreciarla, acaso la tuviera demasiado idealizada, acaso sea yo el que ya no soy lo que fui. Va a ser eso.

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2 Respuestas a “LO QUE QUEDA DE LA COPA

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  1. Magnifico articulo Zaid. La verdad es que cuando te leo me quedo sin palabras porque pones negro sobre blanco, aunque con las nuevas tecnologías la frase queda caduca y ya no es negro y blanco, ahora son colorines, lo que me pasa a mí y a muchos de mis colegas.
    Como tú, esperábamos mucho más de la Copa, pero mucho más, y se quedó en un bluff. El globo que nos prometieron, que iba a ser gigantesco y de colorines, se hinchó solo un poquito y al final, porque la final fue muy emocionante, nos sentimos como el chaval del anuncio, llenos de emoción porque nos regalaron un palo. Pero por desgracia el palo nos duro poco porque encima nos lo quitaron, ya que solo dos horas después ya no se hablaba de la final de la Copa. Solo se hablaba de la alfombra roja de los Goya. Y la emoción que sentimos por el final del partido quedo sustituida por una nueva emoción. La que se vislumbraba en la ceremonia sobre lo que iban a decir los actores al ausente Wert y las reacciones de los premiados al recoger los pedazos de estatuas que se llevan a casa. Y estas premisas se cumplieron, pues, sustituimos la emoción deportiva por la emocionante recogida de premio de Terele Pavez y el emocionante discurso de una actriz muy joven llamada Natalia Molina.
    El palo que nos dio TVE y la ACB en la Copa se truncó en un maravilloso ramo de flores que nos dieron TVE y la Academia en los Goya. Y pongo juntos a TVE y ACB porque no se entiende lo que está pasando. Comprendo que TVE le diga a la ACB que esto es lo que hay y que si no lo quiere en vez de poner baloncesto pondrá balonmano. Pero hay cosas y detalles que la ACB no debería dejar pasar. Estos detalles son aspectos que la ACB debería cuidar mucho más como hacen en otros lugares. El primero es la realización. No se entiende la mierda… ¿puedo decir mierda, porque es que no hay otra expresión? de realización que ofreció TVE. Voy a dar un ejemplo más aparte del de las cámaras cenitales. En los últimos momentos de la final, Mirotic anota un triple y acto seguido el Barça saca y Oleson penetra en la zona contraria, pero lo que veía toda España era una repetición del triple de Mirotic. La verdad es que fue un buen triple, muy bien tirado y en un momento clave, pero una vez tirado lo emocionante es la canasta siguiente, sino ¿cómo mantienes la emoción del partido? Fue como cuando estás en un concierto de rock, donde el cantante está tan emocionado que va a romper la guitarra y en ese momento el novio de turno pone a su novia en los hombros y tú no ves nada. Y, claro, desesperado empiezas a saltar para ver si consigues verlo, pero no lo ves. Tu emoción se transforma en frustración. Claro que si eres del Madrid, y solo te importa lo que haga tu equipo y no la final en sí, te sentirás muy contento. Pero para eso mejor contactar con el realizador de la final, que seguro es del Madrid, y que te pase un video solo de jugadas madridistas, y te lo ves tranquilamente en el sofá de casa. No sé si usted. Sr. Zaid es del Madrid y no pretendo faltarle al respeto. Yo no lo soy, pero tampoco lo soy del Barcelona. Lo que me pasa es que cuando juegan Barça y Madrid me posiciono con el más débil. Ya me pasó cuando el Barça arrasaba hace dos o tres temporadas y me pasa ahora que lo hace el Madrid. Supongo que será para vivir con más intensidad los partidos.
    Otro de los aspectos que debería cuidar la ACB es el de los horarios. Yo, como usted, también estuve pendiente de cuando repetirían los partidos que no dieron en directo y mi sorpresa fue mayúscula. Esos horarios son indecentes para el aficionado español, supongo que lo harán para que se puedan ver en Estados Unidos, donde tanto interesa el baloncesto español. Yo opté por irme a internet y ver los partidos por Esport 3, aunque como no tengo ni idea de catalán tengo que apagar el volumen del portátil.
    En resumen y como he hablado de cine entreguemos los Razzies o anti-Oscar. Al mejor coordinador de eventos de ACB por poner la final el domingo que entregan los Goya y permitir así que a la mañana siguiente el impacto mediático del evento sea sustituido por los premios del cine español. Al mejor director por mostrarnos imágenes cenitales de caída del pelo de algunos jugadores y como la vejez hace mella en su hermoso pelo. Al mejor distribuidor de películas por permitirnos dormir sin necesidad de preguntarnos que habrá pasado en el partido porque dará igual. El vela por nosotros y sabe que debemos dormir porque el baloncesto es secundario. Y finalmente al mejor gestor de contenidos de ACB, como ahora no hay presidente supongo que habrá que dárselo a él si es que existe, por permitir que eventos que pueden pasar a segundo plano durante cuatro días como los juegos de Sochi en diferido ocupen una cuota de pantalla que le debería corresponder a un evento nacional en directo. Aunque, la verdad, después de corregir no sé si este ultimo Razzie debería ser para el gestor de contenidos de TVE o de la ACB. En fin, se lo daremos a los dos para que no sientan envidia.
    Hay más cosas. Pero es que me enrollo como las persianas y no le quiero aburrir.

  2. Gracias Orofino, muy de acuerdo con todo lo que comentas. No soy del Madrid ni del Barça (tampoco soy “anti” ninguno de ellos, no es mi estilo), soy de Estudiantes aunque suelo decir (y creo que es cierto) que soy más “de baloncesto” que de cualquier equipo de baloncesto. Lo que comentas de las realizaciones es una batalla perdida, y no digamos ya lo de las repeticiones. Suelo ver bastante baloncesto USA (no tanto NBA como NCAA), partidos retransmitidos por televisiones de alcance nacional y otros incluso por televisiones locales, partidos mayoritarios y otros no tanto… y hasta la realización más modesta del canal más modesto de allí es mejor que la mejor realización que podamos ver aquí. Allí las repeticiones jamás se comen el juego en vivo, allí aprovechan los múltiples parones (no hace falta que sea un tiempo muerto, basta con el espacio que va desde que se pita una falta hasta que se tira) para ponerlas, y allí tampoco repiten cualquier cosa sino sólo aquello que merece la pena. Repetir un triple en el que lo más que se ve es un balón dando vueltas por el aire puede que tenga un gran valor estético para algunos, pero al común de los mortales no nos aporta absolutamente nada. Y no digamos ya si encima se comen la jugada siguiente.

    He escrito ya muchas veces (quizá demasiadas) sobre todo esto, te pongo tres enlaces (y habría muchos más) por si aún no hubieras tenido bastante…

    https://zaidarena.wordpress.com/2013/01/20/habia-una-vez-un-circo/

    https://zaidarena.wordpress.com/2013/06/03/la-edad-de-piedra/

    https://zaidarena.wordpress.com/2013/01/24/europa-vs-usa-disquisiciones-televisivas-2/

    Es lo que dices, TVE tiene su responsabilidad, evidentemente. Pero mucha más (por no saber cuidar adecuadamente su producto) tiene desde luego la ACB. O lo que quede de ella…

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