Archivo para noviembre 2014

CINCO MESES   Leave a comment

portadaslider-280x397Un año más las buenas gentes de BasketAmericano.com han lanzado a la red su impagable Guía NCAA 2014/15, una auténtica joya, sin lugar a dudas la mejor guía de baloncesto universitario que pueda encontrarse en castellano, acaso también la mejor guía de baloncesto universitario que pueda encontrarse en cualquier otro idioma, rechace imitaciones. Sería sencillamente perfecta si no fuera por la ocurrencia de poner sus dos primeras páginas a disposición del que suscribe (o sea yo), para que les junte impunemente unas cuantas letras sin atenerme a las consecuencias. Como no escarmientan, este año me lo volvieron a pedir, y el resultado fue éste que tienen a continuación…

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Cada primer martes de abril sentimos abrirse el suelo bajo nuestros pies.

Cada primer (a veces segundo) martes de abril vemos y volvemos a ver (si acaso ya la vimos de madrugada) nuestra Final Universitaria, cada primer martes de abril disfrutamos como enanos, alcanzamos la gloria, proclamamos campeón, dejamos que la dulce resaca nos envuelva, incluso nos empalagamos un año más con el one shining moment, cada primer martes de abril somos conscientes de haber alcanzado por fin el punto culminante de cada temporada pero a la vez sabemos que es el fin, sabemos que al otro lado de esa cima ya no queda nada, absolutamente nada, tan solo ese inmenso vacío ante nuestros ojos…

celebration-for-the-shipNo es el fin del mundo, no vayan a pensar. El aficionado al baloncesto universitario acostumbra a tener vida más allá de su adicción, aunque no siempre lo parezca. Sabe que asoma ya el buen tiempo, que está ahí el verano a la vuelta de unas pocas semanas, que ya huele a vacaciones, viajes insospechados, paseos por la playa, barbacoas sin fin, siestas de reglamento, fiestas hasta las tantas, cada uno ponga o quite lo que le pete. El aficionado al baloncesto universitario sabe que hay otras maneras de ser feliz (y más, incluso), sabe que lo será de hecho durante esos inhóspitos siete meses que se avecinan… pero que no por ello dejará de añorar su otra mitad, su recóndita versión de invierno.

El aficionado al baloncesto universitario tiene además sucedáneos, otros baloncestos (e incluso otros deportes) que le tendrán medianamente ocupado durante esos interminables siete meses: playoffs NBA y luego ya enseguidita los de ACB, desenlace de Euroliga, tantos otros desenlaces de tantas otras ligas, hasta un Mundial de Fútbol le pondrán cada cuatro años (éste por ejemplo) para que se entretenga. Y el draft (con sus previas elucubraciones y posteriores disquisiciones de cada junio), y los dimes y diretes fichajísticos de cada verano, y los campeonatos de (esas mal llamadas) categorías inferiores siempre y cuando consiga encontrar dónde verlos, y por fin el gran torneo de selecciones absolutas con su correspondiente dosis de adrenalina incorporada, y… Todo lo que usted quiera. Sabemos cómo pasar el mono, qué duda cabe. Pero eso no significa que no esté ahí.

Y es que el aficionado al baloncesto universitario acostumbra a dividir cada año en dos, dos mitades que no son tales, dos segmentos irregulares que para abreviar llamaremos on y off. On de primeros de noviembre a comienzos de abril, off obviamente todo lo demás, de comienzos de abril a primeros de noviembre. Cinco meses on, siete meses off. Cinco meses de ver al menos un partido al día, o a veces hasta tres o cuatro cuando se pueda y se tercie.NCAA Elite 8: North Carolina Tar Heels v Oklahoma Sooners Cinco meses de menos a más, de mágico crescendo, de ir poco a poco perdiendo la cordura para desembocar finalmente en la locura (de marzo), bendita locura. Cinco meses de descuidar la ACB y la Euroliga y abandonar casi por completo la NBA, de cambiar el derby madrileño por el de Kentucky si es preciso, donde se ponga un Duke-North Carolina que se quiten todos los Madrid-Barça futboleros del mundo mundial. Cinco meses de no dar abasto, de necesitar días de noventa horas para que diera tiempo a ver todo lo que se quiere, días de trescientas horas para que hubiera tiempo además para contarlo. Cinco meses de soñar y perder sueño…

…Y siete meses para despertar, para añorar. Siete meses de diferidos, de recuperar tal vez (ya sin emoción ninguna) todo aquello que no encontraste la manera de ver en temporada. Siete meses de vintage, de volver a ver aquella Final de (por ejemplo) 2003, 1993 ó 1983,m1k93cab de comprobar una vez más que cualquier tiempo pasado fue… anterior, no necesariamente (aunque sí frecuentemente) mejor. Siete meses de mirar de reojo transfers, JUCOs, bailes de entrenadores, reclutamientos a un año vista. Siete meses en los que el baloncesto universitario pasará a un segundo plano, acaso tercero o cuarto pero siempre estará ahí, reconcomiendo, reapareciendo en nuestras mentes cuando menos se le espera. Haciéndonos pasar nuestro particular síndrome de abstinencia.

Pero según vaya acabando el verano y empezando el otoño, al aficionado al baloncesto universitario ese mono se le irá manifestando ya en todo su esplendor. Notará cómo empiezan otras ligas, otras pretemporadas y todo ello hará que la ausencia de su dosis se le empiece a hacer aún mucho más acuciante. Buscará noticias, leerá rankings, escudriñará calendarios, empezará a salivar con según qué plantillas o según qué equipos, se empezará a familiarizar (aún más si cabe) con todos esos jugadores que llevan ya varios meses revoloteando en su cabeza, los Jahlil Okafor, Karl Towns, Tyus Jones, Cliff Alexander y tantos otros nombres de este año, de tantos otros años. Y hasta echará de menos aún sin haberlo llegado a tener a ese Emmanuel Mudiay que prefirió (a la fuerza ahorcan, supongo) las morteradas chinas a las sabias enseñanzas de Larry Brown, Sabina dixit, no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió

En el fondo el aficionado al baloncesto universitario sabe bien que es un bicho raro, lo supo siempre. El aficionado al baloncesto universitario siempre fue aficionado al baloncesto, a secas, pero aprendió hace ya demasiados años a no hacer ostentación de ello para no ser mirado con condescendencia e incluso un puntito de conmiseración. Sabe que en sus relaciones sociales sólo podrá hablar (y escuchar) de fútbol, pobre de él como ose aventurarse por otras sendas que no sean Madrid, Barça o Atleti, si acaso algún lunes Nadal o Fernando Alonso y pare usted de contar. El aficionado al baloncesto sabe que lo tiene muy difícil pero el aficionado al baloncesto universitario sabe que lo tiene ya imposible, sabe que si menciona a Navarro, LeBron o Gasol aún habrá alguien que le escuche, si menciona en cambio a McDermott, Kaminski o Van Vleet le preguntarán qué te pasa en la boca, te ha dado un aire, dinos a qué hospital te tenemos que llevar. ¿Recuerdan aquello que alguien dijo una vez de que las hemorroides se sufren en silencio? Pues esto igual pero al revés, se disfruta en silencio, así fue al menos durante muchos años, hoy ya no necesariamente, hoy al menos tenemos redes sociales, tenemos maravillosas webs como ésta, seguimos siendo bichos raros (y a mucha honra) pero ahora ya sabemos que no estamos solos, ahora al menos nos reconfortamos los unos a los otros. Baloncesteros Universitarios Anónimos deberían llamarnos.

El aficionado al baloncesto universitario (lo ha contado ya muchas veces) es como aquel amigo que tuve de crío, que cuando le hacían la típica pregunta horrible de tú a quién quieres más, a mamá o a papá, respondía siempre sin pensar, yo a mi abuela. A este aficionado al baloncesto le preguntan muchas veces que a quién quiere más, mamá o papá, FIBA ó NBA, a lo que él acostumbra a responder que a ambas dos las quiere por igual pero que por quien verdaderamente bebe los vientos es por su abuela NCAA (respuesta que a menudo suele dejar sumido en el desconcierto a quien le pregunta, ya que puede que no tenga ni la más remota idea de qué es eso).playa-de-oyambre_386552 El aficionado al baloncesto a veces piensa que la NCAA es como esas remotas playas del norte que no conoce (casi) ni dios, maravillosos enclaves que por lo general la gente desprecia porque (dicen que) hace mal tiempo, porque están lejos de cualquier núcleo urbano y hay que andar desde el aparcamiento, porque no están rodeadas de apartamentos, asfalto y chiringuitos sino de monte o bosque, que durante un tiempo intentaste convencer de sus bondades a tus semejantes (sin demasiado éxito) hasta que un día dijiste anda y que se sigan hacinando en su Gandía, Torrevieja o Benidorm de toda la vida (dicho sea con todos los respetos a estas bellas a la par que masificadas localidades), cuanta menos gente sepa que existe el paraíso más paraíso será. La NCAA tiene muy mala prensa entre todos aquellos que sólo se acercan a ella tangencialmente (por lo general una vez al año, a finales de marzo o comienzos de abril), no digamos ya entre aquellos que jamás la ven y sólo se fijan en sus números como si éstos fueran capaces de explicarlo todo. Y yo antes intentaba convencerlos, decirles que le dieran otra oportunidad, que si no habían visto jamás NCAA en enero o febrero no sabían lo que se estaban perdiendo… Ahora ya no, hoy ya no quiero que me masifiquen la playa, prefiero que quedemos sólo aquellos capaces de mimarla y disfrutarla. Mejor solos que mal acompañados.

Durante mucho tiempo el aficionado al baloncesto universitario se acostumbró a darse de bruces contra una pared. Te ponían el caramelito delante de tus ojos, te dejaban darle un par de lametones (llamados Final Four) y luego ya lo guardaban y no volvías a olerlo hasta el año siguiente. Luego llegó el día en que ya nos dejaron chuparlo entero, te lo ponían rancio y caducado pero aún así lo devorábamos con delectación, de hecho muchos nos enamoramos hasta las trancas de este baloncesto gracias a todos esos partidos pasados de fecha que cada verano nos daba (y nos sigue dando) el Plus.T2JEd.AuSt.156 Disfrutábamos (tarde y mal) el caramelo de marzo pero nadie nos ofreció jamás (salvo lejanísimas y contadísimas ocasiones) el de febrero, enero, diciembre o noviembre, que acaso no tuvieran tanta fama pero no eran menos apetecibles al paladar. Las teles pasaban y a nadie se le había ocurrido aún inventar Internet, y cuando a alguien se le ocurrió lo tenían cuatro gatos, y cuando por fin lo tuvimos más gatos iba aún a pedales, por más que pedalearas la cosa aquella del buffering se quedaba dando vueltas, cuando acababa de buferear ya se te había escapado el partido entero por el sumidero. La NCAA en temporada regular era coto exclusivo de cuatro iniciados, quienes podían orientar sus enormes parabólicas (nada que ver con las nuestras) hacia países lejanos, quienes importaban (y pagaban religiosamente) cintas de vídeo que a menudo recibían con varias semanas de antigüedad, poco era pero era algo, suficiente para darnos involuntariamente en las narices a todos los demás, los que permanecíamos sumidos en la oscuridad. No era ya que lo disfrutáramos en silencio, es que ni lo disfrutábamos siquiera. Teníamos noticias, mirábamos resultados, leíamos crónicas… y para todo lo demás recurríamos a nuestra imaginación. No había nada más.

Cómo hemos cambiado. Hoy el aficionado al baloncesto universitario aún no tiene quien le televise (que ahí la vida sigue igual, así seguirá por los siglos de los siglos, me temo) pero tiene ordenador, tiene Internet a velocidad medianamente decente (en algunas zonas rurales aún no, por desgracia), tiene hasta la capacidad de escoger: o gastarse veinte euros al mes en la aplicación de ESPN (a riesgo de que su señora se le amotine, a riesgo de que se la sigan cobrando cuando ya esté acabada la competición, que por más vueltas que le des no encuentras la manera de darte de baja), o gastarse cero euros y recurrir un año más a ese duendecillo valenciano y basketamericano que cada temporada acude puntualmente a salvarle la vida (y a quien nunca podrá agradecérselo lo bastante). Hoy la NCAA ya es algo cotidiano, ya es parte habitual de nuestras vidas. No está mal, tras tantos años estando sólo en nuestros sueños.

maui-invitational1Ya es noviembre, ya el aficionado al baloncesto universitario toca la felicidad con la punta de los dedos, ya se la hace la boca agua con el Tip Off Marathon, ya mira el calendario y se relame con el Maui, los torneos de Puerto Rico o Bahamas, el Old Spice o el Battle for Atlantis, tantos otros, ya sueña con los cruces entre ACC y Big10, ya piensa en clave de conferencia, ya se devora de pe a pa esta maravillosa guía que tiene usted en sus manos o ante sus ojos, ya va perdiendo poco a poco la cordura aunque aún resten un montón de semanas para que se declare oficialmente la locura. Ya es noviembre, ya se cerró por fin el suelo bajo nuestros pies, cinco meses tardará en volver a abrirse. Aprovechémoslos.

Publicado noviembre 21, 2014 por zaid en NCAA

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¿Y QUÉ?   2 comments

Hace algunos años (qué sé yo, pongamos diez, quince, no lo recuerdo con exactitud ni ganas tengo de mirarlo) Lenny Wilkens se convirtió en el entrenador con más victorias en la historia de la NBA. El logro fue glosado hasta la saciedad en los medios de aquel lado del Atlántico, el veterano técnico recibió toda clase de merecidos parabienes, loas y elogios por doquier… excepto en una populosa ciudad situada al norte de la frontera canadiense y que lleva por nombre Toronto.lenny-wilkens En aquel tiempo Wilkens entrenaba a los Raptors, en aquel tiempo perdía más que ganaba (como en casi todos los tiempos de dicha franquicia, por cierto), no necesariamente por culpa suya sino porque la plantilla tampoco daba para mucho más. Pero es bien sabido que el primero en llevarse palos en caso de derrota(s) acostumbra a ser el entrenador, si hasta al propio Laso hace unos días le querían colgar del palo mayor por haber perdido (por primera y hasta ahora única vez esta temporada) en Estambul, pues ya imaginarán cómo no habrían de pitarle los oídos en aquel entonces al bueno de Lenny. En aquellas circunstancias el récord de victorias pilló a la prensa canadiense con el pie cambiado, viéndose de repente en el trance de tener que elogiar a aquél a quien día tras otro se dedicaban casi exclusivamente a denostar. Claro que el desasosiego se les pasó al poco rato, exactamente lo que tardaron en darle la vuelta al dato: Lenny Wilkens podrá ser el entrenador con más victorias de la historia de la NBA, pero es también el segundo entrenador con más derrotas de la historia de la NBA, afirmaron sin cortarse un pelo con los números en la mano. Y se quedaron tan anchos.

No he podido evitar acordarme de aquel episodio en estos días, cuando se ha hecho público (a bombo y platillo, además) que Kobe Bryant se ha convertido en el jugador con más tiros fallados de la historia. Nada más y nada menos que 15.310 tiros errados (en el momento de publicarse la noticia, que ahora ya serán más), dicho así en bruto estremece, no lo vamos a negar. Repito, en bruto, los valores absolutos es lo que tienen, por eso nunca está de más relativizarlos.Kobe Bryant Poner las cosas en perspectiva. Ir un poco más allá de ese ¡¡¡Joder, pero pásala!!! ¡¡¡Dásela a Shaq (o a Pau, según épocas), suéltala ya de una pu…ñetera vez, chupón, que eres un chupón!!! que todos hemos gritado alguna vez o incluso miles de veces viéndole jugar, generalmente pocos segundos antes de que volviera por enésima vez a tirársela… y a meterla. Porque esa es la madre del cordero (la oveja), que las metía. Tanto más cuanto más se la chupara (qué mal suena esto), tanto más cuanto más difícil fuera. Hoy nos cuentan los fallos, miles y miles de fallos, es verdad. Casi tantos como aciertos.

Sigamos relativizando. Kobe Bryant lleva 19 (sí, diecinueve) temporadas en la NBA, exactamente desde la 1996/1997. Mi hijo (hoy a punto de ser mayor de edad) aún no había nacido, puede que alguno de ustedes tampoco. Bueno, pues en todos esos años su porcentaje de anotación jamás bajó del cuarenta por ciento. Que me dirán (con razón) que tampoco es para tanto un cuarenta por ciento, pero presuntas estrellas hay por ahí que rara vez lo sobrepasan y bien que seguimos riéndoles las gracias. Es más, en todos estos años su peor porcentaje fue precisamente en la temporada de su debut, la 96/97, un 41,7 por ciento, a partir de ahí no es ya que no bajara del 41 sino que en doce de esas temporadas ni siquiera bajó del 45 por ciento, cifra envidiable para cualquier jugador exterior. Regularidad absoluta que sólo está empezando a desplomarse en esta 2014/2015, a día de hoy anda por el 37,7 por ciento pero no estará de más recordar que aún queda casi toda la temporada por delante y que además tiene coartada(s):kobe_bryant_trayvon_martin_comment_0 ya cumplió los 36, viene de una dramática rotura del tendón de aquiles (que muchos otros a su edad habrían aprovechado para retirarse) y es hasta normal que ahora se tire hasta las zapatillas dada la caterva de indocumentados que tiene a su alrededor. Ya no es el que fue, y por no ser el que fue te puede hacer cualquier aciago viernes un 1 de 14, 7 por ciento si les queda la curiosidad. Pero aún no siendo el que fue te puede resurgir de sus cenizas y hacerte al domingo siguiente un 15 de 34 (44 por ciento) para totalizar 44 puntazos nada más y nada menos (eso sí, 34 tiros en sólo tres cuartos, 24 lanzamientos a canasta llevaba ya al descanso, cuando le da le da, genio y figura la criatura), 44 puntazos que de poco sirven si luego Steph Curry y sus amigos te clavan 136, que es bien sabido que en los Lakers el concepto defensa hace años que no lo trabajan. Pero 44 puntazos al fin y al cabo. Quede constancia de ello.

Llegados a este punto no estará de más recurrir a unos cuantos lugares comunes, para que se entienda un poco mejor de qué estamos hablando: quien camine más que nadie tropezará más que nadie, pero eso no le impedirá llegar más lejos que nadie (metáfora que tomo prestada del gran Gonzalo Vázquez). Nadie romperá más platos que quien más friegue, nadie se equivocará más que quien más decisiones tome, nadie pegará más gatillazos que quien más folle, disculpen la vulgaridad. Todo lo cual no debería eliminar la satisfacción ante los millones de kilómetros recorridos, los millones de platos bien fregados, las millones de decisiones acertadas o los miles (tampoco exageremos) de polvos enteramente satisfactorios. A igualdad de condiciones, quien viva cien años experimentará a lo largo de su vida muchos más disgustos que aquel que sólo viva cincuenta. Ahora bien, también habrá de experimentar muchas más satisfacciones (repito, a igualdad de condiciones), por una mera cuestión matemática.kobe-bryant-650x350 Quien tire treinta mil veces a lo largo de su carrera fallará mucho más que aquél que sólo tire quince mil, parece obvio, casi tan obvio como que también acertará mucho más a poca puntería que tenga. Para poder comparar valores tan dispares y evaluar los datos en su justa medida se inventaron unas cosas llamadas porcentajes, ya ven ustedes qué tontería. Fin del catálogo de obviedades.

Es curioso, en casi todas las noticias se informaba de que Kobe había batido el récord de tiros fallados pero en ninguna vi que se dijera a quiénes había superado, ni una mención acerca de quién lo ostentaba hasta la fecha, seguramente por torpeza mía que en vez de profundizar en la raíz de la información me quedé en la superficialidad del titular. Pero tenía mis sospechas, así que me he ido a investigarlo y así he podido comprobar que el primer clasificado hasta hace unos días (y ahora ya segundo, obviamente) era la leyenda céltica John Havlicek, desde 1962 hasta 1978 enchufándolas (y también fallándolas, claro) de todos los colores para los Arrogantes Verdes. En el tercer lugar de dicha ingrata clasificación estaría Karl Malone (figúrense la de asistencias que se perdió Stockton), cuarto clasificado sería un tal Michael Jordan y quinto Kareem Abdul Jabbar, es lo que tiene estar veinte años en la Liga, que por muy cerca que tires y muchos sky hooks que metas también te da tiempo a fallar. Ya lo ven, todos ellos jugadores mediocres y sin pedigrí, es lo que tiene. ¿Imaginan que alguien nos contara que nadie falló más tiros que Navarro en toda la historia de la ACB, o que nadie marró más disparos a puerta que Cristiano Ronaldo en toda la historia de la Champions? (lo digo por decir, no tengo datos al respecto ni falta que me hace). Seguro que a Víctor Claver (por poner un ejemplo tonto que ahora mismo se me acaba de ocurrir, no sé por qué) no le pasará nunca esto de estar en la lista de mayores falladores de la historia. Eso que se lleva por delante. Y por detrás.

Kobe tiene pros y contras como casi todo el mundo, Kobe ganó brillantemente cinco anillos, cerca anduvo de llevarse otros dos, fue MVP unas cuantas veces, dejó canastas y momentos inolvidables a chorros y forma ya (acabe como acabe su carrera) parte esencial de la historia de este juego, fruto todo ello de un talento superlativo y un gen competitivo sin parangón para la práctica del baloncesto.nba_bryant_jackson_580 Todo lo cual no quita para que Kobe fuera también un ego desmedido, una estrella con evidentes dificultades para implicar a sus compañeros en un proyecto común, alguien que en demasiadas ocasiones se creyó mucho más grande que su propio equipo y que tuvo la fortuna de que en un par de ocasiones a lo largo de su carrera se cruzara en su camino un tal Phil Jackson, acaso el único que a duras penas (y no sin dificultades) le logró domesticar. Pros y contras, usted decidirá si pesan más los primeros o los segundos, yo al menos tengo claro que (guste o no) Kobe quedará ya para siempre como uno de los GRANDES con mayúsculas de este deporte. ¿El que más tiros falló a lo largo de su historia? (Permítanme que les responda con otra pregunta) ¿Y QUÉ? Una anécdota que de ningún modo deberíamos convertir en categoría, una mera chorrada a la que en ningún caso deberíamos dar más importancia de la que tiene, un dato que de ninguna manera debería ocuparnos más de dos segundos ni merecernos más de dos renglones… Es decir, exactamente lo contrario a lo que estoy haciendo yo.

PENYAZO   Leave a comment

La palabra peñazo así escrita, con eñe, tiene en castellano evidentes connotaciones negativas. De hecho vendría a ser una especie de eufemismo, un sucedáneo para evitar usar la malsonante y sexista coñazo. Peñazo con eñe implicaría pesadez, hastío, insoportabilidad, aburrimiento, hartazgo. Pero eso, con eñe. Pruebe a cambiar la eñe por la enye, pruebe a decir penyazo en lugar de peñazo. Sonar sonará igual, no le digo yo que no, pero créame que su significado es radicalmente distinto, casi opuesto. Al menos en términos de baloncesto.

13601Porque penyazo (con enye) en términos de baloncesto significa pasión, buen juego, diversión, felicidad absoluta. Penyazo viene de penya, de la Penya, del Club Joventut de Badalona o lo que viene siendo lo mismo, FIATC Joventut, saben que no soy de citar patrocinadores pero no estará de más hacerlo siquiera por esta vez (aunque sea gratis) como reconocimiento a su aportación para mantener este tinglado. Joventut o Penya, acaso la institución baloncestística más emblemática que haya dado este país (o lo que quede de él). Otros querrán colgarse esa medalla pero nadie como ellos agita la verdadera bandera (verde y negra) de este juego. Rechace imitaciones.

Hubo una vez una Penya (que se creyó) grande, una Penya que vivió por encima de sus posibilidades porque creyó que esas eran realmente sus posibilidades, porque nadie le dijo nunca que no tuviera derecho a ello, porque la brecha entre los dos de siempre y el resto no era entonces tan abismal como lo es ahora. Hubo una vez una Penya setentera y ochentera que peleó (y a veces hasta ganó) títulos nacionales e internacionales,Fotor0408112124 hubo una vez una Penya noventera que llamó a las puertas del cielo en 1992 y las atravesó finalmente en 1994. Y hubo una vez otra Penya pequeñita, la que entendió demasiado tarde que lo difícil no es llegar sino mantenerse, que si estás en lo más alto sólo cabe ir hacia abajo, que cuando un pobre triunfa siempre vendrán otros a recordarte que ese no es tu sitio, que te bajes de la nube y vuelvas a ese fango del que nunca debiste salir. Despertar de los sueños es difícil, despertar de un sueño convertido en realidad es particularmente cruel.

Y hubo también otra Penya que renació de sus cenizas, puso los pies en el suelo y entendió finalmente dónde estaba y cuál era su papel. Mantener las esencias, no un club de élite que además tiene cantera sino un club de cantera que además tiene un equipo en la élite. No traicionar las prioridades, no traicionar jamás a todos aquellos que se formaron, se forman y se seguirán formando en ese club, poner al primer equipo al servicio de la Institución como una pieza más del puzzle, nunca al revés.13543 El primer equipo como estación-término, lugar de llegada pero también (a la fuerza ahorcan) puerta de salida, escaparate para esas ventas que permitan seguir viviendo. La taquilla es exigua, el reparto televisivo casi inexistente, los patrocinios ya no son lo que eran. Y mantener toda esa estructura cuesta una pasta. La cantera es cara, dicen, y es bien cierto. Por eso hay que rentabilizarla.

Por eso hay que lucir a los chavales en la élite. Sin prisa (pero sin pausa), todo a su tiempo, cada cual en su punto justo de maduración. Ahora bien, además hay que saberlo envolver: proporcionarles el caldo de cultivo para que sigan creciendo, un espejo en el que mirarse aunque estén ya en el primer equipo y crean que no les queda nada por ver. El delicado equilibrio, ese término medio en el que decían nuestras abuelas que estaba la virtud. Lucir a Pere Tomás o Guillem Vives estuvo bien, lucir a Alex Suárez está muy bien, lucir más pronto que tarde a Agustí Sans o Alberto Abalde estará francamente bien, lucir permanentemente (en tránsito de hacerse jugadores de club) a Barrera, Ventura o Llovet no puede estar mejor. Pero sólo con eso no basta, sólo con cantera te vas al carajo, hace falta algo más, unas pocas cucharadas de harina para espesar bien la salsa, un buen puñado de cemento para amalgamar la masa, algo así. Necesitas consistencia.

maxresdefaultNecesitas tipos como Albert Miralles o Sergi Vidal, amigos (íntimos) y residentes en Badalona, que un día ya lejano salieron (cada uno a su manera) por la puerta de atrás y finalmente encontraron la manera de volver por la de delante, pelillos a la mar, ésta al fin y al cabo siempre fue nuestra casa aunque un día renegáramos de ella, aunque un día renegarais de nosotros por ello. Necesitas tipos como Demond Mallet, el primo pequeño de Shaq, otro hijo pródigo, acaso ya entrenador disfrazado de jugador a sus 36 tacos aunque semana tras semana y con la verdinegra puesta se esfuerce en disimularlo. Necesitas otro año más la efervescencia contagiosa de Tariq, necesitas un bosnio pasado por Michigan State como antes necesitaste una ametralladora pasada por Northwestern, hoy Suton, ayer Shurna, mañana quién sabe. Necesitas equilibrio pero también descaro, frescura, la portentosa desinhibición de un jugón como Clevin Hannah.12660 Necesitas la grandeza (en todos los sentidos), la entereza y la integridad de Taph Savané, grande dentro de la cancha y aún más si cabe fuera de ella, aún hoy impartiendo incansables lecciones de baloncesto y de vida. Necesitas Maestros. No basta con que estén en el banquillo, hacen falta también sobre el parquet. Dicho y hecho.

Luego hará falta que mezclen bien, claro. Que los ingredientes jóvenes se complementen con los menos jóvenes, que las manos que mecen el guiso sean las adecuadas, que acierten con los condimentos… Y que hay generaciones y generaciones, claro. No todas las décadas te sale un Rudy, un Ricky, un Ribas o un Raül López, como no todas las décadas te saldrá un Montero o un Villacampa, unos hermanos Jofresa, una familia Margall. A finales de la primera década del presente siglo la Penya volvió a tocar el cielo, casi como aquella otra de quince años atrás. La Penya de la Erre que Erre, la de la riquirrubina, la del mejor Rodolfo que vieron nunca nuestros ojos, la de Aíto tejiendo los hilos con primorosa maestría. Pero contra la tentación de tirar la casa por la ventana supieron bien dónde pisaban, mantuvieron los pies firmemente asentados sobre el suelo, si quieres volar mejor será que tengas una buena base para tomar impulso y una buena red para cuando llegue la inevitable caída. No hubo traumas esta vez. Ya no hay rickys ni rudys, que esas cosas pasan apenas una vez en la vida. Ya hay un buen equipo, nada más (y nada menos) que eso.

Pero tampoco basta sólo con eso. Además es preciso enamorar. Creo que fue más o menos por aquel entonces cuando escribí que si el baloncesto es una forma de vida, el juego de la Penya parece la metáfora de la mejor vida posible. Algo así como un reconstituyente: acaba el partido y te sientes mejor, más a gusto contigo mismo y con los que te rodean, rebosante de energía, de vitalidad, de optimismo… Hoy suena a exagerado, porque lo es. Hoy no diría tanto (ni falta que hace), hoy simplemente diría que la Penya garantiza el espectáculo. Que si en un determinado momento he de escoger entre varios partidos en Orange Arena, no duden que a igualdad de condiciones escogeré el de la Penya. Porque más allá del resultado (y hasta del juego), un partido de la Penya no será nunca un partido cualquiera.112877_81_112576_81-460x261 Podrán ganar o perder, podrán jugar mejor o peor pero sabes de antemano que volarán, que te entretendrán, que la moverán al gusto, que harán que pasen cosas, que no entenderán de imposibles, así les pongas al Madrid de hace unos días o al Barça de hace unas horas tanto dará, juntas la inconsciencia de la juventud con la sabiduría de la madurez y ya tienes montada una revolución en cuanto te descuidas.

Claro está, toda revolución (triunfe o no) necesita un líder. Por alguna extraña razón que no alcanzo a descifrar, Salva Maldonado está entre los técnicos más infravalorados (o menos suficientemente valorados) de esta Liga. Nunca entra en las (por otra parte inútiles) quinielas para entrenador del año, nunca suena para dar el salto a un grande, nunca se habla de él como candidato para dirigir a la selección. Nada. Le conocimos en Manresa, supimos de su paso por LEB, de su vuelta a la élite en Gran Canaria y Fuenlabrada, de su retorno final a la Penya.Salva-Maldonado-dirigiendo-un-_54294369921_54115221152_960_640 Vemos semana a semana su corbata verdinegra y su extrema delgadez, apenas reparamos en él como si fuera sólo un entrenador cualquiera sin siquiera darnos cuenta de que eso es precisamente lo más difícil, ser nada más y nada menos que un (grandísimo) entrenador cualquiera. Uno capaz de entender (porque lo mamó) que la Penya no es una institución cualquiera, que tiene una idiosincrasia especial, que ganar o perder nunca importa tanto como jugar, como formar, como desarrollar. Como ser fieles a una idea. Nada es más importante que eso (en términos baloncestísticos), ser fieles a una idea. Aquellos (no verdinegros sino azules) que un día dejamos de serlo lo sabemos mejor que nadie.

Y atreverse a desafiar el orden establecido, también. Los pajaritos disparando a las escopetas, puede salirte por la culata como hace dos semanas en el Barclayleches (lo cual no restó un ápice a la inmensa belleza de haberlo intentado hasta el final) o puede salirte de cara como ayer en el Blaugrana, el pez chico comiéndose al grande, el mundo al revés. PENYAZO con todas las letras, puñetazo en la mesa del vecino y en la de la Liga, también. Recuperar, siquiera por unas horas, no ya el derecho a soñar sino el derecho a no despertar del sueño. Ya llegará el tiempo de volver a la realidad.

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