Archivo para febrero 2015

SUEÑOS DE MARZO II – DUKE   Leave a comment

Corren tiempos extraños en Durham, Carolina del Norte, tiempos de emociones desmedidas en el otrora apacible campus de la Universidad de Duke. Como probablemente ya sabrán incluso aquellos que no sigan para nada este baloncesto (más que nada porque les pusimos la cabeza mala con ello), Mike Krzyzewski se convirtió hace algunas semanas en el primer entrenador de la historia en alcanzar las mil victorias.1k Mil victorias, ahí es nada. Me dirán que sólo es un número (redondo, sí, pero número al fin y al cabo), una más que 999 y una menos que 1.001, pero no estará de más que nos detengamos siquiera un momento en la magnitud del hecho, que reparemos en que mil victorias universitarias no cuestan lo mismo que mil victorias profesionales, aunque sólo sea por el pequeño detalle de que en NBA se juegan al menos 82 partidos por temporada mientras que en NCAA no pasan de treintaitantos al año. Cuarenta años (los cinco primeros en la Army, desde 1980 ya en Duke) ha necesitado el head coach Krzyzewski para conseguir sus ya más de mil victorias, Cuarenta años, que se dice pronto. Mil y pico victorias, que se dice pronto. Deberíamos ponernos en pie.

Pero no era del Coach K de quien yo pretendía hablar (aunque tratándose de Duke sea inevitable) sino de sus Blue Devils 2014/2015. Tiempos extraños, ya se lo dije, tiempos de emociones insospechadas. Aún no se habían repuesto de la excitación de esa cacareada victoria mil (en cancha de St. John’s, en el mismísimo Madison Square Garden, ni el mejor guionista hubiera podido imaginar un escenario más apropiado) y ya estaban otra vez excitándose, pero esta vez por otro hecho completamente diferente y mucho menos estimulante, como fue la expulsión de un jugador.rasheed-sulaimon-k Rasheed Sulaimon, júnior, llegó en su día al campus de Durham con un cartel de estrella de instituto y unas expectativas desmedidas que poco a poco se fueron diluyendo con el paso de los partidos y de los años; a día de hoy era un mero jugador de rotación, nada más (y nada menos) que eso: triples, defensa, aporte extra de energía desde el banquillo y pare usted de contar. Poco para lo que un día pensamos que sería, pero más que suficiente para las actuales necesidades de Duke.

¿Qué pasó? Habré de reconocer que no lo sé, supongo que no he investigado el tema lo suficiente. Pero supongo que poca cosa no sería como para que Krzyzewski se haya visto obligado a tomar una decisión así (y apenas tres días después de su victoria mil, además). Recuérdese al respecto que al Coach K (aún a pesar de su formación militar, aún a pesar de haberse criado a la vera de Bobby Knight) no se le conocen modales autoritarios, en absoluto. Es más, cuentan que en sus 35 años como técnico de Duke nunca hasta ahora se había visto en la tesitura de tener que expulsar a un jugador, entre otras cosas quizá porque a Duke no llega cualquiera, porque en Duke además de jugar también hay que estudiar. Como en cualquier otro sitio me dirán, no sin razón, pero es que para esto también hay clases; no en vano Duke es uno de los centros de mayor prestigio baloncestístico de la nación, pero es también (y aún más si cabe) uno de los centros de mayor prestigio académico de la nación (Ivy League aparte). En Duke se presuponen cabezas bien amuebladas, lo cual no evita que de vez en cuando pueda surgir una excepción que confirme la regla, como es el caso. Para todo hay una primera vez.

Fuera por lo que fuese, lo cierto es que la baja de Sulaimon les deja un agujero importante en una rotación ya de por sí exigua, con un quinteto titular imponente pero con muy poquito más detrás. Y es que lo del cinco inicial es puro lujo, puro lujo es presentar en sociedad a la gran sensación de la temporada,chi-jahlil-okafor-duke-coach-k-20141106-001 el jugador que nos maravillaba ya en sus vídeos del instituto o en sus apariciones durante el Mundial Júnior, el que está respondiendo a todas las expectativas (éste sí) y generando además otras nuevas, el que tendrá el honor de escuchar su nombre dentro de unos meses de labios de Adam Silver, con el número uno del draft 2015 los Sixers de Philadelphia (por ejemplo) escogen a Jahlil Okafor, miren que ya tienen a Embiid y Noel y no necesitan más pívots pero aún así le escogerán de todos modos si el sorteo les es propicio, ni locos van a dejar escapar una oportunidad así, luego ya decidirán qué hacen con ello. Como puro lujo es también el fenomenal base (y amigo íntimo de Jahlil) Tyus Jones, como puro lujo es también ese prodigio con cuerpo de alero llamado Justice Winslow,Coaches vs Cancer Classic Justicia Winslow como si dijéramos pero no reparen en ese nombre que parece sacado de una película del oeste, reparen más bien en su apellido, a todos aquellos estudianteros que cumplan ya más de dos décadas en este mundo debería ponérseles la carne de gallina con sólo recordar a su padre. Tres freshmen de lujo complementados por dos veteranos de no menos lujo, Quinn Cook en la dirección (ahora ya mano a mano con Tyus Jones) y Amile Jefferson como socio interior de Okafor. ¿Quién da más?

Pero hasta ahí. El sexto hombre vendría a ser Matt Jones, exterior de buenísima mano que tendrá que dar un paso adelante (de hecho ya lo está dando) tras la salida de Sulaimon. Y el único relevo interior medianamente decente vendría a ser Marshall Plumlee, de los Plumlee de Duke de toda la vida, hermano pequeño de Miles y de Mason (se ve que sus padres sólo sabían poner nombres que empezaran por M) y por ahora bastante más limitado que éstos. Tan corto se le queda el banquillo que Krzyzewski tras quitarse del medio a Sulaimon ha tenido que recurrir de inmediato a Grayson Allen, freshman que está llamado a hacer grandes cosas en esa universidad pero que a día de hoy está mucho más verde que sus tres compañeros de generación, miren por donde ahora le va a tocar madurar más rápido, no hay mal que por bien no venga. Y apenas nada más, el resto ya es (en términos baloncestísticos) morralla, dicho sea con todos los respetos a chavales que juegan al baloncesto mientras estudian una carrera (o viceversa) y que no merecen en modo alguno ese calificativo, pero así nos entendemos. Por ahora les vale, pero cuando llegue el torneo de conferencia y se vean obligados a jugar partidos a diario, o cuando llegue el Madness y se vean obligados a jugar partidos cada dos días, veremos si no se les queda corto.

Tres derrotas llevan a día de hoy, y dos de ellas fueron en los días previos a esa victoria mil cuya consecución pareció suponerles un exceso de presión: perdieron entonces en North Carolina State y seguidamente en su propio feudo ante Miami, que mira que es difícil que los Blue Devils pierdan en casa ante cualquiera (como bien atestiguaba el rostro emocionado del gran técnico visitante Jim Larrañaga cuando abandonaba el Cameron Indoor), no digamos ya que caigan de 16 y encajen 90 puntos en el empeño. Y tras esa cacareada victoria mil volvieron a perder, si bien esta vez tenían coartada ya que cayeron en Notre Dame lo cual es perfectamente normal, dado que los Fighting Irish son una verdadera delicia de equipo.duke Pero si mencionamos sus derrotas mencionemos también algunas de sus principales victorias, que no son pocas: en Wisconsin hace un par de meses, en Louisville hace un mes o en Virginia hace un par de semanas, en uno de los partidos del año y que supuso la primera derrota (y única hasta ahora) de los Cavaliers: remontando, sobreponiéndose a esa extraordinaria defensa de ayudas que consiguió maniatar a Okafor (y por extensión a todos los demás) durante tres cuartas partes del partido, abriendo finalmente el campo hasta sacar de su fortaleza a los de Tony Bennett y crujirles a triples. Dos equipazos tremendos, un espectáculo grandioso.

¿Favoritos? Pues depende. Favorito para mí no hay más que uno y ese es Kentucky, pero sin duda están instalados en lo más alto de ese segundo nivel que también integran la propia Virginia, Gonzaga, Wisconsin, Kansas o Arizona. No me cuesta imaginarlos arriba del todo, pero (quizá porque aún resuena en mi cabeza el petardazo que pegaron hace unos años ante Lehigh, o el que pegaron hace unos meses ante Mercer) tampoco me cuesta imaginarlos cayéndose del cartel a las primeras de cambio, qué le vamos a hacer. Mimbres extraordinarios, sin duda, pero esperemos que a Krzyzewski al final no se le queden un poco escasos para hacer el cesto.

SUEÑOS DE MARZO I – KENTUCKY   Leave a comment

Un poquito de abuelo Cebolleta, para empezar: hace más de cuarenta años aterrizó por estos pagos la Universidad de North Carolina (no toda, en realidad sólo su equipo de baloncesto) para disputar el tradicional Torneo de Navidad del Real Madrid. Hace más de cuarenta años aún no había Internet, no había más canales que cuarto y mitad de TVE, no había imágenes vía satélite (o quizá sí las hubiera, pero aquí aún no nos habíamos enterado), no haVR-G.-Karlbía ni color en las teles (ni en las vidas), por no haber no había ni noticias siquiera de ese otro baloncesto (así el amateur como el profesional) que se jugaba allende los mares. No éramos nada, no sabíamos nada, no ya yo que evidentemente era un crío sino que mis mayores tampoco. Entenderán que en tales circunstancias cualquier cosa que hicieran aquellos Tar Heels vestidos de gris clarito (sólo con el paso de los años descubriríamos que en realidad era azul celeste) se nos habría de quedar grabada en nuestras retinas y en nuestras memorias para siempre. Tal cual. Y así sucedió que en un momento determinado su mítico (y recientemente desaparecido, y nunca suficientemente añorado) técnico Dean Smith decidió cambiar a los cinco jugadores a la vez, lo nunca visto, acostumbrados como estábamos a que aquí a los titulares sólo se les quitara si lo exigían las faltas (y a veces ni eso) aquello nos rompió por completo los esquemas. Dado que la novedad venía de USA no hubo dudas, aquel cambio masivo quedó rebautizado ya para siempre como cambio a la americana. Y tanto dio que fueran pasando los años, que aquel baloncesto se hiciera primero presente y luego imprescindible en nuestras vidas, que viéramos cientos y hasta miles de partidos USA en los que aquello no sucedía, todo dio igual porque el concepto cambio a la americana se quedó ya establecido para siempre jamás, para que recurriéramos a él como papagayos cada vez que veíamos a un entrenador hacer no ya cinco, sino cuatro y hasta tres cambios a la vez, así fuera ello en la competición que fuera…

Pero dejemos en paz a los Tar Heels, ya tocará hablar de ellos otro día (espero). Viene toda esta (prescindible) introducción a cuento de que este año, por fin, le hemos encontrado sentido a aquella legendaria expresión, cambio a la americana. Y no ha sucedido en Chapel Hill (North Carolina) sino en Lexington (Kentucky), en los dominios de los Wildcats, de la Big Blue Nation, del gabinete del doctor Calipari. Intentaré explicarme (al menos para aquellos que no tienen por costumbre seguir la NCAA, que el resto ya conocen la historia):

KentuckySaben mejor que nadie (entre otras cosas porque se lo he contado demasiadas veces) que Kentucky es el reino del one and done: reclutan cada año a los mejores jugadores de instituto, llegan las criaturas, se matriculan, hacen como que van a estudiar una carrera, juegan cinco meses, se apuntan al draft y si te he visto no me acuerdo, en otros campus de postín puede resultar (cada vez menos) traumático pero en Lexington es el pan de cada día. Ahora bien, también puede pasar que algún año la excepción confirme la regla, que alguna de esas criaturas sufra un ataque de lucidez y no se apunte al draft, que se quede para el segundo curso y hasta para el tercero, que todos ellos a su vez se junten con la nueva y flamante camada procedente del insti y que el resultado de todo ello sea un overbooking de padre y muy señor mío. Este año, por ejemplo. Este año lo que tiene a sus órdenes Calipari no tiene nombre, nueve allamericans nueve, tiernos y bisoños como corresponde a su edad pero con un despliegue físico y un potencial técnico que para sí lo quisieran muchos entrenadores profesionales. ¿Cómo optimizar esos recursos, cómo hacer que jueguen todos, cómo mantener tensión e intensidad durante cuarenta infernales minutos?

Cambio a la americana (que obviamente Calipari no sabrá que aquí lo llamamos así, ni puñetera falta que le hace saberlo). Empiezan cinco (hasta ahí todo normal) y a los cuatro minutos entran los otros cinco, y cuatro minutos después vuelven a entrar los cinco primeros y así sucesivamente mientras las faltas lo permitan, mientras las circunstancias del juego no aconsejen otra cosa. Es decir, dos pelotones, el de los titulares y el de los segundos titulares (cuesta llamarlos suplentes dado que al fin y al cabo juegan casi lo mismo), el Blue Platoon y el White Platoon (no llevan camisetas diferentes, sólo es una forma de hablar).bluep El Blue (es decir, los que empiezan) lo integraron de partida los gemelos de segundo año Andrew y Aaron Harrison, el alero de tercer año Alex Poythress, el freshman maravilla dominicano (dominicano de New Jersey, pero dominicano al fin y al cabo) Karl-Anthony Towns y el sempiterno pívot junior Willie Cauley-Stein; mientras que el White (es decir, la segunda unidad) lo formaron los interiores Marcus Lee y Dakari Johnson junto al resto de novatos prodigiosos, a saber, el base Tyler Ulis, el escolta enchufador Devin Booker y el alero Trey Lyles. Dos grupos tan marcados que cuando Poythress se lesionó para toda la temporada Calipari no optó por ascender a nadie del segundo pelotón al primero, prefirió no tocar la segunda unidad y promocionar directamente a la primera unidad a quien estaba predestinado a ser undécimo jugador del equipo, el alero de segundo año Dominique Hawkins. Y a mí que (desde mi proverbial ignorancia) todo esto me parecía demasiada rigidez, dos quintetos cerrados que no son vasos comunicantes sino compartimentos estancos, cambios de cinco en cinco así llueva o truene, cuatro minutos (a veces ni eso) de máxima intensidad y en cuanto empiezas a coger el ritmo ya te toca otra vez sentarte… Baloncesto moderno, sin duda. Pero a mi edad cuesta ya tanta modernidad.

Afortunadamente el transcurso de los meses ha venido a poner las cosas en su sitio. Según avanzan los minutos la rigidez suele dejar paso al sentido común, a lo que dicten las circunstancias de cada momento concreto. Y bien está que sea así, porque obviamente no se trata de piezas de ajedrez sino de jugadores que cada uno es de su padre y de su madre. Por ejemplo: los gemelos Harrison gozan de abundante reputación ya desde el pasado año, pero a mí me gustan más los exteriores que emergen del segundo pelotón,platoon2 los freshmen Ulis y Booker. Aaron Harrison será buen tirador (los Wildcats jamás habrían llegado a la final del pasado año sin él y sus bocinazos, de hecho) pero a mí me enamora más la prodigiosa muñeca de Devin Booker; Andrew Harrison será buen base, no digo yo que no (muy físico, rompedor, agresivo en penetración, muy del gusto de Calipari) pero a mí el que me entusiasma es Tyler Ulis, mucho más director, mucho mejor pasador, fenomenal defensor y que no se priva de anotar tampoco. En cambio en el juego interior me sucede exactamente lo contrario, ahí sí me gustan más los presuntos titulares: Cauley-Stein es un prodigio físico que podría ser mucho mejor si se hubiera preocupado de mejorar siquiera un poquito en el aspecto técnico (o a lo mejor sí lo ha intentado y es que no da más de sí); aún estancado en su progresión es una fuerza de la naturaleza. Y el dominicano Towns es sencillamente una joya, un diamante aún sin pulir, la niña de mis ojos y de los de Calipari. Empezó la temporada muy perdido pero a base de trabajar (y de procesar las broncas del coach) ha ido consiguiendo armonizar sus cualidades (que son muchísimas) y su proceso de toma de decisiones.kat Calipari no se corta en regañarle porque sabe lo que tiene entre manos, porque lo acogió en su seno desde que tenía catorce años (de algo le sirvió ser seleccionador dominicano), porque siempre regañas más a quien más quieres, a quien sabes que te puede dar más de sí. Karl-Anthony Towns es ya una maravilla y va a ser maravilla y media, pero le vendría de cine otro añito en Lexington para completar su formación… Ahora bien, pierdan cuidado, eso no va a suceder.

Algún dato para entender la magnitud de estos Wildcats. De entrada el dato principal, a día de hoy van 24-0, no es ya que sean el único equipo invicto de la nación sino que ya casi no se atisba posibilidad alguna de que puedan perder antes de marzo, de hecho Tennessee (17 de febrero) es la única salida relativamente difícil que les queda. Alguna de esas victorias conllevaron serios apuros, otras en cambio fueron auténticas barridas antes equipos que deberían haberles presentado dificultades, baste recordar que a Kansas le metieron de 30 nada más empezar la temporada (probablemente hoy la historia sería ya muy distinta), baste recordar que a UCLA al descanso la ganaban 44-7, déjenme que lo repita, 44-7, a UCLA que no estará en su mejor año pero que no es precisamente un cualquiera. ¿Más datos? No es ya que sean el equipo más alto de entre los trescientos y pico que integran el baloncesto universitario (sólo Florida State con sus tres sietepiés se les aproxima ligeramente), es que su estatura media supera también a 29 de las 30 franquicias NBA (según la ESPN, comprenderán que yo no me he parado a comprobarlo), sólo los Blazers de Portland promedian más centímetros en su roster que estos Wildcats. Así las cosas resultaría casi grotesco decir que están en el pelotón de favoritos o que son los principales favoritos, no, lo correcto es decir simplemente que son LOS FAVORITOS, punto. No hay más. ¿Significa ello que van a ganar el título a comienzos de abril, sí o sí? Pues no, en absoluto. Se lo tendrán que currar como el que más (que ya saben que en marzo si no te lo curras te vas para casa), tanto más si tenemos en cuenta que desde que empezó la SEC han bajado su nivel de arrollamiento, de hecho pasaron serios apuros para derrotar a Ole Miss, Texas A&M, Florida o LSU por ejemplo. Hay buenísimos equipos en esta NCAA de nuestros pecados (y de ellos intentaré hablarles en los próximos días, siempre y cuando mis exiguas fuerzas me lo permitan), pero quédense con la idea de que nadie, absolutamente nadie, puede poner sobre la mesa tantos argumentos como estos Wildcats de Kentucky. Y luego ya pasará lo que tenga que pasar.

A %d blogueros les gusta esto: