CON OCHO BASTA   1 comment

Eight is enough. Eight is enough! Así lo proclamó Mike Krzyzewski a los cuatro vientos (y a la CBS, y a la ESPN, y a quien se le pusiera por delante) nada más finalizar su victoriosa Final contra Wisconsin. Eight is enough, con ocho basta, a quienes sean insultantemente jóvenes les parecerá una frase como otra cualquiera, en cambio a quienes ya peinamos (demasiadas) canas nos retrotrae a los últimos Setenta y los primeros Ochenta, a una empalagosa y blandurriagfdfgdsfs serie yanqui que hizo furor en nuestras pequeñas pantallas, ya saben, esa típica familia llena de hijos (ocho, concretamente) que tanto juego dio siempre para comedias (presuntamente) costumbristas de clase alta, así en aquel lado del charco como en éste. Se emitía los viernes a la caída de la tarde, justo antes de Más Vale Prevenir (programa dedicado a la salud presentado por Ramón Sánchez-Ocaña, nada menos), y ni que decir tiene que arrasaba con la audiencia incluso en aquellos tiempos en que aún no teníamos por costumbre medir las audiencias (también es verdad que no tenía nada con qué competir), créanme que no había nada más visto en nuestro panorama televisivo semana tras semana, aún por raro que hoy nos resulte siendo ese día y a esa hora. Nos la tragábamos como pavos (a ver qué quieren, no había otros canales, no había Internet, no había ordenadores ni videojuegos, ni siquiera había nacido aún la costumbre de salir los viernes) y la olvidábamos inmediatamente después hasta el episodio siguiente, finalmente un día desapareció de nuestros televisores y nuestras vidas y la olvidamos ya para siempre o al menos eso creímos, yo al menos he vivido perfectamente durante más de treinta años sin acordarme jamás de ella, y así seguiría si no fuera porque al laureado y milenario (en victorias) Coach K le dio por recordármela la otra noche, justo después de convertirse (además) en pentacampeón…

Eight is enough. Eight is enough!… No, no es que al afamado Krzyzewski (que debería peinar aún más canas que yo, aunque por algún inexplicable e insospechado prodigio no sea así) le sobreviniera un repentino ataque de nostalgia televisiva, en absoluto. Es sólo que el susodicho K acababa de demostrar (por si alguien no lo tuviera ya suficientemente claro a esas alturas) que con lo que tenía tenía más que de sobra;2015-04-07T034227Z_1111927202_NOCID_RTRMADP_3_NCAA-BASKETBALL-FINAL-FOUR-CHAMPIONSHIP-GAME-WISCONSIN-VS-DUKE acababa de dar en las narices a todos aquellos que dijeron (dijimos) que a Duke esta plantilla se le quedaba muy corta, a todos los que insistieron (insistimos) aún más en ello tras la abrupta salida de Sulaimon. Pues ahí lo tienen, con ocho becas deportivas basta, con una rotación de ocho jugadores es más que suficiente. Suficiente para pasarse por la piedra con inusitada claridad a San Diego State, Utah y Gonzaga, suficiente para llegar más sobrados que nadie a Final Four, suficiente para apalizar a Michigan State, suficiente para derrotar finalmente a Wisconsin en una final extraordinaria, a esa misma Wisconsin que un par de días antes se había cepillado a la hipersupermegafavorita Kentucky en otra semifinal no menos extraordinaria. Con ocho basta. Pues va a ser que sí.

Pero tiene truco, claro. Tan sencillo como que no es sólo una cuestión de cantidad, sino también (y sobre todo) de calidad. Que hay ochos y ochos, vamos. Que cuántos, con una rotación manifiestamente más larga, no se hubieran dado con un canto en los dientes (a riesgo de hacerse daño) sólo con tener la cuarta parte del talento que atesoraban estos Blue Devils. Ocho apenas, y cuatro de ellos (y qué cuatro) novatos además para más inri, para que a todos aquellos que recurrieron (recurrimos) al factor experiencia para explicar lo de Wisconsin vs Kentucky el argumento ahora se les (nos) caiga por su propio peso. Con ocho basta, y si encima son unos críos recién salidos del cascarón (pero buenos como diablos) pues tanto mejor, así que ya puestos no estará de más que aprovechemos este modesto (y molesto) blog para rendirles homenaje, que bien merecido se lo tienen. Helos aquí, in alphabetical order:

Grayson ALLEN: La salida de Sulaimon fue el punto de inflexión. Antes apeDuke_c0-262-3082-2058_s561x327nas habíamos conocido a esa cara de chico travieso que llegó a Duke con magníficas referencias desde el instituto, que en sus escasísimas apariciones mostraba con cuentagotas la calidad que atesoraba… pero que no cabía, sin más; era el noveno, rotaban ocho, normalmente se quedaba sin jugar, nada grave, ya habría tiempo, ya llegaría su momento… Todo cambió a partir del 29 de enero: Grayson pasó de noveno a octavo, empezó a tener minutos, empezó a aprovecharlos, empezó a mostrar bien a las claras (por si a alguien le quedaba alguna duda) el pedazo de jugador que había detrás, y todo ello además en progresión ascendente, cada partido un poquito mejor que el anterior. ¿Hablábamos de puntos de inflexión? Lunes 6 de abril, Final universitaria, Wisconsin 9 arriba bien avanzada ya la segunda mitad, los Badgers relamiéndose y de repente el partido entero puesto del revés, un triple por allá, un dos más uno por acá, otro robo por acullá, un cóctel de talento, intensidad y descaro que los de Bo Ryan no supieron cómo procesar. Saben bien en Durham que sin esa eclosión no serían campeones, lo sabe todo dios y lo sabe él mejor que nadie, hasta el punto de que ya ha empezado a escuchar cantos de sirena garantizándole (¿?) un puesto en primera ronda del draft. Afortunadamente ha hecho caso omiso, afortunadamente parece que se quedará en Duke (al menos) una temporada más, créanme que sólo por ver jugar a esta criatura (titular indiscutible ya para entonces, no lo duden) merecerá ya la pena contemplar cualquier partido de los Blue Devils. Sólo denle tiempo.

Quinn COOK: Aterrizó en Durham a mediados de 2011, apenas un año despuéstyus-jones-quinn-cook del anterior título de Duke. Padeció importantes sinsabores, vivió en sus propias carnes la prematura eliminación ante Lehigh en 2012, la no menos prematura eliminación ante Mercer en 2014, la frustrante derrota ante Louisville en la Final Regional de 2013. Compartió vestuario con Austin Rivers, Seth Curry, Andre Dawkins, Michael Gbinije (sí, el de Syracuse), Josh Hairston, Ryan Kelly, Rodney Hood, Jabari Parker, todos los Plumlees. Llegó como una especie de combo guard (signifique eso lo que signifique), las circunstancias le llevaron a ejercer de base full time con notable éxito de crítica y público y justo entonces, cuando ya todos le teníamos como director de juego, apareció Tyus Jones y hubo de desandar lo andado para volver a ejercer de dos, a veces también de uno pero sólo a tiempo parcial. Y los agoreros auguraron catástrofes sin cuento en el perímetro de los Blue Devils por las crisis de celos que podrían suscitarse, pero nada más lejos de la realidad: Cook entendió la maravilla que le habían puesto al lado, asumió la situación, se adaptó a su nuevo rol sin decir oste ni moste. Base correcto, muñeca excelente, no tiene la calidad de alguno de sus compañeros (ni de lejos), no sabemos qué le deparará el destino en su carrera profesional pero de una cosa al menos sí que podemos estar bien seguros: nadie se merece este título tanto como él.

Amile JEFFERSON: Prototípico jugador de equipo, de esos que pareció que serían mucho más amile jeffersonde lo que fueron pero que en el fondo son mucho más de lo que parece que son (no sé si me explico). Pídanle que se asocie con cualquier Plumlee y a fe que lo hará, pídanle que sea referencia interior (no había otra) con Jabari Parker como imprevisto socio y también lo será, pídanle que sirva de báculo a Okafor y cumplirá con creces con su cometido, pídanle que salga desde el banquillo para limpiar la zona a Okafor y aceptará su nuevo rol sin rechistar. Puede parecer que su importancia haya ido disminuyendo con el paso del tiempo (probablemente porque así sea) pero un análisis más profundo quizá nos revelaría aspectos insospechados: nos revelaría, por ejemplo, que allá donde no llegó el amigo Jahlil ni aún menos Marshall Plumlee sí llegó él, que nadie consiguió parar a Kaminski como lo hizo él en esos minutos finales, justo cuando Okafor andaba atenazado en el banquillo con sus cuatro faltas a cuestas. De no haber sido por esa defensa puntual, por ese súbito apagamiento del hasta entonces inspiradísimo Frank the Tank, vaya usted a saber de qué estaríamos hablando ahora.

Matt JONES: En un momento dado de la temporada, quizás en aquella remontada en cancha de Virginia o quizás viniera ya de lejos, Mike Krzyzewski tuvo una idea (que para eso le pagan). Si la defensa rival se cierra sobre Okafor me tapa también a Jefferson, necesitaría un cuatro abierto para generar otras posibilidades pero no lo tengo, así que… ¿qué hacer?matt jones Pues muy fácil, Jefferson al banquillo, Winslow a ejercer de sucedáneo de cuatro y Matt Jones al quinteto titular para tener un arma homicida más desde el exterior. Lo que se llama abrir el campo, cuatro pequeños y un grande, que él por dentro se basta y se sobra y cuando la defensa se cierre sobre él (o sea, casi siempre) ya aprovecharemos su capacidad de pase para sacarla hacia el tirador. Y ni que decir tiene que el cambio le vino a las mil maravillas y que la impecable muñeca de Matt Jones hizo el resto, ya fue instrumental en aquella histórica remontada virginiana y a partir de ahí siempre estuvo donde y cuando se necesitó. Matt Jones aún es sophomore, es carne de cuatro años en Duke, si éste ya fue bueno imaginen lo que aún nos puede deparar en los dos siguientes. Nunca le pierdan de vista.

Tyus JONES: Cuentan que su madre le puso Tyus porque se enamoró de la manera de jugar de Tyus Edney, aquel menudo y maravilloso base que nos epató en UCLA (cómo olvidar aquella Madness de 1995, aquel canastón de costa a costa sobre la bocina, aquella lesión que le impidió jugar casi toda la Final) y que años más tarde siguió epatándonos por media Europa (cómo olvidar aquella Final Four de 1999, aquella Euroliga que ganó para el Zalgiris). Quién le iba a decir a esa madre que cuando escogió ponerle Tyus a su retoño no sólo estaba predestinándole a ser un base tan bueno (al menos) como el anterior, sino incluso a que ganara el título NCAA exactamente veinte años después de que lo hiciera el anterior. Tyus Jones empezó la temporada con más titubeos que Okafor o Winslow (lo cual no quiere decir qu164040615-407-wisconsin-v-dukee estuviera mal, sino que no estaba tan bien) pero eso fue sólo hasta que cogió confianza. Su mes de febrero ya fue extraordinario y su mes de marzo fue aún mejor si cabe, poniéndole todo ello al nivel del mejor base NCAA que podamos imaginar. Y qué decir de esas dos noches de abril… Hace días alguien me aseguraba estar convencido de que Tyus volvería a Duke para su segundo año, discrepé entonces y discrepo aún más ahora, yo más bien estoy convencido (mal que me pese) de que cogerá de la manita a su íntimo amigo Jahlil y se apuntará presuroso al draft, ojalá me equivoque. Eso sí, vaya usted a saber si alguna madre enamorada del juego de Jones no le pondrá a su hijo Tyus cualquier día de estos, vaya usted a saber si ese Tyus Loquesea no liderará a su universidad a ganar el título universitario de 2035… Y nosotros que lo veamos, claro.

Jahlil OKAFOR: Podríamos decir que ha hecho casi el mismo viaje que su amigo Tyus Jones, solo que en sentido inverso. Casi toda su temporada fue excelsa, confirmando las gloriosas expectativas generadas tras sus años de high school y sus fugaces (pero muy brillantes) apariciones durante el último Mundial Sub19. Durante meses hubo consenso en considerarle no ya el unánime número 1 del próximo draft sino el único jugador de dicho draft perfectamente capacitado para jugar ya en NBA y aportar desde el primer día, durante meses hubo consenso en proponerle para jugador del año casi por encima de Kaminski, menos mal que luego la realidad (y el propio Kaminski) acabó poniendo las cosasAPTOPIX NCAA Duke Wisconsin Final Four Basketball en su lugar. Y sin embargo, a partir de un determinado e impreciso momento de finales de temporada, su juego empezó a decaer: ya no era tan dominante, ya las constantes ayudas sobre él empezaban a hacerle mella, ya tenía dificultades no ya para anotar sino incluso para distribuir (otra de sus grandes cualidades, el pase, esa capacidad de doblar el balón desde el poste para encontrar siempre al hombre abierto cada vez que le sobremarcan). Importante siguió siéndolo, siempre lo fue (aunque sólo fuera por el hecho de atraerse a media defensa rival, aunque sólo fuera por el espacio que libera para que los cañoneros tengan tiempo de clavarla desde fuera); pero ya no determinante. Sirva como coartada que hubo de bregar (y habremos de reconocer que salió airoso) contra algunos de los juegos interiores más ilustrados de la competición: el de Utah (Poeltl, Bachynski), el de Gonzaga (Karnowski, Wiltjer, Sabonis)… o contra un juego interior bastante menos ilustrado pero no por ello menos incordioso, esos rústicos Costello y/o Schilling de Michigan State. Pero en la Final palideció (así en defensa como en ataque) ante Kaminski, por más que un par de canastas en los minutos postreros le sirvieran al menos para cubrir el expediente. Ha perdido cartel, qué duda cabe, hasta el punto de que a día de hoy resulta difícil seguir apostando por él como número 1 del draft, tanto más tras la emergencia de ese fascinante dominicano (y kentuckiano) llamado Karl-Anthony Towns (más verde en términos de presente, mucho más potencial en términos de futuro). No teman, Okafor en el peor de los casos será número 2, lo demás será ya cosa suya. Eso sí, yo le recomendaría encarecidamente que desde ya se ponga a trabajar en (por ejemplo) las faltas personales: las que hace (que le pitan demasiadas) y (sobre todo) las que le hacen: verle arrojar tiros libres es un dolor, se lo aseguro. Aún me dura el vello de punta tras aquel escalofriante airball que se marcó en semejante suerte ante Gonzaga…

Marshall PLUMLEE: Desde su primer año se vio ya que no se parecía ni WEB_PLUMLEEde lejos a Myles ni a Mason (con quienes llegó a coincidir, protagonizando el hecho insólito de que tres hermanos no gemelos ni trillizos jugaran a la vez en una misma universidad). Bueno, sí: en el apellido (obvio), en la inicial del nombre (qué fijación con la M) y en el físico, bien se ve que los tres han sido fabricados con el mismo molde. Pero pare usted de contar. Marshall anda bastante menos dotado en cuanto a talento que sus dos predecesores (que tampoco es que sean la quintaesencia a ese respecto), de hecho en su primer año ni le vimos y en el segundo sólo en momentos muy puntuales (y no sería porque hubiera mucha competencia, dada la escasez de juego interior en aquellos Blue Devils 2014). En este tercer año ha entrado por fin en la rotación como miembro de pleno derecho, exclusivamente para dar descanso a Okafor cada vez que necesitaba oxígeno o se cargaba de faltas. Y lo mejor que se puede decir de él es que no ha desentonado y ha cumplido muy dignamente con ese papel. Aún le queda un año, y será interesante ver qué le depara el futuro a partir de entonces; difícil será que siga los (discretos) pasos NBA de sus dos hermanos, pero no descarten que acabe ganándose muy bien la vida con esto. Planta tiene, actitud también, sólo le falta todo lo demás.

Justise WINSLOW: para muchos de nosotros será ya para siempre el hijo de Rickie, por más que para los americanos (de USA) Rickie Winslow sea ya sólo el padre de Justise. Vaya joya Justise, uno de esos jugadores totales que pueden hacer casi de todo y casi todo lo hacen bien, un tres que puede ser dos pero también cuatro más o menos abierto, de hecho ha ejercido ya de ello unas cuantas veces durante estos últimos meses. Wisconsin v DukeEn USA (tan propensos como son a las odiosas comparaciones) ya andaban el otro día comparándole con Kawhi Leonard, palabras mayores, no negaré que es ese corte de jugador pero aún así no deja de parecerme un atrevimiento, si le comparan con Leonard como si le comparan con Harden (por ejemplo), pero por ahora es sólo Justise Winslow (que no es poco) y tiene que encontrar su propio camino. Un camino que será mucho más fácil si parte desde posiciones altas del draft, a día de hoy anda ya encaramado en el Top 5 y no tiene visos de bajar, más bien al contrario, su aptitud y su actitud han entusiasmado durante este mes de marzo a todos aquellos que no vinieran ya entusiasmados de serie. Resulta tentador en este punto compararle (más comparaciones odiosas) con otro alero freshman del mismo corte, ese Stanley Johnson arizónico que llegó con mejor cartel y que sin embargo ha hecho exactamente el camino inverso, Justise fue p’arriba y Stanley p’abajo. De verdad se lo digo, si nuestro hijo de Rickie se aplica con las faltas y consolida su (aún mejorable) tiro exterior, el futuro es suyo (y si no también, pero menos). O como suelen decir por allí, sólo el cielo es el límite. Amén.

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