FRAUDE DE LEY   3 comments

Los leguleyos (también llamados juristas) manejan con relativa frecuencia el concepto fraude de ley, que en esencia vendría a ser (copio y pego de Internet, de la Enciclopedia Jurídica nada menos) la realización de un acto amparándose en una norma con la finalidad de alcanzar ciertos objetivos que, no siendo los propios de esa norma, sean además contrarios a otra ley o al ordenamiento jurídico. (…) El mandato legislativo no sólo se infringe porfraude-de-ley-1-728 actos francamente opuestos a su precepto, sino que también se provoca el criterio legal desarrollando una actividad que no resulta contraria al precepto legal literalmente considerado, pero sí que contradice su finalidad. Fin de la cita, que sospecho que les estaré aburriendo. Traduzco (a mi manera, y desde mi absoluta ignorancia): algo así como aprovecharse de una ley para incumplir la ley (otra ley), o al menos para ir en contra de la finalidad que se pretendía con dicha ley. O en versión española, que el que hace la ley hace la trampa… pero esta vez desde la propia ley. No sé si me explico.

Yo no sé nada de leyes (probablemente ya lo habrán notado), sé algo más (tampoco mucho) de baloncesto. Y los aficionados al baloncesto (sección NBA) asistimos con cierta perplejidad en los últimos tiempos a la generalización de un fenómeno que es más viejo que la tos, pero que de un tiempo a esta parte alcanza casi caracteres de pandemia: la comisión (del verbo cometer) de faltas personales sucesivas y sistemáticas sobre el mal lanzador de tiros libres para que así éste se estrelle una y otra vez desde la línea, volviendo el balón de inmediato al equipo infractor. Es decir, la comisión sistemática de un delito, ante el hecho evidente de que la pena impuesta por ese delito (y la escasa capacidad de quien ha de ejecutar la condena, también) es tan leve que a la larga resulta beneficiosa para el infractor. Darle la vuelta al concepto falta personal, de tal manera que el premio ya no es para quien la sufre sino para quien la comete; el perjudicado ya no es el infractor sino el receptor. Puede que no sea un fraude de ley, quién soy yo para decirlo; pero reconocerán que se le parece bastante.

No hemos inventado nada, podrían cantar a coro todos aquellos que lo hacen. Cuentan (y hasta donde alcanza mi memoria creo que es cierto) que el padre de la criatura fue el insigne Don Nelson, uno de los mayores genios de la estrategia que haya conocido nuestro juego, así para parir el small ball (y arruinarles la vida a unos cuantos grandes por el camino) como para retorcer el reglamento en beneficio propio, véase la muestra. El primer Hack-A fue Hack-A-Rodman, aunque a nadie se le ocurrió aún llamarlo así. La broma no pasó de mera anécdota, hubieron de pasar algunos años para que la anécdota trascendiera y se convirtiera en categoría: comienzos de este siglo, histórica final de conferencia entre Lakers y Blazers, Mike Dunleavy (padre hda hrdel actual jugador de los Bulls, por si alguien fuera tan joven como para no conocerlo) decidió desempolvar aquella vieja estrategia y aplicarla sobre Shaquille O’Neal, llevándole una y otra vez a la línea en cuanto saltaba el bonus. La cosa le salió como el culo, disculpen la vulgaridad, pero ahí quedó para la historia. Había nacido el Hack-A-Shaq. Luego vino Popovich (por quien profeso franca admiración, pero una cosa no quita la otra), vinieron tantos otros, el último (pero no por ello menos importante) el insigne Kevin McHale, que pese a tener al menos tres jugadores manifiestamente hackeables en sus filas (Dwight Howard, Josh Smith, Clint Capela) no ha dudado en aplicar hasta el hartazgo el Hack-A-DeAndre (es que si escribo Hack-A-Jordan se me revuelven las entrañas) ante los Clippers. Lo poco agrada pero lo mucho enfada, dicen, y esto ya está empezando a pasar de castaño oscuro. Como broma ya está bien.

Eso sí, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Porque esto mismo se lo vi yo hacer (y bien que le reí la gracia) a mi propio equipo, que es también el de usted y el de casi todos los que pasen por aquí: a nuestra mismísima selección, a finales del siglo pasado, cuando aún era sólo la selección y no llevaba eñes ni demás zarandajas mediáticas. Antes de que los Blazers crearan el Hack-A-Shaq nosotros ya habíamos inventado el Hack-A-Nosov. Vitaly Nosov, aparatoso pívot ruso de aire tosco, complexión robusta y muñeca de piedra al que una vez le dimos la tarde haciéndole falta cada vez que recibía el balón, regocijándonos con sus cuantiosos fallos en los tiros libres que a la postre nos dieron el partido… Eso sí, repárese en ese matiz: cada vez que recibía el balón. Obviamente la normativa FIBA no permite hacer faltas sistemáticas a un jugador que no lo tenga, la primera vez podría colar pero a la segunda o tercera hasta el árbitro más ingenuo acabaría reparando en ello y pitando antideportiva (acaso aún intencionada en aquella época). No es pequeño ese matiz, al que volveremos más tarde. Suficiente para que en nuestro continente no hayamos vuelto a conocer (que yo recuerde, al menos) otro caso igual.

Claro está, no faltan quienes ven en todo esto una forma de justicia poética, una especie de justo castigo al mal lanzador de tiros libres. Algo (sólo algo) de razón tienen, desde luego, cualquiera que vea baloncesto es capaz de apreciar cómo esta suerte esencial del juego se va deteriorando temporada tras temporada, puede que lo desmientan los números pero en mi caso están las sensaciones y éstas son peores cada año que pasa. Paso el invierno viendo NCAA y ahí ya el problema adquiere caracteres alarmantes, como si en los institutos ya sólo enseñaran a los niños a colgarse del aro y se olvidaran de explicarles los aspectos fundamentales del juego, Y no es un problema que se dé sólo entre chavales que pasan cuatro años hincando codos mientras juegan baloncesto (o viceversa) pero que luego no se van a ganar la vida con este deporte, se da también (y aún más si cabe) entre las presuntas estrellas del mañana: todavía recuerdo con pavor (por ejemplo) la horrorosa mecánica de aquel fornido mocetón de Connecticut llokaforamado Andre Drummond cada vez que ejecutaba (nunca mejor dicho) un tiro libre (tampoco parece que la haya mejorado mucho desde que está en NBA); y ni siquiera hace falta ir tan lejos, este mismo año hemos podido comprobar las portentosas habilidades al respecto del aspirante a jugador del año (que lo perdió por los pelos) y a número 1 del draft Jahlil Okafor, vigente campeón con Duke; o se pone las pilas este verano o en apenas unos meses acuñaremos la expresión Hack-A-Jahlil, al tiempo. Cada nueva temporada vemos que muchas criaturas vuelven de vacaciones con nuevas suertes recién incorporadas a su repertorio, fajadores a cuál más interior a quienes de repente te los reencuentras tirando de tres pero que cuando les llega la hora de ir a la línea resultan aún más pavorosos que el año anterior (estoy pensando en el ex Cardinal Montrezl Harrell mientras lo escribo, pero hay muchísimos más que encajarían en esta descripción). Mal endémico de un baloncesto USA (sobre todo en sus primeras etapas de formación) en el que lo accesorio parece importar más que lo esencial, el mate más que el fundamento, la espuma mucho más que el contenido que la sustenta. Son así.

Pero no mezclemos churras con merinas, por favor. No se nos ocurriría justificar un asesinato en base a la baja catadura moral del asesinado, a la levedad de las penas que se le impongan o a los beneficios penales establecidos (vale, ya sé que matar no es exactamente lo mismo que cometer falta personal, pero ustedes cogen la idea). Ni aún menos justificar un delito en base a la manifiesta torpeza del delinquido, la culpa es tuya por llevar el bolso abierto, por dejarlo ahí a la vista, por no poner alarma, por qué sé yo. Si no quieres que te mate no seas enemigo, que decía Gila. Pues no. La culpa de un delito siempre es del que delinque, la víctimhda sasa no es menos víctima por más o menos hábil que sea, por más o menos luces que tenga. Decimos les está bien empleado como si realmente fuera así, como si sirviera de escarmiento, pero hasta donde yo alcanzo a recordar no existe constancia de un Hack-A-etc que haya hecho mejorar los porcentajes de sus víctimas (acaso sí en ese momento puntual, pero no en términos globales), no digamos ya de aquellas otras víctimas potenciales que sólo lo ven por televisión. Si no meten los tiros libres es su problema, Popovich dixit. Cierto. Pero no es menos cierto que el deporte de élite no es sólo competición sino también (y aún más si cabe) espectáculo, tanto más si hablamos de NBA. Y el que se ponga en peligro ese espectáculo ya no es sólo problema de DeAndre Jordan, es también problema suyo y nuestro, de todos los que viven de él y de todos los que lo consumimos. De todos nosotros.

Y por eso mismo no me cabe la menor duda de que ha llegado la hora de que la NBA tome cartas en el asunto, y de que lo hará más pronto que tarde. Lo tienen bien fácil, al fin y al cabo existe ya una regla que penaliza las faltas al jugador sin balón en los dos últimos minutos de partido cual si de técnicas se tratara, tiro libre y banda para el equipo que la recibe; tan sencillo como aplicar esa misma norma en todos los cuartos, y no sólo en los dos últimos minutos sino en cuanto haya bonus, de tal manera que el equipo que hackee sepa que ahora ya la gracia no le va a servir para recuperar la bola. Obviamente no solucionaremos en su integridad el problema, el equipo infractor podrá seguir hackeando al torpe cuando reciba el balón pero ahora al menos tendrá que esperar a que le llegue (si es que le llega), ya el hack tendrá que ser a la española (modelo Nosov) y no a la americana, ya no habremos de soportar este basket interruptus en el que al mano de piedra se le empiezan a dar cachetes en media pista antes incluso de que el balón se ponga en juego (quién le iba a decir al bueno de Papanikolaou que quedaría para esto en NBA). Y todo ello basado en criterios objetivos, que el receptor de la falta tenga o no el balón, tan sencillo como eso, sin entrar en intencionalidades ni antideportividades varias. Es sólo una idea (y si aún se demostrara insuficiente podría incrementarse la dosis, dos tiros y banda si fuera menester), ahí se la dejo para lo que gusten mandar. Seguro que ustedes, en su docto entender y aún más recto proceder, encontrarán otra opción infinitamente mejor.

Lo que sea, pero hagan algo, ya. Paren esto de una vez por todas, inventen el Hack-A-Hack si se me permite la expresión. Que cuando hackean a Dwight, Josh o DeAndre nos hackean también a todos nosotros, que cuando acoquinamos pasta por una entrada, un canal de pago o un league pass no lo hacemos para ver a un sujeto parado ante una línea apedreando un aro, no lo hacemos para ver anticesto sino para ver (lo que toda la vida entendimos por) baloncesto. Que es tal la desesperación que todo ello nos produce que puede uno llegar a hacer cosas realmente absurdas, véase ésta misma que tienen ante sus ojos: tirarme un buen rato hablando de fraudes de ley y demás conceptos jurídicos como si en verdad supiera de qué demonios estoy hablando. No me obliguen a tener que repetirlo.

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3 Respuestas a “FRAUDE DE LEY

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  1. Yo no veo problema con el Hack-a-XXX, es algo lícito (aunque lo la idea de hack a la española me convence), la jugada en cuestión es contraria al espectáculo, pero no a la competición. Y si se trata de espectáculo deplorable me parecen peor las mandarinas del “hackeado” en cuestión.

    Es algo que no logro entender es repetición, repetición, es imposible no mejorarlo si se trabaja y eso me parece lo mínimo exigible para un profesional que se gana la vida (muy bien) con esto. Lo comparo con un golfista y nada tiene que ver la precisión en unos y otros.

    PD: la verdad es que la serie era especialmente propicia para el hack-a-XXX, a los ya citados Howard, Josh, DeAndre… también andaba por ahí (poco) un tal Dorsey, que les gana a todos por goleada en cuanto a vergüenza ajena a la hora de lanzar libres.

  2. En definitiva, que el problema del hack se soluciona con entrenamiento y más entrenamiento, que escribo y al final no digo nada. No porque haya más y más leyes o normas las cosas van a ser mejores.

  3. Gracias Pelli. Por supuesto que es lícito, ya otra cosa es que además sea ético (que diría algún afamado político en estos días). O estético. Como bien dices es contrario al espectáculo, y si en algo se basa el negocio de la NBA es precisamente en eso, en el espectáculo. Por cosas aparentemente menos importantes ya movieron ficha años atrás, no dudo que esta vez también lo harán. No sé si en el sentido que yo propongo o en otro completamente distinto, pero algo harán, seguro.

    Y completamente de acuerdo en lo comentas de los tiros libres. Sólo es cuestión de corregir la mecánica si ésta es defectuosa, de trabajar en ello un día y otro, de repetir y repetir hasta el hartazgo… La historia está llega de jugadores que eran una nulidad y fueron capaces de mejorarlo, aquí siempre se suele poner el ejemplo de Felipe Reyes pero hay muchísimos más. Y sin embargo constantemente leemos a tíos que te dicen “este verano he trabajado en esto y en lo otro”, o “durante este verano voy a tratar de mejorar tal y cual cosa” pero que casi nunca parecen acordarse de los tiros libres, ni aunque su porcentaje apenas sobrepase el 40%. No sé si seguiste a tus Blue Devils en su camino hacia el título, pero si lo hiciste sabrás perfectamente a lo que me refiero con Jahlil Okafor. Un tío que va a ser 1 ó 2 del draft, que en cuanto le ves jugar notas que está trabajadísimo técnicamente… pero que desde la línea de tiros libres es un escándalo, con momentos culminantes como aquel escalofriante airball que se marcó en la Final Regional ante Gonzaga. Yo me pongo en su lugar y se me caería la cara de vergüenza, tanto más cuando por su posición y su estilo de juego es el típico jugador al que van a freír a faltas durante toda su carrera profesional, incluso aunque no le “hackeen”… Él sabrá.

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