APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (IV – LOS DE DENTRO)   Leave a comment

No teman, no volveré a hablar aquí de Towns y Okafor, que ya bastante bola les di en el primer episodio. Ni de Porzingis (en la medida en que le consideremos también interior), que ya bastante bola le di en el segundo. Vayamos un poco más allá.

¿Recucauley-steinerdan que cuando les hablaba de Towns les decía que había progresado en tres meses lo que otros no logran progresar en tres años (ni en treinta, si se diera el caso)? Pensaba en aquel entonces en otro fornido mocetón calipariano, justo aquél que lleva por nombre Willie Cauley-Stein. Cauley-Stein aterrizó en Kentucky en la temporada 2012/2013 como una fuerza de la naturaleza, siete pies de músculo absolutamente bien proporcionado que sembraba el terror en defensa y que parecía evidente que a poco que trabajara lo sembraría también en ataque. Contra todo pronóstico volvió para un segundo año, esperábamos encontrar grandes mejoras en su juego pero el único cambio apreciable fue aparecer con el pelo teñido de rubio platino, algo de lo que afortunadamente se arrepintió a los pocos días a la vista de los resultados. Contra todo pronóstico volvió también para un tercer año, creímos ingenuamente que ésta ya sería la definitiva, que por fin su torrente defensivo se correspondería con un amplio caudal de habilidades ofensivas, lo creímos hasta que comprobamos que este Cauley-Stein seguía siendo exactamente el mismo que habíamos conocido años atrás, que probablemente lo seguiría siendo ya para toda su vida deportiva. No, ahora ya no volverá para un cuarto año, tampoco es de extrañar, visto lo visto podría repetir curso 28 veces, podría volver a la universidad un año tras otro hasta el 2043 y aún así seguiría siendo el mismo jugador unidireccional que conocemos hoy. Que no es que esté mal, a ver si me explico: la intimidación cotiza al alza, las franquicias se lo rifarán, de hecho hasta algún pronosticador se ha atrevido a ascenderle hasta el número 4 en las previsiones pre-draft, lo cual no sería de extrañar porque en ese puesto escogen los Knicks y es bien sabido que son capaces de cualquier cosa. Triunfará en lo suyo aunque al otro lado sólo le veamos anotar en plan pichichi (tras rebote ofensivo o culminando alley-oops), llegará el día en que le nombren defensor del año y todos nos congratulemos de ello… aunque algunos (sólo algunos) no podremos evitar pensar también en lo que pudo haber sido y no fue.

Y ahora (para desengrasar) pasemos a algo así como el anti-Cauley-Stein, un tipo que carece del músculo y el atleticismo del kentuckiano pero que rebosa de absolutamente todo lo demás. Señoras, señores, con ustedes, recién llegado de Wisconsin, el Jugador del Año, el único, el incomparable, el irrepetible Frank Kaminski, pónganse todos en pie.kaminski Se me cae la baba con Kaminski, se me cae hasta ponerme perdido y lo peor es que no me pasa a mí solo, con las babas que todos los kaminskianos hemos generado durante estos últimos años se podría llenar un embalse, discúlpenme la guarrería. Saben que a mí se me gana mucho más por talento que por físico y por eso Kaminski es de esos jugadores que me llevaría a una isla desierta o aún mejor, a un equipo de baloncesto si lo tuviera. Así me va, por eso nunca llegaré a nada en la vida, por decantarme por la estética en detrimento de la sordidez, afortunadamente (para ellos) los general managers tienen sus pies mucho más en el suelo que yo y por eso todo parece indicar que pasarán de Kaminski en los primeros puestos del draft. Los pronósticos más favorables le sitúan en el puesto 8 mientras que los más desfavorables le mandan hasta el veintitantos, entre uno y otro un amplísimo abanico de posibilidades. El susodicho, oliéndose la tostada, ha ido ampliando sobremanera su rango de tiro ante la evidencia de que las franquicias despreciarán sus fundamentos bajo el aro por no llevar una gran cáscara de músculo a su alrededor (el síndrome de Tomic, como si dijéramos). Acabará ganándose la vida de especialista, puro cuatro abierto por una mera cuestión de supervivencia, muy probablemente emergiendo desde el banquillo. Y a muchos les encantará y les parecerá la quintaesencia del baloncesto moderno, pero a mí (que soy muy raro) no dejará de parecerme un desperdicio.

Volvamos ahora a Kentucky para hablar de Trey Lyles, otro espigado mocetón muy al gusto de aquella casa. Montones de centímetros, kilotones de músculo, atleticismo devastador, una especie de Cauley-Stein 2.0… pero con un ligero matiz. Cauley-Stein es un libro cerrado, resulta muy difícil imaginar que kentuckybigspueda llegar a ser otra cosa distinta a lo que ya es; Lyles en cambio es una página en blanco, está por escribir, puede quedarse en mero físico o evolucionar a jugador total, vaya usted a saber. Obviamente también está más verde, será mucho más trabajosa su adaptación a la Liga, los románticos de esto siempre pensaremos que debería haber permanecido al menos otro año en Lexington (aunque el currículum de Cauley-Stein nos lo desmienta) pero eso ya no tiene vuelta atrás. Dependerá (como en tantas otras ocasiones) de cuánto trabaje, de en dónde caiga, de cuánta bola le den. Apunta a número 8 en el mejor de los casos aunque tampoco en este caso ha faltado algún (presunto) especialista insinuando que los Knicks podrían escogerle en el 4, así están las cosas en la Gran Manzana, creo que si yo me presentara al draft también sonaría para los Knicks. Qué cruz.

Y permítanme que como de costumbre acabe el capítulo con cuatro nombres más, cuatro jugadores interiores que me provocan fascinación y me generan dudas, todo a la vez aún por contradictorio que ello resulte: Myles Turner, de Texas, trabajadísimo saco de fundamentos, calidad excelsa no exenta de músculo pero que fue de más a menos en la misma medida en que fue de más a menos (para acabar casi en nada) su Universidad. Bobby Portis, de Arkansas, debilidad personal del que suscribe, intenso todoterreno con todas las papeletas para convertirse en un interesantísimo cuatro de rotación aún a pesar de su falta de centímetros para ese puesto. Kevon Looney, de UCLA, fascinante físico longilíneo y bracilargo a lo Kevin Garnett, fascinante cóctel de aptitud y actitud que me enamoró en sus primeros partidos con los Bruins… y que me decepcionó (quizá por culpa mía, que esperé más de lo que debería) en casi todos los demás. Tierno e inconsistente como corresponde a su edad, prototípico caso de jugador al que otro año en la universidad le hubiese venido de cine… tanto más teniendo en cuanta que no parece ni que vaya a oler siquiera las primeras posiciones de este draft. Y finalmente Montrezl Monster Harrell, personaje de Louisville que por sí solo requeriría un capítulo aparte, si bien intentaré sintetizarlo en unos pocos renglones: un monstruo (como su propio apodo indica) que en su primer año pareció que iba a comerse el mundo, que en su segundo año (jamás pensamos que volviera para un segundo año) pareció habérselo comido y que en su tercer año (jamás pensamos que volviera para un tercer año) pareció haberle sentado mal la digestión. Puede salir una megaestrella o un bluff, casi sin término medio. Yo aún le tengo fe, aunque su estancamiento en esta última temporada y su propensión al cruce de cables me hagan cogérmela (la fe) con pinzas. Pero aún así no apostaría en su contra.

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