APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT   Leave a comment

Aquí me tienen de nuevo, un año más, aproximándome (temerariamente) al draft como si en verdad supiera de qué demonios estoy hablando. Estas cosas habría que dejarlas en manos de expertos, yo no lo soy en absoluto, si acaso un mero aficionado que se jarta de ver baloncesto universitario (baloncesto de todas clases, en realidad) y sólo con eso ya se cree con derecho a calentarles la cabeza. Así lo haré una vez más, si bien dosificándolo en porciones para que el trago les resulte algo más llevadero. Avisados quedan.

I – LOS GRANDES

Grandes, para empezar. Pero cuando digo grandes no me refiero a grandes en el sentido de tamaño (que también) sino en el de grandeza, en el sentido de que son los dos jugadores verdaderamente grandes de este draft, acaso los dos únicos (con algún matiz, que explicaré más adelante) que tienen en sus manos marcar (casi) una época. Lo cual no quiere decir que vayan a marcarla, líbreme el cielo, sino que tienen al menos la posibilidad de hacerlo. Cuántos quisieran decir lo mismo.

Karl-Anthony Towns y Jahlil Okafor, Jahlil Okafor y Karl-Anthony Towns, tanto monta monta tanto. Duke y Kentucky, cinco y cuatro y medio, one and done y one and done. Presente y futuro. Okafor es (sobre todo) presente, Towns es (sobre todo) futuro. Preciosa manera de simplificar las cosas.

okaforOkafor es un cénter tremendamente maduro para su edad, uno de los pocos jugadores (quizá el único) de este draft que transmite la sensación de que podría aportar buenos números ya desde el primer día. Ese movimiento de pies, ese trabajo de espaldas al aro, ese saber pasar cuando le sobremarcan, ese oficio en casi todos los aspectos de su juego (esa inoperancia en los tiros libres, también), ese montón de detalles que te dejan la impresión (probablemente errónea) de que se trata de un jugador ya hecho, sin apenas margen de mejora (en los tiros libres sí podría haberlo; es más, debería de haberlo). A Towns en cambio se le ve más verde, especialmente en su proceso de toma de decisiones. Pero en medio de ese verdor se aprecian destellos (repertorio de fundamentos, rango de tiro, soft touch, ese ganchito que es una delicia, esa manera de deslizarse sobre la pista, esa inmejorable actitud en ambos lados de la cancha) de auténtico crack. Y además él sí mete los tiros libres (créanselo, de verdad, se lo juro, aún por increíble que resulte…)

No es ajena a esta percepción la evolución de ambos jugadores durante la temporada 2014/2015. Okafor llegó avasallando, a decir verdad nunca dejó de avasallar (finalista a jugador del año como si dijéramos, sólo derrotado por Kaminski) pero sí llegó un momento en que su dominio pareció ser mucho menos imponente (tanto menos según fue avanzando el curso). Los dobles o triples marcajes le hicieron sufrir más de lo debido, los rivales parecieron haberle tomado la matrícula. Towns en cambio desbarató en una sola temporada aquello que tantas veces hemos dicho (yo el primero) de que el one and done no te hace mejorar, no te da tiempo a evolucionar. Pues depende: hay jugadores que podrían tirarse no ya tres años sino treinta sin progresar ni un ápice en su juego (más adelante les contaré otro caso, también kentuckiano por cierto), y sin embargo hay otros a los que bastan apenas tres meses para mostrar cualidades que antes jamás podíamos imaginar. Y todo ello sin necesidad de salir de la Big Blue Nation, quién me iba a decir a mí que acabaría reconociendo algo así: así sucedió hace tres años con Anthony Davis (recuerdo bien que le puse por los suelos en noviembre y por las nubes en marzo), así ha vuelto a suceder este año con Towns.towns-kentucky Broncas de Calipari mediante, claro está: el técnico que le acogió en su seno desde que le descubrió a los catorce años en uno de sus múltiples viajes para dirigir a la selección dominicana, el que se convirtió en (algo así como) su padre deportivo, el que le ha regañado este año más que a cualquier otro miembro de su plantilla (amores reñidos son los más queridos, también en baloncesto). Quizá porque sabe mejor que nadie todo lo que puede dar de sí.

Es así de sencillo, Okafor llegó tan hecho que pareció como si se estancara, como si nos dejara la (quizá falsa) impresión de no tener más recorrido; Towns llegó tan por hacer (y se hizo tanto en una sola temporada) que su recorrido parece no tener límites. Imagino a Okafor dentro de unos años como un Bogut o un Hibbert mejorado, algo así (aquellos que saben más que yo prefieren compararlo con Al Jefferson, sus razones tendrán); no es poca cosa, desde luego. Pero es que pienso en Towns e inevitablemente pienso (otra vez) en Anthony Davis, una especie de Davis 2.0 con dos cejas y acento dominicano, con menos atleticismo que el original pero mayor repertorio técnico que el que tenía el original a estas alturas de su carrera. Salven las distancias, a día de hoy no me atrevería a insinuar siquiera que Towns pueda llegar a acercarse al nivel del de los Pelicans, sólo imaginarlo ya me parece un atrevimiento. Pero por ahí andaría la idea.

Piensen además que quien escoja a Towns se llevará un dos por uno, no sólo Karl-Anthony sino también su amigo imaginario, Karlito. Dirán que ya está un poco mayor para estas cosas pero qué quieren que les diga, cada uno se estructura su mente como mejor quiere y puede y a él este recurso parece haberle venido de perlas para escuchar la voz de su conciencia, repasar errores y hasta procesar adecuadamente las broncas de su amado coach. Todo un paquete completo en suma, ése que con toda probabilidad se llevarán los Wolves con su número 1 ya que (además de todo lo anterior) debería mezclar muy bien con Pekovic y/o Dieng, no digamos ya con Wiggins. Todo lo cual llevaría a que los Lakers por lógica escogieran a Okafor en el 2. Supongo que finalmente así lo harán, aunque es bien sabido que de un tiempo a esta parte las palabras lógica y Lakers no acostumbran a ir en la misma frase. De hecho se rumoreó que hasta podrían intercambiar su elección por un jugador veterano, lo cual a mí particularmente me parecería un grave error. Algún día tendrán que mirar por fin de frente a ese extraño concepto, reconstrucción, y esa pareja Randle-Okafor parece una magnífica piedra angular sobre la que empezar a cimentar el edificio. Ellos sabrán.

towns okafor

II – LOS DE AQUÍ

¿Qué les cuento yo de Mario Herzonja que no sepan ya? Pues que en cuanto a talento puro (repito, puro, sin aditivos ni conservantes ni colorantes, sólo lo que solemos entender por talento) sería para mí un legítimo número 3 de este draft, y aún me entrarían dudas con los dos de delante. Es más, creo que si no está tan arriba en ningún pronóstico es simplemente porque los americanos (de USA) aún no han llegado a apreciarlo en su verdadera magnitud. Ni nosotros tampoco, cabría añadir.hezonja Lo que hemos visto con cuentagotas, en los contados minutos que Xavi Pascual ha tenido a bien ponerle sobre la cancha, es apenas la punta del iceberg. Imaginen lo que puede salir de ahí debajo en cuanto se libere, cuando juegue regularmente veinte o treinta minutos por noche, cuando llegue por fin ese día en que le suelten definitivamente las riendas.

¿Cuándo sucederá eso? Buena pregunta. Yo creo que si Pascual no le da más bola no es por tirar piedras contra su tejado ni aún menos por joderle la vida, es simplemente que hay cosas que no le acaban de convencer: su defensa, su aún muy escasa comprensión del juego, su egocentrismo, su intolerancia a la frustración, todos esos (pocos) aspectos negativos que a Pascual le pesan mucho más que los (muchos) positivos. Riesgo cero, así ahora con Herzonja como en temporadas anteriores con Abrines. Él sabrá. Pero ahí está quizá la única duda que me queda con Herzonja, su entrenabilidad, traducción libre de lo que en USA llaman coachability. Todos esos cabreos que le hemos visto no son meros actos de rebeldía sino consecuencia de dos características básicas, su autoconfianza y su autoexigencia. Él (muy a la balcánica manera) tiene más fe en sí mismo que la que cualquiera pueda tener depositada en él, él no duda en proclamar a los cuatro vientos que se considera el mejor jugador de este draft cada vez que se le pregunta (casi con la misma desenvoltura con la que proclamaba hace meses haber hecho sin despeinarse todos los mates del concurso de ídem, y aún mejor si cabe). Se tiene en tan alta estima que cuando las cosas no le salen se agarra cabreos bíblicos, aún más bíblicos esos cabreos cuando no aporta todo lo que podría aportar porque no juega todo lo que (él piensa que) debería jugar. Ganador compulsivo, lo cual (viniendo además de donde viene) hace inevitable la (odiosa) comparación: es quizás, en cuanto a actitud, lo más drazenesco que haya dado Croacia desde Drazen. Y miren que en esas tierras hay donde escoger, y espero que me disculpen la herejía de ponerle (siquiera mínimamente) casi a la altura del mito. No digo que sus carreras vayan a parecerse, líbreme el cielo. Sólo digo que (para lo bueno y para lo malo) es de esa forma de ser.

Y ahora llega el momento de hablarles de mi particular debilidad de este draft, que contra lo que suele ser habitual no procede del Carrier Dome, el Cameron Indoor o el Pauley Pavillion sino del Pabellón San Pablo, no se llama Smith ni Jones sino Kristaps Porzingis, rechace imitaciones. Una debilidad que no me viene de ACB sino de antes incluso, de la primera vez que me enamoró con su Letonia sub18 nada menos.porzingis Que le faltará chicha, no digo yo que no, pero que esa combinación de estatura, envergadura, muñeca y fundamentos (ese biotipo paugasolesco que tan locos vuelve a los ojeadores yanquis) no es nada fácil de encontrar en el baloncesto de hoy en día. Y si encima le añaden su actitud y su capacidad de mejora pues tendrán ya el paquete completo, qué más se puede pedir… Experiencia, si acaso. Es la única duda que me queda, que ese salto Sevilla-NBA pueda venirle todavía un poco grande, que el choque cultural y el de estilos de juego pueda pesarle, que quizá no le habría venido mal alguna breve estancia en un equipo europeo de cierto nivel (o en el propio Sevilla, pero con más nivel a su alrededor) antes de dar el paso…

Y sin embargo en USA empiezan a beber los vientos por él, y yo bien que me alegro. Hasta hace unos días rondaba (al igual que Herzonja, por cierto) las posiciones 6, 7 u 8 en las previsiones, sospecho que aún seguirá rondándolas en la mayoría de las webs pero ya hay al menos dos (draftexpress y nbadraft, por más señas) que se han atrevido a ascenderle hasta el número 3 nada menos. Lo cual me ilusiona y me alucina casi en la misma medida en que me resulta difícil de creer: en ese número 3 (salvo traspaso) deberían elegir los Tankers, digo Sixers, y andan ya éstos ahítos de noeles y embiides (aún con achaques) como para plantearse escoger otro hombre alto (aún por bueno que éste fuera) pudiendo llevarse un muy buen base por el mismo precio (y en la próxima entrega les contaré quién habría de ser ese base, si no lo saben ya). Quede claro en cualquier caso que sus acciones han comenzado a dispararse en la bolsa neoyorquina, quede claro que algún avezado columnista de por allí (pero con conocimientos de por aquí) ya ha dicho que de haber jugado Porzingis en NCAA (es decir, de haber tenido la exposición mediática que tuvieron otros) hoy andaría disputándose con Okafor y Towns el número 1 de este draft. No faltan incluso quienes insinúan que hasta los Lakers podrían estar pensándoselo para su elección número 2… Palabras mayores. Sólo espero que esto no desboque las expectativas, que no haga esperar tanto de él que luego cualquier cosa nos parezca poco. Dependerá (como tantas otras veces) de dónde caiga, de la confianza que le den, de la competencia que tenga a su alrededor, de cómo (y cuándo, y cuánto) se desarrolle muscularmente, de lo que su coach quiera (o no) arriesgar… Tengan paciencia, no esperen que la reviente el primer día, sólo denle tiempo y ya veremos si con el paso de los años no habrá muchos que se arrepientan de no haberse fijado en él.

Claro está, este capítulo no estaría completo si no profundizáramos un poquito más, a ver si se nos aparece algún otro conocido en las previsiones. Y vaya si se nos aparece: hacia la mitad encontramos ni más ni menos que a nuestro Willy Hernangómez, puesto 32 (según draftexpress) presuntamente elegido por Houston o puesto 26 (según nbadraft) presuntamente elegido por San Antonio, nada de particular porque ya se sabe que cualquier pívot internacional de finales de primera ronda es por definición carne de Spurs, carne de quedarse luego unos pocos años macerándose en su lugar de origen (y si ese lugar de origen es campeón de Euroliga tanto mejor) hasta que alcance el punto justo de maduración. Ya mucho más abajo (y dependiendo de en qué lista miremos) aún podremos encontrar al fuenlabreño Diagne (a quien comparan con Biyombo, no se han complicado mucho la vida), al manresano Marc García o al madridista-donostiarra itinerante Dani Díez. Y si ampliamos el espectro al otro lado de los Pirineos aún se nos aparecerán (siempre en esos medios/últimos puestos) nombres como el insigne Cedi Osman o como Gudaitis, Jaiteh, Milutinov, Vezenkov, Mitrovic… Todo lo cual, a estas alturas, no deja de ser más que un magnífico brindis al sol. Como en tantas otras ocasiones (y sobre todo en esta segunda ronda) cualquier parecido con la realidad será pura coincidencia.

porz-herz-hern

III – LOS DE FUERA

Toca bases, toca empezar con esa tierna criatura amamantada bajo los pechos de Thad Matta (apenas seis meses de lactancia) en Ohio State y que responde al bello nombre de D’Angelo Russell. Para muchos el mayor talento de este draft, no me atrevería yo a afirmarlo con tanta rotundidad pero sí habré de reconocer que es una auténtica delicia de jugador, uno de esos que te entran por los ojos cuando lo ves y que se te quedan ya ahí grabados en la retina para casi toda la vida. Gracilidad pura, así en sus penetraciones por resquicios insospechados como en su incomparable capacidad para trazar no menos insospechadas líneas de pase donde otros sólo ven bultos.Angelo+Russell Nadie es perfecto, claro está, y él no habría de ser una excepción: a mi modo de ver le falta consistencia, algo lógico dada su edad y su inexperiencia: inconsistente en su toma de decisiones, como si no fuera un base natural (que no lo es), como si fueran las circunstancias de la vida (y su inmensa calidad, también) las que le hubieran empujado a ejercer de (presunto) director de juego; e inconsistente en su tiro. No digo que sea mal tirador, líbreme el cielo, más bien todo lo contrario, pero es de esos que tan pronto te hacen cuatro triples seguidos como te clavan un 2 de 13 en cualquier partido decisivo del Torneo Final. Dando por supuesto que sus virtudes permanecerán (y se acrecentarán, incluso) y que sus defectos se irán puliendo con los años, creo sinceramente que podemos estar ante un grandísimo base NBA… siempre y cuando tengan paciencia con él, siempre y cuando asuman que necesitará tiempo para crecer (no precisamente en estatura, sino en musculatura y sabiduría) y desarrollarse en aquella Liga. Por si acaso ya se lo rifan, y si hasta hace dos días dábamos por hecho que sería carne de Tankers (digo Sixers) con su número 3, hoy ya las cosas no están tan claras: unos le han bajado al 4 para subir al 3 a Porzingis, otros en cambio le han ascendido incluso hasta el 2 (bajando a Okafor al 4 y manteniendo también en el 3 a Porzingis, de lo que parece deducirse que los Sixers deben estar como locos con el letón). 2, 3 ó 4 significaría Lakers, Sixers o Knicks, Los Ángeles, Philadelphia o Nueva York, no parecen precisamente malos sitios donde empezar una sólida carrera profesional.

Y pasemos a continuación a uno de los grandes enigmas de este draft, ese sujeto de nacionalidad congoleña (de Kinshasa, antiguo Zaire, aún más antiguo Congo Belga), crianza estadounidense (asilo político mediante) y formación (es un decir) china llamado Emmanuel Mudiay. Vi por primera (y última, y única) vez a Mudiay en una de esas maravillosas fiestas de graduación que montan los yanquis para presentar en sociedad a sus criaturas en edad de merecer, no recuerdo ahora mismo si el evento en cuestión fue el McDonald’s All America, el Nike Hoop Summit, el Jordan Brand Classic o el Sabrá Dios Qué. Lo cierto es que su puesta de largo se saldó con notable éxito de crítica y público, al menos en lo que a mí respecta: me encantó, y ni que decir tiene que a partir de ese instante empecé a salivar con lo que nos depararía cuando cumpliera su promesa de cursar estudios en la Universidad Metodista del Sur (SMU para los amigos), y ni que decir tiene que mi salivación se me pasó a los pocos días, justo lo que tardó en cambiar los Mustangs del insigne Larry Brown por los Guangdong Southern Tigers, millón y pico de dólares mediante.Emmanuel-Mudiay Y como solía decir en estos casos doña Mayra Gómez Kemp (si no sabe quién es no se preocupe, más bien alégrese, son cosas de la edad), hasta ahí puedo leer. Sé que debería haber visto uno o varios partidos de Mudiay en China para poder ofrecerles una valoración más pormenorizada pero habré de reconocerles que no he encontrado el momento, mi indolencia es lo que tiene. De allí llegaron primero noticias de que estaba haciendo unos números extraordinarios (creo que hasta mi octogenaria madre podría hacer unos números medianamente decentes en aquella liga, dado el nivel defensivo que se gastan), luego llegaron noticias de que se había escogorciado el tobillo, finalmente dejaron de llegar noticias lo cual (si nos atenemos a ese famoso proverbio yanqui, no news, good news) puede que hasta fuera una buena señal… No lo sé. Sólo sé que me gustó en aquella lejana pachanga (pero pachanga al fin y al cabo), sólo sé que algún afamado columnista ha escrito de él que es uno de los tres jugadores de este draft (junto a Okafor y Towns) con potencial de jugador franquicia, ahí es nada la pomada, no seré yo quien se lo discuta… pero tampoco quien se lo confirme. Si él lo dice, sus razones tendrá.

Un poco más abajo en el escalafón, ya hacia el final de la lotería, encontramos a Cameron Payne, recién llegado desde la humilde Murray State para continuar la senda que ya iniciara en su día Isaiah Canaan. Cuentan maravillas de él, me encantaría refrendárselas pero no me atrevo porque no le he visto jugar lo suficiente (apenas nada) como para tener formada una opinión (y ya sé que este capítulo me está quedando un poco deslucido, pero es lo que hay). Bastante mejor conozco a los cuatro siguientes (ya bien avanzada la primera ronda), los últimos que mencionaré aquí para no aburrirles (aún más si cabe): Tyus Jones (íntimo amigo de Jahlil Okafor por cierto), que fue de menos a más hasta cuajar un extraordinario fin de temporada, no les quepa la menor duda de que sin su concurso no sería hoy Duke campeón NCAA. Delon Wright, formado a las órdenes de Larry Krystkowiak en Utah, que nos epató a todos en su año júnior y nos desepató un poco en su año sénior (quizá porque de tanto como nos había epatado antes se nos desmesuraron las expectativas). Terry Rozier, ex pupilo de Pitino en Louisville, potente donde los haya, mucho más físico que técnico (sin que sea manco tampoco en este aspecto) por lo que podemos estar seguros de que los general managers beberán los vientos por él. Y finalmente Jerian Grant, de los Grant de toda la vida (hijo de Harvey Grant, sobrino de su gemelo y Señor de los Anillos Horace Grant, hermano del ex de Syracuse y hoy en Sixers Jerami Grant), completo donde los haya, de esos que juegan y hacen jugar, determinante cuando hace falta, muy bien formado (si bien con algún altibajo por su mala cabeza) en Notre Dame y que me da a mí que puede ser una gratísima sorpresa. Y aún cabría añadir alguno más a esta lista, pero a ése casi mejor prefiero reservármelo para la última entrega de esta serie. Ya les diré por qué.

IV – LOS DE DENTRO

No teman, no volveré a hablar aquí de Towns y Okafor, que ya bastante bola les di en el primer episodio. Ni de Porzingis (en la medida en que le consideremos también interior), que ya bastante bola le di en el segundo. Vayamos un poco más allá.

cauley-stein¿Recuerdan que cuando les hablaba de Towns les decía que había progresado en tres meses lo que otros no logran progresar en tres años (ni en treinta, si se diera el caso)? Pensaba en aquel entonces en otro fornido mocetón calipariano, justo aquél que lleva por nombre Willie Cauley-Stein. Cauley-Stein aterrizó en Kentucky en la temporada 2012/2013 como una fuerza de la naturaleza, siete pies de músculo absolutamente bien proporcionado que sembraba el terror en defensa y que parecía evidente que a poco que trabajara lo sembraría también en ataque. Contra todo pronóstico volvió para un segundo año, esperábamos encontrar grandes mejoras en su juego pero el único cambio apreciable fue aparecer con el pelo teñido de rubio platino, algo de lo que afortunadamente se arrepintió a los pocos días a la vista de los resultados. Contra todo pronóstico volvió también para un tercer año, creímos ingenuamente que ésta ya sería la definitiva, que por fin su torrente defensivo se correspondería con un amplio caudal de habilidades ofensivas, lo creímos hasta que comprobamos que este Cauley-Stein seguía siendo exactamente el mismo que habíamos conocido años atrás, que probablemente lo seguiría siendo ya para toda su vida deportiva. No, ahora ya no volverá para un cuarto año, tampoco es de extrañar, visto lo visto podría repetir curso 28 veces, podría volver a la universidad un año tras otro hasta el 2043 y aún así seguiría siendo el mismo jugador unidireccional que conocemos hoy. Que no es que esté mal, a ver si me explico: la intimidación cotiza al alza, las franquicias se lo rifarán, de hecho hasta algún pronosticador se ha atrevido a ascenderle hasta el número 4 en las previsiones pre-draft, lo cual no sería de extrañar porque en ese puesto escogen los Knicks y es bien sabido que son capaces de cualquier cosa. Triunfará en lo suyo aunque al otro lado sólo le veamos anotar en plan pichichi (tras rebote ofensivo o culminando alley-oops), llegará el día en que le nombren defensor del año y todos nos congratulemos de ello… aunque algunos (sólo algunos) no podremos evitar pensar también en lo que pudo haber sido y no fue.

Y ahora (para desengrasar) pasemos a algo así como el anti-Cauley-Stein, un tipo que carece del músculo y el atleticismo del kentuckiano pero que rebosa de absolutamente todo lo demás. Señoras, señores, con ustedes, recién llegado de Wisconsin, el Jugador del Año, el único, el incomparable, el irrepetible Frank Kaminski, pónganse todos en pie.kaminski Se me cae la baba con Kaminski, se me cae hasta ponerme perdido y lo peor es que no me pasa a mí solo, con las babas que todos los kaminskianos hemos generado durante estos últimos años se podría llenar un embalse, discúlpenme la guarrería. Saben que a mí se me gana mucho más por talento que por físico y por eso Kaminski es de esos jugadores que me llevaría a una isla desierta o aún mejor, a un equipo de baloncesto si lo tuviera. Así me va, por eso nunca llegaré a nada en la vida, por decantarme por la estética en detrimento de la sordidez, afortunadamente (para ellos) los general managers tienen sus pies mucho más en el suelo que yo y por eso todo parece indicar que pasarán de Kaminski en los primeros puestos del draft. Los pronósticos más favorables le sitúan en el puesto 8 mientras que los más desfavorables le mandan hasta el veintitantos, entre uno y otro un amplísimo abanico de posibilidades. El susodicho, oliéndose la tostada, ha ido ampliando sobremanera su rango de tiro ante la evidencia de que las franquicias despreciarán sus fundamentos bajo el aro por no llevar una gran cáscara de músculo a su alrededor (el síndrome de Tomic, como si dijéramos). Acabará ganándose la vida de especialista, puro cuatro abierto por una mera cuestión de supervivencia, muy probablemente emergiendo desde el banquillo. Y a muchos les encantará y les parecerá la quintaesencia del baloncesto moderno, pero a mí (que soy muy raro) no dejará de parecerme un desperdicio.

Volvamos ahora a Kentucky para hablar de Trey Lyles, otro espigado mocetón muy al gusto de aquella casa. Montones de centímetros, kilotones de músculo, atleticismo devastador, una especie de Cauley-Stein 2.0… pero con un ligero matiz. Cauley-Stein es un libro cerrado, resulta muy difícil imaginar que pueda llegar a ser otra cosa distinta a lo que ya es; Lyles en cambio es una pkentuckybigságina en blanco, está por escribir, puede quedarse en mero físico o evolucionar a jugador total, vaya usted a saber. Obviamente también está más verde, será mucho más trabajosa su adaptación a la Liga, los románticos de esto siempre pensaremos que debería haber permanecido al menos otro año en Lexington (aunque el currículum de Cauley-Stein nos lo desmienta) pero eso ya no tiene vuelta atrás. Dependerá (como en tantas otras ocasiones) de cuánto trabaje, de en dónde caiga, de cuánta bola le den. Apunta a número 8 en el mejor de los casos aunque tampoco en este caso ha faltado algún (presunto) especialista insinuando que los Knicks podrían escogerle en el 4, así están las cosas en la Gran Manzana, creo que si yo me presentara al draft también sonaría para los Knicks. Qué cruz.

Y permítanme que como de costumbre acabe el capítulo con cuatro nombres más, cuatro jugadores interiores que me provocan fascinación y me generan dudas, todo a la vez aún por contradictorio que ello resulte: Myles Turner, de Texas, trabajadísimo saco de fundamentos, calidad excelsa no exenta de músculo pero que fue de más a menos en la misma medida en que fue de más a menos (para acabar casi en nada) su Universidad. Bobby Portis, de Arkansas, debilidad personal del que suscribe, intenso todoterreno con todas las papeletas para convertirse en un interesantísimo cuatro de rotación aún a pesar de su falta de centímetros para ese puesto. Kevon Looney, de UCLA, fascinante físico longilíneo y bracilargo a lo Kevin Garnett, fascinante cóctel de aptitud y actitud que me enamoró en sus primeros partidos con los Bruins… y que me decepcionó (quizá por culpa mía, que esperé más de lo que debería) en casi todos los demás. Tierno e inconsistente como corresponde a su edad, prototípico caso de jugador al que otro año en la universidad le hubiese venido de cine… tanto más teniendo en cuanta que no parece ni que vaya a oler siquiera las primeras posiciones de este draft. Y finalmente Montrezl Monster Harrell, personaje de Louisville que por sí solo requeriría un capítulo aparte, si bien intentaré sintetizarlo en unos pocos renglones: un monstruo (como su propio apodo indica) que en su primer año pareció que iba a comerse el mundo, que en su segundo año (jamás pensamos que volviera para un segundo año) pareció habérselo comido y que en su tercer año (jamás pensamos que volviera para un tercer año) pareció haberle sentado mal la digestión. Puede salir una megaestrella o un bluff, casi sin término medio. Yo aún le tengo fe, aunque su estancamiento en esta última temporada y su propensión al cruce de cables me hagan cogérmela (la fe) con pinzas. Pero aún así no apostaría en su contra.

V – LOS DEL MEDIO

Doses, treses, doses y medios, treses y medios, acaso también algún uno y medio al que me cueste ver como base… de todo hay en esta quinta (y penúltima, espero) entrega, todo un genuino cajón de sastre. Y desastre, en lo que a mí respecta. Unos pocos mediocampistas (con perdón) que seguramente no marcarán una época pero a quienes no está de más conocer. Por lo que pueda pasar.

WINSLOW-02Empecemos cómo no por Justise Winslow, de la Universidad de Duke y de los Winslow de toda la vida, para mí será ya siempre el hijo de Rickie por más que en USA Rickie Winslow (aún con su gran carrera en la Universidad de Houston) sea ya sólo el padre de Justise. Justise es el típico jugador que lo mismo cose un huevo que fríe un alfiler, genuino todocampista, de esos que nunca serán una estrella pero que te los llevarías al fin del mundo si pudieras. Muy buen defensor, tremendo penetrador, aguerrido luchador. En los Blue Devils ejercía de tres o incluso de cuatro pero en NBA probablemente le tocará ser un dos, dos y medio a lo sumo; una posición para la que deberá mejorar su relación con las faltas (las que comete, que son demasiadas; y las que le cometen, que no aprovecha en los tiros libres como debiera) y muy especialmente su relación con el aro rival desde la larga distancia, condición sine qua non (signifique eso lo que signifique) para un magnífico proyecto de machaka (ilustrado) como el que nos ocupa. Muy probablemente será 6 ó 7 del draft, muy probablemente será carne de Kings o Nuggets. Nadie construirá un equipo alrededor de él, pero cualquier equipo será mucho mejor con él.

stanley johnsonCasi en la otra punta del país, en Tucson, Arizona, Stanley Johnson viene de hacer prácticamente el mismo viaje que Justise Winslow… sólo que en sentido inverso. Empezó la temporada como presumible número 3 del draft (y hasta el 2 le daban en algún pronóstico) y como favorito indiscutible a Jugador del Año en su conferencia; acabó la temporada rozando a duras penas los puestos de lotería y ya no siendo ni el mejor de su propio equipo siquiera (honor que correspondió al magnífico base sénior T.J. McConnell, a quien dicho sea de paso no encuentro en ninguna lista predraft; si es usted propietario de un equipo europeo ya está tardando en echarle el guante). Stanley dio maravillosamente el pego en un principio pero según fue avanzando el año se le vieron las carencias, que son muchas y variadas. Otro añito en Arizona le habría venido de perlas… o no, porque acaso su flojísimo final de temporada fuese porque en el fondo estaba deseando salir de allí. Él sabrá.

Viajemos ahora (como casi en cada entrega de esta serie) a Kentucky, pero esta vez para hablarles de un jugador realmente especial. Quizá el que menos nos llamara la atención de toda aquella ingente camada de freshmen que desembarcó hace un año en Lexington: liviano, nada sobrado de músculo, rozando a duras penas los dos metros (que no aparenta) y con cierto aire de buen chaval que desentonaba con la pinta de sobraos de muchos de sus compañeros. Devin Booker (que así se llama el susodicho) fue asignado de entrada al segundo pelotón (white platoon, en la jerga calipariana), pensamos que pasaría desapercibido pero nada más lejos de la realidad, enseguida vimos que estábamos ante un auténtico microondas, un chaval que en cuanto aparecía y afinaba su muñeca podía poner el partido entero del revés. Porque esa es sin lugar a dudas la mejor (pero no única) cualidad de Booker, para mi gusto el mejor tirador exterior puro de este draft (Herzonja y el ex Gator Michael Frazier podrían discutírselo, aunque en el caso de este último no hay color). Y es bien sabido que en esta NBA tan propensa al triple que nos ha tocado vivir el kilo de tirador se paga muy pero que muy bien, razón por la cual Booker con sólo un año de devin-booker1campus tendrá puesto de lotería y un contratazo acorde con dicha posición. En el mejor de los casos podríamos soñar con un Klay Thompson (palabras muy mayores), en el caso intermedio estaríamos ante un Korver o un Redick de la vida, en el peor una especie de Kapono que tampoco es que sea mala cosa. Nunca le pierdan de vista.

Y de Kentucky a Wisconsin para dedicar un parrafillo al gran Sam Dekker, acaso la prueba perfecta de cómo una buena actuación en marzo puede disparar tu carrera profesional en general y tus perspectivas para el draft en particular, hasta el punto de hacerte casi rozar la lotería. Que Dekker era bueno lo sabíamos ya de sobra tras sus tres años en los Badgers, que Dekker podía ser grande lo supimos tras una Madness realmente excepcional, en la que se echó el equipo a la espalda y se convirtió en el principal culpable (aún más que Kaminski, incluso) de que Wisconsin se metiera en la Final y se quedara a apenas un paso de alzarse con el título. En NCAA se movía entre el tres y el cuatro abierto, en NBA difícilmente dejará de ser un tres ya que tiene el físico perfecto para ello. Otro de esos tíos que no son extraordinarios en nada pero son buenos en un montón de cosas, a destacar su defensa (como no podría ser de otra Sam-Dekkermanera viniendo de donde viene), su muñeca y su impagable carácter ganador. Quien lo escoja no se va a arrepentir, seguro.

No quiero acabar esta entrega sin mencionar otros dos nombres, otras dos incógnitas, otros dos recorridos divergentes en su camino hacia el draft: Justin Anderson, que se echó sobre sus hombros a los Cavaliers de Virginia durante toda esta temporada (excepto cuando anduvo lesionado, y bien que lo acusó su equipo); interesantísimo cóctel de atleticismo, muñeca, defensa (viniendo de Virginia lo lleva de serie) y actitud, y cuyas perspectivas draftísticas parecen haber mejorado sobremanera en los últimos tiempos gracias a unos magníficos workouts. Y Kelly Oubre, que llegó hace un año a Kansas haciendo muchísimo ruido pero luego lo de las nueces ya fue otro cantar. Su cartel de estrella de poco le sirvió porque así de entrada Bill Self prefirió no darle bola, cuando finalmente se la dio vimos que ahí sí que había jugador suficiente como para sacarle las castañas del fuego… pero tampoco mucho más, por ahora. A día de hoy no deja de ser un mero proyecto (como casi todos, pero aún más en este caso), interesante pero proyecto al fin y al cabo, como bien demuestra su caída en picado en las últimas previsiones pre-draft. Cuánto mejor habría hecho quedándose otro año más en Lawrence.

y VI – LOS DEMÁS

Me permitirán que con la temeridad que me caracteriza (y que da título al post) divida esta última categoría en dos subcategorías, a saber, presuntos robos del draft y presuntos petardazos del draft (tres de cada, que a estas alturas tampoco conviene abusar). Eso sí, ya saben que me avala la experiencia, donde pongo el ojo pongo la bala, no tienen más que mirar dónde andan hoy aquellos por quienes bebí los vientos (pongamos por ejemplo Adam Morrison o Royce White) o aquellos de quienes eché pestes (pongamos por ejemplo Steven Adams) para comprobarlo… Es decir, guarden cuidadosamente esta entrada y así podrán volver a restregármela dentro de unos pocos años, seguro que argumentos no les van a faltar.

Presuntos ROBOS del draft

syracyse-rakeem-christmas-blockMe van a permitir que tire para mis colores y empiece con Rakeem Christmas, pívot Orange que acostumbra a lucir el dorsal 25 en perfecta consonancia con su navideño apellido. Christmas llegó a Syracuse hace cuatro años como una imponente fuerza de la naturaleza, pero durante sus primeras tres temporadas no pasó de ahí. Entraba (a menudo como titular), ponía un par de tapones, se cargaba de faltas, se iba raudo y veloz al banquillo y luego ya si te he visto no me acuerdo. En cambio durante la temporada 2014/2015 su mejora fue exponencial, ya no era sólo defensa sino que de repente también sabía atacar el aro rival (y cómo), convirtiéndose de la noche a la mañana en pieza esencial de estos atribulados Orange. Ahora bien, tampoco es cuestión de que lance yo ahora las campanas al vuelo: deberá protegerse un poco mejor de las faltas (auténtica cruz), deberá ampliar su rango de tiro (a dos metros del aro ya nos valdría) y lo que difícilmente tendrá ya solución (salvo milagro de la ciencia) es su relativa falta de centímetros para un jugador tan interior. Y sin embargo, aún a pesar de todos estos pronunciamientos negativos, yo le tengo fe: porque le he visto mejorar hasta cotas que hace un par de años jamás hubiera imaginado, porque creo que posee la paciencia y la ética de trabajo necesarias para progresar en la vida (y en la Liga), porque bien llevado puede ser extraordinariamente aprovechable… y porque (a qué negarlo) me encantaría que le fuera bien. Los colores, ya saben.

upshawY si arriesgada era ya la apuesta anterior, no vean la que viene ahora: Robert Upshaw, devastadora fuerza interior donde las haya, especialista no tanto en rebotear (que también) como en salir rebotado él mismo de todos los sitios por donde pasa, así le sucedió hace dos años en Fresno State y así le ha sucedido este año en esa Universidad de Washington de la que hubo de marcharse por patas a mitad de temporada, apenas dos meses después de empezar. Quien le escoja ya sabe a lo que se expone, si le gustan las emociones fuertes no lo dude, éste es su hombre… Ahora bien, quien asuma el riesgo se estará también llevando (si le sabe llevar) una auténtica fuerza interior. En todo el baloncesto universitario nadie promedió más tapones que él durante los escasos meses que estuvo guardando la zona de los Huskies. Nadie, en toda la NCAA. Créanme que sus posibilidades son inmensas, créanme también que puede salir mal… pero que a poco que siente la cabeza podemos estar ante un auténtico pelotazo en toda regla. Prefiero pensar que va a ser así, quizá porque (como diría cierta ilustre alcaldesa) yo también creo mucho en la reinserción.

Y ahora pido a los lectores más veteranos (si alguno hubiere) que viajen conmigo hasta los ochenta, incluso a la primera mitad de los noventa. Probablemente recordarán a un alero que creció (junto a Olajuwon, Drexler, Michaux…) en aquellos Phi Slama Jama de la Universidad de Houston, que luego sentó cátedra en Pucela, que años después hasta ganó una Euroliga a las órdenes de Boza Maljkovic en aquel infumable Limoges…WP-OregonJosephYoung-620x400 Se llamaba (se seguirá llamando) Michael Young y las metía de todos los colores (incluso en Limoges; de hecho era casi el único que las metía en Limoges), pero obviamente no es de él de quien quiero hablarles sino de su hijo, Joseph Young, que también empezó su carrera universitaria en Houston hasta que se aburrió y pidió el transfer para marcharse a los Ducks de Oregon. Ni que decir tiene que a las órdenes de Dana Altman ha explotado (aún más si cabe), ni que decir tiene que es tan anotador compulsivo como el padre pero es además muchas más cosas. Este último año se vio obligado a ejercer de director de juego full time por necesidades del guión y cumplió ese papel a las mil maravillas, algo que debería venirle muy bien en su carrera profesional. Quizá por eso me chirría una barbaridad verle tan atrás en las previsiones del draft, entre el puesto 42 y el 49 a día de hoy. Qué quieren que les diga, en mi modesta opinión vale mucho más que eso. Ahora ya sólo falta que le den la oportunidad de demostrarlo.

Presuntos PETARDAZOS del draft

Pues como en los robos, me van a permitir que para empezar tire para mis colores: Chris McCullough llegó a Syracuse hace un verano y así de entrada nos encandiló. Típico alero longilíneo, muy bien trabajado técnicamente y que en sus primeros dos o tres partidos lo hizo de maravilla, razón más que suficiente para que los sufridos aficionados Orange nos engolosináramos de inmediato.mccullough Claro que el engolosinamiento se nos fue pasando en cuanto comprobamos que no era para tanto (unos pocos partidos más sin rascar bola) y se nos cayó del todo en cuanto se lesionó de gravedad y se perdió lo que restaba de temporada (casi toda ella, en realidad). En semejantes circunstancias cualquier criatura con dos dedos de frente habría visto su caché caer en picado y habría optado por volver a Syracuse para un segundo año, él no, él a pesar de todos los pesares prefirió mantener su apuesta por el one and done (obviamente no sé cuál es su situación económica familiar, obviamente sí sé que el futuro inmediato de su universidad tampoco es que motive demasiado). El resultado fue el que cabía esperar, que un jugador al que en noviembre todos daban en los diez primeros puestos del draft hoy aparezca al final de la primera ronda en el mejor de los casos, en el peor ya ni les cuento. Necesitará mucha paciencia y además muchos minutos, sospecho que los encontrará en la Liga de Desarrollo, puede que allí explote definitivamente o puede que acabe cayendo en el ostracismo más absoluto, todo por haber precipitado su proceso de maduración. Ojalá no sea así.

Y ahora me voy a Kansas para indisponerme con todos aquellos (que son unos cuantos) que ven a Cliff Alexander como posible robo del draft, dado que yo lo veo exactamente al revés. El susodicho llegó al campus de Lawrence precedido de magnífica fama y adobado de potente masa muscular, viéndole resultaba inevitable recordar a aquel otro ex Jayhawk llamado Thomas Robinson por quien yo bebí los vientos durante su etapa universitaria,cliff alexander pero del que habré de reconocer (aunque me duela) que luego apenas ha rascado bola en NBA. Parecido físico pero no técnico, Alexander está aún a años luz de las prestaciones que acabó ofreciendo Robinson, con tiempo y trabajo habría podido alcanzarlas pero no tuvo (ni tendrá ya) ni lo uno ni lo otro. Bill Self de entrada le dio muy poca bola, luego ya se animó a ponerle más y finalmente acabó la temporada no contando con él nada en absoluto: un poco porque no le convencía, y un mucho porque las sospechas acerca de presuntas irregularidades en su reclutamiento le llevaron a dejarle definitivamente en el banquillo que con las cosas de comer no se juega, no se fuera a enfadar la NCAA. Ni que decir tiene que esas sospechas fueron el último empujón que necesitaba para tirarse en plancha al draft, algo que probablemente también habría hecho en cualesquiera otras circunstancias. Lo cierto es que en lo poco que le vimos demostró poderío (lo lleva de serie)… y casi pare usted de contar. Otro caso palmario de jugador que en noviembre estaba en los primeros puestos de cualquier mock y al que hoy en cambio hay que encontrar (tras ardua búsqueda) en las profundidades de la segunda ronda. Otro presunto juguete roto. Esperemos que no.

Acabo viaje en North Carolina para presentarles (en el supuesto de que no lo conozcan ya) a una criatura que responde al bello a la par que peculiar nombre de J.P. Tokoto (pronúnciese en esdrújulo, tókoto). Tokoto aspira a pertenecer a esa categoría de jugadores que yo suelo llamar machakas y que los expertos ahora denominan 3&D;tokoto-2 es decir, exteriores que en defensa se meriendan a quien les pongan por delante y que en ataque se especializan en caer distraídamente hacia el lado débil para recibir libres de marca y clavar el triple desde la esquina: Bruce Bowen, Shane Battier o Tony Allen, por poner tres ejemplos muy divergentes entre sí pero que responderían más o menos a esta descripción. El problema con Tokoto en lo tocante al 3&D es que la cosa de la D se le da como hongos (por qué se dirá esto) pero la cosa del 3 como que le cuesta, creo que si revisaran a fondo aros y tableros del Dean Dome encontrarían múltiples abolladuras propiciadas por el apedreamiento al que se han visto sometidos por este sujeto durante los últimos tres años. Y es bien sabido que en NBA aún por bien que la metas te piden que algo defiendas y aún por bien que defiendas te piden que algo la metas (la pelota por el aro, entiéndase). Así las cosas el susodicho parece haber caído casi en la insignificancia, saltarse su último año universitario sólo le va a servir para ser escogido a mediados de segunda ronda, eso en el mejor de los casos. Para este viaje no hacían falta alforjas.

**********

Y hasta aquí. Me pesa no haber dicho ni media palabra del one and done de UNLV Rashad Vaughn (digno aspirante a haber sido incluido en mis presuntos robos del draft), del todoterreno arizónico Rondae Hollis-Jefferson, de los grandes de LSU Mickey & Martin, de los pequeños de Stanford Brown & Randle, del seguro alero de Texas Jonathan Holmes, del perrofláutico (a la par que maravilloso) alero de Nebraska Terran Petteway, del delicioso canadiense de Boston College Olivier Hanlan, de los kentuckianos gemelos Harrison (otros que se encaminan irremediablemente al ostracismo), de… No doy más de sí. Por esta vez creo que ya está bien, aquellos que hayan aguantado hasta aquí tras leerse las seis entregas merecerán para toda la eternidad el testimonio de mi consideración más distinguida (o algo así). Y a todos, gracias infinitas por su paciencia y su atención.

Anuncios

Publicado junio 25, 2015 por zaid en NBA, NCAA

Etiquetado con , , , , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: