LA LIGA DE LA MARMOTA   3 comments

Hará cosa de un mes (día arriba, día abajo), en uno de esos momentos de enajenación mental transitoria que me caracterizan, se me ocurrió escribir en Twitter el hashtag #LaLigaDeLaMarmota para ilustrar el hecho evidente de que los finales de temporada ACB se parecen unos a otros como gotas de agua: un año más (y van…) el premio al Entrenador del Año recaía en el técnico del primer clasificado en temporada regular como si no existiera ninguna otra posibilidad; un año más (y van…) Burgos volvía a ascender a ACB para quedarse finalmente en LEB; un año más (y van…) la cobertura televisiva dejaba mucho que desear y las audiencias se desmoronaban (llegará el día en que dejen de caer por una mera cuestión física, porque una vez que estás en el fondo ya no es posible ir más abajo); un año más (y van…) la final de la Liga (como antes la de la Copa, y aún antes la de la Supercopa) habría de enfrentar irremisiblemente a Barcelona y Real Madrid. Ni que decir tiene que dicho hashtag provocó el efecto que cabía esperar, es dmarmotaecir, el 99 por ciento de mis hipotéticos fólogüers pasó olímpicamente de él y de entre el 1 por ciento restante hubo de todo, como en botica: alguno a favor, alguno en contra… y alguno que reaccionó como si le hubiera mentado a la madre.

Me pilló por sorpresa, reconozco que nunca suelo estar psicológicamente preparado para estas cosas. No esperaba yo que por quejarme de otra final Madrid-Barça alguien me dijera que vivía en un cuento de hadas, que cómo podía yo despreciar de ese modo una final entre dos de los mejores equipos del Continente (como si la hubiera despreciado en algún momento, como si no la disfrutara tanto como el que más) y lo mejor de todo, que si yo pensaba así era porque veía muy poco baloncesto [Acotación al margen: ¿que yo veo poco baloncesto? Creo que si mi mujer leyera esto iría a buscarle y le mataría con sus propias manos (entiéndase esto último en sentido figurado y en un tono meramente lúdico-festivo, no vaya a ser que dentro de cinco años alguien me lo encuentre y me acuse de inducción al asesinato, o similar)], opinión jaleada desde su cla por una seguidora sumamente fiel que le aclamaba al grito de ¡¡¡Muy bien Javi, así se habla!!! como si en verdad supiera de lo que estaba hablando, como si aquello fuera un combate en un ring y no un intercambio de pareceres en Twitter. La gota que colmó el vaso vino cuando alguien (que no fui yo) le hizo una exposición sumamente razonada y su respuesta fue bla bla bla. Tal cual, simplemente esas nueve letras, bla bla bla, así como diciendo lo vuestro son sólo palabras, total qué me importan a mí vuestros argumentos de mierda si de mi lado está La Razón, con mayúsculas. Hasta ahí. No me importa (incluso me agrada) la sana discrepancia, pero no soporto la prepotencia. Dejé de seguirle, él de inmediato dejó de seguirme, y punto. Y aquí paz y después gloria.

O eso pensaba yo, en mi tierna ingenuidad. Días después, con evidente retraso, me topé en su púlpito con un artículo suyo, que llevaba el breve a par que elegante título de La final repetida entre Real Madrid-Barcelona y el postureo de los ¿puristas? Obviamente no me mencionaba (tampoco era cuestión de hacerme publicidad), pero bastaba con leer su primer párrafo para que no hubiera lugar a dudas (aclaro que copio y pego íntegramente, por lo que la puntuación y la sintaxis son ajenas a mi responsabilidad): No puedo evitar soltar una sonrisa picarona durante estos días que se confirma la final entre los dos mejores equipos de la ACB y todos aquellos muestran su amargor sobre la enésima repetición entre Real Madrid y FC. Barcelona comenzando su perorata habitual sobre el duopolio de ambos contendientes, el presupuesto del fútbol, la imposibilidad de alternativa y algunos se atreven incluso a calificarlo de la liga de la marmota como si no pudiéramos disfrutar del espectáculo que, a partir del viernes, ambos equipos nos ofrecerán en un duelo de altísimo nivel y que es difícil de encontrar en alguna de las otras ligas europeas.posturistas Y tras esta elaborada argumentación (¿qué tendrá que ver el preferir otra final con el que se pueda o no disfrutar de esta final?), añadía: las dudas me asolan ante tanto “postureo” y me hacen dudar del verdadero conocimiento sobre la ACB de estos puristas… Acabáramos, era eso: si prefieres una final Madrid-Barça es que sabes de esto, si prefieres cualquier otra es que no tienes ni puta idea. Y así todo. Haberlo dicho antes, ahora ya nos vamos entendiendo.

Vayamos por partes. ¿Postureo? ¿Qué es postureo? (y tú me lo preguntas, postureo eres tú…): la Real Academia aún está trabajando en su definición, así que mientras acaba les pongo la que ofrece la Fundeula adopción de ciertos hábitos, poses y actitudes más por apariencia que por convicción. ¿Apariencia, a estas alturas? Vaya por dios, y yo sin saberlo. Llevo opinando así media vida (y la otra media no porque aún no tenía dónde opinar), a lo mejor llevo media vida postureando sin darme cuenta o a lo mejor es que algunos etiquetan como postureo a todo aquello que se escapa de su entendimiento. ¿Purista?: Según la Real Academia (prescindo deliberadamente de las dos primeras acepciones, de contenido meramente lingüístico) dícese de aquel que defiende el mantenimiento de una doctrina, una práctica, una costumbre, etc., en toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones. Lo que ya no dice la Real Academia es que quien se reconoce purista lo hace (supongo, no es mi caso) con todas las de la ley, en cambio quien define a otro como purista lo hace en términos despectivos, arrojándoselo a la cara con toda su bilis. Pues vale, si he de ser purista lo seré, obviamente me han llamado y me llamarán cosas mucho peores. Pero si me atengo a la definición de la Real Academia habré de reconocer que no me siento identificado en absoluto. ¿En toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones? Todo lo contrario. Yo quiero que las cosas cambien, que se dinamice nuestro deporte, que no haya una brecha tan enorme entre ricos (dos) y pobres, que nuestro baloncesto no sea bipolar sino multipolar. Mucho más puristas serán aquellos que prefieren que las cosas sigan como están.

Qué duda cabe, esto de utilizar adjetivos descalificativos debe ser muy tentador, el pedestal es lo que tiene. Siempre me han dado muchísima envidia todos aquellos que se sitúan ante su interlocutor en un plano de absoluta superioridad, sabiendo de antemano que su opinión es la verdad absoluta y que la del de enfrente (en tanto en cuanto sea diferente) sólo merece desprecio. Qué envidia, de verdad, yo de mayor quiero ser como él (y eso que soy mayor que él). Yo por desgracia sólo tengo dudas, me lo habrán notado quienes me leen desde hace años, me lo notarán quienes me lean hoy por primera vez. Suelo decir que la duda es el estado natural del ser humano, tantas más dudas cuanto más humano. Por eso me inquietan tanto todos aquellos que no parecen dudar jamás.

Pero todas estas disquisiciones a ustedes les traen al pairo, así que vuelvo al tema. Siguiente sentencia por su parte: ¿Saben cual es el problema principal? Que hay demasiado baloncesto, así como lo digo, todos estos puristas que critican la final se pasan la vida viendo ACB, NBA, NCAA, Euroliga, Liga Femenina y algún torneo que juegue su equipo de barrio, lo que obliga, de forma indefectible, a no poder seguir una competición en su totalidad y realizar juicios de valor sin entrar a profundizar en lo que se está diciendo… Y se queda tan fresco. Yo jamás he tenido la tentación de hacer juicios de valor ni de de entrar a profundizar, aún menos en Twitter. Yo lo único que hago en dicha red social es expresar mi opinión, no sé si tan válida como cualquier otra pero sí al menos tan legítima como cualquier otra. Si él es tan sabio como para que sus aseveraciones vayan a misa pues olé sus cojones, las mías en cambio no pretenden pasar de la pantalla del ordenador. Sin juzgar, profundizar ni pontificar. Simplemente opinar. Como casi todo el mundo.

Así que al parecer estoy (estamos, que no lo dirá sólo por mí) incapacitado(s) para seguir una competición en su totalidad. Pues nada, que al final con tanto insistir me va a obligar a contarles mi vida (baloncestística): a ver, no es ningún secreto (cualquiera que me lea y/o me siga lo sabe) que entre mediados de noviembre y primeros de abril me centro sobre todo en NCAA, lo cual evidentemente tiene un precio: no veo NBA en temporada regular (luego me desquito en playoffs), no veo Liga Femenina (y bien que lo siento) y el único equipo de barrio al que sigo no juega al baloncesto sino al fútbol, por lo que queda fuera de este análisis. Ahora bien, mi seguimiento NCAA no me impide dejar un hueco cada jueves/viernes para la Euroliga y otro cada domingo para la ACB.bilbao-granca Cualquiera que me lea y/o siga conoce bien mis disquisiciones al respecto, mis difericestos varios (suelo dedicar el domingo por la mañana a tareas domésticas, suelo desquitarme por la tarde), mis legendarias peleas con Orange Arena, si alguien lo duda no tiene más que rebuscar en mis tuits de años atrás ya que ahora está tan de moda. Rara es la jornada ACB en la que no caen al menos dos partidos, incluso tres en la mayoría de los casos. Eso sí, suelo seleccionar, escoger en base a criterios de afinidad (Estu… cuando lo dan), calidad, presumible igualdad o mera estética. Habrá equipos a los que haya visto quince o veinte veces y otros a los que haya visto apenas una vez, no lo niego. Y no sé si eso es mucho o poco, no sé si veo más o menos ACB que él (ni me importa) ni sé si eso me deslegitima (como parece) para opinar acerca de dicha competición. No sé qué es seguir una competición en su totalidad, ni siquiera me atrevería a afirmarlo de la NCAA (y miren que le echo horas) como para afirmarlo de la ACB. Sólo sé que a mí jamás se me ocurriría descalificar la opinión de un interlocutor porque vea menos NCAA/ACB que yo, o porque crea yo (sin tener ni puta idea) que ve menos NCAA/ACB que yo. Como dijo el torero, hay gente pa tó.

En algunas cosas estamos de acuerdo, no vayan a pensar: creo como él que en ACB hay un montón de partidos extraordinarios y un montón de equipos que practican un magnífico baloncesto (y por eso mismo me apena que no puedan llegar más lejos), creo como él que (por ejemplo) la serie de cuartos de final entre Bilbao y Valencia fue sencillamente fantástica. Y creo como él (porque es un hecho cierto) que Valencia y Unicaja tuvieron contra las cuerdas a Madrid y Barça, casi del mismo modo en que hace un año tuvieron contra las cuerdas a Barça y Madrid. Pero exactamente eso, contra las cuerdas. Una cosa es tener a alguien contra las cuerdas y otra romper las cuerdas, una cosa es acorralar y otra ser incapaz de rematar, y que al final el golpe definitivo lo acabe dando siempre el acorralado y nunca el que acorraló. El número 20 del mundo (permítaseme el símil tenístico) puede tener contra las cuerdas a Djokovic cada vez que se enfrenten, pero si de cada diez veces que lo hagan gana una y pierde nueve no dejará por ello de ser el 20 del mundo, ni aún por muy apretado que haya tenido al serbio en todas esas derrotas. Es la delgada línea roja entre ser bueno y ser grande, entre tener la oportunidad de ganar y (sencillamente) ganar. Tan simple como eso.

Pero vale, está bien, Madrid y Barça estuvieron una vez más contra las cuerdas, asumámoslo como hecho (más o menos) objetivo. Asumido esto, ahora me van a permitir que les traiga yo aquí unos cuantos hechos más, aún más objetivos si cabe: En las 28 primeras ligas ACB, las que van desde la temporada 1983/1984 hasta la 2010/2011, sólo hubo 9 finales Madrid-Barça. Nueve en 28 años, y sólo en un par de ocasiones hubo dos consecutivas (1988 y 1989, 2000 y 2001); en cambio desde la 2011/2012 llevamos cuatro (o sea todas), las cuatro de manera consecutiva como no podría ser de otra manera.copas Y si esto pasa en la Liga aún es más llamativo el dato de la Copa: en sus primeros 26 años auspiciada por la ACB, es decir, desde la temporada 1983/1984 a la 2008/2009, hubo sólo cuatro finales Madrid-Barça. Cuatro en 26 años (1988, 1989, 2001 y 2007, nótese por ejemplo que no hubo ni una sola en toda la década de los Noventa). En cambio en los seis años que van desde 2009 hasta ahora llevamos cinco, es decir todas excepto la de 2013 (y porque en ésta ambos equipos quedaron emparejados en cuartos de final, que si no ya habríamos visto). Repito, 4 de 26 contra 5 de 6. ¿Quieren más? Si sumamos las tres competiciones ACB, Liga, Copa y Supercopa, descubriremos que ambos grandes se han jugado el uno contra el otro diez de las últimas doce finales, trece de las últimas dieciocho. Pero si miramos sólo títulos el tema resulta ya estremecedor: para encontrar un título no ganado por Madrid ni Barça tenemos que remontarnos otra vez a la temporada 2009/2010, a aquel dos más uno de SanEme que consumó aquel histórico baskoniazo. Madrid y Barça se han repartido íntegramente los últimos 15 títulos ACB en disputa, 17 de los últimos 18. Y lo que te rondaré morena. O como diría una insigne comunicadora, estos son los datos y suyas son las conclusiones.

La ACB es una Liga que juegan dieciocho contra dieciocho y siempre gana el Madrid o el Barça, que diría Gary Linerker si supiera de qué va esto. Dualidad, duopolio, bicefalia, bipartidismo, bifrontismo, bipolaridad… Denominaciones que al parecer hieren la sensibilidad de todos aquellos que tienen la sensibilidad a flor de piel predispuesta a que se la hieran. Nada me gustaría más que no tener que utilizarlas, nada me gustaría más que el que no fueran ciertas. Por desgracia los datos están ahí, y a poco que los repasemos comprobaremos que ya hasta hemos conseguido superar a la liga de fútbol (y miren que lo teníamos difícil), hasta a esa liga escocesa de la que tanto hemos rajado en los últimos tiempos. Al menos ellos conocieron hace un año una excepción (que confirma la regla) llamada Atlético de Madrid, al menos otra excepción llamada Athletic de Bilbao se atrevió a asomarse tímidamente este mismo año a la Final de Copa. Flor de un día, no digo yo que no. Pero flor al fin y al cabo. El fútbol además aún está a tiempo de corregir errores pasados con el nuevo reparto de sus milmillonarios derechos de televisión. Nosotros en cambio casi no tenemos ni migajas televisivas que repartir.

Yo creo que uno de los principales indicadores de la grandeza de una liga es precisamente el número de equipos con posibilidades reales de ganarla, con posibilidades de aspirar a ganarla al menos. Y no es algo que crea yo solo, precisamente uno de los leitmotiv (o como se diga) de la ACB cuando nació hace treintaitantos años fue precisamente ese, que esto no fuera sólo cena para dos sino que hubiera unos cuantos con legítimas aspiraciones a pillar una buena parte del pastel. Con tal motivo se incorporó el segundo extranjero, con tal motivo el tercer extranjero provocó llanto y crujir de dientes unos pocos años después (y téngase en cuenta que hablamos de los ochenta y los primeros noventa, en aquel entonces aún no había libre circulación de trabajadores ni Bosman ni cotonús ni guineanos o turkmenistanos repentinamente nacionalizados). Se consiguió sólo a medias, claro está, siempre habrá ricos y pobres y esta competición no habría de ser la excepción. Pero aún siendo sólo a medias hubo un tiempo en que no sólo decíamos ser la mejor liga del mundo después de la NBA sino que muy probablemente lo éramos, aún consiguiéndose sólo a medias hubo equipos como CAI, Penya, Estu, Baskonia, Unicaja, Valencia, Sevilla, Cáceres, Granada, Manresa o Bilbao que durante un momento (o varios) se creyeron con derecho a soñar, que algunos no sólo se creyeron con derecho a soñar sino que a veces hasta soñaron, que algunos no sólo soñaron sino que hasta se atrevieron a convertir esos sueños en realidad. Pregúntense ahora si esos sueños (sólo sueños, no hablo ya de realidades) serían siquiera imaginables a día de hoy.

¿Cómo hemos llegado a esto? En estos casos resulta muy socorrido recurrir al concepto crisis, esa de la que (dicen que) ya estamos saliendo aunque la tozuda realidad se empeñe día tras día en demostrarnos lo contrario. Un tópico si así lo quieren, pero no por más tópico menos cierto. Quizá recuerden que hubo un tiempo en que los patrocinadores comían de nuestra mano, un tiempo en que mirabas los nombres de nuestros equipos y sólo veías entidades financieras, otro en que sólo veías compañías de seguros, otro en que sólo veías inmobiliarias, la burbuja que les explotó poco después también se le estampó en plena cara a la ACB. Añádase que se cerró también (salvo excepciones) el grifo del dinero público (afortunadamente, porque en tiempos de escasez debe estar para otras cosas) y el resultado de todo ello salta a la vista. La clase alta (dos) cada vez más alta y en cambio la media-alta cada vez más media, la media cada vez más baja, de la que antes era baja mejor no hablemos. Hoy Unicaja y Mercadona (más bien su Cultura del Esfuerzo) pasan por ser nuestros mejores patrocinadores pero es mentira, en realidad no son patrocinadores sino dueños, y que sigan siéndolo por muchos años por la cuenta que les (nos) tiene. El resto andan mendigando a ver si una caja de ahorros local, una empresa de productos dietéticos, una agencia de viajes o una gran compañía telefónica (loado sea el cielo) va y se acuerda de nosotros, y cuando ello sucede nos damos con un canto en los dientes y nos decimos que en el fondo podría ser mucho peor. Lo cual es cierto, pero no es menos cierto que (al menos en esto) cualquier tiempo pasado fue mejor. Además de anterior.

Claro está que en esto de los patrocinadores también podemos engañarnos a nosotros mismos, lo que antes les comentaba de Unicaja o Mercadona apenas es nada al lado del argumentario de mi sesudo interlocutor: …como si fuera un pecado mortal que tu principal patrocinador sea una parte de tu mismo club que se dedica al fútbol y tenga menos mérito que, por ejemplo, una entidad bancaria o una cadena de alimentación por poner ejemplos de los semifinalistas de esta temporada. Me encanta, de verdad se lo digo.madribarça Toda la vida creyendo que el Madrid y el Barça eran clubes de fútbol que además tenían una sección de baloncesto y ahora resulta que no, que el fútbol en realidad es sólo una parte de ese mismo club, el cual además ejerce de patrocinador principal de sí mismo. Pues vale, aceptemos barco como animal acuático (o pulpo como animal de compañía), aceptemos que el Madrid y el Barça de fútbol son simplemente patrocinadores de sus secciones de baloncesto (me da la risa de sólo escribirlo), como Río Natura del Obra, La Bruixa d’Or del Manresa o Montakit del Fuenla pongamos por caso, lo mismo. ¿Lo mismo? Sin necesidad de entrar en cantidades (que en ningún caso serían comparables), quizá no esté de más reparar en el pequeño detalle de que Madrid y Barça no tienen que vivir bajo la espada de Damocles de que su patrocinador principal les abandone a final de temporada dado que llevan patrocinando al baloncesto desde su fundación, ya ven que cosas. Es más, ni siquiera tienen que preocuparse de que les cuadre el debe y el haber, los demás si no les cuadra tienen un serio problema (con las nefastas consecuencias que conocemos verano tras verano) pero ellos dos no, si a final de año el debe supera con creces al haber no tienen más que tirar de la caja común, será por dinero, éstos son patrocinadores y lo demás es tontería. Y no estará de más recordar que el Madrid hoy llena el Palacio pero hubo un tiempo en que ni siquiera era capaz de llenar el viejo pabellón de su extinta Ciudad Deportiva, del mismo modo que el Barça que un día llenó el Sant Jordi hoy es incapaz de promediar media entrada en el Palau. ¿Que no cuadran las cuentas? No hay problema, Dios (o el fútbol, que viene a ser lo mismo) proveerá.

En este punto del debate siempre suelen aparecer dos puntos de vista antagónicos, A) el que reclama que Madrid y Barça sean abducidos full time por la Euroliga para que así podamos recuperar la igualdad en nuestra liga doméstica, y B) el que afirma que una supuesta liga sin Madrid ni Barça sería la ruina absoluta para la ACB. Y aquí mis convicciones flaquean, ya les dije al principio que en el fondo sólo tengo dudas: mi romanticismo escogería la A pero mi (escaso) sentido común reconocería que tienen razón los de la B. Esto es como aquella coplilla de antaño, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero. Tal cual. A veces me pregunto qué popularidad habría alcanzado nuestro deporte en este país si el Madrid y el Barça no hubiesen creado una sección de baloncesto (perdón, quería decir si el Madrid y el Barça de fútbol no hubiesen decidido patrocinar a un equipo de baloncesto, en qué estaría yo pensando): probablemente hoy no sería más popular que el balonmano, el voleibol o el waterpolo, por más que me duela reconocerlo. Como me pregunto también (soy muy de preguntarme cosas; mis dudas, ya saben) qué sucedería si se diera aquella hipótesis que les planteaba más arriba, si Madrid y Barça se integraran en una Euroliga cerrada que les obligara a dejar la liga doméstica. Si aún con ellos (y aún con el futbolerismo y el madribarçismo que nos meten hasta en la sopa nuestros medios) nos cuesta tener visibilidad, pues imagínense sin ellos: probablemente caeríamos en el ostracismo más absoluto, probablemente nuestra repercusión se asemejaría a la de la LEB. Tan triste como cierto.

Para el final dejó mi ínclito contertulio su última andanada, ni que decir tiene que tan sutil como las anteriores: …a muchos no los convenceré (tampoco lo pretendo) y otros entrarán en esa categoría moderna de “haters” que su principal objetivo es ver a uno de los dos finalistas fuera de los títulos sin entrar en más profundidades (seguramente estén ocupados viendo otras cosas porque su equipo hace ya mucho que acabó la liga), (…) y quién no quiera verlo, pues nada, que siga con su “postureo” mientras ve una de las mejores finales posibles. Cómo no, un ganador como él (tanto más este año) no podía dejar pasar la oportunidad de restregarnos a los demás nuestra condición de perdedores, hasta ahí podíamos llegar. Es curiosa la vida. Habrá haters, no les digo yo que no, pero yo más bien pertenezco a esa otra categoría de perdedores que podríamos denominar perdedores gilipollas (no hace falta que me pongan adjetivos, ya me los pongo yo solo), que es como ser perdedores por partida doble: tan gilipollas como para alegrarme muy sinceramente con algunas victorias europeas de los ganadores;rmeuroliga alegrarme incluso más que algunos (sólo algunos) que se pasaron años deseando que perdiera su propio equipo para que echaran al coach; alegrarme incluso más que algunos (sólo algunos) que (de tan ganadores como son) cuando ganan de verdad ni siquiera saben cómo disfrutarlo, todos esos para quienes la victoria es más un alivio que una alegría en palabras de su propio entrenador. Alegrarme por lo bien que me cae su (otrora vilipendiado) técnico, por la debilidad que siento por cierto jugador, por lo que sea. Alegrarme muy sinceramente porque me gusta el baloncesto aún por encima de cualquier color, de sobra lo saben un montón de madridistas de bien que tienen la insana costumbre de leerme y de aguantarme, si ahora el listo de turno lo quiere llamar postureo llámelo como le plazca pero le aseguro que es la pura verdad. Aunque hoy, a la vista de ciertas actitudes, casi me arrepienta de haberme alegrado tanto.

Así que al parecer yo debería haber estado ocupado viendo otras cosas porque mi equipo hace ya mucho que acabó la liga, y sin embargo vi y disfruté la Final como el que más, acaso más que el que más porque me daba igual cómo acabara, porque la habría disfrutado igualmente si el resultado hubiera sido otro. Y sin embargo algunos que estaban predestinados para disfrutar esta final prefirieron no disfrutarla, ya ven lo que son las cosas. Les contaré una historia absolutamente verídica, que tiene que ver con un compañero de trabajo del que les he hablado alguna vez: justo ese que es casi el único con quien puedo hablar de baloncesto, justo ese que alguna vez (con toda la buena intención del mundo) viene a comentar conmigo el partido de la noche anterior sin saber que yo aún lo tengo grabado esperando para poder verlo. No escribiré su nombre completo no vaya a ser que alguna vez le dé por guglearse y se encuentre con lo que no se espera [Él no sabe que tengo este blog ni puñetera falta que le hace, procuro mantener a rajatabla la separación entre mi vida laboral y mi vida virtual no vaya a ser que algún día mi jefe me encuentre blogueando o tuiteando en horas de servicio; sólo una vez un par de compañeros me pillaron un artículo publicado en otro lugar con mi nombre y mis dos apellidos, mi buen disgusto me costó pero la cosa no pasó de ahí], sólo diré (para añadir verosimilitud al relato) que sus iniciales son JMPG y que es quien lleva (muy bien por cierto) los asuntos informáticos de mi oficina. Baloncestero sin exageraciones (es decir, que le gusta esto pero no es un enfermo como el que suscribe), madridista sin forofismos ni fanatismos, de esos capaces de ver por igual la paja y la viga, en el ojo propio o en el ajeno. Un gusto hablar de baloncesto (y de cualquier otra cosa) con él.

Bueno, pues JMPG vino a mi despacho al día siguiente de acabar la semifinal Barça-Unicaja y me comentó que no pensaba ver la final Barça-Madrid. JMPG sólo deja de ver al Madrid de baloncesto por dos razones, porque sus múltiples obligaciones familiares se lo impidan o porque la tensión de los últimos minutos le haga dar la espalda al televisor, no lo vaya a pagar en salud. Y sin embargo en este caso resultaba evidente que su decisión no se correspondía con ninguno de esos dos motivos, era algo mucho más simple: de verdad, tío, no puedo ya con más Barça-Madrid, no aguanto más, todos los años lo mismo, la misma historia, las mismas tonterías, los mismos rollos, siempre igual, como si no hubiera más equipos, ya estoy cansao, de verdad…  Tal cual. Y hasta donde yo sé cumplió su palabra, no vio ninguno de los tres partidos ni vino a comentármelos ni fui yo tampoco a comentárselos a él. Ahora llamen también a esto postureo si así lo quieren, pero díganme antes qué necesidad tendría JMPG de posturear ante un compañero de trabajo al que ni le va ni le viene lo que haga con su vida. Y es que en el fondo es todo mucho más sencillo (y mucho más complicado, a la vez), en realidad las cosas no son sólo blancas y negras (o blancas y blaugranas, para el caso que nos ocupa), también las hay grises. Incluso en el propio blanco hay múltiples tonalidades de gris. Véase la muestra.

Que sí, que ya lo sé, que mi compañero es otra de esas excepciones que confirman la regla, que son muchos más los madridistas o barcelonistas jurboleros que sólo consideran a su equipo de baloncesto digno de ser mirado cuando se enfrenta al eterno rival. Algunos por lo que parece estarían tan felices con aquella ACB que imaginé para 2053 (en otro de mis habituales procesos de enajenación mental), una liga en la que sólo se enfrentaran chiquicientas veces al año Madrid y Barça con todos los demás equipos confinados en la LEB.vialibre Sería tal vez el sueño húmedo de ese futbolerismo mediático que sólo vive para el Clásico (para todos y cada uno de los Clásicos) como si cualquier otra realidad careciera de sentido. Pero como decía mi abuela, lo poco agrada pero lo mucho enfada. No es ya que este país sea muchísimo más grande que Madrid y Barcelona (afortunadamente), no es ya que en esas mismas ciudades haya también otras sensibilidades distintas a las oficiales, no es ya que en un montón de estadios y pabellones de nuestra geografía se coree ese estoy hasta los huevos del Barça y del Madrid… Es que incluso en algunos sectores (todavía muy minoritarios) de esas mismas aficiones comienzan a apreciarse ya algunos leves síntomas de saturación, algunos librepensadores capaces de ver que hay otros mundos (pero están en éste), que otras rivalidades también son posibles. Por algo se empieza.

No tengo la solución, ojalá la tuviera. Eso sí, algo me consuela (mal de muchos…) saber que otros no es ya que no vean la solución sino que ni siquiera ven el problema. Yo al menos tengo claro que esta desigualdad entre ricos (dos) y pobres (el resto, con matices) está matando (si no la ha matado ya) a la gallina de los huevos de oro, o quizá sería más propio decir a la marmota de los huevos de oro dadas las circunstancias (ya sé que las marmotas no ponen huevos, es sólo una licencia poética). En apenas diez o doce meses (o diez o doce años, o diez o doce siglos) nos encontraremos aquí de nuevo repitiendo como papagayos (como marmotas) que el Madrid y el Barça volvieron a encontrarse en la final de Liga, en la de Copa, en la de Supercopa y en la de la Recontracopa si la hubiere, que volvió a ser nombrado Entrenador del Año el técnico del primer clasificado en temporada regular, que las audiencias siguieron cayendo hasta el infinito y más acá (¿pararán en el cero o llegará incluso el día en que alcancemos audiencia negativa, desafiando así las más elementales leyes de la física?), que Burgos volvió a ascender un año más a la ACB para quedarse finalmente en LEB… O no, o quizá esto último no suceda, que toda paciencia tiene un límite y en esa recia capital castellana parecen haberlo sobrepasado con creces. Pero ésa (la de Burgos, la Ourense, la de…) es ya otra historia, y deberá ser comentada en otra ocasión.

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Publicado julio 5, 2015 por zaid en ACB

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