HECHOS OBJETIVOS, CONSIDERACIONES SUBJETIVAS   6 comments

Hecho objetivo 1: Una tibia mañana de finales de junio o comienzos de julio de 2014, no recuerdo la fecha con exactitud ni ganas tengo de buscarla, un señor muy principal salió a la palestra para anunciar que otro señor aún más principal (el más Principal de todos, de hecho) había decidido renunciar a su magna Principalidad en beneficio de su hijo, proceso democrático donde los haya que en el argot monárquico suele ser conocido como abdicación. Ni que decir tiene que la noticia corrió como un reguero de pólvora (metáfora siempre muy socorrida en estas situaciones) dando lugar a lo largo de aquella mañana a toda clase de dimes, diretes, chismes, chanzas y chascarrillos en las redes sociales en general y en la cosa ésa del Tuiter en particular.pabellón-príncipe-felipe Recuerdo bien algunos de ellos, provenientes de Cáceres y Zaragoza, planteándose medio en broma medio en serio que ahora de repente tenían un problema ya que la denominación de su estadio y pabellón (respectivamente), de nombre Príncipe Felipe, acababa de quedarse obsoleta por el peso mismo de la historia, porque en apenas unos días el susodicho Felipe perdería ya para siempre su principesco rango al ascender en el escalafón.

Hecho objetivo 2: Apenas cuatro meses más tarde, el lunes 20 de octubre de 2014, se nos fue José Luis Abós. La noticia (no por esperada menos amarga) nos dejó hechos polvo a todos los que amamos este deporte, no digamos ya a todos los aficionados de su equipo de siempre, de su CAI Zaragoza de toda la vida. Pasadas las primeras horas de desolación poco a poco una campaña fue tomando forma, una petición que parecía tener todo el sentido del mundo: que el pabellón de su equipo llevara su nombre, que perdiera de una vez por todas su obsoleta denominación principefelipesca para homenajear como se merecía al técnico que había hecho historia en el baloncesto de su ciudad. Cuentan que se recogieron más de 15.000 firmas, supongo que la gran mayoría en la propia Zaragoza pero créanme que no todas, créanme que hubo baloncesteros de otros lugares que sin ser necesariamente caístas ni zaragozanos ni zaragocistas se adhirieron gustosos a la campaña. Créanmelo, porque yo fui uno de ellos…

Hecho objetivo 3: Pocas semanas más tarde la petición llegó al Ayuntamiento de la ciudad. No diré que había un clamor social (porque no me gusta la expresión, porque me pilla lejos, porque no soy quién para decirla) pero sí que se percibía ya para entonces, aún desde la distancia, una cierta sensibilidad a favor del cambio. Vamos, que parecían darse todos los pronunciamientos favorables… excepto uno: la corporación municipal se hallaba gobernada por unas gentes de Rancio (muy rancio) Abolengo, sumamente respetuosas con todo lo que signifique tradición (cualquier tradición), boato, pompa y circunstancia, sumamente reacias a todo lo que signifique cambio, tanto más si éste afecta a nuestros más acendrados principios, tanto más si éste afecta (siquiera tangencialmente) a nuestra más sacrosanta Institución.firmas-pabellón-josé-luis-abós Vamos, que fue que no, por dios santo, por dios bendito, tocar siquiera un pelo a la Corona, a quién se le ocurre, sólo faltaría, hasta ahí podíamos llegar. Y los aficionados al baloncesto nos quedamos con un palmo de narices, y los proponentes plegaron velas a la espera de una mejor oportunidad.

Hecho objetivo 4: el pasado 24 de mayo de 2015 se celebraron en nuestro país unas elecciones municipales y autonómicas que propiciaron que el mapa del poder cambiara de manera radical en numerosos pueblos y ciudades de nuestra geografía, Zaragoza entre ellas. Razón por la cual los proponentes de la campaña volvieron a la carga, ahora además con renovadas fuerzas ante el hecho de que la formación que se postulaba para gobernar el ayuntamiento de la ciudad llevaba en su programa, entre otras muchas medidas, la del cambio de nombre del Pabellón Príncipe Felipe por el de Pabellón José Luis Abós.

Hecho objetivo 5: hace algunas semanas, en otra populosa ciudad bañada por el Mediterráneo y situada unos cuantos kilómetros hacia el nordeste, la junta de gobierno de su corporación municipal (prima-hermana de la de Zaragoza, por así decirlo) decidió retirar de sus instalaciones un busto del ex Rey que ya no es rey aunque aún siga ostentando el título de Rey (por paradójico que ello resulte). Puede parecer que esto no guarda relación alguna con todo lo anterior (y de hecho no debería de guardarla) pero por desgracia sí la tiene, como podrán comprobar de inmediato en el párrafo siguiente.

Hecho objetivo 6: Hace muy pocos días la corporación zaragozana, en cumplimiento de su mandato electoral, decidió finalmente proceder al cambio de nombre, por lo que el pabellón pasó a llamarse José Luis Abós. Todo lo cual debería haber sido (y así fue, de hecho) motivo de dicha y regocijo para los aficionados zaragozanos en particular y los de toda España en general… al menos hasta que los del Rancio Abolengo (y Allegados, y algún otro que pasaba por ahí) emergieron de nuevo para decirnos que no, que no nos confundamos, que lo que allí se había hecho no era el merecido reconocimiento a un entrenadorcomunicadoCAI sino un acto meramente político, una afrenta intolerable, otro atentado cometido por el populismo comunista bolivariano (o comunismo bolivariano populista, o bolivarianismo populista comunista, no sé, yo es que me lío con estas cosas) que, sumado al descrito en el párrafo anterior, sólo pretendería atacar a la Institución Monárquica y socavar las raíces mismas de nuestra convivencia democrática. O algo así.

Hecho objetivo 7: Y cómo sería la cosa, que muchos que de entrada se alegraron legítimamente porque el pabellón pasara a llamarse José Luis Abós luego plegaron velas no fuera a ser que se estuvieran alegrando de lo que no debían, no fuera a ser que les tacharan de desafección, extremismo, incluso algo peor. Y cómo sería la cosa, que hasta el propio CAI Zaragoza sacó una nota en la que dice ser consciente de la división que ha podido generar la decisión municipal en la afición caísta, afirma que lamenta profundamente la instrumentalización que está sufriendo en en los últimos días el nombre y la memoria de José Luis Abós y concluye que no puede estar de acuerdo con este cambio de nombre y confía en que se busquen, a la mayor brevedad, soluciones alternativas que permitan terminar con una polémica que no beneficia a nadie. O dicho de otra manera: el propio CAI Zaragoza al que hizo grande José Luis Abós reniega públicamente de que su pabellón pase a llamarse José Luis Abós, amparándose en la utilización política que se estaría haciendo del nombre de Abós. Acabáramos.

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Consideración subjetiva 1: No soy precisamente monárquico, lo mismo ya me lo habrán notado. Acato, acepto y respeto a dicha Institución, porque no me queda otra y porque entiendo que ese debe ser el sentir mayoritario de mis conciudadanos (al menos en base a lo que éstos votan, aunque tampoco estaría de más que nos lo preguntaran directamente alguna vez). Pero no me pidan además que la comparta. Dicho lo cual, me gustaría dejar claro que mi coronafobia (por llamarla de algún modo) no tiene nada que ver con esto, que mi vinculación con este asunto no tiene relación alguna con el nombre saliente (con el que llevo conviviendo sin problemas media vida) sino con el entrante. Quiero que el pabellón se llame José Luis Abós, y me da igual cómo se llamara antes. Si en vez de Príncipe Felipe se hubiera llamado Pabellón del Ebro, Virgen del Pilar, Cierzo del Moncayo, Agustina de Aragón o Perico de los Palotes (por citar sólo las cinco primeras ocurrencias que se me han venido a la cabeza) pensaría exactamente lo mismo.

Consideración subjetiva 2: Es bien cierto (y bien triste) que se ha utilizado políticamente el nombre de Abós. Pero me gustaría saber por qué la carga de esa presunta utilización política recae exclusivamente sobre aquellos que pusieron su nombre al pabellón (asumiendo un compromiso adquirido previamente, no lo olvidemos) y no sobre aquellos que ante tan previsible decisión reaccionaron como si les hubieran mentado a la madre, como si su único objetivo no fuera reconocer merecidamente una trayectoria sino deslegitimar como fuera la opción de enfrente utilizando todos los medios a su alcance para ello. Éticos o no, total eso qué más da.

Consideración subjetiva 3: Y es aún mucho más triste que si el pabellón polideportivo de Zaragoza no se hubiera llamado Príncipe Felipe sino (pongamos por caso) Ramón J. Sénder, Luis Buñuel o José Antonio Labordeta a nadie le habría importado una mierda el cambio de denominación, y ello a pesar de ser todos ellos (y tantos otros que me olvido) aragoneses ilustres que bien merecerían no una sino unas cuantas instalaciones puestas a su noabos felipembre. No nos engañemos, no les preocupa la denominación que se da sino la que se quita, no les importa un pimiento Abós por más que se quejen de su instrumentalización como si en verdad les importara, como si no estuvieran instrumentalizando igualmente ellos mismos la figura de Su Majestad aún en su desfasada condición de príncipe. Ya que tanto le veneran quizá convendría recordarles algún mandamiento, no tomarás el nombre del Rey en vano. La hipocresía al poder.

Consideración subjetiva 4: Y es aún más triste si cabe que si esta decisión de cambiar de nombre al pabellón la hubieran tomado los del Rancio Abolengo (o cualesquiera otros de-los-de-toda-la-vida) nadie le habría puesto pegas, es más, todo dios la habría visto como algo lógico y natural, remplazar un nombre desactualizado a la par que rendir merecido homenaje a quien había contribuido a engrandecer en gran medida el deporte zaragozano y aragonés, simplemente eso, ni más ni menos. Con razón me enseñó (sin querer) mi abuela que el que una cosa esté bien o esté mal no depende de la cosa, depende de quién la haga. Es triste pero es así, si no se lo creen no tienen más que ver las noticias o mirar simplemente a su alrededor, encontrarán miles de ejemplos al respecto, éste es sólo uno de ellos. Uno de tantos.

Consideración subjetiva 5: Claro que si de tristeza hablamos, la palma (en lo que a mí respecta) se la lleva esa actitud del CAI que no acabo de entender (o quizá sí, y por eso me entristece más todavía). Supongo que puede más la necesidad de quedar bien con todo el mundo (con todo el poder, mejor dicho), supongo que CAI Zaragoza no es sólo un equipo de baloncesto sino también (y sobre todo) la entidad financiera que lo respalda, esa Caja de Ahorros de la Inmaculada en cuyo consejo de administración no faltarán intereses políticos y/o económicos sumamente próximos a ese Rancio Abolengo del que hablábamos. Todo lo que ustedes quieran, pero el comunicado podría haber sido exactamente igual de duro con la instrumentalización de la memoria de Abós sin necesidad de tener que renegar de ese cambio de nombre, sin dejar de sentirse orgullosos de que el pabellón en que juegan lleve por fin su apellido, sin pedir que se busquen soluciones alternativas, sin que parezca una bajada de pantalones en toda regla. No sé cómo lo verán los aficionados del CAI (habrá de todo como en botica, imagino) pero a mí, desde la distancia (desde la ignorancia) me genera una inmensa decepción.

Consideración subjetiva 6: En este país solemos perder el culo para poner nombres de prebostes, dirigentes, mandatarios y demás autoridades a cualquier estadio que se precie, Bernabeu, Calderón, Sánchez-Pizjuan, Villamarín, Tartiere, Belmonte, Carranza, Rico Pérez, Rodríguez López, en otro tiempo también Sitjar, Casanova, incluso Ruiz de Lopera. En cambio poner nombres de deportistas a los escenarios deportivos nos cuesta un mundo, ya ven qué casualidad, Alfonso Pérez en Getafe, Fernando Martín en Fuenlabrada y casi pare usted de contar. Somos así por naturaleza, genuflexos ante el que manda, mezquinos con el que se lo curra. Si hasta fracasó el intento de poner el nombre de un futbolista recién fallecido a un estadio recién estrenado, y ello aún a pesar de que aquel estadio aún no tenía nombre ni perspectiva alguna de tenerlo a corto/medio plazo… Qué quieren que les diga, durante años llevé con amargura y resignación (y hasta un puntito de vergüenza) que el estadio de mi equipo futbolístico se llamara Teresa Rivero, hoy llevo con muchísimo orgullo que se llame simplemente Campo dpabellon abose Fútbol de Vallecas, pero créanme que aún más orgulloso me sentiría si alguien se propusiera rebautizarlo como Estadio Wilfred Agbonavbare por ejemplo. Como me siento a día de hoy inmensamente orgulloso (como mero aficionado al baloncesto) de que ese pabellón del CAI por fin se llame José Luis Abós. Le pese a quien le pese.

Consideración subjetiva 7: Obviamente no conozco a Don Felipe, ni puñetera falta que me hace. Pero quiero pensar (por su intachable formación, por su tan cacareada preparación) que es una persona (sí, aunque parezca mentira algunos reyes también son personas, aunque no siempre lo parezcan) lo suficientemente sensible como para hacerse cargo del problema y entender perfectamente su solución. O dicho de otra manera, que si alguien le explicara mínimamente quién fue Abós (en el supuesto de que no lo sepa ya) probablemente él sería el primero en aprobar con todos los pronunciamientos favorables este cambio de nombre (y tanto más estando obsoleto el anterior). Somos así por estos pagos, más papistas que el Papa, más monárquicos que el Monarca mismo. Con dos cojones. Definitivamente, no tenemos, nunca tendremos remedio.

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6 Respuestas a “HECHOS OBJETIVOS, CONSIDERACIONES SUBJETIVAS

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  1. Impecable análisis. Soy zaragozano en el exilio y caísta de corazón. Siento mucha vergüenza por muchas cosas que han pasado, pero sobre todas por la actitud del club.

  2. Nada más que añadir. Chapeau, de verdad. Muchas gracias por entender los sentimientos de los caistas. En Basket y Punto hicimos también un artículo sobre este tema que te dejo por si lo quieres leer: http://wp.me/p49r2s-7D

    • Mil gracias, bienvenido a tu casa. Gran artículo el vuestro, muy de acuerdo en todo… y muy especialmente en lo que se refiere a la nota del CAI. Si a mí (desde lejos) me ha dolido, no quiero ni pensar cómo os habréis sentido muchos caístas al respecto. Es lo que comentábamos, podrían haber sacado prácticamente la misma nota quejándose de la utilización y la instrumentalización… pero sin renegar del cambio de nombre, es más, sintiéndose muy orgullosos de que el pabellón por fin se llame José Luis Abós. Con que se hubieran ahorrado esa frase habría bastado… Alguien en Twitter habló de cobardía, reconozco que no me atreví a utilizar ese término en mi artículo pero sí creo que algo de eso hay: esa necesidad de estar siempre a bien con el Poder, no con el eventual poder municipal sino con el PODER con mayúsculas de toda la vida, no vaya a ser que luego nos señalen, nos etiqueten de, nos nieguen alguna ayuda, etc. No me atreví a hablar de cobardía pero sí hablé de bajada de pantalones, que supongo que en el fondo viene a ser lo mismo… Muy triste.

      • Ahí esta la clave. Ese mismo comunicado sin renegar del nombre hubiese sido lo correcto. Además, cuando una semana antes habían publicado que era un honor el cambio… pues algo no cuadra ahí. Muy triste todo el circo que se ha montado. Ojala ni tú ni nuestra web tuviera que estar escribiendo sobre este tema 😦

  3. Pingback: ME SOBRAN LOS MOTIVOS | ZAID ARENA

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