Archivo para septiembre 2015

APUNTES TRAS EL EUROBASKET   Leave a comment

Tras la tempestad llega la calma, tras los excesos viene siempre la resaca, tras el delirio toca ya la mesurada reflexión. Eso es lo que intentaré (otra cosa será que lo consiga) durante estos próximos párrafos, desentrañar diversos aspectos de este pasado Eurobasket, acaso el más feliz que jamás nos haya tocado vivir. Acompáñenme pues si así lo quieren, y mil gracias de antemano por su paciencia y por su amabilidad.

1. Algunos sabrán que un mes antes del Eurobasket me desahogué (como suelo hacer verano tras verano) con la gira de (presunta) preparación de nuestra selección, esa cosa ñoña que llamamos Ruta Ñ. Ni que decir tiene que a la vista de los resultados obtenidos queda científicamente demostrado que yo estaba equivocado, que debería cortarme las manos antes de teclear, que tendría que pensármelo dos veces a la hora de escribir dado que luego los hechos acuden tozudos a quitarme la razón (y yo tan contento de que me la quiten, no vayan a pensar). Lo reconozco, me han dejado casi sin argumentos, pero aún así me gustaría explorar un poco en ese casi: sigo pensando (no escarmiento) que nuestra preparación no prepara, que el resto de equipos llegaron al Eurobasket preparados mientras nosotros llegamos blandos y fofos, que la primera fase de la competición (es decir, el grupo de clasificación propiamente dicho) volvió a ser nuestra verdadera fase de preparación. Recuerden que en 2009 estuvimos a tres minutos de que Gran Bretaña (¡¡¡Gran Bretaña!!!) nos dejara últimos de grupo y fuera de los doce mejores del Torneo, reccalendariouerden que en este 2015 estuvimos a un tiro libre de Schröder de que Alemania nos dejara penúltimos de grupo y fuera de los dieciséis mejores de la competición. Jugamos con fuego y como no nos quemamos salimos fortalecidos, es bien sabido que lo que no te mata te hace más fuerte. Pero ya dijo la DGT que las imprudencias se pagan, de tanto acercarnos a las llamas llegará un día en que no nos dé tiempo a escapar.

2. O quizá sea todo mucho más sencillo que todo eso, a lo mejor es que Sáez y sus secuaces son unos putos genios a pesar de que algunos descreídos aficionados seamos incapaces de darnos cuenta: nosotros llegamos al Eurobasket fuera de punto, cogemos el tono según avanza la competición, nos salvamos de milagro y de esta manera llegamos al momento culminante del Torneo en nuestro pico máximo de forma. El resto en cambio llegan al Torneo tras una magnífica preparación, juegan el grupo en su pico máximo de forma y cuando luego llegan al momento culminante de la competición ya están en declive, físico y/o psicológico. Ellos van p’abajo y nosotros p’arriba, que diría un abuelo (sólo que al revés). Está tó pensao. Reconozcámoslo, asumamos nuestro error, repitamos todos a coro aquella vieja máxima del libro gordo de Petete (si es usted tan insultantemente joven que no sabe quién fue Petete consulte a sus progenitores, que algo podrán ilustrarle al respecto), la Ruta Ñ te enseña, la Ruta Ñ entretiene, y yo te digo contento, ¡hasta el verano que viene!

3. Más de lo mismo: en algún momento me reprocharon también (tuiter mediante) que no serían tan malos nuestros rivales en la gira si al fin y al cabo tres de ellos habían alcanzado los octavos de final. Pues no, tan malos no eran… pero tan buenos tampoco, no vayan a pensar: Bélgica efectivamente se metió en octavos de final, para caer luego de 21 ante Grecia. Y Polonia efectivamente se metió en octavos de final, para caer luego de 14 ante nosotros mismos (y eso que sólo jugamos un cuarto). La barrera que separa los octavos de los cuartos de final es la que separa a los (relativamente) buenos de los grandes, o de los que están en el camino de serlo. Y eso es precisamente lo que yo eché de menos en la dichosa Ruta Ñ, que hubiera equipos más o menos buenos (o aceptables, si acaso) pero apenas ninguno verdaderamente grande. Claro que a la vista de los resultados no descarten que para la próxima Ruta Ñ nos ¿enfrentemos? a Luxemburgo, Andorra, Liechtenstein, Islas Feroe, San Marino y Ciudad del Vaticano como mejor manera de conseguir una óptima preparación para Rio 2016. Y a ver quién tiene huevos para reprochárselo al sumo hacedor Don José Luis Sáez. Yo no, desde luego…

4. Me he dejado expresamente para otro párrafo a la República Checa (Chequia para los amigos), la única que sí trascendió ese escalón entre buenos y grandes. El delicioso equipo de Satoransky, Vesely, Schilb, Pumprla o Jelinek (también de los eternos Yirigüé y Lubos Barton, aunque éste mirara más que jugara) practicó un magnífico baloncesto, humilló a Croacia, puso en serios aprietos a Serbia (aunque el marcador final pareciera desmentirlo) y finalmente destrozó a Letonia en su camino hacia un merecido Preolímpico. Todo lo cual demostraría una vez más que nuestra preparación fue buenísima de la muerte ya que incluyó a rivales de una calidad insospechada… si no fuera por el pequeño detalle de que también puede interpretarse exactamente al revés, a poco que fuéramos capaces de mirarlo no necesariamente desde nuestro ombligo sino desde el ombligo checo: salieron de casa, se enfrentaron a grandes equipos como el nuestro y ahí están sus resultados. Todo es según el color del cristal con que se mira, una vez más.

5. Les pondré otro ejemplo, sin abandonar la dichosa Ruta Ñ pero saliendo momentáneamente del continente para la ocasión: Venezuela. Venezuela fue con mucho el rival más duro que nos encontramos en la gira, entonces pensamos que era demérito propio pero hoy sabemos que también fue mérito ajeno. La Vinotinto se proclamó campeona del FIBA Américas tumbando en la Final a Argentina y tras haber dejado por el camino a la rutilante Canadá (inolvidable semifinal), a la anfitriona México, a la Puerto Rico de Pitino, a la República Dominicana y hasta a la patética Brasil. ¿Cómo explicar el prodigioso milagro venezolano (tanto más sin Greivis), más allá de unos buenos (pero no extraordinarios, en absoluto) jugadores y del magnífico trabajo del Che García como seleccionador? Pues déjenme que les diga que en América lo tienen clarísimo, la clave fue (lo leí más de una vez en estos días) que no se limitaron a quedarse en el continente haciendo bolos como todos los demás, sino que cruzaronvenezuela-campeon-del-fiba-americas-1442135054986 el charco y se vinieron a Europa para contrastar sus fuerzas contra equipos de (aparentemente) superior nivel. Es decir, en la otra esquina del mapa siguen pensando que una buena preparación (rivales fuertes, a domicilio, recreando las condiciones adversas que habrás de encontrarte después) sigue siendo clave para el éxito en cualquier competición. Aunque nosotros creamos haber demostrado lo contrario.

6. Ya que estoy en América me van a permitir que establezca dos paralelismos: el primero, evidente, entre las dos generaciones que han iluminado al baloncesto FIBA durante la primera década y media del presente siglo: Argentina, como España, triunfó en su Torneo de las Américas (el mero hecho de clasificarse para los Juegos ya fue triunfar, aunque luego perdieran la Final) cuando nadie daba ya un duro por ella, Argentina como España ilustró aquella vieja máxima, nunca subestimes el corazón de un equipo campeón. El corazón de Argentina es Scola y el Chapu, el de España Pau y Felipe, cuatro tíos al borde de la jubilación jugando como si no hubiera un mañana, como si les fuera la vida en ello, como si fueran yogurines ansiosos de ganarse un contrato. Más allá España aún tiene generación intermedia (el Chacho, Rudy, Llull, Marc y Ricky cuando vuelvan) mientras que Argentina la tiene emergente (Campazzo, Laprovittola, Garino, Delía), cuando el pasado finalmente sea pasado a España aún le quedará presente, a Argentina en cambio le quedará futuro, un futuro que habrá de ser presente más pronto que tarde. Pero hoy por hoy, en pasado, presente y futuro, Argentina y España siguen siendo vidas paralelas. Ojalá sigan siéndolo por mucho tiempo.

7. Y el otro paralelismo representa exactamente todo lo contrario, Canadá y Croacia, dos selecciones de inmenso talento, de aún más inmenso potencial… pero de absolutamente nada más, por ahora. La Canadá de (el hierático) Wiggins, de Stauskas, de (el insufrible) Bennett, de Olynyk, de tantos otros y de todo lo que aún vendrá (apunten el nombre de Jamal Murray); la Croacia de Herzonja y Saric, de Bojan Bogdanovic y Tomic, también de Roko Ukic para su desgracia (cuánto ganarían con un base mínimamente decente). Nombres y más nombres, futuro y más futuro sin el menor atisbo de presente. Canadá y Croacia no fueron equipos sino bandas, lo suficiente como para lograr el dudoso honor de ser el principal fracaso de sus respectivas competiciones (a Turquía a estas alturas ya no la considero como fracaso, simplemente son así), algo que habrá que anotar en el debe de sus respectivos (a par que prestigiosos) técnicos, esos Triano y Perasovic que por más vueltas que le dieron a los mimbres nunca fueron capaces de hacer el cesto. El futuro será suyo, no digo yo que no, pero no vendrá solo. Mucho tendrán que trabajar para conquistarlo.

8. Vuelvo a casa, para hacer examen de conciencia y propósito de enmienda. He sido crítico en muchísimas ocasiones con Víctor Claver (si hasta una vez le versioné la copla más emblemática de toda tuna que se precie, Claverito de mi corazón), he sido aún más crítico con quienes se empeñaron una vez tras otra en llevar a Claver con el socorrido argumento de no tener otro jugador de sus características, total para luego dejar sistemáticamente al susodicho (y a sus características) haciendo bulto en el banquillo. Bueno, pues ya no. Claver nunca se comerá el mundo, nunca será un jugador agresivo ni determinante en ataque (más allá de su aceptable muñeca y sus envidiables condiciones físicas) pero por fin hemos descubierto todo el partido que se le puede sacar en defensa. Entre otras cosas porque es bien cierto que no tenemos otro jugador de sus características, pero es aún más cierto que por fin hemos decidido aprovechar dichas características. Vale, Pau se salió, el Chacho dirigió, Felipe se pegó, Llull la rompió, Rudy defendió… pero sin la aportación de Claver reboteando y fajándose con treses y/o cuatros abiertos quizás no habríamos ganado a Grecia, muy probablemente tampoco a Francia, vaya usted a saber si hasta lo habríamos pasado mal con Lituaclaver greciania (y al contrario, quién sabe si no habríamos salvado la papeleta ante equipos abiertos por antonomasia como Serbia o Italia, de haber osado darle algo de bola). Claver existe (como Teruel), nos ha costado enterarnos pero ahora ya lo sabemos, por fin somos conscientes de todo lo que puede darnos a este otro lado del banquillo. Esperemos (por la cuenta que le tiene, pero también por la que nos tiene) que en Rusia encuentre por fin todos esos minutos que no tuvo en Portland, todos esos que hasta hace cuatro días tampoco tuvo en la selección.

9. Fue un fenómeno realmente sorprendente, como si eclosionaran y emergieran todos a la vez tras un duro año de hibernación. Aún no se había consumado aquella primera derrota contra Serbia y ya estaban todos aflorando cual setas en otoño, pues con Orenga fuimos bronce en 2013 y eso que no estaba Pau (cierto, no estaba Pau, tan cierto como que sí estaban Marc, Calde o Ricky; todos los cuales, más Navarro, Ibaka y hasta el propio Pau, sí volvieron a estar un año después, en esa penosa derrota contra Francia que curiosamente se les olvidó reivindicar). Contra Turquía se callaron por la cuenta que les tenía pero contra Italia volvieron a la carga, y esta vez ya con renovados bríos. No es que fueran muchos, más bien todo lo contrario, apenas cuatro gatos movidos acaso por un legítimo sentimiento de amistad y/o compañerismo hacia el susodicho. Ni que decir tiene que tras aquel partido contra Italia ya no volvieron a aparecer jamás, ni siquiera cuando rozamos la catástrofe ante Alemania o cuando coqueteamos con ella ante Polonia, una pena porque habrían animado mucho el cotarro en esas señaladas fechas. Ahí quedarán, hibernando de nuevo, a la espera de que en años venideros se les presente una nueva oportunidad.

10. Lo diré una vez más, porque lo cortés no quita lo valiente: me cae bien Orenga. Me cae bien como me caen bien muchas personas con las que sin embargo no trabajaría jamás, del mismo modo que hay muchos seres que me encanta cómo trabajan y con los que sin embargo no me iría jamás de copas. Me cae bien Orenga y me parece muy bueno en lo suyo… sea lo que sea lo suyo: quizás la pedagogía (cualquiera que alguna vez le haya escuchado explicar jugadas no dudará de sus condiciones al respecto), quizás la formación de chavales, quizás incluso los comentarios televisivos (aquel año que estuvo haciendo NBA en el Plus cumplió con creces: no tenía ni puñetera idea de NBA, pero al menos sabía de baloncesto). Lo que sea. No sé qué es lo suyo, sólo sé que lo suyo NO es entrenar, no al menos en la élite, no a un equipo profesional de alto nivel. Y no pasa nada por reconocerlo y asumirlo, no todos valemos para todo ni puñetera falta que nos hace. A usted le puede gustar mucho la música, puede saber un huevo de música, puede hasta hacer sus pinitos como instrumentista pero eso no significa que le vayan a dar una oportunidad en la Filarmónica de Viena (y si lo hacen, en el pecado llevarán la penitencia). Pues esto es lo mismo. Dejen ya de defender a Orenga que además es mayorcito (y bien grande) para defenderse solo, que trabajará en lo que tenga que trabajar pero que habrá de asumir tarde o temprano que lo suyo no es entrenar. Ni falta que le hace.

11. Y sobre todo: dejen ya de defender a Orenga como si la culpa de lo sucedido hace un año fuese de Orenga, y no de quien puso a Orenga. Entre 2009 y 2012 la selección funcionó con una buena dosis de autogestión, y como todo fue bien alguien (llamado Sáez) decidió que había que llevar ese modelo hasta el extremo: a falta de Scariolo nombremos un hombre de paja y que los niños se entrenen solos, cuanto más solos tanto mejor. Pero esto es como decía mi abuela, que lo poco agrada pero lo mucho enfada. Una cierta dosis de autogestión puede salir bien, siempre y cuando en los momentos cruciales tengas un asidero al que agarrarte. La autogestión absoluta acabó en cambio como el rosario de la aurora, entre otras cosas porque cuando las criaturas no supieron qué hacer consigo mismas e imploraron ayuda sólo encontraron la mirada perdida de su (presunto) seleccionador. Fueron dos años sin ganar ni un solo final apretado, dos años de remar a favor de corriente pero sin saber dar ni una sola palada cuando las aguas nos bajaban del revés, dos años de oportunidades perdidas, acaso el 2013 tuviera un pasar pero el 2014 quedará ya para la historia como el ejemplo perfecto de lo que pudo haber sido y no fue. Eso sí, del caos nace el orden (dicen), siempre podremos pensar que sin aquella aciaga noche de 2014 nada habría sido igual en este Eurobasket 2015. Y puede que sea verdad.

12. Quede en cualquier caso científicamente demostrado que tener un entrenador suele ser mejor que no tener ninguno. Puede que Sergio Scariolo no sea su técnico preferido, de hecho yo mismo habré de confesar que nunca fue santo de mi mayor devoción. Pero es un buen entrenador, alguien a quien poder encomendarte si las aguas bajan turbias, si el talento no te llega y necesitas además una buena dosis de dirección.scariolo-afp-final--644x362 Su preparación de estos tres últimos partidos (cegando ventajas, opacando estrellas rivales, rotando con equilibrio, minimizando virtudes ajenas a la par que potenciando las propias, soslayando nuestras evidentes deficiencias en el rebote, no digamos ya en el tiro exterior) fue sencillamente impecable, ayudada además por unos jugadores que por fin parecieron olvidarse de veleidades autogestionarias y tuvieron meridianamente claro que esta vez estaban en buenas manos. Sale Scariolo reforzadísimo de este Eurobasket, no ya ante sus jugadores ni ante sus jefes sino también (y sobre todo) ante su público, todos esos aficionados que en su día echaron pestes de él y hoy por fin ya han (hemos) entendido que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, tanto más si lo malo no tenía nada de malo ni lo bueno de bueno, ni de coña. Y que los experimentos autogestionarios llevados al extremo casi mejor en casa y con gaseosa, mire usted. Esperemos que también lo hayan entendido en la FEB.

13. Los tiempos están cambiando, ya lo cantó Bob Dylan y llevaba toda la razón. A aquellos que nos criamos en el baloncesto de dos pívots por equipo fajándose unos con otros ya nos costó acostumbrarnos a (como a alguien le leí una vez) la mariconada esa del cuatro abierto, disculpen la vulgaridad. Bueno, pues si no quieres caldo toma dos tazas, ha sido acabar de acostumbrarnos al cuatro abierto (a la fuerza ahorcan) y que ahora llegue también el cinco abierto. Y porque no hay más. Ya sé, parece un poco prematuro afirmar esto tan categóricamente pero hay señales inequívocas de que los tiros van por ese lado. La primera se nos apareció hace unos meses y se llamaba Golden State Warriors, ganando un anillo y haciendo un maravilloso baloncesto por el camino. En cambio la segunda y la tercera se nos aparecieron hace unos días y se llamaban Serbia e Italia, ambos dos haciendo de la necesidad virtud, los unos por haberse quedado sin Marjanovic y los otros por no tener ni siquiera un cénter decente (hay que ver, con lo que han sido en ese aspecto). La receta estaba clara (siempre y cuanto tengas buenos tiradores, como es el caso), abrir el campo, Italia casi siempre, Serbia cuando descansaba Raduljica y juntaba a Bjeliça y Erceg. Sacas de sus casillas (literalmente, en sentido meramente físico) a los interiores rivales (y bien que nos lo hicieron pagar, por cierto), generas espacios, si puedes les crujes a triples, si no tienes vía libre para buscarte la vida en penetración, cuando quieran llegar las ayudas será ya demasiado tarde. Tampoco han inventado nada, en NCAA lo hace casi todo dios que no tenga un cénter dominante (y créanme que no abundan los cénters dominantes precisamente) pero hasta ahora casi nunca lo habíamos visto (o no tan frecuentemente, al menos), a este otro nivel. Aquello de que el baloncesto es un juego de espacios probablemente nunca fue más cierto que ahora mismo. Y más que lo va a ser, me temo.

y 14. Acabo (que ya está bien) con un tema recurrente de cada competición internacional de selecciones, juegos olímpicos aparte: el número de participantes. Qué quieren que les diga, a mí un Eurobasket de 24 equipos me parece una auténtica barbaridad, un delirio inabarcable, un sintentido. No hay en Europa tantas selecciones buenas, vamos que ni regulares siquiera. Si a mí 16 ya me parecían demasiadas, si 12 (y tirando por lo alto) me parecía el número ideal… ¿Son conscientes de que aumentando el número de participantes no hacen sino devaluar la competición? ¿o se trata más bien de que cuantos más participantes haya, más votos de agradecimiento se asegurarán luego cuando toque reelegirles? Porque si es por eso no se corten, no sean tímidos, de perdidos al río, o todos moros o todos cristianos (será por frases hechas), déjense de fases de clasificación que no hacen más que molestar, inviten para el próximo Eurobasket a todas y cada una de las selecciones que pueblan nuestro vasto continente, ahí es nada, un Campeonato de (pongamos) 50 equipos, pleno total de participación, y si sale con barba será San Antón y si no será la Purísima Concepción (esto último no sé qué quiere decir, pero queda bien ponerlo). Piénsenlo, sería además la coartada perfecta para que José Luis Sáez invitara por fin a su Ruta Ñ a todas esas selecciones que antes les dije, Andorra, Luxemburgo, Liechtenstein, las Feroe, San Marino, El Vaticano, todas ellas ya en la élite ya que esa parece ser la revolucionaria estrategia de FIBA, si tú no llegas a la élite ya nos apañaremos para que la élite llegue a ti, todo sea por tener a todos contentos. Saben que seguiremos tragando así que no lo duden, sigan en sus trece (o más bien en sus 24, o en sus 32, o en sus…), continúen empobreciendo y abaratando la competición. De nada.

(publicado originalmente en BASKET Y PUNTO)

EL BAILE DE LOS BANQUILLOS   Leave a comment

guiancaa1516Un año más, las buenas gentes de Basket Americano vuelven a publicar su imprescindible Guía NCAA, acaso la mejor publicación de baloncesto universitario en castellano que encontrarse pueda en todo el mundo mundial, y en la que de nuevo me han hecho el honor de ofrecerme que les emborrone unas cuantas páginas. Y este año además por si no querían caldo fui y les di dos tazas, además de aquella que les ofrecí hace unos días les endosé también esta otra que les muestro a continuación. Que les sea leve…

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Cada verano (y finales de primavera, y comienzos de otoño), la expresión coaching carousel se adhiere como una lapa a nuestras sufridas mentes de NCAAdictos, una manera como otra cualquiera (una más) de mantenernos ocupados durante esos consabidos siete meses de ayuno y abstinencia. Cada offseason nos entretenemos (amén de con recruits, transfers, JuCos y demás fauna) con las renovaciones, ceses, fichajes, suspensiones, idas y venidas de los sujetos mejor pagados (tampoco es que haya mucha competencia a ese respecto), las verdaderas estrellas de todo este tinglado colegial.

Claro está que hay veranos y veranos. Hay años en que los cambios pasan casi desapercibidos, dos o tres que de tanto perder acaban cayendo por su propio peso, otras tres o cuatro universidades que decidan reinventarse y lo demás ya saben, el lógico arrastre y corrimiento de cargos que todo ello pueda acarrear. Y hay en cambio otros años absolutamente luminosos, años en que los cambios tampoco es que sean muchos (nunca van a serlo, dada la idiosincrasia de la competición) pero sí bastantes y además espectaculares, lo suficiente como para poner el mapa entero (y a alguna que otra conferencia, de paso) del revés. No hará falta que le diga que éste es uno de esos años, no hará falta que le recuerde los principales cambios porque a estas alturas los sabrá usted ya de sobra pero aún así le pido que tenga la bondad de acompañarme durante los siguientes párrafos para hacer un somero repaso a las novedades más destacadas (sólo las más destacadas, no tema, no huya despavorido), para así estar ya al cabo de la calle cuando el balón eche a rodar…

Shaka Smart quizá sea una de las mejores cosas que le han pasado al baloncesto colegial durante estos últimos años. shaka texasMás allá de aquel insólito periplo (de First Four a Final Four) en 2011, su extenuante defensa y agresivo ataque convirtieron a la modesta (o casi) VCU en uno de los equipos más apetecibles de ver a nivel nacional. Era cuestión de tiempo que empezaran a lloverle ofertas, las cuales fue despreciando olímpicamente hasta que por fin recibió una imposible de rechazar: Texas acababa de despedir (meses después de renovarle) a Rick Barnes, que por más y mejores mimbres que hubiera tenido durante estos últimos años había sido incapaz de hacer un cesto mínimamente consistente. Dicho y hecho. Shaka viajó de Richmond a Austin, firmó su contratazo, se convirtió en Longhorn de-toda-la-vida y se puso a la tarea, y el resultado de todos sus desvelos podremos empezar a apreciarlo ya en los próximos días. ¿Cómo encajarán ese tremendo havoc y ese dinámico juego de ataque, basado todo ello en jugadores tan móviles como versátiles e intercambiables, en una plantilla tan estructurada como ésta de Texas, con bases muy bases y pívots muy pívots? ¿Será éste por fin el gran año de Isaiah Taylor? ¿Veremos correr incluso a Cameron Ridley? ¿Será capaz Smart de cuestionar e incluso hacer que se tambalee la sempiterna hegemonía de Kansas en la Big12? No se pierdan el próximo episodio.

Ahora bien, tampoco se me vayan a preocupar por el futuro profesional de Rick Barnes, que al hombre ni le dio tiempo a apuntarse al paro siquiera, aún no había acabado de hacer cajas en Texas y ya estaba deshaciéndolas en Tennessee.barnes+from+ut+2 Curiosa la historia de estos Volunteers que han cambiado más de técnico que de camisa en estos últimos tiempos: con el histriónico (a la par que gran entrenador) Bruce Pearl fueron el hotel de los líos, con Cuonzo Martin creyeron ser felices hasta que éste les dio calabazas para marcharse a Berkeley, recurrieron a Tyndall como solución de compromiso pero cuando vieron que podían volver a ser el hotel de los líos (aunque en este caso no fueran suyos, que el susodicho ya los traía de serie) hicieron cruz y raya y se abalanzaron de bruces sobre Barnes que casualmente en ese mismo momento pasaba por allí. Barnes habrá conocido ya en su carrera todos los tonos de naranja, pasó del chillón de Clemson al arcilloso de Texas y pasa ahora al yema-de-huevo de Tennessee, esperemos que aquel prestigio tan bien ganado con sus Tigers y sus primeros Longhorns (cuando aún le salían bien los cestos) renazca ahora con los Volunteers, esperemos que aún estemos a tiempo de reencontrarnos con aquel gran entrenador que un día conocimos.

Éste de Tennessee es sólo uno de los múltiples cambios que podemos encontrar en una SEC a la que nos la han dado la vuelta como un calcetín. A ver, tampoco desparramemos, por supuesto que el Gabinete Calipari aún continuará en Kentucky como continuarán también los cuarenta minutos infernales de Anderson en Arkansas, los maravillosos histrionismos de Pearl en Auburn, los ojos inyectados en sangre de Martin en South Carolina, los silbidos a cuatro dedos de Stallings en Vanderbilt… Pero reconozcamos que cuatro cambios de entrenador es una cifra apreciable para una sola off-season y una sola conferencia. El más sonoro el de Florida, por supuesto. Billy Donovan llevaba años siendo carne de NBA, muchas veces estuvo a punto de dar el paso (de hecho una vez llegó a darlo, para arrepentirse inmediatamente después) pero ha sido este año cuando por fin ha pronunciado el sí quiero, de ahora en adelante tendrá ante sí la hercúlea tarea de domesticar a Westbrook para que sus portentosas facultades no resten (e incluso sumen, a ser posible) a la vera de Durant e Ibaka.michael-white-2 Para reemplazarle los Gators han recurrido a Michael White, entrenador aparentemente de perfil bajo (hasta en el nombre, Miguel Blanco como si dijéramos) pero que viene de hacer una magnífica labor en Louisiana Tech. White se enfrentará a un reto mayúsculo, el de hacer olvidar (o no añorar demasiado, al menos) al técnico que trajo dos títulos y otras tantas Final Four a Gainesville, el que logró que una universidad tradicionalmente footballística se convirtiera también en una potencia baloncestística a nivel nacional. Sólo esperemos que esa sombra de Donovan no sea demasiado alargada.

Mientras tanto en Starkville, Mississippi, decidieron que algo había que hacer. Mississippi State llevaba ya sin rascar bola desde los tiempos de Arnett Moultrie y Renardo Sidney (y tampoco es que rascaran mucha entonces), desde que Rodney Hood huyó despavorido a Duke. Así que puerta para Rick Ray (tres años después de dar puerta a Stansbury) y borrón y cuenta nueva otra vez para los Bulldogs.howland Claro que la cuenta nueva se llama Ben Howland, sujeto del que así de primeras habré de confesarles que no es precisamente santo de mi devoción. Howland impuso en su día un baloncesto obrero e industrial en Pittsburgh (muy en consonancia con la idiosincrasia de dicha ciudad), de pétrea defensa (hasta ahí todo perfecto) y pajizo ataque. Pittsburgh se me hacía bola (aún hoy con Dixon se me sigue haciendo) pero ganaba, por lo que Howland fue pronto llamado a metas mayores. Hizo el petate y se bajó con toda su metalurgia a la otra punta del país, a la soleada California, un lugar donde la mano de obra se estila bastante menos que el glamour. En la mítica UCLA así de primeras no le fue del todo mal. Pese a jugar con el freno de mano echado (lo que no dejaba de tener mérito, contando con tipos como Westbrook, Darren Collison o Kevin Love entre otros) consiguió alcanzar dos Final Four, para estrellarse sucesivamente en ambas contra la bicampeona Florida. Pero si a una propuesta basada casi exclusivamente en resultados le dejan de acompañar los resultados, el castillo de naipes acaba irremisiblemente por caer. Howland se fue al paro en 2013 y emerge ahora en 2015 para sacar del ostracismo a Mississippi State. Juega con dos ventajas: 1) que llega de la mano de uno de los freshman maravilla de este curso, Malik Newman; y 2) que con el listón tan bajo nadie le pedirá veleidades estéticas, con que lleguen los triunfos será más que suficiente. Veremos.

Tres cuartos de lo mismo en Alabama, cuya irregularidad (y algún puntual problema disciplinario, también) acabó costándole el cargo al bueno de Anthony Grant. Y para sustituirle no han buscado asistentes de relumbrón ni veteranos de prestigio ni técnicos de universidades menores, qué va, más bien han preferido rompernos por completo los esquemas:
Avery Johnson, aquel base sobrio y sacrificado que ganó un anillo con los Spurs, aquél a quien Montes rebautizó como Míster Bonobús porque siempre trazaba el mismo recorrido en su camino hacia el aro rival. Ejerció luego como entrenador en Mavs (donde le fue regular) y Nets (donde le fue mal), y luego nunca más se supo. Su averyexperiencia como técnico NCAA se reduce a cero, cero patatero, lo cual no tiene por qué ser malo ni bueno, es un mero hecho objetivo. Le van a pedir que reflote a esta Marea Carmesí, y no me negarán que así a priori la apuesta no puede ser más apasionante. Que además salga bien ya será otro cantar.

Claro que a todo hay quien gane: Si Avery no tiene experiencia en banquillos NCAA pero sí está curtido en banquillos NBA, el siguiente de quien vamos a hablar no tiene experiencia alguna como técnico ni en profesionales ni en universitarios ni en el patio de su casa siquiera (bueno, quizás ahí sí). Vamos, que no ha entrenado ni ejercido de asistente jamás en la vida, lo cual no evitará que la mera mención de su nombre nos haga ponernos metafóricamente (e incluso físicamente) en pie:mullin Chris Mullin, aquél que está ya por méritos propios en el Salón de la Fama (desde 2011), que ganó dos oros olímpicos y que sentó cátedra durante más de una década en Golden State y aún antes en su Universidad de St. John’s, justo la misma que se ha agarrado ahora a él como a un clavo ardiendo para intentar recuperar parte de su prestigio perdido. Un prestigio que desde la marcha del legendario Lou Carnesecca no hizo más que decaer, por más que durante esta última etapa de Steve Lavin pudiera parecer lo contrario: su postrera (a la par que insospechada y un tanto discutible) invitación al Baile no evitó que acabaran la temporada como un solar, un solar que tras el cese de Lavin se acrecentó aún más si cabe. Mullin llegó como revulsivo y se encontró un erial, (casi) nadie a quien entrenar, todo el trabajo aún por hacer… Nada que debiera preocuparle, que los banquillos aún está por ver cómo se le den pero los despachos se le dan como hongos (por qué se dirá esto), lleva en ellos desde que se retiró más o menos. Contrató de inmediato a dos asistentes con buena fama de reclutadores y se puso a la tarea mañana, tarde y noche, asumiendo que casi todo lo bueno (cinco y cuatro estrellas) estaba ya pillado, rastreando hasta debajo de las piedras. El resultado es un equipo con nueve (¡¡¡9!!!) jugadores nuevos, cinco de ellos freshmen, uno de ellos nuestro Yankuba Sima. Un montón de novatos sobre el parquet dirigidos por un novato en los banquillos, un proyecto al que habrá que conceder tiempo y paciencia… y sin embargo un proyecto tremendamente apetecible de ver, por todo lo que representa, por ser quien es quien lo representa. Ojalá les salga bien.

Y si lo de Mullin les agrada aunque les chirríe (o viceversa), lo que viene a continuación no les chirriará ni les agradará menos tampoco. Les presento (aunque tampoco debería necesitar ninguna presentación) o otra ex leyenda NBA, otro sujeto que fue varias veces all star. Señoras y señores, con todos ustedes Mark Price;MAIN_MarkPrice_UNCC_HeadCoach-afb70961 pinta de yerno ideal, dirección de juego impecable, muñeca de seda (de los mejores lanzadores de tiros libres que haya dado este juego en su historia), base indiscutible de aquellos elegantísimos Cavs de finales de los ochenta y primeros noventa que cuando dejaron de estrellarse contra los Pistons empezaron a estrellarse contra los Bulls; a su vera Craig Ehlo, Larry Nance (sénior, obviamente) y aquel maravilloso ex Tar Heel, Brad Daugherty. Todo lo cual estuvo muy bien, como no estuvo mal tampoco haberse ganado luego muy dignamente la vida como asistente en chiquicientos equipos NBA durante todos estos años, de hecho hasta hace apenas unos meses se la ganaba muy bien ganada en los jordanescos Hornets (ex Bobcats) de Charlotte. Así que cuando la Universidad de Charlotte dio por terminada la etapa Major (tiempos difíciles, con abundantes problemas de salud) y decidió ponerse a buscar un nuevo técnico tampoco tuvo que ir muy lejos, de hecho lo fue a encontrar a la vuelta de la esquina. Vale aquí lo dicho sobre la inexperiencia de Mullin, será éste también el primer trabajo de Mark Price como head coach (y su primer trabajo de cualquier clase en NCAA que yo sepa, ya que todas sus anteriores prácticas como asistente lo fueron en NBA); como vale igualmente aquí el mismo deseo que con Mullin: ojalá que le vaya bonito.

Y de Charlotte a Ames, Estado de Iowa, sede la Universidad de Iowa State. Un lugar donde Fred Hoiberg (otro yerno ideal, por cierto) lo tenía todo, lo era todo, una ciudad entera y casi medio estado rendido a sus pies. El Alcalde le llamaban, el Puto Amo le habríamos llamado aquí que somos más ordinarios. Pero es bien sabido que el hombre es un ser inquieto por naturaleza, siempre en trance de mejorar aunque sea a costa de asumir riesgos, de sacrificar su propia zona de confort. A la llamada de esa NBA en la que un día le conocimos no pudo decir que no, tanto menos si dicha llamada venía de un lugar tan apetecible como Chicago.prohm Para allá que se fue con su Pau y su Niko, con su Butler, su Rose y su Noah, a intentar devolver un poco (o un mucho) de alegría a aquellos Bulls tristones que legó Tibodó. Y dejando de paso a sus Cyclones de toda la vida con un palmo de narices… o no del todo: otearon el horizonte, vieron lo que había en el mercado y se fueron de cabeza a por Steve Prohm, técnico que ha hecho una extraordinaria labor durante estos últimos años al frente de Murray State (contar a sus órdenes con bases como Isaiah Canaan y Cameron Payne también ayudó, claro) y que representa además una clara apuesta por la continuidad en su estilo de juego. Con él los Cyclones seguirán haciendo honor a su nombre (aún más si cabe) en ésta 2015/2016, con él volverán a ser legítimos aspirantes (como Oklahoma, como la antes mencionada Texas) a desbancar del trono a Kansas. Palabras mayores.

Y si hablamos de equipos divertidos cómo no mencionar a los Sun Devils de Arizona State, equipo sumamente apetecible de ver sobre todo en su casa gracias a ese teatrillo que montan para distraer al rival en los tiros libres, y que no tiene parangón (que yo sepa) en toda la NCAA. Claro que en lo tocante a baloncesto no pareció haber tanta diversión es estos últimos años, menos quizá de la que esperaban con todo su Jahii Carson y su McKisssic y su Bachynsky y demás familia. ¿Solución? Pues la de siempre, Sendek a la calle y a buscar alguien que devuelva la ilusión, alguien cuyo mero nombre evoque resonancias pretéritas y legendarias…Hurley Bobby Hurley fue el base del mejor equipo de Duke que vieron los siglos (y miren que hay donde escoger), aquel con Grant Hill y Christian Laettner que se proclamó campeón consecutivamente en 1991 y 1992. Más allá le esperaba el profesionalismo, la fama y el dinero, todo lo cual se habría cumplido a rajatabla si aquel terrible accidente no le hubiera destrozado la carrera, de hecho a punto estuvo de destrozarle bastante más que eso [Lean al respecto (si no lo hicieron ya) el magnífico artículo que escribió Iker García en la Guía del pasado año, La Zanja]. Intentó volver al baloncesto pero el baloncesto no logró volver a él, se retiró oficialmente cinco años más tarde y casi desapareció de nuestras vidas, casi nos olvidamos de él. Un día no lejano reapareció como técnico asistente a la vera de su hermano menor, otro día aún menos lejano ascendió a head coach y se marchó a la humilde Buffalo… Y el resto ya se lo saben: brillante título de la compleja Mid-American Conference, viaje al Baile, reputación que sube como la espuma, media América (ligera exageración) le quiere, Arizona State se abalanza sobre él antes de que se lo quiten. No lo va a tener fácil, tanto menos en esta Pac12 que volverá a ser una de las más disputadas conferencias de la nación. Pero es que nadie dijo que fuera fácil. Y no me negarán que merece la pena intentarlo.

musselmanY antes de acabar no me resisto a sacar todavía a colación otro par de nombres: de un lado el Hombre-Mejillón, Eric Musselman, un obseso de esto, un sujeto del que dicen que hace honor a su apellido porque es capaz de pasarse las 24 horas del día (y porque no hay más) encerrado en su caparazón sin pensar en otra cosa que no sea baloncesto. Entrenó a Kings y Warriors, fue asistente en Arizona State (sí, con Sendek) y LSU y llega ahora a Reno para intentar reflotar a la Universidad de Nevada, en el que (creo que) es su primer trabajo como técnico-jefe NCAA. Que sea para bien. Y del Mejillón al Lechón (dichos sean ambos con todo el respeto y el cariño, faltaría más), Dave Leitao, lo de Lechón no es mote sino apellido traducido literalmente del portugués (de baloncesto no les aportaré nada, pero al menos me aprenden idiomas). Leitao (de antepasados caboverdianos, por si se lo estuvieran preguntando) hizo un magnífico trabajo en De Paul durante los primeros años del presente siglo, suficiente para que nada menos que Virginia pusiera sus ojosleitao en él. Pero en los Cavaliers fue de más a menos hasta acabar casi en nada, tanto que finalmente optaron por cargárselo e irse de cabeza a por Tony Bennett, sabia decisión donde las haya.
Y de Leitao nunca más se supo… hasta ahora, que vuelve precisamente a De Paul. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero también dicen que no hay regla sin excepción. Y tiene dos ventajas, que conoce la casa y que el listón aquí ya no es que esté bajo sino que está literalmente por los suelos, a poco bien que lo haga mejorará con creces la desastrosa herencia de Purnell. Ojalá sea así, ojalá a medio/largo plazo volvamos a ver competir de verdad a esta histórica Universidad.

Y hasta aquí, que por esta vez ya les he entretenido (o aburrido) lo suficiente, que queda mucha Guía y mucha Liga por delante. Disfrútenlas, háganme el favor.

CINCO SEGUNDOS   1 comment

guiancaa1516Un año más, las buenas gentes de Basket Americano vuelven a publicar su imprescindible Guía NCAA, acaso la mejor publicación de baloncesto universitario en castellano que encontrarse pueda en todo el mundo mundial, y en la que de nuevo me han hecho el honor de ofrecerme que les emborrone unas cuantas páginas. El primer fruto de dicho emborronamiento es éste que les dejo a continuación, espero que sepan perdonármelo…

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La vida es eterna en cinco minutos, cantaba hace ya demasiados años el siempre añorado Víctor Jara. La vida es eterna en cinco segundos, esto último no lo cantó nadie (que yo sepa) pero podríamos cantarlo a coro todos los aficionados al baloncesto. Cinco segundos, un suspiro, un golpe de tos, una distracción irreparable, un fragmento infinitesimal de nuestra existencia. Casi se tarda más en escribirlos o en leerlos que en vivirlos. Cinco segundos, apenas nada y sin embargo todo. Todo lo que necesitas para comerte el balón o para que se lo coma el de enfrente, para no poder sacarlo tras agotar el bote (o aún botándolo, si de NCAA hablamos), para provocar una pérdida del rival. Todo lo que necesitas para dar un vuelco o para recibirlo, para empezar a ganar o acabar de perder, para arruinar una victoria o salvar una derrota. Cabe un partido entero, una temporada entera, una vida entera en cada cinco segundos.

Cinco segundos, todo lo que tienes que quitarle a 35 para que la resta dé 30 (maravillosa perogrullada). La ínfima, enorme distancia que separa el juego del ayer y el del mañana, el baloncesto universitario que un día conocimos y el que estamos conociendo desde ya, el que muy probablemente estará ya en juego cuando ustedes lean estas líneas. Nada y todo, parece casi un mundo pero créanme que antes hubo otros mundos, créanme que algunos que peinamos (demasiadas) canas siempre podremos contar que cuando empezamos a seguir este baloncesto las posesiones ni siquiera eran de 35 sino de 45,NCAA_Shot_clock eso porque llegamos demasiado tarde a la NCAA (más bien fue la NCAA la que llegó demasiado tarde a nosotros), de haber llegado sólo un poquitín antes habríamos conocido un baloncesto colegial sin reloj de posesión. No, no vayan a pensar que estoy hablando de los tiempos de Naismith, que uno tiene años pero no tantos. Hablo de los primeros noventa, de los felices ochenta. Para ponerlo en perspectiva: aquella histórica final de 1993 que la UNC de Dean Smith ganó a los Fab Five de Michigan (sí, la del terrible tiempo muerto de Chris Webber) aún se disputó con posesiones de 45 segundos. Y aquella no menos histórica final de 1985 que la insospechada Villanova de Rollie Massimino ganó a la mismísima Georgetown (aún con todo su Pat Ewing en el centro de la zona) aún se disputó sin control alguno de posesión.

Piensen en esa fecha, 1985, y reparen por un segundo en que para entonces la NBA llevaba ya la friolera de 30 años (desde 1954, concretamente) con sus 24 segundos, superando así dramas como el de aquel Pistons-Lakers de 1950 que acabó 19-18 (sólo 13 tiros de campo, sólo 8 canastas en 48 minutos de juego) o aquel otro Nats-Knicks que los primeros ganaron 75-69 tras anotar 75 de esos puntos (o sea, todos) desde el tiro libre, se ve que no encontraron los Knicks otra manera de que soltaran el balón. Es más, incluso la esclerótica FIBA también lo instaurslow motionó en los cincuenta (si bien aquí de 30 segundos, alegrías las justas) tras numeritos como aquel mítico Yugoslavia-Israel del Eurobasket’53, empate a 55 en el minuto 40, victoria yugoslava 57-55 en el minuto 60 (es decir, 2-0 en el total de las cuatro prórrogas): cuentan que los plavi se llevaban el balón en cada salto inicial y durante cuatro minutos y pico de cada prórroga se limitaban a aguantarlo sin hacer nada con él, para acabar tirando a canasta sólo en los últimos segundos; obviamente sólo en la última prórroga consiguieron acertar…

Sí, la NCAA como organización siempre fue mucho más conservadora para estas cosas (y para muchas otras) que el baloncesto profesional, qué les voy a contar que ustedes no sepan. O quizás no fuera sólo conservadurismo, acaso creyeran firmemente que las cosas tenían que ser así. No se me extrañen, más de una vez durante estos últimos años escuché voces autorizadas reivindicando que esa posesión de 35 segundos que aún se estilaba en el baloncesto colegial debería hacerse también extensiva a todo el baloncesto de formación sobre la faz de la tierra. Su argumentario resulta irreprochable, claro: la principal finalidad del baloncesto de formación es formar como su propio nombre indica, difícilmente podrá el jugador joven adquirir conceptos, automatismos, mecánicas y fundamentos imprescindibles para mejorar en su deporte si pende permanentemente sobre su cuello esa espada de damocles de que en cuanto se demore o se descuide le va a sonar la bocina. Nada que objetar, como tampoco tendría por qué haber nada que objetar al argumento contrario: qué mejor manera de formar a un chaval para el (hipotético) baloncesto profesional que recreando, ya desde las primeras etapas de su formación, exactamente las mismas condiciones que luego habrá de encontrarse en ese (supuesto) baloncesto profesional. Ya se sabe, teorías siempre va a haber para todos los gustos, sólo hace falta encontrar la que mejor 2009-07-07-shot-clockse adecue a nuestra manera de pensar.

Desde la propia NCAA (y aledaños) se han alzado también durante este verano toda clase de voces en un sentido y en otro, acerca de ésta (tan aparentemente nimia) reducción de cinco segundos: la gran mayoría abiertamente a favor, a qué negarlo, pero también alguna que otra muy significativa en contra: según ellos esta menor posesión aumentará la efectividad de las defensas presionantes, lo que redundará en un número mucho mayor de malos tiros, lanzamientos desesperados sobre la bocina y/o pérdidas de balón, supongo que por ese efecto damocles del que antes les hablaba. Todo lo cual (según ellos, reitero) no redundará en marcadores más altos, más espectáculo y mejor baloncesto sino en todo lo contrario: malas decisiones, posesiones inacabadas, violaciones por doquier, basket interruptus y todo ello a la par que una deficiente formación del jugador. Podrá usted estar o no de acuerdo pero no lo descalifique así de entrada, entre otras cosas porque detrás de esta opinión hay voces tan autorizadas como la de (por ejemplo) Tom Izzo. Que algo sabe de esto, me temo.

Claro está que yo juego con ventaja, probablemente usted también. Yo no tengo que verlo con ojos de técnico ni de experto ni de analista profesional, mi punto de vista es el del mero aficionado, con eso tengo más que suficiente. Y como mero aficionado que no puede vivir sin su dosis diaria de NCAA durante cinco meses al año (y que aguanta el mono como buenamente puede en los siete meses restantes), todo lo que contribuya a mejorar (aún más si cabe) este espectáculo lo recibo con los brazos abiertos. De hecho aunque sólo fuera por una mera cuestión matemática ya merecería la pena: si usted divide 40 minutos entre 30 segundos le salen 80 posesiones por partido, si los divide entre 35 las posesiones no llegan ni a 70. Dado que las posesiones no siempre se agotan (afortunadamente), quizás no resulte descabellado afirmar que en cada partido que veamos disfrutaremos de (pongamos) quince o veinte posesiones más, dato éste meramente indicativo y sin ningún valor científico pero que probablemente se aproxime bastante a la realidad. Es decir, quince o veinte ataques, quince o veinte defensas, quince o veinte tomas de decisiones, quincshotclock30e o veinte tiros (o robos, o pérdidas, o sucesos varios) más de los que hasta ahora estábamos acostumbrados a ver en cada partido. Quince o veinte razones más para disfrutar.

Todos esos catastrofismos acabarán (espero) dándose de bruces con la cruda realidad, de hecho ya se dieron hace unos meses cuando la propia NCAA ensayó la reducción en el NIT. Partidos plásticos y bien jugados, en los que todo fluyó con plena normalidad sin que en ningún momento pareciera que equipos tan contrastados como Stanford, Miami o Temple se sintieran para nada incómodos con la medida. Que a ver, tampoco niego la mayor, probablemente es bien cierto que habrá muchos equipos que tras 30 segundos de posesión serán incapaces de encontrar un tiro librado, un buen pase o una solución cualquiera para desentrañar la defensa rival; pero no es menos cierto que esos mismos equipos tampoco eran capaces de encontrarla tras posesiones de 35 segundos. Estos cinco segundos de menos no penalizan a los ataques frente a las defensas, para nada. Más bien penalizan a los equipos malos respecto a los buenos o para ser más preciso, penalizan el mal baloncesto en beneficio del bueno (ya que no es algo que tenga tanto que ver con la calidad de los jugadores como con la calidad del juego que se practica): penalizan la especulación, el bote tras bote inocuo, el pasarte 30 segundos (que ahora serán 25) sin hacer nada, sin intentar nada, sin arriesgar nada, sin buscar ni un resquicio siquiera, total para luego cuando acucia la bocina tirártela en plan rifa a ver si por una vez te toca la chochona o el perrito piloto o en este caso concreto la canasta de tres. Estos cinco segundos de menos sólo penalizan la mediocridad.

Y hay un último factor que redundará en nuestro beneficio (espero), que es que ahora tendremos un argumento más de peso para hacer frente a ese extraño fenómeno que podríamos llamar cuñadismo baloncestero. Es decir, todos esos seres humanos que hacia mediados de marzo (y hasta comienzos de abril) se asoman con cara de asco al baloncesto universitario, no tanto porque les apetezca sino porque es lo que se lleva en esos días, y que como no les gusta lo que ven (porque no lo conocen, porque en realidad van ya predispuestos a que no les guste) deciden de inmediato arreglarnos la vida: por dios, pero qué haces, pero cómo se te ocurre, pero cómo te puede gustar esto, pero si apenas meten 50 ó 60 puntos, pero si no hay más que tiempos muertos, pero si las posesiones son todavía de 35 segundos, pero siSyracuse_Shot_Clock_Monument_Close-Up Pero si leches. De muchos de esos pseudargumentos hablaremos otro día (si es que aún quedan ganas, que algunos ya nos hemos tirado demasiados marzos intentando rebatirlos), lo de los tiempos muertos también lo podemos dejar para otro momento (que alguno menos habrá este año, por cierto) pero lo de las posesiones te lo rebato ya, so listo: a partir de este año son de 30, que lo sepas. Y no me vengas con remilgos de que aún te parecen muchos, que al fin y al cabo tú como yo te criaste viendo un baloncesto FIBA con posesiones de 30 segundos y bien pocos ascos le hacías entonces. Reconozcámoslo, un juego con posesiones de 30 segundos es mucho más vendible que otro con posesiones de 35. Aunque sólo fuera por eso (tan importante como es vender en estos tiempos que corren) ya merecería la pena intentarlo.

Así que ya lo saben. Éste será el año en que despidamos con todos los honores a Marcus Paige, Georges Niang, Kris Dunn, Buddy Hield, Perry Ellis, Denzel Valentine, A.J. Hammons, Kyle Wiltjer, Smith-Rivera, Baker & Van Vleet, tantos otros. Este será el año en que consagremos (aún más si cabe) a Melo Trimble, Jakob Poeltl, Greyson Allen, Nigel Hayes, Tyler Ulis, Isaiah Taylor, Domas Sabonis y a saber cuántos más que ahora no se me vienen a la mente. Este será el año en que recibamos con los brazos abiertos (para luego en muchos casos despedirlos apenas cinco meses después, con gran dolor de nuestro corazón) a Simmons, Labissiere, Ingram, Diallo, Rabb, Trier, Stone, Swanigan, Brunson, Jaylen Brown, Jamal Murray. Este será el año en que nos acostumbremos a vivir sin Donovan ni Hoiberg, será el año de Smart en Texas o Mullin en St. John’s… Pero éste quedará ya para siempre, antes de nada y por encima de todo, como el año aquel en que se redujo por fin en cinco segundos la posesión. Cinco segundos, se dice pronto. Cinco segundos, apenas nada, parece muy poco pero nunca fue tanto. Un pequeño paso para el baloncesto, pero un gran salto para la NCAA. La vida es eterna en cinco segundos.

Publicado septiembre 24, 2015 por zaid en NCAA

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LO IMPOSIBLE   4 comments

Jamás nos lo habríamos creído. No nos lo habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace un año, cuando algunos (aún bajo el síndrome del orengazo) anunciábamos el fin de una era como si en verdad supiéramos de qué estábamos hablando. Aún menos nos habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace cinco meses, cuando aún no teníamos seleccionador ni pinta alguna de tenerlo, cuando hasta Pau se mosqueaba con una Federación que parecía estar planeándolo todo con los pies. Aún menos nos lo habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace un mes, o mes y medio, sumidos como estábamos en esa cosa ñoña que llamamos Ruta Ñ, esa que al final va a resultar que sí que sirve para preparar a la selección pero no tanto por acción como por omisión (otro día lo explico). Aún menos nos lo habríamos creído hace apenas quince días, cuando Serbia nos crujía e Italia nos acribillaba, cuando ese nuevo baloncesto de los cinco tíos abiertos (¿recuerdan cuando el mero hecho de poner un cuatro abierto ya nos parecía una novedad?) nos sacaba de nuestras casillas, y de nuestras zonas. Aún menos nos lo habríamos creído hace diez días, caminando contra Alemania sobre aquel mismo alambre que ya pisamos hace seis años contra Gran Bretaña, quedándonos a un solo tiro libre de la eliminación (gracias, Schröder), sí, de la eliminación, tras el subidón de moral de restarnos siete puntos en un minuto no les quepa la menor duda de que en la prórroga (y en su casa) nos habrían aniquilado. Pero es que aún menos (y ya es decir) nos lo habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace sólo una semana, octavos de final contra Polonia, final del tercer cuarto aún empatados, ganando luego casi por inercia, cayendo los polacos casi de maduros al final. No, en cualquiera de esas circunstancias (y en tantas otras que me dejo), si alguien nos hubiera venido a contar que íbamos a ganar el oro en Lille no es ya que no le habríamos creído sino que directamente le habríamos espetado ande, vaya usted a cagar. Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible…

O sí, quién sabe. A veces se alinean los planetas, a veces el orengazo va y se vuelve del revés, a veces basta con tener un entrenador para que por fin entendamos que eso es infinitamente mejor que no tener ninguno. A veces una selección que es como media selección resulta ser (en las manos adecuadas) mucho más equipo que toda una pléyade de estrellas. A veces se juntan el hambre y las ganas de comer, un grupo de madridistas que de tanto ganar títulos ya ni se acuerdan de cómo perderlos y un jugador que no es tal jugador, no se dejen engañar, ese concepto vale sólo para los que están a ras de suelo, Pau hace tiempo ya que trascendió esa categoría, que alcanzó la condición de líder (jamás lo fue tanto como ahora) y hoy ya finalmente la de mito, mito viviente, Pau Gasol que estás en lo cielos sin haber dejado jamás de estar en la Tierra, gracias y más gracias y mil veces gracias. Y es entonces cuando por fin comprendemos que esta selección no estaba muerta (estaba de parranda), que le ganamos a esa Grecia a la que de ningún modo podíamos ganar, luego a esa Francia (en Francia) a la que casi ni pensábamos que nos pudiéramos acercar, finalmente a esta meritoria Lituania con la que jamás pudimos imaginar tanta superioridad. Pero cómo puede ser, pero si todo esto tenía que haber sido hace un año, pero si ahora no tocaba… Somos como esos carteles que antaño se ponían en las tiendas o en los talleres, las cosas difíciles las hacemos al momento, las imposibles tardamos un poquito más. En 2006 éramos los mejores, en 2009 y 2011 éramos favoritos, ahora en cambio no éramos nada, pura decadencia. Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, tan imposible que ni nos atrevimos a soñarlo siquiera. Sólo por eso (porque ni siquiera es un sueño cumplido, porque por una vez el sueño vino después que la realidad) sabe aún mejor que todas las veces anteriores. Gracias infinitas por hacernos felices cuando ya no tocaba que lo fuéramos. Gracias por devolvernos el derecho a soñar.

España-Eurobasket-2015

EL MEDIO ES EL MENSAJE   4 comments

Algunos parecen haber descubierto durante este Eurobasket que a Mediaset le importan una mierda sus espectadores. Desengáñense (en el supuesto de que aún siguieran engañados), a Mediaset no le preocupa el espectador sino la audiencia, que parece lo mismo pero es exactamente todo lo contrario. Para acaparar audiencia pondrían escenas de coprofagia en horario infantil si la legislación se lo permitiera, para acaparar audiencia pondrían a Belén Esteban a narrar el Eurobasket si una suerte de ínfimo pudor no se lo impidiera.septiembre-llega-Eurobasket-Mediaset-Espana_MDSVID20150724_0116_17 Algunos somos tan raros que vemos sólo Mediaset de baloncesto en baloncesto, créanme que no es pose ni postureo sino la pura verdad, créanme que no sé quién es Nati Abascal ni Carmen Lomana ni ninguno de esos otros pseudofamosos que ellos mismos prefabrican en sus realitis para luego consumirlos mañana tarde y noche, créanme que no los reconocería si los viera por la calle (a la Esteban sí, por desgracia), créanme que en el año transcurrido entre el Mundobasket 2014 y el Eurobasket 2015 sólo he pisado esa casa para algún esporádico partido de fútbol, al menos mi señora sí siguió con delectación la serie El Príncipe, yo ni eso siquiera. Zapeo poco pero cuando zapeo los excluyo expresamente de mi ruta, no me vayan a salpicar. Soy así de raro, ya se lo dije.

Siro es al Eurobasket lo que Belén al Sálvame (o como se llame el producto de casquería que tengan ahora mismo en el mercado). Si ustedes son insultantemente jóvenes no lo recordarán pero hubo un tiempo (felices ochenta, infelices noventa) en que Siro López era un periodista responsable al que daba gusto escuchar contándonos nuestro deporte. Recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver. Con el nuevo siglo Siro se futbolizó, se forofizó, se roncerizó, se puntopelotizó, invéntense el verbo que más les plazca. Se convirtió en chouman, en víscera jurbolera para ávido consumo de todas esas masas que no ven más allá del Barça y el Madrid. Y con sólo ese pasado (más aquel breve interludio baloncestero de infausto recuerdo en Telemadrid, ejecutando la Euroliga junto al no menos infame Chechu Biriukov) Mediaset decidió que ya era suficiente, que para qué más, lo de menos es que sepa o deje de saber, lo de menos es ofrecer un buen producto pudiendo obtSiro-Lopez--en-una-imagen-promocional-ener el mismo rendimiento (o más si cabe) con un ínfimo subproducto, total qué más da que vengan a ver baloncesto, a echar pestes del locutor o a descojonarse de él. Importa que vengan, no a qué vengan. Importa cuántos vengan, no cómo vengan. Importa la cantidad, nos la suda la calidad. Que hablen de nosotros, aunque sea bien.

Siro a menudo narra con el piloto automático puesto, su voz va por un lado mientras su cabeza va por otro, ve un triple de Llull y te dice triple de Simonovic no porque los confunda (que ya tendría mérito) sino porque es como mi hijo cuando estudia, la mente se le va a cualquier cosa menos a la que tiene delante de sus ojos (afortunadamente este año todavía no ha llamado a nadie Juan Carlos, quizá por no estar Navarro para confundirle ni Calderón para confundirse). Siro llama a Güler Gulár, a Erden Erdán, a Koufos Kufós (le encantan las agudas), a Strelnieks Estrelinek pero eso sí, cuando llega la hora de rebautizar a Antetokounmpo se pone digno y dice que si le llama Antetocubo es porque así se lo han dicho el locutor y el seleccionador griego, tanto da que el propio interesado parezca desmentirlo, total qué va a saber él de sí mismo. Siro se debate entre lo que no sabe y lo que no recuerda, el reglamento para él es esa cosa etérea en la que no está claro (por ejemplo) si se puede sacar el balón tras haber tocado el aro o no, pues depende, si favorece a los míos será que sí y si favorece a los de enfrente será que no. Siro ve a Schröder fallar el tiro libre que forzaría la prórroga y te dice que quizás alguien haya podido plantearse que hubiera tirado a fallar (como si alguien que no fuera él pudiera plantearse semejante cosa), que esa ya no es de baloncesto ni de matemáticas sino de sentido común: tiras a fallar un tiro libre cuando necesitas dos puntos, o tres, para igualar el partido, en la vana esperanza de que alguien de tu equipo encuentre el rebote y lo convierta; pero si sólo necesitas un punto no tiras a fallar, tiras a meter (que metas o no ya es otra cuestión). Obviedad absoluta, que no necesitaría ser explicada si no hubiera seres como Siro que necesitan que se les explique. Ese es el nivel.

Claro que Siro es sólo el narrador, lo suyo no sería tan grave si a su vera hubiera un analista que aportara conocimiento, entendimiento, equilibrio, sabiduría, frescura, pasión. Es decir, que aportara todo lo contrario que Antúnez. Si ustedes siguen siendo insultantemente jóvenes no lo recordarán pero hubo un tiempo en que José Miguel Antúnez ejerció de jugador de baloncesto, ejerció incluso de base (como si en verdad lo fuera) con notable éxito de crítica y público. Un (des)conocimiento del juego muy discutible, un proceso de toma de decisiones aún más cuestionable y una potencia física superlativa para aquellos tiempos, tanto más en nuestro baloncesto y en su posición: la que le llevaba a atacar una y otra vez el aro como si no hubiera un mañana, como si no existiera más jugada que la penetración.antunez1342338798_extras_albumes_0 Sólo con eso ya le bastó para que le fichara el Madrid (del Estu, como a tantos otros), para labrarse una carrera, para coronarla con éxitos y hasta algún que otro título, también algún que otro fracaso, tanto da si cuando hoy le preguntan por ellos es incapaz de distinguir los unos de los otros. Dejó huella, qué duda cabe, sobre todo en la cara (y en la memoria) de Biriukov tras la mañana aquella en que la emprendieron a puñetazos el uno contra el otro en pleno partido, algo muy meritorio teniendo en cuenta que ambos obviamente estaban en el mismo equipo. Bien puede decirse que Antúnez pasó por el baloncesto pero que el baloncesto no necesariamente pasó por él.

Genio y figura. El Antúnez comentarista parece hecho a imagen y semejanza del Antúnez jugador, hay cosas que no cambian nunca: mismo (des)conocimiento del juego, mismas peregrinas ocurrencias, misma capacidad de arrojarse al vacío sin red, sin reparar jamás en las consecuencias que ello pueda acarrear. Hace veinte años el vacío estaba alrededor del aro, hoy el vacío está en sus palabras (por definición), en decir lo primero que se le pasa por la cabeza tenga sentido o no, tenga contenido o no, sea cierto o falso, total qué más da que el sujeto en cuestión se llame Schaffartzig si a mí me peta llamarle Suarzur, total a quién le importa si el noventa por ciento de los que me escuchen no tendrán ni puta idea de quién es. Y resulta que Schröder es suplente en los Hawks porque el base titular es Tim Hardaway Jr, ahí queda eso, tanto dará que el susodicho no haya vestido aún ni por un segundo la camiseta de los Hawks porque hace apenas un mes que llegó a Atlanta, tanto dará que por no ser no sea ni siquiera base, vamos que ni por asomo, base extraordinario fue su padre (ídolo de Antúnez en aquellos años, si mal no recuerdo), su hijo por desgracia nada tiene que ver. Pero dicho queda, como queda dicho (a propósito de Karnowski, o de Domas Sabonis) que Gonzaga jugó este año la Final Four, contumaz en el error lo repetirá de nuevo unos días más tarde por si a alguien no le hubiera quedado suficientemente claro. Que digo yo que qué más hubieran querido ellos con las ganas que tienen de jugarla, lástima que los Blue Devils de Duke no fueran de la misma opinión. Son sólo unos pocos ejemplos (el total de agravios rebosaría con creces los límites de este blog) de flopping verbal, de decir algo (así sea erróneo o directamente inventado) para no decir nada. Una manera como otra cualquiera de enmascarar el vacío.

El cuadro lo completa María Victoria Albertos, capaz de inventar algún concepto revolucionario como aquél del porcentaje de rebotes (¿relacionar el número de rebotes que coges con el número de rebotes que podrías coger? Interesante…) o de decirte que España aún puede hacer una falta más porque sólo lleva cuatro en este cuarto, pero que si pasamos por alto éstos y otros deslices tiene al menos la rara cualidad de llegar al pabellón habiéndose preparado (siquiera mínimamente) los partidos, extraña conducta que a alguno de sus compañeros de pupitre le debe parece casi extraterrestre. Tuerta en el país de los ciegos, como tuerto (aún más si cabe) es Pepu Hernández, entiéndase obviamente en sentido figurado y en el contexto de dicha expresión. Pepu es alguien a quien todos los aficionados de este país en general y del Estu en particular le estaremos siempre eternamente agradecidos, Pepu fue entrenador (me gustaría pensar que aún sigue siéndolo), sabe bien de qué va esto y sabe además explicarlo en la medida en que le dejan. Puede que no sea el mejor analista del mundo (algún escarceo suyo en algún otro medio me dejó bastante frío) pero creo que saldrá reforzadísimo de este torneo, en parte por méritos propios y en parte por la mera comparación con quienes tiene alrededor. Pepu nos salva el Eurobasket como hace un año Daimiel nos salvó el Mundobasket, o si no nos lo salva al menos consigue que haya ratos en que no sintamos vergüenza ajena. Merecedor de otra oportunidad (Eurobasket_MDSIMA20150902_3501_1si así lo deseara) en cualquier otro lugar donde quienes tenga al lado no le pongan palos en las ruedas.

Al final todo se ciñe a un concepto muy gastado y manifiestamente en desuso, respeto. A ver cómo lo explico sin que suene demasiado pretencioso: yo no soy profesional de esto ni lo seré nunca (que no estoy ya en edad de ser nada más que lo que soy), ni experto siquiera, tan sólo un mero aficionado que sabe bastante menos de lo que aparenta. Y por eso considero que quien me cuenta un partido de baloncesto tiene que saber de esto muchísimo más que yo, que para eso le pagan. Puedo hasta llegar a aceptar que sepa más o menos lo mismo que yo (nadie es perfecto) pero lo que no concibo de ninguna manera es que sepa incluso menos que yo. Sobre todo si tenemos en cuenta que hay por ahí cienes y cienes de entrenadores, ex jugadores, periodistas y seres humanos en general que darían sopas con onda a este par de indocumentados si les fueran requeridos sus servicios. Claro está que eso sería demasiado fácil, darle el trabajo al que sabe en lugar de al que aparenta (o al que ya ni siquiera se molesta en aparentar), procurar hacer las cosas bien en lugar de hacerlas mal, ofrecer un producto de calidad (o digno, al menos) en vez de una mísera bazofia de todo a cien. O quién sabe, acaso sea todo mucho más maquiavélico: hace muchos años enunció McLuhan que el medio es el mensaje, y en Mediaset parecen haberlo entendido a la perfección. Estamos viviendo un magnífico Eurobasket, y sin embargo estamos dedicándole casi más tiempo a hablar de cómo nos ¿cuentan? el Eurobasket que al Eurobasket mismo. Probablemente de eso se trataba. Mis disculpas, por la parte que me toca.

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