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LA LIGA DE LA MARMOTA   3 comments

Hará cosa de un mes (día arriba, día abajo), en uno de esos momentos de enajenación mental transitoria que me caracterizan, se me ocurrió escribir en Twitter el hashtag #LaLigaDeLaMarmota para ilustrar el hecho evidente de que los finales de temporada ACB se parecen unos a otros como gotas de agua: un año más (y van…) el premio al Entrenador del Año recaía en el técnico del primer clasificado en temporada regular como si no existiera ninguna otra posibilidad; un año más (y van…) Burgos volvía a ascender a ACB para quedarse finalmente en LEB; un año más (y van…) la cobertura televisiva dejaba mucho que desear y las audiencias se desmoronaban (llegará el día en que dejen de caer por una mera cuestión física, porque una vez que estás en el fondo ya no es posible ir más abajo); un año más (y van…) la final de la Liga (como antes la de la Copa, y aún antes la de la Supercopa) habría de enfrentar irremisiblemente a Barcelona y Real Madrid. Ni que decir tiene que dicho hashtag provocó el efecto que cabía esperar, es dmarmotaecir, el 99 por ciento de mis hipotéticos fólogüers pasó olímpicamente de él y de entre el 1 por ciento restante hubo de todo, como en botica: alguno a favor, alguno en contra… y alguno que reaccionó como si le hubiera mentado a la madre.

Me pilló por sorpresa, reconozco que nunca suelo estar psicológicamente preparado para estas cosas. No esperaba yo que por quejarme de otra final Madrid-Barça alguien me dijera que vivía en un cuento de hadas, que cómo podía yo despreciar de ese modo una final entre dos de los mejores equipos del Continente (como si la hubiera despreciado en algún momento, como si no la disfrutara tanto como el que más) y lo mejor de todo, que si yo pensaba así era porque veía muy poco baloncesto [Acotación al margen: ¿que yo veo poco baloncesto? Creo que si mi mujer leyera esto iría a buscarle y le mataría con sus propias manos (entiéndase esto último en sentido figurado y en un tono meramente lúdico-festivo, no vaya a ser que dentro de cinco años alguien me lo encuentre y me acuse de inducción al asesinato, o similar)], opinión jaleada desde su cla por una seguidora sumamente fiel que le aclamaba al grito de ¡¡¡Muy bien Javi, así se habla!!! como si en verdad supiera de lo que estaba hablando, como si aquello fuera un combate en un ring y no un intercambio de pareceres en Twitter. La gota que colmó el vaso vino cuando alguien (que no fui yo) le hizo una exposición sumamente razonada y su respuesta fue bla bla bla. Tal cual, simplemente esas nueve letras, bla bla bla, así como diciendo lo vuestro son sólo palabras, total qué me importan a mí vuestros argumentos de mierda si de mi lado está La Razón, con mayúsculas. Hasta ahí. No me importa (incluso me agrada) la sana discrepancia, pero no soporto la prepotencia. Dejé de seguirle, él de inmediato dejó de seguirme, y punto. Y aquí paz y después gloria.

O eso pensaba yo, en mi tierna ingenuidad. Días después, con evidente retraso, me topé en su púlpito con un artículo suyo, que llevaba el breve a par que elegante título de La final repetida entre Real Madrid-Barcelona y el postureo de los ¿puristas? Obviamente no me mencionaba (tampoco era cuestión de hacerme publicidad), pero bastaba con leer su primer párrafo para que no hubiera lugar a dudas (aclaro que copio y pego íntegramente, por lo que la puntuación y la sintaxis son ajenas a mi responsabilidad): No puedo evitar soltar una sonrisa picarona durante estos días que se confirma la final entre los dos mejores equipos de la ACB y todos aquellos muestran su amargor sobre la enésima repetición entre Real Madrid y FC. Barcelona comenzando su perorata habitual sobre el duopolio de ambos contendientes, el presupuesto del fútbol, la imposibilidad de alternativa y algunos se atreven incluso a calificarlo de la liga de la marmota como si no pudiéramos disfrutar del espectáculo que, a partir del viernes, ambos equipos nos ofrecerán en un duelo de altísimo nivel y que es difícil de encontrar en alguna de las otras ligas europeas.posturistas Y tras esta elaborada argumentación (¿qué tendrá que ver el preferir otra final con el que se pueda o no disfrutar de esta final?), añadía: las dudas me asolan ante tanto “postureo” y me hacen dudar del verdadero conocimiento sobre la ACB de estos puristas… Acabáramos, era eso: si prefieres una final Madrid-Barça es que sabes de esto, si prefieres cualquier otra es que no tienes ni puta idea. Y así todo. Haberlo dicho antes, ahora ya nos vamos entendiendo.

Vayamos por partes. ¿Postureo? ¿Qué es postureo? (y tú me lo preguntas, postureo eres tú…): la Real Academia aún está trabajando en su definición, así que mientras acaba les pongo la que ofrece la Fundeula adopción de ciertos hábitos, poses y actitudes más por apariencia que por convicción. ¿Apariencia, a estas alturas? Vaya por dios, y yo sin saberlo. Llevo opinando así media vida (y la otra media no porque aún no tenía dónde opinar), a lo mejor llevo media vida postureando sin darme cuenta o a lo mejor es que algunos etiquetan como postureo a todo aquello que se escapa de su entendimiento. ¿Purista?: Según la Real Academia (prescindo deliberadamente de las dos primeras acepciones, de contenido meramente lingüístico) dícese de aquel que defiende el mantenimiento de una doctrina, una práctica, una costumbre, etc., en toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones. Lo que ya no dice la Real Academia es que quien se reconoce purista lo hace (supongo, no es mi caso) con todas las de la ley, en cambio quien define a otro como purista lo hace en términos despectivos, arrojándoselo a la cara con toda su bilis. Pues vale, si he de ser purista lo seré, obviamente me han llamado y me llamarán cosas mucho peores. Pero si me atengo a la definición de la Real Academia habré de reconocer que no me siento identificado en absoluto. ¿En toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones? Todo lo contrario. Yo quiero que las cosas cambien, que se dinamice nuestro deporte, que no haya una brecha tan enorme entre ricos (dos) y pobres, que nuestro baloncesto no sea bipolar sino multipolar. Mucho más puristas serán aquellos que prefieren que las cosas sigan como están.

Qué duda cabe, esto de utilizar adjetivos descalificativos debe ser muy tentador, el pedestal es lo que tiene. Siempre me han dado muchísima envidia todos aquellos que se sitúan ante su interlocutor en un plano de absoluta superioridad, sabiendo de antemano que su opinión es la verdad absoluta y que la del de enfrente (en tanto en cuanto sea diferente) sólo merece desprecio. Qué envidia, de verdad, yo de mayor quiero ser como él (y eso que soy mayor que él). Yo por desgracia sólo tengo dudas, me lo habrán notado quienes me leen desde hace años, me lo notarán quienes me lean hoy por primera vez. Suelo decir que la duda es el estado natural del ser humano, tantas más dudas cuanto más humano. Por eso me inquietan tanto todos aquellos que no parecen dudar jamás.

Pero todas estas disquisiciones a ustedes les traen al pairo, así que vuelvo al tema. Siguiente sentencia por su parte: ¿Saben cual es el problema principal? Que hay demasiado baloncesto, así como lo digo, todos estos puristas que critican la final se pasan la vida viendo ACB, NBA, NCAA, Euroliga, Liga Femenina y algún torneo que juegue su equipo de barrio, lo que obliga, de forma indefectible, a no poder seguir una competición en su totalidad y realizar juicios de valor sin entrar a profundizar en lo que se está diciendo… Y se queda tan fresco. Yo jamás he tenido la tentación de hacer juicios de valor ni de de entrar a profundizar, aún menos en Twitter. Yo lo único que hago en dicha red social es expresar mi opinión, no sé si tan válida como cualquier otra pero sí al menos tan legítima como cualquier otra. Si él es tan sabio como para que sus aseveraciones vayan a misa pues olé sus cojones, las mías en cambio no pretenden pasar de la pantalla del ordenador. Sin juzgar, profundizar ni pontificar. Simplemente opinar. Como casi todo el mundo.

Así que al parecer estoy (estamos, que no lo dirá sólo por mí) incapacitado(s) para seguir una competición en su totalidad. Pues nada, que al final con tanto insistir me va a obligar a contarles mi vida (baloncestística): a ver, no es ningún secreto (cualquiera que me lea y/o me siga lo sabe) que entre mediados de noviembre y primeros de abril me centro sobre todo en NCAA, lo cual evidentemente tiene un precio: no veo NBA en temporada regular (luego me desquito en playoffs), no veo Liga Femenina (y bien que lo siento) y el único equipo de barrio al que sigo no juega al baloncesto sino al fútbol, por lo que queda fuera de este análisis. Ahora bien, mi seguimiento NCAA no me impide dejar un hueco cada jueves/viernes para la Euroliga y otro cada domingo para la ACB.bilbao-granca Cualquiera que me lea y/o siga conoce bien mis disquisiciones al respecto, mis difericestos varios (suelo dedicar el domingo por la mañana a tareas domésticas, suelo desquitarme por la tarde), mis legendarias peleas con Orange Arena, si alguien lo duda no tiene más que rebuscar en mis tuits de años atrás ya que ahora está tan de moda. Rara es la jornada ACB en la que no caen al menos dos partidos, incluso tres en la mayoría de los casos. Eso sí, suelo seleccionar, escoger en base a criterios de afinidad (Estu… cuando lo dan), calidad, presumible igualdad o mera estética. Habrá equipos a los que haya visto quince o veinte veces y otros a los que haya visto apenas una vez, no lo niego. Y no sé si eso es mucho o poco, no sé si veo más o menos ACB que él (ni me importa) ni sé si eso me deslegitima (como parece) para opinar acerca de dicha competición. No sé qué es seguir una competición en su totalidad, ni siquiera me atrevería a afirmarlo de la NCAA (y miren que le echo horas) como para afirmarlo de la ACB. Sólo sé que a mí jamás se me ocurriría descalificar la opinión de un interlocutor porque vea menos NCAA/ACB que yo, o porque crea yo (sin tener ni puta idea) que ve menos NCAA/ACB que yo. Como dijo el torero, hay gente pa tó.

En algunas cosas estamos de acuerdo, no vayan a pensar: creo como él que en ACB hay un montón de partidos extraordinarios y un montón de equipos que practican un magnífico baloncesto (y por eso mismo me apena que no puedan llegar más lejos), creo como él que (por ejemplo) la serie de cuartos de final entre Bilbao y Valencia fue sencillamente fantástica. Y creo como él (porque es un hecho cierto) que Valencia y Unicaja tuvieron contra las cuerdas a Madrid y Barça, casi del mismo modo en que hace un año tuvieron contra las cuerdas a Barça y Madrid. Pero exactamente eso, contra las cuerdas. Una cosa es tener a alguien contra las cuerdas y otra romper las cuerdas, una cosa es acorralar y otra ser incapaz de rematar, y que al final el golpe definitivo lo acabe dando siempre el acorralado y nunca el que acorraló. El número 20 del mundo (permítaseme el símil tenístico) puede tener contra las cuerdas a Djokovic cada vez que se enfrenten, pero si de cada diez veces que lo hagan gana una y pierde nueve no dejará por ello de ser el 20 del mundo, ni aún por muy apretado que haya tenido al serbio en todas esas derrotas. Es la delgada línea roja entre ser bueno y ser grande, entre tener la oportunidad de ganar y (sencillamente) ganar. Tan simple como eso.

Pero vale, está bien, Madrid y Barça estuvieron una vez más contra las cuerdas, asumámoslo como hecho (más o menos) objetivo. Asumido esto, ahora me van a permitir que les traiga yo aquí unos cuantos hechos más, aún más objetivos si cabe: En las 28 primeras ligas ACB, las que van desde la temporada 1983/1984 hasta la 2010/2011, sólo hubo 9 finales Madrid-Barça. Nueve en 28 años, y sólo en un par de ocasiones hubo dos consecutivas (1988 y 1989, 2000 y 2001); en cambio desde la 2011/2012 llevamos cuatro (o sea todas), las cuatro de manera consecutiva como no podría ser de otra manera.copas Y si esto pasa en la Liga aún es más llamativo el dato de la Copa: en sus primeros 26 años auspiciada por la ACB, es decir, desde la temporada 1983/1984 a la 2008/2009, hubo sólo cuatro finales Madrid-Barça. Cuatro en 26 años (1988, 1989, 2001 y 2007, nótese por ejemplo que no hubo ni una sola en toda la década de los Noventa). En cambio en los seis años que van desde 2009 hasta ahora llevamos cinco, es decir todas excepto la de 2013 (y porque en ésta ambos equipos quedaron emparejados en cuartos de final, que si no ya habríamos visto). Repito, 4 de 26 contra 5 de 6. ¿Quieren más? Si sumamos las tres competiciones ACB, Liga, Copa y Supercopa, descubriremos que ambos grandes se han jugado el uno contra el otro diez de las últimas doce finales, trece de las últimas dieciocho. Pero si miramos sólo títulos el tema resulta ya estremecedor: para encontrar un título no ganado por Madrid ni Barça tenemos que remontarnos otra vez a la temporada 2009/2010, a aquel dos más uno de SanEme que consumó aquel histórico baskoniazo. Madrid y Barça se han repartido íntegramente los últimos 15 títulos ACB en disputa, 17 de los últimos 18. Y lo que te rondaré morena. O como diría una insigne comunicadora, estos son los datos y suyas son las conclusiones.

La ACB es una Liga que juegan dieciocho contra dieciocho y siempre gana el Madrid o el Barça, que diría Gary Linerker si supiera de qué va esto. Dualidad, duopolio, bicefalia, bipartidismo, bifrontismo, bipolaridad… Denominaciones que al parecer hieren la sensibilidad de todos aquellos que tienen la sensibilidad a flor de piel predispuesta a que se la hieran. Nada me gustaría más que no tener que utilizarlas, nada me gustaría más que el que no fueran ciertas. Por desgracia los datos están ahí, y a poco que los repasemos comprobaremos que ya hasta hemos conseguido superar a la liga de fútbol (y miren que lo teníamos difícil), hasta a esa liga escocesa de la que tanto hemos rajado en los últimos tiempos. Al menos ellos conocieron hace un año una excepción (que confirma la regla) llamada Atlético de Madrid, al menos otra excepción llamada Athletic de Bilbao se atrevió a asomarse tímidamente este mismo año a la Final de Copa. Flor de un día, no digo yo que no. Pero flor al fin y al cabo. El fútbol además aún está a tiempo de corregir errores pasados con el nuevo reparto de sus milmillonarios derechos de televisión. Nosotros en cambio casi no tenemos ni migajas televisivas que repartir.

Yo creo que uno de los principales indicadores de la grandeza de una liga es precisamente el número de equipos con posibilidades reales de ganarla, con posibilidades de aspirar a ganarla al menos. Y no es algo que crea yo solo, precisamente uno de los leitmotiv (o como se diga) de la ACB cuando nació hace treintaitantos años fue precisamente ese, que esto no fuera sólo cena para dos sino que hubiera unos cuantos con legítimas aspiraciones a pillar una buena parte del pastel. Con tal motivo se incorporó el segundo extranjero, con tal motivo el tercer extranjero provocó llanto y crujir de dientes unos pocos años después (y téngase en cuenta que hablamos de los ochenta y los primeros noventa, en aquel entonces aún no había libre circulación de trabajadores ni Bosman ni cotonús ni guineanos o turkmenistanos repentinamente nacionalizados). Se consiguió sólo a medias, claro está, siempre habrá ricos y pobres y esta competición no habría de ser la excepción. Pero aún siendo sólo a medias hubo un tiempo en que no sólo decíamos ser la mejor liga del mundo después de la NBA sino que muy probablemente lo éramos, aún consiguiéndose sólo a medias hubo equipos como CAI, Penya, Estu, Baskonia, Unicaja, Valencia, Sevilla, Cáceres, Granada, Manresa o Bilbao que durante un momento (o varios) se creyeron con derecho a soñar, que algunos no sólo se creyeron con derecho a soñar sino que a veces hasta soñaron, que algunos no sólo soñaron sino que hasta se atrevieron a convertir esos sueños en realidad. Pregúntense ahora si esos sueños (sólo sueños, no hablo ya de realidades) serían siquiera imaginables a día de hoy.

¿Cómo hemos llegado a esto? En estos casos resulta muy socorrido recurrir al concepto crisis, esa de la que (dicen que) ya estamos saliendo aunque la tozuda realidad se empeñe día tras día en demostrarnos lo contrario. Un tópico si así lo quieren, pero no por más tópico menos cierto. Quizá recuerden que hubo un tiempo en que los patrocinadores comían de nuestra mano, un tiempo en que mirabas los nombres de nuestros equipos y sólo veías entidades financieras, otro en que sólo veías compañías de seguros, otro en que sólo veías inmobiliarias, la burbuja que les explotó poco después también se le estampó en plena cara a la ACB. Añádase que se cerró también (salvo excepciones) el grifo del dinero público (afortunadamente, porque en tiempos de escasez debe estar para otras cosas) y el resultado de todo ello salta a la vista. La clase alta (dos) cada vez más alta y en cambio la media-alta cada vez más media, la media cada vez más baja, de la que antes era baja mejor no hablemos. Hoy Unicaja y Mercadona (más bien su Cultura del Esfuerzo) pasan por ser nuestros mejores patrocinadores pero es mentira, en realidad no son patrocinadores sino dueños, y que sigan siéndolo por muchos años por la cuenta que les (nos) tiene. El resto andan mendigando a ver si una caja de ahorros local, una empresa de productos dietéticos, una agencia de viajes o una gran compañía telefónica (loado sea el cielo) va y se acuerda de nosotros, y cuando ello sucede nos damos con un canto en los dientes y nos decimos que en el fondo podría ser mucho peor. Lo cual es cierto, pero no es menos cierto que (al menos en esto) cualquier tiempo pasado fue mejor. Además de anterior.

Claro está que en esto de los patrocinadores también podemos engañarnos a nosotros mismos, lo que antes les comentaba de Unicaja o Mercadona apenas es nada al lado del argumentario de mi sesudo interlocutor: …como si fuera un pecado mortal que tu principal patrocinador sea una parte de tu mismo club que se dedica al fútbol y tenga menos mérito que, por ejemplo, una entidad bancaria o una cadena de alimentación por poner ejemplos de los semifinalistas de esta temporada. Me encanta, de verdad se lo digo.madribarça Toda la vida creyendo que el Madrid y el Barça eran clubes de fútbol que además tenían una sección de baloncesto y ahora resulta que no, que el fútbol en realidad es sólo una parte de ese mismo club, el cual además ejerce de patrocinador principal de sí mismo. Pues vale, aceptemos barco como animal acuático (o pulpo como animal de compañía), aceptemos que el Madrid y el Barça de fútbol son simplemente patrocinadores de sus secciones de baloncesto (me da la risa de sólo escribirlo), como Río Natura del Obra, La Bruixa d’Or del Manresa o Montakit del Fuenla pongamos por caso, lo mismo. ¿Lo mismo? Sin necesidad de entrar en cantidades (que en ningún caso serían comparables), quizá no esté de más reparar en el pequeño detalle de que Madrid y Barça no tienen que vivir bajo la espada de Damocles de que su patrocinador principal les abandone a final de temporada dado que llevan patrocinando al baloncesto desde su fundación, ya ven que cosas. Es más, ni siquiera tienen que preocuparse de que les cuadre el debe y el haber, los demás si no les cuadra tienen un serio problema (con las nefastas consecuencias que conocemos verano tras verano) pero ellos dos no, si a final de año el debe supera con creces al haber no tienen más que tirar de la caja común, será por dinero, éstos son patrocinadores y lo demás es tontería. Y no estará de más recordar que el Madrid hoy llena el Palacio pero hubo un tiempo en que ni siquiera era capaz de llenar el viejo pabellón de su extinta Ciudad Deportiva, del mismo modo que el Barça que un día llenó el Sant Jordi hoy es incapaz de promediar media entrada en el Palau. ¿Que no cuadran las cuentas? No hay problema, Dios (o el fútbol, que viene a ser lo mismo) proveerá.

En este punto del debate siempre suelen aparecer dos puntos de vista antagónicos, A) el que reclama que Madrid y Barça sean abducidos full time por la Euroliga para que así podamos recuperar la igualdad en nuestra liga doméstica, y B) el que afirma que una supuesta liga sin Madrid ni Barça sería la ruina absoluta para la ACB. Y aquí mis convicciones flaquean, ya les dije al principio que en el fondo sólo tengo dudas: mi romanticismo escogería la A pero mi (escaso) sentido común reconocería que tienen razón los de la B. Esto es como aquella coplilla de antaño, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero. Tal cual. A veces me pregunto qué popularidad habría alcanzado nuestro deporte en este país si el Madrid y el Barça no hubiesen creado una sección de baloncesto (perdón, quería decir si el Madrid y el Barça de fútbol no hubiesen decidido patrocinar a un equipo de baloncesto, en qué estaría yo pensando): probablemente hoy no sería más popular que el balonmano, el voleibol o el waterpolo, por más que me duela reconocerlo. Como me pregunto también (soy muy de preguntarme cosas; mis dudas, ya saben) qué sucedería si se diera aquella hipótesis que les planteaba más arriba, si Madrid y Barça se integraran en una Euroliga cerrada que les obligara a dejar la liga doméstica. Si aún con ellos (y aún con el futbolerismo y el madribarçismo que nos meten hasta en la sopa nuestros medios) nos cuesta tener visibilidad, pues imagínense sin ellos: probablemente caeríamos en el ostracismo más absoluto, probablemente nuestra repercusión se asemejaría a la de la LEB. Tan triste como cierto.

Para el final dejó mi ínclito contertulio su última andanada, ni que decir tiene que tan sutil como las anteriores: …a muchos no los convenceré (tampoco lo pretendo) y otros entrarán en esa categoría moderna de “haters” que su principal objetivo es ver a uno de los dos finalistas fuera de los títulos sin entrar en más profundidades (seguramente estén ocupados viendo otras cosas porque su equipo hace ya mucho que acabó la liga), (…) y quién no quiera verlo, pues nada, que siga con su “postureo” mientras ve una de las mejores finales posibles. Cómo no, un ganador como él (tanto más este año) no podía dejar pasar la oportunidad de restregarnos a los demás nuestra condición de perdedores, hasta ahí podíamos llegar. Es curiosa la vida. Habrá haters, no les digo yo que no, pero yo más bien pertenezco a esa otra categoría de perdedores que podríamos denominar perdedores gilipollas (no hace falta que me pongan adjetivos, ya me los pongo yo solo), que es como ser perdedores por partida doble: tan gilipollas como para alegrarme muy sinceramente con algunas victorias europeas de los ganadores;rmeuroliga alegrarme incluso más que algunos (sólo algunos) que se pasaron años deseando que perdiera su propio equipo para que echaran al coach; alegrarme incluso más que algunos (sólo algunos) que (de tan ganadores como son) cuando ganan de verdad ni siquiera saben cómo disfrutarlo, todos esos para quienes la victoria es más un alivio que una alegría en palabras de su propio entrenador. Alegrarme por lo bien que me cae su (otrora vilipendiado) técnico, por la debilidad que siento por cierto jugador, por lo que sea. Alegrarme muy sinceramente porque me gusta el baloncesto aún por encima de cualquier color, de sobra lo saben un montón de madridistas de bien que tienen la insana costumbre de leerme y de aguantarme, si ahora el listo de turno lo quiere llamar postureo llámelo como le plazca pero le aseguro que es la pura verdad. Aunque hoy, a la vista de ciertas actitudes, casi me arrepienta de haberme alegrado tanto.

Así que al parecer yo debería haber estado ocupado viendo otras cosas porque mi equipo hace ya mucho que acabó la liga, y sin embargo vi y disfruté la Final como el que más, acaso más que el que más porque me daba igual cómo acabara, porque la habría disfrutado igualmente si el resultado hubiera sido otro. Y sin embargo algunos que estaban predestinados para disfrutar esta final prefirieron no disfrutarla, ya ven lo que son las cosas. Les contaré una historia absolutamente verídica, que tiene que ver con un compañero de trabajo del que les he hablado alguna vez: justo ese que es casi el único con quien puedo hablar de baloncesto, justo ese que alguna vez (con toda la buena intención del mundo) viene a comentar conmigo el partido de la noche anterior sin saber que yo aún lo tengo grabado esperando para poder verlo. No escribiré su nombre completo no vaya a ser que alguna vez le dé por guglearse y se encuentre con lo que no se espera [Él no sabe que tengo este blog ni puñetera falta que le hace, procuro mantener a rajatabla la separación entre mi vida laboral y mi vida virtual no vaya a ser que algún día mi jefe me encuentre blogueando o tuiteando en horas de servicio; sólo una vez un par de compañeros me pillaron un artículo publicado en otro lugar con mi nombre y mis dos apellidos, mi buen disgusto me costó pero la cosa no pasó de ahí], sólo diré (para añadir verosimilitud al relato) que sus iniciales son JMPG y que es quien lleva (muy bien por cierto) los asuntos informáticos de mi oficina. Baloncestero sin exageraciones (es decir, que le gusta esto pero no es un enfermo como el que suscribe), madridista sin forofismos ni fanatismos, de esos capaces de ver por igual la paja y la viga, en el ojo propio o en el ajeno. Un gusto hablar de baloncesto (y de cualquier otra cosa) con él.

Bueno, pues JMPG vino a mi despacho al día siguiente de acabar la semifinal Barça-Unicaja y me comentó que no pensaba ver la final Barça-Madrid. JMPG sólo deja de ver al Madrid de baloncesto por dos razones, porque sus múltiples obligaciones familiares se lo impidan o porque la tensión de los últimos minutos le haga dar la espalda al televisor, no lo vaya a pagar en salud. Y sin embargo en este caso resultaba evidente que su decisión no se correspondía con ninguno de esos dos motivos, era algo mucho más simple: de verdad, tío, no puedo ya con más Barça-Madrid, no aguanto más, todos los años lo mismo, la misma historia, las mismas tonterías, los mismos rollos, siempre igual, como si no hubiera más equipos, ya estoy cansao, de verdad…  Tal cual. Y hasta donde yo sé cumplió su palabra, no vio ninguno de los tres partidos ni vino a comentármelos ni fui yo tampoco a comentárselos a él. Ahora llamen también a esto postureo si así lo quieren, pero díganme antes qué necesidad tendría JMPG de posturear ante un compañero de trabajo al que ni le va ni le viene lo que haga con su vida. Y es que en el fondo es todo mucho más sencillo (y mucho más complicado, a la vez), en realidad las cosas no son sólo blancas y negras (o blancas y blaugranas, para el caso que nos ocupa), también las hay grises. Incluso en el propio blanco hay múltiples tonalidades de gris. Véase la muestra.

Que sí, que ya lo sé, que mi compañero es otra de esas excepciones que confirman la regla, que son muchos más los madridistas o barcelonistas jurboleros que sólo consideran a su equipo de baloncesto digno de ser mirado cuando se enfrenta al eterno rival. Algunos por lo que parece estarían tan felices con aquella ACB que imaginé para 2053 (en otro de mis habituales procesos de enajenación mental), una liga en la que sólo se enfrentaran chiquicientas veces al año Madrid y Barça con todos los demás equipos confinados en la LEB.vialibre Sería tal vez el sueño húmedo de ese futbolerismo mediático que sólo vive para el Clásico (para todos y cada uno de los Clásicos) como si cualquier otra realidad careciera de sentido. Pero como decía mi abuela, lo poco agrada pero lo mucho enfada. No es ya que este país sea muchísimo más grande que Madrid y Barcelona (afortunadamente), no es ya que en esas mismas ciudades haya también otras sensibilidades distintas a las oficiales, no es ya que en un montón de estadios y pabellones de nuestra geografía se coree ese estoy hasta los huevos del Barça y del Madrid… Es que incluso en algunos sectores (todavía muy minoritarios) de esas mismas aficiones comienzan a apreciarse ya algunos leves síntomas de saturación, algunos librepensadores capaces de ver que hay otros mundos (pero están en éste), que otras rivalidades también son posibles. Por algo se empieza.

No tengo la solución, ojalá la tuviera. Eso sí, algo me consuela (mal de muchos…) saber que otros no es ya que no vean la solución sino que ni siquiera ven el problema. Yo al menos tengo claro que esta desigualdad entre ricos (dos) y pobres (el resto, con matices) está matando (si no la ha matado ya) a la gallina de los huevos de oro, o quizá sería más propio decir a la marmota de los huevos de oro dadas las circunstancias (ya sé que las marmotas no ponen huevos, es sólo una licencia poética). En apenas diez o doce meses (o diez o doce años, o diez o doce siglos) nos encontraremos aquí de nuevo repitiendo como papagayos (como marmotas) que el Madrid y el Barça volvieron a encontrarse en la final de Liga, en la de Copa, en la de Supercopa y en la de la Recontracopa si la hubiere, que volvió a ser nombrado Entrenador del Año el técnico del primer clasificado en temporada regular, que las audiencias siguieron cayendo hasta el infinito y más acá (¿pararán en el cero o llegará incluso el día en que alcancemos audiencia negativa, desafiando así las más elementales leyes de la física?), que Burgos volvió a ascender un año más a la ACB para quedarse finalmente en LEB… O no, o quizá esto último no suceda, que toda paciencia tiene un límite y en esa recia capital castellana parecen haberlo sobrepasado con creces. Pero ésa (la de Burgos, la Ourense, la de…) es ya otra historia, y deberá ser comentada en otra ocasión.

Publicado julio 5, 2015 por zaid en ACB

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PENYAZO   Leave a comment

La palabra peñazo así escrita, con eñe, tiene en castellano evidentes connotaciones negativas. De hecho vendría a ser una especie de eufemismo, un sucedáneo para evitar usar la malsonante y sexista coñazo. Peñazo con eñe implicaría pesadez, hastío, insoportabilidad, aburrimiento, hartazgo. Pero eso, con eñe. Pruebe a cambiar la eñe por la enye, pruebe a decir penyazo en lugar de peñazo. Sonar sonará igual, no le digo yo que no, pero créame que su significado es radicalmente distinto, casi opuesto. Al menos en términos de baloncesto.

13601Porque penyazo (con enye) en términos de baloncesto significa pasión, buen juego, diversión, felicidad absoluta. Penyazo viene de penya, de la Penya, del Club Joventut de Badalona o lo que viene siendo lo mismo, FIATC Joventut, saben que no soy de citar patrocinadores pero no estará de más hacerlo siquiera por esta vez (aunque sea gratis) como reconocimiento a su aportación para mantener este tinglado. Joventut o Penya, acaso la institución baloncestística más emblemática que haya dado este país (o lo que quede de él). Otros querrán colgarse esa medalla pero nadie como ellos agita la verdadera bandera (verde y negra) de este juego. Rechace imitaciones.

Hubo una vez una Penya (que se creyó) grande, una Penya que vivió por encima de sus posibilidades porque creyó que esas eran realmente sus posibilidades, porque nadie le dijo nunca que no tuviera derecho a ello, porque la brecha entre los dos de siempre y el resto no era entonces tan abismal como lo es ahora. Hubo una vez una Penya setentera y ochentera que peleó (y a veces hasta ganó) títulos nacionales e internacionales,Fotor0408112124 hubo una vez una Penya noventera que llamó a las puertas del cielo en 1992 y las atravesó finalmente en 1994. Y hubo una vez otra Penya pequeñita, la que entendió demasiado tarde que lo difícil no es llegar sino mantenerse, que si estás en lo más alto sólo cabe ir hacia abajo, que cuando un pobre triunfa siempre vendrán otros a recordarte que ese no es tu sitio, que te bajes de la nube y vuelvas a ese fango del que nunca debiste salir. Despertar de los sueños es difícil, despertar de un sueño convertido en realidad es particularmente cruel.

Y hubo también otra Penya que renació de sus cenizas, puso los pies en el suelo y entendió finalmente dónde estaba y cuál era su papel. Mantener las esencias, no un club de élite que además tiene cantera sino un club de cantera que además tiene un equipo en la élite. No traicionar las prioridades, no traicionar jamás a todos aquellos que se formaron, se forman y se seguirán formando en ese club, poner al primer equipo al servicio de la Institución como una pieza más del puzzle, nunca al revés.13543 El primer equipo como estación-término, lugar de llegada pero también (a la fuerza ahorcan) puerta de salida, escaparate para esas ventas que permitan seguir viviendo. La taquilla es exigua, el reparto televisivo casi inexistente, los patrocinios ya no son lo que eran. Y mantener toda esa estructura cuesta una pasta. La cantera es cara, dicen, y es bien cierto. Por eso hay que rentabilizarla.

Por eso hay que lucir a los chavales en la élite. Sin prisa (pero sin pausa), todo a su tiempo, cada cual en su punto justo de maduración. Ahora bien, además hay que saberlo envolver: proporcionarles el caldo de cultivo para que sigan creciendo, un espejo en el que mirarse aunque estén ya en el primer equipo y crean que no les queda nada por ver. El delicado equilibrio, ese término medio en el que decían nuestras abuelas que estaba la virtud. Lucir a Pere Tomás o Guillem Vives estuvo bien, lucir a Alex Suárez está muy bien, lucir más pronto que tarde a Agustí Sans o Alberto Abalde estará francamente bien, lucir permanentemente (en tránsito de hacerse jugadores de club) a Barrera, Ventura o Llovet no puede estar mejor. Pero sólo con eso no basta, sólo con cantera te vas al carajo, hace falta algo más, unas pocas cucharadas de harina para espesar bien la salsa, un buen puñado de cemento para amalgamar la masa, algo así. Necesitas consistencia.

maxresdefaultNecesitas tipos como Albert Miralles o Sergi Vidal, amigos (íntimos) y residentes en Badalona, que un día ya lejano salieron (cada uno a su manera) por la puerta de atrás y finalmente encontraron la manera de volver por la de delante, pelillos a la mar, ésta al fin y al cabo siempre fue nuestra casa aunque un día renegáramos de ella, aunque un día renegarais de nosotros por ello. Necesitas tipos como Demond Mallet, el primo pequeño de Shaq, otro hijo pródigo, acaso ya entrenador disfrazado de jugador a sus 36 tacos aunque semana tras semana y con la verdinegra puesta se esfuerce en disimularlo. Necesitas otro año más la efervescencia contagiosa de Tariq, necesitas un bosnio pasado por Michigan State como antes necesitaste una ametralladora pasada por Northwestern, hoy Suton, ayer Shurna, mañana quién sabe. Necesitas equilibrio pero también descaro, frescura, la portentosa desinhibición de un jugón como Clevin Hannah.12660 Necesitas la grandeza (en todos los sentidos), la entereza y la integridad de Taph Savané, grande dentro de la cancha y aún más si cabe fuera de ella, aún hoy impartiendo incansables lecciones de baloncesto y de vida. Necesitas Maestros. No basta con que estén en el banquillo, hacen falta también sobre el parquet. Dicho y hecho.

Luego hará falta que mezclen bien, claro. Que los ingredientes jóvenes se complementen con los menos jóvenes, que las manos que mecen el guiso sean las adecuadas, que acierten con los condimentos… Y que hay generaciones y generaciones, claro. No todas las décadas te sale un Rudy, un Ricky, un Ribas o un Raül López, como no todas las décadas te saldrá un Montero o un Villacampa, unos hermanos Jofresa, una familia Margall. A finales de la primera década del presente siglo la Penya volvió a tocar el cielo, casi como aquella otra de quince años atrás. La Penya de la Erre que Erre, la de la riquirrubina, la del mejor Rodolfo que vieron nunca nuestros ojos, la de Aíto tejiendo los hilos con primorosa maestría. Pero contra la tentación de tirar la casa por la ventana supieron bien dónde pisaban, mantuvieron los pies firmemente asentados sobre el suelo, si quieres volar mejor será que tengas una buena base para tomar impulso y una buena red para cuando llegue la inevitable caída. No hubo traumas esta vez. Ya no hay rickys ni rudys, que esas cosas pasan apenas una vez en la vida. Ya hay un buen equipo, nada más (y nada menos) que eso.

Pero tampoco basta sólo con eso. Además es preciso enamorar. Creo que fue más o menos por aquel entonces cuando escribí que si el baloncesto es una forma de vida, el juego de la Penya parece la metáfora de la mejor vida posible. Algo así como un reconstituyente: acaba el partido y te sientes mejor, más a gusto contigo mismo y con los que te rodean, rebosante de energía, de vitalidad, de optimismo… Hoy suena a exagerado, porque lo es. Hoy no diría tanto (ni falta que hace), hoy simplemente diría que la Penya garantiza el espectáculo. Que si en un determinado momento he de escoger entre varios partidos en Orange Arena, no duden que a igualdad de condiciones escogeré el de la Penya. Porque más allá del resultado (y hasta del juego), un partido de la Penya no será nunca un partido cualquiera.112877_81_112576_81-460x261 Podrán ganar o perder, podrán jugar mejor o peor pero sabes de antemano que volarán, que te entretendrán, que la moverán al gusto, que harán que pasen cosas, que no entenderán de imposibles, así les pongas al Madrid de hace unos días o al Barça de hace unas horas tanto dará, juntas la inconsciencia de la juventud con la sabiduría de la madurez y ya tienes montada una revolución en cuanto te descuidas.

Claro está, toda revolución (triunfe o no) necesita un líder. Por alguna extraña razón que no alcanzo a descifrar, Salva Maldonado está entre los técnicos más infravalorados (o menos suficientemente valorados) de esta Liga. Nunca entra en las (por otra parte inútiles) quinielas para entrenador del año, nunca suena para dar el salto a un grande, nunca se habla de él como candidato para dirigir a la selección. Nada. Le conocimos en Manresa, supimos de su paso por LEB, de su vuelta a la élite en Gran Canaria y Fuenlabrada, de su retorno final a la Penya.Salva-Maldonado-dirigiendo-un-_54294369921_54115221152_960_640 Vemos semana a semana su corbata verdinegra y su extrema delgadez, apenas reparamos en él como si fuera sólo un entrenador cualquiera sin siquiera darnos cuenta de que eso es precisamente lo más difícil, ser nada más y nada menos que un (grandísimo) entrenador cualquiera. Uno capaz de entender (porque lo mamó) que la Penya no es una institución cualquiera, que tiene una idiosincrasia especial, que ganar o perder nunca importa tanto como jugar, como formar, como desarrollar. Como ser fieles a una idea. Nada es más importante que eso (en términos baloncestísticos), ser fieles a una idea. Aquellos (no verdinegros sino azules) que un día dejamos de serlo lo sabemos mejor que nadie.

Y atreverse a desafiar el orden establecido, también. Los pajaritos disparando a las escopetas, puede salirte por la culata como hace dos semanas en el Barclayleches (lo cual no restó un ápice a la inmensa belleza de haberlo intentado hasta el final) o puede salirte de cara como ayer en el Blaugrana, el pez chico comiéndose al grande, el mundo al revés. PENYAZO con todas las letras, puñetazo en la mesa del vecino y en la de la Liga, también. Recuperar, siquiera por unas horas, no ya el derecho a soñar sino el derecho a no despertar del sueño. Ya llegará el tiempo de volver a la realidad.

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ABÓS   9 comments

Ayer vi a tu CAI, José Luis. Ayer vi a tu CAI plantar cara a un gran Valencia como tantas otras veces, aguantar hasta el final, tocar incluso la victoria con la punta de los dedos. Ayer vi a tu CAI por vez primera en esta temporada, créeme que me costó reconocerlo entre tanta gente nueva, Robinson, Katic, Lisch, Goulding, Jelovac, créeme que me costó hacerme a la idea pero en realidad no fue tanto por quien estaba como por quien ya NO estaba: no era que faltaran Rudez, Jones, Sanikidze o Shermadini, al fin y al cabo los jugadores son pasajeros, vienen y van; era que faltabas tú. Pero tú ibas a ser aún más pasajero, tú no ibas ni venías sino que estabas, era sólo cuestión de tiempo que volvieras, eso nos dijeron, eso nos creímos, o quizá no fuera tanto que lo creímos como que lo quisimos creer gracias a esa extraña habilidad que tenemos los seres humanos para engañarnos a nosotros mismos. Tú ni siquiera tuviste esa oportunidad de engañarte a ti mismo, José Luis, tú probablemente supiste desde el primer momento lo que te esperaba. Supiste que te irías, lo que quizá ya no imaginaste es que te llevarías un buen trozo de nosotros contigo. No sabes cuánto.

No nos hagas esto, José Luis. No nos dejes solos. Los del baloncesto cada vez somos menos, cada vez soportamos peor las ausencias tanto más si éstas son definitivas, tanto más si siempre sois los mejores quienes os vais. Tu CAI no será ya lo mismo sin ti, no eras simplemente el entrenador del CAI, ERAS EL CAI, con mayúsculas, llevabas media vida siéndolo, lo fuiste en LEB, lo fuiste en los difíciles primeros tiempos de ACB, trabajando codo a codo con Willy Villar, construyendo paso a paso, sin prisas, sin agobios, sin excesos, sabiendo tú mejor que nadie cuánto os había costado llegar a la élite como para dilapidarlo luego en un exceso de precipitación. Sólo era cuestión de tiempo hasta que el trabajo diera al fin sus frutos, hasta que en aquella primavera de 2013 os llevarais por delante al Valencia Basket, precisamente al Valencia, hasta que le rompierais los esquemas a media España (y el Granca a la otra media) entrando en semis, siendo terceros, ganando ese billete para Europa que debió ser de Euroliga y sólo fue Eurocup. Pero ahora ya qué más da, ahora ya no importan las cosas que hiciste, ahora ya sólo importan las que te quedaban por hacer, las que ya no podrás hacer, en el CAI, en Zaragoza o en donde fuera. Las que ya no te dejarán hacer.

Puto cáncer, puta vida de mierda, puta mierda de muerte, ya sé que no son formas y que no es lugar para soltarlas pero ahora mismo no me sale otra cosa, José Luis. Es demasiado tarde, debería estar ya en la cama, debería despejar mi mente pero no puedo, no dejo de darle vueltas al hecho irreversible de que ya no estás, de que ya nunca más volverás a estar. Tenías 53 años, casi mi edad, casi una edad a la que nadie debería morirse. Y menos que nadie tú, José Luis, tú que transpirabas baloncesto, tú que amabas este juego sobre todas las cosas, tú que formabas parte de ese selecto grupo de imprescindibles. Volveré a ver a tu CAI, lo sé, como también sé que nada será igual; ahora ya me dará lo mismo quiénes jueguen, nuevos o viejos, mejores o peores, qué más da. Ahora ya miraré a tu banquillo y no te veré, pero lo peor no será no verte como ayer tampoco te veía, lo peor será ya saber que esta vez es para siempre, que esta vez no hay vuelta atrás. Créeme José Luis, ya nunca más podré mirar un solo partido de tu CAI sin acordarme de ti, sin echarte de menos. Ya no es que el CAI no vaya nunca más a ser lo mismo, es que nuestro baloncesto como tal tampoco volverá ya nunca más a ser lo mismo. Hasta siempre, José Luis. Descansa en paz.

abos

Publicado octubre 20, 2014 por zaid en ACB

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LA ARAÑA   Leave a comment

Allá por mis lejanos tiempos universitarios (tan lejanos que ya han pasado más de treinta años, hay que joroderse), solía contarse, sobre todo en las facultades de ciencias, un chiste (por decirlo de algún modo) que solíamos llamar del investigador y la araña. Se suponía que el investigador cortaba a la araña una de sus ocho patas y a continuación la llamaba, ¡araña, ven!, ante lo cual la araña (aún mostrando una leve cojera) acudía presurosa a la llamada del investigador, que así lo anotaba en su cuadernillo. Luego el investigador amputaba otra pata de la araña, ¡araña, ven!, la araña venía si bien ya con más dificultades, el investigador volvía a anotarlo, así sucesivamente (les ahorro los pasos intermedios) hasta que a la araña ya sólo le quedaban (pongamos) tres patas, de nuevo el investigador le cortaba una, quedaban dos, ¡araña, ven!, la araña tras denodados esfuerzos aún conseguía llegar hasta el investigador, éste así lo anotaba en su cuadernillo, lo siguiente era quitarle a la araña una de las dos patas que le quedaban, ¡araña, ven!, la araña con su única pata a modo de palanca, tras muchísimos intentos y casi arrastrándose conseguía finalmente acercarse hasta donde estaba el investigador, éste una vez más lo anotaba en su cuadernillo para seguidamente quitarle ya a la araña su última pata, ¡araña, ven!, pero ahora ya la araña no se movía, ¡¡¡ARAÑA, VEN!!!, pero no había manera, ¡¡¡¡¡ARAÑAAA, VEEEN!!!!!, pero la araña seguía quieta, ante lo cual el investigador, una vez hechas las comprobaciones pertinentes, procedía a anotar la conclusión final del experimento en su cuadernillo: cuando a una araña se le quitan todas las patas, se queda sorda.

La ACB es una araña (quizá esté un poco traída por los pelos la metáfora) a la que de vez en cuando le quitan patas y de cuando en vez se le caen solas. Hace pocos días fue Bilbao, sin duda una de sus patas principales, pero es que en otro tiempo más o menos lejano fueron también Granada, Alicante, Girona, Huesca, León, Cáceres, Salamanca, tantas y tantas otras, cada una a su manera, cada una en su estilo. La araña siguió siempre andando cual si no pasara nada, siguió acudiendo puntual (o casi) a la llamada de cada temporada pero no hacía falta ser un observador avezado para comprobar que ya nunca andaba de la misma manera, que a cada año que pasaba la cojera se le iba haciendo más y más evidente. Patas que se pierden y patas que aún aguantan a duras penas apuntaladas por sabe dios qué, acaso por dinero público (sujeto además a los caprichos del mandamás político de turno, para más inri), acaso por alguna entidad financiera hasta que se canse del juguete, acaso por dudosas corporaciones de ultramar justo allá donde la entidad financiera ya se cansó. Y patas que parecen aguantar pero que en realidad ya hace tiempo que dejaron de hacerlo, patas que siguen ahí disimulando como si aún sostuvieran el cuerpo de la araña, como si aún anduvieran en lugar de dejarse llevar por las demás. Y patas que se amputan una vez tras otra, un año tras otro, patas que se caen a pedazos pero que en pasando unos meses se regeneran como si nada, como si siempre hubiesen estado ahí; y en cambio otras patas nuevas, a estrenar, patas ajenas pero flamantes y lustrosas que sin embargo no pueden serle implantadas porque hete aquí que nuestra araña es sumamente delicada y exige rigurosísimos controles de calidad, no le vale cualquier injerto, de hecho es que no le vale casi ninguno… Apasionante mundo éste de la araña, sin duda.

Por supuesto que siempre habrá patas y patas, por supuesto que a nuestra araña nunca le pasará lo que a la del chiste porque siempre le quedarán dos patas que no se le van a caer, dos patas futboleras que nadie en su sano juicio osará arrancar jamás. ¿El resto? Que levanten la mano (la pata) las que no hayan dado siquiera un traspiés, las que no se hayan visto con el agua al cuello, las que no se hayan sentido al menos una vez al borde del abismo de la desaparición. Quizá recuerden que hace ahora año y pico parí un delirio titulado 2053 (léanlo después de éste, y así ya les habré acabado de estropear el día), quizá recuerden que en aquella elucubración a la ACB ya sólo le quedaban dos patas, digo equipos, casualmente Madrid y Barça enfrentándose entre sí chiquicientas veces por temporada, el uno era campeón y el otro descendía… para finalmente permanecer y así perpetuar el modelo, ya que ninguno de nuestros restantes equipos (confinados todos ellos en la LEB) era capaz de cumplir las draconianas condiciones impuestas por la ACB para su readmisión. ¿Ridículo? Por supuesto que sí (de hecho pretendía que lo fuera)… pero no tanto como me gustaría. Recuerden que la naturaleza imita el arte y que la realidad tiende a parecerse cada vez más a la ficción. Cuestión de tiempo.

La araña de la ACB pende de un hilo, lo cual no tiene nada de particular porque pender de un hilo es muy de arañas. Claro que también es muy de arañas trenzar con ese hilo una tela de araña para procurarse el sustento, en cambio a nuestra araña de la ACB la tela le sale como el culo, disculpen la vulgaridad, cada vez más desvaída y llena de agujeros por los que año tras año se le siguen escapando aficionados, seguidores y patrocinadores por doquier. Mientras enfrente el investigador contempla todo este proceso pero no ve más allá de sus narices, mira apenas un segundo a esa araña renqueante y hecha unos zorros y con eso ya le basta para pontificar al respecto y anotar sus sesudas conclusiones en su cuadernillo, pongamos por ejemplo el baloncesto ya no interesa, con esos marcadores normal que la gente no quiera verlo, la defensa y el tacticismo están matando el juego, el problema es la dispersión de horarios, el problema es el sistema de competición, la culpa es de los playoffs… O lo que viene siendo lo mismo, que si la araña cojea no será porque se le pierdan las patas ni porque se muera de hambre ni porque se caiga a pedazos ni porque no haya quien la venda ni por su pésima administración ni por el monocultivo del fútbol ni por la madre que les parió a todos, será sólo porque se nos está quedando sorda, va a ser eso. No tan sorda como ciegos estamos los de alrededor.

Publicado julio 30, 2014 por zaid en ACB

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LA SEGUNDA MUERTE   Leave a comment

Santiago Segurola, bilbaíno de pro a la par que extraordinario cronista deportivo, escribió alguna vez acerca de lo que representaba el Athletic de Bilbao no ya en dicha ciudad sino en todo el territorio de Bizkaia. En otros lugares su equipo de fútbol sería parte importante e incluso esencial de la comunidad pero en Bilbao resultaba ser aún mucho más que eso, una presencia hegemónica que de alguna manera consumiría toda la atención deportiva, que haría prácticamente imposible el surgimiento de cualquier otro equipo profesional de alto nivel. Una hegemonía que casi se palpa si vas por allí o incluso si te acercas, si (como es mi caso) acostumbras a pasar tus periodos vacacionales en un bello lugar de la costa cántabra, en el que el predominio del turismo vasco es muy superior al de cualquier otra comunidad y el predominio de camisetas rojiblancas es infinitamente superior a cualesquiera otras que usted pueda imaginar. Y sin embargo…

Y sin embargo, en al menos dos momentos muy puntuales a lo largo de la historia, hubo un deporte llamado baloncesto que se creyó con derecho a comerse siquiera una pequeña parte de ese pastel. Primero en los ochenta con aquel Caja Bilbao de La Casilla, Josean Figueroa, Davalillo, aquella mítica pareja Darrell Lockhart & Joe Kopicki, tantos otros.cajabilbao Aquello se murió (o más bien lo mataron), hubieron de pasar casi veinte años pero un día de repente aquella fiebre reapareció por fin, sólo que corregida y aumentada. Ya la sociedad bilbaína/vizcaína dejó de pensar sólo en términos de fútbol porque (re)descubrió que había otros mundos, ya la camiseta rojiblanca del Athletic siguió siendo hegemónica (y cómo no habría de serlo) pero no necesariamente excluyente, ya podías venir de vacaciones a esta misma costa cántabra y cruzarte en el paseo por la playa, en la plaza del pueblo o en la cola del súper con algún sujeto vestido de negro, no de cualquier negro sino del inimitable color de los hombres de negro. Y te reconfortaba, veías un día esa camiseta, ese polo o esa sudadera y pensabas que no todo estaba perdido, que al menos quedaba una ciudad en la que el baloncesto aún crecía y crecía sin cesar, que de una vez y para siempre (qué ridículo suena esto ahora, para siempre) Bilbao había entrado por fin a formar parte del círculo de grandes capitales de nuestro deporte…

Recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver, decía la copla. No teman, no culparé por ello a la ACB, esta vez no, difícilmente podría hacerlo sin que se me cayera la cara de vergüenza. Tal vez recuerden que hace algunos meses, en uno de esos momentos de enajenación mental transitoria que me caracterizan, escribí un largo post con todo lo que yo haría en el imposible supuesto de que algún día fuera presidente ejecutivo de la Asociación de Clubes de Baloncesto. Decía yo entonces (entre otras muchas tonterías) lo siguiente:

Si yo fuera presidente ejecutivo de la ACB sí complacería en algo al sindicato, y con mucho gusto además: los impagos. En esto sería absolutamente radical, y miren que no suelo serlo en casi nada en esta vida: club que no esté al corriente de pago, club que no podrá fichar y al que (si reincide) se le retirará además la licencia para poder jugar. (…) Y si para ello hay que bajar el nivel general de la competición pues se baja y punto pero qué quiere que le diga, prefiero una chabola de ladrillo a una torre de papel. O a un castillo de naipes.

Sería todo un ejercicio de cinismo por mi parte criticar ahora a la ACB por haber hecho (siquiera esta vez) justo aquello que le pedí que hiciera. El problema en todo caso no estará tanto en la acción como en la omisión previa, en no haber sabido poner los parches adecuados antes de que la vía de agua se hiciera ya insostenible, en haber dejado que las cosas se pudrieran hasta este punto. Saben que son muchas (demasiadas) las cosas que no entiendo de la ACB, no entiendo que los ascensos y descensos sean mentira, no entiendo que (si como sospecho esto ya se barruntaba desde tiempo atrás) no hayan aprovechado para oficializar ambos descensos y hacer liga de dieciséis (nada en contra de Manresa sino más bien al contrario, pero es que ya huele), no entiendo que se conformen con hacer otra vez liga impar de diecisiete con todo el caos que ello conlleva. Son demasiadas cosas las que no entiendo de la ACB pero ésta no es una de ellas, al menos sí que entiendo que hayan tenido que tomar la decisión que han tomado. Nadie en su sano juicio prescindiría de una de sus plazas principales así porque sí, nadie eliminaría de un plumazo una sede estratégica si no fuera porque ya no les quedaba más remedio. Porque ya no tenían ninguna otra opción.

No, el problema no está en la ACB, ojalá lo estuviera. El problema es que todos, yo el primero (desde la distancia) miramos para otro lado mientras la burbuja fue creciendo. Pero es que aquella burbuja daba gloria verla, es que hasta tocaba con las manos la Liga en 2011, es que se codeaba con el CSKA en cuartos de final de la Euroliga 2012, es que no era fácil ver más allá y comprender que todo lo que la sustentaba era un castillo de naipes, naipes de dinero público además, que mientras atábamos a los perros con longaniza a nadie pareció importarle pero cuando la longaniza empezó a acabarse todos comprendimos que el dinero público debía estar para otras cosas. Fue quitar el naipe de la Diputación Foral y venirse abajo el tinglado, por más que se recurriera a patrocinios fantasmagóricos como el de Gescrap (fuera aquello lo que fuera) o se volviera a pedir árnica a la Diputación ya aquello no había quien volviera a levantarlo. El penúltimo capítulo ya lo vimos todos, nóminas que no se pagan, jugadores que se plantan, planes de viabilidad que no hay por dónde cogerlos, presuntos patrocinadores que huyen como de la peste en cuanto se dan cuenta del estado real de la entidad… El penúltimo capítulo ya lo vimos todos, el último acabamos de verlo.

Habré de reconocérselo, siempre desconfié de los crecimientos repentinos, del surgimiento de nuevos ricos de la noche a la mañana, de ese (como decían antes en los anuncios de coches) pasar de cero a cien en diez segundos. Recuerdo que hace años mostré en un foro mi escepticismo ante el desembarco gerundense de Akasvayu, y recuerdo igualmente que unos cuantos contertulios se me echaron cordialmente al cuello, aquello iba a ser la hostia en verso para nuestro deporte que saldría finalmente de las catacumbas en que estaba sumido etc etc. No hará falta que les recuerde lo que tardó en marcharse Akasvayu ni el pufo que dejó por el camino, dónde fue a parar el equipo de baloncesto de Girona ni qué queda de él a día de hoy. Podría ahora jugar a predecir el pasado y decir que lo mismo me pasó con Bilbao Basket pero no lo haré, no se lo diré porque sería mentira. Siempre creí (al menos mientras se llamó Bizkaia Bilbao Basket, e incluso cuando antes fue Lagun Aro) que se sustentaba sobre una base firme y sólida, ya ven lo ingenuo que puede llegar a ser uno cuando no quiere ver la realidad.

Por no desconfiar ni siquiera desconfié de un sujeto a quien había tenido terriblemente atragantado (aún lo tengo, de hecho) en sus años pre Bilbao Basket, cuando no era nada más (y nada menos) que un agente de jugadores cuyo fin no parecía ser tanto el bienestar de sus representados como el suyo propio. Hay agentes que parecen trabajar para sus jugadores y hay jugadores que parece que trabajaran para sus agentes, éste (visto desde lejos) era uno de esos casos: cuerdas que se tensaban hasta límites insospechados, profesionales que cambiaban de equipo casi tanto como de calzoncillos, jugosas comisiones tras cada operación… Un día Gorka Arrinda decidió dejar de jugar a ser David Falk o Arn Tellem y empezar a jugar a ser Paul Allen o Mark Cuban: se quitó el traje, se vistió de sport, se soltó el pelo, se sentó tras la canasta y se puso su mejor cara de todo esto es obra mía, joder qué grande soy, qué encantado estoy de haberme conocido cada vez que ante él se posaban las cámaras de televisión. Pero ni por esas desconfié (y miren que no me habrían faltado motivos), ni siquiera supe ver que Bilbao no es Dallas ni Portland, ni siquiera supe apreciar la sutil diferencia entre unos multimillonarios cibernéticos que apenas se juegan una pequeña parte de su capital y un advenedizo que parece columpiarse sobre el capital de los demás. No lo vi, lo cual no tiene la menor importancia porque el que yo no lo viera es irrelevante, lo verdaderamente grave es que tampoco lo vieran quienes tenían que verlo, ni siquiera aquellos a quienes pillaba más cerca. O que sólo lo vieran cuando ya era demasiado tarde.

Cuentan los que saben de esto que la ACB pierde su tercera plaza en número de espectadores, cuentan que pierde incluso su primera plaza en porcentaje de espectadores en relación con el aforo total del pabellón. Supongo que esos datos serán ciertos, no me consta, sé poco de números, sé mucho más de sensaciones, de emociones, de etiquetas que se nos habían ya grabado a fuego en el imaginario colectivo de una ACB que no está precisamente sobrada de ellas, hombres de negro, efecto Miribilla, cosas que con sólo decirlas todo dios sabía de qué estábamos hablando, lo que se llama identificación, algo que trascendía mucho más allá de unos simples colores o de toda una ciudad. La ACB se acaba de pegar un tiro en el pie, eso es indudable, pero la duda que me queda es si tenía otra opción, si no habrá sido el mal menor, sacrificar el pie para que no te vuelen la cabeza, condición necesaria (y no sé si suficiente) para seguir (mal)viviendo. El precio a pagar por nuestro baloncesto no será poco, ni más ni menos que andar cojeando durante toda una larga temporada.

Claro que otros habrán de pagar un precio muchísimo mayor. No me refiero a los jugadores, que no sé si algún día cobrarán siquiera un euro de lo que les dejaron a deber pero que al menos encontrarán más pronto que tarde otro lugar donde ganarse el sustento. Me refiero a los aficionados, todos esos miles de bilbaínos y vizcaínos que se implicaron en el proyecto hasta extremos insospechados, que lo sintieron como suyo, que se creyeron con derecho a soñar hasta que les dieron con la cruda realidad en la cabeza. Primero les dijeron que no serían grandes, luego que no serían competitivos, finalmente que no serían, punto. El Bilbao Basket 2014/2015 será LEB, será EBA o no será, qué sé yo lo que será, saber lo que se dice saber sólo sabemos (si hacemos caso a los que entienden de esto) que como dijo el bolero, pasarán más de mil años, muchos más antes de que vuelvan a verse en la máxima categoría de nuestro baloncesto. Porque hay quien dice que mantendrán los derechos ACB pero no son pocos los que aseguran que en caso de ascenso habrían de pagar el canon íntegro, como un Burgos cualquiera de la vida. O lo que vendría a ser lo mismo, la muerte del baloncesto de élite en Bilbao. Otra muerte más pero esta vez mucho más dura, mucho más definitiva que aquella primera. Una segunda muerte a la que a día de hoy no se le ve posibilidad alguna de resurrección.

TORO O TORERO   5 comments

Antes de nada me gustaría dejar claras algunas cosas, para que así se entienda mejor lo que venga después: Creo que Laso la cagó pero bien en esta Final ACB, disculpen la vulgaridad. Creo que Laso se puso la venda antes de la herida, probablemente porque en su fuero interno supiera que dicha herida existía aunque nosotros no la viéramos. Y además se fue a poner la venda equivocada, vaya por dios. La venda arbitral, que no sólo no tapa la herida sino que la abre más todavía. El victimismo arbitral nunca sirvió para nada, si alguna vez dio réditos a corto plazo fue a costa de proporcionar grandes pérdidas a medio/largo plazo, el tiempo justo de quedar grabado a fuego en la entidad (cualquier entidad), total para qué lo vamos a intentar si no nos van a dejar, el pretexto para algo que todavía no ha pasado (pero que ya estamos predisponiéndonos a que nos pase), la coartada perfecta. El victimismo (versión arbitral) fue siempre el primer paso hacia la derrota.

Laso vio cosas raras en el arbitraje del primer partido, no las vio ni Roncero (ligera exageración) pero él sí, vaya por dios, o las vio o creyó verlas o ni lo uno ni lo otro pero decidió jugar con eso, si tantos otros lo han hecho antes a ver por qué yo no, dejo caer que nos han perjudicado en el primero y ya verás cómo nos benefician en el segundo. O no. En el segundo no hubo caso porque ganó el Madrid de calle, en el tercero menos porque ganó de calle el Barça. Agarrarte al victimismo con palizas así no es de recibo pero ya saben, hay gente pa tó. Lo cierto es que el Madrid entró al cuarto partido con la venda puesta, menuda porquería de venda, aún no habían transcurrido tres minutos y ya les estaba escapando la pus. Aún no había un motivo siquiera para quejarse de los árbitros y ya se comportaban como si hubiera un plan preconcebido, como si les estuvieran robando, como si tuvieran que justificarse ante su afición, mirad, que si no ganamos no es porque no queramos ni porque no podamos sino porque no nos dejan, qué mejor manera de mostrarle al mundo entero que llevamos ya la derrota pintada en la cara, perder ya hemos perdido (aún antes de empezar), ahora ya sólo necesitamos inventarnos una explicación. Sólo fue el principio, hubimos de llegar al tercer cuarto para presenciar aquella patética escena que habrá de quedar para los anales de la historia, Laso abandonando su silla de ruedas y atravesando media pista a la pata coja para espetarle al trío arbitral en su propia cara que aquello era una puta vergüenza, jamás en la vida se vio nada igual, si queríamos imágenes de impacto para ganar audiencia ahí tuvimos una buena, ya otra cosa sería que además supiéramos qué hacer con ella. Por un momento (por toda una serie, más bien) Laso se nos convirtió en Óscar Quintana sin reparar en que ese papel no le pega nada (de hecho no le pega ni al propio Óscar, pero eso ya no tiene remedio), ni le pega a Laso ni aún menos a su club, un club que se autodefine como Club Señor aunque en demasiadas ocasiones haya tratado de disimularlo, el mourinhismo es lo que tiene. Pero Mourinho sólo hay uno (afortunadamente) como sólo hay un Quintana, rechace imitaciones. Laso no puede ponerse a ese nivel de verdulera (dicho sea con todos los respetos para tan noble profesión), ni como estrategia ni como arrebato. Ni le pega al entrenador que es ni al jugador que fue ni al buen tío que aparenta ser. Todo tiene un límite.

Laso se fue al vestuario a verlo por la tele (supongo) y justo entonces sucedieron dos cosas paradójicas: 1) que el Madrid encontró por fin algún verdadero motivo para quejarse de los árbitros, bastante superados ya por la presión (y quién no lo estaría en su lugar) a estas alturas: aquellas dos andideportivas, la primera no lo pareció en absoluto, la segunda sí… pero como tantos otros hachazos intencionados en media pista para cortar el contraataque que antes se habían dejado sin pitar; dos nimiedades, sin duda, pero mucho más llamativas que aquellas otras por las que (supuestamente) habían montado el pollo un rato antes. Y 2), y mucho más importante, que el Madrid se rearmó: el Madrid, reunido en asamblea tras la marcha de Laso, decidió (o eso interpreté yo desde mi casa) dejarse de lloros, prescindir de paranoias, olvidarse de los árbitros y ponerse de una vez por todas a jugar al baloncesto aún teniéndolo todo perdido, aún con las escasas fuerzas que les quedaban. Y funcionó, casualmente funcionó, el Madrid no sólo volvió al partido sino que estuvo a punto de ganarlo, si no lo hizo fue (como bien explicaba Mariano de Pablos en su magnífico artículo) porque los tiros librados del Barça entraron casi todos mientras que al Madrid no le entró casi ninguno: cansancio extremo (físico y/o psicológico), agarrotamiento, quizás también un exceso de presión. Paradójicamente fueron mejores en régimen de autogestión (o con la gestión de López y Cuspinera, reconozcámosles los méritos), algo que quedará en el debe de Laso como también quedará en el debe de Laso no haber sabido medir los tiempos, no haber sabido distribuir adecuadamente los picos y valles de estado de forma a lo largo de la temporada (algo que ya fue un problema en años anteriores, pero aún mucho más en éste) y, sobre todo, no haber sabido recuperar ni física ni aún menos psicológicamente a sus criaturas tras lo de Milán. La defensa se les quedó allí, en la Piazza del Duomo, quizá la última gota de gasolina también. Siguieron por inercia, pero sólo con inercia no ganas la Liga. Necesitas algo más.

Quedará todo ello en el debe de Laso, he querido escribirlo cuanto antes porque casi nadie ha sido más proLaso que yo en estos años, porque de tanto defenderle casi parezco su cuñado (o algo así), porque nadie es perfecto (y yo menos que nadie), Laso es un buen entrenador pero tiene también sus pros y sus contras, su debe y su haber como lo tiene todo dios. Así que si hoy nos desgañitamos en el debe no será porque desaparezca el haber, si nos cebamos en las múltiples cagadas de esta Final no habremos de pasar por algo toda la grandeza derramada por este equipo en los meses previos a dicha Final. Claro que ahora vendrán todos a decirme que todo eso no sirve para nada, que el segundo sólo es el primero de los que pierden, que del subcampeón no se acuerda nadie y demás zarandajas varias que acostumbran a ser lugar común. Pues qué quiere que le diga, puede que del segundo no se acuerde nadie pero yo (que no soy nadie) no concibo esa razón. Yo sí me acuerdo de los segundos, tanto más cuanta más huella me dejaran con su juego; me acuerdo de mi Estu en 2004, me acuerdo de Butler (Universidad de) en 2010 y 2011, me acuerdo de los Fab Five de Michigan en 1992 y 1993, me acuerdo de los Spurs de 2013 y me seguiría acordando igual aunque no hubieran ganado el título en 2014. Me acuerdo incluso de equipos que ni siquiera llegaron a ser segundos pero también me cautivaron de un modo u otro, sirvan como ejemplo aquellos Kings de comienzos de siglo o los Bucks y (sobre todo) Warriors de Don Nelson, podría ponerles otros doscientos ejemplos más pero acabaría aburriéndoles (aún más si cabe) y no es esa mi intención. Del segundo no se acuerda nadie pero yo a veces me acuerdo más de los segundos que de los primeros, soy así de raro. Fíjense si me acordaré de los segundos que aquí me tienen escribiendo sobre uno de ellos en lugar de lo que en realidad debería estar haciendo, glosar como es debido las virtudes del campeón.

Total, que aún no había acabado el cuarto partido (de hecho puede que aún no hubiera acabado ni el tercero) y ya teníamos a Fotis Katsikaris hasta en la sopa, tal como nos lo vendían casi parecía que estuviera ya embarcando en el aeropuerto de Atenas, dirección Madrid of course. El Madrid lo niega pero no faltan iluminados que lo dan por hecho, ya otra cosa será que estemos dispuestos a creernos cualquier iluminación. A mí Katsikaris me gusta, habré de reconocerlo, de hecho si me pusieran en el brete de tener que escoger entre uno de los dos acabaría confesando que me gusta más que Laso. Pero es que (como decía el añorado Luis Aragonés) ése no el tema y tal. El tema es consolidar un proyecto ya iniciado y en proceso de maduración (aunque a veces algún fruto salga pocho, es ley de vida) o preferir empezar otra vez de cero con todo lo que eso conlleva. El tema es escoger entre lo malo conocido (en el supuesto de que fuera malo) y lo bueno por conocer. El tema es (por utilizar una expresión que oímos a menudo últimamente) decidir si quiere ser toro o torero. Si quiere marcar el paso o que se lo marquen, si quiere seguir llevando la iniciativa en el juego y que sean los demás quienes tengan que contrarrestarla o si prefiere volver a las andadas, perder la personalidad, ser otra vez ese típico equipo que tras tantos técnicos distintos ya ni sabe a qué juega, verse otra vez pegando tumbos por esas canchas de dios, de filosofía en filosofía, de proyecto en proyecto, de entrenador en entrenador.

Así que si quieren cargarse a Laso allá ustedes, son muy dueños, pero antes déjenme que les diga una cosa (a sabiendas de que evidentemente no van a leerla): en el deporte de equipo, hoy en día, no hay mayor valor añadido que la estabilidad. Los clubes que triunfan son los que no se vuelven locos, los que no cortan cabezas a las primeras de cambio, los que saben lo que quieren, sientan las bases para conseguirlo y realizan simplemente los ajustes necesarios para afianzar el proyecto. Podría ponerles otra vez el ejemplo de los Spurs pero les iba a resultar cansino (aún más si cabe) así que les pondré otro que les queda bastante más cerca, justo enfrente: ¿se han parado a pensar cuántos títulos mayores ganó el Barça la temporada pasada, no ésta que acaba ahora sino la anterior, 2012/2013? Uno, exactamente uno, exactamente el mismo que han ganado ustedes este año, la Copa del (ex)Rey. Pudieron decapitar a Pascual el pasado verano, no faltaron voceros que así se lo reclamaron desde todos los ámbitos, pero con buen criterio decidieron apostar por la continuidad. ¿Por qué? Porque saben que el Barça podrá enamorar o no (más bien no), podrá ganar o perder títulos pero siempre, SIEMPRE, va a estar peleando por ellos. Peleándolos hasta el final, hasta la gloria o hasta quedarse a las puertas, hasta el último minuto del último partido, hasta la mismísima bocina de cualquier final. Eso tiene el Barça y eso tiene ahora también el Madrid, me dirán que para la grandeza de su entidad no basta con pelear los títulos sino que además hay que ganarlos, puede ser pero permítanme que les recuerde (una vez más) que ahora al menos los pelean, no siempre fue así, tiempos hubo en que ni se acercaban a ellos, tiempos en los que no es ya que no jugaran finales sino que incluso algún año ni jugaron playoffs, tiempos en que si alguna rara vez ganaban algo era más fruto de la casualidad que de la causalidad, justo esos mismos tiempos en los que casualmente cambiaban casi tanto de entrenador como de equipación. ¿Es ese el modelo que quieren? Traerse al Fotis de turno para luego empezar a cuestionarlo en cuanto pierda dos partidos (que los perderá, nadie es perfecto)? ¿Decir luego aquello de que con Laso vivíamos mejor como ya lo dijeron con Plaza en su día, eso sí después de haberle hecho la vida imposible durante los años que permaneció al frente de la Sección? Toro o torero, recuerden. Lo dejo en sus manos.

NO TE SIGNIFIQUES   Leave a comment

Mira que nos lo decía una y otra vez nuestra madre, hijo, no te signifiques, no sé cuántas veces le llegué a escuchar aquella frase en aquellos extraños años del post-franquismo y la predemocracia (puede que aún estemos en esos años, de hecho). Hijo, no te signifiques, me lo decía a mí aunque mi natural timidez me impedía significarme, se lo decía sobre todo a mi hermano (menor) que era mucho más de significarse que yo. Hijo, no te signifiques, sonaba aquello como si fuera una negación de la personalidad, una negación de la persona misma, que no te vean, que no te sientan, que no sepan que existes, sé insignificante por definición. Eso mi madre, mi padre iba aún más allá, oír, ver y callar, ésa era su forma de ir por la vida, ésa fue la filosofía que nos inculcó millones de veces (no le gustaba repetir las cosas) a lo largo de nuestra infancia, oír, ver y callar, huelga decir que no le hicimos caso, huelga decir que ni siquiera yo (que era más de hacerle caso que mi hermano) le hice nunca el menor caso (de hecho ni siquiera él se hizo caso a sí mismo en algún momento de su vida; pero esa es otra historia), de habérselo hecho no estaría aquí ahora dándoles la brasa en este (ni en ningún otro) blog. En el pecado llevan la penitencia.

En fin, que supongo que no les descubro nada nuevo a estas alturas si les cuento que Pedro Martínez ha dejado de ser entrenador del Gran Canaria, como supongo que aún menos les descubriré nada nuevo si hurgo un poco en la polémica que se ha generado a su alrededor. Afirman los (ir)responsables de dicha decisión que ésta se ha tomado sólo en base a razones deportivas, y como quiera que yo soy una persona ingenua y bienpensante por definición (seguro que ya se habían dado cuenta) no puedo por menos que creérmelo, cómo no me lo habría de creer. Razones deportivas, of course, lo dicen porque puede que sea cierto y porque si no lo fuera tampoco podrían decir otra cosa, eso sería tanto como reconocer que han discriminado a un trabajador por motivos ideológicos y contra eso (que yo sepa) hay leyes, incluso en estos tiempos sigue habiéndolas aunque cada vez nos cueste más reconocerlas. Razones deportivas, por supuesto, cómo no, faltaría más, hagamos como que nos lo creemos, repasémoslas juntos, háganme el favor.

El Club Baloncesto Gran Canaria, el Granca para los amigos, ha quedado este año quinto clasificado en la ACB, así en temporada regular como en playoffs. Quinto (5º), repito, ello después ganar 22 partidos, más que en cualquier otra temporada por cierto. Algunos (no muchos) hay a quienes eso les parece poco, supongo que en base al esfuerzo económico realizado este pasado verano por la entidad: renovación de Newley o Bellas, adquisición de Oliver, Nacho Martín, Ben Hansbrough u O’Leary por ejemplo (quizá también deberían meter en ese saco la marcha de un jugador tan impagable como Toolson, pero ésa por lo general se les olvida). Supongo que también les parecerá poco por comparación a lo hecho en 2012/2013, año de gracia en que el Granca se clasificó cuarto (tras haber sido séptimo en temporada regular) y se metió además en semifinales de Copa del Rey. Todo ello muy normal claro está, tan normal es que a ellos les parezca poco como que a mí (que no soy nadie) lo hecho este año por el Granca me parezca más que suficiente, quizá porque no acostumbro a pedir la luna si sé que no me la pueden conseguir. Si ser quinto te parece poco mira al menos quiénes son los que están por delante, dos transatlánticos como Madrid y Barça, dos portaaviones como Valencia y Unicaja, cuatro equipos que en condiciones normales (repito, en condiciones normales) deben estar por delante del Granca sí o sí, el dinero es lo que tiene. Si ser quinto te parece poco echa un vistazo al parte de bajas, a la cantidad de semanas en que Martínez debió hacer encaje de bolillos ante las sucesivas lesiones de unos y otros, alguna tan devastadora como la de ese pívot del que ahora ya parece que nadie se acuerda, Xavi Rey. Si ser quinto te parece poco por comparación a lo hecho en 2012/2013 viaja un poco más atrás, tan solo un año, a aquella temporada 2011/2012 en la que el Granca hubo de esperar hasta las últimas jornadas para salvarse del descenso, sin que aquella plantilla de entonces fuera muy distinta de la que vino después. Si vamos a jugar hagámoslo con todas las cartas, por favor.

Pero con todo y con eso las razones deportivas me parecen legítimas, cómo no habrían de parecérmelo. Pongamos que los sabios rectores del Granca, en pleno uso de sus facultades mentales, hayan decidido, justo ahora que tienen nuevo pabellón y mayor previsión de abonados (y por ende de ingresos), que con este técnico han tocado techo (¿Y por qué ese techo habría de fijarlo el técnico y no el presupuesto, por ejemplo?), que este nuevo proyecto a Pedro Martínez le viene grande y por ello precisan de un nuevo entrenador que esté a la altura de las circunstancias, con dos… razones. Cuentan que andan detrás de Aíto (que si así fuera ya veremos si se deja) como podrían contarnos que andan detrás de Obradovic, Popovich, Krzyzewski o la madre que les parió, lo que les pete. Fichen a quien les plazca, probablemente acertarán porque grandes entrenadores hay unos cuantos en el mercado pero eso sí, permítanme antes que les diga una cosa: no dudo que acabarán encontrando a un técnico igual de bueno que Pedro Martínez, pero difícilmente encontrarán a un técnico mejor que Pedro Martínez. Al tiempo.

Ahora bien, Pedro Martínez, ahí donde le ven, tiene un defecto evidente: es un profesional del baloncesto, probablemente es un enamorado del baloncesto pero ello no significa que su vida entera (24 horas al día, siete días a la semana, etc) sea sólo baloncesto. A ratos (pocos) tiene también tiempo libre y hasta se cree con derecho a a utilizarlo en cosas ajenas a nuestro deporte, por dios qué atrevimiento, dónde vamos a llegar. Pedro Martínez lee, escribe, opina como si tuviera derecho a ello, como si fuera éste un país libre en el que poder opinar impunemente, sólo eso faltaba. Pedro Martínez tiene la funesta manía de pensar, es más, tiene también a veces (probablemente muchas menos veces de lo que le gustaría) la funesta manía de decir lo que piensa. Así lo hizo siempre (y alguna vez hubo en que casi le degollaron por ello), así sigue haciéndolo y así seguirá haciéndolo allá donde vaya porque hay cosas que no se pueden (ni se deben) cambiar, porque forman parte intrínseca de la personalidad de cada uno. Y si es un lugar común aquello de que los equipos son un fiel reflejo de la personalidad de sus entrenadores, probablemente ello muy pocas veces fue más cierto que con los equipos dirigidos por Pedro Martínez. Casualmente.

Hijo, no te signifiques… Nuestra sociedad pide modelos planos, tanto más en el mundo del deporte. Seres que no piensen y que si piensan no lo digan, el fútbol es así, el balón no quiso entrar, yo lo que diga el míster, no hay rival pequeño, ya no hay peritas en dulce, los partidos duran noventa minutos, hasta el rabo todo es toro, son cosas del fútbol. Oír, ver y callar (o en su defecto soltar una sarta de simplezas para que todos pensemos que cuánto mejor hubieran hecho permaneciendo callados), ese es el modelo imperante y pobre de aquel que se salga de la norma, tanto más si tu deporte no se juega con los pies. Corren malos tiempos para la lírica y la filosofía y el pensamiento y hasta el sentido común, tiempos en los que aquel que se mueve no sale en la foto (y cada vez son más los que se mueven, por eso cada vez salen peor las fotos). O no dices nada, o dices lo que quieren oír o más pronto que tarde alguien pedirá tu cabeza, sabíamos que era así en otros ámbitos, ahora ya sabemos (o sospechamos, al menos) que puede ser también así en el mundo del deporte. No te signifiques, quién me iba a decir a mí que aquella frase de mi madre volvería a retumbar de nuevo en mi cabeza, casi cuarenta años después…

Ahora bien, destrascendentalicemos (pedazo de verbo) un poco las cosas, esto tampoco es el fin del mundo, por supuesto que no. Curiosamente, al contrario de lo que suele suceder en tantos otros despidos (tantas otras no renovaciones de contrato, para ser más preciso), la situación esta vez no va a ser tan grave para el trabajador como para la empresa que le pone de patitas en la calle. Es obvio que Pedro Martínez no va a ser en ningún caso un parado de larga duración (salvo que él así lo quiera), es obvio que se lo van a rifar, cuántos quisieran estar en su pellejo. En cuanto al Granca… miren, yo a estas alturas ya no sé si esto ha sido por una cosa o por la otra o por todo lo contrario o por las dos a la vez o por ninguna o por un tema económico o por un totum revolutum o por hartazgo mutuo, no lo sé ni quiero saberlo ni creo que tenga por qué saberlo, pero sí hay algo que creo entrever y es el daño que la entidad se ha autoinfligido con esta historia: el Granca a partir de ahora podrá ganar o perder, podrá ser mejor o peor equipo pero créanme que eso a estas alturas es lo de menos, mucho más importante me parece el hecho de haber tirado por tierra de una tacada buena parte de la ilusión y la admiración generada a lo largo de todos estos años, la que les llevó a convertirse en el segundo equipo de muchísima gente (entre la que me incluyo) más allá de su Isla. Ese tesoro, mucho más valioso que cualquier victoria, casi tan valioso como cualquier título, es el que hoy han podido echar a perder. Veremos si algún día son capaces de reconquistarlo.

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