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DELIRIOS DE GRANDEZA   4 comments

Pónganse en situación. Miércoles 5 de octubre, a eso de las nueve de la noche. En un televisor cualquiera, el Barça y los Thunder hacen como que se enfrentan. Y en un hogar cualquiera se produce la siguiente conversación:

llulltripleElla: Creo que el Madrid hizo una hazaña el otro día…

Él: Sí, algo así. Perdían de veinte, remontaron, en el último minuto aún perdían de seis, fallaron aposta un tiro libre para que luego Llull empatara con un triple sobre la bocina, y luego ya en la prórroga…

Ella: Ya, pero supongo que estos otros estarán todavía en pretemporada, claro…

Él: No es ya que estén en pretemporada, es que era su primer partido de este año, es que casi ni habían entrenado siquiera. Pero lo que pasa es que algunos se lo creen, y a partir de ahí ya se piensan que el Madrid podría aspirar a jugar los playoffs de la NBA…

Ella: ¡¿Pero cómo puede ser?! ¡Pero si hasta yo que no tengo ni idea sé que eso es una barbaridad, que no es lo mismo jugar contra éstos ahora que luego, cuando ya estén rodados! ¿Cómo es posible que quienes se supone que entienden piensen eso?

Puedo asegurarles que la conversación fue tal cual como la cuento (palabra arriba o abajo), más que nada porque la viví muy de cerca. De hecho ella era mi señora esposa, y no les resultará muy difícil imaginar quién era su interlocutor. Y puedo asegurarles también que a partir de un determinado momento me quedé sin palabras (sí, a veces me pasa), sin argumentos, sin fuerzas para intentar explicarle lo inexplicable. Cómo es posible que quienes se supone que entienden piensen eso, o aún peor, cómo es posible que quienes se supone que informan vendan eso, pretendan impunemente hacernos creer eso. Cómo hemos podido llegar una vez más a esta situación.

[ADVERTENCIA: lo que van a encontrar a partir de este momento es una sucesión de obviedades y lugares comunes. O al menos a mí me lo parecen, probablemente a usted también pero no así al común de los mortales, a la vista de las cosas que hemos ido oyendo/leyendo durante toda esta semana. Por eso las escribo.]

Imaginen que el Real Madrid de fútbol (repito, el de fútbol) volviera a la actividad a mediados de julio y que al día siguiente se marchara a hacer su pretemporada a China. Imaginen que a los dos días de estar allí jugara contra el Beijing (no tengo ni pajolera idea de fútbol chino, pero supongo que algún Beijing habrá). Imaginen que el entrenador del Madrid así de entrada alineara a los titulares para justificar su caché y por aquello del qué dirán, pero que a los pocos minutos los sentara y dedicara ya el resto del encuentro a su verdadero objetivo, es decir, ver a los suplentes, a los que regresan de cesiones y a los que subieron del filial para comprobar cuántos y cuáles de ellos le pueden ser útiles de cara a la nueva temporada. Imaginen que el Madrid marcara pronto, que empezara dominando cómodamente, que se relajara y que hacia el minuto 30 o 40 de la segunda parte el Beijing tras denodados esfuerzos consiguiera el empate. E imaginen que aún no contentos con ello los chinos fueran a por el partido aprovechándose de la caraja madridista, y que finalmente en el descuento lograran el gol de la victoria, imponiéndose así el Beijing por un ajustado 2-1. REAL MADRID - OKLAHOMA CITY THUNDERY ahora imaginen que en la rueda de prensa posterior un periodista chino preguntara a Cristiano Ronaldo, o a Sergio Ramos: ¿piensa usted que el Beijing podría pelear por los puestos que dan acceso a la Copa de la UEFA (o como se llame eso ahora) en la liga española? ¿Qué creen que contestarían Cristiano y Ramos, qué cara creen que se les pondría? Es más, ¿qué no escribirían al día siguiente nuestros medios, qué clase de cachondeo formarían ante semejante delirio de grandeza de la prensa local? (Y ya sé que la distancia entre el fútbol chino y el nuestro probablemente sea mucho mayor que la que hay entre nuestro baloncesto y el yanqui, hasta ahí ya llego; pero ustedes cogen la idea).

Obviamente Westbrook pudo ser más diplomático. Obviamente pudo responder algo más elegante que ese tío, eres muy gracioso cuando le preguntaron si este Madrid podría pelear por los playoffs NBA. Qué sé yo, algo más elaborado, algo como hombre, aquello es otra historia, el Real Madrid es un grandísimo equipo y hoy lo ha demostrado, pero la NBA tiene unas exigencias físicas y técnicas que a día de hoy no creo que estén al alcance de… Qué sé yo, algo así. Nótese que NO se le preguntó si el Madrid podría competir en la NBA (que ya tendría delito), se le preguntó si podría pelear por los playoffs; o dicho de otra manera, se le preguntó indirectamente si consideraba que este Real Madrid podía ser mejor que casi la mitad de franquicias de aquella Liga. Siguiendo por esta misma línea, cabe suponer que la próxima vez que suceda le preguntarán a la estrella visitante si cree que este Real Madrid podría aspirar legítimamente a ganar el anillo. Y así sucesivamente. No tengo por qué defender a Westbrook (que ni siquiera fue nunca santo de mi devoción como jugador; o quizá sí como jugador pero no como director de juego) pero me reconocerán que se lo pusieron a güevo.

roncerohistoriaClaro está, lo peor no fue esa pregunta, lo peor ni siquiera fue esa no-respuesta de Westbrook, lo peor fue todo lo que vino después, la reacción del florentinismo, el roncerismo y demás madridismo mediático de todo a cien saliendo en tromba a limpiar el buen nombre baloncestístico de la entidad (como si éste necesitara ser limpiado), supuestamente mancillado por la estrella de los Thunder. Llamó especialmente la atención la furibunda reacción de un afamado periodista de la SER vinculado profesionalmente al baloncesto y a quien yo tenía (acaso ingenuamente) por un buen conocedor de este juego, un tipo llamado Francisco José Delgado y conocido popularmente como Pacojó. No voy a transcribir al completo sus palabras hacia (como él le llama) el sobrado Westbrook pero sí su frase final, que por sí sola resulta ya más que esclarecedora para que nos hagamos una idea:

pacojoEvidentemente el Real Madrid tendría hueco en la clase media de la NBA, y Sergio Llull, seguro, hueco en la NBA. Así que mejor haría Westbrook en tratar de ser un poquito más humilde y en recordar que no todo se acaba en Estados Unidos, y si no que mire a las plantillas de la NBA, que cada vez están más llenas de europeos.

Por partes: claro que Llull tendría hueco en la NBA, en eso (sólo en eso) siempre vamos a estar de acuerdo. De hecho la única razón de que aún no esté allí es porque no ha querido, ni más ni menos. Y ésa es una opción personal tan legítima como cualquier otra por más que a algunos les pese, por más que se lo echen en cara como si no hubiera otra vara de medir, por más que haya hasta a quien se les llene la boca de insultos grandilocuentes para calificar esa renuncia provisional (véase la muestra). Esto es como aquello que me decía mi padre cuando era niño (y que yo entonces no entendía, claro), en esta vida tienes que escoger entre ser cabeza de ratón y ser cola de león. O trasladado a sullullcobarde caso, escoger entre ser la estrella de uno de los mejores equipos de Europa o ser un jugador más de una franquicia de nivel medio en la mejor liga del mundo. Y tan válida es una opción como la otra. Puede que tarde o temprano los Rockets se lo lleven al huerto o puede que se tire en el Madrid toda la vida, y ello no habrá de modificar en absoluto el hecho de que sea o deje de ser un grandísimo jugador. Al menos en lo que a mí respecta.

Ahora bien: ¿el Madrid tendría hueco en la clase media de la NBA? ¿De verdad? ¿En base a qué? ¿En base a un mero partido amistoso (sí, amistoso) de pretemporada? Y si esta brillante victoria les da para sacar semejante conclusión, ¿no debería bastarles también la abultada derrota de hace un año ante los Celtics para sacar también la conclusión contraria? Y aunque así no fuera, ¿son verdaderamente conscientes de lo que están diciendo? ¿Son verdaderamente conscientes de las diferencias físicas (no entro ya en las técnicas, ni en las de velocidad) entre el baloncesto de allá y el de aquí? (Ya les dije que esto iba a ser un catálogo de obviedades, luego no digan que no se lo advertí). ¿Son verdaderamente conscientes de que un equipo de clase media NBA viene a jugar aproximadamente cien partidos oficiales al año (82 de temporada regular más los que alcance en playoffs), cada uno de ellos de 48 minutos de duración? ¿Que allí juegas cada lunes y cada martes, quince partidos al mes, tres o cuatro por semana, de promedio uno cada dos días, a veces varios en días consecutivos? ¿Son conscientes de las inalcanzables nóminas que se manejan allí, de las desmesuradas estructuras de cada franquicia, de los aviones privados, de los viajes constantes e interminables (que no es porque el Madrid esté en Europa, que aunque trasladara provisionalmente su sede a Idaho seguirían siendo interminables)? ¿Son conscientes de que muchos de esos grandes jugadores del Madrid de los que dicen que podrían estar perfectamente en la NBA en realidad darían cualquier cosa por poder estar en la NBA? ¿Son conscientes de que si no están allí es simplemente porque la NBA no los ha querido (excepción hecha de Llull, obviamente)? ¿Son conscientes en suma de que aquello es otro mundo, de que la NBA y Europa son dos realidades completamente distintas a la par que distantes?roncerobarc%cc%a7a El cuñadismo está muy bien para la barra del bar o para la cena de Nochebuena, pero debería estar de más en un medio de comunicación (que se dice) de prestigio.

A no ser que lo que se diga no sea tanto lo que se piense como lo que se cree que el oyente (lector, espectador) quiere oír. La audiencia deportiva es en su inmensa mayoría futbolera, la audiencia futbolera es en un tanto por ciento muy elevado madridista. Y se ve que al madridismo hay que regalarle constantemente los oídos diciéndole cada lunes y cada martes que su equipo es la más grande institución deportiva jamás creada sobre la faz de la Tierra, así sea verdad o no. Claro está, cierto madridismo está muy mal acostumbrado, cierto madridismo pregunta a su espejito mágico y éste le responde que el Madrid es el equipo de fútbol más grande de la galaxia, cómo no habría de serlo si a día de hoy es el campeón de la Champions. Pero cuando ese mismo madridismo pregunta por su equipo de baloncesto ahí ya la cosa cambia, ahí ya el espejito le responde que acaso puedas ser el más grande de Europa (lo fue hace un año, lo puede volver a ser este mismo año) pero no del mundo porque resulta que al otro lado del Atlántico hay no uno ni dos sino treinta equipos más grandes que tú. Algo que buena parte de sus seguidores entienden y asumen como algo evidente a la par que inevitable (nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio, que cantaba Serrat)… pero no todos, claro.

No todos empezando incluso por su propio presidente, que no fueron pocas las veces que se llenó la boca diciendo que su intención era meter al Madrid en la NBA como si eso fuera posible (de hecho él es el primero que sabe perfectamente que no es posible, entre otras cosas porque si lo fuera ya lo habría hecho).florentinonba Miren, lo de la presunta conferencia europea de la NBA es una entelequia que yo jamás veré, que no se creen ni quienes la enuncian, que no va a ser realidad ni a corto ni a medio plazo, a largo (pongamos cincuenta años) quién sabe. Y que si llegara a suceder alguna vez probablemente no sucedería con las actuales estructuras deportivas europeas, sino con la NBA fundando aquí sus propias franquicias. Deporte ficción, como si dijéramos. A día de hoy (y de mañana, y de pasado) la única realidad es que el Madrid no puede jugar en la NBA, pero eso no es algo exclusivo del Madrid (sigo con las obviedades). Le pasa exactamente lo mismo al Barça, al Fenerbahçe, al CSKA, al Olympiacos, al Maccabi y a cualesquiera otros grandísimos equipos europeos (algunos de los cuales manejan presupuestos bastante más sustanciosos que el de la sección baloncestística de la casa blanca), sin que me conste que ninguno de ellos se haya hecho las mismas pajas mentales tras conseguir (en su caso) alguna victoria de semejante calibre. O quizá sí se las hayan hecho y yo no me haya enterado, que eso también puede ser.

Qué quieren que les diga, a mí me da mucha pena que una victoria tan espectacular y brillante como ésta no haya sido disfrutada por una parte de su afición en la manera en que lo merecería. Nada nuevo bajo el sol, en cualquier caso. Dijo una vez Laso que en este club los títulos no son tanto una alegría como un alivio, y yo aún añadiría que a veces (demasiadas veces) sus victorias no son tanto una alegría como un motivo para ajustar cuentas con el resto de la humanidad. Supongo que es el precio a pagar por tanta grandeza, que las victorias ya las llevas de serie y no te está permitido reaccionar ante ellas como acostumbra a hacerlo el resto de los mortales. Pero claro, una cosa es la grandeza y otra ya muy distinta los delirios de grandeza, que está muy bien tenerlos cuando eres chico pero que resultan un poco ridículos cuando ya eres grande. Quítenselos de la cabeza, por favor. No lloren si no pueden ver el sol, porque sus lágrimas no les dejarán ver las estrellas (ya ven qué frase tan original me ha salido). ¿Por qué ese empeño con el quiero y no puedo de la NBA, siendo como son el equipo más laureado y galardonado y vanagloriado del mundo no-NBA? Son ustedes (permítanme una última obviedad) uno de los mejores equipos de Europa, ya veremos si no el mejor a día de hoy. Nada más y nada menos. Con eso deberían tener más que suficiente.

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NO SOMOS NADIE   5 comments

Un sábado cualquiera te proponen salir, hay baloncesto (Final de la Supercopa además, que suena así como muy rimbombante), protestas tímidamente y te montan la de dios, pero eso qué es, pero eso qué más da, pero qué baloncesto vas a tener si ya se acabaron los Juegos, ya vendrá otra vez el baloncesto cuando vuelva a ser verano y se vuelva a juntar la selección. A efectos del gran público somos como los melones o las sandías, una mera fruta de temporada para tomar fresquita en las largas tardes de agosto.balonacb Más allá de eso a nadie le importamos una mierda, lo cual obviamente es muy triste pero tiene también su puntito de ventaja aún por increíble que pueda parecer: antes quedabas, dejabas el partido grabando para verlo a la noche y te tenías que andar con cien ojos para no enterarte del resultado, en cuanto te descuidabas te lo destripaba alguien o se te aparecía en la pantalla de cualquier televisor. Ahora ya no hay peligro, ahora ya puedes juntarte con quien te dé la gana que nadie te lo va a decir, ahora ya puedes asomarte a pecho descubierto (a ojos descubiertos, más bien) a veinte o treinta bares que todo lo que vas a encontrarte en sus respectivos televisores va a ser el mismo tapete verde. Hoy ya el espóiler es imposible precisamente por esa misma razón, porque a nadie le importamos una mierda. O dicho de otra manera, que el que no se consuela es porque no quiere.

Sí me pilló en casa la segunda semifinal, lo cual me impidió llevar a cabo un apasionante experimento: a priori nuestro menú no podía ser más sustancioso, nada menos que un Madrid-Barça, nuestro clásico por antonomasia, nuestro único e incomparable e irrepetible duelo al sol. Y sin embargo reto a quienes estuvieran de bares el pasado viernes entre (pongamos) las nueve y media y las diez y media de la noche (una hora menos en Canarias) a que me digan qué había sintonizado en los televisores de aquellos establecimientos por los que fueran pasando: ¿acaso esa primera parte de nuestro clásico baloncestero? ¿o más bien el Betis-Málaga (de fútbol, of course) que había comenzado tres cuartos de hora antes, por lo que a esas alturas andaría ya por su segunda mitad? No hace falta que me lo cuenten, me temo que conozco demasiado bien la respuesta. Como conozco (aún mejor, que esa sí la viví en persona) la del sábado, ni triples ni Barça ni Granca ni Final ni leches, sólo fútbol y más fútbol en todas las pantallas habidas y por haber.icono-50_450 Y en todas las conversaciones que te ibas cruzando por la calle, pues el Barcelona ha metido cinco (a quién se los hubiera metido daba igual, se ve que a partir de un determinado escalón los rivales son intercambiables), pues no sé quién va ganando uno cero, pues el Madrid creo que juega después. Ya no es que tengas que ser muy torpe para que te hagan espóiler baloncestístico, ya es que lo tendrías crudo (más allá de Internet, obviamente) incluso aunque quisieras enterarte a propósito. Para esto hemos quedado.

Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria. Podemos tener una perspectiva engañosa porque a menudo hablamos, nos rodeamos o tuiteamos con otros friquis de esto como usted o como yo, pero la realidad es que más allá de eso (es decir, más allá de ese círculo cerrado en el que a menudo nos movemos) no existimos. No existimos para el 99,99 por ciento de la población de este país, no existimos para el noventa por ciento de (esos que dicen ser) aficionados al deporte, esos que en realidad son sólo aficionados al fútbol y sólo miran tangencialmente a otras disciplinas cuando el honor de la nación está en juego, digámoslo así. Cuando un Nadal o una Marín o una selección cualquiera (la de baloncesto, sin ir más lejos) puede obtener un éxito internacional con el que sacar pecho a la mañana siguiente a la hora del café, justo antes de retomar la tradicional dinámica sobre si es mejor Cristiano o Messi. No existimos, no existimos a nivel de clubes, no existimos durante once meses y medio al año. No somos nadie, aunque nos creamos muchos cuando interactuamos unos con otros para reforzar nuestra opinión. Ya ni cuatro gatos siquiera.

Haga una prueba: coja a uno de esos futboleros que un día (o un rato, ya muy lejano) fueron también baloncesteros y háblele del Baskonia (de Vitoria para abajo, me refiero); o háblele del Valencia Basket; o del Zaragoza (sin CAI). Hágalo y comprobará que no sabe de qué le está hablando. Que necesita traducción. Cuando le ponga cara rara al oír Baskonia dígale Tau (o aún mejor, Taugrés) y verá como ya sí lo entiende, tuityagocuando se le queden los ojos a cuadros al escuchar Valencia Basket dígale Pamesa y le responderá ah, coño, el Pamesa, joder, haberlo dicho antes, haber empezado por ahí. A esto hemos llegado, hasta a perder/prostituir nuestra propia identidad. Ya no es que añoremos aquella burbuja de los Ochenta (cuando tomar el aperitivo en cualquier bar un domingo por la mañana y ver en su televisor la ACB eran casi la misma cosa; hoy son recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver), es que hasta estamos peor que en los Sesenta o los Setenta. No, no exagero, entonces apenas se veía baloncesto pero mal que bien se informaba de baloncesto, mal que bien se leían (y hasta se sobreimpresionaban, incluso) los resultados de cada jornada en los telediarios de la época, en los estudioestadios de la época. Mal que bien nos resultaban familiares (de tanto escucharlos) nombres como Breogán, Kas, Águilas, Picadero o Náutico de Tenerife, incluso nombres resonantes de otros deportes (aún más marginales hoy que el nuestro) como Teucro, Anaitasuna o Voltregá. Hace tiempo que el monocultivo futbolístico acabó con todo eso. Y a donde no llegó dicho monoculrivo llegamos nosotros, gracias a nuestra propia capacidad de autodestrucción.

¿Y hoy, desde esa misma insignificancia, aún nos echamos las manos a la cabeza (yo no, desde luego; pero sí muchísimos en estos días) por el hecho de que el producto ACB vaya a ser de pago? ¿Aún nos parece que nuestro baloncesto se va a ver condenado al ostracismo y la marginación? No, a ver, déjenme que se lo explique: en el ostracismo y la marginación ya estamos, desde el fondo del pozo ya es difícil caer más bajo. Y aunque así no fuera, ¿me podrían explicar cuál es la alternativa, si son tan amables? ¿Seguir como hasta ahora? No hará falta que les recuerde que hubo años (no pocos) en los que TVE no pagó un solo céntimo a cambio de la ACB (pagó en todo caso por la Copa, pero no por la Liga); no hará falta que les recuerde que hubo incluso años en los que TVE no sólo no pagó sino que hasta pidió dinero (no me consta si finalmente llegó a obtenerlo) a cambio de televisarla, como una forma de que sus patrocinadores pudieran tener visibilidad. Claro está, si todo ese sacrificio año tras año tuviera como contrapartida una cobertura excelsa, un seguimiento mediático acojonante, una calidad en las retransmisiones digna de superproducción pues a lo mejor en ese caso hasta podrías pensar que pudiera merecer la pena. Pero asumámoslo, TVE se ha comportado con la ACB durante todos estos años como si le estuviera dando una limosna, como si le estuviera haciendo un favor (quizá porque en el fondo le estaba haciendo un favor). Nunca fue una apuesta ni un producto que vender, fue más bien un peaje, una de esas servidumbres que se ven obligados a acometer en su condición de televisión pública.acbtve Como la misa de los domingos (que esa es otra), como la Orquesta y Coros de RTVE, como la bonoloto o el euromillón. Pues vale, pues si tenemos que darlo lo damos, pues qué le vamos a hacer; pero encima no nos pidan que además le pongamos ganas. El pobre Lalo Alzueta sólo fue una mera (a la par que maravillosa) excepción.

A ver, que yo sería el primero que estaría encantado de que los canales en abierto hiciesen cola a la puerta de la ACB queriendo comprar sus derechos. Pero sucede que hace muchísimos años me explicaron un extraño concepto que es de aplicación inmediata en este caso, una extraña cosa llamada ley de la oferta y la demanda. Si la demanda de ACB fuese aún decente (no digo ya alta) ahí estarían los diferentes operadores peleándose por nuestra audiencia; pero como es no ya baja sino ínfima a los operadores nuestra audiencia se les da una higa, con perdón. No es ya que no peleen por nosotros los grandes, es que no lo hacen ni siquiera sus filiales, esos Nova, Mega, Energy o Gol que pululan por la parrilla de programación. Vamos, que ni gratis siquiera, que se ve que la gran labor social es competencia exclusiva de TVE. Quejarnos de la ACB de pago tendría algún sentido si hubiese alguna otra alternativa más allá de pedir limosna, aay payo, dame un hueco, que es triste pedir pero es mucho más triste tener que robar. Más allá del Plus (o como se llame ahora) sólo nos quedaba la caridad pública, y ante esa ya nos hemos humillado demasiadas veces.

Claro está, luego no faltarán los que se acuerden de Santa Bárbara cuando truene, aunque tronar lo que se dice tronar sólo truena ya una o dos veces al año. He escuchado demasiadas veces la cantinela durante estos últimos mayos, ¡lo que es vergonzoso es que un equipo español juegue la Final Four de la Euroliga y no se televise en abierto! (Curiosamente sólo la escuché cuando fue el Madrid el que la jugó, cuando fue el Baskonia no dijeron nada, supongo que en Vitoria sería al revés). Claro que sí, campeón: te tiras todo el año sin hacer ni puto caso a una determinada competición (vamos, que ni mirar sus resultados siquiera), ¿y cuando luego descubres que la sección baloncestística de tu equipo va a jugar su final exiges que te la echen en abierto? Vuelvo a lo del párrafo anterior, si en todo el curso eres incapaz de generar una demanda no pidas luego que para sólo un par de partidos te generen una oferta. Llegará quizá el día en que estas cosas se comercialicen por lotes, éste para la temporada regular, éste para los playoffs, éste para la Copa. Pero hoy por hoy va todo junto, o lo tomas o lo dejas, y a ver cómo les dices luego que después de todo un año dando morralla cuando llega el solomillo se lo quitas para dárselo a aquel otro que es más guapo que tú. A no ser que la idea fuera recuperar aquella infausta Ley de Eventos Deportivos de Interés General (o como se llamara) que parió tiempo atrás el ínclito Álvarez-Cascos: que a donde no llegue el mercado llegue el decretazo gubernamental. Acabáramos.

Niego la mayor (frase jurídica que nunca acabo de saber qué significa exactamente, pero queda bien ponerla). No ya porque el grado de penetración de la televisión de pago sea hoy infinitamente superior (Internet mediante) al que existía en (por ejemplo) 1999; también porque aquella vieja cantinela de que la televisión de pago va a matar al baloncesto (como el vídeo a la estrella de la radio, poco más o menos) ya huele un poco, mire usted. ¿Hace un par de años estábamos clamando por un league pass para la ACB (como si hubiera mercado para ello) y hoy nos echamos las manos a la cabeza porque la vaya a dar Movistar +? A ver, señores, un poquito de por favor. Yo les pediría que me acompañen por un momento a más de veinte años atrás, concretamente al verano/otoño de 1995. En aquel entonces ya se nos había explotado la burbuja pero la ACB aún gozaba de una popularidad inifinitamente mayor que ahora, tanto más tras el repunte que había supuesto aquella espectacular Final Barça-Unicaja (sí, la del no-triple de Ansley). Y en aquel entonces la NBA era una lejana entelequia cuya popularidad en este país había caído en picado tras arrumbarla TVE en el último rincón de su (des)programación.montesdaimiel Y una vez hechos los recordatorios, tengan ahora la bondad de recrear conmigo lo sucedido a partir de aquella temporada 1995/1996: la ACB siguió siendo en abierto, sólo dejó de serlo entre 1999 y 2003 pero incluso durante ese periodo aún siguió viéndose por las Autonómicas, puede que éstas no tuvieran los mejores partidos pero ACB gratis nunca dejó de haber en buena parte del territorio. La NBA en cambio pasó a ser de pago, ya nunca dejó de serlo si bien en alguna temporada le regalaron un partido semanal al Cuatro por pura estrategia comercial. Y ahora pregúntense cómo ha evolucionado la popularidad de la NBA (de pago) durante estos últimos veinte años, cómo ha involucionado la (im)popularidad de la ACB (gratis) durante ese mismo periodo de tiempo. Y a partir de ahí concluyan si lo más determinante para el éxito o fracaso de una determinada disciplina es que ésta se dé en abierto o no.

Es decir, quizá la clave no esté tanto en el medio como en el mensaje. Quizá la verdadera madre del cordero sea el atractivo del producto, no el vehículo elegido para transportarlo. Qué duda cabe, la NBA se vende sola (más allá del extraordinario trabajo que hizo siempre el Plus con ella), la ACB en cambio se ha especializado en pegarse tiros en el pie. La NBA no engaña a nadie, sabes siempre exactamente qué puedes esperar de ella; la ACB en cambio es una liga en la que nada es lo que parece: la desproporción entre temporada regular y playoffs es abismal (ocho meses de morralla para luego despachar el solomillo en apenas veinte días), los finalistas se presuponen desde octubre (aunque luego intentemos engañarnos a nosotros mismos en noviembre), los ascensos y descensos son de mentira, los primeros puestos no clasifican necesariamente para Europa, los equipos son impares (que descender no descenderán, pero al final acaban cayendo por su propio peso), las plantillas son efímeras, los pasaportes son falsos, los conflictos arden, los dineros escasean, los presupuestos estámovistar-endesan cogidos con alfileres, las deudas se disparan, los contraataques aún se penalizan, el espectáculo parece a veces una especie a extinguir. Incluso nuestros suelos lucen mustios y opacos por comparación a cómo resplandecen siempre los parquets USA, no ya en NBA, incluso hasta en el último rincón NCAA. Vemos otros baloncestos y apreciamos su continua evolución, vemos ACB y es como si la imagen se nos hubiera quedado pinchada en un plano de hace treinta años. Algunos (pocos) la seguiremos viendo, porque es nuestro juego, porque no sabríamos qué hacer sin él, porque ningún otro nos queda más cerca, porque estamos ya más que vacunados contra la desmotivación. Pero no somos nadie, ya se lo dije. Si quieren que seamos más quizás haya llegado ya el momento de que empiecen la casa (por una vez) por los cimientos: hágase primero ese producto atractivo que una vez tuvimos/soñamos, (re)conquístese luego un puñado mínimamente digno de potencial audiencia y finalmente inténtese vender al mejor postor (siempre y cuando hubiera más de uno). Y mientras tanto démonos con un canto en los dientes (aún a riesgo de hacernos daño) por el hecho de que en las actuales circunstancias al menos un operador (uno que tiene la sana costumbre de cuidar sus productos, además) haya tenido a bien apostar firmemente por nuestro deporte. Aún por muy de pago que sea.

Publicado septiembre 28, 2016 por zaid en ACB, medios

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GRIS   4 comments

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Existe el gris. Sí, no me pongan esa cara, de verdad que existe, se lo juro, he podido comprobarlo con mis propios ojos, de hecho lo compruebo con mis propios ojos cada vez que me miro en el espejo, y no sólo por la tonalidad de mi (escaso, por otra parte) cabello. Y no es ya que exista el gris sino que hasta existen varias tonalidades de gris, hay gris claro y gris oscuro, hay gris perla y gris plata y gris antracita y gris marengo (sea lo que sea un marengo), probablemente haya hasta miles de grises diferentes a poco que se juegue con los pantones. Que muchos me dirán que ya lo sabían (y bien que me alegro), pero que ante el empeño que últimamente observo a mi alrededor por demostrarnos que todo es blanco, o negro, me ha parecido oportuno efectuar la aclaración. Créanselo, existe el gris, nos están intentando vender un mundo de verdades absolutas pero aún existen los matices, las tonalidades, existen aunque ya no estén de moda, aunque lo único que se lleve sea la certeza. Frente a tanta certeza yo (gris) sólo tengo dudas pero el problema no es tenerlas (pobre de aquél que no las tenga), el problema es expresarlas, a poco que las expreses te caerán hostias por todos los lados, hostias desde todos aquellos (felices ellos, cómo les envidio) que están en posesión de la verdad. Sea cual sea su verdad.

Pierde tu equipo, tu selección, expresas confianza y te dicen (y el problema no es el qué sino el cómo) que parece mentira, que son unos inútiles, que están acabados, que todo es una mierda, que cómo no lo ves. O (aún más) al contrario, pierde tu equipo, expresas una mínima (pero mínima) duda y ahí ya estás perdido,bandwagon-500x401 parece mentira que dudes de ellos con todo lo que nos han dado estos jugadores, ya vendrás luego a subirte al carro, ya. El carro. El puto carro. Estoy del carro hasta donde nadie sabe, iba a poner otra cosa pero he preferido ser elegante por una vez. Dónde estará mi carro, me preguntaría si no se lo hubiera preguntado ya un legendario tonadillero muchas décadas atrás. Será que me lo robaron anoche cuando dormía.

Donde quiera que esté, mi carro es mío. No necesito subirme a ningún otro. ¿Me van a decir a mí que ya vendré luego a subirme al carro? ¿A mí que llevo década y media confiando en ellos, disfrutando con ellos, soñando con ellos, sacando la cara por ellos (como si lo necesitasen) en éste y otros lugares? ¿A mí que hasta he escrito un libro (en qué hora) sobre aquel inolvidable sueño (de una mañana de verano) de Saitama 2006, a mí que hasta podría escribir otros tantos (no teman, no lo haré, con una dosis he tenido ya más que suficiente) acerca de tantas otras batallas ganadas a lo largo de esta década prodigiosa? ¿A mí que hasta me he quejado en estos días de que no les hayamos dado el reconocimiento que merecen por todos estos años, a mí que hasta miro con envidia (sana, que los quiero casi tanto como a los nuestros) el homenaje de Argentina a su Generación Dorada, por contraposición al que no hemos sido capaces de montar nosotros aquí? No me den lecciones, por favor. No me vengan a decir que ya vendré luego a subirme al carro. Entre otras cosas porque no recuerdo haberme bajado jamás de él.

fr1La España del carro me aburre profundamente, escribió hace unos días en Twitter el gran periodista de Eurosport Fernando Ruiz. Y obviamente no puedo estar más de acuerdo con él. ¿En qué momento la confianza infinita en estos jugadores dejó de ser compatible con el espíritu crítico? ¿Acaso el mero hecho de dudar (¡¡¡dudar!!!) siquiera mínimamente de su juego o sus resultados implica necesariamente que ya no creas en ellos, que ya no estés en su carro? Tanto más cuanto esas dudas (las mías, al menos) no fueron tanto hacia ellos como hacia todo lo que les rodea, todo lo que está por encima. Y obviamente en ése por encima no me refiero al Seleccionador (cuyo gran trabajo tampoco estamos reconociendo suficientemente) sino que miro bastante más arriba, a la Federación (no sé si a la entrante o a la saliente porque a estas alturas ya ni siquiera sé si hay una entrante y una saliente), a esa despreparación o preparación inversa de la que me he quejado ya chiquicientasmil veces, la última hace apenas unos días.fr2 Es nuestra imagen de marca, la verdadera idiosincrasia de esta selección: llegamos en pésimo estado, palmamos los dos primeros, nos jugamos la vida ante Nigeria (como en otro tiempo ante Gran Bretaña o Alemania), salvamos una vez más los muebles y aquí paz y después gloria, a partir de ahí a volar… o no, porque esta vez en el pecado llevábamos la penitencia, porque la tontería nos supuso encontrarnos a USA en semis… o tampoco, porque quién sabe qué habría podido pasar si hubiese sido al revés: lo mismo llegamos bien preparados, hacemos una primera fase impecable, quedamos primeros de grupo y luego en el cruce el cuarto del otro (o sea Serbia) va y nos manda para casa, tampoco sería la primera vez. Y ya me imagino lo que habríamos dicho entonces (conozco a mis clásicos, casi como si los hubiera parido), la culpa es nuestra por llegar demasiado bien, por haber alcanzado nuestro óptimo estado de forma demasiado pronto, si hubiésemos ido de menos a más como otras veces otro gallo cantaría. Ya se lo dije, sólo tengo dudas. Dudo hasta de cosas de las que jamás pensé dudar.

Pero esa supuesta bajada de carro de los días anteriores te acompañará ya como una losa sobre tus hombros para todo lo que quede de torneo, porque al día siguiente de rozar el nigeriazo meterás de cincuenta a Lituania y de inmediato acudirán presurosos a reprochártelo, anda que bien que os subís todos ahora, como si el mero hecho de haber expresado un mínimo escepticismo inicial te deslegitimara para disfrutar todo lo que venga después. Y por si no tuvieras bastante con los del blanco acudirán también presurosos los del negro, éstos a ver biscottos por todas partes (que aquello más que unos Juegos Olímpicos parecía una panadería) no vaya a ser que entre ellos y su catastrofismo se interponga la cruda realidad: si apalizamos a los lituanos es porque les venía bien perder (¿?), si luego ganamos con cierta holgura a los argentinos es porque les daba igual ganar (la broma les costó cruzarse con USA, recuerden), de la sobrada victoria ante Francia en cuartos ya no dijeron nada porque era eliminatoria directa, si no ya habríamos visto. Me encanta, de verdad se lo digo. Vemos la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio o si prefieren que lo diga en un lenguaje más comprensible, vemos el cholismo en el ojo ajeno y no el mourinhismo en el propio, somos así, no sé si el embudo fue un invento español pero merecería serlo. Qué quieren que les diga, a mí al menos me ha dejado mucho más orgulloso este bronce de Rio que aquella plata de Londres. Y no me obliguen a recordar por qué.

rubio-navarro-rudyAhora bien, puedo entender que me vengan con lo del carro mis contertulios, mis convecinos o mis congéneres pero me jode sobremanera (aún más si cabe) que me vengan con lo del carro mis jugadores, justo aquellos en los que confío y a los que admiro profundamente desde tiempo inmemorial. Dedico esta victoria a los que creían en nosotros y a los que no, que hay muchos, y que seguro que ahora vendrán todos a subirse al carro, lindezas así de Navarro o de Rudy que te hacen pensar dónde tienen el oremus estas criaturas. Un personaje público debería entender que está expuesto a la crítica (siempre y cuando ésta sea respetuosa) por el mero hecho de serlo, un deportista profesional debería entender que si juega mal y pierde y se sitúa al borde de la eliminación la peña no va a estar contenta ni aún por mucha fe que le tenga, que rentabilidades pasadas no presuponen rentabilidades futuras ni aún por mucha confianza que te genere todo lo anterior. Si ése es el combustible del que se alimentan para reaccionar y sacar los torneos adelante pues bienvenido sea, pero vamos, que yo preferiría que encontraran ese combustible mucho más cerca. Por ejemplo en las verdaderas raíces de su pésima preparación.

Debería estar yo como unas castañuelas tras ese bronce y tras la plata femenina, dos presencias en el podio (como USA y como Serbia, por cierto), cien por cien de éxito, a ver qué otro deporte puede presentar un balance así. Y no les negaré que ello me hace sumamente feliz pero no les negaré tampoco que ando un tanto contrito en estos días. Y no tanto por el hecho evidente de que se hayan acabado los Juegos Olímpicos (lo cual cada año me afecta más, quizás porque cada vez me quedan menos;begotxu son ya muchos menos los Juegos que me restan por vivir que los que ya he vivido, por una mera cuestión de edad) como por todo lo que he aprendido sobre relaciones humanas (quién me lo iba a decir, a mis años) en estos Juegos Olímpicos, y que me debería hacer replantearme muchas cosas a partir de este mismo instante. Replantearme por ejemplo mi relación con Twitter.

Digamos que llegué a Twitter en marzo de 2012, que me enamoré de Twitter en Londres 2012… y que casi he acabado odiándolo en Rio 2016. Como si aquel parque natural en el que todas las especies convivíamos pacíficamente hubiera degenerado en un coto de caza en el que está levantada la veda. El Twitter que yo conocí era un lugar maravilloso donde podías informarte, aprender, opinar, compartir y (cómo no) discrepar en perfecta armonía, siempre podía haber alguna excepción que confirmara la regla pero era exactamente eso, excepción. El Twitter que hoy conozco es un lugar enrarecido en el que no siempre sabes por dónde te pueden venir los golpes, en el que algunas (presuntas) discrepancias ya no son tanto opiniones como hachazos a la yugular. Un lugar en el que (como leía a alguien el otro día) das los buenos días y corres el riesgo de que alguien te conteste ¡¡¡¡¡serán para ti, imbécil!!!!!, un lugar en el que hay gente que te sigue no porque le interese lo que dices sino para descojonarse sistemáticamente de lo que dices, un lugar en el que cualquier comentario nimio puede ser respondido con un zarpazo que apenas tenga nada que ver, total para que de inmediato aparezca a festejarlo un tercero al grito de ¡¡¡¡¡juajuajua, vaya zasca, jojojojojo!!!!!, que ganas te entran de decirles os vais a reír de vuestra P.M. (al menos en público) pero que como eres educado te limitas a bloquearlos no sin antes desearles que les vaya bien. Como diría una persona que me es muy próxima, estoy ya muy mayor para estas gilipolleces.habiauntuiter Creo que he demostrado sobradamente a lo largo de estos años que a mí desde el respeto se me puede decir todo, pero cuando a eso se me contesta que ¡lo digo como me sale de los cojones y si te molesta te jodes, faltaría más! (cita textual) pues qué quieren que les diga, ésa precisamente es una línea roja que no estoy dispuesto a sobrepasar. Ni a que me la sobrepasen, tampoco.

Y sé que obviamente estoy siendo muy injusto con muchísimos seres humanos/virtuales a los que sigo y que me siguen, a los que aprecio y que hasta puede que me aprecien, y que son la única razón por la que no he dejado (aún) Twitter en estos días. Sí, de ese carro (y no del de la Selección) sí que estuve tentado de bajarme, si no lo hice fue por eso… y porque tampoco estoy seguro (otra duda) de que no sea (en parte) culpa mía, también. Según voy cumpliendo años debería encallecerme, debería endurecérseme el caparazón pero me sucede justo al contrario, se me está reblandeciendo la concha, ciertas cosas me afectan más que antes cuando debería ser al revés. Será que ya no me reconozco en esta sociedad que parece hecha a imagen y semejanza de los programas ultramontanos televisivos, un lugar de certezas absolutas en el que ya no se opina sino que se pontifica, en el que lo de menos son las formas porque se ve que el que está en posesión de la verdad no tiene por qué guardarlas, que se jodan los equivocados que son todos los demás. Un lugar de blancos o negros en el que hemos dejado de tener cabida aquellos que reivindicamos (ingenuamente) el gris. Así nos va.

(con mi agradecimiento a Fernando RuizAna Ruiz Echauri y Begotxu, por haber tomado prestados sus tuits)

EL MEDIO ES EL MENSAJE   4 comments

Algunos parecen haber descubierto durante este Eurobasket que a Mediaset le importan una mierda sus espectadores. Desengáñense (en el supuesto de que aún siguieran engañados), a Mediaset no le preocupa el espectador sino la audiencia, que parece lo mismo pero es exactamente todo lo contrario. Para acaparar audiencia pondrían escenas de coprofagia en horario infantil si la legislación se lo permitiera, para acaparar audiencia pondrían a Belén Esteban a narrar el Eurobasket si una suerte de ínfimo pudor no se lo impidiera.septiembre-llega-Eurobasket-Mediaset-Espana_MDSVID20150724_0116_17 Algunos somos tan raros que vemos sólo Mediaset de baloncesto en baloncesto, créanme que no es pose ni postureo sino la pura verdad, créanme que no sé quién es Nati Abascal ni Carmen Lomana ni ninguno de esos otros pseudofamosos que ellos mismos prefabrican en sus realitis para luego consumirlos mañana tarde y noche, créanme que no los reconocería si los viera por la calle (a la Esteban sí, por desgracia), créanme que en el año transcurrido entre el Mundobasket 2014 y el Eurobasket 2015 sólo he pisado esa casa para algún esporádico partido de fútbol, al menos mi señora sí siguió con delectación la serie El Príncipe, yo ni eso siquiera. Zapeo poco pero cuando zapeo los excluyo expresamente de mi ruta, no me vayan a salpicar. Soy así de raro, ya se lo dije.

Siro es al Eurobasket lo que Belén al Sálvame (o como se llame el producto de casquería que tengan ahora mismo en el mercado). Si ustedes son insultantemente jóvenes no lo recordarán pero hubo un tiempo (felices ochenta, infelices noventa) en que Siro López era un periodista responsable al que daba gusto escuchar contándonos nuestro deporte. Recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver. Con el nuevo siglo Siro se futbolizó, se forofizó, se roncerizó, se puntopelotizó, invéntense el verbo que más les plazca. Se convirtió en chouman, en víscera jurbolera para ávido consumo de todas esas masas que no ven más allá del Barça y el Madrid. Y con sólo ese pasado (más aquel breve interludio baloncestero de infausto recuerdo en Telemadrid, ejecutando la Euroliga junto al no menos infame Chechu Biriukov) Mediaset decidió que ya era suficiente, que para qué más, lo de menos es que sepa o deje de saber, lo de menos es ofrecer un buen producto pudiendo obtSiro-Lopez--en-una-imagen-promocional-ener el mismo rendimiento (o más si cabe) con un ínfimo subproducto, total qué más da que vengan a ver baloncesto, a echar pestes del locutor o a descojonarse de él. Importa que vengan, no a qué vengan. Importa cuántos vengan, no cómo vengan. Importa la cantidad, nos la suda la calidad. Que hablen de nosotros, aunque sea bien.

Siro a menudo narra con el piloto automático puesto, su voz va por un lado mientras su cabeza va por otro, ve un triple de Llull y te dice triple de Simonovic no porque los confunda (que ya tendría mérito) sino porque es como mi hijo cuando estudia, la mente se le va a cualquier cosa menos a la que tiene delante de sus ojos (afortunadamente este año todavía no ha llamado a nadie Juan Carlos, quizá por no estar Navarro para confundirle ni Calderón para confundirse). Siro llama a Güler Gulár, a Erden Erdán, a Koufos Kufós (le encantan las agudas), a Strelnieks Estrelinek pero eso sí, cuando llega la hora de rebautizar a Antetokounmpo se pone digno y dice que si le llama Antetocubo es porque así se lo han dicho el locutor y el seleccionador griego, tanto da que el propio interesado parezca desmentirlo, total qué va a saber él de sí mismo. Siro se debate entre lo que no sabe y lo que no recuerda, el reglamento para él es esa cosa etérea en la que no está claro (por ejemplo) si se puede sacar el balón tras haber tocado el aro o no, pues depende, si favorece a los míos será que sí y si favorece a los de enfrente será que no. Siro ve a Schröder fallar el tiro libre que forzaría la prórroga y te dice que quizás alguien haya podido plantearse que hubiera tirado a fallar (como si alguien que no fuera él pudiera plantearse semejante cosa), que esa ya no es de baloncesto ni de matemáticas sino de sentido común: tiras a fallar un tiro libre cuando necesitas dos puntos, o tres, para igualar el partido, en la vana esperanza de que alguien de tu equipo encuentre el rebote y lo convierta; pero si sólo necesitas un punto no tiras a fallar, tiras a meter (que metas o no ya es otra cuestión). Obviedad absoluta, que no necesitaría ser explicada si no hubiera seres como Siro que necesitan que se les explique. Ese es el nivel.

Claro que Siro es sólo el narrador, lo suyo no sería tan grave si a su vera hubiera un analista que aportara conocimiento, entendimiento, equilibrio, sabiduría, frescura, pasión. Es decir, que aportara todo lo contrario que Antúnez. Si ustedes siguen siendo insultantemente jóvenes no lo recordarán pero hubo un tiempo en que José Miguel Antúnez ejerció de jugador de baloncesto, ejerció incluso de base (como si en verdad lo fuera) con notable éxito de crítica y público. Un (des)conocimiento del juego muy discutible, un proceso de toma de decisiones aún más cuestionable y una potencia física superlativa para aquellos tiempos, tanto más en nuestro baloncesto y en su posición: la que le llevaba a atacar una y otra vez el aro como si no hubiera un mañana, como si no existiera más jugada que la penetración.antunez1342338798_extras_albumes_0 Sólo con eso ya le bastó para que le fichara el Madrid (del Estu, como a tantos otros), para labrarse una carrera, para coronarla con éxitos y hasta algún que otro título, también algún que otro fracaso, tanto da si cuando hoy le preguntan por ellos es incapaz de distinguir los unos de los otros. Dejó huella, qué duda cabe, sobre todo en la cara (y en la memoria) de Biriukov tras la mañana aquella en que la emprendieron a puñetazos el uno contra el otro en pleno partido, algo muy meritorio teniendo en cuenta que ambos obviamente estaban en el mismo equipo. Bien puede decirse que Antúnez pasó por el baloncesto pero que el baloncesto no necesariamente pasó por él.

Genio y figura. El Antúnez comentarista parece hecho a imagen y semejanza del Antúnez jugador, hay cosas que no cambian nunca: mismo (des)conocimiento del juego, mismas peregrinas ocurrencias, misma capacidad de arrojarse al vacío sin red, sin reparar jamás en las consecuencias que ello pueda acarrear. Hace veinte años el vacío estaba alrededor del aro, hoy el vacío está en sus palabras (por definición), en decir lo primero que se le pasa por la cabeza tenga sentido o no, tenga contenido o no, sea cierto o falso, total qué más da que el sujeto en cuestión se llame Schaffartzig si a mí me peta llamarle Suarzur, total a quién le importa si el noventa por ciento de los que me escuchen no tendrán ni puta idea de quién es. Y resulta que Schröder es suplente en los Hawks porque el base titular es Tim Hardaway Jr, ahí queda eso, tanto dará que el susodicho no haya vestido aún ni por un segundo la camiseta de los Hawks porque hace apenas un mes que llegó a Atlanta, tanto dará que por no ser no sea ni siquiera base, vamos que ni por asomo, base extraordinario fue su padre (ídolo de Antúnez en aquellos años, si mal no recuerdo), su hijo por desgracia nada tiene que ver. Pero dicho queda, como queda dicho (a propósito de Karnowski, o de Domas Sabonis) que Gonzaga jugó este año la Final Four, contumaz en el error lo repetirá de nuevo unos días más tarde por si a alguien no le hubiera quedado suficientemente claro. Que digo yo que qué más hubieran querido ellos con las ganas que tienen de jugarla, lástima que los Blue Devils de Duke no fueran de la misma opinión. Son sólo unos pocos ejemplos (el total de agravios rebosaría con creces los límites de este blog) de flopping verbal, de decir algo (así sea erróneo o directamente inventado) para no decir nada. Una manera como otra cualquiera de enmascarar el vacío.

El cuadro lo completa María Victoria Albertos, capaz de inventar algún concepto revolucionario como aquél del porcentaje de rebotes (¿relacionar el número de rebotes que coges con el número de rebotes que podrías coger? Interesante…) o de decirte que España aún puede hacer una falta más porque sólo lleva cuatro en este cuarto, pero que si pasamos por alto éstos y otros deslices tiene al menos la rara cualidad de llegar al pabellón habiéndose preparado (siquiera mínimamente) los partidos, extraña conducta que a alguno de sus compañeros de pupitre le debe parece casi extraterrestre. Tuerta en el país de los ciegos, como tuerto (aún más si cabe) es Pepu Hernández, entiéndase obviamente en sentido figurado y en el contexto de dicha expresión. Pepu es alguien a quien todos los aficionados de este país en general y del Estu en particular le estaremos siempre eternamente agradecidos, Pepu fue entrenador (me gustaría pensar que aún sigue siéndolo), sabe bien de qué va esto y sabe además explicarlo en la medida en que le dejan. Puede que no sea el mejor analista del mundo (algún escarceo suyo en algún otro medio me dejó bastante frío) pero creo que saldrá reforzadísimo de este torneo, en parte por méritos propios y en parte por la mera comparación con quienes tiene alrededor. Pepu nos salva el Eurobasket como hace un año Daimiel nos salvó el Mundobasket, o si no nos lo salva al menos consigue que haya ratos en que no sintamos vergüenza ajena. Merecedor de otra oportunidad (Eurobasket_MDSIMA20150902_3501_1si así lo deseara) en cualquier otro lugar donde quienes tenga al lado no le pongan palos en las ruedas.

Al final todo se ciñe a un concepto muy gastado y manifiestamente en desuso, respeto. A ver cómo lo explico sin que suene demasiado pretencioso: yo no soy profesional de esto ni lo seré nunca (que no estoy ya en edad de ser nada más que lo que soy), ni experto siquiera, tan sólo un mero aficionado que sabe bastante menos de lo que aparenta. Y por eso considero que quien me cuenta un partido de baloncesto tiene que saber de esto muchísimo más que yo, que para eso le pagan. Puedo hasta llegar a aceptar que sepa más o menos lo mismo que yo (nadie es perfecto) pero lo que no concibo de ninguna manera es que sepa incluso menos que yo. Sobre todo si tenemos en cuenta que hay por ahí cienes y cienes de entrenadores, ex jugadores, periodistas y seres humanos en general que darían sopas con onda a este par de indocumentados si les fueran requeridos sus servicios. Claro está que eso sería demasiado fácil, darle el trabajo al que sabe en lugar de al que aparenta (o al que ya ni siquiera se molesta en aparentar), procurar hacer las cosas bien en lugar de hacerlas mal, ofrecer un producto de calidad (o digno, al menos) en vez de una mísera bazofia de todo a cien. O quién sabe, acaso sea todo mucho más maquiavélico: hace muchos años enunció McLuhan que el medio es el mensaje, y en Mediaset parecen haberlo entendido a la perfección. Estamos viviendo un magnífico Eurobasket, y sin embargo estamos dedicándole casi más tiempo a hablar de cómo nos ¿cuentan? el Eurobasket que al Eurobasket mismo. Probablemente de eso se trataba. Mis disculpas, por la parte que me toca.

Potato Arena   8 comments

Hoy me van a permitir que les cuente mi vida. No toda, no se me asusten, tan solo una nimia e insignificante parte de la misma: mi vida con Orange Arena, concretamente. Y ni siquiera me remontaré a mi desesperación de hace dos, tres o cuatro años (¿recuerdan aquella promoción, en tus manos el destino de poder cambiar la historia, porque la verdadera victoria es no perderte ni un partido?), ni siquiera me remontaré a aquel insoportable bucle que a veces sucedía en la pasada temporada (pinchas en ver, te pide que saques entrada, sacas tu entrada, pinchas en ver, te pide que saques entrada, sacas tu entrada, pinchas en ver, te pide que…); es más, ni siquiera me remontaré al caos del partido exclusivo OA en la primera jornada de este año, ni siquiera me remontaré a lo sucedido hace apenas una semana cuando tuvimos que sacrificar el primer cuarto y mitad y andar a saltos en todo lo demás porque al parecer éramos demasiados e hicimos petar la instalación, hay que ver cómo somos, qué desfachatez la nuestra, pretender ver baloncesto todos a la vez porque da la casualidad de que hay cinco partidos (a cual mejor) jugándose todos a la vez. No, no me remontaré a nada de eso (aunque ya lo esté haciendo), no me hace falta: con contarles mi experiencia de este pasado fin de semana será más que suficiente.

bilbao-granca

Este pasado fin de semana no estuve en casa. Aprovechando el minipuente de Todos los Santos (o de Jálogüin, que decimos ahora) me escapé a oxigenarme un poco por la costa cántabra, que buena falta me hacía. Lo cual, en lo tocante a esta historia que les cuento, tiene dos consecuencias fundamentales: 1) que en tales circunstancias no puedo ver partidos en directo porque casi siempre me pillan caminando por la playa, o recorriendo algún monte cercano, o dando buena cuenta de una ración de rabas en cualquier lugar selecto (terrible sacrificio el mío, sí); y 2) que mi conexión a Internet no es que sea mala pero tampoco es para tirar cohetes, nada que ver con la que habitualmente disfruto en casa: puede que alguna vez se me pare algún directo y puede que algún vídeo se me descargue más despacio que de costumbre, pero por lo general me permite salir del paso. Dicho lo cual…

Noche del sábado 2 de noviembre: mi señora y mi hijo eligen quedarse ante el televisor contemplando las correrías de un sexagenario Indiana Jones en pos de la calavera de cristal, yo en cambio opto por escaparme a otro rincón con mi portátil con la ¿sana? intención de ver el Estudiantes-UCAM Murcia. Accedo a Orange Arena, compruebo que ahí está mi entrada previamente reservada para la ocasión, voy a los diferidos, pincho en el Estu-Murcia y de inmediato la pantalla me muestra un pabellón que no parece Palacio sino Fonteta, de cuyo techo cuelga además (para que no haya dudas) una enorme escarapela naranja en la que se lee Cultura del Esfuerzo. Habré pinchado mal, tonto estoy. Salgo y vuelvo a pinchar, vuelve a aparecer la Fonteta ergo no debo ser yo (o no sólo yo) el que está tonto. Siguiente reflexión por mi parte, si pinchando el Estu-Murcia aparece el Valencia-Valladolid, igual pinchando el Valencia-Valladolid aparece el Estu-Murcia… Pues tampoco. Pinchando el Valencia-Valladolid aparece el Valencia-Valladolid, parece lógico. Nuevo intento en el Estu-Murcia (ya van tres), más Fonteta… pero esta vez decido esperar a ver qué pasa. Pasa que tras diez minutos de ver a valencianos y pucelanos calentando la imagen pega un brinco y nos muestra por fin a estudiantiles y murcianos calentando, la cosa marcha por fin, si ya además consiguen que la narración de OA deje de solaparse con la de Popular TV Murcia puede que hasta consigamos ver el partido en condiciones. Dicho y hecho, por fin todo va bien (todo excepto el Estu, pero esa es otra historia), qué más podría pasar… Pues que a falta de 3:44 para el final del tercer cuarto, 33-50 en el marcador, el vídeo se pare definitivamente. Yo en mi tierna ingenuidad pienso que la culpa es de mi conexión, que bastará con dejar pasar unos minutos, dar tiempo a que se recargue… Pues tampoco. Pincho adelante y atrás, atrás me deja ir a donde yo quiera pero adelante no hay manera, haga lo que haga el vídeo se para siempre exactamente en ese mismo punto. Mi hijo (con la sabiduría tecnológica que le caracteriza) me sugiere que recargue la página, de entrada me resisto porque pienso que me tocará otra vez empezar a ver el partido desde el principio, finalmente lo hago… y aquello se muere definitivamente. Toda la pantalla en blanco, con un minúsculo letrero de Orange Arena en su parte central. Habría petado, o estaría en tareas de mantenimiento (lo que para el caso viene a ser lo mismo). Ya son casi las dos de la madrugada, vámonos a la cama, mañana será otro día…

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Domingo 3 de noviembre: inasequible al desaliento, decido intentar ver el final del Estu-Murcia mientras desayuno. La buena noticia es que se ve (ya incluso sin la introducción del Valencia-Valladolid), la mala es que me obliga a empezar de nuevo desde el principio, la peor es que a los pocos minutos se para definitivamente, esta vez ni siquiera pasa del primer cuarto. Lo dejo por imposible, me paso al Cajasol-Baskonia, de entrada me aguanta un poco más pero no tardará en llegar el momento en que también se cuelgue sin remedio. ¿Será mi conexión? Curiosamente esa misma conexión sí me permite irme a una web de descargas, bajarme el partido sin problema alguno y acabar de ver por fin la paliza de los de Aíto a los de Scariolo desde donde la había dejado, sin más contratiempos que el tener que alargar la hora del desayuno hasta mucho más allá de lo razonable. Será que mi conexión se ha vuelto muy selectiva y funciona bien para unas cosas pero mal para otras, o será quizá que Orange Arena se ha vuelto extremadamente sensible… En fin, por ahora se me ha acabado el baloncesto, los directos ni catarlos pero seguro que esta noche ya de vuelta en casa y con mi router wifi a tope me podré desquitar cumplidamente, eso pensaba yo entonces con mi natural ingenuidad…

toma2Once y pico de la noche, ya de vuelta en casa, ya todos los deberes domésticos hechos, ya de nuevo ante el ordenador. Acudo raudo y veloz a Orange Arena, ahí en la parte inferior de la pantalla están relacionados todos los diferidos sólo esperando a que yo los vea, ese Madrid-Bilbao, ese apetecible derby canario, ese Fuenla-Obra, incluso ese Estu-Murcia que seguro que ahora ya se cargará rápidamente y podré acabar de verlo sin problema, no tengo más que pinchar en uno cualquiera de ellos y empezar por fin a disfrutar… 

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Está bien, no tan deprisa, primero tengo que loguearme (terrible verbo), esto es así, una y otra vez te obligan a acceder sin que te guarden el acceso de una vez para otra (o será que soy muy torpe y no lo hago bien), mero trámite tan simple como engorroso. Dejo que la función de autocompletar me escriba la dirección de correo electrónico, tecleo mi password, pongo especial cuidado en no pinchar (por una vez) en la gigantesca casilla regístrate ya sino en la minúscula acceder (¿seré yo el único que se confunde de casilla cada dos por tres?), parece que acierto, accedo…

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Ya he accedido, ya Orange Arena me abruma con una sucesión de ofertas, alguna de ellas tan inquietante como ésta que pueden ver en la parte superior. Por desgracia no estoy ya a esas horas ni para penetraziones ni para sorpressas (y aún menos en Becerril de la Sierra), ya llegados a este punto lo único que pido es poder ver tal vez algún baloncesto antes de acostarme. Pero mi entrada (la que yo reservé puntualmente en Orange Arena para la ocasión) ha desaparecido, supuestamente ahora ya no tengo entrada reservada (¿por qué?), en cualquier caso no me asusto, para los diferidos no siempre se necesitó entrada, puede que ese sea el caso, seguro que si pincho en baloncesto ahí estarán todos los partidos esperándome…

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Y una leche. Si pincho en baloncesto me aparece una sucesión de recuadros con pelotas, para qué te lo vamos a poner fácil si es mucho más divertido que tengas que posicionarte encima de cada uno de ellos con el cursor para así averiguar de qué partido se trata. Voy de uno a otro, muevo el cursor de arriba a abajo, lo muevo de derecha a izquierda pero da igual, todo da lo mismo, todo lo que allí aparece es de la Jornada 3, lo más reciente es aquel Baskonia-Estu del domingo 27 de octubre por la tarde, de ahí para atrás todo lo que usted quiera, de ahí en adelante nada, pero nada en absoluto. ¿Pero cómo es posible, pero si en la home de la web (o como coño se llame) estaban todos los partidos de la jornada ahí relacionados, por qué aquí no? Vuelvo al inicio, ahí siguen estando… pero ahí ya no estoy yo, porque al volver a la página inicial me hace logout (o como coño se diga), me obliga a volver a loguearme, me logueo y vuelven a desaparecer, y en la pestaña de baloncesto vuelven a estar sólo los de la jornada anterior… ¿Me estaré volviendo loco (aún más si cabe)?

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Y además, yo tenía entrada. No siempre fue necesaria la entrada para los diferidos, pero es que resulta que yo SÍ la tenía. Y por si acaso pincho en ver tus entradas y ahí está, junto con las anteriores, justo debajo del rótulo de eventos ya disfrutados. ¿eventos ya disfrutados, dice usted? (Omitiré los calificativos que pasaron por mi mente justo en ese instante, dado el respeto que me merecen las madres de los responsables de la aplicación). Qué cachondo, eventos ya disfrutados dice… Es casi la una de la mañana, faltan menos de seis horas para que me suene el despertador, ha sido un día largo y duro (cinco horas y pico de volante incluidas), estoy cansado, está claro que ha llegado el momento de rendirme. Podría hacerlo citando a los clásicos (¡¡¡¡¡A la mieeerrrda!!!!!), pero ya no me quedan fuerzas, ni para eso siquiera…

Sé que lo mío no fue nada, sé que en directo hubo casos peores, no hace falta que me lo digan. Sé que el Madrid-Bilbao provocó un trasvase masivo de aficionados desde OA a la web de ETB, que entre no-ver el partido en tu idioma o tener que verlo en otro idioma está claro que optaron por la segunda opción. Sé que quienes perseveraron con OA acabaron viéndolo a trozos, como sé también que no siempre es así, que no tendría por qué ser necesariamente así, que incluso hay veces (raras veces) en las que funciona relativamente bien. Yo mismo volví a probar en la tarde del lunes 4 de noviembre y ahí estaban ya los diferidos de la jornada a mi entera disposición, y además esta vez era verdad que estaban a mi disposición (y sin necesidad de entrada de ninguna clase, oigan), que hasta pude ver con sólo día y medio de retraso el Madrid-Bilbao, el final del Barça-GBC, el Granca-Canarias… A buenas horas mangas verdes.

que es oa

No entiendo a la ACB (responsable última, por acción o por omisión), no entiendo que magníficos profesionales como Óscar Cuesta, Gerard Solé, Matías Castañón, Mario Gómez, tantos otros narradores o técnicos tengan que ver semana tras semana cómo buena parte de su trabajo se pierde sistemáticamente en el limbo. No entiendo a la ACB, pero aún menos entiendo a Orange. De verdad se lo digo, si no fuera de Orange (que no lo soy) pero estuviera pensando en cambiarme a Orange (que no lo estoy) les aseguro que me lo pensaría dos (y más) veces a la vista de cómo funciona su cacareada aplicación, esa que lleva su nombre y su imagen corporativa y que hasta dice estar powered by Orange para que no quede ninguna duda. ¿Qué confianza te puede merecer su línea de ADSL, su cobertura telefónica, su política tarifaria o su servicio de atención al cliente, cuando semana tras semana nos demuestran su probada incapacidad para hacer que esta plataforma funcione medianamente bien (y ya son años los que llevan con ella)? Si yo fuera su responsable de marketing (o similar) créanme que (además de caérseme la cara de vergüenza) haría todo lo que estuviera en mi mano para quitarle el nombre y hasta el color naranja a la aplicación, para que ésta dejara de representar una publicidad negativa para la empresa. ¿Quieren otro nombre? ¿Recuerdan que hubo un tiempo en que cuando a alguien le salía malo un aparato le decíamos vaya patata que te has comprado (no sé de dónde le viene tan mala fama a la patata, pero así era)? Ahí les dejo la idea, cambien de una vez por todas el cítrico por el tubérculo, rebauticen su aplicación como Potato Arena. Así ustedes dejarán de tirar por tierra la imagen de su compañía, y así nosotros sabremos exactamente (aún más si cabe) a qué atenernos.

Publicado noviembre 5, 2013 por zaid en ACB, medios

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aquella pequeña historia   3 comments

Una vez fuimos jóvenes y creímos que podríamos cambiar el mundo…

A ver, tampoco exageremos. Jóvenes lo que se dice jóvenes lo eran la mayoría, algunos ya ni eso éramos hacia la mitad de la pasada década del presente siglo. Y cambiar el mundo no habría estado mal pero tampoco pretendíamos tanto, nos habríamos conformado con cambiar el baloncesto o ni siquiera eso, nos habría bastado con cambiar la atención mediática que recibe el baloncesto. No hará falta decir que fracasamos, visto cómo estábamos entonces y (sobre todo) cómo seguimos estando hoy…

Pero de alguna manera (a nuestra manera, más bien) fuimos felices en aquellos tiempos. Plataforma SEDENA nació hace ya casi diez años, se creó en un hilo del Foro de la ACB hacia finales de 2003 gracias a unos cuantos locos que decidieron que tal vez podríamos hacer algo más (además de quejarnos) para mejorar la consideración que recibía en los medios el SEgundo DEporte NAcional. Aquellos locos crearon una web que hasta contó con un impagable artículo fundacional (supongo que hoy ya irrecuperable) escrito por el gran Gonzalo Vázquez, el mismo que si mal no recuerdo dio nombre a la página. A aquellos locos poco a poco nos fuimos sumando gustosamente tantos otros locos, tantos y tantos enfermos (o frikis, si resulta menos doloroso el término) de este deporte, que no nos limitábamos a estar ahí y participar en los foros sino que además hacíamos más cosas: montábamos seguimientos de las noticias deportivas en prensa, para a partir de ahí establecer con conocimiento de causa qué periódicos dispensaban un mejor o un peor trato a nuestro deporte; creábamos campañas, inundábamos de correos electrónicos a la ACB o a TVE o a Canal Sur o a quien demonios fuera, quizá nunca conseguimos que cambiaran nada pero al menos les molestamos, les hicimos pensar, les obligamos a tenernos en consideración; y en un momento dado hasta nos atrevimos a montar la primera Asociación de Aficionados al Baloncesto (o algo así) de este país, si mal no recuerdo hasta llegamos a constituírla y registrarla… y luego ya no fuimos capaces de ir más allá. Ya se lo dije, éramos jóvenes (incluso aquellos que ya no lo éramos), no era difícil que nos pasaran estas cosas, querer hacer el tejado sin haber puesto antes los cimientos. En el pecado llevamos la penitencia.

Pero tuvimos una Guía de Televisión que daba gloria verla, que era considerada unánimemente por todos los que por allí pasaban como el mejor lugar en toda la red para averiguar qué partidos se televisaban cada semana y en qué canal. Tuvimos una parafernalia estadística de auténtico lujo, de hecho hasta fuimos pioneros en nuestro país (aunque hoy ya nadie lo recuerde) en la implantación de aquel baremo más/menos que ya empezaba a ponerse de moda en USA, lo fue concretamente el crack Paco Navarro (alias Unicajero), el mismo que hasta se inventó más tarde otro artilugio llamado Sedenator teóricamente capacitado para elaborar crónicas virtuales de los partidos a partir de las estadísticas minuto a minuto de los mismos.blogzaid Tuvimos nuestro particular Audímetro, el puntual seguimiento de las audiencias televisivas de nuestro deporte semana tras semana. Tuvimos unos estupendos artículos de opinión, está mal que yo lo diga porque era uno de los implicados pero tampoco el único ni el principal siquiera, cómo olvidar por ejemplo todas aquellas obras maestras de El Jinete. Y hasta tuvimos (créanselo) nuestra quiniela, nuestra impagable (porque no se pagaba) e inimitable (hasta que nos la imitaron) Quiniela Sedenera

Catorce partidos, catorce, como mandan (o mandaban) los cánones quinielísticos. Eran fijos los nueve de la ACB, y los cinco restantes podían salir de LEB, de diferentes ligas internacionales o hasta de la mismísima NBA. Para cada partido hasta cuatro posibles signos, victoria local por hasta 9 puntos de diferencia, victoria local por 10 ó más, victoria visitante por hasta 9, victoria visitante por 10 ó más.quinielasedenera Hasta donde yo alcanzo a recordar nadie acertó jamás los 14 y creo que ni siquiera los 13, de hecho hasta dudo que alguien llegara alguna vez a 12, téngase en cuenta que tampoco es que fuéramos muchos precisamente, quizá ciento y pico apostantes la vez que más y eso tirando muy por lo alto. En cualquier caso el aliciente ya no era sólo ganar la quiniela de cada semana, sino que con los aciertos de cada semana se establecía además una clasificación general para proclamar también al ganador final de cada temporada. ¿El premio? Nada de nada, cero patatero, por supuesto. Era un entretenimiento meramente amateur, ni pagábamos ni cobrábamos, entre otras cosas porque ni las instituciones implicadas nos lo habrían autorizado ni la legislación vigente nos lo habría permitido. Era sólo un juego, nada más (y nada menos) que eso.

Todos estos recuerdos permanecían convenientemente ocultos en un rincón de mi memoria hasta que me los ha despertado el Qunibasket. Sí, el Quinibasket, un parto difícil sin duda, han hecho falta forceps y cesáreas y todo lo que podamos imaginar pero ahora ya está aquí por fin aunque esté fuera de cuentas. El Qunibasket se presenta ante nosotros con el reclamo de ser la primera quiniela de la historia del baloncesto,correo qb así  reza la publicidad que casi todos hemos recibido en nuestros buzones de correo electrónico, supongo que técnicamente es cierto pero me van a permitir que introduzca un pequeño matiz: ya hubo otra quiniela de baloncesto, y en este caso no me refiero a la nuestra de SEDENA ni tampoco a aquellos vanos intentos en los ochenta que jamás llegaron a consumarse, no, me voy aún más atrás, me parecía recordar que en mi más tierna infancia sí llegó a existir una quiniela de baloncesto que duró apenas unos meses, así que he hecho una ardua a la par que exhaustiva investigación de apenas medio minuto en el Gúguel y me he encontrado con este estupendo artículo de José Ignacio Huguet para El Mundo Deportivo que confirma mis recuerdos; ya hubo una quiniela de baloncesto en la temporada 1971/72, la promovió (como casi todo lo que tenía que ver con nuestro deporte en aquellos años) Raimundo Saporta y fracasó por la oposición de los clubes de fútbol a que el baloncesto repartiese también premios en metálico, mandagüevos. Quizá por eso ésta de ahora se atribuya ser la primera, porque aquella no repartió dinero sino televisores, porque la nuestra no dio dinero ni televisores ni ninguna otra cosa que no fueran las gracias por participar…

Han pasado casi cuatro años y medio desde aquel 27 de mayo de 2009 en que publiqué el último artículo (o lo que fuera aquello) en mi blog de SEDENA, muy pocos días antes de que se muriera definitivamente la página. Aquel día escribí (entre otras muchas tonterías) lo siguiente: …ya nunca volveremos a rellenar nuestra Quiniela Sedenera, maravilloso invento de esta web, que nos tuvo entretenidos semana a semana durante estos últimos años y que cualquier día alguien nos copiará en cualquier otra web, sin que (me temo) ninguno de nosotros podamos hacer ya nada por evitarloqb No, no se me asusten, no voy a decir ahora que este Quinibasket sea una copia de nuestra quiniela, no teman, no lo diré ni aún a pesar de que la mecánica sea exactamente la misma, cierto que son 9 partidos en vez de 14 (más que nada porque la organiza la ACB y estaría feo que metiera también partidos ajenos) pero lo demás es igual, cuatro posibles apuestas por partido, victoria local o victoria visitante, por hasta 9 ó por 10 ó más… Eso sí, los diseñadores han debido pensar que esa forma de expresarlo se prestaba a confusión así que han preferido incorporar otra mucho más gráfica, dónde va a parar: gana local por menos de 9,5 puntos, gana visitante por más de 9,5 puntos y así sucesivamente, una aportación interesante ésta de las canastas con decimales sin duda, miren que a lo largo de mi más de medio siglo de vida he conocido canastas de un punto, canastas de dos y hasta canastas de tres pero no recuerdo haber visto jamás una canasta de medio punto, sería una idea a considerar para esas veces en que el balón se sale prácticamente de dentro, todo es ponerse. Vamos, que habrán pensado que con el nueve y medio la gente se entera mejor, al fin y al cabo es más de nueve y menos de diez. Pero no deja de ser lo mismo…

No, no diré que este Quinibasket sea una copia de nuestra Quiniela Sedenera, y no lo haré por varias razones: primera porque no tenemos su propiedad intelectual, obviamente nunca se nos ocurrió patentarla; segunda porque nunca supe si aquella fue una idea original o si quien la parió la copió a su vez de algún otro sitio, de algún otro país por ejemplo; y tercera porque tampoco es tan difícil que a alguien se le ocurra algo así simplemente porque sí, sin haber tenido conocimiento previo de ninguna otra versión anterior. No diré que sea una copia, pero… ¿saben que les digo? Que ojalá lo fuera. Que ojalá alguien (al fin y al cabo llegamos a contar entre nuestros participantes con un mítico periodista de acb.com, por lo que no sería tan descabellado) hubiera dicho, anda leche, ¿y por qué no copiar aquella fórmula que montaron los de SEDENA y que tanto nos gustaba? Hoy ya apenas queda nada (ni físico ni virtual) de todo aquello, de hecho si aún quiere darse el gusto de pinchar en plataformasedena.com se topará de bruces con una extraña web japonesa dedicada aparentemente a los juegos de azar (muy apropiado), que es bien sabido que los designios del ciberespacio son inescrutables. Por eso le digo que ojalá lo fuera, porque eso significaría que al final aquella pequeña historia sí sirvió para algo (más allá del disfrute y los buenos ratos que nos procuró entonces), que algo sí quedó de todo aquello aunque fuera sólo una simple quiniela de la que ya nadie se acuerda y que ya ni siquiera lleva nuestro nombre. Que no logramos cambiar el mundo, ni el baloncesto ni la atención mediática que se dispensa al baloncesto, pero que al menos algo de todo aquello no fue en vano. Ojalá.

tiempos oscuros   2 comments

Escribo en las últimas horas del último día del mes. En apenas un rato se nos acabará julio, suceso que en sí mismo no será demasiado grave porque según se nos acabe comenzará agosto como viene siendo habitual. Lo que ya no suele ser tan habitual es que con el mes se nos acabe también un canal de televisión. Sí, en apenas unas horas dejará de existir (probablemente ya habrá dejado de existir cuando usted lea esto) Marca TV, lo cual en sí mismo tampoco será demasiado grave ya que según se nos acabe comenzará otro canal (novedoso donde los haya), La Tienda en Casa, veinticuatro horas al día de tienda en casa, mandagüevos, rechace imitaciones. Así que no, no teman, no haré un drama, no están precisamente los tiempos con la que está cayendo como para que nos rasguemos las vestiduras por la desaparición de una simple señal de televisión, sólo faltaría; pero no me pidan que me guste.

Marca TV, vista así desde lejos, es un poco la crónica de lo que pudo haber sido y no fue. Se autodenominó la televisión del deporte pero casi siempre acabó siendo la televisión del fútbol confirmando así rápidamente nuestras sospechas de que para Marca (y para tantos otros) el fútbol es el único deporte que merece ser considerado como tal, los demás apenas seríamos meros sucedáneos. Y lo que no fue fútbol fue fútbol-sala, o fue boxeo, o fue esa extraña cosa que llaman wrestling o pressing catch o como demonios se llame y que habré de confesarles que me enciende la sangre, no soporto que me quieran colar como deporte una actividad lúdico-recreativa que tiene de deporte lo que de deporte tiene el circo, el ilusionismo, la danza del vientre o las revistas de variedades pongamos por caso, actividades todas ellas sumamente respetables entre otras cosas porque nadie intenta hacerlas pasar por lo que no son. Me parece perfecto que haya un público predispuesto al que le guste contemplar cómo dos tipos esperpénticos se suben a un ring para hacer como que se patean los huevos o se arrancan la cabeza, allá ellos. Pero no intenten venderme como deporte algo que ustedes y yo (y hasta esos mismos espectadores predispuestos, salvo raras excepciones) sabemos perfectamente que no lo es.

Pero Marca TV, vista desde más cerca, fue también a veces (raras veces) la televisión del baloncesto. Marca TV nació si no me traiciona la memoria a finales del verano de 2010, coincidiendo con la disputa del Mundial de Turquía, y durante varias semanas se nos convirtió en nuestra principal ventana abierta a dicho campeonato, la única que nos permitió seguir todos y cada uno de los partidos en los que no jugaba nuestra selección. Marca TV tiró incluso la casa por la ventana para la ocasión, fichó comentaristas de lujo como Djordjevic, Messina, Nicola o Lavodrama junto a otros más domésticos como Trecet o el inevitable Nanclares, Marca TV nos dejó una cobertura irreprochable de aquel campeonato (con alguna puntual excepción que hizo que en aquel momento me hirviera la sangre, pero que confirma la regla), nos llenó a los aficionados al baloncesto de esperanzas por lo que pudiera venir después…

Y después apenas vino nada, o vino mucho menos de lo que esperábamos. Pero aún así Marca TV nos salvó la Euroliga durante esta temporada 2012/2013, se la salvó a los aficionados de Unicaja en particular y a los aficionados al baloncesto en general, de no haber existido habría sido una competición aún mucho más fantasma de lo que ya fue, condenada a las catacumbas de Real Madrid TV (Teledeporte desembarcó cuando ya era demasiado tarde) o a la territorialidad de Cataluña y el País Vasco. Y aún así Marca TV, que nació con baloncesto a finales del verano de 2010, se nos muere también con baloncesto a comienzos del verano de 2013. Marca TV nos ha regalado un espectacular mes de julio con todas las competiciones de formación, sub18, sub19 y sub20, masculinas y femeninas, todas sin excepción, bien narradas y aún mejor comentadas. Que habría podido ser mejor, no digo yo que no, si se hubieran estirado un poco, si no se hubieran limitado a los partidos de nuestra selección y hubieran dado algún otro (las finales, al menos), si la FIBA hubiera iniciado antes su cobertura del dichoso Mundial sub19 (pero eso no fue problema de ellos, obviamente…) Pero con todo y con eso fue mucho más de lo que solíamos tener, y me temo que mucho más de lo que tendremos en años venideros. A las pruebas me remito.

En el fondo la desaparición de Marca TV es sobre todo un síntoma, un pésimo síntoma, otro más. Seguimos con la incertidumbre televisiva en torno a la ACB, sumamos ahora la incertidumbre televisiva en torno a la Euroliga, no sabemos qué pasará con todo ello (ni con tantas otras cosas) pero sí sabemos que tendremos ya una ventana temática menos con la que jugar. Queda Teledeporte para la caridad, para aquello que le pidan que dé pero siempre y cuando no le cueste un euro darlo, que no parece estar ya el Ente Público para semejantes dispendios; quedan los canales deportivos del Plus pero tampoco les pidan que hagan excesos, la empresa que los sustenta anda también en estado semicomatoso al parecer; queda tal vez Eurosport pero es como si no quedara, porque de baloncesto más bien poquito y porque además se nos ha marchado de la plataforma plusera ante el elevado precio que le cobraban por el alquiler. Y pare usted de contar. Cada vez serán más los acontecimientos deportivos (eventos minoritarios, ligas menores, competiciones internacionales en las que no haya españoles con opciones) que no encuentren ventana televisiva a la que asomarse, piensen por ejemplo en cuánto estaríamos viendo del Mundial de Natación si no fuéramos los anfitriones. Que los del baloncesto estamos mal pero que hay muchos que están aún peor, que algunos aún estamos esperando que TVE se apiade finalmente de nosotros y se decida a darnos el Mundial de Atletismo, ése que viene siendo el mayor acontecimiento deportivo a escala planetaria de cada año impar, ése que hasta hace unos días no tenía quién le televisara, de hecho a día de hoy todavía no está nada claro que vaya a tenerlo.  Así está el panorama.

Vivimos tiempos oscuros, en éste como en tantos otros órdenes de la vida. Ya les dije al principio que no quería hacer un drama (no sé si lo he logrado), que reconozco que andar quejándome de una nimiedad televisiva en estos tiempos que corren me resulta casi inmoral. Pero es que éste todavía sigue siendo un blog de baloncesto (aunque no siempre lo parezca), un lugar en el que hoy deberíamos estar congratulándonos sin más por aquel épico triplazo de Juancho Hernangómez, que lo recordaremos por lo que fue y lo que supuso pero que de alguna manera lo recordaremos también por haber puesto el broche final a un canal que a ratos (sólo a ratos) nos permitió ser un poco más felices. En apenas unos minutos Marca TV habrá dado paso a La Tienda en Casa y será casi (salvando las inmensas distancias) como cuando CNN+ dio paso al Gran Hermano 24 horas o como demonios se llamara aquello, será otra pequeña derrota, otro síntoma más de nuestro empobrecimiento cotidiano. Y créanme que jamás (ni en el mejor de mis sueños) imaginé que diría yo algo así de un medio apellidado Marca, pero es lo que hay. Aunque ni yo mismo me lo explique.

Publicado julio 31, 2013 por zaid en medios

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