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la edad de piedra   5 comments

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No me importa, créanme que no me importa ya a estas alturas si la canasta de Sada fue fuera o dentro de tiempo. [Las investigaciones más avanzadas como ésta del gran Piti Hurtado parecen demostrar que la posesión duró 23,991 segundos, es decir, sería válida por nueve milésimas de segundo, periodo imperceptible y que está incluso en función de que el sujeto que maneja el crono sea más o menos ágil a la hora de pulsar el botón; en ese mismo sentido hay incluso alguna fotografía (como esa composición de ahí más abajo, cortesía de Zuriñe Eguiluz) que muestra el balón ya camino del aro con el crono a cero pero el punto rojo aún apagado, lo cual no tendría nada de particular porque el crono marca el cero desde se quita el uno (obviedad), es decir, cuando quedan aún nueve décimas para que se acabe la posesión]. No me importa, como ya tampoco me importa si hubo falta en la acción de tiro, si Sada antes hizo pasos, si salió y luego entró para trabajarse el rebote o si incluso (como alguien sostiene todavía) el airball de Navarro rozó ligerísimamente el aro y no solo la parte baja de la red. Ya no me importa nada de eso, de verdad se lo digo, saben que no tengo por costumbre entretenerme en temas arbitrales más allá de lo estrictamente necesario, tanto menos tratándose de decisiones que deben ser tomadas en décimas. No me importa tanto que se equivoquen como que cuenten con los medios adecuados para prevenir y (en su caso) evitar esa equivocación. Me importa que mi deporte sea digno, que sea justo o al menos lo intente, que no se parezca a cierto deporte que se juega con los pies y que se jacta de mantener e incluso fomentar los errores arbitrales para así potenciar la discusión, que sea más bien como tantos otros deportes (algunos tan tradicionales como el rugby, por cierto) que ya han incorporado la tecnología a su proceso de toma de decisiones sin que ello les haya supuesto ningún trauma, más bien al contrario. Que nuestro baloncesto sea como tantos otros baloncestos, al otro lado del charco o aquí a la vuelta de cualquier esquina. Que no nos estemos quedando atrás, en esto como en tantas otras cosas. 

Yo no sé si repararon en que, durante el tiempo muerto que siguió a la canasta de Sada y precedió al tiro libre adicional, en un momento dado los árbitros se acercaron a la mesa de anotadores. No se les oye (evidentemente) pero sí se ve que consultan algo y que dos miembros de dicha mesa les responden claramente que no. Que a ver, que no es que esté yo capacitado para leer sus labios, pero sí para interpretar su lenguaje gestual y ese movimiento de manos hacia un lado y hacia el otro no podía ser más explícito, que no, que de ningún modo. Claro está, podía ser que les estuvieran preguntando si llovía afuera, si se habían traído el bocata o si tenían plan para luego, pero yo más bien me inclino a sospechar que Redondo y cía les estaban inquiriendo sobre alguna otra cuestión de más enjundia: quizá por la jugada que acababa de suceder, por si tuvieran alguna observación que hacer respecto al tiempo de posesión; o quizá, quién sabe, por si existiera alguna posibilidad por pequeña que fuera de usar el instant replay aunque ello contraviniera la legislación vigente, ya que al parecer (nunca te acostarás sin saber una cosa más) la ACB sólo permite su utilización en canastas sobre la bocina del final de partido y no sobre la bocina del final de posesión, mandagüevos, tanto da que ésta sea decisiva y se produzca apenas unos segundos antes. Nunca sabremos lo que allí hablaron, entre otras cosas porque (permítanme la digresión) TVE suprimió hace algún tiempo esa extraña figura que solíamos llamar piedepista, pensarán que como el narrador y el comentarista ya están in situ pues para qué más, eso que se ahorran, si hay entrevistas que las haga el propio Arsenio como las hacía Quiroga en los setenta, viva la modernidad. Que a ver, que no es sea yo mucho de África de Miquel, ya lo saben de sobra, pero sucede que hay otros/as periodistas y sucede además que a veces la flauta suena por casualidad pero para eso es necesario que haya flauta, si no la hay no va a sonar por mucho que soples. O dicho de otra manera, si está África (o quien sea) detrás de la mesa de anotadores siempre habrá alguna remota posibilidad de que se entere de algo, si no está es francamente imposible.

Pero me he ido del tema (para variar), estaba yo en que los árbitros fueron a la mesa, que les dijeron que no y que nunca sabremos si pidieron el instant replay o si pidieron otra cosa. Claro está, en el supuesto de que lo pidieran había una razón de peso para denegárselo (más allá de la absurda normativa vigente): difícilmente puede haber instant replay cuando no hay replay siquiera. Que no había repetición, que ya había pasado algún minuto y no habíamos vuelto a ver la jugada en cuestión, que ya sólo la veríamos tiempo después, cuando nada tuviera ya sentido… y para más inri desde el mismo plano general que ya habíamos visto en directo, el de ésa que (creo que) llaman cámara máster con cuya toma resultaba científicamente imposible ver el reloj de posesión ni aunque te descoyuntaras en el intento. Y se quedaron tan anchos, ni una repetición más, despedimos perdiendo el culo aunque aún nos sobre tiempo y a otra cosa mariposa, demos paso raudos y veloces a los Irujos y a los Jesulines, esos sí son asuntos de vital trascendencia para la buena marcha de este país y no estas nimiedades de si canasta entró antes o después, del derecho o del revés, total a quién le puede importar esa chorrada, anda y que se vayan a cagar. Dicho y hecho.

¿Es acaso posible que TVE, además de recortar en piedepista, haya recortado también en cámaras y/o operadores de cámara? ¿Es acaso posible que ahora ya ni siquiera haya cámaras al pie de cada canasta, como siempre las hubo toda la vida de dios? Y en el supuesto de que siga habiéndolas, que no lo recuerdo: ¿tan difícil es que el cámara de la canasta contraria al juego enfoque permanentemente un plano abierto del otro lado, para que en caso de duda podamos ver en una misma imagen al reloj y al tirador? ¿Son conscientes de que esto se viene haciendo en USA (NBA, NCAA) desde hace tiempo inmemorial, de tal manera que si surge un conflicto los árbitros siempre tienen no uno sino varios planos para poder escoger, y así tomar la decisión correcta? ¿Cabe la posibilidad, no ya de que les importe un pito la ACB y el instant replay y la madre que les parió (que eso es obvio), sino de que también les importemos un pito sus propios telespectadores? ¿Es más, cabe incluso la posibilidad de que les importen un pito sus propios trabajadores, sus propios profesionales, esos a quienes dejan vendidos ahí al pie del cañón esperando eternamente una repetición que nunca llega,  esos a quienes encima les toca dar la cara para intentar justificar lo injustificable?

Como dijo aquél, partiendo de la nada estamos alcanzando las más altas cotas de la miseria. En cierto modo el baloncesto televisivo es una metáfora del país, seguimos avanzando en sentido inverso (nótese el eufemismo para no decir retrocediendo) de tal manera que del siglo XXI habremos pasado al XX y no tardaremos mucho en llegar al XIX, si nos lo proponemos a este paso acabaremos en la edad de piedra, en vez de televisárnoslo que nos lo dibujen en las paredes de la cueva con un cincel que para el caso viene a ser lo mismo. TVE trata a la ACB como si le estuviera haciendo un favor (acaso porque en el fondo le esté haciendo un favor), no es ya que lo demos sin pagar un duro sino que en el fondo deberíais dar gracias de que no os cobremos por darlo, cutres, que sois unos cutres. Ningún cariño, escasísimos medios y la dosis justa de profesionalidad, ni un gramo más: todo es plano, rutinario, funcionarial en el peor sentido del término. Eso sí, luego tocará final Madrid-Barça y los mismos que hoy desprecian el producto (acaso ni siquiera lo consideren un producto) perderán el culo por poner cámaras hasta en los calzoncillos de los jugadores si es preciso, de tal manera que de cada jugada conflictiva tengamos no ya una repetición sino cinco o seis (ya otra cosa será que alguna de ellas sirva para algo), lo que haga falta; y lo pondrán en prime time, y pararán telediarios si ello fuera menester, y hasta se colgarán medallas cuando suban las audiencias, y otra vez estaremos encantados de habernos conocido y a la vuelta del verano aquí nos veremos de nuevo con la misma mierda televisiva entre las manos sin saber muy bien qué hacer con ella… Acaso la ACB tenga lo que se merece, no digo yo que no; lo que ya no sé es qué habremos hecho nosotros para merecer esto.

Publicado junio 3, 2013 por zaid en ACB, medios

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Allá por el pasado verano, en plenos Juegos Olímpicos, fui un día a comer a casa de mi madre, nada de particular, es algo que suelo hacer con relativa frecuencia como todo hijo que se precie. En la sobremesa, mientras mi señora y su suegra conversaban amigablemente de esas cosas que hablan las señoras con las suegras, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, waterpolo, tiro con arco, lucha grecorromana, lo que haya… Pero me quedé con las ganas por la sencilla razón de que el televisor de mi madre no tenía sintonizado dicho canal. Al respecto conviene recordar que hace algunos años hubo que hacer una resintonización de la TDT (no sé si sólo en Madrid o en más sitios) porque había dos o tres diales (uno de ellos TDP) que cambiaban de frecuencia o dos o tres frecuencias que cambiaban de dial o como se diga, notarán que soy lego en la materia. En mi comunidad de propietarios nos la hicieron de serie pero en la de mi madre que son sólo ocho vecinos, octogenarios en su mayor parte, pues como que no parece que se generara una demanda que hiciera imprescindible esa modificación, no sé si me explico. Claro está que podría haber resintonizado yo el televisor aquella misma tarde pero mi madre habría entrado en pánico sólo de pensar en la posibilidad de que se le fuera alguno de sus canales preferidos, así que ante tamaña responsabilidad preferí dejarlo estar…

Pocos días después, todavía en plenos Juegos Olímpicos, me tocó ir a pasar la tarde al chalet de mis cuñados, experiencia inenarrable donde las haya pero qué quieren, uno es un mandado. En un momento dado, mientras mi cuñado se encontraba ausente atendiendo a sus múltiples actividades profesionales (un bar), mientras mi hijo se bañaba en la piscina con sus primas y mi señora hablaba con su hermana de cosas de hermanas, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, tiro con carabina, esgrima, halterofilia, lo que sea menester… Pero me volví a quedar con las ganas, por la sencilla razón de que el televisor de mis cuñados tampoco tenía sintonizado dicho canal. Mi cuñado es muy de ver deporte en televisión pero eso sí, a la manera española (como si dijéramos): primero fútbol, luego fútbol, después fútbol y finalmente (si no hay fútbol) quizás algo de motos o de Fórmula Uno siempre y cuando esté Alonso, que si no pa qué. Teledeporte ni sabe que existe o quizás alguna vez sí lo supo pero ahora ya no lo recuerda, total ahí sólo dan deportes de esos raros que no tienen motor ni se juegan con los pies. La prueba es que en todos estos años no parece haber sentido ni por un momento la necesidad de resintonizar su televisor.

Obviamente mi madre y mi cuñado no son una muestra significativa de la población, son apenas dos casos aislados, estoy convencido de que en este país y en esta ciudad casi todos los televisores tienen correctamente sintonizados casi todos los canales de la tedeté. El tema no es que haya mucha gente que no tenga Teledeporte, sino que hay muchísima gente que ni se enteraría si de buenas a primeras les desapareciera Teledeporte. El común de los mortales o bien va a tiro hecho o bien se limita a zapear por entre los canales de toda la vida, esos que en casi todos los televisores ocupan los diales del 1 al 6, acaso también el 7 y/o el 8 si aún te queda una televisión autonómica decente. Luego ya los más iniciados es posible que pasen también por Neox, Nova o Energy, los más futboleros mirarán MarcaTV y los más (evitaré adjetivos para no herir susceptibilidades) es posible que viajen aún lejos si cabe, 13TV o Intereconomía que de todo hay en la viña del señor. Y luego ya, un poquito más allá de éstos y un poquito más acá de la Teletienda (pero no mucho), más o menos al lado del Canal 24 horas finalmente encontraremos a Teledeporte (de hecho ellos deben ser plenamente conscientes de que ocupan las profundidades abisales del dial, ya que en los últimos tiempos andan montando una especie de debates un tanto basurísticos al más puro estilo puntopelotero; con nulos resultados, me temo). Y no venga usted ahora a decirme que en su casa no es así, ya sé bien que en su casa no es así al igual que tampoco es en la mía, si está usted leyendo esto ya presupongo que será porque es aficionado al deporte en general y al baloncesto en particular (o porque ha llegado aquí por pura casualidad y aún no tiene muy claro de qué va este blog), razón por la cual tendrá incluido a Teledeporte en su menú televisivo. Pero usted y yo tampoco somos una muestra representativa de la población, desgraciadamente. El común de los mortales tiene sus necesidades deportivas más que cubiertas con los deportes mayoritarios que ofrecen los canales mayoritarios, entre otras cosas porque si en alguna ocasión Nadal (o cualquier otro deportista/equipo español) puede ganar algo ya se encargará TVE de llevárselo perdiendo el culo a La 1 para aprovechar la tajada de audiencia que pueda proporcionar. O dicho de otra manera: el aficionado medio sabe que en Teledeporte sólo dan cosas minoritarias, y sabe que si en alguna rara ocasión dejaran de ser minoritarias se las sacarían de allí para servírselas en bandeja donde las pueda mirar. Ergo ¿para qué sintonizar Teledeporte?

Quizá ya haya deducido (o quizá no, y lleve usted un buen rato preguntándose de qué va este rollo) que viene todo esto a cuento de lo acaecido este pasado fin de semana con ocasión de la Final Four. Televisión Española incumplió drásticamente la regla de oro que acabo de exponer en el párrafo anterior, TVE dio la semifinal por su primera cadena y luego la Final por Teledeporte, y ello a pesar de que dicha Final la disputaba el equipo más televisado, más seguido, más amado/odiado y con más adeptos de todo el territorio nacional. ¿Todo un Real Madrid podía proclamarse campeón de Europa y sin embargo no se atrevían a darlo por TVE1, cómo era ello posible? Pues porque hay palabras mágicas, alma de dios, mire que se lo decía yo aquí mismo hace dos o tres semanas. Diga usted abracadabra pata de cabra y no pasará nada, pero lo que se dice nada, pero nada de nada; ahora bien, diga usted Madrid-Barça y el universo entero conspirará para que empiecen a suceder ante nuestros ojos los hechos más asombrosos jamás contados. Si ambos equipos hubiesen ido por distinto lado del cuadro las dos semis se habrían visto en Teledeporte, si ambos hubiesen perdido no les quepa la menor duda de que el tercer y cuarto puesto habría ido por TVE1 y luego la Final por Teledeporte, es así. No importa el Madrid, no importa el Barça, importa el Madrid-Barça como si ambos conceptos sólo tuviesen razón de ser por la existencia del otro, como el haz y el envés, como el ying y el yang, como el día y la noche, como las dos Coreas. Acaso no haya nada que vertebre (y al mismo tiempo divida) tanto este país como un Madrid-Barça, acaso no haya mayor obstáculo para el famoso proceso soberanista de Cataluña que la posible desaparición de esa rivalidad. Necesitan seguir juntos para poder seguir odiándose.

Retomo el tema. Conste que no suelo ser de los que acuden puntualmente cada lunes a mirar las audiencias (más que nada para no llevarme disgustos) pero reconozco que esta vez no pude evitar que me saltaran a la vista mientras ojeaba un periódico en el bar del desayuno. Si no vi mal (que también es posible) resulta que la semifinal Barça-Madrid dio un millón ochocientos y pico mil espectadores con un 12 por ciento de cuota de pantalla, y que la final Olympiacos-Madrid dio como cienmil más, un millón novecientos y pico mil con un 10 por ciento de share (ya sé que el share y la cuota de pantalla son lo mismo, uso ambos términos para no repetirme). Supongo que la explicación de que la semi tuviera menos espectadores y más share, y en cambio la Final más espectadores y menos share, es bien sencilla hasta para un profano en la materia como yo: los viernes se sale más y hay menos gente ante el televisor, mientras que los domingos a esa hora ya está casi todo dios en su casa. Y supongo que ésa es también la razón de que Televisión Española no tuviera ningún problema en sacrificar su programación del viernes y en cambio no alterara en lo más mínimo su sacrosanta programación del domingo. Y supongo también que en el pecado pudieron llevar la penitencia…

A ver si me explico: diría yo que a la hora de sentarse a ver la tele básicamente (y simplificándolo mucho) existen dos tipos de espectadores, aquellos que tienen claro lo que quieren ver y aquellos que la encienden por pura rutina y van dando vueltas hasta que encuentran algo que (más o menos) les guste. La audiencia de TVE1 bebe de ambas fuentes, están los que van ex profeso a ver el Cuéntame y los que tras zapear se quedan con el Cuéntame porque no encuentran otra cosa que les convenza más. La audiencia de TDP en cambio sólo bebe de la primera fuente, los ex profeso, ya que como decíamos no suele ser un canal de paso al que la gente se pueda enganchar. O dicho de otra manera: el Madrid-Barça del viernes bebió básicamente de aquellos espectadores que querían ver el Madrid-Barça del viernes, pero bebió también de aquellos que pasaban por allí (quizá buscando el Telediario, o quizá sin pensar siquiera en lo que hacían) y de repente exclamaron anda leche, si hay un Madrid-Barça, qué bien, quién me lo iba a decir, me pondré a verlo. Por el contrario el Madrid-Olympiacos del domingo bebió sólo de aquellos que fueron expresamente a buscarlo, dado que casi nadie pasa por allí. ¿Y con todo y con eso la Final la vio más gente que la semifinal, aunque la cuota de pantalla fuera (sólo ligeramente) menor? ¿Qué habría pasado entonces si la Final hubiese ido por TVE1? Pues que además de esos casi dos millones de espectadores fijos bien podrían haber tenido además otro buen puñado de eventuales. Y todo ello tampoco tendría por qué haber supuesto un trauma para TVE1 en términos de programación ya que siempre podrían haber hecho lo que hicieron el viernes: mantener el previo en TDP mientras en La1 estaba Tom Cruise y su Tapadera, dar el partido en La1 (aprovechando el descanso para ofrecer un Telediario en versión corta) y nada más acabar llevarse otra vez el postpartido a TDP (entrega de trofeos incluida, tanto más habiendo perdido el Madrid) y en La1 meter raudos y veloces su dichosa película de la semana. Y ésta apenas habría empezado veinte o treinta minutos más tarde de lo que suele hacerlo cualquier otro domingo, y no creo que ello les hubiera supuesto una gran pérdida (acaso ninguna) en términos de share, y hasta habrían podido enganchar para el cine a una buena parte de la audiencia del basket que (acaso desengañada por el resultado) dijera pues bueno, pues ya que estamos aquí vamos a quedarnos a ver qué tal está esta peli… (Y todo ello por supuesto sin entrar en otras consideraciones relativas al servicio público o al interés general, conceptos éstos que estuvieron muy presentes en nuestras vidas hasta hace algunos años pero que hoy han quedado totalmente arrinconados por el peso de los acontecimientos; si ya nadie se acuerda del interés público en aspectos de la vida que son mucho más trascendentes que éste, como para esperar que alguien se acuerde también aquí…)

A lo largo de estos párrafos he intentado demostrar (de forma bastante reiterativa, me temo) que no es lo mismo TVE1 que Teledeporte, que no cuenta con las mismas posibilidades cualquier evento deportivo en función de que se emita en uno u otro canal. Pero con todo y con eso es posible que usted siga pensando que ambos están a tan solo un click de distancia, o que tan decisivo no será que el baloncesto vaya en La1 si luego la ACB de los domingos saca las audiencias que saca (aunque nada tenga que ver una cosa con otra, los pocos que se sientan a ver la tele un domingo por la mañana por lo general van buscando algo muy concreto, en cambio muchos de quienes se sientan en prime time lo hacen dispuestos a tragarse lo que les echen). Pues vale, pues para usted la perra gorda (frase que solía utilizar mi abuela para darme la razón sin que la tuviera, a fin de que me callara de una vez), acepto barco como animal acuático y pulpo como animal de compañía, lo que usted quiera… pero aunque todo eso fuera cierto permítanme al menos que me queje del detalle. Le pondré un ejemplo: ¿imagina usted que un viernes a mediodía TVE1 ofreciera una hipotética semifinal de Roland Garros Nadal-Ferrer, y que en cambio la hipotética final Nadal-Djokovic la dieran luego el domingo por Teledeporte alegando que no quieren perder cuota de pantalla de su peliculita ñoña de sobremesa, o que al no ser la final un derby entre españoles ya tendrá menos tirón? ¿A que no? ¿A que no puede ni tan siquiera imaginarlo? Claro está que la combinación de palabras Nadal-Ferrer no es mágica como Madrid-Barça, o acaso la palabra Nadal por sí misma sí lo sea sin necesidad de añadirle ninguna otra, sin conservantes ni colorantes ni edulcorantes ni acidulantes ni aditivos de ninguna clase, Nadal podría jugar un partido de exhibición contra mí mismo (y créanme que sería lo más ridículo jamás visto en la historia de la humanidad) y pueden estar seguros de que TVE movería cielo y tierra para darlo por La1, la magia es lo que tiene. Madrid y Barça juntas son palabras mágicas, Madrid y Barça por separado (no siendo fútbol) son palabras inocuas, este mismo domingo pudimos comprobarlo. Y todo esto pasó con todo un Real Madrid, alucina vecina, el día que llegue a la final (por ejemplo) Unicaja ya no quiero ni pensarlo…

Europa vs USA: disquisiciones televisivas   2 comments

(publicado originalmente en jordanypippen.com el 22 de enero de 2013)

Decíamos ayer (en realidad fue hace un mes, pero así queda como más elegante) que a pesar de globalizaciones, telecomunicaciones, satélites, redes sociales y demás zarandajas Europa y USA siguen siendo dos mundos, al menos en lo que a baloncesto se refiere. Dos mundos más próximos hoy que hace diez años y no digamos ya que hace cuarenta, dos mundos que se van acercando más y más cada día que pasa… pero dos mundos aún, al fin y al cabo. Demasiadas veces hemos intentado copiar desde este mundo cosas de aquel, demasiadas veces nos hemos columpiado intentando imitar lo inimitable, demasiadas veces no hemos sido capaces de darnos cuenta de que la verdadera aproximación tal vez no debería estar tanto en las cosas grandes como en las pequeñas. No es fácil implantar aquí sus sistemas de competición, es casi imposible trasladar hacia estos pagos su sentido lúdico del deporte pero sí hay algunas cosas (menores, si así lo quieren) por las que quizá podríamos empezar. Las retransmisiones televisivas, por ejemplo.

Veo mucho (tal vez demasiado) baloncesto televisivo. Raro es que pase un día de mi vida en que no vea al menos un partido, no me son extraños los días en que consigo ver dos o incluso tres, siempre en función de mi escaso tiempo libre, siempre robándole horas al sueño. Veo baloncesto de aquí (ACB, Euroliga) y de allí (NBA pero sobre todo NCAA, y casi siempre en versión original), en cantidad suficiente no como para extraer alguna conclusión (que no doy para tanto) pero sí como para tener algún criterio al respecto. Y qué quieren que les diga, creo que si ahora mismo un extraterrestre bajara a la Tierra (cosa improbable) y se pusiera a ver baloncesto (cosa aún más improbable), primero un partido de aquí y luego otro de allí (o viceversa), probablemente pensaría que se trata de dos deportes distintos. ¿Exagero? Tal vez, así que intentaré decirlo en términos menos tremendistas: un partido televisado a este lado del charco pretende contar lo que pasa, lo cual está muy bien, de eso se trata pensarán ustedes; un partido televisado a aquel otro lado del charco pretende ofrecer un espectáculo, lo cual no significa dejar de contar lo que pasa (más bien al contrario) sino presentarlo además de la manera más atractiva posible para el espectador. De lejos ambos modelos pueden parecer lo mismo pero a poco que nos fijemos comprobaremos que no lo son, en absoluto.

Por ir entrando en detalle: creo que no recuerdo haber visto jamás ni un solo partido de baloncesto USA en el que los comentaristas no estén en el propio pabellón donde se disputa el encuentro. Ni uno, oigan. Me dirán: ¿y cómo puede saberlo? Pues es muy fácil, porque los realizadores norteamericanos no esconden a sus comentaristas sino que nos los muestran: siempre antes de comenzar el encuentro aunque sean sólo unos pocos segundos, por supuesto que cada uno de ellos con su correspondiente rótulo en la parte inferior de la pantalla (tanto da que sean sujetos tan conocidos como Dick Vitale o Bobby Knight porque siempre puede haber alguien que no los conozca) para que el telespectador pueda poner cara y nombre a aquellos que se lo van a contar in situ. Me dirán: ¿y qué más da comentarlo desde la arena que desde un plató o un locutorio, si al fin y al cabo se ve lo mismo? Pues no. No da igual. A mí no me da igual, al menos. Quien está en la cancha puede ver lo que le muestra el monitor y lo que no, en cambio quien está en los estudios centrales sólo ve lo que le aparece en pantalla (esto parece bastante obvio), que es exactamente lo mismo que vemos usted y yo desde el sofá del salón. Si se trata de realizaciones yanquis no es problema porque es difícil que se les escape un detalle, pero… ¿para las realizaciones de aquí, trufadas de planos vacíos y repeticiones a destiempo? Claro, así nos pasa luego, que acabamos con el Arseni de turno sumido en la angustia como en algún señalado encuentro, ¡a ver, ¿qué ha pasado ahí?!, ¡no hemos visto lo que ha pasado!, ¡¡¡África, ayúdanos!!! (que luego están los que parecen estar in situ pero en realidad están en las nubes, pero esa ya sería otra historia). Señores de (por ejemplo) TVE: mandan ustedes cada semana una unidad móvil a la cancha en que se disputa el partido, entiendo que mandan también con ella a todo un equipo técnico (humano, me refiero)… ¿pero no pueden enviar a su trío de comentaristas porque se les descuadra el presupuesto? ¿Sale eso mucho más caro que lo que están haciendo ahora, pagarle cada semana el viaje a un tío que vive en Madrid para que comente el partido en Barcelona y luego vuelva otra vez a Madrid, y ello aunque el partido se juegue en Madrid?

Por cierto: en USA los comentaristas (todos, sin excepción) saben de lo que hablan. En USA, aún por extraño que les resulte, los comentaristas se llevan preparado el partido de antemano antes de ponerse ante un micrófono. En USA, aunque se trate de una televisión local que sólo hace los partidos de una determinada universidad o una determinada franquicia, los comentaristas no sólo conocen a los jugadores de su equipo sino que también (aunque parezca increíble) se tienen estudiados a los del equipo contrario. En USA sería impensable que un analista se refiriera a un jugador como “el tal Foote éste” (véase el Madrid-Zalgiris de hace unos días en Real Madrid TV) dejando así meridianamente claro que ni sabe quién es ni le importa no saberlo, que ni siquiera le importa aparentar ignorancia, de hecho puede que hasta se sienta orgulloso de ella. En USA los analistas pueden ser mejores o peores, pueden estar más o menos acertados pero en cualquier caso comentan, es decir, hacen aquello por lo que les pagan. Aquí en cambio podemos tener a un tío (el mismo de antes, que se llama Toñín Llorente por si todavía no han caído) cuyo nivel de análisis consista básicamente en ¡¡¡rebote, rebote!!! ¡Felipe, ahí, muy bien, Felipe! ¡¡¡Tira, ahí, métela, métela!!! ¡¡¡Faltaaaaa!!! Acaso haya también especímenes así en las televisiones norteamericanas, no digo yo que no; pero hasta ahora no he tenido el placer de conocerlos.

Aquí tenemos narradores vivos y otros apagados, allí por lo general todos transmiten una misma vibración; aquí tenemos narradores de raza y tenemos también meros periodistas a los que han puesto a narrar porque sí, porque no había otro, mientras que allí en cambio todos (quizá porque hayan nacido para ello o quizá porque hayan recibido previamente una adecuada formación) mantienen un alto ritmo narrativo. Aquí algunos te duermen y otros te levantan dolor de cabeza, algunos se callan incluso en los momentos más cruciales y otros no se callan ni debajo del agua. Allí en cambio te pueden narrar el partido entero con sus respectivas pausas, sus picos y valles, sus subidas y bajadas de tono, y finalmente hasta puede suceder que la última jugada del encuentro sea un triple estratosférico sobre la bocina que otorgue la victoria al equipo local provocando así el éxtasis entre la multitud… ¿y saben lo que hace el narrador yanqui cuando se produce una situación como la que acabo de describir? Se calla. Sí, créanselo, acaso emita una exclamación de asombro pero inmediatamente después se calla, permanece callado unos segundos para que el espectador en su casa se imbuya plenamente de ese ambiente de delirio que se acaba de instalar en el pabellón. ¿Se imaginan que aquí Arseni (por ejemplo) hubiera hecho lo propio en la noche aquella del triple de Marcelinho en el primer encuentro de la pasada Final ACB, se imaginan que en vez de llenarnos la cabeza de adjetivos hubiera optado por callarse unos segundos y dejar hablar al público del Palau? Habríamos creído que se le había estropeado el micrófono de la emoción…

Otro tema: las piedepista (lo pongo en femenino porque por alguna misteriosa razón más del noventa por ciento de quienes hacen este trabajo son del sexo femenino, así aquí como allí, con alguna excepción que confirma la regla como el polícromo y psicodélico Craig Sager; debe haber alguna incapacidad genética que impida hacer pie de pista a los hombres como debe haber alguna incapacidad genética que impida narrar y/o comentar a las mujeres, me lo expliquen). Más allá de las entrevistas, en USA cuando se les da paso es porque tienen algo realmente interesante que contar: la bronca de un entrenador en un tiempo muerto o en el descanso, la historia poco conocida de alguno de los protagonistas, algún hecho curioso alrededor del partido… Pocas intervenciones y más o menos preestablecidas, generalmente a la vuelta de la publicidad o de la pausa, casi siempre con apoyo técnico para que se nos muestre en pantalla justo aquello de lo que se está hablando… ¿Aquí? Aquí nos metemos mucho con alguna de ellas, yo el primero (véase unos cuantos renglones más arriba) pero habremos de reconocer que no toda la culpa es suya. Aquí puede suceder que se produzca un cambio, que la realización nos muestre en pantalla cómo se produce ese cambio y que el Arseni de turno en lugar de contarnos el cambio diga África, parece que ha habido un cambio en el Madrid, cuéntanos… Y ahí me tienen a la pobre África, a la que la pregunta le llega con retardo y que acaso en ese momento esté pendiente de cualquier otro aspecto del juego o del color de las uñas que no le pega con la blusa, qué sé yo, y que de repente da un respingo, se recompone y tras los inevitables balbuceos por fin nos cuenta, bueno… esto… sí, se ha retirado Sergio Llull y ha entrado a pista Sergio Rodríguez… ¿Qué sentido tiene esto? ¿Qué sentido hay en tener a alguien a pie de cancha para que nos cuente (diez segundos después) lo que ya hemos visto con nuestros propios ojos? O aún peor, que de repente se monte un griterío, que Arseni diga ¡¡¡parece que sube el ambiente en el pabellón, África!!!, total para que África, que en ese momento apenas puede escuchar por el pinganillo porque ha subido el ambiente en el pabellón, finalmente nos diga que sí, que es verdad, que ha subido el ambiente en el pabellón. Lo del viaje y las alforjas, ya saben. Para esto más les valdría ahorrárselo, con un técnico que le coloque los cascos al entrenador o jugador de turno para que le pregunten desde el plató sería más que suficiente. O eso o dótenlo de contenido al american style: que intervenga sólo cuando merezca la pena, cuando haya algo verdaderamente interesante que contar.

Lo más llamativo de las realizaciones USA es que parecen desarrollarse conforme a un guión, cual si de una película o un concurso se tratase. Es decir, aquí podemos tener más o menos (más bien menos) preestablecidos los contenidos del descanso, de la previa (en su caso) y del post partido (en su caso) pero allí tienen también contenidos preestablecidos para emitir durante el partido, tras cada tiempo muerto por ejemplo. Es decir, allí vuelven de la publicidad (siempre cuando deben) y en esos escasos segundos que quedan para que se reanude el juego aún les da tiempo a meter algún contenido previamente preparado: un vídeo significativo, el corte de algún partido histórico de especial relevancia, una determinada escena del tiempo muerto, un gráfico que ilustre una jugda determinada, unas declaraciones importantes de alguien… Es tal la trascendencia que dan a esos escasos segundos que hasta te los promocionan, a la vuelta de publicidad les ofreceremos… supongo que con la sana intención de que el espectador no se despegue demasiado de la pantalla durante los anuncios no se lo vaya a perder. Lo que se llama hacer televisión. ¿Aquí? Aquí, siempre y cuando consigamos volver a tiempo al juego (parece que últimamente vamos mejorando en eso, parece que ya la publicidad no entra con retraso ni dura más que el propio tiempo muerto que la sustenta), todo lo más que conseguiremos será ver la repetición de alguna canasta cualquiera o aún peor, unos cuantos planos generales de los jugadores abandonando el banquillo y reintegrándose lánguidamente hacia la pista. Aquí nos limitamos a seguir el curso de los acontecimientos, al fin y al cabo es sólo un partido, para qué más. Allí (más allá del curso de los acontecimientos) se aprecia siempre un extraordinario trabajo de preproducción.

Y con todo y con eso allí no nos perdemos ni un solo segundo de juego, o es muy raro que nos lo perdamos; como aquí, vamos. Allí no tienen la necesidad compulsiva de repetir todas y cada una de las canastas, allí no encuentran ningún placer orgásmico en mostrar a cámara lenta el vuelo de un balón para que podamos apreciar bien a las claras su movimiento de rotación, allí entienden que hay canastas que merecen una repetición (o varias) y otras que no, allí entienden incluso que no pueden ofrecer esa repetición inmediatamente después porque entonces nos perderíamos la jugada siguiente, entienden que deberán esperar a que se pare el juego. El juego se para cada vez que pitan falta y es justo entonces, en lo que tardan en sacar o en irse a la línea de tiros libres, cuando nos ponen todas las repeticiones que hagan falta de aquel tapón escalofriante o aquel mate estratosférico para que podamos apreciarlo en su verdadera magnitud. Aquí eso sería imposible, aquí esos segundos post-falta están siempre ocupados, aquí pueden no repetirnos todas las canastas (ni falta que nos hace) pero nos repiten todas y cada una de las faltas, sin excepción. Será consecuencia de ese típico vicio futbolero, de que en este país se siga dando mucha más importancia a las decisiones arbitrales que al juego en sí. Falta que se pita falta que se repite (incluso varias veces) ergo ahí no hay tiempo para poner ninguna otra repetición, ergo si tienen que repetirnos aquel tapón escalofriante o aquel mate estratosférico tendrá que ser a costa de comerse parte de la jugada siguiente. Hemos mejorado en este aspecto (sobre todo en ACB) pero aún sigue habiendo partidos (sobre todo en Euroliga, no necesariamente realizados aquí) de los que nos perdemos la mitad mientras que la otra mitad la vemos dos veces, a velocidad normal y a cámara lenta.

Aquí, en lo que a realizaciones baloncesteras se refiere, a un lado está el cuatrienio del Plus y al otro lado está todo lo demás. El cuatrienio del Plus sería nefasto para la pujanza del baloncesto en este país, no digo yo que no, no seré yo quien contradiga a todos aquellos que llevan siglos pontificando al respecto (que han pasado diez años y aún seguimos lamiéndonos aquellas heridas como si no tuviéramos otras, como si no viniéramos ya heridos de serie); pero en cuanto a la calidad de las retransmisiones fue una bendición del cielo. Y en estos casos siempre me acuerdo del sumo hacedor de aquellas realizaciones y tantas otras en aquella casa (fútbol, toros), el afamado Víctor Santamaría. Víctor Santamaría contaba una vez una anécdota de sus años anteriores al Plus, cuando trabajaba en la televisión autonómica gallega y un alto ejecutivo de esa casa le dijo que para realizar fútbol con cuatro cámaras es más que suficiente. En ellos seguimos me temo, no en cuanto al fútbol por supuesto pero sí en cuanto a deportes como el nuestro. Realizaciones casi artesanales, que no se harán con cuatro cámaras pero sí con menos de las que deberían usarse. Y así nos pasa luego, que hemos incorporado el instant replay pero no nos hemos acordado (a nivel continental, me refiero) de poner los medios adecuados para que sirva de algo el instant replay. En USA van los árbitros a la mesa y tienen hasta cuatro o cinco planos, a cuál mejor, para discernir si aquella canasta fue dentro o fuera de tiempo o si aquel codazo fue al mentón o a la yugular; en Europa van los árbitros a la mesa y les pasa como en aquel Panathinaikos-Unicaja de hace unos días, que es tal la calidad de los planos y el nivel de definición de los mismos (la HD sólo para ocasiones especiales, ya saben) que al final tienen que decretar lucha porque son incapaces de discernir qué jugador fue el último en tocar el balón. O tenemos pocas cámaras o las colocamos mal. O ambas cosas.

O como dijo aquél, yo he visto cosas que vosotros no creeríais: yo he visto a tríos arbitrales tirarse diez minutos delante de un monitor para discernir si aquella zapatilla pisaba o no la raya del triple, yo he visto a árbitros tomar decisiones disciplinarias tras una trifulca y (tras explicárselas a los interesados) cruzar la pista de lado a lado para explicárselas también a los comentaristas televisivos y por extensión a los telespectadores a través del micrófono… ¿Se imaginan que esto pudiera suceder aquí? ¿Se imaginan a un Hierrezuelo pongamos por caso viendo la jugada repetida en el monitor, explicándosela luego a los técnicos y cruzando después la cancha para contar su decisión a los comentaristas y espectadores de TVE? Aquí eso sería imposible porque A) las repeticiones en el monitor no resolverían sus dudas sino que se las acrecentarían más si cabe, y B) porque por más que cruzara la cancha no encontraría a los comentaristas de TVE dado que éstos acostumbran a estar en un plató. Y aún en el hipotético (utópico, más bien) caso de que pudieran darse A y B, jamás se daría C: es decir, aquí un árbitro jamás se rebajaría a una cosa así, por dios, la máxima autoridad sobre el terreno de juego explicando sus propias decisiones como si tuviera que justificarse, sólo eso faltaría, hasta ahí podíamos llegar… Dos mundos, ya se lo dije demasiadas veces: en USA los árbitros principales de fútbol americano llevan incorporado un micro para que cada espectador, en su casa o en el estadio, conozca la razón de cada decisión que toman. ¿Se imaginan algo así en el fútbol de aquí? (Vale, sí ya dejo de delirar). Pero esto ya excede de lo meramente televisivo, ésta ya es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. Por ésta creo que han tenido más que suficiente.

había una vez un circo   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 14 de enero de 2013)

Miliki nos dejó hace algunas semanas, Gaby hizo lo propio hace ya unos cuantos años, Fofó se nos fue hace tanto tiempo que ya apenas nos acordamos de él cada vez que paseamos por la calle vallecana (contigua al estadio del Rayo) que lleva su nombre. Fofito ya sólo está para los anuncios de Campofrío y Milikito ni eso, Milikito hace ya siglos que (tras recuperar milagrosamente el habla) se nos convirtió en don Emilio, presunto actor cómico e insigne empresario de la comunicación (o viceversa). Casi nada queda ya (más allá de nuestro recuerdo) de aquellos que se autodenominaron los payasos de la tele… pero su llama sigue viva, su espíritu sigue presente en TVE gracias (quién nos lo iba a decir) a nuestra insospechada Liga ACB.

Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón… Señoras y señores, niños y niñas, distinguido público, sean todos bienvenidos al mayor espectáculo del mundo, pasen y vean, tenemos payasos (dicho sea con todo el respeto, que es una profesión muy digna), prestidigitadores, malabaristas, equilibristas, funambulistas, trapecistas, aún nos faltan los domadores y la mujer barbuda pero no crean, estamos en ello, aparecerán también el día menos pensado. Somos una liga de baloncesto en la que ya lo de menos es el baloncesto, tenemos tan poca confianza en nuestro producto (aún por bueno que éste salga) que ya ni siquiera nos molestamos en intentar venderlo porque hemos comprobado que a la larga resulta mucho más rentable venderles nuestra propia gestión, somos así, quién necesita hablar del juego cuando da mucho más juego todo lo ajeno al juego, valgan las redundancias. Quién necesita baloncesto teniendo circo. El espectáculo debe continuar.

Lleno de color, un mundo de ilusión, pleno de alegría y emoción… Pura magia, pongamos por ejemplo un partido los sábados por la tarde en Teledeporte y luego hagámoslo desaparecer, abracadabra pata de cabra, ahora lo ves, ahora no lo ves, ahora es que ya no lo verás ni de coña ni aún por mucho que mires, ni te molestes en buscarlo que ya no está. Eso sí, añadámosle unas gotas de humor en la mejor tradición de Juan Tamariz y tantos otros grandes de este noble arte de la prestidigitación, atribuyamos su desaparición al santo de la madre del que narra y así mientras se echan unas risas no nos pillan el truco, luego cuando aquello ya no cuele (en el supuesto de que hubiera colado alguna vez) atribuyámosla a que en diciembre no se dieron las condiciones y ya veremos cuándo vuelven a darse pero eso sí, pondremos mucho cuidado en no desvelar jamás cuáles son esas condiciones, sólo faltaría, los magos nunca revelan sus secretos, hasta ahí podíamos llegar, tachán, tatachán, tatatachááánnnn

Sin temer jamás al frío o al calor, el circo daba siempre su función… Querían trapecistas, pues aquí los tienen, triple salto mortal, qué digo triple si hasta puede ser cuádruple o incluso quíntuple, lo nunca visto, un salto al vacío desde las siete de la tarde a las doce y media del mediodía, más difícil todavía. Y a pelo, sin red, mariconadas las justas, si al fin y al cabo estamos acostumbrados a sentir el vacío bajo nuestros pies, la caída libre es nuestra especialidad. Y además lo bueno que tenemos es que por mucho que caigamos nunca encontramos el final, cada vez que creemos haber tocado fondo acaba resultando que ese fondo aún quedaba un poquito más allá. Viajamos de la noche a la mañana buscando audiencias para acabar entrando en colisión con otros baloncestos que ya diversifican sus audiencias, si antes apenas éramos cuatro gatos ahora ya no llegamos ni a tres pero no teman, aún nos queda margen de mejora (o de empeora), aún podemos añadir otro salto mortal (sin red, of course) y caer hasta las siete de la mañana a ver si así ya sólo nos ven los que se levanten a pasear al perro. Ya saben, recuérdenlo una vez más, nunca lo olviden, pase lo que pase el espectáculo debe continuar.

Siempre viajar, siempre cambiar, pasen a ver el circo… Señoras y señores, niños y niñas, distinguido público, les ruego un momento de atención porque a continuación podrán presenciar el increíble número del descanso menguante, suenen clarines y timbales, mantengan un silencio sepulcral, aguanten la respiración dado que cualquier desviación por ínfima que ésta fuera podría hacer peligrar la vida del artista. Trátase en suma de encajar un partido de aproximadamente hora y tres cuartos en un periodo de tiempo de exactamente hora y tres cuartos, para lo cual el artista habrá de caminar literalmente sobre el alambre manteniendo un arriesgadísimo equilibrio ente la duración teórica de las sucesivas pausas y la duración real y efectiva de dichas pausas. Así pues se recomienda encarecidamente que abandonen la sala aquellos espectadores que padezcan del corazón-corazón dada la extrema peligrosidad del ejercicio; una vez éste haya finalizado (es decir, a las 14:25 en punto) podrán reintegrarse sin problema a la contemplación del espectáculo ya que a partir de esa hora tan solo se ofrecerán contenidos perfectamente adecuados a su delicada salud cardiovascular.

Otro país, otra ciudad, pasen a ver el circo… De ciudad en ciudad en ciudad viajan (supongo) las unidades móviles en la mejor tradición de los circos ambulantes, de ciudad en ciudad viajan (a veces) Izaskun Ruiz y África de Miquel, si acaso ésta última viaja un poco más porque acostumbra a darse unos cuantos paseos por las nubes en cada partido, los viajes astrales son su especialidad pero eso sí, a los demás no se nos ocurra sacarlos del plató no vaya a ser que se nos constipen que estos fríos son muy traicioneros. Claro está, no están los tiempos (ni en la ACB ni aún menos en el Ente) para acometer gastos innecesarios pero ello no nos impide seguir siendo fieles a nuestras tradiciones, qué sería de este noble arte si no lo fuéramos, de ahí que en cada jornada paguemos a un tío que vive en Madrid para que vaya a Barcelona, comente el partido desde un plató en Sant Cugat y luego vuele otra vez a Madrid… y ello aunque el partido se juegue en Madrid. No, no le busquen lógica, nadie va al circo a ver cosas lógicas porque para eso ya tienen la vida cotidiana, la gente va a al circo a ver cosas asombrosas. Véase la muestra.

Es magistral, sensacional, pasen a ver el circo… En nuestro constante afán de mejora hemos querido seguir el ejemplo de algunos de los más grandiosos espectáculos circenses que recorren el planeta, si ellos crearon el circo de tres pistas nosotros inventamos el baloncesto con dos… canchas. Supongo que lo leyeron hace días, teníamos previsto el Madrid-Granca el domingo a las 12:30 y (con el pretexto de que hay que televisarlo) pusimos también el Estu-Barça a las 12:40, ambos partidos en el mismo escenario, ambos casi a la misma hora, lo nunca visto. Pues ya está, donde juegan dos juegan cuatro, bastaría con quitar unas pocas butacas del Palacio de Deportes y montar dos pistas paralelas, al Madrid le reservamos el ala Goya/Felipe II que es más noble, al Estu le dejamos el ala Jorge Juan/Fuente del Berro que es más sobria, empieza el Madrid-Granca, cuando llega el primer tiempo muerto se apaga su cancha y se enciende el Estu-Barça, al siguiente tiempo muerto se reanuda el Madrid-Granca hasta el final del primer cuarto y así sucesivamente, alternándose ambos dos chous hasta el final. ¿Se imaginan las inmensas posibilidades que plantearía esta fórmula? Los aficionados del Estu podrían animar a su equipo y al Granca a la vez, los aficionados del Madrid podrían animar al Madrid y al… al Madrid, a quién si no. Eso sí, por TVE1 sólo se vería el Estu-Barça según lo previsto, los ratos en que hubiera Madrid-Granca los aprovecharíamos para ofrecer toda la ristra de making-of del anuncio de Endesa, faltaría más. Y por supuesto que habrían de respetarse escrupulosamente los tiempos televisivos, si Madrid y Granca se quieren quedar hasta las tantas es su problema pero Estu y Barça habrían de acabar necesariamente a las 14:25 no vayamos a generar problemas coronarios, si no cabe se le quitan minutos de juego y adiós muy buenas. No, por desgracia la idea no ha cuajado para este finde, va a ser que nuestros retrógados aficionados todavía no están preparados para propuestas tan innovadoras. Pero todo se andará.

Somos felices de conseguir a un niño hacer reír… A un niño hacer reír y a un adulto echar espuma por la boca (que eso también es espectáculo) porque siempre hay algunos amargados que no nos entienden, que por más que nos empeñemos en que no vean baloncesto aún siguen queriendo ver baloncesto, hay que ver cómo son. Hace décadas que dejaron de creer en los Reyes Magos pero aún siguen creyendo en Orange Arena (en adelante OA, que no están los tiempos para regalar publicidad), creen vivir en el siglo XXI y no se dan cuenta de que el verdadero circo es una actividad puramente artesanal y debe seguir haciéndose como se hacía ya en el XIX. Por creerse hasta se creyeron aquella publicidad de antaño, en tus manos el destino de poder cambiar la historia porque la verdadera victoria es no perderte ni un partido. Claro está, resulta difícil no perderte ni un partido cuando llega la jornada de (por ejemplo) el 6 de enero y de nueve partidos posibles dan tres, ¡¡¡tres!!! por todo lo alto, ni rastro de choques fundamentales como el Estu-Baskonia o el Granca-Unicaja pero ahí sigues inasequible al desaliento, nunca has entendido por qué OA algunas veces funciona sin más y otras tienes que sacar entrada (virtual) pero aún así lo intentas, hoy toca entrada y toca además acoquinar porque es jornada solidaria, este partido lo jugamos todos, envía futuro al 28028, mandas gustoso tu esemeese porque es para ver baloncesto y además para una buena causa, te envían un código, vas al ordenador y sigues escrupulosamente sus instrucciones, tecleas tu número de móvil, tecleas el código, pinchas en acceder y como si te rascas, aquello que te devuelve la misma pantalla, tecleas otra vez y más de lo mismo, y otra vez y otra y otra más y así hasta qué sé yo, pongamos catorce o quince veces pero tanto da, si pinchas en volver vuelves pero si pinchas en acceder no accedes, eso habría sido demasiado fácil, al final no te queda otra que acabar homenajeando al eximio don Fernando Fernán Gómez (¡¡¡A la mieerrrrda!!!) mientras piensas que ojalá el 1,45 € de tu esemeese le haya servido a alguien para construir su futuro porque lo que es a ti para ver baloncesto ni de casualidad. Sí, OA también es puro circo, un maravilloso mundo de fantasía e ilusión ideal para todos aquellos que aún vivimos de ilusiones (como el tonto de los…). La cruda realidad va por otro lado, me temo.

Había una vez un circo que alegraba siempre el corazón, que alegraba siempre el corazón… Reconozco que a mí el circo nunca me alegró el corazón sino más bien al contrario, siempre me puso triste. Me ponía triste de adulto al ver lo que me cobraban por la entrada y por las sucesivas chorradas con que intentaban engatusar a mi hijo; pero me ponía aún más triste de niño, en el fondo me generaba una intensa amargura ver a todos esos artistas que a cambio de hacer cosas imposibles para el común de los mortales sólo conseguían ir de pueblo en pueblo viviendo en un carromato, no digamos ya ver a esos payasos de entre los que siempre había uno que parecía el listo y otro que parecía el tonto pero que al final resultaba que el tonto era más listo que el listo y el listo era más tonto que el tonto (no sé si me explico). No acabo de tener yo muy claro quiénes son los listos en este circo baloncestero nuestro pero sí empiezo a tener meridianamente claro quiénes somos los tontos. Y saberlo no me hace reír, no me alegra el corazón, más bien me genera una inmensa tristeza. Para variar.

Publicado enero 20, 2013 por zaid en ACB, medios

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cosas alucinantes   2 comments

El afamado narrador plusero David Carnicero acostumbra a despedir sus partidos de la NBA diciendo a los espectadores que por nada del mundo se pierdan el del día siguiente, que seguro que van a pasar cosas… ¡¡¡ALUCINANTES!!! (en realidad no es más que una mera adaptación al castellano del eslogan promocional de dicha Liga, where amazing happens). ¿Cosas alucinantes, dice usted? ¿Mates estratosféricos, tapones escalofriantes, asistencias imposibles, triples del copón? Buah, qué vulgaridad, por favor, si eso es lo de siempre, el pan de cada día, déjese usted de tonterías y no se moleste en mirar tan lejos que las cosas verdaderamente alucinantes están aquí mismo, a la vuelta de la esquina, quién podría necesitar la NBA si para alucinar en colores nos basta y nos sobra con nuestra incomparable Liga ACB.

Nuestra preclara Liga ACB, supongo o quiero suponer que de común acuerdo con TVE (o acaso fuera TVE, supongo o quiero suponer que de común acuerdo con la ACB) decidió hace unos días pasar el partido estrella de cada jornada de la tarde a la mañana, de las 19:00 a las 12:30, al parecer con la intención de mejorar así sus magras audiencias. Claro está, ya resultaba suficientemente alucinante en sí misma esta pretensión de solapar este baloncesto con todos los demás baloncestos (parece difícil mejorar audiencias cuando estás fragmentando aún más al público potencial de dichas audiencias), razón por la cual algunos con nuestra natural ingenuidad creímos que ya lo habíamos visto todo. ¿Todo? Qué pardillos somos, si en realidad no habíamos visto nada, si lo verdaderamente alucinante no había hecho sino comenzar.

Siguiente jornada: como a las 12:30 la ACB de TVE se nos solapa demasiado con la ACB autonómica (ello donde aún exista dicha ACB autonómica, que esa es otra) pues ya está, retrasemos el horario del partido de TVE1 y asunto resuelto. Y entonces nosotros los sufridos espectadores (que a estas alturas ya nos conformamos con poco) nos dijimos a nosotros mismos pues bueno, pues vale, pues algo es algo, pues mira tú qué bien, ahora lo pasarán a las 13:00, así ya sólo se nos solapará en un trozo, la segunda mitad de los unos con la primera del otro, algo así… ¿Algo así? Y una leche. En realidad todo lo que hicieron fue retrasar el inicio del partido la friolera de diez minutos, por todo lo alto, de las 12:30 a las 12:40 nada menos, para este viaje no hacían falta alforjas. ¿Y por qué si puede saberse, para qué tanta prisa si el Telediario no empieza hasta las 15:00? Pues porque una vez más pecamos de ingenuos, porque antes del Telediario hay otro telediario que no es un telediario pero les importa casi tanto (en términos de audiencia) como el Telediario mismo, un programa llamado Corazón de Otoño o Corazón de Entretiempo o Corazón Corazón (será que ese día dan ración doble) o no sé si ahora ya Corazón a secas, ni lo sé ni me importa, los temas coronarios sólo me interesan si afectan a mi salud o a la de mis allegados, las vidas de las Infantas, la Duquesa de Alba o la Señora Preysler me traen al pairo. Pero ese Corazón de lo que sea tiene que empezar a las 14:25 así llueva o truene, así haya baloncesto o se hunda el mundo, ergo la ACB no podrá empezar en ningún caso más allá de las 12:40 si queremos que quepa, y aún así ya veremos si cabe…

Pues claro que cabe. Caiga quien caiga, cueste lo que cueste, pero cabe. O la encajamos a presión o la metemos con calzador pero caber cabe, vaya que si cabe. Sólo hace falta tomar las medidas oportunas: para qué demonios necesitan estas criaturas un descanso de un cuarto de hora como en el fútbol, tan cansados no estarán cuando aquí el entrenador les está cambiando a cada rato, venga ya, con diez minutos tienen más que suficiente y que no se me anden quejando no vaya a ser que me caliente y se lo deje en cinco (todo se andará). Ya es un hecho, a partir de ahora los descansos de los partidos de TVE1 durarán sólo diez minutos, los demás seguirán durando un cuarto de hora que se ve que si no hay cámaras (o si éstas no son de TVE) las criaturas se cansan más ¿Quería usted cosas alucinantes? Pues aquí las tiene…

Claro está, me dirá usted que hubo un tiempo en el que los descansos baloncesteros duraban mucho menos que ahora y nadie se quejaba, cierto es como no es menos cierto que hubo un tiempo en el que se jugaba en pistas descubiertas con suelos de cemento y canastas de madera, ya que nos ponemos podemos recuperar esas tradiciones también. Hubo un tiempo y un espacio en el que los jugadores ni siquiera iban al vestuario (acaso porque ni siquiera hubiera vestuario) y se quedaban peloteando sobre la cancha (o lo que aquello fuera) mientras recibían, también sobre la marcha, las oportunas instrucciones o reprimendas de su entrenador. ¿Recuerdos de un pasado que ya nunca más ha de volver? No estén tan seguros, la vida cotidiana ya nos ha demostrado con creces en estos días que en determinados aspectos podemos estar retrocediendo cincuenta años sin apenas darnos cuenta, no se me descuiden no vaya a ser que al baloncesto le pase también.

Y claro está, todo esto sin luz y sin taquígrafos, sin aviso previo de ninguna clase, los aficionados malagueños volviendo a toda prisa a su localidad sin tiempo apenas para pagar el refresco ni para sacudirse la última gota siquiera, Repesa y Pascual sentando a sus criaturas, empezando a hablar, mirad tíos, lo que no puede ser es que, y en esto que les suena ya el timbre para volver de nuevo a escena… Cómo vamos a pensar que lo supieran los equipos si por no saberlo ni siquiera lo sabían en la propia TVE (y ello siendo como era una decisión de TVE), si los primeros que no tenían ni la menor idea del asunto eran aquellos trabajadores del Ente Público a quienes correspondía la responsabilidad de sacar adelante el partido. ¿Querían cosas (aún más) alucinantes? El descanso entero repleto de contenidos para llenar un cuarto de hora, que si el trívial, que si el vídeo, que si el otro vídeo, que si tal y que si cual y en éstas que el partido se reanuda de repente, que a Arseni y compañía les pilla (es un decir) en bragas, que África por una vez se entera de lo que pasa y se lo dice a Arseni, que Arseni (parece que) se resigna, que Manel le tira de la lengua, que Arseni le responde ¡Manel, no me tires de la lengua, no me tires de la lenguaaa…! En resumidas cuentas, un despiporre, un descalzaperros (sentido homenaje a otro insigne narrador plusero, Guillermo Giménez), la casa de tócame Roque. Un sindiós.

¿Y total para qué, si al final el propio Arseni hubo de despedir perdiendo el culo sin siquiera un mínimo postpartido, sin tiempo para entrevistas ni para vídeos ni para abrir los sobrecitos ni para decir adiós, sin tiempo casi ni para escuchar la bocina final siquiera? Visto lo visto no descarten que llegue un día en que el partido esté resuelto y lo despidan a falta de dos minutos para el final, no vaya a ser que por culpa del baloncesto tengan que recortarle algún segundo al vídeo de Felipe Juan Froilán de Todos los Santos. O no descarten otras medidas de choque, visto que la reducción del descanso en un tercio no parece suficiente: qué sé yo, que se reduzcan los descansos entre cuartos, que los tiempos muertos duren cuarenta segundos (si la publicidad dura más no hay problema, ya nos comeremos el juego), que se supriman los tiros libres y todas las faltas se saquen de banda que es más rápido, que los partidos pasen a durar 36 minutos divididos en cuatro cuartos de 9 minutos cada uno, que si aún así el partido se alarga se le resten minutos del último cuarto para que acabe necesariamente a su hora (sí, a la manera de la Fórmula Uno). Y de prórroga ni hablemos, lanzamientos desde la línea de tiros libres a razón de cinco por equipo o bien (si ello no resultara suficiente) recuperar para los partidos televisados la ancestral figura del empate, elemento imprescindible en todos aquellos deportes que son como dios manda y se juegan con los pies. Lo que haga falta.

Hubo un tiempo en que repetíamos como papagayos aquello de que la ACB era la segunda mejor liga del mundo después de la NBA, hoy ya nos cuesta más decirlo no vaya a ser que se nos rían pero aún así habremos de reconocer que hay algo en lo que nuestra liga doméstica no tiene parangón, vamos que ni la NBA siquiera, de hecho ya me imagino a Stern en el mullido sillón de su despacho neoyorquino mirando verde de envidia a la ACB: no habrá competición alguna sobre la faz de la tierra capaz de generar tanto caos, no habrá competición alguna en la que aquello que sucede sobre la cancha parezca ser lo de menos porque ahora ya sólo hablamos de lo que sucede a su alrededor. Chinche y rabie el señor Stern que necesita a sus estrellas para vender muy bien su liga, nosotros no, nosotros a este paso acabaremos inventando la liga de baloncesto sin baloncesto, ya que no vendemos juego vendamos líos, establezcamos un nuevo eslogan, que hablen de nosotros aunque sea mal (o aún mejor, que hablen de nosotros aunque sea bien). Hágame caso, se lo repito una vez más, deje ya de una vez por todas de buscar cosas alucinantes al otro lado del charco porque las cosas verdaderamente alucinantes las tiene usted aquí mismo a la vuelta de cualquier esquina. Rechace imitaciones.

Publicado diciembre 28, 2012 por zaid en ACB, medios

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el santo de su madre   8 comments

Allá por el miércoles 5 de diciembre, un intrépido tuitero preguntó a Arseni Cañada por qué para el siguiente sábado no estaba programado ningún partido de ACB en Teledeporte. Para que no haya dudas ni malas interpretaciones les copio a continuación dicha conversación, tal cual:

Posteriormente, el viernes 7 de diciembre, otro tuitero no menos intrépido, probablemente desconocedor de la conversación anterior, planteó esa misma pregunta y, como verán, obtuvo prácticamente la misma respuesta:

Así que antes de nada me van a permitir que (aunque sea con nueve días de retraso) haga llegar desde aquí mi más sincera felicitación a la santa madre de don Arseni Cañada, en nombre de todos mis sufridos lectores y en el mío propio: Felicidades, doña Concha (o doña Inma, o doña Puri, no sé), por dos razones: por su onomástica, faltaría más, y también por tener un hijo tan, tan, tan… ocurrente.

Y es que como argumento resulta demoledor, desde luego, de hecho yo pienso aplicarme el cuento y emplearlo en cuanto se me presente la ocasión. Mi madre se llama Rosa, su santo se celebra (es un decir, porque en casa nunca hemos sido de celebrar santos) en agosto, si el próximo no me pilla de vacaciones entraré la víspera y le diré a mi jefe mire, que mañana no vengo, que tengo que celebrar el santo de mi madre, y luego si eso ya les contaré dónde me manda. De hecho es bien sabido que casi todos los convenios colectivos lo contemplan como una de las causas de ausencia justificada al trabajo: muerte o enfermedad grave de familiar en primer grado de consanguineidad o afinidad, deber inexcusable de carácter público, onomástica de madre… Ya saben, si quieren recórtennos las pagas, los moscosos y hasta los genitales pero el santo de nuestra madre no nos lo toquen que madre no hay más que una, hasta ahí podíamos llegar.

Claro está que cuando vi que este pasado sábado 15 de diciembre tampoco habría ACB en Teledeporte yo ya no pregunté, total para qué iba a hacerlo si ya sabía la respuesta, yo lo que hice fue irme directamente a mirar el santoral: San Maximino (nombre paradójico donde los haya, implica grandeza y pequeñez a la vez) y San Urbicio, nada menos. Que parecerá raro dado que no son denominaciones demasiado habituales, pero que seguro que alguno de ellos será el santo del primo de Cuenca de Arseni, de la cuñada soltera de Manel, del padre putativo del Director General del Ente o de la madre que les parió a todos. Me estoy poniendo desagradable y créanme que no era mi intención en tan señaladas fechas.

Yo comprendo que los aficionados en general y los tuiteros en particular nos ponemos muy pesados, nos dicen que van a dar un partido ACB los sábados en Teledeporte y si luego no lo dan nos preguntamos por qué, hay que ver qué egoístas somos. Yo lo entiendo, de verdad, entiendo que a Arseni Cañada le resulte muy molesto tener que estar contestándonos a cada rato. Y entiendo además que Arseni Cañada no es quien ha propiciado esta situación, que él (supongo que) no ha pedido dejar de dar ACB los sábados (vamos, que ni por el santo de su madre siquiera), que a él le llega un jefe y le dice oye, que este mes no vais a dar ACB en Teledeporte y a la criatura no le queda otra que comerse dicha orden con patatas. Yo lo entiendo todo pero él también debería entender que le guste o no es la cara visible de la ACB en TVE, y que de alguna manera debería guardar las formas: vale que no pueda decir lo que le pida el cuerpo, vale que no pueda criticar en público a la empresa que le paga pero hay otras opciones, siempre hay otras opciones, él bien lo sabe porque recurrió a ellas pocos días después, véase la muestra:

Esa podría una opción, soltar la típica respuesta hueca que no significa absolutamente nada pero que al menos sirve para salir del trance airosamente. Otra opción sería pasar de contestar, al fin y al cabo trátase de un personaje público, como a tantos otros le freímos a preguntas por lo que a nadie le extrañaría que puntualmente se olvidara de dar alguna respuesta. Y otra más, modelo respuesta para salir airoso, yo ahí no puedo hacer nada, son políticas de empresa, yo no decido lo que se televisa y lo que no, son otros los despachos donde se toman las decisiones, qué sé yo, algo así, obviedad en estado puro pero sin faltar a sus superiores. No nos habría reconfortado una respuesta así pero al menos nos habría valido, nos habríamos conformado, a ver qué íbamos a hacer. No nos habría contentado pero al menos no se nos habría quedado esa sensación de dos por uno, de que además de robarnos el partido de los sábados también nos estaban faltando al respeto.

Mire, amigo Arseni, habré de reconocérselo, los aficionados al baloncesto (sector ACB) estamos un poco susceptibles últimamente. Vimos comerse medio partido por un tenis que no acabó a su hora y apenas unas semanas después vimos levantar un partido porque había Copa Davis, buen pretexto sobre todo si tenemos en cuenta que los dobles comenzaban a las 2 y la ACB era a las 7, habría sido histórico que llegaran a solaparse. Pero al menos entonces tenían la Davis de pretexto, en cambio en estos dos últimos sábados no había más pretextos que el patinaje artístico sobre hielo y el campeonato de natación en piscina corta. Y como ya nos pillan calientes pues van y nos mueven de la tarde a la mañana la ACB de TVE1 con el socorrido argumento de mejorar las audiencias. Miren, no sé si mejorarán las audiencias pero por ahora los aficionados al baloncesto sólo tenemos tres ojos y el tercero no nos sirve para ver. Esta semana han logrado ustedes un hito histórico (e histérico): tienen ustedes a su disposición un sábado y un domingo llenos de horas y sin embargo han conseguido que todos, absolutamente todos los partidos televisados del baloncesto nacional, se jueguen el mismo día y en un lapso de apenas media hora entre el comienzo del primero y el comienzo del último. Hace apenas dos meses y medio me preocupaba yo del horario de la LEB, una vez más los del baloncesto haciéndonos la competencia a nosotros mismos como si no tuviéramos bastante con la que nos viene de fuera. Me equivoqué. La ACB no necesita a la LEB para que le haga la competencia, la ACB se basta y sobra ella sola para destrozarse a sí misma, pongamos todos los partidos a la misma hora y así los que estén en los pabellones viendo a su equipo ya no podrán ver a ningún otro, busquemos nuestra audiencia en la gente ajena al baloncesto porque a la nuestra ya la tenemos entretenida viendo (otro) baloncesto. Autofagia en estado puro.

Así que por favor, amigo Arseni, se lo ruego, la próxima vez no nos ponga usted por medio el santo de su madre ni que a su prima le ha salido un grano ni que a África se le ha roto una uña, no por favor, que como broma ya está bien con la cobertura televisiva que tenemos, créame que no necesitamos bromas adicionales ni aún por bienintencionadas que estas fueran. Que si usted no tiene la culpa su familia la tiene menos todavía, así que no la meta en esto; no vaya a ser que el día menos pensado tengamos que acordarnos de ella.

Publicado diciembre 16, 2012 por zaid en ACB, medios

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evaluación continua   Leave a comment

(publicado el 22 de octubre de 2012)

 

La ACB se examina semana a semana. Me dirán que siempre fue así y es cierto, llevamos ya años y más años mirando las audiencias con lupa cada lunes y pensando que de su mayor o menor cuantía depende no ya la supervivencia de la competición sino la de todo nuestro baloncesto en general. Sí, siempre fue así pero este año es mucho más así que nunca si cabe. Este año los exámenes no generarán consecuencias más o menos etéreas a largo plazo sino que tendrán consecuencias muy concretas a corto/medio plazo: de su resultado dependerá que pasemos curso (en TVE1) o que repitamos, que nos vovamos a ver condenados a las catacumbas de Teledeporte. Y ojalá fueran exámenes a la antigua, ojalá nos bastara sacar buena nota en los parciales de febrero (Copa del Rey) y en los finales de junio (playoffs) para salvar el curso. No es el caso, somos mucho más modernos que todo eso, este año tenemos evaluación continua. Que todo puntúa, que cada semana cuenta, que nos sacan la media. Una media que por ahora es más bien calcetín (disculpen la analogía chorra), calcetín comido y tobillero y lleno de agujeros además.

Supongo que en la ACB viven instalados en el convencimiento de que cualquier partido del Madrid o del Barça, así lo juegue contra el Matalascabrillas del Monte, dará siempre más audiencia que el mejor partido posible entre los dos mejores equipos del mundo mundial que no se llamen Madrid o Barça. Supongo que el concienzudo estudio de las audiencias de todos estos años les habrá hecho llegar a semejante conclusión. Y será así, no digo yo que no pero siempre hay matices, como en casi todo en esta vida. Usted puede ser muy del Madrid o muy del Barça y repantingarse cómodamente en su sofá un domingo por la tarde para ver si gana el suyo o para ver si pierde el otro, que de todo hay, pero si luego ese partido está resuelto antes de acabar el primer cuarto es muy probable que se vaya usted a otro canal o a hacer cualquier otra cosa, aún por muy del Madrid o del Barça que sea. Claro que también puede suceder exactamente lo contrario, que si usted es muy del Madrid o muy del Barça no se siente ni de coña a ver un (pongamos por caso) Bilbao-Estudiantes, pero que en un momento dado usted se ponga a zapear cuando se aburra de la típica película dominical blandurria o del tiempo tan feliz y al final acabe cautivado por un espectáculo deportivo vibrante y emocionante aunque se le dé una higa cuál sea el ganador. Y sin embargo la ACB no concibe esa razón; donde esté un grande contra un pequeño que se quiten los medianos, mejor malo conocido que bueno por conocer.

Evidentemente ni el Fuenla ni el CAI son el Matalascabrillas del Monte. Evidentemente en la ACB no hay Matalascabrillas del Monte, afortunadamente tenemos aún una Liga en la que cualquiera puede ganar a cualquiera. Cada vez menos, es cierto, cada vez se abre más la brecha entre los pocos ricos y los muchos pobres (a imagen y semejanza del país) pero todavía quedan casos como el del Valladolid en la primera jornada o el CB Canarias ayer mismo (aunque no llegara a consumarse) que nos reconcilian con esta competición y con este deporte. No, definitivamente ni el Fuenla ni el CAI son el Matalascabrillas del Monte… pero sería bueno que además de no serlo tampoco lo parecieran. Puedo perdonar al Fuenla en su visita al Palacio de hace una semana: al fin y al cabo jugaban fuera, al fin y al cabo la diferencia presupuestaria es abismal, al fin y al cabo tiene muy poquita sustancia el equipo fuenlabreño esta temporada (me da la sensación), al fin y al cabo aguantaron casi cuarto y mitad antes de desmoronarse definitivamente. Puedo entender al Fuenla de hace una semana… pero me cuesta muchísimo entender al CAI de ayer.

No nos engañemos: de cada diez veces que se enfrenten Barça y CAI lo normal es que en ocho o nueve de ellas gane el Barça. Repito, lo normal, como lo normal sería que gane seis o siete de cada diez veces que se enfrente al Bilbao Basket (y me habré quedado corto) o 99 de cada cien veces que se enfrente al Blancos de Rueda Valladolid, por ejemplo. Y sin embargo esta temporada no sucedió ni una cosa ni la otra. Una cosa es que no sea probable que ganes y otra que no ganes, pero eso sí, para que ganes el primer paso será autoconvencerte de que puedes ganar. Es decir, yo no le exijo al CAI que gane al Barça, sólo faltaría; con que hubiera querido ganar ya me habría valido. No hace falta que gane pero por lo menos que lo intente, por lo menos que parezca que lo intenta. Puede que quienes asistieron al pabellón lo vieran de otra manera, pero a quienes lo vimos desde casa nos quedó una sensación como de caída de brazos generalizada desde el minuto 1. Una sensación que no se justifica (o que de ningún modo debería justificarse) en base a una ausencia, aún por grave e importante que ésta sea: si te falta Pablo Aguilar lo tendrás aún más difícil, qué duda cabe, pero eso en ningún caso te debería servir de coartada para salir ya con la derrota puesta del vestuario.

¿Exagero? El partido no duró ni hora y media, acabó exactamente a las 19:28, lo nunca visto, desde que no se jugaba a cuatro cuartos sino a dos mitades (y con dos tiempos muertos escasos por equipo y mitad) no recuerdo nada semejante, vamos que ni en partidos de pretemporada, ni en pachangas veraniegas siquiera. Y pensar que yo (ingenuo de mí) andaba preocupado por lo que pudiera suceder si el partido se enredaba, si había muchas faltas, si había prórroga(s), si había cualquier avería que obligara a un parón, qué haría entonces TVE cuando empezara el Especial Elecciones, si nos mandaría a Teledeporte o nos mandaría al carajo, qué sé yo. Y al final no es que no fueran justos de tiempo sino que difícilmente habrá otro partido en toda la temporada en el que les sobre tanto tiempo, difícilmente habrá otro partido que sea menos partidoque éste de ayer. Y menos mal que Comas e Itu nos salvaron el post-partido (en realidad todo fue post-partido, incluso el partido mismo) con chascarrillos y demás batallitas abuelocebolletianas… claro que para entonces ya sólo debíamos quedar escuchándoles Arsenio y yo.

Además, reconozcámoslo, tenemos el don de la oportunidad, no hay partido que no coincidamos con el equipo local de fútbol: Madrid-Unicaja mientras el Madrid recibe al Dépor, Bilbao-Barça mientras el Athletic recibe a Osasuna, CAI-Barça mientras el Real Zaragoza juega contra el Granada, tres de tres llevamos, cien por cien de efectividad. Podría entregarme al juanmorismo y echarle las culpas de todo a la ACB por no esperar a los horarios del fútbol para fijar los suyos (que sólo eso nos faltaba, esperar casi a la víspera para ver cuándo nos dejan jugar); o podría entregarme a la paranoia y pensar que la LFP lo está haciendo a propósito por el mero placer de jodernos (como si necesitara la LFP joder a alguien, como si no viniéramos ya nosotros suficientemente jodidos de serie). Y para colmo, la única jornada que no íbamos a coincidir con el equipo local de fútbol por la sencilla razón de que no había fútbol, va un señor y no teniendo nada mejor que hacer decide saltar desde la estratosfera justo ese mismo día y a esa misma hora, también es mala leche (o mala pócima energética, o lo que demonios sea eso); que podría entregarme de nuevo a la paranoia y pensar que todo es una rastrera maniobra de Red Bull para arruinar el patrocinio ACB de BiFrutas (pero creo que eso ya sería demasiada enajenación mental, incluso para mí…) Pues eso (chorradas al margen), que tenemos el don de la oportunidad… o no, o a lo peor es que hemos llegado ya a un punto en el que cualquier cosita nos resulta inoportuna. Estamos tan debilitados que no hace falta ya que soplen grandes vientos para derribarnos, una mínima brisa por leve que sea ya nos echa para atrás.

Total, que la media del curso la llevamos de suspenso pero eso con ser malo no es lo peor, lo peor es que ya no sabemos qué demonios hacer para subir nota. Nos queda la sensación de que pase lo que pase y se haga lo que se haga va a dar lo mismo, te puede salir un partido horrible como el de ayer o un partido bueno como el Madrid-Unicaja o uno extraordinario como el Bilbao-Barça que todo dará igual, al día siguiente sólo apareceremos los quinientosmil de costumbre (que los que lo ven grabado o por Internet siguen sin puntuar, que esa es otra). Lo único que nos queda por hacer es no hacer nada; no digo rendirnos (no se trata de eso) pero sí optar decididamente por la inacción: cruzarnos de brazos (aún más si cabe), dejar de obsesionarnos cada lunes con las calificaciones, seguir como si nada y esperar a que escampe: a que la coyuntura sea más favorable, a que lleguen tramos más decisivos de la temporada, a que salgan mejores partidos, a qué sé yo. Y si sale con barbas será San Antón y si no será la Purísima Concepción, frase que no tengo ni idea de lo que significa pero que queda muy socorrida en estos casos. Que sea lo que dios quiera, que pase lo que tenga que pasar, y si al final remontamos pues bienvenido sea, y si nos caemos con todo el equipo (que tiene toda la pinta) pues sólo nos quedará aceptar dignamente nuestra derrota y asumir el resultado con deportividad. O en este caso, con teledeportividad.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, medios, preHistoria

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