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17 ALICIENTES   Leave a comment

guiaba2017Si aman (un poquito siquiera) el baloncesto universitario, ya están tardando en descargarse (gratis total) la imprescindible Guía NCAA 2016/2017 de BasketAmericano. No es porque yo lo diga sino porque es la pura verdad, por mucho que busquen difícilmente encontrarán en el mercado otra publicación más completa, no ya en castellano sino en casi cualquier otra lengua. Trescientas y pico páginas, análisis de todos los equipos de todas las conferencias grandes y medianas, perfiles pormenorizados de todos esos freshmen que pueblan ya las quinielas pre draft… Y todo ello gracias a la colaboración desinteresada de un buen puñado de locos, veintitantos sujetos enamorados hasta las trancas (y las barrancas) de este juego maravilloso. Me temo que yo soy uno de ellos, y una vez más me ha sido concedido el honor de inaugurar dicha Guía con el típico artículo de presentación de la temporada. Justo este mismo que les pongo a continuación (si encuentran alguna obsolescencia no me la tengan en cuenta, tengan presente que ha pasado ya más de un mes desde que lo escribí) para que vayan abriendo boca. A ver si así terminan de convencerse de una vez por todas…

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Hablar de alicientes para presentar una temporada cualquiera de baloncesto universitario (como si los necesitara) me parece casi una herejía. No existe mayor aliciente que la competición en sí misma, ese impecable planteamiento-nudo-desenlace que empieza en el Tip-Off Marathon y acaba en la Final Four tras un mágico crescendo de apenas cinco meses. ¿Alicientes? Venga ya. Coja un bol, llénelo de palomitas (o de lo que le apetezca en su defecto), desmorónese en su sofá y limítese a mirar, y a disfrutar (bien acompañado por esta Guía, a ser posible). No necesitará absolutamente nada más.

Pero como soy especialista en proclamar una cosa y hacer exactamente la contraria, este año he decidido saltarme mi propia norma y elaborar una relación de detalles que ayuden a vender lo que en modo alguno necesita ser vendido; que nos hagan mirar a esta NCAA como algo aún más interesante de lo que ya es. Cada uno tendrá los suyos pero allá van los míos, los primeros diecisiete alicientes (pensé en hacer quince pero se me fue la mano, pensé luego en hacer veinte pero no me dieron las fuerzas) que se me han venido a la cabeza. Espero que no me lo tengan en cuenta.

1. La sobredosis de Duke. No, por mucho que rebusquen no encontrarán muchos rankings de pretemporada (puede que ninguno, de hecho) que no sitúen a los Blue Devils en el primer puesto del escalafón. Krzyzewski está ante la cuadratura del círculo: conserva piezas fundamentales del pasado año (sobre todo el travieso Grayson Allen y el resucitado Amile Jefferson, pero también Matt Jones, el tirador Kennard y hasta el fantasmagórico Jeter) y puede presumir al mismo tiempo de otra inmejorable promoción de futuro (y van…) gracias al aterrizaje del presunto base Frank Jackson, el versátil Jason Tatum, el imponente Marques Bolden y el más que probable número 1 del draft (eso sí, cuando las lesiones le respeten, lo que a día de hoy parece mucho pedir) Harry Giles. ¿Recuerdan cuando el Coach K debía hacer de la necesidad virtud, utilizando como cuatros (o como cincos, a veces) de mentira a tipos como Jabari o Ingram? Tiempos pasados que no habrán de volver (salvo catástrofe), ya que este año el abanico de posibilidades que se le presentan por dentro nada tiene que envidiar al que podrá presentar por fuera. Rotación interminable, posibilidades inmensas, versatilidad absoluta. Nadie tiene más ni mejor que Duke, lo cual no quiere decir que no podamos encontrar alguna sombra: acaso la dirección (no parece haber más base que Frank Jackson, que tampoco acabo de estar muy seguro de que lo sea) o acaso el exceso de favoritismo, presión que en criaturas tan tiernas puede volverse en su contra. Nada que el ya casi inmortal Krzyzewski no pueda manejar.

2. Gabinete Calipari, 8ª edición. Que Krzyzewski haya superado a Calipari en el ¿noble? arte del one and done no significa que éste no siga siendo el maestro de maestros en dicha faceta. Un año más se ha visto en la tesitura de rearmarse con fornidas criaturas que en apenas unos meses dirán adiós muy buenas y le dejarán un año más en la tesitura de rearmarse con fornidas criaturas que… (y así sucesivamente): por fuera llegan De’Aaron Fox y Malik Monk (productos físicos y/o explosivos para la dirección, muy al gusto de aquella casa) para acompañar a un Isaiah Briscoe que reivindicará su cuota de protagonismo tras verse oscurecido en su año freshman por la dupla Ulis-Murray; y por dentro el habitual chorro de centímetros, no serán más altos que casi cualquier franquicia NBA como sucedió hace un par de años, pero tampoco le andarán muy a la zaga: Wenyen Gabriel, Sacha Killeya-Jones y esa fuerza de la naturaleza (hasta en el nombre) que llaman Bam Adebayo, todos los cuales habrán de asociarse con el veterano (alguno habría de quedar) Derek Willis. Es decir, nada nuevo bajo el sol. Un año más los Wildcats se hincharán a ganar partidos, un año más se llevarán la SEC y se meterán en el Madness sin despeinarse pero una vez allí ya será otra historia, esa que sólo suele estar al alcance de los elegidos. ¿Final Four? Tal vez, es muy posible (no sé si también probable). ¿Título? Ni de coña, en mi opinión. Luego cuando lo ganen acuérdense de venir a cerrarme la boca.

3. ¿Villanova, again? ¿Y por qué no? Ya lo sé, no es nada habitual que un equipo repita título, no hay más que recordar que en estos últimos 43 años sólo ha ocurrido dos veces, mérito exclusivo de las extraordinarias promociones de Duke (1991-1992) y de Florida (2006-2007). Por no ser ni siquiera es fácil que un equipo repita Final Four, pero estos Wildcats tienen los ingredientes suficientes para lograrlo entre otras cosas porque no han padecido la tradicional desbandada de otros equipos campeones. Sólo se fueron quienes se tenían que ir, Arcidiacono y Ochefu.hart-jenkins-300x250 Palabras mayores, sí, pero tampoco son mancos quienes se quedan: el hombre-milagro Kris Jenkins, ese Josh Hart que aspira a ser uno de los jugadores del año, ese Jalen Brunson ya con toda la responsabilidad en la dirección, esos Bridges, Booth o Reynolds que son magníficos complementos. Y añádase al transfer Paschall (desde Fordham), y ahora es cuando tocaría añadir también al freshman Omari Spellman si no fuera porque su inelegibilidad académica nos va a privar de verle por este año, lo que quizás ha rebajado un puntito las ilusiones en Philadelphia. Con todo y con eso no habrá más favoritos que ellos para la Big East, y una vez en el Madness yo tampoco apostaría en su contra. Ya no. Se lo digo por experiencia.

4. La hora de Oregon. ¿Y si yo ahora me tirara a la piscina y les dijera que Oregon es mi principal favorito para alzarse con el título? Pues que me lincharían, probablemente. Apuesta arriesgada, lo reconozco, ésta de situar a los Ducks por encima de las cuadrillas de Krzyzewski o Calipari, incluso de la Villanova de Jay Wright. Pero qué quieren que les diga, saben que no soy de comida rápida sino de cocción a fuego lento, y el guiso éste que están cocinando en Eugene huele que alimenta: echarán de menos sin duda a Elgin Cook y al efervescente Bnejamin, pero a cambio el griego Tyler Dorsey ya será sophomore, Jordan Bell y/o Chris Boucher seguirán sembrando el pánico en la zona, Casey Benson aportará sobriedad en la dirección y el ex villavovense Dylan Ennis (de los Ennis de toda la vida) podrá jugar por fin su año de done and one, una vez superados sus achaques. Y para el final me he dejado a la guinda del pastel, Dillon Brooks, un tipo que me encanta y que es mi principal favorito a jugador del año (otra apuesta arriesgada, ya lo sé), si bien su misteriosa lesión de este verano hará que se incorpore más tarde y puede complicar un poquito mis optimistas pronósticos. Y por supuesto, todo ello amasado por la mano maestra de Dana Altman, acaso uno de los coaches más infravalorados de la nación. El año pasado ganaron por partida doble la Pac12 y se quedaron a un solo paso de la Final Four, superar un balance así no ha de ser tarea fácil pero tampoco hay razones para pensar que no pueda ser posible. Veremos si no es incluso probable.

5. El reto de Izzo. ¿Quién ejercerá de líder en estos Spartans? En temporadas precedentes Michigan State era el equipo de Izzo (obvio) pero era también el equipo de Draymond Green, el equipo de Adreian Payne, el equipo de Denzel Valentine… Este año en cambio resulta muy difícil encontrar un caso similar,freshmen-michst resulta muy difícil encontrar ese mismo predicamento en tipos como Eron Harris (sénior, sí… pero que apenas lleva un año en East Lansing tras aterrizar desde West Virginia) o Tum Tum Nairn. Claro que las penas con pan son menos, y a cambio Izzo tendrá a su disposición una de las mejores camadas de freshmen que ha tenido nunca, una de las mejores que cualquiera pueda presentar este año: Cassius Winston, Josh Langford, Miles Bridges, nombres que hemos conocido hace apenas cuatro días pero que en apenas cuatro más nos resultarán ya como de la familia. Será apasionante ver a Izzo modelando a toda esta panda de imberbes (es un decir) yogurines, le costará más o menos tiempo pero que nadie dude que acabará consiguiéndolo. Por eso, cuando saquemos conclusiones precipitadas en noviembre, habremos de recordar que en NCAA los exámenes finales siempre son en marzo. Tanto más en Michigan State.

6. Gard, Happ. Bo Ryan dijo hasta aquí he llegado y Greg Gard se comió el marrón, pero se lo comió tan bien y con tanta clase que el mundo baloncestístico entero fue un clamor para que se le quitara de una vez por todas el cartel de interino y se le reconocieran sus méritos con un contrato largo y sustancioso, a ser posible. Dicho y hecho, y hoy por fin nos encontramos ante su primera temporada completa en Wisconsin, en la que sus Badgers volverán a girar alrededor de Bronson Koenig y de un Nigel Hayes que parece haberse estancado un tanto en su progresión (o acaso nuestras expectativas fueran demasiado altas, no sé). Y sin embargo me van a permitir que yo me centre sobre todo en un jugador que me epató en su año freshman y que a poco que progrese adecuadamente puede convertirse en una especie de Kaminski 2.0. Se llama Ethan Happ y es una verdadera delicia, otro de esos interiores que no deslumbran por su físico (en absoluto) pero enamoran por sus fundamentos. Sus progresos, unidos a los de Gard en el banquillo, pueden llevar a estos Badgers mucho más arriba de lo que parece.

7. Shaka, segundo acto. No nos engañemos (tampoco podríamos), Kansas volverá a ser favorito único e indiscutible al trono de la Big12, y ya veremos si a más cosas todavía. Pero más allá de ese pequeño detalle sin importancia no serán pocos los alicientes que nos ofrezca una vez más la conferencia del Medio Oeste, y a mí particularmente uno de los que más me apetece es asistir a la evolución de los Longhorns en la segunda temporada de Shaka Smart. Hace un año se encontró un equipo heredado que poco a poco fue modelando (no sin dificultades) a su imagen y semejanza; ahora en cambio el proyecto ya es mucho más suyo, ya se asemeja mucho más a su filosofía: ya no estarán Ridley ni Lammert ni Taylor ni siquiera Javan Felix, ya será sobre todo el equipo de los sophomores Kerwin Roach, Tevin Mack y Eric Davis, tres sobresalientes piezas con las que mirar al presente y al futuro inmediato con una buena dosis de optimismo. Pero será además Texas el equipo de Kendal Yancy y Shaq Cleare, será el equipo de los apetecibles novatos Andrew Jones y Jarrett Allen (interior muy al gusto de Smart, reclutado sobre la bocina tras múltiples avatares), será el equipo de la versatilidad, la velocidad, la intensidad y (ya sí, también) el HAVOC. Será, por encima de cualquier otra consideración, el equipo de Shaka. Nada más y nada menos que eso.

8. Underwood en Stillwater. En estos pasados años el Gallagher-Iba Arena fue cualquier cosa menos un remanso, y no precisamente (o no sólo) por las inolvidables travesuras de Marcus Smart. Con Travis Ford fueron a menos año tras año hasta acabar casi lindando por la insignificancia, razón por la cual los rectores de Oklahoma State decidieron finalmente prescindir de él (veremos si se maneja ahora mejor en Saint Louis) y tuvieron además el exquisito buen gusto de fichar en su sustitución a Brad Underwood. Recuerden, ya ex técnico de Stephen F. Austin y autor intelectual de dos de las más refrescantes sorpresas de estos últimos Madness, la de 2014 cuando sus Lumberjacks se cargaron a VCU y la de este 2016 cuando hicieron lo propio con la West Virginia de su amigo y ex mentor Bob Huggins, Walkup mediante. Pocas contrataciones de entrenadores (acaso ninguna) más ilusionantes habremos tenido en este 2016. Con él los Cowboys volverán a ser más pronto que tarde un equipo ganador, con él los Cowboys volverán a ser (aún más pronto si cabe) un equipo divertido. Su advenimiento, sumado a los ya pretéritos de Shaka y Prohm (continuador de la herencia de Hoiberg) y a la feliz permanencia (por muchos años) de Huggins, le viene de perlas a una Big12 que no siempre fue la alegría de la huerta pero que ahora al menos tendrá ya unas cuantas ventanas abiertas para que pase el aire fresco. Eso sí, si usted es de los que prefieren aburrirse tampoco se me preocupe demasiado: siempre le quedará Baylor.

9. Damocles en UCLA. La espada (la de Damocles, obviamente) pende sobre el cuello de Steve Alford, de quién si no. Al susodicho le pitaron sobremanera los oídos durante la pasada primavera, víctima de una campaña que no reparó en gastos (hasta avionetas sobrevolando el campus) pidiendo indisimuladamente su cabeza.steve-alford Sobrevivió, hizo acto de contrición, examen de conciencia y propósito de enmienda y todo lo que usted quiera, pero muy pocos técnicos va a haber este año en todo el baloncesto universitario a los que se les mueva más el suelo bajo sus pies. Y tanto más tras lo que han puesto en sus manos, una interesantísima camada de freshmen encabezada por el tremendo Lonzo Ball, acaso el mejor base puro de toda esta promoción. Será interesante ver cómo lo mezcla Alford con su hijo Bryce, que presumiblemente habrá de readaptarse ahora al rol de escolta tirador justo cuando parecía haber aprendido por fin (a la fuerza ahorcan) el rol de director de juego. Sumen al lío a Aaron Holiday (de los Holiday de toda la vida), no se olviden de Isaac Hamilton, añadan también a Prince Ali y el resultado de todo ello es que el perímetro de estos Bruins tendrá más y mejores ingredientes que (casi) nunca. Y por dentro echarán de menos a Tony Parker y sobre todo al huido Jonah Bolden pero se apañarán con Welsh, el freshman Leaf y alguna ayudita puntual de Olesinski y del húngaro Goloman. Así las cosas, pueden estar seguros de que todo lo que no sea pelear (al menos) los títulos de la Pac12 y asomarse en serio al Madness será considerado un rotundo fracaso y hará que rueden cabezas. No hará falta que les diga cuál.

10. Foster en Creighton. Más allá del evidente favoritismo de Villanova, más allá incluso del no menos evidente vicefavoritismo de Xavier (un tanto de bajón tras la suspensión de Myles Davis) aún nos habrán de quedar muchísimas cosas destacables en una Big East cada vez más apasionante (a la par que difícil de seguir). Y podría poner el ojo en muchos sitios pero voy a ponerlo en Creighton, o más concretamente voy a ponerlo en Marcus Foster, aquel jugador que nos maravilló en su año freshman en Kansas State y que en su año sophomore se nos fue diluyendo paulatinamente hasta acabar desapareciendo (incluso de manera literal, tras apartarlo Bruce Weber del equipo). Una buena pieza debe ser el amigo Marcus, que ha tardado un año (redshirt mediante) en hacer este viaje de Manhattan (Kansas) a Omaha (Nebraska); habrá que ver si esa temporadita en el rincón de pensar le ha hecho recapacitar, habrá que ver también si encuentra por fin en McDermott lo que no encontró en Weber (que debería). Si así fuera, si reapareciera siquiera mínimamente aquel maravilloso Marcus Foster que un día conocimos, ojo con Creighton. Ojo con estos (ya de por sí fascinantes) Bluejays, mucho ojo con ese tándem que puede formar con Maurice Watson Jr. A ver cuántas universidades de postín, no ya en la Big East sino en la nación entera, pueden presentar una pareja exterior así.

11. Sin Baker ni Van Vleet. Y unos que vienen y otros que se van, hablando de parejas exteriores. Ron Baker y Fred Van Vleet son ya historia (y qué historia) en Wichita, lo que en condiciones normales nos haría temer un estrepitoso bajón en los maravillosos Shockers que hemos conocido y disfrutado durante estos últimos cuatro años. Pues tal vez, algo de bajón habrá, es ley de vida… pero tampoco se me preocupen en exceso: porque llegará la hora de ese fascinante chico para todo llamado Markis McDuffie que ya nos fascinó en su año freshman, porque Rashard Kelly y Shaq Morris impondrán su ley por dentro, porque seguirán defendiendo como perros con Zach Brown a la cabeza, porque el ex Jayhawk Conner Frankamp (ahora ya sin apenas competencia) se tirará y meterá todo lo habido y por haber. La única duda es quién dirigirá todo esto (desde el parquet, me refiero) pero tampoco habrá de preocuparnos porque la verdadera dirección vendrá una vez más desde el banquillo: muchos apostaron a que se iría en cuanto se fueran Baker & Van Vleet (de hecho muchos apostaron por lo mismo incluso en temporadas precedentes, cuando aún estaban ambos) pero lo cierto es que Gregg Marshall ahí sigue, reivindicándose como uno de los grandes, mejorando año tras año su currículum. Ya fue exitoso antes de que llegaran, no hay razón alguna para pensar que no vaya a seguir siéndolo después.

12. Drew en Nashville. El hijo de Homer (a la par que hermano de Scott) sigue creciendo (profesionalmente hablando). Aquel a quien un día conocimos matando sobre la bocina a Ole Miss y protagonizando de paso una de las más emotivas sorpresas que se recuerdan en el Madness, aquel que luego hizo sus pinitos en NBA e incluso ACB (Valencia), aquel a quien Montes rebautizó un día como el Señorito Drew (quizá uno de sus motes menos afortunados) hace ya tiempo que se nos ha hecho mayor.drew-vandy Cinco años ha estado sentando cátedra en su alma máter Valparaiso, tiempo más que suficiente para que sus cualidades hayan llamado la atención de las ligas mayores, concretamente de la SEC y aún más concretamente de Vanderbilt. Cambia el banquillo de los Crusaders por el (ladeado) de los Commodores, cambia Indiana por la capital del country, cambia el nivel de exigencia, cambia un equipo hecho a su imagen y semejanza por otro (podríamos decir) heredado si bien la herencia que le deja Stallings tampoco es que esté tan mal: Wade Baldwin y Damian Jones son ya historia pero a cambio siguen Riley LaChance, Camron Justice, Fisher-Davis y Luke Kornet, material más que decente para empezar a construir algo interesante en Valderbilt. Y mientras tanto al otro lado del país, en Valparaiso, por primera vez en casi treinta años van a tener un entrenador-jefe no apellidado Drew. Les va a costar acostumbrarse.

13. ¿Quo Vadis, Yellow Jackets? Pocas universidades otrora históricas habrán dado más palos de ciego que Georgia Tech durante estos últimos tiempos. Y no acabo de tener yo claro que el coach Gregory fuese siquiera su principal problema (de hecho en esta última temporada hasta pareció revertir ligeramente la tendencia), pero como en tantas otras ocasiones en similares circunstancias han optado por cargárselo, decisión irreprochable si no fuera por el sujeto al que han fichado en su sustitución. Saben que soy mucho más de filias que de fobias, pero hace tiempo que tengo a Josh Pastner (entre ceja y ceja) en esta última categoría. Eso sí, no dudo de sus habilidades como reclutador ya que a menudo consiguió llevarse al huerto a magníficos proyectos para luego desperdiciarlos (y desquiciarlos), sí dudo en cambio de sus (presuntas) habilidades como técnico y no sólo por sus resultados (o su carencia de ellos), también (y sobre todo) por esa actitud histeroide e infantiloide capaz de desesperar al espectador (y al jugador) más avezado. Probablemente en Georgia Tech se vayan a divertir, ahora mucho más que antes; la duda es que sea gracias al baloncesto.

14. Tubby en Memphis. Figúrense si en Memphis lo tendrán claro que para sustituir a Pastner han fichado exactamente todo lo contrario. Tubby Smith no siempre recibió el reconocimiento que merece, no ya por los demás sino por mí mismo en ocasiones. Hace casi veinte años llegó y besó el santo en Kentucky pero a partir de ahí no hizo otra cosa que ir a menos, razón por la cual se nos fue cayendo paulatinamente del cartel. Pero en Minnesota hizo un magnífico trabajo (injustamente retribuido con el despido, en mi opinión) y en Texas Tech más de lo mismo, volviendo a poner a los Red Raiders en el mapa. Así las cosas los Tigers han decidido olvidarse de histrionismos y decantarse por un veterano técnico con la cabeza bien amueblada sobre los hombros, lo que no es poca cosa viniendo de donde vienen. La fuga de Austin Nichols ya hace tiempo que no tiene remedio (palmas con las orejas dan en Virginia), pero alrededor de los hermanos Lawson aún puede haber material como para construir un proyecto bonito. O al menos para que se les quite el mal sabor de boca anterior.

15. Zags vs Gaels en la WCC. O sea, lo de siempre, sólo que aún más y mejor si cabe. Gonzaga huele a nuevo gracias a sus tres flamantes transfers, Nigel Williams-Goss (joyita desde Washington), Jordan Matthews (desde Cal) y Jonathan Williams (desde los escombros de lo que un día fue Mizzou);karnowskidone añádase al (un tanto errático) base Perkins y a la mole polaca (esperemos que por fin sana) Przemek Karnowski y el resultado de todo ello será que ni tiempo tendrán de echar de menos a Wiltjer y Sabonis. Y enfrente St. Mary’s será todo lo contrario, pura continuidad de ese equipo de Naar y Rahon al que sólo las veleidades del Comité de Selección dejaron fuera del Madness el pasado marzo. De tercero en discordia ejercerá como de costumbre BYU (no se pierdan al pívot Eric Mika, por fin de regreso tras sus años de misión por esos mundos de dios). Y para todos los demás quedarán básicamente las migajas, si bien no estará de más prestar atención a dos legendarios bases NBA felizmente reconvertidos al traje y corbata: Terry Porter, en Portland (dónde mejor); y nada menos que Damon Stoudamire, que así para empezar se comerá un buen marrón en la desnortada y castigada Pacific.

16. A10, esa gran desconocida. No son pocas las conferencias que merecerían un párrafo (o varios) para ellas solas, pero dado que tampoco doy para más me van a permitir que dedique al menos unas líneas a la Atlantic 10: a esos Flyers de Dayton (y de Archie Miller) que además de Cooke y Scoochie Smith acogerán ahora también en su seno al enésimo Antetokounmpo (Kostas); a esos Rams de Rhode Island (y de Dan Hurley) que recuperarán por fin para la causa a E.C. Matthews, maravillosa noticia donde las haya; a esos otros Rams de VCU (y de Will Wade) que seguirán jugando al HAVOC como si aún siguiera Shaka; a esos Wildcats de Davidson (y de McKillop) en los que nos volverá a maravillar Jack Gibbs, rodeado ahora además por una apetitosa legión extranjera; a esos Colonials de George Washington que ya no serán de Mike Lonergan, veremos cómo superan su traumático despido; y a Saint Bonaventure, Saint Joseph’s, Saint Louis, UMass, Richmond… A un buen puñado de universidades que deberían recibir mucha más atención por nuestra parte (por la mía, al menos), no digamos ya por parte de un Comité de Selección que en llegando a marzo suele tener cierta tendencia a invitar al Madness no tanto a los que verdaderamente lo merecen como a los que quedan bien. Pero esa es otra historia.

y 17. El resto del carrusel. Del coaching carousel, me refiero. Más allá de los nombres que ya les he ido salpicando aquí y allá en párrafos precedentes, hay otros muchos cambios que no conviene dejar de mencionar: por ejemplo Jamie Dixon, que abandonó su plácido fortín de Pittsburgh para irse a buscar nuevas aventuras en TCU; o Kevin Stallings, que llenará ese hueco en Pitt dejando a su vez otro en Valderbilt para que lo llene Drew; o Rick Stansbury, técnico de aquella Mississippi State de Dee Bost, Arnett Moultrie y Renardo Sidney, asistente después y ahora ya entrenador-jefe de una muy venida a menos Western Kentucky en la que ha irrumpido cual elefante en cacharrería, llevándose ya al huerto a alguno de los mejores productos para 2017; o incluso Johnny Dawkins, que tras su muerte anunciada en Stanford intentará relanzar su carrera en la olvidada UCF; o Beard, Haase, Menzies o Pikiell, cuatro coaches de bien ganado prestigio en mid-majors que ahora habrán de asumir nuevos (y no menores, en absoluto) retos en Texas Tech, Stanford, UNLV (el hotel de los líos, como si dijéramos) y Rutgers respectivamente; o… Tantos como ustedes quieran. Para dar y tomar. La lista sería interminable, más o menos como todos los años. Pero no teman, con esto por ahora tienen más que suficiente.

Y es que podría continuar hasta el infinito (y más allá), podría encontrar un aliciente (o varios) en cada conferencia, en cada equipo, en cada partido. Pero hay ciertas cosas de las que tampoco conviene abusar, por esta vez ya les he torturado bastante, mejor será dejarlo en manos de compañeros que saben mucho más (y mejor) que yo y que en las páginas venideras les ilustrarán sobradamente acerca de todo lo que necesitan saber (y hasta de lo que jamás imaginaron que necesitarían). Con ellos les dejo, pónganse cómodos. Disfrútenlo.

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OKLAHOMA

103 partidos, se dice pronto. 103 partidos consecutivos, 103 partidos uno detrás de otro, lo que vienen siendo todos los de este año, todos los del pasado y casi todos los del anterior. 103 tardes/noches seguidas poniendo en liza al mismo cuarteto titular, sí, cuarteto, que el quinto elemento podrá variar en función de las circunstancias, las edades y las disponibilidades pero los cuatro jinetes del apocalipsis sooner son intocables, llevan siéndolo desde que el uno era freshman y los otros sophomores, lo seguirán siendo al menos un partido más, ojalá dos antes de irse cada uno por su lado. f4oklahomaResulta casi inverosímil repetir tantas veces la misma alineación en estos tiempos de mudanza en los que nada parece durar más de dos segundos, en los que la exigencia física hace que todo dios se rompa con pasmosa facilidad. Y si es así en el deporte profesional no digamos ya en un baloncesto universitario plagado de idas, venidas, graduaciones, sanciones, lesiones, transfers, red shirts, one&dones, done&ones y demás interminable casuística. De alguna manera Lon Kruger, entrenador infravalorado donde los haya (el único a día de hoy que ha metido a cinco universidades distintas en el Madness: Kansas State, Florida, Illinois, UNLV y por supuesto Oklahoma, por si les queda la curiosidad), ha logrado la cuadratura del círculo, ha reinventado el concepto jugar de memoria, ha creado una máquina perfecta alrededor de estos cuatro sujetos llamados Jordan Woodard, Isaiah Cousins, Ryan Spangler y sí, por supuesto, Buddy Hield.

Si no tuviera al lado a Buddy haciéndole sombra probablemente hablaríamos y no pararíamos de un Cousins eficacísimo y que ha ido evolucionando cada vez más (y mejor) hacia la dirección de juego. Como hablaríamos de la dulce muñeca de Woodard, o de ese sobrio y pétreo Spangler que tal vez no encuentre hueco en NBA (o tal vez sí, quién sabe) pero al que debería esperar una interesantísima carrera en Europa (de nada). Dicho lo cual habremos de convenir en que estos Sooners son antes que nada y por encima de todo BUDDY HIELD, así en letras mayúsculas que bien que lo merece la criatura. Resulta muy difícil contar algo del Jugador del Año (el único e indiscutible, sin discusión posible; rechace imitaciones) que no se haya contado ya cientos de veces, que no haya contado aquí yo mismo hace unas pocas semanas.buddy-hield-oklahoma-630-final-four-preview Resulta muy difícil, pero aún así me van a permitir tres someras reflexiones: 1) por alguna extraña razón que escapa a mi entendimiento resulta de un tiempo a esta parte mucho más letal en las segundas mitades que en las primeras, como si el primer asalto fuera de tanteo y el segundo de castigo, como si según se le van cansando sus defensores se fuera aligerando su muñeca; 2) parece como si el hecho de sobremarcarle (a estos niveles, entiéndase) no sólo no disminuyera su efectividad sino que antes al contrario, la potenciara: como si le diera igual tener a un tío encima que no tenerlo, o como si incluso lo prefiriera; y 3) me resultaría tristísimo que en la noche del draft las franquicias pasaran de él y le relegaran mucho más atrás de lo que en verdad merece: por esa innata costumbre de mirar más lo que puede ser que lo que es, de draftear potencial (presunto, por definición) antes que realidad, de pensar que un chaval de 22 no puede progresar tanto o más que uno de 19 siempre y cuando se den las circunstancias adecuadas para ello; de desconfiar sistemáticamente del sénior al grito de si tan bueno es, a ver por qué no se fue antes. Si así lo hicieren, en el pecado llevarán la penitencia.

Tuvo la temporada de Oklahoma un punto de inflexión, aquella inolvidable noche del 4 de enero en Kansas. Los dos mejores equipos del país (en aquel momento) negándose a perder, forzando prórroga tras prórroga, manteniendo la llama viva más allá de su extenuación (mención especial a Buddy, también en ese aspecto). La derrota quizás enseñó a Kruger que sin rotación no iba a ninguna parte, que de nada le serviría ganar casi todo en la Regular si a cambio le llegaban reventados al tramo final. Poco a poco fue dando más cancha (tampoco mucha, no crean) al quinto titular Khadeem Lattin y a los actores secundarios Dinjiyl Walker (no sé qué pasaría por la cabeza de sus padres para ponerle semejante nombrecito), Dante Buford, Christian James o Jamuni McNeace, freshmen estos tres últimos por lo que nos familiarizaremos con ellos en temporadas venideras. Puede que el exceso les costara perder algún partido más de lo debido pero a cambio les permitió entrar como toros en el Madness. La intrépida VCU les puso en serios apuros en 2ª ronda pero luego ya todo fue coser y cantar, justo cuando más duro parecía el camino: fue empezar Hield & cia a producir con fluidez y que los Aggies de Texas A&M se diluyeran cual azucarillo, fue volver Hield & cia a producir con continuidad y que a los Ducks de Oregon se les viniera el mundo encima en forma de presión autoimpuesta (lo que se llama pagar la novatada, literalmente; volverán con mucha más fuerza en próximas ediciones). Final Four, por fin, y ahora el cielo es el límite para estos experimentados Sooners; quizás no tengan la defensa de Villanova, la profundidad de UNC o la determinación de Syracuse, pero a cambio tienen algo que nadie más tiene: Buddy Hield. Puede que sea suficiente.


VILLANOVA

Algunos llevamos todo el año hablando mal (o no del todo bien) de Villanova, a ver si así la realidad acabara pareciéndose (siquiera un poco) a nuestra forma de verla. Vano empeño. Las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran, que algo no nos seduzca no significa que no merezca la pena. Villanova no te enamora, Villanova simplemente gana, y ya de paso aprovecha para jugar muy bien al baloncesto.villanova-basketball-ftr-getty-032716_lp22aa8cxlk512tm70eovt3t2 Debería ser más que suficiente, aunque algunos no dejemos de echar de menos cierta vistosidad y nos dejemos llevar por nuestros prejuicios. Vale, ahora les va bien pero en cuanto empiece la Big East que se les quite de la cabeza que vayan a arrollar como hace un año, esta vez Xavier, Providence o incluso Butler se lo van a poner muy difícil, dijimos en diciembre y nos lo tuvimos que comer con patatas apenas dos meses después. Vale, habrán vuelto a arrollar en su Conferencia pero en cuanto salgan de esa burbujita de la Big East y se enfrenten a la cruda realidad del Madness les van a llover palos por todas partes, dijimos hace un mes y nos lo estamos teniendo que comer con patatas tal que ahora. Villanova es Final Four, y no de cualquier manera sino dejando significativos cadáveres por el camino; entre ellos el mismísimo número 1 no ya de su Región sino de toda la nación. Desprejuiciémonos de una vez por todas.

Y todo esto, ¿con quién? Villanova no tiene un cuarteto de cámara como Oklahoma, no tiene la inabarcable profundidad de North Carolina (aunque no anden precisamente escasos en este aspecto), no tiene un Hield ni un Paige ni un Brice Johnson siquiera. Tiene a tipos como Josh Hart y Kris Jenkins que partiendo casi de la nada se fueron convirtiendo primero en defensores y luego en extraordinarios jugadores, también al otro lado. Tiene un pívot/pívot como Daniel Ochefu que es tres cuartos de lo mismo, primero le conocimos como referencia defensiva pero hoy sabemos por fin que cuando se centra en lo suyo (es decir, cuando no se aleja cuatro o cinco metros del aro rival innecesariamente) sabe hacer sus cositas, y qué cositas. Y tiene a un proyecto de base llamado Jalen Brunson (algunos aún recordamos a su padre Rick Brunson, pura intendencia y fondo de armario en aquella NBA de los Noventa) aprendiendo poco a poco el oficio a la vera de quien es al fin y al cabo la principal referencia de este equipo: Ryan Arcidiacono (recuerden, pronúncienlo a la italiana, Archidiácono, cual si se tratara del vicario de la diócesis) llegó hace ya cuatro años (y parece que fue ayer) a Villanova armado de descaro, atrevimiento, portentosa muñeca y poco más que rascar; ryan-arcidiacono-villanova-630-final-fourbueno, pues de aquel Arcidiacono a éste media un abismo: hoy es además un magnífico defensor (pregúntenselo si les queda alguna duda a Gesell, Rodríguez o Mason, que lo padecieron hace unos días) y sobre todo un extraordinario director de juego, de esos que transmiten en todo momento la sensación de tener el partido entero bajo control (y añádase además que con ese apellido no le habrá de resultar difícil obtener la condición de comunitario, ahí lo dejo, no les digo más…) Nótese que en todos estos nombres (más todos los que emergen del banquillo: Booth, Reynolds, Bridges) existe un denominador común: evolución. Villanova es actitud y trabajo, también (y sobre todo) de su técnico, un Jay Wright de quien creo yo que a estas alturas conviene ir dejando ya de lado la sempiterna broma del clon de Clooney y empezar por fin a reconocerlo como lo que es: un pedazo de entrenador de baloncesto.

Pero aún así, como no tenemos remedio, llegaron estos Wildcats al Madness y les concedimos graciosamente la 1ª Ronda pero luego dimos (algunos) por supuesto que en la 2ª la iban a cagar, así fuera ante Iowa o ante sus vecinos de Temple. Fue Iowa y le metieron de 20 (que bien pudieron ser 30), pero no contentos con ello de nuevo pensamos que en su semifinal regional la cagarían ante Miami (disculpen la sobredosis escatológica) y no habíamos acabado de pensarlo cuando ya estaban otra vez 20 arriba, lamentable bajada de brazos de los Hurricanes mediante. Y cómo no volver con lo mismo ante la todopoderosa y plenipotenciaria y megafavorita Kansas, cómo no habrían de ser carne de cañón, ya esta vez sí, y en cambio lo que vieron nuestros ojos fue un extraordinario ejercicio de oficio, solidez y serenidad, la que mostraron tíos como Arcidiacono o Jenkins en los tiros libres finales (lo que vale eso a estas alturas) ante las sucesivas faltas a las que les sometieron unos desesperados Jayhawks. Hoy son por fin Final Four, y ni que decir tiene que se han ganado sobradamente el derecho a que ya no dudemos de ellos ante nadie; pero aún así resulta tentador pensar que no tienen un Buddy Hield, que de nada habrá de servirles su portentosa defensa ante el indefendible bahameño, que… Claro está, llegará el día en que pierdan y entonces nos faltará el tiempo para decir ¿ves? Si ya lo decía yo… Veremos si a este paso no habremos de esperar a la próxima temporada para decirlo.



NORTH CAROLINA

Hace ya casi un año (muy pocos días después de la Final Four 2015) me tiré al barro y proclamé a los Tar Heels como grandes favoritos al título en 2016. Me basé en que tenían de todo (y todo bueno, oigan), en que volverían casi todos (excepto el mano de piedra de Tokoto) y en que en aquellos días aparecían como grandes favoritos para llevarse al huerto a aquel escuálido y escurridizo Brandon Ingram que me había cautivado durante su fiesta de fin de curso (por otro nombre McDonald’s All American).north-carolina-advances-to-final-four-601a4a5e375b5ca5 Ni que decir tiene que en apenas unos días me arrepentí de mi enajenación mental transitoria: lo que tardó Ingram en cambiar de opinión y preferir Duke, lo que tardé en comprender que sin Tokoto defenderían aún menos que de costumbre, que andarían tal vez sobrados en cantidad y calidad pero no precisamente en competitividad. Mi arrepentimiento continuó en noviembre cuando al poco de empezar la temporada se dejaron su número 1 de la nación en cancha de Northern Iowa (tras remontada estrepitosa, para más inri); y continuó aún más si cabe en febrero, cuando en su propio Dean Dome su archirrival Duke les levantó un partido que tenían prácticamente ganado (dejando de paso en evidencia a Roy Williams ante Krzyzewski). Nadie en toda la NCAA parecía tener más ni mejores mimbres (salvo quizás Maryland, aunque ésa es otra historia); pero tenían también un no sé qué o un qué sé yo que por alguna extraña razón nunca acababa de encajar.

O tal vez sí. A comienzos de marzo devolvieron visita a Duke y ya que estaban allí les devolvieron también la gracia, ganaron brillantemente su temporada regular de la ACC, ganaron aún más brillantemente el Torneo de dicha Conferencia (apalizando impunemente a Notre Dame en su semifinal, derrotando con solvencia a Virginia en la Final) y se aprestaron a internarse en el Madness en su mejor momento de toda la temporada. Claro está que la historia de cada Madnees (y no digamos ya la de éste) está llena de equipos en-su-mejor-momento-de-toda-la-temporada cayendo a las primeras de cambio ante cualquier college ignoto, pero ese no fue el caso de estos Tar Heels: se deshicieron de un plumazo de la otrora revolucionaria Florida Gulf Coast, acabaron con los sueños de Kris Dunn y de paso con Providence, endosaron a unos ilusionados Hoosiers la friolera de 101 puntos (que ni los más viejos del lugar recordaban una anotación así a estas alturas del Torneo, casi desde los años locos de UNLV o Loyola-Marymount no se veía nada semejante) y finalmente se volvieron a zampar (pero esta vez ya sin empacho, no se les fuera a indigestar) a Notre Dame.jjf4 Llevan a día de hoy 9 victorias consecutivas, no pierden desde el 27 de febrero (en Virginia), dato al que ni se acercan siquiera sus otros tres compañeros de viaje. Nadie (salvo quizás Oklahoma, pero con muchos matices) llega tan sobrado a este tramo final.

Sus poderes se llaman Joel Berry (cada vez más hecho, cada vez mejor base), Marcus Paige (finalizada su aparente involución, de nuevo a un nivel excelso en estos días), Justin Jackson, Kennedy Meeks y por supuesto ese Brice Johnson de quien no volveré a hablarles porque ya tuvieron más que suficiente con la brasa que les di hace un par de meses, y que sigue aún plenamente vigente (e incluso corregida y aumentada) a día de hoy. Todo ello sin olvidar al supporting cast, un elenco de actores secundarios que podrían ser perfectamente titulares y rendir a gran nivel en cualquier otro sitio que estuvieran: Nate Britt, Theo Pinson, Isaiah Hicks, Joel James y hasta ese freshman Luke Maye que emerge muy de vez en cuando, ya llegará su momento. De lo bueno lo mejor, de lo mejor lo superior. Hace apenas un año les di como favoritos, luego me arrepentí, hoy casi empiezo a arrepentirme de haberme arrepentido. Apenas dos citas les habrán de quedar para acabar de disipar por fin todas aquellas pequeñas dudas (en cuanto a su competitividad, en cuanto a la fiabilidad de su coach en los momentos crujientes) que, aunque me cueste reconocerlo, aún permanecen agazapadas en mi interior.


SYRACUSE

No resulta fácil para un fan de Syracuse poner negro sobre blanco (o blanco sobre naranja, en este caso) toda la amalgama de sensaciones que se agolpan en mi mente desde el pasado sábado, tanto más si las comparo con las que se vinieron agolpando a lo largo de la temporada. Juego con ventaja: nunca me he considerado forofo ni fanático de ninguno de mis equipos (Rayo, Estu, Cuse), sino más bien un mero seguidor: incondicional, pero no enfermizo.syracuseF4 De esos raros especímenes que creen que hay vida más allá de su club/college y a quienes la ceguera por sus colores no les impide ver la realidad (muchos me llamarán tibio o aún peor, pseudo, pero es lo que hay). Y mi filiación Orange no me impidió ver el domingo 13 de marzo (Selection Sunday) el gran favor que nos hizo el Comité al otorgarnos plaza en el Madness en detrimento de mid-majors (o similar) como St. Mary’s, St. Bonaventure, San Diego State, Valparaiso, Monmouth o George Washington que acaso lo merecieran tanto o más que nosotros. Todo ello tras una irregular temporada plagada de picos (aquel título del Battle 4 Atlantis tras derrotar brillantemente a Texas A&M o UConn, aquel sonoro triunfo en el Cameron Indoor de Duke) pero también de profundos valles como el interinato de Hopkins o las estrepitosas derrotas ante nuestros archirrivales de toda la vida, en Washington ante Georgetown o en el Madison ante St. John’s (¡¡¡St. John’s!!!) Una temporada que superó con creces nuestras expectativas, pero sólo porque nuestras expectativas de comienzos de año (entre sanciones, bajas, huidas y caídas del cartel) estaban literalmente por los suelos. Una temporada de diez en el sentido literal de la expresión: puesto 10 de la ACC tras acumular 10 derrotas en el total de la Conferencia (Regular más Torneo), ante lo cual el Comité de Selección no pudo por menos que otorgarnos un seed 10. Pura coherencia.

Así que tras aquella derrota ante Pittsburgh (2ª Ronda del Torneo de la ACC) muchos dimos ya por hecho que éramos carne de NIT y nos predispusimos para disfrutarlo. Todo lo que haya de venir (si es que algo ha de venir) vendrá ya por añadidura, escribí yo por ahí abajo en aquellos días. Vaya si hubo de venir. A nadie le amarga un dulce, ya que estamos en el Madness vayámonos al menos con un buen sabor de boca, pensaba yo, y mi sabor de boca (dada mi cortedad de miras) no iba más allá de ganar a Dayton y hacer al menos un papel digno en 2ª ronda ante la megafavorita Michigan St. Quiso el des(a)tino que una universidad llamada Middle Tennessee (muy famosa en la zona centro del estado de Tennessee) se cargara insospechadamente a los Spartans dejándonos el camino expedito hacia el Sweet 16. ¡¡¡Sweet 16!!! Aquello era ya mucho más de lo que nos habíamos atrevido siquiera a soñar. Éramos carne de cañón, perderíamos ante una Gonzaga que llegaba en racha y con un imperial Domas Sabonis, y aún en el improbable supuesto de que no lo hiciéramos no tendríamos ninguna posibilidad de evitar que nos destrozara Virginia dos días después. Y el resto es historia (e histeria): remontamos 9 a los Zags y ya sólo con eso nos creímos en una nube, nos vimos 15 abajo ante Virginia y justo entonces a Boeheim se le ocurrió adelantar su emblemática zona 15 metros y poner a sus criaturas a presionar cada saque de fondo de los Cavaliers. Y a los de Bennett se les rompieron de golpe todos sus esquemas, y de tenerlo todo bajo control pasaron a tener (cada vez más) plomo en las piernas, y mis Orange empezaron a meter todo lo que no habían metido antes con la suprema tranquilidad de quien ya no tiene nada que perder.0329_Syracuse Sólo yo sé lo que disfruté en mi fuero interno (y en el externo) durante aquella madrugada del 20 de marzo, durante aquellos largos minutos que le robé al sueño y que no olvidaré ya jamás mientras el señor Alzheimer me lo permita. Créanme si les digo que a día de hoy aún no me lo acabo de creer.

Y todo ello con una rotación de apenas seis tíos y medio, una rotación de la que por cierto se cayó hace ya tiempo un Kaleb Joseph que entró en la universidad sin que dos años después la universidad parezca aún haber entrado en él. Con un Michael Gbinije reconvertido brillantemente en point-forward (cada vez más point y menos forward, cada vez mejor jugador, si la NBA no le quiere abaláncense de bruces a por él que además es cotonou, Nigeria mediante), con un Cooney que a ratos intenta hacer más cosas (y a ratos hasta lo consigue) además de enchufar de tres, con un DaJuan Coleman cuyo papel en la zona se limita básicamente a ocupar espacio (nunca sabremos qué habría sido sin lesiones) y con un mejoradísimo e impagable Tyler Roberson sin cuya eficacia y contumacia reboteadora Syracuse no estaría hoy donde está, ni de lejos. Y los tres freshmen, of course: un Franklin Howard que va teniendo poco a poco más minutos y habrá de ser el base de futuro de este equipo, y las dos joyas de la corona: Tyler Lydon (futuro cuatro abierto de libro) y Malachi (pronúnciese Málacai; Malaquías como si dijéramos) Richardson, puro dos reconvertido a falso tres por necesidades del guión, y a quien tras su explosión anotadora de esos maravillosos últimos minutos virginianos le deben estar comiendo la oreja (aún más si cabe) para que dé el salto, espero que ni él ni Lydon escuchen esos cantos de sirena y se queden al menos un añito más con nosotros, si bien a día de hoy reconozco que va a estar difícil. Y ya está, no hay más, la sempiterna (y extraordinariamente trabajada, y maravillosamente ejecutada) zona 2-3 a este lado, y a matar y morir del triple al otro. ¿Existe acaso alguna posibilidad por pequeña que sea de sorprender a North Carolina en la semifinal nacional del próximo sábado? Obviamente la respuesta es no, por supuesto que no… como tampoco existía ninguna posibilidad de sorprender a Virginia en la Final Regional, y sin embargo aquí nos tienen. Recuerden que este equipo se crece ante la dificultad (véase en Bahamas, véase en Duke, véase hace cuatro días en Chicago), recuerden una vez más que nadie es más peligroso que quien no tiene nada que perder. A las pruebas me remito.

UN AÑO EN 29 NOMBRES   1 comment

guiaBAmmDe nuevo las buenas gentes de BasketAmericano me pidieron un articulillo que resumiera la temporada regular NCAA para su impagable e imprescindible Guía del Madness, la mejor herramienta en castellano (no precisamente por mi aportación, sino por todas las demás) que puedan encontrar para seguir todo lo bueno que suceda en estos días. En realidad más que articulillo me salió un testamento (sí, se me fue de las manos), pero aún así lo compartiré aquí con ustedes abusando una vez más de su paciencia. Eso sí, permítanme que antes les haga una salvedad: este tocho se terminó de escribir el miércoles 9 de marzo, por lo que tal vez encontrarán en él inexactitudes y obsolescencias varias, alusiones a la burbuja o a las posibilidades de Final Four que se han quedado ya un tanto desactualizadas por el inexorable paso del tiempo (vamos, que a estas alturas está ya más antiguo que yo, incluso). Perdonen las disculpas, y gracias de antemano por su comprensión.

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29 nombres, 29 apellidos en riguroso orden alfabético. No estarán todos los que son, es imposible, pero sí son (dignos de destacar) todos los que están. Probablemente usted habría hecho otra lista, quitaría algunos, añadiría otros, se molestaría en llegar a treinta, no digo yo que no. Pero es que esta es la mía, qué le vamos a hacer. Esta es mi particular manera de reconocer a los principales actores de otra temporada inolvidable:

Jim BOEHEIM: Se me notarán los colores (naranjas) pero aún así no me voy a cortar a la hora de destacar la cuadragésima (¿se dice así?) temporada de este señor en Syracuse. Las perspectivas no podían ser más sombrías: becas recortadas, sanciones variadas, bajas inesperadas, moral por los suelos. Fueron a las Bahamas como las ovejas al matadero, pero ya que estaban allí decidieron que no iban a limitarse a disfrutar de sus playas sino que aprovecharían también para jugar al baloncesto. Y cómo. Victorias sobre Charlotte, Connecticut y Texas A&M, Battle 4 Atlantis al zurrón, expectativas disparadas, de repente ya no parecía que habláramos de un equipo destinado al fracaso sino de un favorito al título. Ni tanto ni tan calLe Moyne Syracuse Basketballvo, que decía mi abuela. Al sueño de Bahamas le sucedió la tozuda realidad del continente con un buen chorro de derrotas, coincidentes varias de ellas con los nueve partidos de suspensión del coach (nada que reprochar al bueno de Mike Hopkins, simplemente resulta imposible que una ruptura de tal calibre a esas alturas de temporada no afecte a cualquier equipo en gran medida, tanto más a uno tan tierno como éste). Empezó el calendario de conferencia, volvió Boeheim, volvió por fin la normalidad que es tanto como decir la irregularidad: lo previsto en un equipo que (una vez perdido para la causa Kaleb Joseph) movió apenas una rotación de siete jugadores (más bien seis y medio, que Franklin Howard apenas juega), todos ellos más o menos exteriores excepto un DaJuan Coleman que confirmó ser por fin de carne y hueso (mucha carne, menos hueso), hubo un tiempo en que llegamos incluso a dudar de su existencia. Tres freshmen que ojalá nos duren (Lydon, Malachi, por favor, al menos otro añito más), Tyler Roberson cogiendo rebotes por encima de sus posibilidades y todo lo demás descansando sobre las anchas espaldas de dos séniors, la muñeca incorrupta de Cooney y la sabia dirección de un Gbinije que en su tránsito del tres al uno se ha ganado el derecho a disfrutar de una sólida carrera profesional (mucho más probable a éste que a aquél lado del charco). Pese a todo mi balance final tiene que ser positivo, tanto más viniendo de donde veníamos, tanto más con el inolvidable recuerdo de aquella maravillosa noche en el Cameron Indoor de Duke. Todo lo demás que haya de venir (si es que algo ha de venir) vendrá ya por añadidura.

Malcolm BROGDON: Año tras año les amputan su principal miembro, año tras año se regeneran como si no hubiera pasado nada. No, no hablo de una película de zombies sino de Virginia, de la Universidad de Virginia para ser exactos. Que se les va Joe Harris y parece que se acaba el mundo, pues les rebrota Justin Anderson. Que se les va Justin Anderson y parece que se acaba el mundo, pues les rebrota Malcolm Brogdon.malcolm-brogdon-1 Brogdon evidentemente no es un advenedizo (como tampoco lo eran Harris ni Anderson) ni viene de ninguna parte, Brogdon tenía ya una sólida trayectoria (no sólo en el plano deportivo sino también en el académico, que al parecer es un cerebrito la criatura), era de esperar que le tocara liderar a estos Cavaliers 2016 pero resultaba difícil imaginar hasta qué punto, hasta ese punto que le ha llevado a ser proclamado jugador del año en la ACC. El equipo se fue construyendo poco a poco, con un comienzo ciertamente titubeante (aquella sonora derrota en cancha de George Washington), un largo proceso de afianzamiento, un breve bache tecnológico (caídas inesperadas en Virginia Tech o Georgia Tech) y luego ya una fase final de absoluta solidez, sin duda el concepto que mejor define a este equipo. O dicho de otra manera, que Tony Bennett lo ha vuelto a hacer, como ya lo hizo el año pasado o el anterior, como volverá a hacerlo el próximo o el siguiente aunque ya no esté Brogdon (ni Gill, ni Tobey), aunque hayan de regenerarse a partir de Perrantes, Shayok, Hall, tantos otros. No es magia, es ciencia, que diría el anuncio. O en realidad ni eso siquiera: trabajo, nada más (y nada menos) que eso.

Dillon BROOKS: Nadie como Dana Altman (otro de esos grandísimos entrenadores de los que se habla mucho menos de lo que se debería) para hacer de la necesidad virtud. El año pasado hizo encaje de bolillos tras haberse quedado casi sin jugadores, este año también se le cayó alguna pieza por el camino (pongamos por ejemplo ese Dylan Ennis que llegó de Villanova para hacer el done and one, y al que casi ni le dio tiempo a vestirse de corto) pero aún así ha logrado armar una auténtica maravilla de equipo,brooks suficiente para ganar brillantemente la temporada regular en la durísima Pac12 pese a contar apenas con una rotación de siete jugadores. Ahora bien, qué siete jugadores: el sobrio base Casey Benson, el maravilloso freshman griego Tyler Dorsey, el atleta Elgin Cook, los taponadores compulsivos Boucher y Bell, el espíritu libre Benjamin… y el canadiense Dillon Brooks, una categoría en sí mismo. En su primer año ya apuntaba grandes cosas, en este segundo las ha consolidado con creces convirtiéndose en la referencia de su equipo y en uno de los grandes de su Conferencia. Y lo mejor es que es sólo el principio, si no toma decisiones precipitadas (que espero que no) no descarten que un par de años acabemos hablando de él en los mismos términos que hoy usamos con (por ejemplo) Buddy Hield (y ya sé que son palabras mayores pero es lo que siento, luego cuando no sea así ya me lo echarán en cara). Todo a su tiempo, no vayamos tan deprisa, quedémonos aún en estos Ducks 2016: siendo muy grande lo que ya han conseguido, aún es más grande lo que pueden llegar a conseguir en este marzo. E incluso (no lo descarten) en el próximo mes de abril.

Jaylen BROWN: Si tienes ya jugadores como Tyrone Wallace, Jabari Bird o Jordan Matthews y se te aparecen además dos de los mejores freshmen de la nación, pues miel sobre hojuelas como suele decirse. Se las prometían muy felices en la Universidad de California con la llegada de Jaylen Brown e Ivan Rabb, tan felices se las prometían que no acabo de estar seguro de que sus resultados (aún siendo buenos) hayan estado a la altura de lo que esperaban.4-jaylen-brown-021717-getty-ftrjpg_16ttnfrizei681c183mge950pg En su cancha fueron inexpugnables (18-0), fuera en cambio fueron expugnados hasta en nueve ocasiones que parecen demasiadas para estos Golden Bears, ya veremos si tanto desequilibrio no da que pensar al Comité de Selección. Por el camino Ivan Rabb dejó claras dos cosas, que es un talentazo de deliciosos fundamentos y que está aún ligeramente tierno para empresas de este nivel. Cuonzo Martin le dio de entrada las llaves del reino (o sea, de la zona) pero tardó apenas unas semanas en comprender que utilizarle de única referencia interior con cuatro exteriores a su alrededor no tenía mucho sentido, en cuanto lo emparejó con un cincazo como Rooks u Okoroh todo fue ya sobre ruedas. Rabb es muy bueno y Jaylen Brown es (y va a ser) aún mejor, pero esa afirmación también requiere algún matiz: es tan bueno que se cree aún mejor de lo que es. Al Jaylen Brown que aterrizó en Berkeley se le notaba a la legua que había sido el puto amo en todos los equipos por los que había pasado, como el balón fuese de su propiedad y los demás fueran meros satélites a su alrededor. Claro está que eso puede estar muy bien en el insti pero en la uni chirría un poco, tanto más si tienes al lado a un pedazo de base como Wallace (y cuando éste se lesionó ya ni les cuento…) Afortunadamente el Brown de estas últimas semanas parece ya mucho más integrado en el equipo (y el equipo más integrado en él), trabajo de Cuonzo Martin mediante. Mimbres tiene para hartar, veremos en estos próximos días cómo acaba de salirle el cesto.

Kyle COLLINSWORTH: Tyler Haws llevaba (merecidamente) la fama, pero la lana la cardaba Kyle Collinsworth. Así fue hasta el pasado año, hasta que Haws se nos hizo profesional y se vino a hacer las galicias de tal manera que Collinsworth se quedó con la fama y con la lana, todo a la vez. Si el susodicho no jugara en BYU ni estuviera en una mid-major hablaríamos y no pararíamos de él, pero como está donde está se nos ha ido pasando desapercibido. Por eso no está de más recordar aquí que Collinsworth ha batido récords, pero no récords individuales ni dcollinsworthe temporada ni de equipo ni de conferencia siquiera: récords absolutos. Collinsworth suma ya once triples-dobles a lo largo de su carrera, lo que le convierte en (dicen los que cuentan estas cosas, así que tendré que creérmelo) el jugador con más triples-dobles en toda la historia de la NCAA. Repito: en toda la historia de la NCAA. Repito: once triples-dobles al cierre de estas líneas, cinco de ellos sólo en esta misma temporada. Verle en acción transmite una extraña sensación de omnipresencia: mete, rebotea, pasa, roba y tapona como si hubiera varios números 5, como si estuviera en todos los sitios a la vez. No es así (obvio), y ello lleva a que BYU sea un buen equipo pero no necesariamente un gran equipo. Suficiente para cuajar una temporada decente a nivel colectivo, suficiente para ganar en Gonzaga, manifiestamente insuficiente para ir al Baile: la derrota en semis del Torneo de la WCC les dejó sin posibilidades de soñar ni desde la burbuja siquiera. Eso sí, que le quiten lo bailao al bueno de Collinsworth. Si las puertas de la NBA no terminan de abrírsele (como a sus antecesores Haws o Fredette) sé de unos cuantos equipos de este otro lado del charco que deberían abalanzarse de bruces a por él. Ya están tardando.

Kris DUNN: Quizás la culpa no sea suya sino nuestra, quizás a veces se nos vaya la mano encumbrando a según quién, de tal manera que si luego no responden a nuestras expectativas no sea tanto por ellos como porque se nos dispararon las expectativas. Kris Dunn no tiene la culpa de que lo eleváramos a los altares antes de tiempo, Dunn es muy bueno y va a seguir siéndolo en NBA más pronto que tarde, pero una cosa es eso y otra que sea la quintaesencia del base moderno que creímos ver cuando nos enamoró (deportivamente hablando) en su año freshman y/o sophomore.dunn Enamoramiento individual y también colectivo, que ya puestos nos enamoramos también de Providence a comienzos de temporada y depositamos en ellos (buena parte de) nuestras esperanzas de que acabara por fin el reinado de Villanova en la Big East. Craso error. No he podido seguir a los Friars todo lo que me hubiese gustado en esta segunda mitad de curso (que ver partidos de la Big East es casi más difícil que ver la aurora boreal) pero sí lo suficiente para confirmar que apenas queda nada de aquel equipo deslumbrante que conocimos en noviembre. Al cierre de estas líneas (9 de marzo) Providence es aún un equipo de burbuja, burbuja que está a rebosar y reventará definitivamente el domingo 13 a las 11 de la noche dejando muchos heridos a su paso, sólo esperemos que los Friars no estén entre ellos. Y en lo que a Dunn se refiere basta mirar sus estadísticas para comprobar que hoy ya ni siquiera es el máximo anotador de su equipo (en otro tipo de base no pasaría nada, en un base jugón como éste chirría bastante el dato), honor que ahora corresponde por derecho propio al robusto a la par que eficaz Ben Bentl. Y es que es así, somos enamoradizos por definición pero es bien sabido que de la pasión al desengaño sólo hay un paso, no caigamos tampoco en ese error. Ojalá aún nos quede marzo para volvernos a enamorar.

Perry ELLIS: Hay séniors que parece que acabaran de llegar cuando se van y otros en cambio que parece que llevaran siendo séniors toda la vida, no me pregunten por qué. Perry Ellis pertenece a esta última categoría. Perry Ellis es el Jordi Hurtado de la NCAA, probablemente ya estaba en Kansas cuando ganaron el título en 1988 aunque los datos oficiales nos digan que en aquel entonces aún no había nacido, que ni estaba en proyecto siquiera.perryellis405 Perry Ellis no es de Kansas sino que es Kansas, sin preposición, ha visto pasar a su vera a Withey, McLemore, Manning (como assistant coach, no se me asusten), Wiggins, Embiid, Oubre, Mason, Selden, Diallo, tipos con los que nos hemos llenado y aún nos llenamos la boca, con Ellis no, como si los demás tuvieran mérito y lo de él en cambio viniera de serie, como si lo hubiera plantado el ayuntamiento de Lawrence, como si siempre hubiese estado ahí. Ni siquiera su nombre acudió en su ayuda, se llama exactamente igual que un legendario diseñador y una prestigiosísima cadena de tiendas de moda (caprichositos sus padres), prueben a guglearlo si no se lo creen, de hecho es el único jugador de la NCAA que puede ver su nombre aparecer en la publicidad estática mientras juega. Y todo ello con un aire de frialdad casi funcionarial, como si lo que sucede a su alrededor no fuera con él, él a lo suyo, salir, anotar, rebotear, pasar, ganar e irse, siempre guardando las distancias, siempre con ese hieratismo que hasta parece que te mirara por encima del hombro, siempre con más oficio que beneficio. Así toda la vida (aunque nos quieran convencer que fueron sólo cuatro años), así también este año, llénense la boca con quien quieran pero nadie puso más que él en estos irregulares Jayhawks que aún así volvieron a ganar por enésima vez la Big XII y llegan a estas alturas de temporada como indiscutibles Top 1 y máximos favoritos de la nación. En apenas un mes acabará el curso (quién sabe si con título en su zurrón), en apenas ocho meses empezará el nuevo, hay por ahí quienes aseguran que en esos nuevos Jayhawks 2016/2017 no estará, no podrá estar ya Perry Ellis. Tendré que verlo para creerlo.

Yogi FERRELL: Podría venderles ahora que Yogi es mi chico favorito y el sueño de mi vida y qué sé yo cuántas cosas más, pero probablemente se me notaría la impostura. Yogi es un magnífico base, vertiginoso y de portentosa muñeca, que sería aún mejor si tuviera algo menos de fe en sí mismo y un poquito más de fe en aquellos que le rodean. Es un extraordinario pasador, no les quepa la menor duda; lo que pasa es que a veces se esfuerza en disimularlo.Yogi-Ferrell Dicho lo cual, y como lo cortés no quita lo valiente, habré de reconocer que en momentos puntuales de este año sí que ha conseguido seducirme. Y lo tenía bien difícil, él y sus Hoosiers, con la espada de Damocles pendiendo sobre el cuello de Tom Crean y con un turbulento comienzo de temporada, fracaso en el Maui Invitational incluido. Sólo faltaba la definitiva lesión de Blackmon Jr. para que todo acabara de torcerse… o tal vez no. Indiana remontó el vuelo, a la habitual plasticidad de su ataque se sumó (ya era hora) una buena defensa, el indómito Thomas Bryant les dio por fin algo de consistencia interior y finalmente Yogi consiguió implicar a sus compañeros (sin desimplicarse él mismo por ello) en pos de un objetivo común. Los resultados saltan a la vista, brillantes campeones de la dificilísima Big Ten y a la espera de días mejores que seguro habrán de venir. Hoy ya no parece que penda ninguna espada sobre la cabeza de Crean, gracias al pedazo de temporadón que se han marcado estos Hoosiers. Mérito de todos ellos. Sí, también (y sobre todo) de Yogi Ferrell.

Greg GARD: Bo Ryan lo dejó todo atado y bien atado (frase mítica donde las haya). Primero amagó con marcharse a final de temporada, pero luego sorprendió a todos en su comparecencia del 15 de diciembre tras ganar a Texas A&M-Corpus Christi cuando anunció que ni un día más santo tomás. Y todos pensamos que estaba cansado, que la sombra de Kaminski y Dekker era demasiado alargada, que veía que con éstos no iba a ninguna parte y no quería comerse otro par de temporadas de transición hasta lograr ensamblar un equipo medianamente competitivo…gard O quizás fuera algo mucho más sencillo que todo eso, simplemente la constatación de que había llegado el momento, no tanto por agotamiento propio (que también) como por capacidad ajena: lo que a priori parecía un inmenso marrón para el interino Gard, a la larga resultó ser una bendición. Koenig, Showalter, Nigel Hayes, Vitto Brown y esa especie de proyecto de Kaminski 2.0 llamado Ethan Happ, transición si así lo quieren, pero también muchísimo más que eso: han ganado a Michigan State, a Indiana, a Ohio State, en Maryland, en Iowa, aún con el mal comienzo y las once derrotas que acumulan tienen aún serias posibilidades de entrar al Madness, créanme que eso está muy por encima de lo que cualquiera (¿incluso el propio Ryan?) hubiera podido imaginar a comienzos de temporada. Greg Gard está pidiendo a gritos (entiéndase en sentido figurado, que el hombre es discreto a más no poder) que le quiten de una vez por todas el cartel de interino y le retribuyan por fin de acuerdo a su mérito y capacidad. Todo se andará.

Buddy HIELD: Lon Kruger ha creado una criatura casi perfecta, fruto de que sus cuatro principales jugadores (Woodard, Cousins, Hield y Spangler) lleven tres temporadas completas saliendo como titulares y compartiendo treinta y tantos minutos por noche. Eso evidentemente tiene una inmensa virtud, la expresión jugar de memoria nunca fue más cierta que con estos tíos; y tiene también un pequeño defecto, cuando finalmente aflora el cansancio se les resquebrajan las costuras. Ahora bien, cuando tienes material de tanta calidad que se te resquebrajen las costuras es lo de menos.buddy h Y Woodard, Cousins y Spangler son francamente buenos cada uno en lo suyo pero lo de Hield es capítulo aparte, que les voy a contar que ustedes no sepan ya. Nadie, y cuando digo nadie quiero decir NADIE, fue tan determinante durante este curso como este bahameño apellidado Hield y a quien sus padres en un alarde de originalidad pusieron Chavano Rainer, que sustituyera todo eso por Buddy fue sólo cuestión de tiempo. Buddy ya nos epató en su año sophomore, ya nos entusiasmó en su año júnior pero en su año sénior ha rozado sencillamente lo paranormal. Los números difícilmente pueden explicar lo que ha hecho este tío pero aún así resulta tentador recurrir a ellos, recordar por ejemplo aquella noche del 4 de enero, aquel inolvidable Kansas-Oklahoma de las tres prórrogas que marcó casi un antes y un después. Aquella noche Hield anotó 46 puntazos (y 8 rebotes, y 7 asistencias) pero con ser grandes sus números aún más grandes fueron sus sensaciones, ese negarse a perder cuando todo parecía ya perdido, ese acabar reventado, ese seguir peleando hasta la extenuación. En apenas unos días será elegido jugador del año, en apenas unos días más puede estar recogiendo otro premio aún mucho más importante. En Oklahoma (y en muchos otros sitios, también) saben ya más que de sobra que con él todo es posible. Todo. No les quepa la menor duda.

Bob HUGGINS: Algún día (con más tiempo, más espacio, más paciencia) les contaré detalladamente lo mío con Huggins, que empezó mal y va camino de acabar en amor eterno (entiéndase en un plano meramente baloncestístico). Habré de reconocer (aunque me duela) que hacia finales del pasado siglo no le soportaba, lo cual tampoco tiene nada de particular porque daba la impresión de que aquel histriónico, histérico y desquiciado técnico de los Bearcats de Cincinatti no se soportaba ni siquiera a sí mismo.bob-huggins-092714-getty-ftrjpg_1fvaiq4lu6iea1kxbzxt2vkmpa Pasaron muchas cosas (quizás demasiadas) en su vida, pasó un infarto, un grave incidente de tráfico (driving under the influence, como dicen por allá), un traumático despido, una brevísima estancia en Kansas State y finalmente un regreso a su alma máter, su West Virginia de siempre. Los Mountaineers nos devolvieron otro Huggins, el Huggins del chándal, mucho más sereno y apacible (aún en su desmesura), aún mucho mejor entrenador. El Huggins que ganó el Torneo de la Big East y metió a su equipo en Final Four en 2010, el que una vez en la Big XII decidió dar una vuelta de tuerca a su carrera y convertir a West Virginia en Press Virginia con los resultados ya por todos conocidos: nadie presiona más (ni mejor) que ellos, nadie roba más balones, nadie provoca más pérdidas, nadie atrapa más rebotes ofensivos, nadie amarga más la vida de cualquier rival. Y todo esto, ¿con quién? El año pasado al menos tenía a Juwan Staten (que entonces nos parecía la quintaesencia en persona y hoy ahí anda el pobre ganándose la vida en los Delaware 87ers nada menos, esperando a que alguna franquicia NBA se apiade de él y se atreva a darle una oportunidad), este año ni eso siquiera: Devin Williams, Carter, Paige, Holton, Phillip, Miles, Adrian, buenos pero sin grandeza, estajanovistas incansables en defensa, recursos limitadísimos en ataque; ninguno pisará la NBA, algunos se ganarán la vida en Europa, unos cuantos ni llegarán a profesionales siquiera. Mi premio al Entrenador del Año sería siempre para quien hace más con menos, y nadie hizo más con menos este año que Bob Huggins. No hay para mí otro Coach of the Year, no ya en la Big XII sino en toda la NCAA.

Brandon INGRAM: Tenía un aire lánguido, era apenas un longilíneo montón de huesos, transmitía una terrible sensación de fragilidad pero joder cómo jugaba al baloncesto. Me entró por los ojos en aquel McDonald’s All American y ya no hubo manera de sacármelo, ni siquiera por el hecho de ir a Duke. El Ingram que reencontré en Durham ya no era tan frágil, ya había ganado peso (ya había perdido delgadez, más bien), ya sí tenía pinta de jugador universitario con todas las de la ley.Ingram_h79m8y4y_1mklw6tc_hfhsh0rr_1t72t8yg La suficiente para que los gurús de esto se entregaran de inmediato a las odiosas comparaciones (en USA les encantan, ya saben) y sacaran a relucir una vez tras otra el nombre de Kevin Durant. A ver, todo a su tiempo, para que Ingram se parezca mínimamente a Durant (más allá del físico) tendrán que pasar todavía unos cuantos telediarios, no nos volvamos locos. Dejemos que la vida siga su curso y mientras tanto recreémonos en lo que ha conseguido este año Ingram, que no ha sido poco: la lesión de Amile Jefferson y las pocas ganas de rotar de Krzyzewski le obligaron a tener que abandonar su zona de confort como tres y tener que oficiar a menudo de cuatro, incluso a veces de cinco cuando descansaba Marshall Plumlee. Lo pasó mal, no lo tuvo fácil, pero no duden que ese aprendizaje le vendrá de perlas en el futuro. Todo un máster, propiciado por las peculiares circunstancias de un equipo tan sobrado de talento como escaso de efectivos, algún día hubo que el Coach K sólo rotó a sus cinco principales supervivientes (Allen, Kennard, Jones, Ingram y Plumlee) cuando no le quedó más remedio, y así le fue. Año irregular este de Duke, que se vio fuera del Top 25 por primera vez en mucho tiempo y perdió más partidos en su otrora inexpugnable Cameron Indoor que en varias temporadas juntas. Y aún así las hazañas bélicas del niño travieso Grayson Allen (I hate Grayson Allen, próximamente en sus pantallas), la zurda incorrupta de Kennard y las diabluras de Ingram les salvaron finalmente de la quema. No descubro nada si les digo que esta Duke es tan capaz de plantarse de nuevo en Final Four como de caer otra vez en primera ronda, de una forma u otra una sola cosa tengo clara: suceda lo que suceda ése será el último partido de Ingram con los Blue Devils, en apenas tres meses le esperará (como mínimo) el número 2 del draft.

Brice JOHNSON: Ese mítico Kansas-Oklahoma del 4 de enero del que les hablaba en el párrafo dedicado a Hield tuvo además un indeseado efecto colateral, ya que opacó todo lo que sucedió a su alrededor. Y a su alrededor sucedió otro partidazo disputado apenas dos horas antes, un Florida State-North Carolina que habría hecho correr ríos de tinta si toda la tinta no hubiera ido a parar al Allen Fieldhouse. Vimos en Tallahassee una actuación individual casi paranormal, la de un Brice Johnson que se marcó aquella noche 39 puntos y 23 rebotes, con 14 de 16 en tiros de campo y 11 de 16 en libres.brice johnson1 ¿Hecho aislado? En absoluto. Sus números se dispararon en aquellos días por la puntual ausencia de su cómplice interior Kennedy Meeks, pero ya con Meeks ha cuajado actuaciones muy similares, pongamos por ejemplo 27 y 11 ante Wake Forest, 19 y 17 en Virginia Tech, 29 y 19 ante Duke, 16 y 15 ante Miami, 18 y 21 otra vez ante Duke (pero esta vez en Duke). Brice Johnson es el antidivo por antonomasia: tiene cara de no haber roto nunca un plato (y de que si lo rompiera se echaría a llorar), no es espectacular, no está especialmente musculado, no mete triples, no la rompe contra el aro, sus virtudes se limitan a un extraordinario saber estar en cancha, un tremendo instinto para el rebote (sobre todo ofensivo) y una maravillosa muñeca a tres/cuatro metros del aro, no más. Tan poco y tanto a la vez. Brice Johnson ha liderado (él, que jamás tuvo pinta de liderar nada) a estos irregulares y atípicos Tar Heels, unos Tar Heels en los que se esperaba el liderazgo de un Marcus Paige que se fue empequeñeciendo según avanzaba la temporada (prodigiosa involución la de este chico) y en los que sin embargo emergió la muy apreciable dirección de un cada vez más consolidado Joel Berry. Y Johnson, claro. Un Brice Johnson que fue el mejor del mejor equipo de la ACC, que hizo méritos más que sobrados para ser elegido jugador del año en su conferencia (sin que ello suponga hacer de menos a un Malcolm Brogdon que lo merecía tanto como él) pero al que perjudicó una vez más su aparente apocamiento, su infinita discreción, su papel presuntamente reservado a la intendencia. Brice Johnson no vende, no sabe venderse. Sólo esperemos que aún así alguna franquicia lo sepa comprar.

Jim LARRAÑAGA: Miren que hemos hablado largo y tendido este año de North Carolina, Duke, Virginia, Louisville, Syracuse y demás power houses de la ACC, pero con todo y con eso no puedo evitar la sensación de que estemos cometiendo un olvido imperdonable, no ya a nivel de esa conferencia sino de toda la NCAA. La Universidad de Miami, la de Miami Florida (nunca está de más aclararlo, que ya saben que hay otra en Ohio) ha vuelto a cuajar otra temporada extraordinaria, quizás no al nivel de aquella de Shane Larkin o Durand Scott pero tampoco demasiado lejos.larrañaga Y miren que al principio no nos lo queríamos creer, miren que ganaron de manera aplastante el Puerto Rico TipOff (Utah y Butler entre sus víctimas) pero de vuelta al hogar cascaron ante Northeastern y ello nos llevó a pensar que ya estaba aquí otra vez la Miami del pasado año, la que asaltaba el feudo de los Gators pero luego perdía ante Green Bay o Eastern Kentucky, la que era capaz de imponerse en el mismísimo Cameron Indoor de Duke para caer después ante Georgia Tech o Wake Forest, la Miami ciclotímica al compás de su no menos ciclotímico base Ángel Rodríguez. Pues no. Rodríguez sigue teniendo sus cositas (la mayoría de ellas buenas) pero ahora ya los Hurricanes no ganan sólo de vez en cuando sino un día sí y otro también, y no lo hacen de cualquier manera sino por aplastamiento, a ser posible. Físicos exuberantes (no exentos para nada de talento) que te desbordan en defensa y te abrasan en ataque, desde el propio Rodríguez al imponente Yekiri pasando por los Sheldon McClellan, Devon Reed (y sus respectivas muñecas), Kamari Murphy o Ja’Quan Newton (cuando no está sancionado), quizás la única excepción (que confirma la regla) sea nuestro Iván Cruz-Uceda, la más pura expresión del cuatro abierto que imaginarse pueda. Jay Larrañaga (lo diré siempre, para mí uno de los entrenadores más infravalorados de todo el baloncesto universitario) ha creado un monstruo, casualmente también uno de los equipos más infravalorados de esta Liga (al menos de momento, veremos si su hipotético despliegue durante el torneo de conferencia no hará que muchos cambien de opinión). Se hablará poco de ellos, pero estén seguros de que nadie querrá encontrárselos de camino a la Final Four. Al tiempo.

Chris MACK: Si a día de hoy me pidieran un pronóstico para Final Four, pueden estar seguros de que Xavier estaría entre mis cuatro elegidos para la gloria (todo será que cuando lean esto ya ni siquiera estén en competición, escribir con tanta antelación es lo que tiene). Tienen de todo y todo bueno. juego interior con Reynolds o el imponente Farr, juego exterior con el deslumbrante freshman Sumner, la estrella Bluiett, el trompetista Myles Davis o el ex hoosier Abell, fondo de armario con Macura, Austin y O’Mara…Chris-Mack Todo lo cual daría como resultado una gran plantilla pero no necesariamente un gran equipo, y ahí es donde entra en juego nuestro protagonista: Chris Mack ha montado (una vez más) una maquinaria perfectamente engrasada, una orquesta en la que nada ni nadie chirría: perfecta en estático, demoledora en campo abierto y enormemente agresiva en defensa, con mención especial a esa arriesgadísima zona 1-3-1 que practican de cuando en vez y que les sale a las mil maravillas. Unos Musketeers intensos, dinámicos, incompatibles con el aburrimiento a la par que tremendamente competitivos. No fueron número 1 (ni 2) de la nación en ningún momento del curso, pero de verdad se lo digo, a mí hay muy pocos equipos a día de hoy que me infundan más respeto, muy poquitos equipos con los que me gustaría menos cruzarme que con Xavier. Ahora no me dejen mal, por favor.

Nic MOORE: Qué pena, oigan. No entraré en la justicia o injusticia de las sanciones a Larry Brown y SMU (como no entré tampoco en la justicia o injusticia de las sanciones a Syracuse y Boeheim, aunque en este último caso mi filiación Orange me haga tener mucho más clara mi opinión), pero el no juzgar las causas no significa que no me den pena las consecuencias. O por decirlo de otra manera, haré mías (por una vez y sin que sirva de precedente) las palabras del mítico a la par que histriónico analista Dick Vitale durante un reciente partido de los Mustangs,nicmoore castiguen económicamente a la Universidad, sanciónenla con veinte millones de dólares si es preciso pero por amor de dios, no dejen a estas criaturas sin su Madness, ellos qué culpa tienen, no les penalicen deportivamente, no les roben el premio que se han ganado merecidamente sobre la cancha… (algo así). Me dirán que no les pilla de sorpresa, que desde antes de que empezara el curso ya sabían que acabaría así, pero ello no lo hace menos doloroso tras el temporadón que se han marcado, tras sobreponerse brillantemente a la ausencia de su coach y aguantar luego invictos más que nadie aunque en el sprint final Temple les arrebatara (no menos brillantemente) la AAC. Una pena para todos ellos, una pena sobre todo para un Nic Moore que hace un año pasó ya de bueno a grande y ahora deja SMU convertido por derecho propio en uno de los mejores directores de juego de la nación sin ningún género de dudas. Qué quieren que les diga, habremos de convenir que estos Mustangs tienen muy mala suerte desde que llegó Brown: en su primer año ya les dejaron injustamente (en mi opinión) fuera del Madness (esta vez sólo por razones deportivas), en su segundo año una decisión arbitral más que discutible (aquel goaltendind de Moreira vs UCLA) les privó de pasar ronda, en este tercero se vieron condenados a jugar por nada, a participar fuera de concurso. Y todo ello con un entrenador mítico donde los haya, y que a estas alturas (ya más cerca de los ochenta que de los setenta) no creo que merezca precisamente un final así. Qué pena, oigan.

Monté MORRIS: Puestos a hablar de Iowa State me pediría el cuerpo hacerlo de un jugador como Georges Niang por el que siempre profesé auténtica debilidad, pero en este caso (y aprovechando quizás una ligera disminución de rendimiento del susodicho en este año sénior) voy a reprimir mis impulsos para hablarles de otro sujeto de aún mayor protagonismo, el base Monté Morris. Solía decir yo hace un año que Morris era uno de los dos directores de juego más infravalorados de toda la NCAA (el otro era el virginiano Perrantes).montemorris Hoy ya no, pero no precisamente porque su rendimiento haya ido hacia abajo (más bien todo lo contrario) sino porque la consideración que se le dispensa ha subido como la espuma. Claro está, él se lo ha ganado a pulso, con actuaciones portentosas y con una cualidad que vale su peso en oro, la capacidad para resolver sobre la bocina. Todo un clutch man, no tienen más que preguntárselo por ejemplo a sus vecinos de enfrente (Iowa Hawkeyes), que lo padecieron en sus propias carnes. Con él al mando, más Niang, más el agujero negro Nader (sustituto a su vez de otro agujero negro, el lesionado Long), el díscolo McKay y el recién llegado transfer Burton (una bendición del cielo), de alguna manera estos Cyclones han conseguido casi la cuadratura del círculo, que apenas nadie se acuerde ya de una leyenda viva en Ames como Fred Hoiberg. Mérito también por supuesto de un Steve Prohm, que no rompió nada y, en aplicación de aquella vieja máxima del si funciona no lo toques, optó sabiamente por la continuidad. No le dio para atacar el reinado de Kansas (que eso son palabras mayores) pero sí para seguir siendo élite y afianzar lo ya conseguido en temporadas precedentes. No está mal para empezar.

Gary PAYTON II: Llamarte Gary Payton puede ser una bendición (en términos de genes, quizás también en términos de posibilidades formativas, de que te abra puertas que para otros estén cerradas) pero también puede ser un auténtico calvario en la adolescencia, sobre todo si no se sabe gestionar como es debido. Vara de medir superior al resto, odiosas (e injustas) comparaciones por ser hijo de, y hasta que a la hora de ponerte un apodo te rebauticen como The Mitten (La Manopla) por contraposición a The Glove.gary-payton-ii-ncaa-basketball-oregon-state-utah-850x560 Payton II hubo de encontrar (no sin dificultades) su propio camino, un camino que pasó por un JuCo antes de acabar por fin en ese mismo lugar donde su padre marcó una época, en los Beavers de Oregon State. Época por época, ésta que ha marcado su hijo es muy distinta pero no por ello menos importante. Payton II no es un base (no en la manera en que lo era su padre, no aunque a menudo le etiqueten como tal) sino más bien un point-forward capaz de gobernar un partido desde diferentes planos, como se refleja en su liderazgo en casi todas las categorías estadísticas y en su legítima candidatura a jugador del año en la Pac12. Y todo ello en un equipo de burbuja, una universidad en franco crecimiento desde que unió sus destinos a los del Coach Tinkle, divertidísima de ver y con aún más futuro que presente gracias a freshmen como el pívot (de deliciosos fundamentos) Eubanks y a los hijos del cuerpo técnico Tres Tinkle (que juega con el 3 a la espalda, en un supremo ejercicio de coherencia) y Stevie Thompson Jr. Ojalá quepan en este Baile, aunque sólo sea para que el bueno de The Mitten pueda despedirse como se merece. Para que pueda presentarse (por fin) en sociedad.

Jakob POELTL: Casi en cada partido que le veo sale a relucir el nombre de Pau Gasol, que es bien sabido que a los yanquis les encantan las (odiosas) comparaciones y nunca dejan pasar la oportunidad de evaluar el futuro en base al pasado o aún mejor, al presente. En todo caso el paralelismo puede estar bien tirado si lo vemos en términos de potencial, es decir, si pensamos no en el actual Pau sino en el de hace 16 años, el que acababa de ganar el oro de Lisboa y pugnaba por abrirse paso en el primer equipo del Barça.jakob-poeltl Claro que aquel Pau era más tres/cuatro y este Poeltl ya es un puro cinco, pero no pidamos a los analistas USA que hilen tan fino: simplemente ven en el vienés las formas y maneras del de Sant Boi y se tiran de inmediato a la piscina, luego ya el tiempo dará y quitará razones como dijo aquél. Poeltl tuvo que pasar su duro periodo de adaptación en NCAA (así con los rivales como con los árbitros, que tienden a pitarle falta en cuanto respira) y deberá pasarlo aún más duro en NBA, donde parece previsible que vaya a llevarse más palos que una estera hasta que consiga por fin ganarse el respeto que merece. Quizás no sea nunca una estrella (o quizás sí, quién sabe) pero sí que será con total seguridad un pívot muy importante (y muy bien pagado) en una Liga muy necesitada de ellos. Pero no vayamos tan deprisa, todo a su tiempo, dejémosle aún que disfrute de su merecida elección como jugador del año en la Pac12. Hoy por hoy su tiempo todavía está en Utah, hoy por hoy estos Utes aún deberían tener mucho que decir.

Dave RICE: En el deporte profesional (tanto más cuanto más profesional) cada vez es más frecuente que en cuanto vienen mal dadas caiga la cabeza del entrenador, es ley de vida, quede constancia aquí de que no me suelen gustar las decisiones traumáticas a mitad de temporada pero asumo que son el pan nuestro de cada día… Pero repito, en el deporte profesional. La NCAA mientras que no se demuestre lo contrario no es deporte profesional.dave-rice-unlv-getty-ftr-011016jpg_7rc44axieyf01s0xitseya2he Es decir, sí lo son los entrenadores (como lo son también los profesores, a cualquier nivel) que ganan una pasta en muchos casos mareante, no así unos deportistas que no ven un centavo (y pobre del que le pillen viéndolo) y juegan sólo a cambio de / como parte de su educación. La NCAA es deporte de formación, y como tal no parece que tenga ningún sentido cambiar al formador a mitad de curso simplemente porque el nivel de aprobados (es decir, de resultados) no responda a las expectativas. La Universidad de Nevada-Las Vegas decidió cargarse a Rice el pasado 10 de enero, en una decisión que tendrá algún precedente, no digo yo que no (a estas alturas ya casi nada sucede por primera vez) pero no me pregunten cuál es porque yo desde luego no lo conozco. En el momento del cese la UNLV estaba 9-7 en el global de la temporada, si bien sólo 0-3 en su recién empezada conferencia. Si les pica la curiosidad les diré que tras su cese las cosas tampoco fueron mucho mejor, un balance de 8-7 que sumado a lo anterior da un total de 17-14, tan solo 8-10 en una Mountain West en la que sólo fueron sextos y quedaron a años-luz del abrumador dominio de San Diego State. Vale, puede que muy lejos también de lo que esperaran conseguir con su McCaw y su Derrick Jones y su flamante freshman Zimmerman, pero aún así: ¿tan terrible era como para no poder esperar hasta marzo, para poner un mero parche a mitad de enero como si eso fuera a arreglar algo (salvo que existiera algún otro trasfondo detrás, que francamente lo desconozco)? Tienen ocho meses al año para tomar medidas, el curso baloncestístico (si no juegas postemporada) apenas dura cuatro, al menos durante esos cuatro meses dejen a los chavales en paz.

Domantas SABONIS: Doctor Jekill por dentro y Mster Hyde por fuera, Gonzaga empezó la temporada como el equipo más descompensado de todo el panorama NCAA. Creímos ingenuamente que sus inmensas virtudes interiores pesarían más que sus carencias exteriores (mención especial para el base Josh Perkins, que tiende a desesperarme cada vez que le veo), pero la realidad vino a poner las cosas en su sitio:domas primero fue la lesión de su fornido pívot polaco Karnowski, luego la progresiva desaparición de su cuatro abierto (tan abierto que más bien parece un tres, y al paso que va terminará siendo un dos) Kyle Wiltjer, que empezó la temporada como firme candidato a jugador del año y la va a acabar como firme candidato a la insignificancia. Así las cosas los Zags se agarraron desesperadamente al joven Sabonis como su única tabla de salvación posible, entregándose de inmediato al DomasSistema y la DomasDependencia. Era hacer el susodicho la cuarta falta e irse todos por las patas abajo, era hacer la quinta y proclamar su rendición incondicional. Gonzaga se ha marcado una temporada terriblemente irregular que hasta estuvo a punto de dejarle fuera del Madness por primera vez en lo que llevamos de siglo (y parte del anterior), afortunadamente salvaron los muebles en el Torneo de WCC ante BYU y (su bestia negra) St. Mary’s, con buenísimas actuaciones de Perkins y Wiltjer (más que nada para dejarme mal) y con un Sabonis sencillamente imperial, un Sabonis que en este segundo año ha superado con creces las (ya de por sí elevadas) expectativas depositadas en él. Toda una mili la que se ha currado el bueno de Domas, todo un curso acelerado de asunción de responsabilidades que le será de gran utilidad en un futuro. Un futuro que, dicho sea de paso, cada vez pinta mejor para él.

Ben SIMMONS: Pudo haber ido donde le diera la gana, pero escogió Louisiana State porque su padrino (y amigo íntimo de su padre, desde que ambos coincidieron en la liga australiana) ejercía de asistente allí. En el pecado llevó la penitencia. LSU es un equipo sin pies ni cabeza, en un sentido casi literal: a menudo no se sabe quién lo dirige sobre la cancha, a menudo no se sabe tampoco si alguien lo dirige desde el banquillo. Ni que decir tiene que la llegada de un prodigio como Simmons (cuerpo de cuatro, cabeza de uno, versatilidad absoluta, talento a espuertas) fue recibida como agua de mayo por el Coach Jones, ya otra cosa es que además supiera qué hacer con él:111715_simmons_1200 de entrada intentó convertirle en una especie de hombre-orquesta, el que la sube, el que la pasa, el que la tira y el que la rebotea, todo a la vez. El que saca los córners y el que los remata de cabeza, en terminología futbolística. Pero entre los muchos dones de la criatura aún no se encuentra el de la ubicuidad, así que el resultado fue un desastre; ligeramente atemperado según fue avanzando la temporada por la mejora del freshman Blakeney y la (re)aparición de un par de refrescantes piezas, el tirador Hornsby y el transfer Craig Victor que aportó al menos algo de consistencia interior. Vale también con Simmons ese eterno símil de la manta corta, si le pones a dirigir destapas tu juego interior, si (como parece indicar la lógica) le liberas y le acercas un poco al aro acabarás dejando la dirección en manos de cualquiera, en manos por ejemplo de un cabezaloca como Tim Quarterman, explosividad a raudales pero una toma de decisiones que no es ya que sea cuestionable, es que el día que acierta en algo redoblan las campanas en Baton Rouge. A día de hoy LSU lo tiene en chino para entrar al Madness (aunque cosas más raras hemos visto), claro que ello no debería afectar en exceso a un Simmons que en condiciones normales será número 1 del draft sí o sí aunque como tantas otras veces se estén sobredimensionando las expectativas a su alrededor: casi no hay partido en que no escuche a algún analista hablar de él como el próximo Magic o el próximo LeBron, y a mí me parece que esos son zapatos demasiado grandes para llenar. Simmons está a años-luz de la creatividad del primero, está a años-luz del físico del segundo, está a siglos-luz de la personalidad y el carácter de cualquiera de los dos. Simmons será simplemente el próximo Ben Simmons, y créanme que no es poca cosa. No le pidan más.

Shaka SMART: Muchos (yo el primero) nos pasamos de listos a comienzos de temporada, puff, Shaka en VCU estaba acostumbrado a jugadores muy versátiles que podían cubrir todas las posiciones, nada que ver con esta plantilla tan estructurada que se encuentra en Texas, bases muy bases y pívots muy pívots, se va a estrellar, hasta que no consiga construir un equipo a su imagen y semejanza no habrá manera de que estos Longhorns jueguen el baloncesto de aquellos Ramssmart Paparruchas. Quizás el punto de inflexión fuera la lesión del pétreo Cameron Ridley, tan desafortunada como cualquier otra pero a la que en este caso casi se le podría aplicar aquello de que no hay mal que por bien no venga ya que permitió el ascenso al quinteto titular de Prince Ibeh, mucho más móvil, mucho mejor defensor, complemento perfecto para el sempiterno cuatro abierto Connor Lammert. Claro que la verdadera transformación llegó por fuera, con DeMarcus Holland relegado a las profundidades del banquillo en beneficio del eficaz Kendall Yancy y/o de la Caja de Cerillas Javan Felix, cuerpo extraño (donde los haya) convertido por fin en líder espiritual de este equipo, liberando así de paso a su presunta estrella Isaiah Taylor de las engorrosas (para él) tareas de dirección. Y cómo no, otorgando cada vez más peso específico en la rotación a sus tres freshmen, Tevin Mack, Kerwin Roach y sobre todo un Eric Davis Jr. que (salvo indeseada huida precipitada) está llamado a regalar muchas tardes de gloria en Austin. Con ser buenos (por fin) los resultados (humillante derrota en casa vs Kansas al margen), aún mejores resultaron ser las sensaciones: aún no hablaremos de havoc (yo no me atrevería, al menos) pero sí diremos que en estos Longhorns se aprecia ya bien reconocible en defensa y ataque la huella de Shaka Smart.. No es ya que la felicidad haya llegado por fin a Texas (Universidad de) o que sus perspectivas sean inmejorables de cara al Madness, todo eso con ser bueno no es lo mejor; lo mejor es que es sólo el principio.

Melo TRIMBLE: Si dijera yo aquí ahora que tanto el de Maryland en general como el de Melo Trimble en particular me parecen dos de los más grandes fracasos de esta temporada (de lo que llevamos de temporada, más bien), probablemente me mandarían a esparragar. ¿Llamar fracaso a un balance de 24/7 en el global del curso, 12/6 en lo que se corresponde a su durísima Big Ten?melo-trimble Pues sí (en mi opinión, claro), porque Turgeon ha tenido entre manos una plantilla como casi no hay otra en toda la nación, así en términos de calidad como de cantidad: la muñeca de Sulaimon o Layman, la imponente versatilidad de Robert Carter, la pétrea presencia interior de Diamond Stone (nunca hubo nombre mejor puesto), la profundidad que te da tener tíos como Cekovsky o Dodd… Y cómo no, un base por el que hace nueve meses habrían bebido los vientos todas las franquicias en el draft si hubiera decidido dar ese paso que afortunadamente no dio, un Romelo (sí, así se llama) Trimble que a día de hoy ha empeorado sensiblemente su posición en los mocks con relación a la que tenía hace un año, sería un puntazo que se quedara otra temporada más para intentar reconducirla pero no sé por qué me da que eso no va a pasar (no vaya a ser que la empeore más todavía). Con estos mimbres Turgeon tendría que haber construido un cesto impecable y resplandeciente pero le ha salido uno más bien chuchurrío (para mi gusto, claro está, que habrá a quien le parezca precioso). Lo bueno es que tiene mucho margen de mejora, que no sería el primer plantillón que la caga en temporada regular y luego se sale cuando verdaderamente importa. No descarten que el cesto que exhiban en el escaparate del Madness no se parezca en casi nada a este otro que vemos a día de hoy. Más que nada por la cuenta que les tiene.

Tyler ULIS: ¿Quién es a día de hoy el mejor base de la nación (a nivel universitario, entiéndase)? Muchos se decantarán por Dunn, algunos románticos se acordarán (nos acordaremos) de Van Vleet, no serán pocos los que apuntarán hacia Trimble, Ferrell, incluso Morris… Bien, pues permítanme que yo aparque por un momento mi debilidad por el de Wichita y me incline definitivamente por Tyler Ulis.ulis-_ Ulis llegó a Kentucky hace año y pico y ya de entrada resultó evidente que era mucho mejor que Andrew Harrison (¿qué fue de los gemelos Harrison?), pese a lo cual fue asignado al segundo pelotón por una mera cuestión de antigüedad. Pasó un año, llegó su temporada sophomore, pareció que el puesto sería suyo pero negros nubarrones aparecieron por el horizonte, freshmen de postín como Briscoe y Murray que habrían de disputarle el puesto… o no. De alguna manera Calipari hizo suya aquella frase atribuida al mítico Dean Smith, no te empeñes en poner necesariamente un jugador por posición, empéñate en poner cinco buenos jugadores. Dicho y hecho, Coach Cal juntó a los tres en su quinteto titular y el resultado no pudo ser mejor, hasta el punto de que hoy resultaría muy difícil encontrar una pareja exterior mejor que Ulis-Murray en toda la NCAA: una especie de monstruo de dos cabezas rebosante de creatividad, actitud, aptitud y talento. Kentucky tuvo un año irregular, lo propio de un equipo sobrado por fuera y más bien escaso por dentro (y con Poythress a ratos por el medio), con alguna que otra derrota traumática (UCLA, LSU, quizás también Texas A&M por la manera en que se produjo) pero también con un montón de momentos de inusitada brillantez. Sirva todo ello para reivindicar (alguna vez tenía que ser) a un Calipari que este año ha demostrado que no sólo sabe remar con viento a favor, que con viento de costado también es muy capaz de optimizar el rendimiento de su nave. Nadie querrá cruzarse con ella en estos próximos días, por lo que pueda pasar.

Jarrod UTHOFF: Iowa me tapó por fin la boca… y luego me la volvió a abrir. Me explico. He rajado demasiadas veces de unos Hawkeyes que me encanta como juegan pero que son incapaces de acabar lo que empiezan, así se trate de partidos puntuales como de temporadas enteras. Así lo volví a hacer cuando a comienzos de temporada arrojaron por el sumidero (Monté Morris mediante) una cómoda ventaja en cancha de sus vecinos (y eternos rivales) de Iowa State.usa-today-9089781.0 Afortunadamente esta vez les faltó el tiempo para taparme la boca y recordarme que estoy mucho más guapo (o menos feo) calladito: acabaron espectacularmente con la imbatibilidad de Michigan State (éstos alegaron como coartada no tener a Valentine) y no contentos con ello volvieron a ganarles, otra vez de paliza, esta vez a domicilio, esta vez ya con Valentine. Y siguieron ganando acá y allá y acullá, y fueron felices y comieron perdices, y las portentosas actuaciones de este fascinante Uthoff le hicieron candidato a jugador del año no ya de su conferencia sino de toda la NCAA… Demasiado bonito para ser verdad, tal vez. Iowa ha vuelto a abrirme la boca, ha perdido (en el momento de escribir esto) cinco de sus siete últimos partidos, ha empezado a cuestionarse el presunto estrellato de Uthoff, ha cercenado de raíz sus legítimas aspiraciones de alcanzar por fin el título de la Big Ten. Si las temporadas acabasen a mediados de febrero serían candidatos al título, mientras sigan acabándose a primeros de abril seguirán siendo candidatos al fracaso. O no, quién sabe, al fin y al cabo aún están a tiempo de taparme otra vez la boca, y créanme que nada me alegraría más: por el Coach McCaffery, por el propio Uthoff, por tíos como Gessell o Woodbury que no merecen acabar con tan mal sabor de boca su periplo en la Universidad. Ojalá sea así, pero no me pidan que apueste por ello. Ya no.

Denzel VALENTINE: El ojito derecho de Izzo, y el de todos los que acuden a cada partido de East Lansing, y hasta el mío si me permiten que me sitúe a ese mismo nivel. Lleva siéndolo desde su año freshman, cuando era un inmenso montón de talento aún sin pulir,denzel-valentine-msu cuando Izzo lo acogió en su seno y se propuso convertir ese diamante en bruto en una piedra preciosa de incalculable valor (si fue capaz de sacar auténtico brillo de un pedazo de adoquín como Costello, qué no habría de hacer con una potencial joya). Así siguió haciéndolo en su año sophomore (cuando aún lideraba allí Adreian Payne) y en el júnior (cuando lideraba Branden Dawson), estaba más que claro que en este año sénior le habría de tocar a él… Y cómo. Los resultados han superado con creces las expectativas (y miren que estaban altas las expectativas), así a nivel individual como colectivo. En lo colectivo los Spartans empezaron demasiado bien (demasiado bien para el gusto de su coach, para el gusto de un equipo que siempre acostumbró a ir de menos a más), pasaron luego su particular bache (coincidiendo con la lesión de Valentine, casualmente) y ahora ya están por fin en su medio natural, no diga marzo, diga Izzo. Y en lo personal Valentine fue alma, corazón y vida, anotó y asistió y lideró y enamoró hasta el punto de que casi no hubo canasta espartana que no pasara por él. Y todo ello sin que Izzo rebajara ni por un momento su nivel de exigencia, sabiendo exactamente cuándo, cómo y dónde le tenía que apretar para optimizar su rendimiento aún más si cabe. Este Denzel Valentine es un verdadero prodigio, el indiscutible jugador del año si no existiera otro jugador del año llamado Buddy Hield (y aún así algunos nos atreveríamos a cuestionar esa jerarquía). Y sólo es el principio, aún le queda marzo (¿y abril?), aún le habrá de quedar una extraordinaria carrera profesional. Nunca le pierdan de vista.

Fred VAN VLEET: Wichita State empezó fatal la temporada y muchos, con el atrevimiento que sólo da la ignorancia, nos echamos las manos a la cabeza y dijimos que hasta aquí había llegado el reinado de los Shockers sin reparar en el pequeño detalle de que les faltaba Fred Van Vleet, que era como decir que les faltaba medio equipo. La cosa parecía estar gris oscura de cara al Madness, de cara incluso a su propia conferencia pero qué casualidad, fue reaparecer Van Vleet y empezar otra vez a ir para arriba.PAN Exchange Vegas Shocked Basketball La temporada regular distó mucho de ser un camino de rosas, pero aún así los Shockers ganaron sobrados su Conferencia del Valle del Missouri con cuatro victorias de ventaja sobre el siguiente. Todo parecía estar ya preparado para el happy end, para el fueron felices y comieron perdices, pero resultó que en Northern Iowa no eran de la misma opinión. Los chicos de Jacobson podrían haber dejado que Baker & Van Vleet se licenciaran en loor de multitud pero (egoístas como son) prefirieron eliminarles en semifinales del Arch Madness para al día siguiente ganarse ante Evansville (Culopollo Washpun mediante) su plaza para el March Madness por segundo año consecutivo. Así las cosas Wichita State vive al cierre de estas líneas (9 de marzo) en un sinvivir, en la duda de si el comité de selección ponderará más sus lamentables derrotas de non-conference (pero tenían coartada, recuerden) o su casi impecable ejecutoria en la MVC. Permítanme que haga campaña (como si no fuera ya a estar resuelta la burbuja en un sentido u otro cuando estas líneas vean la luz): en su año freshman Baker & Van Vleet fueron Final Four, en su año sophomore llegaron invictos al Madness (y sólo cayeron sobre la bocina ante el futuro finalista Kentucky), en su año júnior fueron sweet sixteen tras aquella inolvidable victoria ante sus todopoderosos vecinos de Kansas, con todo ese pasado sería una tristeza infinita que no pudieran decir adiós al Madness y se vieran abocados a despedirse en el NIT… He dicho (y si cuela, cuela).

Jay WRIGHT: Hay equipos que se me hacen bola, no ya equipos mediocres ni del montón sino buenos equipos, equipos que deberían de gustarme pero que me resultan estropajosos vaya usted a saber por qué. Claro está que todo ello me genera una cierta desazón, si son tan buenos a ver por qué yo no les encuentro el punto, así hasta que un día interactúas con otros enfermos de esto y descubres con alivio que a ellos también  les pasa lo mismo: no ya que también tengan equipos que se les atragantan, sino que se les atragantan casi los mismos que a ti: Pittsburgh (sobre todo), Baylor, San Diego St…. Villanova.031915_nova2_600 No, Villanova no (me) seduce, pero ello no me va a impedir reconocerle los méritos (como se los reconozco también a Pitt, Baylor y San Diego State por su no menos magnífica temporada, aprovechando la coyuntura), aunque me cueste: el Clooney de los Banquillos (o sea Jay Wright) lo ha vuelto a hacer, y no me refiero a interpretar el nuevo anuncio de Nespresso (que eso sería lo normal) sino a armar otro equipo sólido y correoso que lidere con paso firme la Big East: Arcidiacono (sénior ya, y parece que fue ayer cuando llegó), Hart, Ochefu, Brunson… Claro que esta vez fue un paso más allá y hasta se permitió liderar la nación entera por primera vez en su historia, o al menos así lo decidieron las autoridades cuando les mantuvieron durante unas pocas semanas en el Top1. Y nada tiene que ver que a algunos nos pareciera sobredimensionado ese número 1 (nuestro atragantamiento, ya saben), que pensáramos que en cuanto salieran de su burbuja de la Big East la iban a pifiar ni que los Mosqueteros de Xavier (quién si no) les pusieran hace algunas semanas en su sitio. Lo cortés no quita lo valiente (dicen), que estos Wildcats villanovenses no nos emocionen no significa que no merezcan nuestro respeto. Quede constancia pues, aunque el caprichoso orden alfabético los haya dejado para el último lugar…

Esto en ningún caso pretendió ser una relación exhaustiva, pero aún así sé que llevaré sobre mi conciencia no haber podido dedicar siquiera un párrafo a Ryan Anderson, Andrew Andrews, Dwayne Bacon, D.J. Balentine, Cat Barber, Alex Caruso, Quenton DeCosey, Andy Enfield, A.J. English, Kay Felder, Patricio Garino, Daniel Hamilton, A.J. Hammons, Aaron Holiday, Demetrius Jackson, Damian Jones, Roosevelt Jones, Damion Lee, Frank Martin, Egidijus Mockevicius, Tayshawn Prince, Justin Robinson, Wes Washpun, Maurice Watson Jr. y ese otro que ahora mismo no recuerdo pero que seguro que es el que usted está pensando al grito de ¡Joder, ¿pero es que a este tío ni lo va a mencionar siquiera?! No hablo de ellos por una evidente cuestión de tiempo (no doy para más) y por otra aún mucho más evidente cuestión de espacio: bastantes páginas me he comido ya, esta guía es un proyecto colectivo, aquí al lado hay gente que sabe de esto mucho más y lo explica mucho mejor que yo. Les dejo en buenas manos, disfrútenlo.

EL HOMBRE INVISIBLE   1 comment

Tienes que tener mucha mala suerte para anotar un día cualquiera 39 puntos, para atrapar 23 rebotes (y 3 robos, y 3 tapones, y 14 de 16 en tiros de campo, y 11 de 16 en libres) y que sin embargo al día siguiente (casi) ni dios hable de ti. Tienes que tener mucha mala suerte para que el partido de tu vida (de entre tantos otros partidos de tu vida) suceda precisamente en la misma noche en que se enfrentan el número 1 y el 2 de la nación para dar como resultado una verdadera obra maestra que habría de acaparar todas las portadas y (casi) todas las conversaciones apenas unas horas más tarde. Tienes que tener mucha mala suerte para que en el momento menos indicado se te aparezca Murphy para recordarte una de sus leyes más inexorables, aquella de que si en un mes hay dos acontecimientos que merecen la pena, ambos sucederán inevitablemente en la misma noche. Y si el tuyo sucede antes que el otro, y si aún por muy grande que sea no es tan grande como el otro, date inevitablemente por jodido. Aunque hayas hecho historia.

Brice Johnson es un ala-pívot de los que ya no se llevan. Puro cuatro aunque su físico parezca casi el de un tres, aunque su radio de influencia parezca casi el de un cinco. Brice Johnson es un cuatro de-los-de-antes, no es cuatro abierto ni parece que ya vaya a serlo nunca, no le verán salir fuera a tirar de tres ni puñetera falta que le hace.brice johnson1 Brice Johnson no anda sobrado de centímetros (le miden 2,06 con cierta generosidad), no es un dechado de fundamentos técnicos, no es un gran defensor, no tiene un atleticismo desbordante (no es que sea manco precisamente en esta faceta, sino que no llama la atención por ella), por no tener no tiene ni siquiera una musculatura especialmente definida. Pero Brice Johnson tiene dos cualidades por las que resulta impagable, a saber, una capacidad innata para el rebote y una extraordinaria muñeca a dos, tres, a lo sumo cuatro metros del aro, esas distancias cortas que parecen fáciles pero que para muchos son las más difíciles y en las que él posee ese soft touch que le hace definitivamente especial. Dos cualidades básicas que son obviamente fruto de una tercera, su inteligencia para situarse y saber sacar siempre partido de esa situación, para estar siempre en el lugar preciso en el momento justo. Comprensión del juego, lo llaman. No es poca cosa en estos tiempos que corren.

Brice Johnson es eficacia en estado puro, lleva siéndolo desde que hace tres años y medio aterrizó en Chapel Hill para enrolarse en los prestigiosos Tar Heels de North Carolina. Pero la eficacia no basta para recibir el brillo de los focos, razón por la cual su perfil ha estado siempre manifiestamente oscurecido en beneficio de otros que desprendían por sí solos mucho más fulgor mediático. Especialmente Marcus Paige, refulgente (¿y acaso ligeramente sobrevalorado?) base-escolta (mucho más escolta que base, aunque a menudo hayan tratado de disimularlo) que llegó a la par que él a Chapel Hill y a quien todos hemos considerado siempre el verdadero jugador-franquicia de este equipo (la expresión jugador-franquicia es manifiestamente incorrecta en baloncesto universitario, pero ustedes cogen la idea) como si en verdad lo fuera, quizás porque en verdad lo sea. Unos llevan la fbrice-johnson-marcus-paige-ncaa-basketballl-east-carolina-north-carolina-850x560ama y otros cardan la lana, y la fama se la tiene bien ganada Marcus Paige a base de actuaciones descollantes y canastones determinantes (alguno que otro sobre la bocina, incluso). Mientras tanto Brice Johnson sin hacer ruido siguió cardando la lana, cada vez menos ruido, cada vez más lana. A este paso llegará un día en que no le quedará ya lana para cardar.

En esta temporada 2015/2016 Brice Johnson ha seguido haciendo lo mismo que hizo siempre, sólo que aún más y mejor que siempre. Sigue reboteando con fruición en ambos lados de la cancha, sigue metiéndolas en las distancias cortas pero es que ahora además ha incorporado a su selecto repertorio el uso de la tabla, genial recurso técnico en peligro de extinción. Y añádase que hace algunas semanas se le lesionó su buen compañero de fatigas interiores Kennedy Meeks, lo cual le situó de buenas a primeras al lado de un Joel James que se parece a Meeks en el enorme espacio que ocupa y en absolutamente nada más. Vale que emergió desde el banquillo la impagable ayuda de Isaiah Hicks (otro que dará que hablar más pronto que tarde) pero ello no evitó que Brice Johnson una vez más haya tenido que multiplicarse, aún más si cabe: 25 puntos y 10 rebotes contra Tulane, 27 y 9 ante UCLA, 22 y 9 ante Appalachian State, 16 y 16 ante UNC Greensboro, 15 y 11 ante Georgia Tech, por citar sólo algunos ejemplos recientes.

Así hasta aterrizar este pasado lunes 4 de enero en Tallahassee para enfrentarse a los durísimos (tanto más en su casa) Seminoles de Florida State. Un equipo desbordante de energía y talento exterior (el magnífico base sophomore Xavier Rathan-Mayes más los reputados freshmen Bacon & Beasley) y con una pléyade de sietepiés como casi no hay otra en todo el baloncesto universitario, que además sean buenos ya es otro cantar. Recurramos al tópico: un toma y daca, un tira y afloja, un partido de poder a poder, un marcador de los que ya no se llevan en este baloncesto (ni casi en ningKennedy-Meeks-and-Brice-Johnson-e1449007071404ún otro) ni aún a pesar de que este año haya subido manifiestamente la anotación: 90-106, de los cuales 39 de un Brice Johnson que dominó (o como leí luego por ahí, sodomizó) a todas las torres que el bueno de Leonard Hamilton fue poniéndole por delante. Añádanle esos 23 rebotes y todos los demás números que les puse por ahí arriba y así entenderán que no resulte fácil recordar nada semejante, tanto menos en un baloncesto en el que no se juegan 48 minutos sino 40, en el que las posesiones no son de 24 segundos sino de 30. Marcarse un 30-20 no es precisamente frecuente en NBA así que no digamos ya en NCAA, de hecho la propia ESPN sacó rauda y veloz un rótulo anunciando que era el primer 30-20 en toda la historia (y será por historia) de North Carolina… si bien se columpió, ya que al parecer sí que hay un par de antecedentes protagonizados por Billy Cunningham en 1964. Repito, 1964, es decir, hace ya la friolera de 52 años. Y no me pidan que les enumere la inagotable constelación de megaestrellas que han vestido el azul celeste de North Carolina durante esos 52 años, háganme el favor.

Y sin embargo un instante más tarde la Universidad de Kansas (número 1 de la nación según unos, número 2 según otros) y la de Oklahoma (número 2 de la nación según unos, número 1 según otros) se citaron para disputar lo que debería haber sido un gran partido de baloncesto y acabó siendo un cuadro de Velázquez, una sinfonía de Beethoven, una catedral de Burgos, que cada uno escoja la obra de arte que mejor se adapte a sus características. Una locura inolvidable, un encuentro crepuscular que bien merecería por sí solo un artículo aún más largo que éste si fuera capaz de encontrar el tiempo y las fuerzas para escribirlo. Un acontecimiento de tal calibre que casi hizo desaparecer cualquier otro acontecimiento (a nivel de baloncesto universitario, entiéndase) que hubiera podido suceder esa misma noche a su alrededor. A estas horas ya se habrán dado cubrice johnson 2enta en North Carolina, me temo. No digamos ya en casa de Brice Johnson.

Es su sino, qué duda cabe. No es ya que apenas entre en las quinielas para jugador del año (quinielas que acaparan con todo merecimiento Kris Dunn, Denzen Valentine, Ben Simmons o Buddy Hield, todos y cada uno de los cuales bien merecerían por sí solos otro artículo si fuera capaz de encontrar el tiempo y las fuerzas para escribirlo), es que aún siendo uno de los más grandes jugadores que tiene ahora mismo el baloncesto colegial y jugando en una de las más grandes (y prestigiosas, y favoritas) universidades del país, casi no le reconoce ni el Google. Prueben a teclear su nombre en el buscador y verán como éste les responde quizás quisiste decir Bryce Johnson, como diciéndote estás tonto, lo has escrito con i latina en vez de griega, tú a quien en verdad quieres buscar no es a ese jugador de baloncesto que no le importa a nadie sino a este (al parecer) famosísimo actor guaperas que debe ser toda una celebridad en USA y en otros sitios pero a quien yo por desgracia no tengo el gusto de conocer. Definitivamente, Brice (sí, con i latina) Johnson es el hombre invisible.

Y seguirá siéndolo a lo largo de toda su carrera, basta con mirar las proyecciones pre-draft para comprobarlo. Algún mock se tiró el folio tras el partido del lunes y le ascendió hasta el puesto 10 pero no se lo crean demasiado, a día de hoy es mucho más corriente (y probablemente mucho más cercano a la realidad, por desgracia) encontrar su nombre confinado en las postrimerías de la segunda ronda, más en los 50 que en los 40. Tanto dará. Será profesional, jugará en la mejor liga del mundo, se ganará honestamente un buen sueldo, será muy probablemente otro John Henson de la vida (su antecesor en el puesto en North Carolina, por cierto). Eso que en otro tiempo (y otro lugar) solía llamarse jugador de club: la abeja-obrera que siempre ha de existir para que haya abeja-reina, el que acarreará las nueces cuando otros acaparen el ruido, el que seguirá cardando lana aunque otros lleven la fama, siempre desde la más absoluta invisibilidad. Bendita invisibilidad.

EL BAILE DE LOS BANQUILLOS   Leave a comment

guiancaa1516Un año más, las buenas gentes de Basket Americano vuelven a publicar su imprescindible Guía NCAA, acaso la mejor publicación de baloncesto universitario en castellano que encontrarse pueda en todo el mundo mundial, y en la que de nuevo me han hecho el honor de ofrecerme que les emborrone unas cuantas páginas. Y este año además por si no querían caldo fui y les di dos tazas, además de aquella que les ofrecí hace unos días les endosé también esta otra que les muestro a continuación. Que les sea leve…

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Cada verano (y finales de primavera, y comienzos de otoño), la expresión coaching carousel se adhiere como una lapa a nuestras sufridas mentes de NCAAdictos, una manera como otra cualquiera (una más) de mantenernos ocupados durante esos consabidos siete meses de ayuno y abstinencia. Cada offseason nos entretenemos (amén de con recruits, transfers, JuCos y demás fauna) con las renovaciones, ceses, fichajes, suspensiones, idas y venidas de los sujetos mejor pagados (tampoco es que haya mucha competencia a ese respecto), las verdaderas estrellas de todo este tinglado colegial.

Claro está que hay veranos y veranos. Hay años en que los cambios pasan casi desapercibidos, dos o tres que de tanto perder acaban cayendo por su propio peso, otras tres o cuatro universidades que decidan reinventarse y lo demás ya saben, el lógico arrastre y corrimiento de cargos que todo ello pueda acarrear. Y hay en cambio otros años absolutamente luminosos, años en que los cambios tampoco es que sean muchos (nunca van a serlo, dada la idiosincrasia de la competición) pero sí bastantes y además espectaculares, lo suficiente como para poner el mapa entero (y a alguna que otra conferencia, de paso) del revés. No hará falta que le diga que éste es uno de esos años, no hará falta que le recuerde los principales cambios porque a estas alturas los sabrá usted ya de sobra pero aún así le pido que tenga la bondad de acompañarme durante los siguientes párrafos para hacer un somero repaso a las novedades más destacadas (sólo las más destacadas, no tema, no huya despavorido), para así estar ya al cabo de la calle cuando el balón eche a rodar…

Shaka Smart quizá sea una de las mejores cosas que le han pasado al baloncesto colegial durante estos últimos años. shaka texasMás allá de aquel insólito periplo (de First Four a Final Four) en 2011, su extenuante defensa y agresivo ataque convirtieron a la modesta (o casi) VCU en uno de los equipos más apetecibles de ver a nivel nacional. Era cuestión de tiempo que empezaran a lloverle ofertas, las cuales fue despreciando olímpicamente hasta que por fin recibió una imposible de rechazar: Texas acababa de despedir (meses después de renovarle) a Rick Barnes, que por más y mejores mimbres que hubiera tenido durante estos últimos años había sido incapaz de hacer un cesto mínimamente consistente. Dicho y hecho. Shaka viajó de Richmond a Austin, firmó su contratazo, se convirtió en Longhorn de-toda-la-vida y se puso a la tarea, y el resultado de todos sus desvelos podremos empezar a apreciarlo ya en los próximos días. ¿Cómo encajarán ese tremendo havoc y ese dinámico juego de ataque, basado todo ello en jugadores tan móviles como versátiles e intercambiables, en una plantilla tan estructurada como ésta de Texas, con bases muy bases y pívots muy pívots? ¿Será éste por fin el gran año de Isaiah Taylor? ¿Veremos correr incluso a Cameron Ridley? ¿Será capaz Smart de cuestionar e incluso hacer que se tambalee la sempiterna hegemonía de Kansas en la Big12? No se pierdan el próximo episodio.

Ahora bien, tampoco se me vayan a preocupar por el futuro profesional de Rick Barnes, que al hombre ni le dio tiempo a apuntarse al paro siquiera, aún no había acabado de hacer cajas en Texas y ya estaba deshaciéndolas en Tennessee.barnes+from+ut+2 Curiosa la historia de estos Volunteers que han cambiado más de técnico que de camisa en estos últimos tiempos: con el histriónico (a la par que gran entrenador) Bruce Pearl fueron el hotel de los líos, con Cuonzo Martin creyeron ser felices hasta que éste les dio calabazas para marcharse a Berkeley, recurrieron a Tyndall como solución de compromiso pero cuando vieron que podían volver a ser el hotel de los líos (aunque en este caso no fueran suyos, que el susodicho ya los traía de serie) hicieron cruz y raya y se abalanzaron de bruces sobre Barnes que casualmente en ese mismo momento pasaba por allí. Barnes habrá conocido ya en su carrera todos los tonos de naranja, pasó del chillón de Clemson al arcilloso de Texas y pasa ahora al yema-de-huevo de Tennessee, esperemos que aquel prestigio tan bien ganado con sus Tigers y sus primeros Longhorns (cuando aún le salían bien los cestos) renazca ahora con los Volunteers, esperemos que aún estemos a tiempo de reencontrarnos con aquel gran entrenador que un día conocimos.

Éste de Tennessee es sólo uno de los múltiples cambios que podemos encontrar en una SEC a la que nos la han dado la vuelta como un calcetín. A ver, tampoco desparramemos, por supuesto que el Gabinete Calipari aún continuará en Kentucky como continuarán también los cuarenta minutos infernales de Anderson en Arkansas, los maravillosos histrionismos de Pearl en Auburn, los ojos inyectados en sangre de Martin en South Carolina, los silbidos a cuatro dedos de Stallings en Vanderbilt… Pero reconozcamos que cuatro cambios de entrenador es una cifra apreciable para una sola off-season y una sola conferencia. El más sonoro el de Florida, por supuesto. Billy Donovan llevaba años siendo carne de NBA, muchas veces estuvo a punto de dar el paso (de hecho una vez llegó a darlo, para arrepentirse inmediatamente después) pero ha sido este año cuando por fin ha pronunciado el sí quiero, de ahora en adelante tendrá ante sí la hercúlea tarea de domesticar a Westbrook para que sus portentosas facultades no resten (e incluso sumen, a ser posible) a la vera de Durant e Ibaka.michael-white-2 Para reemplazarle los Gators han recurrido a Michael White, entrenador aparentemente de perfil bajo (hasta en el nombre, Miguel Blanco como si dijéramos) pero que viene de hacer una magnífica labor en Louisiana Tech. White se enfrentará a un reto mayúsculo, el de hacer olvidar (o no añorar demasiado, al menos) al técnico que trajo dos títulos y otras tantas Final Four a Gainesville, el que logró que una universidad tradicionalmente footballística se convirtiera también en una potencia baloncestística a nivel nacional. Sólo esperemos que esa sombra de Donovan no sea demasiado alargada.

Mientras tanto en Starkville, Mississippi, decidieron que algo había que hacer. Mississippi State llevaba ya sin rascar bola desde los tiempos de Arnett Moultrie y Renardo Sidney (y tampoco es que rascaran mucha entonces), desde que Rodney Hood huyó despavorido a Duke. Así que puerta para Rick Ray (tres años después de dar puerta a Stansbury) y borrón y cuenta nueva otra vez para los Bulldogs.howland Claro que la cuenta nueva se llama Ben Howland, sujeto del que así de primeras habré de confesarles que no es precisamente santo de mi devoción. Howland impuso en su día un baloncesto obrero e industrial en Pittsburgh (muy en consonancia con la idiosincrasia de dicha ciudad), de pétrea defensa (hasta ahí todo perfecto) y pajizo ataque. Pittsburgh se me hacía bola (aún hoy con Dixon se me sigue haciendo) pero ganaba, por lo que Howland fue pronto llamado a metas mayores. Hizo el petate y se bajó con toda su metalurgia a la otra punta del país, a la soleada California, un lugar donde la mano de obra se estila bastante menos que el glamour. En la mítica UCLA así de primeras no le fue del todo mal. Pese a jugar con el freno de mano echado (lo que no dejaba de tener mérito, contando con tipos como Westbrook, Darren Collison o Kevin Love entre otros) consiguió alcanzar dos Final Four, para estrellarse sucesivamente en ambas contra la bicampeona Florida. Pero si a una propuesta basada casi exclusivamente en resultados le dejan de acompañar los resultados, el castillo de naipes acaba irremisiblemente por caer. Howland se fue al paro en 2013 y emerge ahora en 2015 para sacar del ostracismo a Mississippi State. Juega con dos ventajas: 1) que llega de la mano de uno de los freshman maravilla de este curso, Malik Newman; y 2) que con el listón tan bajo nadie le pedirá veleidades estéticas, con que lleguen los triunfos será más que suficiente. Veremos.

Tres cuartos de lo mismo en Alabama, cuya irregularidad (y algún puntual problema disciplinario, también) acabó costándole el cargo al bueno de Anthony Grant. Y para sustituirle no han buscado asistentes de relumbrón ni veteranos de prestigio ni técnicos de universidades menores, qué va, más bien han preferido rompernos por completo los esquemas:
Avery Johnson, aquel base sobrio y sacrificado que ganó un anillo con los Spurs, aquél a quien Montes rebautizó como Míster Bonobús porque siempre trazaba el mismo recorrido en su camino hacia el aro rival. Ejerció luego como entrenador en Mavs (donde le fue regular) y Nets (donde le fue mal), y luego nunca más se supo. Su averyexperiencia como técnico NCAA se reduce a cero, cero patatero, lo cual no tiene por qué ser malo ni bueno, es un mero hecho objetivo. Le van a pedir que reflote a esta Marea Carmesí, y no me negarán que así a priori la apuesta no puede ser más apasionante. Que además salga bien ya será otro cantar.

Claro que a todo hay quien gane: Si Avery no tiene experiencia en banquillos NCAA pero sí está curtido en banquillos NBA, el siguiente de quien vamos a hablar no tiene experiencia alguna como técnico ni en profesionales ni en universitarios ni en el patio de su casa siquiera (bueno, quizás ahí sí). Vamos, que no ha entrenado ni ejercido de asistente jamás en la vida, lo cual no evitará que la mera mención de su nombre nos haga ponernos metafóricamente (e incluso físicamente) en pie:mullin Chris Mullin, aquél que está ya por méritos propios en el Salón de la Fama (desde 2011), que ganó dos oros olímpicos y que sentó cátedra durante más de una década en Golden State y aún antes en su Universidad de St. John’s, justo la misma que se ha agarrado ahora a él como a un clavo ardiendo para intentar recuperar parte de su prestigio perdido. Un prestigio que desde la marcha del legendario Lou Carnesecca no hizo más que decaer, por más que durante esta última etapa de Steve Lavin pudiera parecer lo contrario: su postrera (a la par que insospechada y un tanto discutible) invitación al Baile no evitó que acabaran la temporada como un solar, un solar que tras el cese de Lavin se acrecentó aún más si cabe. Mullin llegó como revulsivo y se encontró un erial, (casi) nadie a quien entrenar, todo el trabajo aún por hacer… Nada que debiera preocuparle, que los banquillos aún está por ver cómo se le den pero los despachos se le dan como hongos (por qué se dirá esto), lleva en ellos desde que se retiró más o menos. Contrató de inmediato a dos asistentes con buena fama de reclutadores y se puso a la tarea mañana, tarde y noche, asumiendo que casi todo lo bueno (cinco y cuatro estrellas) estaba ya pillado, rastreando hasta debajo de las piedras. El resultado es un equipo con nueve (¡¡¡9!!!) jugadores nuevos, cinco de ellos freshmen, uno de ellos nuestro Yankuba Sima. Un montón de novatos sobre el parquet dirigidos por un novato en los banquillos, un proyecto al que habrá que conceder tiempo y paciencia… y sin embargo un proyecto tremendamente apetecible de ver, por todo lo que representa, por ser quien es quien lo representa. Ojalá les salga bien.

Y si lo de Mullin les agrada aunque les chirríe (o viceversa), lo que viene a continuación no les chirriará ni les agradará menos tampoco. Les presento (aunque tampoco debería necesitar ninguna presentación) o otra ex leyenda NBA, otro sujeto que fue varias veces all star. Señoras y señores, con todos ustedes Mark Price;MAIN_MarkPrice_UNCC_HeadCoach-afb70961 pinta de yerno ideal, dirección de juego impecable, muñeca de seda (de los mejores lanzadores de tiros libres que haya dado este juego en su historia), base indiscutible de aquellos elegantísimos Cavs de finales de los ochenta y primeros noventa que cuando dejaron de estrellarse contra los Pistons empezaron a estrellarse contra los Bulls; a su vera Craig Ehlo, Larry Nance (sénior, obviamente) y aquel maravilloso ex Tar Heel, Brad Daugherty. Todo lo cual estuvo muy bien, como no estuvo mal tampoco haberse ganado luego muy dignamente la vida como asistente en chiquicientos equipos NBA durante todos estos años, de hecho hasta hace apenas unos meses se la ganaba muy bien ganada en los jordanescos Hornets (ex Bobcats) de Charlotte. Así que cuando la Universidad de Charlotte dio por terminada la etapa Major (tiempos difíciles, con abundantes problemas de salud) y decidió ponerse a buscar un nuevo técnico tampoco tuvo que ir muy lejos, de hecho lo fue a encontrar a la vuelta de la esquina. Vale aquí lo dicho sobre la inexperiencia de Mullin, será éste también el primer trabajo de Mark Price como head coach (y su primer trabajo de cualquier clase en NCAA que yo sepa, ya que todas sus anteriores prácticas como asistente lo fueron en NBA); como vale igualmente aquí el mismo deseo que con Mullin: ojalá que le vaya bonito.

Y de Charlotte a Ames, Estado de Iowa, sede la Universidad de Iowa State. Un lugar donde Fred Hoiberg (otro yerno ideal, por cierto) lo tenía todo, lo era todo, una ciudad entera y casi medio estado rendido a sus pies. El Alcalde le llamaban, el Puto Amo le habríamos llamado aquí que somos más ordinarios. Pero es bien sabido que el hombre es un ser inquieto por naturaleza, siempre en trance de mejorar aunque sea a costa de asumir riesgos, de sacrificar su propia zona de confort. A la llamada de esa NBA en la que un día le conocimos no pudo decir que no, tanto menos si dicha llamada venía de un lugar tan apetecible como Chicago.prohm Para allá que se fue con su Pau y su Niko, con su Butler, su Rose y su Noah, a intentar devolver un poco (o un mucho) de alegría a aquellos Bulls tristones que legó Tibodó. Y dejando de paso a sus Cyclones de toda la vida con un palmo de narices… o no del todo: otearon el horizonte, vieron lo que había en el mercado y se fueron de cabeza a por Steve Prohm, técnico que ha hecho una extraordinaria labor durante estos últimos años al frente de Murray State (contar a sus órdenes con bases como Isaiah Canaan y Cameron Payne también ayudó, claro) y que representa además una clara apuesta por la continuidad en su estilo de juego. Con él los Cyclones seguirán haciendo honor a su nombre (aún más si cabe) en ésta 2015/2016, con él volverán a ser legítimos aspirantes (como Oklahoma, como la antes mencionada Texas) a desbancar del trono a Kansas. Palabras mayores.

Y si hablamos de equipos divertidos cómo no mencionar a los Sun Devils de Arizona State, equipo sumamente apetecible de ver sobre todo en su casa gracias a ese teatrillo que montan para distraer al rival en los tiros libres, y que no tiene parangón (que yo sepa) en toda la NCAA. Claro que en lo tocante a baloncesto no pareció haber tanta diversión es estos últimos años, menos quizá de la que esperaban con todo su Jahii Carson y su McKisssic y su Bachynsky y demás familia. ¿Solución? Pues la de siempre, Sendek a la calle y a buscar alguien que devuelva la ilusión, alguien cuyo mero nombre evoque resonancias pretéritas y legendarias…Hurley Bobby Hurley fue el base del mejor equipo de Duke que vieron los siglos (y miren que hay donde escoger), aquel con Grant Hill y Christian Laettner que se proclamó campeón consecutivamente en 1991 y 1992. Más allá le esperaba el profesionalismo, la fama y el dinero, todo lo cual se habría cumplido a rajatabla si aquel terrible accidente no le hubiera destrozado la carrera, de hecho a punto estuvo de destrozarle bastante más que eso [Lean al respecto (si no lo hicieron ya) el magnífico artículo que escribió Iker García en la Guía del pasado año, La Zanja]. Intentó volver al baloncesto pero el baloncesto no logró volver a él, se retiró oficialmente cinco años más tarde y casi desapareció de nuestras vidas, casi nos olvidamos de él. Un día no lejano reapareció como técnico asistente a la vera de su hermano menor, otro día aún menos lejano ascendió a head coach y se marchó a la humilde Buffalo… Y el resto ya se lo saben: brillante título de la compleja Mid-American Conference, viaje al Baile, reputación que sube como la espuma, media América (ligera exageración) le quiere, Arizona State se abalanza sobre él antes de que se lo quiten. No lo va a tener fácil, tanto menos en esta Pac12 que volverá a ser una de las más disputadas conferencias de la nación. Pero es que nadie dijo que fuera fácil. Y no me negarán que merece la pena intentarlo.

musselmanY antes de acabar no me resisto a sacar todavía a colación otro par de nombres: de un lado el Hombre-Mejillón, Eric Musselman, un obseso de esto, un sujeto del que dicen que hace honor a su apellido porque es capaz de pasarse las 24 horas del día (y porque no hay más) encerrado en su caparazón sin pensar en otra cosa que no sea baloncesto. Entrenó a Kings y Warriors, fue asistente en Arizona State (sí, con Sendek) y LSU y llega ahora a Reno para intentar reflotar a la Universidad de Nevada, en el que (creo que) es su primer trabajo como técnico-jefe NCAA. Que sea para bien. Y del Mejillón al Lechón (dichos sean ambos con todo el respeto y el cariño, faltaría más), Dave Leitao, lo de Lechón no es mote sino apellido traducido literalmente del portugués (de baloncesto no les aportaré nada, pero al menos me aprenden idiomas). Leitao (de antepasados caboverdianos, por si se lo estuvieran preguntando) hizo un magnífico trabajo en De Paul durante los primeros años del presente siglo, suficiente para que nada menos que Virginia pusiera sus ojosleitao en él. Pero en los Cavaliers fue de más a menos hasta acabar casi en nada, tanto que finalmente optaron por cargárselo e irse de cabeza a por Tony Bennett, sabia decisión donde las haya.
Y de Leitao nunca más se supo… hasta ahora, que vuelve precisamente a De Paul. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero también dicen que no hay regla sin excepción. Y tiene dos ventajas, que conoce la casa y que el listón aquí ya no es que esté bajo sino que está literalmente por los suelos, a poco bien que lo haga mejorará con creces la desastrosa herencia de Purnell. Ojalá sea así, ojalá a medio/largo plazo volvamos a ver competir de verdad a esta histórica Universidad.

Y hasta aquí, que por esta vez ya les he entretenido (o aburrido) lo suficiente, que queda mucha Guía y mucha Liga por delante. Disfrútenlas, háganme el favor.

CINCO SEGUNDOS   1 comment

guiancaa1516Un año más, las buenas gentes de Basket Americano vuelven a publicar su imprescindible Guía NCAA, acaso la mejor publicación de baloncesto universitario en castellano que encontrarse pueda en todo el mundo mundial, y en la que de nuevo me han hecho el honor de ofrecerme que les emborrone unas cuantas páginas. El primer fruto de dicho emborronamiento es éste que les dejo a continuación, espero que sepan perdonármelo…

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La vida es eterna en cinco minutos, cantaba hace ya demasiados años el siempre añorado Víctor Jara. La vida es eterna en cinco segundos, esto último no lo cantó nadie (que yo sepa) pero podríamos cantarlo a coro todos los aficionados al baloncesto. Cinco segundos, un suspiro, un golpe de tos, una distracción irreparable, un fragmento infinitesimal de nuestra existencia. Casi se tarda más en escribirlos o en leerlos que en vivirlos. Cinco segundos, apenas nada y sin embargo todo. Todo lo que necesitas para comerte el balón o para que se lo coma el de enfrente, para no poder sacarlo tras agotar el bote (o aún botándolo, si de NCAA hablamos), para provocar una pérdida del rival. Todo lo que necesitas para dar un vuelco o para recibirlo, para empezar a ganar o acabar de perder, para arruinar una victoria o salvar una derrota. Cabe un partido entero, una temporada entera, una vida entera en cada cinco segundos.

Cinco segundos, todo lo que tienes que quitarle a 35 para que la resta dé 30 (maravillosa perogrullada). La ínfima, enorme distancia que separa el juego del ayer y el del mañana, el baloncesto universitario que un día conocimos y el que estamos conociendo desde ya, el que muy probablemente estará ya en juego cuando ustedes lean estas líneas. Nada y todo, parece casi un mundo pero créanme que antes hubo otros mundos, créanme que algunos que peinamos (demasiadas) canas siempre podremos contar que cuando empezamos a seguir este baloncesto las posesiones ni siquiera eran de 35 sino de 45,NCAA_Shot_clock eso porque llegamos demasiado tarde a la NCAA (más bien fue la NCAA la que llegó demasiado tarde a nosotros), de haber llegado sólo un poquitín antes habríamos conocido un baloncesto colegial sin reloj de posesión. No, no vayan a pensar que estoy hablando de los tiempos de Naismith, que uno tiene años pero no tantos. Hablo de los primeros noventa, de los felices ochenta. Para ponerlo en perspectiva: aquella histórica final de 1993 que la UNC de Dean Smith ganó a los Fab Five de Michigan (sí, la del terrible tiempo muerto de Chris Webber) aún se disputó con posesiones de 45 segundos. Y aquella no menos histórica final de 1985 que la insospechada Villanova de Rollie Massimino ganó a la mismísima Georgetown (aún con todo su Pat Ewing en el centro de la zona) aún se disputó sin control alguno de posesión.

Piensen en esa fecha, 1985, y reparen por un segundo en que para entonces la NBA llevaba ya la friolera de 30 años (desde 1954, concretamente) con sus 24 segundos, superando así dramas como el de aquel Pistons-Lakers de 1950 que acabó 19-18 (sólo 13 tiros de campo, sólo 8 canastas en 48 minutos de juego) o aquel otro Nats-Knicks que los primeros ganaron 75-69 tras anotar 75 de esos puntos (o sea, todos) desde el tiro libre, se ve que no encontraron los Knicks otra manera de que soltaran el balón. Es más, incluso la esclerótica FIBA también lo instaurslow motionó en los cincuenta (si bien aquí de 30 segundos, alegrías las justas) tras numeritos como aquel mítico Yugoslavia-Israel del Eurobasket’53, empate a 55 en el minuto 40, victoria yugoslava 57-55 en el minuto 60 (es decir, 2-0 en el total de las cuatro prórrogas): cuentan que los plavi se llevaban el balón en cada salto inicial y durante cuatro minutos y pico de cada prórroga se limitaban a aguantarlo sin hacer nada con él, para acabar tirando a canasta sólo en los últimos segundos; obviamente sólo en la última prórroga consiguieron acertar…

Sí, la NCAA como organización siempre fue mucho más conservadora para estas cosas (y para muchas otras) que el baloncesto profesional, qué les voy a contar que ustedes no sepan. O quizás no fuera sólo conservadurismo, acaso creyeran firmemente que las cosas tenían que ser así. No se me extrañen, más de una vez durante estos últimos años escuché voces autorizadas reivindicando que esa posesión de 35 segundos que aún se estilaba en el baloncesto colegial debería hacerse también extensiva a todo el baloncesto de formación sobre la faz de la tierra. Su argumentario resulta irreprochable, claro: la principal finalidad del baloncesto de formación es formar como su propio nombre indica, difícilmente podrá el jugador joven adquirir conceptos, automatismos, mecánicas y fundamentos imprescindibles para mejorar en su deporte si pende permanentemente sobre su cuello esa espada de damocles de que en cuanto se demore o se descuide le va a sonar la bocina. Nada que objetar, como tampoco tendría por qué haber nada que objetar al argumento contrario: qué mejor manera de formar a un chaval para el (hipotético) baloncesto profesional que recreando, ya desde las primeras etapas de su formación, exactamente las mismas condiciones que luego habrá de encontrarse en ese (supuesto) baloncesto profesional. Ya se sabe, teorías siempre va a haber para todos los gustos, sólo hace falta encontrar la que mejor 2009-07-07-shot-clockse adecue a nuestra manera de pensar.

Desde la propia NCAA (y aledaños) se han alzado también durante este verano toda clase de voces en un sentido y en otro, acerca de ésta (tan aparentemente nimia) reducción de cinco segundos: la gran mayoría abiertamente a favor, a qué negarlo, pero también alguna que otra muy significativa en contra: según ellos esta menor posesión aumentará la efectividad de las defensas presionantes, lo que redundará en un número mucho mayor de malos tiros, lanzamientos desesperados sobre la bocina y/o pérdidas de balón, supongo que por ese efecto damocles del que antes les hablaba. Todo lo cual (según ellos, reitero) no redundará en marcadores más altos, más espectáculo y mejor baloncesto sino en todo lo contrario: malas decisiones, posesiones inacabadas, violaciones por doquier, basket interruptus y todo ello a la par que una deficiente formación del jugador. Podrá usted estar o no de acuerdo pero no lo descalifique así de entrada, entre otras cosas porque detrás de esta opinión hay voces tan autorizadas como la de (por ejemplo) Tom Izzo. Que algo sabe de esto, me temo.

Claro está que yo juego con ventaja, probablemente usted también. Yo no tengo que verlo con ojos de técnico ni de experto ni de analista profesional, mi punto de vista es el del mero aficionado, con eso tengo más que suficiente. Y como mero aficionado que no puede vivir sin su dosis diaria de NCAA durante cinco meses al año (y que aguanta el mono como buenamente puede en los siete meses restantes), todo lo que contribuya a mejorar (aún más si cabe) este espectáculo lo recibo con los brazos abiertos. De hecho aunque sólo fuera por una mera cuestión matemática ya merecería la pena: si usted divide 40 minutos entre 30 segundos le salen 80 posesiones por partido, si los divide entre 35 las posesiones no llegan ni a 70. Dado que las posesiones no siempre se agotan (afortunadamente), quizás no resulte descabellado afirmar que en cada partido que veamos disfrutaremos de (pongamos) quince o veinte posesiones más, dato éste meramente indicativo y sin ningún valor científico pero que probablemente se aproxime bastante a la realidad. Es decir, quince o veinte ataques, quince o veinte defensas, quince o veinte tomas de decisiones, quincshotclock30e o veinte tiros (o robos, o pérdidas, o sucesos varios) más de los que hasta ahora estábamos acostumbrados a ver en cada partido. Quince o veinte razones más para disfrutar.

Todos esos catastrofismos acabarán (espero) dándose de bruces con la cruda realidad, de hecho ya se dieron hace unos meses cuando la propia NCAA ensayó la reducción en el NIT. Partidos plásticos y bien jugados, en los que todo fluyó con plena normalidad sin que en ningún momento pareciera que equipos tan contrastados como Stanford, Miami o Temple se sintieran para nada incómodos con la medida. Que a ver, tampoco niego la mayor, probablemente es bien cierto que habrá muchos equipos que tras 30 segundos de posesión serán incapaces de encontrar un tiro librado, un buen pase o una solución cualquiera para desentrañar la defensa rival; pero no es menos cierto que esos mismos equipos tampoco eran capaces de encontrarla tras posesiones de 35 segundos. Estos cinco segundos de menos no penalizan a los ataques frente a las defensas, para nada. Más bien penalizan a los equipos malos respecto a los buenos o para ser más preciso, penalizan el mal baloncesto en beneficio del bueno (ya que no es algo que tenga tanto que ver con la calidad de los jugadores como con la calidad del juego que se practica): penalizan la especulación, el bote tras bote inocuo, el pasarte 30 segundos (que ahora serán 25) sin hacer nada, sin intentar nada, sin arriesgar nada, sin buscar ni un resquicio siquiera, total para luego cuando acucia la bocina tirártela en plan rifa a ver si por una vez te toca la chochona o el perrito piloto o en este caso concreto la canasta de tres. Estos cinco segundos de menos sólo penalizan la mediocridad.

Y hay un último factor que redundará en nuestro beneficio (espero), que es que ahora tendremos un argumento más de peso para hacer frente a ese extraño fenómeno que podríamos llamar cuñadismo baloncestero. Es decir, todos esos seres humanos que hacia mediados de marzo (y hasta comienzos de abril) se asoman con cara de asco al baloncesto universitario, no tanto porque les apetezca sino porque es lo que se lleva en esos días, y que como no les gusta lo que ven (porque no lo conocen, porque en realidad van ya predispuestos a que no les guste) deciden de inmediato arreglarnos la vida: por dios, pero qué haces, pero cómo se te ocurre, pero cómo te puede gustar esto, pero si apenas meten 50 ó 60 puntos, pero si no hay más que tiempos muertos, pero si las posesiones son todavía de 35 segundos, pero siSyracuse_Shot_Clock_Monument_Close-Up Pero si leches. De muchos de esos pseudargumentos hablaremos otro día (si es que aún quedan ganas, que algunos ya nos hemos tirado demasiados marzos intentando rebatirlos), lo de los tiempos muertos también lo podemos dejar para otro momento (que alguno menos habrá este año, por cierto) pero lo de las posesiones te lo rebato ya, so listo: a partir de este año son de 30, que lo sepas. Y no me vengas con remilgos de que aún te parecen muchos, que al fin y al cabo tú como yo te criaste viendo un baloncesto FIBA con posesiones de 30 segundos y bien pocos ascos le hacías entonces. Reconozcámoslo, un juego con posesiones de 30 segundos es mucho más vendible que otro con posesiones de 35. Aunque sólo fuera por eso (tan importante como es vender en estos tiempos que corren) ya merecería la pena intentarlo.

Así que ya lo saben. Éste será el año en que despidamos con todos los honores a Marcus Paige, Georges Niang, Kris Dunn, Buddy Hield, Perry Ellis, Denzel Valentine, A.J. Hammons, Kyle Wiltjer, Smith-Rivera, Baker & Van Vleet, tantos otros. Este será el año en que consagremos (aún más si cabe) a Melo Trimble, Jakob Poeltl, Greyson Allen, Nigel Hayes, Tyler Ulis, Isaiah Taylor, Domas Sabonis y a saber cuántos más que ahora no se me vienen a la mente. Este será el año en que recibamos con los brazos abiertos (para luego en muchos casos despedirlos apenas cinco meses después, con gran dolor de nuestro corazón) a Simmons, Labissiere, Ingram, Diallo, Rabb, Trier, Stone, Swanigan, Brunson, Jaylen Brown, Jamal Murray. Este será el año en que nos acostumbremos a vivir sin Donovan ni Hoiberg, será el año de Smart en Texas o Mullin en St. John’s… Pero éste quedará ya para siempre, antes de nada y por encima de todo, como el año aquel en que se redujo por fin en cinco segundos la posesión. Cinco segundos, se dice pronto. Cinco segundos, apenas nada, parece muy poco pero nunca fue tanto. Un pequeño paso para el baloncesto, pero un gran salto para la NCAA. La vida es eterna en cinco segundos.

Publicado septiembre 24, 2015 por zaid en NCAA

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IMÁGENES REFRESCANTES   1 comment

En tiempos era una práctica habitual, no sé si hoy seguirá siéndolo porque ya casi no veo noticiarios televisivos, con Internet tengo más que suficiente. En tiempos te sentabas a ver el telediario veraniego y tras tragarte la habitual ristra de catástrofes, escándalos, disturbios, sucesos y conflictos varios el comunicador (suplente) de turno ponía su mejor cara de felicidad y te soltaba aquello de …y hoy, para acabar nuestro informativo, les dejamos con unas imágenes refrescantes. Y en tu televisor se iban sucediendo esculturales cuerpos practicando esquí náutico, intrépidos surfistas cabalgando sobre las olas, gráciles veleros surcando la mar serena mientras tú, ahí bien recocido en tu sofá a tus cuarenta y tantos grados centígrados, sin aire (ni acondicionado ni sin acondicionar) ni ventilador ni vacaciones, te acordabas de la madre que parió al comunicador, al director, al realizador y al surfista incluso, ya puestos. Nunca hubo nada menos refrescante que unas imágenes refrescantes, ni aún por muy sugestivas que éstas fueran. De hecho en mi caso siempre produjeron el efecto contrario, si bien habré de reconocer que los exabruptos que soltaba al verlas sí acababan dejándome una extraña sensación de liberación. Quizá fuera eso lo que pretendieran…

Y sin embargo aquí me tienen, intentando provocarles ese mismo efecto… sólo que en términos estrictamente baloncestísticos, no vayan a pensar. No teman, no abundaré en la serie de catastróficas desdichas que aflige a la ACB en estos días, no abundaré porque ya las conocen de sobra, porque ya se las hemos contado en este mismo lugar y por no amargarles (aún más si cabe) la vida. Pero a cambio les ofreceré mis particulares imágenes refrescantes, casi las únicas que ofrece en estos días nuestra atribulada competición. No hará falta que les recuerde que cada vez hay menos dinero para desembolsar, que cada vez llegan americanos de menos postín y tronío, que los que vienen pesan mucho menos que los que se van… pero no hay mal que por bien no venga, dicen. Antes los fichábamos curtidos en mil batallas europeas, ahora los fichamos casi recién salidos del cascarón universitario, lo cual, para alguien que se pasa los inviernos enteros pegado a la NCAA como es mi caso, no deja de ser un plus. Así que esas van a ser mis particulares imágenes refrescantes, si buscaban esculturales cuerpos en traje de baño me temo que no acudieron al lugar adecuado. Eso sí, a cambio les presentaré (in alphabetical order) a seis sujetos casi recién salidos de fábrica y que llegan con la loable misión de refrescar (en la medida de lo posible) nuestra endogámica, esclerotizada, envejecida y encorsetada Liga ACB. Ojalá lo consigan.

1. Algunos que ya peinamos abundantes canas aún recordamos a su padre. También es verdad que tiene truco, si se hubiera apellidado Smith o Jones probablemente lo habríamos olvidado pero Abromaitis no creo yo que haya muchos en la guía telefónica, en cualquier caso si usted no lo recuerda no se preocupe, más bien alégrese, es una mera cuestión de edad. Aquel Jim Abromaitis se hizo carne y habitó entre nosotros en la temporada 1980/1981, hace la friolera de 35 años ya;abromaitisx-large no diré que dejó una huella imborrable (más allá de su apellido) porque no sería cierto, y eso que no estuvo en un equipo cualquiera sino en el mismísimo Real Madrid de los Corbalán, Brabender, Iturriaga, Rullán, Romay, Prada, You Llorente, Indio Díaz, Randy Meister y demás familia. Era un buen tirador, nada más (y nada menos) que eso. Bastante más que eso (pero también eso) es su hijo, Tim Abromaitis, gracias entre otras cosas a haberse formado en una universidad como Notre Dame en la que no basta con tirar bien sino que además tienes que jugar muy bien al baloncesto. Los Fighting Irish de Mike Brey podrán tener mejores o peores promociones pero mueven siempre el balón como los ángeles y utilizan como nadie los espacios, lo que les convierte en una verdadera delicia de equipo. No por casualidad sus productos acostumbran a ser jugadores muy bien formados, aquí mismo hemos podido comprobarlo hace bien poco con Ben Hansbrough o Luke Harangody (y aprovecho la ocasión para dejarles otro nombre recién graduado, Pat Connaughton, si no cuaja en NBA y tienen mano en ACB tírense en plancha a por él). Abromaitis es otro buen ejemplo, y ello a pesar de que se perdió su último año de elegibilidad por culpa de una rotura del ligamento cruzado anterior que pareció cercenar ya para siempre su carrera profesional. Pero se repuso, se vino a Europa y durante estas tres últimas temporadas (Villeurbanne, Estrasburgo, Braunschweig) no ha hecho sino mejorar. Si a todo esto añadimos su inmejorable currículum académico y su impecable estampa de yerno ideal, el resultado de todo ello nos dará un producto que parece hecho a medida para un proyecto como el de Tenerife, del mismo modo que la propuesta de Alejandro Martínez parece que ni pintada para un jugador como él. Que sea por muchos años.

2. No me pregunten por qué, pero hubo un tiempo en el que a los entrenadores ACB les encantaba fichar mormones. Cualquier jugador recién importado de USA venía siempre rodeado de incertidumbres, cómo será, qué carácter tendrá, cómo se adaptará, etc. Incertidumbres que en tratándose de mormones se reducían contylerhawssiderablemente ya que su adaptabilidad, entrenabilidad, disciplina y entendimiento del juego resultaban estar siempre muy por encima de la media. Ejemplos hubo a patadas (también excepciones, claro), todos los que usted quiera, desde aquel legendario Steve Trumbo hasta los recientes Toolson (todos los Toolson) o Yeisi Carroll. Bien, pues el siguiente a añadir a esta lista se llama Tyler Haws y llega a Santiago de Compostela directamente desde Brigham Young (BYU para los amigos), la universidad mormona por antonomasia. Ahora bien, más allá de sus creencias, más allá de esa cara de asco (mi madre, menos diplomática para estas cosas, diría que parece que estuviera oliendo mierda), más allá de ese aura de superioridad tan yanqui que le caracteriza, sepan bien que estamos ante un anotador compulsivo: un sujeto que ha promediado más de 22 puntos por partido superando así los registros históricos de otros legendarios cougars como Danny Ainge o (mucho más recientemente) Jimmer Fredette. Añádase además que no llega con los típicos 22 años de cada graduado universitario sino con 24, fruto de haber pasado esa particular mili mormona de los dos años de misión, concretamente en Filipinas; añádase también que la criatura nació en Bélgica por esas cosas raras de la vida, lo que supongo que le conferirá la condición de comunitario por si su fichaje no fuera ya suficientemente chollo de por sí. Pensé yo que encontraría hueco en cualquier franquicia NBA, probablemente también lo pensaron en el Obra cuando lo apalabraron, probablemente aún no acaben de creerse que vayan a disfrutar durante todo un año de un jugador así. Eso sí, tampoco le pidan más, tengan claro que en apenas unos meses (y siempre y cuando no le reclamen de USA) seguro que habrá ya unos cuantos grandes de Europa peleándose por sus servicios. Al tiempo.

3. Providence es una fiesta. No me refiero a la capital del estado de Rhode Island (que puede que también lo sea, pero que no tengo el placer de conocer) sino al equipo de baloncesto de su universidad, esos Friars que siempre que los ves te devuelven el precio de la entrada (si lo hubiere), lástima que por jugar en la Big East les veamos mucho menos de lo que nos gustaría. Así fue en 2014 gracias al eléctrico Bryce Cotton (lo último que supe de él es que andaba por los Jazz),henton así ha sido aún más si cabe en 2015 gracias a una fantástica pareja: de un lado el mágico base Kris Dunn, uno de esos jugadores que te entran por los ojos ya desde la primera vez que le ves (y que volverá a Providence en unos meses para completar su año sénior, de lo cual me alegro); y del otro un alero interesantísimo, físicamente muy potente, agresivo en penetración y con muy buena mano, que responde al bello a la par que insospechado nombre de LaDontae Henton (si se están preguntando qué extraña razón lleva a unos padres a ponerle LaDontae a su retoño, habré de confesarles que yo también me lo pregunto). Henton acabó su periplo universitario hace unos meses, no fue drafteado y pensé que se lo rifarían en Europa pero fue pasando el verano y nadie pareció acordarse de él… justo hasta que este pasado fin de semana se ha acordado por fin de él el Baloncesto Sevilla, ese mismo (ex) Caha que en apenas un mes ha pasado de estar casi al borde de la muerte a fichar a todo bicho viviente, apoyo de su entidad financiera propietaria mediante: Bamforth (again), Nachbar (nada menos), Miljenovic (joyita) y ahora este Henton que debería salirles muy bien, aunque el fichaje de una criatura recién salida del cascarón siempre deje alguna duda: cómo procese ese paso del amateurismo al profesionalismo, de Rhode Island a Andalucía e incluso de Ed Cooley a Luis Casimiro; dos pedazo de entrenadores si bien completamente diferentes el uno del otro. Luego acabará como acabe, pero por ahora es una magnífica noticia tenerlo por aquí.

4. Ya he contado alguna vez la historia de aquel primer partido que le vi, que era en realidad el segundo que jugaba en su universidad de Gonzaga. Aquella noche de noviembre de 2011, ante su nuevo público de Spokane, frente a la vecina Washington State, el recién aterrizado Kevin Pangos se marcó la friolera de nueve triples, tal cual, nueve triples uno detrás de otro (claro está, no iban a ser todos a la vez), nueve triples con envidiables porcentajes además, dejando ojipláticos no ya a sus aficionados ni a quienes lo vimos desde la distancia sino incluso a los mismísimos analistas televisivos (que más de una vez se confundieron y le llamaron Pargo, ya que ocupaba jukevin_pangossto el lugar que Jeremy Pargo acababa de dejar). Ni que decir tiene que el canadiense no volvió jamás a repetir una actuación así, pero ello no quita para que durante todos estos años haya seguido jugando a un magnífico nivel. No siempre ejerció de base puro porque a menudo le tocó compartir cancha con un cerebrito como David Stockton (de los Stockton de toda la vida), pero este último año recuperó el mando en plaza y dejó meridianamente claras dos cosas: a) que siempre va a ser un base más anotador que director, y b) que en cualquier caso ha mejorado muchísimo en las labores de dirección. Triunfará en el Granca siempre y cuando sus fieles aficionados tengan paciencia con él (al fin y al cabo es su primer trabajo remunerado como baloncestista profesional), siempre y cuando tengan claro que no van a encontrar en él al sucesor de Tomás Bellas sino a otro estilo de base completamente distinto, casi contrapuesto. Ahora bien, con un maestro en el banquillo como Aíto (extraordinario en la dirección de jóvenes, de toda la vida de dios) y otro en el parquet como Oliver tendrá ya mucho ganado en su proceso de adaptación. Dejemos que Gran Canaria (la isla, la gente, el equipo) se ocupe de todo lo demás.

5. Siempre es un placer ver jugar a Vanderbilt, universidad sita en Nashville, Tennessee. Siempre es un placer ver a los Commodores sobre todo en su casa, en ese incomparable Memorial Gym que no se parece a ningún otro pabellón (que yo haya conocido) sobre la faz de la Tierra, con sus banquillos no en el lateral sino en los fondos, casi al pie de las canastas. Pero más allá de peculiaridades Vanderbilt acostumbra a jugar buen baloncesto gracias a su técnico Kevin Stallings y a interesantes promociones de jugadores,Jeffery_Taylor_Vanderbilt_InsideOnly pongamos por ejemplo aquella de 2012 con el escolta anotador John Jenkins (carne de Liga de Desarrollo durante todos estos años), el pívot fajador nigeriano Festus Ezeli (hoy ya con un anillo en los Warriors) y el alero-chico-para-todo Jeffery Taylor, jugador interesante donde los  haya. Jordan (sí, ESE Jordan) puso sus ojos en él y le escogió para sus Bobcats (hoy ya Hornets) en el 31 del draft (lo que viene siendo el 1º de la segunda ronda), justo un puesto detrás de Ezeli y ocho detrás de Jenkins por cierto. Su elección desató la euforia en las buenas gentes de Charlotte que creyeron (tanto más tras sus magníficas actuaciones en las ligas de verano) haber conseguido un verdadero robo. Bueno, pues no. La realidad como tantas otras veces vino a poner las cosas en su sitio, primero en forma de lesión (aquiles) y luego en forma de sanción por un lamentable episodio de violencia de género que él mismo reconoció y por el que le cayeron 24 partidos. Así las cosas (y tras múltiples idas y venidas a la Liga de Desarrollo) los Hornets acabaron cortándole hace pocos meses. Se le cerraba así la puerta de la NBA pero a cambio se le abría de par en par la de Europa, gracias además al pequeño detalle de que Taylor es sueco; no sueco de conveniencia sino sueco sueco, sueco de pura cepa, nacido en Norrköping mientras su padre estuvo jugando allí. De hecho ha defendido ya la camiseta de su selección, de hecho hasta participó en el Eurobasket 2013 con notable éxito de crítica y público. Dicen que le ha fichado el Real Madrid para sustituir a KC Rivers (que la cosa de los pasaportes la tiene algo más revuelta, por lo visto), de hecho todos los medios lo dieron por hecho hace un par de meses aunque yo a día de hoy no he sido capaz de encontrar confirmación alguna al respecto, bien porque las cosas de palacio van despacio o bien porque soy así de torpe y no habré sabido dónde buscar. Sea como fuere (y dando por supuesto que finalmente llegue a la casa blanca) que nadie espere un clon de Rivers porque su posición podrá ser similar pero su juego es muy distinto: más defensa, más físico, menos tiro que su antecesor. Y más carácter, también. Esperemos que mezcle bien con un equipo tan hecho como este Madrid.

6. En los cinco casos anteriores les he vendido optimismo a raudales pero no se me vengan arriba, no todo ha de ser jijí jajá, me temo que con éste que viene ahora voy a bajar un poco (bastante) el listón. Señoras, señores, les presento a los gemelos Wear, Travis y David Wear, dos gotas de agua como no podía ser de otra manera, dos esbeltos yogurines a los que imaginamos intercambiándose exámenes y castigos sin que sus profesores se dieran cuenta cumpliendo así con la mística asociada a su condición.DavidWearTravisWear Juntos llegaron a North Carolina, juntos decidieron cambiar de aires y emigrar a la soleada California en busca de mejor fortuna, juntos aterrizaron en UCLA, juntos se graduaron cumpliendo casi en la cancha ese mismo papel intercambiable que les imaginábamos en las aulas. Las diferencias (más allá de que el uno llevaba el 12 y el otro el 24) eran sólo de matiz: Travis, a menudo titular, era más completo, algo (sólo algo) más interior, algo menos alérgico a las zonas; David, por lo general suplente, era aún menos fajador si cabe, prototípico cuatro abierto (y decir cuatro es decir mucho) con buena mano y pare usted de contar. Acabada la carrera se separaron finalmente sus destinos, la adultez es lo que tiene: Travis fue a parar a los Knicks para confirmar el hecho evidente de que allí ya juega cualquiera (de hecho recientemente han fichado a Sasha Vujacic, por si nos quedara todavía alguna duda), David en cambio hubo de buscarse la vida (como tantos otros) en la D-League. Supongo que habrán sido sus números en esa competición y (sobre todo) en la pasada Liga de Verano los que han llevado al Fuenla a contratarle, algo que como ya habrán deducido a partir de todo lo anterior no me hace especial ilusión; fíjense que hasta me preguntaron en Twitter si mejoraba a Daniel Clark (comparación odiosa donde las haya) y respondí que para mí no, en absoluto. Dicho lo cual, si yo fuera aficionado fuenlabreño tampoco me preocuparía demasiado al respecto. Primero porque acaso mi recuerdo sea exagerado, porque puede que haya progresado mucho desde entonces. Segundo porque no soy de fiar, no soy un experto sino un mero aficionado cuyo atrevimiento va en paralelo a su ignorancia. Y tercero (y principal) porque bastante tienen ahora mismo con preocuparse sobre si saldrán en ACB como para preocuparse de con qué jugadores saldrán (en su caso) en ACB.

Y hasta aquí. Me habría encantado dedicarle también un parrafito a ese magnífico fichaje del Valencia Basket llamado John Shurna (por quien siento especial debilidad desde su etapa en Northwestern) pero en este caso no tendría sentido que yo se lo presentara ya que ustedes lo conocen ya de sobra tras su etapa en Badalona. Como me habría encantado dedicarle unos parrafillos al flamante fichaje de la Penya Ousmane Drame (Quinnipiac) y al no menos flamante obradoirista Alec Brown (Wisconsin Green-Bay), pero si lo hiciera les estaría vendiendo la moto (aún más si cabe) dado que apenas pude ver jugar a sus respectivas universidades (y bien que lo siento) como para tener formada una opinión. Como me encantaría poder dedicarle algunas líneas a jugadores interesantísimos como Juwan Staten (West Virginia), Askia Booker (Colorado), Jordan Sibert (Dayton), LeBryan Nash (Oklahoma State), Jonathan Holmes (Texas), Emmy Andújar (Manhattan) o Matt Stainbrook (Xavier), me encantaría porque eso significaría que les veríamos por aquí pero por ahora no parece que sea el caso (ni por ningún otro sitio, que yo sepa), por si acaso ahí les dejo sus nombres para lo que gusten mandar. Como me encantaría escribir algo también de tíos como Miljenovic, Vezenkov, Sobin, Vrkic, Musli, McGrath, Caloiaro, Benite, incluso Doncic, Yusta o Rico… pero como dijo aquél, hoy no toca, hoy la cosa iba sólo de denominación de origen NCAA. Además que creo yo que ya está bien, que con seis imágenes refrescantes tienen más que suficiente. No se me vayan a enfriar.

(publicado originalmente en BASKET Y PUNTO)

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