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mi (a)versión   1 comment

(publicado el 8 de agosto de 2012)

 

He necesitado dejar pasar unas cuantas horas, casi un par de días para poner finalmente por escrito mi versión (mi aversión más bien, si me permiten el juego de palabras) de los hechos acaecidos el pasado lunes en el Basketball Arena (o como se llame el pabellón ése de quita y pon) londinense. He dejado pasar el tiempo por pura higiene mental, por pura y simple prudencia, porque si hubiera dado rienda suelta a mis sentimientos y mis sensaciones esa misma noche o incluso ayer por la mañana habría soltado tal catarata de improperios y barbaridades que este artículo habría resultado (además de infumable) claramente querellable. Que es bien sabido que ciertas susceptibilidades no están como para ser heridas en estos días, que si tras el partido de Rusia (en el que no hubo nada que reprochar a nadie en lo referente a actitud y entrega) el Presidente de la Federación se refirió en términos de cucarachas y de lechones (refrán que dejó a medias para no tener que escribir cabrones) a aquellos que por un momento osaron dejar de lamerle el culo, pues no quiero ni pensar qué habría dicho la noche de marras en el muy improbable supuesto de que pasara por aquí. Así que lo haré hoy, lo pondré finalmente hoy por escrito aunque no tenga ya ningún sentido hablar de lo que pasó el lunes cuando quedan apenas unas horas para que pase lo que tenga que pasar el miércoles. Pero soy así, no me saldrán ya improperios ni barbaridades (espero) pero hay algunas cosas que no me las quiero quedar dentro, siquiera sea por motivos de salud.

Si me permiten que siga jugando con el lenguaje, les diré que no creo que nuestra selección jugara premeditadamente a perder pero sí creo que jugó a no ganar. Que parece lo mismo (y de hecho lo es) pero también es distinto, al menos en la forma de plantearlo aunque luego el resultado acabe dando exactamente igual. No creo que hubiera un plan preconcebido, no creo que fuera una decisión consciente en base a unas instrucciones minuciosamente calculadas, sí creo que que fue una improvisación sobre la marcha, un pues bueno, pues ya que estos se empeñan en ganar para qué vamos a molestarnos nosotros en llevarles la contraria con lo agustito que estamos con nuestra derrota. Aquello había nacido como un partido de baja intensidad, más bien parecía un bolo veraniego de la ruta eñe o si lo prefieren uno de esos encuentros de temporada regular NBA en que los equipos se tiran tres cuartos y medio jugando al trantrán, intercambiando canastas y cubriendo mínimamente el expediente tras haber jugado probablemente otro partido igual en la noche anterior. Pero incluso en esa clase de choques llega un momento (más/menos hacia la mitad del último cuarto) en que los equipos dan otra vuelta de tuerca, dejan de hacer que defienden para ponerse de verdad a defender, dejan de lado la rutina y por fin le ponen verdadera intensidad porque toca ganar como tantas otras noches y ha llegado ya por fin el momento de hacerlo… Así, exactamente así lo hizo Brasil, tres cuartos y pico de trantrán dada la escasa trascendencia del choque y ahora ya por fin nos ponemos las pilas; así, exactamente así NO lo hizo España. España vio que Brasil apretaba y pensó anda mira, qué curioso, pero qué les pasa a éstos, si al final va a resultar que van a por el partido, pues vale, pues allá ellos pero eso sí, nosotros tan campantes, si ellos quieren ganar para qué les vamos a quitar la idea con lo bien que nos viene perder. Y dicho y hecho, y ni una sola falta aunque nos interese parar el tiempo, ni una sola defensa intensa no vaya a ser que recuperemos el balón, ni una sola posesión rápida no vaya a ser que se nos suba la adrenalina, ni una sola jugada con sentido. Por eso les decía yo al principio, no salimos a perder sino quejugamos a no ganar, mucho mejor que yo lo explica en este artículo el periodista argentino de ESPN Bruno Altieri, alguien cuya lectura es muy recomendable siempre pero aún mucho más en este caso porque a él no le puede la pasión como a mí. No, lo nuestro no fue por acción sino por omisión, lo cual no es un consuelo sino más bien todo lo contrario, la omisión puede ser peor que la acción del mismo modo que decir la verdad a medias puede ser peor que mentir. Lo nuestro fue, en resumidas cuentas, una gigantesca tocada de huevos.

Todo lo cual me lleva de vuelta al partido de esta tarde, el cual me provoca una sensación ambivalente que jamás había sentido hasta ahora. Quiero que gane nuestra selección, cómo no voy a quererlo, pero sé que aunque gane ya no podré sentir lo mismo que tantas otras veces. Quiero que gane y si lo hace disfrutaré de su victoria pero sé que al mismo tiempo me sentiré estafado, porque será la prueba irrefutable de que juegan cuando quieren y dejan de jugar cuando les apetece. Seguiré siendo de este equipo pero ya nada será igual, ya nunca podré sentir lo mismo por esta generación que me hizo llorar (y no en sentido figurado ni metafórico sino lo que se dice llorar, llorar a chorros, con lagrimones como piedras) en la mañana del 3 de septiembre de 2006, que me hizo casi levitar en la mañana del 24 de agosto de 2008, que volvió a hacerme inmensamente feliz (tras habérmelas hecho pasar putas previamente, todo hay que decirlo) un par de noches de mediados de septiembre en 2009 y 2011. Sólo yo sé cuánto me revienta que este equipo, la mejor selección de baloncesto que hayamos tenido y vayamos a tener jamás, esté hoy en el ojo del huracán señalada por el dedo del mundo entero, el planeta en pleno esperando y deseando que perdamos como justo castigo a nuestra falta de honorabilidad. Y cuánto me revienta, aún más si cabe, la hipocresía de una gran mayoría de mis compatriotas, todos esos que rajaron hasta la náusea de los franceses hace apenas un año y que hoy en cambio justifican esto (que es exactamente lo mismo que aquello) en base a que en la alta competición según ellos ya no tendrían cabida la deportividad, la ética y el fair play, principios todos ellos trasnochados y obsoletos a su parecer. Me revienta nuestra hipocresía y no me consuela en absoluto la de los franceses, esos mismos que también hoy nos critican lo que hace un año defendieron, allá ellos, mal de muchos consuelo de tontos, a mí me importa lo mío y no lo de los demás. Me revienta que esa tan cacareada cultura del esfuerzo mercadoniana nos valga para la sincronizada, el triatlón o el waterpolo y en cambio nos la pasemos por el forro de los principios en nuestro deporte, en mi deporte. Y me revienta sobremanera que se hayan cumplido al pie de la letra mis peores temores del pasado lunes, me revienta ser quijote y que me lo recuerden a cada rato, bien que me gustaría no tener que anteponer siempre la ética al resultado, bien que me gustaría creer como la mayoría de mis congéneres que el fin justifica los medios y que todo, absolutamente todo vale para lograr la victoria final. Me gustaría ser de otra manera, seguro que sería más feliz si así lo fuera pero qué le voy a hacer, me educaron así (por dios, que atraso), mucho me temo que a estas alturas de mi vida ya no voy a cambiar.

En fin, que les ruego que me disculpen si con esto les he amargado la mañana o las primeras horas de la tarde, que de verdad que no era mi intención. Y que por supuesto, les deseo (me deseo, nos deseo) lo mejor para este España-Francia pero eso sí, me van a permitir que lo haga a la manera de un señor muy principal de cuyo nombre no quiero acordarme (que prometí al principio que no iba a soltar improperios): feliz partido… el que pueda.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

una cuestión de ética   Leave a comment

(publicado el 6 de agosto de 2012)

Cuentan que hace ya unos cuantos años, tras acabar una Final ACB particularmente igualada, el entrenador del equipo que la había perdido le soltó al que la había ganado que te felicito por tu victoria pero no por tu ética, a lo que éste sin cortarse un pelo le respondió que tú no eres precisamente el más indicado para hablar de ética, ya saben, esas cositas entrañables que acostumban a suceder entre nuestros eternos rivales cada dos por tres. Curiosamente andando el tiempo ambos dos técnicos llegaron a ser seleccionadores, el uno durante un corto periodo de tiempo, el otro creo que todavía sigue siéndolo presuntamente a día de hoy. Lo cual me reconforta, es decir, me congratula que nuestro actual seleccionador tuviera tan claro entonces (espero que aún siga teniéndolo) ese extraño concepto tan en desuso en estos tiempos que corren, la ética. Sí, no me ponga esa cara, para mí la ética sigue siendo lo más importante que pueda haber en el deporte y hasta en la vida (que casi viene a ser lo mismo), probablemente no me habría llevado tantas hostias (virtuales) como me he llevado a lo largo de mi existencia si no lo fuera. Antepongo la ética al resultado, seré muy raro pero a estas alturas ya no sabría ser de ninguna otra manera, qué le vamos a hacer.

Y soy tan raro que me gustaría que mis convecinos, compatriotas y congéneres en general fueran de mi misma opinión, y me descorazona someramente comprobar que una vez puestos en semejante tesitura hay una significativa mayoría que escoge sin dudarlo el camino contrario. No lo digo yo, lo dice el Marca, nada menos que el Marca, que ayer tuvo la ocurrencia de preguntarle a sus lectores qué preferían, si salir a ganar o si salir a dejarse ganar contra Brasil. Que dicho sea de paso también tiene delito plantear una encuesta en semejantes términos, que es como si ahora otro medio planteara puestos a escoger usted qué preferiría, ganarse la vida trabajando honradamente o ganársela mediante la estafa el trapicheo y la corrupción, por ejemplo. Bueno, pues el ciudadano de a pie no sé qué escogería ante semejante disyuntiva (aunque me lo temo) pero el aficionado de a pie lo tuvo muy claro: casi un 57 por ciento votó por la opción de dejarse ganar, mientras que poco más de un 43 por ciento eligió salir a ganar. Un resultado quizá muy coherente con el perfil mayoritario (mayoritariamente futbolero, mayoritariamente forofo) de lectores de dicho periódico, un resultado puede que muy coherente incluso con la situación actual de este país, esa sensación que podemos tener a veces de que quien no es corrupto no es porque no quiera sino porque no puede, no lo es porque sus principios se lo impidan sino porque no le ha sido dado un cargo desde el que poder serlo. Pero un resultado que a mí (dadas las razones expuestas en el párrafo anterior) me produce una inmensa vergüenza ajena.

Pues vale, asumámoslo, al parecer el común de los mortales (una significativa mayoría, al menos) prefiere salir a perder contra Brasil esta noche. ¿Y total para qué? ¿Para evitar a USA en semifinales? A ver si lo entiendo, llevan ustedes cuatro años erre que erre (eñe que eñe, más bien) vendiéndonos la burra de que estamos de igual a igual con los norteamericanos, pretendiendo hacernos creer que tan fácil es que nosotros les ganemos a ellos como que ellos nos ganen a nosotros, ¿y ahora que puede que les veamos en semis nos entra el acojone, como si sólo fuera posible ganarles en la Final? Cuando uno va de farol es conveniente que no se le note, es conveniente aguantar la jugada hasta el final aunque en realidad no haya jugada alguna que aguantar. Al vendeburrismo se le ha visto el plumero, ha sido sentir la amenaza de USA antes de tiempo y de inmediato irse por las patas abajo. Para este viaje no hacían falta alforjas, ya que hablamos de burras. Para esto no hacía falta que se tiraran meses y meses vendiéndonos su incomparable Final de igual a igual, como si no hubiera más equipos ni existiera en el mundo entero ninguna otra opción, cuando en el fondo ustedes estaban tan convencidos como nosotros de que en cualquier cruce contra USA en condiciones normales tendríamos casi todas las de perder. Haberlo dicho antes, joder.

O como bien ha dicho precisamente en estos días el Chapu Nocioni, que si queremos el oro nos lo tendremos que ganar. Que es absurdo (añado yo) andar pretendiendo que queremos el oro y a la vez andar escondiéndonos de USA por el camino no vaya a ser que nos los encontremos a la vuelta de cualquier esquina. Precisamente el Chapu y sus compañeros son un buen ejemplo, no recuerdo yo para nada que especularan para evitar a USA en 2004 (tampoco era nada fácil especular con aquella USA imprevisible, que nos lo digan a nosotros), no recuerdo que se rasgaran las vestiduras ni se cortaran las venas por encontrársela en semis sino que salieron a ganar y bien que ganaron, como ganaron un par de días después la Final. Pues eso, y no vengan ahora a decirme que aquella USA no es esta USA, ya lo sé, pero si llevamos años llenándonos la boca con que podemos ganarles (o eso dicen) a ver por qué demonios nos vamos a acojonar ahora en cuanto tengamos que ganarles. O es que sí o es que no, pero este luego tal vez sí pero ahora todavía no como que no tiene ningún sentido. O tiene el sentido que les dije antes, que en realidad íbamos de farol.

Porque eso sí, a faroleros no nos gana nadie: hemos ganado por los pelos a Gran Bretaña, hemos perdido con todas las de la ley ante Rusia y sin embargo aquí nos tienen, hablando de dejarnos ganar contra Brasil como si Brasil no nos pudiera ganar perfectamente aunque no nos dejemos. Decir Brasil es decir Marcelinho Huertas, Leandrinho Barbosa, Guilherme Giovanonni, Anderson Varejao, Tiago Splitter, Nené Hilario, no sé si les suenan, si quieren sigo. Decir Brasil es hablar de un equipo que sólo perdió sobre la bocina contra Rusia, que está en nuestro mismo barco como igualmente lo están Francia o Argentina aunque por aquí llevemos años creyéndonos que viajamos en la nave nodriza y mirando por encima del hombro a todo dios excepto a USA. Brasil nos puede ganar bien del mismo modo que (aplicando esos mismos criterios que se gastan la mayoría de nuestros aficionados) podría salir también a perder esta noche, el mismo derecho (o no-derecho) tendría, no sé que pensaría entonces el COI de dos equipos tirando contra su propia canasta pongamos por caso. Sí, Brasil nos puede ganar bien como igualmente nos pueden ganar Francia o Argentina en un supuesto cruce, como nos podría ganar otra vez Rusia en una hipotética semifinal a la carta. Hace falta ser paletos para estar ya preparándonos unas semis a nuestra medida cuando ni siquiera hemos pasado de cuartos, si trampeamos hoy y luego caemos el miércoles nos convertiríamos en el hazmerreír de todo el planeta. Se ve que algunos ya no se acuerdan de las carcajadas que se echaron hace un año a costa de Francia (y eso que al final les salió bien la jugada), tanto como se rieron y ahora quieren ponerse a ese mismo nivel.

En cualquier caso yo lo diré muy claro, todo lo claro de lo que soy capaz: quiero poder seguir mirándome en el espejo cada mañana mientras me peino estos cuatro pelos que aún me quedan. Quiero poder seguir mirando de frente a este equipo, quiero seguir sintiéndome orgulloso de esta maravillosa generación, como llevo haciéndolo desde hace ya más de una década. Quiero seguir siendo de un equipo que ganó un Mundial, dos Europeos y una plata olímpica y que lo hizo unas veces mejor y otras peor pero siempre compitiendo, dando la cara, saliendo a jugar desde el principio y hasta el final. Ese es mi recuerdo, el que me llevaré a la tumba o el que se llevará el alzheimer, y hasta que eso suceda no quiero que nada ni nadie venga a estropearme ese recuerdo. Prefiero un bronce, un cuarto puesto o hasta una eliminación en cuartos de final, por mucho que me duela, antes que una plata de la que luego tenga que avergonzarme cada vez que piense en ella. Soy así de quijote, ya se lo dije, y por supuesto que usted como aficionado mayoritario estará en su perfecto derecho de descojonarse de mí si ello le complace y le causa placer, no seré yo quien se lo niegue. Pero le agradeceré que usted también me reconozca mi derecho a ser así (así de gilipollas, lo añadiré yo antes de que usted lo diga); aún por mucha risa que le dé.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

opciones de medalla   Leave a comment

(publicado el 3 de agosto de 2012)

 

Miren que se lo decía yo hace unos días, que no tenemos remedio. Cada mañana muy tempranito nos desayunamos opciones de medalla, unas cuantas al día, tanto da que el deportista en cuestión se haya labrado un prestigio a lo largo de los años o que sea un recién llegado que bastante mérito tenga ya por el mero hecho de haber logrado participar en unos Juegos. Hoy tendremos opciones de medalla en judo, en la categoría de menos 48 kilos; hoy tendremos opciones de medalla en halterofilia, que nunca hemos ganado nada pero vamos a ver si suena la flauta para luego poder decir que ya lo dijimos; hoy tendremos opciones de medalla en tenis de mesa, que hay un tal Juanito con cara de chino que lleva una raqueta en la mano; hoy tendremos opciones de medalla en voley playa porque sí, porque rima… Algunos ni siquiera son tan precisos, se limitan a escribir hoy tendremos opciones de medalla en… y a partir de ahí ya te sueltan su menú del día en el que incluyen sin discriminación alguna a todo dios, créanme que anteayer hasta adjudicaron opciones de medalla a Luis León Sánchez en la prueba contrarreloj cuando cualquiera que entienda de ciclismo incluso tan poco como yo entiendo sabía perfectamente que las únicas posibilidades reales del Luisle pasaban por que se abriera la tierra y se tragara a todos los especialistas que salieron por detrás de él (hecho en absoluto deseable, por otra parte). Témome lo que sucederá en cuanto comience el atletismo (ahora mismo), témome que hasta nos venderán opciones de medalla en los cien metros lisos, incluso.

Claro está, luego pasa que la presunta opción de medalla sale a competir, cae a las primeras de cambio y a todos se nos queda cara de paisaje, como si hubiésemos asistido a otro capítulo más de nuestra particularserie de catastróficas desdichas, como si los demás no tuvieran también opciones de medalla (acaso bastante más sólidas que las nuestras), como si aquello no fuese lo más normal del mundo. O pasa que nuestra presunta opción de medalla sale a competir, lo hace muy dignamente, brillantemente incluso, queda cuarto o quinto y es una catástrofe aún más terrible si cabe, he ahí una de las más grandes paradojas del olimpismo (o de nuestra manera de entender el olimpismo), si quedas tercero eres dios pero si quedas cuarto eres una mierda, por increíble que resulte nos decepciona más un cuarto puesto que un trigesimonoveno pongamos por caso, será por aquello de lo que pudo haber sido y no fue. O pasa incluso (y más veces aún si cabe) que nuestra presunta opción de medalla sale a competir, pierde o no se clasifica y siempre tiene una excusa, otra cosa no pero las excusas se nos dan de cine, o acaso él no la tenga porque sea plenamente consciente de sus posibilidades reales y sus limitaciones pero no hay cuidado, ahí estaremos nosotros para dársela, será por excusas, que si el cambio de pista, que si el circuito, que si el sol, que si la lluvia, que si el viento, que si el empedrao en general, que si los árbitros, que si los jueces, cómo no, siempre los árbitros o jueces en medio de todo, siempre el contubernio judeo-masónico, pensábamos que habíamos evolucionado en los últimos cincuenta años pero al menos en esto seguimos exactamente igual que en los sesenta, encontrando fantasmas por doquier. Mourinhismo olímpico.

Ahora que eso sí, nuestra desfachatez no conoce límites ni fronteras, faltaría más. El periódico deportivo de mayor tirada de este país, ese de la eme grande, ya saben, regala en estos días una monísima camiseta roja en la que puede leerse ese socorrido eslogan repetido hasta la saciedad en estos últimos tiempos, soy español, ¿a qué quieres que te gane? Que bien podrían haberla sacado con la Eurocopa o con el Eurobasket o con el Roland Garros o con el desenlace del Mundial de Motos pero no, la sacan ahora, precisamente ahora, lo que mi madre llamaba tener el don de la oportunidad. Con dos cojones, soy español, ¿a qué quieres que te gane?, que uno se imagina al supuesto receptor de la pregunta (fuera del país que fuera) contestandopues mire, gáneme usted al judo, a la gimnasia, al bádminton, al tiro con carabina, al tiro con pistola, al tiro con arco, al tenis de mesa, a la esgrima, a la halterofilia, a la lucha libre, a los saltos de trampolín, al remo, al piragüismo, a lo que usted quiera pero gáneme a algo, hágame el favor, y si no es capaz de ganarme a nada de esto déjese casi mejor las chulerías en casa antes de venir. Los de la susodicha eme bien podrían haber mirado a su alrededor en estos días y tras atisbar someramente el panorama haber sacado una camiseta con el lema soy español, ¿a qué quieres que NO gane?, por supuesto no en rojo sino en negro (el negro que ustedes prefieran, negro minero, negro parado, negro funcionario, negro ciudadano de a pie…) que es el color que se lleva de verdad este verano, por si todavía no se habían dado cuenta.

Seamos serios, el deporte (en su versión olímpica) no es más que un mero reflejo de la realidad social y económica del país. El país entero se nos está yendo a la mierda y el deporte sigue sus pasos por el desagüe, tampoco podría ser de ninguna otra manera. Mal que bien aguantan los deportes colectivos porque se apoyan en una estructura de clubes que también se resquebraja pero que aún intenta sobrevivir a duras penas; pero los deportes individuales, los manifiestamente minoritarios, los que dependen de becas y adosse nos van al carajo sin remedio, porque los supuestos espónsores ya no están por la labor de patrocinar nada y porque el supuesto dinero público ya no está para estas cosas: si ya no hay para educación ni para sanidad ni para investigación (no digamos ya desarrollo) ni para dependencia ni para cultura, sería absurdo (e ingenuo, e injusto) pensar que pudiera haberlo para el deporte. Escribí por ahí abajo en un comentario que difícilmente pasaríamos de ocho o diez medallas, en vez de lamentarnos deberíamos disfrutarlas porque tal vez no nos volvamos a ver en otra semejante; en Río 2016 muy probablemente volvamos a nuestros prehistóricos (prehistéricos) números de los años ochenta, cuatro o cinco medallas a lo sumo, ya saben, la vela (que para el lujo no hay crisis) y acaso algún deporte de equipo, no precisamente el baloncesto que andará para entonces en plena época de transición. Pero no teman, no hay cuidado, en Río como en Londres o en Pekín nuestros medios volverán a vendernos opciones de medalla a chorros para desayunar, opciones que como de costumbre se nos diluirán, se nos indigestarán o se nos irán por las patas abajo apenas unas horas después. Opciones de medalla en Tontería, ahí sí que no tenemos rival, lástima que la estulticia no sea aún deporte olímpico.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

sin remedio   Leave a comment

(publicado el 26 de julio de 2012)

No tenemos remedio, es nuestra idiosincrasia (signifique lo que signifique idiosincrasia) como país, ir de chulos por la vida, ir de sobraos que nos fuéramos a comer el mundo para luego llevárnoslas todas en el mismo carrillo sin darnos tiempo siquiera a poner el otro. Somos así, lo somos en todos los órdenes de la vida, podría aplicar esto a muchísimas circunstancias (demasiadas) en estos tiempos oscuros que nos ha tocado vivir pero por ahora hablo sólo de deporte y de baloncesto, para variar. Nos creemos el ombligo del universo, tenemos un gran equipo y a partir de ahí ya inferimos que tenemos el mejor equipo y que por el mero hecho de serlo todo dios tendría que rendirnos pleitesía a nuestro paso, incluidos también por cierto todos aquellos que casi nunca tuvieron que rendir pleitesía ante casi nadie. No es que yo lo diga, es que basta con abrir con ojos, echarnos por ejemplo a la cara algún ejemplar del periódico ese que lleva una eme muy grande en su portada, ese mismo que cuando USA anunció su convocatoria definitiva osó titular que estos son los que tendrán el reto de superar a nuestra eñebeá (poniéndolo así con todas las letras como que me da menos rabia escribirlo), con dos razones; es decir, supuestamente el reto ya no sería nuestro sino suyo, los favoritos habríamos pasado a ser nosotros y no los otros. Si a algunos ya nos chirriaba que nos pusieran casi al mismo nivel, como para aguantar ahora que nos pongan incluso por encima de su nivel.

Pero claro, luego llega el tío paco (o el tío Mike, Coach K para los amigos) con las rebajas y a la que te descuidas te pone en tu sitio, para que nos vayamos enterando. Te da cuartelillo durante un cuarto, por disfrutar que no quede, pero a la que empiecen las rotaciones, a la que empiece a parecer que los suyos son los mismos y los nuestros ya son otros distintos pues como que se te habrá empezado a acabar el partido. Tanto más si encima se ponen a defender, habrase visto, les tenemos aquí cuatro días a mesa y mantel, les damos el pan y la sal y así nos lo pagan, defender en un amistoso, sólo eso nos faltaba, así no hay manera de demostrarle al mundo nuestra inmensa superioridad. Claro está que algunos, torpes e ingenuos de nosotros, tendemos a pensar que esa vendría a ser más o menos la verdadera diferencia entre ambos baloncestos, por eso nunca está de más que de nuevo aparezcan los iluminados de la caverna a explicarnos que no, que esa no es la realidad por más que nos empeñemos en verla, que la verdadera razón de nuestra derrota es que nos hemos guardado cosas, un lince el amigo Scariolo escondiendo todas esas estratagemas con las que al parecer les daremos sopas con onda en los Juegos. ¿Nos hemos guardado cosas? Vale, no les hemos enseñado nuestra supuesta zona tres-dos ni la uno-tres-uno (sí la dos-tres, y la caja y uno), no les hemos presionado por toda la pista (como si pudiéramos), no les hemos sacado la lengua ni hecho burla ni pellizcado los huevos (que yo viera, al menos). Nos habremos guardado cosas, no digo yo que no, pero ¿no resulta un tanto pretencioso pensar que nosotros no enseñamos todas nuestras cartas y en cambio dar por hecho que el amigo Krzyzewski puso al descubierto todas las suyas? ¿No resulta un tanto pretencioso pensar que nosotros nos dejamos ir y en cambio dar por hecho que los norteamericanos echaron el resto, que ellos sí pusieron toda la carne en el asador y nosotros a lo sumo un par de chuletas? ¿A quién queremos engañar (además de a nosotros mismos)? Una vez más el roncerismo (que éste no es de esa eme sino más bien de otra pero vamos, como si lo fuera) como filosofía de vida, causando estragos entre la población civil. Ya se lo decía yo, no tenemos remedio.

Porque además hablamos de ese enfrentamiento olímpico contra USA como si ya lo tuviéramos fijado en el calendario, domingo doce de agosto a las cuatro de la tarde nada más y nada menos, como si no existiera otra final posible, como si no nos lo tuviéramos previamente que ganar. Que yo sepa tenemos por delante a China, a Australia que nos complicó la vida casi más que cualquier otra en la fase de preparación, al Reino Unido de la Gran Bretaña que es el anfitrión y tendrá que demostrarlo (aunque tampoco es que eso signifique gran cosa, dada la escasa tradición baloncestera de aquellas islas), a Rusia que fue casi la reina del Preolímpico y a Brasil, muito cuidadinho con Brasil. Y en un hipotético cruce de cuartos podríamos encontrarnos en condiciones normales a Argentina, Francia o Lituania, en condiciones menos normales tampoco me extrañaría que se nos apareciera incluso Nigeria, en condiciones paranormales podría aparecérsenos hasta USA y no me ponga esa cara que cosas bastante más raras habremos visto en la vida, en 2004 sin ir más lejos. Pongamos que sobrevivimos, pongamos que nos metemos en semis, tres cuartos de medalla como si dijéramos, otra vez que nos podría tocar USA a poco que cualquiera de los dos no hubiera hecho correctamente sus deberes en la fase de grupos pero tampoco nos engañemos, toque lo que toque será un marrón espectacular. Vale, sigamos con nuestro optimismo, pongamos que pasamos, pongamos que efectivamente juguemos la Final contra quien siempre pensamos que la jugaríamos, pongamos que en similares circunstancias muchos de nosotros (mediocres y pobres de espíritu por lo general) consideraremos ya el mero hecho de haber llegado hasta allí como un gran éxito, otro más de esta maravillosa generación… y que luego podremos ganar o no, claro está, nadie dice que no podamos sino que no será en absoluto probable que ganemos. Ahora bien, si como es de temer nos cae esa derrota no les quepa la menor duda de que el patrioterismo triunfalista (o triunfalismo patrioterista, no sé) perderá el culo por desempolvar la palabra fracaso, lógica consecuencia de haberse pasado meses y aún años enteros vendiéndonos que la verdadera sorpresa no sería ya que ganemos nosotros sino que nos ganen los otros. Sólo hay algo peor que el pesimismo y es ese optimismo a la española; absurdo, desmesurado, descabellado, irracional. Somos así, qué le vamos a hacer, definitivamente no tenemos remedio.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

inflamación (olímpica)   Leave a comment

(publicado el 10 de julio de 2012)

Anda particularmente revuelto el señor Stern en estos días, será acaso que ya siente de cerca la proximidad de su jubilación (no es que yo le quiera echar, líbreme el cielo, se trata de una mera cuestión de edad), proponiendo cruzadas el hombre para cambiar la faz de este juego (o de su Liga, al menos) como si en ello le fuera la vida. La primera viene ya de lejos, es la de elevar a 20 años el límite de edad para ingresar en la NBA, a mí particularmente me encantaría como fan de la NCAA que soy pero ello no me impide reconocer que lo tiene crudo, tanto más cuando hace apenas unos meses que se aprobó (tras sangre, sudor y lágrimas) el vigente convenio colectivo, en el que nada (que yo sepa) se recoge al respecto. La segunda es su preocupación (obsesión, más bien) por el flopping, la cual le ha llevado a anunciar que en breve presentará un sistema absolutamente infalible que permitirá diferenciar sin ningún género de dudas cuándo es falta en ataque y cuándo el defensor se ha tirado descaradamente a la piscina; qué quieren que les diga, lo creeré cuando lo vea, antes no, pero si así fuera espero que no tarden en exportarlo para que podamos implantarlo de inmediato en nuestras ligas (y no me refiero sólo a las de baloncesto). Y la tercera… la tercera cruzada es la razón de ser de este artículo (o lo que sea ya esto) ya que se trata de un asunto que me hincha someramente las pelotas, entiéndanse éstas como meros objetos esféricos absolutamente imprescindibles para la práctica de nuestro deporte y déjense de lado otras groseras acepciones que no mencionaré por estar en horario infantil (ya que en verano cualquier horario es horario infantil).

Para ilustrar dicha inflamación no estará de más que me remonte al principio de los tiempos (o casi): en el principio de los tiempos el olimpismo era una práctica absolutamente amateur, restringida a aquellos seres humanos que (aún por buenos que fueran) practicaban el deporte sólo por el mero placer de practicarlo y sin que ello les supusiera remuneración de ningún tipo. Para entendernos, el olimpismo de entonces era como la NCAA de siempre, si se comprobaba que alguien había percibido un estipendio por su actividad deportiva, aún por pequeño que éste fuera, se le cerraban las puertas de los Juegos y debía conformarse con verlos por televisión, cosa más meritoria aún si cabe ya que en aquel entonces por no haber ni siquiera había televisión. Claro está, los tiempos fueron cambiando, es lo que tienen, el deporte como espectáculo de masas se fue incorporando paulatinamente a nuestra sociedad y la frontera entre amateurismo y profesionalismo empezó a hacerse más y más difusa: había países (tanto más cuanto más hacia el Este) en los que los deportistas constaban como funcionarios, percibiendo una nómina por un trabajo que en realidad nunca jamás ejercían ya que su única ocupación era la práctica full time de su deporte (amateurismo marrón llamábamos a aquello); y había países (tanto más cuanto más hacia el Oeste) en los que unos deportes eran profesionales y otros eran amateur porque sí, por decreto, porque así estaba definido aunque fuera manifiestamente evidente que unos cuantos de esos presuntos amateur en realidad vivían de su deporte como si fueran auténticos profesionales.

En lo que al baloncesto se refiere no había oficialmente otra liga profesional que no fuera la NBA (y aledaños, es decir, también la ABA o la CBA mientras éstas existieron; y la liga filipina, ya puestos, si bien ésta a título meramente anecdótico). El resto de ligas baloncestísticas en todo el orbe planetario eran oficialmente amateur, incluidas la nuestra o la italiana pongamos por caso, aunque a nadie le cupiera la menor duda de que los Epi o Meneghin de la época no necesitaban precisamente otra ocupación para ganarse la vida. Razón por la cual cuando llegaban un Mundial o unos Juegos los nuestros o los rusos o los yugoslavos o los brasileños o los que usted se quiera imaginar participaban con lo mejor que tenían mientras que los yanquis no podían contar con sus profesionales y tenían que conformarse con tirar de universitarios. Lo cual les sirvió casi siempre hasta más/menos mediados de los ochenta pero a partir de ahí se les empezó a acabar el chollo. Por esta razón, pero también (y sobre todo) porque aquella situación de hipocresía institucionalizada ya no había dios que la sostuviera, en un momento dado el olimpismo, Samaranch al frente, decidió liarse la manta a la cabeza y al grito de o todos moros o todos cristianos proclamar abierta la era open para siempre jamás, de tal manera que cada deporte contara en los Juegos con lo mejor que tuviera sin establecer ninguna clase de diferenciación en base al origen de sus ingresos. Así sucedió en el baloncesto desde aquel histórico dream team del 92, así sucedió del mismo modo en el tenis, en el ciclismo, en el atletismo, en todas aquellas especialidades que tenían vetada su participación al deportista profesional…

¿En todas, dije? La FIFA se convirtió de inmediato en mosca cojonera y dijo que no, que esa nueva realidad podría ser perfecta para otros deportes pero de ninguna manera valdría para el suyo, que el fútbol es diferente a todo porque no se parece a nada (o viceversa)… O dicho de otra manera, que ustedes hagan lo que les dé la gana con todas las demás disciplinas pero la mía no me la toquen, háganme el favor. En el fondo y por increíble que parezca todo fue una cuestión de celos, los que sintió Havelange cuando pensó que si a los Juegos iban los mejores entonces la gente haría menos caso a su Mundial. Interesante argumento dado que en todas las disciplinas hay campeonatos mundiales y no parece que éstos se resientan en absoluto por la competencia de los Juegos Olímpicos cada cuatro años, luego menos aún si cabe habría de resentirse el fútbol, pasión de multitudes. Pero claro, vaya usted a explicárselo entonces a Havelange (u hoy a Blatter, o a Platini, tanto da) que a mí me da la risa. No hubo manera de que dieran su brazo a torcer, lo cual convirtió al fútbol en una especie de excrecencia del sistema; ¿cómo armonizar que el fútbol siguiera siendo olímpico (varias veces en todos estos años estuvo a punto de dejar de serlo), que ya no hubiera diferenciación (ni real ni ficticia) amateurismo/profesionalismo y que de ninguna manera pudieran participar los mejores? De repente el fútbol olímpico se convirtió en una especie de Mundial sub23, si bien con tres (creo) posibles excepciones mayores de esa edad por cada selección; y de esta guisa hemos llegado a nuestros días, qué les voy a contar que ustedes no sepan ya…

Retomemos pues (una vez convenientemente ilustrados) la tercera cruzada del señor Stern, que como ya habrán escuchado pretende restringir el baloncesto olímpico a los menores de 23 años. Como el fútbol, vamos, no sé si con excepciones o incluso sin ellas siquiera. Se ve que al hombre le vienen calentando los cascos los propietarios de sus franquicias (que son al fin y al cabo quienes le comisionaron para el cargo), que ven cómo se les van sus criaturas internacionales verano tras verano sin recibir ni una mera compensación por sus servicios más allá del consabido seguro por si alguno se les rompe; que claro, con torneos europeos, americanos y mundiales en general les importa menos porque muchos se escaquean pero con los olímpicos se ponen como locos, quieren ir los que están clasificados y los que no lo están pero quieren clasificarse, por querer quieren ir hasta los yanquis, los kobes, los duranes, los lebrones y claro, así no hay manera… Digo yo que Stern no sabrá mucho de soccer pero alguien le habrá chivado que hay por ahí un deporte que se juega con los pies a cuya versión olímpica sólo van los yogurines, y claro, de repente se le habrá encendido la bombilla y habrá dicho ¡¡¡tate!!! (pronúnciese téit en este caso), si a la cosa esa tan rara sólo van veinteañeros recién cumplidos a ver por qué habríamos nosotros de ser menos… Y dicho y (todavía no) hecho, y ya anda el hombre dando la brasa en todos los foros cada vez que le preguntan y cuando no también, y es bien sabido que a pesado no le gana nadie y que además acostumbra a salirse con la suya, razón por la cual me temo lo peor…

Claro está, cuando un gracioso hace una gracia lo peor que puede pasar es que aparezca otro a reírle la gracia aunque ésta no tenga ni puta gracia (aunque estemos en horario infantil no habrá un solo niño en su sano juicio que haya aguantando leyendo hasta aquí), no sé si me explico. No conozco a ciencia cierta la respuesta de la FIBA pero puedo imaginármela, como unas castañuelas andarán las criaturas a la manera de la FIFA, convencidos en su tierna ingenuidad de que si así fuera la repercusión mediática de su Mundial se dispararía hasta límites insospechados al pasar a tener el monopolio de duranes derones en detrimento de los Juegos. O dicho de otra manera, desnudar a un santo para vestir a otro, con la particularidad de que este último santo venía estando ya suficientemente bien vestido. Créanme, no tengo un particular aprecio (más bien lo contrario) por esa extraña cosa que llaman la Gran Familia Olímpica, pero sí tengo un muy particular aprecio por mi felicidad: y en términos deportivos pocas cosas me hacen más feliz que los Juegos Olímpicos, y en términos olímpicos no hay competición que me haga más feliz que la de baloncesto. Así pues, amigo Stern y amigos de la FIBA, se lo ruego, tengan la bondad, no me toquen las pelotas, ni las necesarias para practicarlo ni cualesquiera otras que pudieran imaginar, háganme ustedes el favor…

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en NBA, preHistoria, selecciones

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(publicado el 2 de julio de 2012)

 

No tengo ningún seguro con Asefa, MMT ó Regal, no mantengo ninguna cuenta abierta en Caja Laboral, CAI, Unicaja ni Caixabancajasolcivicomodemoniossellameahora, no tengo relación comercial ni de ninguna otra índole con Blu:sens, Lagun Aro, Gescrap o Mad-Croc (que algunas de ellas ni sé lo que venden)… pero sí consumo con cierta regularidad vinos blancos con Denominación de Origen Rueda. No es de ahora, no es algo que empezara a hacer por su patrocinio vallisoletano, ya desde antes llevaba años bebiéndolos aunque dicho así lo mismo van a pensar lo que no es, habré de aclararles que tampoco es que sea yo consumidor habitual ni alcohólico anónimo (ni conocido) ni autoridad en la materia ni catador ni gourmet ni somelier ni demás palabras francesas que acostumbramos a utilizar sin acabar de saber lo que significan, no, lo mío es más de consumidor ocasional, fines de semana, tampoco todos, que suelo ser yo más de comidas contundentes que ligeras (para mi desgracia) por lo que también soy más de tintos que de blancos; pero a veces toca arroz, toca pescado, toca algo que pide a gritos ese acompañamiento y entonces sí: a ver, en lo tocante a blancos no es mi denominación de origen preferida (que ese honor se lo reservo al Albariño) pero sí compartiría con otros gustosos caldos un honroso segundo puesto en mi ranking particular; manteniendo además, para mi gusto, una excelente relación calidad-precio (de entre los niveles que puedo permitirme, entiéndase). Dicho lo cual…

Supongo que leyeron hace apenas unos días una noticia aparecida en numerosos medios de comunicación (bueno, tampoco exageremos, digamos que en alguno que otro, y de índole local y deportiva por más señas), según la cual el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rueda ha anunciado que dejará de patrocinar al CB Valladolid “debido a la imagen negativa” que ha transmitido el club en la última temporada. “La D.O. Rueda acudió en ayuda del CB Valladolid, recién ascendido a la ACB, ante la ausencia de patrocinadores para el equipo, y por considerar que era una buena oportunidad para unir el nombre de la denominación con el baloncesto (…) Pero durante la última campaña los resultados fueron muy pobres, quedando el equipo en última posición y, por lo tanto, consumando el descenso a Liga LEB, lo que ha generado de forma continua noticias e informaciones negativas, tanto económicas como deportivas, que perjudican la imagen del patrocinador…”

Reconozcámoslo, tanta sinceridad no resulta nada habitual en estos tiempos que corren. Bien podrían haber aludido a la socorrida crisis como tantos otros en similares circunstancias, bien podrían haber dicho que la actual coyuntura macroeconómica y el complejo escenario de contención del gasto en el que nos hallamos inmersos nos impone una reducción de costes en aquellas partidas meramente superfluas, viéndosenos por ello restringido el montante presupuestario destinado a la publicidad y difusión de nuestros productos, razón por la cual lamentamos comunicar que desde este preciso instante nos vemos obligados a dar por finalizada la relación de estrecha y fructífera colaboración que veníamos manteniendo con el Club Baloncesto Valladolid, al que por supuesto deseamos una cosecha repleta de éxitos en su inmediato futuro y con el que estaremos encantados de volver a colaborar en el momento en que las circunstancias del mercado vuelvan a resultar más favorables, qué sé yo, algo así, el típico mensaje repleto de eufemismos que ya nos hemos encontrado tantas otras veces. Podrían haber sido políticamente correctos pero en su lugar han preferido optar por la crudeza. Crudeza que, dicho sea de paso, difícilmente encaja con la ligereza y gracilidad de su textura, con la suavidad de su aroma, con ese regusto levemente afrutado que deja en lo más profundo del paladar…

Así pues, y atendiendo a las razones por ellos expuestas, me veo en la penosa obligación de comunicar que he decidido dejar de consumir vinos blancos con Denominación de Origen Rueda, debido a la imagen negativa que éstos podrían transmitir de mi hogar y mi familia si dicho consumo llegara a trascender. No me arriesgaré a que una visita me eche en cara que estoy apoyando a un producto que dejó literalmente tirada a una institución deportiva por el mero hecho de que ésta perdió muchos partidos y descendió a la LEB (descenso que, para más inri, es más que probable que ni siquiera llegue a consumarse), no quiero que a mi hijo le señalen con el dedo si el día menos pensado le ven tirando la botella vacía al contenedor de reciclado de vidrio, no me atrevo siquiera a imaginar qué podría pensar de mí una cajera del Mercadona ilustrada en materia baloncestística (alguna habrá, aunque sólo sea por afinidad con su Jefe) si se viera en la tesitura de tener que cobrarme semejante artículo. No lo compraré ni lo beberé ni lo echaré al guiso siquiera no vaya a ser que dé con alguien de paladar suficientemente refinado como para llegar a distinguirlo, no quiero ni pensarlo, se me caería la cara de vergüenza si ello llegara a suceder. Pero no teman, ese cambio de hábitos vitivinícolas no me habrá de suponer ningún problema, afortunadamente el mercado pone a mi disposición decenas y decenas de denominaciones de origen diferentes, cientos y cientos de marcas distintas que probablemente no se habrán planteado nunca patrocinar al baloncesto pero que (quizá por esa misma razón) tampoco habrán dejado nunca abandonado al baloncesto. Créanme, no me resultará nada difícil encontrar otra opción; ojalá el CB Valladolid (en lo que al mercado de patrocinadores se refiere) pudiera decir lo mismo.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

mi robo del draft   2 comments

(publicado el 28 de junio de 2012)

Escribo esto cuando apenas quedan unas horas para que tenga lugar la ceremonia del draft, ya saben, ese fascinante punto de inflexión de cada temporada, este año más fascinante aún si cabe gracias a la magnífica camada que se nos avecina. Claro está que podría yo ahora ponerles la cabeza mala con todos aquellos nombres con los que ya se la puse allá por el invierno y comienzos de primavera pero no teman, no lo haré, no por falta de ganas sino por falta de tiempo. Bueno, por eso y porque tampoco podría (ni aún por mucho empeño que pusiera) llegar siquiera a la suela del zapato de otros muchos análisis leídos en estos días, aquí les dejo tres de ellos, a cuál mejor (escritos por Juan Carlos GarnicaAntonio Rodríguez Txomin Romero), para que así tengan con qué comparar. No les hablaré de nuevo de Anthony Unicej Davis, Thomas Robinson, Michael Kidd-Gilchrist, Harrison Barnes o Bradley Beal, no les insistiré siquiera en el estupor que me produce ver caer en picado a Jared Sullinger en los pronósticos (por su poco atleticismo y sus supuestos problemas de espalda, al parecer) ni en el idéntico estupor que en su día me produjo ver apuntarse al draft a Austin Rivers (que digo yo que éste no será porque necesite el dinero para alimentar a su familia), con lo agustito que podría haberse quedado a la vera del Coach K para seguir progresando en su concepción del juego. Vamos que por no insistirles ni siquiera lo haré con mi chico favorito de mis no menos favoritos Orange, Dion Waiters, que anda la criatura en estas últimas horas disparándose en las apuestas por cierto. Ni les contaré (hablando de Orange) mi escepticismo con Fab Melo, ni mis dudas con Meyers Leonard, ni mi gusto por Arnett Moultrie, ni…

Pero claro, yo no sería yo (ni ustedes me aguantarían lo que me aguantan) si no aprovechara estas horas previas para contarles una debilidad, en realidad mi verdadera debilidad de este draft aún por encima de los ya mencionados Sullinger, Robinson, Waiters, etc. Mi verdadera debilidad de este draft se llama Royce White y procede de los Cyclones o lo que viene siendo lo mismo, la Universidad de Iowa State. No es poca cosa la Universidad de Iowa State, hace ya unos cuantos años tuvieron sus buenos momentos de gloria con el volcánico Larry Eustachy en los banquillos y Jamaal Tinsley y Marcus Fizer (ambos dos posteriormente fallidos en NBA, cada uno a su manera) sobre el parquet, ahora buscan reverdecer viejos laureles dirigidos por un tipo que a todo aquel que siguiera ya la NBA hace apenas una década debería resultarle familiar, Fred Hoiberg. Juegan en la Big12, no estuvieron este año al nivel de Kansas o Missouri (eso ya habrían sido palabras mayores) pero sí en el escalón inmediatamente inferior, lo cual no es decir poco si por allí andan también Texas, Texas A&M, Kansas State o las Oklahomas pongamos por caso. Un buen equipo en suma, merecedor de que echemos un buen vistazo a sus estadísticas, las cuales nos permitirán comprobar un hecho absolutamente sorprendente: su máximo anotador en esta temporada 2011/2012 fue Royce White, su mejor reboteador fue Royce White, su principal asistente fue Royce White, su líder en robos de balón fue Royce White y su primer taponador fue… (adivinen)… Efectivamente, Royce White.

Es decir, el hombre orquesta, no creo que haya muchos otros casos (en universidades de este nivel, me refiero) de un jugador que haya acabado una temporada liderando las cinco principales categorías estadísticas de su equipo. Pero con ser eso importante no lo es menos la sensación de globalidad que te deja cuando le ves jugar (bastante menos de lo que me habría gustado, que no es Iowa St. de las universidades más televisadas precisamente), la de un alero que entiende perfectamente el juego, que lo interpreta a las mil maravillas, que tira cuando hay que tirar pero también pasa (como los ángeles) cuando tiene que pasar, que le pone intensidad por arrobas y que no es que suela echarse el equipo a la espalda porque más bien parece que éste descansara permanentemente sobre ella. Si es usted de los que disfrutan (como es mi caso) con ese tipo de jugadores capaces de hacer muchas cosas y todas bien, no lo dude, éste es y será su hombre. Lo será aún asumiendo que en la NBA su papel será muy distinto, no nos engañemos, allí no tendrá a todo un róster a su alrededor sino más bien al contrario, será él quien aporte intendencia por arrobas a todos los demás. Pero lo será, su hombre y el mío, estoy seguro.

Claro que llegados a este punto puede que usted haya tenido la curiosidad de irse a mirar los mock draft (disculpen la terminología yanqui) y haya comprobado allí con profunda sorpresa y hondo pesar que casi todas las previsiones le sitúan más o menos a partir del puesto 20, razón por la cual se estará preguntando (si no lo sabe ya) por qué demonios no está más arriba si es tan bueno como yo digo. Pues porque no siempre fue así, porque todos tenemos un pasado (y hasta un presente) más o menos inconfesable, pero que resulta ser mucho más manejable cuando un día dejas de intentar esconderlo y decides mirarlo de frente. A Royce White le fue diagnosticado un síndrome que (en traducción más o menos libre) vendría a llamarse desorden de ansiedad generalizado. Para entendernos, algo así como generar respuestas de ansiedad, angustia o incluso pánico ante estímulos muy puntuales y más o menos normales de la vida cotidiana. Un problema que le llevó por caminos tortuosos durante sus años de instituto y que le echó a perder su primer año de universidad, que no fue por cierto en Iowa State sino en su tierra, en Minnesota. No llegó a jugar ni un solo segundo a las órdenes de Tubby Smith (con quien sin embargo mantiene una magnífica relación), dejo el college, se entregó a su otra gran pasión (la música, que hasta hace sus pinitos con el piano la criatura), se buscó a sí mismo y finalmente se encontró, se reencontró hace unos meses en el campus de Iowa State, los resultados muestran bien a las claras cómo fue ese reencuentro.

Es decir, ese síndrome existe y muy probablemente va a seguir existiendo, lo cual no significa que no pueda estar (como está, de hecho) absolutamente bajo control. Como bajo control parece estar también uno de sus principales síntomas, el miedo a volar. En varias ocasiones a lo largo de esta pasada temporada White pidió a Hoiberg que le permitiera desplazarse en coche, siempre y cuando la ciudad a la que fueran a jugar no estuviera tan lejos como para hacerlo imposible. Y así fue varias veces, el equipo en avión y él en su vehículo particular, lo cual no mermó en absoluto su rendimiento sino más bien al contrario, a las pruebas me remito. Claro está que los equipos NBA acostumbran a vivir casi en el aire, razón por la cual numerosos ojeadores y general managers debieron torcer el gesto al conocer este dato. Pero en palabras del propio White su relación con el medio también ha ido evolucionando, ahora ya no es tanto que tenga miedo a volar como que prefiere no hacerlo si puede evitarlo. Algunas veces ha ido en coche pero son muchas más las que ha tenido que utilizar el avión a lo largo de esta temporada sin que ello le haya provocado tampoco ni la menor consecuencia. No le gusta volar, pero no le genera ataques de pánico el tener que hacerlo. Ya no.

De hecho algo ha ido cambiando ya en las percepciones de los ojeadores durante estas últimas semanas: hace apenas dos meses casi todos le situaban al final de la primera ronda o incluso al comienzo de la segunda, pero la magnífica impresión que causó en los campus pre-draft (y la aún mejor impresión que causó en las entrevistas posteriores, mostrando que tiene su cabeza muy bien amueblada y que también en esto es un tipo que se sale por completo de lo corriente) le hizo subir en los pronósticos hasta ese puesto 21 ó 22 (ambos de Celtics, por cierto) o incluso en algún caso hasta el 18, vaya usted a saber si le habrán echado el ojo los Rockets. Lo cual no quita para que yo siga pensando que (si no fuera por todos esos prejuicios antes mencionados) bien podría haber sido una elección incluso de lotería. Caiga donde caiga, lo elija quien lo elija va a seguir siendo mi debilidad, ya se lo digo, mi muy particular robo de este draft, ese jugador del que dentro de unos meses todos se preguntarán cómo pudo caer tan atrás y en qué estarían pensando todos aquellos que no lo escogieron. Lo digo ahora aún a sabiendas de que los fantasmas de Adam Morrison o Evan Turner aún planean sobre mi cabeza, de que si meto la pata (como de costumbre) dentro de unos meses vendrán a recordármelo con todo merecimiento. Pero qué quieren, esto es gratis y además hace mucho calor, si no me tiro aquí a la piscina ya me dirán dónde me voy a tirar. Confío en ti, Royce, no me dejes mal…

PD: si quieren conocer más (y mejor) del personaje en cuestión, en este enlace pueden tener la oportunidad. Es largo (incluso más que estos tochos que suelo yo soltarles) y está en un inglés bastante trabajoso (al menos para lo que yo acostumbro a manejar) pero créanme que merece mucho la pena. Un magnífico artículo que les permitirá conocer de primera mano la dura peripecia vital de este alucinante jugador de baloncesto (y aún más alucinante personaje) llamado Royce White.

 

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en NBA, NCAA, preHistoria

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