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conspiracionismo   Leave a comment

(publicado el 27 de junio de 2012)

Por increíble que les pueda resultar, tengo a mi alrededor (así en mi entorno familiar como laboral) a un puñado de personas absolutamente convencidas de que el hombre jamás pisó la luna, de que todo aquello del Apolo XI y demás apolos sucesivos no fue más que un montaje de los americanos (los de USA, concretamente) para epatar al mundo, situarse en cabeza de la carrera espacial y dar de paso en las narices a los soviéticos, asunto crucial en aquellos tiempos calientes de guerra fría. Y tanto da que les presentes pruebas, documentales, informes, vídeos, todo da lo mismo porque para ellos todo es mentira, si, hombre sí, ya ves tú, fueron hace cuarenta años, y sin embargo luego con lo que han adelantado las tecnologías ya no han vuelto a ir, a ver eso cómo se come, eso no hay quien se lo crea… (aquello me pilló en mi más tierna infancia, mis recuerdos a ese respecto son muy limitados pero en cualquier caso no me suena que aquello entonces se viviera con desconfianza; más bien al contrario, nos creímos a pies juntillas lo del Apolo XI y el XII y sin embargo empezamos a desconfiar cuando se estropeó el Apolo XIII, como al segundo ya no le hicimos ni caso seguro que esto habrá sido una maniobra de los americanos para que les volvamos a prestar atención, decía todo convencida mi madre aún sin saber que veinte o treinta años después harían la película…)

Es decir, somos conspiracionistas, vivimos enredados en una permanente teoría de la conspiración, tampoco sé de qué me sorprendo a estas alturas si al fin y al cabo me crié en una época en la que todos los males de este país se atribuían a un supuesto contubernio judeo-masónico nada menos. Si las cosas nos van bien es porque somos la hostia de buenos pero si nos van mal no es porque seamos malos ni porque haya otros mejores sino porque alguien nos pone la pierna encima y no nos deja levantar la cabeza (frase mítica donde las haya), no sé si me explico. Si arbitran a nuestro favor es porque es así pero si es en nuestra contra no es porque se equivoquen sino porque nos roban, porque hay una campaña orquestada, un complot perfectamente dirigido. Vemos fantasmas en todas partes y manos negras por todos los sitios, somos el país del asiganaelmadrid y el villarato, el de los pedrojotas y los ronceros, el caldo de cultivo perfecto para hacer del mourinhismo nuestra razón de ser, nuestra filosofía de vida. Para qué vamos a aceptar la realidad tal como es si resulta mucho más cómodo pensar que pueda haber alguien moviendo los hilos desde la sombra, bien porque le muevan razones ocultas o bien por el mero placer de jodernos la vida, según. Reconozcámoslo, somos un poco (o un mucho) paranoicos, las manías persecutorias son nuestra mejor especialidad.

Llegados a este punto se estarán ustedes preguntando a dónde quiero llegar a parar con todo esto: pues podría hablar de muchas cosas (de los recientes playoffs ACB por ejemplo, de las presuntas persecuciones arbitrales que supuestamente padecieron unos y otros, los que ganaron, los que perdieron, los que primero ganaron y después perdieron…) pero en este caso sólo pretendo hablar de algo tan lejano como el draft de la NBA; o para ser más exactos, no tanto del draft como de la lotería del draft, esa que se celebró hace ya veintitantos días y que (al menos) en nuestro país dio lugar a un montón de especulaciones previas acerca de presuntas manipulaciones, tampoco podía ser de otra manera siendo como somos: así pudimos leer que el número 1 (o lo que viene siendo lo mismo, Anthony Davis) sería seguro para los Bobcats porque la NBA querría favorecer al equipo de Jordan; o bien sería seguro para los Nets para promocionar y fortalecer a esa franquicia tras su aterrizaje en Brooklin; o bien sería seguro para los Wizards porque ya otras veces la NBA habría favorecido los intereses de los capitalinos; o bien sería seguro para los Pistons porque a la NBA le interesaría reflotar esa legendaria franquicia venida últimamente a menos; o bien sería seguro para los Hornets, como contrapartida para el nuevo propietario por su reciente adquisición… Claro está, con semejante panorama alguno de estos iluminados tendría que acabar necesariamente teniendo razón. La tuvieron los de los Hornets y de inmediato todos los demás se apuntaron gustosos a este mismo carro, si es que se lo iban a dar a Nueva Orleáns, si es que estaba clarísimo, si se lo habrían prometido al nuevo dueño, si además se lo debían tras el traspaso de Chris Paul, a ver si no de qué

Qué quieren que les diga, yo debo ser muy ingenuo ya que por regla general tiendo a creerme las cosas que me cuentan aún por inverosímiles que éstas sean. Si la NBA lo llama lotería del draft pues qué duda cabe, será una lotería, con más bolas para los peores y menos para los mejores pero lotería al fin y al cabo… Ahora bien, todo tiene un límite, hasta mi ingenuidad incluso si me la ponen demasiado a prueba. Ya saben aquello de que no bastaba con que la mujer del césar fuera honrada, que además debía parecerlo. Imaginen que el 22 de diciembre no hubiera bombos ni niños de San Ildefonso, imaginen que en su lugar compareciera a mediodía la Vicepresidenta y portavoz del Gobierno y fuera sacando carteles primero con las pedreas, luego con los quintos premios, los cuartos, el tercero, el segundo y finalmente el primero, el premio gordo señores, ahí lo tienen, ha correspondido al 69696, vendido íntegramente en O Carballiño provincia de Ourense, anda miren, qué casualidad, la bella localidad en la que pasó su más tierna infancia nuestro amado, afamado y nunca bien ponderado Presidente… Vamos que hasta un alelao como yo desconfiaría, ustedes ya ni les cuento. Es lo que tienen los bombos, que tradicionalmente son muy de fiar, ves a un número salir de un bombo y te lo crees, por definición. en cambio que te saquen un cartel y te digan nada macho, que te quedas sin chochona y sin perrito piloto porque le han tocado a éste, pues como que ya no es lo mismo. Y si quieren un ejemplo más cercano tampoco hace falta recurrir a la fantasía, lo tenemos en la cruda realidad y sin salir de nuestro deporte siquiera, sólo necesitaremos viajar un poco en el tiempo, retrotraernos a aquel sorteo de Copa de hace 2 años y medio en el que la ACB decidió prescindir de los procedimientos tradicionales y recurrir al ordenador, razón por la cual (y exceptuándome a mí y mi consabida ingenuidad, por supuesto), no se lo creyó literalmente ni dios…

Pues así fue el sorteo del draft, así es año tras año por si nunca jamás lo vieron: de entrada la cámara nos muestra a los representantes de los equipos (a razón de uno por equipo aunque el surtido acostumbra a resultar de lo más variopinto, ejecutivos, jugadores, ex jugadores, entrenadores, viejas glorias, niños, ancianos, espectaculares señoritas sin cargo conocido…), y en éstas que aparece en pantalla un sujeto con cara de autoridad de la Liga que de inmediato empieza a extraer cartelones de los sobres en orden inverso, es decir, empezando por el puesto 14 que es el último de lotería: los puestos van coincidiendo con lo que esperan los equipos hasta que de repente a uno se lo saltan, de tal manera que ese ya sabe que tendrá premio, que estará entre los tres primeros; llegados a ese punto los representantes de los tres equipos que aún quedan por salir se reúnen con el maestro de ceremonias en el centro del plató, y (como si dijéramos) vuelta la burra al trigo: la elección 3 es para los Tal, la 2 es para los Cual y la 1… la 1 ya no hace falta que la digamos porque una vez llegados a ese punto al representante del equipo en cuestión ya se le ha esponjado la cara y hasta se le han aflojado los esfínteres de la misma emoción. Y ya está, y punto y final, un acto de fe puro y duro, como la Santísima Trinidad o el Misterio de Fátima, o te lo crees o no te lo crees. Yo los dogmas religiosos hace ya muchos años que no me los creo pero lo que me cuentan los seres humanos sí tiendo a creérmelo, ya les dije que soy crédulo e ingenuo (otros dirían tontolculo). Y sin embargo habré de reconocerles que con esta clase de chous que más bien parecen designaciones a dedo del tipo and the winner is, pues como que me lo empiezan a poner difícil…

Afortunadamente el señor Stern no tiene que lidiar en su día a día con el conspiracionismo hispánico sino con el aficionado yanqui, mucho menos dado a paranoias y más a vivir el lado lúdico de la vida… o no. En las pasadas Finales nos contó Daimiel la agria discusión que el susodicho Comisionado había mantenido en antena con un periodista radiofónico al hilo precisamente de esto, de las dudas sobre la veracidad (sobre la existencia, incluso) de esta presunta Lotería del Draft. O dicho de otra manera, que yo que usted, amigo Stern, casi mejor me lo haría mirar. Que desconfiemos los españoles puede ser hasta normal, pero que ya empiecen a desconfiarle hasta los propios yanquis debería empezar a resultarle preocupante. Acuérdese de la mujer del césar: si de verdad es un sorteo casi mejor que lo parezca. Déjese de sucedáneos, desconfíe de las imitaciones, olvídese de los sobres con cartelitos, ahórrese los chous televisivos huecos, hágame caso: en lo tocante a loterías, donde esté un buen bombo que se quite todo lo demás.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

Claverito   3 comments

(publicado el 19 de junio de 2012)

Parece que hoy es el día, parece que hoy Scariolo hará pública (puede que ya sea pública cuando usted lea esto) su lista de elegidos para la gloria (un suponer) de Londres 2012; suceso éste (el de la publicación de la lista, me refiero) que debería suscitar una enorme expectación si no fuera por el pequeño detalle de que ayer ya se ocuparon de filtrarla de tal manera que hoy ya está al cabo de la calle todo dios. Hoy todo dios sabe ya que Scariolo ha elegido para defender nuestro pabellón en Londres 2012 exactamente a los mismos que eligió para defender nuestro pabellón en Lituania 2011, exceptuando a Ricky que últimamente no está para estos trotes e incluyendo en su lugar a Sergio Rodríguez que bien que se lo ha ganado la criatura en estos playoffs. Lo demás todo igual, lo cual en el noventaytantos por ciento de los casos me parece perfecto pero en uno sólo de ellos me chirría, me tira para atrás. Adivinen cual…

Efectivamente, premio para el caballero (o para la señora, según), aunque si usted es de los que me leen de vez en cuando tampoco le habrá resultado muy difícil adivinarlo y hasta puede que el título le haya dado alguna pista. Llevo horas (en realidad llevo años, pero estas últimas horas con mayor intensidad aún si cabe) preguntándome qué méritos habrá contraído Víctor Claver para ser llamado una vez tras otra a presencia del Seleccionador. Es decir, qué méritos más allá de los meramente baloncestísticos, esos que le presuponemos porque sabemos que una vez los tuvo pero que últimamente (y cada vez más) se empeña en esconderlos, no se le vayan a notar. De vez en cuando eclosiona, de cuando en vez (más o menos coincidiendo con el aterrizaje en Valencia de algún afamado entrenador de apellido acabado en ic) renace de sus cenizas cual ave fénix… para retornar de inmediato a sus cenizas pocas semanas después, solo o en compañía de inoportunas lesiones de las que casi siempre suele volver mucho peor que cuando las pilló. Y así llevamos qué sé yo cuántos años esperando a un jugador que nunca llega, cuyos partidos siempre van de más a menos, cuyas temporadas siempre van de más a menos, cuya carrera siempre va de más a menos, de seguir así acabará en nada si los Blazers no lo remedian. Sí, los Blazers, que poseen sus derechos y por alguna razón que se me escapa siguen emperrichados en su fichaje (o eso nos cuentan al menos, también habría que saber cuál es en realidad su verdadero nivel de emperrichamiento). Ellos sabrán, en el pecado podrían llevar la penitencia o a lo mejor no, quién sabe, lo mismo al cambiar los aires del Mediterráneo por los del Pacífico acaba de espabilar.

Y sin embargo Scariolo parece tenerle una fe infinita, inquebrantable. Una fe extraña además, una fe que le lleva a convocarle año tras año como si fuera imprescindible, una fe que luego se le quita de inmediato en cuanto le tiene a sus órdenes dado que no acostumbra a darle ni minutos de la basura siquiera. Si le preguntan (que le preguntarán) argumentará una vez más que se trata de un tipo de jugador que no abunda precisamente en nuestro país, un tres alto, casi un tresymedio que te da también la posibilidad de utilizarlo de cuatro en caso de emergencia, retirado Jiménez y presuntamente retirado de la selección Mumbrú no queda apenas nada parecido, si acaso Suárez pero luego se me enfada, si acaso Mirotic pero todavía no me lo puedo llevar… Dirá más o menos esto Scariolo y probablemente se creerá a sí mismo mientras lo diga, y hasta puede que nosotros también nos lo creamos y digamos hostia macho, pues es verdad, qué razón tiene, cómo vamos a ir a jugar unos juegos olímpicos sin un tres puro, total para que luego lleguemos y juguemos casi todo el rato con tres pequeños, con Rudy o SanEme o incluso Llull en el papel de tres de mentira, y hasta nos salga bien además. Para este viaje no hacen falta alforjas, si no te quieres llevar a Suárez (que tampoco es que haya hecho muchos méritos este año, la verdad), si no te puedes llevar a Mirotic, si no sabes si te puedes llevar a Mumbrú llévate al menos a Sergi Vidal que te lo está pidiendo a gritos, gritos metafóricos entiéndase, él no es de gritar pero su juego lleva gritándolo por él toda la temporada. ¿Que no es un puro tres? Ya, ¿y qué? ¿y a quién demonios le importa que sea un puro tres si al único puro tres que te llevas año tras año luego no te atreves a darle bola ni un segundo siquiera, no la vayamos a liar? Como diría un sabio, a esto de los Juegos Olímpicos si hay que ir se va, pero ir pa na es tontería.

Tiene que haber algo más. Tiene que tener Víctor Claver alguna cualidad oculta que nosotros no sepamos, dado que sus (cada vez más presuntas) cualidades baloncestísticas carecen por completo de importancia una vez llega a la selección. No sé, acaso su culo tenga las dimensiones exactas y precisas, las que mejor se adapten al tamaño del banquillo para permanecer ahí perfectamente aposentado durante dos horas sin que por ello se resienta su anatomía (ni la del jugador ni la del banquillo); o acaso juegue mejor que nadie a la pocha y ello que le convierta en imprescindible; o acaso juegue peor que nadie a la pocha y ello le convierta en aún más imprescindible al contribuir sus sucesivas derrotas a elevar la moral victoriosa del resto de la tropa; o acaso sea su apacibilidad, su pachorra, esa entrañable pinta de no quejarse nunca y de que si lo hiciera lo haría con tal incomparable cara de buena persona que más que contrariado parecería complacido por el mero hecho de no jugar; o acaso, quién sabe, a ver si va a resultar que en Italia los pelirrojos den buena suerte, vaya usted a saber: aquí dicen que es al revés, tuve yo una compañera de trabajo hace muchos años que cada vez que veía a un pelirrojo se tocaba compulsivamente un botón de la camisa o de la blusa porque se suponía que ésa era la única manera de conjurar el mal fario (si un día venía con un suéter y se le aparecía uno teníamos un problema) pero a saber, lo mismo en Pésaro, Brecia, Módena o Pescara estas cosas son diferentes, las supersticiones son así, cada país (cada ser humano, casi) tiene las suyas; y en todo caso habremos de reconocer que en lo que a suerte se refiere, a nuestra selección en estos últimos tiempos tampoco le ha ido del todo mal…

No sé, puestos a buscar explicaciones a lo inexplicable he llegado a pensar incluso que acaso don Seryio pudiera estar subyugado por la musicalidad de su apellido (del de Víctor, me refiero): Scariolo tráeme a Claver, dime Claver de tu boca, que pa eso no hay que tener mucha vergüenza, ni poca… Ya lo sé, no me miren así, estoy desbarrando (llevo ya desbarrando un rato, de hecho), intento dar sentido a lo que no lo tiene pero sólo se me ocurren sinsentidos, por ejemplo que el técnico transalpino tras sus abundantes años en nuestro país haya acabado por aficionarse a la tuna (hay gustos pa tó) acaso contagiado por el buenrollismo que genera y que le parece imprescindible implementar en el equipo nacional, a ver si va a ser eso, si así fuera no lo duden, canten conmigo, Claverito, Claverito de mi corazón, yo te traigo, Claverito, y que juegues me importa un cojón; si algún día, Claverito, no lograra poderte traer, no te creas que ya no te quiero, es que no me dejó Pepe Sáez; chimpún.

 

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, selecciones

caer en gracia   1 comment

(publicado el 18 de junio de 2012)

 

Dicen que más vale caer en gracia que ser gracioso. Dice Pablo Laso que sí, que debe ser cierto, que caer en gracia debe ser la hostia pero él no ha tenido la suerte de comprobarlo, a él sólo le ha correspondido la segunda parte de la frase, se ve que a mucha gente le parece muy gracioso, vaya por dios. Le hacen chistes cuando se pone serio, le hacen chistes cuando se ríe, se los hacen con sus tiempos muertos, con sus cabreos, con sus jugadas, con sus palabras, con sus silencios, con sus muletillas, con todo y casi mejor así, mejor que hagan chistes, puestos a tirarle a degüello casi mejor que sea con sentido del humor. Pablo Laso, recuérdenlo, batió el pasado verano el récord mundial de animadversión temprana, aún no había estampado su firma y ya tenía un buen montón de parroquianos de la iglesia blanca manifestándose en su contra a las puertas del Bernabeu. Su línea argumental debía ser similar a la de aquel despreciativo tuit que me eché a los ojos hace apenas unos días, cambiar a Messina por Laso es como si cambiaran a Mourinho por Oltra, y se quedaba tan ancho el colega. No sé tanto de fútbol (ni de casi nada) como para andar sentando cátedra acerca de Oltra pero por lo que tengo entendido es un técnico cuyos equipos acostumbran a jugar bien y a obtener buenos resultados (asombrosa casualidad), razón por la cual cuenta ya con unas cuantas muescas en forma de ascensos en su zurrón, la última hace apenas unos días. Es decir, un magnífico profesional que hace muy bien su trabajo y que por ello (y aunque así no fuera) merece todos los respetos: exactamente igual que Laso.

Y es que túiter acostumbra a ser una caja de sorpresas en estos días. Hay muchos seres presuntamente humanos que se mueven cual pez en el agua entre la visceralidad, o blanco (nunca mejor dicho) o negro, sin matices. Yo no sé ser así, yo soy más bien gris (quizá ya lo habrían notado), puedo ser gris claro o gris oscuro según me pille pero de ahí no salgo, me encantaría sentar cátedra pero no me sale, nunca estoy seguro de casi nada. La duda es el estado natural del ser humano y por eso me dan mucha envidia aquellos (presuntos) seres que no dudan jamás, que sólo tienen certezas en su interior. En lo que se refiere a Laso los hay que se casarían con él (pocos) y los hay también que le colgarían del palo mayor (unos cuantos más).No está mal para jugar sin entrenador, decía uno cuando aún iban ganando la Final por 2 a 1, estaban a sólo un paso de la gloria y sin embargo alguno elucubraba que lo peor de ganar la Liga es tener que quedarnos con Laso, a lo que otro (pásmense) le contestaba que esa precisamente es la parte mala de los títulos. Vamos que parecía que prefirieran perder con tal de cargárselo, de ser así sus deseos se hicieron realidad sólo en un cincuenta por ciento, perdieron pero por ahora no tendrán la cabeza de Laso servida en bandeja, para eso necesitarán perder más.

Y hubo hasta quien rizó aún más el rizo, se perdió un partido contra el peor Barça de los últimos años y se llegó a estar 1-2 contra el peor Baskonia de la historia, si esto le parecía cuando estaban a punto de ganar la Final no quiero imaginar qué pensará ahora que la perdieron. Supongo que (un sector de) la afición madridista por el mero hecho de serlo tiene interiorizado tal delirio de grandeza que llega a pensar que el resto del mundo debe arrodillarse a su paso, es comprensible que así sea pero permítanme que le recuerde que esto no es fútbol, en fútbol se gastan ustedes lo que no tienen para fichar a lo más florido y granado del planeta pero en baloncesto hay no menos de media docena de equipos de este continente (y del otro ya ni hablemos) que les quintuplican o septuplican o todas las plican que ustedes quieran el presupuesto. En fútbol fichan lo que quieren, en baloncesto lo que pueden o aún mejor, lo que les dejan, y sin embargo luego se rasgan las vestiduras si la institución deportiva más laureada sobre la faz de la tierra y parte del universo no alcanza ni siquiera la Final Four. ¿El peor Barça de los últimos años? ¿El peor Baskonia de la historia (sabrá acaso usted algo acerca de su historia)? Compare plantilla por plantilla, puesto por puesto, jugador por jugador, y luego hablamos. A ver si hay tanta diferencia; y a ver si, caso de haberla, ésta es tan favorable al Madrid como supone usted.

Sólo a título informativo: el Madrid ha ganado este año la Copa, que hacía diecinueve años que no la ganaba, y ha jugado la Final de la Liga, que hacía cinco años que no la jugaba. Vale, sí, la cagó medianamente en Europa, no lo niego, ya dijo aquél que no se puede ser sublime sin interrupción. Si nos paramos a pensarlo la temporada blanca ha tenido tres partes muy diferenciadas, una primera espectacular, ritmo altísimo, fiesta permanente, partidazos a tutiplén, que pareció que se acabaría cuando acabó el lockout y se marcharon Rudy e Ibaka pero aún les duró la inercia hasta febrero, aún les quedó energía para ganar brillantemente la Copa del Rey; una segunda de bajón, físico porque las piernas estaban cansadas y psíquico porque también se relajaron las cabezas tras haber logrado ya un objetivo, todo lo cual nos dejó un Madrid lánguido y decadente que se dejó ir en la competición doméstica y aún más en la de fuera: no habría equipo para exigirles la Final Four, pero no dejaba de ser un cante que ni siquiera llegaran a cuartos; y una tercera fase en la que no fueron capaces de recuperar el tono de la primera (habría sido imposible) pero sí se rehicieron con creces de la segunda, tirando de gen competitivo y sacando fuerzas (físicas y mentales) de donde ya no las tenían: ganaron bien al Cajacomosellame (una primera ronda bastante más difícil de lo que pudiera parecer), flirtearon con la catástrofe ante el Baskonia para salir luego adelante como sólo los grandes equipos pueden hacerlo, finalmente permaneció vivo hasta el último segundo del último minuto del último partido contra su eterno rival. A muchos les parecerá poco, a muchos aunque ganara la Liga, la Euroliga, la Copa, la Supercopa y sólo perdiera el Torneo de la Comunidad también les parecería poco, a mí me parece que con la plantilla que tenían (y viniendo de donde venían) es mucho más que suficiente. No sé, si fuera capaz de verlo con la blanca puesta a lo mejor tendría otra opinión…

No dirán que no se lo advertí hace apenas un año, cuando quedó inaugurado el I Certamen Nacional de Tiro al Laso: (copio y pego) Cada vez que pierda será culpa de él, cada vez que gane será a pesar de él. Dicho y hecho. Ciertos sectores de ciertas aficiones sólo parecen vivir tranquilos con entrenadores acabados en vicde esos a quienes tienden a imaginar látigo en ristre, no hay dolor, el cansancio no existe, sólo estás cansado si piensas que lo estás, si quieres ser bueno no pienses en otra cosa, si quieres dar mimos a un niño dáselos cuando duerme. Que está muy bien, qué duda cabe, que los autores de éstas y otras frases acostumbran a ser magníficos entrenadores pero que lo que el Madrid necesita, con o sin látigo, es sencillamente estabilidad, continuidad: tener un proyecto, confiar en él, aguantarlo contra viento y marea, retocarlo y mejorarlo con los años pero sin perder su esencia. Decirlo suena fácil, hacerlo es mucho más difícil si tienes una afición propensa a ponerse nerviosa y un entorno mediático adicto a los cambios (reales o imaginados, tanto da) porque la estabilidad no vende, vaya por dios. Este Madrid abonado a la improvisación y al despiporre durante demasiados años tiene ahora una magnífica oportunidad (otra más) de empezar a construir y planificar en base a algo sólido, definido y con muy buen aspecto además. A ver cuánto les dura esta vez.

Y en cualquier caso, si les queda alguna duda, harían bien en mirarse en el espejo del eterno rival. Pascual tampoco es de los que cae en gracia precisamente, ya puede haber ganado todo lo habido y por haber que será siempre sospechoso, ya puede haber jugado a lo largo de su carrera todas y cada una de las finales de todas las competiciones nacionales sin perderse ni una sola que dará igual, algunos nunca dejarán de verle como el chico de la casa que fue a parar ahí porque no había otro, porque estaba en el sitio justo en el momento preciso, el conductor de utilitarios al volante de un Ferrari, ya saben, cosas así. No se llama Obradovic ni Ivkovic, ni siquiera Pianigiani pero presenta una hoja de servicios que apenas nada tiene que envidiarles en estos últimos años, y sin embargo esta vez perdió la Copa, perdió la semifinal de la Euroliga y si hubiera perdido también la Liga no me cabe la menor duda de que habría tenido que salir por patas no sé si antes o después o a la vez que Creus. Pero la ganó, miren por donde, la ganó cuando estaba ya más muerto que vivo, la ganó entre otras cosas porque tuvo la luminosa idea de aplicar diversas defensas alternativas que acabaron provocando el definitivo empanamiento del rival. La ganó y casi todos se alegraron por aquellos pagos pero seguro que también hubo algunos que pensaron como aquellos madridistas, que ésta es la parte mala de los títulos, que te toca comerte al odiado entrenador otra temporada más

Laso y Pascual distan mucho de ser perfectos, cosa lógica por otra parte ya que el entrenador perfecto no existe, por definición. A Laso se le vieron las carencias ante las trampas tácticas que le planteó el rival, a Laso se le ven las dificultades cuando no puede jugar al galope ni al trote y tiene que conformarse con jugar al paso. A Pascual le sucede exactamente lo contrario, la pétrea solidez de su entramado defensivo y de su ataque estático no se cuestiona pero algunos casi agradeceríamos que se cuestionara, que metiera de vez en cuando otras velocidades, que fuera capaz de refrescar su juego, lo agradeceríamos los espectadores neutrales y lo agradecerían también alguno de sus jugadores (pasados, presentes, tal vez futuros) que acaban aprisionados en su propia tela de araña cuando solían estar acostumbrados a volar. Laso y Pascual son manifiestamente mejorables (no conozco entrenador alguno que no lo sea), al menos para mi gusto, quizás para el de cualquiera. Pero Laso y Pascual reúnen muchas más virtudes que defectos, también para mi gusto, no sé si para cualquiera. Laso y Pascual son (cada uno en su estilo, cada uno a su manera) dos magníficos entrenadores que merecen con creces dejar de ser graciosos y empezar a caer en gracia de una vez por todas. Pero no teman, no caerá esa breva, más pronto que tarde les echarán, es ley de vida, se habrán de buscar las habichuelas por otros sitios, triunfarán y sólo entonces aquellos que les negaron el pan y la sal dirán anda mira, fíjate tú que ahora ya no me parece tan gracioso, quién lo habría podido imaginar

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

Durant vs LeBron   Leave a comment

(publicado el 13 de junio de 2012)

 

Aclaración previa: esto, siendo como es una especie de presunto pseudoprevio de la Final NBA, tendría que haber sido publicado ayer y no hoy; de hecho ayer por la tarde estaba ya acabado pero por alguna razón que aún no alcanzo a comprender la tecnología se me puso toda en contra, que es bien sabido que los designios del señor Gates y del señor Jobs (q.e.p.d.) y del señor Google (Chrome) son inescrutables. Lo publico tal cual más que nada porque ya no me siento con fuerzas para cambiarlo, aunque soy consciente de que algunas cosas que tenían sentido antes de que empezara la serie ya no tendrán ningún sentido hoy, habiéndose jugado ya ese primer partido cuyo resultado aún no sé ni quiero saber hasta que no lo pueda ver… En fin, que espero que ustedes me lo disculpen. Y en cualquier caso, allá va…

Calladito estoy más guapo, ya me lo decía mi madre (amor de madre, en realidad lo que estaba era menos feo). Calladito debería haberme estado hace exactamente 13 días, cuando ponderé aquí las virtudes de los Spurs más o menos de la misma manera que las había ponderado ya cinco años antes. Aquella vez, junio de 2007, San Antonio cumplió con creces el guión establecido y arroyó por 4-0 a unos incautos Cavs. Esta vez, vaya por dios, sucedió exactamente todo lo contrario: llevaban las criaturas un incomparable balance de 10-0 en playoffs pero decirlo y que empezaran a perder fue todo uno, fue como aquellos narradores que te cuentan que fulanito lleva un diez de diez en tiros libres y es decirlo y que el susodicho empiece a fallarlos, pues esto tres cuartos de lo mismo, si a aquello lo llaman el mal del comentarista a esto lo podría llamar yo el mal del bloguero, por ejemplo. De 10-0 a favor a 0-4 en contra, de tener medio arrollados a los Thunder a verse literalmente aplastados por ellos. Es mentira que no pesen los años sino los kilos, a los Spurs no les sobran kilos pero sí demasiados años por desgracia, tanto talento a espuertas de poco sirve cuando se te acumulan los partidos, de apenas nada sirve ante las piernas frescas (y tampoco exentas de talento precisamente) de estos jóvenes pero sobradamente preparados mocetones de Oklahoma. Mucho mejor que yo lo explica (tanto mejor siendo juez y parte) el insigne bloguero Manu Ginóbili, que todavía no escribe tan bien como juega (entre otras cosas porque eso sería científicamente imposible) pero que anda en ello: No tenemos nada para reprocharnos. Llega un momento en el que te enfrentás a un equipo que juega mejor que el tuyo y te gana, punto. Puede sonar simple, pero es así, es deporte. Oklahoma City tiene más talento que nosotros y nos ganó bien. No creo que la serie se haya definido por una cuestión de cruces y circulitos, como les dicen acá a las cuestiones tácticas. Ellos tienen un talento superior a la media y lo explotaron en el momento que más contaba. A ellos las cosas les salieron fáciles, con naturalidad, siempre encontraban buenos tiros. A nosotros todo nos costaba mucho más.. Pues eso mismo, ni cuatrocientas palabras más.

 

No les voy a engañar, yo no es ya que quisiera que pasaran los Spurs (creo que es evidente) sino que además quería que lo hicieran los Celtics. Es curioso, si me paro a pensarlo creo que a lo largo de mi vida siempre preferí que los equipos jóvenes ganaran a los viejos, que las estrellas emergentes se impusieran a las consolidadas, que los nuevos le fueran quitando el puesto a los antiguos… y sin embargo aquí me tienen (me tuvieron hasta hace cuatro días), deseando que sanantonianos y bostonianos jugaran la Final y con la consiguiente frustración tras haberme quedado con las ganas. Podría pensar que es sólo cosa de la edad, que como me estoy haciendo mayor ahora quiero que ganen los mayores por una mera cuestión desolidaridad geriátrica, pero más bien creo que es algo que tiene que ver sobre todo con esa extraña manera mía de entender el juego, ya saben, esa en la que prima más lo colectivo que lo individual y en la que los equipos son siempre más importantes que las personas. Qué les voy a contar que ustedes no sepan, Spurs y Celtics son dos extraordinarios EQUIPOS dirigidos además por dos no menos extraordinarios (cada uno a su manera) entrenadores. Lo cual no significa hacer de menos a los otros dos, que están aquí por méritos propios y muy bien ganado se lo tienen (y que también están bastante más trabajados de lo que pudiera parecer), pero qué quieren, en esto del juego de conjunto creo yo que todavía hay clases, aunque las edades ya no sean las mismas, aunque en el último momento ya no les acompañen las piernas. Que les quiten lo bailao, que en uno y otro caso fue mucho más de lo que cualquiera hubiera podido imaginar antes de empezar la temporada.

Así que yo quería una Final Spurs-Celtics… que es exactamente lo contrario de lo que quería la NBA. No estoy descubriendo la pólvora, de toda la vida de dios aquella Liga ha personalizado en duelos individuales sus enfrentamientos colectivos siempre que ha podido, Russell vs Chamberlain, Magic vs Bird, Jordan vs Dominique, Robinson vs Olajuwon, Kobe vs Shaq (éstos solían ser del mismo equipo, pero como si no), tantos y tantos otros… Durant vs LeBron, el máximo anotador contra el más valioso, la estrella emergente (ya cada vez más emergida) contra la consagrada, los dos mejores jugadores del momento frente a frente dicho sea con todos los respetos al señor Bryant no vaya a ser que los kobistas vengan y me linchen. Sí, la NBA bebía los vientos por el duelo Durant vs LeBron, lo sabíamos todos de sobra pero ellos por si acaso tampoco pusieron el menor interés en disimularlo; el pasado sábado por la tarde, pocas horas antes de que se jugara el séptimo Heat-Celtics, podíamos leer en la portada de su web la siguiente frase a modo de pie de foto:Sorry, Boston, but a Heat-Thunder clash in the NBA Finals would be heaven for many hoops fans. ¿Se imaginan que aquí la ACB, en vísperas del quinto Madrid-Baskonia, hubiera escrito algo así como lo sentimos mucho alaveses, pero que sepáis que el planeta entero suspira por una Final Madrid-Barça? Se habría líado la de dios (de hecho ya acostumbra a liarse la de dios por cosas infinitamente menores); en cambio en USA no diré que les da igual pero casi, alguno hubo en Boston a quien no le hizo demasiada gracia pero en líneas generales estas cosas acostumbran a parecerles de lo más normal. Es otro mundo, no sé si para bien o para mal; no dan tanta trascendencia a cosas que en realidad no la tienen, no ven fantasmas por todas partes, no piensan que se acabe la vida a cada rato, tienen un sentido lúdico que (al menos en pequeñas dosis) no nos vendría nada mal a los que estamos por aquí.

Y por la misma razón soy más de Thunder que de Heat, prefiero que ganen los Thunder a los Heat. Por Durant, sí, pero también (y sobre todo) por Ibaka y hasta por ese sujeto peludo llamado James Harden, acaso lo más ginobiliano que hayamos conocido desde Ginóbili (nos lo comparaban ya con él cuando aún estaba en Arizona State, y no nos lo queríamos creer), acaso el segundo jugador más importante de este equipo… con permiso, claro está, de ese inmenso ego disfrazado de jugador de baloncesto llamado Russell Westbrook. En esta Final del Oeste pareció entender por fin que su verdadero trabajo consistía en hacer ganar al equipo, no en ganar él; si sigue entendiéndolo así la victoria debería caer por su propio peso entre otras cosas porque tienen algo de lo que los Heat (casi) carecen: clase media, llámese Ibaka, Sefolosha, Perkins, Fisher… En Miami en cambio la estructura se asienta sobre tres inmensas patas (una de ellas aún un poco renqueante, por cierto) no hay apenas nada más: sí, vale, Chalmers, Haslem, Battier, el sempiterno Mike Miller, no me pida que siga con Cole o con Joel. Unos cuantos parches por fuera, un inmenso vacío (alrededor de Bosh) por dentro, muy poca cosa en circunstancias normales, aún menos en circunstanciassobrenaturales como las que viviremos a partir de esta noche. Si ganan los Heat tendrá que ser gracias a otro esfuerzo sobrehumano de LeBron, de Wade y (tal vez en menor medida) de Bosh. Puede suceder una noche, dos, tres me parece difícil, cuatro me resulta ya imposible sobre todo si lo comparamos con lo que tendrán enfrente. Lo siento por Miami pero quiero que ganen los Thunder y además creo que ganarán los Thunder, por una vez mi deseo y mi pronóstico van de la mano, ahora sólo falta que también les acompañe la realidad.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

la noche de las paradojas   Leave a comment

(publicado el 7 de junio de 2012)

¿Qué año sería? 1988 ó 1989, con toda certeza uno de los dos pero ahora mismo no sé cuál, me inclino por el 89 pero tampoco me hagan mucho caso, seguro que tendré por ahí guardado el partido en mi colección de imprescindibles pero apenas tengo tiempo de pararme a buscarlo. Recapitulemos, Barça-Madrid (o Madrid-Barça, tanto monta monta tanto), Final de Copa, una más, otra de tantas pero ésta muy especial, un partidazo cuyo desenlace quedó para la historia, Madrid ganando, última posesión blaugrana, Nacho Solozábal que recibe junto a la línea de (aún entonces) 6,25, que se levanta literalmente sobre la bocina, que la clava… Jamás olvidaré aquel partido por cómo acabo, pero también por lo que sucedió inmediatamente después: lo vi en casa de un amigo madridista que se agarró un cabreo descomunal anta la canasta en cuestión y que no encontró mejor manera de exteriorizarlo que pegándole una patada a la silla vacía que tenía a su lado, la cual fue a estamparse de lleno contra el televisor. Afortunadamente la cosa no pasó a mayores, el impacto no provocó daños de consideración, aquellas teles mamotréticas lo soportaban casi todo pero siempre recordaré el aullido de pavor que emitió su angustiada esposa ante la destemplada reacción de su cónyuge…

Ya imaginarán que ayer no pude evitar acordarme de todo esto, no pude evitar pensar en cuántos madridistas no estrellarían ayer una silla vacía (o cualquier otra cosa que tuvieran a mano) contra el televisor como si éste tuviera la culpa, con evidente riesgo además ya que las delgadísimas pantallas planas de hoy en día no creo que aguanten lo que aguantaban los armatostes de hace veintitantos años. Dicen (juraría que fue Lolo Sainz el primero que lo dijo, aunque tampoco me atrevería a asegurarlo) que lo malo no es perder sino la cara que se te queda, pero hay caras y caras. Si pierdes de treinta se te queda cara de anda y que les den, si pierdes de uno se te queda cara de hay que joderse, si pierdes de uno en la última décima de segundo tras haber ido ganando de diecisiete hace apenas diez minutos se te queda cara de cagarte en una serie de entes abstractos que no reproduciré aquí no vaya a ser tachado de blasfemo, que últimamente algunas sensibilidades andan muy a flor de piel. Si pierdes de esta manera se te queda cara de Cheska, los moscovitas bien podrán entender a los madridistas tras lo de anoche (y viceversa) aunque su caso fuera aún más grave, aunque aquella fuera Final a un solo partido, aunque no hubiera vuelta de hoja. En cambio lo del Madrid sí podría tener solución… lo cual no significa que vaya a tener solución.

Segundos después de la catástrofe ya estaban Laso y sus lasitos diciendo que no pasaba nada, que gajes del oficio, que el baloncesto es así, que se ha perdido una batalla pero no la guerra, que en playoffs cada partido es una historia y demás zarandajas que son exactamente las que tienen que decir, no van a salir diciendo pues sí señores, estamos hundidos, esto es una mierda, podemos dar la serie por perdida, la vida ya no tiene ningún sentido. No, ellos dijeron lo que tenían que decir, lo que se esperaba que dijeran; ya otra cosa es que se creyeran a sí mismos mientras lo decían. Perder así es devastador, no ya por la derrota en sí misma ni por las circunstancias en que se produjo sino porque provoca en sus protagonistas una sensación de absoluta inseguridad, no tendremos otra oportunidad así, si hoy no hemos ganado ya no vamos a ganar nunca, total qué más da lo que hagamos si al final nos la van a cascar de la misma manera… Dicen que no les afecta, están en su papel, pero están bien jodidos, mucho más que ante cualquier otra clase de derrota. No serían humanos si no lo estuvieran.

Lo cual no les exime de responsabilidad, por supuesto. No nos engañemos, el Madrid tiró el partido, sin querer por supuesto pero lo tiró por el sumidero, puso todo de su parte para echarlo a perder, por tembladera de pulso, por miedo a ganar, llámelo usted como quiera, se fue por las patas abajo hasta el bueno de Laso que a falta de dos o tres minutos no encontró mejor solución que sentar a lo mejor que tenía, sentar al Chacho ante la avalancha blaugrana pensando tal vez que lo que perdiera en ataque lo ganaría en defensa, craso error, Navarro, Lorbek y Mickeal estaban iluminados les pusieras lo que les pusieras. Y cuando se puso a arreglarlo ya dio igual, ya dio igual entre otras cosas porque pensaron que no hacía falta arreglar nada, que ya todo lo tenían arreglado, de 26 segundos que quedan 24 son nuestros, bastará casi con agotar la posesión, a ver qué van a hacer ellos en tan sólo dos segundos… Les salió una cosa muy parecida a aquella jugada de la que hablaron en un tiempo muerto ante el Baskonia, el aclarado de Llull, nada de particular si no fuera porque aquel aclarado de Llull estaba pensado para sorprender en muy pocos segundos y no para aguantar los 24. El aclarado quedó tan aclarado que Llull no encontró vías de penetración, podría haber atacado la canasta de igual manera para ver si sacaba una falta pero no se atrevió, se lo pensó varios segundos, se la tiró como quien se saca un problema de encima, acaso pensando total qué más da, aunque no la meta ellos ya no tendrán tiempo de reaccionar

Se le olvidó procesar el pequeño detalle de que el Barça estaba en trance, llevaba ya así varios minutos, acaso todo empezara con aquella técnica sagazmente provocada por Pascual sin que hubiera apenas motivos ni razones para ello, simplemente con la sana finalidad de invertir la tendencia; y no me refiero a la tendencia arbitral (que a mí tan normal me pareció el arbitraje antes como después) como a la dinámica del partido, a la adrenalina de sus jugadores, a la tensión competitiva que empezó a respirarse incluso desde una grada bastante mortecina hasta entonces. El cambio fue paulatino, empezó a sostenerse sobre sólo dos patas llamadas Navarro y Lorbek, equilibro ciertamente precario hasta que apareció Mickeal y ya fueron tres patas, ya más que suficientes para sustentar cualquier estructura. Fue definitivamente la noche de las paradojas: que el Barça (excepto puntualmente esas tres patas) jugara mal y ganara, que el Madrid (excepto esos últimos minutos) jugara bien y perdiera, que el Barça se suicidara no haciendo falta en aquella última posesión blanca y sin embargo le saliera bien, que recurriera Pascual a Eidson como base en los momentos culminantes y sin embargo el partido se lo acabara ganando un base, que ese base fuera Marcelinho Huertas que en toda la noche (en toda la temporada, casi) apenas había dado una a derechas, que esta entrada me esté quedando ya demasiado larga y sin embargo se me quede manifiestamente corta para procesar todo lo que sucedió…

En resumidas cuentas: un espectáculo superlativo, grandioso, un partido y un desenlace que quedará para la historia; así nos lo pareció a los neutrales, así se lo parecería aún más a los blaugranas, así debió parecérselo incluso a los blancos aunque eso ya sería bastante más tarde, una vez lograran recuperarse del disgusto. Una noche inolvidable para todos los que amamos este juego, pero un final que debió joder especialmente a alguno que no me consta que sea madridista (aunque probablemente lo sea) sino que más bien practica la filosofía del porculismo, que en este caso vendría a ser sinónimo de juanmorismoPascual no hacía más que rotar y rotar en busca de soluciones. Hasta doce cambios hizo en el tercer cuarto, con un parcial calamitoso: 17-23. ¿Sería casualidad que el cuarto donde Laso hizo más cambios también fuera el peor para su equipo? Once rotaciones y parcial de 27-14 en el último. Cuando los técnicos se apoderan del partido, pasa lo que pasa. Que desaparecen los jugadores y un gran partido se acaba jugando a cara o cruz. Una lástima. ¿Que los técnicos se apoderaron del partido, dice usted? (Otra historia ya es que estuvieran acertados o no en momentos puntuales) ¿Que desaparecieron los jugadores? ¿Que no vio a Navarro, a Mickeal, a Lorbek o antes al Chacho, a Tomic, a Singler, a Carroll?, ¿Que este final le pareció sólo eso, una lástima? Hace falta tener mucho vinagre en las venas para quedarse con esa conclusión después de un final así, por mucho que le jodiera dicho final. Probablemente usted sería mucho más feliz con un deporte en el que sólo se pudieran hacer tres cambios por equipo (y los sustituidos no pudieran volver a la cancha, claro) pero por ahora esto sigue siendo BA-LON-CES-TO (como dijo aquél) y del bueno, además. No tiene por qué gustarle, no es obligatorio, pero aquellos a los que sí nos gusta le agradeceríamos de todo corazón que nos dejara disfrutarlo en paz.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

el destripador   1 comment

(publicado el 6 de junio de 2012)

 

¡¡¡Que nos quedamos sin Spurs!!! (y ante la cara de estupor que le pongo va y me lo repite, por si no me había quedado suficientemente claro) ¡¡¡Que nos quedamos sin Spurs!!! ¿No te has enterado? Sí, han vuelto a perder esta noche, por lo visto se ha salido el buenísimo del otro equipo, ese que es la hostia, este…. ¿cómo se llama?… Eso, Kevin Durant, lo ha debido meter todo el tío, aunque no sé, te dicen que han hecho un partidazo pero luego resulta que sólo han sido dos de diferencia, así que digo yo que tampoco habrá sido para tanto… (y en éstas, reparando por fin en que mi cara de gilipollas es aún mayor que de costumbre) Claro que… a lo mejor no querías enterarte del resultado, lo mismo lo habías puesto a grabar para verlo después y te lo estoy destripando… Hostia, tío, pues haberlo dicho antes, coño, eso se avisa, si me lo dices desde el principio pues yo ya me callo… (y entonces, reparando por fin en lo absurdo de su argumentación) Aunque también es verdad que yo no he entrado bien. si lo primero que te digo es que nos quedamos sin Spurs pues ya para qué me vas a decir nada, si ya te da igual, sólo con la primera frase ya te he dicho todo lo que no querías saber…

Y por si acaso no hubiera tenido yo bastante, una compañera (o algo así) decide aprovechar la ocasión para meter el dedo en el ojo (en el mío, concretamente). Sin saber de qué demonios estamos hablando se mete en la conversación (suponiendo que aquello fuera una conversación) para ser fiel a su acendrada costumbre de sentar cátedra y pontificar acerca de todo aquello de lo que no tiene ni puta idea, y así de paso descargar de toda responsabilidad a mi interlocutor echándomela a mí toda entera: ¡vamos a ver, si es que esto no es así, un acontecimiento deportivo no se graba para verlo después sin enterarte del resultado, la culpa es tuya, se graba uno una película, una serie, lo que sea pero un partido que luego te van a estar diciendo cómo han quedado a todas horas, en todos los sitios, eso no se graba, eso se ve en directo o no se ve, si es a las tres de la mañana como si es a las tres de la tarde…!

Y lo que más me jode, aún más incluso que haberme enterado del resultado, es tener encima que darle la razón: tienes grabado el evento NBA más apetecible en años, la mejor eliminatoria posible, la mejor situación posible, ese quinto partido con empate a dos que siempre es casi lo mejor que se puede ver en una serie al mejor de siete, tienes toda la ilusión depositada en llegar a casa a las cuatro de la tarde y desmoronarte a verlo mientras comes, y para asegurarte de que nada ni nadie te lo estropea esquivas las noticias deportivas de la radio, no miras webs ni de deporte ni tan siquiera las de información general no vaya a ser que les dé por ponerlo, huyes hasta del túiter, crees tener controlado a todo aquel que te pueda hablar del tema… total para que de repente se te aparezca quien menos te esperas y te lo suelte así, de sopetón, sin preámbulo alguno, que nos quedamos sin Spurs, sin dejarte ni siquiera una décima de segundo para poder decirleespera tío, cállate y no me toques las pelotas que lo tengo grabado, no me cuentes nada, no quiero saber nada… No, más de tres horas después aún no se me ha quitado esa cara de gilipollas (reitero, aún mayorque la que ya suelo llevar de serie). Debe de ser el espejo del alma, evidentemente.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en NBA, preHistoria

CUESTIÓN DE TAMAÑO   1 comment

(publicado el 4 de junio de 2012)

Cuántas veces no habremos escuchado (en estos días, sin ir más lejos) la siguiente queja: con lo larga que se hace la temporada regular, y luego los playoffs se acaban en nada… Suena a tópico, a lugar común, sobre todo la primera parte, aquella de que la temporada regular se hace larga: se hará larga para los que sólo miran la parte de arriba, para todos aquellos a los que sólo importa quién gana el título y todo lo demás (quién juega playoffs, quién obtiene ventaja de campo, quién desciende) se les da una higa. A mí no se me hace larga la temporada regular (aunque lo sea), a mí se me quedan muy cortos los playoffs, te pasas todo el año esperando que lleguen y luego se te acaban casi antes de que te des cuenta de que empiezan, no es sólo una frase hecha, ya les conté que sé de alguno que se enteró de que habían empezado cuando ya había acabado la primera ronda…

Pero todo esto no son más que meras impresiones subjetivas, que quedan muy bien (espero) pero que tampoco tienen mucho sentido si hablamos sobre todo de longitud, un valor que se puede medir en base a parámetros absolutamente objetivos. Midamos pues, veamos cuánto pesan los playoffs en el global de nuestra temporada y cuánto pesan los playoffs en el global de la temporada NBA, manida comparación donde las haya pero que tiene sentido dado que fueron precisamente ellos quienes inventaron este sistema y quienes llevan ya décadas y más décadas poniéndolo en práctica con notable éxito de crítica y público, no como aquí que parecemos tenerlo siempre bajo sospecha; aquí cada lunes y cada martes aparece algúniluminado pretendiendo quitar los playoffs para dar más importancia a la temporada regular, en cambio en USA no es ya que no se lo planteen (que no se lo plantean) sino que si a alguien se le ocurriera siquiera insinuarlo se le descojonarían de risa y le tacharían de loco sin prestarle ni la menor atención. Realidades diferentes, culturas diferentes, tradiciones diferentes, competiciones deportivas totalmente diferentes, aquí al futbolerismo le cuesta entender los playoffs del mismo modo que allí nadie entendería una liga a doble vuelta sin siquiera una mínima fase final después… (sí, ya lo sé, me he ido por las ramas, ahora retomo).

Pues eso, que midamos: una temporada regular NBA digamos, normal (es decir, cualquiera excepto ésta del lockout) viene a durar cinco meses y medio, los que van desde finales de octubre o comienzos de noviembre hasta mediados de abril. Y apenas tres días más tarde comienzan los playoffs, que duran aproximadamente dos meses, fecha arriba, fecha abajo, en función de lo larga o corta que acabe resultando la final. En cambio una temporada regular ACB, esta misma por ejemplo, viene a durar más o menos siete meses, de primeros de octubre a primeros de mayo; y luego hay que dejar hueco para la Final Four de la Euroliga, de tal manera que al final los playoffs se inician nada menos que once días después de que acabe la regular: los de este año empezaron el jueves 17 de mayo y acabarán el sábado 16 de junio, eso en el mejor de los casos y siempre y cuando la final llegue a cinco partidos. Es decir, un mes, redondeando por lo alto. Como me ha quedado muy farragoso, les resumo:

NBA.- siete meses y medio en total: cinco meses y medio de Regular Season y dos meses de playoffs.
ACB.- casi ocho meses y medio en total: siete meses de temporada regular, y apenas un mes de playoffs.

Pongámoslo si les parece en términos porcentuales, que se ve aún más claro: los playoffs representan casi el 27 por ciento del total de la temporada NBA, mientras que no llegan ni siquiera al 12 por ciento de la temporada ACB. Más de la cuarta parte de lo que se comen los yanquis es solomillo, mientras que en nuestro caso ese solomillo es poco más que una décima parte de todo lo que nos comemos. En USA marean la perdiz de forma desmesurada durante cinco meses y medio porque saben que luego tendrán nada menos que dos meses para sacarle sustancia, aquí la mareamos (quizá menos, por aquello de la Copa) durante casi siete meses y medio, total para luego no tener apenas tiempo ni para saborearla siquiera.

Claro, me dirán que la temporada regular NBA también se hace muy larga y francamente tendrán razón, de hecho a mí se me hace mucho más larga que la de la ACB. Pero a la vista de los datos su problema no es tanto de longitud sino de densidad, no es que se alargue mucho en el tiempo sino que son demasiados partidos (para mi gusto) en ese tiempo, recuerden, 82 por equipo, tocan a quince al mes, un partido cada dos días poco más o menos; con semejante concentración resulta imposible jugarlos todos al cien por cien (vamos, que ni al cincuenta por ciento), resulta impensable que aquellos equipos que tengan ya cumplidos (o descumplidos) sus objetivos no se dejen ir en ese último mes de competición. Si de mí dependiera jugarían menos (y mejores) partidos pero qué quieren, es su Liga, a ellos les gusta así, a nadie de por allí se le pasa por la cabeza cambiarla. La que nos debe preocupar es la nuestra, nuestra temporada regular que será menos densa (afortunadamente) pero es más larga, demasiado sobre todo si la comparamos con lo que viene a continuación.

Ahora bien, resulta absurdo andar a estas alturas de nuestra vida mirando a ver quién es el que la tiene más grande. O como cantaba Krahe (con perdón) hace ya muchos años, que es mísero, sórdido y aún diría tétrico reducirlo todo al sistema métrico. Esto es como tantas otras cosas, no importa tanto el tamaño como lo que seamos capaces de hacer con él. A los yanquis el preámbulo les puede quedar un poco denso pero luego se recrean con creces en el momento cumbre, nosotros en cambio somos más de prolongar eternamente los preliminares para luego acabar en un aquí te pillo aquí te mato; es tan corto el disfrute que apenas se disfruta, de ahí que de vez en cuando emerjan seres (tal vez poco acostumbrados a esta clase de disfrute) que aboguen por suprimir el momento culminante para concentrar todo el goce en los preparativos. Yo soy más bien de la opinión contraria: los preparativos hay que procurar disfrutarlos lo más posible, por supuesto, pero por buenos que sean nunca podrán equipararse al goce de una larga, auténtica, intensa culminación.

Ya, pero… ¿qué hacemos? La teoría parece muy sencilla, si la temporada regular es demasiado larga reduzcámosla, si los playoffs son demasiado cortos alarguémoslos. Como si eso fuera tan fácil. En las actuales circunstancias lo primero no es ya que sea difícil sino que es imposible: no puede comprimirse aún más el calendario sin colisionar de manera evidente con la Euroliga y demás competiciones europeas (a mí particularmente me encantaría que las ligas nacionales y las continentales no se solaparan ni se entremezclaran sino que se jugaran en periodos diferentes: de octubre a febrero ACB full time, de marzo a junio Euroliga full time, por ejemplo; pero tal y como está concebido el deporte en nuestro continente eso entraría ya casi en el terreno de la utopía). Y lo segundo (es decir, alargar los playoffs) en las actuales circunstancias sería no ya imposible sino contraproducente, ya en tiempos no demasiado pretéritos a la ACB le dio por dilatar en el tiempo las eliminatorias, separar unos partidos de otros con lo que a la larga sólo consiguió que de una vez para otra la gente se fuera olvidando de su existencia. Pero repito, en las actuales circunstancias

Es decir, la única manera sería modificar (en la medida de nuestras posibilidades) las circunstancias: la única manera de reducir la temporada regular es que se jueguen menos partidos, y la única manera sensata de que se jueguen menos partidos es que haya menos equipos (es decir, habría otras, por ejemplo dividiendo la competición para la segunda vuelta en subgrupos de -pongamos- seis equipos cada uno, pero la experiencia nos dice que a la larga no funcionaría, que en este país todo aquello que no sea liga todos contra todos a doble vuelta el aficionado común directamente no lo entiende). Si en vez de 18 equipos tuviéramos 16 sólo necesitaríamos 30 jornadas (en lugar de las 34 actuales), no les digo ya si tuviéramos 14 (quizás esto fuera demasiado) que entonces nos bastaría con 26, liberando por supuesto todas esas fechas para unos hipotéticos playoffs… Sí, ya lo sé, soy plenamente consciente de que ahora mismo me estoy ganando el odio o al menos la animadversión de buena parte de los lectores (si los hubiere) que no querrán ni oír hablar de una reducción de equipos ni como hipótesis de trabajo siquiera, no fuera a ser que le tocase al suyo; lo cual dicho sea de paso es muy razonable, tan razonable como mi ingenua pretensión de que un mayor número de equipos por lo general no supone un incremento de calidad, más bien al contrario: a menos equipos más se concentrará el talento, ergo mayor nivel tendrá la competición. En cualquier caso no se me asusten, es sólomi idea, sé perfectamente que una cosa así no podría prosperar nunca jamás, ni de coña. Simplemente la dejo caer, por si a alguien le apeteciera pararse a reflexionar.

Lo de los playoffs debería ser más sencillo, bastaría con jugar más partidos para lo cual bastaría con aumentar el tamaño de las eliminatorias: la primera ronda al mejor de 5 a ser posible, no esta patochada al mejor de 3 (que casi siempre son 2) que jugamos ahora medio escondida en el calendario como si nos diera vergüenza jugarla. ¿Y las demás? Pues miren, yo intentaría de una vez por todas probar con una Final al mejor de 7. Me dirán que el aficionado europeo no está maduro ni preparado para unas series tan largas, y probablemente será cierto pero qué quieren que les diga, yo ya tengo una edad y he visto de todo, recuerdo perfectamente que eso mismo ya se dijo cuando se implementaron las series a 5, y no digamos ya cuando empezaron los playoffs en los primeros ochenta, que si eso aquí jamás podría funcionar, que si el aficionado no iba a entenderlo, etc etc. (Y encima la primera serie de playoffs que se disputó en este país fue una final Madrid-Barça a tres partidos que acabó como el rosario de la aurora, con el Barça negándose a comparecer al tercero tras la tangana y las posteriores sanciones del segundo… lo cual dio más argumentos a todos aquellos que sostenían que eso aquí jamás podría funcionar; y sin embargo al año siguiente se repitió la fórmula y contra todo pronóstico ya sí fue un éxito, como lo fue al otro, y al otro, y al…) Es decir, no demos por hecho que algo no puede funcionar hasta que no comprobemos si funciona; probemos la final a 7, un año, dos y si la cosa cuaja ampliémoslo incluso a las semifinales. Y sí, asumamos que el Frente Anti-Playoffs se nos tiraría al cuello, no quieres caldo pues toma siete tazas, pero tampoco habría de ser algo que nos preocupara porque a estas alturas ya vamos estando acostumbrados. Hagámoslo por favor, entre otras cosas porque tal y como estamos (a nivel de repercusión social y/o mediática) ya no tenemos casi nada que perder.

En fin, que no sé si todo este rollo tendrá o dejará de tener alguna utilidad pero en cualquier caso ahí se lo dejo, para lo que gusten mandar. Qué quieren que les diga, pasarnos siete meses y medio esperando a que lleguen los playoffs para luego despacharlos deprisa y corriendo en apenas un mes escaso no tiene ningún sentido, y aún peor, sólo sirve para reforzar las teorías de todos aquellos que no quieren que haya playoffs. El primer paso para convencer a todo dios de las bondades de este sistema es que nosotros mismos nos lo creamos, que profundicemos en ello, que intentemos mantener la atención mediática durante al menos un mes y medio, tal vez dos, que acertemos a venderlo como la parte verdaderamente esencial de cada temporada, el eje alrededor de la cual gira casi todo lo demás. O eso, o seguir tirando piedras contra nuestro propio tejado.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en ACB, preHistoria

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