Archivo para la categoría "varios"

HE ESCRITO UN SUEÑO   5 comments

Todo empezó hace diez meses. O para ser más preciso, todo empezó hace diez años… aunque en lo que a mí respecta empezara hace diez meses. A ver si me explico:

Hace diez meses, una extinta web llamada Basket y Punto (con la que había yo mantenido alguna colaboración) parió un proyecto que luego nunca se llevó a cabo: hacer entre varios un libro conjunto para glosar los éxitos de la selección española durante todos estos años, empezando lógicamente por el Mundobasket 2006 y acabándolo con el Eurobasket 2015 (al calor de cuyo éxito había nacido la idea). Me propusieron que yo fuera uno de sus autores, de entrada decliné la invitación (alegando mi endémica falta de tiempo y mi fobia a trabajar con plazos, tanto más en un proyecto que se pretendía que estuviera listo en apenas dos meses), finalmente la acepté tras arduas negociaciones… y justamente entonces el proyecto se fue al carajo, el proyecto y hasta la propia web que lo sustentaba, nunca supe por qué. Mi interlocutor de Basket y Punto (cuyo nombre desconozco, y bien que lo siento) simplemente me comunicó que ya no se iba a hacer… e hizo también algo más, por lo que le quedaré infinitamente agradecido: me animó a que yo escribiera. No a que escribiera unas cuantas entradas de blog (que para eso no tenía que animarme) sino a que diera un paso más y me atreviera con un libro, no ya conjunto sino propio, hecho por mí solo conmigo mismo y en mi propia mismidad. Le agradecí el halago, le dije que no me veía en ese papel, que al fin y al cabo quién era yo para pretender entrar en ese selecto club… Le dije muchas cosas, pero luego (ya en la soledad de mis pensamientos) empecé a darle vueltas a la cabeza: al fin y al cabo estábamos en septiembre (quizás ya octubre) de 2015, al fin y al cabo al año siguiente se cumplirían precisamente diez veranos de aquel inolvidable Mundobasket, por qué no intentarlo, por qué no aprovechar la efeméride para intentar recrear todo aquello, para revivir otra vez aquel sueño…

seleccion2006 2p

Me puse a la tarea, sin saber muy bien ni cómo ni por qué. Planifiqué y escribí mientras pude, sin querer imponerme plazos pero con la vista fijada en este junio/julio de 2016. Aguanté octubre y noviembre y luego me sobrevino un parón, que mi tiempo de ocio es muy limitado y la NCAA se lleva buena parte de él durante los meses de invierno. Pero lo retomé con nuevos bríos a finales de marzo y prácticamente ya no hice otra cosa (más allá de cumplir con mis obligaciones laborales y/o domésticas) hasta finales de junio, dejándome mucho baloncesto, mucho descanso y demasiado sueño por el camino (y dejando semiabandonado también este blog y hasta mi cuenta de Twitter, a ratos; lo siento, no doy para más). Y comiéndome muchísimos bajones, también: mayo fue un mes particularmente difícil (en todos los sentidos) durante el que demasiadas veces me pregunté quién me creía que era, a qué aspiraba, con qué derecho me atrevía yo a intentar algo así. Tuve incluso que autoaplicarme tácticas paulocoelhianas para seguir adelante, repetirme a mí mismo que el verdadero fracaso es no intentarlo, que no podía dejar que la realidad se interpusiera en mis deseos y qué sé yo cuántas chorradas más;portadadef2 repetirme sobre todo que qué sentido tendría dejarlo a medias con todo lo que llevaba hecho ya, menudo desperdicio de horas si tiraba la toalla, ya lo único sensato que podía hacer a esas alturas era continuar hasta el final. Continué, perseveré, acabé, corregí, retoqué… y hoy les presento el resultado, el fruto de mi trabajo durante todos estos meses. Hoy les presento EL SUEÑO DE UNA MAÑANA DE VERANO.

Así que ya lo saben, hoy he venido aquí a hablar de mi libro, frase mítica donde las haya (si es usted tan insultantemente joven como para no saber por qué es mítica esa frase, no deje de pinchar en este enlace). Mi libro, tendré que repetirlo una y otra vez para irme acostumbrando, ni se imaginan lo raro que me resulta utilizar esa expresión para referirme a algo que haya escrito y no a algo que haya comprado. Un libro que me ha llevado a viajar diez años atrás en el tiempo para reconstruir otra vez todo aquel inmenso sueño de 2006; pero eso sí, sin himnos, sin banderas, sin patrioterismos de ninguna clase, sólo con intensidad y con PASIÓN, con esa misma pasión con que lo disfrutamos entonces: pasión por este juego, pasión sobre todo por aquel maravilloso equipo. Nada más (y nada menos) que eso.

Ahora bien, antes de que huyan despavoridos sí me gustaría comentarles dos pequeños detalles de intendencia acerca del susodicho libro:

  1. Sólo lo van a encontrar en formato digital, mal que me pese. Mal que me pese porque aún pertenezco (quizás por edad) a esa clase de personas que consideran que pocos objetos hay más bellos, más agradables al tacto y más avanzados tecnológicamente que un libro físico, un libro de-los-de-toda-la-vida, con sus hojas y sus pastas. Nada me habría gustado más que tener en mis manos algo escrito por mí, pero he de asumir la cruda realidad: yo no soy nadie, digámoslo así. No soy ni he sido jugador ni entrenador ni periodista ni ojeador ni árbitro ni directivo ni delegado ni masajista ni utillero ni llevador de botijo ni cheerleader siquiera, nadie. No soy más que un mero aficionado con un buen puñado de seguidores en twitter (muchos más de los que jamás imaginé que tendría) y otro buen puñado de lectores en este blog, nada más que eso. Un advenedizo, dirían muchos (no sería ni la primera ni la segunda vez que me lo insinúan). Y como tal, una cosa es tener sueños y otra es dejar de tener los pies en el suelo: Darme el capricho de un libro físico (impresión, maquetación, edición, etc) me sometería a unos costes que muy probablemente no recuperaría (una cosa es asumir que mis hobbies no me den dinero y otra ya es perderlo), que me obligaría a ponerlo a un precio al que no me lo compraría ni dios; o al que en el mejor de los casos me lo comprarían cuatro gatos por puro compromiso (y si hay algo que detesto en esta vida es poner a alguien en un compromiso). Quiero que lo compre todo aquel que quiera leerlo (y luego que lo lea, claro). Ni más ni menos.
  2. Lo cual me lleva de inmediato al otro detalle que quería comentarles: el precio. Le he dado muchas vueltas antes de decidirlo, quizás porque es la primera vez que me veo en la tesitura de ponerle precio a algo hecho por mí. Tenía claro que no fuera disuasorio, que estuviera al alcance de casi todos los bolsillos, que a nadie que quisiera de verdad leerlo le pudiera echar para atrás. Pero también tenía claro que le he echado a esto muchísimas horas, muchas más de las que imaginan (y no sólo escribiendo, también revisionando y reviviendo todo aquello) y no quería minusvalorar de ningún modo ese trabajo. El resultado de todo ello es que lo he puesto a 3,95 €, que no sé si es mucho o poco pero creo que resulta sumamente asequible.indice imagen Por supuesto que habrá quien lo encuentre excesivamente caro (aunque por cualquier bebida en casi cualquier terraza te cobran ya más que eso) y que habrá también quien lo encuentre tirado pero qué quieren que les diga, prefiero ponerlo a tres euros y que lo lean diez a ponerlo a diez euros y que lo lean tres. Así que 3,95, que no irán íntegros a mi bolsillo ni mucho menos ya que la plataforma que lo acoge en su seno lógicamente no lo hace por la cara sino que se reserva un porcentaje de cada venta, aclaración obvia como no es menos obvio que cuando vayan a comprarlo probablemente no les van a pedir sólo esos 3,95, sospecho que además le añadirán una cosa muy desagradable llamada IVA. Ya ven que no me guardo nada…

Y poco más, aquí lo tienen, casi trescientas páginas a su entera disposición para lo que gusten mandar. Casi trescientas páginas escritas a mi manera, si ésta no les gusta no pierdan ni un segundo (ni un céntimo), si por el contrario se encuentran a gusto con mi manera de escribir no lo duden ni un momento ya que aquí van a encontrar una auténtica sobredosis. Y aún diría más, hasta habré de confesarles que por una vez (y sin que sirva de precedente) he quedado más que razonablemente satisfecho del resultado, y créanme que en mí decir eso es decir mucho porque tiendo a ser muy crítico conmigo mismo, quienes me sigan desde hace años probablemente ya lo habrán notado. Ahora bien, si aún así no se fían y prefieren comprobarlo antes de comprarlo (que harán muy bien, dicho sea de paso) les ofrezco también la posibilidad de catarlo a cala y a prueba como los melones (sí, por raro que les resulte créanme que hubo un tiempo en que ibas a comprar un melón y te lo daban a probar, y sólo te lo llevabas si te gustaba): en esa misma página (justo debajo de la portada, donde dice visualizar interior) podrá acceder gratis total a un capítulo del libro, sin compromiso ninguno faltaría más. Y si luego se decide ya sabe dónde lo tiene, y si no pues tampoco pasa nada, sólo faltaría, bastante ya es que haya aguantado leyendo hasta aquí como para pedirle más esfuerzo todavía.

Y en cualquier caso gracias, mil gracias por su paciencia, por su atención y (en su caso) por su adquisición. Y gracias además por haberme aguantado este post autopublicitario, espero que a partir de ahora las entradas de este blog vuelvan a recuperar un ritmo mínimamente normal…

Publicado julio 2, 2016 por zaid en selecciones, varios

Etiquetado con , , , , , , , ,

la táctica del cangrejo   7 comments

No entiendo qué nos pasa. No entiendo que tengamos ganada a Eslovenia y perdamos, que tengamos ganada a Grecia y perdamos, que tengamos ganada a Italia y perdamos. Somos el mejor equipo del mundo en el minuto 35, lástima que los partidos duren 40 (ó 45, a veces). No lo entiendo o no lo quiero entender, porque si me paro a intentar entenderlo mi escaso entendimiento me dice que estamos hechos una mierda, que nuestro estado físico (¿y psíquico?) no nos da para tanto, que acabamos sistemáticamente con la lengua fuera, que mientras remamos a favor de corriente vamos como la seda pero como se nos ponga el viento en contra no damos ya ni una palada en condiciones. No lo quiero entender porque si intento entenderlo me acabaré yendo a lo de siempre, a una pésima pretemporada, a la Ruta Ñ de los cojoñes, a una preparación física de la que no me atrevo a opinar porque no la conozco pero que a la vista de los resultados parece dejar mucho que desear. Ves al resto de equipos y acaban como deben, ves al nuestro y acaba echando espuma por la boca, bajando los brazos, pidiendo la hora. De verdad se lo digo, prefiero no entenderlo. Porque como lo entienda va a ser peor.

No entiendo que si te sacan de fondo en tu propia canasta, a dos segundos del final, pongas a Marc Gasol a defender sobre el que saca. Te puede salir bien, qué duda cabe, Marc ocupa mucho espacio y tapa casi toda la visión… pero si pasa el balón estás muerto. Si pasa el balón, llega al compañero y el compañero se va de su par, o tienes algo sólido ahí detrás o te van a clavar la bandeja. Nosotros no tenemos nada sólido en la posición de cuatro y aunque lo tuviéramos tampoco jugaría, jugaría Claver, incluso Mumbrú. Sólo Marc es sólido, y a Marc ya no le da tiempo a volver. Estás muerto.

No entiendo el small ball, tanto menos lo entiendo en un entrenador que fue pívot, toda la vida pensando que a los técnicos que habían sido pívots les encantaba jugar con pívots y hemos tenido que conocer a Orenga para conocer a la excepción que confirma la regla. Sí entiendo que tenemos al mejor center del Torneo (y tal vez del mundo entero) y a tres de los mejores bases del Torneo, y que cojeamos en todo lo demás. Pero que eso nos lleve a jugar sistemáticamente con un uno en la posición de dos, un dos en la posición de tres y un tres en la posición de cuatro me parece sumamente discutible. Cosas así te pueden funcionar de manera puntual pero es difícil que funcionen de manera sistemática. Pueden ser una saludable excepción, pero de ninguna manera deberían ser la regla. Yo lo veo así, evidentemente no soy técnico sino un mero aficionado así que pueden echármelo en cara cuantas veces gusten (y harán muy bien, además). De hecho doctores tiene la santa madre iglesia que opinan lo contrario, en estos casos siempre recuerdo aquella vez que George Karl juntó sobre la cancha de los Bucks a Sam Casell, Ray Allen, Glenn Robinson y Tim Thomas en un partido de playoffs; se lo criticaron y él se defendió citando a su maestro Dean Smith, no te empeñes en poner a un jugador por posición, empéñate en poner buenos jugadores, algo que me puede parecer perfectamente válido para un baloncesto universitario en el que las posiciones no suelen estar tan marcadas ni los físicos tan trabajados. ¿En el baloncesto profesional? Ojalá lo fuera, juntaríamos a la vez a todos los jugones y muy probablemente nos divertiríamos más. Pero la realidad por desgracia va por otro lado, la realidad te demuestra que un equipo así es un equipo descompensado. Si lo haces una vez puedes pillar al rival por sorpresa, si lo haces siempre eres previsible, se te ve venir de lejos. A nosotros se nos ven las carencias de lejos, de muy lejos. Y así nos va.

No entiendo (yendo más a lo particular) el desperdicio de poner a Calderón de dos. Ricky (o Sergio), Calde y Rudy juntos, y a Calde que se le pide que haga de Navarro (como si eso estuviera al alcance de cualquiera), y Calde que a veces está abierto y mete sus tiros, lo cual está muy bien, pero que otras veces se le ve más perdido que el alambre del pan de molde porque no sabe qué hacer ni para dónde ir, porque no es su sitio, porque su verdadera querencia le lleva a pedir el balón y subirlo, porque está acostumbrado a defender bases pero las pasa putas ante escoltas (tanto más cuanto más agresivos y penetradores sean), porque tal vez sea ya demasiado tarde para aprender a interpretar otro papel. A costa de querer aprovechar a nuestros tres bases estamos desaprovechando a uno de ellos, casualmente el más consistente, experimentado y cerebral que tenemos. Y ya sé bien que muchos no estarán de acuerdo, sé bien que el Frente Anti-Calderón se va haciendo más y más grande cada día que pasa, que ya no están de moda los bases como él, sé bien que en Dallas pusieron el grito en el cielo con su fichaje y que incluso las encuestas dijeron que habrían preferido a Brandon Jennings (que se lo pregunten a Nowitzki, a ver qué opina), sé bien que en estos tiempos se lleva más el ruido pero pensé que Orenga sería más de nueces, que valoraría más la consistencia que la espuma. Ya no estoy tan seguro.

Como tampoco entiendo (soy duro de entendederas, obviamente) que a la caída en desgracia de Germán Gabriel le suceda ahora la caída en desgracia de Pablo Aguilar. Si no entendía ya qué nefando crimen había cometido el primero aún menos entiendo ahora de qué demonios se acusa al segundo. Como no tenemos cuatros, nuestra única solución pasa por dejar en el banquillo a los dos únicos cuatros que tenemos. ¿Qué nos queda? Pues nos queda Claver que no es un cuatro (aunque hace las veces, de hecho lleva haciéndolas toda la vida) y nos queda Mumbrú que es aún menos cuatro que Claver. ¿Que muchos equipos te juegan con cuatros abiertos? Pues claro, cuatros abiertos pero cuatros al fin y al cabo, que lo mismo se te abren para clavártela como te atacan el aro o te la lían por dentro en cuanto se les presenta la ocasión. Esto es como aquello que dicen los futboleros de la manta corta, que por tapar una cosa acabas destapando todas las demás; que eres Marc o Xavi, te vas a defender el famoso pick & roll central y por detrás no queda nadie que te cubra las espaldas; o que si luego toca pelear por el rebote probablemente tengan que hacerlo los exteriores, porque quienes deberían hacerlo o les pilla lejos o no están sobre el parquet… El mundo al revés.

En resumidas cuentas, que no entiendo a qué aspiramos jugando así, cagándola así, acabando los partidos así. El miércoles me sentaré a ver el partido contra Serbia y aunque nos pongamos 40 arriba (utopía irrealizable) pensaré que no es bastante, que total qué más da si en los últimos minutos nos lo van a remontar. Contra la táctica del conejo que inmortalizó el añorado Manel Comas nosotros hemos inventado la táctica del cangrejo, que vendría a ser exactamente lo mismo sólo que exactamente al revés. Lo que viene siendo ir de culo, para entendernos. La táctica del conejo es la que a nosotros nos hacen casi todos los demás. Estamos aconejados, sencillamente.

aquel 7 de junio   4 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 6 de junio de 2013)

Recuerdo que aquel 7 de junio de 1993 fuimos mi señora y yo a pasar la tarde a casa de mis padres. Es raro porque era lunes y nunca solíamos ir entre semana, no sé qué demonios pintaríamos allí aquel día, quizás (dadas las fechas) nos hubieran pedido ayuda con su declaración de la renta, qué sé yo. Lo cierto es que llegamos y que, tras los besos, saludos y cortesías de rigor, mi madre en un momento dado me soltó, bueno ¿te has enterao, no?

Pues no, yo no me había enterado de nada. Yo había estado trabajando de espaldas al mundo, no había tenido tiempo de ver ni escuchar las noticias, hoy pasa cualquier cosa y nos coscamos casi al momento pero en aquel entonces Internet era poco más que una entelequia, sabíamos que existía porque nos lo decían los periódicos pero ni siquiera alcanzábamos a entender aún en qué consistía. Yo no sabía nada, así que puse mi mejor cara de sorpresa y me preparé para recibir una noticia inesperada, aún no sabía cuánto: pues que se ha matao Petrovic

Antes de continuar creo que debo hacerles dos aclaraciones: 1) Mi madre lo dijo así, tal cual, se ha matao, y reconozco que siempre me ha sorprendido que determinadas personas de determinada edad y (quizá también) determinada zona geográfica utilicen esa expresión para referirse a aquellos que mueren en accidente de tráfico, como si no fuera tal accidente sino una elección voluntaria, como si en vez de estrellarse se hubiera suicidado. Mi madre dijo que Petrovic se había matado como se lo he escuchado decir tantas otras veces de tantas otras personas, y sin embargo luego supimos que ni siquiera conducía él, que viajaba plácidamente dormido y muy probablemente ni siquiera se enteró de cómo se mató.

y 2) Es posible que les sorprenda que mi madre, mujer ajena por completo a todo lo que signifique deporte, supiera en cambio quién era Petrovic (de hecho me sorprende incluso a mí mismo cuando lo recuerdo). Hoy mi madre tiene ochenta años, tiene la cabeza casi tan bien como entonces pero creo que si yo ahora le preguntara por jugadores de baloncesto en activo probablemente contestaría (no sin esfuerzo) que Pau Gasol… y ya está, y pare usted de contar. No creo que ni siquiera conozca a su hermano Marc ni a Navarro, Ricky, Rudy o Calde, no sabrá quiénes son Kobe Bryant o LeBron James, no tendrá ni remota idea de la existencia de Spanoulis, Diamantidis, Papaloukas o Teodosic pongamos por caso (ni falta que le hace, claro). Es más, creo que si yo le preguntara (cualquier día haré el experimento) dime mamá, ¿quién te parece a ti que ha sido el mejor jugador español de baloncesto de todos los tiempos?, contestaría sin pensárselo que Emiliano, por supuesto, quién va a ser. Es así, hubo un tiempo en este país en el que no todo era fútbol, en el que los deportistas de otras disciplinas eran conocidos incluso por el gran público ajeno a ese deporte (tanto más en el caso de Emiliano, ya que el Régimen necesitaba fabricar y vender héroes que nos hicieran olvidar nuestras miserias cotidianas). Hoy tenemos una selección de baloncesto campeona de casi todo pero a la gran mayoría de nuestros jugadores (fuera del círculo de aficionados al deporte, entiéndase) no les conoce ni la madre que los parió.

Y sin embargo mi madre sabía perfectamente quién era Petrovic, no es ya que lo supiera mi madre sino que en aquel entonces lo sabía casi todo dios, les gustara el baloncesto o no, les interesara el deporte o no. La burbuja baloncestera se acababa de pinchar en aquellos primeros noventa, se apreciaba ya claramente la cuesta abajo pero todavía vivíamos de las rentas de los felices ochenta, aquella década prodigiosa en la que el baloncesto se convirtió de repente en deporte de masas y algunos nos creímos (ingenuamente, estúpidamente) que sería así para siempre, más dura fue luego la caída. Petrovic fue un fruto (acaso el más sabroso) de aquellos años, Drazen Petrovic empezó a aparecer sutilmente en nuestras vidas a comienzos de los ochenta y así de entrada casi ni reparamos en él, Petrovic estaba ya en aquella selección yugoslava a la que ganamos en el Eurobasket de Nantes 83 y en aquella otra a la que volvimos a ganar en la semifinal de Los Ángeles 84, y créanme que apenas nos dimos cuenta de su existencia. Y sin embargo sólo harían falta unos pocos meses más para que irrumpiera ya para siempre en nuestras vidas…

La culpa la tuvo la Copa de Europa, aún a nadie se le había ocurrido llamarla Euroliga. Hoy el Madrid (sigamos las comparaciones odiosas) juega la Final de la máxima competición continental y me la ponen en un canal de tercera que no ve ni dios, en cambio en aquel entonces cualquier partido europeo del Madrid (o de quien fuera), cualquiera, constituía casi un acontecimiento nacional. Fue el Madrid a jugar a Zagreb, vino la Cibona a jugar aquí y en ambos enfrentamientos (nunca mejor dicho) descubrimos a un tipo que no es que fuera bueno ni extraordinario sino que era algo más, era lo siguiente: un prodigio, una cosa nunca vista en el baloncesto europeo, un genio, genio en el más estricto sentido de la palabra. Hasta pinta de genio tenía con aquella cara de niño malo, con aquellos rizos naturales casi a lo afro que luego poco a poco iría recortando con el tiempo. Alguien le apodó Mozart, o Amadeus si así lo prefieren, muy pocas veces un apodo estuvo mejor puesto. Hasta en su prematuro final.

Drazen era un genio capaz de convertir en oro cualquier cosa que tocara, capaz de convertir en triple cualquier tiro que lanzara. Drazen era más bien un dos que podía jugar (y a menudo lo hacía) de uno y que sabías de antemano que se iba a hacer el amo del cotarro desde el uno o desde el dos, tanto daba. Drazen era talento puro, no me atrevería a afirmar categóricamente que haya sido el mejor jugador europeo de la historia (no me suelen gustar ese tipo de afirmaciones que me obligarían a compararlo con Sabonis, quizás también con Nowitzki) pero sí me arriesgaría a afirmar que ha sido el jugador de mayor talento que ha dado nuestro continente en toda su historia. Drazen jugaba como los ángeles y metía puntos a chorros, sólo con eso le habría bastado ya más que de sobra para hacer historia. Pero para pasar de la historia a la leyenda no basta con ser muy bueno, hace falta un paso más, algo que ya sólo está en manos de los elegidos.

Llamémosle carisma si así lo quieren. O llamémosle chulería, si así lo prefieren. Drazen era chulo porque podía, Drazen era muy bueno y jamás perdía ni una sola oportunidad de restregarte en la cara lo bueno que era. Drazen hacía una cosa que jamás se había visto antes en nuestro deporte y que muy pocas veces se vio después, Drazen celebraba las canastas como si fueran goles (lo cual, dado su caudal de anotación, sucedía un montón de veces en cada partido), saltaba, brincaba, elevaba los brazos al cielo mientras volvía a territorio defensivo y así de paso aprovechaba para arengar a las masas si jugaba en campo propio y para restregártelo sin más si jugaba en campo ajeno. Drazen provocaba reacciones encontradas y tumultuarias a su paso, era idolatrado y odiado a partes iguales, a menudo era odiado por los mismos que le idolatraban e idolatrado por los mismos que le odiaban, muchos admiraban su talento pero odiaban su carácter como si pudiera disociarse una cosa de la otra, como si una cosa no fuera en cierto modo consecuencia de la otra (y viceversa). Drazen se hizo odiar por el madridismo así en Zagreb como en Madrid en aquella temporada 84/85 en la que aún quedaría la traca final, la mismísima Final de la competición, Madrid-Cibona en Atenas, en plena Semana Santa, la FIBA para estas cosas siempre tuvo el don de la oportunidad. Recuerdo que viajaba yo hacia el norte con unos amigos, recuerdo que me empeñé en parar en sabrá dios qué bar de carretera (aún no se había impuesto el concepto área de servicio) entre Burgos y Santander, recuerdo que me abalancé de bruces sobre el televisor esperando encontrarme un final igualado y fui a encontrarme con todo lo contrario, Cibona ganando de qué sé yo cuánto, de 15, de 20, Petrovic pasándose el balón por detrás de la espalda o entre las piernas ante la atribulada mirada del imberbe base madridista Paco Velasco (antiguo compañero mío de colegio, por cierto), luego supimos que mientras le toreaba iba repitiéndole una y otra vez, hala Madrid, hala Madrid, hala Madrid

Era así, cuando aquellos (aún) yugoslavos te ganaban era como si te ganaran dos veces, te abrumaban en el juego y al mismo tiempo te humillaban, te lo restregaban por la cara. Drazen Petrovic se convirtió en la bestia negra del Madrid, el enemigo público número uno no ya del madridismo baloncestero sino del madridismo en pleno (en aquel entonces ambos conceptos venían a ser lo mismo, dada la inmensa popularidad de nuestro deporte). En el Palacio de los Deportes se hizo frecuente escuchar un cántico que empezaba por sí sí sí y que acababa por Petroví (así, en agudo, para que rimara), en medio dos palabras que no reproduciré aquí pero que no les resultará difícil imaginar. La temporada 85/86 fue más de lo mismo, la diferencia fue que esta vez el rival de la Cibona en la Final no fue el Madrid sino el Zalgiris, más de lo mismo en todos los sentidos, para la historia quedará el arrebato aquel de un Sabonis desquiciado que se cruzó toda la pista para agredir no a Petrovic sino a Nakic, punto y final, nuevo festival de Petrovic, nuevo título para la Cibona, nueva exhibición, nueva humillación.

De alguna manera todo aquello fue el caldo de cultivo para un partido que creo que no olvidaré jamás (mientras el señor Alzheimer me lo permita), uno de esos que te marcan para toda la vida. Yugoslavia-URSS, Madrid, Palacio de los Deportes, semifinal del Mundial 1986. Aquellos yugoslavos que empezaron en tromba, aquel parcial inicial de 18 ó 20-0, qué sé yo, aquella portentosa exhibición ante la que los atribulados soviéticos poco más podían hacer que parar la hemorragia, último minuto, todavía Yugoslavia 9 arriba a apenas 50 segundos para el final… y el resto es historia: aquellos tres triples, aquellos dobles de un jovencísimo Vlade Divac, aquella prórroga, aquel Palacio de Deportes enloquecido gritando casi al unísono Rusia, Rusia, Rusia (éramos así, nos costaba llamar a las cosas por su nombre, aquella era la Unión Soviética y para más inri estaba plagada de lituanos pero nosotros nunca supimos llamarle otra cosa que no fuera Rusia, años más tarde conseguimos por fin acostumbrarnos a decir Unión Soviética y justo entonces ésta desapareció y volvió a llamarse Rusia, qué cosas), Rusia (es decir, la Unión Soviética) ganó por fin aquel partido ante una grada enfervorizada, algún afamado pívot yugoslavo dijo luego a la prensa que ese público español bien merecería que los tanques rusos invadieran Madrid, para que supieran lo que se siente

Si no puedes vencer a tu enemigo únete a él, dicen. Aquel Real Madrid se aplicó con denuedo a la tarea de fichar a Petrovic, se tiró un par de años intentándolo, cuentan que el día que finalmente lo consiguió algunos periodistas se presentaron en el viejo pabellón de la Ciudad Deportiva haciéndose los tontos, esperaron a los jugadores a la salida del entrenamiento y les preguntaron su opinión sobre Drazen Petrovic (como si ésta necesitara ser preguntada), pues que es un tal y un cual, y un esto y un lo otro, y una vez que la canallesca tuvo ya la declaración que esperaba tener entonces ya sí espetaron al Romay de turno, pues que sepas que acaba de fichar por el Madrid; evidentemente el susodicho interlocutor reculaba de inmediato, a ver qué iba a hacer, en cualquier caso es un grandísimo jugador, el Madrid es un gran club que siempre quiere fichar a los mejores así que estaremos encantados de tenerle entre nosotros, seguro que una vez que le tengamos como compañero se olvidarán de un plumazo todas aquellas pequeñas rencillas que

Petrovic fichó por el Madrid y de inmediato, como por arte de magia, se produjo uno de esos milagros de la multiplicación de los panes y los peces que a veces suceden en nuestro deporte: el mismo madridismo que lo había odiado hasta la náusea y que le había llamado hijo de tal y de cual de repente lo acogió en su seno como a un hijo, acaso ese hijo que en el fondo siempre había deseado tener; y al mismo tiempo el antimadridismo de aquí y de allá, que siempre lo había considerado un ídolo, de repente pasó a tacharlo poco menos que de traidor a la causa por el mero hecho de haber fichado por el Madrid. Y aquellos que durante años echaron pestes de sus (presuntas) provocaciones y desplantes ahora pasaron a considerarlo lo más natural del mundo, y aquellos que habían festejado esas maneras durante tantos años ahora pasaron a etiquetarlo de provocador. Y es que estas cosas ya se sabe, son así.

Fue aquel 1988/1989 un año extraño, una temporada en cierto modo fascinante. La que empezó siendo Liga de Petrovic y acabó siendo recalificada como Liga de Neyro nos dejó unas cuantas actuaciones memorables, una inolvidable visita de los Celtics (McDonald’s mediante) y una final europea para la historia, una final de Recopa que ha generado a lo largo de los años mucha más literatura que tantas otras finales de la mismísima Copa de Europa. El genial Óscar Schmidt anotó 44 puntos para su Caserta que de nada sirvieron ante los 62 de Drazen, prodigiosa exhibición tanto más tratándose de una Final que el Madrid ganó por el escalofriante resultado de 117-113. A todo aquello debería haberle seguido una fiesta pero más bien pareció lo contrario: caras largas, gestos avinagrados y un mal rollo general que (cuentan que) explotó definitivamente en el vuelo de vuelta a Madrid. Sus compañeros no asimilaron bien aquello de que el título pareciera más de Drazen que del equipo, a su frente un Fernando Martín que se empeñó en hacer bueno durante todo el año aquel dicho de que dos gallos no caben en el mismo corral. Martín y Petrovic eran muy distintos pero también muy parecidos, demasiado: ambos eran líderes, ambos eran ganadores, ambos no conocían a nadie si había un resultado en juego, ambos eran capaces de casi todo con tal de ganar. Ambos se bebieron la vida a tragos y se atragantaron demasiado pronto, por desgracia no tardaríamos mucho en comprobarlo. Dos hombres y un destino.

En el verano de 1989 Drazen Petrovic, recién proclamado campeón de Europa con la mejor selección yugoslava que vieron los siglos (y que sería sólo el presagio de la que aún continuaría arrasando en los dos años siguientes), seguía aún teniendo contrato con el Madrid pero de repente empezó todo a torcerse, de buenas primeras empezó a rumorearse que se iría rumbo a Portland, que los Blazers (poseedores de sus derechos NBA) estaban deseosos de hacerse de una vez por todas con sus servicios. Comenzó así uno de esos típicos culebrones veraniegos, si tú dices digo yo digo diego, si tú dices Portland yo lo desmiento, desmentidos desde el Madrid y desde el propio círculo del jugador, así un día y otro y otro más hasta que de repente una mañana, sin previo aviso, sin mediar palabra, sencillamente desapareció. Desapareció para reaparecer finalmente un par de días más tarde al otro lado del charco, rodeado por todas las fuerzas vivas de la franquicia y por casi toda la prensa del Estado de Oregon y diciendo probablemente aquello tan socorrido que todo deportista que se precie suele decir en estos casos, éste es un sueño hecho realidad, toda la vida he sido de los Blazers, es algo que soñaba desde niño etc etc. Ni que decir tiene que el madridismo en pleno se quedó con un palmo de narices, que de un día para otro pasó unánimemente del que no hombre, que no, cómo se va a ir, si tiene contrato, si está en el Madrid, si no ha nacido todavía un jugador que se quiera ir del Madrid, el club más grande del mundo, dónde va a estar mejor que aquí… al lo ves, si ya te lo decía yo, que este tío no es trigo limpio, que no era de fiar, como si no le conociéramos ya de sobra de cuando venía aquí con la Cibona, anda que a otros les podría engañar pero a mí no, yo bien que le calé desde el principio… Y es que (insisto) estas cosas ya se sabe, son así.

Al Madrid le fue fatal sin Petrovic pero al susodicho en Portland no le fue mucho mejor, más bien al contrario. Irte hoy a la NBA es casi como si te fueras a jugar al pueblo de al lado, en cambio en aquellos tiempos te ibas a la NBA y era como si te fueras a Marte. Portland además tenía un equipazo que nos sabíamos todos de memoria, Porter, Drexler, Kersey, Williams, Duckworth más el insigne Cliff Robinson de sexto hombre, más que suficiente para que Rick Adelman no necesitara hacer ningún experimento con el europeo aquel tan raro que le habían plantificado en el banquillo y que a saber quién demonios sería. Y le fue bien (a Adelman, me refiero), no diré yo que no, aquellos Blazers fueron finalistas de la Liga un año y finalistas de conferencia al año siguiente, pero con todo y con eso a los europeos (incluidos aquellos que más le habían aborrecido), a todos aquellos que sabíamos perfectamente de lo que era capaz se nos rompía el alma de verle allí partido tras partido pelándose el culo en aquel banquillo…

No hay mal que cien años dure (dicen), en su caso sólo duró dos. La temporada 91/92 ya fue buena y la temporada 92/93 (en medio una inolvidable plata olímpica, ya por fin no yugoslavo sino -sólo- croata) fue sencillamente extraordinaria. Petrovic había cambiado Portland por New Jersey y de repente los americanos (de USA) descubrieron como si hubiera nacido ayer a un maravilloso jugador al que los europeos llevábamos ya casi diez años admirando, de repente hasta Clyde Drexler (que no tenía por costumbre dar una voz más alta que otra) se quejó amargamente desde la otra esquina de la nación, cómo es posible que hayamos desaprovechado a un jugador así en Portland teniéndolo en el banquillo durante dos años seguidos, con lo bueno que es, con lo bien que nos habría venido su concurso, es que no me lo explico… Y se salió también en playoffs, y debió ser all star pero incomprensiblemente no lo fue, y sin embargo luego fue escogido en el tercer mejor quinteto de la Liga. Ya estaba donde siempre quiso estar, ya era una estrella absoluta en la meca del baloncesto, ya era el líder indiscutible de aquellos Nets. Y sin embargo…

Y sin embargo no debía ser oro todo lo que relucía. Drazen Petrovic nunca fue un chico fácil de llevar ni estaba precisamente acostumbrado a que nadie le dijera lo que tenía que hacer. Petrovic fue a caer en aquel vestuario de los Nets que era como una jaula de grillos y que incluía a personalidades tan peculiares como (por ejemplo) aquel insoportable (y extraordinario jugador, por otra parte) Derrick Coleman. El domador de toda aquella selva se llamaba Chuck Daly, traía un magnífico currículum de amansador de fieras en los ya lejanos Bad Boys de Detroit y de aglutinador de egos en el Dream Team, pero aquellos Nets acabarían siendo superiores a sus fuerzas. Cuentan que cierta aciaga noche, tras un partido cualquiera, un jugador pateó con todas sus fuerzas un bidón de bebida isotónica en dirección al coach, arruinándole de paso uno de sus costosos trajes. Cuentan que aquel jugador fuera de sí se llamaba Drazen Petrovic…

Fuera por lo que fuera, Drazen se dejó querer en aquella aciaga (aún no sabíamos que lo sería) primavera de 1993. Los armadores y demás magnates griegos (eran otros tiempos) estaban dispuestos a tirar la casa por la ventana para posibilitar su regreso a Europa, Panathinaikos y/o Olympiakos (supongo que aún con K por aquel entonces) pusieron ofertas absolutamente mareantes encima de su mesa, cifras astronómicas que los Nets dijeron no estar dispuestos a igualar de ningún modo. Muchos aseguraron que estaba ya prácticamente hecho y que Petrovic volvería a Europa, otros tantos dijeron que su único objetivo era tensar la cuerda para hacer subir la puja a los Nets (o a cualquier otra franquicia que estuviera dispuesta a pagar eso), se nos avecinaba un nuevo culebrón veraniego y mientras tanto Drazen continuaba concentrado con su selección, preparando ya en Alemania el Eurobasket que habría de celebrarse muy pocos días después, jugando amistosos como aquel tras cuya disputa rehusó volver con el equipo y prefirió hacerlo por carretera, en coche particular… Bueno ¿te has enterao, no? Pues que se ha matao Petrovic

Aquel 7 de junio de 1993 Drazen Petrovic tenía sólo 28 años, podía parecer mayor porque teníamos la sensación de llevar ya media vida siguiendo sus andanzas pero aún le faltaban cuatro meses y medio para cumplir los 29. En condiciones normales le habrían quedado no menos de seis o siete años al más alto nivel, en su punto óptimo de maduración, en Europa o en USA, donde fuera. Puede que no tenga ya mucho sentido a estas alturas pensar en lo que pudo haber sido y no fue, pero una cosa sí que está meridianamente clara: aquel 7 de junio de 1993 de alguna manera marcó un punto de inflexión en nuestro deporte y en nuestras vidas, hay un baloncesto antes de Petrovic y un baloncesto después de Petrovic, algo de este juego (quizá su parte más lúdica) se nos quedó con él en aquella carretera aunque entonces apenas fuéramos capaces de darnos cuenta. Aquel 7 de junio de 1993 murió un gran jugador y nació un mito, un mito que está más y más vivo cada día, que seguirá viviendo así que pasen veinte años y otros veinte y los que tengan que pasar, seguirá viviendo mientras sigan existiendo imágenes que nos permitan disfrutarlo, mientras aquellos que le vimos jugar sigamos aún aquí para contarlo. Hasta la vista, Drazen.

en tránsito   8 comments

La cosa, como tantas otras cosas, empezó de la manera más tonta. La cosa empezó con una queja en tuiter, este pasado verano: un presunto lector me comentaba que por más que lo intentaba no conseguía leer mi blog, que no podía aguantar ni ese fondo negro ni tanta sobreabundancia de texto sin ni una sola fotografía siquiera. La verdad es que no le di la menor importancia, siempre he sabido que es imposible gustar a todo el mundo, está claro, hay gente pa to. Hice mal. Hace pocas semanas se me quejó (también en tuiter) otro lector, éste ya de una manera mucho más constructiva: ¿Hay modo de ver tu blog con letra negra sobre fondo blanco? Los artículos me gustan mucho pero leerlos me da dolor de cabeza. Me empecé a inquietar: ¿le estaría ocurriendo eso mismo a más gente? ¿Habría otros lectores más o menos habituales a quienes les pasara lo mismo, y que por mera prudencia nunca me lo hubieran comentado? ¿Habría incluso ex lectores que hubieran huido de mi blog como de la peste, no porque no les gustara el contenido (que sería perfectamente razonable) sino porque no soportaran el continente, porque esas letras claras y ese fondo negro les hicieran daño a la vista?

Reconozco que cuando parí el blog no pensé en la legibilidad, sino únicamente en la estética. Aunque a decir verdad tampoco es que tuviera muchas más opciones: en aquel entonces (agosto de 2007) la recién nacida Comunidad de El País daba a escoger entre cinco o seis diseños, no más, de los cuales todos eran blancos (con ligerísimas variaciones entre sí) excepto éste. Qué quieren que le haga, no me gusta el blanco, no me busquen connotaciones deportivas relacionadas con la indumentaria de ningún equipo porque no van por ahí los tiros, es simplemente que me parece muy soso un fondo en blanco (por más que luego se pueda tunear), es un poco lo de siempre, lo de todos. El negro me pareció mucho más estético, mucho más elegante, lo escogí y no volví a plantearme nada más… hasta ahora. 

Por supuesto que atendiendo a los deseos de ese último lector le di unas cuantas vueltas al blog para ver si pudiera existir alguna posibilidad de ponerlo en negativo (como si dijéramos). Ni de coña. Es negro y es negro, si se pueden poner los colores del revés yo desde luego no he encontrado la manera (más allá de lo obvio, es decir, hacer un copiapega y llevarse el texto a otro lugar para toquetearlo… lo cual supondría una molestia por la que no creo que ningún lector en su sano juicio estuviera dispuesto a pasar). Por supuesto que me planteé la posibilidad de cambiar el formato, que anduve mirando a ver si La Comunidad había progresado y tenía ya más diseños para escoger… Algo ha progresado en estos años, no digo yo que no, ahora en vez de cinco o seis ofrece once diseños… de los que todos siguen siendo blancos excepto uno, el mío, casualmente. Que sí, que ya lo sé, que muy probablemente esos diseños blancos se puedan pintar de colores, no digo yo que no, pero que todo esto de alguna manera me hizo empezar a sentir que mi relación con esta Comunidad estaba llegando un punto de no retorno. Era sólo un factor, pero un factor que se sumaba a otro, y a otro…

Se sumaba al hecho (que ya les he contado demasiadas veces) de los problemas técnicos que me suele dar esta Comunidad cada vez que quiero postear una entrada, cada vez que hago un copiapega de un texto escrito en otro sitio y en cuanto me descuido se me van todos los formatos, o me desaparecen y/o se me recuadran en blanco los párrafos, o se me quitan los puntos y aparte o se me ponen varios tipos y tamaños de letra diferentes; o cada vez que quiero editar un texto ya publicado para corregir alguna mínima errata y al hacerlo me desaparece el post entero (alguna vez me ha pasado, se lo aseguro) y al final me lo tengo que volver a teclear… De verdad, no se pueden hacer ustedes ni idea de los dolores de cabeza que me ha proporcionado y las horas de ocio (y hasta de sueño) que me ha robado toda esta historia, de las veces que he tenido que dejarme algo a medias en casa y acabarlo al día siguiente en el trabajo (o viceversa), de la desesperación que todo ello supone a la hora de hacer algo que no haces por obligación sino por devoción, por el mero placer de hacerlo. Si son blogueros probablemente me dirán (o no) que en todas partes cuecen habas, que no hay plataforma perfecta, que estos mismos problemas u otros parecidos los tendré también en cualquier sitio al que vaya. Puede ser, no digo yo que no. Pero necesito comprobarlo.

Y no les voy a engañar, hay un tercer factor que sumar a los dos anteriores, un factor (llamémoslo así) ideológico. A ver cómo lo explico: El País siempre había sido mi periódico, llevaba ya 35 años siéndolo así fuera en versión papel o en versión digital. Siguió siéndolo incluso en aquellos años difíciles del preaznarismo o el postfelipismo, cuando había compañeros de trabajo que me miraban mal por el mero hecho de llevarlo, que me preguntaban dónde vas con la bayeta o que me definían como un chico muy majo pero que sólo tiene un defecto, lee El País. Incluso entonces, aún no estando de acuerdo con muchas cosas, me seguí identificando con su calidad, con su manera de hacer periodismo, con su capacidad de poner cada día en mis manos un producto muy bien hecho y muy bien escrito. De ahí que a mediados de 2007, cuando andaba yo a vueltas con la idea de crear un blog y justo entonces nació esta Comunidad, no tuviera yo ninguna duda. Y lo crean o no para mí ha sido un orgullo llevar en mi blog el apellido de El País durante estos cinco años y pico. Hoy ya no. Y no es una cuestión de línea editorial, de la que podría discrepar en muchas cosas pero que esas discrepancias siempre serían infinitamente menores a las que tendría con otros medios que se consideran el ombligo del Mundo o creen estar en posesión de la Razón. No es eso, sino más bien la sensación de que éste ya no es mi País, de que ya no me puedo identificar con un medio cuya única filosofía ya no es periodística ni tan siquiera ideológica sino exclusivamente mercantil. No me he caído de un guindo (que ya no estoy en edad de caerme de casi ningún sitio), sé bien que esto es una empresa pero hasta ahora había creído que detrás de esa cabecera había algo más, no sólo el balance económico del ejercicio sino también una determinada manera de entender la vida. Hoy ya sé que no, lo supe hace algunas semanas cuando decidieron poner en la calle a un tercio de su plantilla, un ERE masivo que se explicaría en términos de crisis (la económica y la de la prensa en papel, ambas) si no fuera porque no parece que su cuenta de resultados se resienta demasiado a tenor de esa docena y pico de millones de euros que se lleva muertos cada año su Consejero-Delegado. Un Consejero-Delegado que dijo además en aquellos días una frase que me hirió especialmente (me hirieron varias, pero una especialmente), aquella de que los mayores de cincuenta años no pueden tener el perfil profesional adecuado para escribir en este periódico. No argumentaré en contrario porque ya lo hicieron otros (mucho mejor de lo que podría hacerlo yo) y porque tampoco lo considero necesario, una estupidez así se contesta por sí sola. Pero creo que sí procede decir que tengo 52 años. Ojalá tuviera 26, qué más quisiera yo, pero tengo 52. Y aunque mi perfil no sea profesional sino meramente amateur, entiendo que debo darme por aludido. Afortunadamente no soy de plantilla, lo mío es gratis, a mí no necesitan echarme ni aún menos indemnizarme, sé irme solo. He entendido el mensaje, aquí estoy de más.

Sumados pues todos estos factores (problemas de legibilidad, problemas tecnológicos, problemas de conciencia), tomé finalmente una decisión que apenas unos días antes jamás habría pensado que tomaría, que aún menos lo habría pensado hace apenas dos meses cuando celebraba el quinto aniversario de este blog: cambiar de casa, llevarme mi blog a otro lugar. Dicho así parece sencillo, hay webs que no se recatan en cambiarse de traje cada tres meses y así les va (o así les fue), pero a mí como que me cuesta: soy más de mantener una imagen, de no tocar lo que (creo que) funciona, de intentar fidelizar al lector. Y además, no les voy a engañar, que me daba una pereza tremenda meterme otra vez en mudanzas a estas alturas de mi vida. Pero la decisión estaba tomada, y una vez que tomo una decisión no acostumbro a echarme atrás.

Ya, pero, ¿a dónde? Dos referencias básicas, Blogger y WordPress. Anduve curioseando, comparando, mirando a ver qué me ofrecía la una y la otra, y me decanté finalmente por WordPress: muchos más formatos (temas, lo llaman ellos) para escoger, muchas más posibilidades, mucho más tuneable (o customizable, que supongo que es un término más adecuado) y sobre todo esa última cualidad que acabó por convencerme (ingenuo de mí), la posibilidad de migrar mi blog entero a través de una aplicación diseñada a tal efecto. O eso creía yo: cuando fui a hacerlo resultó que no había manera, que se ve que la herramienta vale para muchos tipos de blogs pero no para éste de La Comunidad, vaya por dios. Sí vale para Blogger, sí podría haber servido para llevarme lo que publiqué en aquel originario Blog de Zaid en SEDENA… pero tampoco, porque me pedía mi usuario de Gúguel y mi actual usuario nada tiene que ver con el que utilizaba en su día (han pasado ya más de tres años) para publicar en aquel blog, que ni lo creé yo ni recuerdo ya cuál era… Total, que me lo he tenido que importar todo a manubrio, lo de este Correcalles y lo de aquel Blog de Zaid, incluyendo (ya puestos) escritos que ya no estaban en Internet pero que al menos tuve la precaución de recopilar en su día. Un agotador proceso que ha estado a punto de acabar con mi resistencia física y no digamos ya con mi resistencia psicológica, pero que al menos me permitirá mantener casi todo lo escrito (el casi es porque he prescindido de unos cuantos posts meramente coyunturales, o bien sencillamente infumables) en un mismo lugar… o eso espero.

Aún me esperaba otro contratiempo: cuando fui a llamar al blog por su nombre, es decir Correcalles, descubrí con profunda sorpresa que no me dejaba, que contra todo pronóstico ese nombre ya estaba ocupado en WordPress (y no por mí, evidentemente). Sí, resulta que hay por el mundo otro blog (al menos) llamado Correcalles, que casualmente también trata de baloncesto y que está escrito por un tal Pablo Girón. Blog mucho más reciente y mucho menos prolífico que el mío, en cualquier caso: nació en junio de 2011 y desde diciembre de 2011 parece estar abandonado. Poco es, pero lo suficiente para no poder seguir llamándome como me venía llamando hasta ahora. Probé también en blogger y me sucedió tres cuartos de lo mismo, también estaba ya pillado el nombre… aunque pinchando en él me aparecía un blog en blanco, con apariencia de no haber sido ni estrenado siquiera. Fuera donde fuera, estaba claro que ya no iba a poder seguir llamándome como me llamaba…

Mi primera idea fue, digamos, continuista: trucar de alguna manera la dirección, añadirle alguna otra erre o ele (¿corrrrrecallllles?) o añadirle un artículo (¿elcorrecalles?), aunque en pantalla el nombre se siguiera viendo del mismo modo… No me gustó. Al fin y al cabo ya había (al menos) otro Correcalles por el mundo, no me apetecía seguir llamándome igual que otro blog ni aunque yo hubiera llegado primero (a la blogosfera, no a WordPress). Ergo ya sólo me quedaba otra opción, optar por la ruptura, ponerle otro nombre radicalmente distinto. Ya, ¿pero cuál, si casi todos los términos de baloncesto están pillados ya para nombres de blogs a estas alturas? Se me ocurrió que la única manera de ponerle un nombre que aún no estuviese ocupado (y de que no me lo fueran a ocupar después) era incluir mi nick en la denominación del blog. Pensé en llamarlo simplemente el Blog de Zaid (como aquel de SEDENA) pero lo descarté de inmediato por insustancial, porque nada había en ese título que lo identificara con el baloncesto. Pensé luego en llamarlo la Zona de Zaíd o simplemente Zona Zaíd, pero se me ocurrió guglearlo y cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré con unos cuantos anuncios de venta de pisos, espectacular apartamento de dos dormitorios, reformado, soleado, zona del Zaíd, quién me iba a decir a mí que hubiera un barrio en Granada con ese nombre. Así que seguí dándole vueltas, pero muchas vueltas (ni se imaginan las vueltas que puedo llegar a darle a las cosas cuando me pongo a darle vueltas a las cosas) y finalmente encontré una combinación que me sonaba bien y que me parecía muy representativa de la filosofía de este blog: que es mi espacio de baloncesto, sí, pero también (y por supuesto) el suyo, el de todos aquellos que tengan a bien pasarse un rato (o muchos) por aquí. Señoras, señores, sean todos bienvenidos a zaid Arena. [Acotación al margen: reconozco que la tragedia del pasado jueves en el Madrid Arena me hizo replanteármelo, por lo inapropiado que pudiera resultar haber elegido precisamente este nombre en un momento así. Pero el nombre lleva puesto en realidad desde mediados de octubre (más o menos desde entonces llevo trasteando en el blog), como para pararme justo ahora a pensar en otro (con lo que me cuesta) sólo por un hecho meramente puntual… aún por muy desgraciado que éste fuera]

Así que esta es (o debería ser) mi penúltima entrada en Correcalles, aún dejaré una más (muchísimo más breve) en los próximos días simplemente a título informativo, para que todo aquel que se pase por allí sepa de inmediato a dónde tiene que ir para seguir leyendo el blog. Particularmente no me gustaría nada que este Correcalles muriera, me gustaría que siguiera existiendo aunque fuera en estado de hibernación; que aunque ya no vaya a escribir nunca más allí (o sí, quién sabe, vaya usted a saber las vueltas que puede dar la vida) permaneciera en el ciberespacio para poder volver de vez en cuando, para recuperar alguna cosa que se me hubiera olvidado rescatar, y sobre todo para que no se perdieran los comentarios (no podía llevármelo todo) o para que ustedes también pudieran pasarse si alguna vez les apeteciera recordar los viejos tiempos. Y en cualquier caso no me gustaría dejarlo sin expresar mi más sincero agradecimiento a toda la gente que haya trabajado en La Comunidad de El País durante todos estos años (y que espero que aún puedan seguir haciéndolo). Gracias a todos y muy especialmente a quien tomara la decisión de recuadrar mi blog (junto a otros) en la página de inicio de La Comunidad, supongo que porque les pareció que era digno de ser destacado. A pesar de todos los pesares, fue un placer.

Y esta es mi primera entrada verdaderamente nueva en zaid Arena, aunque por ahí abajo encontrarán también las seiscientas y pico anteriores como fruto de esa recopilación enfermiza que antes les conté. Verán que he optado por un diseño tirando a sobrio, sencillo o como dicen los de WordPress,minimalista (vamos, que tiene la mínima lista de cosas que puede tener un blog); pero al mismo tiempo he hecho todo lo posible para que resulte acogedor (todo lo acogedor que puede resultar un blog, entiéndase), para que todo aquel que venga a parar aquí se encuentre a gusto leyéndolo. Si hasta he ilustrado con fotografías y demás imágenes buena parte de las entradas anteriores (como igualmente procuraré seguir haciéndolo en las siguientes), vaya usted a saber si el día menos pensado no me atreveré incluso con algún vídeo… pero todo a su tiempo, no adelantemos acontecimientos todavía. Por ahora lo único que pretendo es que resulte más visual, que los textos no estén tan abigarrados, que la lectura de mis tochos (porque seguiré soltando tochos, de eso no les quepa la menor duda) les resulte menos cansina. Nada es definitivo en cualquier caso, no lo es ni lo será nunca, procuraré ir introduciendo periódicamente pequeños cambios para que sea un diseño vivo, no una única imagen de una vez y para siempre como sucedía en el anterior. Nada es definitivo porque además aún está en un estado un poco embrionario (llamémoslo así), verán que aún faltan cosas, que aún faltan por ejemplo los enlaces a otros blogs… pero en todo caso ahí/aquí tienen ya el resultado a su entera disposición, para lo que gusten mandar. Están ustedes en su casa.

Les espero a todos, por supuesto, que lo único que no me perdonaría jamás en todo este tránsito es que se me quedaran algunos de mis lectores habituales por el camino. Y mientras tanto gracias, muchísimas gracias: por su fidelidad, por su infinita paciencia (sobre todo si han aguantado leyendo hasta aquí) y por su atención, una vez más. Nos vemos en zaid Arena.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en varios

dos más dos   Leave a comment

(publicado el 6 de septiembre de 2012)
En matemáticas dos más dos normalmente suelen ser cuatro, no pretendo epatarles con mi sabiduría porque seguro que muchos de ustedes ya lo sospechaban. En el deporte, en cambio, dos más dos raras veces suman cuatro, hemos conocido demasiadas ocasiones en las que sumaban tres o uno y medio o cero incluso. Claro está, también puede suceder al revés, que dos más dos sean seis o incluso que uno más uno sean siete, quién nos lo iba a decir (esto creo que lo cantaba alguien). Lo saben bien (o deberían saberlo) en Los Ángeles, allá por el verano de 2003 intentaron sumar dos más dos, Kobe & Shaq + Payton & Malone, se engañaron durante unos meses pero al final la suma acabó en resta ante aquellos Pistons de Larry Brown que a duras penas conseguían sumar uno más uno. La historia nos contará muchos casos más, infinidad de adiciones de galácticos que se fueron al carajo, relucientes cestos que acabaron desfondándose ante otros con menos mimbres pero que la postre resultaron ser más sólidos, está bien, basta ya de metáforas, creo que la idea ha quedado ya suficientemente clara.
Me dirán que también puede suceder al revés y es bien cierto, los Celtics sumaron Pierce + Allen + Garnett y les salió bien una vez (y a punto estuvo de salirles bien más veces, y si al final no ocurrió fue por una mera cuestión de edad), los Heat sumaron Wade + James + Bosh y la primera vez les salió como el culo pero a la segunda fue la vencida (nunca mejor dicho), examen de conciencia de LeBron mediante. Es decir, estas concentraciones de talento pueden funcionar, de hecho lo normal sería que funcionaran a pedir de boca muchas más veces… pero nada ni nadie garantiza que funcionen; o quizá es que he visto demasiadas veces a espectaculares constelaciones de egos desmedidos cayéndose con todo el equipo ante equipos simplemente equilibrados y compensados (pero equipos al fin y al cabo) como para que ahora me hagan cambiar de opinión. Lo dicho, dos más dos pueden ser cuatro… o no. No necesariamente.
Acaso ya hayan deducido con su natural perspicacia que vuelvo a hablar de Lakers, que como aquel dos más dos de la 2003/2004 nunca sumó cuatro se ve que ahora han decidido repetir la operación, a ver si nueve años después les cuadran las cuentas: Kobe & Pau (es decir dos) + Nash & Howard (es decir otros dos), total… Veremos. Me encantaría que sumaran cuatro o incluso más que cuatro, no seré yo quien les diga que no pueda ser así, al fin y al cabo Pau es la generosidad y mentalidad de equipo personificada, al fin y al cabo Nash es muy grande (y ha sido el más grande) repartiendo juego, al fin y al cabo ni siquiera el ego de Kobe es ya el que era, al fin y al cabo Howard… (pausa valorativa, ya que no se me ocurre nada en términos de baloncesto colectivo; a ver si más adelante…) Puede salir bien, no digo yo que no…
Pero eso no significa que (como muchos optimistas patológicos ya dan por hecho) necesariamente vaya a salir bien. Nash es fantástico, le llevaré como debilidad en mi corazón por los siglos de los siglos pero ello no me impide reconocer que anda ya el hombre a estas alturas para sopitas y buen vino que decía mi madre (vaya usted a saber por qué). Kobe tampoco es ya que el era (pero procuren que él no lo sepa, no vaya a ser que se ofenda). Y Howard pues qué quieren que les diga, mucho supermán y mucha aparatosidad y muchos mates y mucho ruido y pocas nueces, en mi opinión. Que sí, que tapona e intimida y que meterlas las mete por puro físico, faltaría más, pero que la cosa de los fundamentos se la dejó en el insti y luego ya no ha considerado necesario volver a clase a ver si aprendía alguna más, que con sus musculitos y su ego se ve que tiene ya más que suficiente. No, no es santo de mi devoción (lo mismo ya se me había notado), me parece un desperdicio de jugador que en demasiadas ocasiones gasta más energías en los despachos y las intrigas de pasillos que en la cancha. No llegaré yo al extremo de algunos (haberlos haylos) que le consideran el segundo mejor pívot de la NBA tras Bynum (precisamente tras Bynum) o incluso el tercero mejor tras Bynum y Marc Gasol, no me atrevería yo a tanto, para mí sí es a día de hoy el mejor cinco de la Liga… lo cual no me impide considerar que ello se lo debe casi exclusivamente a su físico, y que bien podría ser muchísimo mejor a poco que se hubiera aplicado un poco más.
Y por si ello fuera poco está Pau, es decir, Pau + Howard, que a ver por qué demonios va a funcionar mejor que Pau + Bynum. Escribía yo hace unos meses (con el atrevimiento que sólo da la ignorancia) que en mi opinión el problema de Pau (entre otros) era que llegó a la Liga siendo un cuatro al que las evidentes necesidades de los Grizzlies (y algún capricho puntual de sus entrenadores, también) acabaron reconvirtiendo en cinco. Poco a poco Pau se nos fue quedando en cinco y dejando de ser cuatro, y en éstas llegó a Lakers y pareció que volvería a ser cuatro pero las constantes lesiones de Andrew Bynum le obligaron a seguir fajándose una y otra vez (con mejor o peor fortuna) en el centro de la zona (…) Pau, que no es precisamente un fajador ni lo ha sido ni lo será nunca, se siente más a gusto atacando el aro de espaldas que de frente, tanto mejor cuanto más cerca esté… lo cual es un problema cuando eres nominalmente un cuatro y tienes a tu lado a un cinco de manual (un muy buen cinco, además) llamado Andrew Bynum. Fin de la autocita. Y dicho lo cual, si no quieres caldo pues toma, dos tazas. Si tu problema es que Bynum (por decirlo así) te roba el espacio pues te quitamos a Bynum, ya está, problema resuelto… y a cambio te ponemos a Howard, que es más (y mejor) de lo mismo. Bonita manera de resolver un problema, generando otro todavía mayor; o al menos igual.
Y para acabar de arreglarlo resulta que me falla el sumatorio en sí mismo, el signo + propiamente dicho, el principal responsable de que esos dos y esos otros dos finalmente sumen cuatro (o más si cabe). O sea, Mike Brown, seguro que se lo imaginaban porque no es la primera vez que se lo digo. Esto es como aquello que le decían a aquel neófito cuando tomó el mando de un grande de la ACB, mucho Ferrari para tan poco piloto (que algún que otro título lleva ya ganado el susodicho piloto, dicho sea de paso). Además de esas cuatro piezas básicas Mike Brown va a tener también a su disposición a unos pocos accesorios de relumbrón, pongamos al veterano Jamison o pongamos (cómo no) a esa sempiterna caja de bombasdisfrazada de jugador de baloncesto llamada MWP (es que si pongo el nombre completo me da la risa).Demasiado arroz para tan poco pollo, que solía decir mi madre en estos casos (vaya usted a saber por qué). A cierto antecesor suyo (de Brown, no de mi madre) que se infló a ganar títulos algunos le negaron siempre el pan y la sal con el socorrido argumento de que con esos jugadores, ya podrá, como si entrenar estrellas fuese necesariamente más fácil que entrenar a jugadores del montón. Pues si tan fácil fuera no duden que estos Lakers 2012/2013 los podría entrenar igualmente Mike Brown, Chiquito de la Calzada o el que suscribe (incluso). Pero ese no suele ser el caso, me temo. Dentro de unos meses hablamos pero a día de hoy aún no me sale quitarme el escepticismo, qué le vamos a hacer.
Y ya puestos me gustaría terminar con otra cita, esta vez no mía (afortunadamente) sino de un GRANDE con mayúsculas, acaso uno de los más grandes técnicos que haya conocido nuestro deporte a lo largo de su historia, ese Aza Nikolic considerado unánimemente el padre del baloncesto yugoslavo por Maljkovic, Obradovic y tantos otros padres de ese mismo baloncesto. Decía Nikolic (extraigo la cita de esos impagables Sueños Robados de Juanan Hinojo) que la selección de un equipo competitivo representa, ante todo, un asunto creativo, por el simple motivo de que la eficacia de un grupo no representa nunca una simple suma de la eficacia de sus miembros. En la interacción recíproca sucede la potenciación o el debilitamiento de las capacidades individuales de los jugadores. Es decir, para Nikolic tampoco el todo era necesariamente igual a la suma de las partes, tampoco dos más dos sumaban necesariamente cuatro. Falta hará que lo sepan también en Los Ángeles, falta hará que pongan allí los medios que sean menester para que al final les acabe cuadrando (más o menos) la ecuación.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en NBA, preHistoria, varios

septiembre   Leave a comment

(publicado el 4 de septiembre de 2012)

 

Para gran parte de los mortales, septiembre viene a ser como un lunes por la mañana pero a lo bestia. Como si nos hubieran expulsado del paraíso, como si una vez al año nos dieran a probar la fruta prohibida e inmediatamente después nos la quitaran para volver a darnos las acelgas cotidianas pongamos por caso. Le decía yo el otro día a mi señora, dada la mala leche que se le pone todos los años por estas fechas (que en realidad es la misma que se me pone a mí, sólo que ella lo exterioriza más), que las vacaciones tienen un efecto contraproducente en nuestras vidas: el cabreo que nos agarramos cuando se acaban es muy superior a la alegría que nos entra cuando empiezan, razón por la cual a partir de ahora quizá deberíamos renunciar a ellas por no ser tanto fuente de felicidad como de desdicha. Evidentemente lo decía de coña, lo aclararé cuanto antes no vaya a ser que alguien del Gobierno atrape la idea y se ponga a legislar en tal sentido, que sólo eso nos faltaba ya…

Y es que éste no es un septiembre cualquiera sino más bien la madre (o el padre, no sé) de todos los septiembres. Todos los septiembres (para quien haya tenido vacaciones en agosto, entiéndase) son una putada pero éste es LA PUTADA, con mayúsculas, por definición, ustedes disculpen la ordinariez. Todo final de vacaciones representaba volver a la cruda realidad pero aún por cruda que ésta fuera nunca había alcanzado estos niveles de amargura, esta permanente sensación de que el suelo se abre a cada rato bajo nuestros pies. Todos los años por estas fechas intentábamos llevarlo con dignidad y mantener la cabeza bien alta pero este año sabemos que da igual, que ni dignidad nos dejan, que a quién le importará cómo llevemos la cabeza cuando bastante tenemos ya con apretar el culo, aún sabiendo que es completamente inútil, que en cuanto nos descuidemos encontrarán otra vez algún resquicio por el que… (vale, sí, ya lo dejo, supongo que ha quedado suficientemente claro)

 

En semejantes circunstancias sólo nos queda agarrarnos (como a un clavo ardiendo) a esas pequeñas cosas que nos hacen felices… y sí, efectivamente, acertó usted, éste es ese preciso momento en el que empezaré a hablar de baloncesto, que creo yo que ya tocaba a estas alturas del post. De baloncesto o lo de que aún quede de él (ya lo sé, no está resultando ésta precisamente la entrada más alegre de este blog), al menos en lo que al baloncesto patrio se refiere. No hará falta que se lo recuerde, nos hemos pasado años y años y más años vendiendo (vendiéndonos) aquello que de éramos la segunda mejor liga del mundo después de la NBA, tanto lo repetimos que al final muchos acabaron creyéndolo, que hasta acabamos creyéndonoslo nosotros mismos incluso… Y hasta aquí. Déjenlo, ya no cuela, ni de coña, nunca más. La que un día se autoproclamó la mejor liga de baloncesto de Europa hoy ya sólo es la mejor liga de baloncesto de España, ahí no parece que vaya a tener competencia, tanto menos a la vista del hundimiento de la LEB, vía FEB. Pero esa es otra historia…

 

Es cualquier caso es lo que tenemos, no queda otra, a ello habremos de seguir agarrándonos aunque el clavo queme aún más que de costumbre. Aunque aún no sepamos si lo vamos a ver, dónde lo vamos a ver, cómolo vamos a ver, qué vamos a ver. Aunque tengamos meridianamente claro que toda crisis por definición tiende a agrandar aún más la brecha entre ricos y pobres haciendo poco a poco desaparecer esa entelequia denominada clase media, lo mismo usted ya se habría dado cuenta a poco que hubiera mirado a su alrededor. Y el baloncesto no es una excepción, cómo habría de serlo: en el primer escalón Madrid y Barça, en el segundo Baskonia (a duras penas) y Unicaja, en el tercero quizás Valencia y Bilbao… Y a partir de ahí un totum revolutum que empieza tal vez en Sevilla o San Sebastián, que acaba tal vez en Valladolid o Tenerife. Clase alta, clase media-alta… y clase baja, acaso media-baja en algún caso, la media-media ya sólo son recuerdos de un pasado que ya nunca más ha de volver, que decía el tango. ¿Acabará sucediendo en la ACB lo que sucede en el fútbol, que hay más distancia del segundo al tercero que del tercero al decimoctavo? Ojalá no, por dios, escalofríos me dan sólo de pensarlo. Pero no lo descarten.

 

En fin, que agarrémonos fuerte al clavo y tiremos de refranes a la manera de mi difunta abuela, que siempre resultan ser muy socorridos para estas cosas: no hay mal que por bien no venga, por ejemplo. Perderemos élite pero ganaremos juventud, seremos como esas ligas tradicionalmente exportadoras que a fuerza de exportar y exportar acababan rejuveneciendo sus planteles año tras año, nosotros no llegaremos a tanto (todavía) pero algo es algo, miremos por ejemplo ese Cajasol (o como demonios se llame esta temporada) de Aíto plagado de yogurines que no lo va a reconocer ya ni la madre que lo parió. O miremos nuestrosamericanos (de USA, mayormente): tanto como nos habremos quejado en temporadas precedentes de la endémica endogamia que aquejaba a nuestra Liga, tanto como habremos puesto el grito en el cielo ante el empeño por preferir lo malo conocido a lo bueno por conocer, y ahora de repente (sigamos con los refranes: a la fuerza ahorcan) el club al salir de clase ha llegado por fin a la ACB: tíos de cuya vida y milagros ya les he puesto la cabeza mala durante estas últimas temporadas, tales como Robbie Hummel (Purdue) y William Buford (Ohio St.) recién llegados a Santiago de Compostela, o como Kyle Kuric (Louisville) recién llegado a la calle Serrano de Madrid (y a punto estuvo de acompañarle el Lobito Fernández, vía Milán). O tíos de idéntica procedencia pero a quienes aún no tengo el placer de conocer, como esos Ragland y Gatens recién aterrizados en Murcia. Incluso podríamos meter en el mismo saco a Corey Fisher (Villanova/Penya) o Jon Scheyer (Duke/Granca), que no se estrenan precisamente en Europa (que hasta macabeo ha sido ya el segundo) pero que aún tenemos suficientemente reciente su paso por la NCAA como para que nos todavía nos resulte una muy grata sorpresa su llegada a la ACB.

 

O dicho de otra manera (o de la misma, si de refranes hablamos): que el que no se consuela es porque no quiere. No sabemos muy bien qué ACB veremos (ni cómo, ni dónde) pero sabemos que veamos lo que veamos lo disfrutaremos; que sabremos buscar los alicientes hasta debajo de las piedras si es necesario, de hecho aún no ha empezado y ya estamos encontrándolos, véase el párrafo anterior. Es nuestro sino, nuestra tendencia innata a asumir la cruda realidad tal como venga y, ya que no podemos cambiarla, intentar al menos sacarle el mejor partido posible. Seguir sobreviviendo, no nos queda otra, tal como están las cosas casi cabría añadir que afortunadamente. Aunque en nuestro baloncesto, como en la vida, también haya llegado septiembre.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, varios

así que pasen cinco años   Leave a comment

(publicado el 24 de agosto de 2012)

Andaba yo un poco desconcertado en aquellos días de finales de agosto de 2007. SEDENA, la Plataforma que me había acogido (y aguantado) durante tres años, y que aún me habría de acoger (y aguantar) un par de ellos más, estaba en obras otra vez por aquel entonces, una especie de autoconstrucción/autodestrucción compulsiva que parecía estar ya anticipando su inexorable decadencia. Pues eso, que andaba yo un tanto desconcertado por aquel entonces, pocos días después de que se hubiera disputado en Madrid el Eurobasket sub18, pocos días antes de que se iniciara (también aquí) el Eurobasket absoluto… Con mucho, demasiado que contar y de repente sin ningún sitio en donde hacerlo. Más allá de SEDENA llevaba ya tiempo acariciando la idea de tener mi propio blog, plenamente sumido en mi natural indecisión para estas cosas (dónde, cuándo, cómo, por qué, de qué manera…) y en éstas que El País de alguna manera se apiadó de mí, El País que venía siendo tradicionalmente mi periódico (así en papel como digital), El País que acababa de crear una plataforma para blogs denominada La Comunidad. Pues ya está, dicho y hecho, si yo quería crear un blog cuando mejor que ahora, dónde mejor que aquí: escribí cuatro tonterías, les puse un título, pinché enpublicar… Acaba de nacer esta cosa, este CORRECALLES. Era el 25 de agosto de 2007.

Es decir, cinco años llevo aquí dándoles la vara, cinco años tal día como hoy, qué mejor día que éste para que comparta con todos ustedes (si así me lo permiten) mis interioridades, las interioridades de este blog. Cinco años no es nada que decía el tango (aunque los del tango fueran veinte), pueden que no sean nada en términos de vida real pero sí son muchos, demasiados, en términos de vida virtual. Cinco años, 1.825 días (o para ser exactos 1.827, dado que ha habido dos bisiestos) en los que llevo publicados (vértigo me da sólo de pensarlo) 741 posts (o entradas, o… artículos, aunque ese término me genere siempre un pudor inmenso, aunque siga sin sentirme legitimado a llamarlos así). Es decir, una simple división (que no tengo muchas ganas de hacer, lo reconozco) supongo que nos daría que vengo a escribir un post cada dos días y medio poco más o menos. Resultado sólo parcialmente cierto (y por tanto también parcialmente falso) como todo dato estadístico que se precie, porque si son seguidores más o menos habituales de este blog habrán comprobado ya de sobra que más anárquico no puedo ser, hay semanas que escribo cuatro o cinco cosas y otras que no escribo ninguna, puedo escribir dos y hasta tres posts un día cualquiera y luego tirarme quince días sin escribir nada, soy así, qué le voy a hacer. Ahora bien, ¿por qué soy así?.
Una vez leí que un blog que se precie de serlo debería actualizarse casi a diario. Será cierto, no digo yo que no, pero no es menos cierto que un blog que se precie de serlo, sobre todo si es absolutamente amateur como es mi caso, debe reunir dos características básicas: 1) que entretenga a quien lo lea, y 2) que entretenga, aún más si cabe, a quien lo escriba. Es decir, una cosa tengo clara, esto es para disfrutarlo, para disfrutarlo usted mientras lo lee y para disfrutarlo yo mientras lo hago. Algo que se hace por amor al arte seguirá teniendo sentido mientras me lo pase bien haciéndolo, el día que deje de hacerlo por devoción y empiece a sentirlo como una obligación dejará de tener sentido. Viene todo esto a cuento de esas largas pausas, esas semanas enteras de parón que les contaba antes, periodos durante los cuales más de una vez me autoimpuse la obligación de escribir para que esto no se muriera y a la larga fue peor el remedio que la enfermedad. Primero me obligué a hacerlo y seguidamente me dije joder, pero por qué tendría yo que obligarme a hacer nada, con la de obligaciones que me llegan ya impuestas desde fuera, qué necesidad tendré de crearme también las mías propias… Lo reconozco, más de una vez en estos cinco años estuve a punto de tirar la toalla, más de una vez (y más de dos, y de tres) me dije que si tenía que escribir cuando tocara y no cuando me surgiera esto ya no merecería la pena. Crisis pasajeras que al final no pasaron a mayores y se resolvieron solas: porque me sigue encantando el baloncesto y me sigue encantando escribir, y al final sólo es cuestión de dejar pasar el tiempo suficiente para que ambos encantes acaben encontrándose de nuevo.
Y es que estas cosas nunca son fáciles, esto es como aquello que decía aquel, cuando tienes ganas no tienes dinero y cuando tienes dinero no tienes ganas. Basta que un lunes se te ocurran cuatro o cinco temas para que justo esa semana te salga todo del revés, para que no puedas escaquear ni tan siquiera un segundo en el trabajo, para que llegues luego a casa y tampoco te dejen, para que cuando llegue por fin el poco tiempo libre que te deja el día apenas te queden ya fuerzas para otra cosa que no sea ejercer de mero espectador pasivo ante el televisor o el ordenador, con un buen partido de baloncesto enfrente por lo general… O al revés también sucede, de esos días raros que de repente se te presentan un montón de horas por delante sin apenas nada que hacer y justo entonces no se te ocurre nada, no te surge ningún tema o aún peor, te surge un tema pero por más vueltas que le das no encuentras la manera de enfocarlo, no acabas de saber cómo empezar, cómo seguir, cómo acabar. Hay veces que un texto sale solo, que en apenas un rato en el transporte público o andando por la calle ya se va escribiendo por adelantado en mi cabeza y al llegar a mi destino sólo tengo que sentarme a plasmarlo, y hay otras en cambio que un texto es como un parto, que sé de quiero hablar y cómo lo quiero contar pero por más que lo intento no me salen las palabras, que acabo necesitando horas para lograr parir siquiera unas pocas frases. No recuerdo quién dijo que estas cosas no son tanto cuestión de inspiración como de transpiración, y en mi caso por desgracia suele ser la pura verdad.
Y por si no tuviera bastante conmigo mismo también está lo de la tecnología, que es aún peor. No siempre puedo escribir directamente en la caja del blog, no siempre puedo estar en Internet mientras trabajo (y que no cante, además), en demasiadas ocasiones tengo que conformarme con el habitual procesador de textos o aún peor, con un mero borrador de correo electrónico, y luego a base de copiapegas o cortapegas (o de autoenviarme el correo a mí mismo, que ya tiene delito) colocarlo aquí, lo cual en condiciones normales no debería representar ningún problema pero en mis condiciones particulares acaba representando un puto caos: no me pregunten por qué, será por incompatibilidad entre formatos o por incompatibilidad entre navegadores (que es bien sabido que los designios del señor Gates y/o del señor Jobs -q.e.p.d.- son inescrutables) o por incompatibilidad entre mis ingenuos deseos y la puta realidad, pero qué sé yo en cuántas ocasiones un texto que yo copié normal apareció aquí pegado como le dio la real gana: tipos de letra diferentes, párrafos enteros recuadrados en blanco, o en cursiva o en negrita, o en una tipografía descomunal o en otra minúscula o con unas letras de una manera y otras de otra, o con todos los párrafos apegostrados sin puntos y aparte ni retornos de separación, o con todo lo anterior a la misma vez… Créanme si les digo que en unos cuantos de estos 741 tochos que tienen ante sus ojos fue mucho más el tiempo que empleé en restituir su formato que el que empleé en escribirlos. Créanme si les digo que en alguna ocasión hube de tirar la toalla y mandarlo todo a la mierda… para volverlo a intentar otra vez a la mañana siguiente, cuando ya estuviera desactualizado todo lo escrito el día anterior. Alguna vez llegué incluso a verme obligado a reescribir un post entero de nuevo, por pura incapacidad física de arreglar el desaguisado o porque éste (el post, me refiero) se hubiera esfumado por completo sin saber muy bien por qué…

Sospecho que algo tendrán también que ver en todo ello las peculiaridades informáticas de esta Comunidadque me acoge, Comunidad que dicho sea de paso ha acabado convirtiéndose en algo parecido al coño de la Bernarda (disculpen la vulgaridad) como podrán observar a poco que pinchen en el enlace precedente: si lo hacen encontrarán un montón de entradas a medio camino entre el spam y la morralla más absoluta y que más parecen haber sido escritos por un autómata que por un humano, probablemente porque así haya sido en realidad. No todo es así, por supuesto, muchos blogueros huyeron como de la peste en cuanto vieron el cariz que tomaban los acontecimientos pero unos cuantos aún quedamos (los más indecisos, probablemente) y a algunos la susodicha Comunidad nos hace incluso la cortesía de recuadrarnos y promocionarnos en la parte superior, quizá porque seamos ya de lo poco decente que aún les queda… Así que sigo aquí, dónde voy a ir ya a estas alturas, mirando de vez en cuando (o de cuando en vez) ese contadorque me habla de que llevo más de 28.000 visitas totales y más de 33.000 páginas vistas aunque sé bien que es mentira (porque ese contador empezó a funcionar bastantes meses después de que naciera este blog), o que me cuenta que hay algunos días de sesenta o setenta lectores (o más incluso) pero que también hay muchos más (sobre todo en fin de semana) que apenas entran cinco o diez… aunque ello tampoco sea siempre cierto, aunque algún día que me hayan dejado tres comentarios y haya entrado yo otras tres veces a responderlos el contador me haya colocado un cero por razones que sólo él conoce. Sí, me temo que los designios de esta Comunidad dejada en suerte por el periódico que aún la acoge (veremos por cuánto tiempo) son también inescrutables… y sin embargo aquí me tienen aún, inasequible al desaliento, esto es casi como aquello que solía decir siempre mi abuela (nunca supe muy bien por qué), dónde voy a ir que más valga. Pues eso.
así que pasen cinco años, quién me lo iba a decir. Era cuarentón en 2007, soy ya cincuentón en 2012; tenía un niño en 2007, tengo ya un adolescente (en toda la extensión de la palabra, me temo) en 2012; tenía aún ilusiones en 2007, sigo teniéndolas en 2012 contra todo pronóstico aunque sé bien que no debería, menos aún en estos tiempos que corren. Hemos vivido juntos tres Eurobasket, dos Juegos Olímpicos, un Mundial y por supuesto cinco ediciones de ACB, LEB, NBA, NCAA, Euroliga. Y las que aún habrán de venir, espero. Lo confieso, si me paro a pensarlo me produce cierto pudor mantener esto vivo cuando la norma parece ser que cualquier cosa en Internet esté ya vieja o al menos pasada de moda a los dos meses. Pero qué quieren, esto (el baloncesto, escribir) me sigue gustando y por eso sigo haciéndolo, es lo que antes les decía, el día que la devoción deje paso a la obligación, el día que el placer ceda ante la necesidad, ese día plegaré y les diré adiós muy buenas, afortunadamente ese día aún no ha llegado (aunque ha andado cerca), espero que tarde todavía. Quién sabe, puede que en apenas unos meses este CORRECALLES sea historia o puede que el 25 de agosto de 2017 nos encontremos aquí de nuevo cumpliendo nada menos que diez años. Ojalá, aunque sólo de pensarlo me da más vértigo todavía…

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, varios

A %d blogueros les gusta esto: