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septiembre   Leave a comment

(publicado el 4 de septiembre de 2012)

 

Para gran parte de los mortales, septiembre viene a ser como un lunes por la mañana pero a lo bestia. Como si nos hubieran expulsado del paraíso, como si una vez al año nos dieran a probar la fruta prohibida e inmediatamente después nos la quitaran para volver a darnos las acelgas cotidianas pongamos por caso. Le decía yo el otro día a mi señora, dada la mala leche que se le pone todos los años por estas fechas (que en realidad es la misma que se me pone a mí, sólo que ella lo exterioriza más), que las vacaciones tienen un efecto contraproducente en nuestras vidas: el cabreo que nos agarramos cuando se acaban es muy superior a la alegría que nos entra cuando empiezan, razón por la cual a partir de ahora quizá deberíamos renunciar a ellas por no ser tanto fuente de felicidad como de desdicha. Evidentemente lo decía de coña, lo aclararé cuanto antes no vaya a ser que alguien del Gobierno atrape la idea y se ponga a legislar en tal sentido, que sólo eso nos faltaba ya…

Y es que éste no es un septiembre cualquiera sino más bien la madre (o el padre, no sé) de todos los septiembres. Todos los septiembres (para quien haya tenido vacaciones en agosto, entiéndase) son una putada pero éste es LA PUTADA, con mayúsculas, por definición, ustedes disculpen la ordinariez. Todo final de vacaciones representaba volver a la cruda realidad pero aún por cruda que ésta fuera nunca había alcanzado estos niveles de amargura, esta permanente sensación de que el suelo se abre a cada rato bajo nuestros pies. Todos los años por estas fechas intentábamos llevarlo con dignidad y mantener la cabeza bien alta pero este año sabemos que da igual, que ni dignidad nos dejan, que a quién le importará cómo llevemos la cabeza cuando bastante tenemos ya con apretar el culo, aún sabiendo que es completamente inútil, que en cuanto nos descuidemos encontrarán otra vez algún resquicio por el que… (vale, sí, ya lo dejo, supongo que ha quedado suficientemente claro)

 

En semejantes circunstancias sólo nos queda agarrarnos (como a un clavo ardiendo) a esas pequeñas cosas que nos hacen felices… y sí, efectivamente, acertó usted, éste es ese preciso momento en el que empezaré a hablar de baloncesto, que creo yo que ya tocaba a estas alturas del post. De baloncesto o lo de que aún quede de él (ya lo sé, no está resultando ésta precisamente la entrada más alegre de este blog), al menos en lo que al baloncesto patrio se refiere. No hará falta que se lo recuerde, nos hemos pasado años y años y más años vendiendo (vendiéndonos) aquello que de éramos la segunda mejor liga del mundo después de la NBA, tanto lo repetimos que al final muchos acabaron creyéndolo, que hasta acabamos creyéndonoslo nosotros mismos incluso… Y hasta aquí. Déjenlo, ya no cuela, ni de coña, nunca más. La que un día se autoproclamó la mejor liga de baloncesto de Europa hoy ya sólo es la mejor liga de baloncesto de España, ahí no parece que vaya a tener competencia, tanto menos a la vista del hundimiento de la LEB, vía FEB. Pero esa es otra historia…

 

Es cualquier caso es lo que tenemos, no queda otra, a ello habremos de seguir agarrándonos aunque el clavo queme aún más que de costumbre. Aunque aún no sepamos si lo vamos a ver, dónde lo vamos a ver, cómolo vamos a ver, qué vamos a ver. Aunque tengamos meridianamente claro que toda crisis por definición tiende a agrandar aún más la brecha entre ricos y pobres haciendo poco a poco desaparecer esa entelequia denominada clase media, lo mismo usted ya se habría dado cuenta a poco que hubiera mirado a su alrededor. Y el baloncesto no es una excepción, cómo habría de serlo: en el primer escalón Madrid y Barça, en el segundo Baskonia (a duras penas) y Unicaja, en el tercero quizás Valencia y Bilbao… Y a partir de ahí un totum revolutum que empieza tal vez en Sevilla o San Sebastián, que acaba tal vez en Valladolid o Tenerife. Clase alta, clase media-alta… y clase baja, acaso media-baja en algún caso, la media-media ya sólo son recuerdos de un pasado que ya nunca más ha de volver, que decía el tango. ¿Acabará sucediendo en la ACB lo que sucede en el fútbol, que hay más distancia del segundo al tercero que del tercero al decimoctavo? Ojalá no, por dios, escalofríos me dan sólo de pensarlo. Pero no lo descarten.

 

En fin, que agarrémonos fuerte al clavo y tiremos de refranes a la manera de mi difunta abuela, que siempre resultan ser muy socorridos para estas cosas: no hay mal que por bien no venga, por ejemplo. Perderemos élite pero ganaremos juventud, seremos como esas ligas tradicionalmente exportadoras que a fuerza de exportar y exportar acababan rejuveneciendo sus planteles año tras año, nosotros no llegaremos a tanto (todavía) pero algo es algo, miremos por ejemplo ese Cajasol (o como demonios se llame esta temporada) de Aíto plagado de yogurines que no lo va a reconocer ya ni la madre que lo parió. O miremos nuestrosamericanos (de USA, mayormente): tanto como nos habremos quejado en temporadas precedentes de la endémica endogamia que aquejaba a nuestra Liga, tanto como habremos puesto el grito en el cielo ante el empeño por preferir lo malo conocido a lo bueno por conocer, y ahora de repente (sigamos con los refranes: a la fuerza ahorcan) el club al salir de clase ha llegado por fin a la ACB: tíos de cuya vida y milagros ya les he puesto la cabeza mala durante estas últimas temporadas, tales como Robbie Hummel (Purdue) y William Buford (Ohio St.) recién llegados a Santiago de Compostela, o como Kyle Kuric (Louisville) recién llegado a la calle Serrano de Madrid (y a punto estuvo de acompañarle el Lobito Fernández, vía Milán). O tíos de idéntica procedencia pero a quienes aún no tengo el placer de conocer, como esos Ragland y Gatens recién aterrizados en Murcia. Incluso podríamos meter en el mismo saco a Corey Fisher (Villanova/Penya) o Jon Scheyer (Duke/Granca), que no se estrenan precisamente en Europa (que hasta macabeo ha sido ya el segundo) pero que aún tenemos suficientemente reciente su paso por la NCAA como para que nos todavía nos resulte una muy grata sorpresa su llegada a la ACB.

 

O dicho de otra manera (o de la misma, si de refranes hablamos): que el que no se consuela es porque no quiere. No sabemos muy bien qué ACB veremos (ni cómo, ni dónde) pero sabemos que veamos lo que veamos lo disfrutaremos; que sabremos buscar los alicientes hasta debajo de las piedras si es necesario, de hecho aún no ha empezado y ya estamos encontrándolos, véase el párrafo anterior. Es nuestro sino, nuestra tendencia innata a asumir la cruda realidad tal como venga y, ya que no podemos cambiarla, intentar al menos sacarle el mejor partido posible. Seguir sobreviviendo, no nos queda otra, tal como están las cosas casi cabría añadir que afortunadamente. Aunque en nuestro baloncesto, como en la vida, también haya llegado septiembre.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, varios

así que pasen cinco años   Leave a comment

(publicado el 24 de agosto de 2012)

Andaba yo un poco desconcertado en aquellos días de finales de agosto de 2007. SEDENA, la Plataforma que me había acogido (y aguantado) durante tres años, y que aún me habría de acoger (y aguantar) un par de ellos más, estaba en obras otra vez por aquel entonces, una especie de autoconstrucción/autodestrucción compulsiva que parecía estar ya anticipando su inexorable decadencia. Pues eso, que andaba yo un tanto desconcertado por aquel entonces, pocos días después de que se hubiera disputado en Madrid el Eurobasket sub18, pocos días antes de que se iniciara (también aquí) el Eurobasket absoluto… Con mucho, demasiado que contar y de repente sin ningún sitio en donde hacerlo. Más allá de SEDENA llevaba ya tiempo acariciando la idea de tener mi propio blog, plenamente sumido en mi natural indecisión para estas cosas (dónde, cuándo, cómo, por qué, de qué manera…) y en éstas que El País de alguna manera se apiadó de mí, El País que venía siendo tradicionalmente mi periódico (así en papel como digital), El País que acababa de crear una plataforma para blogs denominada La Comunidad. Pues ya está, dicho y hecho, si yo quería crear un blog cuando mejor que ahora, dónde mejor que aquí: escribí cuatro tonterías, les puse un título, pinché enpublicar… Acaba de nacer esta cosa, este CORRECALLES. Era el 25 de agosto de 2007.

Es decir, cinco años llevo aquí dándoles la vara, cinco años tal día como hoy, qué mejor día que éste para que comparta con todos ustedes (si así me lo permiten) mis interioridades, las interioridades de este blog. Cinco años no es nada que decía el tango (aunque los del tango fueran veinte), pueden que no sean nada en términos de vida real pero sí son muchos, demasiados, en términos de vida virtual. Cinco años, 1.825 días (o para ser exactos 1.827, dado que ha habido dos bisiestos) en los que llevo publicados (vértigo me da sólo de pensarlo) 741 posts (o entradas, o… artículos, aunque ese término me genere siempre un pudor inmenso, aunque siga sin sentirme legitimado a llamarlos así). Es decir, una simple división (que no tengo muchas ganas de hacer, lo reconozco) supongo que nos daría que vengo a escribir un post cada dos días y medio poco más o menos. Resultado sólo parcialmente cierto (y por tanto también parcialmente falso) como todo dato estadístico que se precie, porque si son seguidores más o menos habituales de este blog habrán comprobado ya de sobra que más anárquico no puedo ser, hay semanas que escribo cuatro o cinco cosas y otras que no escribo ninguna, puedo escribir dos y hasta tres posts un día cualquiera y luego tirarme quince días sin escribir nada, soy así, qué le voy a hacer. Ahora bien, ¿por qué soy así?.
Una vez leí que un blog que se precie de serlo debería actualizarse casi a diario. Será cierto, no digo yo que no, pero no es menos cierto que un blog que se precie de serlo, sobre todo si es absolutamente amateur como es mi caso, debe reunir dos características básicas: 1) que entretenga a quien lo lea, y 2) que entretenga, aún más si cabe, a quien lo escriba. Es decir, una cosa tengo clara, esto es para disfrutarlo, para disfrutarlo usted mientras lo lee y para disfrutarlo yo mientras lo hago. Algo que se hace por amor al arte seguirá teniendo sentido mientras me lo pase bien haciéndolo, el día que deje de hacerlo por devoción y empiece a sentirlo como una obligación dejará de tener sentido. Viene todo esto a cuento de esas largas pausas, esas semanas enteras de parón que les contaba antes, periodos durante los cuales más de una vez me autoimpuse la obligación de escribir para que esto no se muriera y a la larga fue peor el remedio que la enfermedad. Primero me obligué a hacerlo y seguidamente me dije joder, pero por qué tendría yo que obligarme a hacer nada, con la de obligaciones que me llegan ya impuestas desde fuera, qué necesidad tendré de crearme también las mías propias… Lo reconozco, más de una vez en estos cinco años estuve a punto de tirar la toalla, más de una vez (y más de dos, y de tres) me dije que si tenía que escribir cuando tocara y no cuando me surgiera esto ya no merecería la pena. Crisis pasajeras que al final no pasaron a mayores y se resolvieron solas: porque me sigue encantando el baloncesto y me sigue encantando escribir, y al final sólo es cuestión de dejar pasar el tiempo suficiente para que ambos encantes acaben encontrándose de nuevo.
Y es que estas cosas nunca son fáciles, esto es como aquello que decía aquel, cuando tienes ganas no tienes dinero y cuando tienes dinero no tienes ganas. Basta que un lunes se te ocurran cuatro o cinco temas para que justo esa semana te salga todo del revés, para que no puedas escaquear ni tan siquiera un segundo en el trabajo, para que llegues luego a casa y tampoco te dejen, para que cuando llegue por fin el poco tiempo libre que te deja el día apenas te queden ya fuerzas para otra cosa que no sea ejercer de mero espectador pasivo ante el televisor o el ordenador, con un buen partido de baloncesto enfrente por lo general… O al revés también sucede, de esos días raros que de repente se te presentan un montón de horas por delante sin apenas nada que hacer y justo entonces no se te ocurre nada, no te surge ningún tema o aún peor, te surge un tema pero por más vueltas que le das no encuentras la manera de enfocarlo, no acabas de saber cómo empezar, cómo seguir, cómo acabar. Hay veces que un texto sale solo, que en apenas un rato en el transporte público o andando por la calle ya se va escribiendo por adelantado en mi cabeza y al llegar a mi destino sólo tengo que sentarme a plasmarlo, y hay otras en cambio que un texto es como un parto, que sé de quiero hablar y cómo lo quiero contar pero por más que lo intento no me salen las palabras, que acabo necesitando horas para lograr parir siquiera unas pocas frases. No recuerdo quién dijo que estas cosas no son tanto cuestión de inspiración como de transpiración, y en mi caso por desgracia suele ser la pura verdad.
Y por si no tuviera bastante conmigo mismo también está lo de la tecnología, que es aún peor. No siempre puedo escribir directamente en la caja del blog, no siempre puedo estar en Internet mientras trabajo (y que no cante, además), en demasiadas ocasiones tengo que conformarme con el habitual procesador de textos o aún peor, con un mero borrador de correo electrónico, y luego a base de copiapegas o cortapegas (o de autoenviarme el correo a mí mismo, que ya tiene delito) colocarlo aquí, lo cual en condiciones normales no debería representar ningún problema pero en mis condiciones particulares acaba representando un puto caos: no me pregunten por qué, será por incompatibilidad entre formatos o por incompatibilidad entre navegadores (que es bien sabido que los designios del señor Gates y/o del señor Jobs -q.e.p.d.- son inescrutables) o por incompatibilidad entre mis ingenuos deseos y la puta realidad, pero qué sé yo en cuántas ocasiones un texto que yo copié normal apareció aquí pegado como le dio la real gana: tipos de letra diferentes, párrafos enteros recuadrados en blanco, o en cursiva o en negrita, o en una tipografía descomunal o en otra minúscula o con unas letras de una manera y otras de otra, o con todos los párrafos apegostrados sin puntos y aparte ni retornos de separación, o con todo lo anterior a la misma vez… Créanme si les digo que en unos cuantos de estos 741 tochos que tienen ante sus ojos fue mucho más el tiempo que empleé en restituir su formato que el que empleé en escribirlos. Créanme si les digo que en alguna ocasión hube de tirar la toalla y mandarlo todo a la mierda… para volverlo a intentar otra vez a la mañana siguiente, cuando ya estuviera desactualizado todo lo escrito el día anterior. Alguna vez llegué incluso a verme obligado a reescribir un post entero de nuevo, por pura incapacidad física de arreglar el desaguisado o porque éste (el post, me refiero) se hubiera esfumado por completo sin saber muy bien por qué…

Sospecho que algo tendrán también que ver en todo ello las peculiaridades informáticas de esta Comunidadque me acoge, Comunidad que dicho sea de paso ha acabado convirtiéndose en algo parecido al coño de la Bernarda (disculpen la vulgaridad) como podrán observar a poco que pinchen en el enlace precedente: si lo hacen encontrarán un montón de entradas a medio camino entre el spam y la morralla más absoluta y que más parecen haber sido escritos por un autómata que por un humano, probablemente porque así haya sido en realidad. No todo es así, por supuesto, muchos blogueros huyeron como de la peste en cuanto vieron el cariz que tomaban los acontecimientos pero unos cuantos aún quedamos (los más indecisos, probablemente) y a algunos la susodicha Comunidad nos hace incluso la cortesía de recuadrarnos y promocionarnos en la parte superior, quizá porque seamos ya de lo poco decente que aún les queda… Así que sigo aquí, dónde voy a ir ya a estas alturas, mirando de vez en cuando (o de cuando en vez) ese contadorque me habla de que llevo más de 28.000 visitas totales y más de 33.000 páginas vistas aunque sé bien que es mentira (porque ese contador empezó a funcionar bastantes meses después de que naciera este blog), o que me cuenta que hay algunos días de sesenta o setenta lectores (o más incluso) pero que también hay muchos más (sobre todo en fin de semana) que apenas entran cinco o diez… aunque ello tampoco sea siempre cierto, aunque algún día que me hayan dejado tres comentarios y haya entrado yo otras tres veces a responderlos el contador me haya colocado un cero por razones que sólo él conoce. Sí, me temo que los designios de esta Comunidad dejada en suerte por el periódico que aún la acoge (veremos por cuánto tiempo) son también inescrutables… y sin embargo aquí me tienen aún, inasequible al desaliento, esto es casi como aquello que solía decir siempre mi abuela (nunca supe muy bien por qué), dónde voy a ir que más valga. Pues eso.
así que pasen cinco años, quién me lo iba a decir. Era cuarentón en 2007, soy ya cincuentón en 2012; tenía un niño en 2007, tengo ya un adolescente (en toda la extensión de la palabra, me temo) en 2012; tenía aún ilusiones en 2007, sigo teniéndolas en 2012 contra todo pronóstico aunque sé bien que no debería, menos aún en estos tiempos que corren. Hemos vivido juntos tres Eurobasket, dos Juegos Olímpicos, un Mundial y por supuesto cinco ediciones de ACB, LEB, NBA, NCAA, Euroliga. Y las que aún habrán de venir, espero. Lo confieso, si me paro a pensarlo me produce cierto pudor mantener esto vivo cuando la norma parece ser que cualquier cosa en Internet esté ya vieja o al menos pasada de moda a los dos meses. Pero qué quieren, esto (el baloncesto, escribir) me sigue gustando y por eso sigo haciéndolo, es lo que antes les decía, el día que la devoción deje paso a la obligación, el día que el placer ceda ante la necesidad, ese día plegaré y les diré adiós muy buenas, afortunadamente ese día aún no ha llegado (aunque ha andado cerca), espero que tarde todavía. Quién sabe, puede que en apenas unos meses este CORRECALLES sea historia o puede que el 25 de agosto de 2017 nos encontremos aquí de nuevo cumpliendo nada menos que diez años. Ojalá, aunque sólo de pensarlo me da más vértigo todavía…

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, varios

DPO   1 comment

(publicado el 13 de agosto de 2012)

¿Cómo se lo explicaría? Quizá la mejor manera sea autoplagiarme, recurrir al párrafo aquel que escribí hace más de siete años, en unas circunstancias muy diferentes a éstas:

Cada cuatro veranos llegan los Juegos Olímpicos para sumergirme en una especie de estado de felicidad infantil. Supongo que no me pasará sólo a mí. Durante dos semanas y media el monocultivo del fútbol desaparece y deja paso a un oasis en el que de repente se nos permite disfrutar a cualquier hora del día de casi todo lo que nos gusta: el mejor baloncesto, pero también el mejor atletismo, voleibol, balonmano, ciclismo, gimnasia, tenis,… Cuando se acaban se nos queda un vacío que es como si nos hubieran extirpado algo, la perspectiva de volver al páramo cotidiano nos provoca una especie de náusea que afortunadamente se nos pasa en cuanto descubrimos que el baloncesto y todos los demás deportes siguen sobreviviendo, se les permite existir siempre que permanezcan cuidadosamente escondidos debajo del fútbol para que no molesten y para que no sea fácil encontrarlos.

No encuentro mejor manera de describir cómo me siento hoy, cómo me sentí esta mañana cuando llegué al bar del desayuno y descubrí que en su televisor (probablemente sintonizado en TVE1 por pura inercia de estos días) ya no había piragüistas ni waterpolistas ni taekwondistas sino sólo el señor bajito y calvo de costumbre, ese que enseña a nuestros mayores a saber vivir y les recuerda la terrible amenaza del colesterol. Se han acabado como no podía ser de otra manera, se han acabado como se acaba todo lo bueno (por definición), como se acaban las vacaciones y los fines de semana y los días felices y la vida entera llegado un determinado momento. Claro que los fines de semana por lo general sólo tardan cinco días en volver, las vacaciones suelen tardar once meses (por ahora, que al paso que vamos lo mismo también nos las quitan), los días felices cada vez caen más de tarde en tarde pero van cayendo, en cambio para los Juegos Olímpicos aún tendremos que esperar los cuatro años de costumbre, cuatro eternos años menos una semana para ser exactos, los que quedan para que el viernes 5 de agosto de 2016 Brasil inaugure a ritmo de samba sus Juegos de Río de Janeiro. Cuatro años, demasiado tiempo para que luego todo el goce se nos vaya en apenas diecisiete días. Demasiado poco oasis para tanto desierto.

Podríamos denominarla DPODepresión Post-Olímpica como si dijéramos, no me atribuiré paternidades que no me corresponden porque la denominación no es mía sino que se la escuché ayer durante la ceremonia de clausura a ese pedazo de crack llamado Ernest Riveras. O bien podríamos optar por otras denominaciones más pedestres con las que ayer especulábamos en twiterjuegopausiaolimpopausia, lo que ustedes prefieran. No es un mal universal, está infinitamente menos extendido que el síndrome post-vacacional o la depresión post-parto pongamos por caso (salvando las distancias), de hecho esta DPO en realidad sólo la padecemos cuatro gatos mal contados, gatos capaces (como hice yo ayer) de rebuscar en la wiki hasta averiguar en qué fechas caerán los próximos Juegos, gatos capaces incluso de intentar (en la medida de lo posible) organizarse con tiempo suficiente las vacaciones de verano para que coincidan o no con dichos Juegos. En mi caso para que no coincidan, o no del todo al menos: el ritmo laboral de agosto nada tiene que ver con el del resto del año y las tardes suelen estar libres, de tal manera que mal que bien me las puedo ir apañando para compatibilizar trabajo y Juegos, no así si estoy de vacaciones que es un constante ir y venir, ahora playa, ahora paseo, ahora vamos a ver esto, ahora aquello otro, no hay manera de que te dejen sentarte un rato ante el televisor… Pero claro, ese es mi caso, también sé que hay seres humanos (pocos, pero alguno hay) que optan radicalmente por lo contrario, que mueven roma con santiago para que sus vacaciones coincidan con los Juegos y poderse tirar estas dos semanas largas frente al televisor sin que nada ni nadie les moleste. Yo no.

Pero repito, somos inmensa minoría. Hay una inmensa mayoría que se alegra de que se acaben por fin los Juegos Olímpicos, y no lo digo necesariamente por mi señora (y tantas/os otras/os) que recupera por fin un marido (y un mando a distancia) tras más de dos semanas de ausencia virtual, lo digo más bien por todos aquellos incapaces de entender que puedan existir otros deportes que no se llamen fútbol. Ya saben, el monocultivo mediático que les decía al principio, perfectamente explicitado en aquella frase que le leí hace días al ochocentista sevillano Kevin López: lo que no puede ser es que el día en que Ruth Beitia es campeona de Europa la portada de un periódico abra con que Ronaldo se ha equivocado de vestuario. Vamos, no me jodas. Más claro agua. El futbolerismo militante anda muy preocupado de si Cristiano caga suelto o duro, de si a Messi le pica el orto o se rasca un pie, y entre lo uno y lo otro no tienen ningún reparo en decirte que todos estos deportes son una mierda (así, con todas las letras lo he leído yo en estos días) y que qué bueno que por fin se haya acabado la Olimpiada (por no saber no saben ni llamar a los Juegos por su nombre) porque ahora ya por fin volverá el fútbol como tiene que ser. Y me parece perfecto, de hecho yo no pretendo que el resto de deportes se impongan sobre el fútbol (sería gilipollas si lo pretendiera), ni siquiera que se igualen, me vale con que convivan, con que se respeten. Podría llegar a entender incluso ladominación pero no este aplastamiento que llevamos ya unos cuantos años padeciendo. Créanme, ya tengo una edad, les aseguro que no siempre fue así.

Y además el bajón tiene esta vez connotaciones muy ajenas al deporte, por si no fuera bastante con todo lo anterior. El final de la tregua olímpica supone también volver a la cruda realidad, esa que hoy se construye (más bien se destruye) a base de crisis, deudas, primas, riesgos, recortes, subidas de impuestos, bajadas de salarios, pérdidas de derechos y demás hijoputeces que nos mantienen de unos meses a esta parte bien abiertos de piernas esperando a ver por dónde nos viene la próxima. No, los Juegos Olímpicos no solucionaron nada de eso pero de alguna manera ejercieron un efecto narcótico, fueron como siempre un bello sueño sólo que esta vez fue aún mucho más amargo el despertar. Por supuesto que habrá en breve otros sueños, en mi caso se llamarán ACB, NCAA, NBA, Euroliga, maravillosos sucedáneos que intentarán causar el mismo efecto pero que no lo harán de la misma manera: otra dosificación, distinta periodicidad, por mucho que nos llenen siempre habrán de dejar una rendija por la que se nos cuele (y nos joda) la cruda realidad. Nada comparable al tratamiento de choque que nos proporcionan los Juegos. Nada comparable a los Juegos.

Y acabaré volviendo al párrafo del principio, aquel que les puse en cursiva y que les dije que había sido escrito en circunstancias muy diferentes a ésta. Aquel párrafo fue escrito en julio de 2005, justo en los días previos a la reunión del COI que decidió que estos Juegos de 2012 tendrían lugar en Londres en detrimento de París, Nueva York y… sí, Madrid. Madrid es mi ciudad y puedo asegurarles (lo mismo ya se lo imaginan) que muy poquitas cosas me harían más ilusión en este mundo (en el plano deportivo, entiéndase) que la posibilidad de que Madrid fuera sede olímpica. Pero es lo que suelo decir demasiado a menudo, que lo que no puede ser no puede ser y además es imposible. No quise ilusionarme con Madrid 2012 porque sabía que era imposible, aún menos quise ilusionarme con Madrid 2016 exactamente por la misma razón… y para 2020 no es ya que no quiera ilusionarme, es que creo que ni siquiera debo ilusionarme: sumidos como estamos en el peor agujero de nuestra existencia reciente, comiéndonos toda esa mierda (disculpen la vulgaridad) que detallé en el párrafo anterior no creo que estemos como para permitirnos lujos olímpicos aún por mucho que pudiéramos disfrutarlos yo y otros cuantos pervertidos como yo. Si es que hasta eso nos ha quitado la crisis, no es ya que se haya llevado nuestras ilusiones cotidianas sino que nos ha robado incluso las utopías. O quizás no, tampoco me lo tengan muy en cuenta, ya les dije que estoy de bajón. Efectos colaterales de la DPO.

 

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en preHistoria, varios

el segundo de casi todos   1 comment

(publicado el 8 de mayo de 2012)

 

Recuerdo aquella frase como si fuera ayer, me he acordado muchísimas veces de ella, tanto más en estos días: el primer equipo de muchos, el segundo de casi todos. La escribió el director de Gigantes Paco Torres hace ya unos cuantos años, más o menos cuando empezaron las penurias económicas y/o deportivas y/o institucionales de Estudiantes, digamos que para ilustrar (en el marco de un pequeño artículo) con qué clase de sentimientos se estaba jugando. El primer equipo de muchos, el segundo de casi todos, de tal manera que hoy muchos nos sentimos un poco (o un mucho) más tristes, de tal manera que hoy casi todos (los aficionados al baloncesto, entiéndase) tienen un motivo para sentirse algo menos felices, algo menos a gusto con la vida.

Podrá parecer exagerado ese casi todos, no digo yo que no, pero creo que refleja perfectamente las simpatías que acostumbra a despertar esta entidad. Simpatías incluso entre las filas del eterno rival, aunque algunos grupúsculos minoritarios (que no dejarán de serlo por mucho ruido que hagan) intenten demostrarnos lo contrario. El madridismo mayoritario, ese que vive su pasión más con la razón que con las vísceras (ese al que algunos iluminados tienden a llamar ahora pseudomadridismo) no tiene hacia Estudiantes la misma animadversión que pudiera sentir hacia el Atlético pongamos por caso. No la tiene o al menos yo no se la veo, será que no la quiero ver. Sí veo madridistas que sienten los colores de Estudiantes casi tanto como los propios, que quieren que gane siempre excepto cuando juega contra ellos, que incluso llegan al extremo de no importarles sacrificar la victoria en un derby si su Madrid no se juega apenas nada y el Estu en cambio se juega la vida (no me pongan cara rara, algún caso conocí hace algunas semanas). Claro, luego está la otra parte, la que se complacen en mostrarnos los medios de comunicación, la que lleva semanas frotándose las manos, cantando Estu a la LEB, sois el primer equipo de la LEB y lindezas semejantes, acaso porque ni ellos mismos sean conscientes (dada su corta edad, o su corta memoria o su cortas entendederas, o todo ello a la vez) de que ese equipo al que querrían ver muerto es el mismo que les crió a algunos de sus principales jugadores. Esos mismos jugadores que (dicho sea de paso) anteayer no dejaron solo al Estu, que acudieron a territorio hostil a riesgo de que su gesto no fuera entendido en ninguna de las dos orillas de la Castellana, acaso porque ellos sí sean conscientes de que más allá del presente tienen o tuvieron un pasado, acaso porque aún le estén sumamente agradecidos a ese pasado después de todo…

Descender es morir un poco, si me permiten la exageración. Baja tu equipo y te parece que se acaba el mundo, que de repente se abriera la tierra bajo tus pies. Te invade una tristeza infinita, como si no hubiera un mañana pero luego resulta que sí, que hay un mañana y luego otro y otro y otro más, que tu vida continúa más o menos de la misma manera, con las mismas alegrías o tristezas de costumbre. Sigue tu vida y sigue la vida de tu equipo, él también tendrá un mañana aunque no lo parezca. Salvo excepciones, claro.Descender es morir un poco, suele ser así la mayoría de las veces, sólo algunas otras veces (sobre todo en estos tiempos que corren) descender es morir del todo, morir definitivamente y para siempre. No debería ser así en el caso de Estudiantes. Suele decirse que es bueno dar un paso atrás para luego dar dos adelante, frase que como tantas otras encierra una trampa: a veces das ese paso y justo detrás está el precipicio. Hasta hace algunos meses estaba plenamente convencido de que ese era el destino que le esperaría a Estudiantes en caso de bajar; hoy que ya ha bajado me gustaría pensar que las cosas puedan ser de otra manera, que ese precipicio haya quedado cegado y que ese paso atrás, ya que hay que darlo, se sustente sobre un suelo suficientemente firme. Todo sustento es bueno tratándose de un club que lleva demasiados años viéndolas y viviéndolas de todos los colores en materia deportiva, en materia económica y en materia institucional. En ese sentido, la declaración que hizo Asefa semanas atrás de que aún bajando a la LEB continuaría con el patrocinio resulta ser en estos momentos un auténtico balón de oxígeno. Si no se echan para atrás (que no deberían, tanto más teniendo en cuenta que la LEB se televisará -parece- la temporada próxima) aún nos quedará el rayito de esperanza de que toda esta compleja estructura estudiantil pudiera, si no mantenerse (no pidamos imposibles), sí al menos sostenerse de algún modo. Ojalá.

Ahora bien, puestos a morir (siquiera un poco) qué menos que morir con dignidad. Qué duda cabe, muchos esperarían ver una escena. Ya saben, el típico numerito, hordas desaforadas lanzando a los jugadores toda clase de improperios y objetos arrojadizos, llamándoles mercenarios, cosas así. Muchos esperarían ver una escena y de hecho la vieron… aunque no fuera aquella la escena que esperaban ver. Este es un club diferente, siempre lo fue, a ver por qué demonios habría de dejar de serlo ahora. Ya lo decía aquella pancarta, ir con los que ganan es muy fácil, lo difícil es esto, lo verdaderamente difícil es separar el grano de la paja, que no paguen justos por pecadores, no someter al linchamiento justo a aquellos que menos culpa tienen. Qué culpa tendrá Carlos, dejándose la piel hasta el último segundo del último minuto del último partido de su carrera, de su vida; qué culpa tendrá Jayson tras el temporadón que ha hecho (sí, temporadón, aunque no faltarán quienes prefieran quedarse con sus -pocos- momentos malos y olvidarse de los -muchísimos- buenos); qué culpa tendrá Germán, si hasta cabría reivindicar (una vez más) su presencia en la selección, siquiera fuera como quinto pívot; qué culpa tendrá Rodrigo si ni su cuerpo ni su mente van ya tan deprisa como fueron antes; qué culpa tendrá Dani si fue a más (por fin) justo cuando todo a su alrededor iba a menos; qué culpa tendrán Jaime, Yannick o Bebe, qué culpa tendrán todos aquellos que llegaron cuando ya todo iba del revés… Buscar culpables es un ejercicio inútil, pedir responsabilidades puede resultar bastante más saludable, pero esas responsabilidades habrá que buscarlas en otra dirección.

Claro que puestos a hacer escenas tampoco estuvo mal la que hicieron, a lo largo de varias semanas, todos aquellos que se llenaron la boca diciendo que Estudiantes no podía descender, ya haría algo la ACB para impedirlo por lo civil o por lo criminal. Estudiantes no puede descender, ya lo escuché unas cuantas veces hace cuatro años; qué casualidad, entonces Estudiantes no bajó y eso les vino de perlas, si ya lo decían ellos, si estaba claro, si al Estu no le iban a dejar descender. Es lo bueno que tienen las teorías conspirativas, que de una forma u otra siempre acabas teniendo razón: si sucede lo que tú dices, pues porque ya lo decías tú; y si sucede exactamente lo contrario, pues porque gracias a decirlo tú al final no se atrevieron. Los que siempre tienen razón siguen empeñados en que acabarán teniéndola, ya lo dije antes, por lo civil o por lo criminal. Existe la extendida teoría de que lo que el Estu perdió en la cancha lo ganará en los despachos, teoría que me toca particularmente los cojones, disculpen la vulgaridad. Es decir, me los toca no ya la teoría en sí misma sino la posibilidad de que ésta pudiera hacerse realidad. Probablemente soy muy ingenuo, o muy romántico (otros dirían que muy gilipollas), pero si el Estu ha bajado a la LEB yo quiero que juegue en LEB. Punto. No quiero que juegue en ACB porque no lo merece, no quiero que juegue en ACB porque no quiero tener que escuchar durante un año entero que a Estudiantes le regalaron la plaza en ACB. Quiero que en ACB juegue Iberostar Canarias como querré que juegue el otro que ascienda, y si alguno de ellos no cumpliera los requisitos (que tampoco entiendo, dadas mis evidentes limitaciones, por qué demonios Canarias tiene que aflojar un canon cuando es el resultado de una fusión y al menos una de sus dos mitadesya lo aflojó en su día; que será así, no lo niego, pero que no sé yo si en todas las circunstancias se mantendría ese mismo nivel de exigencia, no sé si me explico), créanme, prefiero cienmil veces una Liga ACB 2012/2013 de dieciséis o diecisiete equipos a una Liga ACB que incluya el Estu entre sus miembros. Y que el Estu juegue en LEB y que si un día vuelve a ACB sea porque se lo gane, así tarde un año o dos o diez o la vida entera si es preciso, no sé si ha quedado suficientemente claro. Ingenuidad o romanticismo si así lo quieren, pero no creo ser el único que piensa así.

En cualquier caso no era mi intención hacer un drama, en absoluto. Me daría muchísimo pudor que me dijeran (con razón) que parece que Estu fuera el único que desciende, como si fuera el primer club en la historia en verse en semejante trance, como si no hubiera cientos de equipos de cualquier deporte que están más que hartos de pasar por este trago, y alguno de ellos en circunstancias bastante peores además. Destrascendentalicemos (joder qué palabro) todo esto, Estudiantes no es sino otro equipo más que ha bajado de categoría, ni más ni menos, ni mejor ni peor. Como Blancos de Rueda Valladolid, como el Racing de Santander, como tantos otros. Es así a pesar de ese componente sentimental, es así aunque Estudiantes (al igual que Joventut, por cierto) siga(n) siendo ese segundo equipo de casi todos. Estu, Penya, muchos dirán que meros vestigios de un pasado finalmente devorado por las implacables leyes del mercado, disculpen el ripio. Ya lo dijo aquél, malos tiempos para la lírica, sin duda. Soñemos (es lo único que nos queda) con que esa lírica pueda volver alguna vez.

Publicado noviembre 5, 2012 por zaid en varios

@zaid5X5   Leave a comment

(publicado el 5 de marzo de 2012)

Señoras, señores, amigos todos, me complace comunicarles que este pasado fin de semana, en uno de esos momentos de enajenación mental transitoria que a veces me caracterizan, he decidido abrirme una cuenta en Twitter (¿se escribe así?). Y a mí qué me importa, se preguntará usted con toda la razón, y añadirá además que a buenas horas. Pues sí, una de mis principales características es llegar tarde a casi todo en esta vida; si ya abrí un blog cuando dejaban de estar de moda los blogs mucho me temo que mi aparición en Twitter sólo puede significar el inicio de su decadencia, de hecho si yo fuera su jefe supremo me empezaría a preocupar…

Claro que lo que puede que usted se esté preguntando sobre todo es, y para qué. Hace bien en preguntárselo porque yo también me lo pregunto. Twitter siempre me ha parecido una herramienta interesante, bastante más que ese Féisbuc con el que nunca he acabado de llevarme bien quizá porque se me pasó la edad, si me hubiera pillado con veinte o treinta años menos otro gallo cantaría. Twitter siempre me ha resultado una herramienta interesante… pero otra cosa ya es que sepa yo muy bien qué hacer con ella. Es decir, sé qué NO hacer con ella, sé que no voy a contarles si hace sol o llueve, si la caca me sale suelta o dura o si estoy esperando el autobús o en la cola del pan, sé que hay muchos que hacen eso (famoseo, mayormente), quizá porque piensen que su vida privada interesa a sus seguidores tanto o más que su vida profesional (y quizá tengan razón), evidentemente no es mi caso, yo no soy famoso ni sabría serlo ni quiero serlo ni lo seré nunca (vamos, que ni en mi casa siquiera) así que sólo aspiro a hablar más o menos de lo mismo que aquí: de baloncesto, de aquello que rodea al baloncesto, de alguna circunstancia puntual de mi vida siempre y cuando esté relacionada en mayor o menor medida con el baloncesto. Soy así de simple, qué le vamos a hacer.

Sé que me va a costar. Sé que me va a costar porque en la cosa ésta del tuiteo lo que prima es la inmediatez, y poca inmediatez puedo aportar yo cuando mucho de lo que veo lo veo en diferido, previa descarga y/o grabación. Y sé que me va a costar, sobre todo, porque quien tenga la mala costumbre de leerme sabe ya perfectamente que padezco de incontinencia verbal, no en la vida real (más bien al contrario) pero sí en la internáutica; que en cuanto empiezo a darle a la tecla me cuesta saber cuándo parar, lo mismo usted ya se habría dado cuenta. Para otros lo de los ciento cuarenta caracteres puede representar si acaso una pequeña limitación, para mí en cambio es todo un reto. Veremos.

Pues eso, que ahí me tienen ya para lo que gusten mandar. Para la cosa tuitera sigo llamándome zaid(tampoco es cuestión de andar cambiando a estas alturas) y mi dirección debe ser algo así como @zaid5X5. Ahí ando ya tuiteando como si en verdad supiera, mirando por ahora sólo de reojo a los que sigo (por aquello de la inmediatez y los diferidos que les comentaba antes, que aquí en cuanto te descuidas te destripan el resultado de lo que vas a ver después, en apenas un par de días ya he podido experimentarlo en mis propias carnes) y esperando a ver si algún incauto hubiera al que le diera incluso por seguirme (que a mí esa expresión de que me sigan me inspira un cierto pudor, me suena como a Cristo y los apóstoles, a las historias que nos contaban en aquellas terribles clases de religión de mi lejana infancia). Así que ya sabe, si tiene usted a bien pasarse por allí intentaré no aburrirle en exceso (no más que aquí, desde luego, más que nada porque aquello siempre será más corto), intentaré incluso interesarle (en la medida de mis limitadas posibilidades) alguna que otra vez. Y si no pues no tema (o no se ilusione, según), por supuesto que aquí seguirá teniéndome a su entera disposición.

Publicado noviembre 4, 2012 por zaid en preHistoria, varios

un sueño   Leave a comment

(publicado el 26 de septiembre de 2011)

 

Anoche tuve un sueño. No, no teman, no me voy a poner en plan Martin Luther King, no se trata de eso sino de un hecho meramente objetivo (todo lo objetivo que pueda ser un sueño). Anoche tuve un sueño, y no me refiero a un sueño del tipo vamos a ganar el oro en Londres 2012 (que eso lo podría soñar también de día) sino a un sueño sueño, de esos que se sueñan dormido, que tienen vida propia, que no los puedes controlar. No soy yo mucho de soñar en sueños o mejor dicho, soñar supongo que soñaré como todo dios pero casi nunca recuerdo lo que sueño. Esta vez sí (quizás el hecho de haberme despertado sobresaltado a las cuatro de la mañana haya tenido algo que ver), y por una vez y sin que sirva de precedente me temo que voy a compartirlo con ustedes. Si su primera reacción tras leer esto ha sido y a mí qué coño me importa lo que este tío sueñe no se preocupe, no hace falta que siga leyendo, no se lo tendré en cuenta, de hecho creo que yo tampoco seguiría si fuera usted.

Anoche soñé que jugábamos (nuestra selección, me refiero) contra Serbia y que Bodiroga nos estaba cosiendo a canastas, nos las estaba clavando de todos los colores. Lo cual no tendría nada de particular si no fuera por dos pequeños detalles: que Bodiroga hace ya unos cuantos años que se retiró y que se trataba de un partido de baloncesto femenino. No, no era que Bodiroga se hubiera cambiado de sexo, era un tío entre tías allí plantificado en medio de la zona, haciendo valer su estatura, metiéndonoslas todas desde debajo. Vamos, como si de repente y sin previo aviso la FIBA hubiera autorizado excepcionalmente un único varón (previamente retirado, eso sí) en cada equipo de mujeres, cual si de nacionalizados se tratara. Mi señora, viéndolo a mi lado en el sofá (hecho aún más improbable que el que Bodiroga juegue un partido femenino), tampoco daba crédito, que cómo era posible me decía. Pero yo tampoco sabía qué contestar, yo estaba alucinando, si es que llevan toda la vida haciendo controles de sexo a las jugadoras para asegurarse de que no se les cuele un jugador y ahora en cambio permiten que haya un tío por equipo, a ver qué sentido tiene. Pero no era eso lo peor, lo peor era que mientras yo veía el partido y contestaba a mi señora estaba ya empezando a redactar mentalmente el post que luego escribiría aquí, en este mismo blog, algo así como: si ésta es la nueva reglamentación habrá que plantearse algunos cambios, si Bodiroga puede jugar con la selección femenina de Serbia no deberíamos nosotros quedarnos atrás; empecemos desde ya a sondear a Gasol para cuando se retire, eso siempre y cuando la norma de la FIBA no sea aún más restrictiva y permita sólo la participación de jugadores cuyo apellido acabe por la letra A (lo cual explicaría la elección de Bodiroga) para así mantener la homogeneidad y la femineidad de las alineaciones, en cuyo caso tal vez no podríamos contar con Pau (salvo que le convenciéramos para cambiarse de nombre) pero sí que podríamos recurrir casi de inmediato a Garbajosa… En éstas andaba yo, no sé si aún redactando mentalmente o ya tecleándolo, cuando semejante esfuerzo neurológico me forzó finalmente a abrir los ojos.

Segundos más tarde echaba yo la correspondiente meada, me iba espabilando (poco) y mientras intentaba a duras penas separar el sueño de la realidad el sopor iba poco a poco dejando espacio a la preocupación: ¿estará yendo mi afición/adicción al baloncesto demasiado lejos? ¿estará llegando demasiado lejos mi vinculación con este blog? ¿me estaré enajenando? (lo mismo usted ya se había dado cuenta) ¿habré de tomar medidas profilácticas y/o terapéuticas para preservar mi delicado equilibrio psicológico (o lo que quede de él)? Ya les iré informando si aparecen nuevos síntomas…

Publicado noviembre 3, 2012 por zaid en preHistoria, varios

entendederas   Leave a comment

(publicado el 24 de agosto de 2011)

 

A ver si lo he entendido…

1) Parece que el Madrid ha fichado (o algo así) a Rudy, y que dicho (presunto) fichaje consiste en que Rudy se incorporará a la disciplina blanca en cuanto termine el periplo de la selección por tierras lituanas… siempre y cuando no haya terminado antes el conflicto laboral (por otro nombre lockout) de la NBA ya que en ese supuesto se tendría que volver perdiendo el culo a USA.
2) Si ello no sucediera Rudy empezaría la temporada con el Madrid… pero sólo hasta que el lockout acabara, ya que justo en ese preciso instante habría de poner tierra (océano, más bien) de por medio rumbo a Texas, dejando a su nuevo equipo ya en plena temporada con un palmo de narices.
y 3) En cualquier caso se supone que al acabar el curso 2011/2012 Rudy retornará en loor de multitud al seno madridista… salvo que en Dallas o en cualquier otra franquicia le ofrezcan el oro y el moro o al menos un proyecto suficientemente atractivo como para decidir que el cielo puede esperar, que el tren de la NBA no acostumbra a pasar dos veces y que al Madrid siempre lo va a tener ahí a su disposición para cuando quiera volver, aunque ello acabe sucediendo diez años después...

Pues no, la verdad es que no estoy muy seguro de haberlo entendido porque además noto que con este asunto me sucede una extraña paradoja, cuanto más me parece que lo voy entendiendo menos lo entiendo, va a ser que tengo las entendederas al bies…

Claro que resulta muy socorrido analizar este asunto desde el punto de vista del Madrid pero digo yo que tampoco estaría de más darle una vuelta al mapa, intentar mirarlo (siquiera de soslayo) desde el punto de vista de los Mavs. ¿Qué cara se les habrá quedado a las fuerzas vivas de dicha franquicia, pongamos Cuban, Carlisle o Nowitzki por citar tres niveles de decisión diferentes? Me dirán que como a cualquier otra franquicia que ve a sus jugadores marcharse a Europa en estos días. Bueno, pues no. Los deronesbatumes y demás familia que en estos días vienen a hacer las europas se volverán a USA raudos y veloces en cuanto las aguas de la NBA vuelvan a su cauce, y luego si te he visto no me acuerdo. Rudy en cambio se volverá igualmente a USA en cuanto las aguas etc etc, pero luego supuestamente les dirá adiós con la manita y se vendrá de nuevo a los madriles para jugar aquí tres años más, tres. Pensará Cuban que en qué mala hora, que quién le mandaría hacer aquel traspaso en aquella noche del draft, que a él nadie le avisó de que este jugador viniera ya con fecha de caducidad. Pensará Carlisle que a ver para qué se va a molestar en darle bola, para qué integrarle en los sistemas o crearle jugadas a su medida si total cuando acabe la temporada se va a pirar. Pensará Nowitzki que vaya nivel de compromiso, llegar a un equipo campeón no aspirando a revalidar el anillo sino aspirando a que pase pronto el trago para poder escaparte cuanto antes…

Que sí, que Rudy salió muy quemado de Portland, que esos tres años en Oregon le privaron de la alegría en el juego y casi en la vida, le quitaron las ganas de jugar y en algún momento pareció que hasta las ganas de vivir, todo lo que usted quiera. Y que hará muy bien en no cerrarse ninguna puerta por lo que pueda pasar, perfecto, pero reconozcamos que de algún modo está jugando a dos barajas, complejo doble juego que se le puede volver en contra en cuanto se descuide; los aficionados de Dallas (a poco informados que estén) me lo van a mirar con lupa en cuanto llegue por allí tras el lockout: fallará un par de tiros y de inmediato empezarán a sospechar (suspicaces como son por definición, como cualesquiera otros forofos sobre la faz de la tierra),mira tú éste, éste sólo ha venido a llevarse la pasta, éste ya estará pensando en el contratazo que le espera en cuanto salga de aquí… ¿Y el madridismo? ¿Con qué cara le mirará el madridismo durante su periplo en Dallas, durante esos meses posteriores al lockout (si es que éste efectivamente se acaba)? ¿Estarán deseando que le vaya bien, que se vea lo bueno que es para así irse relamiendo con lo que disfrutarán en temporadas venideras? ¿O estarán deseando que se la pegue, no vaya a ser que si juega bien los yanquis quieran quedárselo y ya no le vean más el pelo? Y en el supuesto de que se la pegue, ¿no le entrarán también al madridismo esas mismas dudas (suspicaces como son por definición, como cualesquiera otros forofos sobre la faz de la tierra), pues va a ser que no era tan bueno, anda que quién le ha visto y quién le ve, a éste nos lo han estropeado en USA, anda y que se lo queden ellos y que se lo coman con patatas, para llevárselo muerto no le queremos ver por aquí? Además de suspicaz el forofismo suele ser contradictorio, muy capaz de pensar una cosa y la contraria en apenas unas horas de diferencia, una cosa y la contraria casi a la misma vez…

En cualquier caso el Madrid se ha hecho finalmente (o algo así) con un jugador al que llevaba persiguiendo desde hace más tres años, logrando así el objetivo que verdaderamente pretendía y que no era otro que el de dar en las narices al de enfrente. Esto es como aquello que me decía mi madre de niño cuando me ponía hasta el culo, hijo, comes sin conocimiento. Pues Madrid y Barça son también un poco así, fichan sin conocimiento, fichan no tanto para satisfacer sus necesidades como para dejarle claro al otro quién es el que la tiene más grande (la chequera, entiéndase). Por supuesto que tener a un jugador como Rudy es un verdadero lujo (y que no lo tenga el otro es un lujo aún mayor todavía) pero un lujo hipotecado por la situación contractual más extraña y ambigua que recordarse pueda: lo mismo puede tener el Madrid a Rudy cuatro años, cuatro meses, cuatro semanas o ni cuatro días siquiera; lo mismo pueden disfrutar de él hasta hartarse como tener que limitarse a contemplar sus evoluciones allende los mares a través del Plus, por supuesto que con otra camiseta muy distinta. Lo mismo puede resultarles un chollo (un chollo sumamente caro, pero chollo al fin y al cabo) como quedarse en agua de borrajas, todo ello fruto de esta especie deorfebrería contractual que nos ha tocado vivir. Que seguramente las nuevas generaciones (mucho más dotadas que la mía, afortunadamente) lo comprenderán sin el menor problema pero que a los que ya vamos peinando canas, a aquellos que llevamos toda una vida acostumbrados a contratos firmados de uno en uno y no de dos en dos, como que nos cuesta un poco más hacernos a la idea… Sí, qué quieren que les diga, de verdad que cuanto más lo voy entendiendo menos lo entiendo, que seré duro de entendederas, qué le vamos a hacer.

Publicado noviembre 3, 2012 por zaid en varios

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