4 VIAJES   Leave a comment

Final_Four_Logo_smaller

OKLAHOMA

103 partidos, se dice pronto. 103 partidos consecutivos, 103 partidos uno detrás de otro, lo que vienen siendo todos los de este año, todos los del pasado y casi todos los del anterior. 103 tardes/noches seguidas poniendo en liza al mismo cuarteto titular, sí, cuarteto, que el quinto elemento podrá variar en función de las circunstancias, las edades y las disponibilidades pero los cuatro jinetes del apocalipsis sooner son intocables, llevan siéndolo desde que el uno era freshman y los otros sophomores, lo seguirán siendo al menos un partido más, ojalá dos antes de irse cada uno por su lado. f4oklahomaResulta casi inverosímil repetir tantas veces la misma alineación en estos tiempos de mudanza en los que nada parece durar más de dos segundos, en los que la exigencia física hace que todo dios se rompa con pasmosa facilidad. Y si es así en el deporte profesional no digamos ya en un baloncesto universitario plagado de idas, venidas, graduaciones, sanciones, lesiones, transfers, red shirts, one&dones, done&ones y demás interminable casuística. De alguna manera Lon Kruger, entrenador infravalorado donde los haya (el único a día de hoy que ha metido a cinco universidades distintas en el Madness: Kansas State, Florida, Illinois, UNLV y por supuesto Oklahoma, por si les queda la curiosidad), ha logrado la cuadratura del círculo, ha reinventado el concepto jugar de memoria, ha creado una máquina perfecta alrededor de estos cuatro sujetos llamados Jordan Woodard, Isaiah Cousins, Ryan Spangler y sí, por supuesto, Buddy Hield.

Si no tuviera al lado a Buddy haciéndole sombra probablemente hablaríamos y no pararíamos de un Cousins eficacísimo y que ha ido evolucionando cada vez más (y mejor) hacia la dirección de juego. Como hablaríamos de la dulce muñeca de Woodard, o de ese sobrio y pétreo Spangler que tal vez no encuentre hueco en NBA (o tal vez sí, quién sabe) pero al que debería esperar una interesantísima carrera en Europa (de nada). Dicho lo cual habremos de convenir en que estos Sooners son antes que nada y por encima de todo BUDDY HIELD, así en letras mayúsculas que bien que lo merece la criatura. Resulta muy difícil contar algo del Jugador del Año (el único e indiscutible, sin discusión posible; rechace imitaciones) que no se haya contado ya cientos de veces, que no haya contado aquí yo mismo hace unas pocas semanas.buddy-hield-oklahoma-630-final-four-preview Resulta muy difícil, pero aún así me van a permitir tres someras reflexiones: 1) por alguna extraña razón que escapa a mi entendimiento resulta de un tiempo a esta parte mucho más letal en las segundas mitades que en las primeras, como si el primer asalto fuera de tanteo y el segundo de castigo, como si según se le van cansando sus defensores se fuera aligerando su muñeca; 2) parece como si el hecho de sobremarcarle (a estos niveles, entiéndase) no sólo no disminuyera su efectividad sino que antes al contrario, la potenciara: como si le diera igual tener a un tío encima que no tenerlo, o como si incluso lo prefiriera; y 3) me resultaría tristísimo que en la noche del draft las franquicias pasaran de él y le relegaran mucho más atrás de lo que en verdad merece: por esa innata costumbre de mirar más lo que puede ser que lo que es, de draftear potencial (presunto, por definición) antes que realidad, de pensar que un chaval de 22 no puede progresar tanto o más que uno de 19 siempre y cuando se den las circunstancias adecuadas para ello; de desconfiar sistemáticamente del sénior al grito de si tan bueno es, a ver por qué no se fue antes. Si así lo hicieren, en el pecado llevarán la penitencia.

Tuvo la temporada de Oklahoma un punto de inflexión, aquella inolvidable noche del 4 de enero en Kansas. Los dos mejores equipos del país (en aquel momento) negándose a perder, forzando prórroga tras prórroga, manteniendo la llama viva más allá de su extenuación (mención especial a Buddy, también en ese aspecto). La derrota quizás enseñó a Kruger que sin rotación no iba a ninguna parte, que de nada le serviría ganar casi todo en la Regular si a cambio le llegaban reventados al tramo final. Poco a poco fue dando más cancha (tampoco mucha, no crean) al quinto titular Khadeem Lattin y a los actores secundarios Dinjiyl Walker (no sé qué pasaría por la cabeza de sus padres para ponerle semejante nombrecito), Dante Buford, Christian James o Jamuni McNeace, freshmen estos tres últimos por lo que nos familiarizaremos con ellos en temporadas venideras. Puede que el exceso les costara perder algún partido más de lo debido pero a cambio les permitió entrar como toros en el Madness. La intrépida VCU les puso en serios apuros en 2ª ronda pero luego ya todo fue coser y cantar, justo cuando más duro parecía el camino: fue empezar Hield & cia a producir con fluidez y que los Aggies de Texas A&M se diluyeran cual azucarillo, fue volver Hield & cia a producir con continuidad y que a los Ducks de Oregon se les viniera el mundo encima en forma de presión autoimpuesta (lo que se llama pagar la novatada, literalmente; volverán con mucha más fuerza en próximas ediciones). Final Four, por fin, y ahora el cielo es el límite para estos experimentados Sooners; quizás no tengan la defensa de Villanova, la profundidad de UNC o la determinación de Syracuse, pero a cambio tienen algo que nadie más tiene: Buddy Hield. Puede que sea suficiente.


VILLANOVA

Algunos llevamos todo el año hablando mal (o no del todo bien) de Villanova, a ver si así la realidad acabara pareciéndose (siquiera un poco) a nuestra forma de verla. Vano empeño. Las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran, que algo no nos seduzca no significa que no merezca la pena. Villanova no te enamora, Villanova simplemente gana, y ya de paso aprovecha para jugar muy bien al baloncesto.villanova-basketball-ftr-getty-032716_lp22aa8cxlk512tm70eovt3t2 Debería ser más que suficiente, aunque algunos no dejemos de echar de menos cierta vistosidad y nos dejemos llevar por nuestros prejuicios. Vale, ahora les va bien pero en cuanto empiece la Big East que se les quite de la cabeza que vayan a arrollar como hace un año, esta vez Xavier, Providence o incluso Butler se lo van a poner muy difícil, dijimos en diciembre y nos lo tuvimos que comer con patatas apenas dos meses después. Vale, habrán vuelto a arrollar en su Conferencia pero en cuanto salgan de esa burbujita de la Big East y se enfrenten a la cruda realidad del Madness les van a llover palos por todas partes, dijimos hace un mes y nos lo estamos teniendo que comer con patatas tal que ahora. Villanova es Final Four, y no de cualquier manera sino dejando significativos cadáveres por el camino; entre ellos el mismísimo número 1 no ya de su Región sino de toda la nación. Desprejuiciémonos de una vez por todas.

Y todo esto, ¿con quién? Villanova no tiene un cuarteto de cámara como Oklahoma, no tiene la inabarcable profundidad de North Carolina (aunque no anden precisamente escasos en este aspecto), no tiene un Hield ni un Paige ni un Brice Johnson siquiera. Tiene a tipos como Josh Hart y Kris Jenkins que partiendo casi de la nada se fueron convirtiendo primero en defensores y luego en extraordinarios jugadores, también al otro lado. Tiene un pívot/pívot como Daniel Ochefu que es tres cuartos de lo mismo, primero le conocimos como referencia defensiva pero hoy sabemos por fin que cuando se centra en lo suyo (es decir, cuando no se aleja cuatro o cinco metros del aro rival innecesariamente) sabe hacer sus cositas, y qué cositas. Y tiene a un proyecto de base llamado Jalen Brunson (algunos aún recordamos a su padre Rick Brunson, pura intendencia y fondo de armario en aquella NBA de los Noventa) aprendiendo poco a poco el oficio a la vera de quien es al fin y al cabo la principal referencia de este equipo: Ryan Arcidiacono (recuerden, pronúncienlo a la italiana, Archidiácono, cual si se tratara del vicario de la diócesis) llegó hace ya cuatro años (y parece que fue ayer) a Villanova armado de descaro, atrevimiento, portentosa muñeca y poco más que rascar; ryan-arcidiacono-villanova-630-final-fourbueno, pues de aquel Arcidiacono a éste media un abismo: hoy es además un magnífico defensor (pregúntenselo si les queda alguna duda a Gesell, Rodríguez o Mason, que lo padecieron hace unos días) y sobre todo un extraordinario director de juego, de esos que transmiten en todo momento la sensación de tener el partido entero bajo control (y añádase además que con ese apellido no le habrá de resultar difícil obtener la condición de comunitario, ahí lo dejo, no les digo más…) Nótese que en todos estos nombres (más todos los que emergen del banquillo: Booth, Reynolds, Bridges) existe un denominador común: evolución. Villanova es actitud y trabajo, también (y sobre todo) de su técnico, un Jay Wright de quien creo yo que a estas alturas conviene ir dejando ya de lado la sempiterna broma del clon de Clooney y empezar por fin a reconocerlo como lo que es: un pedazo de entrenador de baloncesto.

Pero aún así, como no tenemos remedio, llegaron estos Wildcats al Madness y les concedimos graciosamente la 1ª Ronda pero luego dimos (algunos) por supuesto que en la 2ª la iban a cagar, así fuera ante Iowa o ante sus vecinos de Temple. Fue Iowa y le metieron de 20 (que bien pudieron ser 30), pero no contentos con ello de nuevo pensamos que en su semifinal regional la cagarían ante Miami (disculpen la sobredosis escatológica) y no habíamos acabado de pensarlo cuando ya estaban otra vez 20 arriba, lamentable bajada de brazos de los Hurricanes mediante. Y cómo no volver con lo mismo ante la todopoderosa y plenipotenciaria y megafavorita Kansas, cómo no habrían de ser carne de cañón, ya esta vez sí, y en cambio lo que vieron nuestros ojos fue un extraordinario ejercicio de oficio, solidez y serenidad, la que mostraron tíos como Arcidiacono o Jenkins en los tiros libres finales (lo que vale eso a estas alturas) ante las sucesivas faltas a las que les sometieron unos desesperados Jayhawks. Hoy son por fin Final Four, y ni que decir tiene que se han ganado sobradamente el derecho a que ya no dudemos de ellos ante nadie; pero aún así resulta tentador pensar que no tienen un Buddy Hield, que de nada habrá de servirles su portentosa defensa ante el indefendible bahameño, que… Claro está, llegará el día en que pierdan y entonces nos faltará el tiempo para decir ¿ves? Si ya lo decía yo… Veremos si a este paso no habremos de esperar a la próxima temporada para decirlo.



NORTH CAROLINA

Hace ya casi un año (muy pocos días después de la Final Four 2015) me tiré al barro y proclamé a los Tar Heels como grandes favoritos al título en 2016. Me basé en que tenían de todo (y todo bueno, oigan), en que volverían casi todos (excepto el mano de piedra de Tokoto) y en que en aquellos días aparecían como grandes favoritos para llevarse al huerto a aquel escuálido y escurridizo Brandon Ingram que me había cautivado durante su fiesta de fin de curso (por otro nombre McDonald’s All American).north-carolina-advances-to-final-four-601a4a5e375b5ca5 Ni que decir tiene que en apenas unos días me arrepentí de mi enajenación mental transitoria: lo que tardó Ingram en cambiar de opinión y preferir Duke, lo que tardé en comprender que sin Tokoto defenderían aún menos que de costumbre, que andarían tal vez sobrados en cantidad y calidad pero no precisamente en competitividad. Mi arrepentimiento continuó en noviembre cuando al poco de empezar la temporada se dejaron su número 1 de la nación en cancha de Northern Iowa (tras remontada estrepitosa, para más inri); y continuó aún más si cabe en febrero, cuando en su propio Dean Dome su archirrival Duke les levantó un partido que tenían prácticamente ganado (dejando de paso en evidencia a Roy Williams ante Krzyzewski). Nadie en toda la NCAA parecía tener más ni mejores mimbres (salvo quizás Maryland, aunque ésa es otra historia); pero tenían también un no sé qué o un qué sé yo que por alguna extraña razón nunca acababa de encajar.

O tal vez sí. A comienzos de marzo devolvieron visita a Duke y ya que estaban allí les devolvieron también la gracia, ganaron brillantemente su temporada regular de la ACC, ganaron aún más brillantemente el Torneo de dicha Conferencia (apalizando impunemente a Notre Dame en su semifinal, derrotando con solvencia a Virginia en la Final) y se aprestaron a internarse en el Madness en su mejor momento de toda la temporada. Claro está que la historia de cada Madnees (y no digamos ya la de éste) está llena de equipos en-su-mejor-momento-de-toda-la-temporada cayendo a las primeras de cambio ante cualquier college ignoto, pero ese no fue el caso de estos Tar Heels: se deshicieron de un plumazo de la otrora revolucionaria Florida Gulf Coast, acabaron con los sueños de Kris Dunn y de paso con Providence, endosaron a unos ilusionados Hoosiers la friolera de 101 puntos (que ni los más viejos del lugar recordaban una anotación así a estas alturas del Torneo, casi desde los años locos de UNLV o Loyola-Marymount no se veía nada semejante) y finalmente se volvieron a zampar (pero esta vez ya sin empacho, no se les fuera a indigestar) a Notre Dame.jjf4 Llevan a día de hoy 9 victorias consecutivas, no pierden desde el 27 de febrero (en Virginia), dato al que ni se acercan siquiera sus otros tres compañeros de viaje. Nadie (salvo quizás Oklahoma, pero con muchos matices) llega tan sobrado a este tramo final.

Sus poderes se llaman Joel Berry (cada vez más hecho, cada vez mejor base), Marcus Paige (finalizada su aparente involución, de nuevo a un nivel excelso en estos días), Justin Jackson, Kennedy Meeks y por supuesto ese Brice Johnson de quien no volveré a hablarles porque ya tuvieron más que suficiente con la brasa que les di hace un par de meses, y que sigue aún plenamente vigente (e incluso corregida y aumentada) a día de hoy. Todo ello sin olvidar al supporting cast, un elenco de actores secundarios que podrían ser perfectamente titulares y rendir a gran nivel en cualquier otro sitio que estuvieran: Nate Britt, Theo Pinson, Isaiah Hicks, Joel James y hasta ese freshman Luke Maye que emerge muy de vez en cuando, ya llegará su momento. De lo bueno lo mejor, de lo mejor lo superior. Hace apenas un año les di como favoritos, luego me arrepentí, hoy casi empiezo a arrepentirme de haberme arrepentido. Apenas dos citas les habrán de quedar para acabar de disipar por fin todas aquellas pequeñas dudas (en cuanto a su competitividad, en cuanto a la fiabilidad de su coach en los momentos crujientes) que, aunque me cueste reconocerlo, aún permanecen agazapadas en mi interior.


SYRACUSE

No resulta fácil para un fan de Syracuse poner negro sobre blanco (o blanco sobre naranja, en este caso) toda la amalgama de sensaciones que se agolpan en mi mente desde el pasado sábado, tanto más si las comparo con las que se vinieron agolpando a lo largo de la temporada. Juego con ventaja: nunca me he considerado forofo ni fanático de ninguno de mis equipos (Rayo, Estu, Cuse), sino más bien un mero seguidor: incondicional, pero no enfermizo.syracuseF4 De esos raros especímenes que creen que hay vida más allá de su club/college y a quienes la ceguera por sus colores no les impide ver la realidad (muchos me llamarán tibio o aún peor, pseudo, pero es lo que hay). Y mi filiación Orange no me impidió ver el domingo 13 de marzo (Selection Sunday) el gran favor que nos hizo el Comité al otorgarnos plaza en el Madness en detrimento de mid-majors (o similar) como St. Mary’s, St. Bonaventure, San Diego State, Valparaiso, Monmouth o George Washington que acaso lo merecieran tanto o más que nosotros. Todo ello tras una irregular temporada plagada de picos (aquel título del Battle 4 Atlantis tras derrotar brillantemente a Texas A&M o UConn, aquel sonoro triunfo en el Cameron Indoor de Duke) pero también de profundos valles como el interinato de Hopkins o las estrepitosas derrotas ante nuestros archirrivales de toda la vida, en Washington ante Georgetown o en el Madison ante St. John’s (¡¡¡St. John’s!!!) Una temporada que superó con creces nuestras expectativas, pero sólo porque nuestras expectativas de comienzos de año (entre sanciones, bajas, huidas y caídas del cartel) estaban literalmente por los suelos. Una temporada de diez en el sentido literal de la expresión: puesto 10 de la ACC tras acumular 10 derrotas en el total de la Conferencia (Regular más Torneo), ante lo cual el Comité de Selección no pudo por menos que otorgarnos un seed 10. Pura coherencia.

Así que tras aquella derrota ante Pittsburgh (2ª Ronda del Torneo de la ACC) muchos dimos ya por hecho que éramos carne de NIT y nos predispusimos para disfrutarlo. Todo lo que haya de venir (si es que algo ha de venir) vendrá ya por añadidura, escribí yo por ahí abajo en aquellos días. Vaya si hubo de venir. A nadie le amarga un dulce, ya que estamos en el Madness vayámonos al menos con un buen sabor de boca, pensaba yo, y mi sabor de boca (dada mi cortedad de miras) no iba más allá de ganar a Dayton y hacer al menos un papel digno en 2ª ronda ante la megafavorita Michigan St. Quiso el des(a)tino que una universidad llamada Middle Tennessee (muy famosa en la zona centro del estado de Tennessee) se cargara insospechadamente a los Spartans dejándonos el camino expedito hacia el Sweet 16. ¡¡¡Sweet 16!!! Aquello era ya mucho más de lo que nos habíamos atrevido siquiera a soñar. Éramos carne de cañón, perderíamos ante una Gonzaga que llegaba en racha y con un imperial Domas Sabonis, y aún en el improbable supuesto de que no lo hiciéramos no tendríamos ninguna posibilidad de evitar que nos destrozara Virginia dos días después. Y el resto es historia (e histeria): remontamos 9 a los Zags y ya sólo con eso nos creímos en una nube, nos vimos 15 abajo ante Virginia y justo entonces a Boeheim se le ocurrió adelantar su emblemática zona 15 metros y poner a sus criaturas a presionar cada saque de fondo de los Cavaliers. Y a los de Bennett se les rompieron de golpe todos sus esquemas, y de tenerlo todo bajo control pasaron a tener (cada vez más) plomo en las piernas, y mis Orange empezaron a meter todo lo que no habían metido antes con la suprema tranquilidad de quien ya no tiene nada que perder.0329_Syracuse Sólo yo sé lo que disfruté en mi fuero interno (y en el externo) durante aquella madrugada del 20 de marzo, durante aquellos largos minutos que le robé al sueño y que no olvidaré ya jamás mientras el señor Alzheimer me lo permita. Créanme si les digo que a día de hoy aún no me lo acabo de creer.

Y todo ello con una rotación de apenas seis tíos y medio, una rotación de la que por cierto se cayó hace ya tiempo un Kaleb Joseph que entró en la universidad sin que dos años después la universidad parezca aún haber entrado en él. Con un Michael Gbinije reconvertido brillantemente en point-forward (cada vez más point y menos forward, cada vez mejor jugador, si la NBA no le quiere abaláncense de bruces a por él que además es cotonou, Nigeria mediante), con un Cooney que a ratos intenta hacer más cosas (y a ratos hasta lo consigue) además de enchufar de tres, con un DaJuan Coleman cuyo papel en la zona se limita básicamente a ocupar espacio (nunca sabremos qué habría sido sin lesiones) y con un mejoradísimo e impagable Tyler Roberson sin cuya eficacia y contumacia reboteadora Syracuse no estaría hoy donde está, ni de lejos. Y los tres freshmen, of course: un Franklin Howard que va teniendo poco a poco más minutos y habrá de ser el base de futuro de este equipo, y las dos joyas de la corona: Tyler Lydon (futuro cuatro abierto de libro) y Malachi (pronúnciese Málacai; Malaquías como si dijéramos) Richardson, puro dos reconvertido a falso tres por necesidades del guión, y a quien tras su explosión anotadora de esos maravillosos últimos minutos virginianos le deben estar comiendo la oreja (aún más si cabe) para que dé el salto, espero que ni él ni Lydon escuchen esos cantos de sirena y se queden al menos un añito más con nosotros, si bien a día de hoy reconozco que va a estar difícil. Y ya está, no hay más, la sempiterna (y extraordinariamente trabajada, y maravillosamente ejecutada) zona 2-3 a este lado, y a matar y morir del triple al otro. ¿Existe acaso alguna posibilidad por pequeña que sea de sorprender a North Carolina en la semifinal nacional del próximo sábado? Obviamente la respuesta es no, por supuesto que no… como tampoco existía ninguna posibilidad de sorprender a Virginia en la Final Regional, y sin embargo aquí nos tienen. Recuerden que este equipo se crece ante la dificultad (véase en Bahamas, véase en Duke, véase hace cuatro días en Chicago), recuerden una vez más que nadie es más peligroso que quien no tiene nada que perder. A las pruebas me remito.

UN AÑO EN 29 NOMBRES   1 comment

guiaBAmmDe nuevo las buenas gentes de BasketAmericano me pidieron un articulillo que resumiera la temporada regular NCAA para su impagable e imprescindible Guía del Madness, la mejor herramienta en castellano (no precisamente por mi aportación, sino por todas las demás) que puedan encontrar para seguir todo lo bueno que suceda en estos días. En realidad más que articulillo me salió un testamento (sí, se me fue de las manos), pero aún así lo compartiré aquí con ustedes abusando una vez más de su paciencia. Eso sí, permítanme que antes les haga una salvedad: este tocho se terminó de escribir el miércoles 9 de marzo, por lo que tal vez encontrarán en él inexactitudes y obsolescencias varias, alusiones a la burbuja o a las posibilidades de Final Four que se han quedado ya un tanto desactualizadas por el inexorable paso del tiempo (vamos, que a estas alturas está ya más antiguo que yo, incluso). Perdonen las disculpas, y gracias de antemano por su comprensión.

*****************************************

29 nombres, 29 apellidos en riguroso orden alfabético. No estarán todos los que son, es imposible, pero sí son (dignos de destacar) todos los que están. Probablemente usted habría hecho otra lista, quitaría algunos, añadiría otros, se molestaría en llegar a treinta, no digo yo que no. Pero es que esta es la mía, qué le vamos a hacer. Esta es mi particular manera de reconocer a los principales actores de otra temporada inolvidable:

Jim BOEHEIM: Se me notarán los colores (naranjas) pero aún así no me voy a cortar a la hora de destacar la cuadragésima (¿se dice así?) temporada de este señor en Syracuse. Las perspectivas no podían ser más sombrías: becas recortadas, sanciones variadas, bajas inesperadas, moral por los suelos. Fueron a las Bahamas como las ovejas al matadero, pero ya que estaban allí decidieron que no iban a limitarse a disfrutar de sus playas sino que aprovecharían también para jugar al baloncesto. Y cómo. Victorias sobre Charlotte, Connecticut y Texas A&M, Battle 4 Atlantis al zurrón, expectativas disparadas, de repente ya no parecía que habláramos de un equipo destinado al fracaso sino de un favorito al título. Ni tanto ni tan calLe Moyne Syracuse Basketballvo, que decía mi abuela. Al sueño de Bahamas le sucedió la tozuda realidad del continente con un buen chorro de derrotas, coincidentes varias de ellas con los nueve partidos de suspensión del coach (nada que reprochar al bueno de Mike Hopkins, simplemente resulta imposible que una ruptura de tal calibre a esas alturas de temporada no afecte a cualquier equipo en gran medida, tanto más a uno tan tierno como éste). Empezó el calendario de conferencia, volvió Boeheim, volvió por fin la normalidad que es tanto como decir la irregularidad: lo previsto en un equipo que (una vez perdido para la causa Kaleb Joseph) movió apenas una rotación de siete jugadores (más bien seis y medio, que Franklin Howard apenas juega), todos ellos más o menos exteriores excepto un DaJuan Coleman que confirmó ser por fin de carne y hueso (mucha carne, menos hueso), hubo un tiempo en que llegamos incluso a dudar de su existencia. Tres freshmen que ojalá nos duren (Lydon, Malachi, por favor, al menos otro añito más), Tyler Roberson cogiendo rebotes por encima de sus posibilidades y todo lo demás descansando sobre las anchas espaldas de dos séniors, la muñeca incorrupta de Cooney y la sabia dirección de un Gbinije que en su tránsito del tres al uno se ha ganado el derecho a disfrutar de una sólida carrera profesional (mucho más probable a éste que a aquél lado del charco). Pese a todo mi balance final tiene que ser positivo, tanto más viniendo de donde veníamos, tanto más con el inolvidable recuerdo de aquella maravillosa noche en el Cameron Indoor de Duke. Todo lo demás que haya de venir (si es que algo ha de venir) vendrá ya por añadidura.

Malcolm BROGDON: Año tras año les amputan su principal miembro, año tras año se regeneran como si no hubiera pasado nada. No, no hablo de una película de zombies sino de Virginia, de la Universidad de Virginia para ser exactos. Que se les va Joe Harris y parece que se acaba el mundo, pues les rebrota Justin Anderson. Que se les va Justin Anderson y parece que se acaba el mundo, pues les rebrota Malcolm Brogdon.malcolm-brogdon-1 Brogdon evidentemente no es un advenedizo (como tampoco lo eran Harris ni Anderson) ni viene de ninguna parte, Brogdon tenía ya una sólida trayectoria (no sólo en el plano deportivo sino también en el académico, que al parecer es un cerebrito la criatura), era de esperar que le tocara liderar a estos Cavaliers 2016 pero resultaba difícil imaginar hasta qué punto, hasta ese punto que le ha llevado a ser proclamado jugador del año en la ACC. El equipo se fue construyendo poco a poco, con un comienzo ciertamente titubeante (aquella sonora derrota en cancha de George Washington), un largo proceso de afianzamiento, un breve bache tecnológico (caídas inesperadas en Virginia Tech o Georgia Tech) y luego ya una fase final de absoluta solidez, sin duda el concepto que mejor define a este equipo. O dicho de otra manera, que Tony Bennett lo ha vuelto a hacer, como ya lo hizo el año pasado o el anterior, como volverá a hacerlo el próximo o el siguiente aunque ya no esté Brogdon (ni Gill, ni Tobey), aunque hayan de regenerarse a partir de Perrantes, Shayok, Hall, tantos otros. No es magia, es ciencia, que diría el anuncio. O en realidad ni eso siquiera: trabajo, nada más (y nada menos) que eso.

Dillon BROOKS: Nadie como Dana Altman (otro de esos grandísimos entrenadores de los que se habla mucho menos de lo que se debería) para hacer de la necesidad virtud. El año pasado hizo encaje de bolillos tras haberse quedado casi sin jugadores, este año también se le cayó alguna pieza por el camino (pongamos por ejemplo ese Dylan Ennis que llegó de Villanova para hacer el done and one, y al que casi ni le dio tiempo a vestirse de corto) pero aún así ha logrado armar una auténtica maravilla de equipo,brooks suficiente para ganar brillantemente la temporada regular en la durísima Pac12 pese a contar apenas con una rotación de siete jugadores. Ahora bien, qué siete jugadores: el sobrio base Casey Benson, el maravilloso freshman griego Tyler Dorsey, el atleta Elgin Cook, los taponadores compulsivos Boucher y Bell, el espíritu libre Benjamin… y el canadiense Dillon Brooks, una categoría en sí mismo. En su primer año ya apuntaba grandes cosas, en este segundo las ha consolidado con creces convirtiéndose en la referencia de su equipo y en uno de los grandes de su Conferencia. Y lo mejor es que es sólo el principio, si no toma decisiones precipitadas (que espero que no) no descarten que un par de años acabemos hablando de él en los mismos términos que hoy usamos con (por ejemplo) Buddy Hield (y ya sé que son palabras mayores pero es lo que siento, luego cuando no sea así ya me lo echarán en cara). Todo a su tiempo, no vayamos tan deprisa, quedémonos aún en estos Ducks 2016: siendo muy grande lo que ya han conseguido, aún es más grande lo que pueden llegar a conseguir en este marzo. E incluso (no lo descarten) en el próximo mes de abril.

Jaylen BROWN: Si tienes ya jugadores como Tyrone Wallace, Jabari Bird o Jordan Matthews y se te aparecen además dos de los mejores freshmen de la nación, pues miel sobre hojuelas como suele decirse. Se las prometían muy felices en la Universidad de California con la llegada de Jaylen Brown e Ivan Rabb, tan felices se las prometían que no acabo de estar seguro de que sus resultados (aún siendo buenos) hayan estado a la altura de lo que esperaban.4-jaylen-brown-021717-getty-ftrjpg_16ttnfrizei681c183mge950pg En su cancha fueron inexpugnables (18-0), fuera en cambio fueron expugnados hasta en nueve ocasiones que parecen demasiadas para estos Golden Bears, ya veremos si tanto desequilibrio no da que pensar al Comité de Selección. Por el camino Ivan Rabb dejó claras dos cosas, que es un talentazo de deliciosos fundamentos y que está aún ligeramente tierno para empresas de este nivel. Cuonzo Martin le dio de entrada las llaves del reino (o sea, de la zona) pero tardó apenas unas semanas en comprender que utilizarle de única referencia interior con cuatro exteriores a su alrededor no tenía mucho sentido, en cuanto lo emparejó con un cincazo como Rooks u Okoroh todo fue ya sobre ruedas. Rabb es muy bueno y Jaylen Brown es (y va a ser) aún mejor, pero esa afirmación también requiere algún matiz: es tan bueno que se cree aún mejor de lo que es. Al Jaylen Brown que aterrizó en Berkeley se le notaba a la legua que había sido el puto amo en todos los equipos por los que había pasado, como el balón fuese de su propiedad y los demás fueran meros satélites a su alrededor. Claro está que eso puede estar muy bien en el insti pero en la uni chirría un poco, tanto más si tienes al lado a un pedazo de base como Wallace (y cuando éste se lesionó ya ni les cuento…) Afortunadamente el Brown de estas últimas semanas parece ya mucho más integrado en el equipo (y el equipo más integrado en él), trabajo de Cuonzo Martin mediante. Mimbres tiene para hartar, veremos en estos próximos días cómo acaba de salirle el cesto.

Kyle COLLINSWORTH: Tyler Haws llevaba (merecidamente) la fama, pero la lana la cardaba Kyle Collinsworth. Así fue hasta el pasado año, hasta que Haws se nos hizo profesional y se vino a hacer las galicias de tal manera que Collinsworth se quedó con la fama y con la lana, todo a la vez. Si el susodicho no jugara en BYU ni estuviera en una mid-major hablaríamos y no pararíamos de él, pero como está donde está se nos ha ido pasando desapercibido. Por eso no está de más recordar aquí que Collinsworth ha batido récords, pero no récords individuales ni dcollinsworthe temporada ni de equipo ni de conferencia siquiera: récords absolutos. Collinsworth suma ya once triples-dobles a lo largo de su carrera, lo que le convierte en (dicen los que cuentan estas cosas, así que tendré que creérmelo) el jugador con más triples-dobles en toda la historia de la NCAA. Repito: en toda la historia de la NCAA. Repito: once triples-dobles al cierre de estas líneas, cinco de ellos sólo en esta misma temporada. Verle en acción transmite una extraña sensación de omnipresencia: mete, rebotea, pasa, roba y tapona como si hubiera varios números 5, como si estuviera en todos los sitios a la vez. No es así (obvio), y ello lleva a que BYU sea un buen equipo pero no necesariamente un gran equipo. Suficiente para cuajar una temporada decente a nivel colectivo, suficiente para ganar en Gonzaga, manifiestamente insuficiente para ir al Baile: la derrota en semis del Torneo de la WCC les dejó sin posibilidades de soñar ni desde la burbuja siquiera. Eso sí, que le quiten lo bailao al bueno de Collinsworth. Si las puertas de la NBA no terminan de abrírsele (como a sus antecesores Haws o Fredette) sé de unos cuantos equipos de este otro lado del charco que deberían abalanzarse de bruces a por él. Ya están tardando.

Kris DUNN: Quizás la culpa no sea suya sino nuestra, quizás a veces se nos vaya la mano encumbrando a según quién, de tal manera que si luego no responden a nuestras expectativas no sea tanto por ellos como porque se nos dispararon las expectativas. Kris Dunn no tiene la culpa de que lo eleváramos a los altares antes de tiempo, Dunn es muy bueno y va a seguir siéndolo en NBA más pronto que tarde, pero una cosa es eso y otra que sea la quintaesencia del base moderno que creímos ver cuando nos enamoró (deportivamente hablando) en su año freshman y/o sophomore.dunn Enamoramiento individual y también colectivo, que ya puestos nos enamoramos también de Providence a comienzos de temporada y depositamos en ellos (buena parte de) nuestras esperanzas de que acabara por fin el reinado de Villanova en la Big East. Craso error. No he podido seguir a los Friars todo lo que me hubiese gustado en esta segunda mitad de curso (que ver partidos de la Big East es casi más difícil que ver la aurora boreal) pero sí lo suficiente para confirmar que apenas queda nada de aquel equipo deslumbrante que conocimos en noviembre. Al cierre de estas líneas (9 de marzo) Providence es aún un equipo de burbuja, burbuja que está a rebosar y reventará definitivamente el domingo 13 a las 11 de la noche dejando muchos heridos a su paso, sólo esperemos que los Friars no estén entre ellos. Y en lo que a Dunn se refiere basta mirar sus estadísticas para comprobar que hoy ya ni siquiera es el máximo anotador de su equipo (en otro tipo de base no pasaría nada, en un base jugón como éste chirría bastante el dato), honor que ahora corresponde por derecho propio al robusto a la par que eficaz Ben Bentl. Y es que es así, somos enamoradizos por definición pero es bien sabido que de la pasión al desengaño sólo hay un paso, no caigamos tampoco en ese error. Ojalá aún nos quede marzo para volvernos a enamorar.

Perry ELLIS: Hay séniors que parece que acabaran de llegar cuando se van y otros en cambio que parece que llevaran siendo séniors toda la vida, no me pregunten por qué. Perry Ellis pertenece a esta última categoría. Perry Ellis es el Jordi Hurtado de la NCAA, probablemente ya estaba en Kansas cuando ganaron el título en 1988 aunque los datos oficiales nos digan que en aquel entonces aún no había nacido, que ni estaba en proyecto siquiera.perryellis405 Perry Ellis no es de Kansas sino que es Kansas, sin preposición, ha visto pasar a su vera a Withey, McLemore, Manning (como assistant coach, no se me asusten), Wiggins, Embiid, Oubre, Mason, Selden, Diallo, tipos con los que nos hemos llenado y aún nos llenamos la boca, con Ellis no, como si los demás tuvieran mérito y lo de él en cambio viniera de serie, como si lo hubiera plantado el ayuntamiento de Lawrence, como si siempre hubiese estado ahí. Ni siquiera su nombre acudió en su ayuda, se llama exactamente igual que un legendario diseñador y una prestigiosísima cadena de tiendas de moda (caprichositos sus padres), prueben a guglearlo si no se lo creen, de hecho es el único jugador de la NCAA que puede ver su nombre aparecer en la publicidad estática mientras juega. Y todo ello con un aire de frialdad casi funcionarial, como si lo que sucede a su alrededor no fuera con él, él a lo suyo, salir, anotar, rebotear, pasar, ganar e irse, siempre guardando las distancias, siempre con ese hieratismo que hasta parece que te mirara por encima del hombro, siempre con más oficio que beneficio. Así toda la vida (aunque nos quieran convencer que fueron sólo cuatro años), así también este año, llénense la boca con quien quieran pero nadie puso más que él en estos irregulares Jayhawks que aún así volvieron a ganar por enésima vez la Big XII y llegan a estas alturas de temporada como indiscutibles Top 1 y máximos favoritos de la nación. En apenas un mes acabará el curso (quién sabe si con título en su zurrón), en apenas ocho meses empezará el nuevo, hay por ahí quienes aseguran que en esos nuevos Jayhawks 2016/2017 no estará, no podrá estar ya Perry Ellis. Tendré que verlo para creerlo.

Yogi FERRELL: Podría venderles ahora que Yogi es mi chico favorito y el sueño de mi vida y qué sé yo cuántas cosas más, pero probablemente se me notaría la impostura. Yogi es un magnífico base, vertiginoso y de portentosa muñeca, que sería aún mejor si tuviera algo menos de fe en sí mismo y un poquito más de fe en aquellos que le rodean. Es un extraordinario pasador, no les quepa la menor duda; lo que pasa es que a veces se esfuerza en disimularlo.Yogi-Ferrell Dicho lo cual, y como lo cortés no quita lo valiente, habré de reconocer que en momentos puntuales de este año sí que ha conseguido seducirme. Y lo tenía bien difícil, él y sus Hoosiers, con la espada de Damocles pendiendo sobre el cuello de Tom Crean y con un turbulento comienzo de temporada, fracaso en el Maui Invitational incluido. Sólo faltaba la definitiva lesión de Blackmon Jr. para que todo acabara de torcerse… o tal vez no. Indiana remontó el vuelo, a la habitual plasticidad de su ataque se sumó (ya era hora) una buena defensa, el indómito Thomas Bryant les dio por fin algo de consistencia interior y finalmente Yogi consiguió implicar a sus compañeros (sin desimplicarse él mismo por ello) en pos de un objetivo común. Los resultados saltan a la vista, brillantes campeones de la dificilísima Big Ten y a la espera de días mejores que seguro habrán de venir. Hoy ya no parece que penda ninguna espada sobre la cabeza de Crean, gracias al pedazo de temporadón que se han marcado estos Hoosiers. Mérito de todos ellos. Sí, también (y sobre todo) de Yogi Ferrell.

Greg GARD: Bo Ryan lo dejó todo atado y bien atado (frase mítica donde las haya). Primero amagó con marcharse a final de temporada, pero luego sorprendió a todos en su comparecencia del 15 de diciembre tras ganar a Texas A&M-Corpus Christi cuando anunció que ni un día más santo tomás. Y todos pensamos que estaba cansado, que la sombra de Kaminski y Dekker era demasiado alargada, que veía que con éstos no iba a ninguna parte y no quería comerse otro par de temporadas de transición hasta lograr ensamblar un equipo medianamente competitivo…gard O quizás fuera algo mucho más sencillo que todo eso, simplemente la constatación de que había llegado el momento, no tanto por agotamiento propio (que también) como por capacidad ajena: lo que a priori parecía un inmenso marrón para el interino Gard, a la larga resultó ser una bendición. Koenig, Showalter, Nigel Hayes, Vitto Brown y esa especie de proyecto de Kaminski 2.0 llamado Ethan Happ, transición si así lo quieren, pero también muchísimo más que eso: han ganado a Michigan State, a Indiana, a Ohio State, en Maryland, en Iowa, aún con el mal comienzo y las once derrotas que acumulan tienen aún serias posibilidades de entrar al Madness, créanme que eso está muy por encima de lo que cualquiera (¿incluso el propio Ryan?) hubiera podido imaginar a comienzos de temporada. Greg Gard está pidiendo a gritos (entiéndase en sentido figurado, que el hombre es discreto a más no poder) que le quiten de una vez por todas el cartel de interino y le retribuyan por fin de acuerdo a su mérito y capacidad. Todo se andará.

Buddy HIELD: Lon Kruger ha creado una criatura casi perfecta, fruto de que sus cuatro principales jugadores (Woodard, Cousins, Hield y Spangler) lleven tres temporadas completas saliendo como titulares y compartiendo treinta y tantos minutos por noche. Eso evidentemente tiene una inmensa virtud, la expresión jugar de memoria nunca fue más cierta que con estos tíos; y tiene también un pequeño defecto, cuando finalmente aflora el cansancio se les resquebrajan las costuras. Ahora bien, cuando tienes material de tanta calidad que se te resquebrajen las costuras es lo de menos.buddy h Y Woodard, Cousins y Spangler son francamente buenos cada uno en lo suyo pero lo de Hield es capítulo aparte, que les voy a contar que ustedes no sepan ya. Nadie, y cuando digo nadie quiero decir NADIE, fue tan determinante durante este curso como este bahameño apellidado Hield y a quien sus padres en un alarde de originalidad pusieron Chavano Rainer, que sustituyera todo eso por Buddy fue sólo cuestión de tiempo. Buddy ya nos epató en su año sophomore, ya nos entusiasmó en su año júnior pero en su año sénior ha rozado sencillamente lo paranormal. Los números difícilmente pueden explicar lo que ha hecho este tío pero aún así resulta tentador recurrir a ellos, recordar por ejemplo aquella noche del 4 de enero, aquel inolvidable Kansas-Oklahoma de las tres prórrogas que marcó casi un antes y un después. Aquella noche Hield anotó 46 puntazos (y 8 rebotes, y 7 asistencias) pero con ser grandes sus números aún más grandes fueron sus sensaciones, ese negarse a perder cuando todo parecía ya perdido, ese acabar reventado, ese seguir peleando hasta la extenuación. En apenas unos días será elegido jugador del año, en apenas unos días más puede estar recogiendo otro premio aún mucho más importante. En Oklahoma (y en muchos otros sitios, también) saben ya más que de sobra que con él todo es posible. Todo. No les quepa la menor duda.

Bob HUGGINS: Algún día (con más tiempo, más espacio, más paciencia) les contaré detalladamente lo mío con Huggins, que empezó mal y va camino de acabar en amor eterno (entiéndase en un plano meramente baloncestístico). Habré de reconocer (aunque me duela) que hacia finales del pasado siglo no le soportaba, lo cual tampoco tiene nada de particular porque daba la impresión de que aquel histriónico, histérico y desquiciado técnico de los Bearcats de Cincinatti no se soportaba ni siquiera a sí mismo.bob-huggins-092714-getty-ftrjpg_1fvaiq4lu6iea1kxbzxt2vkmpa Pasaron muchas cosas (quizás demasiadas) en su vida, pasó un infarto, un grave incidente de tráfico (driving under the influence, como dicen por allá), un traumático despido, una brevísima estancia en Kansas State y finalmente un regreso a su alma máter, su West Virginia de siempre. Los Mountaineers nos devolvieron otro Huggins, el Huggins del chándal, mucho más sereno y apacible (aún en su desmesura), aún mucho mejor entrenador. El Huggins que ganó el Torneo de la Big East y metió a su equipo en Final Four en 2010, el que una vez en la Big XII decidió dar una vuelta de tuerca a su carrera y convertir a West Virginia en Press Virginia con los resultados ya por todos conocidos: nadie presiona más (ni mejor) que ellos, nadie roba más balones, nadie provoca más pérdidas, nadie atrapa más rebotes ofensivos, nadie amarga más la vida de cualquier rival. Y todo esto, ¿con quién? El año pasado al menos tenía a Juwan Staten (que entonces nos parecía la quintaesencia en persona y hoy ahí anda el pobre ganándose la vida en los Delaware 87ers nada menos, esperando a que alguna franquicia NBA se apiade de él y se atreva a darle una oportunidad), este año ni eso siquiera: Devin Williams, Carter, Paige, Holton, Phillip, Miles, Adrian, buenos pero sin grandeza, estajanovistas incansables en defensa, recursos limitadísimos en ataque; ninguno pisará la NBA, algunos se ganarán la vida en Europa, unos cuantos ni llegarán a profesionales siquiera. Mi premio al Entrenador del Año sería siempre para quien hace más con menos, y nadie hizo más con menos este año que Bob Huggins. No hay para mí otro Coach of the Year, no ya en la Big XII sino en toda la NCAA.

Brandon INGRAM: Tenía un aire lánguido, era apenas un longilíneo montón de huesos, transmitía una terrible sensación de fragilidad pero joder cómo jugaba al baloncesto. Me entró por los ojos en aquel McDonald’s All American y ya no hubo manera de sacármelo, ni siquiera por el hecho de ir a Duke. El Ingram que reencontré en Durham ya no era tan frágil, ya había ganado peso (ya había perdido delgadez, más bien), ya sí tenía pinta de jugador universitario con todas las de la ley.Ingram_h79m8y4y_1mklw6tc_hfhsh0rr_1t72t8yg La suficiente para que los gurús de esto se entregaran de inmediato a las odiosas comparaciones (en USA les encantan, ya saben) y sacaran a relucir una vez tras otra el nombre de Kevin Durant. A ver, todo a su tiempo, para que Ingram se parezca mínimamente a Durant (más allá del físico) tendrán que pasar todavía unos cuantos telediarios, no nos volvamos locos. Dejemos que la vida siga su curso y mientras tanto recreémonos en lo que ha conseguido este año Ingram, que no ha sido poco: la lesión de Amile Jefferson y las pocas ganas de rotar de Krzyzewski le obligaron a tener que abandonar su zona de confort como tres y tener que oficiar a menudo de cuatro, incluso a veces de cinco cuando descansaba Marshall Plumlee. Lo pasó mal, no lo tuvo fácil, pero no duden que ese aprendizaje le vendrá de perlas en el futuro. Todo un máster, propiciado por las peculiares circunstancias de un equipo tan sobrado de talento como escaso de efectivos, algún día hubo que el Coach K sólo rotó a sus cinco principales supervivientes (Allen, Kennard, Jones, Ingram y Plumlee) cuando no le quedó más remedio, y así le fue. Año irregular este de Duke, que se vio fuera del Top 25 por primera vez en mucho tiempo y perdió más partidos en su otrora inexpugnable Cameron Indoor que en varias temporadas juntas. Y aún así las hazañas bélicas del niño travieso Grayson Allen (I hate Grayson Allen, próximamente en sus pantallas), la zurda incorrupta de Kennard y las diabluras de Ingram les salvaron finalmente de la quema. No descubro nada si les digo que esta Duke es tan capaz de plantarse de nuevo en Final Four como de caer otra vez en primera ronda, de una forma u otra una sola cosa tengo clara: suceda lo que suceda ése será el último partido de Ingram con los Blue Devils, en apenas tres meses le esperará (como mínimo) el número 2 del draft.

Brice JOHNSON: Ese mítico Kansas-Oklahoma del 4 de enero del que les hablaba en el párrafo dedicado a Hield tuvo además un indeseado efecto colateral, ya que opacó todo lo que sucedió a su alrededor. Y a su alrededor sucedió otro partidazo disputado apenas dos horas antes, un Florida State-North Carolina que habría hecho correr ríos de tinta si toda la tinta no hubiera ido a parar al Allen Fieldhouse. Vimos en Tallahassee una actuación individual casi paranormal, la de un Brice Johnson que se marcó aquella noche 39 puntos y 23 rebotes, con 14 de 16 en tiros de campo y 11 de 16 en libres.brice johnson1 ¿Hecho aislado? En absoluto. Sus números se dispararon en aquellos días por la puntual ausencia de su cómplice interior Kennedy Meeks, pero ya con Meeks ha cuajado actuaciones muy similares, pongamos por ejemplo 27 y 11 ante Wake Forest, 19 y 17 en Virginia Tech, 29 y 19 ante Duke, 16 y 15 ante Miami, 18 y 21 otra vez ante Duke (pero esta vez en Duke). Brice Johnson es el antidivo por antonomasia: tiene cara de no haber roto nunca un plato (y de que si lo rompiera se echaría a llorar), no es espectacular, no está especialmente musculado, no mete triples, no la rompe contra el aro, sus virtudes se limitan a un extraordinario saber estar en cancha, un tremendo instinto para el rebote (sobre todo ofensivo) y una maravillosa muñeca a tres/cuatro metros del aro, no más. Tan poco y tanto a la vez. Brice Johnson ha liderado (él, que jamás tuvo pinta de liderar nada) a estos irregulares y atípicos Tar Heels, unos Tar Heels en los que se esperaba el liderazgo de un Marcus Paige que se fue empequeñeciendo según avanzaba la temporada (prodigiosa involución la de este chico) y en los que sin embargo emergió la muy apreciable dirección de un cada vez más consolidado Joel Berry. Y Johnson, claro. Un Brice Johnson que fue el mejor del mejor equipo de la ACC, que hizo méritos más que sobrados para ser elegido jugador del año en su conferencia (sin que ello suponga hacer de menos a un Malcolm Brogdon que lo merecía tanto como él) pero al que perjudicó una vez más su aparente apocamiento, su infinita discreción, su papel presuntamente reservado a la intendencia. Brice Johnson no vende, no sabe venderse. Sólo esperemos que aún así alguna franquicia lo sepa comprar.

Jim LARRAÑAGA: Miren que hemos hablado largo y tendido este año de North Carolina, Duke, Virginia, Louisville, Syracuse y demás power houses de la ACC, pero con todo y con eso no puedo evitar la sensación de que estemos cometiendo un olvido imperdonable, no ya a nivel de esa conferencia sino de toda la NCAA. La Universidad de Miami, la de Miami Florida (nunca está de más aclararlo, que ya saben que hay otra en Ohio) ha vuelto a cuajar otra temporada extraordinaria, quizás no al nivel de aquella de Shane Larkin o Durand Scott pero tampoco demasiado lejos.larrañaga Y miren que al principio no nos lo queríamos creer, miren que ganaron de manera aplastante el Puerto Rico TipOff (Utah y Butler entre sus víctimas) pero de vuelta al hogar cascaron ante Northeastern y ello nos llevó a pensar que ya estaba aquí otra vez la Miami del pasado año, la que asaltaba el feudo de los Gators pero luego perdía ante Green Bay o Eastern Kentucky, la que era capaz de imponerse en el mismísimo Cameron Indoor de Duke para caer después ante Georgia Tech o Wake Forest, la Miami ciclotímica al compás de su no menos ciclotímico base Ángel Rodríguez. Pues no. Rodríguez sigue teniendo sus cositas (la mayoría de ellas buenas) pero ahora ya los Hurricanes no ganan sólo de vez en cuando sino un día sí y otro también, y no lo hacen de cualquier manera sino por aplastamiento, a ser posible. Físicos exuberantes (no exentos para nada de talento) que te desbordan en defensa y te abrasan en ataque, desde el propio Rodríguez al imponente Yekiri pasando por los Sheldon McClellan, Devon Reed (y sus respectivas muñecas), Kamari Murphy o Ja’Quan Newton (cuando no está sancionado), quizás la única excepción (que confirma la regla) sea nuestro Iván Cruz-Uceda, la más pura expresión del cuatro abierto que imaginarse pueda. Jay Larrañaga (lo diré siempre, para mí uno de los entrenadores más infravalorados de todo el baloncesto universitario) ha creado un monstruo, casualmente también uno de los equipos más infravalorados de esta Liga (al menos de momento, veremos si su hipotético despliegue durante el torneo de conferencia no hará que muchos cambien de opinión). Se hablará poco de ellos, pero estén seguros de que nadie querrá encontrárselos de camino a la Final Four. Al tiempo.

Chris MACK: Si a día de hoy me pidieran un pronóstico para Final Four, pueden estar seguros de que Xavier estaría entre mis cuatro elegidos para la gloria (todo será que cuando lean esto ya ni siquiera estén en competición, escribir con tanta antelación es lo que tiene). Tienen de todo y todo bueno. juego interior con Reynolds o el imponente Farr, juego exterior con el deslumbrante freshman Sumner, la estrella Bluiett, el trompetista Myles Davis o el ex hoosier Abell, fondo de armario con Macura, Austin y O’Mara…Chris-Mack Todo lo cual daría como resultado una gran plantilla pero no necesariamente un gran equipo, y ahí es donde entra en juego nuestro protagonista: Chris Mack ha montado (una vez más) una maquinaria perfectamente engrasada, una orquesta en la que nada ni nadie chirría: perfecta en estático, demoledora en campo abierto y enormemente agresiva en defensa, con mención especial a esa arriesgadísima zona 1-3-1 que practican de cuando en vez y que les sale a las mil maravillas. Unos Musketeers intensos, dinámicos, incompatibles con el aburrimiento a la par que tremendamente competitivos. No fueron número 1 (ni 2) de la nación en ningún momento del curso, pero de verdad se lo digo, a mí hay muy pocos equipos a día de hoy que me infundan más respeto, muy poquitos equipos con los que me gustaría menos cruzarme que con Xavier. Ahora no me dejen mal, por favor.

Nic MOORE: Qué pena, oigan. No entraré en la justicia o injusticia de las sanciones a Larry Brown y SMU (como no entré tampoco en la justicia o injusticia de las sanciones a Syracuse y Boeheim, aunque en este último caso mi filiación Orange me haga tener mucho más clara mi opinión), pero el no juzgar las causas no significa que no me den pena las consecuencias. O por decirlo de otra manera, haré mías (por una vez y sin que sirva de precedente) las palabras del mítico a la par que histriónico analista Dick Vitale durante un reciente partido de los Mustangs,nicmoore castiguen económicamente a la Universidad, sanciónenla con veinte millones de dólares si es preciso pero por amor de dios, no dejen a estas criaturas sin su Madness, ellos qué culpa tienen, no les penalicen deportivamente, no les roben el premio que se han ganado merecidamente sobre la cancha… (algo así). Me dirán que no les pilla de sorpresa, que desde antes de que empezara el curso ya sabían que acabaría así, pero ello no lo hace menos doloroso tras el temporadón que se han marcado, tras sobreponerse brillantemente a la ausencia de su coach y aguantar luego invictos más que nadie aunque en el sprint final Temple les arrebatara (no menos brillantemente) la AAC. Una pena para todos ellos, una pena sobre todo para un Nic Moore que hace un año pasó ya de bueno a grande y ahora deja SMU convertido por derecho propio en uno de los mejores directores de juego de la nación sin ningún género de dudas. Qué quieren que les diga, habremos de convenir que estos Mustangs tienen muy mala suerte desde que llegó Brown: en su primer año ya les dejaron injustamente (en mi opinión) fuera del Madness (esta vez sólo por razones deportivas), en su segundo año una decisión arbitral más que discutible (aquel goaltendind de Moreira vs UCLA) les privó de pasar ronda, en este tercero se vieron condenados a jugar por nada, a participar fuera de concurso. Y todo ello con un entrenador mítico donde los haya, y que a estas alturas (ya más cerca de los ochenta que de los setenta) no creo que merezca precisamente un final así. Qué pena, oigan.

Monté MORRIS: Puestos a hablar de Iowa State me pediría el cuerpo hacerlo de un jugador como Georges Niang por el que siempre profesé auténtica debilidad, pero en este caso (y aprovechando quizás una ligera disminución de rendimiento del susodicho en este año sénior) voy a reprimir mis impulsos para hablarles de otro sujeto de aún mayor protagonismo, el base Monté Morris. Solía decir yo hace un año que Morris era uno de los dos directores de juego más infravalorados de toda la NCAA (el otro era el virginiano Perrantes).montemorris Hoy ya no, pero no precisamente porque su rendimiento haya ido hacia abajo (más bien todo lo contrario) sino porque la consideración que se le dispensa ha subido como la espuma. Claro está, él se lo ha ganado a pulso, con actuaciones portentosas y con una cualidad que vale su peso en oro, la capacidad para resolver sobre la bocina. Todo un clutch man, no tienen más que preguntárselo por ejemplo a sus vecinos de enfrente (Iowa Hawkeyes), que lo padecieron en sus propias carnes. Con él al mando, más Niang, más el agujero negro Nader (sustituto a su vez de otro agujero negro, el lesionado Long), el díscolo McKay y el recién llegado transfer Burton (una bendición del cielo), de alguna manera estos Cyclones han conseguido casi la cuadratura del círculo, que apenas nadie se acuerde ya de una leyenda viva en Ames como Fred Hoiberg. Mérito también por supuesto de un Steve Prohm, que no rompió nada y, en aplicación de aquella vieja máxima del si funciona no lo toques, optó sabiamente por la continuidad. No le dio para atacar el reinado de Kansas (que eso son palabras mayores) pero sí para seguir siendo élite y afianzar lo ya conseguido en temporadas precedentes. No está mal para empezar.

Gary PAYTON II: Llamarte Gary Payton puede ser una bendición (en términos de genes, quizás también en términos de posibilidades formativas, de que te abra puertas que para otros estén cerradas) pero también puede ser un auténtico calvario en la adolescencia, sobre todo si no se sabe gestionar como es debido. Vara de medir superior al resto, odiosas (e injustas) comparaciones por ser hijo de, y hasta que a la hora de ponerte un apodo te rebauticen como The Mitten (La Manopla) por contraposición a The Glove.gary-payton-ii-ncaa-basketball-oregon-state-utah-850x560 Payton II hubo de encontrar (no sin dificultades) su propio camino, un camino que pasó por un JuCo antes de acabar por fin en ese mismo lugar donde su padre marcó una época, en los Beavers de Oregon State. Época por época, ésta que ha marcado su hijo es muy distinta pero no por ello menos importante. Payton II no es un base (no en la manera en que lo era su padre, no aunque a menudo le etiqueten como tal) sino más bien un point-forward capaz de gobernar un partido desde diferentes planos, como se refleja en su liderazgo en casi todas las categorías estadísticas y en su legítima candidatura a jugador del año en la Pac12. Y todo ello en un equipo de burbuja, una universidad en franco crecimiento desde que unió sus destinos a los del Coach Tinkle, divertidísima de ver y con aún más futuro que presente gracias a freshmen como el pívot (de deliciosos fundamentos) Eubanks y a los hijos del cuerpo técnico Tres Tinkle (que juega con el 3 a la espalda, en un supremo ejercicio de coherencia) y Stevie Thompson Jr. Ojalá quepan en este Baile, aunque sólo sea para que el bueno de The Mitten pueda despedirse como se merece. Para que pueda presentarse (por fin) en sociedad.

Jakob POELTL: Casi en cada partido que le veo sale a relucir el nombre de Pau Gasol, que es bien sabido que a los yanquis les encantan las (odiosas) comparaciones y nunca dejan pasar la oportunidad de evaluar el futuro en base al pasado o aún mejor, al presente. En todo caso el paralelismo puede estar bien tirado si lo vemos en términos de potencial, es decir, si pensamos no en el actual Pau sino en el de hace 16 años, el que acababa de ganar el oro de Lisboa y pugnaba por abrirse paso en el primer equipo del Barça.jakob-poeltl Claro que aquel Pau era más tres/cuatro y este Poeltl ya es un puro cinco, pero no pidamos a los analistas USA que hilen tan fino: simplemente ven en el vienés las formas y maneras del de Sant Boi y se tiran de inmediato a la piscina, luego ya el tiempo dará y quitará razones como dijo aquél. Poeltl tuvo que pasar su duro periodo de adaptación en NCAA (así con los rivales como con los árbitros, que tienden a pitarle falta en cuanto respira) y deberá pasarlo aún más duro en NBA, donde parece previsible que vaya a llevarse más palos que una estera hasta que consiga por fin ganarse el respeto que merece. Quizás no sea nunca una estrella (o quizás sí, quién sabe) pero sí que será con total seguridad un pívot muy importante (y muy bien pagado) en una Liga muy necesitada de ellos. Pero no vayamos tan deprisa, todo a su tiempo, dejémosle aún que disfrute de su merecida elección como jugador del año en la Pac12. Hoy por hoy su tiempo todavía está en Utah, hoy por hoy estos Utes aún deberían tener mucho que decir.

Dave RICE: En el deporte profesional (tanto más cuanto más profesional) cada vez es más frecuente que en cuanto vienen mal dadas caiga la cabeza del entrenador, es ley de vida, quede constancia aquí de que no me suelen gustar las decisiones traumáticas a mitad de temporada pero asumo que son el pan nuestro de cada día… Pero repito, en el deporte profesional. La NCAA mientras que no se demuestre lo contrario no es deporte profesional.dave-rice-unlv-getty-ftr-011016jpg_7rc44axieyf01s0xitseya2he Es decir, sí lo son los entrenadores (como lo son también los profesores, a cualquier nivel) que ganan una pasta en muchos casos mareante, no así unos deportistas que no ven un centavo (y pobre del que le pillen viéndolo) y juegan sólo a cambio de / como parte de su educación. La NCAA es deporte de formación, y como tal no parece que tenga ningún sentido cambiar al formador a mitad de curso simplemente porque el nivel de aprobados (es decir, de resultados) no responda a las expectativas. La Universidad de Nevada-Las Vegas decidió cargarse a Rice el pasado 10 de enero, en una decisión que tendrá algún precedente, no digo yo que no (a estas alturas ya casi nada sucede por primera vez) pero no me pregunten cuál es porque yo desde luego no lo conozco. En el momento del cese la UNLV estaba 9-7 en el global de la temporada, si bien sólo 0-3 en su recién empezada conferencia. Si les pica la curiosidad les diré que tras su cese las cosas tampoco fueron mucho mejor, un balance de 8-7 que sumado a lo anterior da un total de 17-14, tan solo 8-10 en una Mountain West en la que sólo fueron sextos y quedaron a años-luz del abrumador dominio de San Diego State. Vale, puede que muy lejos también de lo que esperaran conseguir con su McCaw y su Derrick Jones y su flamante freshman Zimmerman, pero aún así: ¿tan terrible era como para no poder esperar hasta marzo, para poner un mero parche a mitad de enero como si eso fuera a arreglar algo (salvo que existiera algún otro trasfondo detrás, que francamente lo desconozco)? Tienen ocho meses al año para tomar medidas, el curso baloncestístico (si no juegas postemporada) apenas dura cuatro, al menos durante esos cuatro meses dejen a los chavales en paz.

Domantas SABONIS: Doctor Jekill por dentro y Mster Hyde por fuera, Gonzaga empezó la temporada como el equipo más descompensado de todo el panorama NCAA. Creímos ingenuamente que sus inmensas virtudes interiores pesarían más que sus carencias exteriores (mención especial para el base Josh Perkins, que tiende a desesperarme cada vez que le veo), pero la realidad vino a poner las cosas en su sitio:domas primero fue la lesión de su fornido pívot polaco Karnowski, luego la progresiva desaparición de su cuatro abierto (tan abierto que más bien parece un tres, y al paso que va terminará siendo un dos) Kyle Wiltjer, que empezó la temporada como firme candidato a jugador del año y la va a acabar como firme candidato a la insignificancia. Así las cosas los Zags se agarraron desesperadamente al joven Sabonis como su única tabla de salvación posible, entregándose de inmediato al DomasSistema y la DomasDependencia. Era hacer el susodicho la cuarta falta e irse todos por las patas abajo, era hacer la quinta y proclamar su rendición incondicional. Gonzaga se ha marcado una temporada terriblemente irregular que hasta estuvo a punto de dejarle fuera del Madness por primera vez en lo que llevamos de siglo (y parte del anterior), afortunadamente salvaron los muebles en el Torneo de WCC ante BYU y (su bestia negra) St. Mary’s, con buenísimas actuaciones de Perkins y Wiltjer (más que nada para dejarme mal) y con un Sabonis sencillamente imperial, un Sabonis que en este segundo año ha superado con creces las (ya de por sí elevadas) expectativas depositadas en él. Toda una mili la que se ha currado el bueno de Domas, todo un curso acelerado de asunción de responsabilidades que le será de gran utilidad en un futuro. Un futuro que, dicho sea de paso, cada vez pinta mejor para él.

Ben SIMMONS: Pudo haber ido donde le diera la gana, pero escogió Louisiana State porque su padrino (y amigo íntimo de su padre, desde que ambos coincidieron en la liga australiana) ejercía de asistente allí. En el pecado llevó la penitencia. LSU es un equipo sin pies ni cabeza, en un sentido casi literal: a menudo no se sabe quién lo dirige sobre la cancha, a menudo no se sabe tampoco si alguien lo dirige desde el banquillo. Ni que decir tiene que la llegada de un prodigio como Simmons (cuerpo de cuatro, cabeza de uno, versatilidad absoluta, talento a espuertas) fue recibida como agua de mayo por el Coach Jones, ya otra cosa es que además supiera qué hacer con él:111715_simmons_1200 de entrada intentó convertirle en una especie de hombre-orquesta, el que la sube, el que la pasa, el que la tira y el que la rebotea, todo a la vez. El que saca los córners y el que los remata de cabeza, en terminología futbolística. Pero entre los muchos dones de la criatura aún no se encuentra el de la ubicuidad, así que el resultado fue un desastre; ligeramente atemperado según fue avanzando la temporada por la mejora del freshman Blakeney y la (re)aparición de un par de refrescantes piezas, el tirador Hornsby y el transfer Craig Victor que aportó al menos algo de consistencia interior. Vale también con Simmons ese eterno símil de la manta corta, si le pones a dirigir destapas tu juego interior, si (como parece indicar la lógica) le liberas y le acercas un poco al aro acabarás dejando la dirección en manos de cualquiera, en manos por ejemplo de un cabezaloca como Tim Quarterman, explosividad a raudales pero una toma de decisiones que no es ya que sea cuestionable, es que el día que acierta en algo redoblan las campanas en Baton Rouge. A día de hoy LSU lo tiene en chino para entrar al Madness (aunque cosas más raras hemos visto), claro que ello no debería afectar en exceso a un Simmons que en condiciones normales será número 1 del draft sí o sí aunque como tantas otras veces se estén sobredimensionando las expectativas a su alrededor: casi no hay partido en que no escuche a algún analista hablar de él como el próximo Magic o el próximo LeBron, y a mí me parece que esos son zapatos demasiado grandes para llenar. Simmons está a años-luz de la creatividad del primero, está a años-luz del físico del segundo, está a siglos-luz de la personalidad y el carácter de cualquiera de los dos. Simmons será simplemente el próximo Ben Simmons, y créanme que no es poca cosa. No le pidan más.

Shaka SMART: Muchos (yo el primero) nos pasamos de listos a comienzos de temporada, puff, Shaka en VCU estaba acostumbrado a jugadores muy versátiles que podían cubrir todas las posiciones, nada que ver con esta plantilla tan estructurada que se encuentra en Texas, bases muy bases y pívots muy pívots, se va a estrellar, hasta que no consiga construir un equipo a su imagen y semejanza no habrá manera de que estos Longhorns jueguen el baloncesto de aquellos Ramssmart Paparruchas. Quizás el punto de inflexión fuera la lesión del pétreo Cameron Ridley, tan desafortunada como cualquier otra pero a la que en este caso casi se le podría aplicar aquello de que no hay mal que por bien no venga ya que permitió el ascenso al quinteto titular de Prince Ibeh, mucho más móvil, mucho mejor defensor, complemento perfecto para el sempiterno cuatro abierto Connor Lammert. Claro que la verdadera transformación llegó por fuera, con DeMarcus Holland relegado a las profundidades del banquillo en beneficio del eficaz Kendall Yancy y/o de la Caja de Cerillas Javan Felix, cuerpo extraño (donde los haya) convertido por fin en líder espiritual de este equipo, liberando así de paso a su presunta estrella Isaiah Taylor de las engorrosas (para él) tareas de dirección. Y cómo no, otorgando cada vez más peso específico en la rotación a sus tres freshmen, Tevin Mack, Kerwin Roach y sobre todo un Eric Davis Jr. que (salvo indeseada huida precipitada) está llamado a regalar muchas tardes de gloria en Austin. Con ser buenos (por fin) los resultados (humillante derrota en casa vs Kansas al margen), aún mejores resultaron ser las sensaciones: aún no hablaremos de havoc (yo no me atrevería, al menos) pero sí diremos que en estos Longhorns se aprecia ya bien reconocible en defensa y ataque la huella de Shaka Smart.. No es ya que la felicidad haya llegado por fin a Texas (Universidad de) o que sus perspectivas sean inmejorables de cara al Madness, todo eso con ser bueno no es lo mejor; lo mejor es que es sólo el principio.

Melo TRIMBLE: Si dijera yo aquí ahora que tanto el de Maryland en general como el de Melo Trimble en particular me parecen dos de los más grandes fracasos de esta temporada (de lo que llevamos de temporada, más bien), probablemente me mandarían a esparragar. ¿Llamar fracaso a un balance de 24/7 en el global del curso, 12/6 en lo que se corresponde a su durísima Big Ten?melo-trimble Pues sí (en mi opinión, claro), porque Turgeon ha tenido entre manos una plantilla como casi no hay otra en toda la nación, así en términos de calidad como de cantidad: la muñeca de Sulaimon o Layman, la imponente versatilidad de Robert Carter, la pétrea presencia interior de Diamond Stone (nunca hubo nombre mejor puesto), la profundidad que te da tener tíos como Cekovsky o Dodd… Y cómo no, un base por el que hace nueve meses habrían bebido los vientos todas las franquicias en el draft si hubiera decidido dar ese paso que afortunadamente no dio, un Romelo (sí, así se llama) Trimble que a día de hoy ha empeorado sensiblemente su posición en los mocks con relación a la que tenía hace un año, sería un puntazo que se quedara otra temporada más para intentar reconducirla pero no sé por qué me da que eso no va a pasar (no vaya a ser que la empeore más todavía). Con estos mimbres Turgeon tendría que haber construido un cesto impecable y resplandeciente pero le ha salido uno más bien chuchurrío (para mi gusto, claro está, que habrá a quien le parezca precioso). Lo bueno es que tiene mucho margen de mejora, que no sería el primer plantillón que la caga en temporada regular y luego se sale cuando verdaderamente importa. No descarten que el cesto que exhiban en el escaparate del Madness no se parezca en casi nada a este otro que vemos a día de hoy. Más que nada por la cuenta que les tiene.

Tyler ULIS: ¿Quién es a día de hoy el mejor base de la nación (a nivel universitario, entiéndase)? Muchos se decantarán por Dunn, algunos románticos se acordarán (nos acordaremos) de Van Vleet, no serán pocos los que apuntarán hacia Trimble, Ferrell, incluso Morris… Bien, pues permítanme que yo aparque por un momento mi debilidad por el de Wichita y me incline definitivamente por Tyler Ulis.ulis-_ Ulis llegó a Kentucky hace año y pico y ya de entrada resultó evidente que era mucho mejor que Andrew Harrison (¿qué fue de los gemelos Harrison?), pese a lo cual fue asignado al segundo pelotón por una mera cuestión de antigüedad. Pasó un año, llegó su temporada sophomore, pareció que el puesto sería suyo pero negros nubarrones aparecieron por el horizonte, freshmen de postín como Briscoe y Murray que habrían de disputarle el puesto… o no. De alguna manera Calipari hizo suya aquella frase atribuida al mítico Dean Smith, no te empeñes en poner necesariamente un jugador por posición, empéñate en poner cinco buenos jugadores. Dicho y hecho, Coach Cal juntó a los tres en su quinteto titular y el resultado no pudo ser mejor, hasta el punto de que hoy resultaría muy difícil encontrar una pareja exterior mejor que Ulis-Murray en toda la NCAA: una especie de monstruo de dos cabezas rebosante de creatividad, actitud, aptitud y talento. Kentucky tuvo un año irregular, lo propio de un equipo sobrado por fuera y más bien escaso por dentro (y con Poythress a ratos por el medio), con alguna que otra derrota traumática (UCLA, LSU, quizás también Texas A&M por la manera en que se produjo) pero también con un montón de momentos de inusitada brillantez. Sirva todo ello para reivindicar (alguna vez tenía que ser) a un Calipari que este año ha demostrado que no sólo sabe remar con viento a favor, que con viento de costado también es muy capaz de optimizar el rendimiento de su nave. Nadie querrá cruzarse con ella en estos próximos días, por lo que pueda pasar.

Jarrod UTHOFF: Iowa me tapó por fin la boca… y luego me la volvió a abrir. Me explico. He rajado demasiadas veces de unos Hawkeyes que me encanta como juegan pero que son incapaces de acabar lo que empiezan, así se trate de partidos puntuales como de temporadas enteras. Así lo volví a hacer cuando a comienzos de temporada arrojaron por el sumidero (Monté Morris mediante) una cómoda ventaja en cancha de sus vecinos (y eternos rivales) de Iowa State.usa-today-9089781.0 Afortunadamente esta vez les faltó el tiempo para taparme la boca y recordarme que estoy mucho más guapo (o menos feo) calladito: acabaron espectacularmente con la imbatibilidad de Michigan State (éstos alegaron como coartada no tener a Valentine) y no contentos con ello volvieron a ganarles, otra vez de paliza, esta vez a domicilio, esta vez ya con Valentine. Y siguieron ganando acá y allá y acullá, y fueron felices y comieron perdices, y las portentosas actuaciones de este fascinante Uthoff le hicieron candidato a jugador del año no ya de su conferencia sino de toda la NCAA… Demasiado bonito para ser verdad, tal vez. Iowa ha vuelto a abrirme la boca, ha perdido (en el momento de escribir esto) cinco de sus siete últimos partidos, ha empezado a cuestionarse el presunto estrellato de Uthoff, ha cercenado de raíz sus legítimas aspiraciones de alcanzar por fin el título de la Big Ten. Si las temporadas acabasen a mediados de febrero serían candidatos al título, mientras sigan acabándose a primeros de abril seguirán siendo candidatos al fracaso. O no, quién sabe, al fin y al cabo aún están a tiempo de taparme otra vez la boca, y créanme que nada me alegraría más: por el Coach McCaffery, por el propio Uthoff, por tíos como Gessell o Woodbury que no merecen acabar con tan mal sabor de boca su periplo en la Universidad. Ojalá sea así, pero no me pidan que apueste por ello. Ya no.

Denzel VALENTINE: El ojito derecho de Izzo, y el de todos los que acuden a cada partido de East Lansing, y hasta el mío si me permiten que me sitúe a ese mismo nivel. Lleva siéndolo desde su año freshman, cuando era un inmenso montón de talento aún sin pulir,denzel-valentine-msu cuando Izzo lo acogió en su seno y se propuso convertir ese diamante en bruto en una piedra preciosa de incalculable valor (si fue capaz de sacar auténtico brillo de un pedazo de adoquín como Costello, qué no habría de hacer con una potencial joya). Así siguió haciéndolo en su año sophomore (cuando aún lideraba allí Adreian Payne) y en el júnior (cuando lideraba Branden Dawson), estaba más que claro que en este año sénior le habría de tocar a él… Y cómo. Los resultados han superado con creces las expectativas (y miren que estaban altas las expectativas), así a nivel individual como colectivo. En lo colectivo los Spartans empezaron demasiado bien (demasiado bien para el gusto de su coach, para el gusto de un equipo que siempre acostumbró a ir de menos a más), pasaron luego su particular bache (coincidiendo con la lesión de Valentine, casualmente) y ahora ya están por fin en su medio natural, no diga marzo, diga Izzo. Y en lo personal Valentine fue alma, corazón y vida, anotó y asistió y lideró y enamoró hasta el punto de que casi no hubo canasta espartana que no pasara por él. Y todo ello sin que Izzo rebajara ni por un momento su nivel de exigencia, sabiendo exactamente cuándo, cómo y dónde le tenía que apretar para optimizar su rendimiento aún más si cabe. Este Denzel Valentine es un verdadero prodigio, el indiscutible jugador del año si no existiera otro jugador del año llamado Buddy Hield (y aún así algunos nos atreveríamos a cuestionar esa jerarquía). Y sólo es el principio, aún le queda marzo (¿y abril?), aún le habrá de quedar una extraordinaria carrera profesional. Nunca le pierdan de vista.

Fred VAN VLEET: Wichita State empezó fatal la temporada y muchos, con el atrevimiento que sólo da la ignorancia, nos echamos las manos a la cabeza y dijimos que hasta aquí había llegado el reinado de los Shockers sin reparar en el pequeño detalle de que les faltaba Fred Van Vleet, que era como decir que les faltaba medio equipo. La cosa parecía estar gris oscura de cara al Madness, de cara incluso a su propia conferencia pero qué casualidad, fue reaparecer Van Vleet y empezar otra vez a ir para arriba.PAN Exchange Vegas Shocked Basketball La temporada regular distó mucho de ser un camino de rosas, pero aún así los Shockers ganaron sobrados su Conferencia del Valle del Missouri con cuatro victorias de ventaja sobre el siguiente. Todo parecía estar ya preparado para el happy end, para el fueron felices y comieron perdices, pero resultó que en Northern Iowa no eran de la misma opinión. Los chicos de Jacobson podrían haber dejado que Baker & Van Vleet se licenciaran en loor de multitud pero (egoístas como son) prefirieron eliminarles en semifinales del Arch Madness para al día siguiente ganarse ante Evansville (Culopollo Washpun mediante) su plaza para el March Madness por segundo año consecutivo. Así las cosas Wichita State vive al cierre de estas líneas (9 de marzo) en un sinvivir, en la duda de si el comité de selección ponderará más sus lamentables derrotas de non-conference (pero tenían coartada, recuerden) o su casi impecable ejecutoria en la MVC. Permítanme que haga campaña (como si no fuera ya a estar resuelta la burbuja en un sentido u otro cuando estas líneas vean la luz): en su año freshman Baker & Van Vleet fueron Final Four, en su año sophomore llegaron invictos al Madness (y sólo cayeron sobre la bocina ante el futuro finalista Kentucky), en su año júnior fueron sweet sixteen tras aquella inolvidable victoria ante sus todopoderosos vecinos de Kansas, con todo ese pasado sería una tristeza infinita que no pudieran decir adiós al Madness y se vieran abocados a despedirse en el NIT… He dicho (y si cuela, cuela).

Jay WRIGHT: Hay equipos que se me hacen bola, no ya equipos mediocres ni del montón sino buenos equipos, equipos que deberían de gustarme pero que me resultan estropajosos vaya usted a saber por qué. Claro está que todo ello me genera una cierta desazón, si son tan buenos a ver por qué yo no les encuentro el punto, así hasta que un día interactúas con otros enfermos de esto y descubres con alivio que a ellos también  les pasa lo mismo: no ya que también tengan equipos que se les atragantan, sino que se les atragantan casi los mismos que a ti: Pittsburgh (sobre todo), Baylor, San Diego St…. Villanova.031915_nova2_600 No, Villanova no (me) seduce, pero ello no me va a impedir reconocerle los méritos (como se los reconozco también a Pitt, Baylor y San Diego State por su no menos magnífica temporada, aprovechando la coyuntura), aunque me cueste: el Clooney de los Banquillos (o sea Jay Wright) lo ha vuelto a hacer, y no me refiero a interpretar el nuevo anuncio de Nespresso (que eso sería lo normal) sino a armar otro equipo sólido y correoso que lidere con paso firme la Big East: Arcidiacono (sénior ya, y parece que fue ayer cuando llegó), Hart, Ochefu, Brunson… Claro que esta vez fue un paso más allá y hasta se permitió liderar la nación entera por primera vez en su historia, o al menos así lo decidieron las autoridades cuando les mantuvieron durante unas pocas semanas en el Top1. Y nada tiene que ver que a algunos nos pareciera sobredimensionado ese número 1 (nuestro atragantamiento, ya saben), que pensáramos que en cuanto salieran de su burbuja de la Big East la iban a pifiar ni que los Mosqueteros de Xavier (quién si no) les pusieran hace algunas semanas en su sitio. Lo cortés no quita lo valiente (dicen), que estos Wildcats villanovenses no nos emocionen no significa que no merezcan nuestro respeto. Quede constancia pues, aunque el caprichoso orden alfabético los haya dejado para el último lugar…

Esto en ningún caso pretendió ser una relación exhaustiva, pero aún así sé que llevaré sobre mi conciencia no haber podido dedicar siquiera un párrafo a Ryan Anderson, Andrew Andrews, Dwayne Bacon, D.J. Balentine, Cat Barber, Alex Caruso, Quenton DeCosey, Andy Enfield, A.J. English, Kay Felder, Patricio Garino, Daniel Hamilton, A.J. Hammons, Aaron Holiday, Demetrius Jackson, Damian Jones, Roosevelt Jones, Damion Lee, Frank Martin, Egidijus Mockevicius, Tayshawn Prince, Justin Robinson, Wes Washpun, Maurice Watson Jr. y ese otro que ahora mismo no recuerdo pero que seguro que es el que usted está pensando al grito de ¡Joder, ¿pero es que a este tío ni lo va a mencionar siquiera?! No hablo de ellos por una evidente cuestión de tiempo (no doy para más) y por otra aún mucho más evidente cuestión de espacio: bastantes páginas me he comido ya, esta guía es un proyecto colectivo, aquí al lado hay gente que sabe de esto mucho más y lo explica mucho mejor que yo. Les dejo en buenas manos, disfrútenlo.

MI GRAN COPA   Leave a comment

adrenalina1. La Copa volvió a ser La Copa, justo cuando ya casi nadie esperaba que lo fuera. Cuando la Copa de las sorpresas era ya sólo un lejano recuerdo, cuando muchos habíamos repetido hasta la saciedad que cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando ese eslogan de los cuatro días de adrenalina parecía haberse quedado más obsoleto que el teletexto emergió por fin esta Copa 2016 para devolvernos nuestra fe en el baloncesto, en la ACB, en el deporte e incluso en el ser humano como ente capaz de (aún en momentos de máxima exigencia) generar emociones maravillosas. Esta edición quedará ya como una de las mejores de la historia, probablemente como la mejor en lo que llevamos de siglo. No es poca cosa viniendo de donde veníamos.

2. Estaba todo el madridismo desatado celebrando el título, estaban todas las emociones desbordadas en la casa blanca (mención especial para Pablo Laso, también en ese aspecto) y mientras tanto allí arriba en el palco su presidente permanecía circunspecto, hierático, hermético, como si todo aquello no fuese con él. Quizás porque en el fondo no fuese con él, quizás por una mera cuestión protocolaria, quizás porque en su ánimo pesara mucho más el empate de Málaga que el título de A Coruña o quizás porque el no exteriorizar las emociones sea una condición inherente a su estatus de Ser Superior, es tal su grado de plenitud interior que dejarlo traslucir hacia fuera sería poco menos que una vulgaridad. O quizás sea algo mucho más simple que todo eso, quizás sea sólo que cada título del Madrid de baloncesto no sólo no le produce ninguna satisfacción sino que le genera una intensa irritación. Recapitulemos: allá por el verano de 2014 Don Florentino estuvo a punto de hacerle a Laso un ancelotti (un año antes de hacérselo al propio Ancelotti), no lo hizo y desde entonces su eternamente cuestionado (por algunos) técnico no ha hecho otra cosa que pagárselo con títulos, títulos a tutiplén, títulos a todas horas, títulos de todos los colores, títulos uno detrás de otro.RMcampeones Cada uno de esos títulos es como una daga en el corazón del florentinismo, una especie de recordatorio de que existe otra manera de hacer las cosas, esa que consiste en perseverar en un proyecto y no en cambiar necesariamente de proyecto cada dos por tres. Si caminas en la misma dirección tarde o temprano acabarás llegando a algún destino, si cambias de trayecto a cada rato nunca llegarás a ningún sitio, es así de sencillo. De alguna manera cada título de la sección de baloncesto parece existir sólo para recordarle al Presidente todos los títulos que está dejando de ganar en fútbol. Ahí le duele.

3. Hacia finales de agosto de 2008, tras la final olímpica de Pekín, escribí (una de tantas tonterías que suelo escribir de vez en cuando) que aquella selección española en realidad no había ganado la plata sino el oro, si bien se lo habían dado bañado en plata sólo para disimular, sólo para que el campeón oficial no se ofendiera. Me acordé de esas palabras tras la final de este domingo, quizás porque (salvando las distancias, obviamente) lo dicho sobre aquella selección vale también para este Granca. Desconfíe de las apariencias, en realidad el Club Baloncesto Gran Canaria ganó también esta Copa, la ganó tanto como el que más, le nombraron subcampeón y le dieron un trofeo en miniatura por aquello del que dirán pero ese sub acabará desapareciendo, ese trofeo se acabará engrandeciendo con el mero paso del tiempo. Por supuesto que el Madrid es justo y merecido campeón, sólo faltaría. Pero más allá de eso esta Copa quedará ya para siempre como la Copa del Granca, así será al menos hasta que lo mejore en una próxima edición. Que todo se andará.

4. Gran Granca desde el principio hasta el final, hasta la Final (sí, esa misma para la que muchos le trataron como si no fuera a presentarse, como si el resultado estuviera ya escrito de antemano, como si su único destino fuera ser una mera comparsa a merced del Madrid; afortunadamente para ellos su entrenador y sus jugadores no fueron de la misma opinión).herbalife-gran-canaria-real-madrid-102_g Gran Granca incluso hasta el final de la Final, cuando todo parecía sentenciado y hasta el más elemental sentido común aconsejaba rendirse. ¿Rendirse, dije? Si no se rindieron cuando estaban 12 abajo ante Valencia, si aún menos se rindieron cuando estaban 19 abajo ante Bilbao a ver por qué habrían de rendirse aunque estén otra vez 12 abajo ante el Madrid a poco más de un minuto para el final. Aplíqueseles aquello que cantaba Serrat de los piratas, larga vida y gloria eterna, para hincarles de rodillas hay que cortarles las piernas. Gloria eterna.

5. Vivo en un país que sacraliza lo joven y demoniza lo (aparentemente) viejo, de tal manera que en cuanto un profesional cumple los treinta y falla un par de veces ya se le coloca una de las más crueles etiquetas que puedan adjudicarse a deportista alguno, la de acabado, que acostumbra además a arrojarse a la espalda de cualquiera con inusitada crueldad. Estás acabao, no sé ya cuántas veces tuvo que escucharlo en tiempos de Messina (y aún en los primeros de Laso) un Felipe Reyes que cada día que pasa parece más joven. Estás acabao, no imagino cuántas veces habrán tenido que escucharlo dos tipos que han escrito algunas de las páginas más bellas de esta Copa, Don Albert Oliver y Don Alex Mumbrú.oliver Ambos pusieron mucho más de lo que estaba en su mano para ganar, ambos se negaron radicalmente a perder, ambos lloraron su respectiva derrota como si no fueran veteranos curtidos ya en mil batallas sino imberbes quinceañeros no preparados aún para los duros avatares de la vida. Oliver y Mumbrú, Mumbrú y Oliver, bien merecen que nos pongamos metafóricamente (que no físicamente, ya que entonces no podría teclear) EN PIE. Bendito acabamiento.

6. Y a veces ni siquiera hace falta esperar tanto para que te entierren, a veces te colocan la etiqueta de acabado antes incluso de cumplir los treinta. En el verano de 2014 Gustavo Ayón contaba sólo 29 primaveras pero ya entonces tuvo que escuchar toda clase de lindezas sobre el presunto declive (cuando no final) de su carrera, tanto más cuando el Barça regaló sus derechos al Madrid y seguidamente se descojonó de la risa como diciendo vaya paquete que nos hemos quitado de encima, vaya gol que le acabamos de meter al eterno rival. Y los primeros meses de aquella temporada 2014/2015 parecieron abundar en aquella misma teoría sin reparar en que Ayón estaba aún convaleciente en el plano físico, acaso también en el psíquico tras algún grave problema personal. Fue justo hace un año (Copa 2015) cuando Ayón emergió por fin como el gran pívot que siempre fue, el que conocimos en Fuenlabrada y no acabaron de conocer en NBA, sólo que ahora además corregido y aumentado por la experiencia, por la sabiduría que te da la vida tanto más cuanto más adversa sea.ayonmvp Y desde entonces ya no ha parado, habiendo sido parte no ya importante sino imprescindible en todos los múltiples y variopintos títulos ganados por el Madrid durante este último año. Este Ayón 2016 es tan indispensable en este Madrid como puedan ser los Sergios, como pueda ser Felipe. Y lo mejor es que es sólo el principio. Pocas veces un MVP fue más justo.

7. Y si te entierran a los treinta, qué decir ya a los setenta. Setenta inviernos cumplirá ya este año Don Alejandro García-Reneses, sí, setenta, por más que su aspecto eternamente joven y su cabello eternamente desencanecido parezcan indicar lo contrario. 53 años han pasado ya desde que debutó en Estudiantes, 51 desde que protagonizó aquel insospechado cameo en La Familia y Uno Más, 43 desde que empezó su carrera como entrenador, 31 desde que empezó a entrenar al Barça, ocho desde que ganó su última Copa con aquella maravillosa Penya de la erre que erre (Ricky & Rudy). En cualquier otro lugar sería un mito, una leyenda quizás comparable a lo que en USA representan Krzyzewski o Popovich por ejemplo. Aquí en cambio le vemos como uno más, casi un cualquiera, somos así, nos encanta ensalzar a los muertos pero nos cuesta horrores encumbrar a los vivos, tanto más cuanto más vivos. De hecho no es ya que no los ensalcemos sino que procuramos despiezarlos en cuanto se nos presenta la ocasión.aitoGC No seré yo quien caiga en eso, no esta vez al menos. Lo repetiré una vez más, no es ya que Aíto sea parte esencial de nuestro baloncesto (que también), es que Aíto ES el baloncesto. Nada habría sido igual sin él.

8. Decían en las clases de religión de mi lejana infancia que Dios escribe derecho con renglones torcidos (que yo con infantil candor pensaba entonces que vaya chulería más absurda, si tan todopoderoso era a ver qué trabajo le costaba enderezarlos, y luego ya escribir normal… Ya ven que la fe nunca fue mi fuerte, ni siquiera cuando era obligatoria). Josean Querejeta no es Dios ni falta que le hace, pero de alguna manera su Baskonia está también lleno de renglones torcidos, deshechos de tienta que algunos ya no consideraban aprovechables ni siquiera para un equipo de nivel medio, no digamos ya para uno que aspira siempre a la élite aún por muchas limitaciones presupuestarias que se le impongan. Renglones torcidos como un Bourousis que abandonó (o le abandonaron) el Madrid casi fondón, fuera de punto y de ilusión, y que hoy sin embargo está considerado unánimemente como uno de los jugadores más en forma de Europa, y ello en su doble papel de pívot evidente y base encubierto de este equipo. Renglones torcidos como Darius Adams o Mike James (rebautizado el pasado sábado como Froilán James, en un gozoso momento tuitero), o como un Davis Bertans recién emergido de una de esas lesiones que ponen la carrera de cualquiera del revés. Renglones torcidos como tantos otros, incluso como el propio Peras tras su traumático despido valenciano. Y con todos ellos este Baskonia ha conseguido escribir tan derecho como para ganar en el Palacio y el Palau, como para batir al imbatible Cheska y hasta acabar con la imbatibilidad liguera de Valencia. Dicen que el mejor escribano echa un borrón, pero su derrota in-extremis del sábado casi no fue ni borrón siquiera. A este (tan peculiabourousis_hernangomez_baskonia_copa_EFE_foto610x342r como maravilloso) Baskonia 2016 aún le habrán de quedar muchas más páginas por escribir.

9. Es bien sabido que en lo tocante a baloncesto (acaso también a algún otro deporte) las palabras Valencia y paciencia nunca acostumbran a ir en la misma frase, ni aunque rimen. En lo que fueron ganando chiquicientos partidos seguidos todo fueron loas y parabienes, pero ha sido verse fuera de dos competiciones y empezar de inmediato a afilar los cuchillos para no faltar a la tradición. Las rachas iniciales no sirven para nada, dicen, lo que cuenta de verdad es estar en plenitud cuando llega la hora de la verdad, todo lo demás son milongas etc etc. Es curioso, justo lo mismo que dijeron de aquel Madrid de Laso 2013/2014, aquel que tras la más espectacular temporada que vieron los siglos fue a morir en una prórroga ante el Maccabi. No hará falta que les recuerde (más que nada porque ya lo he contado hace siete párrafos) que aquel linchamiento no prosperó y hoy bien que recogen los frutos, y no estoy estableciendo con ello ningún paralelismo ni diciendo que esta racha truncada de 2016 garantice títulos en 2017, líbreme el cielo. Sólo digo que hay muchísimo baloncesto en esa plantilla y ese cuerpo técnico y que ha quedado demostrado con creces que se trata de un proyecto sólido en el que merece la pena perseverar, tanto más si tenemos en cuenta que de no haber sido por la temblequera que le entró al pobre Justin Hamilton quizás hoy estaríamos hablando de otra historia muy diferente. Sé bien que la filosofía del señor Roig es quitar un producto de las estanterías en cuanto no cumple con sus expectativas de venta, pero alguien tendrá que explicarle alguna vez que un equipo de baloncesto nada tiene que ver con una cadena de superhipermercados, ni aún por exitosísimos que éstos sean. Quién sabe, quizás aún esté a tiempo de entenderlo.

10. TVE sigue siendo una televisión pública, aunque se esfuerce concienzudamente en disimularlo. TVE aplica estrictos criterios de televisión privada a la hora de programar (curioso, dado que supuestamente no viven ya de la publicidad), de tal manera que si prevé que algo va a tener audiencia lo acarrea raudo y veloz a La1, si prevé que no la va a tener lo arrincona en cualquier otro canal.tvecr Supongo que están en su derecho, ya otra cosa es que el ejercicio de ese derecho respete las más elementales normas de la ética. Programar en TVE1 un previsible Barça-Valencia y reubicarlo en Teledeporte cuando la realidad te devuelve un Bilbao-Granca no es ya una falta de respeto a los aficionados de ambos equipos, a los aficionados al baloncesto en general y hasta a sus propios trabajadores, es también algo más: es mandar un mensaje sumamente peligroso, vosotros vendéis la Copa de las Sorpresas pero que sepáis que a mí esas sorpresas me joden enormemente, a mí de toda vuestra Copa en realidad sólo me interesan un par de equipos y los demás me chupan un pie, así que no me jodáis y dadme exactamente lo que os estoy pidiendo porque si no es casi mejor que no me deis nada. Tal cual. Al matrimonio ACB-TVE le quedan apenas tres o cuatro meses, lo sentiré por Lalo Alzueta y demás buenos profesionales que aún quedan en esa casa, lo sentiré por quienes sólo vean baloncesto en abierto pero por todo lo demás qué quieren que les diga: que tanta paz lleven como descanso dejan.

y 11. Qué pasará, qué misterio habrá, puede ser mi gran noche. Fuenlabrada introdujo el raphaelismo en sus celebraciones baloncesteras (sumamente frecuentes en estos últimos tiempos) y éste a su vez dio el salto a la ACB para convertirse casi en el himno de esta Copa, para que acabara cantándolo/bailándolo todo dios cada vez que hubo motivos para ello. Quién se lo iba a decir al afamado a la par que veterano vocalista jiennense, que una copla suya de hace medio siglo acabaría (cine mediante) convertida en símbolo por esas canchas de Dios. Qué pasará, qué misterio habrá, qué tendrá la Copa para hechizarnos de ese modo, para devolvernos ese hechizo de hace tantos años cuando ya lo creíamos perdido, para regalarnos una edición de 2016 que difícilmente podremos olvidar mientras el señor Alzheimer nos lo permita. Mi gran Copa. Nuestra gran Copa.

EL HOMBRE INVISIBLE   1 comment

Tienes que tener mucha mala suerte para anotar un día cualquiera 39 puntos, para atrapar 23 rebotes (y 3 robos, y 3 tapones, y 14 de 16 en tiros de campo, y 11 de 16 en libres) y que sin embargo al día siguiente (casi) ni dios hable de ti. Tienes que tener mucha mala suerte para que el partido de tu vida (de entre tantos otros partidos de tu vida) suceda precisamente en la misma noche en que se enfrentan el número 1 y el 2 de la nación para dar como resultado una verdadera obra maestra que habría de acaparar todas las portadas y (casi) todas las conversaciones apenas unas horas más tarde. Tienes que tener mucha mala suerte para que en el momento menos indicado se te aparezca Murphy para recordarte una de sus leyes más inexorables, aquella de que si en un mes hay dos acontecimientos que merecen la pena, ambos sucederán inevitablemente en la misma noche. Y si el tuyo sucede antes que el otro, y si aún por muy grande que sea no es tan grande como el otro, date inevitablemente por jodido. Aunque hayas hecho historia.

Brice Johnson es un ala-pívot de los que ya no se llevan. Puro cuatro aunque su físico parezca casi el de un tres, aunque su radio de influencia parezca casi el de un cinco. Brice Johnson es un cuatro de-los-de-antes, no es cuatro abierto ni parece que ya vaya a serlo nunca, no le verán salir fuera a tirar de tres ni puñetera falta que le hace.brice johnson1 Brice Johnson no anda sobrado de centímetros (le miden 2,06 con cierta generosidad), no es un dechado de fundamentos técnicos, no es un gran defensor, no tiene un atleticismo desbordante (no es que sea manco precisamente en esta faceta, sino que no llama la atención por ella), por no tener no tiene ni siquiera una musculatura especialmente definida. Pero Brice Johnson tiene dos cualidades por las que resulta impagable, a saber, una capacidad innata para el rebote y una extraordinaria muñeca a dos, tres, a lo sumo cuatro metros del aro, esas distancias cortas que parecen fáciles pero que para muchos son las más difíciles y en las que él posee ese soft touch que le hace definitivamente especial. Dos cualidades básicas que son obviamente fruto de una tercera, su inteligencia para situarse y saber sacar siempre partido de esa situación, para estar siempre en el lugar preciso en el momento justo. Comprensión del juego, lo llaman. No es poca cosa en estos tiempos que corren.

Brice Johnson es eficacia en estado puro, lleva siéndolo desde que hace tres años y medio aterrizó en Chapel Hill para enrolarse en los prestigiosos Tar Heels de North Carolina. Pero la eficacia no basta para recibir el brillo de los focos, razón por la cual su perfil ha estado siempre manifiestamente oscurecido en beneficio de otros que desprendían por sí solos mucho más fulgor mediático. Especialmente Marcus Paige, refulgente (¿y acaso ligeramente sobrevalorado?) base-escolta (mucho más escolta que base, aunque a menudo hayan tratado de disimularlo) que llegó a la par que él a Chapel Hill y a quien todos hemos considerado siempre el verdadero jugador-franquicia de este equipo (la expresión jugador-franquicia es manifiestamente incorrecta en baloncesto universitario, pero ustedes cogen la idea) como si en verdad lo fuera, quizás porque en verdad lo sea. Unos llevan la fbrice-johnson-marcus-paige-ncaa-basketballl-east-carolina-north-carolina-850x560ama y otros cardan la lana, y la fama se la tiene bien ganada Marcus Paige a base de actuaciones descollantes y canastones determinantes (alguno que otro sobre la bocina, incluso). Mientras tanto Brice Johnson sin hacer ruido siguió cardando la lana, cada vez menos ruido, cada vez más lana. A este paso llegará un día en que no le quedará ya lana para cardar.

En esta temporada 2015/2016 Brice Johnson ha seguido haciendo lo mismo que hizo siempre, sólo que aún más y mejor que siempre. Sigue reboteando con fruición en ambos lados de la cancha, sigue metiéndolas en las distancias cortas pero es que ahora además ha incorporado a su selecto repertorio el uso de la tabla, genial recurso técnico en peligro de extinción. Y añádase que hace algunas semanas se le lesionó su buen compañero de fatigas interiores Kennedy Meeks, lo cual le situó de buenas a primeras al lado de un Joel James que se parece a Meeks en el enorme espacio que ocupa y en absolutamente nada más. Vale que emergió desde el banquillo la impagable ayuda de Isaiah Hicks (otro que dará que hablar más pronto que tarde) pero ello no evitó que Brice Johnson una vez más haya tenido que multiplicarse, aún más si cabe: 25 puntos y 10 rebotes contra Tulane, 27 y 9 ante UCLA, 22 y 9 ante Appalachian State, 16 y 16 ante UNC Greensboro, 15 y 11 ante Georgia Tech, por citar sólo algunos ejemplos recientes.

Así hasta aterrizar este pasado lunes 4 de enero en Tallahassee para enfrentarse a los durísimos (tanto más en su casa) Seminoles de Florida State. Un equipo desbordante de energía y talento exterior (el magnífico base sophomore Xavier Rathan-Mayes más los reputados freshmen Bacon & Beasley) y con una pléyade de sietepiés como casi no hay otra en todo el baloncesto universitario, que además sean buenos ya es otro cantar. Recurramos al tópico: un toma y daca, un tira y afloja, un partido de poder a poder, un marcador de los que ya no se llevan en este baloncesto (ni casi en ningKennedy-Meeks-and-Brice-Johnson-e1449007071404ún otro) ni aún a pesar de que este año haya subido manifiestamente la anotación: 90-106, de los cuales 39 de un Brice Johnson que dominó (o como leí luego por ahí, sodomizó) a todas las torres que el bueno de Leonard Hamilton fue poniéndole por delante. Añádanle esos 23 rebotes y todos los demás números que les puse por ahí arriba y así entenderán que no resulte fácil recordar nada semejante, tanto menos en un baloncesto en el que no se juegan 48 minutos sino 40, en el que las posesiones no son de 24 segundos sino de 30. Marcarse un 30-20 no es precisamente frecuente en NBA así que no digamos ya en NCAA, de hecho la propia ESPN sacó rauda y veloz un rótulo anunciando que era el primer 30-20 en toda la historia (y será por historia) de North Carolina… si bien se columpió, ya que al parecer sí que hay un par de antecedentes protagonizados por Billy Cunningham en 1964. Repito, 1964, es decir, hace ya la friolera de 52 años. Y no me pidan que les enumere la inagotable constelación de megaestrellas que han vestido el azul celeste de North Carolina durante esos 52 años, háganme el favor.

Y sin embargo un instante más tarde la Universidad de Kansas (número 1 de la nación según unos, número 2 según otros) y la de Oklahoma (número 2 de la nación según unos, número 1 según otros) se citaron para disputar lo que debería haber sido un gran partido de baloncesto y acabó siendo un cuadro de Velázquez, una sinfonía de Beethoven, una catedral de Burgos, que cada uno escoja la obra de arte que mejor se adapte a sus características. Una locura inolvidable, un encuentro crepuscular que bien merecería por sí solo un artículo aún más largo que éste si fuera capaz de encontrar el tiempo y las fuerzas para escribirlo. Un acontecimiento de tal calibre que casi hizo desaparecer cualquier otro acontecimiento (a nivel de baloncesto universitario, entiéndase) que hubiera podido suceder esa misma noche a su alrededor. A estas horas ya se habrán dado cubrice johnson 2enta en North Carolina, me temo. No digamos ya en casa de Brice Johnson.

Es su sino, qué duda cabe. No es ya que apenas entre en las quinielas para jugador del año (quinielas que acaparan con todo merecimiento Kris Dunn, Denzen Valentine, Ben Simmons o Buddy Hield, todos y cada uno de los cuales bien merecerían por sí solos otro artículo si fuera capaz de encontrar el tiempo y las fuerzas para escribirlo), es que aún siendo uno de los más grandes jugadores que tiene ahora mismo el baloncesto colegial y jugando en una de las más grandes (y prestigiosas, y favoritas) universidades del país, casi no le reconoce ni el Google. Prueben a teclear su nombre en el buscador y verán como éste les responde quizás quisiste decir Bryce Johnson, como diciéndote estás tonto, lo has escrito con i latina en vez de griega, tú a quien en verdad quieres buscar no es a ese jugador de baloncesto que no le importa a nadie sino a este (al parecer) famosísimo actor guaperas que debe ser toda una celebridad en USA y en otros sitios pero a quien yo por desgracia no tengo el gusto de conocer. Definitivamente, Brice (sí, con i latina) Johnson es el hombre invisible.

Y seguirá siéndolo a lo largo de toda su carrera, basta con mirar las proyecciones pre-draft para comprobarlo. Algún mock se tiró el folio tras el partido del lunes y le ascendió hasta el puesto 10 pero no se lo crean demasiado, a día de hoy es mucho más corriente (y probablemente mucho más cercano a la realidad, por desgracia) encontrar su nombre confinado en las postrimerías de la segunda ronda, más en los 50 que en los 40. Tanto dará. Será profesional, jugará en la mejor liga del mundo, se ganará honestamente un buen sueldo, será muy probablemente otro John Henson de la vida (su antecesor en el puesto en North Carolina, por cierto). Eso que en otro tiempo (y otro lugar) solía llamarse jugador de club: la abeja-obrera que siempre ha de existir para que haya abeja-reina, el que acarreará las nueces cuando otros acaparen el ruido, el que seguirá cardando lana aunque otros lleven la fama, siempre desde la más absoluta invisibilidad. Bendita invisibilidad.

ATAR PERROS CON LONGANIZA   1 comment

Cuando yo era niño (la prehistoria, como si dijéramos) y caía en mis tiernas manos algún periódico deportivo, siempre me llamaban sobremanera la atención las noticias referentes al mundo del boxeo. No ya porque fuese un presunto deporte consistente en darse de hostias y en el que por lo general ganaba quien más y mejores hostias daba (que mi raciocinio no alcanzaba entonces -ni ahora- para tales consideraciones) sino por el hecho sorprendente de que en cada categoría no había un solo campeón del mundo, sino dos. Existían dos organizaciones paralelas, algo así como la Asociación Mundial de Boxeo y el Consejo Mundial de Boxeo (mi memoria ya no da para tanto, si me equivoco en los nombres no me lo tengan en cuenta), de tal manera que así en el peso pluma como en el welter (fuera eso lo que fuera) o el semipesado (por ejemplo) había un campeón del mundo en versión Consejo y otro campeón del mundo en versión Asociación. Y recuerdo bien que aquello me resultaba terriblemente desasosegante, al fin y al cabo yo sólo era un niño de la infancia acostumbrado a cosas simples y esquemas sencillos, en cada actividad deportiva tenía que saberse quién era el mejor del mundo, que hubiera dos mejores del mundo no tenía ningún sentido, que hicieran el favor de darse de hostias cuanto antes ambos dos para discernir quién era el mejor de los mejores, para acabar así con ese sindiós (a veces lo hacían, a veces se montaba una pelea para unificar ambas coronas… que a menudo acababa en combate nulo, de tal manera que a la larga todo seguía igual). Y no sé ya si aquella historia se arregló, si siguió igual o si incluso fue a peor (me suena que la última vez que supe algo al respecto ya no había dos organismos sino tres, confirmando así aquella teoría de que cualquier situación, aún por muy mal que esté, sólo es susceptible de empeorar; si bien, dado mi absoluto desconocimiento en la materia, tampoco me lo tengan muy en cuenta), sólo sé que al menos me tranquilizaba que esta fuera una situación restringida exclusivamente al proceloso mundo del boxeo, en el resto de disciplinas deportivas sólo había un palmarés, sabías siempre quién era el mejor sin ningún género de dudas. O tal vez no…

Qué ingenuo era yo de niño (casi tanto como de adulto, incluso). No es ya que en algún otro deporte (tan alejado precisamente al del boxeo) como el ajedrez replicaran también en algún momento esta misma bicefalia, es que por desgracia tampoco nos hace falta ir tan lejos ni salir siquiera del nuestro, bien sabido es que los del baloncesto somos especialistas en montarnos guerras civiles, hacernos froilanes (lo que viene siendo pegarnos tiros en los pies) y autodestruirnos sin piedad en cuanto se nos presenta la más mínima ocasión.euroliga-nuevo-formato No hará falta que les recuerde que a comienzos de siglo un grupo de equipos, casualmente los más señalados del panorama baloncestero continental, decidieron independizarse del califato de la FIBA y montarse una euroliga propia con la que al parecer iban a poderse atar los perros con longaniza, no hará falta que les recuerde que en aquel 2001 tuvimos dos campeones de Europa, la Virtus en versión ULEB y el Maccabi en versión FIBA. La broma no prosperó, el resto de equipos grandes se mudaron también a la nueva Euroliga, la FIBA se rindió (o hizo como que se rendía) y se conformó con sus torneos de selecciones, con alguna competición de clubes muy menor y con mantener durante algunos años un boicot a los árbitros euroligueros para hacer un poco el paripé. Y aquí paz y después gloria, recuerdos de un pasado que ya nunca más ha de volver… Qué más quisiéramos nosotros que no hubiera de volver.

El imperio contraataca, como si dijéramos. No estaba muerta (la FIBA), estaba de parranda. Se ha pasado todos estos años mirándose en el espejo del fútbol como si ese fuera un espejo en el que poder mirarse, se ha pasado todos estos años con el reconcome de no haber sabido sofocar en su día la rebelión de sus clubes como sí supo una UEFA que padeció (más o menos) esa misma rebelión pero fue capaz de bajarse del burro, hacer suyas sus reivindicaciones, montarles una Champions a su imagen y semejanza y gracias a ello hoy forrarse como se forran todos los que están a su alrededor. UEFA y FIFA sí que atan a sus perros con longaniza, de otra cosa no pero de longanizas y chorizos en general van bien sobrados, no hay más que ver las últimas informaciones al respecto. Y la FIBA se lo mira y se pregunta por qué ellos sí y nosotros no, si a los del fútbol les funciona a ver por qué a nosotros no habría de poder funcionarnos también, como si ambos deportes fueran lo mismo, como si no fuera manifiestamente evidente que al lado del presunto deporte rey los del baloncesto no tenemos ni media hostia, ni nosotros ni ningún otro juego que no se practique con los pies. La única duda es cuántas hostias habremos de llevarnos todavía para acabar por fin de entenderlo; por lo que parece aún no hemos recibido suficientes.

Y a todo esto la Euroliga, barruntándose algo, quizás viéndoles venir (que a la FIBA se la veía ya venir de lejos desde hacía rato) emprendió hace algunas semanas una huida hacia adelante, vale que con los quince años que llevamos de Euroliga todavía no hayamos conseguido longaniza con que atar los perros pero que sepan que esto era sólo el principio, un ensayo como si dijéramos, la verdadera Euroliga empezará el año que viene, rechace imitaciones.meeting-barcelona-2015 Y si hasta ahora éramos veinticuatro a partir de ahora seremos dieciséis, no nos atrevemos a cerrar del todo la liga al estilo USA pero tampoco nos atrevemos a abrirla del todo en la mejor tradición europea así que casi mejor la entornamos, una Euroliga cerrada pero que parezca abierta o una Euroliga abierta pero que parezca cerrada, once equipos fijos así llueva o truene, el resto de Europa que se mate por las cinco plazas restantes. Qué buena idea sí señor, resolver un problema generando otro mayor, nada como reducir equipos y entornar aún más la puerta para joder las ilusiones de quienes ya se sentían miembros de pleno derecho del club, no digamos ya las de quienes aún soñaban con ingresar en él. Si pensaban disuadir así a la FIBA han conseguido precisamente el efecto contrario, darle alas para que las despliegue al grito de venid a mí, represaliados de la ULEB, volved al seno de la FIBA todos aquellos que nunca debisteis salir, retornad a la casa común del baloncesto y yo os daré una verdadera Euroliga que nada tendrá que envidiar a la Euroliga propiamente dicha sino más bien al contrario, aquí sí que ataremos a los perros con longaniza más que nada porque en lo tocante a longaniza mejor ponerse en manos de los auténticos expertos, dónde vais a estar mejor. Bien pueden estar orgullosos Bertomeu y demás rectores de la ULEB (en el supuesto de que siga llamándose ULEB, que francamente lo desconozco), ni haciéndolo aposta lo hubiesen hecho tan mal.

Así que ya lo saben, si nadie lo remedia (que nadie no lo remediará, démonos con un canto en los dientes no vaya ser que lo empeoren más todavía) el año que viene tendremos una sempiterna euroliga en versión ULEB y otra sempiterna euroliga (que parece que se llamará Basketball Champions League, nombre esclarecedor donde los haya) en versión FIBA. La de la ULEB tendrá 16 equipos mientras que la de la FIBA tendrá 16 equipos, la de la ULEB tendrá una primera fase de 30 jornadas jugando todos contra todos a doble vuelta mientras que la de la FIBA (parece que) tendrá una primera fase de 30 jornadas jugando todos contra todos a doble vuelta (no me digan que no aprecian la diferencia). Luego ya sí, la Euroliga de toda la vida mantendrá sus habituales playoffs de cuartos de final al mejor de 5 mientras que la nueva pseudochampions FIBA (parece que) tendrá playoffs de cuartos de final al mejor de 3, para abundar aún más si cabe en esa puñetera manía europea de rematar regular seasons interminables con fases decisivas insignificantes, casi invisibles. Todo ello para finalmente desembocar ambas dos en sus respectivas Final Four, se ve que a una y a otra lo de hacer playoffs también en semifinales y final les sigue dando pánico, recuérdese una vez más su peregrina teoría de que las series de playoff se siguen sólo en los países con equipos implicados, como si las finales a cuatro se siguieran en más países que en los que tienen equipos implicados. En el fondo el (re)invento de la Euroliga y el de la FIBA no dejan de ser el mismo perro con distinto collar; que éste sea de longaniza o de cualquier correa comprada en el bazar chino de la esquina será ya otra historia, me temo.

Ahora bien, más allá de las apariencias sí que habrá sutiles diferencias, seamos justos: la primera en la forma de acceso, la Euroliga en plan club privado con acceso restringido, la EuroFIBA en plan oposición libre a cuyas plazas podrá acceder todo aquel que se lo gane en función de su mérito y capacidad.BCL Y la segunda diferencia estaría en ese invento del demonio, las ventanitas, que la Euroliga y el sentido común rechazan de plano pero que la EuroFIBA acogería con los brazos abiertos, cómo no las va a acoger con los brazos abiertos si es precisamente la propia FIBA quien las ha parido: ya saben, parar las competiciones nacionales e internacionales de clubes tres veces al año para disputar partidos de selecciones clasificatorios para el Eurobasket o Mundobasket de turno, cortar el rollo cuando más metidos estemos en él para vivir unos espectaculares Eslovaquia-Liechtenstein, Albania-Luxemburgo o Moldavia-San Marino, todo ello a mayor caja de una FIBA convencida de que basta con repetir los arcaicos esquemas del fútbol para replicar los éxitos del fútbol, que alguien les despierte, háganme el favor. Y cómo no, aún resta la traca final, aún no lo hemos notificado oficialmente pero ya lo hemos dejado caer por ahí para que les entre el miedo en el cuerpo, aquellos que no traguen con el método FIBA y pretendan continuar con su Euroliga ya saben que pueden ser expulsados de sus competiciones nacionales, una mera indicación nuestra y a la vuelta encontrarán (por ejemplo) una ACB sin Madrid, Barça ni Baskonia, quizás sin alguno más si represaliamos también a los de la Eurocup, cáguense por las patas abajo, pa chulos nosotros. No me digan que no es alucinante, se tira quince años la FIBA sin decir oste ni moste, mirando pasar la Euroliga como las vacas al tren, y ahora de repente irrumpe cual elefante en cacharrería, o estás conmigo o estás contra mí, ya no es que el que se mueva no sale en la foto, es más bien que el que NO se mueva no podrá salir ya en ninguna otra foto, con dos… razones. Si esto no es un golpe de estado baloncestístico en toda regla que baje dios y lo vea. Ni la más eficiente organización mafiosa lo hubiese hecho mejor.

Entre todos la mataron y ella sola se murió, miren que habré empleado ya veces esta socorrida frase (incluso sirviéndome de título en alguna ocasión) pero me temo que aquí viene al pelo, una vez más. Unos y otros prometen atar perros con longaniza pero resulta evidente que no hay longaniza para tanto perro, algún ingenuo creerá que duplicando competiciones se duplicará también el seguimiento pero déjenme que les explique (por si no fuera ya manifiestamente evidente) que sucederá justo al revés, el seguimiento (ya de por sí escaso a día de hoy, sobre todo si lo comparamos con lo que fue) se reducirá a lo infinitesimal. Eso sí, nunca faltará algún niño de la infancia que se asome al baloncesto siquiera sea por equivocación, que descubra que aquí no hay un campeón de Europa sino dos como mínimo y que de inmediato huya despavorido, siguiendo así los pasos de tantos otros adultos que ya huyeron despavoridos de un deporte cuya principal seña de identidad parece ser estar pegándonos unos con otros toda la puta vida, sin ser capaces jamás de estar de acuerdo en nada, sin encontrar jamás una causa común. Desengañémonos, no tenemos remedio.

Publicado diciembre 14, 2015 por zaid en Euroliga

Etiquetado con , , , , , ,

ME SOBRAN LOS MOTIVOS   5 comments

Aquí donde me ven, este año he decidido rebelarme. Rebelarme contra mí mismo, no teman, rebelarme contra mi propia depresión pre-parto. Año tras año, en los días previos al comienzo de la ACB, se nos instala una sensación como de más de lo mismo: mismo aire mustio, mismas negras perspectivas, misma esclerotización administrativa, misma mortecina audiencia, mismo panorama televisivo, misma sensación de pérdida de talento, mismo coto cerrado para quienes se ganan su ascenso, mismo coto cerrado para quienes acaban en puestos de Euroliga, misma temporada regular interminable, mismos playoffs insignificantes que se nos irán en un suspiro, misma liga de la marmota condenada a una sempiterna bipolaridad… Bueno, pues contra todo eso, y quizás porque hoy contra mi costumbre me he levantado ligeramente optimista (no se confíen, no vaya a ser que se me pase) he decidido rebelarme. Porque aún siendo todo lo anterior más o menos cierto, no es menos cierto que también me sobran los motivos para la ilusión a poco que me pare a buscarlos. Me he puesto a ello, he encontrado unos cuantos (bastantes más de los que imaginaba) y aquí se los traigo, por si les apeteciera acompañarme en esta búsqueda de la ilusión perdida:

1) Porque el (presunto) desembarco de Movistar + de alguna manera me devuelve la ingenua ilusión de recuperar por fin una cobertura televisiva digna de la Liga. No les voy a engañar, llevo casi un cuarto de siglo siendo plusero (aunque no fueron pocas las veces que estuve a punto de dejar de serlo) así que juego con ventaja, tengo ya buena parte del trabajo hecho. Pero aunque no fuera así, creo firmemente que esta ACB necesita con urgencia un reconstituyente, algo que la revitalice.logotipo_movistar_plus_-_liga_endesa_2 En muchos aspectos, pero el aspecto televisivo no es precisamente menor. Que un operador decida apostar firmemente por esta Liga, que decida incluso pagar por darla (es decir, no ofrecerla por puro amor al arte o por la mera visibilidad de sus patrocinadores, como venía sucediendo hasta ahora), ha de ser necesariamente una buena noticia. Aunque a algunos no les guste.

2) Porque sé que volveremos a escuchar (sobre todo dentro de un año, cuando desaparezca el partido de TVE) los mismos cantos de sirena que ya escuchamos en el cuatrienio 1999-2003 acerca de cómo la televisión de pago acabará matando el baloncesto, pero yo no concibo esa razón: porque han pasado ya más de tres lustros desde entonces, porque el nivel de penetración de aquel Canal + no es ni siquiera comparable al que hoy tiene Movistar +, porque algo hemos evolucionado también como espectadores: hoy tenemos múltiples soportes, dispositivos, vías y medios a nuestra disposición, hoy quien quiere ver algo lo ve. Y porque (al contrario que en 1999) en este caso no tenemos ya nada que perder, peor de lo que estamos es difícil que podamos estar. Todo lo que venga vendrá ya por añadidura.

3) Porque el fichaje de Piti Hurtado es lo más ilusionante que le ha pasado a la cobertura televisiva de la ACB desde los tiempos de maricastaña (fuera quien fuera esa señora). Y no llega solo, dicen. Sólo por eso ya habrá merecido la pena.

4) Porque he llegado ya a una fase de mi vida en la que las audiencias me importan un bledo (que no sé lo que es, pero tampoco me importa). Porque me importa otro bledo que seamos mil o un millón, allá cada uno con sus cadaunadas, a quien no le apetezca que haga lo que le parezca. Y porque tampoco me las creo, que lo sepan, porque ese frío dato de audiencia no refleja a quienes lo ven por ordenador (que son legión), aún menos refleja a quienes a veces no podemos verlo en directo y solemos entregarnos al noble arte del difericesto. Y sobre todo, porque ya está bien de autodestruirnos todas las jornadas, todas las semanas de toda nuestra santa vida con este monotema.

5) Porque la liga de la marmota seguirá existiendo (por los siglos de los siglos, salvo indeseado desgajamiento territorial) pero al menos este año parece atisbarse un ligero resquicio de que las cosas podrían llegar a ser de otra manera. Que Unicaja osara ganarle al Madrid la semifinal supercopera (aún con todos los condicionantes blancos) ya fue un buen síntoma (síntoma que luego se nos fue al carajo en la Final, pero síntoma al fin y al cabo), que vaya a llegar algo más de dinero televisivo (menos sería difícil) con el que aliviar un poco la enorme brecha entre clases sociales debería ser otro buen síntoma. Cierto es que con esta Supercopa son ya dieciséis los títulos domésticos consecutivos ganados por Madrid o Barça (todos y cada uno desde hace cinco años y medio, desde aquella liga baskonista de 2009/2010), pero no es menos cierto que cada día que pasa queda un día menos para que conozcamos un campeón de algo que no sea Barça ni Madrid. O dicho de otra manera, que llegados a este punto ya no sé si me he levantado ligeramente optimista o ligeramente gilipollas.

arroyo lawal6) Porque el Barça optó por reinventarse (a la fuerza ahorcan) y ahora toca ver cómo funciona semana tras semana esa reinvención más allá de la euforia supercopera de hace unos días: si Lawal intimida tanto como parece, si Vezenkov es tan bueno como parece, si Samardo aparece por fin, si Perperoglou mezcla bien con todos, si Ribas sigue saliéndose allá donde vaya, si Arroyo acata su papel secundario con las riendas puestas o se las quita para la ocasión, si Navarro aún vive (contra todos esos que hace ya unos cuantos meses decidieron darle por muerto…)

7) Porque el Madrid tiene ante sí el tremendo reto de intentar igualar lo que logró el pasado año (Supercopa aparte), porque será interesante ver cómo administra sus fuerzas por el camino, si vuelve a perder en otoño para ganar en invierno y primavera, si con las derrotas vuelven a emerger a las primeras de cambio sus decapitadores profesionales pretendiendo hacerle a Laso un ancelotti para cumplir con la tradición (aunque esta vez tendrían que inventarse un nuevo objeto de deseo, que sus tradicionales Obradovic, Djordjevic y Katsikaris están pillados…).

8) Porque ver jugar al Chacho siempre fue, es y seguirá siendo un placer. Porque sigue en la ACB como sigue también Llull, justo después de dar por hecho que se irían. Porque no hay noticia mejor para una liga que la continuidad de sus estrellas, que luego esa misma liga no sepa venderlas ya es otra cuestión.

9) Porque Joan Plaza tiene por fin entre manos el equipo que siempre soñó (o casi), porque este Unicaja tiene por fin argumentos más que sobrados para ser la tercera vía (junto con Valencia, obviamente). Luego ya que esa tercera vía aspire a derrotar al bipartidismo o que se nos quede en mero efecto bisagra sólo lo sabremos con el tiempo.

10) Porque el mero hecho de contar con un jugador como Kuzminskas ya te devuelve el precio de la entrada (o el del abono televisivo, en su caso). Porque casi me atrevería a decir que está a un solo paso (el de sus intermitencias, el de esa continuidad que siempre le falta) de ser tan candidato como el que más (si no el que más) a MVP de la ACB.diez unicaja Y porque por detrás de él emerge además un chaval llamado Dani Díez que se encuentra de repente ante la gran oportunidad de su carrera. Y algo me dice (ya algunas muestras ha dado de ello) que no la va a desaprovechar.

11) Porque será interesante ver si las llegadas de Planinic, Blazic, Bourousis o Corbacho dan para que el Baskonia de Peras forme también parte de esa tercera vía. Me encantaría que así fuera (cuantos más mejor) pero por ahora permítanme que sea muy escéptico al respecto. Si las cosas no van bien ya se encargará Querejeta de reinventarlas cuanto sea menester, pero a día de hoy me deja muy frío este proyecto baskonista 2015/2016, qué le vamos a hacer.

12) Porque he leído más de una vez en estos días que Darius Adams lo tiene todo para ser el nuevo Elmer Bennett, y no sé si se trata de un brindis al sol, de la mera expresión de un deseo o de una afirmación fundada, basada tal vez en sus (presuntas) actuaciones de pretemporada (que no he tenido el placer de contemplar). Dado que mis recuerdos de Adams me retrotraen a la temporada pasada, permítanme que por ahora me reserve el beneficio de la duda.

13) Porque Pedro Martínez llega por fin a ese (casi) grande que llevaba años mereciendo, al menos desde que le dieron aquella oportunidad en Baskonia para quitársela luego apenas cuatro días después de empezar. Llega ahora a la plaza más exigente que imaginarse pueda, un lugar donde la paciencia (la paciencia con sus entrenadores, en particular) no acostumbra a ser precisamente moneda común. Todo lo cual hace este reto todavía más hermoso, todavía mucho más especial. Ojalá que te vaya bonito, Pedro.

14) Porque a Valencia llega también Shurna (que me encanta desde sus tiempos en Northwestern, ya se lo dije), llega también SanEme (que me encanta de toda la vida de dios), llegan Hamilton y Sikma que son una garantía. Súmenlo a lo que ya había y descubrirán que con paciencia (bien escaso, insisto) y sin precipitaciones ni ataques de nervios deberían aspirar a casi todo. Lástima ese casi.

pangos granca15) Porque me apetece empezar a ver ya a mis viejos conocidos NCAA, ver de qué son capaces todas esas imágenes refrescantes de que les hablé hace unas pocas semanas: Pangos en Granca (algo ya mostró en la Supercopa), Haws en Obra, Henton en Sevilla, Jeff Taylor (si juega finalmente algún día) en el Madrid, Abromaitis en Tenerife, incluso David Wear en Fuenla aunque no sea santo de mi devoción. Lista que por otra parte se me quedó incompleta, ahora ya tendría que añadir al otro gemelo Wear (Travis, dicen que de camino hacia Gipuzkoa; más consistente que David, pero tampoco se me emocionen en exceso), al ex Fighting Illini Brandon Paul en la Penya… Muchos argumentarán que tanta presencia del club Al Salir de Clase sólo refleja el manifiesto empobrecimiento de la competición; pues vale, será así, no seré yo quien lo niegue. Pero a mí me encanta, qué quieren que les diga.

16) Porque este hacer de la necesidad virtud se refleja también a nivel doméstico, porque podría/debería ser la hora de Santi Yusta, Miguel Rico, Luka Doncic (aunque en este caso no hay necesidad que valga), Alex Suárez, Tomeu Rigo, Ili Diop, tantos otros (excluyo deliberadamente a Estu y Penya, que tendrán luego párrafo aparte). Economía de guerra si así lo quieren. La imaginación al poder.

17) Porque Granca se nos ha hecho grande. Porque la suma de Newley, Báez, Oliver, Pangos, Salin, Omic, Aguilar, Kuric o Rabaseda (cada uno a su manera) da como resultado una magnífica plantilla, Porque con Aíto el todo siempre suma más que la suma de las partes.

18) Porque Taph Savané aún continúa entre nosotros (baloncestísticamente hablando, me refiero). Porque su DNI podrá decir misa en arameo, pero su desempeño nos demuestra bien a las claras que está más joven cada año que pasa. Porque yo de (aún más) mayor quiero ser como él.

19) Porque Alejandro Martínez lleva media vida al frente del CB Canarias (por otro nombre Iberostar Tenerife) y aún le quedará otra media (recién renovado hasta 2017), porque pocos proyectos (si alguno hubiera) personifican mejor la continuidad, en los despachos, en los banquillos y en los parquets. Porque siguen Richotti o Sekulic (su permanencia es siempre el mejor fichaje), porque llegan O’Leary o Beirán. Porque todas sus piezas encajan, porque saben crear el caldo de cultivo para que todas sus piezas encajen. Porque son un ejemplo que muchos deberían imitar.

bellas cai20) Porque me duele no ver ya a Bellas en el Granca, pero al mismo tiempo me apetece ver a Bellas en otro lugar que no sea el Granca, tanto más en un lugar tan propicio como el CAI. Nuevos compañeros, nuevos técnicos, nuevas gentes, nuevo clima, nueva vida, por primera vez lejos de su (muy bien ganada) zona de confort.

21) Porque (me gustaría pensar que) cada vez que conecten con Zaragoza conectarán con el Pabellón José Luis Abós, cada vez que alguien empiece a narrar dirá bienvenidos al Pabellón José Luis Abós, cada vez que las cámaras enfoquen la cancha leeremos en la parte superior Pabellón José Luis Abós. Le pese a quien le pese. (Me gustaría pensarlo, pero lo pongo entre paréntesis porque justo después de escribirlo descubro que no será así por ahora, que los tribunales han suspendido cautelarmente el cambio de nombre; mandagüevos, añado, desde el exquisito respeto a las resoluciones judiciales que no comparto en absoluto).

22) Porque soy campazzista, lo soy desde antes de los Juegos de 2012, desde antes de que en el Madrid supieran siquiera que existía. Porque por serlo me he llevado hostias tuiteras a tutiplén (legítimas discrepancias, en cualquier caso) de todos aquellos que echaron pestes tras la marcha de Draper, todos esos iluminados que decían que no era digno de vestir la camiseta del Madrid (que leyéndoles a veces piensas que ni Magic Johnson en sus buenos años habría sido digno de vestir la camiseta del Madrid, a poco que hubiera fallado un pase). Soy campazzista y me preparo para cobrarme mi revancha, porque sé que este año en Murcia, con minutos, confianza y Fotis (y a poco que le acompañe la salud), sencillamente se va a salir. Recuérdenmelo en primavera.

23) Porque además de Campazzo Murcia será este año un verdadero latin team: Augusto Lima (si finalmente se queda y no es abducido por la casa blanca, lo cual aún no está claro a la hora del cierre de estas líneas), Vitor Benite, Sadiel Rojas… Porque con Fotis al mando, Cabezas dejando poso, Wood en los triples, Lischuk en los bloqueos y Antelo anteleando sólo pueden salir cosas buenas de ese equipo.

24) Porque también soy brizuelista (no saben cuánto), porque creo sinceramente que Darío Brizuela es lo mejor que le ha pasado al Estu desde hace muchísimo tiempo, lo mejor que ha salido de esa cantera desde el Chacho si me apuran (y aunque sé que Jaime Fernández tendría razones más que fundadas para decir algo al respecto).brizuela vicedo Tendrá minutos, apunta a titular, ya veremos si de aquí a unos meses no estaremos hablando del jugador revelación de la ACB (y miren que este año hay competencia). Papeletas lleva, tantas como el que más.

25) Porque además de Brizuela habrá bola también para Vicedo, Juancho Hernangómez, Fran Guerra y puede que alguno más, porque con Ocampo al mando sabemos por fin que todas estas criaturas vuelven a estar en buenas manos. ¿Lo demás? Dos veteranos del Vietnam como Nacho y Salgado, dos americanos (de USA) con buena pinta, Bircevic haciendo bulto y la maravillosa guinda final de Stimac, el hombre boquiabierto (es como aquél del pueblo de Gila que le decían ¡oye, que tienes la boca abierta! y contestaba ¡ya lo sé, si la he abierto yo!); no destacará por su estética (en ningún sentido) pero lo compensará con creces con todo lo demás. Y todo lo cual sin más objetivos (al menos por mi parte) que no pasar apuros, crecer, disfrutar, volver a ser felices practicando y viendo baloncesto. Ser de nuevo el Estu, con todo lo que eso comporta.

26) Porque seguiremos abalanzándonos a contemplar cada partido de la Penya (en la medida en que la cobertura televisiva nos lo permita) como si fuera un objeto de culto, quizá porque efectivamente sea un objeto de culto. Porque llegan Drame (mítico apellido en aquella casa, por cierto) o Brandon Paul, porque sigue Mallet que parece el padre de todos, porque sigue Suton, porque aún continúan Vidal o Miralles. Pero también porque Ventura y Llovet ya son imagen de marca, porque Abalde lo será más pronto que tarde (si no lo es ya), porque a la vuelta de la esquina aguardan Sans, Nikolic o Nogués. Pero sobre todo, porque muy pocas cosas resultan más gratificantes (en lo que a ACB respecta) que ver jugar a la Penya.

27) Porque Sevilla sigue viva (un año al menos), porque Bilbao finalmente se ganó la estabilidad. Porque son plazas indispensables, porque una ACB sin Bilbao o sin Sevilla carecería por completo de sentido.

28) Porque cada minuto de Raül López seguirá valiendo su peso en oro, porque se nos irá más pronto que tarde, porque deberíamos de enmarcar todos esos ratos que aún le queden en ACB.

29) Porque Pustovyi, Bendzius y Caloiaro (más la continuidad de Waczynski) seguirán poniendo a prueba la pronunciación de los comunicadores compostelanos en particular, y los de toda la ACB en general. Porque (más allá de chorradas) la enésima reinvención obradoirista volverá a salir adelante como todas las anteriores (Moncho mediante), porque volverá a emocionarnos como todas las anteriores (Miudiño mediante).

shermadini_morabanc_rtva_andorradifusio_ad30) Porque es un lujo y un auténtico placer tener por aquí de nuevo a Míster Bean Shermadini. Aunque habré de reconocer que si hace meses me hubieran preguntado dónde iría jamás habría imaginado que fuera a Andorra, tanto menos con las evidentes carencias interiores en muchas otras plazas ACB de mayor raigambre y tronío. Los designios del mercado (y de la fiscalidad) son inescrutables, sin duda.

31) Porque una cosa es reinventarse y otra (ya un paso más allá) lo que tendrá que hacer el Fuenla: técnico nuevo (Tabak), asistentes nuevos (Cuspinera, Raventós), nueve (sí, 9) jugadores nuevos si no he echado mal la cuenta, incluido el recién llegado (y no por ello menos insospechado) Marko Popovic. Me fascina, me seduce y me intriga (sobre todo me intriga) lo que pueda salir de ese collage, puede ser una maravilla o un caos, esperemos que opten por la primera opción.

32) Porque este año descenderá al menos un equipo a la LEB, de verdad, se lo prometo. No, no es que adivine el futuro (que yo sepa) sino que el postergado ascenso ourensano hará que el último clasificado de la ACB baje esta vez sí o sí (salvo nuevo cambio de opinión o de circunstancias en los próximos meses, que a la vista de los antecedentes tampoco me extrañaría). Y no es que yo le desee mal a nadie, líbreme el cielo, es sólo que recuperar esa dinámica medianamente normal de ascensos y descensos resulta esencial para la supervivencia de esta competición (y no digamos ya de la LEB). Así que algo es algo, menos da una piedra. Aunque sea en diferido.

33) Porque a día de hoy todos parten de cero (por definición), hasta la propia Liga parte de cero, si no nos ilusionamos ahora ya me dirán ustedes cuándo nos vamos a ilusionar. Tiempo habrá para que la cruda realidad venga a ponernos en nuestro sitio.

34) Porque me salen ya a estas alturas 35 motivos pero podrían salirme 350 si me lo propusiera, porque creo que llegados a este punto se han ganado ustedes sobradamente el derecho a que les deje descansar. Y porque muchos de esos otros motivos se nos irán apareciendo según avance la temporada, no les quepa la menor duda. Somos así, todavía capaces de encontrar alicientes aunque nos pueda el desánimo.

y 35) Porque sí. Porque el baloncesto nos hace felices, y a día de hoy (y mientras no se demuestre lo contrario) no tenemos ninguna otra liga profesional de baloncesto más cerca de casa, ni puñetera falta que nos hace. Porque sigue siendo nuestra Liga por más motivos que se empeñen en darnos año tras año para que deje de serlo. Porque ya está bien de lamernos las heridas. Porque sí.

MEDIA VIDA   2 comments

Sucedió hace media vida, no tanto en sentido figurado (que también) como literal. Tenía yo la mitad de años que tengo ahora, sabía de todo aquello (de todo, en general) cien veces menos de lo que sé ahora, sentía por todo aquello cien veces más fascinación de la que aún siento hoy, de la que espero no dejar jamás de sentir por el mero hecho de que se nos haya vuelto cotidiano todo lo entonces era sencillamente (maravillosamente) excepcional. Sucedió hace media vida, el tópico diría que parece que fue ayer, qué más quisiera yo que fuera sólo un tópico. Veintisiete años, media vida. Tan lejos y tan cerca.

Sucedió un 24 de octubre de 1988. Apenas año y pico después de que la NBA hubiera empezado a entrar a cuentagotas en nuestras vidas gracias a la aventura de Fernando Martín en Portland, apenas unos cuantos meses después de que nos hubiéramos acostumbrado a vivir cerca de las estrellas, apenas cuatro meses después de que nos hubiéramos vuelto locos con los siete partidos de aquella histórica (e histérica) Final entre Lakers y Pistons. Hoy nos puede parecer irreal pero créanme que entonces no se hablaba de otra cosa, créanme que en los colegios, institutos y trabajos (y tanto más en mi trabajo de entonces, todos aún jóvenes por aquel entonces) se formaban corrillos para comentar ese quinto, sexto o séptimo partido que acababa de jugarse en la madrugada anterior, si llegabas a tu oficina confiado en no enterarte del resultado para verlo luego en diferido estabas muerto, era científicamente imposible que no te lo reventaran, ni aún aislándote del mundo evitarías ese espóiler que entonces aún no se llamaba espóiler. Era otro mundo, quién iba a imaginar que en apenas unos meses se rebajaría a bajar a nuestro mundo.

Aquel 24 de octubre de 1988 el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. El verbo eran los Celtics, los mismísimos Boston Celtics, rechace imitaciones. No, no eran los vigentes campeones pero como si lo fueran, al fin y al cabo lo habían sido sólo dos años antes (quién nos iba a decir que habrían de pasar veinte años más para que volvieran a serlo),boston al fin y al cabo eran los campeones por antonomasia, sabíamos aún poco pero sí lo suficiente como para saber que estábamos ante la franquicia más grande sobre la faz de la Tierra, acaso el equipo de baloncesto más legendario del mundo, digno representante de la mejor competición deportiva del mundo. Podíamos recitar su quinteto de carrerilla casi mejor que el de muchas alineaciones de fútbol de entonces, Dennis Johnson, Danny Ainge, Larry Bird, Kevin McHale, Robert Parish, se nos llenaba la boca con sus nombres, nos poníamos metafóricamente (y a veces hasta físicamente) en pie con su mera enunciación. Habíamos soñado muchas veces con ellos y ahora de repente los teníamos aquí, a punto de jugar contra el mismísimo Real Madrid (una vez que ambos cumplieron con su respectivo trámite semifinal). Hay otros mundos pero están en éste, decía (quizás por aquel entonces) un anuncio. Nunca fue más verdad.

Aquel 24 de octubre de 1988, domingo por más señas, me llevé a la que ya era mi pareja pero aún sólo mi novia a pasar la tarde al bar, mi única tabla de salvación posible por aquel entonces. Hoy algo así sería impensable, hoy (matrimonio mediante, bodas de plata cumplidas) me diría que no hombre que no, que a mí qué me va a apetecer, de eso nada, vaya rollo, si tanta ilusión te hace te vas tú pero a mí no me líes. Pero en los noviazgos de entonces a veces hacíamos cosas así, sacrificios insospechados, también en eso eran otros tiempos. Me la llevé (más bien nos llevamos mutuamente) a un bar vallecano que hoy ya hace muchos años que no existe (de hecho por no existir ni siquiera existe la manzana que lo sustentaba), de nombre HO (sí, sólo esas dos letras, no me pregunten por qué) y sito en la calle Carlos Martín Álvarez, casi esquina con la Avenida Martínez de la Riva. El típico bar de barrio de toda la vida con un minúsculo televisor en blanco y negro en su parte superior (muy superior, que el techo estaba bien alto), lo suficiente como para que nos dejáramos el cuello en el empeño todos los que allí estuvimos mirándolo sin parar durante las dos horas largas que duró el evento. No nos dolió, y si nos dolió no nos acordamos. En cambio lo que vimos lo recordaremos siempre, siempre y cuando aún nos quede memoria para recordarlo.

Johnson vs Drazen Petrovic, Ainge vs Biriukov, Parish vs Romay, McHale vs Fernando Martín, Bird vs Johnny Rogers. Visto así el quinteto del Madrid parecía algo (parecía mucho, de hecho) pero visto al lado del otro se quedaba en nada, un mero juguete en manos de cinco hombrecillos (hombretones, más bien) verdes recién aterrizados de otra galaxia. La duda no era que los Celtics fueran a ganar, la única duda era por cuánto (o como decíamos en baloncesto, de cuánto). Los más optimistas situaban la diferencia en veinte o treinta, los realistas en cuarenta o cincuenta, los pesimistas no bajaban de sesenta. Claro está que hoy jugamos con ventaja, hoy sabemos ya que la NBA de octubre nada tiene que ver con la de mayo, que la pretemporada NBA es tan pretemporada como cualquier otra o más siS0101_McDonalds_Open_AB017 cabe, a las estrellas unos pocos minutitos no se vayan a cansar, el resto un mero campo de pruebas para comprobar quién se gana el puesto o quién lo pierde, quién se queda y quién se va. Hoy bien sabemos todo esto pero entonces lo ignorábamos, o acaso lo intuyéramos, o acaso sí lo supiéramos pero tampoco nos importara los más mínimo. Aquellos eran los Celtics, no necesitábamos saber nada más.

Imagino que (dado el típico ambiente de todo bar que se precie, tanto más en aquellos tiempos) aquel partido lo vimos pero no lo oímos, quizás por eso no fuimos muy conscientes de la poca pasión que TVE le puso al evento, o quizás sí lo fuéramos pero como era lo de siempre tampoco nos llamara la atención. En la narración Pedro Barthe, un Pedro Barthe que así de primeras transmitía la inequívoca sensación de preferir estar en cualquier otro sitio, como si en vez de ofrecerle la oportunidad de narrar un encuentro histórico le hubieran puesto un castigo insoportable. Y en los comentarios técnicos Nacho Calvo, la mera enunciación de los conceptos comentarios técnicos y Nacho Calvo en la misma frase representa un oxímoron de proporciones bíblicas, no hace falta decir nada más. Ni rastro de nadie que conociera siquiera mínimamente aquel otro baloncesto, ni rastro de un Ramón Trecet al que ni siquiera necesitaban contratar porque ya era de la casa y que habría sido de lejos la solución más lógica para hacer aquel partido por parte de TVE (no, lógica y TVE tampoco deberían ir nunca en la misma frase), solo o en compañía de otros. Eran así, tampoco es que hayan evolucionado mucho desde entonces.

Barthe y Calvo decían en repetidas ocasiones que el griterío era ensordecedor y a fe que lo era, no lo notaríamos entonces (bastante tendríamos con el ruido del bar) pero bien que lo apreciamos hoy volviendo a ver el partido para la ocasión. Hoy viene la NBA a Europa y el ambiente de cualquier global game de esos está a medio camino entre un espectáculo teatral, un happening de centro comercial y una merienda campestre: plas plas plas (onomatopeya de aplausos) tras cualquier jugada, oooooohhhhh tras alguna cabriola. jijí jajá en las chorradas de los tiempos muertos y luego ya si acaso nos ponemos las pilas en los últimos minutos siempre y cuando el resultado conserve algo de emoción, si no ni eso.real-madrid-boston En cambio en 1988 aquello no parecía tanto un Madrid-Celtics como un Madrid-Maccabi por ejemplo: locura colectiva, pasión absoluta, clamor tras cada canasta propia, pitos en cada subida de balón ajena, ovación de reconocimiento cuando anotaban pero sin que ello rebajara ni por un momento la intensidad, la tensión. Cómo hemos cambiado.

Quizás también por la propia evolución del partido, porque los madridistas del Palacio (y los de fuera) se creyeron legítimamente con derecho a soñar. El mero hecho de plantar cara ya era sueño, sólo 5 abajo tras el primer cuarto (titulares vs titulares), 5 que apenas un rato después iban a ser 18 cuando los Celtics se pusieron a tirar de fondo de armario: Jim Paxson, Reggie Lewis, Brian Shaw, Acres, Lohaus… Y entonces sucedió: de las profundidades del banquillo madridista emergió un espigado mocetón gerundense, Pep Cargol, que iba a dejar asociado ya para siempre su nombre a aquella mítica noche: un canastón por aquí, un arrebato por allá, alguna que otra defensa por acullá haciendo incluso enfadar al mismísimo Bird, mala cosa porque en cuanto te descuidabas se ponía a jugar como él sabe. 14 de diferencia al descanso, parecía evidente que lo mejor estaba aún por llegar. Aunque no imagináramos de qué modo.

Y es que a la vuelta del vestuario a los Celtics se les rompieron por completo los esquemas, vale que allí tendréis la ley no escrita de empezar el tercer cuarto con los titulares pero yo no concibo esa razón, yo soy Lolo Sáinz y sabes que no tengo por costumbre hacer cambios salvo cuando no me queda más remedio pero mira tú por donde hoy me voy a dar el gusto, que aquí leyes no escritas no tenemos: meto a Cargol de tres, a Antonio Martín de cuatro y a You Llorente de base pasando a Drazen al dos, chúpate esa mandarina Jimmy Rodgers.real-madrid-boston-celtics--644x362 Y de repente aquel tercer cuarto era un delirio, una locura, un Madrid que plantaba cara, una catarata de baloncesto por ambos lados, ya la gente gritaba este partido lo vamos a ganar como si en verdad lo creyera (quizás porque en verdad lo creía), ya hasta Pedro Barthe estaba entusiasmado (ya era Barthe en estado puro, de hecho: se están dando cuenta de que existe un continente que se llama Europa y un baloncesto europeo de categoría, si pensaban que venían a tomar el sol, a pasearse y a ganar de 40 ya se están dando cuenta que no va de eso), ya hasta el mismísimo Nacho Calvo estaba entusiasmado (ya, ya sé que entusiasmo y Nacho Calvo tampoco deberían ir nunca en la misma línea), créanme que si en aquel momento hubiera aterrizado un extraterrestre en el Palacio (o cualquier ser humano que no hubiera visto jamás un partido de baloncesto, que para el caso viene a ser lo mismo) se habría quedado prendado de aquel juego para siempre. Ocho de diferencia al final del tercer cuarto, que aún habrían podido ser menos si Drazen no se hubiera creído más importante que su equipo, si no se hubiera jugado las suyas y las de los demás, si no hubiera escogido cuidadosamente aquel momento para presentarse al mercado norteamericano, si hubiera procesado a tiempo que aquellas defensas de Dennis Johnson o Brian Shaw nada tenían que ver con las que acostumbraba a encontrarse por aquí. Pero con todo y con eso eran ocho puntos de diferencia, lo que venía a significar que el Madrid había ganado de 6 aquel tercer periodo. Hoy nos puede parecer una nimiedad, pero entonces fue un dato que quedó para la historia.

¿Tú que crees, Pedro, que los Boston (sic) creen que están jugando contra el Madrid, o que se están jugando el anillo en una final de la NBA contra Los Angeles Lakers?, preguntaba Calvo. ¡¡¡Pocos partidos tan difíciles tienen a lo largo de la temporada los Celtics!!!, respondía Barthe. Ingenuidades aparte, los Celtics por fin entendieron que se habían acabado los experimentos, las probaturas y las pretemporadas y finalmente obraron en consecuencia: fue ponerse Bird a gobernar el chou en su insigne papel de puto amo y antes de que nos diéramos cuenta se habían ido de 25 para nunca más volver. O tal vez sí, pero ya en los minutos de la basura (aunque aún no nos acostumbráramos a llamarlos así), con Quique Villalobos de blanco y Ramón Rivas de verde, con un Pep Cargol que aún quiso poner la guimg_ggomez_20150326-110615_imagenes_md_otras_fuentes_madridceltics-kUuH--572x385@MundoDeportivo-Webinda final al pastel. Ni sesenta ni cincuenta ni cuarenta ni treinta ni veinte, Barthe dixit. Quince, ni más ni menos. 96-111 para ser exactos. Eran otro mundo, aún seguirían siéndolo por mucho tiempo. Pero empezaban a no estar tan lejos como siempre habríamos creído imaginar.

Y de nuevo al día siguiente no se hablaba de otra cosa, y el medio país que se lo perdió se tiraba de los pelos por habérselo perdido, y recuerdo bien a madres de mi trabajo mendigando el vídeo a todo aquél que hubiera tenido la ocurrencia de grabarlo, déjamelo esta tarde por dios, por caridad, que quiero poder enseñárselo a mi hijo… Era una fascinación que iba más allá del baloncesto mismo, más allá del choque entre dos mundos, más allá de las chorradas de los tiempos muertos o de todas esas cheerleaders que ni siquiera eran de los Celtics (que aún no tenían, ni puñetera falta que les hacía) sino de los Tigers de la Universidad de Memphis State (hoy Memphis a secas), contratadas ex profeso para la ocasión. Una especie de fascinación global que hoy, volviendo a contemplar aquel partido media vida después, nos deja (a mí, al menos) un cierto poso de amargura. No ya por quienes nos dejaron prematuramente (obviamente Drazen y Fernando, pero también Dennis Johnson y Reggie Lewis… y ese número 11 del Madrid que la inmensa mayoría de lectores ni recordarán quién era, Carlos García Ribas, quede aquí merecida constancia), sino también por todo aquello que se nos perdió por el camino: la ingenuidad, la capacidad de alucinar con cosas nuevas, la pasión tal vez. La juventud, seguro. Recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver.

Hoy media vida después tampoco veré in situ a los Celtics, no culparé a nadie de ello salvo a mi propia torpeza, la que me hizo ir dejándolo durante el verano y acordarme ya en septiembre cuando todas las entradas estaban vendidas. Es decir, vendidas en la web oficial a un precio medianamente razonable (entre 19 y 58 euros), hoy dicha web te informa que están todas agotadas pero al mismo tiempo te remite amablemente a otra web donde puedes encontrarlas al módico precio de entre 75 y 115 euros, alguna otra web hay por ahí donde puedes encontrarlas aún más caras todavía. No estoy tan desesperado como para eso. Lo siento porque me habría gustado reencontrarme con viejos conocidos (y admirados) NCAA como Evan Turner, Marcus Smart, Jared Sullinger, Isaiah Thomas, incluso Kelly Olynyk, Terry Rozier, RJ Hunter o Jae Crowder; lo siento porque me habría gustado reencontrarme con un entrenador como Brad Stevens por quien profeso franca devoción desde sus tiempos de Butler; lo siento simplemente porque son los Celtics, porque ya vi hace años in situ a Grizzlies, Raptors y Jazz pero esto no es lo mismo, no puede ser lo mismo. Por lo que representa esta franquicia en sí misma, por lo que representó aquel partido de 1988, porque aplicando estos mismos parámetros 600nbatemporales ya no volverán por aquí hasta dentro de otra media vida, pongamos por ejemplo octubre de 2042, a saber dónde y cómo estaré (o si estaré siquiera) para entonces. Otra vez (no) será.

Don’t cry for me, hasta ahí podíamos llegar. Obviamente ya no me hará falta buscarme la vida en ningún bar, obviamente veré la primera mitad cómodamente arrellanado en mi sofá (no sin arduas negociaciones previas para resolver el tema de la cena), para la segunda probablemente me echarán del salón pero no teman, como tantas otras veces encontraré acomodo ante el ordenador o ante el televisor del dormitorio, más pequeño pero no por ello menos confortable. Será para mejor (como es el caso) o para peor pero nada será igual a como fue hace veintisiete años, nada nos sorprenderá como entonces, hoy tenemos ya a los Celtics hasta en la sopa, de hecho algunos hasta catamos los ingredientes antes de que los echaran a la sopa. Hace media vida algo tan cotidiano como un partido de baloncesto se nos convirtió en excepcional, hoy algo tan (presuntamente) excepcional como tener aquí a la NBA se nos ha convertido en cotidiano. Si será cotidiano que hasta el presidente del anfitrión anda repitiendo por ahí cada lunes y cada martes que quiere jugar en aquella Liga como si en verdad se lo creyera… No, nada será ya igual, ni parecido siquiera, y sin embargo quién sabe: quizás aún quede por ahí alguien que no tenga donde verlo y encuentre finalmente refugio con su pareja en un bar perdido (donde además lo pondrán por no haber competencia jurbolística esa noche, si no de qué), alguien lo suficientemente virgen como para que la experiencia aún le pueda dejar huella, como para volver a recordarla y contarla media vida después. Sólo por eso ya habría merecido la pena.

A %d blogueros les gusta esto: