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NO OS MEREZCO (edición 2016)   1 comment

Lo he dicho muchas veces, lo diré una más aún a riesgo de resultar cansino: no las merezco. NO OS MEREZCO. Laia, Silvia, Leti, Leo, Alba, Anna, Xargy, Niky, Laura Q, Laura G, Lucy, Astou, no os merezco, no diré que no os merecemos no vaya a ser que por generalizar alguien me diga que él sí. Yo no. Yo me paso años sin ver baloncesto femenino, nada, cero, ni de aquí ni de Europa ni de USA, temporadas enteras sin haceros el menor caso, tragándome hasta la náusea todos los demás baloncestos habidos y por haber sin encontrar ni un solo segundo para mirar un Perfumerías-Conquero o un Lynx-Fever pongamos por caso.villaolímpica Y podría alegar dificultades de acceso, podría pretextar que no lo tengo a mano pero sería mentira, si me busco la vida para ver recónditos partidos universitarios en la América profunda igualmente me la podría buscar para ver a estas tías allá donde estuvieran. No lo hago y lo que es peor, luego llega el verano (cualquier verano, tanto más éste) y me pongo a vibrar y a soñar con vuestras medallas como si realmente me las mereciera. Y tanto dará que ahora haga examen de conciencia y propósito de enmienda porque sé que me volverá a pasar lo mismo, sé que estas buenas palabras de agosto se las volverá a llevar el viento en noviembre, que a pesar de lo cual cuando vuelva a llegar agosto (o septiembre) empezaré de nuevo con la misma canción. No tengo remedio.

[Acotación al margen: si a alguien ofendiera la utilización del término tías ruego tenga la amabilidad de perdonármelo; lo uso con la misma familiaridad con la que uso a menudo el término tíos, pero vivimos tiempos de susceptibilidad a flor de piel: Lalo Alzueta se ha pasado años diciendo ¡¿pero a este tío quién lo para?! sin que ello le supusiera a nadie el menor trauma, pero bastó que en un partido femenino dijera ¡¿pero quién para a esta tía?! para que algunos/as se le tiraran a la yugular por irrespetuoso. Yo no lo veo así, para mí no es un término peyorativo en ninguno de los dos géneros, y en caso de que lo fuera lo sería por igual en ambos géneros. Creo que el verdadero respeto es otra cosa que desde luego que va mucho más allá de la mera utilización de un guiño coloquial en el lenguaje (y si de lenguaje hablamos bastante peor es estar llamándoles niñas cada dos por tres, como si el deporte femenino aún no hubiera alcanzado la mayoría de edad). Pero repito una vez más, para que no queden dudas: mis disculpas si aún así a alguien le hubiera podido molestar]

Me acuso además (por una vez y sin que sirva de precedente) de falta de fe. Os tuve como aspirantes a medalla (y cómo no habría de teneros) hasta el día aquel en que se nos dijo que se nos había averiado Sancho Lyttle, reconozco que en ese mismo momento me bajé del carro (expresión que odio profundamente, otro día hablaré de ello), que pensé que la plata o el bronce eran ya una quimera y que todo lo que consiguierais vendría ya por añadidura, si erais séptimas como si novenas, bien estaría en cualquier caso. Qué error, hacia todas en general pero hacia Astou en particular: no es ya que no echáramos de menos a Sancho, es que consiguió que casi ni recordáramos que existía, y eso es sólo el principio.tirodeCruz Qué inmenso error, como aquel otro que tuve cuando recuperé la fe en vosotras tras una impecable primera fase, cuando me volví a subir al carro (y dale) y desde ahí arriba os vi 8 abajo ante Turquía a poco más de tres minutos para el final. Ya está, se acabó, fue bello mientras duró, pensé como si no os conociera, como si no supiese ya de sobra de qué pasta estáis hechas, con quién nos la estábamos jugando. Ocho puntos, tres minutos, para otros puede ser un mundo, para vosotras sólo fue cuestión de tiempo. El que tardamos en comprender que (aún perdiendo) estáis siempre al otro lado de esa frágil línea roja, la que separa a los buenos equipos de los verdaderamente grandes. GRANDES.

No os merezco, pero no es ya que yo no os merezca. Es que no os merece el deporte español, ese mismo deporte que no ve más allá del Bugati de Cristiano o el tinte de Messi, que durante quince días se llena la boca contando medallas como si sólo eso importara pero que hoy ya ni recordará quiénes son Craviotto, Cooper Walz o Coloma, que aún menos se acordará durante estos próximos cuatro años (como tampoco se acordó durante los cuatro anteriores) de reinas absolutas como Beitia, Belmonte, Chourraut o Marín. Reinas, sí, cada una en lo suyo como reinas sois también vosotras en lo vuestro. El oro de los mortales, no sé en qué portada lo leí el otro día pero es una verdad como un templo, oro bañado en plata como aquel masculino de Pekín 2008 pero en vuestro caso mucho más todavía. Las yanquis juegan en otra liga (ya, claro, en la WNBA, pero entiéndanmelo también en sentido figurado), si en masculino puedes ganarles una vez de cada cien en femenino ¿puedes? hacerlo una vez de cada mil, y no sé si aún estoy tirando muy por lo alto. Porque las diferencias (sobre todo) físicas son abismales (mucho más que en el masculino), pero también porque para más inri vienen todas, en los tíos siempre hay algún LeBron o algún Curry que se te cae del cartel pero en las tías no sólo son todas las que están sino que además están todas las que son.comunachica La selección femenina de USA no pierde en Juegos Olímpicos desde Barcelona 92, y (como diría el bolero) pasarán más de mil años, muchos más antes de que volvamos a asistir a algo similar. Créanmelo, nunca hubo plata más dorada que ésta o para ser más preciso, nunca hubo oro más plateado que éste. Oro puro, al fin y al cabo.

Pero tanto dará, que hoy aún estáis en Rio celebrando vuestro oro (plateado) pero mañana os tendréis que ir a jugar a Ekaterimburgo (que levanten la mano quienes sepan dónde está Ekaterimburgo), eso si no os tenéis que conformar con quedaros en Salamanca (plaza privilegiada, en cualquier caso) o con bajaros a Huelva (por ejemplo) aún a riesgo de que desaparezca la entidad antes incluso de que empecéis a vestiros de corto. No es una figura literaria, qué más quisiéramos, al fin y al cabo hubo un equipo que se proclamó campeón de Europa un domingo y desapareció un lunes, aún no habían empezado a celebrarlo y ya se habían quedado sin club. Esa es nuestra realidad, para ponernos en la foto somos muy diligentes (y dirigentes) pero lo de sentar las bases de una liga medianamente competitiva ya nos cuesta más, anda y que se busquen todas la vida por esos mundos de dios. Ahora bien, no escurriré el bulto: si durante el resto del año paso de vosotras, si cuando os ponen por la tele no os veo, si cuando jugáis aquí al lado ni me planteo asistir difícilmente me puedo sentir legitimado para criticar nada, para dar lecciones a nadie. No soy digno de alegrarme siquiera con vuestros triunfos, y sin embargo el día de Turquía y el de Serbia los festejé (y lloré) como muy pocas veces he festejado (y llorado) triunfo alguno a lo largo de mi vida. Lo diré otra vez aún a riesgo de resultar cansino, NO OS MEREZCO, qué más quisiera yo que mereceros. Razón de más para estaros (aún más) infinitamente agradecido.

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NO LAS MEREZCO   2 comments

Pusimos nuestros huevos en la cesta equivocada. Allá por el mes de junio, mientras las criaturas de Del Bosque la cagaban en Brasil, solíamos tuitear que no pasaba nada, que al fin y al cabo ese no era nuestro mundial, que el verdadero Mundial empezaba en agosto. Y así nos lo creímos, así nos lució el pelo, así nos pasamos todo el verano elucubrando sobre nuestra supuesta final contra Estados Unidos como si ya estuviéramos en ella, como si ni siquiera hiciera falta llegar a ella. Así vivimos aquel orengazo como si fuera el fin del mundo, curiosamente entonces a ninguno de nosotros (que yo sepa) se nos ocurrió tuitear que no, que aquel tampoco era nuestro mundial, que el verdadero Mundial empezaría en Turquía a finales de septiembre. El Mundial era éste, rechace imitaciones, lo anterior sólo fue un mero sucedáneo. Tanto clamar por aquella presunta final versus USA, quién nos iba a decir que al final la tendríamos, y la disfrutaríamos… solo que mucho más lejos de casa, solo que tres semanas después de la (que hubiera sido) original.

¿Qué pensaría Sáez durante su habitual baño de medallas, mientras las colocaba sobre los cuellos de nuestras jugadoras como si se las estuviera poniendo a sí mismo? ¿Qué pensaría (sobre todo) mientras se abrazaba a Lucas Mondelo? ¿Pensaría acaso que aquél era el triunfo de la sencillez, de la normalidad, algo tan vulgar como juntar al mejor grupo de jugadoras posible y ponerlas además a las órdenes del mejor seleccionador posible?sel1 Ojalá fuera así, aunque dudo mucho que su ego se lo permitiera. Ojalá se diera cuenta de que el espíritu que preside esta selección femenina de 2014 es el mismo que el de aquella selección masculina de 2006, un grupo de amigos/as, extraordinarios/as jugadores/as todos/as ellos/as, capaces aún de disfrutar del baloncesto por el mero placer de jugar. De alguna manera ese espíritu se les fue perdiendo a nuestros chicos por el camino, de manera lenta, apenas perceptible hasta que llegó el día en el que de repente ya nada fue igual, justo ese día en que nos caímos del guindo al descubrir que la selección había pasado a estar al servicio de los jugadores y no los jugadores al servicio de la selección. A nuestras chicas en cambio ese espíritu aún les pervive, les pervivió siempre (incluso en los peores momentos), no hay razón alguna para pensar que no vaya a seguir siendo así. Ellas no disfrutan porque ganan, sino que ganan porque disfrutan. Ese es el secreto.

No las merecemos. O al menos yo no las merezco. Soy aficionado al baloncesto (esto igual ya lo sabían), me paso el año entero viendo ACB, Euroliga, NCAA, NBA, ligas internacionales, a veces hasta LEB, a veces hasta cualquier otra cosa que caiga en mis manos o pase ante mis ojos, me trago todo el baloncesto masculino habido y por haber pero al baloncesto femenino ni agua, oigan. Podría argumentar como disculpa que ni cae en mis manos ni pasa ante mis ojos pero no sería justo, otros baloncestos tampoco me vienen a buscar, más bien soy yo quien me busco la vida para encontrarlos. El femenino en cambio sólo depende de que se me aparezca en un momento puntual, una final de Copa de la Reina, una Final Four euroliguera, algo así. Y aún así. Sé que Connecticut ganó la NCAA femenina, lo sé gracias a que esa misma universidad ganó también la masculina, de no ser así es muy probable que se me hubiera pasado el dato. No me pregunten quién ganó la WNBA, no me pregunten quién gano nuestra Liga Femenina (creo saberlo, pero no me arriesgaré a ponerlo por miedo a meter la pata), no me pidan que les diga en qué equipo juegan nuestras jugadoras porque sólo en algún caso concreto les podría responder. Mi relación con el baloncesto femenino se parece mucho a la de tantos aficionados al fútbol con el baloncesto masculino, esos que sólo lo ven cuando se enfrentan Madrid y Barça o cuando juega la selección, esos que te preguntan sin pudor dónde juega el número 8 (es decir, no es ya que no sepan dónde juega Calderón, es que ni siquiera recuerdan su nombre), esos que (por ejemplo) tuve a mi alrededor en el Palacio de Deportes durante la fatídica noche del 10 de septiembre luciendo camisetas rojas de Sergio Ramos o David Villa (tan baloncesteras ellas), esos que al primer fallo de Marc gritaron ¡¡¡pero qué malo es, pero cómo es posible que esté en la NBA ese tío!!! (repito, al primer fallo, mejor no les cuento lo que soltaron después), esos que cuando Pau cometió la quinta le despidieron al grito de hijodeputa (y hasta me miraron raro por aplaudirle) cuando durante toda la segunda mitad había el único en sacar las castañas del fuego… Afortunadamente no soy tan energúmeno como ellos (ni de lejos) pero en el fondo no soy mejor que ellos. Al menos en lo que a baloncesto femenino se refiere.

Y no, esta vez ni siquiera haré ya propósito de enmienda. Cada año es lo mismo: las veo ganar, me emociono, me vengo aquí, me flagelo por no haberles hecho caso durante el año y me digo a mí mismo (y a ustedes, que es peor) que hasta aquí hemos llegado, una y no más santotomás, ya nunca más me volverá a pasarsel2 para luego empezar la temporada y volver a las andadas. Mi tiempo de ocio es exiguo (como el de casi todo el mundo, por desgracia), necesitaría días enteros de 96 horas (que con 24 no tendría ni para empezar) para poder ver todo lo que me gustaría (y escribir todo lo que me gustaría, y leer todo lo que me gustaría, y viajar todo lo que me gustaría, y…) No doy más de sí. Dijera ahora lo que dijera sé que me volvería a pasar lo mismo, me tiraría en plancha a lo de siempre y luego al llegar el verano estaría otra vez con la misma canción. No prometeré lo que no soy capaz de cumplir. Aunque me duela. Aunque me avergüence (mucho) reconocerlo.

Esa misma vergüenza acrecienta mi orgullo ante lo que han hecho. Porque sé lo difícil que lo tienen, porque no soy la excepción sino la regla, porque les hago poco caso pero quienes me rodean les hacen aún menos caso que yo. Di que quieres quedarte a ver la semifinal o la final del Mundial de Baloncesto Masculino y todo dios lo entenderá (incluso aunque no juegue España, como fue el caso), di que quieres quedarte a ver la semifinal o la final del Mundial de Baloncesto Femenino y te mirarán como si fueras un extraterrestre, créanme que no lo digo por decir sino que lo he experimentado en mis propias carnes este pasado fin de semana. El deporte ajeno a los portaaviones futboleros se está convirtiendo en un erial pero el deporte femenino está ya un paso más allá, no es ya erial sino páramo desolado. Luego llegarán Juegos Olímpicos, nuestras deportistas ganarán medallas y se nos llenará la boca de alabanzas que serán sólo el paso previo para volver a olvidarlas otra vez durante los cuatro años siguientes, al menos de las de baloncesto nos acordamos una vez al año, démonos con un canto en los dientes. Hace pocos días la selección española de gimnasia rítmica fue campeona del mundo en la categoría de mazas y no se enteró ni dios, por no tener ni siquiera tuvieron quien les televisara (y aún no se apagó Teledeporte, imaginen cómo será cuando se apague), hubieron de hacer este sábado el saque de honor en el Rayo-Barça para que algunos supieran (siquiera por un segundo) de su existencia. Ese es el nivel, el de una liga femenina de baloncesto (no digamos ya en los demás deportes) que languidece a pasos agigantados, que ve marcharse a sus principales estrellas en busca de un lugar donde las paguen, que ve a sus equipos desapareciendo a chorros, hasta uno hubo que ganó la Euroliga un domingo y se murió un lunes, casi cuando jugadoras y aficionados aún estaban de celebración. Una liga femenina que también es competencia del Señor de las Medallas, por cierto. Será eso que llaman el Método FEB.

No sé por qué me estoy yendo por la calle de la amargura justo el día menos indicado para hacerlo, justo hoy que son Subcampeonas del Mundo apenas un año después de haber sido Campeonas de Europa, que se dice pronto. Y sólo es el principio.sel3 Es curioso, hace casi un mes acabábamos una era y hoy ya toca empezar otra, en realidad empezó hace un año, en realidad viene de muy lejos porque son ya muchos años de satisfacciones, lo que pasa es que se interrumpió bruscamente en 2011 y 2012 (nadie es sublime sin interrupción, es ley de vida) y por eso 2013 fue como empezar de nuevo, el principio de una gran amistad que decía aquél. Laia vislumbra ya el final del camino (aunque un par de buenos años aún le quedan en su zurrón) pero es la única, a Sancho, Nuria o Lucy (recién estrenaron la treintena) aún les queda recorrido, Silvia y Anna están en los 27 pero ninguna otra pasó aún de 25, por ahí andarán Laura Nichols y la maravillosa Alba Torrens (¿acaso el mayor talento puro que haya producido jamás nuestro baloncesto femenino?) que llegaron juntas, más lejos aún Marta Xargay o Laura Gil. Leticia y Leonor (que no se apellidan Ortiz ni Borbón ni falta que les hace, sino Romero y Rodríguez) ya cruzaron la puerta, al otro lado aún esperan su turno Queralt Casas, Astou Ndour, Elena de Alfredo, Ángela Salvadores, incluso Iris Junio, tantas y tantas y tantas y tantas otras, sin prisa, cuando toque, cada una a su tiempo, en el punto justo de maduración. Lo mejor no es el presente (aún por extraordinario que sea). Lo mejor es lo que queda por venir.

Hace seis años, tras la inolvidable Final masculina de Pekín 2008, escribí que era mentira que hubiésemos ganado la plata, en realidad ganamos el oro, sólo que nos lo dieron bañado en plata para no levantar sospechas ni herir susceptibilidades. Pero por dentro era oro puro, nunca hubo un oro más puro que aquél… hasta este pasado domingo. Volvió a suceder, volvieron a decirnos que era plata pero usted y yo sabemos que no es cierto, un mero baño que apenas puede ocultar todo el oro que encierra en su interior. Créanselo, fuimos Campeonas del Mundo porque quienes nos ganaron no son de este mundo, la guerra de las galaxias queda fuera de nuestro alcance por ahora. Y sé que no debería incluirme, sé que no debería utilizar esa primera persona del plural como si formara parte de ello, sé que no lo merezco, que no las merezco, que los pseudoaficionados como yo no nos merecemos un pedazo de equipo como éste, que deberíamos mantenernos al margen y limitarnos a dar las gracias, gracias por estar ahí año tras año, gracias por jugar como jugáis, por pelear como peleáis, gracias por seguir peleando cuando cualquier otro se habría ido, gracias por empatar el tercer cuarto y ganar de 6 el último, gracias por ser como sois… y gracias, sobre todo, por no tenérnoslo en cuenta.

20141006

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