Archivo para la etiqueta ‘Arizona State Sun Devils

EL BAILE DE LOS BANQUILLOS   Leave a comment

guiancaa1516Un año más, las buenas gentes de Basket Americano vuelven a publicar su imprescindible Guía NCAA, acaso la mejor publicación de baloncesto universitario en castellano que encontrarse pueda en todo el mundo mundial, y en la que de nuevo me han hecho el honor de ofrecerme que les emborrone unas cuantas páginas. Y este año además por si no querían caldo fui y les di dos tazas, además de aquella que les ofrecí hace unos días les endosé también esta otra que les muestro a continuación. Que les sea leve…

***************************

Cada verano (y finales de primavera, y comienzos de otoño), la expresión coaching carousel se adhiere como una lapa a nuestras sufridas mentes de NCAAdictos, una manera como otra cualquiera (una más) de mantenernos ocupados durante esos consabidos siete meses de ayuno y abstinencia. Cada offseason nos entretenemos (amén de con recruits, transfers, JuCos y demás fauna) con las renovaciones, ceses, fichajes, suspensiones, idas y venidas de los sujetos mejor pagados (tampoco es que haya mucha competencia a ese respecto), las verdaderas estrellas de todo este tinglado colegial.

Claro está que hay veranos y veranos. Hay años en que los cambios pasan casi desapercibidos, dos o tres que de tanto perder acaban cayendo por su propio peso, otras tres o cuatro universidades que decidan reinventarse y lo demás ya saben, el lógico arrastre y corrimiento de cargos que todo ello pueda acarrear. Y hay en cambio otros años absolutamente luminosos, años en que los cambios tampoco es que sean muchos (nunca van a serlo, dada la idiosincrasia de la competición) pero sí bastantes y además espectaculares, lo suficiente como para poner el mapa entero (y a alguna que otra conferencia, de paso) del revés. No hará falta que le diga que éste es uno de esos años, no hará falta que le recuerde los principales cambios porque a estas alturas los sabrá usted ya de sobra pero aún así le pido que tenga la bondad de acompañarme durante los siguientes párrafos para hacer un somero repaso a las novedades más destacadas (sólo las más destacadas, no tema, no huya despavorido), para así estar ya al cabo de la calle cuando el balón eche a rodar…

Shaka Smart quizá sea una de las mejores cosas que le han pasado al baloncesto colegial durante estos últimos años. shaka texasMás allá de aquel insólito periplo (de First Four a Final Four) en 2011, su extenuante defensa y agresivo ataque convirtieron a la modesta (o casi) VCU en uno de los equipos más apetecibles de ver a nivel nacional. Era cuestión de tiempo que empezaran a lloverle ofertas, las cuales fue despreciando olímpicamente hasta que por fin recibió una imposible de rechazar: Texas acababa de despedir (meses después de renovarle) a Rick Barnes, que por más y mejores mimbres que hubiera tenido durante estos últimos años había sido incapaz de hacer un cesto mínimamente consistente. Dicho y hecho. Shaka viajó de Richmond a Austin, firmó su contratazo, se convirtió en Longhorn de-toda-la-vida y se puso a la tarea, y el resultado de todos sus desvelos podremos empezar a apreciarlo ya en los próximos días. ¿Cómo encajarán ese tremendo havoc y ese dinámico juego de ataque, basado todo ello en jugadores tan móviles como versátiles e intercambiables, en una plantilla tan estructurada como ésta de Texas, con bases muy bases y pívots muy pívots? ¿Será éste por fin el gran año de Isaiah Taylor? ¿Veremos correr incluso a Cameron Ridley? ¿Será capaz Smart de cuestionar e incluso hacer que se tambalee la sempiterna hegemonía de Kansas en la Big12? No se pierdan el próximo episodio.

Ahora bien, tampoco se me vayan a preocupar por el futuro profesional de Rick Barnes, que al hombre ni le dio tiempo a apuntarse al paro siquiera, aún no había acabado de hacer cajas en Texas y ya estaba deshaciéndolas en Tennessee.barnes+from+ut+2 Curiosa la historia de estos Volunteers que han cambiado más de técnico que de camisa en estos últimos tiempos: con el histriónico (a la par que gran entrenador) Bruce Pearl fueron el hotel de los líos, con Cuonzo Martin creyeron ser felices hasta que éste les dio calabazas para marcharse a Berkeley, recurrieron a Tyndall como solución de compromiso pero cuando vieron que podían volver a ser el hotel de los líos (aunque en este caso no fueran suyos, que el susodicho ya los traía de serie) hicieron cruz y raya y se abalanzaron de bruces sobre Barnes que casualmente en ese mismo momento pasaba por allí. Barnes habrá conocido ya en su carrera todos los tonos de naranja, pasó del chillón de Clemson al arcilloso de Texas y pasa ahora al yema-de-huevo de Tennessee, esperemos que aquel prestigio tan bien ganado con sus Tigers y sus primeros Longhorns (cuando aún le salían bien los cestos) renazca ahora con los Volunteers, esperemos que aún estemos a tiempo de reencontrarnos con aquel gran entrenador que un día conocimos.

Éste de Tennessee es sólo uno de los múltiples cambios que podemos encontrar en una SEC a la que nos la han dado la vuelta como un calcetín. A ver, tampoco desparramemos, por supuesto que el Gabinete Calipari aún continuará en Kentucky como continuarán también los cuarenta minutos infernales de Anderson en Arkansas, los maravillosos histrionismos de Pearl en Auburn, los ojos inyectados en sangre de Martin en South Carolina, los silbidos a cuatro dedos de Stallings en Vanderbilt… Pero reconozcamos que cuatro cambios de entrenador es una cifra apreciable para una sola off-season y una sola conferencia. El más sonoro el de Florida, por supuesto. Billy Donovan llevaba años siendo carne de NBA, muchas veces estuvo a punto de dar el paso (de hecho una vez llegó a darlo, para arrepentirse inmediatamente después) pero ha sido este año cuando por fin ha pronunciado el sí quiero, de ahora en adelante tendrá ante sí la hercúlea tarea de domesticar a Westbrook para que sus portentosas facultades no resten (e incluso sumen, a ser posible) a la vera de Durant e Ibaka.michael-white-2 Para reemplazarle los Gators han recurrido a Michael White, entrenador aparentemente de perfil bajo (hasta en el nombre, Miguel Blanco como si dijéramos) pero que viene de hacer una magnífica labor en Louisiana Tech. White se enfrentará a un reto mayúsculo, el de hacer olvidar (o no añorar demasiado, al menos) al técnico que trajo dos títulos y otras tantas Final Four a Gainesville, el que logró que una universidad tradicionalmente footballística se convirtiera también en una potencia baloncestística a nivel nacional. Sólo esperemos que esa sombra de Donovan no sea demasiado alargada.

Mientras tanto en Starkville, Mississippi, decidieron que algo había que hacer. Mississippi State llevaba ya sin rascar bola desde los tiempos de Arnett Moultrie y Renardo Sidney (y tampoco es que rascaran mucha entonces), desde que Rodney Hood huyó despavorido a Duke. Así que puerta para Rick Ray (tres años después de dar puerta a Stansbury) y borrón y cuenta nueva otra vez para los Bulldogs.howland Claro que la cuenta nueva se llama Ben Howland, sujeto del que así de primeras habré de confesarles que no es precisamente santo de mi devoción. Howland impuso en su día un baloncesto obrero e industrial en Pittsburgh (muy en consonancia con la idiosincrasia de dicha ciudad), de pétrea defensa (hasta ahí todo perfecto) y pajizo ataque. Pittsburgh se me hacía bola (aún hoy con Dixon se me sigue haciendo) pero ganaba, por lo que Howland fue pronto llamado a metas mayores. Hizo el petate y se bajó con toda su metalurgia a la otra punta del país, a la soleada California, un lugar donde la mano de obra se estila bastante menos que el glamour. En la mítica UCLA así de primeras no le fue del todo mal. Pese a jugar con el freno de mano echado (lo que no dejaba de tener mérito, contando con tipos como Westbrook, Darren Collison o Kevin Love entre otros) consiguió alcanzar dos Final Four, para estrellarse sucesivamente en ambas contra la bicampeona Florida. Pero si a una propuesta basada casi exclusivamente en resultados le dejan de acompañar los resultados, el castillo de naipes acaba irremisiblemente por caer. Howland se fue al paro en 2013 y emerge ahora en 2015 para sacar del ostracismo a Mississippi State. Juega con dos ventajas: 1) que llega de la mano de uno de los freshman maravilla de este curso, Malik Newman; y 2) que con el listón tan bajo nadie le pedirá veleidades estéticas, con que lleguen los triunfos será más que suficiente. Veremos.

Tres cuartos de lo mismo en Alabama, cuya irregularidad (y algún puntual problema disciplinario, también) acabó costándole el cargo al bueno de Anthony Grant. Y para sustituirle no han buscado asistentes de relumbrón ni veteranos de prestigio ni técnicos de universidades menores, qué va, más bien han preferido rompernos por completo los esquemas:
Avery Johnson, aquel base sobrio y sacrificado que ganó un anillo con los Spurs, aquél a quien Montes rebautizó como Míster Bonobús porque siempre trazaba el mismo recorrido en su camino hacia el aro rival. Ejerció luego como entrenador en Mavs (donde le fue regular) y Nets (donde le fue mal), y luego nunca más se supo. Su averyexperiencia como técnico NCAA se reduce a cero, cero patatero, lo cual no tiene por qué ser malo ni bueno, es un mero hecho objetivo. Le van a pedir que reflote a esta Marea Carmesí, y no me negarán que así a priori la apuesta no puede ser más apasionante. Que además salga bien ya será otro cantar.

Claro que a todo hay quien gane: Si Avery no tiene experiencia en banquillos NCAA pero sí está curtido en banquillos NBA, el siguiente de quien vamos a hablar no tiene experiencia alguna como técnico ni en profesionales ni en universitarios ni en el patio de su casa siquiera (bueno, quizás ahí sí). Vamos, que no ha entrenado ni ejercido de asistente jamás en la vida, lo cual no evitará que la mera mención de su nombre nos haga ponernos metafóricamente (e incluso físicamente) en pie:mullin Chris Mullin, aquél que está ya por méritos propios en el Salón de la Fama (desde 2011), que ganó dos oros olímpicos y que sentó cátedra durante más de una década en Golden State y aún antes en su Universidad de St. John’s, justo la misma que se ha agarrado ahora a él como a un clavo ardiendo para intentar recuperar parte de su prestigio perdido. Un prestigio que desde la marcha del legendario Lou Carnesecca no hizo más que decaer, por más que durante esta última etapa de Steve Lavin pudiera parecer lo contrario: su postrera (a la par que insospechada y un tanto discutible) invitación al Baile no evitó que acabaran la temporada como un solar, un solar que tras el cese de Lavin se acrecentó aún más si cabe. Mullin llegó como revulsivo y se encontró un erial, (casi) nadie a quien entrenar, todo el trabajo aún por hacer… Nada que debiera preocuparle, que los banquillos aún está por ver cómo se le den pero los despachos se le dan como hongos (por qué se dirá esto), lleva en ellos desde que se retiró más o menos. Contrató de inmediato a dos asistentes con buena fama de reclutadores y se puso a la tarea mañana, tarde y noche, asumiendo que casi todo lo bueno (cinco y cuatro estrellas) estaba ya pillado, rastreando hasta debajo de las piedras. El resultado es un equipo con nueve (¡¡¡9!!!) jugadores nuevos, cinco de ellos freshmen, uno de ellos nuestro Yankuba Sima. Un montón de novatos sobre el parquet dirigidos por un novato en los banquillos, un proyecto al que habrá que conceder tiempo y paciencia… y sin embargo un proyecto tremendamente apetecible de ver, por todo lo que representa, por ser quien es quien lo representa. Ojalá les salga bien.

Y si lo de Mullin les agrada aunque les chirríe (o viceversa), lo que viene a continuación no les chirriará ni les agradará menos tampoco. Les presento (aunque tampoco debería necesitar ninguna presentación) o otra ex leyenda NBA, otro sujeto que fue varias veces all star. Señoras y señores, con todos ustedes Mark Price;MAIN_MarkPrice_UNCC_HeadCoach-afb70961 pinta de yerno ideal, dirección de juego impecable, muñeca de seda (de los mejores lanzadores de tiros libres que haya dado este juego en su historia), base indiscutible de aquellos elegantísimos Cavs de finales de los ochenta y primeros noventa que cuando dejaron de estrellarse contra los Pistons empezaron a estrellarse contra los Bulls; a su vera Craig Ehlo, Larry Nance (sénior, obviamente) y aquel maravilloso ex Tar Heel, Brad Daugherty. Todo lo cual estuvo muy bien, como no estuvo mal tampoco haberse ganado luego muy dignamente la vida como asistente en chiquicientos equipos NBA durante todos estos años, de hecho hasta hace apenas unos meses se la ganaba muy bien ganada en los jordanescos Hornets (ex Bobcats) de Charlotte. Así que cuando la Universidad de Charlotte dio por terminada la etapa Major (tiempos difíciles, con abundantes problemas de salud) y decidió ponerse a buscar un nuevo técnico tampoco tuvo que ir muy lejos, de hecho lo fue a encontrar a la vuelta de la esquina. Vale aquí lo dicho sobre la inexperiencia de Mullin, será éste también el primer trabajo de Mark Price como head coach (y su primer trabajo de cualquier clase en NCAA que yo sepa, ya que todas sus anteriores prácticas como asistente lo fueron en NBA); como vale igualmente aquí el mismo deseo que con Mullin: ojalá que le vaya bonito.

Y de Charlotte a Ames, Estado de Iowa, sede la Universidad de Iowa State. Un lugar donde Fred Hoiberg (otro yerno ideal, por cierto) lo tenía todo, lo era todo, una ciudad entera y casi medio estado rendido a sus pies. El Alcalde le llamaban, el Puto Amo le habríamos llamado aquí que somos más ordinarios. Pero es bien sabido que el hombre es un ser inquieto por naturaleza, siempre en trance de mejorar aunque sea a costa de asumir riesgos, de sacrificar su propia zona de confort. A la llamada de esa NBA en la que un día le conocimos no pudo decir que no, tanto menos si dicha llamada venía de un lugar tan apetecible como Chicago.prohm Para allá que se fue con su Pau y su Niko, con su Butler, su Rose y su Noah, a intentar devolver un poco (o un mucho) de alegría a aquellos Bulls tristones que legó Tibodó. Y dejando de paso a sus Cyclones de toda la vida con un palmo de narices… o no del todo: otearon el horizonte, vieron lo que había en el mercado y se fueron de cabeza a por Steve Prohm, técnico que ha hecho una extraordinaria labor durante estos últimos años al frente de Murray State (contar a sus órdenes con bases como Isaiah Canaan y Cameron Payne también ayudó, claro) y que representa además una clara apuesta por la continuidad en su estilo de juego. Con él los Cyclones seguirán haciendo honor a su nombre (aún más si cabe) en ésta 2015/2016, con él volverán a ser legítimos aspirantes (como Oklahoma, como la antes mencionada Texas) a desbancar del trono a Kansas. Palabras mayores.

Y si hablamos de equipos divertidos cómo no mencionar a los Sun Devils de Arizona State, equipo sumamente apetecible de ver sobre todo en su casa gracias a ese teatrillo que montan para distraer al rival en los tiros libres, y que no tiene parangón (que yo sepa) en toda la NCAA. Claro que en lo tocante a baloncesto no pareció haber tanta diversión es estos últimos años, menos quizá de la que esperaban con todo su Jahii Carson y su McKisssic y su Bachynsky y demás familia. ¿Solución? Pues la de siempre, Sendek a la calle y a buscar alguien que devuelva la ilusión, alguien cuyo mero nombre evoque resonancias pretéritas y legendarias…Hurley Bobby Hurley fue el base del mejor equipo de Duke que vieron los siglos (y miren que hay donde escoger), aquel con Grant Hill y Christian Laettner que se proclamó campeón consecutivamente en 1991 y 1992. Más allá le esperaba el profesionalismo, la fama y el dinero, todo lo cual se habría cumplido a rajatabla si aquel terrible accidente no le hubiera destrozado la carrera, de hecho a punto estuvo de destrozarle bastante más que eso [Lean al respecto (si no lo hicieron ya) el magnífico artículo que escribió Iker García en la Guía del pasado año, La Zanja]. Intentó volver al baloncesto pero el baloncesto no logró volver a él, se retiró oficialmente cinco años más tarde y casi desapareció de nuestras vidas, casi nos olvidamos de él. Un día no lejano reapareció como técnico asistente a la vera de su hermano menor, otro día aún menos lejano ascendió a head coach y se marchó a la humilde Buffalo… Y el resto ya se lo saben: brillante título de la compleja Mid-American Conference, viaje al Baile, reputación que sube como la espuma, media América (ligera exageración) le quiere, Arizona State se abalanza sobre él antes de que se lo quiten. No lo va a tener fácil, tanto menos en esta Pac12 que volverá a ser una de las más disputadas conferencias de la nación. Pero es que nadie dijo que fuera fácil. Y no me negarán que merece la pena intentarlo.

musselmanY antes de acabar no me resisto a sacar todavía a colación otro par de nombres: de un lado el Hombre-Mejillón, Eric Musselman, un obseso de esto, un sujeto del que dicen que hace honor a su apellido porque es capaz de pasarse las 24 horas del día (y porque no hay más) encerrado en su caparazón sin pensar en otra cosa que no sea baloncesto. Entrenó a Kings y Warriors, fue asistente en Arizona State (sí, con Sendek) y LSU y llega ahora a Reno para intentar reflotar a la Universidad de Nevada, en el que (creo que) es su primer trabajo como técnico-jefe NCAA. Que sea para bien. Y del Mejillón al Lechón (dichos sean ambos con todo el respeto y el cariño, faltaría más), Dave Leitao, lo de Lechón no es mote sino apellido traducido literalmente del portugués (de baloncesto no les aportaré nada, pero al menos me aprenden idiomas). Leitao (de antepasados caboverdianos, por si se lo estuvieran preguntando) hizo un magnífico trabajo en De Paul durante los primeros años del presente siglo, suficiente para que nada menos que Virginia pusiera sus ojosleitao en él. Pero en los Cavaliers fue de más a menos hasta acabar casi en nada, tanto que finalmente optaron por cargárselo e irse de cabeza a por Tony Bennett, sabia decisión donde las haya.
Y de Leitao nunca más se supo… hasta ahora, que vuelve precisamente a De Paul. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero también dicen que no hay regla sin excepción. Y tiene dos ventajas, que conoce la casa y que el listón aquí ya no es que esté bajo sino que está literalmente por los suelos, a poco bien que lo haga mejorará con creces la desastrosa herencia de Purnell. Ojalá sea así, ojalá a medio/largo plazo volvamos a ver competir de verdad a esta histórica Universidad.

Y hasta aquí, que por esta vez ya les he entretenido (o aburrido) lo suficiente, que queda mucha Guía y mucha Liga por delante. Disfrútenlas, háganme el favor.

CRÓNICAS DE MARZO (II)   2 comments

Habemus bracket, ergo como cada año por estas fechas toca que les ponga la cabeza mala con los emparejamientos del bracket. Avisados quedan…

SOUTH

march-madness-bracket-south-region-2014

Florida es el indiscutible número 1 de la nación, Florida ha ganado sobradamente su conferencia (así la temporada regular como el Torneo, of course), Florida lleva sin perder desde que allá por primeros de diciembre (éramos más jóvenes) ese prodigioso incordio llamado Shabazz Napier le clavó aquel triple sobre la bocina que tan felices hizo a las buenas gentes de Connecticut. Florida es el principal favorito de esta edición sin favoritos (o con demasiados favoritos), qué duda cabe… pero yo no sería yo si no tocara un poco (sólo un poco) las narices al respecto. Florida se ha beneficiado de una conferencia como la SEC que pasa por ser grande pero que anda un poco sobrevalorada en estos últimos tiempos (opinión muy personal que no tienen por qué compartir, faltaría más); ganó en casa y fuera, ganó a todos los que se encontró pero también lo pasó mal por el camino, vean si no la final de Conferencia disputada este pasado domingo, llegó a tener a Kentucky 15 abajo y al final caminó sobre el alambre, si en la última jugada no se llega a resbalar el Wildcat James Young vaya usted a saber de qué estaríamos hablando ahora. Equipo muy completo, muy veterano, muy profundo pero que a mí con todo y con eso me deja alguna duda, qué le vamos a hacer.

Dando por supuesto que pasarán con la gorra la ronda de 64, el primer marrón lo encontrarán cuando les toque enfrentarse al ganador del 8 vs 9, Búfalos vs Tigres, Colorado vs Pittsburgh. Particularmente me gustaría que fueran los Buffaloes, equipo al que da gloria ver jugar y que no sólo se ha sobrepuesto a la lesión para toda la temporada de su estrella exterior Dinwiddie sino que incluso ha hecho un dignísimo papel. En cambio los Tigers tienden a aburrirme soberanamente, lo cual no quita para que reconozca una vez más el inmenso mérito de Jamie Dixon y de un equipo que fue de más a menos  en su estreno en la ACC pero que ahora parece estar acabando bien la temporada. Ojo con ellos.

El siguiente posible marrón de Florida (o de quien sea) también tendrá historia porque saldrá del cuarteto VCU-SFA, UCLA-Tulsa (será por siglas). VCU es la Virginia-Commonwealth de Shaka Smart, a la que le han dado un número 5 que a priori parece un chollo y en la práctica es un regalo envenenado porque se enfrentará a Stephen F. Austin (12), los Lumberjacks (¿?), universidad modesta donde las haya pero que lleva sin perder desde noviembre, segunda mejor racha tras (obviamente) Wichita St. Quien sobreviva se enfrentará al ganador del UCLA-Tulsa, que en condiciones normales deberían ser los Bruins de Alford, del maravilloso Kyle Anderson (debilidad absoluta) y del portentoso freshman Zach LaVine. Pero fíese usted de las condiciones normales. No sería la primera vez que los Golden Hurricanes de Tulsa la lían en el Torneo (en cierta ocasión hasta se plantaron en Elite 8, lo que lanzó a la fama a su entonces técnico Bill Self), sí que lo sería en cambio para su debutante entrenador de este año, un sujeto que llevaba ya unas cuantas temporadas de asistente en Kansas y que responde al afamado nombre de Danny Manning, Terciopelo Azul como si dijéramos. Pongámonos todos en pie.

Precisamente Kansas es la número 2 de esta Región Sur, es decir la que si todo fuera normal debería disputarle la final regional a Florida. No teman, no les pondré otra vez la cabeza mala con Wiggins, Embiid (que lleva un tiempo sin jugar, un tanto achacoso de la espalda anda la criatura), Selden y demás familia pero sí les contaré que en estas últimas semanas vienen flojeando un poco sin que la baja del camerunés deba servirles como coartada. Ganarán a Eastern Kentucky (otra cosa sería una catástrofe) y luego se las verán con el vencedor del New México-Stanford, a los Cardinals les tengo poco vistos (fallo imperdonable) pero no así a los Lobos de Albuquerque, equipazo que me encanta éste de Nuevo México, por nada del mundo me pierdan de vista al imponente base Kendall Cucamonga Williams (no es insulto sino localidad de nacimiento, Rancho Cucamonga, California) ni a ese alero australiano con pinta de surfero que responde al bello nombre de Cameron Bairstow.

Y quedaría hablarles (y sé que me va a costar) del número 3 de esta Región, o sea Syracuse. ¿Qué les cuento yo de mis Orange que no les haya contado ya? Que hasta mediados de febrero pareció que se iban a comer el mundo y desde entonces no se comen ni una mandarina (muy apropiado), que van de mal en peor (como demostraron durante el Torneo de la ACC cayendo ante North Carolina St.), que a estas alturas ya sólo el rutilante freshman Ennis aguanta a duras penas el tirón. Y que si ganan a Western Michigan (no lo demos por hecho en las actuales circunstancias) se las verán contra Ohio State o contra Dayton, que debería ser Ohio State pero vaya usted a saber, que los Buckeyes (con todo su Aaron Craft o su Laquinton Ross) también saben muy bien lo que es ir de más a menos. En este rincón del cuadro (en casi todos, en realidad) puede pasar cualquier cosa.

WEST

march-madness-west-region-bracket-2014

Decir Región Oeste es decir Wildcats de Arizona, es hablar de otra de las grandes sensaciones de la temporada. A Sean Miller de alguna manera le vino dios a ver cuando al fin pudo utilizar a T.J. McConnell, transfer desde la modesta Universidad de Duquesne que no sé cómo sería en su anterior destino pero que aquí sencillamente se ha salido. Con él Miller encuentra al base puro que nunca tuvo estos últimos años, con él Nick Johnson puede liberarse de las tareas de creación para entregarse a las de anotación, con él el juego de estos Wildcats adquiere mucho más sentido. Con él y con el freshman Aaron Gordon, un jugador con el que yo era muy escéptico antes de comenzar la temporada porque me parecía el típico saltimbanqui, uno de esos que juegan como si se hubieran tragado un muelle… o no, porque en el momento en que entró en el engranaje de Arizona pudimos comprobar que además había un buen jugador detrás. Súmenle la apreciable mejora del enorme Kaleb Tarzewski (enorme en sentido literal, es decir, exclusivamente físico, tampoco nos volvamos locos) y réstenle al alero Brandon Ashley que en un momento dado se lesionó para toda la temporada, un contratiempo que a cualquier otro le habría hundido en la miseria pero que los Wildcats superaron elegantemente gracias a sus sexta y séptima piezas, el base tirador Gabe York y sobre todo el freshman chico-para-todo Rondae Hollis-Jefferson, que no es ya que haga de todo sino que todo lo que hace lo hace francamente bien, valgan todas las redundancias. Tan favoritos como el que más estos Arizona Babies.

Estos Arizona Babies (también llamados Wildcats) se desharán sin despeinarse de Weber State y luego se las verán con el ganador del Gonzaga (8)-Oklahoma State (9). Palabras mayores gane quien gane, así sean los tremendos Zags de Pangos y David Stockton (y de Bell Jr, Dower o el cada vez más enorme pívot polaco Karnowski) o los no menos tremendos Cowboys del ínclito Marcus Smart y sus amigos, que cuando tienen una buena tarde (y últimamente las están teniendo) son muy capaces de ganar y de paso desquiciar a cualquiera. Quizá el mejor partido (o al menos uno de los mejores) de esa 2ª ronda, en mi opinión.

A quien sobreviva de todo este lío, Arizona o el que sea, le esperará el que se salga con la suya en el cuarteto contiguo, que debería estar entre Oklahoma (¿imaginan un derby entre Cowboys y Sooners en Sweet Sixteen?) y San Diego State. Con ligera ventaja para estos últimos, que un año más han hecho un temporadón de la mano de ese tan veterano como incombustible técnico llamado Steve Fisher, ese mismo que ya ganaba campeonatos en la Michigan de los ochenta y ponía un poco de orden en los desbocados Fab Five de los noventa. Un grande, y un equipo estos Aztecas que a sus órdenes llevan ya unos cuantos años de esplendor.

Al otro lado del cuadro la principal amenaza se llama Wisconsin, ya saben, los Badgers, la habitual tela de araña de Bo Ryan… pero no nos quedemos sólo en eso porque este año sin perder un ápice de su eficacia defensiva se han dado también alguna que otra alegría en ataque, ya no son necesariamente ese equipo que agota una y otra vez las posesiones, ayuda a ello el tener tíos de tanto talento como Traevon Jackson, Decker, Gasser o el sorprendente pívot Frank Kaminski, viéndole la cara jamás imaginarías que llevara tanto baloncesto en su interior. Wisconsin se deshará sin problemas (digo yo) de la modesta American y afrontará luego un cruce envenenado frente al ganador del Oregon-BYU, sin duda otro de los enfrentamientos más atractivos de 2ª (ex 1ª) ronda. Los Patos oregonianos han tenido un año mucho más irregular de lo que cabía esperar (aquella sanción a Artis por venderle a sus compañeros el material deportivo que le facilita la universidad evidentemente no les ayudó en absoluto) pero han renacido de sus cenizas y tienen baloncesto más que de sobra para darle un disgusto a cualquiera. Como lo tiene por supuesto Brigham Young, la universidad mormona por antonomasia, el reino del gran Tyler Haws o del sorprendente pívot freshman Eric Mika. Partidazo.

Y aún quedaría completar el cuadro con Creighton, la casa de los McDermott como si dijéramos, apenas he podido verles este año (la nueva Big East vendió su alma televisiva a la Fox y ello hace que sea casi imposible encontrar partidos en Internet) y bien que lo siento, en cambio el año pasado debí verles como docena y media de veces y sé bien lo que pueden dar de sí todos ellos en general y ese incomparable Doug McDermott (¿jugador del año?) en particular. Un equipo que me cae francamente bien ya desde los tiempos en que los entrenaba Dana Altman (hoy en Oregon) y su estrella era Kyle Korver, por lo que me encantaría que todo les saliera a pedir de boca, que se deshicieran sin más trámite de Louisiana-Lafayette (probable) y luego sobrevivieran también al cruce frente al ganador del Baylor-Nebraska, que también es posible pero ya va a estar un poco más difícil. Baylor me suele decepcionar casi en la misma medida en que suele hacerlo su presunta estrella Isaiah Austin, siempre me parece que tiene equipo de sobra para no ser tan irregular como acaba siendo. No obstante han acabado bien, han alcanzado la Final de la Big12 y se la han peleado a Iowa State que es tanto como decir que pueden liársela a cualquiera. Por ejemplo a Nebraska que vendría a ser todo lo contrario, nadie contaba con ellos en la Big10 y han hecho un año inimaginable a priori para mayor gloria de su recién estrenado técnico Tim Miles. Otro de tantos partidos imprescindibles.

MIDWEST

midwest

Los números por sí solos difícilmente puedan explicar la prodigiosa temporada de Wichita State pero aún así resulta inevitable recurrir a ellos, recordar por ejemplo que los Shockers aún prolongaron la racha durante el Torneo de su Conferencia, recordar que llegan finalmente a este momento de la temporada con ese inmaculado 34-0 que no tiene precedentes en la historia. Y que hacía 23 años que un equipo no llegaba invicto al Torneo Final (1991, aquella Nevada-Las Vegas que luego fue Final Four), y que hace ya 38 años (Indiana, 1976) que un equipo no prorroga aún más esa racha para acabar proclamándose campeón invicto. Ese será el reto al que se enfrentarán desde hoy estos Shockers, que siempre supimos que no tendrían un camino de rosas pero tampoco imaginamos jamás que fueran a tener tantas espinas, tres de los últimos cuatro campeones y el actual subcampeón en el horizonte, ahí es nada. Pero vayamos por partes…

Dando por supuesto que superarán sin problemas su primera ronda (que ahora se llama segunda ronda, recuerden) el primer marrón de consideración lo encontrarán en el cruce siguiente, frente al ganador del Kentucky-Kansas State. Que podrían ser perfectamente los Wildcats de Kansas State, equipo renacido de sus cenizas de la mano de Bruce Weber y que cuenta además con un freshman que sencillamente me entusiasma, Marcus Foster;  pero que es más que probable que sean los Wildcats de Kentucky, ya saben, el mismo Gabinete Calipari de siempre pero esta vez con Randle, Young, los gemelos Harrison y demás familia, quién nos lo iba a decir, si hace unos meses nos hubieran contado que Wichita St. estaría en el número 1 y Kentucky en el 8 no nos lo habríamos creído, es más, habríamos pensado que era el mundo al revés. Kentucky fue casi unánime favorita antes de comenzar la competición pero luego la cruda realidad de la vida fue poniendo las cosas en su sitio: inexperiencia, falta de cohesión, lo normal en un equipo lleno de imberbes yogurines como éste… hasta ahora. Porque ahora ya no son tan inexpertos ni están tan descoordinados, justo ahora están empezando a funcionar, que se lo pregunten a unos Gators de Florida que aún no se habrán quitado el susto del cuerpo y todavía estarán pensando en qué habría sido de ellos si no llega a resbalarse Young. Si yo fuera Kansas State y/o Wichita State no estaría nada tranquilo, en absoluto.

Pero es que lo siguiente podría ser el vigente campeón Louisville (¿imaginan un derby de Kentucky en Sweet Sixteen?), ahí es nada la pomada. Si alguien pensó que por perder a Siva, Dieng o Behanan (este último a mitad de temporada, y no por haberse hecho profesional sino por su mala cabeza) estos Cardinals serían menos competitivos es que no conoce suficientemente a Rick Pitino. Jones, Hancock o Van Treese apuntalan un equipo con dos patas básicas, a saber, el siempre alucinante Russ Smith (un inmenso chorro de talento generalmente muy mal administrado, ya saben) y el prodigioso ala-pívot sophomore Montrezl Harrell, para mí una de las grandes sensaciones de la temporada, un jugador que poco tiene que envidiar a (por ejemplo) Julius Randle y del que sin embargo se habla (repito, en mi opinión) mucho menos de lo que merecería. La primera piedra (y no pequeña) en el camino de Louisville será Manhattan, esos Jaspers de Steve Masiello que tras ganar brillantemente a sus vecinos de IONA se proclamaron flamantes campeones de la MAAC. Llegan muy de vez en cuando estos Jaspers al Torneo pero suelen dejar huella, así lo hicieron hace ya casi veinte años con nuestro Jerónimo Bucero y hace ya casi diez con el dominicano Luis Flores (sí, aquel mismo Luis Flores del Trío Los Panchos estudiantil), así pueden hacerlo este año con tíos como Michael Alvarado o Emmy Andújar por ejemplo, ponga un hispano (o mejor dos) en su vida. Quien gane se las verá previsiblemente con Saint Louis… o no, porque éste a su vez tendrá que haber ganado al superviviente de uno de esos duelos aislados de lo que ahora llaman primera ronda y yo preferiría llamar ronda previa, North Carolina State-Xavier, partidazo ya para empezar.

Al otro lado del cuadro baste decir que Michigan es el número 2 y Duke el 3, a ver si no son éstos motivos más que suficientes (junto con los de antes) como para que a las buenas gentes de Wichita les tiemblen las piernas.Captura de pantalla 2014-01-27 a las 18.14.14 Empecemos por los Wolverines, que creyeron que se les venía el mundo encima cuando se les lesionó para toda la temporada su fuerza interior Mitch McGary (que ahí anda el hombre agitando toallas y mostrando carteles motivacionales a falta de mejor suerte) pero Beilein tuvo claro aquello de que lo que no te mata te hace más fuerte y predicó con el ejemplo: Burke será historia pero Stauskas es puro presente, y qué presente, cada día que pasa es mejor jugador esta criatura; súmenle a LeVert, a Glenn Robinson III y al renacido pívot Jordan Morgan y ahí están los resultados, desde luego muy por encima de las expectativas que había generado este equipo. Eso sí, para que estos Wolverines lleguen a medirse con Duke en sweet sixteen tendrán antes que haber dado buena cuenta de Wofford y luego medirse al ganador del Texas-Arizona State, otras dos muy gratas sorpresas. Los Longhorns parecían estar en año de transición pero han causado sensación de la mano (sobre todo) de su emergente base freshman Isaiah Taylor; y los Sun Devils han respondido con creces a las esperanzas que generaban su eléctrico base sophomore Jahii Carson y su fornido pívot canadiense Jordan Bachynski. Bonito cruce.

Y cómo no, Duke, quizá uno de los mejores juegos exteriores de la nación, quizá uno de los más endebles juegos interiores hasta que Krzyzewski decidió hacer de la necesidad virtud: optimizó a Amile Jefferson, recurrió por fin a Marshall Plumlee (que no estará al nivel de sus dos hermanos mayores, pero que siempre ha respondido cuando se le ha necesitado) y acercó más al aro a esa maravilla disfrazada de jugador de baloncesto llamada Jabari Parker, mi particular número 1 del draft si no fuera por Embiid. No serán los mejores Blue Devils de la historia pero vuelven a aspirar a casi todo como casi todos los años. Eso sí, en el camino se las verán con Mercer y luego o bien con Massachusetts (me encanta su base Chaz Williams) o bien con el ganador de la ronda previa (o sea, primera ronda) entre Tennessee (me encanta su pívot Jarnell Stokes) y Iowa, una pena estos Hawkeyes que andan también en caída libre estas últimas semanas pero que vaya usted a saber si en llegando al Torneo no les diera a los Marble, Gesell y cía por recuperar su espléndido baloncesto anterior. Ojalá.

EAST

march-madness-east-region-bracket-2014

Y si ya epataban los números de Wichita State no epatan menos los de Virginia, esos Cavaliers que no ganaban la temporada regular de la ACC desde hace 33 años (o sea, desde 1981) y no ganaban el Torneo de Conferencia desde hace la friolera de 38 años (o sea, desde 1976). TEMPORADÓN con mayúsculas el de estos chicos de Tony Bennett, esos maravillosos Harris, Brogdon, Tobey, Mitchell y demás familia… que sin embargo no habrían sido números 1 de esta Región de no haberse producido las derrotas postreras de Villanova, Kansas, Michigan o incluso Duke (ante la propia Virginia) en sus respectivas conferencias. Bien está lo que bien acaba, este seed 1 podrá haber sido el último en ser adjudicado pero no por ello es menos justo.

Tras ganar (démoslo por hecho) a los Chanticleers (¿?) de Coastal Carolina los Cavaliers se las verán con el ganador del Memphis-George Washington. No he podido ver a los Colonials (y bien que lo siento) pero sí unas cuantas veces a los Tigers del histriónico Josh Pastner y de Joe Jackson, Geron Johnson y Michael Dixon, veterano y muy físico juego exterior con calidad de sobra para liársela a cualquiera. Ese hipotético Virginia-Memphis podría ser un tremendo duelo táctico, quien lo gane sentirá poco menos que una liberación… y sin embargo su calvario no habrá hecho más que empezar ya que a la vuelta de la esquina bien podría esperarle Cincinnati o aún peor, nada menos que Michigan State.

Ningún sénior sin Final Four, he ahí el lema virtual de Izzo durante todos estos años, casi ya desde finales del pasado siglo. Ningún sénior sin Final Four, así fue durante casi todo este tiempo pero ahora corre cierto riesgo de que deje de serlo, de que tíos como Appling o Payne se le gradúen sin haber disfrutado de la experiencia. Para impedirlo (y para hacer valer su buen momento de forma, también, demostrado durante el reciente Torneo de la Big10) encararán a Delaware y luego probablemente se las verán con los musculitos de Cincinnati (mención especial para Sean Kilpatrick, uno de los jugadores del año sin ninguna duda) o en su defecto con los cerebritos de Harvard, una vez más brillantes campeones de la no menos brillante (en términos académicos) Ivy League. Un camino difícil porque a estas alturas ya no hay caminos fáciles, pero que tampoco parece el peor que les podría haber tocado, en absoluto. Izzo y sus Spartans tienen el legítimo derecho de volver a soñar.

Con permiso sobre todo del número 2 que llegará por el otro lado del cuadro, y que se llama Villanova. Habré de confesar aunque me avergüence que no he visto en todo el año a Villanova, no porque no haya querido sino porque no he podido, por lo que antes les conté de la católica Big East vendiendo su alma a la Fox. Poco más puedo aportar que lo que antes supe de ellos, que sigue entrenándoles (muy bien por cierto) el Clooney de los banquillos Jay Wright, que en la dirección en cancha seguirá ese frágil base de extraño apellido que nos cautivó en su año freshman, Ryan Arcidiacono (pronúnciese Archidiácono). Y que habrían sido número 1 con todas las de la ley (en detrimento precisamente de Virginia) de no haber caído prematuramente en el Torneo de su Conferencia ante Seton Hall.

Villanova deberá ahora deshacerse sin excesivos problemas de Wisconsin-Milwaukee y luego encarar al ganador del Connecticut-St. Joseph’s. Que en condiciones normales deberían ser los Huskies de Kevin Ollie y de ese espíritu libre llamado Shabazz Napier, pero que no descarten tampoco a los sorprendentes chicos de St. Joe’s. En el hipotético caso de que dieran la campanada (como ya la dieron en su conferencia cargándose en la Final contra todo pronóstico a VCU) hasta podríamos encontrarnos un Villanova-St. Joe’s, un insospechado derby de Philadelphia en la 3ª ronda del Torneo. Esperemos acontecimientos.

Y quedaría hablarles de otro de los equipos que más me han cautivado esta temporada, los Cyclones de Iowa State, de Fred Hoiberg y del afamado trío Kane-Ejim-Niang. Van con el número 3 lo que les hará verse de entrada con la desconocida (para mí al menos) North Carolina Central y luego ya con North Carolina (pero ésta ya no Central sino la de verdad, la de toda la vida) o Providence. Los Tar Heels han sido con diferencia el equipo más desconcertante de la temporada, el que un día te perdía con Belmont o UAB y al siguiente te ganaba a Michigan State o Kentucky pongamos por caso, el que una noche atacaba como los ángeles y a la siguiente defendía como el culo, con perdón. Marcus Paige es un fuera de serie, Tokoto, Bryce Johnson o McDonald hacen un gran trabajo, Britt y Meeks apuntan grandes cosas, van tan sobrados de talento que son perfectamente capaces de vencer a cualquiera… o de perder contra cualquiera, también. Con Providence por ejemplo, esos Friars que se llevaron contra todo pronóstico el Torneo de la (nueva) Big East ganándose de paso el billete para el baile, esos Friars que por desgracia tampoco pude ver en todo el año, lo de su Conferencia vendiendo el alma a la Fox, ya saben…

Si han llegado ustedes hasta aquí (cosa que dudo) sin duda merecen un premio, por ejemplo contarles que en apenas una semana (con permiso de la autoridad, y si el tiempo no lo impide) estará en sus pantallas la siguiente entrega, que en un alarde de originalidad llevará por título Crónicas de Marzo (III). Entre tanto denle una oportunidad a este maravilloso baloncesto universitario y a esta aún más maravillosa locura de marzo, háganme ese favor…

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)

A %d blogueros les gusta esto: