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APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (V – LOS DEL MEDIO)   Leave a comment

Doses, treses, doses y medios, treses y medios, acaso también algún uno y medio al que me cueste ver como base… de todo hay en esta quinta (y penúltima, espero) entrega, todo un genuino cajón de sastre. Y desastre, en lo que a mí respecta. Unos pocos mediocampistas (con perdón) que seguramente no marcarán una época pero a quienes no está de más conocer. Por lo que pueda pasar.

WINSLOW-02Empecemos cómo no por Justise Winslow, de la Universidad de Duke y de los Winslow de toda la vida, para mí será ya siempre el hijo de Rickie por más que en USA Rickie Winslow (aún con su gran carrera en la Universidad de Houston) sea ya sólo el padre de Justise. Justise es el típico jugador que lo mismo cose un huevo que fríe un alfiler, genuino todocampista, de esos que nunca serán una estrella pero que te los llevarías al fin del mundo si pudieras. Muy buen defensor, tremendo penetrador, aguerrido luchador. En los Blue Devils ejercía de tres o incluso de cuatro pero en NBA probablemente le tocará ser un dos, dos y medio a lo sumo; una posición para la que deberá mejorar su relación con las faltas (las que comete, que son demasiadas; y las que le cometen, que no aprovecha en los tiros libres como debiera) y muy especialmente su relación con el aro rival desde la larga distancia, condición sine qua non (signifique eso lo que signifique) para un magnífico proyecto de machaka (ilustrado) como el que nos ocupa. Muy probablemente será 6 ó 7 del draft, muy probablemente será carne de Kings o Nuggets. Nadie construirá un equipo alrededor de él, pero cualquier equipo será mucho mejor con él.

stanley johnsonCasi en la otra punta del país, en Tucson, Arizona, Stanley Johnson viene de hacer prácticamente el mismo viaje que Justise Winslow… sólo que en sentido inverso. Empezó la temporada como presumible número 3 del draft (y hasta el 2 le daban en algún pronóstico) y como favorito indiscutible a Jugador del Año en su conferencia; acabó la temporada rozando a duras penas los puestos de lotería y ya no siendo ni el mejor de su propio equipo siquiera (honor que correspondió al magnífico base sénior T.J. McConnell, a quien dicho sea de paso no encuentro en ninguna lista predraft; si es usted propietario de un equipo europeo ya está tardando en echarle el guante). Stanley dio maravillosamente el pego en un principio pero según fue avanzando el año se le vieron las carencias, que son muchas y variadas. Otro añito en Arizona le habría venido de perlas… o no, porque acaso su flojísimo final de temporada fuese porque en el fondo estaba deseando salir de allí. Él sabrá.

Viajemos ahora (como casi en cada entrega de esta serie) a Kentucky, pero esta vez para hablarles de un jugador realmente especial. Quizá el que menos nos llamara la atención de toda aquella ingente camada de freshmen que desembarcó hace un año en Lexington: liviano, nada sobrado de músculo, rozando a duras penas los dos metros (que no aparenta) y con cierto aire de buen chaval que desentonaba con la pinta de sobraos de muchos de sus compañeros.devin-booker1 Devin Booker (que así se llama el susodicho) fue asignado de entrada al segundo pelotón (white platoon, en la jerga calipariana), pensamos que pasaría desapercibido pero nada más lejos de la realidad, enseguida vimos que estábamos ante un auténtico microondas, un chaval que en cuanto aparecía y afinaba su muñeca podía poner el partido entero del revés. Porque esa es sin lugar a dudas la mejor (pero no única) cualidad de Booker, para mi gusto el mejor tirador exterior puro de este draft (Herzonja y el ex Gator Michael Frazier podrían discutírselo, aunque en el caso de este último no hay color). Y es bien sabido que en esta NBA tan propensa al triple que nos ha tocado vivir el kilo de tirador se paga muy pero que muy bien, razón por la cual Booker con sólo un año de campus tendrá puesto de lotería y un contratazo acorde con dicha posición. En el mejor de los casos podríamos soñar con un Klay Thompson (palabras muy mayores), en el caso intermedio estaríamos ante un Korver o un Redick de la vida, en el peor una especie de Kapono que tampoco es que sea mala cosa. Nunca le pierdan de vista.

Y de Kentucky a Wisconsin para dedicar un parrafillo al gran Sam Dekker, acaso la prueba perfecta de cómo una buena actuación en marzo puede disparar tu carrera profesional en general y tus perspectivas para el draft en particular, hasta el punto de hacerte casi rozar la lotería.Sam-Dekker Que Dekker era bueno lo sabíamos ya de sobra tras sus tres años en los Badgers, que Dekker podía ser grande lo supimos tras una Madness realmente excepcional, en la que se echó el equipo a la espalda y se convirtió en el principal culpable (aún más que Kaminski, incluso) de que Wisconsin se metiera en la Final y se quedara a apenas un paso de alzarse con el título. En NCAA se movía entre el tres y el cuatro abierto, en NBA difícilmente dejará de ser un tres ya que tiene el físico perfecto para ello. Otro de esos tíos que no son extraordinarios en nada pero son buenos en un montón de cosas, a destacar su defensa (como no podría ser de otra manera viniendo de donde viene), su muñeca y su impagable carácter ganador. Quien lo escoja no se va a arrepentir, seguro.

No quiero acabar esta entrega sin mencionar otros dos nombres, otras dos incógnitas, otros dos recorridos divergentes en su camino hacia el draft: Justin Anderson, que se echó sobre sus hombros a los Cavaliers de Virginia durante toda esta temporada (excepto cuando anduvo lesionado, y bien que lo acusó su equipo); interesantísimo cóctel de atleticismo, muñeca, defensa (viniendo de Virginia lo lleva de serie) y actitud, y cuyas perspectivas draftísticas parecen haber mejorado sobremanera en los últimos tiempos gracias a unos magníficos workouts. Y Kelly Oubre, que llegó hace un año a Kansas haciendo muchísimo ruido pero luego lo de las nueces ya fue otro cantar. Su cartel de estrella de poco le sirvió porque así de entrada Bill Self prefirió no darle bola, cuando finalmente se la dio vimos que ahí sí que había jugador suficiente como para sacarle las castañas del fuego… pero tampoco mucho más, por ahora. A día de hoy no deja de ser un mero proyecto (como casi todos, pero aún más en este caso), interesante pero proyecto al fin y al cabo, como bien demuestra su caída en picado en las últimas previsiones pre-draft. Cuánto mejor habría hecho quedándose otro año más en Lawrence.

CRÓNICAS DE MARZO (III)   Leave a comment

Debe tratarse de una enfermedad. Si yo fuera contando en según qué ámbitos (mis compañeros de trabajo, mis vecinos, mi familia política) que el pasado domingo a la hora del Madrid-Barça yo no estaba viendo el Madrid-Barça como Dios manda (una cosa así debe mandarla Dios, si no no se explica) ni aún teniendo el Plus siquiera, que a esa misma hora estaba viendo un Wichita State-Kentucky y a continuación un Iowa State-North Carolina, probablemente todos aquellos que lo escucharan me mandarían a esparragar, me marginarían, me situarían en el último nivel de la escala social o incluso los más allegados me llevarían de los (escasos) pelos al psiquiatra. Pero así fue, a ustedes puedo contárselo porque son de baloncesto (no estarían aquí si no lo fueran), espero que me entiendan aunque no sean necesariamente de este baloncesto (y conste que no se trata de desprecio al Clásico, líbreme el cielo, yo mismo le eché un ojo en cuanto pude, el Clásico me interesa en lo que tiene de deporte, de enfrentamiento crepuscular entre dos grandísimas escuadras; pero todo lo demás, todo el ruido y la furia que se genera a su alrededor, no sólo no me interesa sino que me molesta profundamente). Así pues (tras esta prescindible introducción) me pongo por fin a ello, a contarles una semana más con pelos y señales los procelosos entresijos de esta maravillosa locura de marzo que nos ha tocado vivir. Vamos allá.

SOUTH 

Florida (1) – UCLA (4)

Stanford (10) – Dayton (11)

Érase una vez una universidad californiana llamada Stanford que no estaba en la Ivy League porque le pillaba lejos pero no porque no lo mereciera, un centro del saber considerado unánimemente entre la élite académica de la nación. De Stanford salieron presidentes, salieron grandes próceres y demás gente instruida, salieron también jugadores de baloncesto a veces. Les recuerdo un gran equipo a finales de los noventa de la mano de (el actual técnico de la vecina Universidad de California) Mike Montgomery, les recuerdo volviendo al Torneo con los gemelos Collins (Jarron y Jason) y más tarde con los gemelos López (Brook y Robin), les recuerdo un peludo jugador que pensé que iría para estrella y se nos quedó en muy poca cosa, Josh Childress. Y pare usted de contar. Cuentan que en 2009 decidieron dar un golpe de timón y ponerse en manos de Johnny Dawkins, un sujeto al que conocimos en los ochenta formando aquella dupla exterior Dawkins-Hawkins (Johnny & Hersey) en los Sixers de Barkley, un sujeto que tras retirarse volvió a su alma máter Duke como tantos otros ex bases de la casa para situarse a la vera de Krzyzewski y ejercer durante un montón de años como asistente, un sujeto que finalmente decidió que había llegado por fin el momento de volar solo y aceptar esta oferta que le llegaba desde la otra esquina de la nación. Las cosas no fueron fáciles, cuatro años sin Madness fueron más que suficientes para que empezara a abrirse el suelo bajo sus pies, de haberse repetido este año la historia quizás habría rodado su cabeza pero no fue así, sucedió que tras alguna irregularidad finalmente sacaron su billete para el baile y finalmente sucede que tras dos rondas aún continúan bailando, quién se lo iba a decir.

Y veremos si no continúan todavía otra ronda más: con un equipo tan largo de estatura como corto de efectivos, con su aguerrida defensa, la aportación exterior de Chason Randle, el intrépido taponador Huestis y la socorrida pareja interior que integran Dwight Powell y Stefan Nastic (que pese a su apellido no es de Tarragona ni de los Balcanes sino canadiense, al igual que Powell) se la liaron en segunda ronda a New Mexico (profundamente decepcionantes los Lobos, con mención especial en ese aspecto para su base Kendall Williams) y se plantaron en tercera con la misión imposible de cargarse a Kansas. ¿Imposible? Ponga usted una buena zona 2-3, meta un poco de sentido común en ataque y tendrá a los archifavoritos Jayhawks en estado de pánico antes de que se dé cuenta. Que un equipo como Kansas con todo su Wiggins, Selden, Ellis (finalmente no se estrenó Embiid) y demás familia tenga que recurrir a dos freshmen de banquillo como Mason y (sobre todo) Frankamp para que le salven los muebles dice mucho del papelón que hicieron estos Jayhawks en general y del que hizo su afamado Andrew Wiggins en particular: en el día más importante de su carrera universitaria (si es que a esto se le puede llamar carrera universitaria) volvió a desaparecer (como en aquella otra noche ante Oklahoma State) y se marcó un espantoso 1 de 6 en tiros de campo en 34 minutos para totalizar 4 puntos (al menos anotó dos tiros libres) y 4 pérdidas de balón. Todo lo cual por supuesto provocó en su rostro el mismo impacto gestual que si hubiera ganado o se le hubiera caído el techo encima, es decir ninguno. Ni una mueca, impasible el ademán, no diré que ni siente ni padece pero desde luego que se esfuerza concienzudamente en disimularlo. Wiggins es muy bueno y va a ser mejor, no me cabe la menor duda, pero esa sensación de falta de implicación y de no tener sangre en las venas no creo que le beneficie en absoluto a lo largo de su carrera profesional. Hoy sabemos que Wiggins pasó por la universidad, lo que ya no está tan claro es que la universidad haya pasado por Wiggins.

Claro que si les parece grande lo de Stanford esperen a ver lo de Dayton. Dayton fue el sexto equipo de la muy venida a más conferencia Atlantic 10 en entrar en el Torneo, se sumó así a St. Joseph’s. St. Louis, VCU, Massachusetts y George Washington para enojo de un Krzyzewski al que (visto lo que sucedió después) más le habría valido callarse. Pero Dayton fue equipo de burbuja, de los que entran en el último instante, de los que normalmente juegan ese First Four (ahora llamado Primera Ronda) de los puestos 11 y 12, de hecho si no lo jugaron es muy probable que fuera porque esa Primera Ronda se disputaba precisamente en Dayton. Y Dayton que ya que estaba aquí decidió hacer la gracia, Dayton que se llevó por delante a dos grandes un tanto venidos a menos, primero a la irregularísima Ohio State y luego a esa Syracuse de mis desvelos a la que la temporada se le acabó en febrero por razones que no alcanzo a comprender. Dos grandes venidos a menos pero dos grandes al fin y al cabo, dos equipos que siempre serán favoritos ante Dayton aún por mal que estén ellos y bien los Flyers. Así que ahí les tienen, nada menos que en Sweet Sixteen y ante Stanford o lo que es lo mismo, que esto no tiene por qué haberse acabado todavía. Todo ello a mayor gloria de un Archie Miller (hermano del técnico de Arizona Sean Miller aunque tampoco hace falta que yo se lo diga, les bastará con ver la foto para saberlo) al que a partir de ahora se van a rifar todas esas universidades en busca de coach, al tiempo. 

La otra parte del cuadro viene ya bastante más normal, el 1 contra el 4 como mandan los cánones (sean éstos quienes sean) en Sweet Sixteen. O dicho de otra manera, que con las sucesivas eliminaciones de Kansas, Syracuse u Ohio State a Florida se le ha abierto una autopista de tres carriles para llegar a Final Four. Claro está que para vérselas como hiperfavorito contra Stanford o Dayton en su correspondiente Final Regional antes tendrán que haber dado cuenta de UCLA… y fíjense, eso ya no lo tengo yo tan claro. Llegan bien los Bruins aunque justo será decir que tampoco han tenido rivales de mucha entidad por el camino, de entrada Tulsa y luego esa Stephen F. Austin que protagonizó en Segunda Ronda el final más alucinante de lo que llevamos de Torneo. Imaginen, 10 segundos para el final, VCU 4 arriba y posesión, SFA que hace falta, dos tiros libres que fallan los Rams, 3 + 1 (en falta más que discutible) que clavan los Lumberjacks, prórroga y desenlace y ahora son ya los de Shaka Smart los que se quieren morir… tras semejantes esfuerzos no les quedaron ya muchas fuerzas a estos Lumberjacks como para oponer resistencia ante los Bruins, poniendo así fin a la racha victoriosa que arrastraban desde finales de noviembre. Habemus Florida-UCLA, un duelo que evoca aquellos otros duelos en las Final Four de 2006 y 2007 ganadas por los Gators, tiempos aquellos en que los Bruins aún no jugaban al ritmo del alegre Alford sino al del espeso Howland. Nadie da tampoco un dólar por ellos en esta ocasión pero créanme que yo no les descartaría tan temprano. Quizá porque soy muy de Kyle Anderson, no les digo yo que no…

WEST

Arizona (1) – San Diego St. (4)

Wisconsin (2) – Baylor (6)

¿Cómo les podría explicar yo ese maravilloso Wisconsin-Oregon? Para empezar baste decir que en el descanso Oregon ganaba 49-37, que se dice pronto. Meter 49 puntos en 20 minutos ya es un lujo en cualquier competición, tanto más en baloncesto universitario (posesiones de 35 segundos, recuerden)… pero metérselos a los Badgers de Bo Ryan no creo que lo recordaran ni los más viejos del lugar. [Mención especial merece en este punto la extraordinaria actuación de un Joseph Young que llegó a Oregon como transfer procedente de la Universidad de Houston, la misma en que estudió su padre. ¿Que quién era su padre? Michael Young, que si usted es insultantemente joven no le dirá nada pero si usted tenía ya uso de razón en los ochenta/noventa sin duda le recordará enchufando triples en Valladolid y más tarde en Limoges, entre aquellas criaturas de Maljkovic que le amargaron una Euroliga al Madrid. Fin del inciso] ¿Suficiente? Qué más hubieran querido los Patos oregonianos. Otros años Wisconsin complementaba su siempre magnífica defensa con un ataque tirando a rácano que acostumbraba a apurar hasta treinta segundos por posesión a la espera de encontrar una buena posición de tiro, pero este año tiene tanta calidad el amigo Ryan que ha decidido darse unas cuantas alegrías, tanto más si además tiene que remontar como era el caso. Lo que vino tras el descanso fue una catarata de baloncesto ofensivo por parte de los Badgers como no creo que hayamos visto otra en todo en Torneo, quizá en toda la temporada: Decker, Gasser, Brust, Traevon Jackson (hijo de Jimmy Jackson, aquel de la triple J en los Mavericks con Jason Kidd y Jamal Mashburn)… y ese insospechado Frank Kaminski que jamás ni en el mejor de sus sueños imaginaron que le fuera a dar el rendimiento que le está dando a Ryan. Añadan además que el partido se jugó casualmente en Milwaukee (que está unos cuantos miles de kilómetros más cerca de Madison, Wisconsin que de Eugene, Oregon), imaginen a esas buenas gentes enloquecidas animando a sus Badgers y ya pueden suponer cuál fue el resultado final.

Cómo les podría explicar yo ese asombroso Creighton-Baylor? (Más difícil todavía que lo anterior) ¿Cómo explicarles que los maravillosos Bluejays de la familia McDermott se hundieran tan estrepitosamente ante los (habitualmente irregulares) Bears de Baylor? ¿Un exceso de responsabilidad tal vez, un exceso de fatiga tras el sobreesfuerzo que hubieron de realizar en la ronda anterior ante la fascinante Louisiana-Lafayette, una mala preparación del partido sin duda? Aún no habíamos entrado en materia y Baylor ya ganaba de veinte que antes de que nos diéramos cuenta ya eran treinta, antes del descanso ya se había acabado el partido y todo lo que vino después ya sólo fue felicidad para los Bears y una pura agonía para las buenas gentes de Creighton en general y para Doug McDermott en particular, un Doug McDermott que quedará ya para la historia como uno de los más grandes anotadores NCAA de todos los tiempos (quinto, de haber jugado un par de rondas más aún habría podido escalar alguna otra posición), un maravilloso jugador cuya carrera universitaria en modo alguno mereció acabarse así. Ahora sólo nos quedará ya saber qué será de su vida, si por una vez los prejuicios físicos dejarán paso al talento en la noche del draft o si en su defecto se le abrirán de par en par las puertas de Europa (lo cual tampoco estaría nada mal, por cierto). No sé dónde, cuándo ni cómo pero lo que sí tengo claro es que volveremos a encontrárnoslo y a disfrutarlo, no me cabe la menor duda.

Vayan también estas líneas en desagravio de Baylor, un equipo que tiende a decepcionarme y con el que siempre tengo la sensación de que su resultado suele estar muy por debajo de la suma de las partes. No esta vez, claro. No cuando a Chery o Haslip les entra todo lo que tiran, no cuando Isaiah Austin no sólo participa sino que además se implica, vamos que hasta se atreve a fajarse bajo el aro alguna vez (incluso). Baylor ha destrozado por sí sola las ilusiones baloncestísticas del Estado de Nebraska, la propia Nebraska en Segunda Ronda y Creighton en Tercera, probablemente sus integrantes serán considerados personas non-gratas a partir de ahora en dicha demarcación. Ahora bien, lo siguiente será ya Wisconsin y esa será ya otra historia, me temo que necesitarán algo más que la mera suma de sus miembros para tener siquiera alguna opción.

Por el otro lado de esta Región Oeste las aguas bajan bastante más tranquilas. Arizona muy en su papel de número 1 se llevó por delante a Gonzaga sin dejar a los Zags (también llamados Bulldogs) ni la menor esperanza. Fue ese también como es lógico el final de varias carreras universitarias, entre ellas la de un David Stockton del que me intriga (casi tanto como en el caso de McDermott) cuál será su futuro a partir de ahora. Y en cuanto a los Aztecs de San Diego State baste decir que en Segunda Ronda se deshicieron con muchos apuros de la New Mexico State del gigantesco (en términos meramente físicos) Sim Bhullar y que luego en cambio dieron buena cuenta de la cenicienta de turno, esa North Dakota State que ya había cumplido con creces eliminando a Oklahoma en la ronda anterior. Si todo va normal (que es mucho suponer, dadas las circunstancias) viviremos un alucinante Arizona-Wisconsin en Final Regional, un hipotético encuentro que habría de coronar de una vez por todas a Sean Miller o a Bo Ryan en Final Four. Créanme, cualquiera de los dos lo merece tanto como el que más.

MIDWEST

Louisville (4) – Kentucky (8)

Michigan (2) – Tennessee (11)

Imaginen (ya sé que es mucho imaginar, pero imagínenlo de todos modos) que Osasuna (por ejemplo) fuera líder de Primera División, que el Madrid estuviera octavo, que Osasuna fuera a jugar contra el Madrid, que ganara el Madrid gracias a un solitario gol en el tiempo de descuento y que entonces todo dios hablara de sorpresa porque el octavo clasificado habría ganado al primero. ¿Sorpresa? A ver, un poquito de por favor, sorpresa es que un modesto le gane a un grande aún por bien que esté el modesto y mal que esté el grande, sorpresa es que los pajaritos disparen a las escopetas, nunca al revés. Este pasado domingo el número 1 Wichita State cayó finalmente ante el número 8 Kentucky, y fueron muchos los que hablaron de sorpresa sin pararse a valorar la diferente dimensión de una u otra universidad, sin pararse a pensar en que si esto nos lo hubieran contado en noviembre no nos lo habríamos creído, que habríamos podido imaginar entonces a Kentucky en el 1 y Wichita en el 8 pero nunca al contrario. Están los que hablaron de sorpresa y están también aquellos a quienes les faltó tiempo para sacar pecho y predecir el pasado, lo veis, si ya lo decía yo, si los rivales nunca son los mismos, si una mid-major nunca puede ser número 1 por mucho que haya ganado todo lo habido y por haber… Calma señores, por favor, y en lugar de tanta grandilocuencia valoremos las cosas en su justa medida: Wichita State ha hecho un temporadón incomparable, Wichita State ha enlazado una tras otra 35 victorias que no tienen precedentes en la historia, Wichita State ha llegado invicta al Madness que hacía 23 años que nadie lo hacía… y Wichita State perdió en Tercera Ronda, eso es incontestable, lo dicen los números, pero hay maneras y maneras de perder: un partido sublime, grandioso, jugado de poder a poder (disculpen el tópico) y que al final fue casi una moneda al aire, un épico desenlace sobre la bocina: si aquel triple postrero del gran Fred VanVleet hubiera entrado ahora ya nadie dudaría de estos Shockers. En cualquier caso la duda es libre, faltaría más, pero para mí no hay ninguna: pase lo que pase a partir de ahora, gane quien gane el Campeonato, éste quedará ya para siempre como el año de Wichita State. Aunque ya sean historia.

Todo lo cual no me impide reconocer como se merecen a estos Wildcats de Kentucky. Saben perfectamente que el caliparismo no es mi fuerte, saben también que en noviembre eran poco menos que una banda, una pandilla de yogurines cada uno de su padre y de su madre, incapaces de integrarse en un proyecto común. Pero es que sucede que ahora ya estamos en marzo, ahora ya se conocen y hasta se complementan, que tíos con tanto talento consigan finalmente ser equipo representa un serio peligro para cualquiera. Su partido fue soberbio, con los gemelos Harrison a muy buen nivel y con un Julius Randle sencillamente imponente, y ello a pesar de la magnífica defensa que (aunque pareciera imposible, dada la diferencia física) le hizo Cleanthony Early. Sale por ahora muy reforzado Randle de cara al draft, por activa (la suya) y por pasiva (la de Parker y Wiggins), salen muy reforzados en general estos Wildcats pero ojo porque a la vuelta de la esquina les esperan ya sus ilustres vecinos de Louisville. Los Cardinals lo pasaron muy mal ante los fantásticos Jaspers de Manhattan y tampoco lo pasaron muy bien ante los aguerridos Billikens de Saint Louis, pero sobrevivieron a ambas pruebas y aquí los tenemos ya preparados para revivir otro derby de Kentucky, otro de esos duelos crepusculares con que nos obsequian cada año a finales de diciembre. Louisville vs Kentucky, Pitino vs Calipari, Harrell vs Randle, Smith & Jones vs Harrison Twins, Hancock (el sempiterno desatascador de este equipo) vs James Young. Louisville vs Kentucky nunca es un partido más, aún menos es un partido más si nos lo encontramos ya en Sweet Sixteen. ¿Favorito? Será por Pitino, será porque son los actuales campeones, será por lo que sea pero las casas de apuestas de Las Vegas dan como favoritos a los Cardinals no ya para este partido sino para alcanzar incluso la finalísima de la competición junto a Florida. Dado que se juegan su dinero no seré yo quien les lleve la contraria…

Claro que eso será con permiso de Michigan. Michigan que se deshizo sin despeinarse de Wofford y con muchas menos dificultad de la esperada de Texas, Michigan que ahora debería vérselas con Duke pero en su lugar se las verá con Tennessee, ya ve usted lo que son las cosas. Duke puso en el mapa a la Universidad de Mercer y a Langston Hall al igual que hace dos años puso también en el mapa a la Universidad de Lehigh y a C.J. McColllum, segunda catástrofe en tres años que ha dado pie a que muchos se apresuren a enterrar al enterrador Krzyzewski. Permítanme que no compre yo ese discurso. No es que yo sea superfán del Coach K, ni por asomo, pero una cosa es una cosa y otra más ya son dos cosas, no puede ser que dos cagadas puntuales (aún por graves que sean), pesen más que los títulos, las final four, los oros olímpicos o las casi mil victorias que lleva en su carrera. Duke perdió por tener un equipo descompensado a más no poder, por juntar al mejor perímetro de la nación con un juego interior casi inexistente y porque enfrente tuvo a una Mercer que será todo lo modesta que usted quiera pero que supo optimizar sus virtudes y minimizar las de Duke casi mejor que cualquier otra. Minimizar a Hood, a Cook, a Thornton e incluso a Jabari Parker, que mire usted por dónde fue a hacer el pasado viernes el peor partido que le hemos visto este año (el peor que yo le haya visto, al menos), Tanto que hasta dijo estar pensándose muy seriamente lo del draft, que a ver cómo iba a dejar así Duke con tan mal sabor de boca. Ojalá se quede, yo bien que me alegraría… pero permítanme que lo dude, una cosa es lo que se dice al calor de la derrota en marzo y otra muy distinta lo que se hace al olor de los dólares en abril o mayo. Al tiempo.

Mercer fue cenicienta por un día, al segundo ya no hubo más cenicientez, lo impidió una Tennessee que podría también ser cenicienta a su manera, no por tradición ni por historia pero sí por presente. Entraron en el Torneo de milagro, hubieron de clasificarse en el First Four ante (la muy venida a menos) Iowa, luego ya instalados en el seed 11 se comieron con patatas al 6 Massachusetts (que algunos todavía no entendemos qué demonios hacía ahí tan arriba) y finalmente la susodicha Mercer tampoco fue ya rival para estos Volunteers. Equipo apañado con dos presencias fundamentales, Conrad McRae por fuera y Jarnell Stokes por dentro, no tienen ni de lejos un plantillón como los que llegó a reunir (de aquella manera) el histriónico Bruce Pearl, pero ya habría querido el susodicho Pearl sacar a aquellas criaturas la mitad del rendimiento que a estas otras les está sacando Cuonzo Martin. ¿Suficiente como para molestar o incluso poner en aprietos a los Wolverines? Permítanme que lo dude, pero… que les quiten lo bailao.

EAST

Virginia (1) – Michigan St. (4)

Iowa St. (3) – Connecticut (7)

Si tiene usted un taburete firmemente asentado sobre tres patas y de repente va y le quita una de las patas, pueden pasar dos cosas: 1) que se caiga sin remedio, ó 2) que se mantenga en equilibrio inestable sobre sus dos patas pero siempre expuesto a que cualquier mínimo roce acabe derribándolo. la Universidad de Iowa State es un taburete (permítanme la metáfora) que se asentaba sobre tres patas básicas llamadas DeAndre Kane, Melvin Ejim y Georges Niang, era un taburete estupendo en el que te podías sentar y hasta subirte encima con total confianza hasta que en Segunda Ronda se le rompió definitivamente una de sus patas, esa delicia de jugador interior llamada Niang que no te gana por físico sino por clase y por el que algunos hemos desarrollado una particular debilidad. Todo parecía indicar que en cuanto lo rozaran los Tar Heels el taburete de los Cyclones se nos caería sin remedio, pero resultó que el diseñador del susodicho taburete (o sea, Fred Hoiberg) tenía otros planes, que se puso a apuntalarlo con un poco de Dustin Hogue, de Naz Long, de Monte Morris y de todos los demás y que gracias a eso consiguió no ya mantener ese equilibrio sino incluso aguantar las sucesivas embestidas de North Carolina, así hasta que a una de las patas supervivientes (como metáfora me está quedando un poco larga), el presunto base DeAndre Kane, le dio por jugársela y meterla casi sobre la bocina, ese casi fue el segundo y medio que a los Tar Heels se les fue en pedir un tiempo que ya llegó fuera de tiempo, valga la redundancia. Partidazo enorme, sublime, de los mejores si no el mejor del Torneo (y miren que hay donde escoger). Que en el caso de North Carolina llovía ya sobre mojado porque no era menos partidazo el que habían disputado en Segunda Ronda ante Providence, para el recuerdo quedará la portentosa (y a la postre inútil) actuación del base de los Friars Bryce Cotton, háganme el favor de apuntar ese nombre en el supuesto de que no lo tuvieran apuntado ya.

Iowa State-Connecticut, ese será su próximo cruce y ya veremos si esas dos patas que le quedan (aún por fuertes que sean) siguen bastándole a Hoiberg ante Napier y demás familia, ojalá porque una vez que se han muerto mis Orange y además Creighton, Iowa u Oregon estos Cyclones son ya los únicos favoritos sentimentales que aún me quedan, aunque sólo sea por lo mucho que me han divertido viéndoles jugar a lo largo de este año. Pero mucho ojo con esta UConn que en Segunda Ronda acabó con las aspiraciones de St. Joseph’s (flamante campeona de la Atlantic 10) y que seguidamente fue a enfrentarse con Villanova, una vieja pelea de perros y gatos (como la llamó la CBS) entre dos viejos rivales de la Big East cuando la Big East era todavía la Big East. Tanto dio que los gatos estuvieran en el número 2 y los perros en el 7 porque a la hora de la verdad los perros (o sea, los Huskies) pudieron con los gatos (o sea, los Wildcats) con inusitada facilidad. Equipo interesantísimo este de Connecticut en el que Kevin Ollie cada vez parece mejor entrenador y en el que Shabazz Napier es capaz de lo mejor y de lo peor (pero ahora ya lo primero mucho más frecuentemente que lo segundo) junto a su socio Boatright y a ese impagable supporting cast, Giffey, Daniels, Kromah, Brimah, etc. Les encanta jugar a estos Huskies, como buenos chuchos cuando están contentos y mueven el rabo son capaces de llevarse cualquier cosa por delante… y no digamos ya si por el camino se tropiezan con un taburete de sólo dos patas.

Por el otro lado de esta Región Este sigue viva y coleando Virginia, no es ya que siga viva y coleando sino que además goza de muy buena salud. Tanta como para llevarse por delante en Tercera Ronda a los Tigers de Memphis, esas criaturillas del histriónico Josh Pastner que parecía que se fueran a comer el mundo y a la postre no se comieron ni un colín ante los Harris, Tobey, Brogdon y demás familia virginiana. Estamos tan poco acostumbrados a ver a estos Cavaliers por aquí arriba que cada dos por tres pensamos que van a caer y que ésta será ya la definitiva, pero ellos afortunadamente se empeñan en dejarnos una y otra vez con un palmo de narices y en demostrarnos que su maravillosa temporada y sus títulos en la ACC no fueron en modo alguno una casualidad. Hasta el infinito y más allá…

O hasta que se vean las caras (ya mismo) con los Spartans de Michigan State. Yo les metí en Final Four porque son un gran equipo (mucho más que la suma de sus magníficas individualidades), porque llegan en gran momento pero también por esa regla no escrita de que todo Spartan que cumpla ciclo universitario acaba jugando al menos una Final Four a las órdenes de Izzo. La última fue en 2010 luego de no jugarla este año se rompería la racha (lo cual sería una pena para Appling y Payne, mayormente), quizá por eso más que por ninguna otra razón les di como favoritos por esta zona del cuadro… para posteriormente descubrir que casi todo dios les había dado también como favoritos por esta zona del cuadro, soy así de original. In Izzo we trust, y no nos hará flaquear en nuestras creencias el hecho de que los cerebritos de Harvard les llevaran al límite en tercera ronda, a mayor gloria de un técnico como Tommy Amaker que por segundo año consecutivo sale reforzadísimo del Baile. Pero sobrevivieron (los Spartans, me refiero) y a partir de aquí el cielo es el límite… aunque eso sí, pasando por Virginia en lo que habrá de ser uno de los más intensos y maravillosos duelos (y miren que hay donde escoger) de Sweet Sixteen.

Créanme, perdérselo (ni este partido ni ningún otro) no es una opción, ni aunque nos pongan otro Clásico (que no toca pero vaya usted a saber, que es bien sabido que los designios del Señor son inescrutables). Y por si acaso aquí nos encontraremos la semana que viene en lo habrá de ser ya la previa de la Final Four, en lo que será ya la última crónica de marzo… aunque quizás para entonces ya estemos en abril.

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)

CRÓNICAS DE MARZO (II)   2 comments

Habemus bracket, ergo como cada año por estas fechas toca que les ponga la cabeza mala con los emparejamientos del bracket. Avisados quedan…

SOUTH

march-madness-bracket-south-region-2014

Florida es el indiscutible número 1 de la nación, Florida ha ganado sobradamente su conferencia (así la temporada regular como el Torneo, of course), Florida lleva sin perder desde que allá por primeros de diciembre (éramos más jóvenes) ese prodigioso incordio llamado Shabazz Napier le clavó aquel triple sobre la bocina que tan felices hizo a las buenas gentes de Connecticut. Florida es el principal favorito de esta edición sin favoritos (o con demasiados favoritos), qué duda cabe… pero yo no sería yo si no tocara un poco (sólo un poco) las narices al respecto. Florida se ha beneficiado de una conferencia como la SEC que pasa por ser grande pero que anda un poco sobrevalorada en estos últimos tiempos (opinión muy personal que no tienen por qué compartir, faltaría más); ganó en casa y fuera, ganó a todos los que se encontró pero también lo pasó mal por el camino, vean si no la final de Conferencia disputada este pasado domingo, llegó a tener a Kentucky 15 abajo y al final caminó sobre el alambre, si en la última jugada no se llega a resbalar el Wildcat James Young vaya usted a saber de qué estaríamos hablando ahora. Equipo muy completo, muy veterano, muy profundo pero que a mí con todo y con eso me deja alguna duda, qué le vamos a hacer.

Dando por supuesto que pasarán con la gorra la ronda de 64, el primer marrón lo encontrarán cuando les toque enfrentarse al ganador del 8 vs 9, Búfalos vs Tigres, Colorado vs Pittsburgh. Particularmente me gustaría que fueran los Buffaloes, equipo al que da gloria ver jugar y que no sólo se ha sobrepuesto a la lesión para toda la temporada de su estrella exterior Dinwiddie sino que incluso ha hecho un dignísimo papel. En cambio los Tigers tienden a aburrirme soberanamente, lo cual no quita para que reconozca una vez más el inmenso mérito de Jamie Dixon y de un equipo que fue de más a menos  en su estreno en la ACC pero que ahora parece estar acabando bien la temporada. Ojo con ellos.

El siguiente posible marrón de Florida (o de quien sea) también tendrá historia porque saldrá del cuarteto VCU-SFA, UCLA-Tulsa (será por siglas). VCU es la Virginia-Commonwealth de Shaka Smart, a la que le han dado un número 5 que a priori parece un chollo y en la práctica es un regalo envenenado porque se enfrentará a Stephen F. Austin (12), los Lumberjacks (¿?), universidad modesta donde las haya pero que lleva sin perder desde noviembre, segunda mejor racha tras (obviamente) Wichita St. Quien sobreviva se enfrentará al ganador del UCLA-Tulsa, que en condiciones normales deberían ser los Bruins de Alford, del maravilloso Kyle Anderson (debilidad absoluta) y del portentoso freshman Zach LaVine. Pero fíese usted de las condiciones normales. No sería la primera vez que los Golden Hurricanes de Tulsa la lían en el Torneo (en cierta ocasión hasta se plantaron en Elite 8, lo que lanzó a la fama a su entonces técnico Bill Self), sí que lo sería en cambio para su debutante entrenador de este año, un sujeto que llevaba ya unas cuantas temporadas de asistente en Kansas y que responde al afamado nombre de Danny Manning, Terciopelo Azul como si dijéramos. Pongámonos todos en pie.

Precisamente Kansas es la número 2 de esta Región Sur, es decir la que si todo fuera normal debería disputarle la final regional a Florida. No teman, no les pondré otra vez la cabeza mala con Wiggins, Embiid (que lleva un tiempo sin jugar, un tanto achacoso de la espalda anda la criatura), Selden y demás familia pero sí les contaré que en estas últimas semanas vienen flojeando un poco sin que la baja del camerunés deba servirles como coartada. Ganarán a Eastern Kentucky (otra cosa sería una catástrofe) y luego se las verán con el vencedor del New México-Stanford, a los Cardinals les tengo poco vistos (fallo imperdonable) pero no así a los Lobos de Albuquerque, equipazo que me encanta éste de Nuevo México, por nada del mundo me pierdan de vista al imponente base Kendall Cucamonga Williams (no es insulto sino localidad de nacimiento, Rancho Cucamonga, California) ni a ese alero australiano con pinta de surfero que responde al bello nombre de Cameron Bairstow.

Y quedaría hablarles (y sé que me va a costar) del número 3 de esta Región, o sea Syracuse. ¿Qué les cuento yo de mis Orange que no les haya contado ya? Que hasta mediados de febrero pareció que se iban a comer el mundo y desde entonces no se comen ni una mandarina (muy apropiado), que van de mal en peor (como demostraron durante el Torneo de la ACC cayendo ante North Carolina St.), que a estas alturas ya sólo el rutilante freshman Ennis aguanta a duras penas el tirón. Y que si ganan a Western Michigan (no lo demos por hecho en las actuales circunstancias) se las verán contra Ohio State o contra Dayton, que debería ser Ohio State pero vaya usted a saber, que los Buckeyes (con todo su Aaron Craft o su Laquinton Ross) también saben muy bien lo que es ir de más a menos. En este rincón del cuadro (en casi todos, en realidad) puede pasar cualquier cosa.

WEST

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Decir Región Oeste es decir Wildcats de Arizona, es hablar de otra de las grandes sensaciones de la temporada. A Sean Miller de alguna manera le vino dios a ver cuando al fin pudo utilizar a T.J. McConnell, transfer desde la modesta Universidad de Duquesne que no sé cómo sería en su anterior destino pero que aquí sencillamente se ha salido. Con él Miller encuentra al base puro que nunca tuvo estos últimos años, con él Nick Johnson puede liberarse de las tareas de creación para entregarse a las de anotación, con él el juego de estos Wildcats adquiere mucho más sentido. Con él y con el freshman Aaron Gordon, un jugador con el que yo era muy escéptico antes de comenzar la temporada porque me parecía el típico saltimbanqui, uno de esos que juegan como si se hubieran tragado un muelle… o no, porque en el momento en que entró en el engranaje de Arizona pudimos comprobar que además había un buen jugador detrás. Súmenle la apreciable mejora del enorme Kaleb Tarzewski (enorme en sentido literal, es decir, exclusivamente físico, tampoco nos volvamos locos) y réstenle al alero Brandon Ashley que en un momento dado se lesionó para toda la temporada, un contratiempo que a cualquier otro le habría hundido en la miseria pero que los Wildcats superaron elegantemente gracias a sus sexta y séptima piezas, el base tirador Gabe York y sobre todo el freshman chico-para-todo Rondae Hollis-Jefferson, que no es ya que haga de todo sino que todo lo que hace lo hace francamente bien, valgan todas las redundancias. Tan favoritos como el que más estos Arizona Babies.

Estos Arizona Babies (también llamados Wildcats) se desharán sin despeinarse de Weber State y luego se las verán con el ganador del Gonzaga (8)-Oklahoma State (9). Palabras mayores gane quien gane, así sean los tremendos Zags de Pangos y David Stockton (y de Bell Jr, Dower o el cada vez más enorme pívot polaco Karnowski) o los no menos tremendos Cowboys del ínclito Marcus Smart y sus amigos, que cuando tienen una buena tarde (y últimamente las están teniendo) son muy capaces de ganar y de paso desquiciar a cualquiera. Quizá el mejor partido (o al menos uno de los mejores) de esa 2ª ronda, en mi opinión.

A quien sobreviva de todo este lío, Arizona o el que sea, le esperará el que se salga con la suya en el cuarteto contiguo, que debería estar entre Oklahoma (¿imaginan un derby entre Cowboys y Sooners en Sweet Sixteen?) y San Diego State. Con ligera ventaja para estos últimos, que un año más han hecho un temporadón de la mano de ese tan veterano como incombustible técnico llamado Steve Fisher, ese mismo que ya ganaba campeonatos en la Michigan de los ochenta y ponía un poco de orden en los desbocados Fab Five de los noventa. Un grande, y un equipo estos Aztecas que a sus órdenes llevan ya unos cuantos años de esplendor.

Al otro lado del cuadro la principal amenaza se llama Wisconsin, ya saben, los Badgers, la habitual tela de araña de Bo Ryan… pero no nos quedemos sólo en eso porque este año sin perder un ápice de su eficacia defensiva se han dado también alguna que otra alegría en ataque, ya no son necesariamente ese equipo que agota una y otra vez las posesiones, ayuda a ello el tener tíos de tanto talento como Traevon Jackson, Decker, Gasser o el sorprendente pívot Frank Kaminski, viéndole la cara jamás imaginarías que llevara tanto baloncesto en su interior. Wisconsin se deshará sin problemas (digo yo) de la modesta American y afrontará luego un cruce envenenado frente al ganador del Oregon-BYU, sin duda otro de los enfrentamientos más atractivos de 2ª (ex 1ª) ronda. Los Patos oregonianos han tenido un año mucho más irregular de lo que cabía esperar (aquella sanción a Artis por venderle a sus compañeros el material deportivo que le facilita la universidad evidentemente no les ayudó en absoluto) pero han renacido de sus cenizas y tienen baloncesto más que de sobra para darle un disgusto a cualquiera. Como lo tiene por supuesto Brigham Young, la universidad mormona por antonomasia, el reino del gran Tyler Haws o del sorprendente pívot freshman Eric Mika. Partidazo.

Y aún quedaría completar el cuadro con Creighton, la casa de los McDermott como si dijéramos, apenas he podido verles este año (la nueva Big East vendió su alma televisiva a la Fox y ello hace que sea casi imposible encontrar partidos en Internet) y bien que lo siento, en cambio el año pasado debí verles como docena y media de veces y sé bien lo que pueden dar de sí todos ellos en general y ese incomparable Doug McDermott (¿jugador del año?) en particular. Un equipo que me cae francamente bien ya desde los tiempos en que los entrenaba Dana Altman (hoy en Oregon) y su estrella era Kyle Korver, por lo que me encantaría que todo les saliera a pedir de boca, que se deshicieran sin más trámite de Louisiana-Lafayette (probable) y luego sobrevivieran también al cruce frente al ganador del Baylor-Nebraska, que también es posible pero ya va a estar un poco más difícil. Baylor me suele decepcionar casi en la misma medida en que suele hacerlo su presunta estrella Isaiah Austin, siempre me parece que tiene equipo de sobra para no ser tan irregular como acaba siendo. No obstante han acabado bien, han alcanzado la Final de la Big12 y se la han peleado a Iowa State que es tanto como decir que pueden liársela a cualquiera. Por ejemplo a Nebraska que vendría a ser todo lo contrario, nadie contaba con ellos en la Big10 y han hecho un año inimaginable a priori para mayor gloria de su recién estrenado técnico Tim Miles. Otro de tantos partidos imprescindibles.

MIDWEST

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Los números por sí solos difícilmente puedan explicar la prodigiosa temporada de Wichita State pero aún así resulta inevitable recurrir a ellos, recordar por ejemplo que los Shockers aún prolongaron la racha durante el Torneo de su Conferencia, recordar que llegan finalmente a este momento de la temporada con ese inmaculado 34-0 que no tiene precedentes en la historia. Y que hacía 23 años que un equipo no llegaba invicto al Torneo Final (1991, aquella Nevada-Las Vegas que luego fue Final Four), y que hace ya 38 años (Indiana, 1976) que un equipo no prorroga aún más esa racha para acabar proclamándose campeón invicto. Ese será el reto al que se enfrentarán desde hoy estos Shockers, que siempre supimos que no tendrían un camino de rosas pero tampoco imaginamos jamás que fueran a tener tantas espinas, tres de los últimos cuatro campeones y el actual subcampeón en el horizonte, ahí es nada. Pero vayamos por partes…

Dando por supuesto que superarán sin problemas su primera ronda (que ahora se llama segunda ronda, recuerden) el primer marrón de consideración lo encontrarán en el cruce siguiente, frente al ganador del Kentucky-Kansas State. Que podrían ser perfectamente los Wildcats de Kansas State, equipo renacido de sus cenizas de la mano de Bruce Weber y que cuenta además con un freshman que sencillamente me entusiasma, Marcus Foster;  pero que es más que probable que sean los Wildcats de Kentucky, ya saben, el mismo Gabinete Calipari de siempre pero esta vez con Randle, Young, los gemelos Harrison y demás familia, quién nos lo iba a decir, si hace unos meses nos hubieran contado que Wichita St. estaría en el número 1 y Kentucky en el 8 no nos lo habríamos creído, es más, habríamos pensado que era el mundo al revés. Kentucky fue casi unánime favorita antes de comenzar la competición pero luego la cruda realidad de la vida fue poniendo las cosas en su sitio: inexperiencia, falta de cohesión, lo normal en un equipo lleno de imberbes yogurines como éste… hasta ahora. Porque ahora ya no son tan inexpertos ni están tan descoordinados, justo ahora están empezando a funcionar, que se lo pregunten a unos Gators de Florida que aún no se habrán quitado el susto del cuerpo y todavía estarán pensando en qué habría sido de ellos si no llega a resbalarse Young. Si yo fuera Kansas State y/o Wichita State no estaría nada tranquilo, en absoluto.

Pero es que lo siguiente podría ser el vigente campeón Louisville (¿imaginan un derby de Kentucky en Sweet Sixteen?), ahí es nada la pomada. Si alguien pensó que por perder a Siva, Dieng o Behanan (este último a mitad de temporada, y no por haberse hecho profesional sino por su mala cabeza) estos Cardinals serían menos competitivos es que no conoce suficientemente a Rick Pitino. Jones, Hancock o Van Treese apuntalan un equipo con dos patas básicas, a saber, el siempre alucinante Russ Smith (un inmenso chorro de talento generalmente muy mal administrado, ya saben) y el prodigioso ala-pívot sophomore Montrezl Harrell, para mí una de las grandes sensaciones de la temporada, un jugador que poco tiene que envidiar a (por ejemplo) Julius Randle y del que sin embargo se habla (repito, en mi opinión) mucho menos de lo que merecería. La primera piedra (y no pequeña) en el camino de Louisville será Manhattan, esos Jaspers de Steve Masiello que tras ganar brillantemente a sus vecinos de IONA se proclamaron flamantes campeones de la MAAC. Llegan muy de vez en cuando estos Jaspers al Torneo pero suelen dejar huella, así lo hicieron hace ya casi veinte años con nuestro Jerónimo Bucero y hace ya casi diez con el dominicano Luis Flores (sí, aquel mismo Luis Flores del Trío Los Panchos estudiantil), así pueden hacerlo este año con tíos como Michael Alvarado o Emmy Andújar por ejemplo, ponga un hispano (o mejor dos) en su vida. Quien gane se las verá previsiblemente con Saint Louis… o no, porque éste a su vez tendrá que haber ganado al superviviente de uno de esos duelos aislados de lo que ahora llaman primera ronda y yo preferiría llamar ronda previa, North Carolina State-Xavier, partidazo ya para empezar.

Al otro lado del cuadro baste decir que Michigan es el número 2 y Duke el 3, a ver si no son éstos motivos más que suficientes (junto con los de antes) como para que a las buenas gentes de Wichita les tiemblen las piernas.Captura de pantalla 2014-01-27 a las 18.14.14 Empecemos por los Wolverines, que creyeron que se les venía el mundo encima cuando se les lesionó para toda la temporada su fuerza interior Mitch McGary (que ahí anda el hombre agitando toallas y mostrando carteles motivacionales a falta de mejor suerte) pero Beilein tuvo claro aquello de que lo que no te mata te hace más fuerte y predicó con el ejemplo: Burke será historia pero Stauskas es puro presente, y qué presente, cada día que pasa es mejor jugador esta criatura; súmenle a LeVert, a Glenn Robinson III y al renacido pívot Jordan Morgan y ahí están los resultados, desde luego muy por encima de las expectativas que había generado este equipo. Eso sí, para que estos Wolverines lleguen a medirse con Duke en sweet sixteen tendrán antes que haber dado buena cuenta de Wofford y luego medirse al ganador del Texas-Arizona State, otras dos muy gratas sorpresas. Los Longhorns parecían estar en año de transición pero han causado sensación de la mano (sobre todo) de su emergente base freshman Isaiah Taylor; y los Sun Devils han respondido con creces a las esperanzas que generaban su eléctrico base sophomore Jahii Carson y su fornido pívot canadiense Jordan Bachynski. Bonito cruce.

Y cómo no, Duke, quizá uno de los mejores juegos exteriores de la nación, quizá uno de los más endebles juegos interiores hasta que Krzyzewski decidió hacer de la necesidad virtud: optimizó a Amile Jefferson, recurrió por fin a Marshall Plumlee (que no estará al nivel de sus dos hermanos mayores, pero que siempre ha respondido cuando se le ha necesitado) y acercó más al aro a esa maravilla disfrazada de jugador de baloncesto llamada Jabari Parker, mi particular número 1 del draft si no fuera por Embiid. No serán los mejores Blue Devils de la historia pero vuelven a aspirar a casi todo como casi todos los años. Eso sí, en el camino se las verán con Mercer y luego o bien con Massachusetts (me encanta su base Chaz Williams) o bien con el ganador de la ronda previa (o sea, primera ronda) entre Tennessee (me encanta su pívot Jarnell Stokes) y Iowa, una pena estos Hawkeyes que andan también en caída libre estas últimas semanas pero que vaya usted a saber si en llegando al Torneo no les diera a los Marble, Gesell y cía por recuperar su espléndido baloncesto anterior. Ojalá.

EAST

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Y si ya epataban los números de Wichita State no epatan menos los de Virginia, esos Cavaliers que no ganaban la temporada regular de la ACC desde hace 33 años (o sea, desde 1981) y no ganaban el Torneo de Conferencia desde hace la friolera de 38 años (o sea, desde 1976). TEMPORADÓN con mayúsculas el de estos chicos de Tony Bennett, esos maravillosos Harris, Brogdon, Tobey, Mitchell y demás familia… que sin embargo no habrían sido números 1 de esta Región de no haberse producido las derrotas postreras de Villanova, Kansas, Michigan o incluso Duke (ante la propia Virginia) en sus respectivas conferencias. Bien está lo que bien acaba, este seed 1 podrá haber sido el último en ser adjudicado pero no por ello es menos justo.

Tras ganar (démoslo por hecho) a los Chanticleers (¿?) de Coastal Carolina los Cavaliers se las verán con el ganador del Memphis-George Washington. No he podido ver a los Colonials (y bien que lo siento) pero sí unas cuantas veces a los Tigers del histriónico Josh Pastner y de Joe Jackson, Geron Johnson y Michael Dixon, veterano y muy físico juego exterior con calidad de sobra para liársela a cualquiera. Ese hipotético Virginia-Memphis podría ser un tremendo duelo táctico, quien lo gane sentirá poco menos que una liberación… y sin embargo su calvario no habrá hecho más que empezar ya que a la vuelta de la esquina bien podría esperarle Cincinnati o aún peor, nada menos que Michigan State.

Ningún sénior sin Final Four, he ahí el lema virtual de Izzo durante todos estos años, casi ya desde finales del pasado siglo. Ningún sénior sin Final Four, así fue durante casi todo este tiempo pero ahora corre cierto riesgo de que deje de serlo, de que tíos como Appling o Payne se le gradúen sin haber disfrutado de la experiencia. Para impedirlo (y para hacer valer su buen momento de forma, también, demostrado durante el reciente Torneo de la Big10) encararán a Delaware y luego probablemente se las verán con los musculitos de Cincinnati (mención especial para Sean Kilpatrick, uno de los jugadores del año sin ninguna duda) o en su defecto con los cerebritos de Harvard, una vez más brillantes campeones de la no menos brillante (en términos académicos) Ivy League. Un camino difícil porque a estas alturas ya no hay caminos fáciles, pero que tampoco parece el peor que les podría haber tocado, en absoluto. Izzo y sus Spartans tienen el legítimo derecho de volver a soñar.

Con permiso sobre todo del número 2 que llegará por el otro lado del cuadro, y que se llama Villanova. Habré de confesar aunque me avergüence que no he visto en todo el año a Villanova, no porque no haya querido sino porque no he podido, por lo que antes les conté de la católica Big East vendiendo su alma a la Fox. Poco más puedo aportar que lo que antes supe de ellos, que sigue entrenándoles (muy bien por cierto) el Clooney de los banquillos Jay Wright, que en la dirección en cancha seguirá ese frágil base de extraño apellido que nos cautivó en su año freshman, Ryan Arcidiacono (pronúnciese Archidiácono). Y que habrían sido número 1 con todas las de la ley (en detrimento precisamente de Virginia) de no haber caído prematuramente en el Torneo de su Conferencia ante Seton Hall.

Villanova deberá ahora deshacerse sin excesivos problemas de Wisconsin-Milwaukee y luego encarar al ganador del Connecticut-St. Joseph’s. Que en condiciones normales deberían ser los Huskies de Kevin Ollie y de ese espíritu libre llamado Shabazz Napier, pero que no descarten tampoco a los sorprendentes chicos de St. Joe’s. En el hipotético caso de que dieran la campanada (como ya la dieron en su conferencia cargándose en la Final contra todo pronóstico a VCU) hasta podríamos encontrarnos un Villanova-St. Joe’s, un insospechado derby de Philadelphia en la 3ª ronda del Torneo. Esperemos acontecimientos.

Y quedaría hablarles de otro de los equipos que más me han cautivado esta temporada, los Cyclones de Iowa State, de Fred Hoiberg y del afamado trío Kane-Ejim-Niang. Van con el número 3 lo que les hará verse de entrada con la desconocida (para mí al menos) North Carolina Central y luego ya con North Carolina (pero ésta ya no Central sino la de verdad, la de toda la vida) o Providence. Los Tar Heels han sido con diferencia el equipo más desconcertante de la temporada, el que un día te perdía con Belmont o UAB y al siguiente te ganaba a Michigan State o Kentucky pongamos por caso, el que una noche atacaba como los ángeles y a la siguiente defendía como el culo, con perdón. Marcus Paige es un fuera de serie, Tokoto, Bryce Johnson o McDonald hacen un gran trabajo, Britt y Meeks apuntan grandes cosas, van tan sobrados de talento que son perfectamente capaces de vencer a cualquiera… o de perder contra cualquiera, también. Con Providence por ejemplo, esos Friars que se llevaron contra todo pronóstico el Torneo de la (nueva) Big East ganándose de paso el billete para el baile, esos Friars que por desgracia tampoco pude ver en todo el año, lo de su Conferencia vendiendo el alma a la Fox, ya saben…

Si han llegado ustedes hasta aquí (cosa que dudo) sin duda merecen un premio, por ejemplo contarles que en apenas una semana (con permiso de la autoridad, y si el tiempo no lo impide) estará en sus pantallas la siguiente entrega, que en un alarde de originalidad llevará por título Crónicas de Marzo (III). Entre tanto denle una oportunidad a este maravilloso baloncesto universitario y a esta aún más maravillosa locura de marzo, háganme ese favor…

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)

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