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SuperPOCA   3 comments

Poca promoción: Conozco aficionados al baloncesto, seguidores habituales de la ACB, que se enteraron por pura casualidad (o por Twitter, que viene a ser lo mismo) el mismo viernes por la tarde de que se estaba disputando la Supercopa ACB. Es posible que ni recordaran que existía, o es posible que la asociaran con el fin de semana y pensaran que sería en sábado y domingo, yo que sé. La clandestinidad empieza a ser nuestro estado natural, cada año un poco más si cabe que el anterior. Luego la final fue un Madrid-Barça y se paró el mundo (*) pero antes de las semifinales no se enteró ni dios, entre otras cosas porque tampoco se acordó de anunciárnoslas ni dios.

[(*) No lo vi, y no me gusta escribir de lo que no veo. Pero sí quiero dejar constancia de que el pasado viernes, aproximadamente entre las 22:30 y las 23:00, hubo quejas en Twitter de espectadores de TVE1 que dijeron haber visto una promo en la que se anunciaba para la tarde siguiente la retransmisión del partido Real Madrid-Barcelona, final de la Supercopa ACB. A esas horas del viernes el Barça todavía estaba jugando con el Baskonia, estaba ganando al Baskonia pero todavía no había ganado al Baskonia. Si así fuera me resultaría inconcebible, me parecería una estremecedora falta de ética anunciar ya un partido entre dos equipos cuando aún no ha acabado de clasificarse uno de ellos, simplemente porque al tratarse de un Madrid-Barça perdamos el culo por venderlo. Para promociones así casi prefiero que no haya promoción, francamente. Repito: si así fuera, que yo verlo no lo vi]

Poca claridad: no resulta fácil para el común de los mortales entender por qué la Supercopa la juegan determinados equipos y no otros. Ésta vez no fue una excepción, y no faltaron los que se preguntaron el mismo día de las semifinales (antes ni sabrían que existía) qué demonios pintaban allí Baskonia y Bilbao Basket en lugar de (por ejemplo) CAI y Granca, tercer y cuarto clasificado respectivamente de la pasada Liga. A ver, yo a estas alturas ya me conozco el truco, y no tengo el menor inconveniente en compartirlo con ustedes: la Supercopa la juegan, por definición, el campeón de liga, el campeón de copa, el equipo más destacado en competiciones europeas (signifique lo que signifique eso) y el anfitrión. Es decir, la de este año la jugaron el Madrid (campeón de liga), el Barça (campeón de copa), el Baskonia (anfitrión) y el Bilbao Basket, que llegó a la final de la Eurocup (obviamente el Madrid y el Barça también llegaron a la Final Four de la Euroliga, pero ellos ya estaban clasificados por otras vías). Nada que reprochar pues en base a la reglamentación. Ya otra cosa será que sea lógica o ilógica dicha reglamentación. Y ya otra cosa será que se le dé la debida publicidad a dicha reglamentación, para que la gente sepa a qué atenerse cuando lo ve.

Poca gente: si montas este tinglado en una ciudad relativamente pequeña pero que tiene un equipo realmente grande, cuyos aficionados llevan viendo baloncesto de élite desde tiempo inmemorial, es más que probable que (fuera del partido de su equipo) sólo acudan a presenciarlo cuatro gatos. Y si encima su pabellón es inmenso, es aún más probable que esos cuatro gatos acaben pareciéndonos apenas gato y medio. Yo el pasado viernes lancé en Twitter una idea que obtuvo respuestas encontradas, pero como no escarmiento la lanzaré también aquí: montar la Supercopa en ciudades que no tengan ni hayan tenido nunca baloncesto ACB, que haberlas hay unas cuantas y algunas bien grandes por cierto: Vigo, A Coruña, Oviedo, Santander, Pamplona, Palma de Mallorca, Córdoba, Cádiz, tantas otras. No haría falta un pabellón de 15.000 espectadores, la Supercopa no es la Copa, no arrastra aficiones de otros lugares, con uno de 4.000 ó 5.000 sería más que suficiente. Añádanle una adecuada promoción (con fan zone y demás actividades alternativas) y una adecuada política de precios (que no están los tiempos para excesos) y no me cabe la menor duda de que la ciudad en cuestión se volcaría ante la posibilidad de ver por fin al lado de su casa a los mejores equipos ACB, Madrid y Barça incluidos por supuesto, faltaría más. Miren, señores de la ACB (en el supuesto de que quede alguno), no es por establecer comparaciones odiosas con la dichosa Ruta Ñ de mis pecados pero habremos de reconocer que en esto de vender el producto y abrir nuevos mercados la FEB les da cienmil vueltas. Hagan algo, lo que sea, cualquier cosa excepto volver a transmitir (precisamente en el torneo que da inicio a la temporada, el que debería servir de plataforma de lanzamiento para todo lo demás) esta misma imagen de desolación.

Poca televisión: hubo un tiempo en que una semifinal la daba la estatal y la otra las Autonómicas, hubo un tiempo en que el concepto Autonómicas englobaba a un amplísimo segmento de población, hubo un tiempo en que no había crisis y aún atábamos a los perros con longaniza, también en lo que se refiere a televisión pública. Hoy dices que determinada semifinal la dan las Autonómicas y eso lo más que significa es que tres o cuatro comunidades la verán en directo (en algún caso por canales realmente insospechados), que otras dos la verán en diferido (bien entrada la madrugada, a ser posible) y que el resto (y ese resto incluye a Andalucía, Madrid, las dos Castillas, Asturias, Cantabria, Navarra, La Rioja, Baleares, Murcia, Extremadura, no sé si me dejo alguna) habrán de encomendarse a esa extraña cosa llamada Orange Arena (y rezar lo que sepan, por supuesto). Siempre hubo ciudadanos de primera y otros de segunda en lo que a televisión se refiere; nunca como ahora fue tan pequeña la primera ni tan grande la segunda.

Poca modernidad: me duelen ya los dedos de teclear siempre lo mismo, pero aún así tendrán que aguantármelo otra vez: en NCAA y/o NBA cualquier amago de atisbo de sospecha de presunto mal uso de los codos o de cualesquiera otras partes del cuerpo hace que los árbitros se tiren no menos de diez minutos viendo repeticiones junto a la mesa de anotadores, así hasta tener toda la información que les permita adoptar una resolución justa. Aquí en cambio puede montarse una pseudo-reyerta como la que se montaron Sada y Carroll, puede hasta formarse una trifulca posterior que apenas deje ver nada y aún así los árbitros tendrán que seguir tomando su decisión por ciencia infusa, como si aún no estuviéramos en el siglo XXI, como vinieron haciéndolo toda la vida de dios. Vale que aquí las realizaciones no son las de allí (ni de lejos) pero al menos esta vez no podremos decir que no se lo curraran, nada que reprochar en esta ocasión a TVE, hasta recortaron la señal en el descanso pero ese no fue el problema, el problema es que aquí la instant replay ni está ni se la espera. Allí, a donde no llega la visión del árbitro llegan las repeticiones. Aquí, a donde no llega la visión del árbitro llega la imaginación.

Poca fe (y no me refiero a aquella Fe López a la que seguimos echando de menos, sino a la poca fe que tienen ustedes en sus propios productos): durante muchos años hubo concurso de mates y triples, luego desaparecieron y finalmente reaparecieron el pasado año… en la clandestinidad. Un miércoles por la mañana, en el patio de Endesa y exclusivamente para los trabajadores de la empresa, esa a la que este año no se han atrevido a volver no fuera a ser que esos mismos trabajadores les montaran el pollo por la negociación de su convenio colectivo.Josh-Ruggles-640x359 De los mates nunca más se supo pero al menos los triples salieron del hoyo, este año volvieron al evento supercopero lo cual está muy bien… pero eso sí, con disimulo, a escondidas, no fuera a ser que la gente se enterara. No como un evento que merezca ser visto en sí mismo sino como un mero divertimento para entretener al espectador hasta que empiece la final. No como dos buenos platos de una misma comida (uno más ligero que el otro, eso sí) sino como un mero aperitivo, poca cosa, si acaso unas aceitunillas para abrir boca, de esas que en vez de servirse en el salón se sirven a la entrada, de esas que en vez de servirse en TVE1 con el plato principal se sirven en las catacumbas de Teledeporte. En el pecado llevaron la penitencia: probablemente el mejor concurso de triples que recuerdan los tiempos fue a disputarse sin que casi nadie lo supiera, sin que hubiera casi ni un alma en el pabellón. Estarán contentos.

Poca pasión: más de lo mismo, Arseni Cañada (yo sigo echando de menos a Lalo Alzueta) y Juanma Iturriaga, no es ni de lejos el peor escenario posible pero tampoco el mejor, ni mucho menos. Itu está pidiendo a gritos (aunque no se le oiga) alguien que le complemente, que aporte algo más que chispa, que explique conocimientos técnicos y lo haga además con amenidad, a ser posible. Así que llegados a este punto, señores de la ACB (si es que queda alguien por ahí), me van a permitir que les haga una sugerencia: creo que la solución la podrían tener ahí mismo, a la vuelta de la esquina o para ser más exactos al otro lado del pupitre: Antonio Rodríguez. Sabe de esto más que (casi) nadie y es capaz de contarlo además con una pasión que para sí la quisieran muchos otros que viven de esto, véanse cualquiera de los cientos de partidos que comentó en su día para el Plus si quieren comprobarlo. Me le tienen ahí al lado haciendo labores de documentación y/o intendencia, escribiendo además artículos para su Espacio Liga Endesa (que igualmente podría seguir haciéndolos), lo tienen a güevo, ofrézcanle un micrófono y de inmediato mejorarán (con creces) el producto. Ustedes mismos.

Poca formalidad: si retransmites la final de cualquier competición debes ofrecer además la ceremonia de entrega de trofeos de dicha competición. Tanto me da que sea la final del Mundial de fútbol, la final de la Supercopa Endesa o la final del Trofeo de la Galleta de Aguilar de Campoo, lo mismo me da que me da lo mismo, una final no está completa si no están también los abrazos, las medallas, la (super)copa. Ya me pareció mal que hace dos semanas Sánchez y Daimiel despidieran perdiendo el culo la conexión tras la final del Eurobasket (no fuera a resentirse la portentosa audiencia de Cuatro) y mandaran la entrega de medallas a Energy, pero al menos quienes quisimos verla pudimos irnos también a Energy. Ayer no. Ayer según acabo la final tuvo que entrar el sacrosanto Telediario, no iban a hacerle esperar cinco minutos, faltaría más, hasta ahí podíamos llegar. Claro que también podrían haber hecho lo que sus colegas y mandar la ceremonia a Teledeporte pero eso habría resultado demasiado fácil, allí estaban dando tenis (casualmente) y tampoco era cuestión de molestar, casi mejor comámonos la ceremonia con patatas y tranquilicemos a la audiencia diciéndola que luego ya si eso durante el Telediario a lo mejor ofreceremos las imágenes… Qué quieren que les diga, me parece una falta de respeto: para los aficionados del equipo ganador en particular y para los aficionados al baloncesto en general.

Poca emoción: el buen concurso de triples y la magnífica final me reconciliaron un poco con el baloncesto al acabar el sábado, lo cual me resultó muy reconfortante teniendo en cuenta que 24 horas antes había acabado la del viernes sumido en la depresión profunda. Sé que me repito (y por eso no dedicaré al tema un post entero, sino sólo este párrafo) pero me lo tendrán que leer una vez más: vamos camino de una liga de dos o lo que viene siendo lo mismo, dos ligas, una por los dos primeros puestos y la otra por los puestos del 3 al 18. Vamos camino de reproducir fielmente en el baloncesto el modelo del fútbol, esa que llaman liga escocesa aunque ya el concepto se haya quedado caduco porque a día de hoy ya no hay dos grandes en Escocia sino uno. Vamos camino de reproducir fielmente en el baloncesto el modelo de la vida cotidiana (tampoco íbamos a ser una excepción): la clase alta cada vez más alta, la media-alta cada vez más media, la media cada vez más baja, la baja cada vez más cerca de la desaparición. El Barça y el Madrid siempre fueron favoritos pero hubo un tiempo en que supimos que les podía ganar (casi) cualquiera, no ya un partido puntual sino una serie de playoffs o incluso una liga entera. Hoy en cambio la brecha se nos va haciendo cada vez más y más grande, habrá quien esté encantado con ello (me consta que los hay, y no son pocos) pero a mí me duele en el alma ver cómo se nos va muriendo cada día un poco más (por si no viniera ya bastante muerta de serie) esta gran competición.

Europa vs USA: disquisiciones televisivas   2 comments

(publicado originalmente en jordanypippen.com el 22 de enero de 2013)

Decíamos ayer (en realidad fue hace un mes, pero así queda como más elegante) que a pesar de globalizaciones, telecomunicaciones, satélites, redes sociales y demás zarandajas Europa y USA siguen siendo dos mundos, al menos en lo que a baloncesto se refiere. Dos mundos más próximos hoy que hace diez años y no digamos ya que hace cuarenta, dos mundos que se van acercando más y más cada día que pasa… pero dos mundos aún, al fin y al cabo. Demasiadas veces hemos intentado copiar desde este mundo cosas de aquel, demasiadas veces nos hemos columpiado intentando imitar lo inimitable, demasiadas veces no hemos sido capaces de darnos cuenta de que la verdadera aproximación tal vez no debería estar tanto en las cosas grandes como en las pequeñas. No es fácil implantar aquí sus sistemas de competición, es casi imposible trasladar hacia estos pagos su sentido lúdico del deporte pero sí hay algunas cosas (menores, si así lo quieren) por las que quizá podríamos empezar. Las retransmisiones televisivas, por ejemplo.

Veo mucho (tal vez demasiado) baloncesto televisivo. Raro es que pase un día de mi vida en que no vea al menos un partido, no me son extraños los días en que consigo ver dos o incluso tres, siempre en función de mi escaso tiempo libre, siempre robándole horas al sueño. Veo baloncesto de aquí (ACB, Euroliga) y de allí (NBA pero sobre todo NCAA, y casi siempre en versión original), en cantidad suficiente no como para extraer alguna conclusión (que no doy para tanto) pero sí como para tener algún criterio al respecto. Y qué quieren que les diga, creo que si ahora mismo un extraterrestre bajara a la Tierra (cosa improbable) y se pusiera a ver baloncesto (cosa aún más improbable), primero un partido de aquí y luego otro de allí (o viceversa), probablemente pensaría que se trata de dos deportes distintos. ¿Exagero? Tal vez, así que intentaré decirlo en términos menos tremendistas: un partido televisado a este lado del charco pretende contar lo que pasa, lo cual está muy bien, de eso se trata pensarán ustedes; un partido televisado a aquel otro lado del charco pretende ofrecer un espectáculo, lo cual no significa dejar de contar lo que pasa (más bien al contrario) sino presentarlo además de la manera más atractiva posible para el espectador. De lejos ambos modelos pueden parecer lo mismo pero a poco que nos fijemos comprobaremos que no lo son, en absoluto.

Por ir entrando en detalle: creo que no recuerdo haber visto jamás ni un solo partido de baloncesto USA en el que los comentaristas no estén en el propio pabellón donde se disputa el encuentro. Ni uno, oigan. Me dirán: ¿y cómo puede saberlo? Pues es muy fácil, porque los realizadores norteamericanos no esconden a sus comentaristas sino que nos los muestran: siempre antes de comenzar el encuentro aunque sean sólo unos pocos segundos, por supuesto que cada uno de ellos con su correspondiente rótulo en la parte inferior de la pantalla (tanto da que sean sujetos tan conocidos como Dick Vitale o Bobby Knight porque siempre puede haber alguien que no los conozca) para que el telespectador pueda poner cara y nombre a aquellos que se lo van a contar in situ. Me dirán: ¿y qué más da comentarlo desde la arena que desde un plató o un locutorio, si al fin y al cabo se ve lo mismo? Pues no. No da igual. A mí no me da igual, al menos. Quien está en la cancha puede ver lo que le muestra el monitor y lo que no, en cambio quien está en los estudios centrales sólo ve lo que le aparece en pantalla (esto parece bastante obvio), que es exactamente lo mismo que vemos usted y yo desde el sofá del salón. Si se trata de realizaciones yanquis no es problema porque es difícil que se les escape un detalle, pero… ¿para las realizaciones de aquí, trufadas de planos vacíos y repeticiones a destiempo? Claro, así nos pasa luego, que acabamos con el Arseni de turno sumido en la angustia como en algún señalado encuentro, ¡a ver, ¿qué ha pasado ahí?!, ¡no hemos visto lo que ha pasado!, ¡¡¡África, ayúdanos!!! (que luego están los que parecen estar in situ pero en realidad están en las nubes, pero esa ya sería otra historia). Señores de (por ejemplo) TVE: mandan ustedes cada semana una unidad móvil a la cancha en que se disputa el partido, entiendo que mandan también con ella a todo un equipo técnico (humano, me refiero)… ¿pero no pueden enviar a su trío de comentaristas porque se les descuadra el presupuesto? ¿Sale eso mucho más caro que lo que están haciendo ahora, pagarle cada semana el viaje a un tío que vive en Madrid para que comente el partido en Barcelona y luego vuelva otra vez a Madrid, y ello aunque el partido se juegue en Madrid?

Por cierto: en USA los comentaristas (todos, sin excepción) saben de lo que hablan. En USA, aún por extraño que les resulte, los comentaristas se llevan preparado el partido de antemano antes de ponerse ante un micrófono. En USA, aunque se trate de una televisión local que sólo hace los partidos de una determinada universidad o una determinada franquicia, los comentaristas no sólo conocen a los jugadores de su equipo sino que también (aunque parezca increíble) se tienen estudiados a los del equipo contrario. En USA sería impensable que un analista se refiriera a un jugador como “el tal Foote éste” (véase el Madrid-Zalgiris de hace unos días en Real Madrid TV) dejando así meridianamente claro que ni sabe quién es ni le importa no saberlo, que ni siquiera le importa aparentar ignorancia, de hecho puede que hasta se sienta orgulloso de ella. En USA los analistas pueden ser mejores o peores, pueden estar más o menos acertados pero en cualquier caso comentan, es decir, hacen aquello por lo que les pagan. Aquí en cambio podemos tener a un tío (el mismo de antes, que se llama Toñín Llorente por si todavía no han caído) cuyo nivel de análisis consista básicamente en ¡¡¡rebote, rebote!!! ¡Felipe, ahí, muy bien, Felipe! ¡¡¡Tira, ahí, métela, métela!!! ¡¡¡Faltaaaaa!!! Acaso haya también especímenes así en las televisiones norteamericanas, no digo yo que no; pero hasta ahora no he tenido el placer de conocerlos.

Aquí tenemos narradores vivos y otros apagados, allí por lo general todos transmiten una misma vibración; aquí tenemos narradores de raza y tenemos también meros periodistas a los que han puesto a narrar porque sí, porque no había otro, mientras que allí en cambio todos (quizá porque hayan nacido para ello o quizá porque hayan recibido previamente una adecuada formación) mantienen un alto ritmo narrativo. Aquí algunos te duermen y otros te levantan dolor de cabeza, algunos se callan incluso en los momentos más cruciales y otros no se callan ni debajo del agua. Allí en cambio te pueden narrar el partido entero con sus respectivas pausas, sus picos y valles, sus subidas y bajadas de tono, y finalmente hasta puede suceder que la última jugada del encuentro sea un triple estratosférico sobre la bocina que otorgue la victoria al equipo local provocando así el éxtasis entre la multitud… ¿y saben lo que hace el narrador yanqui cuando se produce una situación como la que acabo de describir? Se calla. Sí, créanselo, acaso emita una exclamación de asombro pero inmediatamente después se calla, permanece callado unos segundos para que el espectador en su casa se imbuya plenamente de ese ambiente de delirio que se acaba de instalar en el pabellón. ¿Se imaginan que aquí Arseni (por ejemplo) hubiera hecho lo propio en la noche aquella del triple de Marcelinho en el primer encuentro de la pasada Final ACB, se imaginan que en vez de llenarnos la cabeza de adjetivos hubiera optado por callarse unos segundos y dejar hablar al público del Palau? Habríamos creído que se le había estropeado el micrófono de la emoción…

Otro tema: las piedepista (lo pongo en femenino porque por alguna misteriosa razón más del noventa por ciento de quienes hacen este trabajo son del sexo femenino, así aquí como allí, con alguna excepción que confirma la regla como el polícromo y psicodélico Craig Sager; debe haber alguna incapacidad genética que impida hacer pie de pista a los hombres como debe haber alguna incapacidad genética que impida narrar y/o comentar a las mujeres, me lo expliquen). Más allá de las entrevistas, en USA cuando se les da paso es porque tienen algo realmente interesante que contar: la bronca de un entrenador en un tiempo muerto o en el descanso, la historia poco conocida de alguno de los protagonistas, algún hecho curioso alrededor del partido… Pocas intervenciones y más o menos preestablecidas, generalmente a la vuelta de la publicidad o de la pausa, casi siempre con apoyo técnico para que se nos muestre en pantalla justo aquello de lo que se está hablando… ¿Aquí? Aquí nos metemos mucho con alguna de ellas, yo el primero (véase unos cuantos renglones más arriba) pero habremos de reconocer que no toda la culpa es suya. Aquí puede suceder que se produzca un cambio, que la realización nos muestre en pantalla cómo se produce ese cambio y que el Arseni de turno en lugar de contarnos el cambio diga África, parece que ha habido un cambio en el Madrid, cuéntanos… Y ahí me tienen a la pobre África, a la que la pregunta le llega con retardo y que acaso en ese momento esté pendiente de cualquier otro aspecto del juego o del color de las uñas que no le pega con la blusa, qué sé yo, y que de repente da un respingo, se recompone y tras los inevitables balbuceos por fin nos cuenta, bueno… esto… sí, se ha retirado Sergio Llull y ha entrado a pista Sergio Rodríguez… ¿Qué sentido tiene esto? ¿Qué sentido hay en tener a alguien a pie de cancha para que nos cuente (diez segundos después) lo que ya hemos visto con nuestros propios ojos? O aún peor, que de repente se monte un griterío, que Arseni diga ¡¡¡parece que sube el ambiente en el pabellón, África!!!, total para que África, que en ese momento apenas puede escuchar por el pinganillo porque ha subido el ambiente en el pabellón, finalmente nos diga que sí, que es verdad, que ha subido el ambiente en el pabellón. Lo del viaje y las alforjas, ya saben. Para esto más les valdría ahorrárselo, con un técnico que le coloque los cascos al entrenador o jugador de turno para que le pregunten desde el plató sería más que suficiente. O eso o dótenlo de contenido al american style: que intervenga sólo cuando merezca la pena, cuando haya algo verdaderamente interesante que contar.

Lo más llamativo de las realizaciones USA es que parecen desarrollarse conforme a un guión, cual si de una película o un concurso se tratase. Es decir, aquí podemos tener más o menos (más bien menos) preestablecidos los contenidos del descanso, de la previa (en su caso) y del post partido (en su caso) pero allí tienen también contenidos preestablecidos para emitir durante el partido, tras cada tiempo muerto por ejemplo. Es decir, allí vuelven de la publicidad (siempre cuando deben) y en esos escasos segundos que quedan para que se reanude el juego aún les da tiempo a meter algún contenido previamente preparado: un vídeo significativo, el corte de algún partido histórico de especial relevancia, una determinada escena del tiempo muerto, un gráfico que ilustre una jugda determinada, unas declaraciones importantes de alguien… Es tal la trascendencia que dan a esos escasos segundos que hasta te los promocionan, a la vuelta de publicidad les ofreceremos… supongo que con la sana intención de que el espectador no se despegue demasiado de la pantalla durante los anuncios no se lo vaya a perder. Lo que se llama hacer televisión. ¿Aquí? Aquí, siempre y cuando consigamos volver a tiempo al juego (parece que últimamente vamos mejorando en eso, parece que ya la publicidad no entra con retraso ni dura más que el propio tiempo muerto que la sustenta), todo lo más que conseguiremos será ver la repetición de alguna canasta cualquiera o aún peor, unos cuantos planos generales de los jugadores abandonando el banquillo y reintegrándose lánguidamente hacia la pista. Aquí nos limitamos a seguir el curso de los acontecimientos, al fin y al cabo es sólo un partido, para qué más. Allí (más allá del curso de los acontecimientos) se aprecia siempre un extraordinario trabajo de preproducción.

Y con todo y con eso allí no nos perdemos ni un solo segundo de juego, o es muy raro que nos lo perdamos; como aquí, vamos. Allí no tienen la necesidad compulsiva de repetir todas y cada una de las canastas, allí no encuentran ningún placer orgásmico en mostrar a cámara lenta el vuelo de un balón para que podamos apreciar bien a las claras su movimiento de rotación, allí entienden que hay canastas que merecen una repetición (o varias) y otras que no, allí entienden incluso que no pueden ofrecer esa repetición inmediatamente después porque entonces nos perderíamos la jugada siguiente, entienden que deberán esperar a que se pare el juego. El juego se para cada vez que pitan falta y es justo entonces, en lo que tardan en sacar o en irse a la línea de tiros libres, cuando nos ponen todas las repeticiones que hagan falta de aquel tapón escalofriante o aquel mate estratosférico para que podamos apreciarlo en su verdadera magnitud. Aquí eso sería imposible, aquí esos segundos post-falta están siempre ocupados, aquí pueden no repetirnos todas las canastas (ni falta que nos hace) pero nos repiten todas y cada una de las faltas, sin excepción. Será consecuencia de ese típico vicio futbolero, de que en este país se siga dando mucha más importancia a las decisiones arbitrales que al juego en sí. Falta que se pita falta que se repite (incluso varias veces) ergo ahí no hay tiempo para poner ninguna otra repetición, ergo si tienen que repetirnos aquel tapón escalofriante o aquel mate estratosférico tendrá que ser a costa de comerse parte de la jugada siguiente. Hemos mejorado en este aspecto (sobre todo en ACB) pero aún sigue habiendo partidos (sobre todo en Euroliga, no necesariamente realizados aquí) de los que nos perdemos la mitad mientras que la otra mitad la vemos dos veces, a velocidad normal y a cámara lenta.

Aquí, en lo que a realizaciones baloncesteras se refiere, a un lado está el cuatrienio del Plus y al otro lado está todo lo demás. El cuatrienio del Plus sería nefasto para la pujanza del baloncesto en este país, no digo yo que no, no seré yo quien contradiga a todos aquellos que llevan siglos pontificando al respecto (que han pasado diez años y aún seguimos lamiéndonos aquellas heridas como si no tuviéramos otras, como si no viniéramos ya heridos de serie); pero en cuanto a la calidad de las retransmisiones fue una bendición del cielo. Y en estos casos siempre me acuerdo del sumo hacedor de aquellas realizaciones y tantas otras en aquella casa (fútbol, toros), el afamado Víctor Santamaría. Víctor Santamaría contaba una vez una anécdota de sus años anteriores al Plus, cuando trabajaba en la televisión autonómica gallega y un alto ejecutivo de esa casa le dijo que para realizar fútbol con cuatro cámaras es más que suficiente. En ellos seguimos me temo, no en cuanto al fútbol por supuesto pero sí en cuanto a deportes como el nuestro. Realizaciones casi artesanales, que no se harán con cuatro cámaras pero sí con menos de las que deberían usarse. Y así nos pasa luego, que hemos incorporado el instant replay pero no nos hemos acordado (a nivel continental, me refiero) de poner los medios adecuados para que sirva de algo el instant replay. En USA van los árbitros a la mesa y tienen hasta cuatro o cinco planos, a cuál mejor, para discernir si aquella canasta fue dentro o fuera de tiempo o si aquel codazo fue al mentón o a la yugular; en Europa van los árbitros a la mesa y les pasa como en aquel Panathinaikos-Unicaja de hace unos días, que es tal la calidad de los planos y el nivel de definición de los mismos (la HD sólo para ocasiones especiales, ya saben) que al final tienen que decretar lucha porque son incapaces de discernir qué jugador fue el último en tocar el balón. O tenemos pocas cámaras o las colocamos mal. O ambas cosas.

O como dijo aquél, yo he visto cosas que vosotros no creeríais: yo he visto a tríos arbitrales tirarse diez minutos delante de un monitor para discernir si aquella zapatilla pisaba o no la raya del triple, yo he visto a árbitros tomar decisiones disciplinarias tras una trifulca y (tras explicárselas a los interesados) cruzar la pista de lado a lado para explicárselas también a los comentaristas televisivos y por extensión a los telespectadores a través del micrófono… ¿Se imaginan que esto pudiera suceder aquí? ¿Se imaginan a un Hierrezuelo pongamos por caso viendo la jugada repetida en el monitor, explicándosela luego a los técnicos y cruzando después la cancha para contar su decisión a los comentaristas y espectadores de TVE? Aquí eso sería imposible porque A) las repeticiones en el monitor no resolverían sus dudas sino que se las acrecentarían más si cabe, y B) porque por más que cruzara la cancha no encontraría a los comentaristas de TVE dado que éstos acostumbran a estar en un plató. Y aún en el hipotético (utópico, más bien) caso de que pudieran darse A y B, jamás se daría C: es decir, aquí un árbitro jamás se rebajaría a una cosa así, por dios, la máxima autoridad sobre el terreno de juego explicando sus propias decisiones como si tuviera que justificarse, sólo eso faltaría, hasta ahí podíamos llegar… Dos mundos, ya se lo dije demasiadas veces: en USA los árbitros principales de fútbol americano llevan incorporado un micro para que cada espectador, en su casa o en el estadio, conozca la razón de cada decisión que toman. ¿Se imaginan algo así en el fútbol de aquí? (Vale, sí ya dejo de delirar). Pero esto ya excede de lo meramente televisivo, ésta ya es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. Por ésta creo que han tenido más que suficiente.

cosas alucinantes   2 comments

El afamado narrador plusero David Carnicero acostumbra a despedir sus partidos de la NBA diciendo a los espectadores que por nada del mundo se pierdan el del día siguiente, que seguro que van a pasar cosas… ¡¡¡ALUCINANTES!!! (en realidad no es más que una mera adaptación al castellano del eslogan promocional de dicha Liga, where amazing happens). ¿Cosas alucinantes, dice usted? ¿Mates estratosféricos, tapones escalofriantes, asistencias imposibles, triples del copón? Buah, qué vulgaridad, por favor, si eso es lo de siempre, el pan de cada día, déjese usted de tonterías y no se moleste en mirar tan lejos que las cosas verdaderamente alucinantes están aquí mismo, a la vuelta de la esquina, quién podría necesitar la NBA si para alucinar en colores nos basta y nos sobra con nuestra incomparable Liga ACB.

Nuestra preclara Liga ACB, supongo o quiero suponer que de común acuerdo con TVE (o acaso fuera TVE, supongo o quiero suponer que de común acuerdo con la ACB) decidió hace unos días pasar el partido estrella de cada jornada de la tarde a la mañana, de las 19:00 a las 12:30, al parecer con la intención de mejorar así sus magras audiencias. Claro está, ya resultaba suficientemente alucinante en sí misma esta pretensión de solapar este baloncesto con todos los demás baloncestos (parece difícil mejorar audiencias cuando estás fragmentando aún más al público potencial de dichas audiencias), razón por la cual algunos con nuestra natural ingenuidad creímos que ya lo habíamos visto todo. ¿Todo? Qué pardillos somos, si en realidad no habíamos visto nada, si lo verdaderamente alucinante no había hecho sino comenzar.

Siguiente jornada: como a las 12:30 la ACB de TVE se nos solapa demasiado con la ACB autonómica (ello donde aún exista dicha ACB autonómica, que esa es otra) pues ya está, retrasemos el horario del partido de TVE1 y asunto resuelto. Y entonces nosotros los sufridos espectadores (que a estas alturas ya nos conformamos con poco) nos dijimos a nosotros mismos pues bueno, pues vale, pues algo es algo, pues mira tú qué bien, ahora lo pasarán a las 13:00, así ya sólo se nos solapará en un trozo, la segunda mitad de los unos con la primera del otro, algo así… ¿Algo así? Y una leche. En realidad todo lo que hicieron fue retrasar el inicio del partido la friolera de diez minutos, por todo lo alto, de las 12:30 a las 12:40 nada menos, para este viaje no hacían falta alforjas. ¿Y por qué si puede saberse, para qué tanta prisa si el Telediario no empieza hasta las 15:00? Pues porque una vez más pecamos de ingenuos, porque antes del Telediario hay otro telediario que no es un telediario pero les importa casi tanto (en términos de audiencia) como el Telediario mismo, un programa llamado Corazón de Otoño o Corazón de Entretiempo o Corazón Corazón (será que ese día dan ración doble) o no sé si ahora ya Corazón a secas, ni lo sé ni me importa, los temas coronarios sólo me interesan si afectan a mi salud o a la de mis allegados, las vidas de las Infantas, la Duquesa de Alba o la Señora Preysler me traen al pairo. Pero ese Corazón de lo que sea tiene que empezar a las 14:25 así llueva o truene, así haya baloncesto o se hunda el mundo, ergo la ACB no podrá empezar en ningún caso más allá de las 12:40 si queremos que quepa, y aún así ya veremos si cabe…

Pues claro que cabe. Caiga quien caiga, cueste lo que cueste, pero cabe. O la encajamos a presión o la metemos con calzador pero caber cabe, vaya que si cabe. Sólo hace falta tomar las medidas oportunas: para qué demonios necesitan estas criaturas un descanso de un cuarto de hora como en el fútbol, tan cansados no estarán cuando aquí el entrenador les está cambiando a cada rato, venga ya, con diez minutos tienen más que suficiente y que no se me anden quejando no vaya a ser que me caliente y se lo deje en cinco (todo se andará). Ya es un hecho, a partir de ahora los descansos de los partidos de TVE1 durarán sólo diez minutos, los demás seguirán durando un cuarto de hora que se ve que si no hay cámaras (o si éstas no son de TVE) las criaturas se cansan más ¿Quería usted cosas alucinantes? Pues aquí las tiene…

Claro está, me dirá usted que hubo un tiempo en el que los descansos baloncesteros duraban mucho menos que ahora y nadie se quejaba, cierto es como no es menos cierto que hubo un tiempo en el que se jugaba en pistas descubiertas con suelos de cemento y canastas de madera, ya que nos ponemos podemos recuperar esas tradiciones también. Hubo un tiempo y un espacio en el que los jugadores ni siquiera iban al vestuario (acaso porque ni siquiera hubiera vestuario) y se quedaban peloteando sobre la cancha (o lo que aquello fuera) mientras recibían, también sobre la marcha, las oportunas instrucciones o reprimendas de su entrenador. ¿Recuerdos de un pasado que ya nunca más ha de volver? No estén tan seguros, la vida cotidiana ya nos ha demostrado con creces en estos días que en determinados aspectos podemos estar retrocediendo cincuenta años sin apenas darnos cuenta, no se me descuiden no vaya a ser que al baloncesto le pase también.

Y claro está, todo esto sin luz y sin taquígrafos, sin aviso previo de ninguna clase, los aficionados malagueños volviendo a toda prisa a su localidad sin tiempo apenas para pagar el refresco ni para sacudirse la última gota siquiera, Repesa y Pascual sentando a sus criaturas, empezando a hablar, mirad tíos, lo que no puede ser es que, y en esto que les suena ya el timbre para volver de nuevo a escena… Cómo vamos a pensar que lo supieran los equipos si por no saberlo ni siquiera lo sabían en la propia TVE (y ello siendo como era una decisión de TVE), si los primeros que no tenían ni la menor idea del asunto eran aquellos trabajadores del Ente Público a quienes correspondía la responsabilidad de sacar adelante el partido. ¿Querían cosas (aún más) alucinantes? El descanso entero repleto de contenidos para llenar un cuarto de hora, que si el trívial, que si el vídeo, que si el otro vídeo, que si tal y que si cual y en éstas que el partido se reanuda de repente, que a Arseni y compañía les pilla (es un decir) en bragas, que África por una vez se entera de lo que pasa y se lo dice a Arseni, que Arseni (parece que) se resigna, que Manel le tira de la lengua, que Arseni le responde ¡Manel, no me tires de la lengua, no me tires de la lenguaaa…! En resumidas cuentas, un despiporre, un descalzaperros (sentido homenaje a otro insigne narrador plusero, Guillermo Giménez), la casa de tócame Roque. Un sindiós.

¿Y total para qué, si al final el propio Arseni hubo de despedir perdiendo el culo sin siquiera un mínimo postpartido, sin tiempo para entrevistas ni para vídeos ni para abrir los sobrecitos ni para decir adiós, sin tiempo casi ni para escuchar la bocina final siquiera? Visto lo visto no descarten que llegue un día en que el partido esté resuelto y lo despidan a falta de dos minutos para el final, no vaya a ser que por culpa del baloncesto tengan que recortarle algún segundo al vídeo de Felipe Juan Froilán de Todos los Santos. O no descarten otras medidas de choque, visto que la reducción del descanso en un tercio no parece suficiente: qué sé yo, que se reduzcan los descansos entre cuartos, que los tiempos muertos duren cuarenta segundos (si la publicidad dura más no hay problema, ya nos comeremos el juego), que se supriman los tiros libres y todas las faltas se saquen de banda que es más rápido, que los partidos pasen a durar 36 minutos divididos en cuatro cuartos de 9 minutos cada uno, que si aún así el partido se alarga se le resten minutos del último cuarto para que acabe necesariamente a su hora (sí, a la manera de la Fórmula Uno). Y de prórroga ni hablemos, lanzamientos desde la línea de tiros libres a razón de cinco por equipo o bien (si ello no resultara suficiente) recuperar para los partidos televisados la ancestral figura del empate, elemento imprescindible en todos aquellos deportes que son como dios manda y se juegan con los pies. Lo que haga falta.

Hubo un tiempo en que repetíamos como papagayos aquello de que la ACB era la segunda mejor liga del mundo después de la NBA, hoy ya nos cuesta más decirlo no vaya a ser que se nos rían pero aún así habremos de reconocer que hay algo en lo que nuestra liga doméstica no tiene parangón, vamos que ni la NBA siquiera, de hecho ya me imagino a Stern en el mullido sillón de su despacho neoyorquino mirando verde de envidia a la ACB: no habrá competición alguna sobre la faz de la tierra capaz de generar tanto caos, no habrá competición alguna en la que aquello que sucede sobre la cancha parezca ser lo de menos porque ahora ya sólo hablamos de lo que sucede a su alrededor. Chinche y rabie el señor Stern que necesita a sus estrellas para vender muy bien su liga, nosotros no, nosotros a este paso acabaremos inventando la liga de baloncesto sin baloncesto, ya que no vendemos juego vendamos líos, establezcamos un nuevo eslogan, que hablen de nosotros aunque sea mal (o aún mejor, que hablen de nosotros aunque sea bien). Hágame caso, se lo repito una vez más, deje ya de una vez por todas de buscar cosas alucinantes al otro lado del charco porque las cosas verdaderamente alucinantes las tiene usted aquí mismo a la vuelta de cualquier esquina. Rechace imitaciones.

Publicado diciembre 28, 2012 por zaid en ACB, medios

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el santo de su madre   8 comments

Allá por el miércoles 5 de diciembre, un intrépido tuitero preguntó a Arseni Cañada por qué para el siguiente sábado no estaba programado ningún partido de ACB en Teledeporte. Para que no haya dudas ni malas interpretaciones les copio a continuación dicha conversación, tal cual:

Posteriormente, el viernes 7 de diciembre, otro tuitero no menos intrépido, probablemente desconocedor de la conversación anterior, planteó esa misma pregunta y, como verán, obtuvo prácticamente la misma respuesta:

Así que antes de nada me van a permitir que (aunque sea con nueve días de retraso) haga llegar desde aquí mi más sincera felicitación a la santa madre de don Arseni Cañada, en nombre de todos mis sufridos lectores y en el mío propio: Felicidades, doña Concha (o doña Inma, o doña Puri, no sé), por dos razones: por su onomástica, faltaría más, y también por tener un hijo tan, tan, tan… ocurrente.

Y es que como argumento resulta demoledor, desde luego, de hecho yo pienso aplicarme el cuento y emplearlo en cuanto se me presente la ocasión. Mi madre se llama Rosa, su santo se celebra (es un decir, porque en casa nunca hemos sido de celebrar santos) en agosto, si el próximo no me pilla de vacaciones entraré la víspera y le diré a mi jefe mire, que mañana no vengo, que tengo que celebrar el santo de mi madre, y luego si eso ya les contaré dónde me manda. De hecho es bien sabido que casi todos los convenios colectivos lo contemplan como una de las causas de ausencia justificada al trabajo: muerte o enfermedad grave de familiar en primer grado de consanguineidad o afinidad, deber inexcusable de carácter público, onomástica de madre… Ya saben, si quieren recórtennos las pagas, los moscosos y hasta los genitales pero el santo de nuestra madre no nos lo toquen que madre no hay más que una, hasta ahí podíamos llegar.

Claro está que cuando vi que este pasado sábado 15 de diciembre tampoco habría ACB en Teledeporte yo ya no pregunté, total para qué iba a hacerlo si ya sabía la respuesta, yo lo que hice fue irme directamente a mirar el santoral: San Maximino (nombre paradójico donde los haya, implica grandeza y pequeñez a la vez) y San Urbicio, nada menos. Que parecerá raro dado que no son denominaciones demasiado habituales, pero que seguro que alguno de ellos será el santo del primo de Cuenca de Arseni, de la cuñada soltera de Manel, del padre putativo del Director General del Ente o de la madre que les parió a todos. Me estoy poniendo desagradable y créanme que no era mi intención en tan señaladas fechas.

Yo comprendo que los aficionados en general y los tuiteros en particular nos ponemos muy pesados, nos dicen que van a dar un partido ACB los sábados en Teledeporte y si luego no lo dan nos preguntamos por qué, hay que ver qué egoístas somos. Yo lo entiendo, de verdad, entiendo que a Arseni Cañada le resulte muy molesto tener que estar contestándonos a cada rato. Y entiendo además que Arseni Cañada no es quien ha propiciado esta situación, que él (supongo que) no ha pedido dejar de dar ACB los sábados (vamos, que ni por el santo de su madre siquiera), que a él le llega un jefe y le dice oye, que este mes no vais a dar ACB en Teledeporte y a la criatura no le queda otra que comerse dicha orden con patatas. Yo lo entiendo todo pero él también debería entender que le guste o no es la cara visible de la ACB en TVE, y que de alguna manera debería guardar las formas: vale que no pueda decir lo que le pida el cuerpo, vale que no pueda criticar en público a la empresa que le paga pero hay otras opciones, siempre hay otras opciones, él bien lo sabe porque recurrió a ellas pocos días después, véase la muestra:

Esa podría una opción, soltar la típica respuesta hueca que no significa absolutamente nada pero que al menos sirve para salir del trance airosamente. Otra opción sería pasar de contestar, al fin y al cabo trátase de un personaje público, como a tantos otros le freímos a preguntas por lo que a nadie le extrañaría que puntualmente se olvidara de dar alguna respuesta. Y otra más, modelo respuesta para salir airoso, yo ahí no puedo hacer nada, son políticas de empresa, yo no decido lo que se televisa y lo que no, son otros los despachos donde se toman las decisiones, qué sé yo, algo así, obviedad en estado puro pero sin faltar a sus superiores. No nos habría reconfortado una respuesta así pero al menos nos habría valido, nos habríamos conformado, a ver qué íbamos a hacer. No nos habría contentado pero al menos no se nos habría quedado esa sensación de dos por uno, de que además de robarnos el partido de los sábados también nos estaban faltando al respeto.

Mire, amigo Arseni, habré de reconocérselo, los aficionados al baloncesto (sector ACB) estamos un poco susceptibles últimamente. Vimos comerse medio partido por un tenis que no acabó a su hora y apenas unas semanas después vimos levantar un partido porque había Copa Davis, buen pretexto sobre todo si tenemos en cuenta que los dobles comenzaban a las 2 y la ACB era a las 7, habría sido histórico que llegaran a solaparse. Pero al menos entonces tenían la Davis de pretexto, en cambio en estos dos últimos sábados no había más pretextos que el patinaje artístico sobre hielo y el campeonato de natación en piscina corta. Y como ya nos pillan calientes pues van y nos mueven de la tarde a la mañana la ACB de TVE1 con el socorrido argumento de mejorar las audiencias. Miren, no sé si mejorarán las audiencias pero por ahora los aficionados al baloncesto sólo tenemos tres ojos y el tercero no nos sirve para ver. Esta semana han logrado ustedes un hito histórico (e histérico): tienen ustedes a su disposición un sábado y un domingo llenos de horas y sin embargo han conseguido que todos, absolutamente todos los partidos televisados del baloncesto nacional, se jueguen el mismo día y en un lapso de apenas media hora entre el comienzo del primero y el comienzo del último. Hace apenas dos meses y medio me preocupaba yo del horario de la LEB, una vez más los del baloncesto haciéndonos la competencia a nosotros mismos como si no tuviéramos bastante con la que nos viene de fuera. Me equivoqué. La ACB no necesita a la LEB para que le haga la competencia, la ACB se basta y sobra ella sola para destrozarse a sí misma, pongamos todos los partidos a la misma hora y así los que estén en los pabellones viendo a su equipo ya no podrán ver a ningún otro, busquemos nuestra audiencia en la gente ajena al baloncesto porque a la nuestra ya la tenemos entretenida viendo (otro) baloncesto. Autofagia en estado puro.

Así que por favor, amigo Arseni, se lo ruego, la próxima vez no nos ponga usted por medio el santo de su madre ni que a su prima le ha salido un grano ni que a África se le ha roto una uña, no por favor, que como broma ya está bien con la cobertura televisiva que tenemos, créame que no necesitamos bromas adicionales ni aún por bienintencionadas que estas fueran. Que si usted no tiene la culpa su familia la tiene menos todavía, así que no la meta en esto; no vaya a ser que el día menos pensado tengamos que acordarnos de ella.

Publicado diciembre 16, 2012 por zaid en ACB, medios

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