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Martes 28 de mayo: aún estaba caliente el parquet del Buesa y La Fonteta tras aquellos Cuartos de Final, aún no se había evaporado el vaho ni el olor a humanidad de los vestuarios, aún no se habían acostado cabreados los aficionados baskonistas y valencianistas, aún estaban celebrándolo (casi acababan de empezar) caístas y grancanarios, aún no nos había dado tiempo a asimilar lo que había pasado y sin embargo en el diario As lo tenían ya meridianamente claro:BLakk8VCYAAA8Rz Vía libre para una final Madrid-Barcelona, ese era el titular a toda página que parían en su redacción para encabezar la sección de baloncesto, el que nos encontraríamos a la mañana siguiente en el bar del desayuno cuando no resistiéramos la tentación de ojear el ejemplar que el establecimiento pone a disposición de sus clientes. Vía libre para una final Madrid-Barcelona, con dos razones. No importaba quién había pasado a semifinales, no importaba que Granca y CAI hubiesen hecho la hombrada, no importaba que aún quedaran dos o tres días para el comienzo de unas eliminatorias al mejor de cinco partidos, no importaba siquiera qué equipos habrían de jugarlas, sólo importaba que Baskonia y Valencia ya no iban a hacerlo, ergo los equipos que lo hicieran tendrían que ser peores (muy lógico, dado que acababan de eliminarlos), ergo a efectos prácticos era como si ya no hubiera semis, ergo ya podíamos dar por hecho el cartel de la Final, Madrid-Barça, cuál si no. Pura coherencia.

Tres días después, viernes 31 de mayo, la prensa catalana, para no ser menos que la de Madrid, se sumaba también a la fiesta: El Barça Regal acaricia el pase a la gran final de la Liga. Como lo leen, acaricia. Todavía nadie se había vestido de corto, todavía no había empezado siquiera una serie que habría de durar necesariamente entre tres y cinco partidos y sin embargo ya se hablaba de acariciar la final, como si el Barça llevara ya dos victorias, como si no viniera de pasar unos apuros terribles ante el Bilbao Basket en su serie de cuartos, como si el Granca, aún por modesto que fuera, no les hubiera ganado ya dos veces en temporada regular. Y quien así escribía no era un indocumentado, no era el típico forofo metido a periodista (o viceversa), no era precisamente un becario sino un ex jugador internacional, alguien que fue en su tiempo uno de los mejores bases de Europa, alguien que lleva años y más años analizando este deporte en TV3 y cuyos comentarios siempre me parecieron ecuánimes y razonables cuando tuve el placer de escucharlos (tampoco es que hayan sido muchas veces, que me pilla bastante lejos): Nacho Solozábal. Nada menos. Acaricia la final. Sin haber empezado siquiera a disputar la semifinal. Pues qué bien.

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Claro, ahora me dirán que los acontecimientos les dieron la razón. Pues sí y no. Evidentemente no me he caído de un guindo (que yo sepa). Madrid y Barça eran favoritos, siempre lo fueron, lo son de serie y por definición en cada competición que juegan, no habrá habido ni una sola liga de este deporte o del otro en los últimos veinte o treinta años en la que Madrid y Barça no hayan partido como máximos favoritos, cómo no habrían de serlo aquí también. Pero una cosa es darles como favoritos y otra muy distinta ningunear y faltar al respeto al rival. Cuentan que en las escuelas de periodismo se decía que no es noticia que un perro muerda a un hombre, que noticia es que un hombre muerda a un perro. Aplicando esos criterios (es una metáfora, que nadie se ofenda) jamás debería ser noticia que Madrid y Barça puedan jugar una final, si eso al fin y al cabo eso es lo de siempre, la verdadera noticia sería que tuvieran la oportunidad de jugarla (aunque fuera difícil) dos modestos como Granca y CAI, la verdadera noticia era que estos dos equipos se hubieran cargado a nada menos que Baskonia y Valencia Basket y se atrevieran a retar a dos trasatlánticos que les multiplican en varios dígitos el presupuesto. No es que sea yo el más indicado para dar lecciones de periodismo a nadie dado que no ejerzo esa profesión, pero me da la sensación de que en este país la información (cierta información, no generalicemos) dejó de regirse hace mucho tiempo por criterios periodísticos. Cristiano ha cambiado de marca de gomina, la caca de Kaká sale suelta, Messi se rasca la entrepierna, a Piqué le pica el culo, cualquiera de esos acontecimientos será siempre más noticia que cualquier victoria o resultado que le suceda a cualquier otro equipo aún por sorprendente que éste sea. Será así porque así lo demanda la mayoría de la población, no digo yo que no (ergo no serán criterios periodísticos sino criterios de rentabilidad o de audiencia, en todo caso), pero esa inmensa minoría que no somos ni del Madrid ni del Barça empezamos a estar un poco hasta los mismísimos de que así sea.

O en todo caso podríamos aceptar que la información en torno a Madrid y Barça fuese mayoritaria, cómo no habríamos de aceptarlo. Pero una cosa es que sea mayoritaria y otra es que sea exclusiva o más bien excluyente, otra cosa es este abuso de posición dominante que convierte a nuestro deporte en una especie de duopolio en el que dos macroinstituciones se reparten casi entero el pastel mientras que al resto no les queda más que comerse las migajas. Madrid y Barça son dos pozos sin fondo que parecen tener el dinero por castigo (aunque luego también emerjan pérdidas cuando les escarbas) de tal manera que, mientras que el resto de equipos de nuestro baloncesto tiene que hacer auténticos equilibrios para cuadrar el presupuesto (eso en el mejor de los casos, que otros hay literalmente al borde de la desaparición), los dos grandes pueden permitirse tirar la casa por la ventana cada verano o reponer una pieza por otra mejor cada vez que se les rompa, tanto da, a quién le importa que luego (en algún caso) apenas vayan a verles cuatro gatos, donde no lleguen los ingresos de la canasta ya llegarán los del fútbol. Sí, los ingresos del fútbol, esos que a ellos les sirven para fichar megaestrellas, tapar agujeros y enjugar cualquier déficit, esos mismos déficits que los equipos (digamos) normales (los que no son secciones) se tendrán que comer con patatas. Esos ingresos del fútbol que encima cada vez son más por esa tendencia autodestructiva que a veces tienen en el fútbol, esa extraña cosa de que los dos grandes cobren por derechos de televisión como diez veces más que cualquier modesto (no, en baloncesto eso no pasa… más que nada porque casi no hay ingresos de televisión). Que me da igual, que si ellos quieren cargarse su propia LFP es su problema (relativamente, que como rayista que soy también me jode), pero es que a la larga ese chorro de millones televisivos también repercute en nuestro baloncesto, también contribuye a aumentar la desigualdad (aún más si cabe) de nuestro deporte. Súmenlo a la crisis y concluiremos algo que no por mil veces repetido deja de ser menos cierto: siempre hubo clase alta, clase media-alta, clase media y clase baja, pero nunca jamás fue tan grande como ahora la brecha entre la clase alta y las demás. Siempre Madrid y Barça estuvieron a un lado y el resto al otro, nunca como ahora estuvo tan lejos un lado del otro. También en baloncesto.

Supongo que a estas alturas a los madridistas y barcelonistas que me lean (y que hayan aguantado hasta aquí, lo cual tendría mérito) les tendré ya un poco hartos (con razón); supongo que siempre podrían argumentarme que a saber qué habría sido del baloncesto en este país si no hubieran existido el Madrid y el Barça. Touché. Lo asumo, estoy convencido de que es así, si ambos (más que un) clubes se hubieran conformado con el fútbol y no hubieran creado en su día secciones de basket (o si las hubieran hecho desaparecer) nuestro deporte estaría hoy al nivel de popularidad de la ASOBAL, la liga de voleibol o la de waterpolo, qué sé yo. Esto es como aquella coplilla de antaño, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero. Pues qué quieren que les diga, yo estoy llegando ya a un punto en el que prefiero casi morirme a que me maten, puestos a escoger. O dicho de otra manera, que yo casi firmaría donde hubiera que firmar para que ambos monstruos fueran definitivamente abducidos por una hipotética (¿utópica?) macroeuroliga cerrada, para que se fueran de una vez por todas a pelear con los de su tamaño y dejaran a los pequeños jugarse su propia liga entre ellos en condiciones de relativa equidad, evidentemente con las desigualdades normales de cualquier competición pero no con estas desigualdades paranormales que tenemos ahora. Claro, me dirán que eso sería la muerte de la ACB pero es que al paso que vamos la ACB se nos acabará muriendo sola de todas formas (aún con Madrid y Barça), así están las cosas, si tengo que morir prefiero casi hacerlo con aquello en lo que creo. Lo repetiré una vez más, no tengo nada en contra de su existencia pero sí de que no haya otra existencia, de que no parezca haber vida más allá de ambos dos. No tengo nada en contra de una relación en términos de convivencia pero sí de esta otra relación que padecemos (deportiva, económica, informativa) casi en términos de opresión. Ni siquiera tengo nada en contra de que sean los más grandes, vale, lo admito, los dos más importantes, los más seguidos… pero no los únicos, por favor, recuerden que hay otros mundos, puede que ustedes no se hayan enterado pero créanme que hay otros mundos y además están en éste, si quieren encontrarlos no tienen más que buscarlos. Seré muy raro pero así es como lo veo, otras veces he encontrado palabras más amables e incluso más ocurrentes para expresarlo pero me temo que hoy no me ha salido otro discurso. No tendré un buen día, qué le vamos a hacer.

Publicado junio 9, 2013 por zaid en ACB

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Empezó la temporada y al que más y al que menos (el que esté libre de pecado que tire la primera piedra) se le hicieron los dedos huéspedes con el (presunto) plantillón que había hecho Unicaja. Earl Calloway, Marcus Williams, Zoran Dragic, Txemi Urtasun, Sergi Vidal, Krunoslav Simon, James Gist (¿se acuerdan de James Gist?), Fran Vázquez, Kosta Perovic, la de dios, y todos ellos convenientemente amasados por un clásico, uno de los técnicos de referencia en Europa como era Jasmin Repesa. Empezó la temporada y todos dijimos hay que ver qué buena pinta tiene este Unicaja, incluso muchos situamos su plantilla muy por encima de la de Baskonia y/o Valencia, casi a la misma altura de Madrid y Barça. Vale que los resultados no acabaran de acompañar en esas primeras semanas pero ya se sabe, eso es normal, demasiado jugador nuevo, la lesión de Vidal que tampoco ayuda pero no les quepa la menor duda, en cuanto estén conjuntados serán temibles, sólo es cuestión de tiempo… Es posible que fuera cuestión de tiempo, de más tiempo todavía quiero decir. Es posible que al año que viene o al siguiente hubieran acabado pareciendo finalmente un equipo, quién sabe. Afortunadamente ya no creo que tengamos la ocasión de comprobarlo.

Ay, el tiempo, ese juez insobornable que da y quita razones y pone a cada uno en su sitio… (frase legendaria de cierto ex comunicador deportivo no menos legendario, nada añorado por otra parte). El tiempo es ideal como coartada pero llega un momento en que ya huele. El tiempo que tuvo Repesa para conjuntar su plantilla no fue menor que el que tuvo (por ejemplo) Moncho Fernández para conjuntar la suya, casi con tanta gente nueva como la malagueña por cierto. Y fíjense qué curioso, ya desde el primer día Obradoiro pareció un equipo, no digamos después, no digamos ya el último. Vale que se metieran prácticamente en playoffs sobre la bocina pero eso es lo de menos (cuántos lo quisieran), de hecho estoy completamente seguro de que si no hubieran tenido lesionado durante varias semanas a su base titular se habrían clasificado muchísimo antes. Y no creo, puestos a comparar, que Obradoiro se hubiera gastado ni la cuarta parte en confeccionar su plantilla (y me quedaré muy corto) de lo que se gastó Unicaja en confeccionar la suya. O acaso sea precisamente ese el secreto, que los jugadores baratos se adapten mejor mientras que a los caros les cueste más quizá porque crean que es el mundo entero el que debe adaptarse a ellos y no al revés. Y quizá para los entrenadores también valga ese axioma, ya puestos.

¿Jugamos a los tópicos? Puedes fichar nombres o puedes fichar hombres, habré de confesarles que no es un tópico que me guste porque no siempre tengo claro dónde está la diferencia pero en esta ocasión me viene al pelo así que me van a permitir que abuse de él. Podría continuar con la comparación con Obradoiro pero lo iba a tener demasiado fácil, casi mejor me complicaré un poquito la vida para hacer otra comparación mucho más igualitaria: Valencia Basket. Coja usted aquella lista que le puse en el primer párrafo y compárela con esta otra, Pau Ribas, Thomas Kelati, Bojan Dubljevic, Justin Doellman, Keselj o Lukauskis que no salieron bien pero son jugadores por los que todos habríamos apostado, más los puntuales (y eficaces) postizos de Chris Quinn, Hrycaniuk, Jason Robinson. Evidentemente la lista es más corta, evidentemente ya había una base, evidentemente Perasovic ya estaba allí y con él Markovic, San Miguel, Rafa Martínez, Pietrus, Faverani, Lishchuk, todo lo que usted quiera. No estoy comparando resultados, estoy comparando maneras y maneras de fichar, nombres vs hombres, lo que les dije. Y antes de que me lo diga usted me lo digo yo, evidentemente juego con ventaja, comparar ahora a toro pasado es muy fácil. No se lo voy a negar, a mí también me encantaba la plantilla de Unicaja, ya se lo dije en el primer párrafo (y que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra). Pero creo que Valencia, Obradoiro, Granca, tantos otros que han tenido que hacer de la necesidad virtud (cada uno a su manera, cada uno con su presupuesto) nos han dado este año una verdadera lección, de la que otros bien deberían tomar ejemplo.

Y luego está la traca final, un solo partido (un solo cuarto, incluso) como metáfora de toda una temporada. Si ganas en el Palau Blaugrana te metes en playoffs, sin vuelta de hoja, sí o sí, vale que en principio no parezca la visita más cómoda del mundo pero tampoco parece como para asustarse, enfrente el Barça más diezmado que vieron los tiempos, tercero gane o pierda, sin otra obligación que la de agradar a su parroquia lo cual tampoco es mucho decir porque allí hay básicamente cuatro gatos, cuatro gatos silenciosos además, más que en el Palau parecieran estar en el Liceu, por no oírseles casi ni se les oyó pedir la independencia en el minuto 17 siquiera. El caldo de cultivo perfecto, el Barça que sólo quiere dejar pasar el partido, Unicaja que debería dejarse la vida, al final del tercer cuarto 1 abajo, 45-44, el Barça no tiene una marcha más y si la tiene no la va a meter, es el momento de echar el resto… ¿el resto? El resto del partido será una parodia, un espectáculo más digno de una pachanga de solteros contra casados que de un equipo que (se supone que) se la juega: una caraja (uni-caraja) descomunal, decir patético es decir poco, seis puntos en todo el cuarto más decisivo de la temporada, resultado final 57-50, escribí en tuiter que si fuera malagueño se me llevarían los demonios, añadí después que se me llevaban aún sin serlo. Nadie mereció más los playoffs que Obradoiro, nadie los mereció menos que Unicaja, al menos esta vez el baloncesto no pudo ser más justo.

Pero si hablamos de justicia me permitirán que vaya aún un poco más allá: les contaba yo hace poco más de un año que no acababa de tener muy claro cómo se reparten las plazas en Euroliga, por qué hay equipos que necesitan casi ganar la ACB para tener el derecho y otros que parecen tener reservado su puesto desde tiempo inmemorial así llueva o truene. Hoy sigo sin tenerlo claro, no vayan a pensar (probablemente no es culpa suya sino mía, que será que no doy más de sí), pero sí creo haber entendido que a esos equipos de-toda-la-vida se les mantiene su reserva de plaza siempre y cuando queden novenos en su competición doméstica. Es decir, Unicaja no fue octavo y se ha vuelto a quedar sin eliminatorias por el título, pero Unicaja volvió a ser noveno y por ello se ha ¿ganado? (creo) su derecho a participar en la máxima competición continental, un año más. Y yo me pregunto, ¿hasta cuándo? ¿Esta cosa de la Categoría A (o como demonios se llame) no caduca nunca? ¿Podría Unicaja seguir quedando el noveno año tras año hasta (pongamos) 2053, y aún así seguiría teniendo garantizada su participación año tras año en la Euroliga hasta (pongamos) 2054? ¿Podría Valencia (y quien dice Valencia dice Bilbao, incluso Granca o CAI, el que ustedes quieran) ser tercero o cuarto año tras año hasta el próximo siglo y aún así seguir quedándose sin Euroliga porque el que queda noveno tiene su plaza reservada? Insisto, no lo sé, les confieso mi ignorancia, quiero pensar que en algún momento todo este proceso tendrá un límite. Pero si lo tiene ya está tardando en llegar.

Se lo dije también entonces, la Euroliga debería decidir de una vez por todas si quiere ser carne o pescado, si quiere ser una liga cerrada con plazas fijas basadas en criterios económicos y que se olvide de una vez por todas de las ligas nacionales, o si quiere ser una liga abierta de-las-de-toda-la-vida en la que sean exclusivamente los méritos deportivos en las competiciones nacionales los que clasifiquen para la máxima competición continental. O lo uno o lo otro, o liga abierta o cerrada pero no esta liga entornada que tenemos ahora y que queriendo dejar contento a todo el mundo al final no satisface absolutamente a nadie. Y que quede claro (por si alguien pudiera tener alguna duda): quiero mucho a Unicaja, en algún momento le consideré mi segundo o tercer equipo, disfruté su Copa y su Liga como si fueran mías, conozco a muy buena gente de allí. Por eso me duele más verle hacer este papelón, y por eso me duele aún más que aún haciendo papelones como éste se vaya de rositas mientras que otros que se lo ganan sobre una cancha tengan que limitarse a ver la vida pasar. Quiero mucho a Unicaja y me consta que mucha gente ajena a Málaga quiere mucho a Unicaja, pero de ser amado a odiado sólo hay un paso y si esto sigue así algunos no tardarán mucho en darlo. Señor Bertomeu, se lo ruego, cambie de una vez por todas la normativa de su competición, en un sentido u otro: o abierta o cerrada, o blanco o negro pero déjese ya de medias tintas, déjese ya de gris. Se lo pido por el bien de todos. Por el bien (incluso) de Unicaja.

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Allá por el pasado verano, en plenos Juegos Olímpicos, fui un día a comer a casa de mi madre, nada de particular, es algo que suelo hacer con relativa frecuencia como todo hijo que se precie. En la sobremesa, mientras mi señora y su suegra conversaban amigablemente de esas cosas que hablan las señoras con las suegras, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, waterpolo, tiro con arco, lucha grecorromana, lo que haya… Pero me quedé con las ganas por la sencilla razón de que el televisor de mi madre no tenía sintonizado dicho canal. Al respecto conviene recordar que hace algunos años hubo que hacer una resintonización de la TDT (no sé si sólo en Madrid o en más sitios) porque había dos o tres diales (uno de ellos TDP) que cambiaban de frecuencia o dos o tres frecuencias que cambiaban de dial o como se diga, notarán que soy lego en la materia. En mi comunidad de propietarios nos la hicieron de serie pero en la de mi madre que son sólo ocho vecinos, octogenarios en su mayor parte, pues como que no parece que se generara una demanda que hiciera imprescindible esa modificación, no sé si me explico. Claro está que podría haber resintonizado yo el televisor aquella misma tarde pero mi madre habría entrado en pánico sólo de pensar en la posibilidad de que se le fuera alguno de sus canales preferidos, así que ante tamaña responsabilidad preferí dejarlo estar…

Pocos días después, todavía en plenos Juegos Olímpicos, me tocó ir a pasar la tarde al chalet de mis cuñados, experiencia inenarrable donde las haya pero qué quieren, uno es un mandado. En un momento dado, mientras mi cuñado se encontraba ausente atendiendo a sus múltiples actividades profesionales (un bar), mientras mi hijo se bañaba en la piscina con sus primas y mi señora hablaba con su hermana de cosas de hermanas, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, tiro con carabina, esgrima, halterofilia, lo que sea menester… Pero me volví a quedar con las ganas, por la sencilla razón de que el televisor de mis cuñados tampoco tenía sintonizado dicho canal. Mi cuñado es muy de ver deporte en televisión pero eso sí, a la manera española (como si dijéramos): primero fútbol, luego fútbol, después fútbol y finalmente (si no hay fútbol) quizás algo de motos o de Fórmula Uno siempre y cuando esté Alonso, que si no pa qué. Teledeporte ni sabe que existe o quizás alguna vez sí lo supo pero ahora ya no lo recuerda, total ahí sólo dan deportes de esos raros que no tienen motor ni se juegan con los pies. La prueba es que en todos estos años no parece haber sentido ni por un momento la necesidad de resintonizar su televisor.

Obviamente mi madre y mi cuñado no son una muestra significativa de la población, son apenas dos casos aislados, estoy convencido de que en este país y en esta ciudad casi todos los televisores tienen correctamente sintonizados casi todos los canales de la tedeté. El tema no es que haya mucha gente que no tenga Teledeporte, sino que hay muchísima gente que ni se enteraría si de buenas a primeras les desapareciera Teledeporte. El común de los mortales o bien va a tiro hecho o bien se limita a zapear por entre los canales de toda la vida, esos que en casi todos los televisores ocupan los diales del 1 al 6, acaso también el 7 y/o el 8 si aún te queda una televisión autonómica decente. Luego ya los más iniciados es posible que pasen también por Neox, Nova o Energy, los más futboleros mirarán MarcaTV y los más (evitaré adjetivos para no herir susceptibilidades) es posible que viajen aún lejos si cabe, 13TV o Intereconomía que de todo hay en la viña del señor. Y luego ya, un poquito más allá de éstos y un poquito más acá de la Teletienda (pero no mucho), más o menos al lado del Canal 24 horas finalmente encontraremos a Teledeporte (de hecho ellos deben ser plenamente conscientes de que ocupan las profundidades abisales del dial, ya que en los últimos tiempos andan montando una especie de debates un tanto basurísticos al más puro estilo puntopelotero; con nulos resultados, me temo). Y no venga usted ahora a decirme que en su casa no es así, ya sé bien que en su casa no es así al igual que tampoco es en la mía, si está usted leyendo esto ya presupongo que será porque es aficionado al deporte en general y al baloncesto en particular (o porque ha llegado aquí por pura casualidad y aún no tiene muy claro de qué va este blog), razón por la cual tendrá incluido a Teledeporte en su menú televisivo. Pero usted y yo tampoco somos una muestra representativa de la población, desgraciadamente. El común de los mortales tiene sus necesidades deportivas más que cubiertas con los deportes mayoritarios que ofrecen los canales mayoritarios, entre otras cosas porque si en alguna ocasión Nadal (o cualquier otro deportista/equipo español) puede ganar algo ya se encargará TVE de llevárselo perdiendo el culo a La 1 para aprovechar la tajada de audiencia que pueda proporcionar. O dicho de otra manera: el aficionado medio sabe que en Teledeporte sólo dan cosas minoritarias, y sabe que si en alguna rara ocasión dejaran de ser minoritarias se las sacarían de allí para servírselas en bandeja donde las pueda mirar. Ergo ¿para qué sintonizar Teledeporte?

Quizá ya haya deducido (o quizá no, y lleve usted un buen rato preguntándose de qué va este rollo) que viene todo esto a cuento de lo acaecido este pasado fin de semana con ocasión de la Final Four. Televisión Española incumplió drásticamente la regla de oro que acabo de exponer en el párrafo anterior, TVE dio la semifinal por su primera cadena y luego la Final por Teledeporte, y ello a pesar de que dicha Final la disputaba el equipo más televisado, más seguido, más amado/odiado y con más adeptos de todo el territorio nacional. ¿Todo un Real Madrid podía proclamarse campeón de Europa y sin embargo no se atrevían a darlo por TVE1, cómo era ello posible? Pues porque hay palabras mágicas, alma de dios, mire que se lo decía yo aquí mismo hace dos o tres semanas. Diga usted abracadabra pata de cabra y no pasará nada, pero lo que se dice nada, pero nada de nada; ahora bien, diga usted Madrid-Barça y el universo entero conspirará para que empiecen a suceder ante nuestros ojos los hechos más asombrosos jamás contados. Si ambos equipos hubiesen ido por distinto lado del cuadro las dos semis se habrían visto en Teledeporte, si ambos hubiesen perdido no les quepa la menor duda de que el tercer y cuarto puesto habría ido por TVE1 y luego la Final por Teledeporte, es así. No importa el Madrid, no importa el Barça, importa el Madrid-Barça como si ambos conceptos sólo tuviesen razón de ser por la existencia del otro, como el haz y el envés, como el ying y el yang, como el día y la noche, como las dos Coreas. Acaso no haya nada que vertebre (y al mismo tiempo divida) tanto este país como un Madrid-Barça, acaso no haya mayor obstáculo para el famoso proceso soberanista de Cataluña que la posible desaparición de esa rivalidad. Necesitan seguir juntos para poder seguir odiándose.

Retomo el tema. Conste que no suelo ser de los que acuden puntualmente cada lunes a mirar las audiencias (más que nada para no llevarme disgustos) pero reconozco que esta vez no pude evitar que me saltaran a la vista mientras ojeaba un periódico en el bar del desayuno. Si no vi mal (que también es posible) resulta que la semifinal Barça-Madrid dio un millón ochocientos y pico mil espectadores con un 12 por ciento de cuota de pantalla, y que la final Olympiacos-Madrid dio como cienmil más, un millón novecientos y pico mil con un 10 por ciento de share (ya sé que el share y la cuota de pantalla son lo mismo, uso ambos términos para no repetirme). Supongo que la explicación de que la semi tuviera menos espectadores y más share, y en cambio la Final más espectadores y menos share, es bien sencilla hasta para un profano en la materia como yo: los viernes se sale más y hay menos gente ante el televisor, mientras que los domingos a esa hora ya está casi todo dios en su casa. Y supongo que ésa es también la razón de que Televisión Española no tuviera ningún problema en sacrificar su programación del viernes y en cambio no alterara en lo más mínimo su sacrosanta programación del domingo. Y supongo también que en el pecado pudieron llevar la penitencia…

A ver si me explico: diría yo que a la hora de sentarse a ver la tele básicamente (y simplificándolo mucho) existen dos tipos de espectadores, aquellos que tienen claro lo que quieren ver y aquellos que la encienden por pura rutina y van dando vueltas hasta que encuentran algo que (más o menos) les guste. La audiencia de TVE1 bebe de ambas fuentes, están los que van ex profeso a ver el Cuéntame y los que tras zapear se quedan con el Cuéntame porque no encuentran otra cosa que les convenza más. La audiencia de TDP en cambio sólo bebe de la primera fuente, los ex profeso, ya que como decíamos no suele ser un canal de paso al que la gente se pueda enganchar. O dicho de otra manera: el Madrid-Barça del viernes bebió básicamente de aquellos espectadores que querían ver el Madrid-Barça del viernes, pero bebió también de aquellos que pasaban por allí (quizá buscando el Telediario, o quizá sin pensar siquiera en lo que hacían) y de repente exclamaron anda leche, si hay un Madrid-Barça, qué bien, quién me lo iba a decir, me pondré a verlo. Por el contrario el Madrid-Olympiacos del domingo bebió sólo de aquellos que fueron expresamente a buscarlo, dado que casi nadie pasa por allí. ¿Y con todo y con eso la Final la vio más gente que la semifinal, aunque la cuota de pantalla fuera (sólo ligeramente) menor? ¿Qué habría pasado entonces si la Final hubiese ido por TVE1? Pues que además de esos casi dos millones de espectadores fijos bien podrían haber tenido además otro buen puñado de eventuales. Y todo ello tampoco tendría por qué haber supuesto un trauma para TVE1 en términos de programación ya que siempre podrían haber hecho lo que hicieron el viernes: mantener el previo en TDP mientras en La1 estaba Tom Cruise y su Tapadera, dar el partido en La1 (aprovechando el descanso para ofrecer un Telediario en versión corta) y nada más acabar llevarse otra vez el postpartido a TDP (entrega de trofeos incluida, tanto más habiendo perdido el Madrid) y en La1 meter raudos y veloces su dichosa película de la semana. Y ésta apenas habría empezado veinte o treinta minutos más tarde de lo que suele hacerlo cualquier otro domingo, y no creo que ello les hubiera supuesto una gran pérdida (acaso ninguna) en términos de share, y hasta habrían podido enganchar para el cine a una buena parte de la audiencia del basket que (acaso desengañada por el resultado) dijera pues bueno, pues ya que estamos aquí vamos a quedarnos a ver qué tal está esta peli… (Y todo ello por supuesto sin entrar en otras consideraciones relativas al servicio público o al interés general, conceptos éstos que estuvieron muy presentes en nuestras vidas hasta hace algunos años pero que hoy han quedado totalmente arrinconados por el peso de los acontecimientos; si ya nadie se acuerda del interés público en aspectos de la vida que son mucho más trascendentes que éste, como para esperar que alguien se acuerde también aquí…)

A lo largo de estos párrafos he intentado demostrar (de forma bastante reiterativa, me temo) que no es lo mismo TVE1 que Teledeporte, que no cuenta con las mismas posibilidades cualquier evento deportivo en función de que se emita en uno u otro canal. Pero con todo y con eso es posible que usted siga pensando que ambos están a tan solo un click de distancia, o que tan decisivo no será que el baloncesto vaya en La1 si luego la ACB de los domingos saca las audiencias que saca (aunque nada tenga que ver una cosa con otra, los pocos que se sientan a ver la tele un domingo por la mañana por lo general van buscando algo muy concreto, en cambio muchos de quienes se sientan en prime time lo hacen dispuestos a tragarse lo que les echen). Pues vale, pues para usted la perra gorda (frase que solía utilizar mi abuela para darme la razón sin que la tuviera, a fin de que me callara de una vez), acepto barco como animal acuático y pulpo como animal de compañía, lo que usted quiera… pero aunque todo eso fuera cierto permítanme al menos que me queje del detalle. Le pondré un ejemplo: ¿imagina usted que un viernes a mediodía TVE1 ofreciera una hipotética semifinal de Roland Garros Nadal-Ferrer, y que en cambio la hipotética final Nadal-Djokovic la dieran luego el domingo por Teledeporte alegando que no quieren perder cuota de pantalla de su peliculita ñoña de sobremesa, o que al no ser la final un derby entre españoles ya tendrá menos tirón? ¿A que no? ¿A que no puede ni tan siquiera imaginarlo? Claro está que la combinación de palabras Nadal-Ferrer no es mágica como Madrid-Barça, o acaso la palabra Nadal por sí misma sí lo sea sin necesidad de añadirle ninguna otra, sin conservantes ni colorantes ni edulcorantes ni acidulantes ni aditivos de ninguna clase, Nadal podría jugar un partido de exhibición contra mí mismo (y créanme que sería lo más ridículo jamás visto en la historia de la humanidad) y pueden estar seguros de que TVE movería cielo y tierra para darlo por La1, la magia es lo que tiene. Madrid y Barça juntas son palabras mágicas, Madrid y Barça por separado (no siendo fútbol) son palabras inocuas, este mismo domingo pudimos comprobarlo. Y todo esto pasó con todo un Real Madrid, alucina vecina, el día que llegue a la final (por ejemplo) Unicaja ya no quiero ni pensarlo…

la Copa en 16 sorbos   1 comment

1. Cada derrota del Madrid hace aflorar el Frente Anti-Laso (en adelante FAL). Permanecen los miembros del FAL ocultos en sus madrigueras días y días, pueden permanecer así hasta semanas y semanas, meses y meses escudriñando el horizonte, esperando pacientemente hasta que las circunstancias les sean propicias, hasta que llega el día en que comete un mínimo descuido y entonces, zas, dentellada certera a la yugular. Vale, puede que el símil me haya quedado un poco exagerado pero así es como yo lo veo, fue perder el Madrid contra el Barça (que el Madrid en su ámbito doméstico sólo pierde contra el Barça, precisamente contra el Barça, también es casualidad) y emerger de nuevo todos aquellos que salieron en manifestación tras su nombramiento, probablemente esos mismos que hace unos meses preferían que el Madrid perdiera la Liga con tal de que Laso no siguiera, les salió el tiro por la culata porque la perdió y aún así siguió, algunos todavía no se habrán recuperado de la impresión. Va el Madrid líder en Liga y Euroliga pero tanto da, podría incluso ganar ambas competiciones que tanto daría, lo que pierda será culpa de él, lo que gane será a pesar de él. Definitivamente el madridismo (algún madridismo) tiene razones que mi razón no entiende. Ni falta que me hace, por supuesto.

2. Hace muchísimos años, un presidente de gobierno de este país dijo que el único miedo que no nos podemos permitir es el miedo al miedo mismo. Lo dijo y se quedó tan ancho, probablemente ni él mismo sabia qué quería decir pero vio que quedaba bien y lo soltó, ahí va eso. Y sin embargo el otro día me acordé yo de esa fase viendo jugar a Llull y sobre todo recordando aquellas declaraciones suyas de ese mismo día en El País, ésas en las que afirmaba no conocer el miedo, tal cual. Qué duda cabe, está muy bien no tener miedo, el miedo es un sentimiento paralizante que está contraindicado en cualquier actividad humana, no digamos ya en la faceta deportiva. Pero puede que aún peor que el miedo sea el miedo a tener miedo, que por huir del miedo acabemos convirtiendo el atrevimiento (positivo) en temeridad. Llull hizo buenas sus palabras contra el Barça, su apedreamiento del aro rival en los minutos postreros (contraindicado con las necesidades de su equipo) demostró con creces que efectivamente no tenía ningún miedo. Pero un poco de prudencia quizá no le habría venido del todo mal.

3. Yo soy más chachista que llullista, aquellos que lleven años leyéndome ya me lo habrán notado (demasiadas veces, incluso). O acaso sea yo de un llullismo muy particular ya que Llull me gusta como jugador pero no como director de juego, ya saben, debate interminable entre los que le consideran un base y los que no, yo entre ellos. Mi llullismo está condicionado, mi chachismo en cambio es incondicional… lo cual no me impide apreciar sus defectos: ha mejorado en defensa pero aún le cuesta pasar los bloqueos, tanto más si éstos te los pone una especie de globo aerostático de dos por tres con el que mejor harías en saltarlo o incluso en pasar por debajo de sus piernas porque rodeándolo no vas a llegar a tiempo, ni de coña. Sergio Rodríguez puede ser un problema puntual en defensa pero a cambio te ofrece infinidad de variantes en ataque, desde luego muchas más de las que te proporciona Llull Sin Miedo (que básicamente se reducen a dos, la opción bombardeo sin piedad y la opción venda en los ojos, también llamada a mí el pelotón que los arrollo). Por una vez (y esperemos que no sirva de precedente) Laso priorizó los defectos defensivos del Chacho sobre sus virtudes ofensivas, le mantuvo sentado un largo rato en los minutos decisivos mientras dio barra libre a Llull, con los resultados que todos conocemos. Puede que a estas horas aún esté arrepintiéndose de ello.

4. En el cercanías camino del trabajo, en los corrillos de pasillo, en el bar del desayuno no se hablaba de otra cosa. Sí, créanselo, ni fútbol ni leches, por una vez el baloncesto de clubes era el tema del día en aquella mañana de viernes (en lo deportivo, que en lo no-deportivo hay demasiadas historias estos días contra las que no podemos competir), lo cual me llenó de moderada satisfacción. Sí, moderada porque no me llamo a engaño, porque demasiado bien sé que si el partidazo televisado con dos prórrogas no hubiera sido el Madrid-Barça sino el Valencia-Estu (utopía irrealizable, me temo) no se habría acordado de él ni la madre que le parió, más allá de sus respectivas aficiones. Asumámoslo, en este país de fútbol y de Madrid-Barça nuestro deporte sólo existe cuando es capaz de reproducir en su seno el modelo futbolístico imperante. Resignémonos, consolémonos pensando en lo que podría haber sido aquello si la ACB y/o TVE se hubieran atrevido a llevarlo al prime time, o si en vez de jueves hubiera sido miércoles…

5. ¿Y por qué no era miércoles? No, no se conformen con la respuesta obvia (¡pues porque era jueves!), vayan un poco más allá. Los jueves está el Cuéntame, está El Barco, está hasta José Mota, en cambio los miércoles no diré que no haya nada porque algo habrá pero ni comparación, de hecho este miércoles por no haber no había ni fútbol, sólo la selección y a esas horas ya había acabado más que de sobra… ¿No habría merecido la pena intentarlo? ¿No habría sido un puntazo ese Madrid-Barça eliminatorio en la noche del miércoles, a las 22:00 pongamos por caso? ¿No merecería la pena (independientemente de todo lo anterior) que los cuartos de final en vez de ser jueves-viernes fueran miércoles-jueves, dejando así además un día de descanso reparador a los equipos que van por el lado débil del cuadro? Sí, ya lo sé, un día más de hotel, más gastos… pero creo que los beneficios compensarían los perjuicios más que de sobra. Piénsenlo.

6. Total que el Barça-Madrid valió por partido y medio y luego ya para compensar el Baskonia-CAI se nos quedó en medio partido, el que se jugó hasta el descanso. 1,5 + 0,5 = 2, es decir, hasta ese momento llevábamos la cosa más o menos equilibrada. Pero resultó luego que de dos cuartos de final previstos para el viernes sólo tuvimos uno, resultó el sábado que de dos semifinales previstas sólo hubo una (o ni eso siquiera, más bien tres cuartos), resultó el domingo que la Final se nos quedó apenas en media final… Me las prometía yo muy felices el jueves a las nueve y pico de la noche, pensaba entonces que mis temores eran infundados pero apenas tardé un rato en darme de bruces contra la cruda realidad. Lo dicho, esto ya no es lo que era… o acaso sea yo el que ya no soy lo que fui. Eso va a ser.

7. Acaso pensaran que no podían ganar la Copa estando de prestado en la ACB, que el mero hecho de intentarlo sería ya un atrevimiento viniendo de LEB, un poco como aquella selección de Dinamarca que osó ganar una vez la Eurocopa de fútbol sin haberse clasificado siquiera para jugarla. Acaso llegaran ya acomplejados a Vitoria y lo de English no hizo más que darles la puntilla o tal vez no, tal vez llegaran con buen ánimo y fue el entripao de su referente el que hizo que se les cayera el alma a los pies. Y una vez en los pies ya no la recogieron, claro, total para qué. Estudiantes no compareció en el Buesa o más bien lo hizo en cuerpo pero no en alma, el alma se quedó en el hotel a la vera de English para hacerle compañía en el lecho del dolor (o en la taza del váter, no sé). Tanto largar yo aquí de equipos que entienden la Copa como un fin y no como un medio, que se conforman con llegar y no intentan ir más allá… y al final he tenido que escribirlo hasta de quien jamás pensé que tendría que escribirlo, quién me lo iba a decir.

8. Una vez acabada la jornada del viernes alguien escribió en Twitter que no le sorprendía en absoluto la victoria del Granca sobre el Bilbao Basket porque que gane el que mejor juega es lo normal. Ojalá fuera todo tan fácil. Probablemente el Granca hiciera el mejor baloncesto de la Copa (que es tanto como decir de toda la ACB), del mismo modo que el Granca probablemente fuera la plantilla menos fuerte de las ocho que compitieron (o así) en Vitoria. Gracias a lo primero pasó una ronda y está tercero en liga, por desgracia lo segundo no le permitió ni le permitirá ir mucho más allá. Hoy no faltan iluminados que proclaman que el Granca se conformó con ganar al fin un partido y que se borró para la semifinal. Permítanme que discrepe totalmente: el Granca es lo que es y tiene lo que tiene; gracias a ser lo que es llegó hasta donde llegó, gracias a tener lo que tiene (o más bien a no tener lo que no tiene) difícilmente podrá aspirar a mucho más. Demasiado hizo.

9. Lo normal de cualquier competición deportiva sería una dinámica similar a la que rige para cualquier composición narrativa, ya saben, aquello de planteamiento-nudo-desenlace: un crescendo de emociones empezando por unos buenos cuartos de final que fueran preparando la atmósfera para unas magníficas semifinales que a su vez sembraran el caldo de cultivo para acabar desembocando en una extraordinaria final, algo así. ¿Se imaginan una novela o una película en la que el clímax se alcanzara ya en su primera escena y luego el resto de la trama fuera languideciendo sin remedio hasta el final? La ACB, también en eso, es el mundo al revés. No les echo la culpa porque no creo que haya culpables, esto está montado así y no hay que darle más vueltas. Pero es así.

10. Anda el madridismo (sector tangencial, es decir, esa inmensa mayoría futbolera que sólo ve a su equipo de baloncesto cuando juega contra el Barça) haciéndose cruces con Tomic estos días, ayer mismo sin ir más lejos me pedía uno una explicación, pero vamos a ver, pero cómo es posible, pero si era un pichafría, pero si… Pues vaya usted a saber, a lo mejor es el clima, que ese clima mediterráneo de Barcelona se parezca mucho más al de su Duvrovnik natal y eso le haga más feliz, nada que ver con estos fríos y estas sequedades que nos gastamos tierra adentro; o a lo mejor lo que le hace más feliz es estar en un equipo con muchos más sistemas orientados hacia los pívots, viniendo como viene de otro equipo mucho más pensado para el juego exterior… pero no, qué malpensados somos, cómo habría de ser eso. Será el clima, seguro.

11. No suelo llevarme bien en estos últimos tiempos con esas designaciones coperas de MVP hechas generalmente a matacaballo desde la improvisación: a falta de cinco minutos, mientras estás pendiente de un partido que acaso ni siquiera esté resuelto y del que tienes que hacer la crónica (eso cuando no lo estás contando en directo), te ponen un papelito para que votes deprisa y corriendo y claro, así pasa, que en lugar de pensar a quién votas y luego votar lo acabas haciendo al contrario, primero votas para salir del paso y después te lo piensas, véase Itu ayer sin ir más lejos. Pete Mickeal hizo una buena Copa pero no una gran Copa, se salió ante el Madrid (¿qué extraño mecanismo se activa en el cerebro de esta criatura cada vez que juega contra el Madrid?) y luego estuvo bien, sin más. Pero puestos a escoger (y aún con las evidentes limitaciones de un equipo tan coral) permítanme que yo me quede con Marcelinho. Desde que Pascual le ha aflojado las riendas (o desde que se ha soltado él, no sé) es otro jugador, y su equipo lo agradece y sus compañeros lo agradecen aún más si cabe. Es a quien yo habría votado pero claro, yo juego con ventaja, yo he podido pensarlo (tampoco mucho, que ya saben que no es mi fuerte) antes de escribir esto. Otros no tuvieron esa oportunidad.

12. En las horas previas a la Final, me asaltó una duda (sí, a veces me pasan estas cosas): ¿Qué equipo llegaría más fresco, el Barça tras dos partidos muy exigentes pero habiendo tenido un día de descanso, o el Valencia tras dos partidos muy cómodos pero no habiendo tenido descanso alguno? La Final dejó muy clara la respuesta, sin lugar a dudas: esa dinámica de jugar el viernes a las 21:30, luego el sábado a las 21:30 y finalmente el domingo a las 19:00 es mortal de necesidad (aún por apacibles que fueran sus duelos previos), tanto más si tu plantilla es más corta (o menos larga) que la de tu rival. No, no puede llover a gusto de todos pero quizá sí se podría intentar canalizar esa lluvia de algún modo… para lo cual me remito nuevamente a lo expresado en el sorbo número 5.

13. ·Existe por ahí una corriente de opinión que considera que para mejorar el baloncesto y recuperar los tanteos de antaño la clave sería que los árbitros pitaran todo lo habido y por haber, que sancionaran cualquier contacto por mínimo que éste fuera, lo cual al parecer redundaría en que los defensores se lo pensaran mucho más a la hora de defender. A ver: no niego yo que una cosa así no pudiera funcionar a medio/largo plazo (aunque a corto plazo sería un coñazo) siempre y cuando ese criterio se aplicara en todas las ocasiones y no sólo cuando a los árbitros se les pusiera en la punta del pie: ayer, por ejemplo. Ayer hicieron eso tan típico de hoy para que no se nos escape el partido vamos a pitar todo lo que veamos, pero todo todo. Y dicho y hecho, y a ellos no se les escapó el partido, se nos escapó a nosotros. Sí, me dirán que pitar muchas faltas es otra buena manera de aumentar los tanteos porque así hay más tiros libres pero qué quieren que les diga (sé que alguno me linchará por lo que voy a escribir a continuación), prefiero un partido a sesenta puntos dejando jugar que uno a noventa puntos que se pare cada dos por tres. Baloncesto interruptus no, por favor.

14. Algunos opinadores nos intentaron vender ayer que el título copero del Barça, viniendo como venía de un séptimo puesto al final de la primera vuelta, era una sorpresa. Pues no. Sorpresa sería que la hubiera ganado el Valencia, que la hubiera ganado el Baskonia, no digamos ya que la hubiera ganado el Granca. Venga desde donde venga, un título del Barça nunca puede ser una sorpresa como nunca podría serlo el del Madrid aunque pasara como octavo. Reconozcámoslo, la crisis (e incluso la injusta distribución de derechos televisivos en según qué deportes, también) ha abierto mucho más la brecha entre estos dos y el resto: pueden flojear durante un tiempo puntual pero cuando llega la hora de jugarse los títulos a un lado están ellos (aún por mal que estén) y al otro el resto de la humanidad. Asumámoslo, es así.

15. O eso o que lo hicieran aposta, claro. No, no lo digo yo (que a mí jamás se me ocurriría siquiera insinuar chorrada semejante), lo dice hoy bien clarito en su columna uno de los periodistas deportivos más prestigiosos (¿?) de este país (y uno de mis demonios familiares, también), el ínclito Juan Mora: “El Barcelona es ahora campeón de Copa, mientras el Madrid se lame sus heridas. No encuentro mejor explicación para entender semejante metamorfosis, que para el Barcelona el valor de la Liga en su fase regular sea cero. Al final todo se reduce a quedar entre los ocho primeros. ¿Para qué, entonces, desperdiciar energías y esfuerzos en algo que no vale de nada? Ha sido el más listo“. Es decir, todo aquello de palmar estrepitosamente en casa ante Blancos de Rueda u Obradoiro, todo aquel hundimiento ante Estudiantes, todo aquello fue a propósito, qué sutil estrategia, qué supremo ejercicio de inteligencia. Acabáramos. El Madrid haciendo el panoli ganando partido tras partido y el Barça en cambio dosificando sabiamente sus derrotas, total a quién le importa ser primero o ser séptimo si habíamos quedado en que la fase regular no sirve para nada, ¿verdad, señor Mora? Claro que si según usted lo del Barça en ACB fue de listos, entonces aplicando ese mismo razonamiento habremos de convenir en que lo del Barça en Euroliga fue de tontos, a quién se le ocurre, ganar partido tras partido echando el resto en la primera fase, total para pasar luego en igualdad de condiciones al Top16. ¿O es que acaso la primera fase euroliguera tiene mucha mayor trascendencia a efectos clasificatorios que la temporada regular ACB? Me lo explique.

y 16. Y es que hay periodistas y periodistas. El viernes en plena Copa nos dejó para siempre uno de los buenos, uno que creó escuela escribiendo de baloncesto desde su Málaga, uno cuya web fue un referente incluso en aquellos tiempos en los que casi ninguna web acostumbraba aún a ser un referente. Paco Rengel nos dejó a esa edad en la que nadie debería aún dejarnos (una edad que me resulta extrañamente familiar) y lo hizo predicando con el ejemplo, haciendo aún periodismo hasta casi el final del final. Este deporte, incluso esta vida, ya difícilmente volverán a ser lo mismo sin la energía y el entusiasmo que tantas veces nos transmitió Paco Rengel. Descanse en paz.

la Copa es sueño   1 comment

Un buen amigo virtual de los lejanos tiempos de SEDENA me pidió una colaboración sobre la Copa para su blog (magnífico por cierto, se lo recomiendo encarecidamente) Jugant per la vida. Este fue el resultado, publicado allí el lunes 4 de febrero:

La Copa es (antes que nada, quizá por encima de todo) añoranza, es el recuerdo de tantas otras copas, tantos otros momentos que ya jamás se borrarán de nuestra memoria, al menos de la de aquellos que tenemos ya una edad, al menos mientras el señor Alzheimer lo permita: la Copa es aquel CAI de 1983 subvirtiendo por vez primera el orden establecido, aquel triple de Solozábal sobre la bocina en 1987, aquel Estu de Pinone, Winslow, Herreros u Orenga en su año de gracia de 1992, aquella accidentadísima edición sevillana de 1994, aquella prórroga imposible que TDK Manresa (es decir, Creus) le levantó al Barça en 1996, aquel Cáceres que se asustó de sí mismo y dilapidó 18 puntos de renta ante la Penya en 1997, aquella reivindicativa defensa de cuatro que se quiso inventar Julbe en 1998, aquella lección magistral de Bennett en 1999; la Copa es también Pau presentándose al mundo en 2001, es Rudy volando y siendo MVP pese a perder en 2004, es la exhibición asistidora de Prigioni en 2006, es el errequeerre show de Ricky & Rudy hipnotizándonos a todos en Vitoria 2008… La Copa, en cierto modo, es añoranza de cuando la Copa era la Copa.

La Copa es magia y es decepción también, a veces. No acostumbro a ponerme en plan abuelo Cebolleta, no suelo comprar jamás ese discurso de que cualquier tiempo pasado fue mejor (más bien suelo decir que cualquier tiempo pasado fue… anterior, punto) pero reconozco que en estos últimos tiempos no puedo evitar como una sensación de que la Copa ya no es lo que era, ustedes me perdonen. Como si aquel bazar de las sorpresas de otro tiempo se nos hubiera convertido en el reino de lo previsible, como si de un tiempo a esta parte ya nada se saliera del guión, ya sólo ganara quien tiene que ganar. Claro que si usted es de uno de esos equipos que siempre van de favoritos me dirá que dónde está lo malo, que cuál es el problema, que a ver por qué va a ser peor que se cumplan los pronósticos a que se rompan. Tendrá razón, no seré yo quien lo discuta pero qué quiere que le diga, la Copa construyó su leyenda a base de romper con lo establecido, partidos y más partidos a cara de perro basados en la típica filosofía yanqui del win or go home, un mundo entero en cuarenta minutos, nada que ver con la regularidad de una liga o de una serie de playoffs porque aquí sí que existía la posibilidad de que el pez chico se pudiera comer al grande, y de hecho muchas veces se lo comía. La Copa fue (me gustaría pensar que aún pudiera seguir siéndolo) como una suerte de democratización de nuestro deporte: por cuatro días cambiábamos el tanto tienes, tanto vales por el un hombre, un voto, que en este caso se traduciría en que cada equipo tenía aparentemente las mismas posibilidades de ganar. No era así, claro, no éramos todos iguales (tampoco aquí) ni jamás íbamos a serlo pero al menos nos hacíamos la ilusión; y ésta a veces incluso se correspondía con la realidad. Hoy ya no, hoy esa extraña suerte de justicia retributiva nos parece mucho más difícil: como si la crisis, también aquí, hubiera agrandado el abismo social.

La Copa es fe, y no me refiero a fe en sentido religioso (que esa no la trabajo) sino a fe en las posibilidades de uno mismo. ¿Recuerdan la teoría de los calzoncillos? Juanan Morales solía contar que en su etapa en la Penya tuvo un entrenador (nunca dijo quién… aunque tengo mis sospechas) que cuando iban a la Copa revisaba las maletas de todos y cada uno de sus jugadores para comprobar cuántos calzoncillos habían metido: si llevaban uno o a lo sumo dos significaba que estaban plenamente convencidos de su eliminación y pensaban volverse a las primeras de cambio (o que eran unos guarros, añado yo, si bien lo pongo entre paréntesis para no estropear el razonamiento); en cambio si llevaban cuatro o cinco quería decir que estaban absolutamente mentalizados para llegar hasta la final. Han pasado los años, obviamente a día de hoy no me imagino a ningún entrenador ACB (no, tampoco a Ivanovic cuando aún estaba) rebuscando ropa interior en el equipaje de sus jugadores, de hecho alguno hasta podría malinterpretarlo… pero si alguien lo hiciera no sé yo qué encontraría (metafóricamente hablando). O dicho de otra manera: acaso nos estemos instalando en el conformismo. La Copa, como los playoffs, nunca debería ser un fin sino un medio. Están los que se clasifican y lo entienden como un premio, ya está, ya hemos llegado, tenemos lo que queríamos así que ya nos podemos relajar, cada postemporada vemos a alguno de éstos; y están los que se clasifican y lo entienden como un primer paso para dejarse el alma por llegar aún más allá. Todas esas sorpresas históricas nacieron de equipos que decidieron no conformarse con lo que tenían. Todas estas no-sorpresas de los últimos tiempos acaso tengan más que ver con una actitud cada vez más arraigada en nuestra sociedad, esa cosa que llamamos resignación.

La Copa en cualquier caso es ilusión, la de aquellos aficionados que se dejan lo que no tienen por seguir a su equipo aunque les toque alojarse a cien kilómetros de su sede (que esa es otra), que confraternizan con los de enfrente y que aunque no pasen ronda se quedan hasta el domingo porque ésta es su fiesta y no van a permitir que una simple derrota se la eche a perder. La Copa es también la ilusión de todos aquellos que nos sentaremos ante el televisor como cada año esperando ver una Copa aunque demasiado bien sepamos que esta vez sólo nos van a dar media, la otra media quedará para paladares más exquisitos. Siempre hubo una Copa de primera y otra de segunda, una Copa estatal y otra autonómica pero al menos a los no-autonómicos aún les quedaba la opción de agarrarse al clavo ardiendo de Teledeporte, ahora ya ni eso, ahora los que no tienen Autonómica y los que sí la tenemos pero es como si no la tuviéramos (y no sólo a efectos baloncestísticos) tendremos que buscarnos la vida en Internet, tendremos que ponernos en manos de Orange Arena (que es como si te tienes que operar y te pones en manos de un fontanero, poco más o menos), rezar lo que sepamos (aunque no sepamos) para ver si existe aún alguna posibilidad por pequeña que sea de salvar el Baskonia-CAI, el Granca-Bilbao y la segunda semifinal. La Copa es ilusión, sin duda, pero este año es también frustración. Y eso que aún ni ha empezado siquiera.

La Copa es sueño, cómo no: el sueño del Madrid de plasmar en títulos su dominio, el sueño del Barça de enderezar (acaso salvar) su temporada, el sueño baskonista de ser (por fin) profeta en su tierra, el sueño del CAI de sobrevivir por el lado imposible del cuadro, el sueño taronja de que aquest any sí, el sueño estudiantil de ser los primeros en ganarla viniendo de LEB (permítaseme la automordacidad), el sueño bilbaíno de estrenar por fin su palmarés nacional, el sueño grancanario de pasar por fin de ronda, más de una a ser posible… Muchos, demasiados sueños que se juntan con los nuestros: recuperar la magia, volver a sorprendernos, sentir otra vez aquella fascinación que un día sentimos por esta competición; que llegue el día en que podamos recordar también con añoranza esta Copa de 2013 tantos años después. Sí, la Copa es sueño pero ya nos dijo Calderón (el de la Barca) que los sueños sueños son: en cuanto te descuidas te despiertas. Esperemos que aún tarde mucho en sonar el despertador.

el parche   4 comments

Hace algunos días se rumoreó, qué digo se rumoreó, prácticamente se dio por hecho lo que podríamos denominar el trueque inglés, English por Ingles, según el cual el English canadiense iría a parar al Barça mientras el Ingles australiano llegaría al Estu a vuelta de correo.

Hace más o menos esos mismos días, quizás alguno menos, se rumoreó, que digo se rumoreó, prácticamente se dio por hecho un multitrueque que implicaba también a Baskonia y GBC (o dicho de otra manera, a Caja Laboral y Lagun Aro), que afectaba a Jelinek y Abrines (¡ay, Abrines!) y en el que finalmente Brad Oleson acabaría dando con sus huesos en Can Barça.

Y hace muy pocos días se rumoreó, qué digo se rumoreó, prácticamente se dio por hecho que finalmente el fichaje del Barça no sería English ni tampoco Oleson sino Feldeine, por supuesto previo pago al Fuenlabrada de la compensación económica correspondiente.

Dicho todo lo cual, y dado que a día de hoy ni English ni Oleson ni Feldeine forman aún parte de la plantilla barcelonista (que yo sepa), estaremos de acuerdo en que aquella manida frase de que el rumor es la antesala de la noticia se nos ha quedado un tanto obsoleta. De hecho quizá deberíamos plantearnos la posibilidad de enunciarla al revés: vista la certeza con la que se nos anunciaron en su día esas tres operaciones, tal vez habríamos de concluir que en este país, por increíble que parezca, la noticia es la antesala del rumor.

En cualquier caso, y dando por supuesto que esos tres intentos efectivamente existieron (y que hasta puede que aún existan), creo que a partir de ellos podemos extraer otras dos conclusiones muy concretas. A saber…

1) el Barça busca algo
2) pero no sabe qué

Ahora bien, como dicho así puede sonar un poco brusco intentaré reformularlo de otro modo:

1) El Barça busca un dos, un escolta capaz de echarse el equipo a la espalda y asumir la anotación cada vez que los achaques obliguen a Navarro a permanecer alejado del parquet.

2) Pero no sabe qué clase de dos busca, y por eso tan pronto se le antoja un escolta que sólo parece funcionar en aquellos equipos que giran por completo a su alrededor (véase English), como se le antoja un escolta todoterreno capaz de hacer muchas otras cosas además de anotar (véase Oleson), como se le antoja… Señores, seamos serios: ¿habrían pensado ustedes en Feldeine de no haber sido por sus 37 puntos de este pasado sábado? Es más, ¿sabían ya ustedes quién era Feldeine antes de sus 37 puntos de este pasado sábado?

O dicho de otra manera: el Barça busca un parche. El Barça busca un parche y tarde o temprano lo encontrará (de hecho hasta puede que lo haya encontrado ya cuando usted lea esto), es lo que pasa con estos macroequipos que parecen tener el dinero por castigo, al final siempre encuentran lo que buscan aunque ni siquiera sepan muy bien qué es eso que buscan. Pero me resulta curioso ver a todo un Barça en este papel, repartiendo palos de ciego de esta manera. Durante años (desde que llegó Creus, básicamente) lo hemos tenido como ejemplo de planificación, un poco por contraste con el ejemplo de improvisación que parecía representar siempre su eterno rival. Y sin embargo llegados a este punto vemos un Madrid que parece tener (¿por fin?) un proyecto y un Barça que lo tuvo, que ve cómo se le está escurriendo por el sumidero, que ya no sabe qué hacer con él. Ficharon a Tomic porque acababa de salir del enemigo, ficharon a Jawai porque tenía nombre y ocupaba espacio, tanto les dio que no se parecieran en nada (sobre todo atrás) a la dupla Vázquez-Ndong, tanto les da ahora que lo que fichen no sea exactamente lo que necesiten, a quién le importa eso, se trata sólo de fichar por fichar. No han perdido nada todavía, plantilla tienen más que de sobra (con o sin parche) para pelear la Copa, la Liga, la Euroliga y todo lo que se tercie pero creo yo (en mi infinita ignorancia) que no les vendría mal dejarse de improvisaciones a corto plazo, recuperar aquella vieja costumbre de mirar siquiera un poco más allá.

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