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2053   4 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 21 de junio de 2013)

Este pasado domingo 20 de abril de 2053 acabó por fin la temporada regular ACB tras la disputa de la trigésima y última jornada de Liga, en la que se enfrentaron (al igual que en las 29 anteriores) Real Madrid y FC Barcelona dado que (como ustedes bien saben) son ya desde hace años los únicos equipos que aún participan en dicha competición. El choque resultó enormemente disputado e hizo las delicias del respetable, más concretamente de los 76 espectadores (tan sólo 5 de ellos de pago) que se dieron cita en el Pabellón cubierto del Polideportivo de Moratalaz, cancha que ha acogido los partidos del Real Madrid como local en esta temporada 2052/2053 dado que su habitual pabellón de Coslada se encuentra en obras de reducción de aforo para adaptar su tamaño a la normativa ACB. El encuentro finalizó con victoria blanca por el ajustado tanteo de 29-28 confirmándose así lo que ya se esperaba, es decir, el Real Madrid finaliza en primera posición la Fase Regular y gozará de ventaja de campo en todas las series de playoffs, expresión ésta que aún seguimos utilizando como reliquia del pasado pero que ya se nos ha quedado manifiestamente obsoleta dado que series lo que se dice series ya sólo se disputa una, por supuesto la mismísima Final de esta apasionante competición.

Dicha Final comenzará el próximo viernes 25 de abril y se disputará como viene siendo habitual al mejor de 15 partidos, en formato 2-2-2-2-2-2-2-1. Es decir, los dos primeros partidos en el susodicho Polideportivo de Moratalaz, los dos siguientes en el Palau Blaugranaa1_98a4ecff (adaptado finalmente a la normativa ACB que impone un aforo máximo de 100 personas, si bien en este caso resulta manifiestamente excesivo dado que en ningún encuentro de la presente temporada se logró superar la decena de espectadores) y así sucesivamente hasta llegar a ese decimoquinto y decisivo partido que (sólo en caso de ser necesario) se disputaría también en cancha madridista. Obviamente el primer equipo que consiga ocho victorias se proclamará de inmediato campeón de la LXXI Liga ACB, mientras que el equipo perdedor descenderá de manera automática a la LEB Platino, si bien (como posteriormente explicaremos) dicho descenso es sumamente improbable que llegue a consumarse.

Ni que decir tiene que todos los encuentros de esta Final serán ofrecidos en directo por TVE a través de su recientemente recuperado Canal Nostalgia, como igualmente lo fueron los treinta encuentros anteriores de temporada regular, siempre con el espectacular despliegue de medios que caracteriza al Ente Público y que en este caso consiste en un único operador con su cámara al hombro para así cubrir todos los aspectos inherentes al juego, llevando además un micrófono incorporado para simultáneamente proceder a su narración. Todo ello por supuesto gracias al reciente acuerdo entre la Asociación de Clubes y el Ente Público por el cual éste obtuvo los derechos en exclusiva de dicha competición sin abonar contraprestación alguna y recibiendo a cambio 375 millones de euros anuales de la propia ACB en concepto de agradecimiento por prestarse a la difusión de su producto, con notable éxito de audiencia dicho sea de paso; de hecho el encuentro disputado este pasado domingo obtuvo una cifra récord de casi 1.800 espectadores, si bien se sospecha que al menos 1.500 de ellos pincharon ahí sólo por casualidad, porque les pillaba de paso en su camino hacia la Teletienda. Dada la satisfacción de las partes es más que probable que ACB y TVE se reúnan en los próximos días para prolongar su actual acuerdo por otros 32 años más, de tal manera que la cobertura de esta competición (o de lo que quede de ella) quedaría absolutamente garantizada hasta 2085 cuanto menos. Eso sí, parece que por ahora no será posible atender la solicitud de la ACB para que TVE incluya también los partidos en su canal de alta definición ya que éste continúa a día de hoy con su emisión en pruebas, lo cual le imposibilita para ofrecer otros contenidos que no sean Cuéntame cómo paso, Águila Roja, Los Misterios de Laura y demás prestigiosas series que obtuvieron gran predicamento a comienzos del presente siglo.

Mientras tanto continúa disputándose con gran éxito de crítica y público la segunda competición en importancia de nuestro país, la LEB Platino, Liga semiprofesional (que es tanto como decir semiamateur) auspiciada por la FEB que agrupa a Baskonia, Bilbao Basket, Obradoiro, Zaragoza, Joventut, Estudiantes, Valencia Basket, Málaga y Gran Canaria. Recordemos que estos nueve equipos (junto a los dos que disputan la ACB, obviamente) son los últimos que aún quedan en nuestro deporte tras la definitiva desaparición, ahogados por las deudas, penurias y/o penalidades varias, del resto de clubes que en su día poblaron nuestra geografía, en un proceso que significó de hecho la definitiva extinción del baloncesto en nueve Comunidades Autónomas así como en las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla. Al respecto, una reciente encuesta realizada en Asturias, Cantabria, Navarra, La Rioja, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Murcia y Baleares confirmó lo que ya se esperaba, es decir, un 94 por ciento de entre los ciudadanos de dichas Comunidades dijo no saber o no recordar que en su territorio se hubiese jugado jamás a ese extraño deporte llamado baloncesto. Asimismo un 4 por ciento optó por el no sabe no contesta mientras que el 2 por ciento restante (ancianos venerables en su mayor parte) sí pareció recordar vagamente que hubo un tiempo en el que algunos jóvenes se dedicaban a lanzar balones al interior de unas canastas, un poco a la manera en que lo hacen los mocetones esos yanquis de la NBA. Si bien, dada la avanzada edad de este segmento de población, su opinión no deberá ser tomada en modo alguno en consideración.

Como decíamos la LEB Platino se acerca ya a su final, y todo parece indicar que de nuevo se cumplirán los pronósticos y será el equipo en otro tiempo conocido como Caja de Álava, Taugrés, Tau, Caja Laboral, Laboral Kutxa, Laboral Caja, Kutxa Laboral, Araba Kutxa, Gasteiz Kutxa, Kutxa Caja, Kutxa Kutxa (entre otras múltiples denominaciones) y hoy ya por fin como Baskonia a secas el que finalmente se alce con el título y logre una vez más ese ansiado ascenso a la ACB. Ascenso deportivo, entiéndase, ya que para que éste se hiciera efectivo debería la entidad baskonista cumplir con los requisitos que establece al respecto desde hace años la propia Asociación de Clubes, es decir (entre otros) el abono de un exiguo canon de 7.500 millones de euros y el compromiso de reducción de aforo que obligaría a tapiar en tiempo récord casi la totalidad del graderío del vetusto Buesa Arena dejando sólo al descubierto las dos filas más cercanas a pista. Aún a pesar del amplio plazo de 48 horas que les será dado para cumplir con estos requisitos, y aún a pesar de los denodados esfuerzos que a buen seguro pondrá en el empeño don Josean Querejeta (que a sus 96 años recién cumplidos aún continúa manejando el timón de la nave baskonista), todo parece indicar que un año más el equipo vitoriano no podrá hacer frente a estas condiciones y deberá continuar en LEB Platino, por lo que (como decíamos anteriormente) puede casi garantizarse que tanto Real Madrid como FC Barcelona permanecerán finalmente en ACB sea cual sea el resultado de su playoff final.

Eso sí, al menos al Baskonia siempre le quedará el consuelo de tener ya su plaza asegurada para la próxima edición de la Euroliga, competición a la que acudirá junto a los dos clubes de la ACB y al equipo en otro tiempo conocido como Unicaja y hoy ya tan solo como CB Málaga [Recuérdese al respecto que la macrocrisis planetaria del año 2038 acabó de un plumazo con los patrocinios deportivos y muy especialmente con los de las entidades bancarias (los únicos que aún seguían existiendo a esas alturas), dado que sus mandamases estimaron que seguir intentando convencer de sus bondades a una ciudadanía a la que al fin y al cabo ya tenían agarrada por los huevos era poco menos que tirar el dinero, y que total para tirarlo pues casi mejor se lo quedaban ellos, para así complementar su beneficio neto anual]. Por supuesto que el hecho de que el CB Málaga haya vuelto a quedar este año penúltimo de su Liga no será un impedimento ni supondrá un menoscabo en su participación, ya que (como bien saben) este derecho no se obtiene en base a criterios deportivos sino en base a los méritos contraídos en la primera mitad de la primera década del presente siglo, época en la que gracias a sus buenas actuaciones le fue adjudicada plaza vitalicia hasta que finalice el siglo XXXIII o hasta que el baloncesto se extinga definitivamente como deporte sobre la faz de la Tierra, según.

Ahora bien, pese a su magnífica marcha la ACB considera que todo es susceptible de mejorar, razón por la cual convocará en breve una Asamblea Extraordinaria de cara a incrementar aún más si cabe el atractivo de la competición, a la que está previsto que acudan la totalidad de los (dos) equipos que la integran. Por supuesto que la reunión estará presidida por su Comisionado Honorario, Vitalicio y Plenipotenciario don Eduardo Portela, que a sus 119 años sigue ahí al pie del cañón rigiendo con pulso tembloroso pero firme (por contradictorio que ello resulte) los azarosos des(a)tinos de nuestro baloncesto. Entre las medidas que se prevé aprobar estaría la de optimizar las retransmisiones televisivas, aprovechando para ello las inmensas ventajas que la tecnología pone hoy en día a nuestra disposición: concretamente se suprimirá el operador de cámara y se dejará la cámara sola para que funcione a su libre albedrío, y que sea lo que dios quiera; así a la emoción del partido en sí sumaremos también la emoción de no saber si lo vamos a ver o no, como en los viejos tiempos. Asimismo se aumentarán los requisitos para acceder a la ACB, incrementándose el canon de 7.500 a 30.000 millones de euros (no vaya a ser que algún año de éstos a Querejeta le toque el euromillón y tengamos un disgusto) y exigiéndose también a partir de ahora un juramento de fidelidad eterna al Dios Portela y un certificado de pertenencia a una institución futbolística de rancio abolengo con no menos de cincuenta títulos a sus espaldas, para así garantizar la viabilidad del proyecto. Con estas medidas (más otras que poco a poco se les irán ocurriendo) bien podremos estar seguros de que la ACB continuará aún por muchos años a la vanguardia de la alta competición y podrá seguir repitiendo una y otra vez con la cabeza muy alta aquello de que es la mejor liga profesional de baloncesto del mundo después de la NBA; entre otras cosas porque a estas alturas no queda ya ninguna otra liga profesional de baloncesto en el mundo más allá de la NBA.

tanta pasión para nada   9 comments

No sé ni por dónde empezar. Siempre se me dieron mal las despedidas tanto más si éstas son definitivas, si no son hasta luego sino hasta siempre, ese hasta siempre que suena tan bien pero que a la larga es una puta mentira, que en realidad suele ser lo mismo que hasta nunca aunque parezca significar lo contrario. No, las despedidas nunca se me dieron bien y las necrológicas se me dan aún peor, quien me lea desde hace años habrá tenido ya sobradas ocasiones de comprobarlo. Y sin embargo, Manel, aquí me tienes, intentándolo de nuevo (ya veremos si consiguiéndolo), intentando decirte ese hasta siempre aunque siempre y nunca vuelvan a ser improbables sinónimos de nuevo. Intentando decirte adiós como si eso importara, como si me hubieras conocido, como si te hubiera conocido yo más allá de los medios, más allá de la lejanía de un banquillo visto desde la grada o desde la pantalla del televisor. Como si pudiera, como si no se me embarullaran todos esos recuerdos que aquí me tienen hecho un lío, sin saber muy bien ni por dónde empezar…

Quizás debería empezar por el principio. No por el tuyo sino por el mío contigo, aquella tarde de 1981, aquella Penya, aquella Carrera Venezia, aquella Final de la Korac, aquella canasta imposible de Joe Galvin, aquella bendita locura. Quizás entonces no fueras aún consciente de lo que significó todo aquello, aquella victoria de alguna manera marcó a toda una generación, críos y jóvenes de repente descubriendo (acaso ya lo sospecháramos) que más allá del baloncesto oficialista (los partidos de Liga del Madrid, los partidos de Copa de Europa del Madrid, los Torneos de Navidad del Madrid) había otros baloncestos que también eran de dios, que también merecían asomarse al televisor y hasta podían volvernos locos de alegría cuando menos lo esperábamos. Quizá nunca fuéramos conscientes, Manel, ni tú ni nadie, de que aquella maravillosa burbuja baloncestera de los 80 empezó a cocerse en realidad en aquel vetusto Palau, en aquella ya lejana primavera de 1981…

Luego fueron tiempos de Licor 43, de Cacaolat, equipos líquidos y míticos de aquella década prodigiosa, podría asociarte con ellos (Santa Coloma, sobre todo) pero de aquella época me queda sobre todo tu imborrable recuerdo de la radio, el repentino descubrimiento de que podíamos hacer con el baloncesto lo que ya veníamos haciendo y tantas otras veces haríamos después con el fútbol, quitar el sonido del televisor y escuchar (sí, escuchar) Antena 3, al mando un José María García repentinamente enamorado del deporte de la canasta, en la narración tal vez ya un Siro López que aún no se había echado al monte, con el inalámbrico (¿existirían ya los inalámbricos?) un atípico sujeto de tez oscura e incipiente calvicie llamado Andrés Montes y en los comentarios técnicos (seguro que lo recuerdas) aquella impagable pareja que formabas con Mario Pesquera, así cada verano en cada Campeonato de Europa o del Mundo, enseñándonos, bebiéndonos vuestras enseñanzas, haciéndonos ver por la radio mucho más baloncesto del que éramos capaces de ver a través de la pantalla del televisor. Pura magia.

Luego te fuiste a Zaragoza y te birlaron impunemente aquella Recopa en Suiza, aquella noche en que los ¿aficionados? del PAOK decidieron que si no podían ganarla por lo civil tendrían que ganarla por lo criminal. Más tarde fuiste a Cáceres y ahí tuvimos un desencuentro, nunca se lo he contado a nadie pero hoy creo que debo hacerlo para ser completamente honesto conmigo mismo, decirte lo mal que me sentó entonces aquello que hiciste en aquella eliminatoria europea, no recuerdo ya qué temporada ni qué ronda era ni contra quién (mi memoria ya no es lo que fue), sí recuerdo que en la ida perdisteis de paliza, qué sé yo, pongamos de 28, que la remontada parecía imposible y sin embargo cuajasteis un encuentro de vuelta de fábula, que le disteis la vuelta a la tortilla, que a dos o tres minutos para el final la hombrada estaba hecha, que ganabais de (pongamos) 32 ó 34… y que justo entonces pediste tiempo muerto y mandaste parar: mirad chicos, ya hemos demostrado que podíamos, ya hemos demostrado que la eliminatoria sería nuestra si quisiéramos pero lo que pasa es que no queremos, aunque pasáramos esta ronda la Korac nunca la íbamos a ganar y en cambio todos esos viajes no harían más que distraernos de nuestro verdadero objetivo que es asegurar la permanencia en la Liga, algo así les dijiste, te hicieron caso, se dejaron ir, en esos últimos minutos perdisteis la diferencia suficiente, ganasteis el partido pero dejasteis escapar conscientemente la eliminatoria, lo explicaste luego por activa y por pasiva y recuerdo bien que me indignó, nunca supe cómo se vivió aquello en Cáceres pero yo desde la distancia lo viví poco menos que como una traición, traición a esos principios sagrados del deporte en los que todavía creía yo desde la ingenuidad de mis treinta y pocos años, al menos hoy desde mis cincuenta y tantos puedo entenderte, puedo mirar ya la vida con más frialdad. Y al final para qué, si en apenas unos años dejó de existir aquel Cáceres, si hoy ya ni siquiera estás (físicamente) tú… Como tantas otras veces, tanta pasión para nada.

Y tus años en Baskonia, tus títulos en aquel Baskonia que entonces aún llamábamos Taugrés, tus finales perdidas y finalmente ganadas, tu Copa, tu Recopa, tus Ramón Rivas, Kenny Green, Marcelo Nicola, Velimir Perasovic, Pablo Laso, qué agujero le habrás dejado hoy en el alma a Pablo Laso justo en la semana más apasionante y más difícil de su aún corta carrera profesional. Fueron tus mejores años, los que te abrieron las puertas del Barça, de tu Barça, ante ti la gran oportunidad de entrenar por fin al equipo de tu vida… y como suele suceder no te concedieron ni el beneficio de la duda, no te dieron bola, no te pasaron ni una, aún no habías acabado de deshacer las maletas y ya estabas otra vez empezando a hacerlas. Otra vez más, tanta pasión para nada.

Pero volviste a Badalona y volviste a triunfar, fuiste a Valladolid a conocer las profundidades de la Liga, bajaste a Sevilla a intentar poner alma a ese equipo sin alma al que nunca supimos cómo llamar ni de qué color nos lo íbamos a encontrar. De alguna manera te convertiste (nunca supe si por gusto o a tu pesar) en el personaje de referencia de nuestro baloncesto, vivíamos ya los tiempos de las catacumbas, los carruseles ya jamás prestaban la más mínima atención a nuestro deporte y sin embargo una noche cualquiera hablabas y (como suele decirse) subía el pan, hasta Paco González mandaba parar las máquinas, interrumpía la narración de Lama, la publicidad de Castaño y todo lo que hiciera falta interrumpir para meter el corte con tus declaraciones de ese día, acaso aquellas en las que explicaste la táctica del conejo (cada vez que la veamos nos acordaremos de ti, ya lo hacíamos antes pero ahora con más motivo) o aquellas otras en las que dijiste con tu mejor tono de cabreo que hoy hemos inventado una defensa nueva, en vez de cuatro en zona y uno al hombre hemos defendido cuatro al hombre y uno en zona, o quizás aquellas otras en las que soltaste lo del NAF, joder la que liaste con lo del NAF, hasta yo te puse (demasiado) verde, quizás no supe entender que entre pensar las cosas antes de decirlas y decir las cosas antes de pensarlas siempre preferiste esta segunda opción, aunque luego te costara arrepentirte cienmil veces (de la forma, no del fondo) de lo dicho.

Te tenemos muy reciente, Manel, y por eso duele más que te nos vayas. Volviste a los medios, no eras ya aquel analista de los 80 (o quizá sí lo fueras, y acaso fuéramos nosotros los que ya no éramos los mismos) pero todavía aportabas, vaya si aportabas, sobre todo cuanto mejor fuera aquél que te pusieran al lado para darte la réplica. Quizás tampoco tanto como hubieras podido aportar, porque más de una vez te mordiste la lengua, porque siempre fuiste con el freno de mano echado, porque Arseni nunca supo encontrar la manera de extraerte todo aquello que llevabas dentro. Y por los medios que no te dieron, también, por aquellos vídeos que nunca arrancaban ni paraban a su debido tiempo, por aquella pizarra (una simple y mísera pizarra como la que tienen todos los técnicos en sus banquillos, como aquella que todos los analistas yanquis tienen también a su disposición) que tampoco quisieron nunca comprarte por más veces que la pediste. Una tarde anunciaste lo del cáncer y a muchos se nos cayó el alma a los pies, hasta a aquellos que tanto te criticaron no les quedó más remedio que echarte de menos, acaso fueras para ellos como ese frigorífico al que mientras funciona jamás le das la menor importancia (y hasta puede que te quejes de su ruido tan molesto) y que sólo eres capaz de valorar en su justa medida cuando se te estropea, qué sé yo…

Volviste y dijiste que este bicho no iba a poder contigo, lo recuerdo bien. Así lo dijiste y así nos lo creímos, quizá tu también lo creyeras o quizá fuera tan solo un ejercicio de coraje, una mera declaración de intenciones. Pero cuando apareciste aquella otra tarde con la cabeza afeitada empezamos a preocuparnos, cuando te fuiste de nuevo empezamos a preocuparnos todavía más. El pretexto fue que tu estado de salud no te permitía viajar, pronto vimos que no te permitía viajar ni aunque el partido se jugara en Barcelona casi al lado de tu casa. Empezamos a intuir que jamás volveríamos a tenerte comentando partidos, aún más lo intuimos (lo supimos, más bien) cuando hace apenas un mes saltó a la luz pública esa otra desagradable noticia, ese otro tema del que me niego a hablar, Manel, ya sabes a lo que me refiero. Eres (aún no puedo cambiar el tiempo verbal, aún no logro acostumbrarme a decir fuiste) un grandísimo entrenador y un grandísimo analista, sólo con eso quiero quedarme. Lo demás me importará tal vez (o tal vez no) a su debido tiempo, hoy no desde luego. Hoy sólo me importa saber que esta vez los indios ganaron al Sheriff, que ese puto bicho al final se salió con la suya, que esta vez te tenía bien agarrado por los huevos. O por los pulmones, más bien.

¿Sabes qué es lo único que no te perdono ni podré perdonarte nunca? La cantidad de historias que te llevas a la tumba, la cantidad de conocimientos que ya no tendremos, la cantidad de cosas que ya no sabremos, la cantidad de batallitas y chascarrillos que podrías habernos contado y que habrían dado tal vez para escribir no uno sino un montón de libros, quién sabe si hasta unos cuantos tomos de memorias. Te nos mueres y es como si treinta y tantos años de baloncesto se nos murieran también un poco. Aún seguirás viviendo en nuestros recuerdos, en nuestros vídeos, ese al menos es el consuelo que nos queda, el clavo ardiendo al que tendremos que agarrarnos todos aquellos que nos quedamos a este lado. Tú ya estás al otro, a ti ya todo eso te da lo mismo. Aún no has acabado de irte y ya te estamos echando de menos, Manel.

No sabía cómo empezar y aún menos sé cómo acabar. Me temo que a estas horas de la tarde no se me ocurre nada mejor que autoplagiarme y recurrir a aquellas sabias palabras de Brecht que me apropié ya en cierta ocasión para glosar la figura de MonsalveHay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. Manel, lo sabes de sobra, tú eras otro de esos imprescindibles, tú formabas parte de ese pequeño puñado de seres humanos que no es que sean gentes de baloncesto sino que son el baloncesto, sin más. Un buen pedazo de nuestro baloncesto se nos ha ido hoy contigo, Manel, lo sabes. Un montón de años de baloncesto vividos con absoluta pasión, esa pasión que no fue en vano aunque a ti hoy ya no te sirva para nada. Hasta siempre (que será igual que hasta nunca pero que yo sigo prefiriendo el hasta siempre, aunque en el fondo dé igual, aunque ya tampoco tenga ningún sentido), Manel. Descansa en paz.

duopolio   1 comment

Martes 28 de mayo: aún estaba caliente el parquet del Buesa y La Fonteta tras aquellos Cuartos de Final, aún no se había evaporado el vaho ni el olor a humanidad de los vestuarios, aún no se habían acostado cabreados los aficionados baskonistas y valencianistas, aún estaban celebrándolo (casi acababan de empezar) caístas y grancanarios, aún no nos había dado tiempo a asimilar lo que había pasado y sin embargo en el diario As lo tenían ya meridianamente claro:BLakk8VCYAAA8Rz Vía libre para una final Madrid-Barcelona, ese era el titular a toda página que parían en su redacción para encabezar la sección de baloncesto, el que nos encontraríamos a la mañana siguiente en el bar del desayuno cuando no resistiéramos la tentación de ojear el ejemplar que el establecimiento pone a disposición de sus clientes. Vía libre para una final Madrid-Barcelona, con dos razones. No importaba quién había pasado a semifinales, no importaba que Granca y CAI hubiesen hecho la hombrada, no importaba que aún quedaran dos o tres días para el comienzo de unas eliminatorias al mejor de cinco partidos, no importaba siquiera qué equipos habrían de jugarlas, sólo importaba que Baskonia y Valencia ya no iban a hacerlo, ergo los equipos que lo hicieran tendrían que ser peores (muy lógico, dado que acababan de eliminarlos), ergo a efectos prácticos era como si ya no hubiera semis, ergo ya podíamos dar por hecho el cartel de la Final, Madrid-Barça, cuál si no. Pura coherencia.

Tres días después, viernes 31 de mayo, la prensa catalana, para no ser menos que la de Madrid, se sumaba también a la fiesta: El Barça Regal acaricia el pase a la gran final de la Liga. Como lo leen, acaricia. Todavía nadie se había vestido de corto, todavía no había empezado siquiera una serie que habría de durar necesariamente entre tres y cinco partidos y sin embargo ya se hablaba de acariciar la final, como si el Barça llevara ya dos victorias, como si no viniera de pasar unos apuros terribles ante el Bilbao Basket en su serie de cuartos, como si el Granca, aún por modesto que fuera, no les hubiera ganado ya dos veces en temporada regular. Y quien así escribía no era un indocumentado, no era el típico forofo metido a periodista (o viceversa), no era precisamente un becario sino un ex jugador internacional, alguien que fue en su tiempo uno de los mejores bases de Europa, alguien que lleva años y más años analizando este deporte en TV3 y cuyos comentarios siempre me parecieron ecuánimes y razonables cuando tuve el placer de escucharlos (tampoco es que hayan sido muchas veces, que me pilla bastante lejos): Nacho Solozábal. Nada menos. Acaricia la final. Sin haber empezado siquiera a disputar la semifinal. Pues qué bien.

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Claro, ahora me dirán que los acontecimientos les dieron la razón. Pues sí y no. Evidentemente no me he caído de un guindo (que yo sepa). Madrid y Barça eran favoritos, siempre lo fueron, lo son de serie y por definición en cada competición que juegan, no habrá habido ni una sola liga de este deporte o del otro en los últimos veinte o treinta años en la que Madrid y Barça no hayan partido como máximos favoritos, cómo no habrían de serlo aquí también. Pero una cosa es darles como favoritos y otra muy distinta ningunear y faltar al respeto al rival. Cuentan que en las escuelas de periodismo se decía que no es noticia que un perro muerda a un hombre, que noticia es que un hombre muerda a un perro. Aplicando esos criterios (es una metáfora, que nadie se ofenda) jamás debería ser noticia que Madrid y Barça puedan jugar una final, si eso al fin y al cabo eso es lo de siempre, la verdadera noticia sería que tuvieran la oportunidad de jugarla (aunque fuera difícil) dos modestos como Granca y CAI, la verdadera noticia era que estos dos equipos se hubieran cargado a nada menos que Baskonia y Valencia Basket y se atrevieran a retar a dos trasatlánticos que les multiplican en varios dígitos el presupuesto. No es que sea yo el más indicado para dar lecciones de periodismo a nadie dado que no ejerzo esa profesión, pero me da la sensación de que en este país la información (cierta información, no generalicemos) dejó de regirse hace mucho tiempo por criterios periodísticos. Cristiano ha cambiado de marca de gomina, la caca de Kaká sale suelta, Messi se rasca la entrepierna, a Piqué le pica el culo, cualquiera de esos acontecimientos será siempre más noticia que cualquier victoria o resultado que le suceda a cualquier otro equipo aún por sorprendente que éste sea. Será así porque así lo demanda la mayoría de la población, no digo yo que no (ergo no serán criterios periodísticos sino criterios de rentabilidad o de audiencia, en todo caso), pero esa inmensa minoría que no somos ni del Madrid ni del Barça empezamos a estar un poco hasta los mismísimos de que así sea.

O en todo caso podríamos aceptar que la información en torno a Madrid y Barça fuese mayoritaria, cómo no habríamos de aceptarlo. Pero una cosa es que sea mayoritaria y otra es que sea exclusiva o más bien excluyente, otra cosa es este abuso de posición dominante que convierte a nuestro deporte en una especie de duopolio en el que dos macroinstituciones se reparten casi entero el pastel mientras que al resto no les queda más que comerse las migajas. Madrid y Barça son dos pozos sin fondo que parecen tener el dinero por castigo (aunque luego también emerjan pérdidas cuando les escarbas) de tal manera que, mientras que el resto de equipos de nuestro baloncesto tiene que hacer auténticos equilibrios para cuadrar el presupuesto (eso en el mejor de los casos, que otros hay literalmente al borde de la desaparición), los dos grandes pueden permitirse tirar la casa por la ventana cada verano o reponer una pieza por otra mejor cada vez que se les rompa, tanto da, a quién le importa que luego (en algún caso) apenas vayan a verles cuatro gatos, donde no lleguen los ingresos de la canasta ya llegarán los del fútbol. Sí, los ingresos del fútbol, esos que a ellos les sirven para fichar megaestrellas, tapar agujeros y enjugar cualquier déficit, esos mismos déficits que los equipos (digamos) normales (los que no son secciones) se tendrán que comer con patatas. Esos ingresos del fútbol que encima cada vez son más por esa tendencia autodestructiva que a veces tienen en el fútbol, esa extraña cosa de que los dos grandes cobren por derechos de televisión como diez veces más que cualquier modesto (no, en baloncesto eso no pasa… más que nada porque casi no hay ingresos de televisión). Que me da igual, que si ellos quieren cargarse su propia LFP es su problema (relativamente, que como rayista que soy también me jode), pero es que a la larga ese chorro de millones televisivos también repercute en nuestro baloncesto, también contribuye a aumentar la desigualdad (aún más si cabe) de nuestro deporte. Súmenlo a la crisis y concluiremos algo que no por mil veces repetido deja de ser menos cierto: siempre hubo clase alta, clase media-alta, clase media y clase baja, pero nunca jamás fue tan grande como ahora la brecha entre la clase alta y las demás. Siempre Madrid y Barça estuvieron a un lado y el resto al otro, nunca como ahora estuvo tan lejos un lado del otro. También en baloncesto.

Supongo que a estas alturas a los madridistas y barcelonistas que me lean (y que hayan aguantado hasta aquí, lo cual tendría mérito) les tendré ya un poco hartos (con razón); supongo que siempre podrían argumentarme que a saber qué habría sido del baloncesto en este país si no hubieran existido el Madrid y el Barça. Touché. Lo asumo, estoy convencido de que es así, si ambos (más que un) clubes se hubieran conformado con el fútbol y no hubieran creado en su día secciones de basket (o si las hubieran hecho desaparecer) nuestro deporte estaría hoy al nivel de popularidad de la ASOBAL, la liga de voleibol o la de waterpolo, qué sé yo. Esto es como aquella coplilla de antaño, ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio, contigo porque me matas, sin ti porque yo me muero. Pues qué quieren que les diga, yo estoy llegando ya a un punto en el que prefiero casi morirme a que me maten, puestos a escoger. O dicho de otra manera, que yo casi firmaría donde hubiera que firmar para que ambos monstruos fueran definitivamente abducidos por una hipotética (¿utópica?) macroeuroliga cerrada, para que se fueran de una vez por todas a pelear con los de su tamaño y dejaran a los pequeños jugarse su propia liga entre ellos en condiciones de relativa equidad, evidentemente con las desigualdades normales de cualquier competición pero no con estas desigualdades paranormales que tenemos ahora. Claro, me dirán que eso sería la muerte de la ACB pero es que al paso que vamos la ACB se nos acabará muriendo sola de todas formas (aún con Madrid y Barça), así están las cosas, si tengo que morir prefiero casi hacerlo con aquello en lo que creo. Lo repetiré una vez más, no tengo nada en contra de su existencia pero sí de que no haya otra existencia, de que no parezca haber vida más allá de ambos dos. No tengo nada en contra de una relación en términos de convivencia pero sí de esta otra relación que padecemos (deportiva, económica, informativa) casi en términos de opresión. Ni siquiera tengo nada en contra de que sean los más grandes, vale, lo admito, los dos más importantes, los más seguidos… pero no los únicos, por favor, recuerden que hay otros mundos, puede que ustedes no se hayan enterado pero créanme que hay otros mundos y además están en éste, si quieren encontrarlos no tienen más que buscarlos. Seré muy raro pero así es como lo veo, otras veces he encontrado palabras más amables e incluso más ocurrentes para expresarlo pero me temo que hoy no me ha salido otro discurso. No tendré un buen día, qué le vamos a hacer.

Publicado junio 9, 2013 por zaid en ACB

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la edad de piedra   5 comments

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No me importa, créanme que no me importa ya a estas alturas si la canasta de Sada fue fuera o dentro de tiempo. [Las investigaciones más avanzadas como ésta del gran Piti Hurtado parecen demostrar que la posesión duró 23,991 segundos, es decir, sería válida por nueve milésimas de segundo, periodo imperceptible y que está incluso en función de que el sujeto que maneja el crono sea más o menos ágil a la hora de pulsar el botón; en ese mismo sentido hay incluso alguna fotografía (como esa composición de ahí más abajo, cortesía de Zuriñe Eguiluz) que muestra el balón ya camino del aro con el crono a cero pero el punto rojo aún apagado, lo cual no tendría nada de particular porque el crono marca el cero desde se quita el uno (obviedad), es decir, cuando quedan aún nueve décimas para que se acabe la posesión]. No me importa, como ya tampoco me importa si hubo falta en la acción de tiro, si Sada antes hizo pasos, si salió y luego entró para trabajarse el rebote o si incluso (como alguien sostiene todavía) el airball de Navarro rozó ligerísimamente el aro y no solo la parte baja de la red. Ya no me importa nada de eso, de verdad se lo digo, saben que no tengo por costumbre entretenerme en temas arbitrales más allá de lo estrictamente necesario, tanto menos tratándose de decisiones que deben ser tomadas en décimas. No me importa tanto que se equivoquen como que cuenten con los medios adecuados para prevenir y (en su caso) evitar esa equivocación. Me importa que mi deporte sea digno, que sea justo o al menos lo intente, que no se parezca a cierto deporte que se juega con los pies y que se jacta de mantener e incluso fomentar los errores arbitrales para así potenciar la discusión, que sea más bien como tantos otros deportes (algunos tan tradicionales como el rugby, por cierto) que ya han incorporado la tecnología a su proceso de toma de decisiones sin que ello les haya supuesto ningún trauma, más bien al contrario. Que nuestro baloncesto sea como tantos otros baloncestos, al otro lado del charco o aquí a la vuelta de cualquier esquina. Que no nos estemos quedando atrás, en esto como en tantas otras cosas. 

Yo no sé si repararon en que, durante el tiempo muerto que siguió a la canasta de Sada y precedió al tiro libre adicional, en un momento dado los árbitros se acercaron a la mesa de anotadores. No se les oye (evidentemente) pero sí se ve que consultan algo y que dos miembros de dicha mesa les responden claramente que no. Que a ver, que no es que esté yo capacitado para leer sus labios, pero sí para interpretar su lenguaje gestual y ese movimiento de manos hacia un lado y hacia el otro no podía ser más explícito, que no, que de ningún modo. Claro está, podía ser que les estuvieran preguntando si llovía afuera, si se habían traído el bocata o si tenían plan para luego, pero yo más bien me inclino a sospechar que Redondo y cía les estaban inquiriendo sobre alguna otra cuestión de más enjundia: quizá por la jugada que acababa de suceder, por si tuvieran alguna observación que hacer respecto al tiempo de posesión; o quizá, quién sabe, por si existiera alguna posibilidad por pequeña que fuera de usar el instant replay aunque ello contraviniera la legislación vigente, ya que al parecer (nunca te acostarás sin saber una cosa más) la ACB sólo permite su utilización en canastas sobre la bocina del final de partido y no sobre la bocina del final de posesión, mandagüevos, tanto da que ésta sea decisiva y se produzca apenas unos segundos antes. Nunca sabremos lo que allí hablaron, entre otras cosas porque (permítanme la digresión) TVE suprimió hace algún tiempo esa extraña figura que solíamos llamar piedepista, pensarán que como el narrador y el comentarista ya están in situ pues para qué más, eso que se ahorran, si hay entrevistas que las haga el propio Arsenio como las hacía Quiroga en los setenta, viva la modernidad. Que a ver, que no es sea yo mucho de África de Miquel, ya lo saben de sobra, pero sucede que hay otros/as periodistas y sucede además que a veces la flauta suena por casualidad pero para eso es necesario que haya flauta, si no la hay no va a sonar por mucho que soples. O dicho de otra manera, si está África (o quien sea) detrás de la mesa de anotadores siempre habrá alguna remota posibilidad de que se entere de algo, si no está es francamente imposible.

Pero me he ido del tema (para variar), estaba yo en que los árbitros fueron a la mesa, que les dijeron que no y que nunca sabremos si pidieron el instant replay o si pidieron otra cosa. Claro está, en el supuesto de que lo pidieran había una razón de peso para denegárselo (más allá de la absurda normativa vigente): difícilmente puede haber instant replay cuando no hay replay siquiera. Que no había repetición, que ya había pasado algún minuto y no habíamos vuelto a ver la jugada en cuestión, que ya sólo la veríamos tiempo después, cuando nada tuviera ya sentido… y para más inri desde el mismo plano general que ya habíamos visto en directo, el de ésa que (creo que) llaman cámara máster con cuya toma resultaba científicamente imposible ver el reloj de posesión ni aunque te descoyuntaras en el intento. Y se quedaron tan anchos, ni una repetición más, despedimos perdiendo el culo aunque aún nos sobre tiempo y a otra cosa mariposa, demos paso raudos y veloces a los Irujos y a los Jesulines, esos sí son asuntos de vital trascendencia para la buena marcha de este país y no estas nimiedades de si canasta entró antes o después, del derecho o del revés, total a quién le puede importar esa chorrada, anda y que se vayan a cagar. Dicho y hecho.

¿Es acaso posible que TVE, además de recortar en piedepista, haya recortado también en cámaras y/o operadores de cámara? ¿Es acaso posible que ahora ya ni siquiera haya cámaras al pie de cada canasta, como siempre las hubo toda la vida de dios? Y en el supuesto de que siga habiéndolas, que no lo recuerdo: ¿tan difícil es que el cámara de la canasta contraria al juego enfoque permanentemente un plano abierto del otro lado, para que en caso de duda podamos ver en una misma imagen al reloj y al tirador? ¿Son conscientes de que esto se viene haciendo en USA (NBA, NCAA) desde hace tiempo inmemorial, de tal manera que si surge un conflicto los árbitros siempre tienen no uno sino varios planos para poder escoger, y así tomar la decisión correcta? ¿Cabe la posibilidad, no ya de que les importe un pito la ACB y el instant replay y la madre que les parió (que eso es obvio), sino de que también les importemos un pito sus propios telespectadores? ¿Es más, cabe incluso la posibilidad de que les importen un pito sus propios trabajadores, sus propios profesionales, esos a quienes dejan vendidos ahí al pie del cañón esperando eternamente una repetición que nunca llega,  esos a quienes encima les toca dar la cara para intentar justificar lo injustificable?

Como dijo aquél, partiendo de la nada estamos alcanzando las más altas cotas de la miseria. En cierto modo el baloncesto televisivo es una metáfora del país, seguimos avanzando en sentido inverso (nótese el eufemismo para no decir retrocediendo) de tal manera que del siglo XXI habremos pasado al XX y no tardaremos mucho en llegar al XIX, si nos lo proponemos a este paso acabaremos en la edad de piedra, en vez de televisárnoslo que nos lo dibujen en las paredes de la cueva con un cincel que para el caso viene a ser lo mismo. TVE trata a la ACB como si le estuviera haciendo un favor (acaso porque en el fondo le esté haciendo un favor), no es ya que lo demos sin pagar un duro sino que en el fondo deberíais dar gracias de que no os cobremos por darlo, cutres, que sois unos cutres. Ningún cariño, escasísimos medios y la dosis justa de profesionalidad, ni un gramo más: todo es plano, rutinario, funcionarial en el peor sentido del término. Eso sí, luego tocará final Madrid-Barça y los mismos que hoy desprecian el producto (acaso ni siquiera lo consideren un producto) perderán el culo por poner cámaras hasta en los calzoncillos de los jugadores si es preciso, de tal manera que de cada jugada conflictiva tengamos no ya una repetición sino cinco o seis (ya otra cosa será que alguna de ellas sirva para algo), lo que haga falta; y lo pondrán en prime time, y pararán telediarios si ello fuera menester, y hasta se colgarán medallas cuando suban las audiencias, y otra vez estaremos encantados de habernos conocido y a la vuelta del verano aquí nos veremos de nuevo con la misma mierda televisiva entre las manos sin saber muy bien qué hacer con ella… Acaso la ACB tenga lo que se merece, no digo yo que no; lo que ya no sé es qué habremos hecho nosotros para merecer esto.

Publicado junio 3, 2013 por zaid en ACB, medios

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Allá por el pasado verano, en plenos Juegos Olímpicos, fui un día a comer a casa de mi madre, nada de particular, es algo que suelo hacer con relativa frecuencia como todo hijo que se precie. En la sobremesa, mientras mi señora y su suegra conversaban amigablemente de esas cosas que hablan las señoras con las suegras, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, waterpolo, tiro con arco, lucha grecorromana, lo que haya… Pero me quedé con las ganas por la sencilla razón de que el televisor de mi madre no tenía sintonizado dicho canal. Al respecto conviene recordar que hace algunos años hubo que hacer una resintonización de la TDT (no sé si sólo en Madrid o en más sitios) porque había dos o tres diales (uno de ellos TDP) que cambiaban de frecuencia o dos o tres frecuencias que cambiaban de dial o como se diga, notarán que soy lego en la materia. En mi comunidad de propietarios nos la hicieron de serie pero en la de mi madre que son sólo ocho vecinos, octogenarios en su mayor parte, pues como que no parece que se generara una demanda que hiciera imprescindible esa modificación, no sé si me explico. Claro está que podría haber resintonizado yo el televisor aquella misma tarde pero mi madre habría entrado en pánico sólo de pensar en la posibilidad de que se le fuera alguno de sus canales preferidos, así que ante tamaña responsabilidad preferí dejarlo estar…

Pocos días después, todavía en plenos Juegos Olímpicos, me tocó ir a pasar la tarde al chalet de mis cuñados, experiencia inenarrable donde las haya pero qué quieren, uno es un mandado. En un momento dado, mientras mi cuñado se encontraba ausente atendiendo a sus múltiples actividades profesionales (un bar), mientras mi hijo se bañaba en la piscina con sus primas y mi señora hablaba con su hermana de cosas de hermanas, me dije a mi mismo pues mira, voy a poner Teledeporte para ver un poquito de Juegos, qué sé yo, tiro con carabina, esgrima, halterofilia, lo que sea menester… Pero me volví a quedar con las ganas, por la sencilla razón de que el televisor de mis cuñados tampoco tenía sintonizado dicho canal. Mi cuñado es muy de ver deporte en televisión pero eso sí, a la manera española (como si dijéramos): primero fútbol, luego fútbol, después fútbol y finalmente (si no hay fútbol) quizás algo de motos o de Fórmula Uno siempre y cuando esté Alonso, que si no pa qué. Teledeporte ni sabe que existe o quizás alguna vez sí lo supo pero ahora ya no lo recuerda, total ahí sólo dan deportes de esos raros que no tienen motor ni se juegan con los pies. La prueba es que en todos estos años no parece haber sentido ni por un momento la necesidad de resintonizar su televisor.

Obviamente mi madre y mi cuñado no son una muestra significativa de la población, son apenas dos casos aislados, estoy convencido de que en este país y en esta ciudad casi todos los televisores tienen correctamente sintonizados casi todos los canales de la tedeté. El tema no es que haya mucha gente que no tenga Teledeporte, sino que hay muchísima gente que ni se enteraría si de buenas a primeras les desapareciera Teledeporte. El común de los mortales o bien va a tiro hecho o bien se limita a zapear por entre los canales de toda la vida, esos que en casi todos los televisores ocupan los diales del 1 al 6, acaso también el 7 y/o el 8 si aún te queda una televisión autonómica decente. Luego ya los más iniciados es posible que pasen también por Neox, Nova o Energy, los más futboleros mirarán MarcaTV y los más (evitaré adjetivos para no herir susceptibilidades) es posible que viajen aún lejos si cabe, 13TV o Intereconomía que de todo hay en la viña del señor. Y luego ya, un poquito más allá de éstos y un poquito más acá de la Teletienda (pero no mucho), más o menos al lado del Canal 24 horas finalmente encontraremos a Teledeporte (de hecho ellos deben ser plenamente conscientes de que ocupan las profundidades abisales del dial, ya que en los últimos tiempos andan montando una especie de debates un tanto basurísticos al más puro estilo puntopelotero; con nulos resultados, me temo). Y no venga usted ahora a decirme que en su casa no es así, ya sé bien que en su casa no es así al igual que tampoco es en la mía, si está usted leyendo esto ya presupongo que será porque es aficionado al deporte en general y al baloncesto en particular (o porque ha llegado aquí por pura casualidad y aún no tiene muy claro de qué va este blog), razón por la cual tendrá incluido a Teledeporte en su menú televisivo. Pero usted y yo tampoco somos una muestra representativa de la población, desgraciadamente. El común de los mortales tiene sus necesidades deportivas más que cubiertas con los deportes mayoritarios que ofrecen los canales mayoritarios, entre otras cosas porque si en alguna ocasión Nadal (o cualquier otro deportista/equipo español) puede ganar algo ya se encargará TVE de llevárselo perdiendo el culo a La 1 para aprovechar la tajada de audiencia que pueda proporcionar. O dicho de otra manera: el aficionado medio sabe que en Teledeporte sólo dan cosas minoritarias, y sabe que si en alguna rara ocasión dejaran de ser minoritarias se las sacarían de allí para servírselas en bandeja donde las pueda mirar. Ergo ¿para qué sintonizar Teledeporte?

Quizá ya haya deducido (o quizá no, y lleve usted un buen rato preguntándose de qué va este rollo) que viene todo esto a cuento de lo acaecido este pasado fin de semana con ocasión de la Final Four. Televisión Española incumplió drásticamente la regla de oro que acabo de exponer en el párrafo anterior, TVE dio la semifinal por su primera cadena y luego la Final por Teledeporte, y ello a pesar de que dicha Final la disputaba el equipo más televisado, más seguido, más amado/odiado y con más adeptos de todo el territorio nacional. ¿Todo un Real Madrid podía proclamarse campeón de Europa y sin embargo no se atrevían a darlo por TVE1, cómo era ello posible? Pues porque hay palabras mágicas, alma de dios, mire que se lo decía yo aquí mismo hace dos o tres semanas. Diga usted abracadabra pata de cabra y no pasará nada, pero lo que se dice nada, pero nada de nada; ahora bien, diga usted Madrid-Barça y el universo entero conspirará para que empiecen a suceder ante nuestros ojos los hechos más asombrosos jamás contados. Si ambos equipos hubiesen ido por distinto lado del cuadro las dos semis se habrían visto en Teledeporte, si ambos hubiesen perdido no les quepa la menor duda de que el tercer y cuarto puesto habría ido por TVE1 y luego la Final por Teledeporte, es así. No importa el Madrid, no importa el Barça, importa el Madrid-Barça como si ambos conceptos sólo tuviesen razón de ser por la existencia del otro, como el haz y el envés, como el ying y el yang, como el día y la noche, como las dos Coreas. Acaso no haya nada que vertebre (y al mismo tiempo divida) tanto este país como un Madrid-Barça, acaso no haya mayor obstáculo para el famoso proceso soberanista de Cataluña que la posible desaparición de esa rivalidad. Necesitan seguir juntos para poder seguir odiándose.

Retomo el tema. Conste que no suelo ser de los que acuden puntualmente cada lunes a mirar las audiencias (más que nada para no llevarme disgustos) pero reconozco que esta vez no pude evitar que me saltaran a la vista mientras ojeaba un periódico en el bar del desayuno. Si no vi mal (que también es posible) resulta que la semifinal Barça-Madrid dio un millón ochocientos y pico mil espectadores con un 12 por ciento de cuota de pantalla, y que la final Olympiacos-Madrid dio como cienmil más, un millón novecientos y pico mil con un 10 por ciento de share (ya sé que el share y la cuota de pantalla son lo mismo, uso ambos términos para no repetirme). Supongo que la explicación de que la semi tuviera menos espectadores y más share, y en cambio la Final más espectadores y menos share, es bien sencilla hasta para un profano en la materia como yo: los viernes se sale más y hay menos gente ante el televisor, mientras que los domingos a esa hora ya está casi todo dios en su casa. Y supongo que ésa es también la razón de que Televisión Española no tuviera ningún problema en sacrificar su programación del viernes y en cambio no alterara en lo más mínimo su sacrosanta programación del domingo. Y supongo también que en el pecado pudieron llevar la penitencia…

A ver si me explico: diría yo que a la hora de sentarse a ver la tele básicamente (y simplificándolo mucho) existen dos tipos de espectadores, aquellos que tienen claro lo que quieren ver y aquellos que la encienden por pura rutina y van dando vueltas hasta que encuentran algo que (más o menos) les guste. La audiencia de TVE1 bebe de ambas fuentes, están los que van ex profeso a ver el Cuéntame y los que tras zapear se quedan con el Cuéntame porque no encuentran otra cosa que les convenza más. La audiencia de TDP en cambio sólo bebe de la primera fuente, los ex profeso, ya que como decíamos no suele ser un canal de paso al que la gente se pueda enganchar. O dicho de otra manera: el Madrid-Barça del viernes bebió básicamente de aquellos espectadores que querían ver el Madrid-Barça del viernes, pero bebió también de aquellos que pasaban por allí (quizá buscando el Telediario, o quizá sin pensar siquiera en lo que hacían) y de repente exclamaron anda leche, si hay un Madrid-Barça, qué bien, quién me lo iba a decir, me pondré a verlo. Por el contrario el Madrid-Olympiacos del domingo bebió sólo de aquellos que fueron expresamente a buscarlo, dado que casi nadie pasa por allí. ¿Y con todo y con eso la Final la vio más gente que la semifinal, aunque la cuota de pantalla fuera (sólo ligeramente) menor? ¿Qué habría pasado entonces si la Final hubiese ido por TVE1? Pues que además de esos casi dos millones de espectadores fijos bien podrían haber tenido además otro buen puñado de eventuales. Y todo ello tampoco tendría por qué haber supuesto un trauma para TVE1 en términos de programación ya que siempre podrían haber hecho lo que hicieron el viernes: mantener el previo en TDP mientras en La1 estaba Tom Cruise y su Tapadera, dar el partido en La1 (aprovechando el descanso para ofrecer un Telediario en versión corta) y nada más acabar llevarse otra vez el postpartido a TDP (entrega de trofeos incluida, tanto más habiendo perdido el Madrid) y en La1 meter raudos y veloces su dichosa película de la semana. Y ésta apenas habría empezado veinte o treinta minutos más tarde de lo que suele hacerlo cualquier otro domingo, y no creo que ello les hubiera supuesto una gran pérdida (acaso ninguna) en términos de share, y hasta habrían podido enganchar para el cine a una buena parte de la audiencia del basket que (acaso desengañada por el resultado) dijera pues bueno, pues ya que estamos aquí vamos a quedarnos a ver qué tal está esta peli… (Y todo ello por supuesto sin entrar en otras consideraciones relativas al servicio público o al interés general, conceptos éstos que estuvieron muy presentes en nuestras vidas hasta hace algunos años pero que hoy han quedado totalmente arrinconados por el peso de los acontecimientos; si ya nadie se acuerda del interés público en aspectos de la vida que son mucho más trascendentes que éste, como para esperar que alguien se acuerde también aquí…)

A lo largo de estos párrafos he intentado demostrar (de forma bastante reiterativa, me temo) que no es lo mismo TVE1 que Teledeporte, que no cuenta con las mismas posibilidades cualquier evento deportivo en función de que se emita en uno u otro canal. Pero con todo y con eso es posible que usted siga pensando que ambos están a tan solo un click de distancia, o que tan decisivo no será que el baloncesto vaya en La1 si luego la ACB de los domingos saca las audiencias que saca (aunque nada tenga que ver una cosa con otra, los pocos que se sientan a ver la tele un domingo por la mañana por lo general van buscando algo muy concreto, en cambio muchos de quienes se sientan en prime time lo hacen dispuestos a tragarse lo que les echen). Pues vale, pues para usted la perra gorda (frase que solía utilizar mi abuela para darme la razón sin que la tuviera, a fin de que me callara de una vez), acepto barco como animal acuático y pulpo como animal de compañía, lo que usted quiera… pero aunque todo eso fuera cierto permítanme al menos que me queje del detalle. Le pondré un ejemplo: ¿imagina usted que un viernes a mediodía TVE1 ofreciera una hipotética semifinal de Roland Garros Nadal-Ferrer, y que en cambio la hipotética final Nadal-Djokovic la dieran luego el domingo por Teledeporte alegando que no quieren perder cuota de pantalla de su peliculita ñoña de sobremesa, o que al no ser la final un derby entre españoles ya tendrá menos tirón? ¿A que no? ¿A que no puede ni tan siquiera imaginarlo? Claro está que la combinación de palabras Nadal-Ferrer no es mágica como Madrid-Barça, o acaso la palabra Nadal por sí misma sí lo sea sin necesidad de añadirle ninguna otra, sin conservantes ni colorantes ni edulcorantes ni acidulantes ni aditivos de ninguna clase, Nadal podría jugar un partido de exhibición contra mí mismo (y créanme que sería lo más ridículo jamás visto en la historia de la humanidad) y pueden estar seguros de que TVE movería cielo y tierra para darlo por La1, la magia es lo que tiene. Madrid y Barça juntas son palabras mágicas, Madrid y Barça por separado (no siendo fútbol) son palabras inocuas, este mismo domingo pudimos comprobarlo. Y todo esto pasó con todo un Real Madrid, alucina vecina, el día que llegue a la final (por ejemplo) Unicaja ya no quiero ni pensarlo…

palabras mágicas   3 comments

¿Sabían que hay palabras mágicas? Ya, ya sé que a ustedes como a mí les explicaron hace muchos años que la magia no existe, que no sucede lo sobrenatural ni tan siquiera lo paranormal, que todo eso no es más que mera ilusión. Y sin embargo… Piensen por ejemplo en la palabra Madrid: por sí sola no significa nada más allá de lo evidente, una hermosa ciudad (es la mía luego habrá de parecerme hermosa, casi por definición) llena de humos, ruidos y atascos, cuyo nombre coincide casualmente con el de una de las instituciones deportivas más reales y representativas de dicha ciudad; o piensen por ejemplo en la palabra Barça, que identifica plenamente a (mes que) un club de honda raigambre y alcurnia que ha paseado y pasea el nombre de su Ciutat Condal por el universo entero. Meta usted Madrid en cualquier conversación y no pasará nada, escriba usted Barça en cualquier texto y tampoco se producirá ninguna reacción química ni cualquier otra alteración de ninguna otra índole. Ambas por sí solas son completamente inocuas, pero… pruebe a juntarlas, da igual el orden, si acaso separadas por una mínima pausa, un espacio, un simple guión; pruebe a decir Madrid-Barça, pruebe a poner Barça-Madrid y de inmediato sucederá como en esas películas de aventuras en las que se tienen que unir varios trozos de un anillo para que se abran los muros del templo (por ejemplo), pues aquí igual, la mera mención de esas dos palabras mágicas, una detrás de la otra o la otra detrás de la una, hará desencadenarse los sucesos más asombrosos que imaginarse puedan…

Podría poner miles (qué digo miles, millones) de ejemplos relacionados con el mundo del fútbol, pero éste todavía es (o intenta ser) un blog de baloncesto así que me ceñiré a lo mío. Y podría incluso retrotraerme a mi infancia (y miren que queda lejos mi infancia) pero tampoco lo haré, no teman, tan solo viajaré apenas unos meses hacia atrás. Por ejemplo a junio del pasado año, Final ACB: si cualquiera de nuestras palabras mágicas hubiera llegado allí por separado para emparejarse con cualquier otra palabra aséptica, pongamos Baskonia, Valencia, Bilbao, Unicaja, la que ustedes quieran, pues no habría sucedido nada, la vida habría seguido su curso y el mundo no habría dejado de girar. Pero sucedió que el destino quiso juntarlas, Barça-Madrid, final ACB, oh prodigio, oh maravilla, se abrieron los cielos, se alteró el curso de los acontecimientos, se cambiaron horarios y programaciones, de las ocho de la tarde a las diez de la noche, de las catacumbas de Teledeporte al más privilegiado prime time del primer canal por antonomasia de todo nuestro espectro televisivo, de repente el país entero puesto del revés, es lo que tiene el unir esos dos términos prodigiosos. Pero esperen, repriman su asombro que todavía no han visto nada…

Porque ya saben que no hay nada más mágico que la Navidad, esas fechas entrañables (me revuelven las entrañas, debe ser por eso) repletas de fantasía e ilusión. Y en Navidad siempre acuden puntuales a nuestro paso las más acendradas tradiciones, el belén, el turrón, el mazapán, la lotería, la paga-extra (a extinguir), las cenas hasta reventar, las uvas, los regalos, la cabalgata de Reyes, las muñecas de Famosa, la cuesta de enero, el Barça-Madrid… Sí, es bien sabido que el calendario de Liga se establece por sorteo, cómo habría de establecerse si no, en qué cabeza cabe cualquier otra posibilidad; pero fíjense ustedes qué casualidad, que es emparejarse la bola del Barça con la del Madrid (ha de ser cuestión de bolas, sin duda) y que de inmediato ese emparejamiento, que bien podría caer en octubre o en noviembre como tantos otros, por arte de birlibirloque vaya siempre a parar a estas entrañables fechas. Puede ser un 29 de diciembre o puede ser un 3 de enero pero da igual, nunca falla. Durante varias décadas tuvimos el Torneo de Navidad, desde hace años tenemos los emblemáticos partidos NBA del día de Navidad y ahora también la ACB nos trae puntualmente el Clásico por Navidad. Ha de ser cosa de magia, sin duda.

Como mágico fue el hecho de que en dicho partido navideño distinguiéramos con nitidez no sólo a los jugadores (que hasta ahí llegamos, más o menos) sino incluso a los espectadores que poblaban las primeras filas. Sí, no me pongan esa cara de asombro, nos pasamos el año entero viendo partidos en TVE1, así en los tiempos de la tarde como en los (más recientes) de la mañana, así se trate de Barça-Baskonia, Madrid-Unicaja, Bilbao-Valencia, los que ustedes quieran, los vemos con mucho grano como los hemos visto toda la vida de dios pero de vez en cuando nos pica la curiosidad, mira tú que si lo estuvieran dando en alta definición, así que con la ingenuidad que nos caracteriza pulsamos el mando a distancia y nos asomamos a esa extraña cosa que todavía llaman TVE-HD Emisión en Pruebas (soy consciente de que nunca llegaré a conocerles otra emisión que no sea en pruebas, de hecho es más que probable que los nietos de mis nietos tampoco lleguen jamás a conocerla), total para comprobar que efectivamente están poniendo Cuéntame como pasó, Águila Roja o Los Misterios de Laura, no falla, siempre es una de estas tres series o algún documental ignoto, cualquier cosa menos la ACB… salvo que se trate del Barça-Madrid, oh prodigio, oh maravilla, entonces sí, faltaría más, lo que haga falta, por supuesto en HD y porque no tenemos 3D que si no también se lo daríamos y hasta les regalaríamos las gafas para la ocasión. Será por magia.

Y por si todo lo anterior no les hubiera parecido suficiente quédense al menos con lo que sucedió este pasado domingo. Antes de nada les pondré en antecedentes, dado que si no viven en esta Comunidad no tienen por qué saber que su televisión pública, por otro nombre Telemadrid, emprendió hace meses una especie de plan de ajuste o plan de reestructuración o plan de preexternalización o plan de nosequeleches, con consecuencias más o menos graves según los casos: entre las más graves estaría el hecho de que tres cuartas partes de sus trabajadores fueran puestos en la calle (ERE lo llaman, precioso eufemismo), entre las menos graves estaría el hecho de que decidieran desprenderse de todos sus derechos deportivos para ahorrar costes. Y la ACB fue la primera en caer, faltaría más, en tiempos de economía de guerra pocas cosas hay más prescindibles que el baloncesto, hasta ahí podíamos llegar, de tal manera que a los ciudadanos de esta Comunidad, que hasta hace apenas unos meses aún podíamos ver tres o cuatro partidos a la semana con sólo encender el televisor (el cuarto por satélite a través de Andalucía TV, otra que tal), hoy ya sólo nos queda el partido de TVE1 y/o Teledeporte, para todo lo demás nos hemos de encomendar a Orange Arena que es como jugárnosla a la lotería, a ver si esa semana por un casual le tocara funcionar. Y una vez puestos en antecedentes retomo nuevamente el hilo original…

Porque sabrán que este pasado domingo hubo Madrid-Barça, otra vez las dos palabras juntas, probablemente la ACB habría preferido que fuera también en navidades como el primero pero será que sus poderes no dan para tanto, que una cosa es la magia y otra ya el abuso. Pero no teman porque una vez más el clásico en cuestión vino acompañado por algo absolutamente prodigioso, incomparable, irrepetible (al menos hasta que se vuelva a repetir) como es el hecho de que fuera emitido por Telemadrid. Sí, han leído bien, Telemadrid, esa misma Telemadrid que se sacó de encima el baloncesto a la par que se sacaba de encima a la inmensa mayoría de su plantilla, esa misma que al parecer aún existe (este mismo domingo pudimos comprobarlo) aunque para muchos madrileños (entre los que me incluyo) ya es como si no existiera, esa misma perdió el culo por decirle a la ACB que ellos también querían dar el Madrid-Barça (o acaso fuera la ACB la que perdió el culo porque lo dieran para aminorar así el impacto de que no se viera en TVE, lo mismo me da que me da lo mismo). No me consta que lo perdieran hace una semana para dar por ejemplo el Fuenla-Estu, hasta ahí podíamos llegar, esos son equipos de pobres, no tienen ni encanto ni magia ni lo hay que tener; como tampoco me consta que lo perdieran (seamos justos) por cualquiera de los múltiples partidos del Madrid ofrecidos por las Autonómicas en estos últimos meses. No, fue una vez más el efecto de unir las dos palabras mágicas, junte usted Madrid y Barça y de repente como por ensalmo (signifique lo que signifique ensalmo) la televisión pública madrileña recuperará el poder de ofrecer baloncesto, de repente será como si nunca lo hubiera perdido, como si aún tuviera medios técnicos y humanos para producirlo y no tuviera que llamar pidiendo socorro a TV3, como si aún estuviera allí Antonio Martín para ejercer de presunto analista (¿para esto sí hay dinero?), lo de Felipe Galán en la narración y Antonio Vaquerizo a piedepista ya lo tenían más difícil porque sospecho que debieron estar entre los defenestrados por el ERE, tantos años contándonos (mejor o peor) nuestro deporte para al final acabar así, mandagüevos; así que de la narración se encargó un tal Alfonso, no es que yo le conozca sino que sospecho que se llamará así porque en una ocasión Antonio Martín se dirigió a él por ese nombre, parece una razón de peso, buena gana de llamarle Alfonso si se llamara por ejemplo Eduardo, pero vamos que tampoco es que esté yo muy seguro, que en tratándose de un Madrid-Barça cualquier hecho asombroso me parece perfectamente plausible, hasta que se tratara de un narrador virtual surgido de la nada como por arte de magia y creado ex profeso para la ocasión. Cualquier cosa.

Pensarán que ya lo han visto todo pero créanme que no, que aún nos quedarán por ver cosas todavía más asombrosas si cabe. En apenas unos días Barça y Madrid, Madrid y Barça tanto monta monta tanto, se darán cita en la Final Four de la Euroliga, evento supremo del baloncesto europeo que en estos pasados años apenas mereció una atención tangencial así la jugara el Barça o incluso en cierta ocasión el Madrid, pero que este año no es ya que la juegue el uno o el otro sino los dos, cara a cara, frente a frente, viernes 10 a las nueve de la noche en el O2 Arena de Londres, hecho más que suficiente para que los medios se vuelquen, para que la prensa deportiva enloquezca y hasta se olvide del fútbol por un par de horas (no más, tampoco hay que pasarse), para que las radios emitan carruseles a tal efecto y hasta la misma tele que tanto y tan a menudo pasa de nuestro deporte monte un despliegue crepuscular para la ocasión y se entregue en cuerpo y alma a su cobertura como si no hubiera un mañana… Es así, asumámoslo, si Madrid y Barça montaran equipo de petanca o de colombofilia estas especialidades deportivas tendrían más o menos la misma cobertura mediática que tienen hoy (cero) pero eso sí, el día que se enfrentaran, ¡¡¡ay el día que se enfrentaran!!! (¿habrá enfrentamientos directos en colombofilia? Es más, ¿habrá liga nacional de colombofilia incluso?), ese día se desataría la rivalidad, se acapararía la atención mediática, no se hablaría ya en nuestra piel de toro de otra cosa que no fuera la petanca o la colombofilia, a elegir. Nada une más y al mismo tiempo nada divide más a los ciudadanos de este país que un Madrid-Barça, nada provoca tanta atracción y al mismo tiempo nada genera tanto rechazo, hasta el punto de que ambas, atracción y rechazo, pueden llegar a manifestarse incluso en las mismas personas y a la misma vez… Ni que decir tiene que esa extraña cualidad, provocar al mismo tiempo un efecto y el contrario, también ha de ser necesariamente cosa de magia. Como para no creer en ella, a estas alturas.

Publicado abril 29, 2013 por zaid en ACB

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el parche   4 comments

Hace algunos días se rumoreó, qué digo se rumoreó, prácticamente se dio por hecho lo que podríamos denominar el trueque inglés, English por Ingles, según el cual el English canadiense iría a parar al Barça mientras el Ingles australiano llegaría al Estu a vuelta de correo.

Hace más o menos esos mismos días, quizás alguno menos, se rumoreó, que digo se rumoreó, prácticamente se dio por hecho un multitrueque que implicaba también a Baskonia y GBC (o dicho de otra manera, a Caja Laboral y Lagun Aro), que afectaba a Jelinek y Abrines (¡ay, Abrines!) y en el que finalmente Brad Oleson acabaría dando con sus huesos en Can Barça.

Y hace muy pocos días se rumoreó, qué digo se rumoreó, prácticamente se dio por hecho que finalmente el fichaje del Barça no sería English ni tampoco Oleson sino Feldeine, por supuesto previo pago al Fuenlabrada de la compensación económica correspondiente.

Dicho todo lo cual, y dado que a día de hoy ni English ni Oleson ni Feldeine forman aún parte de la plantilla barcelonista (que yo sepa), estaremos de acuerdo en que aquella manida frase de que el rumor es la antesala de la noticia se nos ha quedado un tanto obsoleta. De hecho quizá deberíamos plantearnos la posibilidad de enunciarla al revés: vista la certeza con la que se nos anunciaron en su día esas tres operaciones, tal vez habríamos de concluir que en este país, por increíble que parezca, la noticia es la antesala del rumor.

En cualquier caso, y dando por supuesto que esos tres intentos efectivamente existieron (y que hasta puede que aún existan), creo que a partir de ellos podemos extraer otras dos conclusiones muy concretas. A saber…

1) el Barça busca algo
2) pero no sabe qué

Ahora bien, como dicho así puede sonar un poco brusco intentaré reformularlo de otro modo:

1) El Barça busca un dos, un escolta capaz de echarse el equipo a la espalda y asumir la anotación cada vez que los achaques obliguen a Navarro a permanecer alejado del parquet.

2) Pero no sabe qué clase de dos busca, y por eso tan pronto se le antoja un escolta que sólo parece funcionar en aquellos equipos que giran por completo a su alrededor (véase English), como se le antoja un escolta todoterreno capaz de hacer muchas otras cosas además de anotar (véase Oleson), como se le antoja… Señores, seamos serios: ¿habrían pensado ustedes en Feldeine de no haber sido por sus 37 puntos de este pasado sábado? Es más, ¿sabían ya ustedes quién era Feldeine antes de sus 37 puntos de este pasado sábado?

O dicho de otra manera: el Barça busca un parche. El Barça busca un parche y tarde o temprano lo encontrará (de hecho hasta puede que lo haya encontrado ya cuando usted lea esto), es lo que pasa con estos macroequipos que parecen tener el dinero por castigo, al final siempre encuentran lo que buscan aunque ni siquiera sepan muy bien qué es eso que buscan. Pero me resulta curioso ver a todo un Barça en este papel, repartiendo palos de ciego de esta manera. Durante años (desde que llegó Creus, básicamente) lo hemos tenido como ejemplo de planificación, un poco por contraste con el ejemplo de improvisación que parecía representar siempre su eterno rival. Y sin embargo llegados a este punto vemos un Madrid que parece tener (¿por fin?) un proyecto y un Barça que lo tuvo, que ve cómo se le está escurriendo por el sumidero, que ya no sabe qué hacer con él. Ficharon a Tomic porque acababa de salir del enemigo, ficharon a Jawai porque tenía nombre y ocupaba espacio, tanto les dio que no se parecieran en nada (sobre todo atrás) a la dupla Vázquez-Ndong, tanto les da ahora que lo que fichen no sea exactamente lo que necesiten, a quién le importa eso, se trata sólo de fichar por fichar. No han perdido nada todavía, plantilla tienen más que de sobra (con o sin parche) para pelear la Copa, la Liga, la Euroliga y todo lo que se tercie pero creo yo (en mi infinita ignorancia) que no les vendría mal dejarse de improvisaciones a corto plazo, recuperar aquella vieja costumbre de mirar siquiera un poco más allá.

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