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el final del camino   3 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 4 de abril de 2013)

Este es el final de un largo y tortuoso camino iniciado hace apenas cinco meses. Tomaron la salida trescientas y pico universidades que quedaron reducidas a 68 hace dos semanas, a tan sólo 16 una semana más tarde, únicamente cuatro de entre todas ellas continúan aún vivas a día de hoy. Puede que les parezca una metáfora un poco pedestre pero es lo que hay y además habré de decir en mi descargo que no es mía, al fin y al cabo sólo estoy versionando la metáfora que acostumbra a utilizar la propia NCAA, la misma que engalana sus pabellones durante todo el Torneo con la frase the road to the Final Four y que muy probablemente engalanará también el Georgia Dome este próximo fin de semana con la inequívoca sentencia the road ends here. Efectivamente, es así, de los trescientos y pico equipos que empezaron tan sólo cuatro han conseguido llegar a la meta (tampoco podría haber sido de ninguna otra manera), ahora ya sólo falta averiguar cuál de ellos la cruzará en primer lugar.

Louisville

Si hace dos semanas les dije que nadie era más favorito y hace una semana les reiteré que no veía otro favorito, pues imaginen qué puedo contarles de estos Cardinals a día de hoy. Por ponerlo en números: Louisville no sabe lo que es perder desde el 9 de febrero en cancha de Notre Dame, aquella histórica (e histérica) noche de las cinco prórrogas con la que ya les he dado la brasa alguna que otra vez. Perdieron, fueron necesarios 65 minutos para que perdieran pero perdieron… y puede que hasta les sentara bien, porque desde entonces no han hecho ya otra cosa más que ganar. Catorce victorias consecutivas, catorce (14), a saber, los siete últimos partidos de la Regular, los tres del Torneo de la Big East (que se adjudicaron, obviamente) y los cuatro que llevan del Torneo Final. Catorce victorias de las que sólo dos fueron por menos de 10 puntos, la que lograron el 2 de marzo en Syracuse y la que lograron el pasado viernes en su semifinal regional ante Oregon (pero que tiene truco, que al final sólo ganaron de 8 pero porque se relajaron tras ir ganando de 20); y con exhibiciones tan portentosas como aquella que ya les conté en su Final de Conferencia, otra vez ante Syracuse: a 15 minutos para el final perdían 29-45 y acabaron ganando 78-61, lo que viene siendo un parcial salvaje de 49-16 (en apenas 15 minutos, recuerden). Son así, el típico equipo ciclotímico, ya se lo dije: tienen ratos malos pero cuando entran en trance (generalmente coincidiendo con la presión al saque contrario) son casi imposibles de parar; el problema (para los rivales, entiéndase) es que últimamente estos trances les suceden demasiadas veces.

Les suceden hasta en situaciones de extrema emotividad como la que vivieron este pasado domingo ante Duke. No hará falta que les dé muchos detalles porque lo habrán visto ya con (demasiados) pelos y señales en cualquiera de nuestros (presuntos) medios de comunicación, de hecho será la única noticia de NCAA que habrán podido ver en esos mismos medios, de hecho gracias a esta noticia algún espectador habrá descubierto que existe la NCAA. Tyler Thornton (base suplente de Duke) fue a lanzar un triple y Kevin Ware (base suplente de Louisville) pegó un salto inverosímil para taponarlo del que aterrizó cargando todo el peso sobre su pie derecho, la pierna no pudo soportarlo y se le partió por completo, no en sentido figurado sino absolutamente literal, en ángulo recto como si dijéramos. No recuerdo haber visto nada tan terrible en directo en toda mi vida, no pude evitar acordarme de aquel (también ex de Louisville) Edgar Sosa con su selección dominicana pero créanme que esto de Ware fue mucho peor, afortunadamente la CBS tuvo la cortesía de no recrearse en los detalles y sólo nos dio dos repeticiones muy lejanas, pocas cosas hay allí que estén por encima de la noticia pero una de ellas es el respeto a la sensibilidad de sus espectadores (como aquí, vamos), habrá quien no esté de acuerdo pero yo al menos les estaré eternamente agradecido. Lo que sí vimos fue la consternación, sus compañeros desolados tirados en el suelo, sus rivales igual (especialmente Thornton ya que le tocó vivirlo en primera persona), incluso Pitino derramando alguna lágrima, gestos de pavor, silencio sepulcral en el pabellón. El partido se reanudó porque no quedaba más remedio pero durante varios minutos fue como si todo estuviera en una nube, ni quienes allí estaban ni quienes lo veíamos a miles de kilómetros al otro lado del ordenador podíamos sacarnos de la cabeza aquel horror…

Y entonces llegó Siva. Peyton Siva decidió hacer suyas las palabras que Pitino les contó que había dicho Ware mientras se lo llevaban en camilla, vosotros ocuparos de ganar el partido y no os preocupéis por mí; de un plumazo acabó con la languidez, cambió el paso, arrastró consigo a todo su equipo y en un abrir y cerrar de ojos aquello pasó de estar empatado a estar 20 arriba Louisville, aún Krzyzewski andará preguntándose cómo. Peyton Siva es un base espectacular, quizá un tanto ciclotímico como lo es su equipo (por definición), no tenía buen pronóstico en sus inicios debido a un pasado complejo y a tener un padre aún más complejo (no se lo pierdan si tienen ocasión) pero se fue asentando y lleva ya un tiempo convertido en el director de juego que precisa un equipo (con pinta de) campeón como Louisville. Peyton Siva es la prolongación sobre la cancha de Pitino casi en la misma medida en que su socio Russ Smith llega a ser la desesperación, a veces. A ver que me explique, muy pocos jugadores hay ahora mismo en todo el baloncesto universitario con el chorro de talento que tiene Russ Smith; pero claro, una cosa es el talento y otra muy distinta es saber qué hacer con él, que a menudo sabe pero hay ocasiones en que se le olvida: en aquel famoso partido de las cinco prórrogas se le olvidó unas cuantas veces y su equipo acabó pagándolo (y Pitino casi matándolo). Insisto, no tiene por qué ser así, por lo general no se la va la olla, sería un hecho aislado, no me lo tengan demasiado en cuenta.

Sí tengan en cuenta a las demás joyas de estos Cards: Blackshear, el impagable ala-pívot Behanan, el cénter Dieng (otro de mejora impresionante con los años) y cómo no, ese banquillo del que ya no emergerá Ware pero sí el triplista Hancock (Kuric bis) o los interiores Van Treese y Montrezl Harrell, ojo a este poderosísimo freshman que si no me le ponen la cabeza mala con cantos de sirena debería convertirse en la fuerza interior de Louisville en los próximos años. Pitino tiene de todo y todo bueno pero no es eso lo mejor, lo mejor es que por fin ha conseguido crear un equipo a su imagen y semejanza, una criatura casi tan perfecta como aquella de Kentucky que asombró al mundo en 1996 (ganando la Final a Syracuse por cierto, también es casualidad): Antoine Walker, Walter McCarthy, Derek Anderson, Ron Mercer, Tony Delk… No digo que estos sean necesariamente tan buenos como aquellos pero sí que éste es un equipo tan perfectamente engrasado como aquél (o más si cabe). Pitino, que ya fue el primer técnico en meter a tres universidades diferentes en Final Four, lleva ya mucho tiempo rondando ser el primer técnico que gane la NCAA con dos universidades diferentes. Y me temo que este año tiene muchas, demasiadas papeletas para lograrlo.

Wichita St.

Tal como fue la temporada (ya saben, pequeños ganando a grandes, resultados insospechados por doquier, sorpresas a tutiplén) no resultaba difícil imaginar a un invitado inesperado en esta Final Four. Pero claro, hasta para pensar en hipotéticas sorpresas solemos ser bastante conservadores los seres humanos: ¿Mid-majors? Pues sí, por qué no, pero dentro de un orden: pongamos (cómo no) Gonzaga o la siempre fiable Butler, o la Creighton de los McDermott, o la efervescente VCU o la sólida Saint Louis, o quién sabe si incluso UNLV o San Diego State… Puede que a algún wichitense o wichiteño (es decir, lo que viene siendo un habitante de Wichita, localidad de 360.000 almas al sur del Estado de Kansas) en un arrebato de optimismo le diera por apostar por su Universidad de Wichita State pero lo que es a usted y a mí (reconozcámoslo) ni se nos pasó por la imaginación. Les habíamos visto jugar (al menos yo) y hasta nos habían gustado pero ni aún así se nos habría ocurrido pensar en ellos como equipo de Final Four. Y sin embargo ahí les tienen, y no vayan a pensar que hay truco ni trampa ni cartón, no vayan a pensar que les favorecieron los cruces ni que les limpiaron el camino, no: entre sus víctimas (además de la siempre molesta Missouri y de la ruidosa La Salle) se cuentan el número 1 y el 2 de su Región, Gonzaga y Ohio State que verán la Final Four desde su casa tan ricamente sentados ante el televisor. No está mal para un presunto (sólo presunto) número 9 como Wichita St.

¿Qué les cuento yo de estos Shockers que no les haya contado ya? Ciertamente podría repetirme y hablarles de un equipo sólido y aguerrido, un equipo coral del que no resulta nada fácil entresacar a nadie… pero hoy intentaré currármelo algo más, para que no digan: si habláramos de una estrella ésta sería Cleanthony Early (¿qué se les pasaría a sus padres por la cabeza para ponerle Cleanthony a la criatura?), un alero cuyo tobillo les dio un buen susto durante la segunda mitad contra Ohio State pero afortunadamente no fue gran cosa, de hecho volvió antes de que acabara el partido; y siguiendo hacia adentro tocaría hablar de lo más parecido que tienen a un pívot (al margen del suplente nigeriano Orukpe), el tremendo Carl Hall. Pero no nos quedemos ahí y vayamos hacia afuera porque quizá su juego exterior sea una de las más gratas sorpresas del Torneo, para mí al menos: empezando por un estupendo base como Malcolm Armstead y siguiendo con dos freshmen que van ganando protagonismo cada día que pasa: el rubio, intenso y sumamente eficaz escolta Ron Baker y el base suplente (le queda poco para dejar de serlo) Fred Van Vleet, una delicia de jugador. Añadan a Tekele Cotton y tendrán ya la rotación completa, que así en frío puede parecer poca cosa en comparación con lo que hay alrededor pero que se lo pregunten por ejemplo a los Zags o a los Buckeyes a ver qué opinan. Y todo ello además convenientemente amasado por un técnico de aparente perfil bajo pero no se dejen engañar por las apariencias, Gregg Marshall, el verdadero padre de la criatura, sin lugar a dudas el secreto mejor guardado de estos Shockers.

Ahora bien, la pregunta sería: ¿existe alguna posibilidad por pequeña que sea de que Wichita State pueda hincarle el diente a Louisville en la semifinal que les enfrentará este próximo sábado (ya más bien domingo) a medianoche? Me gustaría pensar que sí (ya otra cosa será que lo piense), al fin y al cabo esto es deporte y es bien sabido que en el deporte (y tanto más en esta loca NCAA de nuestros desvelos) cualquiera puede ganar a cualquiera. En todo caso lo que verdaderamente importa no es lo que yo piense ni lo que piense usted sino lo que piensen ellos, que realmente se lo crean y no entren a la pista del Georgia Dome ya derrotados de antemano. Que entren como Butler contra Michigan State en 2010 (por ejemplo) y no como tantos otros que también arribaron a la Final Four contra pronóstico y luego ya se conformaron con ello sin mirar aún más allá. Hará falta un gran trabajo de motivación, qué duda cabe, y en esto como en tantas otras cosas Gregg Marshall parece ser un auténtico crack. Y hará falta además que a los manejadores de balón wichitenses (o wichiteños) no se les venga el mundo encima en cuanto Pitino mande a sus huestes a presionarles el saque de fondo. No es un tema baladí si nos atenemos a lo que ocurrió en su Final Regional ante Ohio State: ganaban de 20 a pocos minutos para el final, y fue justo entonces cuando Thad Matta debió decir de perdidos al río (o como se diga en USA) y puso a los suyos a presionar en toda la pista. No fue una presión como la que acostumbra a hacer Louisville porque estos Buckeyes son buenos defensores (especialmente su base Craft) pero no presionadores profesionales como aquellos, pero fue más que suficiente para que a los Shockers les entrara de inmediato la descomposición. A punto estuvieron de consumar la catástrofe, algunos ya veíamos a la virgen apareciéndose a los Buckeyes por tercera vez consecutiva (como ante Iowa State encarnada en Aaron Craft, como ante Arizona encarnada en LaQuinton Ross), al final no llegaron a tiempo pero faltó bien poco. Avisados quedaron estos Shockers: Louisville no esperará tanto ni concederá tantas facilidades para que (por ejemplo) le superen la presión con un pase bombeado hacia un palomero esperando solo en la otra canasta (alguno así se comió Ohio St.), Louisville intentará ahogarles desde su propia línea de flotación, necesitarán un extraordinario trabajo de sus manejadores de balón (Armstead, Van Vleet, Cotton) para salir medianamente indemnes de ese acoso. Esperemos que lo logren, esperemos que me equivoque (como tantas otras veces) y tengamos partido hasta el final.

Michigan

Cómo no retrotraerse veinte o veintiún años atrás, cómo no pensar en aquellos fabulosos cinco freshmen que iluminaron este baloncesto en 1992 y que (ya como sophomores) siguieron iluminándolo en 1993, Chris Webber, Jalen Rose, Juwan Howard más Ray Jackson y Jimmy King que también eran de dios, de hecho éste último anduvo durante un tiempo por aquí aunque hoy ya casi nadie lo recuerde. Cómo no establecer paralelismos aunque la propia universidad renegara luego de ellos, aunque los borrara de sus libros de historia (pero lo que no pudo hacer fue borrarlos de nuestra historia, de la memoria de todos aquellos que tuvimos ocasión de contemplarlos). ¿Saben por ejemplo que estos Wolverines edición 2013 tienen también su propio Fab Five, un quinteto freshman que sólo es titular al sesenta por ciento pero que podría coincidir perfectamente en cancha, de hecho puede que lo haya hecho ya un montón de veces sin que nos diéramos cuenta? Spike Albrecht, Caris Le Vert, Nik Stauskas, Glenn Robinson III y Mitch McGary, los dos primeros aún suplentes aprovechando los escasos huecos que les dejan Burke o Hardaway, los tres últimos titulares ya de pleno derecho y con perfil tan enebeable como el que más a medio/largo plazo, esperemos que largo a ser posible… Las comparaciones son odiosas tanto más si tenemos en cuenta que estos yogurines aún no habían nacido siquiera cuando sus prodigiosos antecesores ya andaban haciendo diabluras en aquellas lejanas primaveras de 1992 y 1993, las comparaciones podrán ser odiosas pero son también inevitables. Hubieron de pasar veinte años de travesía del desierto, nombres más o menos importantes que se acabaron quedando a medio camino, Louis Bullock, Maurice Taylor, el añorado Tractor Traylor, Manny Harris, Darius Miller, tantos otros que vistieron ese azul y amarillo (color maíz, dicen allí) y que hoy estarán tremendamente orgullosos de ver cómo su Universidad de Michigan ha recuperado por fin su sitio en la historia. Bendita historia, aunque les cueste reconocerla.

Y Burke, Trey Burke. Pudo dar el salto a la NBA tras su año freshman pero se lo pensó dos veces y finalmente decidió volverse a Ann Arbor, los aficionados a este baloncesto en cualquier parte del mundo nunca se lo agradeceremos lo bastante y los aficionados de Michigan no es ya que se lo agradezcan sino que deberían erigirle una estatua por suscripción popular a la puerta del Crisler Arena. Burke, en ésta su segunda temporada, ha dejado de ser uno de los mejores bases de la Liga para convertirse sencillamente en el mejor jugador de la Liga, así, con todas las letras. Habrá quien discrepe y me diga que si McDermott, Oladipo, Zeller, Smart y demás familia, muy buenos todos ellos por supuesto, grandísimas temporadas las suyas pero difícilmente comparables (aunque haya quien las compare) a la de Burke. ¿Les queda alguna duda? Véanse el desenlace de su Semifinal Regional contra Kansas, háganme el favor. Kansas que fue ganando casi todo el partido, Kansas que llegó con más de 10 arriba a los instantes finales, Burke que había estado desaparecido toda la primera mitad (mérito de la defensa de Kansas, también) pero que en llegando estos momentos empezó a carburar, la diferencia que empezó a reducirse pero no lo suficiente, a veintitantos segundos para el final Kansas gana de 5, canasta de Robinson III que les pone a 3, falta a Elijah Johnson que anota los dos tiros, otra vez a 5, canastón de Burke, de nuevo a 3, nueva falta a Johnson, quedan 12 segundos pero esta vez Elijah falla el uno más uno, ¿adivinan quién se juega el triple a la desesperada desde 9 metros para forzar la prórroga? Efectivamente. Y en la prórroga más y más Burke, para que no queden dudas. A Bill Self y sus Jayhawks ya no les quedará ninguna duda a día de hoy.

Estos de Kansas fueron realmente los únicos apuros que pasó Michigan a lo largo del Torneo. Antes se deshicieron sin despeinarse  de la South Dakota State del afamado Wolters y de la asfixiante defensa HAVOC inventada por Shaka Smart para su VCU, y que en este caso nada pudo ante la sobredosis de talento de los Wolverines. Y tras Kansas fue Florida, algunos pensaron que sería un duelo en la cumbre pero los Gators (en su línea habitual de esta temporada) prefirieron quedarse en el llano y no comparecieron, en su casa muy bien pero cada vez que les sacaron de su hábitat más que caimanes parecieron lagartijillas birriosas: Boynton y Rosario yendo por libre como es su costumbre, el resto haciendo lo que pueden que es más bien poco y entre lo uno y lo otro fueron pan comido para los lobitos o lobatos o lobeznos o lo que les apetezca que signifique Wolverines, pan comido para Burke y los hijísimos Hardaway y Robinson, para la manita de ese prodigio canadiense llamado Stauskas (mucho más que un mero tirador, por cierto), no digamos ya para ese McGary que empezó la temporada muy perdido pero ahora ejerce de amo y señor de las zonas, al final tendrán que agradecerle al pívot (hasta entonces) titular Jordan Morgan haberse lesionado por el crecimiento que significó para este tío. Sí, los Wolverines están de nuevo en Final Four y créanme que esa es una magnífica noticia, no ya porque nos retrotraiga a veinte años atrás sino porque significa que ha ganado el talento, el baloncesto alegre y bien jugado a la manera en que lo quiere su veterano técnico John Beilein. Ganen o pierdan nos harán disfrutar, pueden estar seguros.

Syracuse

Si me lo hubieran dicho hace un mes no me lo habría creído. Si hace treinta o cuarenta días se me hubiese presentado algún iluminado diciéndome oye, que sepas que tus Orange van a jugar la Final Four creo que de inmediato le habría contestado anda ya, vete a la…… (rellenen ustedes la línea de puntos con la incoveniencia que les parezca más adecuada). Mis Orange, por resumirlo de alguna manera, han atravesado durante la temporada tres fases muy distintas: una primera, desde noviembre hasta el 21 de enero, en la que lo ganaron casi todo, de hecho el casi sólo fue una derrota por 4 puntos ante Temple; finalmente ese 21 de enero ganaron a Cincinnati, apenas dos días antes habían ganado incluso a la mismísima Louisville (en Louisville), todo parecía ser felicidad en Syracuse… y de repente todo se les volvió del revés: en ese mes y medio que aún quedaba de Big East ganaron cinco partidos (todos ante rivales relativamente fáciles) pero perdieron siete, cayeron en el ranking y en una depresión profunda… de la que empezaron a salir hace tres semanas, en cuanto empezó el Torneo de su Conferencia: excepto esa aciaga Final contra Louisville (sí, la del parcial 49-16) todo lo demás fueron victorias, antes y (obviamente) después: me preocupó Montana (¡¡¡Montana!!!) y la barrieron 81-34, me inquietó California y cayó también (no sin apuros), 66-60. Y qué decir de esta semana pasada: primero se deshicieron de la archifavorita Indiana sin demasiados problemas (qué largo se les ha hecho este final de temporada a los Hoosiers) y finalmente apalizaron con aún menos problemas a esa siempre incómoda Marquette que venía a su vez de apalizar a Miami (qué largo se les ha hecho este final de temporada a los Hurricanes). Somos así, no tenemos remedio (ustedes me disculpen que de vez en cuando me salga la primera persona del plural), íbamos por el mismo lado del cuadro que Indiana o Miami, parecía más imposible que nunca y sin embargo aquí nos tienen, diez años después de Melo (Anthony, no Fab), de Warrick o de (el hoy asistente de Boeheim) McNamara aquí estamos de nuevo, otra vez encaramados a la Final Four.

Estamos en Final Four y esa alegría no nos la quita ya ni dios, por supuesto. Pero es ley de vida no dormirse en los laureles y mirar hacia el futuro, supongo que lo suyo sería hacerlo con optimismo pero el optimismo me cuesta, será la edad que voy teniendo o será que soy así de natural. A ver, no les negaré que he recuperado la fe en este equipo, no les negaré que he vuelto a creer en un base maravilloso como Michael Carter-Williams, hubo un tiempo en que dudé de él porque en los momentos decisivos tiende a aturullarse y pierde a veces demasiados balones pero habré de reconocer que en este Torneo Final me tiene subyugado; creo en MCW como creo en el fantástico alero CJ Fair, en los triples de Southerland, en la (cada vez mayor) potencia unida a la buena mano de Brandon Triche, en la defensa (y muy poco más) de Rakeem Christmas o en los aportes desde el banquillo de Cooney, Jerami Grant o Baye Moussa Keita. Y cómo no, en el verdadero culpable de todo esto, el hombre cuya mera mención hace que me ponga de pie (metafóricamente, que de lo contrario me resultaría muy difícil teclear), Jim Boeheim, 37 temporadas le contemplan, head coach de Syracuse desde 1976, tenía yo la misma edad que tiene mi hijo ahora y puede que usted ni siquiera hubiera nacido por aquel entonces. Sí, supongo que más pronto que tarde tendremos que empezar a pensar en una Syracuse sin Boeheim, es ley de vida… pero por ahora no me lo toquen, háganme el favor.

Me he ido del tema, estaba contándoles que a pesar de todo me cuesta ser optimista, qué le vamos a hacer: Quizá porque miro a Michigan y me parece un plantillón (aunque también hayan pasado sus buenas crisis en momentos puntuales); o quizá porque miro a Louisville y se me viene a la cabeza de inmediato esa Final de Conferencia de la que ya les he hablado chiquicientas veces (la del parcial 49-16, insisto); o quizá porque aunque me niegue a ello al final acaben haciéndome mella todos esos tópicos gratuitos sobre la defensa en zona que me toca escuchar o leer cada vez que Syracuse (o quien sea) llega a algo en esta vida: que si el verdadero baloncesto es hombre a hombre; que si la zona es un recurso, puede ser una excepción en un momento puntual pero de ninguna manera puede ser la regla; que si la zona no sirve ante los buenos tiradores (¿pongamos por ejemplo los de Michigan?)… Pues mire, no, hasta ahí podíamos llegar. Dicen que la zona es un problema pero yo no concibo esa razón, que diría el bolero (sólo que el bolero hablaba de otra cosa): una buena zona deniega tiros exteriores, una buena zona llega a cada pase y encima a cada hombre-balón cual si se tratara de una defensa individual… pero repito, una buena zona, una zona bien hecha, no esa otra que tantas veces solemos ver por aquí de poner a dos tíos delante y tres detrás pegando saltitos con los brazos extendidos, sin más, y que si funciona no es tanto por su propia efectividad como por el desconcierto que genera en los rivales. No hará falta que se lo diga, ésta de Syracuse es una buena zona y no sólo porque lleven 37 años haciéndola sino porque Boeheim cuenta con los jugadores adecuados para hacerla: tíos muy móviles, de largos brazos (véanse al respecto los de MCW), buenas piernas, gran capacidad física, adecuado conocimiento del juego y la intensidad necesaria para cada ocasión. Todo lo cual obviamente no garantiza nada, es bien sabido que una zona se puede desactivar de mil maneras (que si no dando tiempo a que se forme, que si invirtiendo rápido el balón de lado a lado, que si infiltrando entre líneas al grande de turno)… exactamente igual que una defensa al hombre. No, la zona no es el problema, en absoluto, en todo caso puede ser la solución como ya lo ha sido tantas otras veces. El problema (de haberlo) está en mí y mi natural tendencia al pesimismo, así que tampoco me hagan mucho caso ni me lo tengan demasiado en cuenta, háganme el favor.

Sólo tendremos que esperar hasta la madrugada del sábado 6 al domingo 7 para que empiecen a disiparse nuestras dudas; y sólo en un par de días más, madrugada del lunes 8 al martes 9, tendremos ya todas las respuestas. Qué quieren que les diga: abónense, descárguenlo, piratéenlo, búsquense la vida como puedan pero tengan clara al menos una cosa: perdérselo no debería ser una opción. Ustedes mismos.

cuentos de marzo   1 comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 26 de marzo de 2013)

Cenicientas y ex cenicientas, bellos durmientes, príncipes encantados y/o destronados y/o en vías de coronación, ogros y hadas madrinas (o similar), finales felices y otros no tanto, llanto y crujir de dientes, risas histéricas, ríos de lágrimas, apariciones y desapariciones insospechadas, vuelos imposibles, sucesos prodigiosos… Pura magia. Para el común de los mortales marzo es un mes como otro cualquiera, como abril u octubre, más o menos con las mismas alegrías y miserias cotidianas. Pero usted y yo sabemos que hay algo más, sabemos que un poco más allá de la cruda realidad hay otro marzo hecho de sueños en forma de baloncesto, si aún no se lo cree acompáñeme durante unos cuantos párrafos y podrá comprobarlo con sus propios ojos…

Midwest

Louisville (1) vs Oregon (12) //// Michigan St. (3) vs Duke (2)

Escribía yo hace una semana que Louisville era mi favorita, que no alcanzaba a ver otros favoritos más allá de estos Cardinals. Sigo sin verlos, francamente. Me podrán decir que no han tenido apenas rival, que a North Carolina A&T no les conocía ni su padre (aunque eso en este Torneo no ha significado gran cosa), que esos de Colorado State a ver quién son… Pues depende. Colorado State es un equipo más que decente que ha hecho una temporada más que buena dentro de sus posibilidades, un equipo que se presentó en el Rupp Arena de Lexington (anda que se lo podían haber puesto aún más cerca a Louisville; en Louisville, por ejemplo) con la sana intención de dar la campanada, sana intención que se les pasó en cuanto los de Pitino se pusieron a defender. Defender dicho así puede parecer lo que todos hacen, pero defender como lo hacen éstos créanme que no lo hace prácticamente nadie. Una presión en toda la pista que empezó minando la confianza de sus contrarios y acabó descomponiéndolos, descomponiendo incluso a un entrenador tan curtido como Larry Eustachy. No tuvieron rival, es cierto, pero bien que se curraron el no tenerlo. Y puede que aún tarden un par de rondas en encontrarlo…

Porque a la vuelta de la esquina les espera Oregon. Como diría cierto señor de cuyo nombre no quiero acordarme, me llena de orgullo y satisfacción decirles que por una vez y sin que sirva de precedente yo tenía razón (yo y los otros chiquicientosmil que dijeron lo mismo, tampoco me voy a colgar más medallas de las que me correspondan): asignarle a Oregon el número 12 de su Región fue una cagada enorme, han bastado apenas un par de partidos para comprobarlo. En el primero se cepillaron con asombrosa facilidad a la Oklahoma State de Marcus Smart, en el segundo se pasaron por la piedra con no menor facilidad a esos mismos Billikens de Saint Louis que habían dominado la Atlantic 10. Ahora tocará Louisville, obviamente huele a final de trayecto pero que les quiten lo bailao como suele decirse: Dana Altman habrá demostrado una vez más que es un grandísimo entrenador, Kazemi, Woods, Emory o E.J. Singler podrán dejar la universidad con la cabeza bien alta y el futuro con esa maravillosa pareja exterior Artis-Dotson se antoja sumamente apetecible. Qué más se puede pedir.

Así que no, no parece que haya por ahí muchos equipos que le puedan amargar la vida a Louisville, es cierto… pero entre los que pueden hacerlo están precisamente aquellos que deberá encontrarse a la vuelta de la esquina (a la vuelta de Oregon, entiéndase): Michigan State o Duke, o el uno o el otro, cualquiera de los dos será un regalo envenenado para las huestes de Pitino. Les dije hace una semana que los Spartans me parecían el gran tapado, a día de hoy me lo siguen pareciendo… aunque a simple vista parezcan atisbarse grietas en su siempre sólida estructura. Las broncas entre jugadores son el pan de cada día en cualquier equipo deportivo de élite, es así y hasta puede que sea bueno que así sea, no digo yo que no; lo que ya canta un poco más es que estas broncas tengan lugar con luz y taquígrafos, con medio mundo mirando, hasta con lanzamiento de objetos arrojadizos incluso, Nix soltándole un toallazo a su base Appling y éste devolviéndoselo de inmediato, todo ello ante las mismas narices de Izzo en mitad de un tiempo muerto; si hay buen rollito en ese vestuario la verdad es que hacen lo posible por disimularlo, igual es una estrategia para que los rivales se confíen… A Memphis en cualquier caso no le sirvió de nada, Memphis mucho salto y mucha cabriola y mucho efecto especial pero de baloncesto más bien poco, de eso los Spartans (aunque estén picados entre sí) tienen para dar y tomar. Memphis fue pan comido, otra cosa ya será Duke…

Duke tampoco ha pasado más apuros que los mínimamente imprescindibles, Duke se deshizo de Creighton con mucha más facilidad de la que cabía esperar… o mucha más de la que yo esperaba al menos, sobreviviendo además a una pésima noche de su multiusos Ryan Kelly. Pero tanto dio, entre Mason Plumlee y ese envidiable perímetro Cook-Curry-Sulaimon más los relevos de Thornton se cepillaron a la familia McDermott sin que el impresionante hombre-orquesta Doug McDermott (qué jugador, qué temporadón el suyo) pudiera hacer nada por impedirlo. Así que ahí lo tienen, puro lujo en semifinales de conferencia, Duke contra Michigan State o lo que viene siendo lo mismo, mito contra mito, Krzyzewski contra Izzo; y el que gane contra Pitino… con permiso de Altman, con permiso (no se nos ocurra descartarlos todavía, por difícil que esté) de los Patos de Oregon.

West

Wichita St. (9) vs La Salle (13) //// Arizona (6) vs Ohio St. (2)

Dirán en Gonzaga que de cenicienta vivíamos mejor. La vida de cenicienta es más sacrificada pero mucho más fácil, al fin y al cabo no tienes nada que perder, si no te quiere el príncipe pues que le den, tiras tus zapatitos de cristal (que deben ser incomodísimos) al contenedor de vidrio, retomas tus quehaceres cotidianos y a otra cosa mariposa. Pero como el príncipe te convierta en la reina del baile, ay amiga, ahí mismo empezarán tus problemas: la casa, los niños, las facturas y demás quebraderos de cabeza propios de princesas. Miren, dirá Mark Few, otro año ni se les ocurra ponernos en el número 1, a nosotros dennos un 9 ó un 11 que con eso ya nos vamos apañando… Esta es una forma de verlo, otra podría ser que estas cosas te pasan cuando te tiras dos meses enteros jugando contra rivales de un nivel muy inferior al tuyo, más concretamente desde aquel sábado de mediados de enero en que cayeron sobre la bocina en el Hinkle de Butler. La West Coast podrá ser una conferencia entrañable pero si aspiras a la grandeza no te alcanza, puedes hartarte a jugar contra Saint Mary’s (que este año no estaba al nivel de otros años), San Diego, San Francisco, Santa Clara y demás santos del cielo que cuando bajes luego a la tierra te la vas a pegar, véase la muestra.

La muestra en cuestión se llama Wichita State, los Shockers (qué nombre tan bien puesto), un equipo duro (en todos los sentidos de la palabra), sólido, aguerrido, uno de esos equipos del medio oeste de la América semi-profunda a cuyos aficionados no te cuesta imaginártelos bailando a ritmo de country alrededor de una barbacoa. Pero es también un equipo coral en el que resulta muy difícil entresacar a alguien (pero puestos a entresacar entresacaremos a Cleanthony Early, a Carl Hall, por supuesto a su magnífico técnico Gregg Marshall), un equipo que no se complica, que acaso haga pocas cosas pero las hace francamente bien. Durante todo el año fueron pisándole los talones a Creighton en la Missouri Valley Conference, no rascaron bola ni en la Regular ni en el Torneo pero ahí les tienen ahora, Creighton ya camino de casa y en cambio ellos camino de Los Ángeles para disputar el Sweet Sixteen. Y con serias esperanzas de pasarlo, además.

Dirán en La Salle que hay que joderse (ustedes disculpen la vulgaridad), que llegaron con el número 13, han pasado tres rondas como tres soles, son tan cenicienta como la que más y sin embargo no se acuerda de ellos ni dios. Y tendrán razón, qué duda cabe, cualquier otro año la hazaña de La Salle habría dado la vuelta al mundo (al mundo en el que se hable de NCAA, entiéndase), en cambio este año sólo parece haber ojos para Florida Gulf Coast. Sirva este párrafo para reconocer las virtudes de un equipo que llegó como quinto o sexto en discordia de la (este año fortísima) Atlantic 10, acaso un pequeño paso por detrás de clásicos como St. Louis, VCU, Butler o Temple pero hete aquí que hoy todos los anteriormente mencionados están ya en su casa (todos ganaron brillantemente en 2ª ronda para caer luego en la 3ª), todos excepto estos Explorers de La Salle, ese estupendo base Tyreek Duren, ese prodigioso anotador Ramon Galloway o ese efervescente Garland capaz de jugarse la bola definitiva sin que le tiemble el pulso, ese desconocido (hasta ahora) técnico Giannini, todos ellos cargándose en 1ª ronda a Boise St., en 2ª nada menos que a Kansas St. y en 3ª a una Ole Miss que se había cargado nada menos que a Wisconsin… Vale que habían hecho una gran temporada pero con todo y con eso, ¿alguien en su sano juicio (que no fuera de La Salle, entiéndase) habría apostado por que sobrevivirían teniendo por delante semejante cuadro? Pues aquí les tienen. Y ojo, que la aventura no tiene por qué acabar aquí.

[Me van a permitir una acotación al margen sobre Ole Miss, una universidad que ha hecho un gran año y de la que el próximo hablaremos mucho más porque allí aterrizará nuestro Sebas Saiz, genuino producto estudiantil y campeón en Mannheim: Ole Miss tiene una prodigiosa estrella llamada Marshall Henderson, un tirador verdaderamente extraordinario, tan extraordinario es que nadie tira más triples que él no ya en su equipo ni en su conferencia ni en su comarca ni en su estado sino en todo el país, en toda la Division I de la NCAA (trescientos y pico equipos, recuerden) nadie tira más triples que Marshall Henderson, ni de lejos; es un extraordinario tirador y a menudo suele ser también un extraordinario metedor pero hay veces que no es el caso y aún así él sigue tirando y tirando y tirando, supongo que cuenta con la aquiescencia de Andy Kennedy ya que tampoco tiene muchas más amenazas desde el juego exterior pero a la larga acaba resultando contraproducente, así lo fue por ejemplo ante La Salle. La criatura tiene carácter y una personalidad arrolladora, de eso no cabe la menor duda, pero es bien sabido que quien a triple mata a triple muere y eso vale también para Henderson. Demasiadas veces, me temo]

Habremos de coincidir en que ésta es la Región más abierta del cuadro, pero habremos de coincidir también en que en ausencia del número 1 el favoritismo debería corresponder al 2, o sea Ohio State. Ohio State pasó también serios apuros para llegar aquí, esa extraordinaria Iowa State de Fred Hoiberg les llevó literalmente al límite, al final sólo sobrevivieron gracias a la aparición puntual de un jugador que había hecho un mal partido (en ataque, que en defensa siempre cumple) pero que siempre está cuando se le necesita: su base Aaron Craft; tuvo el penúltimo balón y se tiró un mendrugo, tuvo el último y tras tirarse botando medio minuto sin encontrar (o sin buscar) otra solución decidió finalmente jugársela él, ya sobre la bocina: ni que decir tiene que la clavó, de tres además. Un Thad Matta congestionado y sin haberse quitado aún el susto del cuerpo se curó en salud nada más acabar el partido lanzando elogios a su próximo rival, Arizona, según él el mejor equipo de la costa Oeste de USA. Puede ser (para mí no, para mí es mejor Oregon pero no les daré ya más la brasa con los Ducks), al menos sí que es cierto que Arizona ha llevado una trayectoria comodísima hasta llegar aquí: pensé que Belmont daría la sorpresa y no les duró ni un asalto, pensé que Harvard les complicaría la vida y el partido se acabó antes de empezar. Ohio St-Arizona, que dado que por el otro lado habrá un Wichita St-La Salle podría interpretarse casi como final (regional) anticipada. Pero vaya usted a saber.

South

Kansas (1) vs Michigan (4) //// Florida (3) vs Florida Gulf Coast (15)

Pase lo que pase de ahora en adelante, gane quien gane el Torneo, éste será ya para siempre el año de Florida Gulf Coast. Que levante la mano aquel que antes del baile supiera siquiera que esta universidad existía. Yo no, desde luego. Yo lo más que recuerdo es estar viendo un partido cualquiera en la semana de los Torneos de Conferencia y que en la parte de abajo de la pantalla apareciera un letrerito diciendo que una tal Florida Gulf Coast se había clasificado para el Madness, que yo pensara al verlo anda, mira qué bonito, la Universidad de la Costa del Golfo de Florida, y éstos quiénes serán… Tampoco es algo que me pasara a mí sólo, de hecho hasta en USA (salvo en círculos muy iniciados) andaban igual tras su victoria ante Georgetown preguntándose quién demonios serían estos tíos, cómo sería la cosa que incluso en las horas previas a su partido de 3ª Ronda aún había un debate en Twitter entre periodistas especializados yanquis preguntándose como había que llamarlos, si Florida Gulf Coast o FGCU; puede parecer un tema baladí pero créanme que no lo es en absoluto, al fin y al cabo en USA ni dios dice Virginia-Commonwealth o Nevada-Las Vegas sino VCU ó UNLV, no digamos ya UCLA (todo ello por supuesto pronunciado a la manera yanqui, vi si iu ó iu en el vi, no digamos ya iu si el ei…) No sé qué decidirían al final ni me importa demasiado, me van a permitir que yo siga llamándoles Florida Gulf Coast que (aunque tarde bastante más en escribirlo) suena bastante mejor.

Algunas cosas que probablemente aún no sepa (o puede que sí, pero no le vendrá mal recordarlas) sobre Florida Gulf Coast: que la Universidad como tal nació en 1997, que apenas lleva dos años en la Division I, que su fascinante entrenador Andy Enfield (ése al que ahora empiezan ya a rifarse todos los grandes programas de la nación) gana apenas 157.500 dólares al año (que puede que sea bastante más de lo que ganemos usted o yo, pero es infinitamente menos de lo que pueda ganar cualquier colega suyo), que está casado con una espectacular ex modelo de trajes de baño y lencería fina… y que sus Eagles juegan como los ángeles (y no lakers precisamente), comiéndose las líneas de pase, poniendo siempre el balón en el lugar correcto y sacando el contraataque con una alegría y una efectividad como hacía mucho tiempo que yo no veía. Así sorprendieron a los Hurricanes de Miami a comienzos de temporada (sí, a esos mismos Hurricanes que hoy son número 2 de la East Region, pero claro está que a esas alturas nadie le dio la menor importancia), así pillaron desprevenidos a los Hoyas y así se llevaron también por delante a unos Aztecs que ya estaban avisados pero a la hora de la verdad tanto dio. Hoy todo dios conoce ya a estos tipos a quienes hace apenas unos días no conocían ni en su casa a la hora de comer (es un decir), ese alucinante sujeto con nombre de bosque llamado Sherwood Brown, el base Brett Comer, los aleros McKnight o Fieler y hasta Filip Cvjeticanin, criado aquí e hijo del Yeti (me pongo de pie), y por favor no me obliguen a explicarles quién fue/es el Yeti. Del anonimato absoluto a convertirse en el primer equipo en toda la historia de la NCAA (y son ya 75 años de historia) que desde un número 15 alcanza las semifinales regionales, los sweet sixteen. Se dice pronto.

Pero si son tan amables me van a permitir que dedique también un párrafo a su primera víctima, los Hoyas de Georgetown, una universidad que (en lo que a baloncesto se refiere) empieza a emitir señales preocupantes. Chicos impecables, técnicamente irreprochables, sospecho que académicamente brillantes, que compiten con dignidad pero a los que siempre parece faltarles un puntito de… ¿Cómo lo diría? Hubo una vez en este país un abrupto y ultramontano entrenador de fútbol al que en cierta ocasión se le ocurrió decir que la cantera de determinado equipo sólo producía mingafrías, y aunque no me guste el término (ni el entrenador en cuestión) reconozco que no he podido evitar acordarme de aquella frase. Obviamente no estoy hablando de los tiempos de Ewing, Mourning o Mutombo ni aún menos de los de Iverson, no voy tan lejos, tan sólo me remontaré unos pocos años atrás: He tenido y aún hoy tengo especial debilidad por pívots como Roy Hibbert o Greg Monroe, de la misma manera que podría llegar a tenerla por su actual (ya no muy actual, la verdad) estrella Otto Porter Jr. Jugadores elegantes, rebosantes de fundamentos, capaces de hacer muchísimas cosas y todas maravillosamente bien… pero en los que no siempre resulta fácil encontrar ese gen competitivo que logre marcar las diferencias, sobre todo cuando llegan estos momentos cruciales. Como si el evidente prestigio académico de dicho centro estuviera reñido necesariamente con el carácter ganador, con el instinto asesino (en términos deportivos, entiéndase) o la mala leche que a veces se necesita en circunstancias puntuales. O serán tal vez manías mías, no digo yo que no, pero ya son demasiadas eliminaciones frente a rivales presuntamente inferiores; vayan si les place al vídeo del partido, busquen cualquier imagen de John Thompson III en los últimos minutos (el rictus demacrado, el rostro congestionado, la corbata casi del revés) y díganme entonces si les queda alguna duda.

Florida Gulf Coast se las verá ahora contra Florida (Florida a secas, los Gators de toda la vida), acaso el derby más insospechado que recordarse pueda. Florida ha ganado con solvencia su rincón del cuadro, el rincón de los entrenadores decapitados podríamos llamarlo: Minnesota ganó a UCLA y ello costó el puesto a Howland, seguidamente Florida ganó a Minnesota y ello costó el puesto a Tubby Smith: lo de los Bruins se veía venir pero lo de los Gophers yo al menos no me lo esperaba en absoluto, no me parece que Tubby Smith haya hecho tan mala labor como para cargárselo de esta manera y menos aún este año pero en fin, ellos sabrán. Así pues lo dicho, Florida vs Florida Gulf Coast, el sentido común dicta que ese será el fin del sueño para los Eagles… pero ya hemos podido comprobar en un par de ocasiones que sus reglas no se corresponden en absoluto con las reglas del sentido común.

El otro lado del cuadro es mucho más normal, claro, 1 contra 4, Kansas contra Michigan. Pensé que Michigan sufriría ante el HAVOC de VCU pero obviamente me equivoqué, nada pudieron hacer los de Shaka Smart ante el desparrame de talento de unos Wolverines que parecen haber recuperado (por fin) la mejor versión de Tim Hardaway Jr. Y Kansas suma y sigue, tampoco los Tar Heels tuvieron nada que hacer, tanto dio que McLemore parezca haber perdido el punto porque la vena anotadora correspondió a Releford y la vena taponadora al guaperas Withey, interesante personaje de evidentes limitaciones ofensivas pero al que la cosa de poner gorros se le da como hongos (por qué se dirá esto), hay quien dice que por haber jugado al voleibol. Kansas-Michigan, cruce atractivo donde los haya, los pronósticos generales apuntan hacia Kansas pero los míos (más que nada por llevar la contraria) apuntan hacia Michigan. Veremos.

East

Indiana (1) vs Syracuse (4) //// Marquette (3) vs Miami (2) 

Ahí los tienen juntitos, el 1, el 2, el 3 y el 4, Indiana, Miami, Marquette y Syracuse, por fin una Región como dios manda, una Región en la que se cumplen los pronósticos y gana siempre quien tiene que ganar… Pues sí pero no tan deprisa, que tres de ellos han tenido que dejarse sangre, sudor y lágrimas para estar aquí. Por ejemplo Indiana, la archifavorita Indiana que sufrió lo indecible ante Temple, que se encontró un enemigo insospechado en el base/escolta/chico-para-todo de los Owls Khalif Wyatt, aún no habíamos llegado al descanso y el susodicho llevaba ya 20 puntos (de los veintipocos de su equipo), Tom Crean llegó un momento en que ya no sabía qué hacer con él, primero le mandó a Oladipo (especializado últimamente en defender al base/estrella rival) y como si no, luego le plantó enfrente a Sheehey y fue como si le dieran agua, más tarde le colocó a Remy Abell y algo más le rascó pero tampoco mucho… Así las cosas, triple va canasta viene, llegamos igualados al último minuto… y entonces sucedió: Victor Oladipo podrá no tener la técnica más depurada del mundo pero tiene a cambio una serie de cualidades que le hacen impagable: unas condiciones físicas superlativas, una intensidad que supera todos los parámetros conocidos sobre el planeta Tierra… y (contra todo pronóstico) una cabeza fría como el hielo en esos momentos en que a todos los demás les entra la descomposición: cuando todos esperábamos que el tiro de gracia sería para Hulls, Watford o Yogi se la dieron a Oladipo, éste se levantó desde más allá de la línea de tres… y el resto es historia.

Sangre, sudor y lágrimas también para Miami en su cruce ante Illinois. Los Hurricanes sobrevivieron literalmente al límite (triple de Larkin y error arbitral mediante) y ello a pesar de que tuvieron que nadar contracorriente y sortear dos obstáculos que a lo que se ve no tenían previstos: uno Brandon Paul, el jugón (a la par que un poco chupón) Brandon Paul que (a la manera de Wyatt en el párrafo anterior) decidió echarse sobre las espaldas a los Fighting Illini en pleno; el otro, escandaloso, fue la abismal superioridad reboteadora de los de Groce, de hecho los estadísticos de la televisión yanqui debieron casi de perder la cuenta de la cantidad de puntos anotados por Illinois tras rebote ofensivo. A Julian Gamble se le averió el tobillo, el bueno de Reggie Johnson no salta ni un papel que le pongan en el suelo, Kenny Kadji por sí solo no es suficiente y entre unas cosas y otras se les generó una sangría que al final no les costó el partido porque siguen siendo muy buenos y hasta en situaciones límite saben sacar petróleo de las piedras. Con eso les bastó (por los pelos) ante Illinois pero no será fácil que les baste de aquí en adelante.

Claro que para sangre, sudor y lágrimas las de Marquette, no una victoria al límite sino dos, en 2ª ronda salvaron los muebles ante Davidson gracias a una bandeja de Vander Blue literalmente sobre la bocina, y en 3ª ronda… En 3ª ronda fue la reedición prevista de aquel Butler-Marquette de hace cuatro meses en Maui, sólo que esta vez el desenlace sucedió exactamente al revés: Marquette tuvo el partido ganado varias veces pero ya sabemos que eso no va con Butler, Butler podrá estar medio muerta pero no acaba de morirse nunca, Butler aún tuvo la última posesión, sólo 2 abajo a falta de 2 segundos para el final, Butler es el clutch team por antonomasia, el equipo bocina como si dijéramos, probablemente en ese mismo momento alguien en todas la redacciones USA gritó esperen, paren las rotativas, vayan preparando el titular para otro canastón histórico de Rotnei Clarke o de Barlow o de quien sea… Bueno, pues no. Esta vez no, esta vez Marquette se las apañó para que quien se tuviera que jugar el triple desesperado fuera el pívot Andrew Smith, su lanzamiento postrero ni tocó el aro siquiera… [Acotación al margen: ese fue el triste final de la carrera universitaria de Andrew Smith, un tipo que ahí donde le ven ha jugado dos Final Four y que desde luego merecía menos que nadie que su etapa acabara de este modo: no tiene grandes cualidades físicas ni técnicas pero siempre me ha parecido el ejemplo perfecto de jugador de Butler, un sujeto inteligentísimo sobre una cancha de baloncesto; no encontrará hueco en NBA, estoy convencido, pero Europa no debería dejar pasar a un jugador así. Dicho queda]

Marquette no tiene este año (al menos en mi opinión) una plantilla para tirar cohetes, pero a cambio el Hombre Sin Cuello Buzz Williams optimiza espectacularmente sus recursos. Y de qué manera: en un momento dado, hacia comienzos de la segunda parte, la televisión nos mostró una sorprendente estadística según la cual Marquette hasta ese momento llevaba hechas 47 sustituciones por sólo 13 de Butler; cambios de tres en tres, casi a la americana, que parece hacerlos casi compulsivamente pero que supongo que obedecen a un plan: tener siempre piernas frescas sobre la cancha, llegar al final del partido con sus piernas más frescas que las del rival. Ante Butler funcionó, veremos si no funcionará también ante Miami; los Hurricanes tienen (en mi opinión) muchísimo más baloncesto pero llevan tiempo transmitiéndome la sensación de que han llegado con la reserva encendida a estas alturas de temporada. Ganarán o perderán, no sé, pero que acabarán reventados ante Marquette pueden darlo por seguro.

Y finalmente Syracuse, la excepción que confirma la regla por esta parte del cuadro. Mis Orange no necesitaron sangre, sudor ni lágrimas, mis Orange ahuyentaron de un plumazo mis temores, mis Orange tuvieron un primer cruce sumamente plácido ante Montana y un segundo casi igual de plácido ante California (y ello pese a jugar casi en campo contrario, San José, pleno Silicon Valley, a dos pasos de Berkeley). Igual que fui muy pesimista tras el aplastamiento al que les sometió Louisville en la Final de la Big East, habré de reconocerles que ahora soy moderadamente optimista (mi optimismo siempre es moderado, aún en las circunstancias más favorables). Ahora bien, al otro lado de mi optimismo están los Hoosiers, palabras mayores, Oladipo encima de Michael Carter-Williams desde el salto inicial… Partidazo, tocará disfrutarlo (como un niño, a ser posible) y que luego pase lo que tenga que pasar. No habré de engañarme, Indiana es favorito, lo es para esta Región como lo es Ohio State para la suya, como no lo son ni Michigan State ni Michigan en las suyas respectivas pero tampoco las descarten. En una semana podríamos encontrarnos algo insólito, cuatro equipos de la misma Conferencia (Big 10) en la misma Final Four. Difícil, sí. Pero no imposible, en absoluto.

Y colorín colorado, este cuento aún se ha acabado ni puñetera falta que le hace. Queda lo mejor. Permanezcan atentos a sus pantallas…

Publicado marzo 28, 2013 por zaid en NCAA

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