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INCUNABLES (I) – Connecticut-Syracuse (12/03/2009)   Leave a comment

Hace ahora dos años, cuando migré el blog desde su anterior (y tristemente desaparecida) ubicación hasta esta otra tan lustrosa que ahora ocupa, expresé mi intención de que ya no hubiera aquí sólo palabras. Me propuse ilustrar con imágenes casi todas mis entradas para que resultaran menos farragosas (creo que más o menos lo he cumplido), e incluso me propuse insertar de vez en cuando algún vídeo. Pero no de cualquier manera ni con vídeos de dos minutos para aligerar un texto sino más bien al contrario, vídeos que justificaran por sí solos su publicación, y en los que el texto (si lo hubiere) fuera un mero aditamento perfectamente prescindible. Es decir, partidos completos, íntegros, desde el salto inicial hasta la bocina final, rescatados de las profundidades de Internet y puestos de limpio para la ocasión. Pero no partidos cualesquiera, no vayan a pensar, sino mis particulares partidos del (más de medio) siglo. Bocata di cardinale, o como se diga. Aquellos que, bien por acción (casi todos) o bien por omisión (como éste de hoy) han marcado por completo mi vida. Por supuesto que se tratará de una selección meramente subjetiva, qué quieren, es mi blog, no puedo hacer otra cosa. No puedo prometerles que vayan a estar todos los que son, qué más quisiera; pero sí que serán todos los que estén.

Pensé en ponerlo en marcha uno de estos veranos. Ya saben, menos horas de trabajo, menos baloncesto para ver, menos temas de los que escribir, mucho más tiempo libre… Y una leche. El hombre propone y la vida dispone, o bien (si lo prefieren a la gubernativa manera) que lo que me impide cumplir mis propósitos es la realidad. No sé como me las apaño pero en verano siempre acabo teniendo menos tiempo que en el resto del año (o acaso tenga más tiempo pero menos ganas, no sé). Así que nunca es tarde si la dicha es buena, dicen: aprovechando el segundo aniversario de la migración del blog, y aprovechando también (a qué negarlo) una cierta sequía creativa (espero que pasajera), paso por fin a inaugurar mi carpeta de INCUNABLES. Eso sí, antes de que me echen el nombre en cara me curaré en salud: sé bien (porque lo he consultado, si no de qué) que la palabra no tiene ese significado, sé bien que el concepto incunable según la Real Academia Española de la Lengua sólo se refiere a toda edición hecha desde la invención de la imprenta hasta principios del siglo XVI. Pues vale, pero seguro que el concepto vintage tampoco tendría en origen el significado que hoy le damos, y además por no ser ni es palabra castellana siquiera. Incunable sí, y hace tiempo que la utilizamos a veces en nuestro lenguaje coloquial para referirnos a cosas antiguas y/o especialmente valiosas, a verdaderos objetos de coleccionista. Esa sería la intención, que lo consiga o no ya será otro cantar.

Así que ya lo saben, a partir de ahora encontrarán ahí a la izquierda (junto a las habituales ACB, NBA, NCAA, Euroliga, selecciones, etc) una pestaña denominada incunables. En cada post un partido (que a mí me parece) histórico, primero el vídeo en sí mismo a su entera disposición para pinchar y verlo, y luego a continuación una explicación más o menos somera (lo más posible, dentro de mis limitaciones) de por qué elegí ese partido y no otro, de por qué me resulta tan importante como para querer compartirlo con ustedes. Siempre en ese orden, primero el vídeo y luego el rollo, por si alguien quisiera verlo sumido en la ignorancia o por si le sobrara la palabrería, según. Claro, me dirán que para este viaje no hacían falta alforjas, que cualquier partido que pegue yo aquí también podrían encontrarlo en otros sitios. Pero es que de eso se trata precisamente, de que no tengan que buscarlos, de que quien pinche en la pestaña incunables sepa que va a encontrar partidos que quizá nunca imaginó ver (o sí) pero que siempre merecerá la pena ver. Auténticas delicias de baloncesto, las que (antes o después) nos enamoraron para siempre de este juego, las que tienen buena parte de culpa de que aún esté yo aquí dándoles el coñazo, tantos años después. Ya saben, esto es suyo, tan suyo como todo lo demás que hay (y seguirá habiendo) en este blog. Sin más, disfrútenlo.

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Quizá recuerden (aquellos que ya anduvieran por aquí hace cinco años y medio, que alguno quedará) un amargo post de marzo de 2009 al que puse por título 70 minutos. Fue algo así como el recurso al pataleo ante el hecho de haberme perdido un partido que habría de quedar para los anales de la historia. New York, Madison Square Garden, cuartos de final de la Big East (es decir, la loca semana de los torneos de conferencia que precede a la Locura de Marzo propiamente dicha), de un lado los Huskies de Connecticut, del otro los Orange (mis Orange) de Syracuse. Con tales ingredientes cualquiera habría podido pronosticar un gran partido pero nadie, ni el más enajenado aficionado sobre la faz de la tierra, se habría atrevido siquiera a imaginar lo que acabaría sucediendo: un delirio colectivo, una sobredosis de baloncesto sin precedentes, un espectáculo crepuscular que jamás podrán olvidar mientras vivan todos aquellos que lo presenciaron in situ como tampoco podrán olvidarlo todos aquellos que lo vieron por televisión, como tampoco podremos olvidarlo todos aquellos que nos lo perdimos y que lamentaremos toda nuestra vida habérnoslo perdido. Me prometí a mí mismo aquella mañana que recuperaría aquel partido como fuera, y así lo hice: me lo descargué de Internet en cuanto tuve ocasión, si bien en una versión que (supongo que por cuestiones de tamaño) sólo lo recogía a partir de la segunda mitad; así hasta que finalmente conseguí encontrar en Youtube la versión íntegra (nada más que tres horas y cinco minutos, y eso que ya viene limpio de publicidad), justo ésta que ahora mismo dejo aquí a su entera disposición.

Si aún no lo ha visto, si nunca lo vio, yo que usted no me lo pensaría. Eso sí, tómese su tiempo, no se ponga si tiene algo que hacer o si prevé que dentro de un rato tendrá que salir. Escoja una de esas tardes/noches otoñales perfectas para ver la lluvia al otro lado de la ventana, cójase una cerveza y/o algo de picar (o cualquier otra cosa que le apetezca), desmorónese en su sofá, dele al play y déjese llevar. Y luego ya si eso léase ese post que escribí en su día, mírese esos datos que ahí le puse y otros tantos que pueda usted encontrar… pero eso, luego. Por ahora cuanto menos sepa casi mejor (aunque la ignorancia absoluta sea imposible, aunque haya datos que estén en la propia pantalla mientras lo vamos viendo). Quién sabe, lo mismo así a lo tonto consigue enamorarse de ese baloncesto universitario que tantas veces le vendo y al que tan poco caso me hace. Y si así no fuera, al menos sí que puedo garantizarle que pasará un buen rato, un grandísimo rato viéndolo (y créame que no me refiero a su duración). Nada más, sólo de eso se trata.

la que se nos viene encima   Leave a comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com)

O dicho de otra manera: todo aquello que siempre quiso saber sobre esta nueva temporada de baloncesto universitario, pero que jamás se le habría ocurrido preguntar. Como el saber no ocupa lugar (y menos en Internet), me dispongo a satisfacer su curiosidad al respecto incluso aunque no sienta dicha curiosidad, esto es así, aquí le damos respuestas aunque no tenga preguntas. Y todo por el mismo precio…

Creo que hacia finales de la pasada temporada les dije ya (y si no pues se lo digo ahora) que a esta NCAA 2013/2014 no la iba a reconocer ni la madre que le parió. Tal cual. Para empezar deberemos revisar todo lo que un día supimos sobre conferencias y equipos que las integran: no es ya que haya cambios puntuales (que esos los hay todos los años) sino que en algún caso concreto hay pocas cosas que continúen igual. La Big East, por ejemplo. A algunos, aficionados Orange(men) de por vida, se nos rompieron los esquemas cuando hace unos cuantos meses se anunció que Syracuse dejaría esa Conferencia en la que llevaba casi la vida entera (o casi desde que empezó a entrenarla Boeheim, que viene a ser lo mismo) para entrar a formar parte de la Atlantic Coast Conference, en siglas la ACC. O dicho de otra manera, que Syracuse dejaría de jugar en enero y febrero contra St. John’s o Georgetown como llevaba haciéndolo toda la vida de dios, que ahora pasaría a jugar contra Duke o North Carolina pongamos por caso. Y que no se iría sola, que con los Orange de la manita llegarían también a la ACC los Figting Irish de Notre Dame o los Panthers de Pittsburgh. Créanme que a algunos nos va a costar hacernos a la idea, casi tanto como nos va a costar que (quizá para hacerles hueco) Maryland deje en 2014 la ACC para ir a parar a la Big10 (con Indiana, Michigan, Michigan St…), una conferencia en la que no pega ni con cola, ni geográficamente siquiera. ¿Les parece raro? Pues mejor será que se vayan acostumbrando, porque todo esto con ser raro fue sólo el principio…

El lío gordo llegó a finales de la pasada temporada: siete universidades católicas de la Big East, a saber Georgetown, De Paul, Marquette, Seton Hall, Providence, St. John’s y Villanova, decidieron escindirse de la Big East y crear una conferencia nueva a la que tras darle muchas vueltas y quebrarse sobremanera la cabeza decidieron ponerle el bello nombre de… Big East. Como lo oyen (como lo leen, más bien), la vieja Big East tragó con que la nueva se llevara el nombre y hasta su tradicional Torneo Final en el Madison, todo ello a cambio de que la vieja se quedara con la caja común (o eso cuentan, que habré de reconocerles que yo en estos asuntos burocráticos me pierdo), así a priori tampoco parece un mal acuerdo. Así pues, a partir de esta temporada tendremos una nueva Big East con las siete universidades antes mencionadas más otras tres igualmente católicas llegadas a su vez de otros lares, Xavier, Butler (que últimamente sale a cambio de conferencia por año) y Creighton, ubicadas respectivamente en Cincinnati, Indianapolis y Omaha, cada una un poco menos al Este que la anterior, no está mal para llamarse Big East. Y tendremos asimismo una vieja Big East a la que obviamente a partir de ahora ya no volveremos a llamar nunca más Big East sino por su nuevo y flamante nombre, American Athletic Conference, en siglas AAC (qué bien pensadas para que nos confundamos una y otra vez con la ACC). De todo lo cual témome que apenas se habrá enterado de casi nada pero qué quiere que le haga, estas cosas son así, no sé contárselas de otra manera…

Todavía dos pequeñas aclaraciones respecto a todo lo ¿explicado? en el párrafo anterior: 1) No vayan a pensar en un cisma religioso ni nada similar, los católicos por un lado y los protestantes por otro cual si de una guerra santa se tratara, ni hablar, recuerden que aquello es América (Estados Unidos de), allí esta clase de transacciones no se rige por razones eclesiásticas sino por razones meramente comerciales, que allí podrán ser muy puritanos pero para la cosa de los negocios son muy prácticos: la cuestión tiene más que ver con que se agrupen por un lado las universidades más tradicionalmente baloncesteras y se queden por el otro las más tradicionalmente futboleras (fútbol americano, of course), tiene mucho más que ver con la respectiva negociación de sus respectivos contratos de televisión. Y 2) No vayan a pensar que todo esto va a parar aquí, en absoluto, la cosa del deporte universitario está en continuo movimiento: a lo que les contaba antes de Maryland cabría añadir que incluso la mismísima campeona en ejercicio, es decir Louisville, dejará también la ex Big East (o sea, la Athletic etc) a mediados de 2014 para ir a parar a… (adivinen): efectivamente, a la ACC, que quedará así ya convertida sin discusión alguna en la conferencia más fuerte (aún más si cabe) de todo el baloncesto universitario. Al menos hasta el siguiente movimiento…

Dejemos los temas burocráticos (no vaya a ser que acaben huyendo los pocos lectores que aún queden) y pasemos a los estrictamente deportivos. Así de entrada quédense con tres nombres, las tres joyas de la corona, tres sujetos de los que probablemente ya hayan oído hablar (incluso aunque no sigan para nada este baloncesto) y de los que mucho más oirán de aquí en adelante, no ya este año sino durante los próximos quince o veinte años: 1) Andrew Wiggins, portentoso alero canadiense, presunto número 1 del próximo draft, acaso el jugador al que más bola mediática se haya dado tras salir del insti desde los tiempos de LeBron James (y eso es decir mucho), y que tras darle muchas vueltas decidió finalmente jugar su one and done para los Jayhawks de Kansas; 2) Julius Randle, no menos portentoso ala-pívot, de imponentes condiciones físicas y no menos aparentes condiciones técnicas, que se decantó (fíjense qué original) por ponerse a las órdenes de Calipari en los Wildcats de Kentucky; y 3) Jabari Parker, alero al que poco a poco se le fue dando menos bombo que a los dos anteriores pero que es una auténtica delicia de jugador, y que tras pensárselo muy mucho (es mormón, por lo que a punto estuvo de recalar en BYU) decidió finalmente ponerse a las órdenes del Coach K en sus Blue Devils de Duke. Y no están solos, que la nueva generación viene sobrada de niños prodigio, que no habremos conocido muchas otras como ésta:  Tyler Ennis en Syracuse, Noah Vonleh en Indiana, Aaron Gordon (un brincador nato, un tipo que juega como si se hubiese tragado un muelle) en Arizona, Kasey Hill  en Florida, medio equipo de Kansas, casi el equipo entero de Kentucky… Buenísimos freshmen (y presuntos one and done) para dar y tomar.

Sí, el principal favorito para casi todo dios es Kentucky. Esta vez no es ya que Calipari se haya vuelto a llevar a la mejor promoción de novatos de la nación (que eso este año es decir mucho), es que incluso podría alinear un quinteto titular entero de freshmen si quisiera, un poco a la manera de aquellos legendarios Fab five de hace más de veinte años: los gemelos Harrison por fuera, el tremendo James Young de tres, el susodicho Randle de cuatro, Dakari Johnson completando el quinteto y hasta podría añadir aún un sexto novato en caso de necesidad, Marcus Lee. Tremendo despliegue de talento y (sobre todo) físico que se completa con el imponente pívot sophomore Cauley-Stein (titular indiscutible, así que lo del quinteto freshman va a estar difícil), el también sophomore Poythress… El típico equipo apisonadora calipariano, a cuya presumible inexperiencia se opondrán la inmensas sabidurías de Izzo en Michigan State (Payne, Appling, Harris), Krzyzewski en Duke (Cook, Sulaimon, el transfer de Mississippi State Rodney Hood, el ya mentado Parker), Self en Kansas (la joya Wiggins más los también freshmen Selden, Mason o Embiid, más el retorno de Perry Ellis) y cómo no, Pitino en Louisville (con buena parte del equipo campeón de hace 7 meses: Blackshear, Behannan, el talentoso a la par que anárquico Russ Smith…)

¿Aún más? Michigan (con el regreso de Glenn Robinson III, McGary o Stauskas), Syracuse, Arizona, Florida, Oklahoma State (con el retorno de ese portentoso incordio llamado Marcus Smart, que bien pudo haber sido top3 ó al menos top5 del pasado draft pero que finalmente decidió volver al campus de Stillwater, por razones que no me explico pero que me hacen sumamente feliz), Ohio State, Wichita State, Gonzaga, Oregon, UConn, VCU (con lo que se quiera sacar el mago Shaka Smart de su chistera…). Apunten además el eterno retorno a Creighton de ese impagable Doug McDermott, el de Jahii Carson a Arizona State, el de Kyle Anderson a un sumamente atractivo equipo de UCLA… Atractivo entre otras cosas porque largaron a Howland y contrataron como técnico a Steve Alford, como atractivos serán sus vecinos de USC (ese hotel de los líos) tras haberse puesto en manos de Andy Enfield (sí, el autor de aquel milagro del pasado marzo con Florida Gulf Coast). Como atractivos espero que sean los Gophers de Minnesota tras haber cesado a Tubby Smith y contratado en su lugar a Richard Pitino (que obviamente no es Rick Pitino sino su hijo, casualmente del mismo nombre). Como atractivos no sé ya si serán los Bulldogs de Butler con el ex asistente Brandon Miller o lo que es lo mismo, sin el impagable Brad Stevens, a día de hoy topándose ya contra la cruda realidad de la NBA…

Muchas cosas, demasiadas sin duda (y no vean las que me dejo) como para extractarlas en un solo (presunto) artículo, que digo yo que tampoco es cuestión de aburrirles (aún más si cabe) ya desde el primer día. Les invito a acompañarme si lo tienen a bien durante estos próximos cinco meses, ésta es su casa, pasen y encontrarán toda clase de historias al respecto. De verdad se lo digo, se nos viene encima una temporada NCAA sencillamente apasionante, quizá la más espectacular de estos últimos tiempos (así lo aseguran casi unánimemente todos los expertos, quién sería yo para llevarles la contraria aunque quisiera, que no quiero), yo que usted no la daría de lado por nada del mundo, no vaya a ser que luego se tenga que arrepentir…

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