Archivo para la etiqueta ‘Bo Ryan

CRÓNICAS DE MARZO (y IV)   Leave a comment

Aunque el calendario diga que ya estamos en abril, para mí sigue siendo marzo. Para mí y para todos los que amamos (en exceso, incluso) este baloncesto universitario seguirá siendo marzo hasta que el próximo lunes 7 (que para nosotros será ya martes 8) se entregue el trofeo al ganador, hasta que se apaguen finalmente las luces del gigantesco estadio de los Cowboys de Dallas, hasta que en los televisores norteamericanos (y poco después en los youtubes del mundo entero) suene por fin ese imprescindible one shining moment, la catarata de escenas inolvidables de cada torneo final. Sí, en nuestros corazones y en nuestras vidas sigue siendo marzo, seguirá siendo aún March Madness aunque ya sólo nos queden tres partidos, ese maravilloso colofón de cada temporada que solemos llamar Final Four. Los cuatro finales, los cuatro únicos supervivientes, los cuatro grandes. Aquí los tienen.

FLORIDA

Una vez más perdí una magnífica oportunidad de permanecer callado. Fue aquí mismo, hace apenas dos semanas, cuando en lugar de dejarme llevar por la vía fácil y conceder el favoritismo a Florida como hizo casi todo dios preferí meterme en camisas de once varas y decirles que Florida era el principal favorito de esta edición sin favoritos (o con demasiados favoritos) (…) Se ha beneficiado de una conferencia como la SEC que pasa por ser grande pero que anda un poco sobrevalorada en estos últimos tiempos (opinión muy personal que no tienen por qué compartir, faltaría más); ganó en casa y fuera, ganó a todos los que se encontró pero también lo pasó mal por el camino (…) Equipo muy completo, muy veterano, muy profundo pero que a mí con todo y con eso me deja alguna duda, qué le vamos a hacer. Si algún aficionado gator tuvo la infeliz ocurrencia de leerse esta solemne sarta de tonterías creo yo que debió quedarse muy tranquilo, dadas mis conocidas habilidades pronosticadoras. Dicho y hecho, hoy Florida está ya en Final Four y yo a la altura del betún. Cada cosa en su lugar.

La cosa no es ya que Florida esté en Final Four, la cosa es que está en Final Four sin despeinarse, sin dar casi un palo al agua ni hacer el más mínimo esfuerzo más allá de lo estrictamente necesario. Obviamente contó con la ventaja de que le fueron limpiando el camino, obviamente se lo fue limpiando Dayton que les quitó del medio a Ohio State, Syracuse y Stanford la cual a su vez se había cargado previamente a Kansas. Así las cosas, rivales de postín como si dijéramos Florida sólo se encontró a Pittsburgh y UCLA y a ambos los despachó con solvencia, con suficiencia incluso. Todo ello antes de jugarse la Final Four con la sorprendente Dayton, esos modestos Flyers que juegan como los ángeles (no me refiero a los Lakers precisamente) y que hasta osaron oponer un atisbo de resistencia pero hubieron de acabar claudicando ante la maquinaria pesada Gator como no podía ser de otra manera. La maquinaria pesada de un talentazo (a la par que portento físico) como Scottie Wilbekin en la dirección (no es propiamente un director, pero se las apaña), de un interior sólido y efectivo (aunque no alcanzó a ser todo lo que yo esperaba en su primer año) como Patrick Young, de la intendencia de un Will Yeguete, de un sumamente mejorado Casey Prather y de un jugador del que apenas se habla (quizá por ser el único sophomore entre tanto sénior) pero que cuenta con una de las muñecas más prodigiosas de la Liga, Michael Frazier. Llevan mucho tiempo juntos (salvo Frazier, obviamente), se conocen como si se hubieran parido, juegan de memoria y defienden como lobos (o como caimanes, sería más apropiado en este caso). He ahí su principal valor.

Llevan sin perder desde que allá por el 2 de diciembre Connecticut (precisamente Connecticut) les ganara gracias a un canastón sobre la bocina de Napier (precisamente Napier). Podríamos pensar entonces que han tenido un año fácil pero nada más lejos de la realidad, de hecho sus dificultades fueron más fuera de la cancha que dentro y empezaron ya en verano con alguna historia extradeportiva que hizo dudar de la presencia de Wilbekin y/o Yeguete en esta temporada. Y eso sólo fue el principio, lo siguiente fueron las dificultades para incorporar a su debido tiempo a sus dos más rutilantes freshmen, Kasey Hill y Chris Walker, por haber incumplido sabrá dios cuál de las doscientosmil millones de normas de la NCAA. Hill pudo jugar por fin desde mediados de temporada (y bien que lo agradece Wilbekin, a quien a menudo libera de sus responsabilidades en la dirección permitiéndole dedicarse casi por entero a lo que mejor hace, la anotación) y Walker desde febrero, más vale tarde que nunca, ambos aportan desde el banquillo (sobre todo el primero) aunque quien más aporta desde el banquillo (el verdadero sexto hombre de este equipo, de hecho) es otro sophomore que llegó vía transfer desde Virginia Tech, Dorian Finney-Smith, quédense con ese nombre (aunque sea largo) porque seguro que oirán y leerán hablar de él largo y tendido en los próximos años. Equipo sólido, sin grandes estrellas (Wilbekin, si acaso) pero sin fisuras, al que es dificilísimo hincarle el diente como lo prueba el que sólo se lo hayan hincado dos veces en esta temporada, la ya comentada de Connecticut (precisamente Connecticut) y anteriormente Wisconsin (precisamente Wisconsin), contra su tercer compañero de viaje a Dallas (o sea Kentucky) ya no perdieron pero también las pasaron canutas (o cualquier otra cosa que acabe en utas) en las tres ocasiones en que les tocó enfrentarse, especialmente en la tantas veces mencionada Final de la SEC. También es casualidad, tiene pocas bestias negras este año Florida pero todas han ido a juntársele en esta Final Four, ya veremos si ello les aporta un plus de motivación o más bien les supone una complicación.

CONNECTICUT

En 2011 tocaron el cielo. En 2011 los Huskies de Connecticut, guiados desde el banquillo por el reputado a la par que veterano técnico Jim Calhoun y desde la cancha por ese milagro llamado Kemba Walker, ganaron el campeonato universitario. Ganaron a la meritoria Butler de Brad Stevens, ganaron 53-41 en una Final infame pero ganaron, fueron felices, comieron perdices y colorín colorado que este cuento se ha acabado, entre otras cosas porque el cuento que empezó a continuación fue más bien una especie de pesadilla. En la temporada 2011/2012 Kemba ya era historia, las sospechas de amaños académicos se cernían sobre la universidad, Calhoun (entre enfermedades y sanciones) estaba ya casi más fuera que dentro y el equipo en sí mismo era una jaula de grillos, a mayor gloria y miseria de un sujeto llamado Shabazz Napier. Si el año anterior nos habían encantado los relevos que le daba a Kemba, en éste resultaba pavoroso verle ir por libre tirándose lo suyo y lo de los demás. El equipo soy yo parecía decir, y el equipo que era él, ante la aparente dejación de funciones por parte de Calhoun, se encaminó paulatinamente hacia el desastre. Sólo fue el principio. La NCAA confirmó las sanciones que ya se venían barruntando desde tiempo atrás, la más importante de las cuales fue castigarles sin postre o lo que viene a ser lo mismo, que aún por bien que lo hicieran durante toda la temporada regular 2012/2013 no les sería permitido disputar el Torneo Final. Calhoun acabó por fin de irse y además no se fue solo, ante semejante panorama hubo unos cuantos pesos pesados del vestuario que no se recataron en pedir también el transfer. De repente el equipo era un solar. Sin futuro, casi sin presente, sin más clavo ardiendo al que agarrarse que un jugón egocéntrico y una panda de colegas desestructurados… ¿quién demonios querría lidiar con semejante situación?

ollieNBAQuiso Kevin Ollie. Sabíamos que había jugado también en los Huskies en sus años mozos, le habíamos conocido luego ejerciendo labores de intendencia en no sé cuántas franquicias NBA (resulta casi más fácil enumerar los equipos en que no jugó que aquellos en los que jugó), finalmente tras retirarse encontró cobijo a la vera de Calhoun en su alma máter… hasta ahora. Ante situaciones desesperadas, medidas desesperadas. Le ofrecieron el cargo y lo aceptó, probablemente muchos fans de Connecticut pensaran que era una locura darle las llaves del reino a un tipo con tan escaso bagaje como técnico, probablemente muchos amigos de Ollie pensaran que era otra locura meterse en un marrón de semejante calibre… Unos y otros se equivocaron de medio a medio, afortunadamente. Ya ese primer año de Ollie fue estupendo, no tendrían derecho al Madness pero nadie les podría quitar el derecho a jugar bien y a ser competitivos y a fe que lo fueron, de principio a fin. De repente los Huskies volvían a parecer un equipo, de repente incluso Napier pareció haber encontrado el punto exacto de equilibrio entre su felicidad y la de sus compañeros, el ser por fin capaz de ayudar a su equipo (o de no ser contraproducente, al menos) sin tener que renunciar por ello a su espontaneidad y su frescura. Todo eran buenas noticias en UConn pero claro (siempre hay un pero claro), al fin y al cabo era un año sin presión, cuando llegue la 2013/2014 y se tengan que jugar las habichuelas de cara al Madness ya veremos lo que pasa…

Pues pasó que hicieron un año sumamente irregular, con grandísimas victorias como esa (tan cacareada ya) ante Florida pero también con derrotas impropias de su condición, pongamos por ejemplo ante Houston o ante la SMU de Larry Brown (dos veces) en esa nueva American Athletic Conference. Pasó que subieron y bajaron, que entraron y salieron del Top25 y que finalmente lograron meterse en el Torneo Final (lo cual está muy bien) pero con un seed 7 que casi les convertía de inmediato en carne de cañón. Nadie dio un duro por ellos más allá del campus de Storrs, pero hete aquí que Shabazz y sus amigos (su alma gemela Boatright, el termómetro DeAndre Daniels, el alemán Giffey, el repescado del JuCo Kromah o el descomunal freshman ghanés Brimah pongamos por caso) tenían otros planes: de entrada ganaron con muchísimas dificultades a esa St. Joseph’s que venía de campeonar en su Conferencia y seguidamente se cepillaron a la mismísima Villanova, uno de los gallitos de esta temporada desde la nueva Big East. Claro está que con el atrevimiento que nos caracteriza todos nos lanzamos a interpretar dicho resultado en base a los deméritos de Villanova y no a los méritos de UConn, así que Ollie y sus chicos nos hubieron de dar un par de veces más (y de qué manera) en las narices, nada menos que ante Iowa State y ante la favoritísima (para casi todo dios) Michigan State. Hoy son ya Final Four y el resto es historia, y creo yo (aunque no tenga datos al respecto) que no habrá por ahí muchos entrenadores que puedan presumir (como presume ya Kevin Ollie, y a mucha honra) de haberlo logrado en su primera oportunidad. ¿Carne de cañón? Pues qué quiere que le diga, yo no volvería a pensar en ellos en esos términos, más que nada porque no tienen nada que perder. Y nadie es más peligroso que Shabazz Napier cuando no tiene nada que perder.

WISCONSIN

Tiene cara de pardillo, de pringao como si dijéramos. Ese típico crío patoso y bonachón al que le dirían que no las chicas cuando las invitara al baile, ese al que le quitarían el bocata en los recreos, le meterían porquería en la taquilla y le pondrían la chincheta en el asiento cuando fuera a sentarse. O no, vaya usted a saber. Las apariencias engañan, vaya que si engañan. Si hubo hace muchos años un presidente del gobierno que a la hora de nombrar ministros del interior valoraba que tuvieran cara de represor, igualmente hubo un entrenador que a la hora de buscar pívots valoraba que tuvieran cara de intimidador. La mirada del tigre, ya saben. Frank Kaminski no es ya que no tenga cara de intimidador ni mirada de tigre sino que por no tener ni siquiera tiene pinta de haber roto jamás un plato en su vida, muchos se quedarían sólo en eso pero Bo Ryan supo ver aún más allá. Bo Ryan no dudó en reclutarle aún a pesar de que no parecía responder en absoluto al típico patrón germánico y cabezacuadrada de tantos otros Badgers de antaño (Leuer, Bruesewitz, Berggren, Krabbenhoft, Nankivil, Butch…), Bo Ryan llamó a filas a aquel escuálido sietepiés quizá porque supo ver que más allá de su frágil apariencia había mucho baloncesto en su interior. En sus dos primeras temporadas en Madison no pasó de ser un jugador más, uno cualquiera, esos promedios de apenas 4 puntos y 2 rebotes no hacían presagiar grandes cosas pero se ve que el talento permanecía ahí agazapado esperando sólo el momento adecuado para aparecer. Apareció por fin en esta 2013/2014 y fue como si hubiera pasado de la nada al todo de un día para otro, si de noviembre a febrero ya nos maravilló lo que ha hecho en marzo roza casi lo paranormal: envidiables movimientos de espaldas, talento igualmente para atacar de cara, buena mano desde donde sea (de tres, incluso), rebotes a espuertas, buenos pases desde el poste, defensa insospechada, carácter en los momentos decisivos y sobre todo esa lectura del juego, ese tomar siempre la decisión más adecuada para ocasión. El verdadero MVP de lo que llevamos de Madness, no les quepa la menor duda.

Pueden estar seguros, el cénter arizónico Kaleb Tarczewski ya no podrá olvidar jamás en lo que le quede de vida a Frank Kaminski [En este Torneo Final tuvimos (que yo recuerde) un Tarczewski, dos Kaminskis, un Bachynski y un Karnowski… de los que sólo este último es polaco, por cierto].Tarzewski no podrá olvidar a Kaminski como Arizona entera no podrá ya olvidar a estos Badgers que se les presentaron casi a las puertas de su casa (Annaheim, California) para levantarles a la chica y llevársela al huerto, es decir a la Final Four (ruego me disculpen si la metáfora no les parece adecuada). ¿Que cómo lo hicieron? Pues utilizando una estrategia muy vieja, muy gastada, que cada vez está menos de moda pero no por ello resulta menos efectiva: jugando muy bien (qué digo muy bien, extraordinariamente bien) al baloncesto. En este mismo Torneo hemos visto unas cuantas universidades pequeñas que interpretan maravillosamente bien este juego (pequeño detalle que a igualdad de calidad es el que te permite marcar diferencias), pero entre las universidades (digamos) grandes no creo que haya ninguna otra que lo interprete como lo hace Wisconsin. Kaminski podrá ser medio equipo (literalmente, a veces) pero de ninguna manera me dejen de lado al otro medio: Decker, Gasser, Traevon Jackson y el tirador Brust más la interesante aportación desde el banquillo del prometedor freshman Hayes y el alero (con nombre de dieta) Dukan. Acaso la mayor concentración de talento que haya tenido jamás entre manos Bo Ryan, un talento que no le impide seguir siendo una de las mejores defensas de la nación pero que le permite además regalarse desacostumbradas alegrías en ataque: ya no necesitan tirarse necesariamente treinta segundos por jugada moviendo la bola hasta encontrar finalmente ese resquicio por el que clavársela al rival, ya su calidad les permite intentar cosas que antes no intentaban o jugarse (y hasta meter) tiros que antes ni por asomo se jugaban. Y hasta correr, cuando se les presenta la ocasión. No les voy a engañar, si buscan un baloncesto trepidante y vertiginoso Wisconsin no es (o no tiene por qué ser) su equipo; pero si buscan un baloncesto bien jugado y que explote como ningún otro las debilidades del contrario difícilmente encontrarán otro equipo que les satisfaga tanto como Wisconsin.

ryanSagerTras acabar esa Final Regional ante Arizona vimos a un Bo Ryan visiblemente emocionado, con voz rota y que apenas podía contener las lágrimas ante el micrófono de Craig Sager (y no, esta vez no se trataba de la lógica reacción ocular ante el deslumbramiento producido por los estrafalarios trajes que acostumbra a lucir el susodicho). Emoción plenamente justificada porque sólo Bo Ryan sabe lo que le ha costado llegar hasta aquí, la de generaciones que han pasado por sus manos durante todos estos años, las veces que lo ha rondado y las que se ha quedado literalmente a las puertas… Clasificarse para la Final Four es un fin en sí mismo, es incluso un título (el de campeones regionales) en sí mismo, pero puede ser también un principio, el principio de algo mucho más grande todavía: Wisconsin casi es novata en estas lides, miren que en esta Final Four tendremos tres equipos que fueron campeones ayer como quien dice mientras que en cambio los Badgers no llegaban tan arriba desde el 2000, cuando aún les entrenaba Dick Bennett (padre del actual técnico de Virginia Tony Bennett), cuando aún Bo Ryan se ganaba la vida en la vecina Wisconsin-Milwaukee. Es así, Wisconsin tiene menos experiencia en estas lides que los demás pero tiene tanto baloncesto como el que más, si no más (valgan las redundancias). Sólo hará falta que se lo crean.

KENTUCKY

Miren que se lo vengo diciendo, que este año perdí unas cuantas oportunidades de permanecer callado. Esta vez fue en diciembre, cuando me despaché a gusto sobre aquel Gabinete Calipari de mis pecados: dos obviedades, que les falta experiencia y que un equipo acostumbra a ser mucho más que la mera suma de sus miembros. El talento lo tienen, la cohesión (aún por secundaria que a su técnico le parezca) tendrá que llegar también tarde o temprano. (…) qué duda cabe de que volverán a estar entre los favoritos… pero eso, a estar entre, no a ser, no sé si captan la sutil diferencia: hoy ya nadie apuesta que esta Big Blue Nation vaya a llevarse necesariamente el gato al agua… lo cual tampoco significa que no pueda llevárselo a poco que se lo proponga. Mimbres tienen para ello, más que nadie. Ya otra cosa será que acaben de hacer el cesto… Todo eso y más escribí yo en diciembre sin reparar precisamente en ese pequeño detalle de que aún estábamos en diciembre. En este juego (y no digamos ya en esta competición, y no digamos ya si además tienes un equipo casi enteramente nuevo y plagado de chavales recién salidos del insti) las realidades de noviembre o diciembre muy poco tienen que ver con las de marzo, menos aún con las de abril para aquellos privilegiados que aún pueden darse el gusto de seguir jugando en abril. Como estos Wildcats, precisamente.

Al final Calipari hizo el cesto, y como los mimbres son buenos pues resulta que el cesto no puede tener mejor pinta. Los mimbres no hace falta que se los presente porque ya se los conocerán de sobra, pero como el saber no ocupa lugar (y menos en Internet) permítanme que les recuerde que el principal se llama Julius Randle, portento físico adobado con nada desdeñables virtudes técnicas, cuatro de libro que rebotea que es un primor y cuya mera fuerza centrífuga (amén de su habilidad en los reversos) hace que los rivales vayan cayéndose a su paso cual bolos al paso de la bola. Un monstruo que debería salir revalorizadísimo hacia el draft (aún más si cabe) por méritos propios pero también por deméritos ajenos, los de Wiggins mayormente. Y a su alrededor pues ya saben, sus egregios compañeros de promoción, el alero James Young y esos gemelos Harrison que parecen mejores cada día que pasa, Andrew cada vez mejor director de juego y más agresivo de cara al aro rival, Aaron cada vez mejor tirador y más clutch, más decisivo en esos momentos en que a otros les tiembla el pulso, pregúntenselo a los Wolverines si les queda alguna duda. El quinteto titular lo completa el quinto freshman (no recuerdo otro caso igual desde aquellos Fab 5 del 92) Dakari Johnson, por méritos propios (cada día que pasa tiene mejor pinta este cénter) pero también por deméritos y achaques varios de Willie Cauley-Stein (pedazo de examen tendrá que pasar mi amigo Kaminski ante este tremendo juego interior). Y no me perdonaría acabar el párrafo sin hacer siquiera una mínima mención a un actor secundario al que hubo de recurrir Calipari cuando los problemas le crecieron por dentro: se llama Marcus Lee, es también freshman (para variar), apenas había jugado en todo el año pero de no haber sido por su portentosa demostración ante Michigan (10 puntos y 8 rebotes -7 de ellos ofensivos- en apenas 15 minutos) hoy los Wildcats no estarían en Final Four. Así de sencillo.

Ya les conté muchas veces que si no ganaron la Final de la Southeastern a Florida fue sólo porque Young tuvo la fatalidad de resbalarse en la jugada clave, algo que por sí solo debería haberme bastado para revalorizar a Kentucky pero que yo en cambio interpreté al revés, minusvalorando a Florida en particular y a la SEC en general, ya me vale. Mal de muchos consuelo de tontos, el Comité de Selección (o como se llame) de la NCAA hizo lo propio y colocó a los Wildcats en el seed 8 de la Región de la Muerte, para empezar cárgate a Kansas State y luego ponte en el trance de tener que cepillarte a la invicta (y aún más revalorizada ahora si cabe, visto el éxito de su rival) Wichita State, aquel milímetro que faltó para que entrara el triple de VanVleet bien pudo cambiar la historia. Luego tendrás que acabar también con tu eterno rival Louisville y ni tiempo tendrás siquiera de recrearte viendo a Pitino sobre la lona porque a la vuelta de la esquina te esperarán Stauskas y sus Wolverines, acaba con todos, métete en Final Four y a ver quién demonios se atreve ahora a no darte como favorito para todo lo que te queda por delante, tan sólo mirando a lo que ya dejaste por detrás. Que nadie tiene unos mimbres como los de Kentucky ya lo sabíamos, ahora sabemos también que finalmente Calipari hizo el cesto, y qué cesto. Que sea además el mejor cesto aún está por demostrar.

Pues ya está, presentada queda la Final Four, por una vez no me dirán que se lo he puesto difícil, cuatro universidades cada una con el mero nombre de su respectivo estado, sin apellidos ni State ni otros palabros raros, sin aditivos ni conservantes ni colorantes, más fácil no puede ser. Ahora bien, ¿qué va a pasar? Buena pregunta (que es lo que se suele contestar cuando no se tiene clara la respuesta). Con el corazón me encantaría una final Connecticut-Wisconsin pero con la cabeza mucho me temo que tendremos una final Florida-Kentucky, una reedición corregida y aumentada de la pasada Final de la SEC. De todos modos creo que en los renglones precedentes ya les he dejado pruebas más que abundantes de mis portentosas habilidades como pronosticador, así que casi mejor no me lo tengan en cuenta…

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)

CRÓNICAS DE MARZO (II)   2 comments

Habemus bracket, ergo como cada año por estas fechas toca que les ponga la cabeza mala con los emparejamientos del bracket. Avisados quedan…

SOUTH

march-madness-bracket-south-region-2014

Florida es el indiscutible número 1 de la nación, Florida ha ganado sobradamente su conferencia (así la temporada regular como el Torneo, of course), Florida lleva sin perder desde que allá por primeros de diciembre (éramos más jóvenes) ese prodigioso incordio llamado Shabazz Napier le clavó aquel triple sobre la bocina que tan felices hizo a las buenas gentes de Connecticut. Florida es el principal favorito de esta edición sin favoritos (o con demasiados favoritos), qué duda cabe… pero yo no sería yo si no tocara un poco (sólo un poco) las narices al respecto. Florida se ha beneficiado de una conferencia como la SEC que pasa por ser grande pero que anda un poco sobrevalorada en estos últimos tiempos (opinión muy personal que no tienen por qué compartir, faltaría más); ganó en casa y fuera, ganó a todos los que se encontró pero también lo pasó mal por el camino, vean si no la final de Conferencia disputada este pasado domingo, llegó a tener a Kentucky 15 abajo y al final caminó sobre el alambre, si en la última jugada no se llega a resbalar el Wildcat James Young vaya usted a saber de qué estaríamos hablando ahora. Equipo muy completo, muy veterano, muy profundo pero que a mí con todo y con eso me deja alguna duda, qué le vamos a hacer.

Dando por supuesto que pasarán con la gorra la ronda de 64, el primer marrón lo encontrarán cuando les toque enfrentarse al ganador del 8 vs 9, Búfalos vs Tigres, Colorado vs Pittsburgh. Particularmente me gustaría que fueran los Buffaloes, equipo al que da gloria ver jugar y que no sólo se ha sobrepuesto a la lesión para toda la temporada de su estrella exterior Dinwiddie sino que incluso ha hecho un dignísimo papel. En cambio los Tigers tienden a aburrirme soberanamente, lo cual no quita para que reconozca una vez más el inmenso mérito de Jamie Dixon y de un equipo que fue de más a menos  en su estreno en la ACC pero que ahora parece estar acabando bien la temporada. Ojo con ellos.

El siguiente posible marrón de Florida (o de quien sea) también tendrá historia porque saldrá del cuarteto VCU-SFA, UCLA-Tulsa (será por siglas). VCU es la Virginia-Commonwealth de Shaka Smart, a la que le han dado un número 5 que a priori parece un chollo y en la práctica es un regalo envenenado porque se enfrentará a Stephen F. Austin (12), los Lumberjacks (¿?), universidad modesta donde las haya pero que lleva sin perder desde noviembre, segunda mejor racha tras (obviamente) Wichita St. Quien sobreviva se enfrentará al ganador del UCLA-Tulsa, que en condiciones normales deberían ser los Bruins de Alford, del maravilloso Kyle Anderson (debilidad absoluta) y del portentoso freshman Zach LaVine. Pero fíese usted de las condiciones normales. No sería la primera vez que los Golden Hurricanes de Tulsa la lían en el Torneo (en cierta ocasión hasta se plantaron en Elite 8, lo que lanzó a la fama a su entonces técnico Bill Self), sí que lo sería en cambio para su debutante entrenador de este año, un sujeto que llevaba ya unas cuantas temporadas de asistente en Kansas y que responde al afamado nombre de Danny Manning, Terciopelo Azul como si dijéramos. Pongámonos todos en pie.

Precisamente Kansas es la número 2 de esta Región Sur, es decir la que si todo fuera normal debería disputarle la final regional a Florida. No teman, no les pondré otra vez la cabeza mala con Wiggins, Embiid (que lleva un tiempo sin jugar, un tanto achacoso de la espalda anda la criatura), Selden y demás familia pero sí les contaré que en estas últimas semanas vienen flojeando un poco sin que la baja del camerunés deba servirles como coartada. Ganarán a Eastern Kentucky (otra cosa sería una catástrofe) y luego se las verán con el vencedor del New México-Stanford, a los Cardinals les tengo poco vistos (fallo imperdonable) pero no así a los Lobos de Albuquerque, equipazo que me encanta éste de Nuevo México, por nada del mundo me pierdan de vista al imponente base Kendall Cucamonga Williams (no es insulto sino localidad de nacimiento, Rancho Cucamonga, California) ni a ese alero australiano con pinta de surfero que responde al bello nombre de Cameron Bairstow.

Y quedaría hablarles (y sé que me va a costar) del número 3 de esta Región, o sea Syracuse. ¿Qué les cuento yo de mis Orange que no les haya contado ya? Que hasta mediados de febrero pareció que se iban a comer el mundo y desde entonces no se comen ni una mandarina (muy apropiado), que van de mal en peor (como demostraron durante el Torneo de la ACC cayendo ante North Carolina St.), que a estas alturas ya sólo el rutilante freshman Ennis aguanta a duras penas el tirón. Y que si ganan a Western Michigan (no lo demos por hecho en las actuales circunstancias) se las verán contra Ohio State o contra Dayton, que debería ser Ohio State pero vaya usted a saber, que los Buckeyes (con todo su Aaron Craft o su Laquinton Ross) también saben muy bien lo que es ir de más a menos. En este rincón del cuadro (en casi todos, en realidad) puede pasar cualquier cosa.

WEST

march-madness-west-region-bracket-2014

Decir Región Oeste es decir Wildcats de Arizona, es hablar de otra de las grandes sensaciones de la temporada. A Sean Miller de alguna manera le vino dios a ver cuando al fin pudo utilizar a T.J. McConnell, transfer desde la modesta Universidad de Duquesne que no sé cómo sería en su anterior destino pero que aquí sencillamente se ha salido. Con él Miller encuentra al base puro que nunca tuvo estos últimos años, con él Nick Johnson puede liberarse de las tareas de creación para entregarse a las de anotación, con él el juego de estos Wildcats adquiere mucho más sentido. Con él y con el freshman Aaron Gordon, un jugador con el que yo era muy escéptico antes de comenzar la temporada porque me parecía el típico saltimbanqui, uno de esos que juegan como si se hubieran tragado un muelle… o no, porque en el momento en que entró en el engranaje de Arizona pudimos comprobar que además había un buen jugador detrás. Súmenle la apreciable mejora del enorme Kaleb Tarzewski (enorme en sentido literal, es decir, exclusivamente físico, tampoco nos volvamos locos) y réstenle al alero Brandon Ashley que en un momento dado se lesionó para toda la temporada, un contratiempo que a cualquier otro le habría hundido en la miseria pero que los Wildcats superaron elegantemente gracias a sus sexta y séptima piezas, el base tirador Gabe York y sobre todo el freshman chico-para-todo Rondae Hollis-Jefferson, que no es ya que haga de todo sino que todo lo que hace lo hace francamente bien, valgan todas las redundancias. Tan favoritos como el que más estos Arizona Babies.

Estos Arizona Babies (también llamados Wildcats) se desharán sin despeinarse de Weber State y luego se las verán con el ganador del Gonzaga (8)-Oklahoma State (9). Palabras mayores gane quien gane, así sean los tremendos Zags de Pangos y David Stockton (y de Bell Jr, Dower o el cada vez más enorme pívot polaco Karnowski) o los no menos tremendos Cowboys del ínclito Marcus Smart y sus amigos, que cuando tienen una buena tarde (y últimamente las están teniendo) son muy capaces de ganar y de paso desquiciar a cualquiera. Quizá el mejor partido (o al menos uno de los mejores) de esa 2ª ronda, en mi opinión.

A quien sobreviva de todo este lío, Arizona o el que sea, le esperará el que se salga con la suya en el cuarteto contiguo, que debería estar entre Oklahoma (¿imaginan un derby entre Cowboys y Sooners en Sweet Sixteen?) y San Diego State. Con ligera ventaja para estos últimos, que un año más han hecho un temporadón de la mano de ese tan veterano como incombustible técnico llamado Steve Fisher, ese mismo que ya ganaba campeonatos en la Michigan de los ochenta y ponía un poco de orden en los desbocados Fab Five de los noventa. Un grande, y un equipo estos Aztecas que a sus órdenes llevan ya unos cuantos años de esplendor.

Al otro lado del cuadro la principal amenaza se llama Wisconsin, ya saben, los Badgers, la habitual tela de araña de Bo Ryan… pero no nos quedemos sólo en eso porque este año sin perder un ápice de su eficacia defensiva se han dado también alguna que otra alegría en ataque, ya no son necesariamente ese equipo que agota una y otra vez las posesiones, ayuda a ello el tener tíos de tanto talento como Traevon Jackson, Decker, Gasser o el sorprendente pívot Frank Kaminski, viéndole la cara jamás imaginarías que llevara tanto baloncesto en su interior. Wisconsin se deshará sin problemas (digo yo) de la modesta American y afrontará luego un cruce envenenado frente al ganador del Oregon-BYU, sin duda otro de los enfrentamientos más atractivos de 2ª (ex 1ª) ronda. Los Patos oregonianos han tenido un año mucho más irregular de lo que cabía esperar (aquella sanción a Artis por venderle a sus compañeros el material deportivo que le facilita la universidad evidentemente no les ayudó en absoluto) pero han renacido de sus cenizas y tienen baloncesto más que de sobra para darle un disgusto a cualquiera. Como lo tiene por supuesto Brigham Young, la universidad mormona por antonomasia, el reino del gran Tyler Haws o del sorprendente pívot freshman Eric Mika. Partidazo.

Y aún quedaría completar el cuadro con Creighton, la casa de los McDermott como si dijéramos, apenas he podido verles este año (la nueva Big East vendió su alma televisiva a la Fox y ello hace que sea casi imposible encontrar partidos en Internet) y bien que lo siento, en cambio el año pasado debí verles como docena y media de veces y sé bien lo que pueden dar de sí todos ellos en general y ese incomparable Doug McDermott (¿jugador del año?) en particular. Un equipo que me cae francamente bien ya desde los tiempos en que los entrenaba Dana Altman (hoy en Oregon) y su estrella era Kyle Korver, por lo que me encantaría que todo les saliera a pedir de boca, que se deshicieran sin más trámite de Louisiana-Lafayette (probable) y luego sobrevivieran también al cruce frente al ganador del Baylor-Nebraska, que también es posible pero ya va a estar un poco más difícil. Baylor me suele decepcionar casi en la misma medida en que suele hacerlo su presunta estrella Isaiah Austin, siempre me parece que tiene equipo de sobra para no ser tan irregular como acaba siendo. No obstante han acabado bien, han alcanzado la Final de la Big12 y se la han peleado a Iowa State que es tanto como decir que pueden liársela a cualquiera. Por ejemplo a Nebraska que vendría a ser todo lo contrario, nadie contaba con ellos en la Big10 y han hecho un año inimaginable a priori para mayor gloria de su recién estrenado técnico Tim Miles. Otro de tantos partidos imprescindibles.

MIDWEST

midwest

Los números por sí solos difícilmente puedan explicar la prodigiosa temporada de Wichita State pero aún así resulta inevitable recurrir a ellos, recordar por ejemplo que los Shockers aún prolongaron la racha durante el Torneo de su Conferencia, recordar que llegan finalmente a este momento de la temporada con ese inmaculado 34-0 que no tiene precedentes en la historia. Y que hacía 23 años que un equipo no llegaba invicto al Torneo Final (1991, aquella Nevada-Las Vegas que luego fue Final Four), y que hace ya 38 años (Indiana, 1976) que un equipo no prorroga aún más esa racha para acabar proclamándose campeón invicto. Ese será el reto al que se enfrentarán desde hoy estos Shockers, que siempre supimos que no tendrían un camino de rosas pero tampoco imaginamos jamás que fueran a tener tantas espinas, tres de los últimos cuatro campeones y el actual subcampeón en el horizonte, ahí es nada. Pero vayamos por partes…

Dando por supuesto que superarán sin problemas su primera ronda (que ahora se llama segunda ronda, recuerden) el primer marrón de consideración lo encontrarán en el cruce siguiente, frente al ganador del Kentucky-Kansas State. Que podrían ser perfectamente los Wildcats de Kansas State, equipo renacido de sus cenizas de la mano de Bruce Weber y que cuenta además con un freshman que sencillamente me entusiasma, Marcus Foster;  pero que es más que probable que sean los Wildcats de Kentucky, ya saben, el mismo Gabinete Calipari de siempre pero esta vez con Randle, Young, los gemelos Harrison y demás familia, quién nos lo iba a decir, si hace unos meses nos hubieran contado que Wichita St. estaría en el número 1 y Kentucky en el 8 no nos lo habríamos creído, es más, habríamos pensado que era el mundo al revés. Kentucky fue casi unánime favorita antes de comenzar la competición pero luego la cruda realidad de la vida fue poniendo las cosas en su sitio: inexperiencia, falta de cohesión, lo normal en un equipo lleno de imberbes yogurines como éste… hasta ahora. Porque ahora ya no son tan inexpertos ni están tan descoordinados, justo ahora están empezando a funcionar, que se lo pregunten a unos Gators de Florida que aún no se habrán quitado el susto del cuerpo y todavía estarán pensando en qué habría sido de ellos si no llega a resbalarse Young. Si yo fuera Kansas State y/o Wichita State no estaría nada tranquilo, en absoluto.

Pero es que lo siguiente podría ser el vigente campeón Louisville (¿imaginan un derby de Kentucky en Sweet Sixteen?), ahí es nada la pomada. Si alguien pensó que por perder a Siva, Dieng o Behanan (este último a mitad de temporada, y no por haberse hecho profesional sino por su mala cabeza) estos Cardinals serían menos competitivos es que no conoce suficientemente a Rick Pitino. Jones, Hancock o Van Treese apuntalan un equipo con dos patas básicas, a saber, el siempre alucinante Russ Smith (un inmenso chorro de talento generalmente muy mal administrado, ya saben) y el prodigioso ala-pívot sophomore Montrezl Harrell, para mí una de las grandes sensaciones de la temporada, un jugador que poco tiene que envidiar a (por ejemplo) Julius Randle y del que sin embargo se habla (repito, en mi opinión) mucho menos de lo que merecería. La primera piedra (y no pequeña) en el camino de Louisville será Manhattan, esos Jaspers de Steve Masiello que tras ganar brillantemente a sus vecinos de IONA se proclamaron flamantes campeones de la MAAC. Llegan muy de vez en cuando estos Jaspers al Torneo pero suelen dejar huella, así lo hicieron hace ya casi veinte años con nuestro Jerónimo Bucero y hace ya casi diez con el dominicano Luis Flores (sí, aquel mismo Luis Flores del Trío Los Panchos estudiantil), así pueden hacerlo este año con tíos como Michael Alvarado o Emmy Andújar por ejemplo, ponga un hispano (o mejor dos) en su vida. Quien gane se las verá previsiblemente con Saint Louis… o no, porque éste a su vez tendrá que haber ganado al superviviente de uno de esos duelos aislados de lo que ahora llaman primera ronda y yo preferiría llamar ronda previa, North Carolina State-Xavier, partidazo ya para empezar.

Al otro lado del cuadro baste decir que Michigan es el número 2 y Duke el 3, a ver si no son éstos motivos más que suficientes (junto con los de antes) como para que a las buenas gentes de Wichita les tiemblen las piernas.Captura de pantalla 2014-01-27 a las 18.14.14 Empecemos por los Wolverines, que creyeron que se les venía el mundo encima cuando se les lesionó para toda la temporada su fuerza interior Mitch McGary (que ahí anda el hombre agitando toallas y mostrando carteles motivacionales a falta de mejor suerte) pero Beilein tuvo claro aquello de que lo que no te mata te hace más fuerte y predicó con el ejemplo: Burke será historia pero Stauskas es puro presente, y qué presente, cada día que pasa es mejor jugador esta criatura; súmenle a LeVert, a Glenn Robinson III y al renacido pívot Jordan Morgan y ahí están los resultados, desde luego muy por encima de las expectativas que había generado este equipo. Eso sí, para que estos Wolverines lleguen a medirse con Duke en sweet sixteen tendrán antes que haber dado buena cuenta de Wofford y luego medirse al ganador del Texas-Arizona State, otras dos muy gratas sorpresas. Los Longhorns parecían estar en año de transición pero han causado sensación de la mano (sobre todo) de su emergente base freshman Isaiah Taylor; y los Sun Devils han respondido con creces a las esperanzas que generaban su eléctrico base sophomore Jahii Carson y su fornido pívot canadiense Jordan Bachynski. Bonito cruce.

Y cómo no, Duke, quizá uno de los mejores juegos exteriores de la nación, quizá uno de los más endebles juegos interiores hasta que Krzyzewski decidió hacer de la necesidad virtud: optimizó a Amile Jefferson, recurrió por fin a Marshall Plumlee (que no estará al nivel de sus dos hermanos mayores, pero que siempre ha respondido cuando se le ha necesitado) y acercó más al aro a esa maravilla disfrazada de jugador de baloncesto llamada Jabari Parker, mi particular número 1 del draft si no fuera por Embiid. No serán los mejores Blue Devils de la historia pero vuelven a aspirar a casi todo como casi todos los años. Eso sí, en el camino se las verán con Mercer y luego o bien con Massachusetts (me encanta su base Chaz Williams) o bien con el ganador de la ronda previa (o sea, primera ronda) entre Tennessee (me encanta su pívot Jarnell Stokes) y Iowa, una pena estos Hawkeyes que andan también en caída libre estas últimas semanas pero que vaya usted a saber si en llegando al Torneo no les diera a los Marble, Gesell y cía por recuperar su espléndido baloncesto anterior. Ojalá.

EAST

march-madness-east-region-bracket-2014

Y si ya epataban los números de Wichita State no epatan menos los de Virginia, esos Cavaliers que no ganaban la temporada regular de la ACC desde hace 33 años (o sea, desde 1981) y no ganaban el Torneo de Conferencia desde hace la friolera de 38 años (o sea, desde 1976). TEMPORADÓN con mayúsculas el de estos chicos de Tony Bennett, esos maravillosos Harris, Brogdon, Tobey, Mitchell y demás familia… que sin embargo no habrían sido números 1 de esta Región de no haberse producido las derrotas postreras de Villanova, Kansas, Michigan o incluso Duke (ante la propia Virginia) en sus respectivas conferencias. Bien está lo que bien acaba, este seed 1 podrá haber sido el último en ser adjudicado pero no por ello es menos justo.

Tras ganar (démoslo por hecho) a los Chanticleers (¿?) de Coastal Carolina los Cavaliers se las verán con el ganador del Memphis-George Washington. No he podido ver a los Colonials (y bien que lo siento) pero sí unas cuantas veces a los Tigers del histriónico Josh Pastner y de Joe Jackson, Geron Johnson y Michael Dixon, veterano y muy físico juego exterior con calidad de sobra para liársela a cualquiera. Ese hipotético Virginia-Memphis podría ser un tremendo duelo táctico, quien lo gane sentirá poco menos que una liberación… y sin embargo su calvario no habrá hecho más que empezar ya que a la vuelta de la esquina bien podría esperarle Cincinnati o aún peor, nada menos que Michigan State.

Ningún sénior sin Final Four, he ahí el lema virtual de Izzo durante todos estos años, casi ya desde finales del pasado siglo. Ningún sénior sin Final Four, así fue durante casi todo este tiempo pero ahora corre cierto riesgo de que deje de serlo, de que tíos como Appling o Payne se le gradúen sin haber disfrutado de la experiencia. Para impedirlo (y para hacer valer su buen momento de forma, también, demostrado durante el reciente Torneo de la Big10) encararán a Delaware y luego probablemente se las verán con los musculitos de Cincinnati (mención especial para Sean Kilpatrick, uno de los jugadores del año sin ninguna duda) o en su defecto con los cerebritos de Harvard, una vez más brillantes campeones de la no menos brillante (en términos académicos) Ivy League. Un camino difícil porque a estas alturas ya no hay caminos fáciles, pero que tampoco parece el peor que les podría haber tocado, en absoluto. Izzo y sus Spartans tienen el legítimo derecho de volver a soñar.

Con permiso sobre todo del número 2 que llegará por el otro lado del cuadro, y que se llama Villanova. Habré de confesar aunque me avergüence que no he visto en todo el año a Villanova, no porque no haya querido sino porque no he podido, por lo que antes les conté de la católica Big East vendiendo su alma a la Fox. Poco más puedo aportar que lo que antes supe de ellos, que sigue entrenándoles (muy bien por cierto) el Clooney de los banquillos Jay Wright, que en la dirección en cancha seguirá ese frágil base de extraño apellido que nos cautivó en su año freshman, Ryan Arcidiacono (pronúnciese Archidiácono). Y que habrían sido número 1 con todas las de la ley (en detrimento precisamente de Virginia) de no haber caído prematuramente en el Torneo de su Conferencia ante Seton Hall.

Villanova deberá ahora deshacerse sin excesivos problemas de Wisconsin-Milwaukee y luego encarar al ganador del Connecticut-St. Joseph’s. Que en condiciones normales deberían ser los Huskies de Kevin Ollie y de ese espíritu libre llamado Shabazz Napier, pero que no descarten tampoco a los sorprendentes chicos de St. Joe’s. En el hipotético caso de que dieran la campanada (como ya la dieron en su conferencia cargándose en la Final contra todo pronóstico a VCU) hasta podríamos encontrarnos un Villanova-St. Joe’s, un insospechado derby de Philadelphia en la 3ª ronda del Torneo. Esperemos acontecimientos.

Y quedaría hablarles de otro de los equipos que más me han cautivado esta temporada, los Cyclones de Iowa State, de Fred Hoiberg y del afamado trío Kane-Ejim-Niang. Van con el número 3 lo que les hará verse de entrada con la desconocida (para mí al menos) North Carolina Central y luego ya con North Carolina (pero ésta ya no Central sino la de verdad, la de toda la vida) o Providence. Los Tar Heels han sido con diferencia el equipo más desconcertante de la temporada, el que un día te perdía con Belmont o UAB y al siguiente te ganaba a Michigan State o Kentucky pongamos por caso, el que una noche atacaba como los ángeles y a la siguiente defendía como el culo, con perdón. Marcus Paige es un fuera de serie, Tokoto, Bryce Johnson o McDonald hacen un gran trabajo, Britt y Meeks apuntan grandes cosas, van tan sobrados de talento que son perfectamente capaces de vencer a cualquiera… o de perder contra cualquiera, también. Con Providence por ejemplo, esos Friars que se llevaron contra todo pronóstico el Torneo de la (nueva) Big East ganándose de paso el billete para el baile, esos Friars que por desgracia tampoco pude ver en todo el año, lo de su Conferencia vendiendo el alma a la Fox, ya saben…

Si han llegado ustedes hasta aquí (cosa que dudo) sin duda merecen un premio, por ejemplo contarles que en apenas una semana (con permiso de la autoridad, y si el tiempo no lo impide) estará en sus pantallas la siguiente entrega, que en un alarde de originalidad llevará por título Crónicas de Marzo (III). Entre tanto denle una oportunidad a este maravilloso baloncesto universitario y a esta aún más maravillosa locura de marzo, háganme ese favor…

(publicado originalmente en tirandoafallar.com)

A %d blogueros les gusta esto: