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aproximación al draft   10 comments

Quedan ya muy pocos días para el draft y de un momento a otro las webs especializadas se nos llenarán de completísimas predicciones al respecto, todas ellas perfectamente jerarquizadas del 1 al 10, al 30 ó al 60 dependiendo del nivel de conocimientos y del nivel de esfuerzo del experto en cuestión. No es mi caso. Saben que yo no me considero experto (ni de lejos) sino un mero aficionado, no me baso tanto en conocimientos como en gustos personales y por eso no deberán considerar esto como una predicción sino como una mera aproximación, por supuesto no jerarquizada sino in alphabetical order, de la A a la Z (nunca mejor dicho). Hecha esta salvedad, si aún así tienen a bien acompañarme…

Steven Adams (Pittsburgh): Esperé hasta el último momento que este freshman neozelandés (ya habitual en las selecciones de su país, por cierto) tuviera a bien retirar su nombre del draft y retornara a jugar con los Panthers su temporada sophomore… en vano, obviamente. Desde el punto de vista económico puede ser un acierto (al menos a corto plazo), desde el punto de vista deportivo creo sinceramente que la caga. Pívot tronquete, propenso a las faltas, que mejoraba a su equipo casi cada vez que se sentaba en el banquillo y que de vez en cuando (muy de vez en cuando) dejaba atisbos y esbozos de lo bueno que podría llegar a ser con trabajo, dedicación y minutos. Los que habría tenido en Pittsburgh, los que difícilmente va a tener allá donde vaya. Él sabrá.

Anthony Bennett (UNLV): A este monstruito me lo han comparado repetidas veces con Larry Johnson (espero que recuerden a Larry Johnson) y créanme que la comparación está bien traída, y no sólo por el hecho de que ambos provengan de la misma universidad. Anthony Bennett, canadiense por cierto (vayan acostumbrándose porque últimamente salen a chorros, ya les contaré), es el típico dos por dos casi literal, el típico al que la primera vez que le ves piensas que le faltan centímetros de alto (para jugar dentro, entiéndase) y le sobran de ancho. Esa primera vez que le ves (que debió ser el Nike Hoop Summit, o el McDonald’s All American) piensas que tiene unas condiciones físicas impresionantes pero te quedas ahí y no vas más allá, y sin embargo luego pasa el verano, luego te lo vuelves a encontrar en el baloncesto ya más organizado de los Running Rebels y entonces vas y exclamas ¡¡¡cáspita!!! (en realidad exclamas otra cosa, que no reproduciré), ¡pero si este tío sabe jugar, y cómo…! Unos fundamentos muy por encima de la media, una muñeca aceptable, un primer paso demoledor. No le he visto tanto como debería y por ello les ruego que no me lo tengan muy en cuenta, pero creo que apunta esbozos como para pensar que (con trabajo y paciencia, que aún le falta mucho) puede llegar a ser un gran jugador. No necesariamente un Larry Johnson (que eso ya son palabras mayores) pero sí un gran jugador.

Trey Burke (Michigan): Allá por el lejano diciembre, cuando les hablé de los Wolverines, ya expresé aquí mismo mi estupefacción ante el hecho de que este tío, siendo como era (casi) sin discusión alguna el mejor base de toda la competición universitaria, apenas figurase alrededor del puesto 20 (y eso en el mejor de los casos) en las previsiones pre-draft. Claro está, no hay mal que cien años dure y éste apenas duró tres meses, los que tardaron los pronosticadores en entrar en razón. Hoy ya a nadie se le ocurriría situarle más allá del puesto 10 y son muchos los que le ubican en el top 3 ó top 5. Eso sí, para que abrieran los ojos hizo falta que Burke pusiera sobre la mesa unas cuantas exhibiciones, que se echara el equipo a la espalda en el Torneo Final y lo llevara hasta la mismísima Final Nacional dejando por el camino actuaciones tan inolvidables como aquella de la Semifinal Regional ante Kansas. Burke pasó de ser considerado unánimemente el mejor base de la nación a ser considerado unánimemente el mejor jugador (de cualquier puesto) de la nación (a nivel universitario, entiéndase), de tal manera que hoy ya nadie pone los prejuicios físicos por encima de su talento, hoy la franquicia que le escoja tendrá claro que se estará llevando no sé si a una estrella (tampoco lo descarten) pero sí a un base titular de garantías para muchos, muchos años. Al tiempo.

Michael Carter-Williams (Syracuse): Por alguna misteriosa razón tiendo a ser más crítico con mis jugadores (con los jugadores de mis equipos, entiéndase) que con los demás, y quizá esa sea la causa de que no acabe de entusiasmarme con alguien como MCW que debería ser mi chico favorito. Y miren que reúne buena parte de las cualidades que se pueden pedir a un base: largos brazos, buenas piernas, mejor manejo de balón, pase correcto, adecuada lectura del juego, magníficos fundamentos técnicos, en transición y/o penetración es sencillamente imparable, su tiro es manifiestamente mejorable pero seguro que lo mejorará en cuanto se lo proponga… ¿Y entonces? Entonces me preocupa su proceso de toma de decisiones, tanto más cuanto más crujientes sean los minutos en que tenga que tomarlas. Que le he visto aturullarse demasiadas veces en los momentos decisivos, vamos. Lo cual tampoco tiene por qué ser demasiado grave: porque no deja de ser un pecado de juventud (que se cura con el tiempo), porque la tensión de cada partido NCAA poco tiene que ver con la existencia rutinaria de la temporada regular NBA (luego los playoffs ya son otra historia, claro) y porque me imagino que su destino a corto plazo será ejercer de base suplente allá donde caiga; años tendrá por delante para irse poco a poco acostumbrando a asumir la responsabilidad.

Shane Larkin (Miami): Una de las sensaciones de la temporada, un base al que me sorprende no ver aún más arriba en los pronósticos (no le dan más acá del 14) porque tiene un perfil muy enebeable (por decirlo así): base más anotador que director (lo cual no quiere decir que desdeñe esta última faceta), buenísima mano, aún mejores piernas, tremendo penetrador (suena feo esto), estupendo pasador y además con buen criterio a la hora de tomar decisiones gracias entre otras cosas a haber estado a las órdenes de un magnífico maestro como Jim Larrañaga. Y con cierto perfil mediático además ya que es hijo del hall of famer beisbolístico Barry Larkin, si usted es amante de dicho deporte sabrá quién es, desgraciadamente no es mi caso. Lo dicho, creo que tiene un amplio recorrido por delante en NBA, ya veremos si (como tantas otras veces) me equivoco.

Alex Len (Maryland): A día de hoy, para mi gusto, el mejor pívot de este draft. Lo cual no es decir mucho porque en este draft no hay shaquilles ni olajuwones ni de lejos, pero sí es bastante en estos tiempos que corren. Repito, a día de hoy, no vaya a ser que dentro de unos años tengamos a Noel convertido en megaestrella, no les digo yo que no (aunque lo dude) pero créanme que hoy por hoy el de Kentucky (aún sano) no le llega al de Maryland ni a la suela del zapato (ligera exageración). Repito también, para mi gusto… que no debe ser tan raro porque resulta que el ucraniano ha subido como la espuma en estas últimas semanas, de hecho hay mocks (qué palabras tan extrañas utilizamos a veces) que ya apuntan a él como número 1… supongo que más que nada porque los Cavs andan buscando un cénter y no acaban de fiarse de Noel. Si le escogen no habrán encontrado una estrella (pero es que de ésas no hay en este draft) pero sí habrán hecho una buena elección, ténganlo por seguro.

C.J. McCollum (Lehigh): McCollum entró de lleno en nuestras vidas y en nuestros corazones allá por el Torneo Final de 2012, llevando a la modestísima Lehigh a cargarse contra todo pronóstico a la archifavorita Duke con todo su Coach K y su Austin Rivers y sus Plumlee y demás familia. En aquel partido y en el siguiente McCollum se nos presentó como un base jugón maravilloso, un auténtico líder además. Y ya está, y no me pidan más porque eso fue en marzo de 2012, en la temporada 2012/2013 no le he visto ni una sola vez, que no es que sea Lehigh de las universidades más televisadas precisamente… aunque muy mal no le habrá ido si le listan tan arriba. Sea como fuere, ver a un base sénior (rara avis) de una universidad tan pequeña en puestos de lotería me parece una magnífica noticia. Seguro que el equipo que lo escoja no se va a equivocar.

Ben McLemore (Kansas): Me deja frío, no les voy a engañar. Es decir, reconozco que es un escolta de calidad excelsa al que apenas se le aprecian defectos evidentes, reconozco que aún siendo freshman fue con diferencia el mejor jugador de Kansas (lo cual tampoco es decir mucho, que el amigo Self hizo milagros con lo poco que tenía entre manos), reconozco que su comienzo de temporada fue sencillamente demoledor… y que luego muy poquito a poco fue yendo a menos, que empezó pareciendo la octava maravilla del universo y acabó pareciendo (casi) un jugador más. No sé, será que me acostumbré a él o será que le miro con malos ojos o será que en el fondo me parece uno de tantos, muy bueno pero muy parecido a tantos otros que también son muy buenos y que luego en NBA acaban convertidos en jugadores del montón. No sé lo que será pero lo cierto es que me deja frío, qué le vamos a hacer. No me lo tengan en cuenta.

Shabazz Muhammad (UCLA): hace algunos meses lo definí como LeBroncito. Una especie de sucedáneo del original, un Lebron de garrafón pero eso sí, manifiestamente mejorable todavía. Para la cosa de la mejorabilidad quizá no le habría venido mal tirarse un año a la vera de Alford para complementar el que se tiró a la vera de Howland, pero en vez de eso la criatura ha decidido dar el salto al draft, probablemente lo tuviera decidido ya desde bastante antes de su azarosa llegada a UCLA. En el pecado llevará la penitencia: hace un verano muchos le daban como número 1 de este draft y pocos le situaban más allá del puesto 3. Hoy en cambio casi nadie le da más acá del puesto 10.

Nerlens Noel (Kentucky): Si no hubiera sucedido lo que sucedió el pasado 12 de febrero en el encuentro ante Florida no les quepa la menor duda de que Noel (pronúnciese Nouel) sería el más que probable número 1 de este draft. Lo sería gracias a sus presuntos 6,10 pies de altura (no sé si le midieron con o sin tupé) y 7,3 de envergadura (lo que viene siendo en metros como 2,08 y 2,20, respectivamente), lo sería gracias a su físico perfectamente coordinado y su movilidad extrema, lo sería no tanto por lo que es como por lo que parece que puede llegar a ser. En ataque a día de hoy se limita a ejercer de pichichi y machacar lo que le ponen o lo que se pone él solo a partir de rebote ofensivo, no le pidan más porque hoy por hoy no sabe hacer más (o si lo sabe lo disimula); eso sí, sus posibilidades son inmensas, de que se aplique más o menos dependerá que se acabe convirtiendo en un Olajuwon de la vida (demasiado optimismo parece) o que se quede en poco menos que un Howard (en flaco) de la vida. Eso sí, donde no ofrece dudas es en defensa, una garantía en el rebote y una verdadera máquina a la hora de taponar… Todo lo cual, como les decía, caducó el pasado 12 de febrero. Ese día se dejó un ligamento al bies, cómo vuelva tras su recuperación es una incógnita (incógnita sería aún estando sano, así que estando así ya ni les cuento…). Algunos aún siguen apostando por él como número 1 del draft, yo creo que caerá bastante más atrás.

Victor Oladipo (Indiana): En la temporada 2011/2012 ya nos demostró bien a las claras que era un portento físico y un prodigio de intensidad. En la temporada 2012/2013 siguió demostrando (aún más si cabe) ambas cosas pero también una tercera: su enorme capacidad de mejora. Ya no era sólo el saltimbanqui desatado que un día conocimos, ya lucía también una coordinación de movimientos que jamás le habríamos sospechado, un progreso envidiable en el tiro y una imponente presencia defensiva que le hacía ser el designado por Crean para encimar al principal jugador rival así éste fuera alero o base, tipos tan solventes como Burke o Carter-Williams pueden dar buena fe de ello. La franquicia que lo elija escogerá a un valor seguro, si bien no me atrevo a imaginarle como estrella sino como machaka, ya saben, el típico especialista defensivo indesmayable que solemos encontrar en cualquier quinteto NBA que se precie. Machaka ilustrado si así lo quieren, machaka con un cierto nivel de calidad si así lo prefieren pero machaka al fin y al cabo. Nada más (y nada menos) que eso.

Kelly Olynyk (Gonzaga): Otro presunto integrante de esa selección canadiense para (pongamos) los Juegos de 2020 a la que intentaré dedicar un post próximamente (permanezcan atentos a sus pantallas). De la temporada 2011/2012 a la 2012/2013 Kelly Olynyk dejó crecer su pelo y vio también crecer exponencialmente su juego (una especie de Sansón a la inversa), sin que me conste que haya relación causa efecto entre ambos crecimientos. La franquicia que le escoja no tendrá una estrella (ni de coña) pero se asegurará un ala-pívot honesto y trabajador, que curra bien dentro y tiene una mano bastante aceptable desde fuera. No es poco.

Otto Porter (Georgetown): El mejor all-around-player que he visto jamás, la frase no es mía (que jamás me atrevería yo a tanto) sino de alguien que le sufrió desde el banquillo de enfrente, el mítico Jim Boeheim. Un tanto hiperbólico el insigne coach de Syracuse, me temo, pero ustedes cogen la idea. No estoy seguro de que sea para tanto pero sí creo firmemente que libra por libra es el jugador más completo de este draft, el típico jugador que es bueno en todo aunque tal vez no sea extraordinario en nada. Si yo tuviera una franquicia en los primeros puestos del draft me tiraría de bruces a por él… y ello a pesar de las reservas que me dejan últimamente los jugadores de Georgetown, que a veces me recuerdan a aquello que dijo cierto abrupto entrenador futbolístico de la cantera de cierto equipo, que según él sólo producía mingafrías. Jugadores que me enamoran técnicamente pero a los que luego en un momento dado parece faltarles ese instinto asesino, ese puntito de agresividad: como Hibbert (aunque se haya redimido sobradamente en estos pasados playoffs), como Monroe, como este Porter. Tantas eliminaciones prematuras de los Hoyas en el Torneo Final, casi siempre ante equipos presuntamente inferiores (culminadas este pasado marzo con su estrepitoso hundimiento ante Florida Gulf Coast) no pueden suceder por casualidad.

Cody Zeller (Indiana): Me acuso: reconozco que se me fue la olla con él, que le puse por las nubes demasiado pronto, que ponderé sus virtudes más allá de sus defectos. Aunque en mi descargo habré de alegar que no fui el único (mal de muchos…), a comienzos de temporada casi todo dios le daba el número 1 del draft y hoy ha caído hasta más allá del 10, y bajando. Su calidad es (a mi juicio) infinitamente superior a la de su rudimentario hermano Tyler, y sin embargo se da la paradoja de que Tyler acabó siendo mucho más eficaz y resolutivo en sus Tar Heels de lo que Cody ha acabado siéndolo en sus Hoosiers. Sobrado de fundamentos, sobrado de centímetros, sobrado de movilidad para (por ejemplo) correr bien la cancha… pero por resumir en una sola palabra sus carencias diría yo que le falta presencia. Presencia para hacerse valer en ataque y que no se le coman los pívots rivales, presencia sobre todo en defensa para que fuera capaz de intimidar un poquito siquiera… Me gustaría que le fuera bien (más que nada porque a los jugadores de clase siempre me gusta que les vaya bien) pero tengo serias dudas. Para mí es una incógnita.

Y hasta aquí. Quizás echen de menos a algún otro jugador, por ejemplo a ese anotador de la Universidad de Georgia que responde al proceloso nombre de Kentavious Caldwell-Pope y que tanto ha subido últimamente en los pronósticos (pero es que sólo le he podido ver en algún vídeo aislado, no le he visto un partido entero y en tales circunstancias no me atrevo a hablarles de él, lo siento). O por ejemplo a aquellos que no provienen de la NCAA, y de los que no voy a hablarles porque a algunos como Gobert o Adetokumbo (o como se llame) no los conozco y a otros como Nogueira o Abrines ya los conocemos todos demasiado, qué les voy a contar que ustedes no sepan ya. Pues eso, que hasta aquí. Y recuerden lo que les dije al principio, es sólo el punto de vista de un aficionado, en caso de cagada les agradeceré que no me lo tengan demasiado en cuenta…

esto es Indiana   1 comment

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 23 de diciembre de 2012)

Sábado 15 de diciembre. A las 14:00 horas, hora local, comienza un derby más, uno de tantos como pueblan la NCAA en estos dos primeros meses de Non-conference. ¿Un derby más, dije? Mentira. Mentira porque allí jamás utilizarían la palabra derby, eso es cosa nuestra, vicios futboleros de este viejo continente. Pero mentira también, sobre todo, porque un derby del Estado de Indiana nunca puede ser un derby más. Y eso que no es el único, de hecho en esos mismos días se disputará también un Notre Dame-Purdue, pero sí es sin duda el más especial: de un lado los Hoosiers de Indiana, universidad grande con un montón de historia a sus espaldas, venida a menos en estos últimos tiempos y que este año por fin parece estar en disposición de recuperar su antiguo esplendor; del otro los Bulldogs de Butler, universidad pequeña con mucha menos historia (en términos de baloncesto) a sus espaldas pero que lleva ahora unas cuantas temporadas realmente extraordinarias. Escenario de lujo, Fieldhouse de Indianápolis, territorio más o menos neutral: los Hossiers son más pero vienen de más lejos, concretamente de Bloomington; los Bulldogs son menos pero viven en la propia Indianapolis por lo que el chou les queda casi al lado de casa. Todo preparado, ambiente de gala, Hoosiers de blanco, Bulldogs de azul marino (casi negro), cheerleaders en sus puestos, vamos allá.

Indiana llega invicta, indiscutible número 1 de la nación, presta y dispuesta a hacer valer su fondo de armario: el freshman Kevin Yogi Ferrell (no confundir con aquel otro Yogui nuestro) parte y reparte desde el base, a su lado Jordan Hulls las enchufa de fuera en cuanto le dejan (y aunque no le dejen), Victor Oladipo salta y brinca (como si se hubiera tragado un muelle, oigan) y corre y vuela y contagia su energía al conjunto, Christian Watford sienta cátedra desde el cuatro (abierto) y Cody Zeller (de los Zeller de toda la vida) es la joya de la corona, el cénter que todo equipo universitario (y alguno de NBA) quisiera tener. Desde el banco emerge Sheehey en plan pegamento, emerge muy puntualmente Maurice Creek, emerge Abell (pronúnciese éibol) y emerge otro freshman que responde al bello nombre de Hanner Mosquera-Perea y al que hasta ahora no habíamos visto el pelo no porque no lo tuviera sino porque estaba sometido a una de esas investigaciones que de vez en cuando hace la NCAA, no fuera a ser que alguien algún día le pagara las chuches. La suma de todo ello nos da un equipo que mantiene a los aficionados de Bloomington en perpetua efervescencia, al fin y al cabo no se han visto en otra desde que fueron campeones hace ya un cuarto de siglo todavía a la vera de Bobby Knight, vale que hace diez años fueran finalistas pero aquello no tuvo nada que ver, aquello no se lo esperaban ni ellos mismos, este año en cambio están que se salen, este año sí

Pues tal vez (y ojalá que así fuera), pero la travesía será larga y dura y las sorpresas pueden aparecer cuando menos te lo esperas. Hoy mismo (es decir, aquel 15 de diciembre), por ejemplo: desde el primer momento manda Indiana pero desde ese mismo primer momento transmite la sensación de que no está tan cómoda como le gustaría. Nada que ver con el anterior partido que les vi, en su mágico feudo de Bloomington ante los Tar Heels de North Carolina: aquel día ganaron por aplastamiento con un juego vertiginoso e hipnótico que puso casi en trance a sus rivales, a sus buenas gentes del Assembly Hall e incluso a quienes lo vimos en el ordenador casi un día después. Hoy no, hoy juegan bien pero no acaban de jugar a su manera, no acaban de poner su ritmo. Hoy está enfrente Butler, la modesta Butler, la tela de araña de Butler. El baloncesto como siempre pensamos que debía ser jugado, que es una frase que siempre se me viene a la cabeza cuando escribo sobre Butler. Por algo será.

Butler podrá gustar más o menos, podrán salirle las cosas mejor o peor pero siempre hace lo correcto. Butler, tras aquella horripilante final de 2011 (recordemos, perdieron 53-41 ante UConn) fue denostadísima, linchada casi en la plaza pública por todos aquellos que sólo acostumbran a ver un partido de baloncesto universitario al año. Echaron pestes del baloncesto de Butler como si fuera el Limoges de los noventa, como si fuera un anatema que hubiera que combatir sin reparar en que Butler era mucho más (y mucho mejor) que aquella escopeta de feria. Butler siempre hace las cosas con proverbial inteligencia, Butler mueve y mueve hasta encontrar una buena posición de tiro (ya otra historia es que luego entren o no, como en aquella aciaga final) lo cual a menudo implica posesiones largas pero no necesariamente,  también a veces tiran a los diez segundos cuando se presenta la ocasión como tampoco renuncian a un buen contraataque desde una buena defensa. Pero claro, denostar es fácil, a nadie pareció importarle que aquel equipo de Butler fuera acaso peor que el que ya desde su inmensa modestia había alcanzado la final de 2010, nadie pareció tener tampoco la más mínima curiosidad por ver cómo habían llegado hasta allí, cómo (por ejemplo) habían eliminado en tercera ronda a Pittsburgh un par de semanas antes en uno de los finales más emocionantes que se recuerdan. Ya está, la etiqueta puesta, anatemizamos a Butler y ya de paso a toda la NCAA (qué daño hizo aquella final, con lo bueno que había sido todo lo anterior), no vaya a ser que se resienta nuestra NBA. En fin.

Les decía yo (antes de irme del tema) que Indiana no estaba a gusto y el mejor reflejo de ello fuera tal vez un Cody Zeller sacado permanentemente de punto y de posición por los jugadores interiores de Butler, tipos como Andrew Smith y Roosevelt Jones más Erik Fromm (que tiene nombre de legendario psicoanalista, por cierto) desde el banquillo, que ni de coña llegarán en un futuro a lo que llegue Zeller ni ganarán la centésima parte del dinero que éste gane pero que saben perfectamente cómo buscarle las cosquillas: con intensidad, con colocación, también con la impagable ayuda del magnífico alero Khyle Marshall. Claro está, tal exceso lo pagarán en faltas, llegarán cargadísimos a los últimos minutos y el gran Brad Stevens (principal “”””culpable””””, con infinitas comillas, de todo lo bueno que dije de Butler en el párrafo anterior) habrá de hacer orfebrería fina para mantener vivo hasta el final su juego interior. Pero entretanto llega ese final Indiana sigue ganando, viviendo de las asistencias de Ferrell (que no puede correr tanto como le gustaría), de la muñeca de Hulls y Sheehey y (sobre todo) de la explosividad de Oladipo robando balones y atacando el aro como si se lo fuera a comer, no descarten que algún día se lo coma incluso literalmente. De hecho en un momento dado le vemos volar por los aires para salvar un balón que se iba fuera, le vemos caer inevitablemente sobre la mesa de anotadores… de pie, cae de pie el tío y ya que estaba allí se pone a correr sobre la mesa como si tal cosa, dos o tres pasos tratando de reequilibrarse pero sin dejar por ello de seguir la jugada para luego ya finalmente apearse y reintegrarse al juego como si no hubiera pasado nada. Un caso el amigo Oladipo.

Y en éstas que nos acercamos a los últimos minutos y vemos que poco a poco, sutilmente, las cosas empiezan a cambiar. Brad Stevens no sabrá quién es Manel Comas ni habrá oído jamás hablar de la táctica del conejo pero créanme que no habrá otro equipo en el mundo que la interprete tan fielmente como estos Bulldogs maestros en el noble arte de ir de tapados, 35 minutos a remolque sin adelantarse ni despegarse para luego a falta de cinco minutos meter otra marcha más cuando el contrario ya no se la espera. Hoy lo volverán a hacer, como ante Syracuse en el Torneo Final de 2010, como tantas otras veces. A falta de ocho minutos y pico ganaba Indiana 57-50, a falta de casi cinco ya gana Butler 59-66. Para explicarlo, quizá nada mejor que presentarles de una vez (que ya tocaba) a la principal estrella de estos Bulldogs…

Rotnei Clarke es sénior pero éste es su primer año en Butler, por contradictorio que en un principio pueda parecer. Rotnei Clarke gastó sus tres primeras temporadas universitarias siendo un anotador de referencia en los Razorbacks de Arkansas pero algo allí debió romperse en el verano de 2011, no sé si la llegada de Mike Anderson pudo tener alguna relación. Solicitó el transfer y pareció que iría a los Sooners de su Oklahoma natal pero finalmente (y contra todo pronóstico) se decantó por Butler, otro éxito más que atribuirle a Brad Stevens. Cumplido su año de red shirt aquí le tenemos ya, y no les voy a mentir si les digo que la primera vez que le vi me provocó sensaciones contradictorias. Buen director, extraordinario tirador y con arrolladora personalidad para jugársela y meterla desde cualquier sitio y en cualquier momento, pongamos por ejemplo sobre la bocina como en aquel partido del Maui Invitational ante Marquette. Pero como que me pareció aquel día que se jugaba demasiados tiros, que no pegaba en Butler un tío tan chupón… Nada que Stevens no pudiera arreglar. Hoy Clarke ya no abusa, hoy Clarke no está especialmente afortunado pero no se tira nada que no deba tirar. Y ojo también a sus cómplices exteriores, con mención especial al freshman Kellen Dunham (otra muñeca prodigiosa), a Alex Barlow (del que volveremos a hablar) y al eterno chico para todo Chase Stigall.

Total, que habíamos dejado a Butler ganando de 7 a poco más de 4 minutos, tónica que se irá manteniendo hasta casi el final. Butler mandando, Indiana resistiendo a duras penas pero aún sin recuperarse de la sorpresa, aún sin entender qué hace por detrás ante la modesta Butler siendo como es el número 1 de la nación. A falta de 35 segundos Butler gana de 5 y la suerte parece echada. Sólo lo parece. Una bandeja de Ferrell, un robo y posterior canasta de Oladipo y a 23 segundos para el final Butler ya sólo gana de 1. Dos tiros libres después, Butler otra vez 3 arriba, la bola para Yogi Ferrell que andaba pesaroso tras una absurda pérdida pocos segundos antes, pero que con un descaro impropio de su condición de freshman no sólo se rehace sino que en vez de pasarla decide esta vez levantarse y (por supuesto) la clava. Quedan aún 6 segundos pero el triple postrero de Barlow ya no va a cambiar nada. Empate a 76. Prórroga. Quién nos lo iba a decir.

Quién se lo iba a decir a Butler, sobre todo, tras haber tenido la victoria en la punta de los dedos y haberla dejado escapar. Los Bulldogs entran en la prórroga como derrotados mientras los Hoosiers lo hacen literalmente eufóricos tras haber levantado un partido que apenas unos instantes antes jamás pensaron que pudieran levantar. Todos sabemos que en estas circunstancias el factor psicológico es clave, y por si aún nos quedaba alguna duda nos bastará con ver cómo empiezan a desarrollarse los acontecimientos: Indiana por delante, Indiana 4 arriba a falta de minuto y medio para el final, Butler parece estar muerto…

No estaba muerto (estaba de parranda), que Brad Stevens no entiende de factores psicológicos o acaso sí, pero precisamente para contrarrestarlos: triple de Clarke, robo y triple de Barlow y a falta de 50 segundos Butler gana otra vez de 2, Butler es de esos equipos a los que nunca terminas de ganar. Posesión para Indiana, Hulls falla, salvan el rebote, nueva posesión, finalmente Zeller empata a falta de 19 segundos. Podemos relamernos pensando en otra prórroga pero 19 segundos en manos de Butler son muchos segundos. Balón a Barlow que no encontrando pase decide irse hacia el aro, se lleva puesto a Hulls, finalmente se para, se inventa un reverso y se saca un tirito bombeado a apenas dos metros del aro. Absolutely unbelievable, exclaman los comentaristas de la CBS todavía alucinados tras ver deslizarse finalmente ese balón por el aro. Quedan aún dos segundos pero el intento desesperado de Hulls desde media pista ya no va a ninguna parte, 86-88, entre los Bulldogs se desata la locura, de entre los Hoosiers aún veremos escaparse alguna lágrima. Acaban de perder su imbatibilidad, acaban de perder su preciado número 1 de la nación y lo que probablemente más les duela, acaban de perder un partido que en ese Estado es mucho más que un partido, un partido que creyeron ganado ante un rival con el que jamás pensaron que pudieran perder.

Y es entonces, tras haber disfrutado de este PARTIDAZO con mayúsculas, uno de esos que harían afición incluso entre aquellos que jamás oyeron hablar de NCAA, es justo entonces cuando una vez más se nos viene a la cabeza aquella frase que un día inventaron (supongo) los Pacers como mero reclamo publicitario pero que es mucho más cierta que la mayoría de los reclamos publicitarios. ¿Recuerdan? En los otros 49 estados es sólo baloncesto, pero esto, señores… Esto es Indiana. Ojalá nunca deje de serlo.

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