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IMÁGENES REFRESCANTES   1 comment

En tiempos era una práctica habitual, no sé si hoy seguirá siéndolo porque ya casi no veo noticiarios televisivos, con Internet tengo más que suficiente. En tiempos te sentabas a ver el telediario veraniego y tras tragarte la habitual ristra de catástrofes, escándalos, disturbios, sucesos y conflictos varios el comunicador (suplente) de turno ponía su mejor cara de felicidad y te soltaba aquello de …y hoy, para acabar nuestro informativo, les dejamos con unas imágenes refrescantes. Y en tu televisor se iban sucediendo esculturales cuerpos practicando esquí náutico, intrépidos surfistas cabalgando sobre las olas, gráciles veleros surcando la mar serena mientras tú, ahí bien recocido en tu sofá a tus cuarenta y tantos grados centígrados, sin aire (ni acondicionado ni sin acondicionar) ni ventilador ni vacaciones, te acordabas de la madre que parió al comunicador, al director, al realizador y al surfista incluso, ya puestos. Nunca hubo nada menos refrescante que unas imágenes refrescantes, ni aún por muy sugestivas que éstas fueran. De hecho en mi caso siempre produjeron el efecto contrario, si bien habré de reconocer que los exabruptos que soltaba al verlas sí acababan dejándome una extraña sensación de liberación. Quizá fuera eso lo que pretendieran…

Y sin embargo aquí me tienen, intentando provocarles ese mismo efecto… sólo que en términos estrictamente baloncestísticos, no vayan a pensar. No teman, no abundaré en la serie de catastróficas desdichas que aflige a la ACB en estos días, no abundaré porque ya las conocen de sobra, porque ya se las hemos contado en este mismo lugar y por no amargarles (aún más si cabe) la vida. Pero a cambio les ofreceré mis particulares imágenes refrescantes, casi las únicas que ofrece en estos días nuestra atribulada competición. No hará falta que les recuerde que cada vez hay menos dinero para desembolsar, que cada vez llegan americanos de menos postín y tronío, que los que vienen pesan mucho menos que los que se van… pero no hay mal que por bien no venga, dicen. Antes los fichábamos curtidos en mil batallas europeas, ahora los fichamos casi recién salidos del cascarón universitario, lo cual, para alguien que se pasa los inviernos enteros pegado a la NCAA como es mi caso, no deja de ser un plus. Así que esas van a ser mis particulares imágenes refrescantes, si buscaban esculturales cuerpos en traje de baño me temo que no acudieron al lugar adecuado. Eso sí, a cambio les presentaré (in alphabetical order) a seis sujetos casi recién salidos de fábrica y que llegan con la loable misión de refrescar (en la medida de lo posible) nuestra endogámica, esclerotizada, envejecida y encorsetada Liga ACB. Ojalá lo consigan.

1. Algunos que ya peinamos abundantes canas aún recordamos a su padre. También es verdad que tiene truco, si se hubiera apellidado Smith o Jones probablemente lo habríamos olvidado pero Abromaitis no creo yo que haya muchos en la guía telefónica, en cualquier caso si usted no lo recuerda no se preocupe, más bien alégrese, es una mera cuestión de edad. Aquel Jim Abromaitis se hizo carne y habitó entre nosotros en la temporada 1980/1981, hace la friolera de 35 años ya;abromaitisx-large no diré que dejó una huella imborrable (más allá de su apellido) porque no sería cierto, y eso que no estuvo en un equipo cualquiera sino en el mismísimo Real Madrid de los Corbalán, Brabender, Iturriaga, Rullán, Romay, Prada, You Llorente, Indio Díaz, Randy Meister y demás familia. Era un buen tirador, nada más (y nada menos) que eso. Bastante más que eso (pero también eso) es su hijo, Tim Abromaitis, gracias entre otras cosas a haberse formado en una universidad como Notre Dame en la que no basta con tirar bien sino que además tienes que jugar muy bien al baloncesto. Los Fighting Irish de Mike Brey podrán tener mejores o peores promociones pero mueven siempre el balón como los ángeles y utilizan como nadie los espacios, lo que les convierte en una verdadera delicia de equipo. No por casualidad sus productos acostumbran a ser jugadores muy bien formados, aquí mismo hemos podido comprobarlo hace bien poco con Ben Hansbrough o Luke Harangody (y aprovecho la ocasión para dejarles otro nombre recién graduado, Pat Connaughton, si no cuaja en NBA y tienen mano en ACB tírense en plancha a por él). Abromaitis es otro buen ejemplo, y ello a pesar de que se perdió su último año de elegibilidad por culpa de una rotura del ligamento cruzado anterior que pareció cercenar ya para siempre su carrera profesional. Pero se repuso, se vino a Europa y durante estas tres últimas temporadas (Villeurbanne, Estrasburgo, Braunschweig) no ha hecho sino mejorar. Si a todo esto añadimos su inmejorable currículum académico y su impecable estampa de yerno ideal, el resultado de todo ello nos dará un producto que parece hecho a medida para un proyecto como el de Tenerife, del mismo modo que la propuesta de Alejandro Martínez parece que ni pintada para un jugador como él. Que sea por muchos años.

2. No me pregunten por qué, pero hubo un tiempo en el que a los entrenadores ACB les encantaba fichar mormones. Cualquier jugador recién importado de USA venía siempre rodeado de incertidumbres, cómo será, qué carácter tendrá, cómo se adaptará, etc. Incertidumbres que en tratándose de mormones se reducían contylerhawssiderablemente ya que su adaptabilidad, entrenabilidad, disciplina y entendimiento del juego resultaban estar siempre muy por encima de la media. Ejemplos hubo a patadas (también excepciones, claro), todos los que usted quiera, desde aquel legendario Steve Trumbo hasta los recientes Toolson (todos los Toolson) o Yeisi Carroll. Bien, pues el siguiente a añadir a esta lista se llama Tyler Haws y llega a Santiago de Compostela directamente desde Brigham Young (BYU para los amigos), la universidad mormona por antonomasia. Ahora bien, más allá de sus creencias, más allá de esa cara de asco (mi madre, menos diplomática para estas cosas, diría que parece que estuviera oliendo mierda), más allá de ese aura de superioridad tan yanqui que le caracteriza, sepan bien que estamos ante un anotador compulsivo: un sujeto que ha promediado más de 22 puntos por partido superando así los registros históricos de otros legendarios cougars como Danny Ainge o (mucho más recientemente) Jimmer Fredette. Añádase además que no llega con los típicos 22 años de cada graduado universitario sino con 24, fruto de haber pasado esa particular mili mormona de los dos años de misión, concretamente en Filipinas; añádase también que la criatura nació en Bélgica por esas cosas raras de la vida, lo que supongo que le conferirá la condición de comunitario por si su fichaje no fuera ya suficientemente chollo de por sí. Pensé yo que encontraría hueco en cualquier franquicia NBA, probablemente también lo pensaron en el Obra cuando lo apalabraron, probablemente aún no acaben de creerse que vayan a disfrutar durante todo un año de un jugador así. Eso sí, tampoco le pidan más, tengan claro que en apenas unos meses (y siempre y cuando no le reclamen de USA) seguro que habrá ya unos cuantos grandes de Europa peleándose por sus servicios. Al tiempo.

3. Providence es una fiesta. No me refiero a la capital del estado de Rhode Island (que puede que también lo sea, pero que no tengo el placer de conocer) sino al equipo de baloncesto de su universidad, esos Friars que siempre que los ves te devuelven el precio de la entrada (si lo hubiere), lástima que por jugar en la Big East les veamos mucho menos de lo que nos gustaría. Así fue en 2014 gracias al eléctrico Bryce Cotton (lo último que supe de él es que andaba por los Jazz),henton así ha sido aún más si cabe en 2015 gracias a una fantástica pareja: de un lado el mágico base Kris Dunn, uno de esos jugadores que te entran por los ojos ya desde la primera vez que le ves (y que volverá a Providence en unos meses para completar su año sénior, de lo cual me alegro); y del otro un alero interesantísimo, físicamente muy potente, agresivo en penetración y con muy buena mano, que responde al bello a la par que insospechado nombre de LaDontae Henton (si se están preguntando qué extraña razón lleva a unos padres a ponerle LaDontae a su retoño, habré de confesarles que yo también me lo pregunto). Henton acabó su periplo universitario hace unos meses, no fue drafteado y pensé que se lo rifarían en Europa pero fue pasando el verano y nadie pareció acordarse de él… justo hasta que este pasado fin de semana se ha acordado por fin de él el Baloncesto Sevilla, ese mismo (ex) Caha que en apenas un mes ha pasado de estar casi al borde de la muerte a fichar a todo bicho viviente, apoyo de su entidad financiera propietaria mediante: Bamforth (again), Nachbar (nada menos), Miljenovic (joyita) y ahora este Henton que debería salirles muy bien, aunque el fichaje de una criatura recién salida del cascarón siempre deje alguna duda: cómo procese ese paso del amateurismo al profesionalismo, de Rhode Island a Andalucía e incluso de Ed Cooley a Luis Casimiro; dos pedazo de entrenadores si bien completamente diferentes el uno del otro. Luego acabará como acabe, pero por ahora es una magnífica noticia tenerlo por aquí.

4. Ya he contado alguna vez la historia de aquel primer partido que le vi, que era en realidad el segundo que jugaba en su universidad de Gonzaga. Aquella noche de noviembre de 2011, ante su nuevo público de Spokane, frente a la vecina Washington State, el recién aterrizado Kevin Pangos se marcó la friolera de nueve triples, tal cual, nueve triples uno detrás de otro (claro está, no iban a ser todos a la vez), nueve triples con envidiables porcentajes además, dejando ojipláticos no ya a sus aficionados ni a quienes lo vimos desde la distancia sino incluso a los mismísimos analistas televisivos (que más de una vez se confundieron y le llamaron Pargo, ya que ocupaba jukevin_pangossto el lugar que Jeremy Pargo acababa de dejar). Ni que decir tiene que el canadiense no volvió jamás a repetir una actuación así, pero ello no quita para que durante todos estos años haya seguido jugando a un magnífico nivel. No siempre ejerció de base puro porque a menudo le tocó compartir cancha con un cerebrito como David Stockton (de los Stockton de toda la vida), pero este último año recuperó el mando en plaza y dejó meridianamente claras dos cosas: a) que siempre va a ser un base más anotador que director, y b) que en cualquier caso ha mejorado muchísimo en las labores de dirección. Triunfará en el Granca siempre y cuando sus fieles aficionados tengan paciencia con él (al fin y al cabo es su primer trabajo remunerado como baloncestista profesional), siempre y cuando tengan claro que no van a encontrar en él al sucesor de Tomás Bellas sino a otro estilo de base completamente distinto, casi contrapuesto. Ahora bien, con un maestro en el banquillo como Aíto (extraordinario en la dirección de jóvenes, de toda la vida de dios) y otro en el parquet como Oliver tendrá ya mucho ganado en su proceso de adaptación. Dejemos que Gran Canaria (la isla, la gente, el equipo) se ocupe de todo lo demás.

5. Siempre es un placer ver jugar a Vanderbilt, universidad sita en Nashville, Tennessee. Siempre es un placer ver a los Commodores sobre todo en su casa, en ese incomparable Memorial Gym que no se parece a ningún otro pabellón (que yo haya conocido) sobre la faz de la Tierra, con sus banquillos no en el lateral sino en los fondos, casi al pie de las canastas. Pero más allá de peculiaridades Vanderbilt acostumbra a jugar buen baloncesto gracias a su técnico Kevin Stallings y a interesantes promociones de jugadores,Jeffery_Taylor_Vanderbilt_InsideOnly pongamos por ejemplo aquella de 2012 con el escolta anotador John Jenkins (carne de Liga de Desarrollo durante todos estos años), el pívot fajador nigeriano Festus Ezeli (hoy ya con un anillo en los Warriors) y el alero-chico-para-todo Jeffery Taylor, jugador interesante donde los  haya. Jordan (sí, ESE Jordan) puso sus ojos en él y le escogió para sus Bobcats (hoy ya Hornets) en el 31 del draft (lo que viene siendo el 1º de la segunda ronda), justo un puesto detrás de Ezeli y ocho detrás de Jenkins por cierto. Su elección desató la euforia en las buenas gentes de Charlotte que creyeron (tanto más tras sus magníficas actuaciones en las ligas de verano) haber conseguido un verdadero robo. Bueno, pues no. La realidad como tantas otras veces vino a poner las cosas en su sitio, primero en forma de lesión (aquiles) y luego en forma de sanción por un lamentable episodio de violencia de género que él mismo reconoció y por el que le cayeron 24 partidos. Así las cosas (y tras múltiples idas y venidas a la Liga de Desarrollo) los Hornets acabaron cortándole hace pocos meses. Se le cerraba así la puerta de la NBA pero a cambio se le abría de par en par la de Europa, gracias además al pequeño detalle de que Taylor es sueco; no sueco de conveniencia sino sueco sueco, sueco de pura cepa, nacido en Norrköping mientras su padre estuvo jugando allí. De hecho ha defendido ya la camiseta de su selección, de hecho hasta participó en el Eurobasket 2013 con notable éxito de crítica y público. Dicen que le ha fichado el Real Madrid para sustituir a KC Rivers (que la cosa de los pasaportes la tiene algo más revuelta, por lo visto), de hecho todos los medios lo dieron por hecho hace un par de meses aunque yo a día de hoy no he sido capaz de encontrar confirmación alguna al respecto, bien porque las cosas de palacio van despacio o bien porque soy así de torpe y no habré sabido dónde buscar. Sea como fuere (y dando por supuesto que finalmente llegue a la casa blanca) que nadie espere un clon de Rivers porque su posición podrá ser similar pero su juego es muy distinto: más defensa, más físico, menos tiro que su antecesor. Y más carácter, también. Esperemos que mezcle bien con un equipo tan hecho como este Madrid.

6. En los cinco casos anteriores les he vendido optimismo a raudales pero no se me vengan arriba, no todo ha de ser jijí jajá, me temo que con éste que viene ahora voy a bajar un poco (bastante) el listón. Señoras, señores, les presento a los gemelos Wear, Travis y David Wear, dos gotas de agua como no podía ser de otra manera, dos esbeltos yogurines a los que imaginamos intercambiándose exámenes y castigos sin que sus profesores se dieran cuenta cumpliendo así con la mística asociada a su condición.DavidWearTravisWear Juntos llegaron a North Carolina, juntos decidieron cambiar de aires y emigrar a la soleada California en busca de mejor fortuna, juntos aterrizaron en UCLA, juntos se graduaron cumpliendo casi en la cancha ese mismo papel intercambiable que les imaginábamos en las aulas. Las diferencias (más allá de que el uno llevaba el 12 y el otro el 24) eran sólo de matiz: Travis, a menudo titular, era más completo, algo (sólo algo) más interior, algo menos alérgico a las zonas; David, por lo general suplente, era aún menos fajador si cabe, prototípico cuatro abierto (y decir cuatro es decir mucho) con buena mano y pare usted de contar. Acabada la carrera se separaron finalmente sus destinos, la adultez es lo que tiene: Travis fue a parar a los Knicks para confirmar el hecho evidente de que allí ya juega cualquiera (de hecho recientemente han fichado a Sasha Vujacic, por si nos quedara todavía alguna duda), David en cambio hubo de buscarse la vida (como tantos otros) en la D-League. Supongo que habrán sido sus números en esa competición y (sobre todo) en la pasada Liga de Verano los que han llevado al Fuenla a contratarle, algo que como ya habrán deducido a partir de todo lo anterior no me hace especial ilusión; fíjense que hasta me preguntaron en Twitter si mejoraba a Daniel Clark (comparación odiosa donde las haya) y respondí que para mí no, en absoluto. Dicho lo cual, si yo fuera aficionado fuenlabreño tampoco me preocuparía demasiado al respecto. Primero porque acaso mi recuerdo sea exagerado, porque puede que haya progresado mucho desde entonces. Segundo porque no soy de fiar, no soy un experto sino un mero aficionado cuyo atrevimiento va en paralelo a su ignorancia. Y tercero (y principal) porque bastante tienen ahora mismo con preocuparse sobre si saldrán en ACB como para preocuparse de con qué jugadores saldrán (en su caso) en ACB.

Y hasta aquí. Me habría encantado dedicarle también un parrafito a ese magnífico fichaje del Valencia Basket llamado John Shurna (por quien siento especial debilidad desde su etapa en Northwestern) pero en este caso no tendría sentido que yo se lo presentara ya que ustedes lo conocen ya de sobra tras su etapa en Badalona. Como me habría encantado dedicarle unos parrafillos al flamante fichaje de la Penya Ousmane Drame (Quinnipiac) y al no menos flamante obradoirista Alec Brown (Wisconsin Green-Bay), pero si lo hiciera les estaría vendiendo la moto (aún más si cabe) dado que apenas pude ver jugar a sus respectivas universidades (y bien que lo siento) como para tener formada una opinión. Como me encantaría poder dedicarle algunas líneas a jugadores interesantísimos como Juwan Staten (West Virginia), Askia Booker (Colorado), Jordan Sibert (Dayton), LeBryan Nash (Oklahoma State), Jonathan Holmes (Texas), Emmy Andújar (Manhattan) o Matt Stainbrook (Xavier), me encantaría porque eso significaría que les veríamos por aquí pero por ahora no parece que sea el caso (ni por ningún otro sitio, que yo sepa), por si acaso ahí les dejo sus nombres para lo que gusten mandar. Como me encantaría escribir algo también de tíos como Miljenovic, Vezenkov, Sobin, Vrkic, Musli, McGrath, Caloiaro, Benite, incluso Doncic, Yusta o Rico… pero como dijo aquél, hoy no toca, hoy la cosa iba sólo de denominación de origen NCAA. Además que creo yo que ya está bien, que con seis imágenes refrescantes tienen más que suficiente. No se me vayan a enfriar.

(publicado originalmente en BASKET Y PUNTO)

Donut Team   3 comments

(publicado originalmente en fiebrebaloncesto.com el 8 de febrero de 2013)

Señoras, señores, me van a permitir que aprovechando estos fríos y estas ciclogénesis explosivas (esa cosa que antes acostumbrábamos a llamar temporal, hay que ver qué vulgares éramos), hoy les invite a dar un agradable paseo por las soleadas playas del sur de California. Bueno, no exactamente, tampoco se me vengan arriba tan temprano, en realidad no iremos mucho más allá del campus de la Universidad de California Los Ángeles, esa que ni dios llama así porque todo el mundo la conoce por sus siglas, nosotros las decimos tal cual, ucla, pero los americanos (de USA) que son más finos suelen pronunciarlas de una en una, iu si el ei, así queda mucho más elegante, dónde va a parar. Pues eso, acompáñenme si son tan amables en un recorrido baloncestero por la universidad más laureada de aquella nación, si bien nosotros no nos centraremos en aquel egregio pasado de los Wooden, Alcindor, Walton, Reggie Miller y demás familia (y no por falta de ganas) sino que procuraremos quedarnos lo más cerca posible del presente.

El presente de UCLA es raro, en realidad lleva ya unos cuantos años siéndolo. UCLA emergió de un prolongado ostracismo en 1995, ese año ganó el título de la mano de aquel magnífico entrenador llamado Jim Harrick y aquella no menos magnífica generación de los hermanos O’Bannon, Jiri Zidek, Toby Bailey o el gran Tyus Edney entre otros. Pero resultó que el susodicho coach Harrick además de magnífico era un tanto marrullero en cuestiones de reclutamiento (siguió siéndolo años más tarde en Rhode Island o Georgia), razón por la cual los rectores angelinos decidieron darle puerta antes de la cosa pasara a mayores y recurrieron en su lugar a un Steve Lavin con el que no hicieron sino ir de mal en peor. Así que nueva vuelta de tuerca, cambiamos el glamour y esos aires de playboy por el hormigón armado y veremos cómo en un abrir y cerrar de ojos las cosas vuelven a su ser: dicho y hecho, desde la capital americana del acero, o sea Pittsburgh (más concretamente desde la Universidad de ese mismo nombre), aterrizó Ben Howland, y en apenas un par de años empezaron a apreciarse los frutos de su trabajo: tres Final Four consecutivas, tres, entre 2006 y 2008, eso fue lo bueno, lo malo fue que no rascaron bola en ninguna de las tres. Pero parecían estar en el buen camino, volvía de nuevo la felicidad al Pauley Pavilion… o no. Cuatro años de sequía más tarde aquí tenemos otra vez a estos Bruins intentando renacer de sus cenizas, reinventándose de nuevo a partir de una camada de freshmen que así en principio nada tiene que envidiar a las mejores promociones caliparianas de Kentucky…

Empecemos por el jugador del que van a oír a hablar hasta la náusea, aquel que ocupará ya los primeros puestos del draft en este próximo mes de junio y que muy probablemente llegará ya con el cartel de estrella a allá donde caiga, Shabazz Muhammad, vayan acostumbrándose a ese nombre por la cuenta que les tiene. Para describirlo no se me ocurre nada mejor que utilizar el apelativo cariñoso con que lo he rebautizado y que suelo utilizar cada vez que le veo: Lebroncito. Sí, es ese tipo de jugador, un portento físico (si bien no tan aparatoso como el original, todavía), puro músculo así en brazos como en piernas, que te rompe en penetración (entre otras cosas porque más te vale apartarte si le ves venir de frente) y que si no le concedes la penetración te rompe igual, porque (digámoslo cuanto antes, para no ser injustos en su descripción) resulta que también sabe jugar, y mucho: tiene por ejemplo un más que aceptable tiro exterior. Por tener, tiene también hasta ese puntito de arrogancia tan lebroniano (aunque en éste sería más bien puntazo), vamos que uno se imagina a la comadrona en el paritorio diciéndole a su madre, señora, enhorabuena, ha tenido usted una estrella del basket, mire la pinta de sobrado que tiene, casi mejor póngale a jugar ya

Ahora bien, me pasa como con LeBron y Durant, que admirando profundamente al uno siempre prefiero al otro, pues aquí lo mismo: sin que merme un ápice mi estima por Muhammad, déjenme que les diga que yo me quedo con el otro freshman maravilla, de nombre Kyle Anderson. ¿Cómo les describiría yo a Kyle Anderson? Difícil, porque es un jugador que se sale por completo de lo corriente: para empezar por su aspecto, ese largo cuello, esa frente amplia, ese pelo a lo Punset (a lo Punset joven, entiéndase), esa sensación de fragilidad, ese aire como de poeta romántico del siglo XIX; y para continuar por su juego, que es una auténtica delicia, un verdadero clínic de fundamentos en cada entrada a canasta, en cada dribling. Un clínic impartido además a cámara lenta, tiene esa sinuosidad (¿existirá esta palabra?) de movimientos que hace que casi no sepas si estás viendo el directo o el replay, ya sé que exagero pero espero que me lo consientan. Todavía no he conseguido averiguar si es lento o si sólo lo parece pero lo cierto es que de alguna manera le funciona, de alguna manera los rivales apenas consiguen desentrañar la incógnita. Si hace muchos años se dijo en este país de un afamado futbolista con nombre de buitre que su mejor cualidad era la pausa, algo muy parecido cabría decir de este Kyle Anderson que además (y por si fuera poco todo lo anterior) resulta que hace gala de una gran visión de juego desde sus más de dos metros de atalaya, y que es también (y sobre todo, quizá más que ninguna otra cosa) un extraordinario pasador. Una delicia, ya se lo dije.

Ahora bien, como solía decir un antiguo jefe que tuve, lo que es, es, y lo que no es, no es (sí, era un prodigio de sabiduría). Ben Howland vio esa visión de juego y ese pase y decidió ponerle de base, así ya para empezar desde el primer día. Y fue un desastre. Anderson tiene muchas cualidades pero no tiene aún esa toma de decisiones ni esa lectura del juego ni tantas otras cosas que caracterizan a un buen playmaker (tampoco un tiro exterior medianamente consistente, por cierto), quizá con el tiempo llegue a tenerlas (y ojalá, porque eso aclararía muchísimo su futuro en el siguiente nivel) pero por ahora aún (repito, aún) no es un base, ni de lejos. Así que Howland hizo bueno el proverbio, rectificó muy sabiamente y hoy Anderson ya sólo ejerce de base en los escasos minutos en que descansa el titular, el cual no es otro que Larry Drew II, hijo como su propio nombre indica de Larry Drew I, a día de hoy entrenador de los Hawks de Atlanta. Drew es el prototipo de base aseado, que no te seduce como Anderson (ni tampoco lo pretende) pero sí dirige, distribuye, anota y cumple más que sobradamente con su cometido. Suficiente, por ahora.

Drew llegó hace unos años desde la otra punta del país, desde la mismísima Universidad de North Carolina, será que no se encontró a sí mismo a la vera de Roy Williams. Y no fue el único, de hecho el mismo camino recorrieron los gemelos Wear, Travis y David, que pasan por ser la principal referencia interior de este equipo aunque tienen de interiores lo que yo de monje cisterciense poco más o menos. Aleros disfrazados de pívots por necesidades del guión, dos gotas de agua que podrían perfectamente intercambiarse el uno por el otro, no les digo yo que en los exámenes no lo hagan pero en la cancha chirriaría un poco más, entre otras cosas porque hay sutiles diferencias baloncestísticas entre ambos: Travis es un poco mejor, un poco más interior, también ha estado un poco más lesionado últimamente lo cual obligó a Howland a recurrir a David casi full time, con resultados bastante pobres por cierto. Así las cosas, el quinteto titular lo acaban formando el Wear de turno de (falso) cinco, Muhammad de (no menos falso) cuatro, Anderson de (algo así como) tres, Drew de uno y a su lado ejerciendo de dos otro interesante freshman (y ya van tres), Jordan Adams, mucho menos glamouroso en cualquier caso que los dos anteriores. Puro lujo por fuera, puro vacío por dentro. Equipo dónut, incluso para los estándares NCAA.

Un dónut que no sería tal si no hubiese huido del lugar nada más empezar la temporada el orondo Joshua Smith, que decidió cambiar de aires y llevarse su inmensa humanidad a Georgetown, donde intentará justificar la buena fama de dicho centro en la formación de jugadores interiores a partir de la temporada que viene. No fue el único, también se marchó (prácticamente a la vez) el escolta Tyler Lamb, quizá pensó que con tanto freshmen en su posición era imposible que cupieran todos, no lo sé, sólo sé que a partir de la temporada próxima jugará para Long Beach State. Así las cosas, del banquillo apenas emergen (Wear aparte) el energético Norman Powell, auténtico sexto hombre del equipo, y, cómo no, Tony Parker. Tony Parker que en este caso no es base francés sino pívot norteamericano, auténtica fuerza de la naturaleza, freshman (y ya van cuatro) de imponente planta que parece estar predestinado para llenar por completo el agujero del dónut, de hecho si no lo hace aún (salvo contadísimos minutos) es porque está aún más verde que usted y que yo si nos pusieran en su lugar (ligera exageración). Posibilidades inmensas, sólo espero que no se le ocurra seguir el (mal) ejemplo de tantos otros coetáneos suyos y tirarse en plancha al draft porque en su caso sería para matarlo (deportivamente hablando, entiéndase). Necesita aún mucha, pero mucha formación.

El resultado de todo ello es un equipo muy atractivo de ver, quizá porque Howland haya acabado por entender que con este plantel tampoco puede jugar a otra cosa (no siempre fue así, que aquellos Bruins de mediados de la pasada década se empeñaban demasiadas veces en jugar con el freno de mano echado pese a contar sucesivamente con tipos como Darren Collison, Russell Westbrook, Aaron Afflalo, Kevin Love, Jordan Farmar o Josh Shipp entre otros muchos). Te aseguran la diversión, si además te aseguraran también el resultado ya sería la leche. Empezaron en plan caótico, entre los que no acababan de llegar (a Muhammad le tuvo la NCAA en cuarentena hasta bien entrada la temporada, hasta llegó a darse por hecho que le suspenderían para todo el año, bien pueden dar gracias al cielo de que al final le aclararan) y los que se querían ir aquello debió ser una jaula de grillos, con papelones tan dolorosos como aquella victoria por los pelos y en la prórroga ante la modestísima UC Irvine o aquella derrota ante la no menos modesta Cal Poly, ambas además en su propio feudo del Pauley Pavilion, dos de esos partidos que las grandes programan para ir rodándose y que no esperan perder ni en el peor de sus pesadillas. Con el paso de los meses fueron estabilizándose pero no por ello dejaron de ser un equipo manifiestamente irregular, capaz de en una misma semana perder ante Oregon, ganar con claridad en el feudo de todo un top10 como Arizona y seguidamente caer con todo el equipo en cancha de Arizona State. Y no contentos con ello volver a casa, recibir a sus (muy venidos a menos) vecinos de USC y caer de nuevo estrepitosamente, haciendo gala además (dónut también en eso) de una alarmante ternura defensiva. Es decir, pierden con quien les tocaría ganar (aunque Oregon merecería capítulo aparte a ese respecto, y lo tendrá en breve) y ganan donde les tocaría perder. En llegando al Torneo Final (y siempre y cuando se metan, o les metan, que a este paso no será fácil) tan capaces serán de caer con una universidad que no conozca ni su padre (ni su rector, en este caso) como de meterse en Final Four si les da por pillar la racha buena. Nada de particular, que ya estamos viendo este año que hay mucha más igualdad de lo que parece y que (casi) cualquiera puede ganar a cualquiera; pero en su caso aún más si cabe.

Y no quisiera yo acabar todo este largo tocho sin antes contestar (o intentarlo, al menos) esa pregunta que acaso usted lleve haciéndose desde que empezó a leerlo: ¿y Adrià Gasol? ¿por qué no nos cuenta nada de Adrià Gasol? ¿No se suponía que estaba en UCLA? A ver, estar, lo que se dice estar, está: yendo a clase y haciendo exámenes y trabajos y demás cositas propias de sus estudios de biomedicina, en la mejor tradición familiar. Pero en lo tocante al equipo de baloncesto ni está ni se le espera, por ahora al menos. Es decir, está de walk-on, de oyente como si dijéramos (traducción libre), de estudiante sin beca deportiva con derecho a participar en entrenamientos pero sin posibilidad de jugar todavía. Para más información pueden echarle un ojo (o los dos, incluso) al Gigantes de este mes (sumamente recomendable, y no sólo por este reportaje), en el que se nos dan pelos y señales al respecto: lo bien considerado que está por compañeros y cuerpo técnico, la íntima amistad que le une a Kyle Anderson o la inesperada afirmación de que le encanta el baloncesto y se divierte mucho jugando, todo lo cual me congratula porque no siempre fue así, porque hubo un tiempo en que lo odiaba, no es que lo diga yo (que no soy nadie para decirlo) sino que así se lo escuché una vez a su hermano Pau en una entrevista televisiva con estas mismas palabras, lo odiaba, supongo que es lo que puede pasar si te crías en el seno de una familia en la que no se mama otra cosa que no sea baloncesto a cualquier hora del día. Tiempo al tiempo, en cualquier caso: tan posible es que en apenas unos años Adrià sea una referencia en nuestro deporte como que sea doctor en medicina o como que no sea ni una cosa ni la otra, vaya usted a saber. Será lo que él quiera ser, punto. Así que por ahora casi mejor dejémosle tranquilo, no nos hagamos pajas mentales (yo el primero) y limitémonos a esperar.

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