Archivo para la etiqueta ‘Devin Booker

APROXIMACIÓN (TEMERARIA) AL DRAFT (V – LOS DEL MEDIO)   Leave a comment

Doses, treses, doses y medios, treses y medios, acaso también algún uno y medio al que me cueste ver como base… de todo hay en esta quinta (y penúltima, espero) entrega, todo un genuino cajón de sastre. Y desastre, en lo que a mí respecta. Unos pocos mediocampistas (con perdón) que seguramente no marcarán una época pero a quienes no está de más conocer. Por lo que pueda pasar.

WINSLOW-02Empecemos cómo no por Justise Winslow, de la Universidad de Duke y de los Winslow de toda la vida, para mí será ya siempre el hijo de Rickie por más que en USA Rickie Winslow (aún con su gran carrera en la Universidad de Houston) sea ya sólo el padre de Justise. Justise es el típico jugador que lo mismo cose un huevo que fríe un alfiler, genuino todocampista, de esos que nunca serán una estrella pero que te los llevarías al fin del mundo si pudieras. Muy buen defensor, tremendo penetrador, aguerrido luchador. En los Blue Devils ejercía de tres o incluso de cuatro pero en NBA probablemente le tocará ser un dos, dos y medio a lo sumo; una posición para la que deberá mejorar su relación con las faltas (las que comete, que son demasiadas; y las que le cometen, que no aprovecha en los tiros libres como debiera) y muy especialmente su relación con el aro rival desde la larga distancia, condición sine qua non (signifique eso lo que signifique) para un magnífico proyecto de machaka (ilustrado) como el que nos ocupa. Muy probablemente será 6 ó 7 del draft, muy probablemente será carne de Kings o Nuggets. Nadie construirá un equipo alrededor de él, pero cualquier equipo será mucho mejor con él.

stanley johnsonCasi en la otra punta del país, en Tucson, Arizona, Stanley Johnson viene de hacer prácticamente el mismo viaje que Justise Winslow… sólo que en sentido inverso. Empezó la temporada como presumible número 3 del draft (y hasta el 2 le daban en algún pronóstico) y como favorito indiscutible a Jugador del Año en su conferencia; acabó la temporada rozando a duras penas los puestos de lotería y ya no siendo ni el mejor de su propio equipo siquiera (honor que correspondió al magnífico base sénior T.J. McConnell, a quien dicho sea de paso no encuentro en ninguna lista predraft; si es usted propietario de un equipo europeo ya está tardando en echarle el guante). Stanley dio maravillosamente el pego en un principio pero según fue avanzando el año se le vieron las carencias, que son muchas y variadas. Otro añito en Arizona le habría venido de perlas… o no, porque acaso su flojísimo final de temporada fuese porque en el fondo estaba deseando salir de allí. Él sabrá.

Viajemos ahora (como casi en cada entrega de esta serie) a Kentucky, pero esta vez para hablarles de un jugador realmente especial. Quizá el que menos nos llamara la atención de toda aquella ingente camada de freshmen que desembarcó hace un año en Lexington: liviano, nada sobrado de músculo, rozando a duras penas los dos metros (que no aparenta) y con cierto aire de buen chaval que desentonaba con la pinta de sobraos de muchos de sus compañeros.devin-booker1 Devin Booker (que así se llama el susodicho) fue asignado de entrada al segundo pelotón (white platoon, en la jerga calipariana), pensamos que pasaría desapercibido pero nada más lejos de la realidad, enseguida vimos que estábamos ante un auténtico microondas, un chaval que en cuanto aparecía y afinaba su muñeca podía poner el partido entero del revés. Porque esa es sin lugar a dudas la mejor (pero no única) cualidad de Booker, para mi gusto el mejor tirador exterior puro de este draft (Herzonja y el ex Gator Michael Frazier podrían discutírselo, aunque en el caso de este último no hay color). Y es bien sabido que en esta NBA tan propensa al triple que nos ha tocado vivir el kilo de tirador se paga muy pero que muy bien, razón por la cual Booker con sólo un año de campus tendrá puesto de lotería y un contratazo acorde con dicha posición. En el mejor de los casos podríamos soñar con un Klay Thompson (palabras muy mayores), en el caso intermedio estaríamos ante un Korver o un Redick de la vida, en el peor una especie de Kapono que tampoco es que sea mala cosa. Nunca le pierdan de vista.

Y de Kentucky a Wisconsin para dedicar un parrafillo al gran Sam Dekker, acaso la prueba perfecta de cómo una buena actuación en marzo puede disparar tu carrera profesional en general y tus perspectivas para el draft en particular, hasta el punto de hacerte casi rozar la lotería.Sam-Dekker Que Dekker era bueno lo sabíamos ya de sobra tras sus tres años en los Badgers, que Dekker podía ser grande lo supimos tras una Madness realmente excepcional, en la que se echó el equipo a la espalda y se convirtió en el principal culpable (aún más que Kaminski, incluso) de que Wisconsin se metiera en la Final y se quedara a apenas un paso de alzarse con el título. En NCAA se movía entre el tres y el cuatro abierto, en NBA difícilmente dejará de ser un tres ya que tiene el físico perfecto para ello. Otro de esos tíos que no son extraordinarios en nada pero son buenos en un montón de cosas, a destacar su defensa (como no podría ser de otra manera viniendo de donde viene), su muñeca y su impagable carácter ganador. Quien lo escoja no se va a arrepentir, seguro.

No quiero acabar esta entrega sin mencionar otros dos nombres, otras dos incógnitas, otros dos recorridos divergentes en su camino hacia el draft: Justin Anderson, que se echó sobre sus hombros a los Cavaliers de Virginia durante toda esta temporada (excepto cuando anduvo lesionado, y bien que lo acusó su equipo); interesantísimo cóctel de atleticismo, muñeca, defensa (viniendo de Virginia lo lleva de serie) y actitud, y cuyas perspectivas draftísticas parecen haber mejorado sobremanera en los últimos tiempos gracias a unos magníficos workouts. Y Kelly Oubre, que llegó hace un año a Kansas haciendo muchísimo ruido pero luego lo de las nueces ya fue otro cantar. Su cartel de estrella de poco le sirvió porque así de entrada Bill Self prefirió no darle bola, cuando finalmente se la dio vimos que ahí sí que había jugador suficiente como para sacarle las castañas del fuego… pero tampoco mucho más, por ahora. A día de hoy no deja de ser un mero proyecto (como casi todos, pero aún más en este caso), interesante pero proyecto al fin y al cabo, como bien demuestra su caída en picado en las últimas previsiones pre-draft. Cuánto mejor habría hecho quedándose otro año más en Lawrence.

SUEÑOS DE MARZO I – KENTUCKY   Leave a comment

Un poquito de abuelo Cebolleta, para empezar: hace más de cuarenta años aterrizó por estos pagos la Universidad de North Carolina (no toda, en realidad sólo su equipo de baloncesto) para disputar el tradicional Torneo de Navidad del Real Madrid. Hace más de cuarenta años aún no había Internet, no había más canales que cuarto y mitad de TVE, no había imágenes vía satélite (o quizá sí las hubiera, pero aquí aún no nos habíamos enterado), no haVR-G.-Karlbía ni color en las teles (ni en las vidas), por no haber no había ni noticias siquiera de ese otro baloncesto (así el amateur como el profesional) que se jugaba allende los mares. No éramos nada, no sabíamos nada, no ya yo que evidentemente era un crío sino que mis mayores tampoco. Entenderán que en tales circunstancias cualquier cosa que hicieran aquellos Tar Heels vestidos de gris clarito (sólo con el paso de los años descubriríamos que en realidad era azul celeste) se nos habría de quedar grabada en nuestras retinas y en nuestras memorias para siempre. Tal cual. Y así sucedió que en un momento determinado su mítico (y recientemente desaparecido, y nunca suficientemente añorado) técnico Dean Smith decidió cambiar a los cinco jugadores a la vez, lo nunca visto, acostumbrados como estábamos a que aquí a los titulares sólo se les quitara si lo exigían las faltas (y a veces ni eso) aquello nos rompió por completo los esquemas. Dado que la novedad venía de USA no hubo dudas, aquel cambio masivo quedó rebautizado ya para siempre como cambio a la americana. Y tanto dio que fueran pasando los años, que aquel baloncesto se hiciera primero presente y luego imprescindible en nuestras vidas, que viéramos cientos y hasta miles de partidos USA en los que aquello no sucedía, todo dio igual porque el concepto cambio a la americana se quedó ya establecido para siempre jamás, para que recurriéramos a él como papagayos cada vez que veíamos a un entrenador hacer no ya cinco, sino cuatro y hasta tres cambios a la vez, así fuera ello en la competición que fuera…

Pero dejemos en paz a los Tar Heels, ya tocará hablar de ellos otro día (espero). Viene toda esta (prescindible) introducción a cuento de que este año, por fin, le hemos encontrado sentido a aquella legendaria expresión, cambio a la americana. Y no ha sucedido en Chapel Hill (North Carolina) sino en Lexington (Kentucky), en los dominios de los Wildcats, de la Big Blue Nation, del gabinete del doctor Calipari. Intentaré explicarme (al menos para aquellos que no tienen por costumbre seguir la NCAA, que el resto ya conocen la historia):

KentuckySaben mejor que nadie (entre otras cosas porque se lo he contado demasiadas veces) que Kentucky es el reino del one and done: reclutan cada año a los mejores jugadores de instituto, llegan las criaturas, se matriculan, hacen como que van a estudiar una carrera, juegan cinco meses, se apuntan al draft y si te he visto no me acuerdo, en otros campus de postín puede resultar (cada vez menos) traumático pero en Lexington es el pan de cada día. Ahora bien, también puede pasar que algún año la excepción confirme la regla, que alguna de esas criaturas sufra un ataque de lucidez y no se apunte al draft, que se quede para el segundo curso y hasta para el tercero, que todos ellos a su vez se junten con la nueva y flamante camada procedente del insti y que el resultado de todo ello sea un overbooking de padre y muy señor mío. Este año, por ejemplo. Este año lo que tiene a sus órdenes Calipari no tiene nombre, nueve allamericans nueve, tiernos y bisoños como corresponde a su edad pero con un despliegue físico y un potencial técnico que para sí lo quisieran muchos entrenadores profesionales. ¿Cómo optimizar esos recursos, cómo hacer que jueguen todos, cómo mantener tensión e intensidad durante cuarenta infernales minutos?

Cambio a la americana (que obviamente Calipari no sabrá que aquí lo llamamos así, ni puñetera falta que le hace saberlo). Empiezan cinco (hasta ahí todo normal) y a los cuatro minutos entran los otros cinco, y cuatro minutos después vuelven a entrar los cinco primeros y así sucesivamente mientras las faltas lo permitan, mientras las circunstancias del juego no aconsejen otra cosa. Es decir, dos pelotones, el de los titulares y el de los segundos titulares (cuesta llamarlos suplentes dado que al fin y al cabo juegan casi lo mismo), el Blue Platoon y el White Platoon (no llevan camisetas diferentes, sólo es una forma de hablar).bluep El Blue (es decir, los que empiezan) lo integraron de partida los gemelos de segundo año Andrew y Aaron Harrison, el alero de tercer año Alex Poythress, el freshman maravilla dominicano (dominicano de New Jersey, pero dominicano al fin y al cabo) Karl-Anthony Towns y el sempiterno pívot junior Willie Cauley-Stein; mientras que el White (es decir, la segunda unidad) lo formaron los interiores Marcus Lee y Dakari Johnson junto al resto de novatos prodigiosos, a saber, el base Tyler Ulis, el escolta enchufador Devin Booker y el alero Trey Lyles. Dos grupos tan marcados que cuando Poythress se lesionó para toda la temporada Calipari no optó por ascender a nadie del segundo pelotón al primero, prefirió no tocar la segunda unidad y promocionar directamente a la primera unidad a quien estaba predestinado a ser undécimo jugador del equipo, el alero de segundo año Dominique Hawkins. Y a mí que (desde mi proverbial ignorancia) todo esto me parecía demasiada rigidez, dos quintetos cerrados que no son vasos comunicantes sino compartimentos estancos, cambios de cinco en cinco así llueva o truene, cuatro minutos (a veces ni eso) de máxima intensidad y en cuanto empiezas a coger el ritmo ya te toca otra vez sentarte… Baloncesto moderno, sin duda. Pero a mi edad cuesta ya tanta modernidad.

Afortunadamente el transcurso de los meses ha venido a poner las cosas en su sitio. Según avanzan los minutos la rigidez suele dejar paso al sentido común, a lo que dicten las circunstancias de cada momento concreto. Y bien está que sea así, porque obviamente no se trata de piezas de ajedrez sino de jugadores que cada uno es de su padre y de su madre. Por ejemplo: los gemelos Harrison gozan de abundante reputación ya desde el pasado año, pero a mí me gustan más los exteriores que emergen del segundo pelotón,platoon2 los freshmen Ulis y Booker. Aaron Harrison será buen tirador (los Wildcats jamás habrían llegado a la final del pasado año sin él y sus bocinazos, de hecho) pero a mí me enamora más la prodigiosa muñeca de Devin Booker; Andrew Harrison será buen base, no digo yo que no (muy físico, rompedor, agresivo en penetración, muy del gusto de Calipari) pero a mí el que me entusiasma es Tyler Ulis, mucho más director, mucho mejor pasador, fenomenal defensor y que no se priva de anotar tampoco. En cambio en el juego interior me sucede exactamente lo contrario, ahí sí me gustan más los presuntos titulares: Cauley-Stein es un prodigio físico que podría ser mucho mejor si se hubiera preocupado de mejorar siquiera un poquito en el aspecto técnico (o a lo mejor sí lo ha intentado y es que no da más de sí); aún estancado en su progresión es una fuerza de la naturaleza. Y el dominicano Towns es sencillamente una joya, un diamante aún sin pulir, la niña de mis ojos y de los de Calipari. Empezó la temporada muy perdido pero a base de trabajar (y de procesar las broncas del coach) ha ido consiguiendo armonizar sus cualidades (que son muchísimas) y su proceso de toma de decisiones.kat Calipari no se corta en regañarle porque sabe lo que tiene entre manos, porque lo acogió en su seno desde que tenía catorce años (de algo le sirvió ser seleccionador dominicano), porque siempre regañas más a quien más quieres, a quien sabes que te puede dar más de sí. Karl-Anthony Towns es ya una maravilla y va a ser maravilla y media, pero le vendría de cine otro añito en Lexington para completar su formación… Ahora bien, pierdan cuidado, eso no va a suceder.

Algún dato para entender la magnitud de estos Wildcats. De entrada el dato principal, a día de hoy van 24-0, no es ya que sean el único equipo invicto de la nación sino que ya casi no se atisba posibilidad alguna de que puedan perder antes de marzo, de hecho Tennessee (17 de febrero) es la única salida relativamente difícil que les queda. Alguna de esas victorias conllevaron serios apuros, otras en cambio fueron auténticas barridas antes equipos que deberían haberles presentado dificultades, baste recordar que a Kansas le metieron de 30 nada más empezar la temporada (probablemente hoy la historia sería ya muy distinta), baste recordar que a UCLA al descanso la ganaban 44-7, déjenme que lo repita, 44-7, a UCLA que no estará en su mejor año pero que no es precisamente un cualquiera. ¿Más datos? No es ya que sean el equipo más alto de entre los trescientos y pico que integran el baloncesto universitario (sólo Florida State con sus tres sietepiés se les aproxima ligeramente), es que su estatura media supera también a 29 de las 30 franquicias NBA (según la ESPN, comprenderán que yo no me he parado a comprobarlo), sólo los Blazers de Portland promedian más centímetros en su roster que estos Wildcats. Así las cosas resultaría casi grotesco decir que están en el pelotón de favoritos o que son los principales favoritos, no, lo correcto es decir simplemente que son LOS FAVORITOS, punto. No hay más. ¿Significa ello que van a ganar el título a comienzos de abril, sí o sí? Pues no, en absoluto. Se lo tendrán que currar como el que más (que ya saben que en marzo si no te lo curras te vas para casa), tanto más si tenemos en cuenta que desde que empezó la SEC han bajado su nivel de arrollamiento, de hecho pasaron serios apuros para derrotar a Ole Miss, Texas A&M, Florida o LSU por ejemplo. Hay buenísimos equipos en esta NCAA de nuestros pecados (y de ellos intentaré hablarles en los próximos días, siempre y cuando mis exiguas fuerzas me lo permitan), pero quédense con la idea de que nadie, absolutamente nadie, puede poner sobre la mesa tantos argumentos como estos Wildcats de Kentucky. Y luego ya pasará lo que tenga que pasar.

A %d blogueros les gusta esto: