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CÓNCLAVE   2 comments

Se me ocurre una propuesta alternativa. Se me ocurre que cada equipo ACB debería designar un candidato para el cargo de presidente ejecutivo de la Asociación. Dado que cada club tiene su propio proyecto (o su propia ausencia de proyecto, según), dado que no se ponen de acuerdo ni en la hora que es, no me cabe la menor duda de que así obtendríamos dieciocho candidatos distintos a razón de uno por equipo obviamente. Y ahí vendría ya el siguiente paso, encerrar a estos dieciocho sujetos y/o sujetas en la sala de reuniones sita en la sede de la ACB, de la que ya no saldrían hasta que lograran ponerse mínimamente de acuerdo entre ellos, es decir, hasta que finalmente, tras innumerables votaciones e interminables discusiones, uno de los candidatos lograra al fin la tan ansiada mayoría de dos tercios. Por supuesto que para hacer más atractivo el proceso en el plano mediático resultaría muy recomendable instalar en dicha sala de juntas una chimenea con salida directa a la calle (a dónde si no) en la que se fueran quemando las papeletas tras las sucesivas votaciones, de tal manera que mientras éstas fueran fallidas saldría humo negro y cuando por fin hubiera un ganador saldría humo blanco, o bien (dado que este color podría herir algunas susceptibilidades) casi mejor azul por aquello de la actitud y de estar a buenas con el patrocinador en estos tiempos difíciles. Habrían de pasar semanas, tal vez meses pero finalmente emergería la tan ansiada fumata azul y de inmediato se asomaría al balcón de la calle Iradier (si lo hubiere) en carne mortal el mismísimo don Eduardo Portela, quien apoyado en la barandilla (por una mera cuestión de estabilidad) y micrófono en ristre gritaría a los cuatro vientos: OS ANUNCIO UNA GRAN ALEGRÍA, ¡¡¡HABEMUS JEFE!!! Ni que decir tiene que la enfervorizada multitud allí congregada (o sea, los periodistas y los cuatro gatos que pasaran en ese momento por la calle) prorrumpiría en grandes vítores y aclamaciones que se recrudecerían cuando pocos minutos más tarde saliera finalmente al balcón EL ELEGIDO, el ser (presuntamente) humano que con mano firme y mente abierta habría de regir los des(a)tinos de nuestro baloncesto (de clubes) durante los próximos años o al menos durante los próximos días, quizás sólo hasta que estallara la siguiente crisis…

¿Les parece ridículo? Lo es, no les digo yo que no, pero ahora si quieren compárenlo con esto otro: los clubes ACB, huérfanos de padre desde mucho antes del verano de 2013, deciden darse un tiempo y designar una comisión que habrá de seleccionar unos cuantos candidatos de entre los cuales seleccionar una terna de entre la cual seleccionar finalmente al elegido; la comisión hace su trabajo, se escoge la terna, se reúnen los clubes para elegir finalmente al ganador pero hete aquí que casualmente no se ponen de acuerdo, razón por la cual deciden volver a darse un tiempo y quedar de nuevo un mes más tarde. Pasa el mes, pasa el habitual trasiego de politiqueos, componendas y demás intrigas palaciegas tras el cual el resultado es que están aún menos de acuerdo que antes, razón por la cual ni siquiera se molestan en juntarse, suspenden la cita que tenían programada y deciden empezar otra vez de cero: es decir, designar una nueva comisión (o tal vez la misma, no sé) que habrá de seleccionar unos cuantos candidatos de entre los cuales seleccionar una terna de entre la cual seleccionar al elegido o tal vez no, o tal vez volver a fracasar y verse en la tesitura de tener que empezar de nuevo y seleccionar otra nueva comisión que a su vez habrá de seleccionar otra terna que a su vez… y así hasta el infinito (y más allá). Qué quieren que les diga, puestos a dar el cante casi mejor démoslo bien, casi mejor piénsense mi propuesta de cónclave a la vaticana manera: sería un proceso mucho más corto (incluso aunque tardaran meses sería más corto) y sería desde luego mucho más divertido. O mucho menos patético, según.

Publicado febrero 4, 2014 por zaid en ACB

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ENTRE TODOS LA MATARON   5 comments

A veces llega un momento en la vida en que tienes que dejar de esconder la cabeza debajo del ala y afrontar la realidad tal como es; ser capaz de mirar a las cosas de frente aún por mucho que te hieran, cara a cara, ser incluso capaz de escribir sobre ellas aún por muy dolorosas que te resulten. Éste es sin duda uno de esos momentos: sé que me va a costar, no saben cuánto, pero me dispongo a escribir sobre la crisis. Sobre la crisis en el seno de la ACB. Sobre el proceso de sucesión a la jefatura de esta Asociación de Clubes de Baloncesto (por otro nombre Liga Endesa) de nuestros desvelos, una sucesión de la que intenté mantenerme informativamente al margen mientras me fue posible (ya que estos temas A) me aburren, B) me hastían, C) me crispan y D) me deprimen profundamente) hasta que llegó el momento en que ya no pude darle la espalda por más tiempo. Una sucesión que (tal como se ha planteado) no es sino otro paso más en su imparable proceso de autodestrucción. Otro clavo más (y no menor) en el ataúd de la ACB.

No sé a quién le leí que si la ACB eligiera a su nuevo presidente ejecutivo sin definir previamente un proyecto cometería un grave error. Que el mecanismo tendría que ser exactamente al contrario, primero saber lo que se quiere y luego ya escoger a la persona adecuada para llevarlo a cabo. Ojalá, así debería de ser en un mundo perfecto, el problema es que ese mundo perfecto nos queda demasiado lejos. Reconozcámoslo, en nada se diferencia realmente la ACB de tantos otros estamentos de nuestro país: pedirles a nuestros clubes que establezcan un proyecto común es como pedirles a los vecinos de cualquier comunidad de propietarios que miren por el bien de su edificio y no por el suyo propio, o como pedirles a nuestros partidos políticos que se pongan de acuerdo en un proyecto de nación en lugar de pensar cada uno exclusivamente en sus intereses electorales. Es uno de los principales males que nos aquejan, solemos ser extremadamente individualistas y/o corporativos, por lo general no vemos más allá de nuestro propio ombligo y así nos va. Claro está, la ACB no habría de ser en modo alguno una excepción, un puto reino de taifas en el que cada club vela exclusivamente por sus propios intereses. No es ya que por un lado estén los que piensan en Europa y por el otro los que piensan en su supervivencia (que también), no es ya que haya dos o tres sectores muy claramente diferenciados sino que la cosa va aún un poco más allá, en realidad no hay tres grupúsculos sino dieciocho a razón de uno por equipo, a ver si votando a éste tendré más posibilidades de sacar tajada que votando a este otro, a ver si por elegir a un dirigente de por allá vamos a tener menos opciones los de acá. Provincianismo a tope.

Por supuesto que todo esto no es nuevo, lo que pasa es que ahora se nota más. Durante muchos años el (sucedáneo de) consenso en torno a la figura de Eduard Portela tapó todas estas divergencias, en realidad ya entonces eran todos de su padre y de su madre pero la presencia del pseudocomisionado hacía que no lo pareciera, lograba que viéramos a la ACB como un todo y no como una mera suma de las partes, si la cosa no marchaba le caían a él los palos como si fuera él la causa y no la consecuencia (una de ellas) de todos los males que aquejaban a la institución. Pero Portela aguantó mucho más de lo que hubiera sido razonable (quizá precisamente por esto, por el miedo a que se les viera el vacío tras su marcha) y la llegada de un presunto salvador como Agustí no hizo sino empeorar las cosas hasta límites insospechados. Hasta hoy. Hoy sería ya el momento de refundar y empezar de cero pero no teman, no caerá esa breva. Aquí entre reforma o ruptura siempre solemos decantarnos por la primera opción, somos así de cobardes, para qué cambiar de perro cuando podemos conformarnos con ponerle otro collar, para qué cambiarlo todo cuando podemos limitarnos a cambiar algo para que en el fondo todo siga exactamente igual. No, tampoco en esto se diferencia la ACB de tantos otros males que nos aquejan en este país. Tenemos lo que nos merecemos, también en baloncesto.

Así que todo lo que se nos ocurre es poner un parche, al parecer. Ya, pero… ¿cuál? Los medios de comunicación nos contaron que la short list quedó finalmente reducida a tres candidatos, no diré que a cuál peor porque no tengo elementos de juicio para decirlo, sí diré que así a priori ninguno de los tres me seduce en absoluto. Nos contaron que uno de ellos era Josep Maria Farràs, un señor a quien no tengo el placer de conocer pero de quien cuentan las crónicas que es (o era) Director de Deportes de TV3, conociendo como conozco a mis paisanos de por aquí abajo ya les digo yo que a alguien con ese currículum le van a mirar mal ya de entrada, aún por bueno que sea. Nos contaron que otro de ellos era Fernando Arcega, quizá el único de los tres que sepa que el balón es redondo y naranja y sea capaz de distinguir entre defensa individual y en zona, no olvidemos que durante buena parte de los ochenta y un poquito también de los noventa fue parte esencial de aquel CAI (Helios, Natwest, Amway) Zaragoza y a ratos también de nuestra selección nacional; y punto, es decir, no me consta que haya mantenido la vinculación con nuestro deporte durante estos últimos (pongamos) veinte años y aún menos me constan sus cualidades como gestor para hacer frente a un reto de tal calibre: todo lo que supe de él tras su retirada es que montó con su hermano José Ángel un negocio vitivinícola, Viña Arcega se llamaba (tampoco se quebraron mucho la cabeza con el nombre), sospecho que a día de hoy ya no debe existir dado el escaso fruto que se obtiene al guglearlo. Y nos contaron finalmente (last but not least) que el tercer candidato se llamaba Albert Soler, un sujeto que por sí solo merece párrafo aparte.

Quizá no lo recuerden (o quizá nunca lo supieran, y tan felices que vivieron sin saberlo), pero Albert Soler fue Director General de Deportes durante un par de años a la vera de Jaime Lissavetzky, de tal manera que cuando allá por la primavera de 2011 éste aceptó el puesto de víctima propiciatoria en las elecciones municipales madrileñas de inmediato Albert Soler fue promocionado al siguiente nivel: Secretario de Estado para el Deporte, nada menos… pero eso sí, con fecha de caducidad, apenas seis meses. Tan corto espacio de tiempo parecía una invitación a no tocar casi nada (no fuera a romperlo), probablemente así fue en otros ámbitos pero en el ámbito del baloncesto desembarcó cual elefante en cacharrería. Le tocó mediar en el enésimo conflicto recurrente ACB/ABP, uno de un mediador esperaría la más estricta equidistancia pero él no se cortó un pelo: si la ACB no protege al baloncesto español, yo sí lo haré, y podemos tener una liga sin extracomunitarios; que la ACB dice que a nivel europeo puede haber un club en España con sólo comunitarios, la ley lo acepta, pero la ley dice también que la decisión final es del CSD y si la ACB cree que éste es el modelo, yo también creo que podemos tener una ACB para proteger a los jugadores españoles y sin extracomunitarios (…) Si la ACB plantea restricción de españoles en la liga y que como efecto secundario la selección tenga un nivel bajo, pues no estamos de acuerdo (fin de la cita). Opinión muy respetable (aunque no necesariamente compartible) si la expresas a título particular o incluso a título de Secretario de Estado, pero que si la expresas a título de mediador como que canta un poco que antes de empezar a mediar ya hayas tomado partido de forma descarada por una de las partes en conflicto. Eso sí, la cosa del ultimátum le funcionó, en apenas unos días se llegó al acuerdo éste de los cupos, los criterios de formación y demás zarandajas que disfrutamos (¿?) actualmente. Y punto final, y si volvió a tener algo que ver con nuestro deporte a mí no me consta, y luego ya nunca más se supo. Hasta hoy.

¿De verdad que (puestos a escoger personas, y no proyectos) no había nada mejor en el mercado? ¿No habría sido infinitamente mejor alguien como Alfonso López que en su papel de responsable de marketing y/o comunicación (o similar) de Endesa fue acaso el principal culpable de que la Liga se llame hoy como se llama (y cobre una pasta por ello), un sujeto que en cierta entrevista en Tirando a Fallar dejó bien clara su pasión por este juego y cuyas capacidades como gestor parecen estar fuera de toda duda, un sujeto que (al parecer) la cagó en un tuit puntual y eso ya le obligó a autodescartarse para la carrera presidencial? ¿No habría sido infinitamente mejor alguien como José Luis Mateo que desde sus orígenes periodísticos en Gigantes ha desempeñado luego toda clase de puestos ejecutivos en Granada, Alicante o Santiago de Compostela, alguien a quien supongo que sus actuales responsabilidades obradoiristas son precisamente las que le descartan para el cargo en base a no sé qué estúpida norma que exige al menos dos años de desvinculación? ¿No habría sido infinitamente mejor incluso alguien como Pepe Chamorro, publicista de quien hasta hace apenas dos días ni siquiera conocía su existencia, pero que en una entrevista en el Gigantes de diciembre mostró bien a las claras que ama esta Liga y que además tiene ideas para mejorarla? ¿De verdad, tan difícil es encontrar a alguien que reúna dos características básicas, dos tan solo, no pido más, saber de qué va esto (y si además le gustara ya sería la leche) y tener las cualidades adecuadas para gestionarlo?

Todo lo cual ya da lo mismo, dado que tiene toda la pinta de que el próximo presidente ejecutivo de la ACB será sí o sí Albert Soler, de hecho ya anduvo cerca de serlo en aquella otra (presunta) asamblea de mediados de diciembre en la que los clubes (muy en su papel de reinos de taifas) prefirieron hacerse el harakiri y seguir pintando la mona (o mareando la perdiz, según el animal que se prefiera) otro mes más para pasmo y disfrute del resto de la población. Habemus Soler me temo, lo cual podría parecer (en base a lo que recordé hace dos párrafos) que será como poner al zorro a cuidar las gallinas, con perdón… o no, quién sabe. De hecho para saberlo nos bastaría con conocer su programa, saber qué piensa del actual estado de la Liga, cuáles son sus ideas para mejorarla y a qué medios piensa recurrir para llevarlas a cabo, nos bastaría con saberlo de él y de paso también de los restantes candidatos (si es que a día de hoy siguen siéndolo), cuáles son sus intenciones respecto al modelo de competición, los derechos de televisión, la generación de ingresos, la organización del calendario, la implantación social o la repercusión mediática de la ACB. Estaría bien saberlo pero a día de hoy nada se nos ha dicho al respecto (o acaso sí y yo no me haya enterado, que ya les dije al principio que anduve rehuyendo el tema), lo cual puede ser por tres razones: bien porque lo lleven en secreto, bien porque no consideren interesante contárnoslo o bien porque ni siquiera haya proyecto, ningún proyecto. Sólo personas, lo cual por otra parte encajaría perfectamente con otra de nuestras más acendradas tradiciones, por lo general no votamos programas electorales sino candidatos, de hecho el programa electoral es sólo eso que hacen para decir que lo tienen y luego poder incumplirlo. Sólo personas revoloteando alrededor del poder, candidatos, candidatables, lobistas, acólitos, aduladores, lameculos y demás egos desmedidos, presuntos seres humanos que ni se habrán parado a pensar qué pueden hacer por el baloncesto porque lo único que les importa es lo que el baloncesto pueda hacer por ellos. Si antes les dije que era un error elegir presidente sin definir previamente un proyecto, ahora la duda que me queda es que incluso después de elegir presidente llegue a haber siquiera un proyecto. El mundo al revés.

Y sin embargo, de entre todas las cualidades de Albert Soler hay una que es quizá la única que a mí no me molesta en absoluto pero que en cambio a mis congéneres les trae a mal traer, hasta el punto de que no paran de expresar su indignación al respecto en los medios tanto más cuanto más ultramontanos sean: que es catalán, lo cual al parecer le convierte de inmediato en sospechoso. Hemos interiorizado de tal modo las corruptelas, los amiguismos, los complots, las conspiraciones y los mamoneos que ya para ver fantasmas ni siquiera necesitamos que aparezcan, ya empezamos a verlos antes incluso antes de que se asomen. David Stern (por poner un ejemplo) es neoyorquino y no recuerdo yo que en sus treinta años de Comisionado NBA se le haya acusado jamás de favorecer a los Knicks (que de haberlo hecho lo habría hecho fatal, visto como le ha ido a esa franquicia durante todo este tiempo); como neoyorquino es también (y reconocido fan de los Knicks desde crío, además) su próximo sustituto Adam Silver sin que me conste que en California, Texas, Oklahoma o Florida se haya expresado la más mínima preocupación al respecto. Como no me consta tampoco (sin ir más lejos) que en Rusia, Grecia o Turquía se hagan cruces por la procedencia del mandamás euroliguero Jordi Bertomeu (o tal vez sí, y aquí no nos llegue). Miren, a mí lo único que me podría preocupar (y me preocupa, de hecho) de Albert Soler es que tenga o no la capacidad para sacar a la ACB del pozo, todo lo demás se me da una higa, si es catalán como si es de Huesca, de Huelva, de Wisconsin, de Guanajuato o de la isla de Guam (si es que existe). Quién sabe, quizás esa podría ser la solución, nombrar un presidente de la ACB neozelandés (por ejemplo) para que así estuviera libre de toda sospecha. O ni por esas, seguro que aún así alguien saldría diciendo que Nueva Zelanda está muy cerca de Australia y que dado que uno de los grandes de nuestro baloncesto tuvo a dos australianos hasta fechas recientes está bien claro por quién habría de tomar partido. Créanme, no tenemos remedio.

Mencioné antes a Bertomeu, y no es que el susodicho sea precisamente mi ídolo ni que la Euroliga esté entre mis sueños más húmedos en materia de organización deportiva, pero las comparaciones son odiosas y ésta de puro odiosa resulta casi estremecedora. Lean la entrevista que se le hace en el Gigantes de diciembre, podrán estar de acuerdo o no con lo que allí se expresa pero al menos comprobarán que la Euroliga sabe a dónde va, que va dando pasos cortos pero firmes en esa dirección y tiene las ideas claras para lograrlo, y que además no anda sola sino que hay alguien al mando, alguien que te podrá gustar más menos pero que parece estar perfectamente capacitado para tal fin. ¿La ACB? La ACB se despeña sin rumbo ni piloto, sin remedio, la ACB es como aquella frase hecha que a veces decían nuestras abuelas, entre todos la mataron y ella sola se murió, un cadáver al que todo lo que se nos ocurre hacer es maquillarlo para que parezca que sigue vivo, podríamos resucitarlo o crear algo nuevo a partir de sus cenizas pero eso nos aterra, preferimos limitarnos a intentar (inútilmente) detener su caída, echarle el freno al féretro para que así parezca despeñarse a menor velocidad. Tarde o temprano se estrellará, y con él se habrá estrellado también todo nuestro baloncesto. Descanse en paz.

(publicado originalmente en Jugant per la vida)

2053   4 comments

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 21 de junio de 2013)

Este pasado domingo 20 de abril de 2053 acabó por fin la temporada regular ACB tras la disputa de la trigésima y última jornada de Liga, en la que se enfrentaron (al igual que en las 29 anteriores) Real Madrid y FC Barcelona dado que (como ustedes bien saben) son ya desde hace años los únicos equipos que aún participan en dicha competición. El choque resultó enormemente disputado e hizo las delicias del respetable, más concretamente de los 76 espectadores (tan sólo 5 de ellos de pago) que se dieron cita en el Pabellón cubierto del Polideportivo de Moratalaz, cancha que ha acogido los partidos del Real Madrid como local en esta temporada 2052/2053 dado que su habitual pabellón de Coslada se encuentra en obras de reducción de aforo para adaptar su tamaño a la normativa ACB. El encuentro finalizó con victoria blanca por el ajustado tanteo de 29-28 confirmándose así lo que ya se esperaba, es decir, el Real Madrid finaliza en primera posición la Fase Regular y gozará de ventaja de campo en todas las series de playoffs, expresión ésta que aún seguimos utilizando como reliquia del pasado pero que ya se nos ha quedado manifiestamente obsoleta dado que series lo que se dice series ya sólo se disputa una, por supuesto la mismísima Final de esta apasionante competición.

Dicha Final comenzará el próximo viernes 25 de abril y se disputará como viene siendo habitual al mejor de 15 partidos, en formato 2-2-2-2-2-2-2-1. Es decir, los dos primeros partidos en el susodicho Polideportivo de Moratalaz, los dos siguientes en el Palau Blaugranaa1_98a4ecff (adaptado finalmente a la normativa ACB que impone un aforo máximo de 100 personas, si bien en este caso resulta manifiestamente excesivo dado que en ningún encuentro de la presente temporada se logró superar la decena de espectadores) y así sucesivamente hasta llegar a ese decimoquinto y decisivo partido que (sólo en caso de ser necesario) se disputaría también en cancha madridista. Obviamente el primer equipo que consiga ocho victorias se proclamará de inmediato campeón de la LXXI Liga ACB, mientras que el equipo perdedor descenderá de manera automática a la LEB Platino, si bien (como posteriormente explicaremos) dicho descenso es sumamente improbable que llegue a consumarse.

Ni que decir tiene que todos los encuentros de esta Final serán ofrecidos en directo por TVE a través de su recientemente recuperado Canal Nostalgia, como igualmente lo fueron los treinta encuentros anteriores de temporada regular, siempre con el espectacular despliegue de medios que caracteriza al Ente Público y que en este caso consiste en un único operador con su cámara al hombro para así cubrir todos los aspectos inherentes al juego, llevando además un micrófono incorporado para simultáneamente proceder a su narración. Todo ello por supuesto gracias al reciente acuerdo entre la Asociación de Clubes y el Ente Público por el cual éste obtuvo los derechos en exclusiva de dicha competición sin abonar contraprestación alguna y recibiendo a cambio 375 millones de euros anuales de la propia ACB en concepto de agradecimiento por prestarse a la difusión de su producto, con notable éxito de audiencia dicho sea de paso; de hecho el encuentro disputado este pasado domingo obtuvo una cifra récord de casi 1.800 espectadores, si bien se sospecha que al menos 1.500 de ellos pincharon ahí sólo por casualidad, porque les pillaba de paso en su camino hacia la Teletienda. Dada la satisfacción de las partes es más que probable que ACB y TVE se reúnan en los próximos días para prolongar su actual acuerdo por otros 32 años más, de tal manera que la cobertura de esta competición (o de lo que quede de ella) quedaría absolutamente garantizada hasta 2085 cuanto menos. Eso sí, parece que por ahora no será posible atender la solicitud de la ACB para que TVE incluya también los partidos en su canal de alta definición ya que éste continúa a día de hoy con su emisión en pruebas, lo cual le imposibilita para ofrecer otros contenidos que no sean Cuéntame cómo paso, Águila Roja, Los Misterios de Laura y demás prestigiosas series que obtuvieron gran predicamento a comienzos del presente siglo.

Mientras tanto continúa disputándose con gran éxito de crítica y público la segunda competición en importancia de nuestro país, la LEB Platino, Liga semiprofesional (que es tanto como decir semiamateur) auspiciada por la FEB que agrupa a Baskonia, Bilbao Basket, Obradoiro, Zaragoza, Joventut, Estudiantes, Valencia Basket, Málaga y Gran Canaria. Recordemos que estos nueve equipos (junto a los dos que disputan la ACB, obviamente) son los últimos que aún quedan en nuestro deporte tras la definitiva desaparición, ahogados por las deudas, penurias y/o penalidades varias, del resto de clubes que en su día poblaron nuestra geografía, en un proceso que significó de hecho la definitiva extinción del baloncesto en nueve Comunidades Autónomas así como en las Ciudades Autónomas de Ceuta y Melilla. Al respecto, una reciente encuesta realizada en Asturias, Cantabria, Navarra, La Rioja, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Murcia y Baleares confirmó lo que ya se esperaba, es decir, un 94 por ciento de entre los ciudadanos de dichas Comunidades dijo no saber o no recordar que en su territorio se hubiese jugado jamás a ese extraño deporte llamado baloncesto. Asimismo un 4 por ciento optó por el no sabe no contesta mientras que el 2 por ciento restante (ancianos venerables en su mayor parte) sí pareció recordar vagamente que hubo un tiempo en el que algunos jóvenes se dedicaban a lanzar balones al interior de unas canastas, un poco a la manera en que lo hacen los mocetones esos yanquis de la NBA. Si bien, dada la avanzada edad de este segmento de población, su opinión no deberá ser tomada en modo alguno en consideración.

Como decíamos la LEB Platino se acerca ya a su final, y todo parece indicar que de nuevo se cumplirán los pronósticos y será el equipo en otro tiempo conocido como Caja de Álava, Taugrés, Tau, Caja Laboral, Laboral Kutxa, Laboral Caja, Kutxa Laboral, Araba Kutxa, Gasteiz Kutxa, Kutxa Caja, Kutxa Kutxa (entre otras múltiples denominaciones) y hoy ya por fin como Baskonia a secas el que finalmente se alce con el título y logre una vez más ese ansiado ascenso a la ACB. Ascenso deportivo, entiéndase, ya que para que éste se hiciera efectivo debería la entidad baskonista cumplir con los requisitos que establece al respecto desde hace años la propia Asociación de Clubes, es decir (entre otros) el abono de un exiguo canon de 7.500 millones de euros y el compromiso de reducción de aforo que obligaría a tapiar en tiempo récord casi la totalidad del graderío del vetusto Buesa Arena dejando sólo al descubierto las dos filas más cercanas a pista. Aún a pesar del amplio plazo de 48 horas que les será dado para cumplir con estos requisitos, y aún a pesar de los denodados esfuerzos que a buen seguro pondrá en el empeño don Josean Querejeta (que a sus 96 años recién cumplidos aún continúa manejando el timón de la nave baskonista), todo parece indicar que un año más el equipo vitoriano no podrá hacer frente a estas condiciones y deberá continuar en LEB Platino, por lo que (como decíamos anteriormente) puede casi garantizarse que tanto Real Madrid como FC Barcelona permanecerán finalmente en ACB sea cual sea el resultado de su playoff final.

Eso sí, al menos al Baskonia siempre le quedará el consuelo de tener ya su plaza asegurada para la próxima edición de la Euroliga, competición a la que acudirá junto a los dos clubes de la ACB y al equipo en otro tiempo conocido como Unicaja y hoy ya tan solo como CB Málaga [Recuérdese al respecto que la macrocrisis planetaria del año 2038 acabó de un plumazo con los patrocinios deportivos y muy especialmente con los de las entidades bancarias (los únicos que aún seguían existiendo a esas alturas), dado que sus mandamases estimaron que seguir intentando convencer de sus bondades a una ciudadanía a la que al fin y al cabo ya tenían agarrada por los huevos era poco menos que tirar el dinero, y que total para tirarlo pues casi mejor se lo quedaban ellos, para así complementar su beneficio neto anual]. Por supuesto que el hecho de que el CB Málaga haya vuelto a quedar este año penúltimo de su Liga no será un impedimento ni supondrá un menoscabo en su participación, ya que (como bien saben) este derecho no se obtiene en base a criterios deportivos sino en base a los méritos contraídos en la primera mitad de la primera década del presente siglo, época en la que gracias a sus buenas actuaciones le fue adjudicada plaza vitalicia hasta que finalice el siglo XXXIII o hasta que el baloncesto se extinga definitivamente como deporte sobre la faz de la Tierra, según.

Ahora bien, pese a su magnífica marcha la ACB considera que todo es susceptible de mejorar, razón por la cual convocará en breve una Asamblea Extraordinaria de cara a incrementar aún más si cabe el atractivo de la competición, a la que está previsto que acudan la totalidad de los (dos) equipos que la integran. Por supuesto que la reunión estará presidida por su Comisionado Honorario, Vitalicio y Plenipotenciario don Eduardo Portela, que a sus 119 años sigue ahí al pie del cañón rigiendo con pulso tembloroso pero firme (por contradictorio que ello resulte) los azarosos des(a)tinos de nuestro baloncesto. Entre las medidas que se prevé aprobar estaría la de optimizar las retransmisiones televisivas, aprovechando para ello las inmensas ventajas que la tecnología pone hoy en día a nuestra disposición: concretamente se suprimirá el operador de cámara y se dejará la cámara sola para que funcione a su libre albedrío, y que sea lo que dios quiera; así a la emoción del partido en sí sumaremos también la emoción de no saber si lo vamos a ver o no, como en los viejos tiempos. Asimismo se aumentarán los requisitos para acceder a la ACB, incrementándose el canon de 7.500 a 30.000 millones de euros (no vaya a ser que algún año de éstos a Querejeta le toque el euromillón y tengamos un disgusto) y exigiéndose también a partir de ahora un juramento de fidelidad eterna al Dios Portela y un certificado de pertenencia a una institución futbolística de rancio abolengo con no menos de cincuenta títulos a sus espaldas, para así garantizar la viabilidad del proyecto. Con estas medidas (más otras que poco a poco se les irán ocurriendo) bien podremos estar seguros de que la ACB continuará aún por muchos años a la vanguardia de la alta competición y podrá seguir repitiendo una y otra vez con la cabeza muy alta aquello de que es la mejor liga profesional de baloncesto del mundo después de la NBA; entre otras cosas porque a estas alturas no queda ya ninguna otra liga profesional de baloncesto en el mundo más allá de la NBA.

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