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ME SOBRAN LOS MOTIVOS   5 comments

Aquí donde me ven, este año he decidido rebelarme. Rebelarme contra mí mismo, no teman, rebelarme contra mi propia depresión pre-parto. Año tras año, en los días previos al comienzo de la ACB, se nos instala una sensación como de más de lo mismo: mismo aire mustio, mismas negras perspectivas, misma esclerotización administrativa, misma mortecina audiencia, mismo panorama televisivo, misma sensación de pérdida de talento, mismo coto cerrado para quienes se ganan su ascenso, mismo coto cerrado para quienes acaban en puestos de Euroliga, misma temporada regular interminable, mismos playoffs insignificantes que se nos irán en un suspiro, misma liga de la marmota condenada a una sempiterna bipolaridad… Bueno, pues contra todo eso, y quizás porque hoy contra mi costumbre me he levantado ligeramente optimista (no se confíen, no vaya a ser que se me pase) he decidido rebelarme. Porque aún siendo todo lo anterior más o menos cierto, no es menos cierto que también me sobran los motivos para la ilusión a poco que me pare a buscarlos. Me he puesto a ello, he encontrado unos cuantos (bastantes más de los que imaginaba) y aquí se los traigo, por si les apeteciera acompañarme en esta búsqueda de la ilusión perdida:

1) Porque el (presunto) desembarco de Movistar + de alguna manera me devuelve la ingenua ilusión de recuperar por fin una cobertura televisiva digna de la Liga. No les voy a engañar, llevo casi un cuarto de siglo siendo plusero (aunque no fueron pocas las veces que estuve a punto de dejar de serlo) así que juego con ventaja, tengo ya buena parte del trabajo hecho. Pero aunque no fuera así, creo firmemente que esta ACB necesita con urgencia un reconstituyente, algo que la revitalice.logotipo_movistar_plus_-_liga_endesa_2 En muchos aspectos, pero el aspecto televisivo no es precisamente menor. Que un operador decida apostar firmemente por esta Liga, que decida incluso pagar por darla (es decir, no ofrecerla por puro amor al arte o por la mera visibilidad de sus patrocinadores, como venía sucediendo hasta ahora), ha de ser necesariamente una buena noticia. Aunque a algunos no les guste.

2) Porque sé que volveremos a escuchar (sobre todo dentro de un año, cuando desaparezca el partido de TVE) los mismos cantos de sirena que ya escuchamos en el cuatrienio 1999-2003 acerca de cómo la televisión de pago acabará matando el baloncesto, pero yo no concibo esa razón: porque han pasado ya más de tres lustros desde entonces, porque el nivel de penetración de aquel Canal + no es ni siquiera comparable al que hoy tiene Movistar +, porque algo hemos evolucionado también como espectadores: hoy tenemos múltiples soportes, dispositivos, vías y medios a nuestra disposición, hoy quien quiere ver algo lo ve. Y porque (al contrario que en 1999) en este caso no tenemos ya nada que perder, peor de lo que estamos es difícil que podamos estar. Todo lo que venga vendrá ya por añadidura.

3) Porque el fichaje de Piti Hurtado es lo más ilusionante que le ha pasado a la cobertura televisiva de la ACB desde los tiempos de maricastaña (fuera quien fuera esa señora). Y no llega solo, dicen. Sólo por eso ya habrá merecido la pena.

4) Porque he llegado ya a una fase de mi vida en la que las audiencias me importan un bledo (que no sé lo que es, pero tampoco me importa). Porque me importa otro bledo que seamos mil o un millón, allá cada uno con sus cadaunadas, a quien no le apetezca que haga lo que le parezca. Y porque tampoco me las creo, que lo sepan, porque ese frío dato de audiencia no refleja a quienes lo ven por ordenador (que son legión), aún menos refleja a quienes a veces no podemos verlo en directo y solemos entregarnos al noble arte del difericesto. Y sobre todo, porque ya está bien de autodestruirnos todas las jornadas, todas las semanas de toda nuestra santa vida con este monotema.

5) Porque la liga de la marmota seguirá existiendo (por los siglos de los siglos, salvo indeseado desgajamiento territorial) pero al menos este año parece atisbarse un ligero resquicio de que las cosas podrían llegar a ser de otra manera. Que Unicaja osara ganarle al Madrid la semifinal supercopera (aún con todos los condicionantes blancos) ya fue un buen síntoma (síntoma que luego se nos fue al carajo en la Final, pero síntoma al fin y al cabo), que vaya a llegar algo más de dinero televisivo (menos sería difícil) con el que aliviar un poco la enorme brecha entre clases sociales debería ser otro buen síntoma. Cierto es que con esta Supercopa son ya dieciséis los títulos domésticos consecutivos ganados por Madrid o Barça (todos y cada uno desde hace cinco años y medio, desde aquella liga baskonista de 2009/2010), pero no es menos cierto que cada día que pasa queda un día menos para que conozcamos un campeón de algo que no sea Barça ni Madrid. O dicho de otra manera, que llegados a este punto ya no sé si me he levantado ligeramente optimista o ligeramente gilipollas.

arroyo lawal6) Porque el Barça optó por reinventarse (a la fuerza ahorcan) y ahora toca ver cómo funciona semana tras semana esa reinvención más allá de la euforia supercopera de hace unos días: si Lawal intimida tanto como parece, si Vezenkov es tan bueno como parece, si Samardo aparece por fin, si Perperoglou mezcla bien con todos, si Ribas sigue saliéndose allá donde vaya, si Arroyo acata su papel secundario con las riendas puestas o se las quita para la ocasión, si Navarro aún vive (contra todos esos que hace ya unos cuantos meses decidieron darle por muerto…)

7) Porque el Madrid tiene ante sí el tremendo reto de intentar igualar lo que logró el pasado año (Supercopa aparte), porque será interesante ver cómo administra sus fuerzas por el camino, si vuelve a perder en otoño para ganar en invierno y primavera, si con las derrotas vuelven a emerger a las primeras de cambio sus decapitadores profesionales pretendiendo hacerle a Laso un ancelotti para cumplir con la tradición (aunque esta vez tendrían que inventarse un nuevo objeto de deseo, que sus tradicionales Obradovic, Djordjevic y Katsikaris están pillados…).

8) Porque ver jugar al Chacho siempre fue, es y seguirá siendo un placer. Porque sigue en la ACB como sigue también Llull, justo después de dar por hecho que se irían. Porque no hay noticia mejor para una liga que la continuidad de sus estrellas, que luego esa misma liga no sepa venderlas ya es otra cuestión.

9) Porque Joan Plaza tiene por fin entre manos el equipo que siempre soñó (o casi), porque este Unicaja tiene por fin argumentos más que sobrados para ser la tercera vía (junto con Valencia, obviamente). Luego ya que esa tercera vía aspire a derrotar al bipartidismo o que se nos quede en mero efecto bisagra sólo lo sabremos con el tiempo.

10) Porque el mero hecho de contar con un jugador como Kuzminskas ya te devuelve el precio de la entrada (o el del abono televisivo, en su caso). Porque casi me atrevería a decir que está a un solo paso (el de sus intermitencias, el de esa continuidad que siempre le falta) de ser tan candidato como el que más (si no el que más) a MVP de la ACB.diez unicaja Y porque por detrás de él emerge además un chaval llamado Dani Díez que se encuentra de repente ante la gran oportunidad de su carrera. Y algo me dice (ya algunas muestras ha dado de ello) que no la va a desaprovechar.

11) Porque será interesante ver si las llegadas de Planinic, Blazic, Bourousis o Corbacho dan para que el Baskonia de Peras forme también parte de esa tercera vía. Me encantaría que así fuera (cuantos más mejor) pero por ahora permítanme que sea muy escéptico al respecto. Si las cosas no van bien ya se encargará Querejeta de reinventarlas cuanto sea menester, pero a día de hoy me deja muy frío este proyecto baskonista 2015/2016, qué le vamos a hacer.

12) Porque he leído más de una vez en estos días que Darius Adams lo tiene todo para ser el nuevo Elmer Bennett, y no sé si se trata de un brindis al sol, de la mera expresión de un deseo o de una afirmación fundada, basada tal vez en sus (presuntas) actuaciones de pretemporada (que no he tenido el placer de contemplar). Dado que mis recuerdos de Adams me retrotraen a la temporada pasada, permítanme que por ahora me reserve el beneficio de la duda.

13) Porque Pedro Martínez llega por fin a ese (casi) grande que llevaba años mereciendo, al menos desde que le dieron aquella oportunidad en Baskonia para quitársela luego apenas cuatro días después de empezar. Llega ahora a la plaza más exigente que imaginarse pueda, un lugar donde la paciencia (la paciencia con sus entrenadores, en particular) no acostumbra a ser precisamente moneda común. Todo lo cual hace este reto todavía más hermoso, todavía mucho más especial. Ojalá que te vaya bonito, Pedro.

14) Porque a Valencia llega también Shurna (que me encanta desde sus tiempos en Northwestern, ya se lo dije), llega también SanEme (que me encanta de toda la vida de dios), llegan Hamilton y Sikma que son una garantía. Súmenlo a lo que ya había y descubrirán que con paciencia (bien escaso, insisto) y sin precipitaciones ni ataques de nervios deberían aspirar a casi todo. Lástima ese casi.

pangos granca15) Porque me apetece empezar a ver ya a mis viejos conocidos NCAA, ver de qué son capaces todas esas imágenes refrescantes de que les hablé hace unas pocas semanas: Pangos en Granca (algo ya mostró en la Supercopa), Haws en Obra, Henton en Sevilla, Jeff Taylor (si juega finalmente algún día) en el Madrid, Abromaitis en Tenerife, incluso David Wear en Fuenla aunque no sea santo de mi devoción. Lista que por otra parte se me quedó incompleta, ahora ya tendría que añadir al otro gemelo Wear (Travis, dicen que de camino hacia Gipuzkoa; más consistente que David, pero tampoco se me emocionen en exceso), al ex Fighting Illini Brandon Paul en la Penya… Muchos argumentarán que tanta presencia del club Al Salir de Clase sólo refleja el manifiesto empobrecimiento de la competición; pues vale, será así, no seré yo quien lo niegue. Pero a mí me encanta, qué quieren que les diga.

16) Porque este hacer de la necesidad virtud se refleja también a nivel doméstico, porque podría/debería ser la hora de Santi Yusta, Miguel Rico, Luka Doncic (aunque en este caso no hay necesidad que valga), Alex Suárez, Tomeu Rigo, Ili Diop, tantos otros (excluyo deliberadamente a Estu y Penya, que tendrán luego párrafo aparte). Economía de guerra si así lo quieren. La imaginación al poder.

17) Porque Granca se nos ha hecho grande. Porque la suma de Newley, Báez, Oliver, Pangos, Salin, Omic, Aguilar, Kuric o Rabaseda (cada uno a su manera) da como resultado una magnífica plantilla, Porque con Aíto el todo siempre suma más que la suma de las partes.

18) Porque Taph Savané aún continúa entre nosotros (baloncestísticamente hablando, me refiero). Porque su DNI podrá decir misa en arameo, pero su desempeño nos demuestra bien a las claras que está más joven cada año que pasa. Porque yo de (aún más) mayor quiero ser como él.

19) Porque Alejandro Martínez lleva media vida al frente del CB Canarias (por otro nombre Iberostar Tenerife) y aún le quedará otra media (recién renovado hasta 2017), porque pocos proyectos (si alguno hubiera) personifican mejor la continuidad, en los despachos, en los banquillos y en los parquets. Porque siguen Richotti o Sekulic (su permanencia es siempre el mejor fichaje), porque llegan O’Leary o Beirán. Porque todas sus piezas encajan, porque saben crear el caldo de cultivo para que todas sus piezas encajen. Porque son un ejemplo que muchos deberían imitar.

bellas cai20) Porque me duele no ver ya a Bellas en el Granca, pero al mismo tiempo me apetece ver a Bellas en otro lugar que no sea el Granca, tanto más en un lugar tan propicio como el CAI. Nuevos compañeros, nuevos técnicos, nuevas gentes, nuevo clima, nueva vida, por primera vez lejos de su (muy bien ganada) zona de confort.

21) Porque (me gustaría pensar que) cada vez que conecten con Zaragoza conectarán con el Pabellón José Luis Abós, cada vez que alguien empiece a narrar dirá bienvenidos al Pabellón José Luis Abós, cada vez que las cámaras enfoquen la cancha leeremos en la parte superior Pabellón José Luis Abós. Le pese a quien le pese. (Me gustaría pensarlo, pero lo pongo entre paréntesis porque justo después de escribirlo descubro que no será así por ahora, que los tribunales han suspendido cautelarmente el cambio de nombre; mandagüevos, añado, desde el exquisito respeto a las resoluciones judiciales que no comparto en absoluto).

22) Porque soy campazzista, lo soy desde antes de los Juegos de 2012, desde antes de que en el Madrid supieran siquiera que existía. Porque por serlo me he llevado hostias tuiteras a tutiplén (legítimas discrepancias, en cualquier caso) de todos aquellos que echaron pestes tras la marcha de Draper, todos esos iluminados que decían que no era digno de vestir la camiseta del Madrid (que leyéndoles a veces piensas que ni Magic Johnson en sus buenos años habría sido digno de vestir la camiseta del Madrid, a poco que hubiera fallado un pase). Soy campazzista y me preparo para cobrarme mi revancha, porque sé que este año en Murcia, con minutos, confianza y Fotis (y a poco que le acompañe la salud), sencillamente se va a salir. Recuérdenmelo en primavera.

23) Porque además de Campazzo Murcia será este año un verdadero latin team: Augusto Lima (si finalmente se queda y no es abducido por la casa blanca, lo cual aún no está claro a la hora del cierre de estas líneas), Vitor Benite, Sadiel Rojas… Porque con Fotis al mando, Cabezas dejando poso, Wood en los triples, Lischuk en los bloqueos y Antelo anteleando sólo pueden salir cosas buenas de ese equipo.

24) Porque también soy brizuelista (no saben cuánto), porque creo sinceramente que Darío Brizuela es lo mejor que le ha pasado al Estu desde hace muchísimo tiempo, lo mejor que ha salido de esa cantera desde el Chacho si me apuran (y aunque sé que Jaime Fernández tendría razones más que fundadas para decir algo al respecto).brizuela vicedo Tendrá minutos, apunta a titular, ya veremos si de aquí a unos meses no estaremos hablando del jugador revelación de la ACB (y miren que este año hay competencia). Papeletas lleva, tantas como el que más.

25) Porque además de Brizuela habrá bola también para Vicedo, Juancho Hernangómez, Fran Guerra y puede que alguno más, porque con Ocampo al mando sabemos por fin que todas estas criaturas vuelven a estar en buenas manos. ¿Lo demás? Dos veteranos del Vietnam como Nacho y Salgado, dos americanos (de USA) con buena pinta, Bircevic haciendo bulto y la maravillosa guinda final de Stimac, el hombre boquiabierto (es como aquél del pueblo de Gila que le decían ¡oye, que tienes la boca abierta! y contestaba ¡ya lo sé, si la he abierto yo!); no destacará por su estética (en ningún sentido) pero lo compensará con creces con todo lo demás. Y todo lo cual sin más objetivos (al menos por mi parte) que no pasar apuros, crecer, disfrutar, volver a ser felices practicando y viendo baloncesto. Ser de nuevo el Estu, con todo lo que eso comporta.

26) Porque seguiremos abalanzándonos a contemplar cada partido de la Penya (en la medida en que la cobertura televisiva nos lo permita) como si fuera un objeto de culto, quizá porque efectivamente sea un objeto de culto. Porque llegan Drame (mítico apellido en aquella casa, por cierto) o Brandon Paul, porque sigue Mallet que parece el padre de todos, porque sigue Suton, porque aún continúan Vidal o Miralles. Pero también porque Ventura y Llovet ya son imagen de marca, porque Abalde lo será más pronto que tarde (si no lo es ya), porque a la vuelta de la esquina aguardan Sans, Nikolic o Nogués. Pero sobre todo, porque muy pocas cosas resultan más gratificantes (en lo que a ACB respecta) que ver jugar a la Penya.

27) Porque Sevilla sigue viva (un año al menos), porque Bilbao finalmente se ganó la estabilidad. Porque son plazas indispensables, porque una ACB sin Bilbao o sin Sevilla carecería por completo de sentido.

28) Porque cada minuto de Raül López seguirá valiendo su peso en oro, porque se nos irá más pronto que tarde, porque deberíamos de enmarcar todos esos ratos que aún le queden en ACB.

29) Porque Pustovyi, Bendzius y Caloiaro (más la continuidad de Waczynski) seguirán poniendo a prueba la pronunciación de los comunicadores compostelanos en particular, y los de toda la ACB en general. Porque (más allá de chorradas) la enésima reinvención obradoirista volverá a salir adelante como todas las anteriores (Moncho mediante), porque volverá a emocionarnos como todas las anteriores (Miudiño mediante).

shermadini_morabanc_rtva_andorradifusio_ad30) Porque es un lujo y un auténtico placer tener por aquí de nuevo a Míster Bean Shermadini. Aunque habré de reconocer que si hace meses me hubieran preguntado dónde iría jamás habría imaginado que fuera a Andorra, tanto menos con las evidentes carencias interiores en muchas otras plazas ACB de mayor raigambre y tronío. Los designios del mercado (y de la fiscalidad) son inescrutables, sin duda.

31) Porque una cosa es reinventarse y otra (ya un paso más allá) lo que tendrá que hacer el Fuenla: técnico nuevo (Tabak), asistentes nuevos (Cuspinera, Raventós), nueve (sí, 9) jugadores nuevos si no he echado mal la cuenta, incluido el recién llegado (y no por ello menos insospechado) Marko Popovic. Me fascina, me seduce y me intriga (sobre todo me intriga) lo que pueda salir de ese collage, puede ser una maravilla o un caos, esperemos que opten por la primera opción.

32) Porque este año descenderá al menos un equipo a la LEB, de verdad, se lo prometo. No, no es que adivine el futuro (que yo sepa) sino que el postergado ascenso ourensano hará que el último clasificado de la ACB baje esta vez sí o sí (salvo nuevo cambio de opinión o de circunstancias en los próximos meses, que a la vista de los antecedentes tampoco me extrañaría). Y no es que yo le desee mal a nadie, líbreme el cielo, es sólo que recuperar esa dinámica medianamente normal de ascensos y descensos resulta esencial para la supervivencia de esta competición (y no digamos ya de la LEB). Así que algo es algo, menos da una piedra. Aunque sea en diferido.

33) Porque a día de hoy todos parten de cero (por definición), hasta la propia Liga parte de cero, si no nos ilusionamos ahora ya me dirán ustedes cuándo nos vamos a ilusionar. Tiempo habrá para que la cruda realidad venga a ponernos en nuestro sitio.

34) Porque me salen ya a estas alturas 35 motivos pero podrían salirme 350 si me lo propusiera, porque creo que llegados a este punto se han ganado ustedes sobradamente el derecho a que les deje descansar. Y porque muchos de esos otros motivos se nos irán apareciendo según avance la temporada, no les quepa la menor duda. Somos así, todavía capaces de encontrar alicientes aunque nos pueda el desánimo.

y 35) Porque sí. Porque el baloncesto nos hace felices, y a día de hoy (y mientras no se demuestre lo contrario) no tenemos ninguna otra liga profesional de baloncesto más cerca de casa, ni puñetera falta que nos hace. Porque sigue siendo nuestra Liga por más motivos que se empeñen en darnos año tras año para que deje de serlo. Porque ya está bien de lamernos las heridas. Porque sí.

EL EQUIPO DE NADIE   Leave a comment

Hace casi diez años tocamos el cielo. Hace casi diez años el Estu jugó su primera (y última, y única) final ACB, llegó incluso a rozar aquel trofeo justo antes de que se le escapara para siempre de las manos. Quizás no fuera el séptimo cielo pero sí sé que desde luego no fue el primero, ya hubo antes otros cielos, el cielo copero del 2000, el inmenso cielo de 1992 con su Copa y su Final Four de Estambul, quizás incluso aquel otro subcampeonato liguero de 1981 cuando aún no se jugaban finales ni se llamaba ACB siquiera. Tocamos de nuevo el cielo (y qué cielo) en 2004, quién nos iba a decir entonces que aquella sería la última vez. Vale que lo difícil no sea llegar sino mantenerse, vale que una vez que estás arriba sólo cabe ir hacia abajo por un mero principio físico pero hay formas y maneras de caer, hay caídas suaves, pendientes prolongadas, bajadas en picado y luego ya hundimientos definitivos. Esto del Estu es un descenso a los infiernos que parece no tener fin, ríase del Baumgartner aquel de la estratosfera. Cuántas veces creímos haber tocado fondo para luego comprobar que no hay fondo que valga, que el suelo sigue abriéndose una y otra vez bajo nuestros pies. Hasta el infinito y más allá.

Me dirán que precisamente aquellos polvos trajeron estos lodos, que este mísero Estu de hoy no es más que una mera consecuencia de aquel gran Estudiantes de ayer. Que aquel Estu vivió durante demasiados años por encima de sus posibilidades, no sé si habrán oído esto antes. Es lo que tenemos los pobres, que a poco bien que nos vaya ya nos creemos ricos y hasta nos permitimos el lujo de soñar como si en verdad lo fuéramos, menos mal que siempre está la cruda realidad para ponernos en nuestro lugar y recordarnos que los pobres en verdad sólo valemos para comernos la mierda que cagan los ricos, disculpen la brusquedad del símil. Nos creímos lo que no éramos y nos olvidamos de nuestra verdadera razón de ser: un equipo de patio de colegio, nada más (y nada menos). Otros están en la élite y luego además tienen cantera, nosotros no, nosotros siempre fuimos todo lo contrario, nosotros somos cantera y luego además tenemos un equipo en la élite. Un día creímos que podríamos invertir las prioridades, y así nos fue.

No es una mera cuestión de ganar o perder, ojalá fuera todo tan simple. No diré que ganar es de horteras (toda una filosofía de vida reflejada en esa magnífica crónica estudiantil de Guillermo Ortiz), sí diré que ganar o perder en este club nunca fue tan importante como competir, como sentir, como disfrutar. Más que un equipo de baloncesto era una manera de vivir, un estado de ánimo, un soplo de aire fresco que llevó a mucha gente (no necesariamente del Ramiro, no necesariamente de Madrid) a identificarse con él y hacer suyos para siempre esos colores. No por casualidad Estudiantes fue durante al menos un par de años (o puede que aún fueran más y no se hiciera público) el equipo de baloncesto con mayor número de abonados de toda Europa. Se dice pronto, el equipo con más abonados de Europa, piénsese en una ciudad como Madrid con la feroz competencia del vecino, piénsese en la escasa difusión de la ACB, piénsese en la inmensidad de algunas canchas griegas (a comienzos del presente siglo aún no había estallado la crisis), serbias, rusas, turcas o israelíes (Israel es Europa a efectos baloncestísticos, aunque ello se dé de patadas con la geografía) y se comprenderá mucho mejor la magnitud del dato. En estos casos siempre me gusta recurrir a aquella definición del Director de Gigantes Paco Torres, el primer equipo de muchos, el segundo de casi todos. Así era entonces, así fue durante décadas enteras. Me pregunto si aún sigue siéndolo a día de hoy.

Y miren que pudo haber momentos buenos y malos, años de éxito y otros de fracaso, miren que pudo haber generaciones mejores o peores pero lo que sí que hubo siempre fue un mínimo denominador común, una imagen de marca que trascendía desde las mismas raíces de la institución y que se reflejaba sobre todo en la manera de jugar del primer equipo, un Estu style que tal vez podríamos descomponer en cuatro premisas fundamentales:

1) un base, preferiblemente (aunque no necesariamente) canterano, que hiciera del descaro y el atrevimiento su razón de ser; que no perdiera la cabeza (no es incompatible una cosa con la otra) pero sí asumiera riesgos y practicara un baloncesto desinhibido para así contagiar de esa misma desinhibición al resto de la plantilla. Obviamente estoy pensando en Azofra mientras lo escribo pero no fue sólo Nacho, hubo muchos otros que (con ligeras matizaciones) también pudieron encajar en ese mismo perfil, tal vez Antúnez y aún antes Vicente Gil, luego los Hermanos Martínez (podría hasta remontarme a la prehistoria y mencionar a su padre), quizás el Conguito Jennings, el gran Sergio Rodríguez si no nos hubiera durado tan poco, el mismísimo Granger de estas últimas temporadas.

2) un alero, preferiblemente (aunque no necesariamente) yanqui, que aportara anotación y (sobre todo) espectacularidad para así hacer las delicias de chicos y grandes y ahondar aún más si cabe en el componente lúdico-festivo de la entidad. La eterna leyenda de Russell y Winslow nunca tuvo continuidad, pero en un momento dado hasta nos pudo valer con anotadores puros (aún sin mates) como el Bombillo Ahearn, Lofton, English, ya hasta con Kirksay nos conformábamos hasta hace bien poco…

3) un pívot o ala-pívot, no necesariamente dotado (o tal vez manifiestamente limitado) en lo físico, pero que fuera capaz de suplir esas carencias con grandes dotes técnicas y (sobre todo) una inteligencia superlativa para sacarlas partido, para aportar dirección desde el poste y llegar a ser más base incluso que el base mismo. Pinone por supuesto (pónganse en pie) pero no sólo él, también Rafa Vecina, también Shawn Vandiver, también en algún momento Alfonso Reyes, también sin ir más lejos el mismísimo Germán Gabriel.

y 4) un buen puñado de aguerridos mocetones, no necesariamente (aunque sí preferiblemente) de la casa, que se partieran el alma por cada balón; el espíritu de Carlos Jiménez o el de los primeros tiempos del Chimpa, como también el de Carlos Montes, Aísa o El Rata por fuera, o el de Pedro (Picapiedra) Rodríguez, Rementería o incluso Rafa Vidaurreta por dentro…

¿Qué queda hoy de esas cuatro premisas básicas? Yo se lo diré: NADA. Absolutamente nada. Y no es que me remonte a la noche de los tiempos, ya ven que he mencionado a tíos (Jayson, Germán, Tariq, Carl) que vistieron aún de azul hasta hace dos telediarios como quien dice. Jaime apenas logra ser una pálida copia borrosa y discontinua (a su pesar) del punto 1, Kuric (mal que me pese) no le llega ni a la suela de los talones a ninguno de los mencionados en el 2, no hablemos ya de Banic (de aquel de Bilbao sólo queda el apellido) en comparación con los del 3. ¿Y del 4? Pues quizá podríamos encajar ahí con mucha generosidad a Dejan Ivanov, prototipo de esa innata capacidad estudiantil de fichar siempre al hermano malo (Domen Lorbek, Samo Udrih), a ver si así llegaran los genes donde no llega el presupuesto. Tuiteé (me estremece usar este verbo) el otro día que acaso éste sea el peor Estudiantes de la historia, y por ahora nadie me ha dado argumentos que me hagan cambiar de opinión.

Sí, peor incluso que el del descenso virtual de hace año y medio, no les quepa la menor duda. Aquel equipo empezó ya lastrado por el desastre del Trío Los Panchos (de infausto recuerdo) y a partir de ahí todos los parches que se quisieron poner (mención especial para el caso Bullock) no hicieron sino agravar la mala salud del enfermo. De donde no hay no se puede sacar, pero lo que nunca pudo reprochárseles fue que no lo intentaran, que no se dieran cabezazos contra la pared, que no pelearan incluso más contra sí mismos que contra los demás. Aquel equipo consumó su descenso (virtual), y lo que en tantos otros campos en similares circunstancias suele ser llanto y crujir de dientes, gritos de mercenarios, apelaciones a la genitalidad de sus jugadores e incluso lanzamiento de huevos sobre sus cabezas en algún caso concreto, aquí en cambio fue que salgan los toreros, uououó. Que salgan los toreros, porque la gente entendió que habían hecho todo lo que habían podido, que ellos no tenían la culpa, que en todo caso no eran la causa sino la consecuencia del problema. Que salgan los toreros, y los toreros avergonzados no querían salir pero al final no les quedó más remedio porque la gente de allí no se iba, que salgan los toreros, uououó, aún hoy estarían cantándolo de no haber salido. Salieron rotos y la ovación que se llevaron les rompió más todavía al descubrir finalmente que aquel era un club distinto, un club en el que las victorias y las derrotas (aún con descensos de por medio) no importaban tanto como la manera de lograrlas. Que salgan los toreros…

Hoy ya no quedan toreros. Hoy sólo quedan temporeros, deshechos de tienta, queda una política de fichajes consistente en dejar pasar el verano para luego traerse deprisa y corriendo lo que no ha querido nadie, salvo excepciones. Fichar por fichar, ya que se han ido estos tendremos que traernos a otros más que nada para rellenar los huecos y que así parezca que hacemos algo. Pasémonos tres meses fichando a Marcos Mata para que luego cuando llegue la hora de la verdad escoja finalmente (con buen criterio, dicho sea de paso) marcharse a orillas del Guadalquivir.rabaseda Traigámonos en su defecto a Rabaseda, parecía una buena idea (la única) pero ha resultado ser el principal ejemplo de ese extraño fenómeno según el cual cada jugador que cruza por la puerta del Ramiro empeora de manera exponencial sus registros de la temporada anterior. Este Rabaseda es infinitamente peor que aquel otro al que Pascual ponía de pascuas a ramos en el Barça (y no digamos ya el que pasó por el Fuenla), pero no es un caso aislado: Quino Colom (que nunca fue santo de mi devoción, dicho sea de paso) está también a años luz del de Fuenlabrada, al igual que (el hijo pródigo) Miso no es ni la sombra del de Murcia, al igual que… Misterios sin resolver.

¿Por qué sucede esto? ¿Por qué hay equipos que mejoran por sí solos las prestaciones de quienes los integran (mismamente Estudiantes fue uno de ellos, no hace tanto tiempo), y sin embargo hay otros en los que todo parece volverse del revés? ¿Es sólo cuestión de (esa cosa tan etérea que llaman) química, o hay algo más? Miren, yo no creo en eso de los mercenarios como tampoco creo en que los jugadores sientan (o no) los colores, los jugadores son meros profesionales como usted o como yo en nuestros respectivos trabajos (si los hubiere). Pero sí creo en una cosa que se llama implicación, que puede hacer que en un momento dado (y aún con el mismo sueldo, o menor incluso) rindas más en un sitio que en otro porque te encuentres más a gusto, porque te traten mejor, porque te sientas más identificado con el proyecto, por lo que sea. O viceversa. En este Estu no parece que haya nadie identificado con el proyecto por la sencilla razón de que tampoco parece haber un proyecto con el que identificarse. El resultado es que los jugadores se visten, saltan a la cancha, cumplen con el trámite, les meten de treinta, se duchan y se marchan mientras el entrenador se queda en la sala de prensa echándole las culpas al empedrao (que ya quisieran muchos tener un empedrao como el nuestro, dicho sea de paso). Cero implicación, cero pasión, pura rutina.

¿Qué tendrá este Estudiantes que quien puede irse se va, que todo aquel que llega huye despavorido en cuanto se le presenta la ocasión? ¿Qué verán en esos despachos enmoquetados, qué impresión sacarán de todas esas facciones directivas tirándose a degüello y buscándose la yugular (una de las más acendradas tradiciones de este club)? Jugadores, técnicos de mayor o menor nivel, directores deportivos, empleados varios, público en general. Ya hasta se nos van antes de llegar como fue el caso del presunto salvador Morris Finley, se asomó y fue como si hubiera visto un fantasma o el anuncio de la lotería (más o menos fue por esas fechas), pies para qué os quiero. Eso sí, no pudo salvarnos Finley pero al menos pudimos quedarnos con Uros Slokar, el pichafría por antonomasia, justo lo que necesitábamos. Entre los que huyeron como de la peste, los que están como si no estuvieran, los que están en cuerpo pero no en alma (que ésta igual se les quedó en Atlanta) y los que entraron en Estudiantes pero Estudiantes no entró en ellos, el resultado total no puede ser más prometedor.

Hay desde hace meses en las redes sociales un debate que se pregunta si para este viaje hacían falta alforjas, si puestos a hacer el papelón no habría sido mucho mejor y más productivo hacerlo con gente de la casa. O como diría aquel, que si hay que fichar se ficha, pero fichar pa ná es tontería. Es así de sencillo, puestos a perder de treinta prefiero hacerlo con los chavales, pringaré igual pero al menos no tendré la sensación de estar traicionándome mientras lo hago. ¿Que la cantera no es lo que era? Pues tal vez, pero la única manera de comprobarlo es poniéndoles a jugar. Quizás puedas perder de cincuenta un día pero lo mismo al siguiente pierdes de treinta, al otro de diez, después quién sabe. Lo mismo en la Penya (permítanme la comparación) también pensaron que la cantera no es lo que era antes de atreverse a poner a Vives o Sans, quizás también lo pensaran en su día antes de alinear a Llovet, Ventura o Barrera, quizás incluso algún iluminado lo pensara antes de Rudy o Ricky (hay gente pa tó), si quieren sigo remontándome aún más atrás. La Penya, no estará de más recordarlo, también pasó su viacrucis a mediados/finales de los noventa, también vivió por encima de sus posibilidades, también cayó a los infiernos después de haber tocado (y ganado) el cielo de la Euroliga. Hoy no diré que su situación sea boyante porque no lo es en absoluto, pero al menos en el plano deportivo saben lo que quieren y sientan las bases para conseguirlo sin dejar por ello de ser fieles a su filosofía. Ojalá todos pudiéramos decir lo mismo.

Dicen que cuando llegas al fondo del pozo ya sólo cabe ir hacia arriba (otro mero principio físico) pero ese sigue siendo el principal problema, no sabemos aún dónde está ese fondo, mal podremos repuntar cuando todavía no hemos acabado de caer. Algunos creen que ese fondo es la LEB pero yo no concibo esa razón, la LEB no es más que otro escalón más abajo del cual aún hay más, obviamente no me refiero a la EBA sino a ese otro fondo del que ya no se sale ni se repunta y que se llama (miedo me da escribirlo) desaparición. No me quiero poner trágico (aunque ya me haya puesto) pero creo que hay cosas mucho peores que perder la categoría y una de ellas es perder la identidad, a la ACB siempre se puede volver (en el supuesto de que alguna vez llegue a consumarse algún descenso) pero la identidad es mucho más difícil de recuperar. Aquello que decía el bolero, alma corazón y vida, esas tres cositas nada más te doy, de las dos primeras no queda ni rastro y la tercera ya veremos cuánto nos dura. Aquel primer equipo de muchos y segundo de casi todos va camino de convertirse en el equipo de nadie más allá de los fieles, sólo hará falta que siga existiendo para que aún podamos seguir manteniendo esa misma fidelidad. Pero se ha dilapidado capital humano, se ha dilapidado capital social (por no hablar del capital económico), se ha dilapidado imagen, se han echado a perder las sensaciones, los sentimientos y las emociones de toda aquella gente que un día se hizo de este club (aunque fuera en segundas nupcias) por la sencilla razón de que era completamente diferente a todos los demás. Hoy este Estu es una ruina, un mero esqueleto, apenas un pálido reflejo de aquello que fue, eso es todo lo que nos queda. Veremos por cuánto tiempo.

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 17 de enero de 2014)

(Con mi agradecimiento para el gran @TheobaldPhilips, por su foto de la “implicación” de Rabaseda durante el tiempo muerto…)

la Copa en 16 sorbos   1 comment

1. Cada derrota del Madrid hace aflorar el Frente Anti-Laso (en adelante FAL). Permanecen los miembros del FAL ocultos en sus madrigueras días y días, pueden permanecer así hasta semanas y semanas, meses y meses escudriñando el horizonte, esperando pacientemente hasta que las circunstancias les sean propicias, hasta que llega el día en que comete un mínimo descuido y entonces, zas, dentellada certera a la yugular. Vale, puede que el símil me haya quedado un poco exagerado pero así es como yo lo veo, fue perder el Madrid contra el Barça (que el Madrid en su ámbito doméstico sólo pierde contra el Barça, precisamente contra el Barça, también es casualidad) y emerger de nuevo todos aquellos que salieron en manifestación tras su nombramiento, probablemente esos mismos que hace unos meses preferían que el Madrid perdiera la Liga con tal de que Laso no siguiera, les salió el tiro por la culata porque la perdió y aún así siguió, algunos todavía no se habrán recuperado de la impresión. Va el Madrid líder en Liga y Euroliga pero tanto da, podría incluso ganar ambas competiciones que tanto daría, lo que pierda será culpa de él, lo que gane será a pesar de él. Definitivamente el madridismo (algún madridismo) tiene razones que mi razón no entiende. Ni falta que me hace, por supuesto.

2. Hace muchísimos años, un presidente de gobierno de este país dijo que el único miedo que no nos podemos permitir es el miedo al miedo mismo. Lo dijo y se quedó tan ancho, probablemente ni él mismo sabia qué quería decir pero vio que quedaba bien y lo soltó, ahí va eso. Y sin embargo el otro día me acordé yo de esa fase viendo jugar a Llull y sobre todo recordando aquellas declaraciones suyas de ese mismo día en El País, ésas en las que afirmaba no conocer el miedo, tal cual. Qué duda cabe, está muy bien no tener miedo, el miedo es un sentimiento paralizante que está contraindicado en cualquier actividad humana, no digamos ya en la faceta deportiva. Pero puede que aún peor que el miedo sea el miedo a tener miedo, que por huir del miedo acabemos convirtiendo el atrevimiento (positivo) en temeridad. Llull hizo buenas sus palabras contra el Barça, su apedreamiento del aro rival en los minutos postreros (contraindicado con las necesidades de su equipo) demostró con creces que efectivamente no tenía ningún miedo. Pero un poco de prudencia quizá no le habría venido del todo mal.

3. Yo soy más chachista que llullista, aquellos que lleven años leyéndome ya me lo habrán notado (demasiadas veces, incluso). O acaso sea yo de un llullismo muy particular ya que Llull me gusta como jugador pero no como director de juego, ya saben, debate interminable entre los que le consideran un base y los que no, yo entre ellos. Mi llullismo está condicionado, mi chachismo en cambio es incondicional… lo cual no me impide apreciar sus defectos: ha mejorado en defensa pero aún le cuesta pasar los bloqueos, tanto más si éstos te los pone una especie de globo aerostático de dos por tres con el que mejor harías en saltarlo o incluso en pasar por debajo de sus piernas porque rodeándolo no vas a llegar a tiempo, ni de coña. Sergio Rodríguez puede ser un problema puntual en defensa pero a cambio te ofrece infinidad de variantes en ataque, desde luego muchas más de las que te proporciona Llull Sin Miedo (que básicamente se reducen a dos, la opción bombardeo sin piedad y la opción venda en los ojos, también llamada a mí el pelotón que los arrollo). Por una vez (y esperemos que no sirva de precedente) Laso priorizó los defectos defensivos del Chacho sobre sus virtudes ofensivas, le mantuvo sentado un largo rato en los minutos decisivos mientras dio barra libre a Llull, con los resultados que todos conocemos. Puede que a estas horas aún esté arrepintiéndose de ello.

4. En el cercanías camino del trabajo, en los corrillos de pasillo, en el bar del desayuno no se hablaba de otra cosa. Sí, créanselo, ni fútbol ni leches, por una vez el baloncesto de clubes era el tema del día en aquella mañana de viernes (en lo deportivo, que en lo no-deportivo hay demasiadas historias estos días contra las que no podemos competir), lo cual me llenó de moderada satisfacción. Sí, moderada porque no me llamo a engaño, porque demasiado bien sé que si el partidazo televisado con dos prórrogas no hubiera sido el Madrid-Barça sino el Valencia-Estu (utopía irrealizable, me temo) no se habría acordado de él ni la madre que le parió, más allá de sus respectivas aficiones. Asumámoslo, en este país de fútbol y de Madrid-Barça nuestro deporte sólo existe cuando es capaz de reproducir en su seno el modelo futbolístico imperante. Resignémonos, consolémonos pensando en lo que podría haber sido aquello si la ACB y/o TVE se hubieran atrevido a llevarlo al prime time, o si en vez de jueves hubiera sido miércoles…

5. ¿Y por qué no era miércoles? No, no se conformen con la respuesta obvia (¡pues porque era jueves!), vayan un poco más allá. Los jueves está el Cuéntame, está El Barco, está hasta José Mota, en cambio los miércoles no diré que no haya nada porque algo habrá pero ni comparación, de hecho este miércoles por no haber no había ni fútbol, sólo la selección y a esas horas ya había acabado más que de sobra… ¿No habría merecido la pena intentarlo? ¿No habría sido un puntazo ese Madrid-Barça eliminatorio en la noche del miércoles, a las 22:00 pongamos por caso? ¿No merecería la pena (independientemente de todo lo anterior) que los cuartos de final en vez de ser jueves-viernes fueran miércoles-jueves, dejando así además un día de descanso reparador a los equipos que van por el lado débil del cuadro? Sí, ya lo sé, un día más de hotel, más gastos… pero creo que los beneficios compensarían los perjuicios más que de sobra. Piénsenlo.

6. Total que el Barça-Madrid valió por partido y medio y luego ya para compensar el Baskonia-CAI se nos quedó en medio partido, el que se jugó hasta el descanso. 1,5 + 0,5 = 2, es decir, hasta ese momento llevábamos la cosa más o menos equilibrada. Pero resultó luego que de dos cuartos de final previstos para el viernes sólo tuvimos uno, resultó el sábado que de dos semifinales previstas sólo hubo una (o ni eso siquiera, más bien tres cuartos), resultó el domingo que la Final se nos quedó apenas en media final… Me las prometía yo muy felices el jueves a las nueve y pico de la noche, pensaba entonces que mis temores eran infundados pero apenas tardé un rato en darme de bruces contra la cruda realidad. Lo dicho, esto ya no es lo que era… o acaso sea yo el que ya no soy lo que fui. Eso va a ser.

7. Acaso pensaran que no podían ganar la Copa estando de prestado en la ACB, que el mero hecho de intentarlo sería ya un atrevimiento viniendo de LEB, un poco como aquella selección de Dinamarca que osó ganar una vez la Eurocopa de fútbol sin haberse clasificado siquiera para jugarla. Acaso llegaran ya acomplejados a Vitoria y lo de English no hizo más que darles la puntilla o tal vez no, tal vez llegaran con buen ánimo y fue el entripao de su referente el que hizo que se les cayera el alma a los pies. Y una vez en los pies ya no la recogieron, claro, total para qué. Estudiantes no compareció en el Buesa o más bien lo hizo en cuerpo pero no en alma, el alma se quedó en el hotel a la vera de English para hacerle compañía en el lecho del dolor (o en la taza del váter, no sé). Tanto largar yo aquí de equipos que entienden la Copa como un fin y no como un medio, que se conforman con llegar y no intentan ir más allá… y al final he tenido que escribirlo hasta de quien jamás pensé que tendría que escribirlo, quién me lo iba a decir.

8. Una vez acabada la jornada del viernes alguien escribió en Twitter que no le sorprendía en absoluto la victoria del Granca sobre el Bilbao Basket porque que gane el que mejor juega es lo normal. Ojalá fuera todo tan fácil. Probablemente el Granca hiciera el mejor baloncesto de la Copa (que es tanto como decir de toda la ACB), del mismo modo que el Granca probablemente fuera la plantilla menos fuerte de las ocho que compitieron (o así) en Vitoria. Gracias a lo primero pasó una ronda y está tercero en liga, por desgracia lo segundo no le permitió ni le permitirá ir mucho más allá. Hoy no faltan iluminados que proclaman que el Granca se conformó con ganar al fin un partido y que se borró para la semifinal. Permítanme que discrepe totalmente: el Granca es lo que es y tiene lo que tiene; gracias a ser lo que es llegó hasta donde llegó, gracias a tener lo que tiene (o más bien a no tener lo que no tiene) difícilmente podrá aspirar a mucho más. Demasiado hizo.

9. Lo normal de cualquier competición deportiva sería una dinámica similar a la que rige para cualquier composición narrativa, ya saben, aquello de planteamiento-nudo-desenlace: un crescendo de emociones empezando por unos buenos cuartos de final que fueran preparando la atmósfera para unas magníficas semifinales que a su vez sembraran el caldo de cultivo para acabar desembocando en una extraordinaria final, algo así. ¿Se imaginan una novela o una película en la que el clímax se alcanzara ya en su primera escena y luego el resto de la trama fuera languideciendo sin remedio hasta el final? La ACB, también en eso, es el mundo al revés. No les echo la culpa porque no creo que haya culpables, esto está montado así y no hay que darle más vueltas. Pero es así.

10. Anda el madridismo (sector tangencial, es decir, esa inmensa mayoría futbolera que sólo ve a su equipo de baloncesto cuando juega contra el Barça) haciéndose cruces con Tomic estos días, ayer mismo sin ir más lejos me pedía uno una explicación, pero vamos a ver, pero cómo es posible, pero si era un pichafría, pero si… Pues vaya usted a saber, a lo mejor es el clima, que ese clima mediterráneo de Barcelona se parezca mucho más al de su Duvrovnik natal y eso le haga más feliz, nada que ver con estos fríos y estas sequedades que nos gastamos tierra adentro; o a lo mejor lo que le hace más feliz es estar en un equipo con muchos más sistemas orientados hacia los pívots, viniendo como viene de otro equipo mucho más pensado para el juego exterior… pero no, qué malpensados somos, cómo habría de ser eso. Será el clima, seguro.

11. No suelo llevarme bien en estos últimos tiempos con esas designaciones coperas de MVP hechas generalmente a matacaballo desde la improvisación: a falta de cinco minutos, mientras estás pendiente de un partido que acaso ni siquiera esté resuelto y del que tienes que hacer la crónica (eso cuando no lo estás contando en directo), te ponen un papelito para que votes deprisa y corriendo y claro, así pasa, que en lugar de pensar a quién votas y luego votar lo acabas haciendo al contrario, primero votas para salir del paso y después te lo piensas, véase Itu ayer sin ir más lejos. Pete Mickeal hizo una buena Copa pero no una gran Copa, se salió ante el Madrid (¿qué extraño mecanismo se activa en el cerebro de esta criatura cada vez que juega contra el Madrid?) y luego estuvo bien, sin más. Pero puestos a escoger (y aún con las evidentes limitaciones de un equipo tan coral) permítanme que yo me quede con Marcelinho. Desde que Pascual le ha aflojado las riendas (o desde que se ha soltado él, no sé) es otro jugador, y su equipo lo agradece y sus compañeros lo agradecen aún más si cabe. Es a quien yo habría votado pero claro, yo juego con ventaja, yo he podido pensarlo (tampoco mucho, que ya saben que no es mi fuerte) antes de escribir esto. Otros no tuvieron esa oportunidad.

12. En las horas previas a la Final, me asaltó una duda (sí, a veces me pasan estas cosas): ¿Qué equipo llegaría más fresco, el Barça tras dos partidos muy exigentes pero habiendo tenido un día de descanso, o el Valencia tras dos partidos muy cómodos pero no habiendo tenido descanso alguno? La Final dejó muy clara la respuesta, sin lugar a dudas: esa dinámica de jugar el viernes a las 21:30, luego el sábado a las 21:30 y finalmente el domingo a las 19:00 es mortal de necesidad (aún por apacibles que fueran sus duelos previos), tanto más si tu plantilla es más corta (o menos larga) que la de tu rival. No, no puede llover a gusto de todos pero quizá sí se podría intentar canalizar esa lluvia de algún modo… para lo cual me remito nuevamente a lo expresado en el sorbo número 5.

13. ·Existe por ahí una corriente de opinión que considera que para mejorar el baloncesto y recuperar los tanteos de antaño la clave sería que los árbitros pitaran todo lo habido y por haber, que sancionaran cualquier contacto por mínimo que éste fuera, lo cual al parecer redundaría en que los defensores se lo pensaran mucho más a la hora de defender. A ver: no niego yo que una cosa así no pudiera funcionar a medio/largo plazo (aunque a corto plazo sería un coñazo) siempre y cuando ese criterio se aplicara en todas las ocasiones y no sólo cuando a los árbitros se les pusiera en la punta del pie: ayer, por ejemplo. Ayer hicieron eso tan típico de hoy para que no se nos escape el partido vamos a pitar todo lo que veamos, pero todo todo. Y dicho y hecho, y a ellos no se les escapó el partido, se nos escapó a nosotros. Sí, me dirán que pitar muchas faltas es otra buena manera de aumentar los tanteos porque así hay más tiros libres pero qué quieren que les diga (sé que alguno me linchará por lo que voy a escribir a continuación), prefiero un partido a sesenta puntos dejando jugar que uno a noventa puntos que se pare cada dos por tres. Baloncesto interruptus no, por favor.

14. Algunos opinadores nos intentaron vender ayer que el título copero del Barça, viniendo como venía de un séptimo puesto al final de la primera vuelta, era una sorpresa. Pues no. Sorpresa sería que la hubiera ganado el Valencia, que la hubiera ganado el Baskonia, no digamos ya que la hubiera ganado el Granca. Venga desde donde venga, un título del Barça nunca puede ser una sorpresa como nunca podría serlo el del Madrid aunque pasara como octavo. Reconozcámoslo, la crisis (e incluso la injusta distribución de derechos televisivos en según qué deportes, también) ha abierto mucho más la brecha entre estos dos y el resto: pueden flojear durante un tiempo puntual pero cuando llega la hora de jugarse los títulos a un lado están ellos (aún por mal que estén) y al otro el resto de la humanidad. Asumámoslo, es así.

15. O eso o que lo hicieran aposta, claro. No, no lo digo yo (que a mí jamás se me ocurriría siquiera insinuar chorrada semejante), lo dice hoy bien clarito en su columna uno de los periodistas deportivos más prestigiosos (¿?) de este país (y uno de mis demonios familiares, también), el ínclito Juan Mora: “El Barcelona es ahora campeón de Copa, mientras el Madrid se lame sus heridas. No encuentro mejor explicación para entender semejante metamorfosis, que para el Barcelona el valor de la Liga en su fase regular sea cero. Al final todo se reduce a quedar entre los ocho primeros. ¿Para qué, entonces, desperdiciar energías y esfuerzos en algo que no vale de nada? Ha sido el más listo“. Es decir, todo aquello de palmar estrepitosamente en casa ante Blancos de Rueda u Obradoiro, todo aquel hundimiento ante Estudiantes, todo aquello fue a propósito, qué sutil estrategia, qué supremo ejercicio de inteligencia. Acabáramos. El Madrid haciendo el panoli ganando partido tras partido y el Barça en cambio dosificando sabiamente sus derrotas, total a quién le importa ser primero o ser séptimo si habíamos quedado en que la fase regular no sirve para nada, ¿verdad, señor Mora? Claro que si según usted lo del Barça en ACB fue de listos, entonces aplicando ese mismo razonamiento habremos de convenir en que lo del Barça en Euroliga fue de tontos, a quién se le ocurre, ganar partido tras partido echando el resto en la primera fase, total para pasar luego en igualdad de condiciones al Top16. ¿O es que acaso la primera fase euroliguera tiene mucha mayor trascendencia a efectos clasificatorios que la temporada regular ACB? Me lo explique.

y 16. Y es que hay periodistas y periodistas. El viernes en plena Copa nos dejó para siempre uno de los buenos, uno que creó escuela escribiendo de baloncesto desde su Málaga, uno cuya web fue un referente incluso en aquellos tiempos en los que casi ninguna web acostumbraba aún a ser un referente. Paco Rengel nos dejó a esa edad en la que nadie debería aún dejarnos (una edad que me resulta extrañamente familiar) y lo hizo predicando con el ejemplo, haciendo aún periodismo hasta casi el final del final. Este deporte, incluso esta vida, ya difícilmente volverán a ser lo mismo sin la energía y el entusiasmo que tantas veces nos transmitió Paco Rengel. Descanse en paz.

la Copa es sueño   1 comment

Un buen amigo virtual de los lejanos tiempos de SEDENA me pidió una colaboración sobre la Copa para su blog (magnífico por cierto, se lo recomiendo encarecidamente) Jugant per la vida. Este fue el resultado, publicado allí el lunes 4 de febrero:

La Copa es (antes que nada, quizá por encima de todo) añoranza, es el recuerdo de tantas otras copas, tantos otros momentos que ya jamás se borrarán de nuestra memoria, al menos de la de aquellos que tenemos ya una edad, al menos mientras el señor Alzheimer lo permita: la Copa es aquel CAI de 1983 subvirtiendo por vez primera el orden establecido, aquel triple de Solozábal sobre la bocina en 1987, aquel Estu de Pinone, Winslow, Herreros u Orenga en su año de gracia de 1992, aquella accidentadísima edición sevillana de 1994, aquella prórroga imposible que TDK Manresa (es decir, Creus) le levantó al Barça en 1996, aquel Cáceres que se asustó de sí mismo y dilapidó 18 puntos de renta ante la Penya en 1997, aquella reivindicativa defensa de cuatro que se quiso inventar Julbe en 1998, aquella lección magistral de Bennett en 1999; la Copa es también Pau presentándose al mundo en 2001, es Rudy volando y siendo MVP pese a perder en 2004, es la exhibición asistidora de Prigioni en 2006, es el errequeerre show de Ricky & Rudy hipnotizándonos a todos en Vitoria 2008… La Copa, en cierto modo, es añoranza de cuando la Copa era la Copa.

La Copa es magia y es decepción también, a veces. No acostumbro a ponerme en plan abuelo Cebolleta, no suelo comprar jamás ese discurso de que cualquier tiempo pasado fue mejor (más bien suelo decir que cualquier tiempo pasado fue… anterior, punto) pero reconozco que en estos últimos tiempos no puedo evitar como una sensación de que la Copa ya no es lo que era, ustedes me perdonen. Como si aquel bazar de las sorpresas de otro tiempo se nos hubiera convertido en el reino de lo previsible, como si de un tiempo a esta parte ya nada se saliera del guión, ya sólo ganara quien tiene que ganar. Claro que si usted es de uno de esos equipos que siempre van de favoritos me dirá que dónde está lo malo, que cuál es el problema, que a ver por qué va a ser peor que se cumplan los pronósticos a que se rompan. Tendrá razón, no seré yo quien lo discuta pero qué quiere que le diga, la Copa construyó su leyenda a base de romper con lo establecido, partidos y más partidos a cara de perro basados en la típica filosofía yanqui del win or go home, un mundo entero en cuarenta minutos, nada que ver con la regularidad de una liga o de una serie de playoffs porque aquí sí que existía la posibilidad de que el pez chico se pudiera comer al grande, y de hecho muchas veces se lo comía. La Copa fue (me gustaría pensar que aún pudiera seguir siéndolo) como una suerte de democratización de nuestro deporte: por cuatro días cambiábamos el tanto tienes, tanto vales por el un hombre, un voto, que en este caso se traduciría en que cada equipo tenía aparentemente las mismas posibilidades de ganar. No era así, claro, no éramos todos iguales (tampoco aquí) ni jamás íbamos a serlo pero al menos nos hacíamos la ilusión; y ésta a veces incluso se correspondía con la realidad. Hoy ya no, hoy esa extraña suerte de justicia retributiva nos parece mucho más difícil: como si la crisis, también aquí, hubiera agrandado el abismo social.

La Copa es fe, y no me refiero a fe en sentido religioso (que esa no la trabajo) sino a fe en las posibilidades de uno mismo. ¿Recuerdan la teoría de los calzoncillos? Juanan Morales solía contar que en su etapa en la Penya tuvo un entrenador (nunca dijo quién… aunque tengo mis sospechas) que cuando iban a la Copa revisaba las maletas de todos y cada uno de sus jugadores para comprobar cuántos calzoncillos habían metido: si llevaban uno o a lo sumo dos significaba que estaban plenamente convencidos de su eliminación y pensaban volverse a las primeras de cambio (o que eran unos guarros, añado yo, si bien lo pongo entre paréntesis para no estropear el razonamiento); en cambio si llevaban cuatro o cinco quería decir que estaban absolutamente mentalizados para llegar hasta la final. Han pasado los años, obviamente a día de hoy no me imagino a ningún entrenador ACB (no, tampoco a Ivanovic cuando aún estaba) rebuscando ropa interior en el equipaje de sus jugadores, de hecho alguno hasta podría malinterpretarlo… pero si alguien lo hiciera no sé yo qué encontraría (metafóricamente hablando). O dicho de otra manera: acaso nos estemos instalando en el conformismo. La Copa, como los playoffs, nunca debería ser un fin sino un medio. Están los que se clasifican y lo entienden como un premio, ya está, ya hemos llegado, tenemos lo que queríamos así que ya nos podemos relajar, cada postemporada vemos a alguno de éstos; y están los que se clasifican y lo entienden como un primer paso para dejarse el alma por llegar aún más allá. Todas esas sorpresas históricas nacieron de equipos que decidieron no conformarse con lo que tenían. Todas estas no-sorpresas de los últimos tiempos acaso tengan más que ver con una actitud cada vez más arraigada en nuestra sociedad, esa cosa que llamamos resignación.

La Copa en cualquier caso es ilusión, la de aquellos aficionados que se dejan lo que no tienen por seguir a su equipo aunque les toque alojarse a cien kilómetros de su sede (que esa es otra), que confraternizan con los de enfrente y que aunque no pasen ronda se quedan hasta el domingo porque ésta es su fiesta y no van a permitir que una simple derrota se la eche a perder. La Copa es también la ilusión de todos aquellos que nos sentaremos ante el televisor como cada año esperando ver una Copa aunque demasiado bien sepamos que esta vez sólo nos van a dar media, la otra media quedará para paladares más exquisitos. Siempre hubo una Copa de primera y otra de segunda, una Copa estatal y otra autonómica pero al menos a los no-autonómicos aún les quedaba la opción de agarrarse al clavo ardiendo de Teledeporte, ahora ya ni eso, ahora los que no tienen Autonómica y los que sí la tenemos pero es como si no la tuviéramos (y no sólo a efectos baloncestísticos) tendremos que buscarnos la vida en Internet, tendremos que ponernos en manos de Orange Arena (que es como si te tienes que operar y te pones en manos de un fontanero, poco más o menos), rezar lo que sepamos (aunque no sepamos) para ver si existe aún alguna posibilidad por pequeña que sea de salvar el Baskonia-CAI, el Granca-Bilbao y la segunda semifinal. La Copa es ilusión, sin duda, pero este año es también frustración. Y eso que aún ni ha empezado siquiera.

La Copa es sueño, cómo no: el sueño del Madrid de plasmar en títulos su dominio, el sueño del Barça de enderezar (acaso salvar) su temporada, el sueño baskonista de ser (por fin) profeta en su tierra, el sueño del CAI de sobrevivir por el lado imposible del cuadro, el sueño taronja de que aquest any sí, el sueño estudiantil de ser los primeros en ganarla viniendo de LEB (permítaseme la automordacidad), el sueño bilbaíno de estrenar por fin su palmarés nacional, el sueño grancanario de pasar por fin de ronda, más de una a ser posible… Muchos, demasiados sueños que se juntan con los nuestros: recuperar la magia, volver a sorprendernos, sentir otra vez aquella fascinación que un día sentimos por esta competición; que llegue el día en que podamos recordar también con añoranza esta Copa de 2013 tantos años después. Sí, la Copa es sueño pero ya nos dijo Calderón (el de la Barca) que los sueños sueños son: en cuanto te descuidas te despiertas. Esperemos que aún tarde mucho en sonar el despertador.

YOGUI   2 comments

Viajemos una vez más (que en este caso es gratis, y ya son cada vez menos las ocasiones en que podemos decir lo mismo) a aquel inolvidable verano de 1999. Pongámonos en situación, nuestra selección júnior acaba de ganar el Mundial de la categoría en Lisboa y nosotros (más que nada por la falta de costumbre) estamos aún en una nube, leyéndonos con fruición todo lo que cae en nuestras manos al respecto. Leyéndonos por ejemplo aquel reportaje de Gigantes en el que se nos cuentan (entre otras muchas cosas) los motes que se habían puesto aquellos jugadores entre sí. Recuerdo como si fuera ayer que a Pau le llamaban Gasofa (obvio), que a Cabezas le llamaban Charlie Heads (aún más obvio), que Raül López era Topogiggio, que Navarro no les voy a decir lo que era porque a día se hoy se lo seguimos llamando, que Berni tenía un apodo que le iba como anillo al dedo pero que por más que lo intento no consigo recordar… y que a Germán Gabriel sus compañeros, con un mucho de cariño y un puntito también de mala leche, le llamaban Yogui. Yogui, lo recuerdo bien, como también recuerdo que el incomparable técnico de aquella selección, Charly Sainz de Aja, tenía elogios para todos y cada uno de sus jugadores pero en el caso concreto de Germán Gabriel lo definía con tan solo dos palabras: el mejor. Así de sencillo.

Sí, ya lo sé, hoy que ya hemos visto a Pau, Juanqui, Raül, Felipe, Berni y hasta Cabezas hacer diabluras a éste o al otro lado del charco, hoy que ya les hemos visto a casi todos ganar casi todo lo ganable nos puede resultar extraño que para Sainz de Aja el mejor de entre todos ellos fuera Gabriel, precisamente Gabriel. Pero créanme que así era, y créanme también que, visto desde fuera, tampoco resultaba tan extraña esa aseveración. Gabriel, dentro de ese redondeado cuerpo de osito (o más bien de osazo), tenía algo que en aquel entonces (y no digamos ya ahora) resultaba impagable: talento. Talento en estado puro, que se manifestaba ya en un maravilloso juego de pies. Aquellos que tenemos ya una edad y nos criamos en un tiempo en el que el baloncesto aún no era tanto cuestión de músculo como de fundamentos todavía nos conmovemos cuando vemos a alguien que interpreta el juego como siempre pensamos que debía ser jugado. Y en aquella selección de 1999 todos eran buenos, cada uno a su manera, pero había básicamente tres sujetos que nos conmovían porque desparramaban talento en cada movimiento, en cada acción: Juan Carlos Navarro, Raül López y… sí, también (y sobre todo) Germán Gabriel. El mejor.

Aún hoy, trece años y medio después, muchísima gente alucina al ver su juego de espaldas al aro como si le hubiera brotado de improviso, como si el triple lo hubiera tenido siempre y en cambio estos movimientos al poste bajo los hubiera ido adquiriendo con los años. Bueno, pues permítanme que les explique que su viaje fue exactamente al revés. A aquel pívot orondo y con incomparable cara de buena persona jamás se le hubiera ocurrido tirar de tres, o puede que sí se le hubiera ocurrido pero seguro que alguien (problablemente el propio Sainz de Aja) le habría dicho pero chico, qué haces, si eso no es lo tuyo, tú dedícate a postear que lo haces como los ángeles, las virguerías exteriores déjaselas a otros. Y bien que le hizo caso, bien que se dedicó a postear y bien que le fue… en aquella selección júnior, porque lo que es en su club de toda la vida así de entrada no se comió un colín la criatura. Meses enteros pelándose el culo en el banquillo, meses enteros de cesiones a lugares más o menos ignotos en los que tampoco rascaba apenas bola, esa irresistible sensación que nos quedaba de que mientras sus compañeros de generación seguían imparables hacia arriba él se nos estancaba, acaso ya para siempre…

Y entonces, en algún momento de su azarosa carrera, alguien debió decidir que con ese torso redondeado y poco musculado y esa pinta de buenazo Germán Gabriel no podría nunca ser un cinco, los cincos tienen que intimidar ahí debajo y tú con ese aspecto no intimidarías ni a mi madre así que vamos a hacer de ti un cuatro, con dos… razones. Gabriel se aplicó, se puso a la tarea (más que nada porque no le quedaba otra si quería sobrevivir en esta profesión) y como clase tiene por arrobas para hacer lo que le dé la gana pues acabó desarrollando un tiro de tres que habría de acabar siendo la envidia de casi todo alero que se precie. Debería haber sido un recurso, una opción, esta vez en vez de continuar el bloqueo hacia dentro lo haré hacia fuera para romperte los esquemas, pero no. Hay entrenadores capaces de adaptar su filosofía al estilo de sus jugadores, y hay en cambio otros para los que el estilo de sus jugadores tiene que adaptarse necesariamente a su filosofía. Jugadores como piezas de ajedrez, yo quiero que hagas esto y me la suda que antes hicieras bien aquello otro porque ahora soy yo el que manda y te necesito ahí fuera así que vete olvidando de ir para dentro, que te quede claro. Y así, por poner algún ejemplo tonto, Herrmann en Unicaja sólo tiró de tres desde una esquina cuando antes y después se hartó de demostrar que sabía hacer muchísimas más cosas, y así Garbajosa acabó convirtiéndose en un jugador unidireccional que no pisaba la zona ni aunque le pillara camino del vestuario, y así Lorbek huyó de Málaga amargado de la vida dos meses después de llegar porque le obligaban a ser Garbajosa bis, y así Gabriel… Encasillar, le dicen a esto en el cine. Muchos dejaron de ser lo que eran para acabar siendo otra cosa completamente distinta, unos pocos huyeron y se salvaron, algunos se adaptaron y sobrevivieron pero mantuvieron en silencio su propia resistencia interior, mientras esté aquí seré lo que tú quieras que sea pero no por eso dejaré nunca de ser lo que soy.

Gabriel sobrevivió, volvió rebotado al Estu, llegó para un mes y ya va camino de su cuarto año. Mire, señor Casimiro, que además de tirar de tres también sé hacer esto, en realidad he sabido siempre, lo que pasa es que no me dejaban… Las ha visto de todos los colores (o de todas las tonalidades de azul) en este tiempo, temporadas enteras al borde del precipicio (tan al borde que al final acabaron cayéndose, aunque rebotaran después) pero siempre con un denominador común, siempre Gabriel como el mejor, a veces como el único realmente salvable en medio de tanto desastre. Lo que voy a escribir a continuación a alguno le sonará a atrevimiento, a blasfemia incluso, pero creo que Germán puede ser considerado por derecho propio el legítimo sucesor en ese puesto que podríamos denominar pívot inteligente (o pívot de inteligencia superior a la media, para que no se ofendan los demás), en la más rancia tradición estudiantil; una tradición que inauguró el Oso Pinone (será cuestión de osos, de Pinoso a Yogui) y que luego continuaron tipos como Rafa Vecina o Shawn Vandiver por ejemplo. Pívot Inteligente con mayúsculas, hasta el punto de que en el diseño de una jugada decisiva se atreviera a corregir a su entrenador de entonces, hasta el punto de que al final éste le dijera explícala tú, si casi te la sabes mejor que yo… Dijo Manel Comas en una retransmisión televisiva que hay algunos jugadores a los que se les nota a la legua que el día de mañana serán entrenadores, y que Gabriel era uno de esos casos, sin ninguna duda. Ojalá sea así, ojalá le tengamos de técnico o al menos de analista televisivo, pero que no le perdamos para este juego.

Hace unos días, mientras veía el Estu-Madrid y escuchaba cómo alguno (que parece que sólo viera baloncesto cuando le toca comentarlo) alucinaba una vez más con ese juego de pies, pensaba yo para mis adentros que hace tiempo que tengo una deuda contraída con Germán Gabriel. En todos estos años le habré elogiado docenas de veces y hasta habré reivindicado inútilmente cada verano su presencia en la selección (que bien pensado quizás haya sido mejor así, que vaya usted a saber si no le hubieran prohibido pisar la zona), pero nunca, que yo recuerde, le había dedicado una entrada completa para él solo. Ya que en apenas unos días escribiré sobre otro Yogi (éste sin u), que juega de base en Indiana y que vaya usted a saber por qué le llaman así porque en nada se parece al del dibujo, pues qué menos que soltarles antes toda esta parrafada sobre este otro Yogui nuestro, este auténtico y genuino malagueño de Caracas (o caraqueño de Málaga, no sé) que digo yo que bien ganado se lo tiene. Aunque ya apenas quedará nadie a estas alturas (aparte de mí, claro) que se acuerde de ese apodo, ni falta que le hace: aunque ya a nadie (afortunadamente) se le ocurriría llamarle así.

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