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APUNTES TRAS EL EUROBASKET   Leave a comment

Tras la tempestad llega la calma, tras los excesos viene siempre la resaca, tras el delirio toca ya la mesurada reflexión. Eso es lo que intentaré (otra cosa será que lo consiga) durante estos próximos párrafos, desentrañar diversos aspectos de este pasado Eurobasket, acaso el más feliz que jamás nos haya tocado vivir. Acompáñenme pues si así lo quieren, y mil gracias de antemano por su paciencia y por su amabilidad.

1. Algunos sabrán que un mes antes del Eurobasket me desahogué (como suelo hacer verano tras verano) con la gira de (presunta) preparación de nuestra selección, esa cosa ñoña que llamamos Ruta Ñ. Ni que decir tiene que a la vista de los resultados obtenidos queda científicamente demostrado que yo estaba equivocado, que debería cortarme las manos antes de teclear, que tendría que pensármelo dos veces a la hora de escribir dado que luego los hechos acuden tozudos a quitarme la razón (y yo tan contento de que me la quiten, no vayan a pensar). Lo reconozco, me han dejado casi sin argumentos, pero aún así me gustaría explorar un poco en ese casi: sigo pensando (no escarmiento) que nuestra preparación no prepara, que el resto de equipos llegaron al Eurobasket preparados mientras nosotros llegamos blandos y fofos, que la primera fase de la competición (es decir, el grupo de clasificación propiamente dicho) volvió a ser nuestra verdadera fase de preparación. Recuerden que en 2009 estuvimos a tres minutos de que Gran Bretaña (¡¡¡Gran Bretaña!!!) nos dejara últimos de grupo y fuera de los doce mejores del Torneo, reccalendariouerden que en este 2015 estuvimos a un tiro libre de Schröder de que Alemania nos dejara penúltimos de grupo y fuera de los dieciséis mejores de la competición. Jugamos con fuego y como no nos quemamos salimos fortalecidos, es bien sabido que lo que no te mata te hace más fuerte. Pero ya dijo la DGT que las imprudencias se pagan, de tanto acercarnos a las llamas llegará un día en que no nos dé tiempo a escapar.

2. O quizá sea todo mucho más sencillo que todo eso, a lo mejor es que Sáez y sus secuaces son unos putos genios a pesar de que algunos descreídos aficionados seamos incapaces de darnos cuenta: nosotros llegamos al Eurobasket fuera de punto, cogemos el tono según avanza la competición, nos salvamos de milagro y de esta manera llegamos al momento culminante del Torneo en nuestro pico máximo de forma. El resto en cambio llegan al Torneo tras una magnífica preparación, juegan el grupo en su pico máximo de forma y cuando luego llegan al momento culminante de la competición ya están en declive, físico y/o psicológico. Ellos van p’abajo y nosotros p’arriba, que diría un abuelo (sólo que al revés). Está tó pensao. Reconozcámoslo, asumamos nuestro error, repitamos todos a coro aquella vieja máxima del libro gordo de Petete (si es usted tan insultantemente joven que no sabe quién fue Petete consulte a sus progenitores, que algo podrán ilustrarle al respecto), la Ruta Ñ te enseña, la Ruta Ñ entretiene, y yo te digo contento, ¡hasta el verano que viene!

3. Más de lo mismo: en algún momento me reprocharon también (tuiter mediante) que no serían tan malos nuestros rivales en la gira si al fin y al cabo tres de ellos habían alcanzado los octavos de final. Pues no, tan malos no eran… pero tan buenos tampoco, no vayan a pensar: Bélgica efectivamente se metió en octavos de final, para caer luego de 21 ante Grecia. Y Polonia efectivamente se metió en octavos de final, para caer luego de 14 ante nosotros mismos (y eso que sólo jugamos un cuarto). La barrera que separa los octavos de los cuartos de final es la que separa a los (relativamente) buenos de los grandes, o de los que están en el camino de serlo. Y eso es precisamente lo que yo eché de menos en la dichosa Ruta Ñ, que hubiera equipos más o menos buenos (o aceptables, si acaso) pero apenas ninguno verdaderamente grande. Claro que a la vista de los resultados no descarten que para la próxima Ruta Ñ nos ¿enfrentemos? a Luxemburgo, Andorra, Liechtenstein, Islas Feroe, San Marino y Ciudad del Vaticano como mejor manera de conseguir una óptima preparación para Rio 2016. Y a ver quién tiene huevos para reprochárselo al sumo hacedor Don José Luis Sáez. Yo no, desde luego…

4. Me he dejado expresamente para otro párrafo a la República Checa (Chequia para los amigos), la única que sí trascendió ese escalón entre buenos y grandes. El delicioso equipo de Satoransky, Vesely, Schilb, Pumprla o Jelinek (también de los eternos Yirigüé y Lubos Barton, aunque éste mirara más que jugara) practicó un magnífico baloncesto, humilló a Croacia, puso en serios aprietos a Serbia (aunque el marcador final pareciera desmentirlo) y finalmente destrozó a Letonia en su camino hacia un merecido Preolímpico. Todo lo cual demostraría una vez más que nuestra preparación fue buenísima de la muerte ya que incluyó a rivales de una calidad insospechada… si no fuera por el pequeño detalle de que también puede interpretarse exactamente al revés, a poco que fuéramos capaces de mirarlo no necesariamente desde nuestro ombligo sino desde el ombligo checo: salieron de casa, se enfrentaron a grandes equipos como el nuestro y ahí están sus resultados. Todo es según el color del cristal con que se mira, una vez más.

5. Les pondré otro ejemplo, sin abandonar la dichosa Ruta Ñ pero saliendo momentáneamente del continente para la ocasión: Venezuela. Venezuela fue con mucho el rival más duro que nos encontramos en la gira, entonces pensamos que era demérito propio pero hoy sabemos que también fue mérito ajeno. La Vinotinto se proclamó campeona del FIBA Américas tumbando en la Final a Argentina y tras haber dejado por el camino a la rutilante Canadá (inolvidable semifinal), a la anfitriona México, a la Puerto Rico de Pitino, a la República Dominicana y hasta a la patética Brasil. ¿Cómo explicar el prodigioso milagro venezolano (tanto más sin Greivis), más allá de unos buenos (pero no extraordinarios, en absoluto) jugadores y del magnífico trabajo del Che García como seleccionador? Pues déjenme que les diga que en América lo tienen clarísimo, la clave fue (lo leí más de una vez en estos días) que no se limitaron a quedarse en el continente haciendo bolos como todos los demás, sino que cruzaronvenezuela-campeon-del-fiba-americas-1442135054986 el charco y se vinieron a Europa para contrastar sus fuerzas contra equipos de (aparentemente) superior nivel. Es decir, en la otra esquina del mapa siguen pensando que una buena preparación (rivales fuertes, a domicilio, recreando las condiciones adversas que habrás de encontrarte después) sigue siendo clave para el éxito en cualquier competición. Aunque nosotros creamos haber demostrado lo contrario.

6. Ya que estoy en América me van a permitir que establezca dos paralelismos: el primero, evidente, entre las dos generaciones que han iluminado al baloncesto FIBA durante la primera década y media del presente siglo: Argentina, como España, triunfó en su Torneo de las Américas (el mero hecho de clasificarse para los Juegos ya fue triunfar, aunque luego perdieran la Final) cuando nadie daba ya un duro por ella, Argentina como España ilustró aquella vieja máxima, nunca subestimes el corazón de un equipo campeón. El corazón de Argentina es Scola y el Chapu, el de España Pau y Felipe, cuatro tíos al borde de la jubilación jugando como si no hubiera un mañana, como si les fuera la vida en ello, como si fueran yogurines ansiosos de ganarse un contrato. Más allá España aún tiene generación intermedia (el Chacho, Rudy, Llull, Marc y Ricky cuando vuelvan) mientras que Argentina la tiene emergente (Campazzo, Laprovittola, Garino, Delía), cuando el pasado finalmente sea pasado a España aún le quedará presente, a Argentina en cambio le quedará futuro, un futuro que habrá de ser presente más pronto que tarde. Pero hoy por hoy, en pasado, presente y futuro, Argentina y España siguen siendo vidas paralelas. Ojalá sigan siéndolo por mucho tiempo.

7. Y el otro paralelismo representa exactamente todo lo contrario, Canadá y Croacia, dos selecciones de inmenso talento, de aún más inmenso potencial… pero de absolutamente nada más, por ahora. La Canadá de (el hierático) Wiggins, de Stauskas, de (el insufrible) Bennett, de Olynyk, de tantos otros y de todo lo que aún vendrá (apunten el nombre de Jamal Murray); la Croacia de Herzonja y Saric, de Bojan Bogdanovic y Tomic, también de Roko Ukic para su desgracia (cuánto ganarían con un base mínimamente decente). Nombres y más nombres, futuro y más futuro sin el menor atisbo de presente. Canadá y Croacia no fueron equipos sino bandas, lo suficiente como para lograr el dudoso honor de ser el principal fracaso de sus respectivas competiciones (a Turquía a estas alturas ya no la considero como fracaso, simplemente son así), algo que habrá que anotar en el debe de sus respectivos (a par que prestigiosos) técnicos, esos Triano y Perasovic que por más vueltas que le dieron a los mimbres nunca fueron capaces de hacer el cesto. El futuro será suyo, no digo yo que no, pero no vendrá solo. Mucho tendrán que trabajar para conquistarlo.

8. Vuelvo a casa, para hacer examen de conciencia y propósito de enmienda. He sido crítico en muchísimas ocasiones con Víctor Claver (si hasta una vez le versioné la copla más emblemática de toda tuna que se precie, Claverito de mi corazón), he sido aún más crítico con quienes se empeñaron una vez tras otra en llevar a Claver con el socorrido argumento de no tener otro jugador de sus características, total para luego dejar sistemáticamente al susodicho (y a sus características) haciendo bulto en el banquillo. Bueno, pues ya no. Claver nunca se comerá el mundo, nunca será un jugador agresivo ni determinante en ataque (más allá de su aceptable muñeca y sus envidiables condiciones físicas) pero por fin hemos descubierto todo el partido que se le puede sacar en defensa. Entre otras cosas porque es bien cierto que no tenemos otro jugador de sus características, pero es aún más cierto que por fin hemos decidido aprovechar dichas características. Vale, Pau se salió, el Chacho dirigió, Felipe se pegó, Llull la rompió, Rudy defendió… pero sin la aportación de Claver reboteando y fajándose con treses y/o cuatros abiertos quizás no habríamos ganado a Grecia, muy probablemente tampoco a Francia, vaya usted a saber si hasta lo habríamos pasado mal con Lituaclaver greciania (y al contrario, quién sabe si no habríamos salvado la papeleta ante equipos abiertos por antonomasia como Serbia o Italia, de haber osado darle algo de bola). Claver existe (como Teruel), nos ha costado enterarnos pero ahora ya lo sabemos, por fin somos conscientes de todo lo que puede darnos a este otro lado del banquillo. Esperemos (por la cuenta que le tiene, pero también por la que nos tiene) que en Rusia encuentre por fin todos esos minutos que no tuvo en Portland, todos esos que hasta hace cuatro días tampoco tuvo en la selección.

9. Fue un fenómeno realmente sorprendente, como si eclosionaran y emergieran todos a la vez tras un duro año de hibernación. Aún no se había consumado aquella primera derrota contra Serbia y ya estaban todos aflorando cual setas en otoño, pues con Orenga fuimos bronce en 2013 y eso que no estaba Pau (cierto, no estaba Pau, tan cierto como que sí estaban Marc, Calde o Ricky; todos los cuales, más Navarro, Ibaka y hasta el propio Pau, sí volvieron a estar un año después, en esa penosa derrota contra Francia que curiosamente se les olvidó reivindicar). Contra Turquía se callaron por la cuenta que les tenía pero contra Italia volvieron a la carga, y esta vez ya con renovados bríos. No es que fueran muchos, más bien todo lo contrario, apenas cuatro gatos movidos acaso por un legítimo sentimiento de amistad y/o compañerismo hacia el susodicho. Ni que decir tiene que tras aquel partido contra Italia ya no volvieron a aparecer jamás, ni siquiera cuando rozamos la catástrofe ante Alemania o cuando coqueteamos con ella ante Polonia, una pena porque habrían animado mucho el cotarro en esas señaladas fechas. Ahí quedarán, hibernando de nuevo, a la espera de que en años venideros se les presente una nueva oportunidad.

10. Lo diré una vez más, porque lo cortés no quita lo valiente: me cae bien Orenga. Me cae bien como me caen bien muchas personas con las que sin embargo no trabajaría jamás, del mismo modo que hay muchos seres que me encanta cómo trabajan y con los que sin embargo no me iría jamás de copas. Me cae bien Orenga y me parece muy bueno en lo suyo… sea lo que sea lo suyo: quizás la pedagogía (cualquiera que alguna vez le haya escuchado explicar jugadas no dudará de sus condiciones al respecto), quizás la formación de chavales, quizás incluso los comentarios televisivos (aquel año que estuvo haciendo NBA en el Plus cumplió con creces: no tenía ni puñetera idea de NBA, pero al menos sabía de baloncesto). Lo que sea. No sé qué es lo suyo, sólo sé que lo suyo NO es entrenar, no al menos en la élite, no a un equipo profesional de alto nivel. Y no pasa nada por reconocerlo y asumirlo, no todos valemos para todo ni puñetera falta que nos hace. A usted le puede gustar mucho la música, puede saber un huevo de música, puede hasta hacer sus pinitos como instrumentista pero eso no significa que le vayan a dar una oportunidad en la Filarmónica de Viena (y si lo hacen, en el pecado llevarán la penitencia). Pues esto es lo mismo. Dejen ya de defender a Orenga que además es mayorcito (y bien grande) para defenderse solo, que trabajará en lo que tenga que trabajar pero que habrá de asumir tarde o temprano que lo suyo no es entrenar. Ni falta que le hace.

11. Y sobre todo: dejen ya de defender a Orenga como si la culpa de lo sucedido hace un año fuese de Orenga, y no de quien puso a Orenga. Entre 2009 y 2012 la selección funcionó con una buena dosis de autogestión, y como todo fue bien alguien (llamado Sáez) decidió que había que llevar ese modelo hasta el extremo: a falta de Scariolo nombremos un hombre de paja y que los niños se entrenen solos, cuanto más solos tanto mejor. Pero esto es como decía mi abuela, que lo poco agrada pero lo mucho enfada. Una cierta dosis de autogestión puede salir bien, siempre y cuando en los momentos cruciales tengas un asidero al que agarrarte. La autogestión absoluta acabó en cambio como el rosario de la aurora, entre otras cosas porque cuando las criaturas no supieron qué hacer consigo mismas e imploraron ayuda sólo encontraron la mirada perdida de su (presunto) seleccionador. Fueron dos años sin ganar ni un solo final apretado, dos años de remar a favor de corriente pero sin saber dar ni una sola palada cuando las aguas nos bajaban del revés, dos años de oportunidades perdidas, acaso el 2013 tuviera un pasar pero el 2014 quedará ya para la historia como el ejemplo perfecto de lo que pudo haber sido y no fue. Eso sí, del caos nace el orden (dicen), siempre podremos pensar que sin aquella aciaga noche de 2014 nada habría sido igual en este Eurobasket 2015. Y puede que sea verdad.

12. Quede en cualquier caso científicamente demostrado que tener un entrenador suele ser mejor que no tener ninguno. Puede que Sergio Scariolo no sea su técnico preferido, de hecho yo mismo habré de confesar que nunca fue santo de mi mayor devoción. Pero es un buen entrenador, alguien a quien poder encomendarte si las aguas bajan turbias, si el talento no te llega y necesitas además una buena dosis de dirección.scariolo-afp-final--644x362 Su preparación de estos tres últimos partidos (cegando ventajas, opacando estrellas rivales, rotando con equilibrio, minimizando virtudes ajenas a la par que potenciando las propias, soslayando nuestras evidentes deficiencias en el rebote, no digamos ya en el tiro exterior) fue sencillamente impecable, ayudada además por unos jugadores que por fin parecieron olvidarse de veleidades autogestionarias y tuvieron meridianamente claro que esta vez estaban en buenas manos. Sale Scariolo reforzadísimo de este Eurobasket, no ya ante sus jugadores ni ante sus jefes sino también (y sobre todo) ante su público, todos esos aficionados que en su día echaron pestes de él y hoy por fin ya han (hemos) entendido que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, tanto más si lo malo no tenía nada de malo ni lo bueno de bueno, ni de coña. Y que los experimentos autogestionarios llevados al extremo casi mejor en casa y con gaseosa, mire usted. Esperemos que también lo hayan entendido en la FEB.

13. Los tiempos están cambiando, ya lo cantó Bob Dylan y llevaba toda la razón. A aquellos que nos criamos en el baloncesto de dos pívots por equipo fajándose unos con otros ya nos costó acostumbrarnos a (como a alguien le leí una vez) la mariconada esa del cuatro abierto, disculpen la vulgaridad. Bueno, pues si no quieres caldo toma dos tazas, ha sido acabar de acostumbrarnos al cuatro abierto (a la fuerza ahorcan) y que ahora llegue también el cinco abierto. Y porque no hay más. Ya sé, parece un poco prematuro afirmar esto tan categóricamente pero hay señales inequívocas de que los tiros van por ese lado. La primera se nos apareció hace unos meses y se llamaba Golden State Warriors, ganando un anillo y haciendo un maravilloso baloncesto por el camino. En cambio la segunda y la tercera se nos aparecieron hace unos días y se llamaban Serbia e Italia, ambos dos haciendo de la necesidad virtud, los unos por haberse quedado sin Marjanovic y los otros por no tener ni siquiera un cénter decente (hay que ver, con lo que han sido en ese aspecto). La receta estaba clara (siempre y cuanto tengas buenos tiradores, como es el caso), abrir el campo, Italia casi siempre, Serbia cuando descansaba Raduljica y juntaba a Bjeliça y Erceg. Sacas de sus casillas (literalmente, en sentido meramente físico) a los interiores rivales (y bien que nos lo hicieron pagar, por cierto), generas espacios, si puedes les crujes a triples, si no tienes vía libre para buscarte la vida en penetración, cuando quieran llegar las ayudas será ya demasiado tarde. Tampoco han inventado nada, en NCAA lo hace casi todo dios que no tenga un cénter dominante (y créanme que no abundan los cénters dominantes precisamente) pero hasta ahora casi nunca lo habíamos visto (o no tan frecuentemente, al menos), a este otro nivel. Aquello de que el baloncesto es un juego de espacios probablemente nunca fue más cierto que ahora mismo. Y más que lo va a ser, me temo.

y 14. Acabo (que ya está bien) con un tema recurrente de cada competición internacional de selecciones, juegos olímpicos aparte: el número de participantes. Qué quieren que les diga, a mí un Eurobasket de 24 equipos me parece una auténtica barbaridad, un delirio inabarcable, un sintentido. No hay en Europa tantas selecciones buenas, vamos que ni regulares siquiera. Si a mí 16 ya me parecían demasiadas, si 12 (y tirando por lo alto) me parecía el número ideal… ¿Son conscientes de que aumentando el número de participantes no hacen sino devaluar la competición? ¿o se trata más bien de que cuantos más participantes haya, más votos de agradecimiento se asegurarán luego cuando toque reelegirles? Porque si es por eso no se corten, no sean tímidos, de perdidos al río, o todos moros o todos cristianos (será por frases hechas), déjense de fases de clasificación que no hacen más que molestar, inviten para el próximo Eurobasket a todas y cada una de las selecciones que pueblan nuestro vasto continente, ahí es nada, un Campeonato de (pongamos) 50 equipos, pleno total de participación, y si sale con barba será San Antón y si no será la Purísima Concepción (esto último no sé qué quiere decir, pero queda bien ponerlo). Piénsenlo, sería además la coartada perfecta para que José Luis Sáez invitara por fin a su Ruta Ñ a todas esas selecciones que antes les dije, Andorra, Luxemburgo, Liechtenstein, las Feroe, San Marino, El Vaticano, todas ellas ya en la élite ya que esa parece ser la revolucionaria estrategia de FIBA, si tú no llegas a la élite ya nos apañaremos para que la élite llegue a ti, todo sea por tener a todos contentos. Saben que seguiremos tragando así que no lo duden, sigan en sus trece (o más bien en sus 24, o en sus 32, o en sus…), continúen empobreciendo y abaratando la competición. De nada.

(publicado originalmente en BASKET Y PUNTO)

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LO IMPOSIBLE   4 comments

Jamás nos lo habríamos creído. No nos lo habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace un año, cuando algunos (aún bajo el síndrome del orengazo) anunciábamos el fin de una era como si en verdad supiéramos de qué estábamos hablando. Aún menos nos habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace cinco meses, cuando aún no teníamos seleccionador ni pinta alguna de tenerlo, cuando hasta Pau se mosqueaba con una Federación que parecía estar planeándolo todo con los pies. Aún menos nos lo habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace un mes, o mes y medio, sumidos como estábamos en esa cosa ñoña que llamamos Ruta Ñ, esa que al final va a resultar que sí que sirve para preparar a la selección pero no tanto por acción como por omisión (otro día lo explico). Aún menos nos lo habríamos creído hace apenas quince días, cuando Serbia nos crujía e Italia nos acribillaba, cuando ese nuevo baloncesto de los cinco tíos abiertos (¿recuerdan cuando el mero hecho de poner un cuatro abierto ya nos parecía una novedad?) nos sacaba de nuestras casillas, y de nuestras zonas. Aún menos nos lo habríamos creído hace diez días, caminando contra Alemania sobre aquel mismo alambre que ya pisamos hace seis años contra Gran Bretaña, quedándonos a un solo tiro libre de la eliminación (gracias, Schröder), sí, de la eliminación, tras el subidón de moral de restarnos siete puntos en un minuto no les quepa la menor duda de que en la prórroga (y en su casa) nos habrían aniquilado. Pero es que aún menos (y ya es decir) nos lo habríamos creído si nos lo hubieran dicho hace sólo una semana, octavos de final contra Polonia, final del tercer cuarto aún empatados, ganando luego casi por inercia, cayendo los polacos casi de maduros al final. No, en cualquiera de esas circunstancias (y en tantas otras que me dejo), si alguien nos hubiera venido a contar que íbamos a ganar el oro en Lille no es ya que no le habríamos creído sino que directamente le habríamos espetado ande, vaya usted a cagar. Lo que no puede ser no puede ser, y además es imposible…

O sí, quién sabe. A veces se alinean los planetas, a veces el orengazo va y se vuelve del revés, a veces basta con tener un entrenador para que por fin entendamos que eso es infinitamente mejor que no tener ninguno. A veces una selección que es como media selección resulta ser (en las manos adecuadas) mucho más equipo que toda una pléyade de estrellas. A veces se juntan el hambre y las ganas de comer, un grupo de madridistas que de tanto ganar títulos ya ni se acuerdan de cómo perderlos y un jugador que no es tal jugador, no se dejen engañar, ese concepto vale sólo para los que están a ras de suelo, Pau hace tiempo ya que trascendió esa categoría, que alcanzó la condición de líder (jamás lo fue tanto como ahora) y hoy ya finalmente la de mito, mito viviente, Pau Gasol que estás en lo cielos sin haber dejado jamás de estar en la Tierra, gracias y más gracias y mil veces gracias. Y es entonces cuando por fin comprendemos que esta selección no estaba muerta (estaba de parranda), que le ganamos a esa Grecia a la que de ningún modo podíamos ganar, luego a esa Francia (en Francia) a la que casi ni pensábamos que nos pudiéramos acercar, finalmente a esta meritoria Lituania con la que jamás pudimos imaginar tanta superioridad. Pero cómo puede ser, pero si todo esto tenía que haber sido hace un año, pero si ahora no tocaba… Somos como esos carteles que antaño se ponían en las tiendas o en los talleres, las cosas difíciles las hacemos al momento, las imposibles tardamos un poquito más. En 2006 éramos los mejores, en 2009 y 2011 éramos favoritos, ahora en cambio no éramos nada, pura decadencia. Lo que no puede ser no puede ser y además es imposible, tan imposible que ni nos atrevimos a soñarlo siquiera. Sólo por eso (porque ni siquiera es un sueño cumplido, porque por una vez el sueño vino después que la realidad) sabe aún mejor que todas las veces anteriores. Gracias infinitas por hacernos felices cuando ya no tocaba que lo fuéramos. Gracias por devolvernos el derecho a soñar.

España-Eurobasket-2015

EL MEDIO ES EL MENSAJE   4 comments

Algunos parecen haber descubierto durante este Eurobasket que a Mediaset le importan una mierda sus espectadores. Desengáñense (en el supuesto de que aún siguieran engañados), a Mediaset no le preocupa el espectador sino la audiencia, que parece lo mismo pero es exactamente todo lo contrario. Para acaparar audiencia pondrían escenas de coprofagia en horario infantil si la legislación se lo permitiera, para acaparar audiencia pondrían a Belén Esteban a narrar el Eurobasket si una suerte de ínfimo pudor no se lo impidiera.septiembre-llega-Eurobasket-Mediaset-Espana_MDSVID20150724_0116_17 Algunos somos tan raros que vemos sólo Mediaset de baloncesto en baloncesto, créanme que no es pose ni postureo sino la pura verdad, créanme que no sé quién es Nati Abascal ni Carmen Lomana ni ninguno de esos otros pseudofamosos que ellos mismos prefabrican en sus realitis para luego consumirlos mañana tarde y noche, créanme que no los reconocería si los viera por la calle (a la Esteban sí, por desgracia), créanme que en el año transcurrido entre el Mundobasket 2014 y el Eurobasket 2015 sólo he pisado esa casa para algún esporádico partido de fútbol, al menos mi señora sí siguió con delectación la serie El Príncipe, yo ni eso siquiera. Zapeo poco pero cuando zapeo los excluyo expresamente de mi ruta, no me vayan a salpicar. Soy así de raro, ya se lo dije.

Siro es al Eurobasket lo que Belén al Sálvame (o como se llame el producto de casquería que tengan ahora mismo en el mercado). Si ustedes son insultantemente jóvenes no lo recordarán pero hubo un tiempo (felices ochenta, infelices noventa) en que Siro López era un periodista responsable al que daba gusto escuchar contándonos nuestro deporte. Recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver. Con el nuevo siglo Siro se futbolizó, se forofizó, se roncerizó, se puntopelotizó, invéntense el verbo que más les plazca. Se convirtió en chouman, en víscera jurbolera para ávido consumo de todas esas masas que no ven más allá del Barça y el Madrid. Y con sólo ese pasado (más aquel breve interludio baloncestero de infausto recuerdo en Telemadrid, ejecutando la Euroliga junto al no menos infame Chechu Biriukov) Mediaset decidió que ya era suficiente, que para qué más, lo de menos es que sepa o deje de saber, lo de menos es ofrecer un buen producto pudiendo obtSiro-Lopez--en-una-imagen-promocional-ener el mismo rendimiento (o más si cabe) con un ínfimo subproducto, total qué más da que vengan a ver baloncesto, a echar pestes del locutor o a descojonarse de él. Importa que vengan, no a qué vengan. Importa cuántos vengan, no cómo vengan. Importa la cantidad, nos la suda la calidad. Que hablen de nosotros, aunque sea bien.

Siro a menudo narra con el piloto automático puesto, su voz va por un lado mientras su cabeza va por otro, ve un triple de Llull y te dice triple de Simonovic no porque los confunda (que ya tendría mérito) sino porque es como mi hijo cuando estudia, la mente se le va a cualquier cosa menos a la que tiene delante de sus ojos (afortunadamente este año todavía no ha llamado a nadie Juan Carlos, quizá por no estar Navarro para confundirle ni Calderón para confundirse). Siro llama a Güler Gulár, a Erden Erdán, a Koufos Kufós (le encantan las agudas), a Strelnieks Estrelinek pero eso sí, cuando llega la hora de rebautizar a Antetokounmpo se pone digno y dice que si le llama Antetocubo es porque así se lo han dicho el locutor y el seleccionador griego, tanto da que el propio interesado parezca desmentirlo, total qué va a saber él de sí mismo. Siro se debate entre lo que no sabe y lo que no recuerda, el reglamento para él es esa cosa etérea en la que no está claro (por ejemplo) si se puede sacar el balón tras haber tocado el aro o no, pues depende, si favorece a los míos será que sí y si favorece a los de enfrente será que no. Siro ve a Schröder fallar el tiro libre que forzaría la prórroga y te dice que quizás alguien haya podido plantearse que hubiera tirado a fallar (como si alguien que no fuera él pudiera plantearse semejante cosa), que esa ya no es de baloncesto ni de matemáticas sino de sentido común: tiras a fallar un tiro libre cuando necesitas dos puntos, o tres, para igualar el partido, en la vana esperanza de que alguien de tu equipo encuentre el rebote y lo convierta; pero si sólo necesitas un punto no tiras a fallar, tiras a meter (que metas o no ya es otra cuestión). Obviedad absoluta, que no necesitaría ser explicada si no hubiera seres como Siro que necesitan que se les explique. Ese es el nivel.

Claro que Siro es sólo el narrador, lo suyo no sería tan grave si a su vera hubiera un analista que aportara conocimiento, entendimiento, equilibrio, sabiduría, frescura, pasión. Es decir, que aportara todo lo contrario que Antúnez. Si ustedes siguen siendo insultantemente jóvenes no lo recordarán pero hubo un tiempo en que José Miguel Antúnez ejerció de jugador de baloncesto, ejerció incluso de base (como si en verdad lo fuera) con notable éxito de crítica y público. Un (des)conocimiento del juego muy discutible, un proceso de toma de decisiones aún más cuestionable y una potencia física superlativa para aquellos tiempos, tanto más en nuestro baloncesto y en su posición: la que le llevaba a atacar una y otra vez el aro como si no hubiera un mañana, como si no existiera más jugada que la penetración.antunez1342338798_extras_albumes_0 Sólo con eso ya le bastó para que le fichara el Madrid (del Estu, como a tantos otros), para labrarse una carrera, para coronarla con éxitos y hasta algún que otro título, también algún que otro fracaso, tanto da si cuando hoy le preguntan por ellos es incapaz de distinguir los unos de los otros. Dejó huella, qué duda cabe, sobre todo en la cara (y en la memoria) de Biriukov tras la mañana aquella en que la emprendieron a puñetazos el uno contra el otro en pleno partido, algo muy meritorio teniendo en cuenta que ambos obviamente estaban en el mismo equipo. Bien puede decirse que Antúnez pasó por el baloncesto pero que el baloncesto no necesariamente pasó por él.

Genio y figura. El Antúnez comentarista parece hecho a imagen y semejanza del Antúnez jugador, hay cosas que no cambian nunca: mismo (des)conocimiento del juego, mismas peregrinas ocurrencias, misma capacidad de arrojarse al vacío sin red, sin reparar jamás en las consecuencias que ello pueda acarrear. Hace veinte años el vacío estaba alrededor del aro, hoy el vacío está en sus palabras (por definición), en decir lo primero que se le pasa por la cabeza tenga sentido o no, tenga contenido o no, sea cierto o falso, total qué más da que el sujeto en cuestión se llame Schaffartzig si a mí me peta llamarle Suarzur, total a quién le importa si el noventa por ciento de los que me escuchen no tendrán ni puta idea de quién es. Y resulta que Schröder es suplente en los Hawks porque el base titular es Tim Hardaway Jr, ahí queda eso, tanto dará que el susodicho no haya vestido aún ni por un segundo la camiseta de los Hawks porque hace apenas un mes que llegó a Atlanta, tanto dará que por no ser no sea ni siquiera base, vamos que ni por asomo, base extraordinario fue su padre (ídolo de Antúnez en aquellos años, si mal no recuerdo), su hijo por desgracia nada tiene que ver. Pero dicho queda, como queda dicho (a propósito de Karnowski, o de Domas Sabonis) que Gonzaga jugó este año la Final Four, contumaz en el error lo repetirá de nuevo unos días más tarde por si a alguien no le hubiera quedado suficientemente claro. Que digo yo que qué más hubieran querido ellos con las ganas que tienen de jugarla, lástima que los Blue Devils de Duke no fueran de la misma opinión. Son sólo unos pocos ejemplos (el total de agravios rebosaría con creces los límites de este blog) de flopping verbal, de decir algo (así sea erróneo o directamente inventado) para no decir nada. Una manera como otra cualquiera de enmascarar el vacío.

El cuadro lo completa María Victoria Albertos, capaz de inventar algún concepto revolucionario como aquél del porcentaje de rebotes (¿relacionar el número de rebotes que coges con el número de rebotes que podrías coger? Interesante…) o de decirte que España aún puede hacer una falta más porque sólo lleva cuatro en este cuarto, pero que si pasamos por alto éstos y otros deslices tiene al menos la rara cualidad de llegar al pabellón habiéndose preparado (siquiera mínimamente) los partidos, extraña conducta que a alguno de sus compañeros de pupitre le debe parece casi extraterrestre. Tuerta en el país de los ciegos, como tuerto (aún más si cabe) es Pepu Hernández, entiéndase obviamente en sentido figurado y en el contexto de dicha expresión. Pepu es alguien a quien todos los aficionados de este país en general y del Estu en particular le estaremos siempre eternamente agradecidos, Pepu fue entrenador (me gustaría pensar que aún sigue siéndolo), sabe bien de qué va esto y sabe además explicarlo en la medida en que le dejan. Puede que no sea el mejor analista del mundo (algún escarceo suyo en algún otro medio me dejó bastante frío) pero creo que saldrá reforzadísimo de este torneo, en parte por méritos propios y en parte por la mera comparación con quienes tiene alrededor. Pepu nos salva el Eurobasket como hace un año Daimiel nos salvó el Mundobasket, o si no nos lo salva al menos consigue que haya ratos en que no sintamos vergüenza ajena. Merecedor de otra oportunidad (Eurobasket_MDSIMA20150902_3501_1si así lo deseara) en cualquier otro lugar donde quienes tenga al lado no le pongan palos en las ruedas.

Al final todo se ciñe a un concepto muy gastado y manifiestamente en desuso, respeto. A ver cómo lo explico sin que suene demasiado pretencioso: yo no soy profesional de esto ni lo seré nunca (que no estoy ya en edad de ser nada más que lo que soy), ni experto siquiera, tan sólo un mero aficionado que sabe bastante menos de lo que aparenta. Y por eso considero que quien me cuenta un partido de baloncesto tiene que saber de esto muchísimo más que yo, que para eso le pagan. Puedo hasta llegar a aceptar que sepa más o menos lo mismo que yo (nadie es perfecto) pero lo que no concibo de ninguna manera es que sepa incluso menos que yo. Sobre todo si tenemos en cuenta que hay por ahí cienes y cienes de entrenadores, ex jugadores, periodistas y seres humanos en general que darían sopas con onda a este par de indocumentados si les fueran requeridos sus servicios. Claro está que eso sería demasiado fácil, darle el trabajo al que sabe en lugar de al que aparenta (o al que ya ni siquiera se molesta en aparentar), procurar hacer las cosas bien en lugar de hacerlas mal, ofrecer un producto de calidad (o digno, al menos) en vez de una mísera bazofia de todo a cien. O quién sabe, acaso sea todo mucho más maquiavélico: hace muchos años enunció McLuhan que el medio es el mensaje, y en Mediaset parecen haberlo entendido a la perfección. Estamos viviendo un magnífico Eurobasket, y sin embargo estamos dedicándole casi más tiempo a hablar de cómo nos ¿cuentan? el Eurobasket que al Eurobasket mismo. Probablemente de eso se trataba. Mis disculpas, por la parte que me toca.

EL PARTIDO IMPOSIBLE   2 comments

Hoy les propongo un juego. No, no se me asusten, nada que les suponga el menor esfuerzo, se trata de un mero ejercicio de imaginación. Tan simple como que yo les doy dos equipos y ustedes me dicen qué creen que pasaría en el supuesto de un hipotético (utópico, más bien) partido entre ellos, ya ven que más sencillo no puede ser…

Doy por supuesto que si no les apetece habrán huido ya en busca de otras páginas más sugestivas, por lo que entiendo que si siguen aquí es porque quieren jugar (o porque tienen curiosidad, al menos). Así que sin más dilación paso a facilitarles la composición (que sin duda les resultará familiar) del primero de esos equipos, el que llamaremos Equipo A:

  • Sergio RodríguezPau-Gasol-y-Sergio-Llull.-FIBA-Photo
  • Sergio Llull
  • Guillem Vives
  • Rudy Fernández
  • Pau Ribas
  • Fernando San Emeterio
  • Víctor Claver
  • Pablo Aguilar
  • Nikola Mirotic
  • Felipe Reyes
  • Pau Gasol
  • Willy Hernangómez

Y ahora por supuesto la del presunto rival, al que obviamente llamaremos (ya ven que no soy muy original, ni lo pretendo) Equipo B:

  • Ricky RubiobajasSelecciónBasket
  • José Manuel Calderón
  • Quino Colom
  • Juan Carlos Navarro
  • Alex Abrines
  • Xavi Rabaseda
  • Dani Díez
  • Alex Mumbrú
  • Nacho Martín
  • Fran Vázquez
  • Serge Ibaka
  • Marc Gasol

Repito, se trata de un mero ejercicio de imaginación, no vengan ahora a decirme que el partido es imposible, que fulano está lesionado, mengano achacoso y zutano convaleciente, eso ya lo sé yo. gilipollas sería (aún más si cabe) si no lo supiera. La imaginación es libre así que bien podemos hacerle trampas a la realidad, no en cuanto a las edades de las criaturas sino en cuanto a su estado de salud, dando por supuesto que todos ellos, los del A y los del B, gozaran de un estado físico y mental óptimo a día de hoy. Imaginen, un hipotético núcleo duro Chacho-Llull-Rudy-Mirotic-Pau, más las puntuales aportaciones de Felipe, Ribas o SanEme, versus un hipotético (utópico, una vez más) quinteto titular Ricky-Navarro-Abrines-Ibaka-Marc, con tipos como Calde, Mumbrú o Fran (de ahí que les hablara de óptimas condiciones físicas y psíquicas) completando la rotación. ¿Qué creen que pasaría, quién piensan que se llevaría el gato al agua (metáfora absurda) en ese partido imposible? O por ponérselo todavía mucho más sencillo, sin necesidad de dar un resultado, casi sin necesidad de imaginar nada siquiera: ¿cuál de las dos plantillas (repito, tomadas ambas en estado puro, sin aditivos ni conservantes ni colorantes ni lesiones ni complicaciones legales ni achaques varios) les parece mejor?

Fin del juego, y ahora es cuando me toca explicarles dónde quiero llegar a parar. Evidentemente no me estoy lamentando de las ausencias, lo que no puede ser no puede ser (y además es imposible), esto es lo que hay por más que haya dos o tres del equipo A a quienes sustituiría gustoso por otros dos o tres del B (pongamos Dani Díez por Claver, NÑBA_Banneracho Martín por Aguilar… Cuestión de gustos). Sólo quiero que reparen en que lo que llevamos no es mejor (probablemente tampoco peor) que lo que nos dejamos, que de lo que fuimos a lo que somos media un abismo, que habrá quien siga llamando a esto eñebeá hasta el fin de los siglos pero esa denominación (que a algunos siempre nos generó ira) hoy ya produce sonrojo. Insisto, si nos pusiéramos a hacer libremente una selección (una vez más, libre de ataduras, sin condicionamientos físicos ni legales) entre lo mejor de ambos equipos A y B, probablemente escogeríamos (como dijo aquél) seis de uno y media docena del otro. O siete y cinco en el mejor de los casos. No hay más, eso es todo lo que nos queda: poco más de media selección.

Y con esa media selección vamos al Eurobasket como si la lleváramos entera, como si siguiéramos siendo los amos del mundo, como si el resto de equipos fueran a derretirse a nuestro paso o ante la mera mención de nuestro nombre, como si no hubiéramos aprendido nada de esas dos buenas hostias que nos llevamos en temporadas precedentes. Recuerda que eres mortal le decían al césar, se ve que nosotros también necesitamos que nos lo recuerden de vez en cuando, de hecho esta pasada semana tuvimos un par de buenos recordatorios con la baja definitiva de Abrines y los apuros ante Venezuela. Claro que para que el recordatorio hubiera sido efectivo quizás nos habría convenido perder, morir siquiera un poco, perdiendo se aprende decía mi madre, qué gran verdad es ésa sobre todo en términos estrictamente deportivos. Pero como al final nos salvamos seguimos creyendo en nuestra inmortalidad, tanto más si pocos días después nos zampamos esa especie de sucedáneo de Macedonia que nos pusieron delante. Otra vez los putos amos, el ombligo del mundo again. Más dura será la caída.

Espero que esto mío sea sólo pesimismo y no realismo bien informado, espero que así lo sea también el de todos aquellos que hoy ya dudan (por fin) de que pasemos el cruce de cuartos de final. A mí me encantaría preocuparme por el cruce de cuartos pero por ahora me preocupa más el de octavos (en su caso), por ahora me preocupa aún más si cabe esa fase de grupos en la que cualquiera de los equipos que nos vayamos a encontrar (exceptuando a Islandia, espero) es infinitamente mejor que el mejor que nos hayamos encontrado en esta Coña Eñe de los cojoñes: Serbia, Turquía, Italia y finalmente Alemania, en su casa y con Nowitzki. Si al menos fuéramos capaces de llegar a egruppisa cita con un mínimo de preparación… (pero esa es otra historia, y ya se la he contado en otra ocasión).

Esa y no otra pretende ser la finalidad de este (sucedáneo de) artículo, de este partido imposible: que entendamos que lo que hubo nada tiene que ver con lo que hay, que vivir del pasado está muy bien (como mero ejercicio de nostalgia) pero de nada sirve a la hora de procesar el presente, tanto menos para mirar al futuro. Que sirva de contrapunto a todo ese favoritismo made in Spain que nos meten en la cabeza cada vez que entramos en una web que no debemos, cada vez que hojeamos un periódico deportivo en el bar de cada mañana, si luego resulta que ellos tenían razón y yo estaba equivocado no duden en venir a restregármelo que lo aceptaré gustoso. Que asumamos de una vez por todas (parafraseando a aquella profesora de Fama) que queremos ir a los Juegos pero los Juegos cuestan, que si queremos ir a Río nos lo vamos a tener que ganar, con sudor. Y con lágrimas.

Publicado agosto 24, 2015 por zaid en selecciones

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EÑEPOLLECES 2015   4 comments

Aquí me tienen, un año más, presto y dispuesto para cumplir otra de las tradiciones ancestrales de cada año por estas fechas: ya saben, todo aquello que no puede faltar en cualquier verano que se precie de serlo, los incendios forestales, los desarreglos intestinales, las olas de calor (la de este año fue más bien tsunami), las entrañables fiestas populares, los torneos veraniegos, los refritos televisivos, los contenciosos gibraltareños, las lluvias de estrellas, las canciones horteras, los moteros porculeros y mi inevitable artículo de cada agosto echando pestes de la preparación de nuestra selección. Sé que me repito más que las morcillas de cebolla pero qué quieren que le haga, esto no es obligatorio, si no les apetece leer de nuevo (con alguna ligera variación) lo que ya leyeron en 2014, 2013, 2011, 20102009 ó 2008 ya saben dónde tienen la puerta. Eso sí, si aún les apetece acompáñenme, ya que así descubrirán (además de lo de todos los años) algún pequeño detalle que hace que lo de este verano sea aún peor si cabe que lo ya padecido en temporadas precedentes. O como dicen que dijo Murphy, que cualquier realidad, aún por muy mal que esté, siempre es susceptible de empeorar.

Ruta-Ñ-2015Por si todavía no se han enterado, nuestra Ruta Eñe (de los cojoñes) 2015 consiste en lo siguiente: martes 11 de agosto contra Bélgica, sábado 15 contra Polonia, domingo 16 contra Angola o Senegal, martes 18 contra Venezuela, sábado 22 contra Macedonia, martes 25 otra vez contra Macedonia y finalmente el domingo 30 de agosto contra la República Checa, ese el nivel, ahí es nada la pomada, tiémblanme las piernas sólo de pensarlo. Todo ello por supuesto sin salir del territorio nacional no vaya a ser que las criaturas se nos pierdan o nos cojan frío por esos mundos de dios, sales de tu país y a poco que te descuidas te lo encuentras todo perdido de extranjeros, seres extraños que hablan raro y no parecen de fiar, quita quita, para eso casi mejor nos quedamos en casita que es donde mejor se está. Al menos otros años hacíamos el paripé, una escapadita (sólo una, tampoco hay que abusar) a Lituania o Eslovenia para recrear (presuntamente) el ambiente hostil que nos habríamos de encontrar en el campeonato y luego ya vuelta a casa perdiendo el culo, no nos fuéramos a extraviar. Este año no, este año ya ni eso, total pa qué, cómo estará el tema que ni nos molestamos en disimular siquiera, a ver para qué habríamos de recrear nada si nuestras sedes van a ser Berlín y (en su caso) Lille que están casi a la vuelta de la esquina, mejor quedémonos aquí todos reunidos al calor del hogar: rivales predispuestos, árbitros (del país) complacientes, buenas gentes haciendo la ola, instituciones y patrocinadores aflojando la pasta y por supuesto nuestros niños bien relajaditos y entre algodones no se nos vayan a estresar. De verdad se lo digo, he visto pachangas de solteros contra casados mucho más intensas que toda esta sarta de amistosos (eñemistosos, más bien) que verano tras verano acostumbra a disputar (es un decir) nuestra egregia selección nacional.

¿Y las demás? Habré de reconocer que no he tenido la santa paciencia de buscarme los calendarios preparatorios de nuestros principales rivales (no doy para más) pero sí pondré un par de ejemplos sobradamente conocidos: 1) Lituania jugó dos veces contra Australia a finales de julio. Repito, contra Australia, cuyo nivel baloncestístico a día de hoy es manifiestamente superior al que nos vayamos a encontrar nosotros en la gira. Y repito, a finales de julio (a falta de mes y pico para el inicio del Campeonato), fechas en las cuales nuestros internacionales todavía estaban apurando sus últimos instantes de vacaciones antes de incorporarse a la concentración. 2) Serbia y Francia se enfrentaron entre sí el pasado viernes 7 de agosto. Repito, Serbia y Francia, segunda y tercera del mundo, con los números en la mano el mejor partido de selecciones que contemplarse pueda fuera de USA a día de hoy (dato meramente objetivo, aunque si alguien prefiriera hacerse pajas mentales con la supuesta superioridad de nuestra supuesta eñebeá no seré yo quien se lo impida). Y repito, el pasado 7 de agosto (apenas un mes antes del inicio del Torneo), cuando nuestros internacionales aún estaban encantados de haberse (re)conocido, cuando aún andaban poniéndose guapos (cada uno en la medida de sus posibilidades) para acudir a la famosa cena de matrícula. Eso que nos llevan por delante, eso que llevamos por detrás. Ellos ya estaban jugando contra equipos de su nivel antes de que nosotros empezáramos casi a entrenar, mucho antes de que empezáramos a jugar contra equipos de inferior nivel… que serán todos los que nos vayamos a encontrar en la gira. A no ser que ése (el de las venezuelas y las polonias) sea en realidad nuestro verdadero nivel.

Me dirán que otros años también lo hicimos, pongamos 2009 ó 2011, donde otros jugaron partidos nosotros pachangas de tal manera que hubimos de convertir la primera fase del Eurobasket en nuestra verdadera fase de preparación. Recuerden, un par de sustos para darle emoción, otro par de crisis y a otra cosa mariposa, de repente resucitábamos, campeonábamos y hasta nos descojonábamos de quienes llegaron primeros por la otra parte del cuadro y acabaron pagándolo ante nosotros.cartel-ruta-baloncesto Éramos más jóvenes, éramos la hostia de buenos, íbamos de sobrados por la vida, nos creíamos invulnerables (y a estos niveles casi lo éramos), entrenar que entrenen otros que es a quienes les hace falta, nosotros total pa qué si con lo que somos ya nos vale de sobra. Recuerdos de un pasado que nunca más ha de volver. Este año no habrá margen de error, este año llegaremos felices cual perdices tras nuestras macedonias y nuestras chequias y así de entrada ya nos toparemos con Serbia, al día siguiente con Turquía, al otro con Italia, puede que cuando nos queramos dar cuenta nos hayan puesto ya la cara del revés, que cuando nos pongamos a arreglarlo sea ya demasiado tarde. Ya lo dicen los bancos, rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras. Tanto más cuanto a nosotros ya hace tiempo que nos explotó también nuestra burbuja.

En cambio otras selecciones usan la fase de preparación para prepararse como su propio nombre indica, ya ven qué vulgaridad, les dicen que se tienen que preparar para el Eurobasket y van y se preparan, eso lo hace cualquiera, no tiene mérito alguno. Lo que sí tiene verdadero mérito es lo nuestro, que a nuestra fase de preparación ni siquiera le llamamos fase de preparación no vaya a ser que alguien lo lea y deduzca erróneamente que la vamos a utilizar para prepararnos, sólo eso faltaba, hasta ahí podíamos llegar. Nosotros no nos preparamos, nosotros vamos de gira, gira Eñemanía, Ruta Eñe o como demoños lo ñamemos este año. Selección española on tour recorriendo los más bellos parajes, pueblos y ciudades de nuestra vasta geografía, haciendo las delicias de chicos y grandes, el mayor espectáculo del mundo, que no pare la música, el espectáculo siempre debe continuar. Ayer en Tordesillas contra las Antillas, hoy en Lopagán contra Afganistán, mañana en Taramundi contra Burundi, pasado en Entrambasaguas contra Nicaragua, al otro en Garganta La Olla contra Camboya, luego ya en Talavera contra cualquiera y así sucesivamente, la gente se agolpa a nuestro paso mientras nosotros ponemos el cazo, todo para que luego lleguemos al Eurobasket sacando pecho, aquí nos tienen, somos la biblia en verso, hemos sido la única selección invicta durante la fase de preparación, catapún chimpón. Qué alegría, qué emoción, qué inmensa satisfacción.

He leído en demasiadas ocasiones durante estos pasados meses que el gran problema sería no estar en la final del Eurobasket ya que entonces nos veríamos abocados a disputar el Preolímpico. Pues mire, no, se lo voy a explicar: el verdadero gran problema sería no obtener plaza ni para el Preolímpico siquiera. Recuerden, los dos primeros clasificados del Eurobasket van directos a Río, los que queden del 3º al 6º disputarán (junto con los de otros continentes) el Preolímpico, los que queden a partir del 7º se tocarán concienzudamente los huevos durante el verano de 2016 (o en todo caso podrán juntarse para servir de sparrings a quienes sí vayan a los Juegos, por hacer el paripé más que otra cosa). A quienes hablan del Preolímpico como si tuvéramos ya plaza asegurada me gustaría recordarles que los años no pasan en balde, que tenemos un equipo manifiestamente envejecido, que vamos sin Marc, Navarro, Calderón, Ricky e Ibaka por ejemplo. Ya no somos lo que éramos pero es que los demás tampoco son ya lo que eran… solo que en sentido inverso. Esto es como aquello que decían nuestros abuelos cuando éramos niños, ellos van p’arriba y nosotros p’abajo. Tal cual. Francia es mejor cada año que pasa, Serbia tres cuartos de lo mismo, Croacia si aún no lo es lo será en dos días, habría más ejemplos, cito sólo los tres primeros que se me han ocurrido por ser los más evidentes.scarioloseleccion Ciclos inversos, ellos van a más y nosotros a menos, no pasa nada, es ley de vida, así ha sido desde que el mundo es mundo y el deporte es deporte. Pero precisamente por eso nuestras únicas opciones, nuestro elixir de la eterna juventud por así decirlo, pasarían por hacer una fase de preparación fortísima e impecable en todos los aspectos para así llegar al campeonato en óptimas condiciones físicas y técnicas: es decir, pasarían por hacer exactamente todo lo contrario a lo que habremos hecho. Que dios (el dios del basket, sea éste quien sea) nos coja confesados.

Hace ahora once meses (aún en plena resaca del orengazo) les vendí pesimismo a espuertas, igualmente se lo volví a vender hace cuatro meses cuando aún no teníamos seleccionador ni pinta alguna de tenerlo. Hoy me encantaría poder venderles otra cosa, de hecho me paro a buscar razones para el optimismo y hasta alguna que otra encuentro, no crean: el advenimiento de Pau, el bloque del Madrid campeón de Europa, la insospechada reencarnación de Mirotic y hasta el hecho de que este año vayamos a tener por fin entrenador (que me guste o no ya es otra historia, pero es un verdadero entrenador, lo cual casi siempre es mejor que no tener ninguno). Pero qué quieren que les diga, todas esas razones (y tantas otras que se me pudieran ocurrir) palidecen ante este enésimo pelotazo federativo convenientemente disfrazado de preparación por aquello del qué dirán. Créanme, nada me gustaría más que me lo restregaran, que del 5 al 20 de septiembre los hechos me demostraran de forma meridianamente clara que yo estaba equivocado, que mis temores eran infundados. Nada me gustaría más que verme aquí de nuevo dentro de un año cumpliendo con la tradición, desahogando eñepolleces del 2016… porque eso sólo significaría que tendríamos a nuestra selección compitiendo en el verano de 2016. Ojalá.

ESCARIOLEANDO   1 comment

Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, puede parecer una frase hecha (lo es, de hecho) pero por desgracia suele ser verdad, no tienen más que mirar a su alrededor (en el deporte, en la política, en el cine o en la vida) para encontrar múltiples ejemplos, que la segunda parte de El Padrino fuera buena es sólo la excepción que confirma la regla. Repetir una experiencia que funcionó cuando ya no se dan (ni de lejos) las circunstancias que la hicieron funcionar no suele ser una buena idea. Y sin embargo caemos en ello cada dos por tres…

Habemus Scariolo, sí, Scariolo dos punto cero como si dijéramos. La primera reflexión (o similar) que se me viene a la cabeza es que (puestos a seguir con el refranero) para este viaje no hacían falta alforjas. Para acabar nombrando como seleccionador al que siempre sospechamos que nombrarían no hacía falta marear la perdiz durante ocho meses, ocho (8), que se dice pronto.españascariolo Aún estaba caliente la silla de Orenga, aún nos duraba la amargura tras la cagada mundialista y ya el nombre de Scariolo se disparaba en todas las quinielas, como si fuera lo más obvio (que lo era), como si casi no hubiera ninguna otra opción. Bien pudo llegarse a un acuerdo a la semana o al mes, bien pudo Sáez tomarse su tiempo (de tantas veces como nos dijo que en estos asuntos no había que precipitarse, que se requería una reflexión sosegada, que no había que tomarse estas cosas a la ligera) y nombrarle tres o cuatro meses después, enero, febrero, qué sé yo. Pero no, nos llenaron la cabeza con que si estaban esperando a que cierto club cesara a Fulanito para poder nombrarlo, con que si estaban esperando a que se cambiara la normativa ACB para poder nombrar a Menganito… Ni que decir tiene que no sucedió ni lo uno ni lo otro, ni Fulanito ni Menganito ni Zutanito, habemus Scariolo 2.0, ya saben, aquello de lo (presuntamente) malo conocido y lo (presuntamente) bueno por conocer. Lo del viaje y las alforjas. Ocho meses de viaje echados a perder.

Scariolo (para mi gusto) tiene virtudes y defectos, como todo el mundo. Empezaré por las virtudes, que es más fácil. Básicamente, una: que es un entrenador. Como lo oyen (como lo leen, más bien), Sergio Scariolo es un entrenador de baloncesto. Créanme que no es poca cosa viniendo de donde venimos. Sergio Scariolo no ha entrenado cuatro días sino unos cuantos años, no ha ejercido a la vuelta de la esquina sino en un montón de plazas a cuál más difícil, no ha dirigido a una panda de críos sino a manadas de tíos hechos y derechos y con pelos en los pechos y en otros sitios. Podrá entregarse a la inacción, dejarse ir, tragar con lo que le impongan, aceptar incluso la autogestión, todo eso y más, pero si en un momento dado se ve con el agua al cuello será capaz también de tomar alguna iniciativa, qué sé yo, cualquier cosa, quitar una individual y poner una zona, quitar un Gasol y poner un Felipe, lo que sea menester. No le temblará el pulso porque lleva haciéndolo toda la vida, podrá acertar o podrá equivocarse (y asumirlo) pero nadie le podrá echar en cara no haberlo intentado, nadie le reprochará nunca haberse quedado con los brazos cruzados, incapaz de tomar ninguna decisión (lo cual también es en cierto modo una decisión). Repito, no es poca cosa viniendo de donde venimos.

Pero me pueden los (que a mí me parecen) defectos. Yo hasta hablaría de dos escariolos, el anterior y el posterior a aquel motín de Turquía 2009, o bien si así lo prefieren (y por simplificar mucho las cosas) el Scariolo de club y el de selección. El primero nunca fue santo de mi devoción (lo cual no es problema suyo sino mío, que soy de devoción difícil): estructurado hasta la náusea, cuadriculado en sus planteamientos hasta decir basta según cuentan muchos que trabajaron con/para él, tipos como Erazem Lorbek, Germán Gabriel, Pepe Sánchez, Walter Herrmann o incluso el mismísimo Alberto Herreros probablemente podrían contar unas cuantas historias al respecto. Scariolo (recuerden, el Scariolo pre-2009 o Scariolo de club, supongo que el milanista y el baskonista también podrían encuadrarse en esta categoría aunque sean posteriores) es de ese tipo de entrenadores que tienen tan clara su idea de baloncesto que es el baloncesto el que tiene que adecuarse a su idea, nunca al revés.españascariolo2 Filosofía messiniana, ya saben, éste y sólo éste es el cesto que yo tengo en la cabeza, tanto me dará que los mimbres de que dispongo me aconsejen otro cesto completamente distinto, si tengo que retorcerlos los retuerzo, si tengo que romperlos los rompo, si aún así no me sirven los tiro y ya buscaré otros que se adecuen a mi cesto, cualquier cosa menos pensar en otro cesto. No me gusta la rigidez excesiva, ni en el baloncesto ni (aún menos) en la vida, lo siento.

Pero con gustarme poco este Scariolo, el otro (el que salió del motín de 2009) me gusta aún menos… si bien de este modelo no tiene él la culpa. Scariolo asumió (a la fuerza ahorcan) que a esta generación de purasangres no se le podía domesticar, renunció a sus principios, aflojó las riendas y dejó que trotaran libremente por la pradera. La cosa funcionó, qué duda cabe. Se ganó aquel oro de 2009, se ganó aún más brillantemente el de 2011, se ganó la plata olímpica de 2012 (con alguna sombra, como aquel tanking a la española ante Brasil), los jugadores hicieron lo que les vino en gana, él cumplió su papel y todos fuimos felices y comimos perdices. Para que esta propuesta autogestionaria funcione básicamente hacen falta dos cosas, unos jugadores que sean la hostia de buenos y un buen rollito del copón. Mientras se cumplieron ambas premisas todo fue como la seda pero sucede que hoy ya estamos en 2015, puede que el buen rollito lo sigan teniendo (unos más y otros menos, es ley de vida), puede que el talento también siga ahí pero los cuerpos ya no son ni serán nunca lo que fueron. Y es justo entonces, cuando falla alguno de los ingredientes (o aunque no falle) cuando se necesita la figura de un entrenador. Entre el técnico fiscalizador hasta la náusea y el contemplativo hasta el hartazgo debería existir un término medio, miles de términos medios. Pero acaso sea ya demasiado tarde para eso.

De todo lo anterior podría deducirse que no trago a Scariolo pero nada más lejos de la realidad, de hecho creo que soy bastante menos anti-Scariolo que la mayoría de los (amigos, conocidos, lectores, tuiteros) que me rodean. Me cae bien, de hecho. Creo que es un sujeto que gana bastante en las distancias cortas, de lejos transmite antipatía y un puntito de soberbia pero de cerca (en entrevistas o comentarios televisivos, que es todo lo cerca que puedo llegar a estar) desprende calidez, humanidad, hasta una cierta riqueza cultural. Todo lo cual está muy bien pero para lo que nos ocupa no tiene la menor importancia, lo único que debería importarnos es su faceta de entrenador. Y al respecto no me habrán leído ni me leerán jamás que Scariolo me parezca un mal entrenador, porque no lo pienso en absoluto. Todo lo contrario, Scariolo me parece un buen entrenador, ahí están sus éxitos y sus títulos durante todos estos años para atestiguarlo. Ya otra cosa es que me guste, que se aproxime siquiera un poco a mi ideal como técnico, que como ya habrán deducido no es el caso (problema mío, insisto).saezscariolo Y ya otra cosa es que (aún en el supuesto de que me gustara) me parezca adecuado su nombramiento, tanto menos en el momento actual, tanto menos estando como estamos y viniendo de donde venimos. La situación tras el orengazo requería un drástico cambio de rumbo, un golpe de timón, algo que ilusionara siquiera un poquito a la afición, pero aquí (qué les voy a contar que ustedes no sepan) somos más de poner cara de paisaje y mirar para otro lado, ocho meses al pairo y seguro que las cosas se solucionan solas, ponga un Scariolo en su vida, más de lo mismo, cambiemos algo para que todo siga exactamente igual. Segundas partes nunca fueron buenas, ya se lo dije.

Les he contado ya demasiadas veces por activa y por pasiva lo que pienso acerca de nuestras expectativas (si las hubiere) en este próximo Eurobasket y por extensión en los presuntos Juegos de Río 2016, no se lo repetiré porque me pongo malo de sólo pensarlo. Alguien a estas alturas debería coger de una vez por todas el toro por los cuernos y empezar a llamar a las cosas por su nombre, miren señores, ya nada será igual, los niños de Lisboa tienen 35 años, algunos ya nunca volverán, otros aún vendrán pero como si no vinieran, otros aún no tienen esa edad pero andan ya para el arrastre, es lo que hay (o lo que no hay, más bien) así que dejen de pedir peras al olmo, olviden de una puta vez la mamarrachada de la eñebeá, dejen de soñar imposibles y vayan ya pensando en la reconstrucción, esto no es un solar pero sí una casa que se desmorona, intentemos salvar algún cimiento, afiancemos lo que se pueda afianzar y empecemos de cero todo lo demás, cualquier cosa antes que poner un mero parche, repintar la ruina y seguir viviendo en su interior como si no pasara nada, como si no se nos hubiera caído el techo encima. Pudimos asumir los desperfectos, pudimos incorporar un soplo de aire fresco que mirara ya a medio/largo plazo pero hemos preferido seguir españoleando, escarioleando, hacer como que seguimos siendo la hostia y nada impide que volvamos a serlo, mismo perro con distinto collar, ponemos al perro el collar de antaño como si con eso fuera bastara para recuperar la lozanía y esbeltez de antaño, nada nuevo bajo el sol, la vida sigue igual, eñebeás, eñemanías y demás eñepolleces a tutiplén, ni cirugía ni lifting ni leches, sombra aquí y sombra allá, maquíllate maquíllate. Más dura será la caída, al tiempo.

del 4 al 15   Leave a comment

(publicado originalmente en tirandoafallar.com el 23 de septiembre de 2013)

4. Pablo Aguilar. El hombre-Guadiana de esta selección, no precisamente por culpa suya sino porque quienes podían guadianearle le guadianearon convenientemente a lo largo de todo el Torneo. No les negaré que yo en un principio tenía una cierta prevención con Aguilar, siendo como era el jugador más inexperto en lides internacionales de este equipo (junto con Rey) y el que más fácilmente podía pagar la novatada. Pero dicha prevención se me fue quitando en cuanto vi que aportaba minutos de calidad, que no le temblaba el pulso en ataque y que (quizá gracias a ser el cuatro más cuatro de la rotación) hacía un trabajo más que socorrido en defensa, guardando las espaldas de Marc o Xavi cada vez que éstos salían a defender y acudiendo cumplidamente en su ayuda cuando era menester. Todo lo cual debería haberle supuesto que se fueran incrementando sus minutos y sin embargo le supuso todo lo contrario, de hecho llegó hasta el punto de que cuanto mejor lo hacía menos jugaba: si le salía un partidazo luego desaparecía de la rotación en los dos siguientes, si hacía un magnífico segundo cuarto ya no volvía a tocar bola el resto del partido… Y así sucesivamente. Doctores tiene la santa madre iglesia, es bien sabido que los entrenadores ven cosas que permanecen ocultas para el resto de los mortales, supongo que eso es lo que habrá sucedido también en esta ocasión. Pero a mí al menos me queda la sensación de que Pablo Aguilar ha llegado para quedarse. Quizá no quepa en el equipo de 2014 (si vuelven Pau, Felipe y/o Ibaka) pero si todo va normal debería tener plaza asegurada a partir de 2015. Esperemos acontecimientos.

5. Rudy Fernández. Depende de dónde hubieras puesto el listón. Quienes lo pusieron en que Rudy tenía que ser el Navarro de esta selección se habrán llevado un chasco, Rudy no está a día de hoy para desempeñar ese papel (¿y quién lo está?), mal que nos pese. En cambio quienes lo pusimos en base a su última temporada en el Madrid podemos sentirnos moderadamente satisfechos ya que Rudy ha mejorado con creces las prestaciones que ofreció en su año en blanco. Es decir, al menos parece haber puesto fin a su sempiterna pelea con el aro, ya las mete, quizá no tanto como a tantos les gustaría pero las mete (y a veces en condiciones francamente difíciles, además), lo cual no es poco si recordamos su desempeño en la pasada Final de Liga. Y aunque no las meta Rudy se ha ganado ya a pulso a estas alturas que dejemos de valorarle sólo por lo que mete o por lo que deja de meter (pausa valorativa), Rudy es más que eso, Rudy es agresividad en defensa, intensidad, rebote, cabe incluso preguntarse dónde estaríamos a estas alturas si no fuera por el chorro de rebotes defensivos que ha cogido durante toda la competición. Que sí, que a veces le entra la tontería y desespera al más pintado, que a más de uno nos salió espuma por la boca en la prórroga ante Francia, aquellos 20 segundos que se tiró botando allí parado sin mirar a nadie para al final acabar tirándose aquel melón (aunque en su descargo habremos de reconocer que cosas aún más inverosímiles ha metido alguna vez), que cuando se le cruza el cable y se mete en piques resulta insoportable, que todo lo que usted quiera… pero que con todo y con eso estaremos de acuerdo en que ha sido de lo más valioso que hemos tenido en este Eurobasket. No es el Rudy que un día fue ni aún menos el que un día pensamos que sería, pero creo que vuelve a estar (por fin) en el buen camino. O será que puse yo el listón demasiado bajo, no sé…

6. Sergio Rodríguez. Todo el mundo desata por lo general filias y fobias, a cada minuto de cada partido cada jugador genera elogios desmedidos a la par que críticas furibundas… pero quizá en ninguno de ellos se haga tan patente esa bipolaridad como en Sergio Rodríguez. Entre los chachofóbicos que le consideran el culpable de todos los males y los chachofílicos que le consideran el sumo hacedor de todos los bienes debería haber un término medio, y en ese mismo término medio debería intentar situarme yo si no fuera por el pequeño detalle de que (probablemente ustedes ya lo sepan) soy mucho más de chachofilia que de chachofobia. Es decir, creo que mucho de lo bueno que le ha sucedido a la selección en este Torneo ha sido gracias a Sergio, creo que ha creado juego más que ningún otro base (Ricky porque se perdió en el empeño, Calde porque no le dejaron), que ha alimentado a sus compañeros más que nadie (que luego las metieran o no ya es otra historia), que incluso ha defendido más de lo que solía y que cuando no ha encontrado a quién dársela se la ha jugado con la plasticidad, eficacia y agresividad de cara al aro rival que viene siéndole habitual. Y creo además que en más de una ocasión fue sentado indebidamente cuando estaba en pleno trance, que se le racionaron en exceso los minutos, que actuaciones como la que protagonizó en el cruce ante Serbia deberían disipar todas esa dudas que los chachoescépticos puedan aún tener… Amor de fan, dirán ustedes (y con razón, no lo niego), y me dirán también que en los minutos finales ante Francia se dedicó a jugársela sin pasarla, que algunas metió pero demasiadas falló en ese delicado trance, todo lo cual a la larga resultó perjudicial para el equipo… Niego la mayor, como dicen los juristas (tampoco sé muy bien lo que quiere decir, pero queda bien decirlo): la primera opción de Sergio suele ser buscar el pase definitivo, si se encebolló (digámoslo así) en esos minutos fue precisamente porque no había pase alguno, porque todos sus compañeros estaban tapados, porque los mocetones franceses cerraban cualquier fuente de alimentación. A partir de ahí básicamente tenía dos opciones, o lanzar un pase errático al bulto que muy probablemente acabaría en las manos del rival o driblar y buscarse la vida, ya que los demás no se liberan tendré que liberarme yo. Y dicho y hecho, y pudo salir bien (y más de una vez salió bien), y a la postre salió mal porque nadie es perfecto, porque Francia es mucha Francia, porque no se puede luchar solo contra los elementos, porque no es fácil ser sublime sin interrupción. Pero asumió la responsabilidad cuando nadie la quería, y créanme que cuánto mejor nos iría (en la selección e incluso en la vida cotidiana) si hubiera más gente capaz de asumir de la misma manera esa misma responsabilidad. He dicho.

7. Xavi Rey. Por alguna misteriosa razón que no alcanzo a comprender, muchos presuntos aficionados de este país (el concepto presuntos aficionados vendría a englobar a todo ese público mayoritariamente futbolero que sólo se asoma al baloncesto cuando juega la selección, y que ni conoce a la mayoría de los jugadores ni sabe siquiera en qué equipo juegan) decidieron hacerle el blanco de sus chanzas, mofas y befas durante todo el Torneo, convirtiéndole incluso (para vergüenza propia y ajena) en esa cosa que ahora solemos llamar trending topic. Como si fuera un picapedrero o un destripaterrones al que hubieran puesto ahí sólo porque es grande y fuerte y no porque sepa jugar al baloncesto… Todo lo cual confirma una vez más lo atrevida que puede llegar a ser la ignorancia, tanto más en este país. Xavi Rey, no lo olvidemos, llegó a la selección aún convaleciente de una grave lesión, y durante la dichosa Ruta Ñ (que dios confunda) resultó manifiestamente claro que no estaba ni al cincuenta por ciento de su nivel. Pero según fueron pasando los partidos se le fue viendo mejor, mucho más asentado atrás y aportando también sus cositas en ataque gracias entre otras cosas a las asistencias que le proporcionaba su amigo y compañero de habitación Sergio Rodríguez, con quien solía coincidir en cancha. Qué quieren que les diga, su principal función era proporcionar minutos de descanso a Marc Gasol y creo que esa la cumplió con creces, de hecho lo único que lamento es que no tuviera más minutos para que así Marc hubiera podido tener más descanso de cara a los instantes finales. Pero me temo que ese aspecto no dependía ya de él…

8. José M. Calderón. Otra de misterio: por alguna misteriosa razón que se me escapa, Calde se ha convertido también en estos últimos tiempos en el blanco de las iras de cierto sector ultramontano de presuntos aficionados, que hablan de él en unos términos de desprecio que sólo recuerdo haber visto antes en los últimos años de Garbajosa. Como si pegara un atraco, como si viniera a la selección a llevárselo muerto, todas esas expresiones e incluso otras peores he tenido que leer yo en estos días, no necesariamente durante el Torneo sino que incluso antes de que empezara ya le señalaban de ese modo. Pues qué quieren que les diga, ojalá tuviéramos muchos atracadores como Calde en nuestras filas. Recuérdese que se ha tirado todo el Campeonato jugando en un puesto que no es el suyo ni por asomo, como si fuera lo mismo jugar de uno que de dos, como si el mero de tener buena mano en el tiro exterior te convirtiera ya en escolta. Y aún así ha hecho su trabajo lo mejor que ha podido, y hasta ha metido sus tiros exteriores en un porcentaje más que decente, todo lo cual no le ha evitado acabar señalado como uno de los principales responsables de la derrota ante Francia porque falló el tiro que pudo ser decisivo (se salió por muy poco) y porque en la prórroga no se le vio liberado en ningún momento, lo cual llevó a muchos a decir que se escondió. Repitámoslo una vez más, no es su puesto, yo desde mi ignorancia no creo que sea lo mismo subir el balón, repartir juego y luego buscarte espacios que tener que trabajarte esos mismos espacios antes de que te llegue el balón, no puede ser lo mismo cuando enfrente tienes a esos mostrencos galos taponando todas las vías de acceso… No, evidentemente Calderón no ha hecho un buen Eurobasket, eso ya lo sé yo. Lo que ya nunca sabremos es qué parte de responsabilidad fue de él y qué parte fue de quien se empeñó día tras día en que fuera lo que no es. Y aún menos sabremos ya lo que perdió también la selección a causa de ese mismo empeño…

9. Ricky Rubio. Empezó moviéndonos al optimismo, porque en defensa estaba tan hiperactivo como siempre (robando balones como sólo él sabe hacerlo) y porque en ataque ha añadido a su repertorio un tirito de cinco o seis metros saliendo del bloqueo que resulta ser sumamente eficaz. Todo lo cual está muy bien pero no deja de ser un mero espejismo porque Ricky sigue siendo un base, porque a un base por lo general se le pide que dirija al equipo y porque Ricky en esa función en particular fracasó estrepitosamente. Conducción errática, mucho bote inútil, mucho pase picado buscando al pívot que acababa estrellado contra las piernas del defensor, mucha penetración hasta la cocina buscando la bandeja o el pase abierto que acababa sin bandeja y sin pase y con Ricky saliendo de la cocina exactamente igual que había entrado (pero dejándose unos cuantos segundos de posesión en el empeño…) Hay un mal que suele a veces afectar a los bases europeos en NBA, que cuando vuelven para jugar con su selección parecen mucho peores de lo que parecen cuando les ves jugar allí (al propio Tony Parker le afectó este mismo mal durante unos cuantos años), témome que eso sea también lo que le esté pasando a Ricky. Personas que saben de esto bastante más que yo explicaban el otro día que la clave está en esas defensas ilegales que existen allí y no aquí, lo que posibilita que a la hora de circular Ricky encuentre muchos más espacios allí (recuérdese que también la cancha es más ancha) de los que acostumbra a encontrar aquí, a menudo con toda la defensa rival atiborrando la zona y cortando cualquier línea de pase interior. Sea por lo que fuere, resulta evidente que Ricky cada vez es más base NBA y menos base FIBA, lo cual (en lo que a nuestra selección respecta) resulta sumamente preocupante. Esperemos que (como a Parker) se le cure también con el tiempo.

10. Víctor Claver. Sin lugar a dudas, el jugador que más ha mejorado sus anteriores prestaciones con la selección… lo cual no es decir mucho, dado que sus anteriores prestaciones con la selección se limitaban a pelarse el culo en el banquillo y ejercer de espectador privilegiado de los encuentros, sin pisar jamás el parquet para otra cosa que no fuera la rueda de calentamiento. Claver ha sido un poco el Carlos Jiménez de esta selección (salven todas las distancias), el hombre-intangible, rebotes, defensa, trabajo aseado en general e incluso momentos muy puntuales de excelsa brillantez… fuera de los cuales ha vuelto a ser el jugador apocado que siempre conocimos, un tipo con una envidiable condición física y unas no menos envidiables aptitudes técnicas pero a quien le falla estrepitosamente el carácter. Sigue siendo el campeón mundial de encogimiento de brazo, el que rehúsa tiros abiertos para endosarle el marrón al compañero, total para que al final la bola le vuelva en peores condiciones y se acabe sacando de encima un mendrugo sin ningún sentido (y no sólo en la prórroga contra Francia sino en bastantes más ocasiones a lo largo del Torneo). Y sin embargo luego a veces le ves hacer una maravilla puntual que te hace exclamar ¡¡¡joder, pero si sabes hacer esto ¿por qué demonios no lo haces más a menudo?!!!, mero espejismo para volver de nuevo a las andadas pocos segundos después. No me interpreten mal, no fue ni de lejos lo peor de esta selección pero aún sigue siendo el jugador pasmado, pensé que el pasar un año fuera de casa le habría venido bien (como a tantos otros) en términos de espabile pero está claro que me equivoqué. Debería entender que esto es la jungla (y más en USA), que o comes o te comen, debería entenderlo de una puñetera vez pero me da la sensación de que ya empieza a ser demasiado tarde para eso.

11. Fernando San Emeterio. No hizo un buen año con Baskonia (no al nivel que nos tenía acostumbrados, al menos) y ello sirvió para que muchos cuestionaran su presencia en la selección, para que le pusieran como el típico ejemplo de jugador que va porque le toca ir (por su pertenencia al club, como si dijéramos) pero no porque realmente lo merezca. Y sin embargo una vez allí yo definiría su actuación con una sola palabra, infrautilizado. Un equipo que alineaba sistemáticamente un uno en el puesto de dos, un dos en el de tres y un tres en el de cuatro no fue capaz de aprovechar convenientemente a un (llamémoslo así) dos y medio como SanEme, alguien que te puede defender a los treses rivales mejor que (por ejemplo) Rudy o Llull y que en ataque (aún no estando en su mejor versión) tiene la agresividad suficiente para atacar el aro y el aplomo suficiente para (sin ser un tirador) jugársela cuando la ocasión lo requiere. Insisto, yo mismo que siempre fui muy de SanEme no sé si le habría llevado en esta ocasión… pero ir pa ná es tontería como dijo aquél, si finalmente le llevas le tienes que sacar partido. Quizás precisamente en detrimento de Llull…

12. Sergio Llull. Llull es el jugador arrebatado por antonomasia, la versión baloncestística de aquel ¡¡¡a mí el pelotón Sabino que los arrollo!!! que cuentan que popularizó la selección de fútbol hace casi un siglo. Llull salta a la cancha como si le fuera la vida en ello, a menudo no parece que esté jugando un partido sino que estuviera emprendiendo una cruzada, algo que muchas veces puede ser muy bueno (y que en tantas ocasiones le sirvió para salvar a su club, cuando corrían tiempos peores) pero que también en determinadas ocasiones puede resultar muy perjudicial. Llull a veces parece que estuviera peleado con el mundo (contra el mundo, más bien), puede hacerte una semifinal horrorosa ante Francia y luego ponerse a ensartar triples uno tras otro en el partido por el bronce ante Croacia, y en medio de todo ello ponerse a celebrarlo no como si hubiera conseguido una canasta sino como si estuviera exorcizando todos sus demonios interiores. De hecho ya no sé si parece que estuviera peleado con el mundo o consigo mismo, o si en su cabeza el mundo y él vienen a ser la misma cosa. Llull juega en el Madrid de base y aquí de escolta, y lo que con otros me parece francamente mal con él me parece francamente bien porque a mi Llull no me gusta de base, me gusta (en la medida en que me gusta) de escolta. Llull es el jugador arrebatado por antonomasia pero entre el arrebato y el atropello a veces sólo hay un paso, puestos a atropellarse prefiero que no lo haga de uno (que arrastrará a todo el equipo) sino de dos (que con un poco de suerte sólo se arrastrará a sí mismo). Y así anduvimos en este Eurobasket, de atropello en atropello hasta el arrebato final. Baloncesto visceral, es decir, no jugado tanto con la cabeza sino con las vísceras, desde las mismísimas entrañas. Baloncesto crepuscular, un poco al estilo de aquellos legendarios spaghetti westerns de Sergio Leone. Así es Llull, o lo tomas o lo dejas. Rechace imitaciones.

13. Marc Gasol. Siendo como era nuestro hombre-franquicia, estaba más que claro que los rivales habrían de intentar pararle por lo civil o por lo criminal. Vaya si lo hicieron, garrotazo y tentetieso, a cinco faltas por pívot tenemos unas cuantas para gastar así que apliquémonos a ello, si anulamos a éste habremos anulado también a casi todos los demás Tal cual. Marc aguantó el tipo, se fajó, encajó, sacudió también alguna vez de vez en cuando, resistió el embate a duras penas y acabó haciendo un gran campeonato (no excelso pero sí muy bueno) y entrando por méritos propios en el quinteto ideal del Torneo. ¿Qué le faltó para que todo fuera perfecto? Le faltó ayuda, le faltó que alguien llegara a donde no podía llegar, que si salía a defender el bloqueo de su par alguien le cubriera consistentemente las espaldas. Le faltó (vuelta la burra al trigo) descanso, a este ritmo de partidos (11 en 19 días, recuerden) y a este nivel de intensidad los excesos se pagan, vaya si se pagan, repasen los últimos minutos ante Grecia, Italia o Francia si les queda alguna duda. E incluso le faltó (ya puestos) algo de entendimiento con sus compañeros, acabar de saber dónde se la podía poner Sergio o (sobre todo) que los demás supieran dónde se la podía poner él. Detalles menores, en cualquier caso. Seamos realistas, con Marc fuimos bronce, perdimos cuatro partidos de muy mala manera pero fuimos bronce. Sin Marc, estoy convencido, no habríamos llegado siquiera a cuartos de final. Su mejor jugada, no les quepa la menor duda, la hizo el día aquel de julio en que anunció que finalmente estaría en Eslovenia con la selección. Todo lo demás vino ya por añadidura.

14. Germán Gabriel. A Germán le tocó el premio gordo del sorteo, un viaje de tres semanas a Eslovenia con todos los gastos pagados visitando Celje, Ljubljana y alrededores, con entrada garantizada para presenciar en primera fila todos los encuentros de la selección y con la posibilidad además de convivir en el día a día con todos y cada uno de sus jugadores. Cuántos lo quisiéramos. Claro que, puestos a querer, algunos de los que llevábamos años queriendo que Germán Gabriel fuera a la selección habríamos querido también que tuviera minutos significativos en ella, y cuando digo minutos significativos obviamente no me refiero a entrar en el minuto 38 cuando vas ganando de 30, me refiero a un poquito antes, al rato ese en el que todavía te estás jugando las habichuelas. Algunos (desde nuestra supina ignorancia, por supuesto) seguimos pensando que esa versatilidad de cuatro y medio de Germán podría haber causado estragos en más de un rival, ahora te destrozo la cintura con un juego de pies sin apenas comparación, ahora que te lo has creído te la clavo desde fuera, ahora… Ahora leches. Germán que es muy buen tío seguro que se lo habrá pasado bien y habrá disfrutado la experiencia, que habrá hecho equipo, se habrá echado unas risas y a la vez provocado que otros también se las echen, y hasta puede que (ya puestos) todo esto le haya servido también para hacer prácticas de cara a su futura carrera como entrenador. Todo eso está muy bien, qué duda cabe, pero seguro que usted y yo esperábamos otra cosa. Y él muy probablemente también, aunque ahora intente disimularlo.

15. Alex Mumbrú. Reconozco que no sé si fue antes el huevo o la gallina: no sé si la FEB le tiró los tejos para que volviera y él aceptó, o si más bien fue él quien se dejó querer diciendo que estaría dispuesto a volver hasta que la FEB aceptó. Sea como fuere, incluso a mí que nunca fui muy de Mumbrú me pareció bien su vuelta, al fin y al cabo venía a rellenar esa posición de tres en la que tenemos un agujero endémico, bienvenido fuera, seguro que al final acabaría pasándome como tantas otras veces en años anteriores, que primero eché pestes por su convocatoria y luego al final tuve que acabar reconociendo que su presencia le hacía mucho bien a la selección… Bueno, pues no. Esta vez no. Tampoco necesariamente por culpa suya, alguno se debe creer que por el hecho de que de vez en cuando postee a su defensor para hacer valer su superioridad física eso ya le convierte en un cuatro, ojalá fuera todo tan fácil pero la realidad es que Mumbrú tiene de cuatro lo que yo de monje cisterciense poco más o menos (ligera exageración). Y sin embargo casi no ha jugado de otra cosa, casi no ha tenido otro papel que dar relevos a Claver (que tampoco es necesariamente un cuatro) en esa misma posición, tanto más cuanto más ajustado estuviera el marcador y cuantos menos minutos quedaran, total para estamparse una y otra vez contra la cruda realidad de la vida (o contra la defensa rival, que viene a ser lo mismo). Aquella sucesión de balones perdidos en el último cuarto ante Francia fue la metáfora perfecta para demostrarnos que ni él estaba ya para estos trotes ni estos trotes estaban ya para él. Se le agradecen una vez más los servicios prestados, señor Mumbrú, pero creo yo que hasta aquí hemos llegado, esta vez de verdad. Fue un placer.

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