Archivo para la etiqueta ‘Euroliga

LA CASA POR LA VENTANA   Leave a comment

Éramos pocos y parió la FIBA. Parió hace cinco años en Kuala Lumpur, que no es un insulto a Leticia Sabater sino la capital de Malasia. Parió (la FIBA, no la Sabater) y algunos en nuestra natural ingenuidad pensamos que sería flor de un día, una ventolera que les ha dado a estos señores tan mayores ahí recluidos los pobres entre güisqui y güisqui en su hotel malayo sin nada mejor que hacer, ya verás como en cuanto vuelvan cada mochuelo a su olivo y se sienten a pensar un poco se les pasa la tontería. Al fin y al cabo aún es noviembre de 2012, pues anda que no queda todavía hasta noviembre de 2017, tiempo más que sobra tienen para recapacitar. O no.

Hoy ya es noviembre de 2017 (lo mismo esto ya lo sabían), hoy el fruto de ese parto de la FIBA está ya talludito y en edad de merecer (merecer qué, que cada cual añada lo que parezca), hoy ya es un niño jodón preparado para empezar a dar por donde acostumbran a dar los niños jodones.ventanas3 Una extraña criatura a la que pudieron llamar boquete o (aún mejor) destrozo pero prefirieron ponerle ventana que queda como más chic. Como tenemos pocos agujeros hagámonos unos cuantos más, un montón de ventanas que nadie ha pedido para que se nos termine de escapar el poco aire que aún nos queda. Tiremos la casa por la ventana, como si nos lo pudiéramos permitir.

Claro está, la FIBA no parió porque sí sino por (sospecho) una buena razón, buena para ellos se entiende, buena aunque (precisamente por ello) inconfesable: recaudar, sacar tajada, pillar cacho, llámese como se quiera. La FIBA de mayor quiere ser la FIFA, lleva queriéndolo casi desde su fundación, incapaz de entender por más veces que se le explique que fútbol sólo hay uno y a su vera los demás deportes no tenemos ni media hostia. La FIBA está harta de ver cómo la FIFA (y su hermana menor, la UEFA) organiza fases de clasificación de mundiales y eurocopas y se lleva un porcentaje de la recaudación de cada Bulgaria-Moldavia, Lituania-Bielorrusia o Somalia-Tanzania, lo ve la FIBA y se le cae la baba y exclama hostia tú, pues si los del fútbol lo hacen a ver por qué no lo vamos a poder hacer nosotros también. Pues porque no, mire usted. El fútbol va de chulo porque puede, a su lado los demás no somos nadie. Y nada hay más ridículo que ir de chulo cuando no eres nadie.

El fútbol lo aguanta todo, el fútbol puede darse el lujo de parar durante un par de semanas sus ligas, sus copas y sus champions para darte a cambio un Andorra-San Marino o un Pakistán-Afganistán, lo hace y no pasa nada porque sabe que a la vuelta volverán a estar sus fieles aún más ansiosos si cabe, si alguien cometiera el atrevimiento de olvidarse de su existencia ya se encargaría el bombardeo mediático de recordársela. Nosotros en cambio no tenemos bombardeo sino más bien ninguneo mediático, paremos nuestras competiciones impunemente durante quince días y a ver quién se encarga luego de recordárselas al personal.ventanas4 Vale, sí, estaremos quizá los cuatro colgados de siempre, pero al resto, a ese común de los mortales que consume en un ochenta o noventa por ciento fútbol y al que tanto costó fidelizar, ponte ahora de nuevo a intentar fidelizarlo tras haberlo desfidelizado a conciencia durante un par de semanas en las que habrá huido despavorido a presenciar cualquier otra competición. Y todo ello para (aún en el improbable caso de que lo consigas) volver a desfidelizarlo de nuevo (aún más si cabe) dos o tres meses después.

Claro está que la FIBA no te va a reconocer públicamente su presunto afán recaudatorio, hasta ahí podíamos llegar. Resulta mucho más socorrido decir que lo hace por puro amor al arte, hasta ahora nuestros aficionados no podían disfrutar de su selección jugando partidos oficiales en casa, ahora ya por fin se les ofrecerá esa oportunidad. Acabáramos. Que a ver, que no digo yo que en Noruega, Bolivia o Azerbaiyán no haya un auténtico clamor social exigiendo ver por fin a su selección de baloncesto disputando un partido de competición en Bergen, Cochabamba o Bakú, no me consta pero vaya usted a saber, lo mismo hasta habrá habido manifestaciones incluso, cuando la FIBA lo plantea de esta forma será porque es algo crucial para la vida de esas buenas gentes. Sólo puedo hablar de lo que conozco, de esos países de nuestro entorno en los que al común de los mortales (salvo excepciones, lógicamente) se les da una higa poder ver in situ a su (sucedáneo de) selección. No digamos ya en el nuestro, a ver quién necesita ventanas teniendo Ruta Eñe, si cada verano ya paseamos nuestro circo preparatorio por Navalmoral de la Mata, Argamasilla de Alba, Madrigal de las Altas Torres o La Almunia de Doña Godina para qué queremos más, rechace imitaciones.

Y sin embargo la FEB sí quiere más, la FEB ha optado por lo que cualquier organismo de esta índole acostumbra a hacer en caso de conflicto, ser la voz de su amo y no morder la mano que le da de comer y que le lleva a reunirse a Kuala Lumpur y demás bellos e ignotos lugares del planeta. La FEB como la FIBA te vende las ventanas clasificatorias como si éstas fueran la biblia en verso, la FEB como la FIBA te vende que el que no puedan venir los NBA es hasta bueno porque así los jugadores jóvenes de cada país tendrán más oportunidades, la FEB como la FIBA exige en cambio que acudan los de la Euroliga porque se ve que en este caso las oportunidades que puedan dejar para los jóvenes ya se la sudan, que una cosa es una cosa y otra más ya son dos cosas. La FEB como la FIBA se comporta como el típico abusón de (pongamos) tercero de primaria, con los de quinto (NBA) no me voy a meter porque me pueden así que a cambio me meto con los de segundo (Euroliga) o primero (ligas nacionales) que no tienen ni media hostia, pa chulo yo. Así cualquiera.

Que dicho sea de paso, esa es otra sutil diferencia entre las fases clasificatorias de la FIFA y de la FIBA, permítanme que abunde en ello por si algún preboste de esta última organización aún no hubiera reparado en dicho aspecto, dada su cortedad. Argentina reclama a Messi para jugar contra Paraguay y ni que decir tiene que el susodicho (y tantos otros) se cruza el planeta de esquina a esquina cuantas veces sean menester en sendos interminables viajes de ida y vuelta con el consiguiente desparrame de husos horarios que ello supone.ventanas1 Ahora bien, sea usted (por ejemplo) Letonia y dese el capricho de reclamar a Porzingis para jugar contra Ucrania, hágalo y podrá escuchar desde su casa las carcajadas en el Madison Square Garden, no necesitará para ello ni móvil ni skype, le bastará con dejar las ventanas (nunca mejor dicho) abiertas. O dicho de otra manera: las fases clasificatorias del fútbol son de verdad, las del baloncesto son de mentira. Una pura mentira, no ya porque las disputen selecciones B (o en algún caso incluso C) sino porque si se diera el caso de que alguna de las grandes quedara fuera ya se encargaría rauda y veloz la FIBA de hacerle llegar una invitación.

Sí, la FIBA se reserva el derecho de (in)admisión, pero no por ello toca menos las pelotas. Sus franquicias territoriales, fieles cumplidoras de las instrucciones emanadas de la casa madre, emiten convocatorias en las que se cuidan muy mucho de incluir a los NBA (el descojone, ya saben) pero les falta el tiempo para incluir a los de la Euroliga. Así que ahí los tienen, lo más florido y granado que aún nos queda a este lado del charco puesto de repente en el disparadero, obligado de repente a escoger entre el club que le paga y el país al que (supuestamente) representa. O dicho de otra manera, obligado de repente a escoger entre quedar mal con su equipo o con su selección. Haga lo que haga nunca le habrá de faltar quien se lo reproche.

Imaginemos que aplican el sentido común (el mío, al menos), que deciden mandar cortésmente a paseo a la FIBA y sus ventanas y quedarse en su club para cumplir así con su calendario previamente establecido. No sé qué pasaría en ese caso en otros países, pero conozco demasiado bien a mis clásicos como para no saber qué sucederá en el mío. Si ya en 2005 o 2010 hubo quien linchó mediáticamente a Pau (¡¡¡a Pau!!!) por tomarse un miniverano sabático, no quiero ni imaginar lo que puede suceder ahora cuando quienes renuncien no lo hagan desde América sino desde aquí mismo a la vuelta de la esquina.ventanas5 Tanto más en estos tiempos de sentimientos nacionalistas (que no nacionales) completamente desatados que nos ha tocado vivir: tiempos de cogérsela con papel de fumar, sacar los trapos de colores a pasear, restregárselos al de enfrente por menos de nada y hasta quemar las naves por los insignificantes ribetes de una camiseta cualquiera. Alguno será tachado de traidor a la patria, al tiempo.

Y todo esto, ¿para qué? Sabemos que no llevaremos a la selección A (NBA), supongamos que tampoco llevemos a la B (Euroliga), pongamos que vamos con la C, pongamos que con todo y con eso nos clasificamos para el Mundobasket 2019 (o no pero nos invitan, que para el caso es lo mismo)… y que luego vamos y les decimos muy bien chavales, muchas gracias por los servicios prestados pero que sepáis que a China no vais a ir, que sepáis que a China sólo irán los buenos buenos de verdad de la buena y que vosotros después de habéroslo currado tendréis que conformaros con verlo por la tele mientras lo disfrutan los demás. O pongámoslo a la inversa, pongamos que estos mismos beiranes, vidales o rabasedas pudieran decir total para qué nos vamos a molestar en dar un palo al agua para meternos en el Mundial si luego no lo vamos a jugar, anda y que les den. Divide y vencerás, principio básico de cualquier conflicto que desde luego la FIBA está aplicando a rajatabla: más allá del beneficio meramente crematístico que saque de esto, su principal logro está siendo dejar al resto de estamentos de nuestro básquet como un colador.

Tenemos infinidad de problemas en nuestro deporte, de entre los cuales no son precisamente menores los referidos al calendario: la difícil coexistencia entre la Euroliga y las ligas nacionales, la no menos complicada supervivencia ante la poderosa NBA… Si ya de por sí resulta sumamente difícil construir en nuestro continente unas estructuras competitivas medianamente parecidas a lo que cabría esperar en el siglo XXI, no digamos ya si en éstas irrumpe de repente un dinosaurio intentando retrotraernos a las arcaicas estructuras del XIX. O como le dijo Di Stéfano a aquel portero que tuvo en el Valencia, vale que no me pare las que van dentro, pero por lo menos no me meta las que van fuera. Traducción para la FIBA, vale que no nos solucionen nuestros problemas, pero por lo menos no nos creen nuevos problemas donde no los solíamos tener. Éramos pocos y parió la FIBA, parió con dolor y con sangre como mandan los cánones bíblicos. Y ahora ya es demasiado tarde para parar la hemorragia.

Anuncios

Publicado noviembre 13, 2017 por zaid en selecciones

Etiquetado con , , , , , , , , ,

SI YO FUERA MADRIDISTA   6 comments

chachocska

Reconozco que a veces me gustaría ser madridista. No, no digo madridista normal (madridista humano, lo llamaremos de aquí en adelante), de esos que se alegran con sus victorias y se entristecen con sus derrotas (que eso al fin y al cabo está al alcance de cualquiera, quien más quien menos puede serlo alguna vez en la vida) sino madridista-madridista. Madridista ultramontano, madridista recalcitrante, madridista de los del o-estás-conmigo-o-estás-contra-mí, madridista de esos que no entienden el deporte como una competición sino como una guerra, que no creen tener vida más allá de la de su propio equipo, que no ven más que conspiraciones a su paso, que no tienen rivales sino enemigos. Me gustaría serlo alguna vez, siquiera fuera por cinco minutos (más tampoco aguantaría), para intentar así entender su proceso de pensamiento. Sólo para saber qué se siente.

Me dirán con razón que de esos hay en todos los equipos. Por supuesto que sí, en el mío, en el suyo y en el de cualquiera, el que esté libre de pecado que tire la primera piedra. Pero en el caso del madridismo existen últimamente un par de factores (llamémoslos así) diferenciales que hacen de lo ultramontano algo no tanto ocasional como cotidiano, no tanto excepción como regla. Algo que deja de ser la actitud de unos pocos energúmenos para acabar generalizándose a buena parte de su población, como si fuera lo más natural del mundo; y convirtiendo de paso en sospechosos a todos aquellos que no comulgan con esa misma opinión.

El primero es el factor Mou. Sí, Mou, a estas alturas. Hay un antes y un después de la llegada de Mourinho al banquillo futbolero del Real Madrid, un antes y un después en la forma de entender el deporte y hasta en la forma de entender la vida. Mou instauró el vale todo, de tal manera que aquello que no se ganaba por lo civil podía también ganarse (y aún mejor si cabe) por lo criminal.Jose-Mourinho-Real-Madrid No sé quién dijo que el fútbol es la continuación de la guerra por otros medios, pero Mou consiguió darle la vuelta al aforismo; la guerra sería la continuación del fútbol por otros medios, la verdadera batalla comenzaría una vez sonara el pitido final: un falso testimonio, un amedrentamiento mafioso, un complot judeo-masónico, una omertá, un villarato, un dedo en el ojo, lo que fuera. Cuando casi al día siguiente de que lo hincara se le recibió con aquella explícita pancarta, tu dedo nos señala el camino, supimos que el mal ya estaba hecho (en el supuesto de que no lo supiéramos ya de antemano): la filosofía ultra había trascendido, había dejado de ser patrimonio de unos pocos cafres para convertirse en moneda de uso común. Y pobre del que discrepara y no acatara aquel nuevo matonismo oficial, ese ya no era madridista sino pseudomadridista (crimen nefando donde los haya), quién mejor que el propio Mourinho para encargarse de distribuir los carnets. Es curioso: con Mourinho el fútbol del Madrid no ganó casi nada, desde que se fue llevan ya tres Champions… y sin embargo aún hoy no faltan (más bien sobran) los que recuerdan aquella etapa con nostalgia, los que siguen echándolo de menos, los que a pesar de los resultados aún darían cualquier cosa para volver a tenerlo de entrenador del Madrid.

Y el segundo factor es el que yo llamo factor umbilical. El madridismo tiene cierta propensión a considerarse el ombligo del mundo, el primer club del universo, el eje central a cuyo alrededor giran todos los demás. Un lugar en el que la victoria no es satisfacción sino obligación, en el que los títulos no representan una alegría sino un alivio, esto no es que lo diga yo sino que lo dijo en cierta ocasión su propio entrenador de baloncesto. Un ente cuya desmesura hace que casi nos parezcan normales cosas tales como ir a pagar presuntamente por un único jugador ciento ochenta millones de euros (repito, 180.000.000 €), afortunadamente ya hemos perdido la insana costumbre de traducirlo todo a pesetas pero si aún la conserváramos nos saldrían treinta mil millones de las susodichas (repito, 30.000.000.000 pts.). Lo normal, una fruslería, lo que usted o yo nos gastaríamos en desayunar una mañana cualquiera. La grandeza es lo que tiene.

Anda crecido el madridismo en estos tiempos (aún más que de costumbre). Porque puede, dirán ustedes, una vez más con razón. El haber ganado consecutivamente sus dos últimas Champions bien lo merece, otra cosa ya es la manera que cada uno tenga de (digámoslo así) disfrutarlo. El madridismo humano se limita a ser feliz, en cambio el madridismo ultramontano se recrea en echárselo en cara a casi todos los demás: no ya a los de su eterno rival, que eso hasta tendría un pasar; no ya a los aficionados de equipos modestos (equipos perdedores, dirían ellos), que eso tiene delito pero lo aguantamos con paciencia y resignación; incluso a sus congéneres: incluso a esos (pseudo)madridistas (humanos) cuya entrega a la causa del (verdadero) madridismo al parecer no alcanza el nivel suficiente para ser considerados (verdaderos) madridistas. Por ellos mismos, claro está.

Les pondré un ejemplo: apenas habían pasado un par de días de su última Champions cuando saltó ante mis ojos un hilo (los designios de Twitter son inescrutables) verdaderamente estremecedor: una leyenda del Madrid había osado desear suerte a un jugador en activo del Madrid que lo dejaba para irse a otro equipo, lo cual dicho así suena de lo más normal (y para no crear adivinanzas innecesarias, aclararé que el futbolista en cuestión se llama Pepe, y que la leyenda en cuestión se llama Manolo Sanchís).sanchiscope Bien, pues la catarata de insultos que hube de leer a continuación como respuesta a dicho tuit me dejó preguntándome en qué mundo estaba, si éste es el que me ha tocado vivir párenlo por favor que yo me bajo. Pepe al parecer era un traidor (¿?) pero eso ya era lo de menos, lo verdaderamente grave era que Sanchís le deseara suerte, como si la mereciera: créanme que lo más suave que le llamaban a Sanchís era hijodeputa, a partir de ahí imaginen todo lo más bajo que puedan imaginar. A Sanchís, que creo yo que pocos habrá por ahí que paseen con tanto y tan indisimulado orgullo su madridismo. Y sin embargo para ellos no era ya que fuera pseudomadridista sino que había pasado directamente a ser antimadridista, con dos cojones. Tanto más por trabajar y expresar sus opiniones en un medio tan evidentemente antimadridista (según ellos) como la Cope, que esto ya sí que terminó de romperme por completo los esquemas. Miren que trabajo poco la Cope, pero alguna que otra vez me dejo caer por el Tiempo de Juego de Paco González y llamar a eso antimadridismo vendría a ser casi como llamar anticlerical al Papa de Roma poco más o menos. Si un medio así es antimadridista no sé qué requisitos habrás de tener para ser considerado madridista. Vamos, que ni Real Madrid TV.

Delirios de futboleros enajenados, pensé yo y me olvidé por completo del tema, afortunadamente en nuestro baloncesto estas cosas no pasan… o eso quisiéramos. Este virus ultramontano es capaz de extenderse a ámbitos hasta los que jamás pensamos que se extendería. Hasta al hecho de que un jugador, que dejó la sección de baloncesto del Madrid hace más de un año, pueda ser considerado ahora traidor por pasar de los Sixers de Philadelphia al CSKA de Moscú. Repito (no porque no lo sepan, sino para que quede aún más remarcada la absurdez del caso): de los Sixers de Philadelphia al CSKA de Moscú.

Abundaré una vez más en el periplo de Sergio Rodríguez (párrafo prescindible, porque ya numerosos comunicadores lo han contado con mucha más habilidad que yo): Sergio Rodríguez se fue hace un año a Philadelphia por dos razones: porque le pagaban un pastón y porque le daban la oportunidad de retomar su sueño interruptus NBA.chachosixers Se dejó buena parte de la nómina de los Sixers en pagar hasta el último céntimo de su cláusula como no podía ser de otra manera, se curró su temporada, le salió regular y al acabar se sentó a esperar, a ver qué otra franquicia decidía apostar en firme (contrato garantizado por tres años, a ser posible) por él. Hasta que acabó asumiendo que su sueño bien podría seguir siendo la NBA pero el sueño de la NBA no parecía ser precisamente Sergio Rodríguez, tanto menos con la inmensa camada de bases que ingresa este año en la Liga. Se rindió, miró en otras direcciones, pensó en su Madrid pero éste le dejó bien a las claras que no contaba con él (vamos, que ni una mínima oferta a la baja siquiera)… y en estas apareció el CSKA. El CSKA que es el equipo que mejor paga de Europa, que aspira a la Euroliga casi por definición, que le garantiza titularidad y mando en plaza tras la marcha de Teodosic, que le ofrece una oportunidad que ningún ser humano en su sano juicio podría en modo alguno dejar pasar. Dicho y hecho.

Y justo entonces el verdadero madridismo emergió de su ostracismo, justo entonces descubrió que a falta de traidores futbolísticos (cosa rara en esos días) habían encontrado un traidor baloncestístico, mira tú qué bien. Traidor, con dos razones, por cometer el nefando crimen de aceptar la mejor oferta posible cuando su propio ex equipo no le había hecho ninguna. ¿Qué se supone que debería haber hecho entonces el Chacho para no ser tachado de traidor? ¿Postrarse de hinojos a las puertas del Bernabéu, se lo ruego Don Florentino, acójanme de nuevo en su seno, pofavó pofavó pofavó? ¿Aceptar cualquier cutreoferta birriosa de la NBA aunque ésta tardara cuatro meses en llegar, aunque fuera infinitamente inferior en tiempo, salario y expectativas a lo que le han puesto por delante en Moscú? ¿Estamos todos locos?

tuitsY sin embargo Twitter de inmediato se llenó de insultos que en nada tuvieron que envidiar a aquellos otros de Sanchís, y lo más suave que le llamaron fue rata, y hasta le desearon toda clase de desgracias no ya en el plano profesional sino en el personal incluso. Y todo por irse al CSKA (vía Sixers, no lo olviden). Al CSKA. No quiero ni imaginar qué habría pasado si se le hubiera ocurrido fichar por el Barça (iba a añadir o por el Estu, pero mejor no plantear utopías impensables), lo mismo habrían quemado su casa con él dentro o le habrían colgado de lo más alto del WiZink Center (o como demonios se llame esta semana) para escarnio popular. Ya a cualquier cosa le llaman traición.

Hace ya unos cuantos años, en el ya lejano foro de SEDENA, escribí un post irrecuperable sobre estos temas: sobre la diferente vara de medir que se aplicaba en el deporte con relación a la vida cotidiana, sobre lo absurdo que me resultaba que a alguien por el mero hecho de cambiarse a otro trabajo mejor pagado y/o con mayores posibilidades laborales se le tachara de inmediato de traidor. Nada me molesta más que esos típicos gritos de jugadores mercenarios o de que los jugadores no sienten los colores: no sienten los colores porque no tienen por qué sentirlos (salvo en casos muy particulares, criados en su seno desde pequeñitos), lo cual no significa que sean mercenarios sino que son profesionales. No son soldados sino deportistas, no es una guerra (aunque para algunos sí lo sea, siempre lo sea) sino una actividad profesional. Como la suya o como la mía, salvando las distancias.

Se me contestó precisamente en base a esas distancias, se me recordó el componente afectivo inherente al deporte. Vale sí, hasta ahí llego. Si te cambias de Google a Amazon, de Burger King a McDonald’s, de Zara a Mango, de Mercadona a Carrefour o del Ministerio de Hacienda al de Fomento no es probable que nadie te tache de traidor (más allá de tu jefe) ni que te insulte en las redes sociales, por tratarse de actividades que (afortunadamente) no arrastran riadas de aficionados detrás. Pero quizá por ese componente afectivo a veces (demasiadas veces) nos olvidamos de que la práctica profesional del deporte no deja de ser un trabajo remunerado como (casi) otro cualquiera, que debería regirse por las mismas normas que otro cualquiera.tuitAA Me asusta que se vea tan normal que los clubes puedan prescindir de sus jugadores cuando quieran pero un jugador no pueda decidir su futuro, tuiteaba el otro día con toda la razón Andrés Aragón. Se nos llena la boca con que nuestro equipo (el que sea) debería poner en la calle a Fulano o Mengano aunque tenga contrato en vigor, pero luego a un jugador sin contrato le negamos el derecho a irse a donde le dé la gana. Aplíquenlo por favor a su realidad laboral cotidiana (si la hubiere) y luego vuelvan, una vez hecha la debida comparación.

Pero al madridismo ultramontano (al ultramontanismo de cualquier sitio, en realidad) todo esto se la suda, pone y da y quita etiquetas de traidor sin importarle cualquier otra consideración. Sin reparar por ejemplo en que el factor umbilical puede ser de aplicación directa al fútbol pero no tiene ningún sentido en baloncesto. Espejito mágico, ¿hay acaso en todo el orbe planetario un club más grande que yo? En fútbol por supuesto que la respuesta es no por dios, cómo podría haberlo, pero en baloncesto el espejito directamente se descojona, no es ya que no seas el ombligo del mundo (sólo al otro lado del charco hay ya treinta ombligos más grandes que el tuyo), es que por no ser no eres ni siquiera el ombligo de Europa, hay como tres o cuatro con los que hoy por hoy no te puedes ni comparar, quizás el más hermoso de todos ellos esté precisamente en Moscú. Ante lo cual el madridismo arrebatado rompe el espejo, no soporta esta respuesta, no soporta ser uno de los mejores cuando no es el mejor, no soporta llegar a la Final Four (como si fuera fácil) para luego no ganarla, como si el título europeo no fuera (insisto) opción sino obligación. Lo cual a la larga (y disculpen el ripio) sólo genera frustración.

Y sin embargo durante meses sí que tuvieron razones más que fundadas para sentirse el ombligo de Europa, y quizá por ello no fueron pocos los que de octubre a abril pontificaron acerca de que este Madrid post-Chacho era mucho mejor que el Madrid del Chacho, a las pruebas me remito, dónde va a parar. Hay que tener mucho cuidado con las sentencias de otoño/invierno no vaya a ser que luego te las tengas que comer en mayo, no digamos ya en junio. Cuando resultó patente que en los minutos cruciales ya no te basta con la épica del a mí el pelotón Sabino que los arrollo, ya no te basta con la impagable determinación de Sergio Llull, todo eso está muy bien pero además necesitas algo más. Necesitas frescura de ideas, necesitas alguien que cuando las defensas se ponen turbias sepa ver lo que otros no ven, sepa encontrar a quién pasar, y cómo. Necesitas dirección sobre la pista, nada más y nada menos. Y no, no estoy diciendo que el Madrid perdiera ambas finales (sólo) por eso, el Madrid perdió por muchas más cosas, perdió sobre todo porque Fenerbahçe y Valencia Basket fueron dos equipazos (cada uno a su manera, cada uno con su presupuesto) que supieron encontrarle las debilidades y buscarle las vueltas. No, el Madrid no perdió por no tener un (verdadero) base, pero algunos románticos de este juego siempre pensaremos que haber tenido a mano (lo que yo entiendo por) un base quizá no le habría venido del todo mal.

Quién sabe, quizá precisamente esos que se vanagloriaban hace meses de lo bueno que era su equipo sin el Chacho (cambiando de paso la primera vocal de su apodo para poder ridiculizarlo, ya puestos) sean ahora los mismos que le insultan sin pudor y le reprochan traiciones sin cuento, los mismos que afirman sin rubor que no fue el Chacho el que hizo grande al Madrid sino el Madrid el que hizo grande al Chacho (sandez incomparable, como si la grandeza no fuera siempre tarea de uso común),chachocska2 los mismos que hacen campaña para que sea recibido como se merece (y ya imaginarán lo que creen ellos que se merece) cuando el CSKA visite el Palacio el próximo 19 de octubre. Miren, yo no les voy a decir lo que deben hacer ese día, sólo faltaría, allá cada cual con su conciencia. Sólo diré lo que yo haría. Sólo diré que si yo fuera madridista y estuviera esa noche en el Palacio me rompería las manos a aplaudir a un jugador bajo cuyo concurso el Madrid ganó doce títulos en seis años, a saber, tres ligas, cuatro copas, tres supercopas, una Intercontinental y sobre todo una Euroliga a la que hay que sumar otras tres Final Four. Un jugador al que jamás hubo nada que reprochar, un jugador que nos divirtió más que ningún otro en un equipo que también nos divirtió más que ningún otro, siendo él precisamente parte esencial de todos esos éxitos y de toda esa diversión. Un jugador que nos hizo soñar, que nos hizo ver que otro baloncesto era posible y que además de ser posible también servía para ganar títulos. Si yo fuera madridista sólo podría sentir infinito agradecimiento hacia un jugador así, por encima de casi cualquier otra consideración. Ustedes mismos.

En cualquier caso habré de reconocerlo, no soy neutral en esta historia. No soy madridista pero sí chachista, lo fui siempre, ejemplos a docenas pueden encontrar en (lo que queda de) este blog. Lo fui desde que emergió en aquellos geniales últimos segundos de la Final de 2004, aún más lo fui tras aquella inolvidable Final del Eurobasket Sub18 disputado en Zaragoza pocos meses después. Y aún más lo seguí siendo (y con más razón) mientras permaneció y se crió en mi Estu, como seguí siéndolo en Blazers, Kings o Knicks, como nunca dejé de serlo mientras permaneció en el Madrid, más bien al contrario, me alegré con todos y cada uno de sus puntos (excepto los que anotó contra el Estu… si bien éstos tampoco me dolieron especialmente, nunca tanto como otros), con cada uno de sus pases, sus éxitos, sus triunfos o sus títulos, casi tanto como si fueran míos. Y seguiré alegrándome con todos ellos en Moscú, en un Cheska que tampoco fue ni será nunca mi equipo lo cual no me impedirá disfrutar hasta la náusea de todo lo bueno que le pase por allí. Qué le voy a hacer, así es como yo lo siento, bien harán los ultramontanos en llamarme gilipollas si así les parece. Al menos lo que no podrán es llamarme traidor.

UN MAL DÍA   Leave a comment

Hace poco más de nueve meses intenté engañarme a mí mismo. Hace poco más de nueve meses, cuando era aún un poco más joven (o menos viejo) y un poco más gilipollas (incluso) que ahora, intenté automotivarme (y lo que es peor, motivarles también a ustedes) de cara al curso ACB que se nos avecinaba. Me sobran los motivos, titulé, como queriendo decir que por muy mal que estuvieran las cosas (que lo estaban) y por muchos que fueran los problemas (que lo eran), había también elementos positivos más que suficientes como para ilusionarnos con una temporada maravillosa. Y hasta encontré no una ni dos sino hasta 35 (¡¡¡treinta y cinco!!!) razones, y probablemente no convencí a nadie (que el poder de convicción nunca fue mi fuerte) pero yo sí que casi acabé creyéndomelo, por qué no, si al fin y al cabo era nuestra Liga, puede que ya no fuera (ni de lejos) la mejor liga del mundo después de la NBA (hoy da hasta risa recordar aquel manido lugar común) pero cómo no darle al menos otra nueva oportunidad…

Hasta aquí. Nueve meses después me arrepiento profundamente de haber escrito aquello, será quizás que hoy tengo un mal día (lo tengo). Quién sabe, lo mismo cuando esté a punto de empezar la temporada 2016/2017 vuelvo a encontrar elementos positivos por todas partes pero a día de hoy miro a mi alrededor y sólo encuentro mierda, con perdón. Miro a mi alrededor y veo una Liga que desafía las más elementales leyes de la física, una Liga en la que los que bajan no descienden y los que suben no ascienden,AsambleaACB me dirán que siendo estudiantil debería estar tan contento pero es justo al revés, otro año más se me caerá el alma a los pies cada vez que me recuerden (y si nadie me lo recuerda ya me lo recordaré yo solo) que los míos no están donde merecen estar sino donde les han regalado estar. Seré un ingenuo (así me va), pero si soy de un equipo lo soy entre otras cosas para poderme sentir orgulloso de él. Si en vez de enorgullecerme tengo que avergonzarme ante el hecho evidente de que no juegue donde le corresponde, para eso casi prefiero no ser de ese equipo.

Una Liga que ante la imposibilidad de ofrecer ascensos en directo (canon mediante) creyó haber inventado el ascenso en diferido, así se lo vendieron hace doce meses a Ourense, un sí pero no (o un no pero sí), tomaros un año para ver si eso y luego ya si eso pues eso, y los pobres fueron y se lo creyeron como se lo habrán creído también esta misma temporada Palencia y Melilla, a ver qué iban a hacer las criaturas, si te dan a escoger entre caer al vacío o agarrarte a un clavo ardiendo normalmente escoges la segunda opción, tanto dará porque en cuanto te abrases las manos te acabarás cayendo también. Sí, creímos que habían inventado el ascenso en diferido cuando en realidad se trataba de un ascenso en diferido en forma de simulación, como los finiquitos de Mari Cospe: este año no subes pero te reservamos la plaza para el año que viene, fíjate si te la reservamos que ni tendrás que pelearla siquiera, total para que cuando llegue el momento tú solito te des cuenta de que sigues sin poder subir. No querías caldo, pues toma, dos tazas. Encima recochineo.

Una liga en la que hasta a los grandes (sí, a los grandes, y no digamos ya a los que aparentan serlo) se les van las estrellas, (Chacho, Satoransky, Bourousis, Kuzminskas, Mike James, veremos si Ayón, tantos otros), a los medianos y a los pequeños ya no es tanto que se les vayan las estrellas (si las hubiere) como que se les va la vida. Incluso aquellos que bajan pero no descienden (o viceversa) a veces también se acaban cayendo por su propio peso (véase GBC), como para corroborar aquella ley de Murphy (o de quien fuera) que asegura que cualquier cosa aún por muy mal que esté siempre es susceptible de empeorar. Hoy nos amenazan con otra liga impar pero no teman por ello porque el día menos pensado puede volver a ser par porque se muera el Caha (o sea el CB Sevilla), zeus no lo quiera; o porque se nos muera cualquier otro: hace apenas unos días celebrábamos la enésima ¿salvación? (sobre la bocina) del Bilbao Basket gracias a la enésima inyección de dinero público, mandagüevos, para que a la lógica alegría de seguir contando con tan imprescindible institución se le superponga la mala leche de que dicha salvación la hayamos pagado (en cierto modo) usted y yo, y todos.garbajosa saez Es decir, con el dinero de nuestros impuestos, justo esos mismos impuestos que a veces también se olvidan de pagar nuestros equipos ACB, revisen la lista de morosos de la Agencia Tributaria si les queda alguna duda. Y no, no escurro el bulto, otra vez mis colores en lo más alto de la tabla (de esta tabla), para que esa grieta entre el orgullo y la vergüenza de la que les hablaba hace dos párrafos se me haga más grande todavía.

Una Liga que es fiel reflejo del baloncesto que le rodea, a la misma hora que cayó GBC cayó también Araberri en LEB Oro, cayó también Navarra en LEB plata (ya ven qué mañana tan bien aprovechada), en LEB Bronce ya no cayó nadie porque hace años que no existe, en Liga Femenina mejor no entraré en detalle no vaya a ser que se me salten las lágrimas. Hace pocas fechas la FEB se vio en la tesitura de tener que elegir presidente (mientras el anterior hacía mutis discretamente por la puerta de atrás, no fuera a ser que algún medio no afín se acordara de repente de las razones que propiciaban su marcha) y ni que decir tiene que (como en tantas otras ocasiones en este país) optó por el continuismo y el miedo al cambio, personificado esta vez en la figura de Don Jorge Garbajosa. No teman, no le crucificaré antes de tiempo (ni después, ya que no suelo ser de crucificar a nadie), no me sumaré al mayoritario linchamiento al que hemos asistido en estos días; por el tremendo respeto que le tengo (fruto de su enorme trayectoria como jugador) y porque aunque no se lo tuviera creo que bien merece el beneficio de la duda, como todo el mundo en realidad. Pero eso sí, me permitiré hacerle desde aquí una pequeña sugerencia, aún a sabiendas de que caerá en saco roto: sea usted todo lo continuista que quiera en lo tocante a las selecciones, en lo tocante incluso a las rutas eñe (cielo santo, jamás pensé que diría esto), pero en lo tocante a las ligas que aún están bajo su jurisdicción olvídese del continuismo, sea más bien rompedor a ser posible: que hemos llegado a un punto en el que no basta ya con poner parches, que hay que operar, que nuestro baloncesto de clubes está pidiendo a grito pelado que alguien le dé la vuelta como a un calcetín. Escuche a quien sepa (no es mi caso), tome nota y haga algo, lo que sea pero algo. Seguir muriéndonos lentamente no es, no debería ser una opción.

Una Liga (vuelvo a la ACB) de mentira, una liga (de la marmota) en la que hasta los niños de teta saben ya en julio qué dos equipos jugarán la final en junio, tanto dará que una vez más nos engañemos a nosotros mismos en noviembre con la buena pinta que este año tiene éste o aquél. Una Liga que ya ni siquiera clasifica (ni por activa ni por pasiva) para la primera competición continental, una Liga que acaso sí clasifique para la segunda pero tampoco se fíen mucho, es tal la inconsistencia de dicha competición que en cuanto se descuida se le caen media docena de equipos (incluso al día siguiente de sortear los grupos) como para certificar que en todas partes cuecen las mismas habas. Y todo ello con la FIBA ahí detrás, aparentemente (sólo aparentemente) retirada a sus cuarteles de invierno pero dispuesta a recurrir de nuevo a su estrategia natural, el porculismo. No tardará en hacerlo, piensen que aún sigue publicitando esas ventanitas clasificatorias para el Mundobasket 2019 al más puro estilo FIFA,orquesta titanic ésas que habrán de hacer añicos las ligas nacionales y/o continentales a partir de noviembre de 2017. La amenaza del cisma en nuestro baloncesto no ha desaparecido, más bien al contrario, está más viva que nunca. Simplemente permanece agazapada, a la espera de que se le presente su oportunidad.

Entre todos la mataron y ella sola se murió, frase hecha que suelo utilizar demasiado a menudo pero que refleja perfectamente lo que estamos viviendo, lo que estamos muriendo. Mires hacia donde mires (excepto a USA, claro está, que allí siguen atando a los perros con longaniza) sólo ves vías de agua, vías de agua por doquier, resulta ya más que evidente a estas alturas que el barco se hunde pero no hay problema, somos como la orquesta del Titanic, hacemos como que no pasa nada, seguimos tocando aunque estemos ya por debajo de la línea de flotación, seguiremos tocando aunque estemos con el agua al cuello, el día menos pensado nos ahogaremos y no sabremos ni cómo ni por qué. Deberíamos arrojarnos por la borda antes de que sea demasiado tarde pero no lo haremos, no tenemos remedio. Lo siento, tengo un mal día, ya se lo dije, no descarten que en otra ocasión (otro mes, otro año, otra vida) vuelva a verlo todo de color de rosa, vuelva a venderles las supuestas bondades de la ACB (y si así lo hiciera, por favor, no me lo tengan en cuenta) o de qué sé yo qué otra competición. Hoy no.

Publicado julio 13, 2016 por zaid en ACB

Etiquetado con , , , , , , , , ,

ATAR PERROS CON LONGANIZA   1 comment

Cuando yo era niño (la prehistoria, como si dijéramos) y caía en mis tiernas manos algún periódico deportivo, siempre me llamaban sobremanera la atención las noticias referentes al mundo del boxeo. No ya porque fuese un presunto deporte consistente en darse de hostias y en el que por lo general ganaba quien más y mejores hostias daba (que mi raciocinio no alcanzaba entonces -ni ahora- para tales consideraciones) sino por el hecho sorprendente de que en cada categoría no había un solo campeón del mundo, sino dos. Existían dos organizaciones paralelas, algo así como la Asociación Mundial de Boxeo y el Consejo Mundial de Boxeo (mi memoria ya no da para tanto, si me equivoco en los nombres no me lo tengan en cuenta), de tal manera que así en el peso pluma como en el welter (fuera eso lo que fuera) o el semipesado (por ejemplo) había un campeón del mundo en versión Consejo y otro campeón del mundo en versión Asociación. Y recuerdo bien que aquello me resultaba terriblemente desasosegante, al fin y al cabo yo sólo era un niño de la infancia acostumbrado a cosas simples y esquemas sencillos, en cada actividad deportiva tenía que saberse quién era el mejor del mundo, que hubiera dos mejores del mundo no tenía ningún sentido, que hicieran el favor de darse de hostias cuanto antes ambos dos para discernir quién era el mejor de los mejores, para acabar así con ese sindiós (a veces lo hacían, a veces se montaba una pelea para unificar ambas coronas… que a menudo acababa en combate nulo, de tal manera que a la larga todo seguía igual). Y no sé ya si aquella historia se arregló, si siguió igual o si incluso fue a peor (me suena que la última vez que supe algo al respecto ya no había dos organismos sino tres, confirmando así aquella teoría de que cualquier situación, aún por muy mal que esté, sólo es susceptible de empeorar; si bien, dado mi absoluto desconocimiento en la materia, tampoco me lo tengan muy en cuenta), sólo sé que al menos me tranquilizaba que esta fuera una situación restringida exclusivamente al proceloso mundo del boxeo, en el resto de disciplinas deportivas sólo había un palmarés, sabías siempre quién era el mejor sin ningún género de dudas. O tal vez no…

Qué ingenuo era yo de niño (casi tanto como de adulto, incluso). No es ya que en algún otro deporte (tan alejado precisamente al del boxeo) como el ajedrez replicaran también en algún momento esta misma bicefalia, es que por desgracia tampoco nos hace falta ir tan lejos ni salir siquiera del nuestro, bien sabido es que los del baloncesto somos especialistas en montarnos guerras civiles, hacernos froilanes (lo que viene siendo pegarnos tiros en los pies) y autodestruirnos sin piedad en cuanto se nos presenta la más mínima ocasión.euroliga-nuevo-formato No hará falta que les recuerde que a comienzos de siglo un grupo de equipos, casualmente los más señalados del panorama baloncestero continental, decidieron independizarse del califato de la FIBA y montarse una euroliga propia con la que al parecer iban a poderse atar los perros con longaniza, no hará falta que les recuerde que en aquel 2001 tuvimos dos campeones de Europa, la Virtus en versión ULEB y el Maccabi en versión FIBA. La broma no prosperó, el resto de equipos grandes se mudaron también a la nueva Euroliga, la FIBA se rindió (o hizo como que se rendía) y se conformó con sus torneos de selecciones, con alguna competición de clubes muy menor y con mantener durante algunos años un boicot a los árbitros euroligueros para hacer un poco el paripé. Y aquí paz y después gloria, recuerdos de un pasado que ya nunca más ha de volver… Qué más quisiéramos nosotros que no hubiera de volver.

El imperio contraataca, como si dijéramos. No estaba muerta (la FIBA), estaba de parranda. Se ha pasado todos estos años mirándose en el espejo del fútbol como si ese fuera un espejo en el que poder mirarse, se ha pasado todos estos años con el reconcome de no haber sabido sofocar en su día la rebelión de sus clubes como sí supo una UEFA que padeció (más o menos) esa misma rebelión pero fue capaz de bajarse del burro, hacer suyas sus reivindicaciones, montarles una Champions a su imagen y semejanza y gracias a ello hoy forrarse como se forran todos los que están a su alrededor. UEFA y FIFA sí que atan a sus perros con longaniza, de otra cosa no pero de longanizas y chorizos en general van bien sobrados, no hay más que ver las últimas informaciones al respecto. Y la FIBA se lo mira y se pregunta por qué ellos sí y nosotros no, si a los del fútbol les funciona a ver por qué a nosotros no habría de poder funcionarnos también, como si ambos deportes fueran lo mismo, como si no fuera manifiestamente evidente que al lado del presunto deporte rey los del baloncesto no tenemos ni media hostia, ni nosotros ni ningún otro juego que no se practique con los pies. La única duda es cuántas hostias habremos de llevarnos todavía para acabar por fin de entenderlo; por lo que parece aún no hemos recibido suficientes.

Y a todo esto la Euroliga, barruntándose algo, quizás viéndoles venir (que a la FIBA se la veía ya venir de lejos desde hacía rato) emprendió hace algunas semanas una huida hacia adelante, vale que con los quince años que llevamos de Euroliga todavía no hayamos conseguido longaniza con que atar los perros pero que sepan que esto era sólo el principio, un ensayo como si dijéramos, la verdadera Euroliga empezará el año que viene, rechace imitaciones.meeting-barcelona-2015 Y si hasta ahora éramos veinticuatro a partir de ahora seremos dieciséis, no nos atrevemos a cerrar del todo la liga al estilo USA pero tampoco nos atrevemos a abrirla del todo en la mejor tradición europea así que casi mejor la entornamos, una Euroliga cerrada pero que parezca abierta o una Euroliga abierta pero que parezca cerrada, once equipos fijos así llueva o truene, el resto de Europa que se mate por las cinco plazas restantes. Qué buena idea sí señor, resolver un problema generando otro mayor, nada como reducir equipos y entornar aún más la puerta para joder las ilusiones de quienes ya se sentían miembros de pleno derecho del club, no digamos ya las de quienes aún soñaban con ingresar en él. Si pensaban disuadir así a la FIBA han conseguido precisamente el efecto contrario, darle alas para que las despliegue al grito de venid a mí, represaliados de la ULEB, volved al seno de la FIBA todos aquellos que nunca debisteis salir, retornad a la casa común del baloncesto y yo os daré una verdadera Euroliga que nada tendrá que envidiar a la Euroliga propiamente dicha sino más bien al contrario, aquí sí que ataremos a los perros con longaniza más que nada porque en lo tocante a longaniza mejor ponerse en manos de los auténticos expertos, dónde vais a estar mejor. Bien pueden estar orgullosos Bertomeu y demás rectores de la ULEB (en el supuesto de que siga llamándose ULEB, que francamente lo desconozco), ni haciéndolo aposta lo hubiesen hecho tan mal.

Así que ya lo saben, si nadie lo remedia (que nadie no lo remediará, démonos con un canto en los dientes no vaya ser que lo empeoren más todavía) el año que viene tendremos una sempiterna euroliga en versión ULEB y otra sempiterna euroliga (que parece que se llamará Basketball Champions League, nombre esclarecedor donde los haya) en versión FIBA. La de la ULEB tendrá 16 equipos mientras que la de la FIBA tendrá 16 equipos, la de la ULEB tendrá una primera fase de 30 jornadas jugando todos contra todos a doble vuelta mientras que la de la FIBA (parece que) tendrá una primera fase de 30 jornadas jugando todos contra todos a doble vuelta (no me digan que no aprecian la diferencia). Luego ya sí, la Euroliga de toda la vida mantendrá sus habituales playoffs de cuartos de final al mejor de 5 mientras que la nueva pseudochampions FIBA (parece que) tendrá playoffs de cuartos de final al mejor de 3, para abundar aún más si cabe en esa puñetera manía europea de rematar regular seasons interminables con fases decisivas insignificantes, casi invisibles. Todo ello para finalmente desembocar ambas dos en sus respectivas Final Four, se ve que a una y a otra lo de hacer playoffs también en semifinales y final les sigue dando pánico, recuérdese una vez más su peregrina teoría de que las series de playoff se siguen sólo en los países con equipos implicados, como si las finales a cuatro se siguieran en más países que en los que tienen equipos implicados. En el fondo el (re)invento de la Euroliga y el de la FIBA no dejan de ser el mismo perro con distinto collar; que éste sea de longaniza o de cualquier correa comprada en el bazar chino de la esquina será ya otra historia, me temo.

Ahora bien, más allá de las apariencias sí que habrá sutiles diferencias, seamos justos: la primera en la forma de acceso, la Euroliga en plan club privado con acceso restringido, la EuroFIBA en plan oposición libre a cuyas plazas podrá acceder todo aquel que se lo gane en función de su mérito y capacidad.BCL Y la segunda diferencia estaría en ese invento del demonio, las ventanitas, que la Euroliga y el sentido común rechazan de plano pero que la EuroFIBA acogería con los brazos abiertos, cómo no las va a acoger con los brazos abiertos si es precisamente la propia FIBA quien las ha parido: ya saben, parar las competiciones nacionales e internacionales de clubes tres veces al año para disputar partidos de selecciones clasificatorios para el Eurobasket o Mundobasket de turno, cortar el rollo cuando más metidos estemos en él para vivir unos espectaculares Eslovaquia-Liechtenstein, Albania-Luxemburgo o Moldavia-San Marino, todo ello a mayor caja de una FIBA convencida de que basta con repetir los arcaicos esquemas del fútbol para replicar los éxitos del fútbol, que alguien les despierte, háganme el favor. Y cómo no, aún resta la traca final, aún no lo hemos notificado oficialmente pero ya lo hemos dejado caer por ahí para que les entre el miedo en el cuerpo, aquellos que no traguen con el método FIBA y pretendan continuar con su Euroliga ya saben que pueden ser expulsados de sus competiciones nacionales, una mera indicación nuestra y a la vuelta encontrarán (por ejemplo) una ACB sin Madrid, Barça ni Baskonia, quizás sin alguno más si represaliamos también a los de la Eurocup, cáguense por las patas abajo, pa chulos nosotros. No me digan que no es alucinante, se tira quince años la FIBA sin decir oste ni moste, mirando pasar la Euroliga como las vacas al tren, y ahora de repente irrumpe cual elefante en cacharrería, o estás conmigo o estás contra mí, ya no es que el que se mueva no sale en la foto, es más bien que el que NO se mueva no podrá salir ya en ninguna otra foto, con dos… razones. Si esto no es un golpe de estado baloncestístico en toda regla que baje dios y lo vea. Ni la más eficiente organización mafiosa lo hubiese hecho mejor.

Entre todos la mataron y ella sola se murió, miren que habré empleado ya veces esta socorrida frase (incluso sirviéndome de título en alguna ocasión) pero me temo que aquí viene al pelo, una vez más. Unos y otros prometen atar perros con longaniza pero resulta evidente que no hay longaniza para tanto perro, algún ingenuo creerá que duplicando competiciones se duplicará también el seguimiento pero déjenme que les explique (por si no fuera ya manifiestamente evidente) que sucederá justo al revés, el seguimiento (ya de por sí escaso a día de hoy, sobre todo si lo comparamos con lo que fue) se reducirá a lo infinitesimal. Eso sí, nunca faltará algún niño de la infancia que se asome al baloncesto siquiera sea por equivocación, que descubra que aquí no hay un campeón de Europa sino dos como mínimo y que de inmediato huya despavorido, siguiendo así los pasos de tantos otros adultos que ya huyeron despavoridos de un deporte cuya principal seña de identidad parece ser estar pegándonos unos con otros toda la puta vida, sin ser capaces jamás de estar de acuerdo en nada, sin encontrar jamás una causa común. Desengañémonos, no tenemos remedio.

Publicado diciembre 14, 2015 por zaid en Euroliga

Etiquetado con , , , , , ,

DEFENSA DE LA ALEGRÍA (edición 2015)   1 comment

defender-la-alegria-1

El insigne (y nunca suficientemente añorado) guionista Rafael Azcona contaba una triste anécdota de sus años mozos, aquellos duros tiempos de guerra, posguerra, miseria y desolación que le tocó vivir. Contaba que a veces (raras veces) algo les hacía gracia, lo que fuera, una anécdota del barrio, un programa de radio, cualquier cosa, lo suficiente como para romper la monotonía, como para tirarse toda la familia un buen rato echándose sus buenas risas, así hasta que de repente su madre cortaba en seco la diversión: mucho nos estamos riendo, ya lo pagaremos… Puro fatalismo, esa amargura de serie que nos inocularon en aquellos años y en los inmediatamente posteriores, rígida moral cristiana mediante: tanta alegría no puede ser buena, la felicidad no nos está permitida, hemos venido a este mundo a sufrir, a suspirar gimiendo y llorando en este valle de lágrimas. Esa filosofía perduró hasta nuestros días, de alguna manera nos la fuimos transmitiendo casi sin querer de generación en generación. No se trata ya tanto de que no disfrutemos como de que sintamos remordimientos de conciencia cada vez que disfrutamos, como si nos estuviera prohibido el mero hecho de disfrutar: todo lo que da placer o es pecado o engorda, todo lo que haga gozar habrá de estar siempre bajo sospecha, así en todos los órdenes de la vida. Sí, también en baloncesto.

El baloncesto también proscribió durante un montón de años la alegría, Aquí la frase no era ya (aunque igualmente podría haberlo sido) mucho nos estamos riendo ya lo pagaremos, sino este baloncesto no sirve para ganar títulos. Cuántas veces no lo habremos escuchado (aquí o allá o en donde fuera) cada vez que un equipo se desataba, cada vez que se entregaba a la lujuria y el desenfreno como forma de vida.CC WILLIAMS GROUP Este baloncesto no sirve para ganar títulos, podrá servir en temporada regular pero nunca en playoffs, nos lo repetían como un mantra desde el otro lado del charco y nosotros nos lo creíamos, cómo no nos lo íbamos a creer si los hechos casi siempre les acababan dando la razón: con aquellos maravillosos Kings de comienzos de siglo, con los no menos maravillosos Suns de Nash, acaso también en décadas anteriores con los Warriors o los Nuggets, tantos otros. O acaso también en NCAA con los Phi Slama Jama a comienzos de los ochenta o los Fab Five a comienzos de los noventa, los ejemplos eran cuantiosos y solían darles la razón como si en verdad la tuvieran. Claro está, si hubiéramos tenido capacidad de raciocinio habríamos podido encontrar ejemplos en sentido contrario, equipos a los que la alegría de vivir les funcionó también (y aún mejor si cabe) en los momentos decisivos, los Lakers del showtime o la Nevada-Las Vegas de Tark The Shark por citar los dos primeros ejemplos que se me vienen a la cabeza. Pero entonces ni nos lo planteábamos, asumíamos la versión baloncestera del cerrojazo o el cerocerismo como única fórmula posible del éxito. Acaso aún hoy no hayamos dejado de asumirla.

[Llegados a este punto conviene hacer una matización. En baloncesto, como en la vida, no es verdad que lo divertido sea lo contrario de lo serio. NO ES VERDAD. De hecho la diversión será tanto más divertida cuanto más seria sea, cuanto más trabajada esté. Lo divertido es lo contrario de lo aburrido, punto. O dicho en términos de baloncesto: no es verdad que la diversión en ataque se contraponga a la defensa. NO ES VERDAD. De hecho el ataque será tanto más alegre (y tendrá más posibilidades de éxito) cuanto mejor trabajado llegue desde atrás, cuanto mejor se hayan empezado las cosas al otro lado de la cancha. La diversión sólo se contrapone al aburrimiento, el juego alegre sólo es lo contrario del triste, nada tiene que ver con la defensa sino con el mareo de perdiz en ataque, con el tenerla y sobarla durante veintitantos segundos sin arriesgar apenas un pase no vaya a ser que se pierda, sin casi más objetivo que el reducir el número de posesiones del rival. Quede claro el concepto, ya que para algunos si reivindicas la creatividad en ataque demonizas la defensa. No hay falacia mayor. Dicen que el ataque gana partidos y la defensa campeonatos, la segunda parte de la frase no puede ser más cierta, nos guste o no. Aunque para ganarlos no estará de más que tengas un buen ataque también.]

limoges maljkovicEn cambio en Europa no hizo falta que nadie nos dijera que este baloncesto no servía para ganar títulos, a partir de un determinado momento todos parecíamos llevarlo interiorizado de serie. Quizá todo empezara en 1993 con aquel Limoges de Maljkovic, fue como dejar escrito en piedra que para ganar un título debías de anotar (y encajar, obviamente) menos de sesenta puntos por partido. Como explicaba antes, no era tanto cuestión de defender (que también) como de adormecer con posesiones interminables, quitándole al juego todo lo que lo hace atractivo: el contraataque, la velocidad, la creatividad, el dinamismo, el riesgo y demás malos vicios que habrían de quedar definitivamente desterrados en aras de conseguir el único fin que justificaba todos los medios: la victoria. Había nacido el baloncesto-control, por otro nombre baloncesto-tostón. Era una opción tan válida como cualquier otra, qué duda cabe. El problema es que durante un tiempo dejó de ser una opción para convertirse en LA opción. Acaso aún estemos en ese tiempo…

Dicen que las excepciones confirman la regla, pero yo no concibo esa razón. No la concibo en absoluto. Las excepciones (cuantas más mejor, menos excepcionales serán) son siempre bienvenidas porque subvierten la norma, porque hacen posible lo (que parecía) imposible, porque convierten el sueño (juego) en realidad (títulos), porque demuestran de una vez por todas a los escépticos que otro baloncesto es posible.1999-metu-kauno-zalgiris-61213595 Siempre recordaré como un oasis en medio del desierto aquel título europeo de 1999, aquel maravilloso Zalgiris Kaunas liderado por el enanito (Trecet dixit) Tyus Edney, un verdadero chorro de agua fresca justo cuando más espeso era el cemento. O cómo no recordar (a otro nivel, pero también con sustanciosos títulos en su zurrón) aquella Penya de finales de la pasada década, aquella deliciosa criatura de Aíto y sus Erre que Erre. Sólo algunos ejemplos (habría muchos más) para mostrar una obviedad: que jugar (además de bien) bonito también gana campeonatos, que la especulación y el colmillo retorcido también los pierde, aún por bien que nos lo envuelvan los pierde, aún por mucho que nos lo vendan los pierde. A las pruebas me remito.

Hace ahora dos años ya les defendí la alegría, y lo hice en circunstancias mucho más difíciles que ésta de hoy. El Real Madrid acababa de perder la Final de la Euroliga 2013, llevaba sin jugar esa final desde el siglo pasado lo cual debiera haber sido razón más que suficiente para disfrutarla aún perdiéndola, pero eso a la larga tanto dio. Es más, por la reacción de alguna gente casi pareció que les habría dolido menos haberse quedado a mitad de camino, haber caído (por ejemplo) en cuartos de final. A mí me pareció que aunque no se hubiera hollado la cima había merecido mucho la pena el viaje hasta llegar a ella (tanto más dada su inusual belleza), que si perseveraban por ese camino tarde o temprano llegarían los ansiados frutos… Muchos estuvieron de acuerdo, pero también los hubo (y no pocos) que me pusieron como hoja de perejil (signifique eso lo que signifique).laso1 Se había levantado la veda, había comenzado de nuevo el tiro al Laso, este baloncesto no sirve para ganar títulos, este tío no tiene carácter, no aprieta riendas, no retuerce el colmillo, no es entrenador para el Madrid. Y si así fue en 2013 no digamos ya en 2014, aquella bendita locura, aquella pura delicia que dimos en llamar lasismo (y su brazo armado en cancha, chachismo), aquella temporada de ensueño que acabó en brusco despertar. Y entonces ya no era que se hubiera levantado la veda sino que el tiro al Laso se convirtió de repente en deporte nacional, ya no había manera de esquivar las balas, el fuego cruzado te acababa alcanzando a poco que te descuidaras. Aquel dantesco final a la pata coja en el Palau pareció su sentencia de muerte, tanto más lo pareció cuando pocos días más tarde le descabezaron el cuerpo técnico, aún hoy me resulta inconcebible que lograra sobrevivir…

Contra viento y marea. Contra los de arriba y los de abajo, contra los de dentro y los de fuera. Contra los que montaron el pollo tras su contratación sin concederle siquiera el beneficio de la duda, los que se relamieron tras cada derrota en sus primeras temporadas (ya falta menos para que vuelva Obradovic, decían), los que se lamentaron tras la consecución de aquella liga porque eso significaría su continuidad (es lo malo que tienen los títulos, decían), los que el pasado verano se engolosinaron con Katsikaris (y hasta le contrataron, casi), los que a la primera derrota de esta misma temporada ya soñaban en voz alta con Djordjevic… Es lo que llamaríamos la paradoja blanca: un equipo que no admite perder, un club que no entiende la posibilidad de la derrota ni como concepto siquiera, una institución en la que cualquier derrota (aún por nimia que sea) viene inevitablemente asociada a la palabra crisis, una entidad que es como la madrastra del cuento, dime espejito mágico, ¿habrá otro equipo en el mundo aún mejor que el mío? (y si le contesta que sí lo hace añicos y se compra otro espejo, será por dinero)… y sin embargo un equipo cuyos aficionados (sólo algunos de ellos, no generalicemos) a menudo prefieren perder con tal de conseguir otro objetivo aún mayor que la victoria, como es el que les sirvan en bandeja de plata la cabeza de su propio entrenador. No sé si es éste un fenómeno extrapolable a otros grandes, sí sé que a mí (que no soy de grandes) no recuerdo que me haya pasado jamás, ni aún por mucha tirria que le tuviera al entrenador de turno. Será que el raro soy yo.

¿Quieren más paradojas? Aquellos que hace un año criticaron a Laso por no haber sabido administrar sus fuerzas, por haber tenido al equipo como una moto en noviembre/diciembre y haber llegado fundido a mayo/junio, son acaso los mismos que este pasado diciembre le pusieron en la picota tras perder apenas un par de partidos como si eso fuera el fin del mundo, y ello cuando resultaba manifiestamente evidente que lo que estaba haciendo el Madrid este año era precisamente lo que le habían demandado, aplicar la dosificación que no aplicó el Floren_2015_Entrenadores_Grande_37_originalaño anterior. Pero llegó a utilizarse con profusión el concepto crisis (para variar), llegó a situársele más fuera que dentro (para seguir variando), llegó incluso a filtrarse que la Federación (o sea Sáez) sólo estaba esperando a que el Madrid finalmente lo destituyera para nombrarle seleccionador… Cinco meses después el Madrid es Campeón de Europa, y lo es entre otras cosas por no repetir errores del pasado, por no haber echado el resto en otoño para luego tener que arrepentirse en primavera, por haber ganado (o no) con lo justo en diciembre para ganar con todo en mayo. Cinco meses después el Madrid está en posesión del mayor título que pueda ganarse a nivel de clubes pero a algunos no parece bastarles, aún hay casos aislados que manifiestan un regusto amargo porque el nivel de aplastamiento no haya sido el que ellos esperaban o porque haya habido que bajarse al barro para conseguirlo, como si el barro no fuera imprescindible en estas circunstancias, como si el gen del madridismo llevara también incorporado de serie el gen de la insatisfacción. Cinco meses después Laso tiene por fin el crédito que siempre mereció, pero habrá de saber que ese crédito le durará exactamente hasta la próxima derrota (vales tanto como el último partido que juegas), hasta el próximo título (aún por nimio que fuera) que se escape de las vitrinas de tan sacrosanta entidad. Marca de la casa, no tienen más que mirar a su sección de fútbol si aún les queda alguna duda.

Dure lo que dure habrá merecido la pena. La alegría, aquella catarsis que hace un par de años reivindicó con pasión José Manuel Puertas, resulta mucho más fácil de defender cuando hay un título que la sustente. Todo lo cual no resta méritos (más bien al contrario) a otros equipos lúdico-festivos (pero no por ello menos efectivos), ese maravilloso Canarias de Alejandro Martínez, la Penya de Maldonado (casi cualquier Penya, en realidad), tantos otros. Pero los títulos de alguna manera crean escuela, marcan doctrina, enseñan el camino a seguir. Cuando un equipo alegre gana un título es como si lo ganara dos veces, por lo que representa el título en sí y por lo que representa haberlo ganado así. Este Madrid de Laso ganó Supercopas y pareció poco, ganó Copas y aún no pareció suficiente, ganó una Liga y pareció que aún faltaba algo, gana ahora por fin la Euroliga y debería ser ésta ya la victoria definitiva, la que despeje dudas, la que consagre para siempre este estilo de juego tan válido como cualquier otro, en realidad mucho más válido que cualquier otro porque gana como cualquier otro pero a la vez divierte más que cualquier otro (no sé si me explico). Repito: debería ser. No nos confiemos. Volverán los apóstoles del feísmo como volvieron las oscuras golondrinas, de hecho están ahí agazapados esperando su oportunidad, soñando con que este Madrid se la vuelva a pegar en ACB o con que lpablo-lasoos fantásticos Warriors de Kerr & Curry no ganen esta NBA para volver a contagiarnos con su bilis, para vendernos otra dosis de cemento y apretarnos todavía un poco más las riendas. Mantengámonos alerta.

Ahora bien, cuando vengan mal dadas, cuando las cañas se tornen lanzas (cursilada que hasta hoy jamás me había atrevido a utilizar), cuando pinten bastos (pasado mañana, como quien dice), el Madrid, antes de tomar medidas drásticas, deberá sentarse a valorar todo lo que representó el lasismo (y el chachismo, por extensión) para la idiosincrasia de este club. No es ésta una entidad que por lo general coseche adhesiones allá por donde pasa, más bien al contrario, tiende a generar animadversiones por doquier, fruto de la propia grandeza de la entidad. Y sin embargo este Madrid de Laso ha conseguido la cuadratura del círculo, que muchísimos aficionados que no son ni fueron ni serán nunca del Madrid disfruten viendo jugar (y ganar, incluso) a este equipo (créanme que sé de lo que hablo, créanme que conozco no a uno ni dos sino a unos cuantos). Que este Madrid vaya a ser recordado por sus títulos pero también (y sobre todo) por su juego, por las simpatías y empatías que genera, por mejorar, promover y publicitar por el mundo la maltrecha imagen de marca de la entidad. Por algo tan simple como (permítaseme la expresión) devolver el baloncesto a la gente. Gente que cuando se sienta a ver un partido (tanto más si no se trata de su equipo) lo hace sólo para disfrutar, para que le dejen ser feliz siquiera un par de horas, que para aburrirse o amargarse bastante tiene ya con su vida cotidiana, con mirar a su alrededor, con mirarse incluso en el espejo cada mañana. Digámoslo de una vez por todas, no es verdad que hayamos venido a este mundo a sufrir, no es verdad que este baloncesto no sirva para ganar títulos. NO ES VERDAD. A este valle de lágrimas hemos venido a llorar lo menos posible, a reír hasta hartarnos sin temer represalias, a gozar del juego que amamos (y de la manera en que lo amamos) sin tener que arrepentirnos después. Defendamos siempre la alegría, por favor. También en baloncesto.

defender la alegria2

GRANDEZAS Y MISERIAS   3 comments

Miren que se lo dije hace ya casi un año, que entonces Laso ganó la Liga y sólo por eso le perdonaron que no hubiera ganado la Euroliga, pero que en este 2014 ya podría ganar Liga, Copa, Supercopa y Recontracopa (si la hubiere) que si no ganaba también la Euroliga no se lo iban a perdonar… Dicho y hecho: a día de hoy el Real Madrid es el vigente campeón de Liga y Copa, sólo con eso cualquier otra afición viviría ya instalada en el éxtasis permanente pero ésta no, a (buena parte de) la merengada no le basta, como si su superioridad local viniese ya de serie y se diera por supuesta, como si todas esas competiciones nacionales no fueran más que meros trofeos veraniegos al lado de la gran competición continental. Me dirán que esa es precisamente la grandeza de la entidad pero yo más bien creo que es la miseria de la entidad: la incapacidad para disfrutar de las cosas pequeñas, esa sensación de que ganes lo que ganes no puedes festejarlo porque siempre te quedará otra cosa más importante por ganar. Les pondré un ejemplo que no es de baloncesto sino de fútbol y que no es de ahora sino de finales de los ochenta, de un Madrid que ganaba sistemáticamente liga tras liga y se estrellaba sistemáticamente en la Copa de Europa, de una afición tan obsesionada por esa competición que incluso abucheaba a sus jugadores en el mismo momento de obtener el título nacional. A lo mejor tendremos que perder la Liga un año para que se den cuenta de lo que cuesta ganarla, dijo entonces cabreadísimo un ilustre miembro de aquella Quinta. Tal cual, aquel Madrid no perdió la Liga un año sino cuatro, todas ellas a manos de su odiado rival para más inri, de tal manera que cuando pasado un lustro volvieron a ganarla la cogieron ya con muchísimas más ganas. Es lo que tiene malacostumbrar al personal.

Por supuesto que en estos casos se nos llena la boca de sentencias grandilocuentes, de los subcampeones nadie se acuerda, el segundo es sólo el primero de los que pierden y demás tópicos que no por ser ciertos son menos tópicos (y no por ser tópicos son menos ciertos). Pero puestos a jugar a los tópicos yo más bien creo en esa otra frase que tantas veces solemos dedicar a quienes se quedan en el segundo escalón del podio: ahora están tristes, pero cuando pase un rato y se les pase el disgusto se pararán a pensar y valorarán en su justa medida lo que han conseguido. ¿Cómo dice? ¿Que eso vale para cualquier otro pero no para el Madrid? Ya, claro, la famosa retahíla de que el Madrid por ser quien es habrá de ir de favorito allá donde vaya, de que todo un Real Madrid jamás se puede conformar con ser segundo, juegue donde juegue y sea la competición que sea. Pregúntenle al CSKA, al Barça, al Olympiacos, Panathinaikos o Fenerbahçe, ejemplos casi todos ellos de opulencia deportiva y financiera aún mayor que la del Madrid, a ver cuánto habrían dado ellos por jugar esta Final. ¿Ahora va a resultar que es mejor caer en medio del camino que recorrer entero el camino y caer sólo entonces, siquiera sea a efectos de no hacerse ilusiones? Usted verá. Yo más bien creo que aunque el destino final nos decepcione siempre habrá merecido la pena el viaje, que cualquier cosa será mejor que apearse en marcha a mitad de trayecto. Tanto más tratándose de un viaje tan hermoso como éste.

Pero además: ¿de qué hablamos cuando hablamos de favorito? Una cosa es que aquí el Madrid siempre lo sea y otra ya es que tenga que seguir siéndolo necesariamente cuando lo sacan a pasear por esos mundos de dios. ¿Lo era realmente en esta Final Four? Ateniéndonos exclusivamente a los resultados del Top16 y/o playoffs resulta que hubo dos equipos (Barça y CSKA) que presentaban mejores números, mientras que el tercero (Maccabi, casualmente) racaneó durante el periodo liguero pero sufrió bastante poco en su eliminatoria, aún con desventaja de campo incluso. ¿Qué pasó? Pasó que el viernes Maccabi dio la campanada cargándose al Cheska y que seguidamente el Madrid le metió al Barça de 38, pasó que la suma de ambos factores dio de inmediato como resultado que el equipo blanco ganaría sin bajar del autobús. Resultaba paradójico encontrarse en las horas previas a la Final una sobreabundancia de tuits que manifestaban su preocupación no por el resultado del partido (que ese lo daban por descontado) sino por el conflicto que podría ocasionarse en el entorno del Paseo del Prado entre quienes fueran a la celebración baloncestera blanca y quienes volvieran de la celebración futbolera rojiblanca. Vamos, que en qué cabeza cabía otra posibilidad. Todo eso de alguna manera se transmitió a unos jugadores que del viernes al domingo pasaron de que podían ganar a que tenían que ganar, necesariamente, sí o sí. Unos jugadores que podrán ser muy buenos, podrán ser grandes profesionales, podrán cobrar infinitamente más que usted y que yo pero eso no significa que sean máquinas. Mientras que no se demuestre lo contrario son personas, con sus sensaciones, sus sentimientos, sus emociones. Y su presión. Por supuesto que saben cómo manejarla, por supuesto que es inherente al sueldo pero qué quieren que les diga, una cosa es la presión y otra muy distinta la sobrepresión. Tengo para mí que de haber ganado al Barça de manera (digamos) normal y/o de haber sido la Final contra el CSKA la historia habría sido muy distinta: no en términos de ganar o perder, lo mismo habrían perdido igual (otra cosa sería hacer baloncesto-ficción), sino en términos de actitud, de no salir agarrotados sino sueltos, de no estar tensos sino intensos, de no soportar más presión que la propia presión inherente a cualquier final. Que ya bastante es por sí sola como para tener que llevar además el cartel de campeones colgado del cuello desde mucho antes de empezar.

Y deberíamos aprender de una vez por todas la lección de que (en lo que a Final Four euroligueras respecta) el concepto favorito está tan obsoleto como el concepto cenicienta, exactamente por la misma razón. La Euroliga es como es, te pasas meses y meses jugando una ristra interminable de partidos para que al final todo se decida en dos días, te puede gustar más o menos pero es así y es igual para todos, podríamos entrar en eternas divagaciones sobre qué habría pasado de haberse disputado la Final en formato playoff pero eso volvería a ser baloncesto-ficción y desde luego no es el objetivo de este post. Algo tendrá la Final Four cuando la bendicen, y es sin duda el hecho de que suela ganarla el mejor equipo no ya en términos baloncestíticos sino psicológicos, también. Echen la vista atrás y díganme qué tienen en común el Maccabi de este año, el Olympiacos de las dos pasadas temporadas, el Zalgiris del 99, la misma Penya del 94, no digamos ya el Limoges del 93, el Partizan del 92 o la misma Jugoplastika de tantos años anteriores (tiro de memoria, habrá otros casos pero éstos son los que ahora se me vienen a la mente). Todos ellos llegaron como presuntas cenicientas, como convidados de piedra de un festín que (se suponía que) habrían de comerse otros. Todos ellos fueron luego campeones, en algún caso (evidentes los de Split y Partizan) porque más tarde descubrimos que ahí había mucho más talento del que parecía a primera vista, en todos los casos porque hubo un gran trabajo psicológico detrás. Maljkovic, Obradovic, Bartzokas, Blatt, tantos otros que supieron mejor que nadie cómo optimizar la cenicientez en beneficio propio a la par que minimizaban el favoritismo ajeno. Todo esto también es baloncesto, y en este tipo de partidos a cara o cruz y sin posibilidad alguna de rectificación representa además una parte fundamental del baloncesto. Explica muchas cosas.

Con todo lo cual no pretendo justificar ninguna derrota, tan solo proporcionarles algunas claves que les ayuden a entenderla, luego allá ustedes, si quieren seguir con su linchamiento son muy dueños. Miren, yo no soy del Madrid pero sí soy del estilo de juego de este Madrid. Soy de baloncesto alegre, soy de frescura y desinhibición, soy de velocidad y contraataque, soy de ataque que no desprecia la defensa sino más bien al contrario, que la considera un fundamental punto de partida, soy del Chacho (sospecho que esto ya lo sabían), soy de un técnico que no será el mejor del mundo (nunca dije que lo fuera) y tendrá además carencias y cagadas puntuales (nunca dije que no las tuviera) pero que ha sabido recuperar mejor que ningún otro la legendaria filosofía de una sección que llevaba casi veinte años repartiendo palos de ciego por doquier. Ahora bien, ustedes mismos, no se corten, vuelvan al pasado si así lo quieren, si no les gusta Laso ahí tienen a Messina otra vez libre, ahí tienen incluso a Imbroda que estaría loco por la música. O aún mejor, llamen a Querejeta y propónganle un trueque, Laso por Scariolo, el uno volvería a su tierra y el otro a la Villa y Corte, no duden que el máximo mandatario baskonista les preguntaría entusiasmado dónde hay que firmar. Hagan ustedes lo que les plazca pero antes déjenme que les diga una cosa: han perdido ustedes dos finales europeas consecutivas, dos dolorosísimas derrotas que les han dejado destrozados, cómo no. Ahora bien, ¿saben por qué les pasa eso? ¿Saben por qué ahora pierden finales europeas una tras otra? Porque las juegan. Durante quince años no tuvieron este problema, no se llevaron estos disgustos, no vieron ni en pintura las final four. Ustedes sabrán qué prefieren, si seguir jugando finales aún a riesgo de perderlas (hasta que llegue el día en que las ganen) o seguirlas desde su casa tan ricamente arrellanados frente al televisor. Ustedes mismos.

Empecé contándoles la historia de aquel Madrid de fútbol de finales de los ochenta, déjenme que acabe con otra historia de aquel entonces, mucho más lejana en el espacio (como seiscientos kilómetros más lejana) pero mucho más cercana en términos de deporte ya que (ésta sí) tiene que ver con baloncesto. Con el Barça (otro que tal) de baloncesto de finales de los ochenta, aquel recordado equipo de Solozábal, Epi, Norris, Andrés Jiménez, tal vez aún Sibilio, tantos otros. Aquel equipo acabó con la sempiterna hegemonía del Madrid y dominó durante varios años la competición doméstica pero, ¿saben qué? Pues que en Europa se fue estampando año tras año contra su propia obsesión, así hasta que sus dirigentes decidieron ceder al clamor popular, quitarse del medio a Aíto (sí, ese mismo Aíto hoy merecidamente mitificado, al que entonces se le reprochaba que sabía ganar en casa pero no fuera, que sabía ganar en formato de playoffs pero no en formato de Final Four y no sé cuántas sandeces más) mediante el tradicional sistema de la patada hacia arriba y traerse en su lugar a la bestia negra (más bien amarilla) que se la liaba año tras año, es decir Maljkovic. Y no hará falta que les recuerde cómo acabó aquello, el Barça perdió con Maljkovic exactamente igual que perdía con Aíto, ya ven qué cosas, no era un problema de entrenador sino de jugadores, los tuyos eran buenos pero los jugoplástikos de enfrente eran mejores aún. Es así de simple, Por bueno que seas (o que te creas que eres) siempre puede haber alguien mejor, exactamente eso es el deporte, si ganas lo disfrutas y si pierdes lo reconoces, tal cual, lo que se llama cultura de la derrota, algo de lo que (dicho sea de paso) carecemos por completo en este país. O como dijo (mucho mejor que yo) esa genial parodia virtual llamada Pablo Lolaso (no confundir con el original): Pierdes. Das la mano. Felicitas al rival. Y te vas a casa a entrenar para volverlo a intentar más fuerte. Eso es el baloncesto. Sin más. Sin que sea el fin del mundo, sin llanto y crujir de dientes, sin ir cortando cabezas a cada rato, sin echar a la hoguera a quien hace apenas dos días elevabas a los altares, sin grandezas ni miserias ni demás zarandajas que no sirven absolutamente para nada, sin traumas, sin más. Tan sencillo como eso. No lo compliquen más, por favor.

CULTURA DEL REFUERZO   Leave a comment

Es bien sabido que a la Euroliga se puede acceder por diferentes vías. Está la vía fácil, la de toda la vida: si alcanzas la final de tu competición doméstica y tu número de victorias multiplicado por el coseno de pi elevado al cubo resulta ser superior en al menos dos tercios a la raíz cuadrada del promedio de puntos anotados en años bisiestos no acabados en cero por los dos equipos con peor coeficiente de entre los considerados de categoría A podrás acceder a la Euroliga siempre y cuando se trate de un año par no múltiplo de cuatro, la luna esté en cuarto creciente y no se encuentren alineados Urano y Plutón. Y luego está ya la vía más difícil, que consiste en ganar la otra competición continental no llamada Euroliga, esa que vamos cambiando de nombre a cada rato para despistar no vaya a ser que a alguno le dé todavía por llamarla Recopa o Korac: ayer fue ULEB Cup, hoy es Eurocup, mañana quién sabe. Valencia Basket no desdeñó la vía fácil pero decidió poner todos sus huevos (qué mal suena esto) en la difícil, decidió echar el resto en la Eurocup y hoy su esfuerzo (nunca mejor dicho) tiene justa recompensa. Hoy no es ya que tengan plaza garantizada en la máxima competición continental sino que además son campeones de Europa, campeones B si así lo quieren pero campeones al fin y al cabo. Que con ser importante lo primero no lo es menos lo segundo: algunos tienen los títulos por pura rutina pero para todos aquellos que no se llamen Madrid o Barça un título siempre es un título, sea éste cual sea. Que en el mejor de los casos pueden contarse con los dedos de una mano y casi siempre sobran dedos. Un título por el mero hecho de serlo ya debería ser por sí solo motivo suficiente de felicidad. Si encima trae aparejada la recompensa de la Euroliga, pues miel sobre hojuelas.

¿Qué les cuento yo de Valencia Basket que no se haya dicho ya? Que esa cultura del esfuerzo que preconiza a bombo y platillo su mandamás (su teoría de los bazares chinos, ya saben) está muy bien, qué duda cabe, nada se consigue sin esfuerzo (claro está que el esfuerzo por sí solo tampoco te garantiza nada, pero ese ya sería un debate filosófico para tenerlo en otro lugar). Pero además de esfuerzo a estos niveles necesitas algo más, llamémoslo criterio: Valencia Basket se especializó año tras año en construir rimbombantes proyectos que luego petaban a las primeras de cambio, qué buena pinta tiene este año el Pamesa solíamos decir justo antes de que el balón empezara a rodar y se le vieran por todos lados las costuras: bien que aquello no pegara ni con cola, bien que hubiera demasiados coroneles y muy poca clase de tropa, bien que el técnico no fuera el adecuado o bien (las más de las veces) que ni siquiera se le concediera el beneficio de la duda, cortando cabezas en cuanto venían mal dadas como si esa fuera a ser alguna vez la solución. Nula planificación, improvisación, despilfarro, inestabilidad. Quizás costó digerir que el éxito en gestionar una cadena de supermercados no tiene por qué llevar aparejado necesariamente el éxito en la gestión de un club deportivo profesional. Quizás todo empezara a cambiar el día aquel (pongamos que fuera hace dos o tres años) en que se pararon y decidieron que ya estaba bien, que ahora en vez de nombres iban a fichar hombres, que por lo general salen mucho más baratos y rinden mejor. Con nombres haces un plantillón pero no necesariamente un equipo, con hombres eso lo tienes garantizado a poco que cuentes con el entrenador ideal para amalgamarlo, como es el caso. Cultura del refuerzo, como complemento indispensable a la cultura del esfuerzo. Dicho y hecho.

Con una paradoja, que es que los hombres de ayer son ya también nombres (y qué nombres) a día de hoy. Tanto nombre tienen que a poco que se descuiden se los van a quitar de las manos. No habrá equipo grande de Europa que no se interese por Doellman, por Sato tres cuartos de lo mismo aunque en ese caso lo más probable es que Fenerbahçe lo recupere para su enésimo proyecto, qué decir de un Dubljevic que ya hasta mira al otro lado del charco, qué decir de productos locales como Rafa, Pau o Pablo, qué decir del propio Peras incluso… Este mismo Valencia Basket que ha ganado la Eurocup bien podría haber sido equipo de Final Four (o al menos de playoffs de cuartos, si lo otro les parece exagerado) en esta Euroleague, este mismo Valencia Basket bien podría dar la nota (aún más si cabe) este mismo año y entrar finalmente en la máxima competición continental por las dos vías, la fácil y la difícil… [Y ahí ya sí que se liaría la mundial: ayer leía en Twitter (a alguien que parecía saber de qué hablaba) que por ganar la Eurocup Valencia Basket será el quinto equipo ACB en Euroliga, pero que de jugar además la Final de la Liga Endesa entonces ya no sería el quinto sino el cuarto, perdiendo así su plaza euroliguera el equipo A con peor coeficiente. De ser ello cierto (que no lo sé, ni lo entiendo, ni lo intento), ¿imaginan a Unicaja (un poner) primando al Barça para que elimine al Valencia en semis ACB, ya que sólo de ello dependería su próxima participación continental? ¿Estamos todos locos?] Este Valencia Basket 2013/2014 es una joya, y sólo de su capacidad de seguir siéndolo (o de reinventarse, en su defecto) dependerá que siga epatándonos también en la 2014/2015. Pero para eso queda mucho todavía, no nos precipitemos, por ahora que les quiten lo bailao… y lo que aún les quede por bailar. Disfrútenlo, que muy bien ganado se lo tienen.

A %d blogueros les gusta esto: